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LECCIÓN 4 – ESCAPE DE LAS COSTUMBRES DEL MUNDO – PARA EL 27 DE ENERO DE 2018

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 04: Para el 27 de enero de 2018

ESCAPE DE LAS COSTUMBRES DEL MUNDO

Sábado 20 de enero_________________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 119:11; Efesios 6:18; Romanos 8:5, 6; Hebreos 11:1-6; 1 Reyes 3:14; Ezequiel 36:26, 27.

PARA MEMORIZAR:

“No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; mas la justicia librará de muerte […]. El que confía en sus riquezas caerá; mas los justos reverdecerán como ramas” (Prov. 11:4, 28).

Aunque Satanás fracasó con Jesús, ha tenido éxito con todos los demás. Y seguirá teniendo éxito a menos que peleemos con la armadura y el poder de Dios, el único que nos ofrece la libertad de los señuelos del mundo.

Por lo tanto, debemos centrar nuestra atención en nuestro Proveedor celestial. David se dio cuenta de su verdadero valor en esta vida cuando escribió: “Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” (Sal. 34:10). Salomón reconoció que la sabiduría y el entendimiento eran más valiosos que la plata y el oro (Prov. 3:13, 14). La verdadera felicidad y la vida recta surgen de apartar la vista de nuestras posesiones y mirar al Cristo viviente, que nos posee.

Nuestra única esperanza para escapar del encanto del mundo es una relación vital y exitosa con Jesús. Esta semana estudiaremos los elementos de esa relación y lo determinante que es para nuestro propio éxito espiritual reconocer el poder detrás de la máscara del mundo y ver la importancia de Cristo como la verdadera razón de vivir.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Satanás vendrá a ti diciéndote: Tú eres un pecador. Pero, no dejes que él llene tu mente con el pensamiento de que, porque eres pecador, Dios te ha rechazado. Di le: Sí, yo soy un pecador, por eso necesito un Salvador. Necesito perdón, y Cristo dice que si voy a él no pereceré. En su carta leo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiamos de toda maldad” (1 Juan 1:9)…

En el momento en que te aferras de las promesas de Dios por la fe y dices: “Yo soy la oveja perdida que Jesús vino a salvar”, una nueva vida tomará posesión de ti y recibirás fuerza para resistir al tentador (En los lugares celestiales, p. 118).

Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios por esta maravillosa manifestación de un favor que no merecemos. Es el amor de Dios el que conduce el alma a Cristo para ser benignamente recibida y presentada al Padre. Mediante la obra del Espíritu, se renueva la relación divina entre Dios y el pecador. El Padre dice: “Yo seré Dios para ellos, y ellos serán para mí hijos. Ejerceré el amor perdonador hacia ellos, y derramaré en ellos mi gozo. Ellos serán para mí un tesoro peculiar; porque este pueblo a quien yo he formado por mí mismo manifestará mi alabanza (Nuestra elevada vocación, p. 79).

Las riquezas proceden del Señor y a él pertenecen. “Las riquezas y la gloria proceden de ti” (1 Crónicas 29:12). “Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:8). “Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados” (Salmos 50:10). “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Salmos 24:1) Es el Señor tu Dios quien te da el poder para obtener riquezas. Las riquezas, por ellas mismas, son transitorias y poco satisfactorias. Se nos amonesta a no confiar en riquezas inciertas. “Las riquezas se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo” (Proverbios 23:5). “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mateo 6:19) (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 602).

Hay continuas batallas que pelear y no estamos a salvo ni un momento a menos que nos coloquemos bajo el cuidado de Aquel que dio su propia vida preciosa para hacer posible que cada uno que crea en él como el Hijo de Dios, cuando se vea frente a la presión de la variada ciencia de Satanás, pueda escapar de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Es plenamente capaz, en respuesta a nuestra fe, de unir nuestra naturaleza humana con la suya divina (En los lugares celestiales, p. 119).

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Domingo 21 de enero | Lección 04_________________________________________________

UNA RELACIÓN CON CRISTO

El amor a las posesiones mundanas, incluso por parte de quienes no tienen mucho, puede ser una cadena poderosa que ate el alma al mundo en vez de a Cristo. Incluso si no tenemos mucho en términos de posesiones terrenales, el apasionado deseo de alcanzar bienes materiales puede convertirse en una terrible maldición que, si no se pone bajo el control del Señor, aleja al alma de la salvación. Satanás lo sabe y, por eso, usa el amor por las posesiones materiales para entrampar a todos los que pueda.

¿Cuál es nuestra única protección?

“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:2). ¿Cómo hacemos lo que nos indica Pablo? (Ver también Sal. 119:11; Efe. 6:18.)

Salmos 119:11

11 En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.

Efesios 6:18

18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;

¿Qué otros versículos puedes encontrar que nos digan en qué debemos mantener enfocada nuestra mente? (Fíjate, por ejemplo, en Fil. 4:8.)

Filipenses 4:8

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

La única cura para la mundanalidad, cualquiera sea su forma, es una continua devoción a Cristo (Sal. 34:1) durante los altibajos de la vida. Moisés tuvo “por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Heb. 11:26). Antes que cualquier otra relación, Cristo debe ser nuestra prioridad máxima. Cristo busca un compromiso basado en la convicción, no en la preferencia; es decir, debemos consagrarnos a Cristo por lo que él es y por lo que ha hecho por nosotros, no por alguna ventaja inmediata que puedan aportar nuestra fe y nuestro compromiso con él.

Nuestra vida debe esconderse en Jesús, y sus planes deben ser nuestros planes. El verdadero compromiso es poner nuestra mano en el arado sin “mira[r] hacia atrás” (Luc. 9:62). Cuando asumimos ese tipo de compromiso, Jesús nos eleva a nuestro máximo potencial. Cuando nos entreguemos a él, él quebrantará el dominio del mundo sobre nuestras almas. Nuestra atención debe fijarse en Cristo en vez de en lo material; únicamente eso llenará el vacío en nuestra vida.

Piensa en una oportunidad en que adquiriste una posesión material, algo que realmente estabas deseoso de tener. ¿Cuánto tiempo duraron la alegría y la satisfacción antes de que se desvanezca y vuelvas al lugar donde empezaste?

¡Buena noticia!

Agradecemos a Dios porque la lección de esta semana está ya terminada y disponible completamente, tanto en texto corriente, como en el sistema PDF. Pueden disfrutarla, para gloria del Señor.

 (Como de costumbre, sus comentarios serán muy bienvenidos.)

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Todo el Cielo nos desafía en esta semana a efectuar un escape. Tal escape tiene una dimensión dicotómica: aquí y ahora versus allá y después. En nuestro “ya”, nos desligamos de las avaras prácticas terrenales y mundanales, para aferrarnos a las prácticas celestiales y eternales; en nuestro “después”, seremos desligados del dominio satánico, con su estela de temor y de terror. Allí viviremos y reinaremos con Cristo por los siglos de los siglos.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. (Colosenses 3)

Ya que el cielo y la tierra son mutuamente excluyentes, no se pueden seguir los dos al mismo tiempo; el afecto por uno de ellos, debilitará el afecto por el otro.

Quienes han nacido de nuevo, han muerto al pecado; el dominio del pecado ha sido quebrantado en ellos; el poder del pecado ha sido gradualmente vencido por el poder de la gracia, y ese poder se extinguirá paulatinamente por la perfección de la gloria de Dios en la vida del pecador.

Ser muertos al pecado significa menospreciar las cosas de la tierra, y poner nuestras miradas, pensamientos y deseos en las cosas de arriba, es decir las cosas del Cielo.

Por el momento no podemos ver a Cristo, pero él nos conforta, y nos hace sentir seguros ante su presencia. Inmensos arroyos de agua viva llegan hacia nosotros a través de la presencia de Espíritu Santo, por medio de la fe.

Cuando Cristo aparezca con gloria y majestad en su segunda venida, los redimidos serán reunidos, y todos los que ahora se han escondido en Cristo y se han refugiado en él, aparecerán en la gloria de Cristo y aparecerán también para su gloria. Si en verdad queremos disfrutar de esta verdadera felicidad venidera, no tenemos que poner nuestros afectos en la cosas pasajeras que este mundo ofrece.

Tenemos que poner nuestros afectos en el lugar donde Cristo vive, ya que al final ese será nuestro hogar final. Si el lugar donde Cristo vive también es nuestro hogar final, entonces todo nuestro interés tendría que estar colocado allí, en el hogar celestial.

Desde el momento en que fuimos rescatados de las garras del pecado, o sea la muerte eterna, y fuimos hechos nuevas criaturas, nuestro gran objeto de contemplación tiene que ser las mansiones celestiales.

Cierto hombre pasaba por una calle cuando descubrió una escena muy peculiar: era un niño ciego que estaba sentado en las piernas de su abuelo, y estaba disfrutando su momento mientras sostenía en su mano el hilo con el cual tenía atado una cometa.

El hombre magnetizado por la escena se acercó al niño y le preguntó: -¿Encuentras una satisfacción en volar una cometa que no puedes ver?- -“¡Oh sí!- le dijo el niño: -No puedo verla, pero sí puedo sentirla; cuando hala el hilo, sé que está en mis manos.” Algo así es el mundo espiritual para nosotros: no podemos ver el trono de gloria del Padre, no podemos ver el gozo que existe en el cielo, aun no podemos ver la gigantesca coronación de los redimidos, pero sí podemos sentir cuando somos halados hacia arriba. ¡Allá arriba, muy arriba, está nuestro verdadero hogar! ¡Cuánto anhelo llegar al celeste hogar! (Himnario adventista, 334)

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nuestra mente se acomoda al nivel de las cosas en las cuales permanecen nuestros pensamientos, y si pensamos en cosas terrenales no captaremos la impresión de lo que es celestial. Nos beneficiaríamos grandemente contemplando la misericordia, la bondad y el amor de Dios; pero experimentamos una gran pérdida al ocupamos de aquellas cosas que son terrenas y transitorias. Permitimos que las penas, los cuidados y las perplejidades atraigan nuestra mente a la tierra, y convertimos un grano de arena en una montaña…

Las cosas temporales no deben ocupar toda nuestra atención, ni absorber nuestra mente hasta que nuestros pensamientos estén completamente ocupados de la tierra y lo terreno. Debemos ejercitar, disciplinar y educar la mente de modo que pensemos en un estilo celestial, para que nos ocupemos de las cosas invisibles y eternas, que serán discernidas por la visión espiritual. Contemplando a Aquel que es invisible, podemos fortalecer la mente y vigorizar el espíritu (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, p. 1100).

El Señor es bueno y misericordioso. Quiero que mi ofrenda de gratitud ascienda constantemente a Dios. Anhelo tener una comprensión mayor de su bondad y de su amor inmutable. Anhelo diariamente las aguas de vida… Encuentro continuamente mi fortaleza en Dios. Mi dependencia no debe vacilar. Ningún instrumento humano debe interponerse entre mi alma y mi Dios. El Señor es nuestra única esperanza. Confío en él, y él nunca, no nunca, me chasqueará. Hasta aquí me ha ayudado cuando estaba muy desanimada…

Agradeceré al Señor y alabaré su santo nombre. Alabaré al Señor porque puedo confiar en él en todo tiempo. Él es mi salvación, y mi torre de fortaleza a la que puedo correr en busca de seguridad. El comprende mis necesidades y me iluminará para que yo pueda reflejar luz sobre otros. No fracasaré ni me desanimaré. Espero que tú, mi Padre celestial, me concedas fortaleza y gracia… Su Palabra es mi seguridad (A fin de conocerle, pp. 264, 265).

“El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás — nunca anheléis las conveniencias y las atracciones del mundo—; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.

Debéis procurar tener un Salvador que viva en vosotros, que os sea como un manantial de agua que brote para vida eterna. El agua de la vida que fluye del corazón siempre riega el corazón de otros (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 5, p. 1108).

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Lección 04 | Lunes 22 de enero_____________________________________________________

EN LA PALABRA

Se han distribuido más de seis mil millones de ejemplares de la Biblia en todo el mundo, pero ¿cuántos la consideran la Palabra del Dios viviente? ¿Cuántos la leen con un corazón sincero y abierto para conocer la verdad?

Un estudio bíblico apropiado orienta nuestra brújula espiritual y nos permite navegar por un mundo de falsedad y confusión. La Biblia es un documento vivo de origen divino (Heb. 4:12), y como tal nos señala las verdades que no podemos obtener en ningún otro lugar. La Biblia es la hoja de ruta de Cristo para la vida diaria, y nos educa al expandir nuestro intelecto y refinar nuestro carácter.

Lee Juan 5:39; 14:6; y 20:31. La Biblia, específicamente los evangelios, nos dan la información más autorizada acerca de Jesús. ¿Qué dicen estos versículos específicos en Juan y por qué es tan importante para todos los que creemos en Jesús?

Juan 5:39

39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;

Juan 14:6

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 20:31

31 Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Estudiamos la Biblia porque es la fuente suprema de la Verdad. Jesús es la Verdad y en la Biblia descubrimos a Jesús a medida que lo podemos conocer, gracias al modo en que nos ha sido revelado allí. Aquí, en la Palabra de Dios, en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, aprendemos quién es Jesús y qué hizo por nosotros. Entonces nos enamoramos de él, y confiamos nuestra vida y nuestra alma a su custodia eterna. Al seguir a Jesús y obedecer sus palabras, según se revelan en su Palabra, podemos liberarnos de los lazos del pecado y del mundo. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

Lee Romanos 8:5 y 6. ¿De qué se nos advierte aquí, y de qué manera el estudio de la Palabra de Dios puede ayudarnos en esta lucha por nuestra mente?

Romanos 8:5-6

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.  Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

El amor al mundo, especialmente el amor a las posesiones mundanas, fácilmente puede alejarnos de Dios si no tenemos cuidado. Por eso debemos permanecer en la Palabra, que nos señala las realidades eternas y espirituales, tan cruciales para la vida cristiana.

El amor a las cosas mundanas nunca eleva la mente a la moralidad espiritual, sino que reemplaza los principios bíblicos por la codicia, el egoísmo y la lujuria. El amor, según se revela en la Biblia, construye relaciones al enseñarnos la importancia de darnos a los demás. Al contrario, la mundanalidad implica obtener cosas para nosotros, que es lo opuesto a todo lo que Jesús representa.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí (Juan 5).

La Biblia es una fuente muy rica de expresiones frescas, honestas, naturales y sinceras de los sentimientos y pensamientos humanos.

La fe, la reverencia, la admiración, las aflicciones, los miedos, las tentaciones y los pecados de los personajes bíblicos, son elementos que han sido registrados en el Libro santo para nuestra instrucción; de la misma manera han sido guardadas las doctrinas divinas para nuestro enriquecimiento espiritual.

En la Biblia encontramos una galería de fotos espirituales en las que podemos apreciar el verdadero trabajo del artista. Allí podemos descubrir la vanidad, el orgullo, los deseos, y las traiciones de los personajes bíblicos: los vemos tal como ellos fueron.

La Biblia no sólo es la revelación de Dios, es también la revelación del hombre; la Biblia es el Libro más divino, como también el Libro más humano que se haya escrito en la historia de este mundo. 

Hay tres capítulos dramáticos que resaltan en la Biblia con un significado especial:

Génesis 1: El mundo fue creado: la luz apareció, los arreglos del mundo fueron completados de una manera sublime; algo estaba por acontecer, y el secreto fue revelado por Dios, cuando dijo: “Hagamos al hombre conforme a nuestra imagen y semejanza.”

Mateo 1: En este capítulo hay un gran movimiento, una gran urgencia y una gran velocidad. La lectura de la genealogía significa algo: el secreto se reveló cuando se cumplió la profecía que decía: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Jesús había venido a salvar al mundo de sus pecados.

Hechos 10: En este capítulo se denota un movimiento coordinado,  hay un sueño y una visión; el secreto se revela: “Dios no hace acepción de personas”. El evangelio se entrega oficialmente al mundo gentil. Esta obra se encargó a un alto representante del judaísmo.  Pedro tenía que comenzar una obra que continuaría por siglos y milenios, salvando para el reino de los cielos a millones y millones que nacerían en Europa, Asia, África, Oceanía y las Américas.

Según los comentaristas bíblicos, la tierra ha tenido seis celebraciones grandiosas, o fiestas, en su historia:

1-La creación

2-El día que se anunció la redención del hombre caído

3-La navidad

4-La ascensión de Cristo

5-El pentecostés, o la venida del Espíritu Santo

6-El día en que desapareció la distinción de raza y religión y el evangelio se hizo accesible a todas las familias de la Tierra -los gentiles: “Dios no hace acepción de personas (Efesios 6:9)”. Dios abrió las puertas del reino de los cielos a todos.

Y falta la última fiesta que está por venir: la Segunda Venida de Cristo.

 

 Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel.  (Jeremías 10)

Tenga a bien observar esta cadena de conductas de un mayordomo cristiano:

Tenemos que escuchar sus ordenanzas

Tenemos que guardar lo que escuchamos

Tenemos que comprender lo que guardamos

Tenemos que creer lo que comprendemos

Tenemos que recordar lo que creemos

Tenemos que practicar lo que recordamos

Tenemos que continuar lo que practicamos

Tenemos que compartir lo que practicamos.

Los que serán condenados son:

Aquellos que no vienen para escuchar

Aquellos que cuando vienen no escuchan

Aquellos a quienes no les importa lo que escuchan –si es que vienen

Aquellos que no comprenden a qué cosas en verdad tienen que poner atención

Aquellos que no creen lo que pueden comprender

Aquellos que no practican lo que creen.

 

Escuchemos a Dios con reverencia, con mucho cuidado, con atención, y con la mejor intención. Permitamos que el Espíritu Santo cree en nuestro ser el hábito de percibir y atender la voz divina.

La Biblia instruye al hombre:

1-Con respecto a Dios

2-Con respecto al hombre

3-Con respecto a las obligaciones

4-Con respecto a las responsabilidades

5-Con respecto a los privilegios.

 

Cuando la Biblia disciplina al hombre:

1-Le da gozo en la prosperidad

2-Le da esperanza en la adversidad

3-Le enseña a someterse a la voluntad de Dios de una manera feliz y voluntaria.

 

La Biblia inspira al hombre

1-    Su mente es iluminada

2-    Sus afectos son santificados

3-    Su vida es transformada.

¡Gracias a DIOS por la Biblia, una lámpara a nuestros pies!

“¡Santa Biblia! Para mí eres un tesoro aquí” (Himnario adventista, 208)

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cada día debéis aprender algo nuevo de las Escrituras. Escudriñadlas como si buscarais tesoros ocultos, porque contienen las palabras de vida eterna. Orad por sabiduría y entendimiento para comprender estos escritos sagrados. Si lo hacéis, hallaréis nuevas glorias en la Palabra de Dios; sentiréis que habréis recibido luz nueva y preciosa sobre asuntos relacionados con la verdad, y las Escrituras recibirán constantemente nuevo valor en vuestra estima (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 246).

Cristo tiene derechos sobre cada alma, pero muchos eligen una vida de pecado. Algunos no quieren acudir a Jesús para que les conceda vida… No realizan una entrega completa, para morar únicamente en Jesús, que es vida, paz y gozo indecible, y gloria plena…

Dios os ha dado el derecho de aferraros a él mediante la oración de fe. La oración creyente es la esencia de la religión pura, el secreto del poder para cada cristiano…

Tomaos tiempo para orar, para investigar las Escrituras, para poner el yo bajo la disciplina de Cristo. Vivid en contacto con el Cristo viviente, y tan pronto como hagáis esto, él os sostendrá, y os sostendrá firmemente con su mano poderosa que nunca os dejará abandonados (Nuestra elevada vocación, p. 103).

Las mentes que se han abandonado al pensamiento inmoral necesitan cambiar. “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia, sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:13-16). Los pensamientos se deben fijar en Dios. Ahora es el tiempo de esforzamos fervientemente para vencer las tendencias naturales del corazón carnal.

Nuestros esfuerzos, nuestra abnegación, nuestra perseverancia, deben ser proporcionales al valor infinito del objeto que perseguimos. Solo venciendo como Cristo venció obtendremos la corona de la vida (Testimonios para la iglesia, tomo 8, p. 329).

En Cristo está la plenitud de gozo para siempre… La bondadosa presencia de Cristo en su Palabra siempre habla al alma, lo representa como el manantial de agua viviente que vivifica al sediento. Tenemos el privilegio de contar con un Salvador viviente y permanente. Él es la fuente de poder espiritual implantada dentro de nosotros, y su influencia fluirá en palabras y acciones que vivifiquen a todos los que estén dentro de la esfera de nuestra influencia, creando en ellos deseos y aspiraciones de fortaleza y pureza, de santidad y paz, y de aquel gozo que no causa dolor. Este es el resultado de un Salvador que mora interiormente (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 5, p. 1108).

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Martes 23 de enero | Lección 04____________________________________________________

LA VIDA DE ORACIÓN

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). No es de extrañar que los cristianos a menudo digan que su fe gira en torno a una relación con Dios. Si conocer a Dios es “vida eterna”, entonces podemos hallar esa vida a través de una relación con él. Y, por supuesto, lo primordial de esa relación es la comunicación. Ayer vimos que Dios se comunica con nosotros mediante su Palabra divina. Nosotros, a su vez, comulgamos con él mediante la oración.

Si, como hemos visto, debemos poner nuestra mente y corazón en las cosas celestiales y no en las cosas de este mundo, entonces la oración es fundamental. Esto es así porque, por su misma naturaleza, la oración nos señala un Reino más elevado que el del mundo mismo.

Sin embargo, incluso aquí debemos tener cuidado porque a veces nuestras oraciones pueden ser meramente una expresión de nuestra propia naturaleza egoísta. Por eso necesitamos orar en sumisión a la voluntad de Dios.

Hace años, una mujer entonaba estas palabras: “Oh, Señor, ¿me comprarías un Mercedes-Benz?” Era su forma de atacar el materialismo de quienes profesan tener fe en Dios. También nosotros debemos estar seguros de que cuando oramos, que es en sí mismo un acto de sumisión a Dios y de muerte al mundo, estamos buscando la voluntad de Dios, no solo la nuestra.

Lee Hebreos 11:1 al 6. ¿Cuál es el componente fundamental que debe mezclarse con todas nuestras oraciones? Además, ¿qué significa acercarse a Dios con fe y orar con fe?

Hebreos 11:1-6

1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.  Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.  Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.  Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.  Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.  Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Si nuestras oraciones no van unidas a la fe, habrá presunción, la fe falsa de Satanás. “La oración y la fe están íntimamente ligadas y necesitan ser estudiadas juntas. En la oración de fe hay una ciencia divina; es una ciencia que debe comprender todo el que quiera tener éxito en la obra de su vida. Cristo dice: ‘Todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá’ (Mar. 11:24). Él explica claramente que nuestra petición debe estar de acuerdo con la voluntad de Dios; debemos pedir cosas que él haya prometido y todo lo que recibamos debe ser usado para hacer su voluntad. Cuando se satisfacen las condiciones, la promesa es indubitable” (LO 318).

Revisa tu vida de oración. ¿Por qué oras? ¿Qué dicen tus oraciones acerca de tus prioridades? ¿Por qué otras cosas necesitarías orar?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

La espiritualidad y la oración van juntas. No hay vida espiritual verdadera sin oración vigorosa. Después de experimentar la necesidad de arrepentimiento, quizás una de las más urgentes y mayores necesidades del cristiano es la de un reavivamiento de nuestra vida de oración.

Aunque cubiertas por un manto de piedad, muchas oraciones son guiadas por motivaciones cuestionables.

Quizás oremos pidiendo que se preserve la vida de una persona únicamente porque no nos gusta vivir solos. O podríamos orar pidiendo éxito en la obra de Dios porque jugamos un papel importante en ella. También puede ser que oremos por la conversión de una persona porque, entonces, nuestra vida será más fácil.

A menudo, nuestras oraciones se centran más en lo que nosotros queremos, que aquello que Dios desea. La oración que place a Dios tiene un enfoque diferente. Bien lo establece la Palabra: No tenéis, porque no pedís. “Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres” (Santiago 4:13).

Buscar primeramente a Dios y disfrutar de su compañía es más importante que cualquier otra cosa que él pueda darnos. Si Dios está en primer lugar en nuestra vida, deseamos hacer su santa voluntad, lo que él desea; sus pensamientos moldean nuestros deseos.

Cuando Dios es el centro de la oración, comenzamos a orar desde su perspectiva. Empezamos a ver nuestra vida entera a través de los ojos de Dios. Esta perspectiva ennoblece la oración.

Dios está profundamente interesado en nosotros. Él anhela ser parte de todos los aspectos de nuestra vida: nuestros temores, preocupaciones, deseos, esperanzas, anhelos, éxitos, alegrías, fracasos; todo. Podemos hablar acerca de estas cosas con él como lo haríamos con un buen amigo.

La oración no cambia a Dios; nos cambia a nosotros, porque somos llevados ante la presencia de Dios, quien transforma vidas.

Juan 15:7

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

El Barón Walter Raleigh estaba frente a la reina Elizabeth, pidiendo de nuevo otro favor. La reina lo interrumpió y le dijo: “Señor Raleigh, ¿hasta cuándo dejarás de estar pidiéndome favores?” El Barón Walter Raleigh contestó inmediatamente: “Dejaré de pedir favores a mi reina, hasta cuando ella pare de darlos.”

Si el hombre puede dar buenas dádivas, mucho mejor puede hacerlo Dios; él nos invita constantemente a que le pidamos, porque él está deseoso de conceder los cosas que se le piden.

Hay por lo menos tres componentes importantes para tener una oración exitosa; estas tres cosas son:

-Pedir

-Creer

-Reclamar

PEDIR

Uno de los problemas que enfrentamos los miembros de la iglesia Adventista del Séptimo Día, es que nuestras oraciones muchas veces no son contestadas.

Comúnmente solemos decir que Dios siempre nos contesta nuestras oraciones, y que su respuesta puede ser un “sí,” puede ser un “no,” o puede ser un “espera.” Este dicho que tenemos, es como una moneda de consolación, pero la verdad de las verdades, es que la mayoría de nosotros, cuando pedimos, percibimos como que Dios no contesta nuestras oraciones.

El versículo de este día da mucha luz a nuestro problema. El versículo dice: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”  (Juan 15)

Para poder recibir lo que pedimos, hay dos condiciones importantes que necesitamos cumplir, antes de pedir: La primera condición es permanecer en Cristo, y la segunda condición es que su Palabra permanezca en nosotros.

Si no tenemos una vida de estrecha comunión con Cristo, no nos molestemos en pedir, porque no vamos a recibir absolutamente nada de parte de Dios.

Tampoco nos molestemos en pedir si no estudiamos la Palabra de Dios ni la obedecemos.

Encontramos muchos hermanos que se quejan, que han pedido a Dios, y Dios no les contestó sus oraciones. Tenemos respuesta para este tipo de personas: Dios no le contestó la oración, porque no tiene a Cristo en su vida, y también no le contestó sus oraciones, porque no estudian la Biblia, y tampoco la obedecen. ¡Más clara no puede ser la Palabra de Dios!

Usualmente tenemos una vida sin Cristo, una vida sin estudio de la Palabra de Dios, y por consecuencia natural de estas dos negligencias, tenemos una vida sin obediencia.

De un momento a otro, la enfermedad, la necesidad, o la desgracia, toca nuestra vida y allí es donde caemos de rodillas. ¿Nos contestará Dios nuestra oración, cuando hemos sido negligentes con las condiciones anteriores? La respuesta es un rotundo no, Dios no contesta este tipo de oración.

Hay diferentes niveles de bendiciones, y usualmente recibimos la bendición estándar o normal de Dios; recibimos esa bendición, que cae sobre justos y pecadores. Recibimos la luz del sol, la brisa fresca, el agua, la lluvia, un hermoso mundo, el bocado del día… Esas bendiciones las da Dios a todas sus criaturas, sin importar quién es ni cuál es su condición espiritual, y esto es para que sobrevivan en el mundo.

Pero cuando pedimos bendiciones mayores, pedimos sobre problemas específicos; cuando pedimos por problemas de salud, o un favor especial y determinado sobre nuestras vidas, entonces es allí donde se conoce quién es quién.

Dios simplemente no va a responder nada a una persona que no permanezca en Cristo, y que no sea obediente a su santa Palabra.

La situación es aún mucho más delicada. Proverbios 28: 9 dice: El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable.”

El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable. Dios no sólo aborrece a una persona que se aparta de la ley, Dios también desoye la demostración de un acto religioso hipócrita, donde se está haciendo una demostración de ser bueno y santo, cuando en realidad no lo es.

Toda persona que aparta su oído de la ley de Dios, tarde o temprano caerá en aflicción o en problemas, cuando ese momento llegue, muy posiblemente doblará sus rodillas para orar a Dios; pero Dios no sólo dejará de prestar atención al pedido de esta persona, más que eso: despreciará y aborrecerá el pedido de oración, de la misma manera que la persona ha despreciado la ley de Dios.  Se cumplirá el temible texto de Salmos 109: 7 donde leemos: “Cuando sea juzgado, salga culpable; y su oración sea para pecado.”

Todo lo contrario sucede al justo: por haber oído y haber guardado la ley de Dios, cuando lleguen la aflicción y los problemas a su vida, doblará su rodilla y clamará a Dios, y será escuchado por un Dios justo, y su oración nunca será despreciada.

CREER

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. (Santiago 1)

El cristianismo enseña al hombre a estar contento en medio de las tribulaciones. Este extraño ejercicio es enviado de parte de la oficina del amor de Dios; este extraño ejercicio hará que brille más la gracia que nos es dada, y al final hará más brillante nuestra corona.

En medio de las tribulaciones, dejemos que la paciencia reine suprema, y nunca las pasiones. Cuando termine el trabajo de la paciencia en nuestras vidas, la paciencia nos habrá suplido de los elementos necesarios para nuestra carrera y también para nuestra guerra espiritual.

Nuestra oración no tiene como fin que nuestra tribulación sea removida, sino tiene que ser para obtener sabiduría, para convertir nuestra tribulación y obtener el mejor uso y el mejor ejercicio posible.

Una mente que se mantenga estable en medio de las tribulaciones, y que se mantenga esperando descubrir cuál es el propósito de Dios, tendrá la habilidad de crecer en medio de las aflicciones, crecerá en ferviente devoción y escalará más alto que cualquier prueba u oposición. Todo esto se logra por medio de la fe.

Muchas veces nuestra fe se parece a la acción del niño travieso, que toca la puerta del vecino y sale corriendo. Muchas veces hacemos exactamente eso mismo: nuestra fe toca la puerta de la misericordia, y en vez de esperar que la puerta se abra, salimos corriendo, como si tuviéramos miedo de que nuestras oraciones sean contestadas de veras.

Una de las oraciones más cargadas de fe que se han elevado al cielo, ha sido la oración que hizo Job, en el momento cumbre de su desgracia, cuando él clamó: 15 He aquí, aunque él me matare, en él esperaré;” (Job 13)

 Esta expresión es una de las más famosas declaraciones de fe en toda la Biblia. Es una fe ciega, es confianza total en Alguien que la merece. La fe, igual que las demás gracias del cristianismo, es algo que crece, por lo tanto la fe se ajusta a diversos grados de crecimiento.

Tres cosas importantes aprendemos de la historia de Job:

1-Que todas las cosas que suceden bajo el sol, están bajo el control de Dios

2-Que la santidad y la integridad no son garantía contra pruebas y problemas

3-Que eventualmente todas las cosas que suceden a los verdaderos hijos de Dios, siempre les ayudan para bien.

 

De la determinación de Job aprendemos lo siguiente:

“He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”

-A confiar completamente en Dios, cada vez que estemos conscientes de que hemos atraído el sufrimiento hacia nosotros mismos por culpa de nuestra negligencia o imprudencia

-A tener la correcta fe en Dios. Confiar en Dios significa tener un conocimiento experimental del poder, la bondad y sabiduría de Dios. Confiar en Dios incluye la oración, la paciencia, y la sumisión total a la voluntad divina.

Hay una historia muy interesante de un hombre empresario, que no podía prosperar en su negocio, y estaba totalmente descorazonado. Su esposa era una mujer muy dulce, muy amable y muy feliz, que trataba incesantemente de hacer feliz la vida del esposo e inyectarle ánimos y esperanza, pero todo era en balde. A pesar del ánimo de su esposa, este hombre siempre era negativo, siempre decía que no había esperanza para él y que el fracaso estaba asegurado en su vida.

Cierto día la feliz esposa se levantó cabizbaja, con una triste mirada y un semblante lleno de pesar. El esposo inmediatamente le preguntó: “¿Qué te pasó, querida?” Ella le dijo: “Tuve un sueño terrible, soñé que Dios había muerto, y vi cómo los ángeles lloraban, mientras se encaminaban al funeral de Dios.”

-“¡Qué sueño tan ridículo! Dios nunca puede morir”- murmuró el esposo un poco pensativo. “Sí, tienes razón -consintió ella-. La Biblia nos ha prometido que Dios nunca va a morir, y también nos ha prometido que él nunca va a cambiar. Dios nos ha cuidado todos los días de nuestra vida, y ahora no podemos creer que él nos ha olvidado. Lo que nos está pasando es sólo pasajero, pronto pasará esa nube oscura y podremos contemplar el sol en su esplendor.” Ante las palabras de su esposa, el hombre volvió a tener fe en un Dios que nunca cambia, puso su empresa en las manos de Dios, y llegó a levantar una de las empresas más exitosas en los Estados Unidos, hasta el día de hoy.

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

RECLAMAR

La fe sin acción es una fe que no sirve para nada; una fe que padece de haraganería no nos sirve para nada.

La verdadera fe reclama las promesas de Dios. Ese reclamo no está lleno de presunción y de arrogancia como lo hacen ciertos grupos religiosos. Para reclamar las promesas de Dios, se tiene que estar revestido de humildad y de una completa dependencia de la voluntad de Dios.

Cuenta una antigua leyenda de cierto rey muy poderoso que tenía a su mando una nación grande y fuerte.

El rey colocó de mayordomo en su reinado a un hombre muy humilde y de buen corazón. Este mayordomo fue alcanzando popularidad con el pueblo, y día a día el pueblo se encariñaba más con él, todo esto debido a las muchas buenas obras que él hacía por los necesitados y por el pueblo en general.

La noticia llegó al rey, y éste comenzó a poner una cuidadosa atención a lo que su mayordomo estaba haciendo. Con el tiempo el rey se dio cuenta de la bondad y carisma de este hombre, pero también se dio cuenta de que su mayordomo se estaba haciendo más popular, más querido y más respetado por el pueblo, aún más que él mismo.

Movido por la envidia decidió ponerle fin a la vida de este buen hombre. Un día por la mañana lo llamó al trono y le dijo: Necesito que encuentres una palabra para que cuando yo esté en lo más elevado de mi euforia y alegría, al escuchar esta palabra me haga volver a la realidad y a la normalidad. Esta misma palabra tiene que servirme para volver a mi normalidad cuando yo esté pasando la tristeza, descontento o la amargura más grande de mi vida.

El rey lo mandó a su casa ese día para que meditara y encontrara esa palabra, dándole un día de plazo.

Si a la mañana siguiente él no tenía esa palabra, su castigo sería ser decapitado. El hombre regresó a la casa nervioso, afligido y pensativo. Cuando la esposa lo vio, se dio cuenta de que algo estaba mal con él y durante el día entero pasó persuadiéndolo e insistiendo en saber lo que a él le estaba pasando.

Llegó la noche y cuando se fue a la cama, el hombre comenzó a dar vueltas y vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. La esposa al ver esta situación se puso muy seria y ahora sí demandó saber la verdad. El hombre, al ver que no tenía escapatoria con su esposa, se dio por vencido y le contó lo sucedido ese día en el palacio del rey.

Al escuchar la esposa todo el problema, se le dibujó una sonrisa en el rostro y le dijo: Eso está fácil. Yo sé la palabra mágica que volverá al rey a su estado normal cuando se encuentre en la más grande felicidad, y también que lo volverá a su estado normal cuando se encuentre en su tristeza más grande.

A la mañana siguiente el hombre se fue a ver al rey y le dijo: -Mi señor rey, la palabra que a usted le va ayudar a volver a su normalidad, sin importar la alegría o la tristeza que esté usted sufriendo es “pasará.”

Estimado hermano, “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”; si usted está pasando por dificultades en la vida, recuerde que eso “pasará”. El omnipotente Dios a quien usted sirve, se encargará de que todo momento azaroso “pase” de su vida.

Ya es tiempo de reclamar las promesas de Dios, con fe, con santidad, con humildad y con valentía.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la oración que Cristo dirigió al Padre, dio al mundo una lección que debe ser grabada en la mente y el alma. “Esta empero es la vida eterna —dijo—: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado” (Juan 17:3). Esta es la verdadera educación. Imparte poder. El conocimiento experimental de Dios y de Cristo Jesús, a quien él ha enviado, transforma al hombre a la imagen de Dios. Le da dominio propio, sujetando cada impulso y pasión de la baja naturaleza al gobierno de las facultades superiores de la mente. Convierte a su poseedor en hijo de Dios y heredero del cielo. Lo pone en comunión con la mente del Infinito, y le abre los ricos tesoros del universo (Palabras de vida del gran Maestro, p. 85).

La comunión con Dios es la vida del alma… La comunión con Dios nos brinda una experiencia diaria que en verdad hace que nuestro gozo sea completo.

Los que tienen esa unión con Cristo lo manifestarán en espíritu, en palabras y en obras. La profesión no es nada a menos que de palabra y de hecho se revele el buen fruto. La unidad, comunión de unos con otros y con Cristo: ése es el fruto que lleva cada pámpano de la vid viviente. El alma purificada, nacida de nuevo, tiene un testimonio claro y distinto para dar…

Conocer a Dios significa, en el sentido bíblico del término, ser uno con él en corazón y mente, conociéndolo por experiencia propia, manteniendo una comunión reverente con él como Redentor. Solo a través de una sincera obediencia puede obtenerse esa comunión (Alza tus ojos, p. 293).

“Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Pero la fe no va en ningún sentido unida a la presunción. Solo el que tenga verdadera fe se halla seguro contra la presunción. Porque la presunción es la falsificación satánica de la fe. La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce la obediencia. La presunción también se aferra a las promesas, pero las usa como Satanás, para disculpar la transgresión. La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar en el amor de Dios, y a obedecer sus mandamientos. La presunción los indujo a transgredir su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado. No es fe lo que reclama el favor del Cielo sin cumplir las condiciones bajo las cuales se concede una merced. La fe verdadera tiene su fundamento en las promesas y provisiones de las Escrituras (El Deseado de todas las gentes, p. 101).

He observado frecuentemente que los hijos del Señor descuidan la oración, y sobre todo la oración secreta; la descuidan demasiado. Muchos no ejercitan la fe que es su privilegio y deber ejercitar, y a menudo aguardan aquel sentimiento íntimo que solo la fe puede dar. El sentimiento de por sí no es fe. Son dos cosas distintas. A nosotros nos toca ejercitar la fe; pero el sentimiento gozoso y sus beneficios han de sernos dados por Dios. La gracia de Dios llega al alma por el canal de la fe viva, que está en nuestro poder ejercitar (Primeros escritos, p. 72).

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Lección 04 | Miércoles 24 de enero_________________________________________________

LA VIDA DE SABIDURÍA

Una de las historias más bellas de la Biblia es la del pedido que Salomón le hace a Dios, para que le dé sobre todo un “corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?” (1 Rey. 3:9).

¿Qué mensaje importante le dio Dios a Salomón que, si lo hubiese tenido en cuenta, habría salvado al rey de la ruina que le acarrearon sus posesiones? ¿Por qué lo que Dios le dijo es tan importante para todos nosotros? 1 Rey. 3:14; ver también 1 Juan 5:3; 1 Ped. 4:17.

1 Reyes 3:14

14 Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.

1 Juan 5:3

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.

1 Pedro 4:17

17 Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

Salomón tenía una sabiduría extraordinaria, pero la sabiduría en sí misma, si no se pone en práctica y no se vive, llega a ser nada más que buena información. En el sentido bíblico de la palabra, la sabiduría que no se pone en práctica en realidad no es sabiduría. Se perderán muchos que habrán tenido mucha información correcta acerca de Dios y sus requerimientos. Pero la falta de obediencia de Salomón hizo que se alejara de los caminos a los que el Señor lo había llamado. Recién más adelante en la vida entró en razón, y con humildad escribió: “Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella” (Prov. 8:11).

La sabiduría es la aplicación del conocimiento y el entendimiento. El conocimiento representa los hechos; el entendimiento representa el discernimiento; y la sabiduría se da en el proceso de aplicar nuestro entendimiento y conocimiento a nuestra vida. Un mayordomo sabio no solo necesita conocimiento y entendimiento, sino la experiencia que se obtiene al vivir ese conocimiento y entendimiento.

El ejemplo de Salomón nos muestra con cuánta facilidad hasta el más sabio y el más entendido puede verse arrastrado por la vaciedad de un estilo de vida materialista si no pone en práctica el conocimiento que se le ha dado.

Compara 1 Corintios 3:19, con Proverbios 24:13 y 14. ¿Cuál es la diferencia entre los dos tipos de sabiduría que se mencionan en estos versículos? Comparte tus respuestas con la clase el sábado.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El nombre Salomón significa “pacífico”: tanto su personalidad como su reinado hicieron gala de su nombre. En los tiempos de Salomón como rey, el país de Israel disfrutó de mucho bienestar, paz y prosperidad nacional; su reinado ocurrió desde el año 971 al 931 antes de Cristo. Sus 40 años de gobierno fueron únicos en la Nación hebrea.

David, el padre de Salomón, fue todo lo contrario de Salomón. David tuvo una vida azarosa y un reino sangriento y lleno de problemas. A pesar de haber tenido dos estilos de vida muy diferentes, David y Salomón escribieron partes muy importantes de la Biblia, pero los dos lo hicieron de una manera diferente, es decir, con un estilo literario diferente.

David escribe al estilo devocional; sus escritos son a manera de plegaria u oración, pidiendo constantemente la liberación de sus enemigos y el amparo de la providencia divina en su vida diaria. Este estilo de escritura es de mucho beneficio para todos los que sufrimos problemas, aflicciones y miedos. Dicho de otra manera, David escribe para todos los que tenemos una vida tumultuosa y llena de conflictos y problemas como la que él tuvo. 

Salomón -que fue pacífico- escribe con un estilo totalmente diferente; él escribe de manera  didáctica, con instrucciones. Las instrucciones tienen como objetivo edificar a la iglesia. 

El libro de los Proverbios de Salomón fue escrito en forma de instrucciones, pero además el libro de los Proverbios está lleno de santas exhortaciones y conceptos teológicos muy elevados.

Algo muy importante y hermoso que no podemos pasar por alto es que el libro de los Proverbios está dedicado a la SABIDURÍA. La palabra SABIDURÍA es uno de los nombres o títulos de Jesucristo: “mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios.” 1 Corintios 1: 24

Cuando la iglesia está disfrutando tiempos de paz y tranquilidad, como los disfrutó el pueblo de Israel durante el reinado de Salomón, entonces es el momento preciso para edificar la iglesia por medio de las instrucciones. Estas instrucciones son puestas en práctica cuando la iglesia es azotada en tiempos de dificultades y problemas. Este es el enfoque de los Proverbios: instruirnos en tiempos de paz, para actuar sabiamente en tiempos de problemas y dificultades.

Hay que recordar que la gran sabiduría de Salomón le fue concedida como un regalo de Dios, por su elección correcta ante la propuesta de Dios. Pero, además, trae mucha inteligencia natural heredada de sus padres biológicos. David, su padre, fue un gran músico, escritor, compositor, poeta, estratega militar, filósofo, ingeniero, arquitecto, legislador, abogado, juez, y rey, entre otros adjetivos aplicables.

Por el lado de su madre Betsabé, encontramos a Ahitofel su abuelo, es decir el padre de Betsabé, que fue considerado como uno de los más sabios de Israel en todos los tiempos: Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como si consultaran la palabra de Dios. Tal era el consejo de Ahitofel, tanto por David como por Absalón. (2 Samuel 16: 23)

Recuerde: LA INTELIGENCIA ES HORIZONTAL, PERO LA SABIDURÍA ES VERTICAL; LA SABIDURÍA VIENE DEL CIELO.

Conocimiento no es lo mismo que sabiduría; el conocimiento es la acumulación de información que no está conectada entre sí. Nosotros podemos acumular información de diferentes materias, tales como matemáticas, historia, química, biología, geología, astronomía, etc., pero, en cierto modo, todas estas materias no están conectadas entre sí. Cuando una persona se desequilibra estudiando sólo una materia, esto conduce en muchas ocasiones al fanatismo. 

 

 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. (Proverbios 1)

“Sabiduría” se define aquí como una experiencia religiosa. Está relacionada con el temor de Jehová. Este concepto importante de la religión hebrea es la clave de Proverbios.

El temor de Jehová no tiene nada que ver con el miedo supersticioso e infantil al castigo divino. Debe entenderse, en cambio, como la consciencia aguda de la presencia personal de Dios en todo momento y lugar.

En pocas palabras, temer a Dios significa serle fiel y amarlo.

La sabiduría tiene que ver con el carácter y la conducta. Sabiduría es el acto de aplicar el conocimiento adquirido y tomar buenas decisiones ante los problemas y las encrucijadas que la vida nos presenta.

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; El temor a Jehová es el acto de reverenciarlo, de darle el honor que se merece y de darle el lugar apropiado en nuestras vidas.

Ahora que entendemos que es el temor a Jehová, observemos la importancia de temer a Jehová en el libro de los Proverbios:

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová. (1:7)
El principio de la sabiduría es el temor del SEÑOR. (9:10)

El temor del SEÑOR es fuente de vida. (14:27)

El temor del SEÑOR es instrucción de sabiduría. (15:33)

El temor del SEÑOR es aborrecer el mal. (8:13)

El temor del SEÑOR aumentará los días. (10:27)

En el temor del SEÑOR hay confianza segura. (14:26)

…y con el temor del SEÑOR el hombre se aparta del mal. (16:6)

El temor del SEÑOR conduce a la vida. (19:23)

el temor del SEÑOR son la riqueza, el honor y la vida. (22:4)

La naturaleza de la verdadera sabiduría es muy diferente a la sabiduría mundanal. La naturaleza de ambas sabidurías es diferente, sus objetivos son diferentes y sus fines también son diferentes.

La sabiduría mundanal se usa para los asuntos de esta vida; pero la sabiduría divina se usa para conseguir la vida eterna.

La sabiduría mundanal casi siempre está conectada con el orgullo; la sabiduría divina siempre está acompañada de la humildad.

La sabiduría mundanal consiste en la cantidad y profundidad de conocimiento que una persona posee; la sabiduría divina consiste en tener temor a Dios.

La sabiduría mundanal se gana a través del estudio; la sabiduría divina se obtiene a través de la oración y del estudio de la Palabra de Dios.

Hay personas que son sabias por naturaleza; esto, que es extremadamente bueno, no es una garantía para la felicidad y la salvación de la persona que la posee. La sabiduría divina es una fuente de felicidad para la persona que la consigue y además es una herramienta importante tanto para esta vida, como para la vida venidera.

Se nos invita a buscar la sabiduría DIVINA de la misma manera como buscaríamos un tesoro oculto, es decir buscar un tesoro con mucho esfuerzo y diligencia: Si como a la plata la buscares, y la procuraras como a tesoros.”   Como un tesoro escondido es cualquier propiedad, como metales o piedras preciosas, que están ocultas en la tierra; ya sea en cavernas, mares, lagos, ríos o minas.

Cuenta la historia, que en el tiempo antiguo cuando existía la esclavitud, los esclavos que eran llevados a Brasil; parte de ellos eran llevados a Río de Janeiro. Su trabajo consistía en rastrear y escarbar el lecho del río de Janeiro en busca de partículas de oro, diamantes o piedras preciosas. Había una ley del estado de Brasil que decía que todo aquel esclavo que encontrara un diamante de un determinado tamaño o más grande de lo estipulado, se le concedía la libertad. Esta ley motivaba al esclavo a trabajar con diligencia, cuidado y esmero en el suelo o el lecho del río, para conseguir ese tesoro tan preciado que le concedería el más sagrado de todos los dones: el de la libertad. 

Salomón nos está invitando a todos a buscar sabiduría, conocimiento y comprensión; a todo aquel que encuentre estos tesoros escondidos se le garantiza su libertad de la esclavitud del pecado y del imperio de la muerte.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El lenguaje de Salomón al orar a Dios ante el antiguo altar de Gabaón, revela su humildad y su intenso deseo de honrar a Dios. Comprendía que sin la ayuda divina, estaba tan desamparado como un niñito para llevar las responsabilidades que le incumbían. Sabía que carecía de discernimiento, y el sentido de su gran necesidad le indujo a solicitar sabiduría a Dios. No había en su corazón aspiración egoísta por un conocimiento que le ensalzase sobre los demás. Deseaba desempeñar fielmente los deberes que le incumbían, y eligió el don por medio del cual su reinado habría de glorificar a Dios. Salomón no tuvo nunca más riqueza ni más sabiduría o verdadera grandeza que cuando confesó: “Yo soy un niño pequeño y no sé cómo me debo conducir”…

Nuestras peticiones a Dios no debieran proceder de corazones llenos de aspiraciones egoístas. Dios nos exhorta a elegir los dones que redundarán para la gloria de él. Quiere que elijamos lo celestial en lugar de lo terrenal. Abre de par en par ante nosotros las posibilidades y ventajas de un trato con el Cielo. Alienta nuestras metas más altas, da seguridad a nuestros más selectos tesoros. Aunque le sean arrebatadas las posesiones mundanales, el creyente se regocija en su tesoro celestial, cuyas riquezas no pueden perderse en ningún desastre terreno (Conflicto y valor, pp. 189, 190).

Nadie que realmente ame y tema a Dios seguirá transgrediendo ningún punto de la ley de Dios. Cuando infringe la ley, el hombre está bajo la condenación de la misma, que se convierte en un yugo de esclavitud para él…

“La ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma”. Por medio de la obediencia se logra la santificación del cuerpo, el alma y el espíritu. Esta santificación es una obra progresiva, en que se pasa de una etapa de perfección a otra.

Corre una fe viva cual hilo de oro, en toda la ejecución de los deberes aun los más humildes. Entonces toda la tarea diaria promoverá el crecimiento cristiano. Habrá una continua contemplación de Jesús. El amor por él dará fuerza vital a cuanto se emprenda (Mi vida hoy, p. 258).

No ganamos la salvación con nuestra obediencia; porque la salvación es el don gratuito de Dios, que se recibe por la fe. Pero la obediencia es el fruto de la fe. “Sabéis que él fue manifestado para quitar los pecados, y en él no hay pecado. Todo aquel que mora en él no peca; todo aquel que peca no le ha visto, ni le ha conocido”. (1 Juan 3:5, 6). He aquí la verdadera prueba. Si moramos en Cristo, si el amor de Dios está en nosotros, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestros designios, nuestras acciones, estarán en armonía con la voluntad de Dios, según se expresa en los preceptos de su santa ley…

La condición para alcanzar la vida eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el paraíso antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia. Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a ésta, peligraría la felicidad de todo el universo (El camino a Cristo, pp. 61, 62).

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Jueves 25 de enero | Lección 04____________________________________________________

EL ESPÍRITU SANTO

El gran conflicto es real; hay dos bandos que están luchando por nuestra alma. Uno nos atrae a Cristo (Juan 6:44) y el otro, al mundo (1 Juan 2:16). El poder del Espíritu Santo en nuestra vida nos atrae en la dirección correcta si tan solo nos sometemos a él.

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13; ver también Juan 14:16). El Espíritu Santo nos capacita para vivir por principio y por fe, no por caprichos ni emociones que tanto dominan al mundo. La preparación exitosa para vivir en el cielo se da al vivir fielmente en este mundo bajo la dirección del Espíritu Santo.

Pablo aconseja: “Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Cor. 2:5). El atractivo del mundo, a menudo a través de posesiones materiales, nos aleja del Señor. En contraste, si no nos resistimos, el poder del Espíritu Santo nos llevará a Jesús.

El éxito en la batalla con el mundo y sus atractivos lo lograremos solo desde afuera. Lee Ezequiel 36:26 y 27; Juan 14:26; y Efesios 3:16 y 17. Cuando permitamos que el Espíritu Santo tome posesión de nosotros, ¿qué cosas hará Dios para asegurarse de que obtengamos la victoria espiritual?

Ezequiel 36:26-27

26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.  27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Juan 14:26

26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Efesios 3:16-17

16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;  17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,

“Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre la mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, deforma el carácter. El Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón a través de las Escrituras. Así expone el error y lo expulsa del alma. Es por medio del Espíritu de verdad, obrando a través de la Palabra de Dios, como Cristo subyuga a sí mismo a su pueblo escogido” (DTG 624, 625).

El Espíritu Santo es el relator de la verdad y es el don supremo que Jesús podría dar para representar a la Deidad en la tierra después de su ascensión. El Espíritu Santo se esfuerza por darnos poder para vencer el poderoso señuelo del mundo y sus “encantos”.

El mundo nos atrae a todos, ¿verdad? ¿Qué decisiones puedes tomar ahora mismo que te ayudarán a someterte al Espíritu Santo, el único que te puede dar poder para resistir las tentaciones del mundo?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El estudio de este día trae muchos textos bíblicos para estudiar, entre ellos tenemos:

 44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.  (Juan 6)

 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.  (1 Juan 2)

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16)

16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: (Juan 14)

Uno de los errores que cometemos muy a menudo, es decir que Cristo nos envió al Espíritu Santo. En verdad, no es así: tanto Jesucristo como el Espíritu Santo, vinieron a esta tierra enviados por el Padre.

En Juan 8 29 dice: “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.”

Y en Juan 14 16, Jesucristo dice: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir”

Con estos llegamos a la conclusión de que, tanto el Hijo como el Espíritu Santo, fueron enviados por el Padre, y los dos tenían la misión de enseñar, aunque de diferente manera; al final la visita de ellos dos fue y es enseñar al mundo.

Ellos enseñan al mundo lo fatal que es el pecado, el arrepentimiento, la confesión, la salvación, el reavivamiento, el amor del Padre, el Calvario, el camino, el perdón de los pecados y la vida terna, entre otros.

Jesucristo fue enviado en el nombre del Padre y es el representante del Padre; el Espíritu Santo fue enviado en el nombre del Hijo, y él es el representante de Cristo en esta tierra.

El propósito de Jesucristo fue proveer al hombre una imagen más clara del Padre; y el propósito del Espíritu Santo fue y es proveer al hombre una imagen más clara de Jesucristo.

La duración de la misión de Cristo fue solamente por una corta temporada; la misión del Espíritu Santo es para siempre.

El resultado de la obra de Cristo fue inconcluso, el resultado de la obra del Espíritu Santo será rotundo y completo, él enseñará al hombre completamente acerca del Padre y del Hijo.

 26Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.27Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.

Hay dos funciones importantes que el Espíritu Santo realizaría aquí en la tierra; el primer trabajo es el trabajo de Consolador y el segundo trabajo es el trabajo de Maestro.

Vamos a comentar un poco acerca del trabajo como Consolador.

Si leemos los versículos anteriores al versículo 26 y 27 nos damos cuenta de que Jesucristo está hablando a los discípulos de cómo será el mundo de hostil para el cristianismo.

En esos versículos Jesucristo está profetizando a los discípulos que ellos serían aborrecidos, sufrirían odio, persecución y muerte; pero en medio de esa profecía negra y amedrentadora, Jesucristo hace brillar la luz de la esperanza en el corazón de sus discípulos. Jesucristo les dijo que en medio de todas esas aflicciones que el pueblo cristiano padecería por todas las edades, estaría presente un Consolador.

El mal trato que los judíos dieron a Jesús fue sin causa. Jesús nunca quebrantó los mandamientos, Jesús nunca hizo daño a su país, ni a sus ciudadanos. Muy por el contrario de eso, Jesús siempre se interesó por el bienestar de ellos; pero, a pesar de todo, el pago de los judíos a Jesús fue el repudio, el odio y la muerte.

¿Había alguna razón para odiar a Jesús? ¿Le hizo algún daño Jesús a la humanidad? ¿Por qué causa los judíos asesinaron a Jesús? ¿Por qué causa los pecadores aun odian a Jesús? ¿Por qué causa aún se menosprecia a Jesús? Ninguna de esas personas que han repudiado a Jesús y que aún lo siguen repudiando pueden dar una respuesta satisfactoria a estas preguntas y quedar con una conciencia limpia.

Ese mismo odio que tuvieron contra Jesús, también han tenido en contra de sus seguidores; posiblemente no ha habido otra religión en el mundo, que haya sido más odiada, perseguida y asesinada, como lo ha sido el cristianismo, y la mayoría de veces, como en el caso de Jesús; sin ninguna causa.

Por la presencia del Consolador los mártires pudieron cantar en la mazmorra, por la presencia del Consolador los discípulos pudieron repetir las promesas de Jesucristo en la hoguera, por la presencia del Consolador los mártires enfrentaron la muerte sin duda ni temor.

26Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Ya hablamos del Espíritu Santo como Consolador. Ahora vamos a comentar acerca del Espíritu Santo como Maestro.

Jesucristo describe al Espíritu Santo como un Maestro, o alguien que daría testimonio de Jesucristo. Además, Jesús describe al Espíritu Santo como “el Espíritu de Verdad”. Es decir que el Espíritu Santo es un Maestro y es un Maestro verdadero. El mundo está lleno de maestros falsos, maestros mentirosos, maestros ignorantes y maestros negligentes; no es ése el caso de nuestro Dios el Espíritu Santo: él es el Decano Facultativo de la oficina universal de la enseñanza, de la verdad y de la sabiduría.

No hay un verdadero conocimiento de Jesucristo si el corazón del estudiante no es puro y consagrado. El sordo no puede escuchar la música, por lo tanto nunca la va a comprender; el ciego no puede observar la hermosura del arte, por lo tanto su espíritu nunca va a justipreciar una joya del arte.

Si deseamos que el Espíritu Santo sea nuestro Maestro, necesitamos tener manos limpias y corazones puros; de otra manera toda demostración fanática de poseer luz divina que no está sellada con la pureza de manos y la pureza de corazón, es sencillamente una ilusión.

Todos aquellos que se acercan a la verdad por curiosidad, por satisfacer su egoísmo, por contiendas, o por demostrar a otros su conocimiento bíblico, no son más que intelectuales bíblicos de sangre fría.

El intelectualismo de sangre fría nunca puede forzar las hermosas puertas del formidable palacio donde Dios tiene resguardada la verdad; esas puertas sólo se abren ante aquellos que se presentan con las manos limpias y con corazones contritos, humillados y puros.

26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14)

El Espíritu Santo, de acuerdo con el primer texto del estudio de este día, era consolar y enseñar. De acuerdo con el segundo texto es enseñar y hacernos recordar todo lo que hemos aprendido. El Espíritu Santo enseñó “todas las cosas” a los discípulos, que los capacitó para llevar adelante la oficina apostólica de Jerusalén.

Otra de las promesas maravillosa de este versículo es el poder que el Espíritu Santo ejercerá en nuestras mentes para poder recordar todas las cosas que hemos aprendido. El Espíritu Santo nunca podrá hacernos recordar aquellas cosas que nunca aprendimos.

“y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Esta promesa que hizo Jesús era sumamente importante para los discípulos, porque ellos tenían por delante la gran tarea de escribir la segunda mitad de la Biblia, es decir, el Nuevo Testamento.

Para el tiempo que ellos comenzaron a escribir el Nuevo Testamento, posiblemente la mayoría de las cosas que dijo Jesús ya nos la recordarían, o posiblemente ya no las recordarían con la misma exactitud.

Pero la promesa del Espíritu Santo para ellos era recordarles todas las cosas que Jesús había dicho; esa promesa fue un sello de garantía para nosotros, una promesa que nos asegura que el Nuevo Testamento no es de invención humana, sino que registra los sucesos vividos y las palabras habladas por Jesús, que los discípulos plasmaron en el papel, con la formidable ayuda del Espíritu Santo, quien es la Persona encargada no sólo de enseñarnos, sino también de hacernos recordar las cosas espirituales.

Gracias al Espíritu Santo, los discípulos pudieron escribir las doctrinas, los mandatos, las palabras y la vida de Jesús, todo lo cual era necesario para la fundación de la iglesia y para la edificación de la religión cristiana, por las siguientes generaciones hasta llegar al día de hoy.

En el reino de los cielos, Dios tiene miles de oficinas que atienden las necesidades del universo entero.

 A la caída del hombre, Dios tuvo que abrir muchas oficinas de emergencia, temporales y misteriosas, para satisfacer las necesidades urgentes de un mundo en desgracia; muchas de esas oficinas son tan misteriosas que ni los mismos ángeles pueden comprender el trabajo que allí se realiza. Ese trabajo sólo lo comprende el Salvador que está salvando, y el pecador que está siendo redimido.

Entre esas nuevas oficinas celestiales para la tierra encontramos dos, que son bastante misteriosas, complicadas y opuestas; esas oficinas son la oficina del olvido y la oficina del recuerdo.

 La oficina del olvido es una de las oficinas que ha traído las más grandes alegrías al hombre. A esta oficina se llevan millones y millones de pecados confesados y perdonados: Dios los echa al fondo del mar y él dice que nunca más se acordará de ellos. La oficina del olvido es una de las oficinas que más alegría nos ha traído a usted y a mí. ¡Damos gracias a nuestro Dios porque él sabe olvidar!

Pero hay una oficina opuesta a la del olvido, y es la oficina del recuerdo. Allí el Espíritu Santo es el director y único y suficiente trabajador de la oficina. Él es el único en el universo que se encarga de hacernos recordar las cosas espirituales que aprendemos y que nuestros pobres cerebros continuamente tienen la tendencia a olvidar.

 No hay duda alguna de que hay mentes poderosas que tienen la capacidad de memorizar y recordar las cosas perfectamente por largo tiempo; esto también es un regalo de Dios. Pero el resto de nosotros con tristeza olvidamos hermosas cosas religiosas que aprendemos, como himnos, pasajes de la Escritura, lecturas, impresiones, pensamientos, sentimientos, poemas y sermones.

Parece que cuando los aprendemos los grabamos con cinceles de hierro en nuestra mente, pero al pasar el tiempo los olvidamos completamente. Es precisamente en este departamento donde se especializa el Espíritu Santo, haciéndonos recordar todas las cosas religiosas que ya memorizamos.

 Muchas veces tenemos himnos o pasajes bíblicos que han estado adormitados en nuestras mentes, y de repente despiertan y los recordamos con una claridad admirable. Esa es la obra del Espíritu Santo.

 Otras veces hemos leído pasajes de la Biblia decenas de veces y en una determinada ocasión, esos pasajes nos revelan cosas admirables que antes no habíamos podido comprender; esa es también la obra del Espíritu Santo.

 No hay duda, el Espíritu Santo es Dios: él nos recuerda y nos recordará todas las cosas espirituales que hemos aprendido. Esto ocurrirá especialmente durante el último fuerte pregón y en la persecución. El Espíritu Santo nos recordará y nos indicará lo que tenemos que decir, cuando nos toque testificar por la causa de Cristo, ante los grandes y los fuertes de esta tierra.

 Gracias a Dios por haber abierto la oficina del olvido, gracias a Dios por haber abierto la oficina del perdón, y gracias a Dios por haber abierto también la oficina del recuerdo.

Gracias al Espíritu Santo por ser el director de la oficina del recuerdo. Posiblemente usted olvidará lo que aprende, pero no es siempre así; a su debido tiempo, el Espíritu Santo nos recordará todas las cosas espirituales que hemos aprendido y podremos usarlas desde nuestra memoria.

 Por el momento llenemos nuestro maravilloso cofre de tesoros bíblicos. Llegará el momento en que abriremos ese cofre lleno de riquezas, lo negociaremos en el mundo, y dará frutos de salvación. Esto sólo podrán hacerlo aquellos que son limpios de manos y puros de corazón.

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Muchos cargos se han levantado contra la obra del Espíritu Santo por los errores de una clase de personas que, pretendiendo ser iluminadas por éste, aseguran no tener más necesidad de ser guiadas por la Palabra de Dios. En realidad están dominadas por impresiones que consideran como voz de Dios en el alma. Pero el espíritu que las dirige no es el Espíritu de Dios. El principio que induce a abandonarse a impresiones y a descuidar las Santas Escrituras, solo puede conducir a la confusión, al engaño y a la ruina. Solo sirve para fomentar los designios del maligno. Y como el ministerio del Espíritu Santo es de importancia vital para la iglesia de Cristo, una de las tretas de Satanás consiste precisamente en arrojar oprobio sobre la obra del Espíritu por medio de los errores de los extremistas y fanáticos, y en hacer que el pueblo de Dios descuide esta fuente de fuerza que nuestro Señor nos ha asegurado (El conflicto de los siglos, p. 11).

El oficio del Espíritu Santo se especifica claramente en las palabras de Cristo: “Cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio” (Juan 16:8). Es el Espíritu Santo el que convence de pecado. Si el pecador responde a la influencia vivificadora del Espíritu, será inducido a arrepentirse y a comprender la importancia de obedecer los requerimientos divinos.

Al pecador arrepentido, que tiene hambre y sed de justicia, el Espíritu Santo le revela el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. “Tomará de lo mío, y os lo hará saber,” dijo Cristo. “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Juan 16:14; 14:26).

El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras (Los hechos de los apóstoles, p. 43).

Encontramos nuestra seguridad y gozo al espaciamos en las verdades del plan de salvación. La fe y la oración son necesarias para poder contemplar las profundas cosas de Dios. Nuestras mentes están tan atadas por ideas estrechas que apenas tenemos una visión limitada de la experiencia que es nuestro privilegio tener…

¿Por qué es que muchos que profesan tener fe en Cristo no tienen fuerza para resistir a las tentaciones del enemigo? Es porque no son fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior. El apóstol ora: “Para que, arraigados y fundados en amor, podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:17- 19). Si tuviéramos esta experiencia conoceríamos algo de la cruz del Calvario… El amor de Cristo nos constreñiría, y aunque no fuéramos capaces de explicar cómo el amor de Cristo alienta nuestros corazones, manifestaríamos su amor en una fervorosa devoción a su causa (Nuestra elevada vocación, p. 367).

31


Lección 04 | Viernes 26 de enero___________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Un mayordomo actúa según los principios gemelos del deber y del amor. “Recuerden que el deber tiene un hermano gemelo, que es el amor; cuando estos se unen, pueden lograr casi cualquier cosa; pero si están separados, ninguno es capaz de hacer el bien” (TI 4:66). El deber es el amor en acción. Solo necesitamos concentrarnos en el sacrificio de Cristo para que el amor despierte nuestro deber.

En cambio, los principios del mundo son el odio y su melliza, la rebelión. La rebelión puede ser odio en acción. Lucifer se rebeló contra Dios (Eze. 28:16, 17) y nunca dejará de hacerlo hasta que sea destruido. Él convirtió la autoridad del amor en el amor a la autoridad. Los líderes religiosos de Israel odiaban la autoridad y el poder que Jesús poseía (Mateo 22:29). Aun cuando huían del Templo o se apartaban de su mirada penetrante, no cambiaban de actitud.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Sigue analizando esta idea del amor y del deber. ¿Qué quiere decir Elena de White cuando, después de llamarlos gemelos, dice que uno sin el otro “ninguno es capaz de hacer el bien”? ¿Cómo es el amor sin el deber, y cómo es el deber sin amor? ¿Por qué deben estar juntos?
  2. El versículo de memoria para esta semana dice: “No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; mas la justicia librará de muerte […]. El que confía en sus riquezas caerá; mas los justos reverdecerán como ramas” (Prov. 11:4, 28). ¿Cuál es el significado de este texto? ¿Qué dice y qué no dice, acerca de las riquezas?
  3. En clase, analicen la vida de Salomón. Pregunta cómo pudo haberse descarriado tanto. Busca versículos en el libro de Eclesiastés que ayuden a revelar la futilidad y la vacuidad de las posesiones mundanas, sea que tengamos muchas como Salomón, o no. ¿Qué hemos aprendido esta semana sobre la oración, sobre el estudio de la Biblia y sobre nuestra relación con Cristo, que nos puede mantener en el camino correcto, espiritualmente hablando?
  4. Incluso los que no tienen muchas posesiones mundanales, ¿cómo pueden quedar atrapados en la trampa que Satanás les pone?
  5. ¿Qué respuesta obtuviste con respecto a la pregunta final del miércoles sobre los diferentes tipos de sabiduría?

32


Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2018

3 pensamientos en “LECCIÓN 4 – ESCAPE DE LAS COSTUMBRES DEL MUNDO – PARA EL 27 DE ENERO DE 2018

  1. Muchas gracias hermano Tony. Dios le siga bendiciendo a usted y a su familia.
    Feliz semana

  2. muchas gracias hermano es muy valiosa la información que Dios siga bendiciendo su ministerio. Una feliz semana

  3. Feliz Sábado, por favor ver comentario de la Biblia Andrews. Juan 14: 16-18 y Juan 15:26? y de nuevo no me cansaré de dar gracias a Dios por tan hermoso trabajo que hacen para nosotros los maestros y alumnos QUE DIOS BENDIGA POR SIEMPRE ESE EQUIPO DE TRABAJO

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