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LECCIÓN 6 – EL ESPÍRITU SANTO Y UNA VIDA SANTA – PARA EL DE 11 DE FEBRERO DE 2017

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Autor desconocido


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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 6: Para el 11 de febrero de 2017

EL ESPÍRITU SANTO Y UNA VIDA SANTA

Sábado 4 de febrero______________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Pedro 1:14-16; Isaías 6:3; Hebreos 12:14; 1 Corintios 6:11; 1 Timoteo 1:8; Salmo 15:1, 2.

PARA MEMORIZAR:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:23).

ES FÁCIL VOLVERSE INSENSIBLE a la santidad de Dios y no pensar demasiado en el odio revelado de Dios hacia el pecado y el mal. La santidad, sin embargo, es un tema crucial en la Biblia. La búsqueda de la santidad –llegar a ser amable y puro como Jesús– debería ser una prioridad para todo cristiano. Nos horrorizamos, y con razón, ante la actitud de “soy más santo que tú”. Pero, al mismo tiempo, podemos olvidarnos fácilmente lo que significa vivir una vida pura y santificada.

El amor de Dios y su santidad van inseparablemente juntos. Sin la santidad de Dios, su amor estaría en peligro de volverse sentimentalismo; sin su amor, la santidad de Dios sería severa e inaccesible. Ambos atributos, su amor y su santidad, son fundamentales a su naturaleza.

El Espíritu Santo está estrechamente conectado con nuestra búsqueda de la santidad. Después de todo, su nombre es Espíritu Santo y es llamado el “Espíritu de santidad” (Rom. 1:4). Su nombre nos recuerda que Dios es santo y que el mayor deseo de Dios es transformar a los pecadores a la imagen de su propia santidad.

Esta semana veremos más de cerca qué significa ser santo y vivir una vida santa.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Desde el principio Dios ha estado obrando por su Espíritu Santo mediante instrumentos humanos para el cumplimiento de su propósito en favor de la raza caída. Esto se manifestó en la vida de los patriarcas. A la iglesia del desierto también, en los días de Moisés, Dios le dio su “espíritu para enseñarlos” (Nehemías 9:20). Y en los días de los apóstoles obró poderosamente en favor de su iglesia por medio del Espíritu Santo. El mismo poder que sostuvo a los patriarcas, que dio fe y ánimo a Caleb y Josué, y que hizo eficaz la obra de la iglesia apostólica, sostuvo a los fieles hijos de Dios en cada siglo sucesivo. Fue el poder del Espíritu Santo lo que durante la época del obscurantismo permitió a los cristianos valdenses contribuir a la preparación del terreno para la Reforma. Fue el mismo poder lo que hizo eficaces los esfuerzos de muchos nobles hombres y mujeres que abrieron el camino para el establecimiento de las misiones modernas, y para la traducción de la Biblia a los idiomas y dialectos de todas las naciones y pueblos.

Y hoy, Dios sigue usando su iglesia para dar a conocer su propósito en la tierra. Eloy los heraldos de la cruz van de ciudad en ciudad, y de país en país para preparar el camino para la segunda venida de Cristo. Se exalta la norma de la ley de Dios. El Espíritu del Todopoderoso conmueve el corazón de los hombres, y los que responden a su influencia llegan a ser testigos de Dios y de su verdad. Pueden verse en muchos lugares hombres y mujeres consagrados comunicando a otros la luz que les aclaró el camino de la salvación por Cristo. Y mientras continúan haciendo brillar su luz, como aquellos que fueron bautizados con el Espíritu en el día de Pentecostés, reciben más y aún más del poder del Espíritu. Así la tierra ha de ser iluminada con la gloria de Dios (Los hechos de los apóstoles, pp. 43, 44).

Cuando Cristo se humanó, vinculó a la humanidad consigo mediante un lazo que ningún poder es capaz de romper, salvo la decisión del hombre mismo. Satanás nos presentará de continuo incentivos para inducimos a romper ese lazo, a decidir que nos separemos de Cristo. Necesitamos velar, luchar y orar, para que nada pueda inducirnos a elegir otro maestro; pues estamos siempre libres para hacer esto. Mantengamos por lo tanto los ojos fijos en Cristo, y él nos preservará. Confiando en Jesús, estamos seguros. Nada puede arrebatarnos de su mano. Si le contemplamos constantemente, “somos transformados en la misma semejanza, de gloria en gloria, así como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Así fue como los primeros discípulos llegaron a asemejarse a su amado Salvador. Cuando aquellos discípulos oyeron las palabras de Jesús, sintieron su necesidad de él. Le buscaron, le encontraron y le siguieron. Estaban con él en la casa, a la mesa, en los lugares apartados, en el campo. Le acompañaban como era costumbre que los discípulos siguiesen a un maestro, y diariamente recibían de sus labios lecciones de santa verdad. Le miraban como los siervos a su señor, para aprender cuáles eran sus deberes. Aquellos discípulos eran hombres sujetos “a las mismas debilidades que nosotros”. Tenían que reñir la misma batalla con el pecado. Necesitaban la misma gracia para poder vivir una vida santa.

Aun Juan, el discípulo amado, el que más plenamente llegó a reflejar la imagen del Salvador, no poseía por naturaleza esa belleza de carácter… Sin embargo, cuando se le manifestó el carácter divino de Cristo, vio su propia deficiencia y este conocimiento le humilló. La fortaleza y la paciencia, el poder y la ternura, la majestad y la mansedumbre que vio en la vida diaria del Hijo de Dios, llenaron su alma de admiración y amor. De día en día su corazón era atraído hacia Cristo, hasta que en su amor por su Maestro perdió de vista su propio yo. Su genio rencoroso y ambicioso cedió al poder transformador de Cristo. La influencia regeneradora del Espíritu Santo renovó su corazón. El poder del amor de Cristo transformó su carácter. Tal es el seguro resultado de la unión con Jesús. Cuando Cristo mora en el corazón, la naturaleza entera se transforma. El Espíritu de Cristo y su amor enternecen el corazón, subyugan el alma y elevan los pensamientos y deseos a Dios y al cielo (El camino a Cristo, pp. 72, 73).

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Domingo 5 de febrero // Lección 6____________________________________

LA SANTIDAD DE DIOS

Lee 1 Pedro 1:14 al 16. ¿Por qué la máxima motivación para alcanzar la santidad es, simplemente, la realidad de Dios mismo? ¿Qué te motiva a vivir una vida santa? ¿Qué significa que Dios sea santo?

1 Pedro 1:14-16

14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

Es popular enfatizar el amor de Dios y, al mismo tiempo, ignorar su santidad. Aunque Dios es amor, la idea de la santidad en la Biblia se conecta más a menudo con el nombre de Dios que cualquier otro atributo (Sal. 89:18; Isa. 40:25; Jer. 51:5; Eze. 39:7; Apoc. 4:8). La santidad describe la pureza y la perfección moral de su naturaleza. La santidad de Dios significa que es perfectamente bueno y completamente libre de mal. La santidad de Dios es la perfección de todos sus demás atributos.

Si Dios fuera solamente omnipotente (poder infinito), omnisciente (conocimiento perfecto y completo) y omnipresente (presente en todas partes), pero no tuviera santidad perfecta, sería un poder de quien estaríamos aterrorizados, y con razón. Sin embargo, él es un Dios a quien deberíamos amar.

Su poder es poder santo; su misericordia es misericordia santa; su sabiduría es sabiduría santa; y su amor es amor santo. En este sentido, la santidad es la palabra más íntimamente divina de todas, porque tiene que ver con la misma naturaleza de Dios. Negar la pureza del Dios santo es, quizá, peor que negar su existencia. Lo último lo hace inexistente; lo primero, un dios repugnante y detestable.

La santidad de Dios significa que está separado del pecado y enteramente dedicado a buscar el bien que representa en sí mismo. En otras palabras, la santidad denota una cualidad relacional al igual que una cualidad moral. Incluye separación del pecado y devoción completa a la gloria de Dios.

En Isaías 6:3 y Apocalipsis 4:8, se describe a Dios como “santo, santo, santo”. Cuando los escritores bíblicos deseaban enfatizar algo que era importante, repetían la palabra a fin de llamar la atención a lo que se decía. Jesús llama nuestra atención a declaraciones importantes al repetir las palabras “de cierto, de cierto” (Juan 5:24; 6:47; etc.), o “Jerusalén, Jerusalén” (Mat. 23:37), o al llamar a alguien por nombre: “Marta, Marta” (Luc. 10:41). De todos sus atributos, solo la santidad de Dios es mencionada tres veces seguidas. Esto indica algo de suma importancia. La naturaleza de Dios es, verdaderamente, santa. Él es puro y bueno.

¿Cuán aterrado estarías, y con justa razón, si nuestro Dios y Creador todopoderoso no fuera santo y amante? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de por qué deberíamos estar tan agradecidos de que Dios sea como es?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

1 Pedro 1:14-16

14como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

 14como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;

Uno de los mas degradantes pecados en el hombre, es el pecado de la ignorancia. El pecado de la ignorancia, es la cuna de donde nacen una infinidad de pecado. El pecado de la ignorancia fue la causa de la destrucción de Israel en el antiguo, y será la causa de la destrucción del Israel moderno.

La ignorancia ayuda al hombre a tener una escusa para pecar, y por consecuencia el pecado es tomado muy livianamente. ¡No sabía! es la escusa fácil que da todo aquel que comete una falta, y con esa expresión la mayoría de errores y faltas, quedan exoneradas. (ante el hombre, pero no ante Dios)

La ignorancia es un pecado del cual nadie está libre. No nacemos aprendidos, estamos obligados a estudiar la Palabra de Dios. El no hacerlo, nos deja en un estado de ignorancia, la cual Dios no la pasa por alto.

El pecado de la ignorancia es el fruto mas grande de la rebelión de nuestros primeros padres. En la tentación del Edén, el diablo ofreció al hombre el conocimiento tanto sobre el bien y el mal, también ofreció ser como los dioses, nuestros padres aceptaron la propuesta, y el resultado fue una total ignorancia.

La ignorancia es la madre de muchos otros pecados. Efesios 4 dice: 18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.”

1 Pedro 2 compara la ignorancia del hombre con animales irracionales: 12 Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición”

Dios pone una protesta en contra de la ignorancia, Isaías 1 dice: El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. 4¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.” El pecado de la ignorancia provoca a ira a Dios, todo lo contrario a lo que enseñan los de la iglesia grande, cuando ellos dicen: “La ignorancia es la madre de la devoción”

Una mente sin conocimiento, es un desperdicio total; para eliminar la lujuria y el pecado de nuestras vidas, necesitamos eliminar la ignorancia. Todo el conocimiento que el hombre pueda adquirir, si no tiene el conocimiento de Dios, no es otra cosa que una ignorancia necia.

Dios es santo, si no tenemos santidad no podemos ser como él es

Dios es santo, solo los que son santos pueden en verdad servirle

Dios es santo, sin santidad es imposible agradar a Dios en cualquier cosa que hagamos para él

Dios es santo, sin santidad no podemos ser ni reconocidos, ni reclamados por él

Dios es santo, y nunca podremos disfrutar a Dios si no tenemos santidad

La santidad es uno de los propósitos de la religión.

La religión es una imitación del dios que se adora, por eso vemos las naciones paganas, sumidas en los vicios y en las malas conductas, por que están imitando al dios que ellos han inventado, que es un resultado de su propia imaginación pecaminosa.

En el mundo cristiano, también la religión es una imitación del Dios a quien nosotros servimos. A diferencia de los dioses paganos, nuestro Dios no es ningún resultado de la imaginación del hombre, nuestro Dios es el Dios supremo del universo, cuyo calificativo principal es la santidad. Nosotros también tratamos de imitar al Dios que adoramos, él nos ordena y nos dice: “Sed santos como yo soy santo”

El apóstol está recordando las palabras pronunciada a Israel por Dios, en Levíticos 11 dice: 44 Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra.” Aunque está orden fue dada al mundo judío primeramente, también estas palabras toca el corazón del cristianismo. El apóstol hace recordar a la nueva iglesia naciente, las mismas palabras de un Dios que no cambia, que es eterno y que permanece para siempre.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La gloria culminante de los atributos de Cristo es su santidad. Los ángeles se postran delante de él en adoración, exclamando: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 4:8). Él es declarado glorioso en su santidad. Estudiad el carácter de Dios. Contemplando a Cristo, buscándole con fe y oración, podéis llegar a ser como él (Consejos para los maestros, p. 388).

El apóstol nos exhorta: “Conforme es santo aquel que os ha llamado, sed también vosotros santos, en toda vuestra manera de vivir; porque está escrito: Habéis de ser santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15, 16). La gracia de Cristo ha de dominar el genio y la voz. Su obra se revelará en la cortesía y la tierna consideración mostradas por el hermano hacia el hermano, con palabras bondadosas y alentadoras. Existe una presencia angelical en el hogar. La vida despide un dulce perfume que asciende a Dios como sagrado incienso. El amor se manifiesta en la bondad, la gentileza, la tolerancia y la longanimidad.

El semblante cambia. Cristo que habita en el corazón, brilla en el rostro de aquellos que le aman y guardan sus mandamientos. La verdad queda escrita allí. Se revela la dulce paz del cielo. Se expresan allí una bondad habitual, un amor más que humano.

La levadura de la verdad efectúa un cambio en todo el hombre, convirtiendo al rústico en refinado, al áspero en amable, al egoísta en generoso. Por su medio el impuro queda limpio, lavado en la sangre del Cordero. Por medio de su poder vivificante, hace que la totalidad de la mente, el alma y las fuerzas quede en armonía con la vida divina. El hombre con su naturaleza humana llega a ser partícipe de la divinidad. Cristo es honrado con la excelencia y la perfección del carácter. Y mientras se efectúan estos cambios, los ángeles rompen en himnos arrobadores, y Dios y Cristo se regocijan sobre las almas transformadas a la semejanza divina (Palabras de vida del gran Maestro, p. 73).

Dios requiere perfección moral en todo. Los que han recibido luz y oportunidades deberían, como administradores de Dios, apuntar hacia la perfección, y nunca, nunca rebajar la norma de la justicia para acomodarla a las tendencias hacia el mal, ya sean heredadas o cultivadas. Cristo tomó nuestra naturaleza humana y vivió nuestra vida para demostramos que podemos ser semejantes a él al participar de la naturaleza divina. Podemos ser santos, como Cristo lo fue en su condición de ser humano. ¿Por qué, entonces existen tantos personajes desagradables en el mundo? Se debe a que se imaginan que su desagradable y tosca manera de ser y su lenguaje descortés son el resultado de un corazón impío…

La fragancia de nuestro amor hacia nuestros semejantes revela nuestro amor a Dios. La paciencia en el servicio imparte descanso al alma. Por medio de obreros humildes, diligentes y fieles se promueve el bienestar de Israel. Dios sostiene y fortalece a quien está dispuesto a aprender lo métodos de Cristo para lograr la semejanza divina (Cada día con Dios, p. 30).

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Lección 6 // Lunes 6 de febrero______________________________________

LA NATURALEZA DE LA SANTIDAD

“Cuanto más cerca estéis de Jesús, más imperfectos os reconoceréis; porque veréis tanto más claramente vuestros defectos a la luz del contraste de su perfecta naturaleza. Esta es una señal cierta de que los engaños de Satanás han perdido su poder, y de que el Espíritu de Dios os está despertando” (CC 64, 65).

Lee Efesios 1:4, y 5:25 al 27; y Hebreos 12:14. ¿Cuál es el propósito de Dios para todos sus hijos y para la iglesia?

Efesios 1:4

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

Efesios 5:25-27

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

Hebreos 12:14

14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

La santidad es un don de Dios y, a la vez, un mandato divino. Por eso deberíamos orar pidiendo santidad y esforzarnos por manifestarla a diario. La santidad es el fruto del Espíritu desplegado en nuestra vida al caminar, cada día, con Cristo por el Espíritu (Gál. 5:16, 22, 25). La santidad, en pocas palabras, es ser semejante a Cristo. Significa pertenecer a Jesús y vivir como sus hijos, en obediencia y entrega por amor, siendo cada vez más semejantes a él. El significado básico asociado con el concepto de santidad implica un estado de ser separado, ser puesto aparte para un servicio especial a Dios. Por otro lado, la santidad también implica una cualidad moral y espiritual intrínseca; es decir, ser justo y puro ante Dios. Ambos aspectos deben mantenerse juntos.

En el Nuevo Testamento, los creyentes son llamados santos por causa de su relación única con Jesús, que los separa para un propósito especial. Ser santo no los hace éticamente perfectos y sin pecado, sino que los cambia a fin de que puedan comenzar a vivir una vida pura y santa. (Compara con 1 Cor. 1:2, donde Pablo llama a los corintios “santos”, aun cuando no estaban libres de pecado ni eran perfectos.) Los creyentes son llamados a buscar la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb. 12:14). La aceptación de Dios de cada creyente es perfecta desde el inicio, pero nuestro crecimiento en la santificación es un proceso de toda la vida, y necesita seguir extendiéndose cada vez más para que seamos transformados más y más a la imagen inmaculada de aquel que nos salvó.

Hay una tensión entre ser santo y, aun así, tener que buscar la santidad. ¿De qué manera nuestra búsqueda de la santidad será diferente si sabemos que ya pertenecemos a Dios y que somos aceptos en él por causa del sacrificio de Jesús por nosotros?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

14Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Que hermosas y solmenes son éstas palabras, sin duda es música celestial a los agitados oídos del humano, estas palabras no emanan de un estado de convulsión, sino que emanan del fundamento de la ley de Dios y tiene como propósito modelar nuestra forma de vivir aquí en la tierra.

Dios nos manda a seguir dos cosas: la paz y la santidad. La paz y la santidad son consistente entre ellas mismas, si sigue una de ellas, automáticamente se sigue la otra, ellas caminan de la mano, sin poder ser separadas en la vida del cristiano.

El texto dice: “seguid la paz con todos”:

Tenemos que tener paz con nuestra familia, en las relaciones naturales, en las relaciones domésticas, tenemos que tener paz civil, tenemos que tener paz política, tenemos que tener paz en la sociedad, tenemos que tener paz con los miembros de nuestra iglesia, tenemos que tener paz con nuestros vecinos, tenemos que tener paz con las autoridades de nuestra nación, tenemos que tener paz espiritual. Nunca dando rienda suelta a las pasiones que conducen a litigaciones, confrontaciones, peleas o guerras. Si tenemos que vivir en guerra, esa guerra será en contra del pecado nada mas, contra las malas pasiones, contra de los deseos corruptos, pero nunca en contra de personas.

Seguir la paz, también incluye el evitar los deseos de venganza. Cuando se nos ha hecho mal, es muy fácil tomar el camino de la venganza, es muy fácil darle rienda suelta a las pasiones de la ira, pero Dios nos manda a ser santos, y a buscar la paz, inclusive con aquellos que nos han hecho mal.

Buscar la paz, no solo es una frívola idea de vivir en paz, sino que es un deseo ardiente de obtener la paz, es poner todo es esfuerzo humano para obtener la paz, esto lo podemos practicar especialmente cuando se nos ha hecho daño y agravio.

No hay cosa mas grande que nos identifique y nos acerque mas a Dios, que es el acto de buscar la paz con todo nuestros deseos y fuerzas. Dios es un Dios de paz, Jesucristo es el Príncipe de la paz, el Espíritu Santo tiene los frutos de la paz, los cristianos son hijos de la paz, los hombres son llamados por Dios a tener paz, somos llamados a anunciar un evangelio que es de paz, somos llamados a vivir en paz ahora en la tierra, y seguir disfrutando de esa paz en el cielo.

La paz tiene tres dobleces:

El primer dobles de la paz es arriba de nosotros y es con Dios; es vivir en armonía y reconciliados con Dios

El segundo doble de la paz es dentro de nosotros, es decir internamente. La paz es una conformidad interna, con las facultades santificadas, de la mente, de la voluntad y de los afectos.

El tercer doble de la paz es fuera de nosotros, es decir externamente; con las criaturas, especialmente el hombre. La paz es un santo acuerdo con nuestra mente, de cuidar nuestra forma de hablar y de nuestra forma de actuar con nuestros semejantes.

De todas las aves, una de las mas asustadizas es la paloma. Si alguien dispara un rifle, la paloma es extremadamente alarmada y es la primera que saldrá volando. El Espíritu Santo es simbolizado en la Biblia con una paloma, si nosotros nos comenzamos a disparar los unos a los otros, sin ninguna duda el Espíritu Santo será el primero en apartarse del lugar. El Espíritu Santo habita donde hay amor y hay paz, no donde hay tumulto y confusión. El espíritu Santo no puede vivir en medio del humo y del ruido de los disparos, si queremos entristecer al Espíritu Santo, y deseamos que él se retire, lo único que necesitamos hacer es comenzar a atacarnos los unos a los otros, y sin duda alguna él partirá de nuestro lado.

El texto también nos manda a tener santidad, y ésta declaración se hace extremadamente solemne, cuando es ampliada diciendo que sin santidad “nadie verá al Señor” Podemos tener conocimiento de Dios, podemos conocer su historia, podemos tener ideas teóricas en cuanto al Redentor, pero sin la santidad, no podremos discernir el carácter espiritual de las enseñanzas del Señor. Finalmente en el cielo no podremos ver a Dios si no tenemos santidad.

Si no tenemos santidad, la única manera que podremos ver a Dios en el cielo, será sentado en su trono de juicio y justicia, pero nunca podremos ver a Dios como nuestro Salvador y amigo.

Podremos tener riquezas, inteligencia, conocimiento, belleza, éxitos, casas, tierras, libros, amigos, pero si no tenemos religión, todo eso es en vano. Nunca veremos a Dios en paz, si no tenemos un corazón santo, nunca seremos admitidos en los cielos, si no tenemos una religión que nos identifique a los mismos ángeles, que se encuentran alrededor del trono de Dios.

La santidad tiene su nacimiento en la gracia de Dios

La santidad es progresiva, no se obtiene de la noche a la mañana, va creciendo poco a poco

La santidad necesita un requisito para se conseguida y es la diligencia

Estos son algunos de los motivos de la santidad:

La santidad elimina a la gente problemática

La santidad previene caer en la tentación

La santidad crece cuando es influenciada por las cosas buenas

La santidad es la llave para ver a Dios en el cielo

Si el texto dijera que sin “la perfección” de la santidad, no podemos ver a Dios, todos quedaríamos eliminados de entrar al cielo. Felizmente el texto no dice “sin la perfección de la santidad” solamente dice la santidad. ¿Por qué? Porque la santidad es un asunto de crecimiento, el Espíritu Santo riega la pequeña semilla de la santidad en nuestros corazones, y esa santidad crece hasta llegar a ser un gigante árbol en nuestras vidas.

Hay varias personas que tratan de alcanzar el cielo sin santidad, entre ellos están:

Los fariseos o hipócritas: son aquellos que cuidan solamente de las apariencias, para ellos lo exterior es de suma importancia, sin importar que hay dentro del corazón.

Los moralistas: Estas son esas personas que luchan por ser buenas y en verdad lo consiguen, son personas en verdad buenas que nunca hacen cosas malas en la vida. Esto no es suficiente para ver a Dios, para ver a Dios se necesita santidad, que es algo mas elevado que ser bueno. Muchas veces al diablo le interesa que seamos buenos, con tal que no seamos santos, él sabe perfectamente que un bueno no podrá ver a Dios en el cielo, y eso es suficiente para la perdición de la persona. Ser bueno no es visa para el cielo, la visa para penetrar las puertas del paraíso se llama santidad.

Los experimentalistas: Estos son aquellos que tiene sus propias ideas y también tienen sus propias experiencias religiosas, experimentan sensaciones extrañas que les hacen creer que están a la entradas del mismo paraíso. Este tipo de persona llegan a creer que por las cosas que sienten o experimentan en sus vidas, tiene ganado el cielo. La mayoría de experimentalistas, tienen dos caras, un lado que justifica una alta espiritualidad y el otro lado que es una vida llena de injusticia, sin santidad y sin amor para con su prójimo.

Los opinionistas: Son aquellos que se han llegado a convencer a ellos mismos como obtener el cielo a través de sus propias ideas. Comprenden la teología muy bien, y casi siempre son mas sabios que sus propios maestros. Estos creen que por tener la verdad y mantener la verdad, se acreditan el cielo automáticamente. En este grupo caemos muchos adventistas, somos aquellos que creemos que nuestra iglesia tiene la verdad bíblica, y nadie que no sea adventista podrá ser salvo, creemos que por solo tener, profesar y enseñar la verdad, creemos que solamente por llevar el nombre “adventistas del séptimo día” somos ganadores del cielo automáticamente.

“Sin santidad nadie verá al Señor” Muchas veces se nos acercan hermanos de otras religiones, especialmente los pentecostales, y nos preguntan: ¿Es usted salvo?, o ¿Es usted santo? Usualmente ese tipo de preguntas ponen a tambalear a un Adventista del Séptimo Día.

La pregunta de éste día sería: ¿Somos santos? La respuesta es un rotundo si. Dios no ve la santidad de la manera que los humanos la vemos. Los humanos creemos que la santidad es una vida sin error y sin pecados, y hasta cierto punto eso es verdad, pero no es toda la verdad en su esencia.

La santidad a los ojos de Dios, es el acto de vencer un pecado, un vicio o una tentación. No vencerlo por nuestros propios medio, eso nos convertiría en moralistas, sino vencerlo a través de la oración y el ayuno, por la presencia del Espíritu Santo.

La santidad tiene crecimiento, comenzamos con el deseo de cambiar nuestras vidas y con el deseo de cambiar nuestro mal proceder, damos el paso de acercarnos a Dios, de pedirle la presencia del Espíritu Santo. El Espíritu Santo viene a nuestras vidas y nos comienza a cambiar poco a poco todas esas cosas malas que tenemos, con el tiempo nuestra vida cambia y alcanzamos niveles altos de santidad. ¿Somos santos en la actualidad? Si por la gracia de Dios usted ha tenido cambios en su vida para bien, si ha dejado vicios, si ha dejado pecados, si ha dejado de dar mal testimonio, y tiene el deseo de seguir mejorando, entonces con toda seguridad es un santo. Está en el camino correcto de la santidad, y la santidad plena la logrará conseguir hasta cuando logre contemplar el rostro de Jesús y sea “transformado de gloria en gloria.”

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La justicia imputada de Cristo significa santidad, rectitud y pureza. A menos que la justicia de Cristo nos haya sido imputada, nuestro arrepentimiento no podrá ser aceptado. La justicia que mora en nosotros por la fe consiste en amor, paciencia, mansedumbre y las demás virtudes cristianas. Nos tomamos de la justicia de Cristo y ella llega a ser parte de nuestro ser. Todos los que posean esa justicia obrarán las obras de Dios…

Pero la justicia de Cristo jamás cubrirá pecados acariciados. Nadie podrá participar de la cena de las bodas del Cordero sin el vestido de bodas, que es la justicia de Cristo. Sin santidad, nadie verá al Señor. Dios está deseoso de conferir a cada alma su poder divino para que lo combine con el esfuerzo humano. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

Cristo es la perfección del carácter divino. Es el modelo que debemos seguir (Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 155).

En el Sermón del Monte Cristo dio una definición de la verdadera santificación. Él vivió una vida de santidad. Él era una lección objetiva de lo que sus seguidores deben ser. Tenemos que ser crucificados con Cristo, sepultados con él, y luego vivificados por su Espíritu. Entonces estaremos llenos de su vida.

Nuestra santificación es el objetivo de Dios en todo su trato con nosotros. Él nos ha escogido desde la eternidad para que fuéramos santos. Cristo se dio a sí mismo por nuestra redención, para que por nuestra fe en su poder para salvar del pecado pudiéramos ser completos en él (Mensajes selectos, t. 3, p. 230).

Así como Jehová es santo, él exige que los suyos sean santos, puros, inmaculados, pues sin santidad nadie verá al Señor. Los que lo adoran con sinceridad y verdad serán aceptados por él. Si los miembros de iglesia eliminan todo culto al yo y quieren recibir en su corazón el amor a Dios y el amor mutuo que llenaba el corazón de Cristo, nuestro padre celestial manifestará constantemente su poder mediante ellos. Únanse los hijos de Dios con las cuerdas del amor divino. Entonces el mundo reconocerá el poder de Dios que obra milagros, y reconocerá que él es la Fortaleza y el Ayudador de su pueblo que guarda sus mandamientos…

El Señor purifica el corazón en una forma muy similar a la que empleamos para ventilar una habitación. No cerramos las puertas y ventanas e introducimos alguna sustancia purificadora, sino que abrimos las puertas y las ventanas de par en par y dejamos que penetre la atmósfera purificadora del cielo. Dice el Señor: “El que practica la verdad viene a la luz”. Las ventanas del impulso, del sentimiento, deben ser bien abiertas hacia el cielo, y debe expulsarse el polvo del egoísmo y de la mundanalidad. La gracia de Dios debe barrer las cámaras de la mente, la imaginación debe tener temas celestiales para su contemplación, y cada elemento de la naturaleza debe ser purificado y vitalizado por el Espíritu de Dios (Comentarios de Elena G. de White, enComentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, pp. 951, 952).

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Martes 7 de febrero // Lección 6_____________________________________

EL AGENTE DE SANTIFICACIÓN

¿Qué nos dicen 1 Corintios 6:11; Tito 3:5; y Hebreos 13:12 acerca de la santificación?

1 Corintios 6:11

11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Tito 3:5

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

Hebreos 13:12

12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

Nuestra santificación se logra por fe (Heb. 11:6) y gracias al poder del Espíritu Santo (2 Tes. 2:13; 1 Ped. 1:2). El apóstol Pablo escribe: “Mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:11). Jesús produce en nosotros un crecimiento de toda la vida en santidad, produciendo el fruto del Espíritu en nosotros (2 Cor. 3:18).

Lee Gálatas 5:16 y 17. ¿Qué nos enseña Pablo en estos versículos?

16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Hay una batalla que se libra en todo creyente. La tensión que todos enfrentamos se produce por el hecho de que el pecado mora en nosotros (Rom. 7:20). El apóstol Pablo sabía de esta batalla cuando declaró, hacia el final de su vida: “Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:13, 14).

¿Cuál es la lucha de fe que debemos librar contra el pecado? Heb. 12:1, 2.

1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

La batalla que somos llamados a pelear es fijar “los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Heb. 12:2). Demasiado a menudo nuestra religión se centra en nosotros mismos. Nos enfocamos demasiado en nuestras victorias y en nuestras derrotas en vez de en Dios, el único que puede darnos victoria sobre el pecado. Cuando el Espíritu Santo nos ayude a ver a Jesús, no tendremos deseo alguno por el pecado y todo lo que tan fácilmente nos enreda es puesto a un lado (Heb. 12:1). Pero, cuando nos enfocamos en nuestros pecados y defectos, nos miramos a nosotros mismos en vez de a Jesús. Esto nos lleva a una derrota fácil porque, al mirar nuestros fracasos, podemos desanimarnos con mucha facilidad. Sin embargo, al contemplar a Jesús, encontraremos fortaleza para vivir victoriosamente.

Si alguien te preguntara: “¿Cómo puedo obtener la victoria sobre el pecado que se promete en la Biblia?”, ¿qué responderías, y por qué? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

La explicación de este día es suficiente.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La santificación es una obra cotidiana. Que nadie se engañe pensando que Dios perdonará y bendecirá a los que están pisoteando uno de sus requerimientos. La comisión voluntaria de un pecado conocido, silencia el testimonio del Espíritu, y separa el alma de Dios. Cualquiera sea el éxtasis del sentimiento religioso, Jesús no puede morar en el corazón que desobedece la ley divina. Dios honrará a aquellos que lo honran.

“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis?” (Romanos 6:16). Si cedemos a la ira, la concupiscencia, la codicia, el odio, el egoísmo, o algún otro pecado, nos hacemos siervos del pecado. “Ningún siervo puede servir a dos señores” (Lucas 16:13). Si servimos al pecado, no podemos servir a Cristo. El cristiano sentirá las incitaciones del pecado, porque la carne codicia contra el Espíritu; pero el Espíritu batalla contra la carne, manteniéndose en una lucha constante. Aquí es donde se necesita la ayuda de Cristo.

La debilidad humana llega a unirse a la fortaleza divina, y la fe exclama: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57) (La edificación del carácter, p. 91).

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). He aquí un principio que yace en el fundamento de todo acto, pensamiento y motivo: la consagración de todo el ser, tanto el aspecto físico como el mental, al control del Espíritu de Dios. Deben crucificarse la voluntad no santificada y las pasiones, lo que puede considerarse como una obra estricta y severa. Sin embargo debe hacerse, o ustedes oirán la terrible sentencia de los labios de Jesús: “Apartaos”. Pueden hacer todas las cosas mediante Cristo, que los fortalece…

Que el Dios de paz los santifique por completo, alma, cuerpo y espíritu (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 95, 96).

Andar en la luz significa ser decidido, pensar, ejercer fuerza de voluntad, en un ferviente intento de representar a Cristo en la dulzura de su carácter. Significa apartar toda lobreguez. No debéis descansar satisfechos diciendo solamente: “Soy un hijo de Dios”. ¿Estáis contemplando a Jesús, y al contemplarlo, os estáis transformando a su semejanza? Caminar en la luz significa avanzar en el desarrollo de los dones espirituales. Pablo declaró: “No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; pero… olvidando ciertamente lo que queda atrás”, al contemplar constantemente el Modelo, me extiendo “a lo que está adelante”. Caminar en la luz significa caminar “rectamente”, caminar “en la ley de Jehová”, caminar “por fe”, caminar “en el Espíritu”, caminar “en tu verdad”, caminar “en amor”, caminar “en novedad de vida”. Esto es perfeccionar “la santificación en temor de Dios”.

Cuando la luz del cielo resplandece sobre el instrumento humano, su rostro expresará la alegría del Señor que mora en su alma. Es la ausencia de Cristo en el alma la que hace que la gente se entristezca y albergue dudas en su mente. Es la carencia de Cristo lo que entristece el rostro y hace de la vida un peregrinaje de suspiros. La alegría es la clave de la Palabra de Dios para todos los que la reciben. ¿Por qué? Porque tienen la luz de la vida. La luz da alegría y regocijo, y este último se manifiesta en la vida y el carácter (Hijos e hijas de Dios, p. 202).

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Lección 6 // Miércoles 8 de febrero___________________________________

LA NORMA DE LA SANTIDAD ES LA LEY DE DIOS

Sabemos que Dios nos llama a guardar su Ley. Sin embargo, nos puede surgir la pregunta: ¿Por qué debemos guardar su Ley si no podemos ser salvos por ello? La respuesta se halla en la idea de la santidad.

Lee Romanos 7:12 y 1 Timoteo 1:8. ¿Qué atributos utiliza Pablo para describir la Ley? ¿De qué manera la Ley refleja el carácter de Dios?

Romanos 7:12

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

1 Timoteo 1:8

Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente;

La Ley es santa, justa y buena. Estos tres atributos designan, de forma apropiada, únicamente a Dios mismo. Por ende, la Ley es una expresión del carácter de Dios.

Vivir una vida llena del Espíritu significa vivir según la Ley de Dios. La Ley es la norma constante de su santidad. El estándar que fija la Ley no cambia, así como Dios mismo no cambia. Jesús afirmó que la Ley no fue abolida, sino que ha de cumplirse cada aspecto de ella (Mat. 5:17-19). Guardar la Ley no es legalismo; es fidelidad. La Ley no nos salva; nunca podría hacerlo. La Ley nunca es nuestro camino a la salvación. Más bien, es el camino de los salvos. La Ley, por así decirlo, es el calzado en el que nuestro amor camina y se expresa. Por eso Jesús pudo decir, de una manera asombrosa, que “debido al aumento de la iniquidad [transgresión de la Ley], el amor de muchos se enfriará” (Mat. 24:12). El amor disminuye cuando se desecha la Ley.

Lee Romanos 13:10 y Mateo 22:37 al 40. ¿Por qué el amor es el cumplimiento de la Ley?

Romanos 13:10

10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Mateo 22:37-40

37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Mientras la regla y la norma de la santidad es la Ley de Dios, el corazón de su santidad es el amor. El amor es la respuesta a los actos salvíficos de Dios y se manifiesta en fidelidad. No puedes ser un buen discípulo de Jesús sin ser, por amor, un guardador consciente de la Ley. Aunque es posible guardar la letra de la Ley sin amor, no es posible exhibir verdadero amor sin guardar la Ley. El amor verdadero desea ser fiel. El amor no abole la Ley, la cumple.

¿Por qué la Ley es una expresión del amor de Dios hacia nosotros? ¿De qué manera están relacionados el amor y la obediencia?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

LAS TABLAS DE PIEDRA:

La mayoría de cristianos, cuando pensamos en las tablas de piedras de la ley, siempre nos imaginamos dos tablas de piedra de color gris, pero esta idea no la tienen los judíos. Los judíos enseñan que las tablas de piedras eran de color azul, que es el mismo color de la piedra de zafiro, dicho en otras palabras, los judíos creen que las tablas de la ley eran de zafiro. Además los judíos enseñan que las tablas de la ley de Dios, fueron arrancadas del mismo trono de Dios, o sea que Dios uso parte de su trono para entregar al hombre, el mas fino documento que el cielo haya podido entregar al humano.

Dicho sea de paso, los diez mandamientos, es la única porción de la Biblia que no es inspirada por Dios a los hombre, sino que fue escrita directamente por Dios.

La piedra tiene duración eterna, pero también se puede quebrar. La ley en la tabla significa su duración eterna, como  también su fácil quebrantamiento.

Éxodo 24 dice: Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; 10 y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.

Esta impresionante postal la encontramos en la altura del monte Sinaí, Dios había descendido al monte, y su trono se había asentado sobre el monte, y alrededor de su trono todo se había convertido del mismo material del trono de Dios que es zafiro, podríamos decir que el trono de Dios había inundado, derretido y convertido todo alrededor del trono en Zafiro, incluyendo el suelo donde Dios tenía sus pies.

Ezequiel en el capítulo 1 describe el trono de Dios, y dice: 26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.

Con estos textos llegamos a la conclusión que el trono de Dios es de zafiro y naturalmente es de color azul, y si el trono de Dios había fundido la parte del monte Sinaí donde éste se había asentado, cabe la probabilidad que en verdad las tablas de piedras de los mandamientos eran de zafiro, o de color azul. Ya sea que Dios haya tomado las tablas de piedra de su mismo trono o de sus alrededores, todo esa porción de tierra alrededor del trono de Dios, en ese momento se había convertido en zafiro.

En el libro de número capítulo 15 encontramos una orden muy interesante que Dios a Israel: 37Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 38 Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. 39Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis. 40 Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios.”

El color azul es el color oficial de los israelitas hasta el día de hoy, tanto a nivel gubernamental, como a nivel eclesiástico.

La bandera Israelita es color blanco con franjas azules; el blanco representa la severidad de Dios a través de su justicia y el color azul representa los diez mandamientos de Dios.

En Isaías 54, Dios está hablando de Israel y de su gran amor para con la nación, y él les dice: 11 Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré.

Posiblemente los judíos tiene razón cuando enseñan que las tablas de piedra, no fueron piedras comunes y corrientes, sino que fueron tablas especiales, tablas azules, tablas de zafiro, del mismo material del trono de Dios; la Biblia dice; “Justicia y juicio es el trono de Dios”

En los Estados Unidos de Norte América, toda las leyes que tengan que ver con religión se llaman: “Leyes Azules” Por el momento no hay ninguna “Ley Azul” pendiente en la “cámara baja” o en la “cámara de representantes”, que son las dos antesalas para que una ley logre llegar al senado; en el senado es donde se vota a favor o en contra de una ley.

Muy pronto las “leyes azules” comenzaran a aparecer en las mesas de los legisladores de la última potencia bíblica de ésta tierra como lo es los Estados Unidos de Norte América. Este país protege tres cosas fundamentales que son: la libertad religiosa, la libertad de culto, y la libertad de expresión. Cuando aparezcan nuevas “leyes azules” en los Estados Unidos, tendrán como objetivo eliminar estos tres principios benditos del humano, y cuando esto pase, el fin de éste mundo estará a las puertas.

Hay que recordar que las primeras tablas de los mandamientos fueron hechas por Dios, pero esas tablas fueron quebradas por Moisés, o sea que Moisés quebró las tablas de la ley originales, que posiblemente eran de zafiro, de hermoso color azul.

Las segundas tablas de la ley, no fueron hechas por Dios, esas tablas fueron hechas por Moisés, él rompió el delicado y fino trabajo de Dios, a él le tocó reponer el daño hecho.

15Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. Éxodo 32

1- Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. 2Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. 3Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. 4Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. Éxodo 34

 LOS DUEÑOS DE LA LEY:

Deuteronomio 30: 10 Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

2 Reyes 10: 31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.

San Juan 15 :10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como también yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

 Los dueños de la ley de Dios, son el Padre y el Hijo, los dos se llaman Jehová

Génesis 15:24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;

San Juan 10: 30 Yo y mi Padre uno somos.

LOS TESTIGOS:

Deuteronomio 33: 2 “Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció del monte de Parán, y vino con diez mil santos; a su diestra la ley de fuego para ellos.”

Salmos 68:17 “Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor está entre ellos, como en el Sinaí, así en el santuario.”

Hechos 7: 53 “Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.”

Hebreos 2: 2 “Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución”

 EL ESCRITOR:

Éxodo 31: 18 Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

Deuteronomio 9: 10 y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito conforme a todas las palabras que os habló Jehová en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea.

Nos vamos a concentrar a estudiar la frase “el dedo de Dios” el primer texto en la Biblia donde aparece esta expresión es en Éxodo 8: 19 “Entonces los encantadores dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.”

El cuarto texto y último en la Biblia que menciona esta frase se encuentra en Lucas 11: 20 “Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.”

¿Quién es el dedo de Dios? La respuesta clara la encontramos en Mateo 12: 28 “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.”

El “Dedo de Dios” es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo estuvo presente en toda la vida de Jesús.

Lucas 1: 34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. 35 Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también lo Santo que de ti nacerá, será llamado el Hijo de Dios.

Lucas 3: 22 y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia.

Lucas 4: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí: Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón: Para predicar libertad a los cautivos: Y a los ciegos vista: Para poner en libertad a los quebrantados:

El Espíritu Santo a sido el encargado de escribir la ley  de Dios en todos los materiales disponibles, incluyendo en los corazones de los hombres.

Ezequiel 36: 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis decretos y los pongáis por obra.

Romanos 12: 15 “ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos,” (Biblia de las Américas)

El Espíritu Santo es el escritor por excelencia, él sabe escribir sobre la piedra, sobre el corazón del hombre y aun sobre la conciencia.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la transgresión de la ley, no hay seguridad ni reposo ni justificación. El hombre no puede esperar permanecer inocente delante de Dios y en paz con él mediante los méritos de Cristo, mientras continúe en pecado. Debe cesar de transgredir y llegar a ser leal y fiel. Cuando el pecador examina el gran espejo moral, ve sus defectos de carácter. Se ve a sí mismo tal como es, manchado, contaminado y condenado. Pero sabe que la ley no puede, en ninguna forma, quitar la culpa ni perdonar al transgresor. Debe ir más allá. La ley no es sino el ayo para llevarlo a Cristo. Debe contemplar a su Salvador que lleva los pecados. Y cuando Cristo se le revela en la cruz del Calvario, muriendo bajo el peso de los pecados de todo el mundo, el Espíritu Santo le muestra la actitud de Dios hacia todos los que se arrepienten de sus transgresiones. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16) (Mensajes selectos, t. 1, p. 250).

La pregunta del doctor de la ley a Jesús había sido: “¿Haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?” Y Jesús, reconociendo el amor a Dios y al hombre como la esencia de la justicia, le había dicho: “Haz esto, y vivirás”. El samaritano había obedecido los dictados de un corazón bondadoso y amante, y con esto había dado pruebas de ser observador de la ley. Cristo le ordenó al doctor de la ley: “Ve, y haz tú lo mismo”. Se espera que los hijos de Dios hagan, y no meramente digan. “El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6).

La lección no se necesita menos hoy en el mundo que cuando salió de los labios de Jesús. El egoísmo y la fría formalidad casi han extinguido el fuego del amor y disipado las gracias que podrían hacer fragante el carácter. Muchos de los que profesan su nombre han perdido de vista el hecho de que los cristianos deben representar a Cristo. A menos que practiquemos el sacrificio personal para bien de otros, en el círculo familiar, en el vecindario, en la iglesia, y en dondequiera que podamos, cualquiera sea nuestra profesión, no somos cristianos…

Todo esto no es sino el cumplimiento del principio de la ley —el principio ilustrado en la historia del buen samaritano y manifestado en la vida de Jesús. Su carácter revela el verdadero significado de la ley, y muestra qué es amar al prójimo como a nosotros mismos. Y cuando los hijos de Dios manifiestan misericordia, bondad y amor hacia todos los hombres, también atestiguan el carácter de los estatutos del cielo. Dan testimonio de que “la ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma” (Salmo 19:7) (El Deseado de todas las gentes, pp. 465, 466).

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Jueves 9 de febrero // Lección 6_____________________________________

EN BÚSQUEDA DE LA SANTIDAD

Lee Salmo 15:1 y 2; Efesios 4:22 al 24; y 2 Timoteo 2:21. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de la santidad?

Salmo 15:1-2

1 Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón.

Efesios 4:22-24

22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

2 Timoteo 2:21

21 Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.

La santidad es la precondición para disfrutar de la felicidad del compañerismo con Dios. Es la precondición de nuestra utilidad para Dios. Conocemos la veracidad del dicho: “Siembra una acción, y cosecharás un hábito; siembra un hábito, y cosecharás un carácter”. Y, podríamos agregar, “el carácter es el destino”. Lo único que llevaremos al cielo con nosotros será el carácter.

No obstante, desarrollar nuevos hábitos y un nuevo carácter no se logra por medio de la autosantificación ni por un esfuerzo propio. La formación de hábitos es el modo normal en que el Espíritu nos guía hacia la santidad. Los hábitos son importantes en nuestro caminar cristiano, especialmente aquellos que crecen en conexión con virtudes bíblicas tales como paciencia, amor, fidelidad, bondad, benignidad, amabilidad y dominio propio.

Cuando el Espíritu Santo ha llenado nuestro corazón, sin duda prestaremos un servicio activo para Dios. Pero, demasiado a menudo, nos olvidamos que es Dios quien nos santifica y quien terminará en nosotros la buena obra que él comenzó (Fil. 1:6). A veces, estamos tan ocupados haciendo toda clase de cosas para Dios que nos olvidamos de disfrutar nuestro tiempo con él en oración. Cuando estamos demasiado ocupados para orar, en realidad estamos demasiado ocupados para ser cristianos.

Quizá nuestros conocimiento y éxito nos han llevado a depender tanto de nosotros mismos y confiar tanto en nosotros que damos por sentado nuestras habilidades y planes; y de esa manera nos olvidamos que sin Cristo y sin el Espíritu Santo no podemos lograr nada.

El activismo no es santidad. Habrá personas que pensarán que han hecho grandes cosas para el Señor y, sin embargo, en realidad no lo estaban siguiendo a él en absoluto. “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mat. 7:22, 23). Hay una enorme diferencia entre ser llamados por Dios y, simplemente, actuar por cuenta propia. Si no hemos tomado primeramente el tiempo a solas para escuchar el llamado de Dios, corremos el riesgo de actuar por cuenta propia, sea lo que fuere que hagamos. Pero no habrá fuerza, ni poder, ni paz, y no habrá una bendición duradera asociada con nuestros esfuerzos, si estos no surgen a raíz de un llamado divino. Nuestra mayor necesidad en el ámbito de la santidad es pasar tiempo de calidad con Dios cuando escuchamos su voz y recibir nuevas fuerzas de su Palabra al ser guiados por el Espíritu Santo. Esto otorgará credibilidad única y poder convincente a la tarea que emprendamos.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El tono con el que está escrito éste texto, concuerda perfectamente con la ocasión cuando David regresó el arca a Jerusalén. El salmista está consultado al dueño de la casa, los términos en los cuales él extiende su hospitalidad a los que desean habitar en esa casa. En éste texto descubrimos que el carácter de Dios tiene que ser reflejado en el carácter de sus adoradores, también descubrimos que la raíz de la verdadera ética humana, se encuentra en una religión verdadera.

Salmo 15:1-2

1 Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón.

Este es el camino al cielo, si queremos ser felices, necesitamos ser santos. Hay leyes en el paraíso de Dios, el salmista logra conseguir un vistazo de esas leyes divinas, y hace de esas leyes divinas, el centro de su poema.

En el texto de éste día se nos presentan varias preguntas acerca del carácter de aquellos que quieren aplicar para la ciudadanía de Sion. A la par de las preguntas que se hacen para lo que quieren vivir en Sion, también se dan las respuestas. Todos aquellos que quieran encontrar la manera de vivir en el cielo, la Biblia se convierte en una guía fidedigna de los pasos a seguir, para llegar a dicho lugar.

Para ser ciudadano de Sion, se necesita simplemente tener una religión sincera: Se necesita andar en integridad, hacer justicia, y hablar la verdad.

Solamente tres requisitos para ser ciudadanos de Sion:

Ser integro (no mezclarse con las cosas del mundo, no decir “una vez al año no hace daño)

Hacer justicia (dar a cada quien el mérito, honor y la propiedad que le corresponde)

No hablar mentiras.

Solo son tres requisitos ¿Fáciles o difíciles?

Hay una constante tendencia a confundir la teología con la religión. La teología es solamente la expresión científica de las ideas que forman una religión. Pero la religión en si, es diferente. Pueden haber personas que son muy religiosas, sin tener realmente una teología profunda. Nuestro poder para discernir las cosas divina no dependen tanto de nuestra integridad moral sino de nuestra devoción espiritual. La religión es realmente una simpatía moral que existe entre la criatura y su Creador.

Un aspirante a la ciudadanía de Sion es justo con Dios y con el hombre, y habla tanto a Dios como al hombre con su verdad en su corazón, aborrece el fraude, no puede aceptar una buena ganga que éste basada en la mentira, es cuidadoso en no dañar a nadie, solo habla el bien y nunca el mal de los demás.

San Antonio, el primer ermitaño que se cree que existió en éste mundo, pasaba su dura, triste y solitaria vida en la soledad, orando y meditando constantemente en las cosas de Dios. La historia cuenta que cierto día, una vez llegó donde él y le dijo: “Antonio aun con la vida que tu llevas, tu vida no es tan perfecta como la del zapatero de Alejandria” San Antonio al escuchar éstas palabras se puso de pie, tomó sus cosas y comenzó su largo camino hasta Alejandría, donde encontró al zapatero. El zapatero estaba atónito, cuando se dio cuenta que el gran santo de renombre, había llegado a su casa para pasar un tiempo con él. San Antonio le dijo al zapatero, “cuéntame tu manera de vivir y como empleas tu tiempo” –Señor- dijo es zapatero; -Talentos no tengo ninguno, buenas obras casi nada, mi vida es muy simple ya que no soy nada mas que un pobre zapatero. En la mañana cuando me levanto, yo oró por toda ésta ciudad donde vivo, especialmente por mis vecinos y los amigos pobres que tengo, después de eso me pongo a trabajar todo el día para ganarme el pan diario, me mantengo fuera de todo aquello que es falso, odio todo tipo de engaño, es por eso que cuando hago una promesa trato de mantenerla para que sea una promesa verdadera. Por las tarde enseño a mis niños, de acuerdo a mis conocimientos, a serle fiel a Dios y a servirle de corazón. Esta es la suma de mi simple vida”

El tercer requisito para vivir en Sión, es hablar la verdad en el corazón. No es suficiente hablar la verdad en nuestros labios, sino que es necesario hablarla en el corazón. Muchas veces hablamos la verdad con nuestros labios, por que esa es la verdad, por que estamos obligados a estar del lado de la verdad, por que estamos obligados a decir la verdad, pero a pesar que muchas veces hablamos la verdad con nuestros labios, no estamos hablando la verdad en el corazón.

Hablar la verdad en el corazón es cuando nuestros pensamientos o razonamientos son consistentes y están de acuerdo completamente con la verdad, es decir hablar la verdad con el corazón, es cuando nuestra mente está en armonía y en sinceridad, con lo que nuestros labios están diciendo.

Un ejemplo de esto es cuando somos obligados a reconocer la superioridad, los talentos y la capacidad de otra persona muy arriba de los nuestros. Los labios lo pueden decir, pero el corazón tiene orgullo y no acepta esa verdad que estamos hablando. A la verdad que decimos tenemos que agregarle la humildad, la humildad nos ayuda a aceptar la verdad en el corazón, una vez aceptada esa verdad, entonces tanto nuestros labios como nuestro corazón, son verdaderos.

Interesantemente la ciencia que estudia la anatomía del cuerpo humano, ha descubierto que la lengua ésta atada al corazón, y está atada con doble “cuerdas” o tendones. La verdad que expresamos también es necesaria que tenga dos atadura, una atadura tiene que estar de acuerdo con lo que nuestros labios dicen y la otra atadura tiene que también estar de acuerdo con lo que nuestro corazón dice.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Hay personas que han conocido el amor perdonador de Cristo y desean realmente ser hijos de Dios; pero reconocen que su carácter es imperfecto y su vida defectuosa; y propenden a dudar de si sus corazones han sido regenerados por el Espíritu Santo. A los tales quiero decirles que no cedan a la desesperación. A menudo tenemos que postramos y llorar a los pies de Jesús por causa de nuestras culpas y equivocaciones; pero no debemos desanimamos. Aun si somos vencidos por el enemigo, no somos desechados ni abandonados por Dios. No; Cristo está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros. Dice el discípulo amado: “Estas cosas os escribo, para que no pequéis. Y si alguno pecare, abogado tenemos para con el Padre, a saber, a Jesucristo el Justo” (1 Juan 2:1). Y no olvidéis las palabras de Cristo: “Porque el Padre mismo os ama” (Juan 16:27). El desea reconciliaros con él, quiere ver su pureza y santidad reflejadas en vosotros. Y si tan solo estáis dispuestos a entregaros a Él, el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de nuestro Señor Jesucristo. Orad con más fervor; creed más implícitamente. Cuando lleguemos a desconfiar de nuestra propia fuerza, confiaremos en el poder de nuestro Redentor y alabaremos a Aquel que es la salud de nuestro rostro (El camino a Cristo, p. 64).

Una seria obra de preparación ha de ser hecha por los adventistas del séptimo día si desean permanecer firmes en las angustiosas pruebas que tienen ante ellos. Si se mantienen leales a Dios en la confusión y la tentación de los últimos días, deben buscar al Señor con humildad de corazón para obtener sabiduría a fin de resistir los engaños del enemigo…

Siempre hemos de tener presente el solemne pensamiento del pronto regreso del Señor, y en vista de ello reconocer la obra individual que debe hacerse. Mediante la ayuda del Espíritu Santo hemos de resistir las inclinaciones naturales y las tendencias al mal, y desarraigar de la vida todo elemento que no se asemeje a Cristo. Así prepararemos nuestros corazones para la recepción de la bendición de Dios, la que nos impartirá gracia y nos pondrá en armonía con la fe de Jesús. Para esa obra de preparación se le han concedido a este pueblo grandes ventajas en la luz que se le ha otorgado, en los mensajes de advertencia e instrucción, enviados por medio de la operación del Espíritu de Dios…

En este tiempo se ha de evidenciar un testimonio viviente en la vida del profeso pueblo de Dios, para que el mundo pueda ver que en esta época en que el mal reina por doquiera, hay aún un pueblo que pone a un lado su voluntad y busca hacer la voluntad de Dios, un pueblo en cuyo corazón y vida está escrita la ley de Dios. Nos esperan fuertes tentaciones y pruebas severas. El pueblo de Dios que guarda los mandamientos debe prepararse para este tiempo de prueba, mediante una experiencia más profunda en las cosas de Dios y un conocimiento práctico de la justicia de Dios…

Permitid que vuestras vidas diarias den testimonio de la fe que profesáis (Dios nos cuida, p. 188).

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Lección 6 // Viernes 10 de febrero____________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “Un poder que transforma y eleva”, Palabras de vida del gran Maestro, pp. 68-74.

Siendo que nuestra propia naturaleza es caída y corrupta, y la de Dios es invariablemente santa, ¿de qué modo podemos comenzar siquiera a entender su santidad? La santidad de Dios lo define como singular y separado del mundo de pecado y de muerte que experimentamos los seres humanos. Sin embargo, lo más asombroso es que Dios nos ofrece la oportunidad de participar de su santidad. Eso es parte de lo que implica una relación de pacto con él: “Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios” (Lev. 19:2). O, como lo expresa el libro de Hebreos: “He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto […]. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo” (Heb. 8:8, 10). En estos textos, podemos ver la conexión entre santidad, pacto y Ley. No podemos ser santos si no obedecemos la Ley de Dios, y obedecemos su Ley solamente a medida que él mismo, el Espíritu Santo, escribe su Ley en nuestros corazones y mentes. Qué sagrado privilegio tenemos, “que participemos de su santidad” (12:10), lo cual expresamos al obedecer su Ley en amor.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En clase, repasa tu respuesta a la pregunta final de la lección del martes acerca de lo que dirías a alguien que te preguntara sobre cómo obtener el cumplimiento de las promesas de victoria sobre el pecado en su propia vida.
  2. ¿Qué significa que la Ley de Dios esté escrita en nuestro corazón y nuestra mente? ¿Por qué esto es tan diferente de que solamente esté escrita en tablas de piedra?
  3. Cuando piensas en la santidad de Dios, ¿qué viene a tu mente? Con la participación de toda la clase, hablen acerca de cómo se imaginan que es la santidad de Dios. ¿Qué nos revela Jesús sobre ella?
  4. ¿Cuál es el fundamento para nuestra santidad? ¿De qué manera se logra la santidad?
  5. En la lección del miércoles, se afirma lo siguiente: “La Ley no nos salva; nunca podría hacerlo. La Ley nunca es nuestro camino a la salvación. Más bien, es el camino de los salvos”. ¿De qué modo esta declaración nos ayuda a entender cuál debería ser el papel de la Ley para los cristianos santificados, en quienes está obrando el Espíritu Santo?

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Escrito por: Tony García.
Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2015

2 pensamientos en “LECCIÓN 6 – EL ESPÍRITU SANTO Y UNA VIDA SANTA – PARA EL DE 11 DE FEBRERO DE 2017

  1. Muy buena página para estudiar la lección podría mandarme lo mi correo

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