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LECCIÓN 6 – EL “CAMBIO” DE LA LEY – PARA EL 12 DE MAYO DE 2018

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 6: Para el 12 de mayo de 2018

EL “CAMBIO” DE LA LEY

Sábado 5 de mayo___________________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 8:1; 7:15-25; Romanos 7:1-14; Juan 20:19-23; Hechos 20:6, 7; Daniel 7:23-25; Apocalipsis 13:1-17.

PARA MEMORIZAR:

“Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” (Dan. 7:25).

El tema de la Ley de Dios es fundamental para nuestra comprensión de los acontecimientos de los últimos días. Más específicamente, el tema del cuarto Mandamiento, el día de reposo sabático. Aunque entendemos que la salvación es solo por fe y que el hecho de guardar la Ley, incluyendo el día de reposo, nunca puede traer salvación, también comprendemos que, en los últimos días, la obediencia a la Ley de Dios, incluyendo el día de reposo sabático, será una señal externa, una marca, de nuestra verdadera lealtad.

Esta distinción resultará particularmente obvia en medio de los acontecimientos del tiempo del fin, presentados en Apocalipsis 13 y 14, cuando se formará un conglomerado todopoderoso de fuerzas religiosas y políticas para imponer una falsa forma de adoración a los habitantes del mundo. Todo esto contrasta con Apocalipsis 14:7, donde el pueblo de Dios es llamado a “adora[r] a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”; es decir, a adorar al único Creador y a nadie más.

Esta semana consideraremos la Ley de Dios, especialmente el sábado, y tocaremos temas relacionados con el intento de cambiar esa Ley y lo que eso significa para nosotros, sobre quienes el fin está pronto a venir.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la obra final que Dios realiza en la tierra, el estandarte de su ley volverá a enarbolarse. Puede prevalecer la religión falsa, abundar la iniquidad, enfriarse el amor de muchos, perderse de vista la cruz del Calvario, y pueden las tinieblas esparcirse por la tierra como mortaja; puede volverse contra la verdad toda la fuerza de las corrientes populares; pueden tramarse una maquinación tras otra para destruir al pueblo de Dios; pero en la hora del mayor peligro, el Dios de Elias suscitará instrumentos humanos para proclamar un mensaje que no será acallado… Con osadía los hombres designados por Dios denunciarán la unión de la iglesia con el mundo. Con fervor invitarán a hombres y mujeres a apartarse de la observancia de una institución humana para guardar el verdadero día de reposo. Proclamarán a toda nación: “Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas… Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y toma la señal en su frente, o en su mano, éste también beberá del vino de la ira de Dios, el cual está echado puro en el cáliz de su ira”. Apocalipsis 14:7-10 (Profetas y reyes, p. 139).

Hoy necesitamos hombres de fidelidad cabal, hombres que sigan plenamente al Señor, hombres que no estén dispuestos a guardar silencio cuando deben hablar, que sean firmes como el acero a los principios, que no traten de hacer alarde ostentoso, que anden humildemente con Dios, que sean pacientes, amables, bondadosos y corteses, que comprendan que la ciencia de la oración consiste en ejercitar fe y realizar obras que glorifiquen a Dios y hagan bien a su pueblo… El seguir a Jesús requiere una conversión de todo corazón al principio, y una repetición de esta conversión diariamente.

Fue la fe de Caleb en Dios lo que le dio ánimo, lo que lo libró del temor de los hombres, y lo capacitó para mantenerse firme y sin titubeos en defensa del bien. Es de esa misma exaltada fuente, el gran General de las huestes, que cada verdadero soldado de la cruz de Cristo ha de derivar fuerza y valor para vencer los obstáculos que a menudo parecen ser invencibles (Sons and Daughters of God, p. 207; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 209).

Dios ha dado a los hombres el sábado como una señal entre él y ellos, como una prueba de su lealtad. Aquellos que, después de recibir la luz concerniente a la ley de Dios continúen desobedeciendo y exaltando las leyes humanas por encima de la ley de Dios, en la gran crisis que está delante de nosotros, recibirán la marca de la bestia…

Me fue mostrado que Satanás se nos está adelantando. La ley de Dios ha de ser invalidada por los instrumentos de Satanás. En nuestro país que se jacta de la libertad, se acabará la libertad religiosa. Se definirá el conflicto sobre la cuestión del sábado, y esto conmoverá a todo el mundo.

El tiempo en que podemos trabajar es limitado y Dios pide que los ministros y el pueblo cumplan su deber sin tardanza. Maestros sabios como serpientes e inofensivos como palomas deben acudir para ayudar al Señor, para ayudar al Señor contra los poderosos. Hay muchas personas que no comprenden las profecías relacionadas con estos días, y por lo tanto deben ser iluminadas (El evangelismo, pp. 175, 176).

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Domingo 6 de mayo | Lección 6_____________________________________________________

LA PROMESA

Una de las más grandiosas promesas de la Biblia se encuentra en Romanos 8:1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Estas palabras son como una especie de culminación, una conclusión para un hilo de pensamiento que aparece justo antes. Únicamente si estudiamos lo que dijo Pablo justo antes de este versículo podremos captar mejor la esperanza y la promesa que allí se encuentran.

Lee Romanos 7:15 al 25. ¿Cuál es la esencia de lo que Pablo está diciendo en estos versículos, que hace que lo que expresa en Romanos 8:1 sea tan reconfortante?

Romanos 7:15-25

15 Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. 16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17 De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. 18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. 19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. 21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 8:1

1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Aunque ha existido mucho debate en la cristiandad sobre si Pablo estaba o no hablando específicamente de sí mismo como creyente, una cosa es cierta: sin duda Pablo está hablando de la realidad del pecado. Todos, incluso los cristianos, pueden relacionarse de alguna manera con la lucha a la que Pablo se refiere aquí. ¿Quién no ha sentido la atracción de la carne y del “pecado que mora en” ellos, que los lleva a hacer lo que saben que no deben, o no hacer lo que saben que deberían? Para Pablo, el problema no es la Ley; el problema es nuestra carne.

¿A quién no le pasó que, aun queriendo hacer lo correcto, terminó haciendo lo que estaba mal? Incluso si Pablo aquí no estuviese hablando de la inevitabilidad del pecado en la vida de un cristiano nacido de nuevo, sin duda presenta un argumento fuerte en favor de la lucha permanente que enfrentan todos los que procuran obedecer a Dios.

Así, surgen sus famosas palabras: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24). Su respuesta se encuentra en Jesús y en la gran promesa de “ninguna condenación” para el que cree en Jesús y que, por gracia, anda según el Espíritu. Sí, los creyentes tienen problemas; sí, enfrentan tentaciones; sí, el pecado es real. Pero, por fe en Jesús, los que creen ya no son condenados por la Ley, y ciertamente la obedecen. Por lo tanto, aprenden a andar en el Espíritu y no “conforme a la carne”.

Vuelve a leer los versículos de hoy. ¿Cómo te ves reflejado en lo que Pablo está diciendo allí? ¿Por qué, entonces, Romanos 8:1 es una promesa tan maravillosa?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Pocos capítulos de la Biblia han generado tanta controversia como Romanos 7. En cuanto a los temas involucrados, el Comentario bíblico adventista advierte: “El significado de los versículos 14 al 25 ha sido uno de los problemas más debatidos de toda la epístola. Las preguntas básicas han girado en torno a dos aspectos: hasta qué punto la descripción de una lucha moral tan intensa puede ser autobiográfica, y si así fue, si dichos versículos se refieren a la vida de Pablo antes o después de su conversión. Que Pablo está hablando de su propia lucha personal con el pecado, resulta evidente por el significado obvio de sus palabras (cf. vers. 7-11, CC 15, JT 1:403). Pero también es igualmente cierto que está describiendo un conflicto que en forma más o menos pronunciada es experimentado por toda alma que se enfrenta a las demandas espirituales de la santa Ley de Dios, y las reconoce” (CBA 6:529, 530).

Los estudiosos de la Biblia difieren en cuanto a si Pablo tuvo la experiencia de Romanos 7 antes o después de su conversión. Lo importante es que la justicia de Jesús nos cubre y que en ella somos perfectos delante de Dios, que promete darnos la victoria sobre el pecado y conformarnos a “la imagen de su Hijo” (Rom. 8:29).

Romanos 7:18-20

18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.  19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.  20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

Este texto bíblico ¿está hablando de un hombre convertido o de un hombre que aún no se ha convertido? Dicho en otras palabras, este texto ¿lo escribió Pablo cuando ya era un converso, o escribió estas palabras recordando el tiempo en que él todavía no se había convertido al cristianismo? Como es normal, siempre encontramos dos corrientes de interpretación, casi siempre la una opuesta a la otra.

Hay un grupo de personas que dicen que este texto se refiere a un hombre que todavía no se ha regenerado; y por el otro lado hay quienes aseguran que este texto se aplica a un hombre ya regenerado. Partiendo de este punto de vista, los dos grupos están parcialmente correctos y como una consecuencia lógica, también están parcialmente equivocados.

El argumento de los dos lados puede estar inconcluso. Por un lado encontramos las expresiones de un hombre ya convertido, tales como: “ 18 Y yo sé que en mí” donde Pablo está hablando en tiempo presente. También tenemos el versículo diecinueve, donde muestra que Pablo está en el proceso de lograr un alto grado de santidad: “19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” (Romanos 7)

Por el otro lado, está el grupo que cree que Pablo está escribiendo y describiendo esa etapa en la que él aún no se había regenerado, ya que hay declaraciones que parecen apoyar esa posición, por ejemplo: “El pecado que mora en mí”; “yo soy carnal, vendido al pecado”; “la ley del pecado está en mis miembros”; “miserable de mí” y otras expresiones semejantes.

De todas maneras, en las expresiones aparentemente contradictorias que hemos leído, se puede encontrar el pensamiento y el razonamiento de un cristiano; por lo tanto llegamos a la conclusión de que Pablo está escribiendo de las diferentes etapas que hay en el largo camino de la santificación.

No importa cuánto tiempo llevamos militando en el evangelio, cada día encontramos nuevos defectos, errores, vicios y pecados, contra los cuales tenemos que luchar constantemente. En realidad, hay pecados contra los cuales venimos luchando, desde nuestra niñez o desde nuestra juventud.

La vida cristiana tiene muchas victorias, pero también puede tener sus derrotas temporales; la vida del cristiano es una lucha que comienza desde que tenemos uso de razón y continúa hasta que perdemos el uso de la razón. Nuestro enemigo, el diablo, no nos da tregua ni por un minuto; nuestra propia naturaleza caída tampoco nos da tregua por un minuto, y encima de todo, somos afectados por el medio ambiente que nos rodea, y por las malas influencias de aquellos que suelen llamarse nuestros amigos.

Cuenta la historia que unos discípulos de Sócrates se encontraron cierto día con un fisiólogo. Los antiguos fisiólogos eran personas que pretendían describir el  carácter, las virtudes y los defectos de otras personas, solamente observando la fisonomía y la apariencia de la persona. Los discípulos de Sócrates estaban curiosos por escuchar lo que este hombre iba a decir cuando pudiera contemplar al maestro de ellos. Llegó el momento del encuentro y el hombre –que no conocía al sabio-, después de contemplar al célebre filósofo griego por varios segundos, dijo de Sócrates lo siguiente: Este es uno de los peores tipos de personas que existen en esta ciudad, es un ladrón por naturaleza, un empedernido mentiroso y es un triste glotón. Cuando los discípulos de Sócrates escucharon las fuertes palabras del hombre, lo interrumpieron para alegar en contra de semejante grosería, pero ellos, al mismo tiempo fueron interrumpidos por Sócrates. Levantando la mano, y pidiendo silencio, Sócrates dijo: Lo que este hombre acaba de decir, es cierto y tristemente él está en lo correcto; he luchado toda mi vida para vencer precisamente los defectos que él acaba de mencionar.

-Tengo más miedo de mi propio corazón, que del papa y de todos los cardenales, acotó Martín Lutero cierta vez.

19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago- dijo Pablo

Es una cosa muy diferente tener buenos principios, que poner en práctica esos buenos principios. Cierto niño muy prominente fue expulsado de la escuela por mal comportamiento. Uno de los vecinos del niño, al escuchar lo que había pasado con Willy, le dijo: -Willy, ¡cuánto lamento lo que te ha pasado! Yo creí que tenías mejores principios…

El problema no son mis principios -le respondió Willy-. Me echaron de la escuela por mi mala conducta.

El tema de este día está muy entrelazado con otro tema, que quizá los adventistas del séptimo día necesitamos comprender mejor: la blasfemia contra del Espíritu Santo.

28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. 30 Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo. (Marcos 3)

El texto recién leído trae mucha angustia, preocupación, y desánimo al cristianismo en general.

Esto ocurre por dos razones: la primera es porque no logramos comprender lo que el texto en verdad quiere decir, o porque interpretamos mal lo que el texto está tratando de decir.

La segunda razón, es porque el diablo usa este texto como una herramienta especial, para hacernos creer que por nuestros pecados, hemos cruzado los límites de la gracia divina, y ya no hay más perdón para nosotros. En otras palabras, el diablo está interesado en hacernos creer que por uno de esos pecados que hemos cometido o que cometemos constantemente, ya hemos sido sentenciados a muerte eterna, y de nada sirve cualquier intento que hagamos, para alcanzar el perdón divino.

En este momento deseamos asegurar a usted, que no hay pecado que sea tan grande que la misericordia de Dios no pueda perdonar; y que no hay pecado que sea tan sucio, que la sangre de Cristo no pueda limpiar. Esto declaramos con certeza absoluta y total, 100%.

Primero necesitamos entender qué es blasfemia:

Blasfemia es la demostración de irrespeto en todas sus formas, en contra de Dios, o en contra de las cosas sagradas que pertenecen a Dios.

Un ejemplo de esto podía ser todos los chistes o burlas que se le hacen a Dios, a los ángeles, a los santos hombres de la Biblia, a la Biblia misma, o a la religión.

Otros ejemplo de blasfemia son las malas palabras o palabras profanas, en las que se involucra a la Divinidad, o en las que se maldicen las cosas sagradas que pertenecen a Dios; hasta hay quienes, inclusive, tienen la osadía de maldecir aún al mismo Dios.

También blasfemia, de acuerdo con el texto de hoy, es tomar un acto de Dios y acreditárselo al diablo. En este caso, frente a los milagros que realizó Jesucristo, algunos judíos dijeron “Tiene espíritu inmundo”.

¿En qué parte fallamos más los cristianos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día?

Nosotros fallamos cuando no sabemos diferenciar la blasfemia y la lucha contra la carne.

Muchos creemos que el acto de repetir el mismo pecado, vez tras vez, ocasión tras ocasión, esto nos pone en un estado de blasfemia en contra del Espíritu Santo, y muchos llegamos a creer que ya no tenemos el perdón de Dios y terminamos alejándonos de la iglesia e inclusive algunos terminan en el suicidio.

Nos olvidamos del texto que dice que tenemos que perdonar 70 veces siete al que nos ofende. Si Dios nos ordena perdonar infinitamente al que nos ofende, constantemente por la misma ofensa, es porque Dios está de acuerdo y dispuesto a hacer lo mismo con el pecador. En realidad, la operación aritmética que propone el texto puede entenderse como 70 elevado a la séptima potencia (707), o ¡siete elevado a la septuagésima potencia (770)! Esto equivale a decir: “Perdona infinitas veces”, o “Ni te pongas a contar las veces que perdonas a tu hermano.” Así nos perdona Dios cuando acudimos a él contritos y humillados por el pecado cometido.

¿Qué es la lucha contra la carne? La lucha contra la carne es el pleito que tenemos en contra de los pecados, los vicios o los complejos con los cuales hemos nacido o que hemos adquirido en el transcurso de nuestras vidas.

Todos nacemos con una debilidad, con un vicio, o con un pecado, que descubrimos y desarrollamos, mientras estamos en crecimiento. Ese vicio o ese pecado, lo venimos arrastrando en nuestras vidas, desde que tenemos uso de la razón. ¡Vaya que no es un problema! ¡Qué lucha la que se tiene en contra de ese pecado en particular!

Muchos de nosotros nos decepcionamos tanto en la vida al no poder vencer ese vicio o ese pecado, que terminamos creyendo que ya Dios no nos quiere, que no nos acepta, debido a nuestra condición pecaminosa, y optamos mejor por apartarnos de las cosas religiosas o salirnos de la Iglesia.

Muchos creen que esto que acabamos de mencionar es la blasfemia en contra del Espíritu Santo; pero esto no lo es. Esto que acabamos de mencionar es la lucha de la carne, que la han tenido todos los seres humanos en la tierra, hasta el más santo. Esta lucha en contra de la carne, fue la que impulsó al apóstol a decir: “Miserable de mí… lo que quiero hacer no hago, y lo que no quiero hacer eso estoy haciendo” (Romanos 7:24).

Para la persona que no nació en la religión, muchas veces la lucha en contra de la carne, es aún peor. Esa pobre persona viene a la iglesia a los treinta o cuarenta años de edad, con un cuerpo amañado, adaptado a los placeres del mundo. Un día se convierte a Cristo y Dios, en su bautismo, le implanta un corazón nuevo; y ahora descubrimos que queda un corazón hecho nuevecito, metido en un cuerpo pecaminoso, amañado y viejo. ¡Este sí es problema serio!

Con suma tristeza vemos que algunas de tales personas se van de la iglesia, porque no pueden vencer un pecado o un vicio que practicaban mientras estaban en el mundo.

Muchos de ellos se van de la iglesia por culpa de la droga, del alcohol, del tabaco, de comidas inmundas, de fiestas a las que no pueden dejar de asistir, por un amor prohibido e inclusive muchos se van de la iglesia, por no dejar la vida de ostentación y vanidad que ofrece el mundo.

Ellos creen que al no poder vencer ese viejo pecado o vicio, se han colocado fuera de la misericordia de Dios, se han colocado en una blasfemia abierta en contra del Espíritu Santo, que ya no hay perdón para ellos debido a la constante repetición de un mismo pecado, y sellan su perdición alejándose de Dios y de la salvación.

Para que usted blasfeme en contra del Espíritu Santo, usted tiene que hacer lo que hizo Adolfo Hitler.

El lema de Adolfo Hitler, durante la segunda guerra mundial era: “Hoy Europa, mañana el mundo.” Hitler y Alemania, tenían todas las herramientas necesarias para dominar el mundo. La historia dice que un pastor cristiano se reunió con él, y tuvieron una conversación muy delicada y profunda. El pastor le hizo ver que él tenía todo el poderío bélico para conquistar Europa, pero había un pequeño detalle, y ese pequeño detalle es que iba en contra de la voluntad de Dios. Le mostró a través de la Biblia, que Dios había dicho que Europa nunca se volvería a unir, como era en los tiempos antiguos, por ningún medio, incluyendo el medio de la fuerza.

Después de esa reunión, Hitler tuvo un encuentro con todo su pueblo en Berlín, Alemania; y allí frente a miles y miles reunidos, frente a la radio, miró hacia el cielo y dijo: “Dios, sal de nuestras vidas y de Alemania, déjanos luchar con nuestro ejército y con nuestros cañones.” El pedido fue escuchado: Alemania y Hitler fueron estampados, con la marca de la muerte, con la marca del sufrimiento, con la marca de la destrucción y con la temible marca de la perdición.

Hitler, en su alocada campaña, hizo sufrir a otro pueblo que 2,000 años atrás, ya había blasfemado también en contra del Espíritu Santo:

“Crucifícale, crucifícale, y que su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Lucas 23:21). Ese pedido también fue escuchado por el Cielo, y también los judíos de esa generación, quienes gritaron semejante improperio, fueron marcados para la destrucción y para la perdición.

¿Ha blasfemado usted en contra del Espíritu Santo? No, para que usted blasfeme en contra del Espíritu Santo, usted tiene que hacer lo que hizo Hitler: Salir al patio de su casa, elevar su rostro y sus ojos al cielo, contemplar a Dios y vociferar: Dios, quiero que salgas de mi vida, no quiero que tu misericordia me ampare, no quiero saber nada de la sangre perdonadora de Cristo, no necesito la influencia del Espíritu Santo, quiero perderme, así que te pido que me dejes en paz y que salgas de mi vida para siempre.

Si usted ha hecho esto o quiere hacerlo, entonces usted sí ha blasfemado en contra del Espíritu Santo, o está a punto de hacerlo; por eso, ya no tiene perdón.

Pero si usted anda llorando, en total desconsuelo por su pecado, si usted está triste por su sucia condición, si a usted lo mata la angustia de la culpabilidad, si en sus oraciones pide constantemente el perdón de sus pecados, y su deseo es vencer ese pecado y vivir santamente, entonces usted no ha blasfemado en contra del Espíritu Santo; usted está sufriendo la lucha de la carne. Si sigue implorando la misericordia divina, se encuentra en el camino directo que lo conduce a la salvación.

Por favor, no sea presa del diablo y de la mala interpretación del texto del día de hoy. Recuerde: “Más vale entrar al cielo arando y gateando, que caer paradito en el infierno.”

Toda nuestra vida en esta tierra será una de constante lucha en contra del mal, en contra de los vicios y en contra del pecado; no se desanime. Cristo le ofrece ayuda para triunfar y obtener victorias. ¡Gloria sea a DIOS!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El gran peligro del hombre consiste en engañarse a sí mismo, en creerse suficiente de por sí y en apartarse de Dios, la fuente de su fuerza. Nuestras tendencias naturales, si no las enmienda el Espíritu Santo de Dios, encierran la semilla de la muerte moral. A no ser que nos unamos vitalmente con Dios, no podremos resistir los impíos efectos de la concupiscencia, del amor egoísta y de la tentación a pecar.

Para recibir ayuda de Cristo, debemos comprender nuestra necesidad. Debemos tener verdadero conocimiento de nosotros mismos. Sólo quien se reconoce pecador puede ser salvado por Cristo. Solo cuando vemos nuestro desamparo absoluto y no confiamos ya en nosotros mismos, podemos asirnos del poder divino…

Todas nuestras buenas obras dependen de un poder externo a nosotros; por tanto, se necesita una continua aspiración del corazón a Dios, una constante y fervorosa confesión del pecado y una humillación del alma ante Dios. Nos rodean peligros, y no nos hallamos seguros sino cuando sentimos nuestra flaqueza y nos aferramos con fe a nuestro poderoso Libertador (El ministerio de curación, p. 361).

Pablo se daba cuenta de su debilidad y bien podía desconfiar de sus propias fuerzas. Refiriéndose a la ley, exclamó: “El mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte” Romanos 7:10. Había confiado en las obras de la ley… Pero cuando se miró en el espejo de la ley que fue colocado delante de él, y se vio a sí mismo como Dios lo veía, lleno de faltas, manchado con el pecado, exclamó: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Romanos 7:24. Pablo contempló al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Escuchó la voz de Cristo diciendo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan I4:6. Entonces decidió valerse de los beneficios de la gracia salvadora, para morir a las transgresiones y el pecado, para ver que su culpa fuera lavada en la sangre de Cristo, para ser vestido con la justicia de Cristo, para ser una rama de la Vid viviente. Caminó con Cristo, y Jesús llegó a ser para él no solo una parte de la salvación, mientras que sus propias buenas obras constituían la otra, sino el todo en todo, lo primero y lo último y lo mejor en todas las cosas. El poseía la fe que extrae vida de Cristo, que lo capacitó para conformar su vida con la del ejemplo divino. Esta fe no reclama nada para su poseedor apoyándose en su justicia, sino que lo reclama todo en virtud de la justicia de Cristo (Exaltad a Jesús, p. 34).

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Lección 6 | Lunes 7 de mayo________________________________________________________

LA LEY Y EL PECADO

En el estudio de ayer analizamos textos que hablaban de la realidad del pecado para todos, incluso los cristianos (Rom. 7:15-25). En los versículos anteriores a estos, Pablo se centra en la Ley, que muestra cuán prevalente es el pecado y cuán mortal.

Lee Romanos 7:1 al 14. ¿Cuál es la relación entre la Ley y el pecado? ¿Qué nos dicen estos versículos sobre la imposibilidad de ser salvos por la Ley?

Romanos 7:1-14

1 ¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera. Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. 10 Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; 11 porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. 12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. 13 ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. 14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.

Dos cuestiones importantes se derivan de lo que Pablo enseña aquí. Primero, muestra que la Ley no es el problema. El Mandamiento es “santo, justo y bueno”. El problema es el pecado, que lleva a la muerte. El otro tema es que la Ley es impotente para salvarnos del pecado y de la muerte. La Ley señala el problema del pecado y la muerte; por lo tanto, en todo caso, la Ley hace que el problema del pecado y la muerte sea aún más evidente; sin embargo, no ofrece nada para resolver el problema.

Solo un lector superficial podría usar estos versículos para argumentar que la Ley –los Diez Mandamientos– ha sido anulada, mientras que ignora tantos otros versículos que muestran que la Ley sigue en vigencia hoy. Eso es lo opuesto al argumento de Pablo. Nada de lo que Pablo escribe aquí tiene sentido si la Ley fue anulada. Su argumento funciona bajo el supuesto de que la Ley sigue en vigencia, porque esta señala la realidad del pecado y la consiguiente necesidad del evangelio. “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Rom. 7:7).

Lee Romanos 7:13 con atención. ¿Qué enseña Pablo no solo sobre la Ley, sino también sobre por qué sigue siendo necesaria?

La Ley no produce la muerte; lo hace el pecado. La Ley es lo que muestra cuán mortal es el pecado. Es buena por el hecho de que señala el pecado, pero no tiene respuestas para él. Solo el evangelio tiene la respuesta. El razonamiento de Pablo es que, como cristianos, como salvos en Cristo, necesitamos servir “bajo el régimen nuevo del Espíritu” (Rom. 7:6); es decir, vivimos en una relación de fe en Jesús al confiar en sus méritos y en su justicia para la salvación (de eso se trata todo lo que vino antes en Romanos).

Tu propia experiencia con el cumplimiento de la Ley ¿te demuestra tu necesidad de la gracia de Dios?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?  Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.  Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera.  Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.  Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.  Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. (Romanos 7)

Mientras el hombre se mantenga bajo la ley y trate de justificarse por su propia obediencia, en cierta forma se coloca de una manera automática como esclavo del pecado. Solamente la gracia de Cristo puede libertar al hombre de las garras del pecado y de las garras de la muerte.

El apóstol está presentando al mundo judío los dos matrimonios espirituales que el hombre ha tenido con el Cielo; ambas bodas se han celebrado en dos montes diferentes y en dos formas completamente distintas.

En el monte Sinaí, esa boda se celebró con todo el esplendor y con toda la gloria divina que el hombre haya podido presenciar y que también en su condición humana haya podido tolerar o soportar: la iglesia no contrajo bodas con una persona, sino que contrajo bodas con la Ley de Dios.

En el monte Calvario el pueblo de Dios contrae otra boda totalmente diferente: una boda de tristeza, una boda de sufrimiento, de dolor, de sangre y de muerte. La boda no es con la ley, sino con el Dueño y Dador de la ley, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Hay cosas en la vida que nunca dejan de ser. Cuando se nos muere un ser amado, ese ser amado que se nos va, nunca deja de ser lo que fue en vida para nosotros: siempre será nuestro padre, nuestra madre, nuestro hijo o nuestra hija. Usted nunca va a decir; “la que fue mi madre”; usted con amor, tristeza, dolor o sufrimiento, siempre se va a referir a ella como su propia madre, aunque usted sabe que ya está muerta y ya no está presente físicamente con usted. Eso sí, ella está presente en su memoria, para honrarla, conforme al mandato divino: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Razón tuvo el profeta al escribir que sus obras con ellos siguen (Apocalipsis 14:13).

Dios devolvió el doble de las pertenencias a Job cuando lo restauró. Antes de su desgracia, Job tuvo 7,000 ovejas, 3 mil camellos, 500 yuntas bueyes y 500 asnas; después de su desgracia Job tuvo 14,000 ovejas, 6 mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.

Pero esto no sucedió con sus hijos: antes de su desgracia Job tuvo siete hijos. Después de su desgracia Job tuvo otros siete hijos, haciendo un total de 14 hijos. Para él, los primeros hijos, aun muertos, no dejaron de ser sus hijos.

Algo así sucede con el primer esposo espiritual del pueblo de Dios. La ley, aunque muerta, no deja de ser nuestro primer esposo. Está en nuestros corazones, la llevamos cargada en nuestras mentes, recordamos todas sus instrucciones… ¡nos enseñó tanto! Con ella aprendimos tanto, nos hizo crecer tanto, nos hizo madurar, nos hizo ser sabios, prudentes y bien portados, nos preparó tanto en la vida, que ha sido la clave para que ahora en nuestro segundo matrimonio podamos llevar una vida de felicidad y de paz con nuestro segundo esposo, que es nuestro Señor Jesucristo, es decir el Dueño de la ley.

Nuestro primer esposo se nos entregó con vida pero murió; nuestro segundo esposo se nos entregó muerto, pero resucitó y vivirá para siempre por la eternidad y nosotros viviremos junto a él.

Sin duda alguna, este texto trae cierta confusión cuando lo leemos; empero hay algo que nos queda claro y es que las obligaciones del matrimonio quedan anuladas con la muerte de uno de los cónyuges.

En el versículo primero, está hablando de la muerte del hombre, en este caso es la muerte de la esposa: ¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? (Romanos 7)

 Pero en el versículo cuatro está hablando de la muerte del esposo, que en este caso es la Ley:

Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. (Romanos 7)

 Esta confusión de la analogía del apóstol, parece inevitable y sólo podemos llegar a la comprensión de que el texto tiene encerradas dos importantes lecciones para nosotros:

-La primera lección es que las obligaciones del matrimonio quedan absueltas con la muerte del esposo (la ley)

-La segunda lección es que las obligaciones del matrimonio quedan absueltas con la muerte de la esposa (el pecador).

-La primera lección es que cuando el primer esposo muere (la ley), estamos libres para entrar en una nueva  relación con  nuestro segundo Esposo, que es Cristo.

 Sin Cristo, la ley es una fuerza viva de condenación para nosotros.

 La razón más grande de la infelicidad matrimonial, son los errores que cometen los dos integrantes del matrimonio. Este no es el caso del matrimonio espiritual: el esposo -que es la ley- es perfecto, no hay error en él; aquí el problema es la esposa -el pecador- quien, por más que lo intente y desee, no puede vivir, ni estar a la altura de las exigencias y de la intolerancia de su esposo.

El divorcio de nuestro primer esposo -que es la ley-, es algo que el Cielo no contempla, ya que ese matrimonio lo consumó Dios mismo, allí en el mismo cielo.

Cada vez que un niño nace es inmediatamente unido a la santa ley de Dios, aun sin el consentimiento directo del recién nacido. Ese título oficial de consentimiento a una ley que nos condena, lo firmó Adán por medio de su desobediencia, y ese funesto documento se encuentra fieramente guardado en los archivos del infierno, por su dueño Satanás.  Sólo el fuego del juicio eterno tendrá el poder de quemar tan funesto documento, que tiene hundido a un mundo entero en el sufrimiento, en la miseria y el dolor.

Hubo fruto del matrimonio entre la ley y el pecador; a la hija que nació le dieron por nombre la muerte.

A pesar de que la ley nos enseñó lo que tenemos que hacer, cuándo debemos de hacerlo, y cómo debemos hacerlo, nuestro primer esposo -que era la ley-, era un marido tirano, ya que si no seguíamos al pie de la letra sus instrucciones, inmediatamente iba en nuestra contra y nos condenaba sin misericordia; el amor no existía ni predominaba en nuestro primer esposo; tan sólo existían la exigencia, la ordenanza y la rigidez. Su voz es clara y no hay manera de negociar cuando ordena: “no matarás”.

 El problema de nuestro primer esposo -que es la ley-, no era lo que nos enseñaba, sino cómo nos lo enseñaba. Nos conducía en las cosas correctas para hacer, pero todo lo hacía con rigor, con dureza, con autoridad, todo a manera de orden; la intención era muy buena, pero expresaba sin sentimiento, sin tacto y sin amor; era un esposo intransigente.

Nuestro segundo Esposo nos enseña lo mismo que nuestro primer esposo, pero lo hace de una manera diferente, con una metodología distinta: es comprensible, es paciente, es tolerante, él sabe y conoce nuestra condición, ya que él ha experimentado nuestra propia condición en este mundo. Por lo tanto nos trata con calma, con cariño y con dulzura. Con nuestro segundo esposo tenemos una relación de amor y comprensión.

 En la relación con nuestro primer esposo -que es la ley-, predominaba un sentimiento de obligación mezclado con miedo; la relación con nuestro segundo Esposo –Jesucristo- predomina un sentimiento de afecto dulce y espontáneo.

 La ley nos exigía obedecer para poder vivir: Cristo nos da la vida para poder obedecer. A Cristo le entregamos gozosamente nuestra voluntad con amor y gratitud.

 4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. (Romanos 7)

La segunda lección que aprendemos de este presuntamente confuso texto, es que las obligaciones matrimoniales quedan absueltas con la muerte de la esposa (el pecador).

De la misma manera que un esposo ya no tiene más autoridad sobre su esposa difunta, la ley ya no tiene autoridad sobre un pecador que está tendido sobre su lecho, vencido por la muerte.

De la misma manera que la ley ya se vindicó frente al criminal que acaba de pagar su deuda social con su vida, la ley divina queda vindicada frente al pecador que acaba de pagar la paga del pecado con la muerte terrenal. Para quienes no acepten la vida eterna ofrecida por Cristo, la vindicación final de la ley será el día del juicio eterno.

Romanos 7:8-11

Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.  Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.  10 Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;  11 porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.

En este texto Pablo nos entrega una postal de pureza infantil. El apóstol creció en el rigor del mundo fariseo, donde guardar la ley era el propósito primordial y el requisito número uno de la religión.

Posiblemente Pablo pudo haber fijado sus ojos en Cristo y de la misma manera que lo hizo el joven rico, también pudo haber respondido a Cristo: 20…Maestro, todo esto lo he guardado desde mi niñez. (Marcos 10:20)

Pablo se comparó con los diez mandamientos de la Ley de Dios, y el veredicto resultó muy claro: fue hallado inocente. Pero, iluminado por los poderosos rayos de la santidad divina, se encontró en una situación diferente: encontró que su naturaleza era una codicia total y por la presencia en su vida del detestable pecado llamado codicia, automáticamente se hizo culpable del quebrantamiento de todos los mandamientos; su veredicto cambió de inocente a culpable.

Los humanos siempre deseamos las cosas prohibidas, simplemente porque son prohibidas. Si a un niño no se le prohibiera abrir determinada puerta, posiblemente ni siquiera intentaría abrir la puerta.

La rebeldía crece donde hay restricción, porque esa es la naturaleza caída del hombre. La naturaleza del hombre es siempre ir en contra del orden, en contra del respeto, en contra de la disciplina, en contra de la restricción y en contra de la ley del humano; asimismo, es ir en contra de la ley de Dios. Por eso no sorprende ver tantos anomistas (personas sin ley) que presumen ser cristianos y seguidores del Autor de la ley. Esto es sencillamente inconsistente.

Pablo, antes de conocer a Cristo, había aprendido a vivir con su conciencia, pero su conciencia no estaba instruida correctamente. Él había enseñado a su conciencia siempre a mantenerse de su lado; cuando se hace eso, solamente se logra conseguir una vida pecaminosa. Pero llegó el momento de la verdadera revelación y ahora la conciencia tomó posición en contra de él, y le descubrió una vida llena de pecado; por eso el apóstol exclamó: “Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia.” (Romanos 7)

Es muy interesante ver cómo el dueño del casino o de la casa de apuestas, acaba de tomar el dinero de otra persona y puede caminar por las calles, con la frente en alto como si fuera un hombre honesto, como si fuera un legítimo hombre de negocios. ¡Cuántas personas transitan por el camino de la injusticia, de la maldad y de la crueldad, y por las noches, aparentemente, pueden dormir como inocentes criaturas!

Nos cuenta la anécdota judía que Jacob no podía dormir por la noche: daba vueltas y vueltas en la cama. Al verlo, su esposa le preguntó qué le ocurría y él le comentó que le debía dinero a Isaac y al día siguiente se vencía la fecha de pago y no tenía el dinero para pagarle. La esposa de Jacob le dijo que ya no se preocupara, que durmiera tranquilo. Ella tomó el teléfono, llamó a Isaac y le contó que Jacob no tenía el dinero para pagarle al día siguiente. De ese momento en adelante Jacob comenzó a dormir como un inocente niño, entre tanto que Isaac comenzó a dar vueltas en la cama, con insomnio.

Hemos aprendido a acomodar nuestra vida de pecado, y nos hemos enseñado a dormir en paz aun en medio de nuestras atrocidades y fechorías. Todo eso termina cuando la ley se hace presente; la ley ilumina nuestra maldad y nos toca repetir lo que el apóstol dijo en el versículo nueve: “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y, con humana desesperación, añade al respecto: ¡miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).

Romanos 7:12

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

-La ley de Dios tiene un dominio universal: sus preceptos son para todos los tiempos, en todos los lugares, y para todos los seres humanos

-Su obligación es perpetua; no permite que se le haga ningún cambio; se pueden acabar los cielos y la tierra, pero no se acaba la ley de Dios

-La ley es perfecta en su carácter: “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma” (Salmo 19:7; Santiago 1:25) “La perfecta ley, la de la libertad”

-La ley de Dios es espiritual, proviene de un Dios que es espíritu, por lo tanto nos demanda una obediencia espiritual

-La ley de Dios es santa, no tiene mancha, ni arruga; el Legislador la diseñó para bien de la criatura

-La ley de Dios es justa, está fundada sobre eternos principios de justicia universal

-La ley de Dios es buena, diseñada para promover la felicidad y la vida a quienquiera que la obedezca

Para el inconverso, la ley:

-Lo restringe y lo limita de la transgresión

-Le trae luz respecto a la transgresión

-Lo convence de su estado transgresor

-Lo prepara para buscar y recibir la misericordia de Dios

Para el converso, la ley:

-Es la regla con la cual debe ser gobernado

-Le sirve para advertir y prevenir en contra del pecado

-Le hace sentirse agradecido por el privilegio de disfrutar el Decálogo

-Lo mantiene en una estrecha dependencia, muy cerca de Jesús, ya que el juicio final será de acuerdo con las provisiones de la ley

¿Cómo podemos invalidar la ley?

-No predicándola ni enseñándola, sino ocultándola, aduciendo que “era para los judíos”

-Enseñando que la fe no tiene necesidad de la ley, porque ahora “estamos bajo la gracia”

-Continuando en el pecado… “para que la gracia abunde”… (Romanos 6:1, 2)

-Menospreciando a Cristo, su Autor

¿Cómo podemos validar la ley?

-Enseñando la necesidad de la santidad

-Estableciéndola en nuestros corazones y vidas

-Obedeciéndola por fe, con la gracia que él nos otorga

-Amando a Cristo, su Autor y permitiendo que Él nos capacite cada día para obedecerla.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En sus enseñanzas, Cristo mostró cuán abarcantes son los principios de la ley pronunciados desde el Sinaí. Hizo una aplicación viviente de aquella ley cuyos principios permanecen para siempre como la gran norma de justicia: la norma por la cual serán juzgados todos en aquel gran día, cuando el juez se siente y se abran los libros. El vino para cumplir toda justicia y, como cabeza de la humanidad, para mostrarle al hombre que puede hacer la misma obra, haciendo frente a cada especificación de los requerimientos de Dios. Mediante la medida de su gracia proporcionada al instrumento humano, nadie debe perder el cielo. Todo el que se esfuerza, puede alcanzar la perfección del carácter. Esto se convierte en el fundamento mismo del nuevo pacto del evangelio. La ley de Jehová es el árbol. El evangelio está constituido por las fragantes flores y los frutos que lleva (Mensajes selectos, tomo 1, p. 248).

Es imposible que escapemos por nosotros mismos del hoyo de pecado en el que estamos sumidos. Nuestro corazón es malo, y no lo podemos cambiar. “¿Quién podrá sacar cosa limpia de inmunda? Ninguno”. Job 14:4. “El ánimo carnal es enemistad contra Dios; pues no está sujeto a la ley de Dios, ni a la verdad lo puede estar”. Romanos 8:7. La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera, pero no tienen poder para salvamos. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Debe haber un poder que obre desde el interior, una vida nueva de lo alto, antes que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. Ese poder es Cristo. Únicamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma y atraer ésta a Dios, a la santidad.

El Salvador dijo: “A menos que el hombre naciere de nuevo”, a menos que reciba un corazón nuevo, nuevos deseos, designios y móviles que lo guíen a una nueva vida, “no puede ver el reino de Dios”. Juan 3:3. La idea de que lo único necesario es que se desarrolle lo bueno que existe en el hombre por naturaleza, es un engaño fatal (El camino a Cristo, pp. 18, 19).

En la transgresión de la ley, no hay seguridad ni reposo ni justificación. El hombre no puede esperar permanecer inocente delante de Dios y en paz con él mediante los méritos de Cristo, mientras continúe en pecado. Debe cesar de transgredir y llegar a ser leal y fiel. Cuando el pecador examina el gran espejo moral, ve sus defectos de carácter. Se ve a sí mismo tal como es, manchado, contaminado y condenado. Pero sabe que la ley no puede, en ninguna forma, quitar la culpa ni perdonar al transgresor. Debe ir más allá. La ley no es sino el ayo para llevarlo a Cristo. Debe contemplar a su Salvador que lleva los pecados. Y cuando Cristo se le revela en la cruz del Calvario, muriendo bajo el peso de los pecados de todo el mundo, el Espíritu Santo le muestra la actitud de Dios hacia todos los que se arrepienten de sus transgresiones (Mensajes selectos, tomo 1, p. 250).

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Martes 8 de mayo | Lección 6_______________________________________________________

¿DEL SÁBADO AL DOMINGO?

Como adventistas del séptimo día, a menudo oímos que hermanos cristianos de otras confesiones sostienen que la Ley ha sido eliminada; o que no estamos bajo la Ley, sino bajo la gracia. No obstante, lo que realmente están diciendo es que solo el cuarto Mandamiento ha sido eliminado; y muchos ni siquiera están diciendo eso. Lo que quieren decir, en cambio, es que el día de reposo sabático ha sido reemplazado por el primer día, el domingo, en honor a la resurrección de Jesús. Y también creen que tienen los textos para demostrarlo.

A continuación, se presentan algunos de los versículos comunes del Nuevo Testamento que muchos cristianos creen que indican que el día de reposo –el séptimo día, en el Antiguo Testamento– fue cambiado por el primer día en el Nuevo Testamento. A medida que los leemos, debemos preguntarnos si realmente hablan de un cambio de día, o simplemente están describiendo acontecimientos que ocurrieron en el día, pero sin llegar al nivel de prescribir un cambio.

Lee Juan 20:19 al 23. ¿Qué razón se da para que los discípulos estén reunidos en ese lugar? ¿Qué dicen estos versículos sobre si era un culto de adoración en honor de la resurrección de Jesús, como algunos afirman?

Juan 20:19-23

19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. 20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. 21 Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. 22 Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.

Lee Hechos 20:6 y 7. ¿Qué cosa, en estos versículos, si la hubiere, indica que el sábado fue cambiado por el domingo, el primer día de la semana? (Ver, además, Hech. 2:46.)

Hechos 20:6-7

Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días. El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.

Hechos 2:46

46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

Lee 1 Corintios 16:1 al 4. Aparte de que se debían separar las ofrendas en la casa el primer día de la semana, ¿qué enseña sobre el cambio del sábado al domingo?

1 Corintios 16:1-4

1 En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo.

Esta es la esencia de la “evidencia” textual utilizada para promover la doctrina de que el primer día de la semana reemplazó el día de reposo sabático. Más allá de describir algunas oportunidades en las que los creyentes se reunieron por diversas razones, ningún versículo indica que estas reuniones fuesen cultos de adoración celebrados el primer día en reemplazo del séptimo día, el sábado. Este argumento simplemente aplica, a la lectura de estos textos, la tradición cristiana de la observancia dominical, que tiene siglos de antigüedad. Es poner algo en estos versículos que nunca estuvo allí desde un principio.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

(Martes, Miércoles, y Jueves)

Esta es una de esas lecciones fáciles; al mismo tiempo es muy difícil de impartir. Mucho depende de quiénes sean nuestros alumnos. Es fácil porque es uno de los temas que, como Adventistas del Sétimo Día, dominamos con gran facilidad; pero al mismo  tiempo es difícil, porque no hay mucho material nuevo para aportar, si la impartimos a otros adventistas.
Vamos a dejar para usted una información variada, para edificación y crecimiento espiritual, esperando que usted encuentre la mejor manera de poder aplicarla al estudio de esta semana.
Un poquito de historia:                                                                                        
Etimología  de la palabra sábado
La palabra española Sábado proviene del latín bíblico “Sabbatum”
La palabra latina “Sabbatum” proviene del griego “Sabbaton”
La palabra griega “Sabatton” proviene del hebreo “Sabbat”
La palabra hebrea “Sabbat” se deriva del verbo hebreo “Shabath”
La palabra “Shabath” es un verbo, y significa  “cesar”, “descansar”.
Y  la palabra hebrea “Shabath” proviene del vocablo acadio “Sabattum”, que significa descanso.
Interesantemente, la palabra original para sábado no es hebrea, sino de la lengua acadia, idioma usado por los babilonios y sirios como 3,000 años antes de Cristo; esto es para quienes afiman que el sábado se dio a los judíos por primera vez.
La palabra latina y la voz original en acadio para el día Sábado, es casi la misma:   SABBATUM – SABATTUN
Estos son algunos de los nombres que recibe el sábado en distintos idiomas:
Idioma                       Nombre
Alemán                       Samstag
Aimara                        Sawaru
Catalán                       Dissabte
Francés                       Samedi
Indonesio                   Sabtu
Italiano                       Sabato
Leonés                        Sábadu
Polaco                         Sobota
Rumano                      Sâmbătă
Portugués                  Sábado
Griego Moderno        Σάββατο
Árabe                          As-sabat
Hebreo                       Shabbat
Gaélico                        Satharn
Galés                           Sadwrn
Holandés                    Zaterdag
Inglés                          Saturday
Noruego                     Lørdag*
Sueco                          Lördag*
*Es digno de observar que en ambas lenguas escandinavas -marcadas con asterisco*-, el equivalente hispano al nombre del sábado en ese idioma es “día del Señor“.                                                            
Dios nos ofrece descanso a través de todas las Escrituras, comenzando desde la creación, hasta el Apocalipsis. El cuarto mandamiento de la ley de Dios, es una orden de descansar; no se trata de una sugerencia.
El cuarto mandamiento es una orden para detener nuestro correr diario, y dedicar tiempo al Señor nuestro Creador.
En realidad el mandamiento de observar el día sábado, es el primer mandamiento que se dio al hombre en el Edén, horas después de la creación; fue dado al hombre aun antes de que el hombre pecara.
Esto nos demuestra que la ley de Dios, no se dio al hombre porque pecó, como muchos creen; sino que nos demuestra que la ley de Dios siempre ha existido en el universo y es para todos. La ley de Dios, todos los diez mandamientos, es para seres que han pecado como nosotros, y es también para seres que nunca han pecado; esto les permite evitar que caigan en el pecado.
¿Por qué es importante comprender y obedecer el mandamiento de reposar en el día sábado? Guardar el día sábado, es la entrada o la antesala para poder conseguir los demás descansos que Dios ofrece a través de todas las Escrituras. 
Todo aquellos que no son capaces de guardar y de descansar el día sábado aquí en la tierra, no tendrán el privilegio de disfrutar de los demás descansos que ofrece Dios, no podrán disfrutar de los descansos que se han ofrecido mientras vivamos en la tierra; tampoco disfrutarán de los descansos que se han ofrecido cuando vivamos en el cielo y en la tierra nueva.
Traslado del día sábado al domingo, realizado por Constantino I, el grande.
El 7 de marzo del año 321, el emperador romano Constantino I el Grande decretó que el domingo (el día del sol) fuera considerado como séptimo y principal día de la semana, en reemplazo del sábado (‘día de reposo’).
El emperador Constantino, en el año 321, fue el primero que ordenó una rigurosa observancia del domingo, prohibiendo toda clase de negocios jurídicos, ocupaciones y trabajos; únicamente se permitía a los labradores que trabajaran los domingos en faenas agrícolas, si el tiempo era favorable. Una ley posterior, del año 425, prohibió la celebración de toda clase de representaciones teatrales, y finalmente en el siglo VIII se aplicaron en todo su rigor al domingo cristiano las prohibiciones del sábado judaico.
“Que todos los jueces, y todos los habitantes de la ciudad, y todos los mercaderes y artesanos descansen el venerable día del Sol. Empero que los labradores atiendan con plena libertad al cultivo de los campos; ya que acontece a menudo que ningún otro día es tan adecuado para la siembra del grano o para plantar la viña; de aquí que no se deba dejar pasar el tiempo favorable concedido por el cielo.” Codex Justinianus, libro 3, título 12, párrafo 2 (3)
“Descansen todos los jueces, la plebe de las ciudades, y los oficios de todas las artes el venerable día del sol. Pero trabajen libre y lícitamente en las faenas agrícolas los establecidos en los campos, pues acontece con frecuencia, que en ningún otro día se echa el grano a los surcos y se plantan vides en los hoyos más convenientemente, a fin de que con ocasión del momento no se pierda el beneficio concedido por la celestial providencia.” Código de Justiniano, libro 3, título 12, párrafo 2 (3)4
Ciertas declaraciones de la Iglesia Católica con respecto al cambio del día Sábado al domingo
Catecismo de la Doctrina Católica de Convert:
P. ¿Cuál es el día de reposo?
R. El sábado es el día de reposo.
P. ¿Por qué observamos el domingo en vez del sábado?
R. Observamos el domingo en lugar del sábado porque la Iglesia Católica, en el Concilio de Laodicea (336 dC) transfirió la solemnidad del sábado al domingo ….
P. ¿Por qué la Iglesia Católica sustituyó el sábado por el domingo?
R. La Iglesia sustituyó sábado por el domingo, porque Cristo resucitó de entre los muertos el domingo, y el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en un domingo.
P. ¿Con qué autoridad la iglesia sustituyó el día sábado por el domingo?
La Iglesia sustituyó sábado por el domingo por la plenitud de ese poder divino que Jesucristo le otorgó! [2]
Un Compendio de la Doctrina Cristiana:
P. ¿Cómo probar que la iglesia tiene poder para ordenar fiestas y días santos?
R. Por el mismo acto de cambiar el sábado al domingo, que los protestantes consienten; y, por tanto, que con cariño se contradicen a sí mismos, al observar el domingo estrictamente y romper la mayoría de las otras fiestas ordenadas por la misma iglesia.
 P. ¿Cómo demostrarlo?
R. Debido al observar el domingo, ellos reconocen el poder de la iglesia para ordenar fiestas, y mandarles que bajo pecado; y por no mantener el resto [de las fiestas] por su mandado, se niegan de nuevo, de hecho, el mismo poder.
Doctrinal Catecismo
P. ¿Tiene alguna otra manera de probar que la Iglesia tiene poder para instituir fiestas de precepto?
R. Si no tuviera tal poder, no podría haber hecho aquello en lo cual los religiosos modernos están de acuerdo con ella. Ella no podría haber sustituido la observancia del domingo, primer día de la semana, por la observancia del Sábado, el séptimo día, un cambio para el cual no hay autoridad bíblica. [5]
El Catecismo del Concilio de Trento:
¡La Iglesia de Dios ha pensado muy bien para transferir la celebración y observancia del sábado al domingo!
Explicación de la palabra “sábado” hecho por la Enciclopedia Wikipedia:
Sabbat: “Según la Biblia, el sábado es el séptimo y último día de la semana. De hecho es el único día mencionado por su nombre. El resto son nombrados por su orden en la semana: el domingo es el primer día, el lunes es el segundo, y así sucesivamente. Muchas denominaciones poseen la creencia de que el sábado es el único día de reposo y lo relacionan con los diez mandamientos, diciendo que el reposo sabático es el cuarto mandamiento. Entre estas denominaciones se encuentra la Iglesia Adventista del Séptimo Día. “Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras:” (Isaías 58:13) Reina Valera (1909)”  Wikipedia Free encyclopedic
 
 
Esto es para todos aquellos que no tenemos sosiego ni quietud en el día sábado.
Éxodo 16
22 Y sucedió que en el sexto día recogieron doble porción de alimento, dos gomeres para cada uno. Y cuando todos los jefes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés, 23 él les respondió: Esto es lo que ha dicho el SEÑOR: Mañana es día de reposo, día de reposo consagrado al SEÑOR. Coced lo que habéis de cocer y hervid lo que habéis de hervir, y todo lo que sobre guardadlo para mañana. 24 Y lo guardaron hasta la mañana como Moisés había mandado, y no se pudrió ni hubo en él gusano alguno. 25 Y Moisés dijo: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para el SEÑOR; hoy no lo hallaréis en el campo. 26 Seis días lo recogeréis, pero el séptimo día, día de reposo, no habrá nada. 27 Y sucedió que el séptimo día, algunos del pueblo salieron a recoger, pero no encontraron nada. 28 Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo os negaréis a guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Mirad que el SEÑOR os ha dado el día de reposo; por eso el sexto día os da pan para dos días. Quédese cada uno en su lugar, y que nadie salga de su lugar el séptimo día.
Dios da una orden específica de no salir a buscar el maná en día sábado, pero hay un grupo de hebreos que no hacen caso, y ahora Dios da una orden extraña donde él forzó al pueblo a entrar a sus tiendas con la prohibición de salir de ellas.
 “…Quédese cada uno en su lugar, y que nadie salga de su lugar el séptimo día;” con esta orden Dios está dando una lección muy importante y es que aprendamos a descansar físicamente en el día sábado.
¿Se ha dado cuenta usted que en nuestras iglesia hay un grupo de hermanos que no tienen sosiego ni quietud durante el día sábado?
Llegan a la iglesia, sin quietud, están convulsionados, no dejan el teléfono celular por nada del mundo, están pendientes de alguna llamada, y algunos llegan al extremo de estar mandando textos en pleno servicio religioso.
Esa es una irreverencia en la casa de Dios.  Algunos de ellos dicen que están esperando llamadas de visitas o de hermanos; éstos han aprendido mal y están enseñando mal.
A esta clase de personas, Dios mandaría a sus dormitorios que se estén encerrados el día sábado, para que aprendan a tener sosiego y quietud.
También es una costumbre de los dirigentes de nuestra iglesia en todos los niveles, de recargar el día sábado con largas y repetitivas actividades. Muchas veces se comienza por la tarde del día viernes con reuniones, y estas reuniones continúan durante todo el día sábado hasta que éste termina. Recargamos tanto el sábado, que el día sábado se convierte en uno de los días más cansadores de la semana, y no cumple su objetivo que es para el descanso espiritual, como para el descanso físico de la persona.
 
¿Qué quiere decir todo esto?
Quiere decir que tenemos que aprender a guardar el sábado, tenemos que auto-educarnos, y enseñarnos que el día sábado es un día de quietud, de solaz y esparcimiento, tanto en lo espiritual como en lo físico.
Tenemos que aprender a depositar nuestras cargas a los pies de Jesús a la entrada del día sábado, para poder tener un día realmente de descanso, tanto espiritual como físicamente.
Según la costumbre judía, en la observancia del día sábado, el día sábado se comienza a guardar el día viernes por la tarde mucho antes de la puesta del sol, y termina el sábado en la noche cuando en el cielo se pueden ver por lo menos tres estrellas. Para que usted logre ver por lo menos tres estrellas, el cielo tiene que estar bien oscuro.
¿Será que muchos de nosotros hacemos todo lo contrario? Tal vez comenzamos a guardarlo ya de noche el viernes, cuando en el cielo hay más de tres mil estrellas, y terminamos de guardarlo después de que ha terminado el culto divino, el sábado a mediodía. Encima de todo, si el servicio del culto divino no ha terminado a las 12 del mediodía, a algunos de nosotros nos da ataque de pánico, ansiedad, furia, coraje o hambre.
Debido  a que muchos de nosotros no nos hemos auto-educado de la manera correcta para guardar el sábado, no lo disfrutamos de la manera en que Dios quiere que lo hagamos, convirtiéndose así en un día aburrido y largo, sin sentido y sin sabor. Estamos desperdiciando una de las más hermosas bendiciones que nuestro Creador nos obsequió.
El descanso del día sábado es también para el animal:
Deuteronomio 5
14 Mas el séptimo día es el sábado de Jehová tu Dios: no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas; para que descanse tu siervo y tu sierva como tú.
Dios dice que todos los animales de la tierra le pertenecen a él.
Salmos 50
9 No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos.
10 Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados
11 Conozco todas las aves de los montes, y mías son las fieras del campo.
Dios siempre ha estado pendiente de sus animales
Génesis 8
1 Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y disminuyeron las aguas.
En el pacto hecho por Dios con el hombre de nunca destruir la tierra con agua después del diluvio, se incluyó también a los animales
Génesis 9
8 Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo:
9 He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra simiente después de vosotros;
10 Y con toda alma viviente que está con vosotros, de aves, de animales, y de toda bestia de la tierra que está con vosotros; desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. 11 Y estableceré mi pacto con vosotros, y no será exterminada ya más toda carne con aguas de diluvio; ni habrá más diluvio para destruir la tierra.
Una de las razones de la preservación de Nínive, fue también la presencia de muchos animales
Jonás 4
11 ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no pueden discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
¿ES EL SÁBADO JUDÍO?
NO; El Sábado es un regalo del CREADOR para sus CRIATURAS, esto incluye HOMBRES Y ANIMALES
 
Una interesante visión de Elena de White
“Sentimos un inusual espíritu de oración, y mientras orábamos el Espíritu Santo descendió sobre nosotros. Estábamos muy felices. Pronto perdí noción de las cosas terrenas y quedé arrobada en una visión de la gloria de Dios. Vi a un ángel que volaba con presteza hacia mí. Me llevó rápidamente de la Tierra a la santa ciudad, donde vi un templo en el que entré. Antes de llegar al primer velo pasé por una puerta. Ese velo se levantó y entré en el Lugar Santo, donde vi el altar del incienso, el candelabro de siete lámparas y la mesa con los panes de la proposición. Después de ver la gloria del Lugar Santo, Jesús levantó el segundo velo y pasé al Lugar Santísimo. – {CES 12.3} “En el Santísimo vi un arca, cuya cubierta y cuyos lados estaban recubiertos de oro purísimo. En cada extremo del arca había un hermoso querubín con sus alas extendidas sobre el arca. Sus rostros estaban frente a frente y miraban hacia abajo. Entre los ángeles había un incensario de oro, y sobre el arca, donde estaban los ángeles, un resplandor sumamente luminoso que se semejaba a un trono donde mora Dios. Junto al arca estaba Jesús, y, cuando las oraciones de los santos llegaban a él, el humo del incienso surgía del incensario y Jesús ofrecía a su Padre esas oraciones con el humo del incienso. Dentro del arca estaba el vaso de oro con el maná, la florida vara de Aarón y las tablas de piedra, que se plegaban la una sobre la otra como las hojas de un libro. Jesús las abrió, y vi en ellas los Diez Mandamientos escritos por el dedo de Dios. En una tabla había cuatro, y en la otra seis. Los cuatro de la primera brillaban más que los otros seis. Pero el cuarto, el mandamiento del sábado, brillaba más que todos; porque el sábado fue puesto aparte para que se lo guardara en honor del santo nombre de Dios. El santo sábado resplandecía; lo circuía un nimbo de gloria. Vi que el mandamiento del sábado no estaba clavado en la cruz, pues de haberlo estado, también lo hubieran estado los otros nueve, y tendríamos libertad para violarlos todos, así como el cuarto. Vi que, por ser Dios inmutable, no había cambiado el día de descanso”.—Primeros Escritos, 32, 33. – {CES 12.4}
 
Jesucristo y el sábado
16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Lucas 4: 16
La palabra costumbre, que Lucas utilizó, proviene de una palabra griega relacionada con hábitos constantes en el tiempo y también en la práctica. En otras palabras, Jesús asistía con regularidad a la sinagoga todos los sábados que podía. De hecho, esto es tan importante para Lucas que, a lo largo de todo su Evangelio menciona cuatro veces que Jesús asistió a la sinagoga en sábados diferentes
Además, Lucas identifica especialmente el sábado como el séptimo día de la semana 54 Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado. 55Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo. 56Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.” Lucas 23
“1Y el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas.” Lucas 24
El hecho de que Jesucristo, durante su ministerio terrenal, observó el sábado junto con los judíos, testifica que el ciclo semanal no se había perdido desde que la Ley había sido dada en el Sinaí o, incluso, desde la creación. Su ejemplo como observador del sábado es un modelo para seguir por los cristianos, tanto en cuanto al día correcto como en la forma apropiada de guardarlo.
De las 54 veces que los evangelios y el libro de Hechos se refieren al sábado, 17 referencias están en Lucas, y 9 en Hechos; hay 9 en Mateo, 10 en Marcos y 9 en Juan. Lucas creía en el sábado para los judíos, pero también para los gentiles. La primera venida de Cristo no modificó la observancia del sábado; antes bien, la vindicó y reivindicó.
 
Si nos damos cuenta, nuestro calendario está regido por movimientos en el universo:
Un año- Es el tiempo que toma a la tierra para orbitar alrededor del sol
Un mes- Es el tiempo que le toma a la luna en girar alrededor de la tierra
Un día- Es el tiempo que toma a la tierra para girar en su propio eje
¿Y la semana? La semana no tiene ningún movimiento en el universo, la semana fue sencillamente instituida por Dios.
Durante la Revolución Francesa, se introdujeron en Francia nuevas ideas: se introdujo el sistema métrico decimal, que tanto ha ayudado al mundo (metro – kilómetro – centímetro, centígrado, gramo – kilogramo, etc.) y también se introdujo un nuevo calendario.
Se le llamó “El Calendario de la Revolución Francesa”
Este calendario tenía como meta eliminar toda influencia religiosa a través de los días festivos observados y celebrados regularmente por las religiones.
El calendario estaba formado por 12 meses, cada mes tenía tres semanas de 10 días; en vez de llamársele semana, se le cambió el nombre a DÉCADAS”.
Los días no tenían nombre, sólo tenían enumeración tal como primero, segundo, tercero, ETC.
A los meses se les cambió nombre
Septiembre                Última Cosecha o Cosecha de Uvas
Octubre                      Neblina
Noviembre                 Granizo
Diciembre                  Nieve
Enero                          Lluvia
Febrero                      Viento
Marzo                         Germinación
Abril                            Flores
Mayo                           Pastos
Junio                           Primera Cosecha
Julio                            Calor Veraniego
Agosto                         Frutas
Napoleón Bonaparte abolió este calendario el 1 de enero de 1806, después de haber estado en función cerca de 12 años. Estas son las razones por las cuales él abolió este calendario.
1-Los trabajadores estaban cansados y enfermos; en vez de descansar un día de cada 7 días, descansaban un día de cada diez, provocando estrés y  cansancio en todo el pueblo francés.
2-Confusión con la entrada del verano y el invierno.
3-Pérdida del ritmo en las transacciones comerciales y en los mercados agrícolas.
4-Este calendario se aplicaba sólo a países con un clima parecido al de Francia; era imposible aplicarlo al mundo entero, especialmente a esos países con sólo dos épocas climáticas en el año.
5-No coincidía con los movimientos naturales del Sistema Solar
6-Le sobraban días.
7-Nunca coincidió con el reloj normal. En el calendario francés el día tenía 10 horas, con 100 minutos cada hora, y 100 segundos por minuto.
8-Andaban perdidos en el tiempo y el espacio
Dios, en su infinita sabiduría, instituyó la semana de siete días. Un diseño perfecto para todos los países, para todos los climas, para el movimiento del universo, para la salud del hombre, para la siembra y la cosecha, para la prosperidad y felicidad del hombre, entre otras razones. Dios no lo basó en ningún movimiento astronómico; lo basó en su sabiduría, sabiendo que calzaría con todo el mundo y con sus habitantes, siendo benéfico para la humanidad.
“El día de reposo [sábado] fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo [sábado]” (Mar. 2:27, 28).
¡Cuán apropiados son los pensamientos del Himnario adventista, 539!
¡Oh día delicioso de gozo, amor y paz;
de llantos y pesares el bálsamo eficaz!
En ti, postrados ante su trono celestial,
cantamos: “¡Santo, santo!”, loando al Eternal.
Seguro puerto eres en toda tempestad,
jardín do corren ríos de luz y santidad.
Divina fuente eres en yermo terrenal,
la cumbre de donde vemos la patria celestial.
Tus horas son sagradas, de santa reflexión,
en que del mundo al cielo se eleva la afección;
sacando gracias nuevas de ti al reposar,
tu plenitud buscamos en nuestro eterno hogar.
 
 
ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando Jesús se encontró con sus discípulos [después de su resurrección] les recordó lo que les había dicho antes de su muerte, a saber, que debían cumplirse todas las cosas que estaban escritas acerca de él en la ley de Moisés, en los profetas y los salmos. “Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras; y díjoles: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones comenzando de Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas” (El Deseado de todas las gentes, p. 744).

En Filipos, Pablo se detuvo para observar la Pascua. Solo Lucas quedó con él; los otros miembros del grupo siguieron hasta Troas para esperarlo allí. Los filipenses eran los más amantes y sinceros de entre los conversos del apóstol, y durante los ocho días de la fiesta, él disfrutó de una pacífica y gozosa comunión con ellos.

Saliendo de Filipos, Pablo y Lucas alcanzaron a sus compañeros en Troas cinco días después, y permanecieron durante siete días con los creyentes de allí.

En la última tarde de su estadía, los hermanos se juntaron “a partir el pan”. El hecho de que su amado maestro estaba por partir había hecho congregar a un grupo más numeroso que de costumbre. Se reunieron en un “aposento alto” en el tercer piso. Allí, movido por el fervor de su amor y solicitud por ellos, el apóstol predicó hasta la medianoche (Los hechos de los apóstoles, p. 313).

Cuando fueron puestos los fundamentos de la tierra, cuando los astros de la mañana alababan a una, y se regocijaban lodos los hijos de Dios, entonces fue puesto el fundamento del sábado. Job 38:6, 7; Génesis 2:1-3. Bien puede esta institución exigir nuestra reverencia: no fue ordenada por ninguna autoridad humana, ni descansa sobre ninguna tradición humana; fue establecida por el Anciano de días y ordenada por su Palabra eterna (El conflicto de los siglos, p. 448).

Dios es misericordioso. Sus requerimientos son razonables y concuerdan con la bondad y la benevolencia de su carácter. El sábado fue creado para que toda la humanidad recibiese beneficio. No fue hecho el hombre para adaptarse al sábado; sino que el sábado fue hecho después de la creación del hombre, para satisfacer sus necesidades. Después que Dios hubo hecho el mundo en seis días, reposó y luego santificó y bendijo el día en que había reposado de todas sus obras que había creado y hecho. Puso aparte ese día especial para que el hombre descansase en él de su trabajo, a fin de que mientras mirase la tierra y los cielos, pudiese reflexionar que Dios había hecho todo esto en seis días y reposado en el séptimo, y que al contemplar las pruebas tangibles de la sabiduría infinita de Dios, su corazón se llenase de amor y reverencia hacia su Creador (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 516).

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Lección 6 | Miércoles 9 de mayo____________________________________________________

EL SÉPTIMO DÍA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Como vimos ayer, los textos comúnmente utilizados para promover la idea de que el domingo sustituyó al sábado no dicen nada de eso. De hecho, cada referencia al sábado en el Nuevo Testamento revela que todavía se lo observaba como uno de los Diez Mandamientos de Dios.

Lee Lucas 4:14 al 16; y 23:55 y 56. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del día de reposo sabático antes y después de la muerte de Cristo?

Lucas 4:14-16

14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. 15 Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. 16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Lucas 23:55-56

55 Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. 56 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

Observa que las mujeres que habían estado con Cristo “descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento” (Luc. 23:56). Obviamente, “el mandamiento” era el cuarto Mandamiento, escrito en piedra en el Sinaí. Así que, de todo lo que aprendieron en el tiempo que estuvieron con Jesús, no hay indicios de que hayan aprendido otra cosa que no fuese guardar los Mandamientos de Dios, que incluyen el del sábado. De hecho, Cristo les dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Sus Mandamientos, que él mismo había guardado, incluían el sábado. Si el domingo habría de ser un reemplazo para el sábado, estas mujeres no estaban enteradas de esto.

Lee Hechos 13:14 y 42 al 44; y 16:12 y 13. ¿Qué evidencias dan estos versículos para la observancia del séptimo día? ¿Qué evidencias dan para la observancia del primer día de la semana?

Hechos 13:14

14 Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron.

Hechos 13:42-44

42 Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo les hablasen de estas cosas. 43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios. 44 El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios.

Hechos 16:12-13

12 y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. 13 Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.

En estos textos no encontramos ninguna evidencia de un cambio del sábado al domingo. Al contrario, indican claramente que los primeros creyentes en Jesús guardaban el sábado.

Hechos 16:13 es en especial interesante, porque se da fuera del contexto de la sinagoga. Los creyentes se encontraban al lado de un río, donde algunos “solía[n]” ir a orar. Y además lo hacían en sábado, muchos años después de la muerte de Jesús. Si ocurrió un cambio al domingo, no hay nada en estos versículos que así lo indique.

¿De qué manera amable y no condenatoria puedes dar testimonio del sábado a los que observan el domingo?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El comentario de este día está con el día Martes.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Durante su niñez y juventud, Jesús había adorado entre sus hermanos en la sinagoga de Nazaret. Desde que iniciara su ministerio, había estado ausente, pero ellos no ignoraban lo que le había acontecido. Cuando volvió a aparecer entre ellos, su interés y expectativa se avivaron en sumo grado. Allí estaban las caras familiares de aquellos a quienes conociera desde la infancia. Allí estaban su madre, sus hermanos y hermanas, y todos los ojos se dirigieron a él cuando entró en la sinagoga el sábado y ocupó su lugar entre los adoradores (El Deseado de todas las gentes, p. 203).

Durante su ministerio terrenal, Cristo recalcó la vigencia de le ordenado acerca del sábado; en toda su enseñanza manifestó reverencia hacia la institución que él mismo había dado. En su tiempo el sábado había quedado tan pervertido que su observancia reflejaba el carácter de hombres egoístas y arbitrarios más bien que el carácter de Dios. Cristo puso a un lado las falsas enseñanzas con que habían calumniado a Dios los que aseveraban conocerle. Aunque los rabinos le seguían con implacable hostilidad, no aparentaba siquiera conformarse con sus exigencias, sino que iba adelante observando el sábado según la ley de Dios.

En lenguaje inequívoco atestiguó su consideración por la ley de Jehová. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos”. Mateo 5:17-19 (Profetas y reyes, pp. 135, 136).

Por fin Jesús descansaba. El largo día de oprobio y tortura había terminado. Al llegar el sábado con los últimos rayos del sol poniente, el Hijo de Dios yacía en quietud en la tumba de José. Terminada su obra, con las manos cruzadas en paz, descansó durante las horas sagradas del sábado.

Al principio, el Padre y el Hijo habían descansado el sábado des pues de su obra de creación… Ahora Jesús descansaba de la obra de la redención; y aunque había pesar entre aquellos que le amaban en la tierra, había gozo en el cielo. La promesa de lo futuro era gloriosa a los ojos de los seres celestiales. Una creación restaurada, una raza redimida, que por haber vencido el pecado, nunca más podría caer, era lo que Dios y los ángeles veían como resultado de la obra concluida por Cristo. Con esta escena está para siempre vinculado el día en que Cristo descansó… el sábado de la creación, el día en que Cristo descansó en la tumba de José, será [para siempre] un día de reposo y regocijo. El cielo y la tierra se unirán en alabanza mientras que “de sábado en sábado” (Isaías 66:23) las naciones de los salvos adorarán con gozo a Dios y al Cordero (El Deseado de todas las gentes, p. 714).

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Jueves 10 de mayo | Lección 6______________________________________________________

EL INTENTO DE CAMBIAR EL DÍA DE REPOSO

La Ley de Dios, los Diez Mandamientos, sigue en vigencia (ver además Sant. 2:10-12), y esa Ley incluye el día de reposo sabático. ¿Por qué, entonces, tantos cristianos guardan el domingo cuando no hay justificación bíblica para ello?

Daniel 7 habla del surgimiento de cuatro grandes imperios: Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma, siendo este el cuarto y último imperio terrenal. Luego, del Imperio Romano surge un cuerno pequeño (Dan. 7:8). Todavía es parte del Imperio Romano, solo que en una fase posterior. ¿Qué otra cosa podría ser este poder sino el papado, que surgió directamente de Roma y, hasta el día de hoy, todavía es parte de él? Thomas Hobbes escribió en el siglo XVII: “Si un hombre analiza el original de este gran dominio eclesiástico, fácilmente percibirá que el papado no es más que el fantasma del difunto Imperio Romano que, coronado, se sienta sobre su tumba”.–T. Hobbes, Leviathan, p. 463.

Lee Daniel 7:23 al 25. ¿Qué enseñan estos versículos que nos ayudan a comprender los orígenes de la observancia del domingo?

Daniel 7:23-25

23 Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará. 24 Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. 25 Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.

El lenguaje original, el arameo, muestra en el versículo 25 que el poder del cuerno pequeño “pretendía” cambiar la Ley. ¿Qué poder terrenal, de hecho, puede realmente cambiar la Ley de Dios?

Aunque los detalles exactos no son claros en la historia, sabemos que, bajo la Roma papal, el sábado fue reemplazado por la tradición de la observancia del domingo, una tradición tan firmemente arraigada que la Reforma Protestante la mantuvo viva incluso hasta el siglo XXI. En la actualidad, la mayoría de los protestantes todavía guardan el primer día de la semana en vez de seguir el mandato bíblico del séptimo día.

Lee Apocalipsis 13:1 al 17, y compara con Daniel 7:1 al 8, 21, 24 y 25. ¿Qué imágenes similares se utilizan en estos versículos, que nos ayudan a entender los acontecimientos de los últimos días?

Apocalipsis 13:1-17

1 Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. Si alguno tiene oído, oiga. 10 Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos. 11 Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. 12 Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. 13 También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. 14 Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. 15 Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. 16 Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; 17 y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.

Daniel 7:1-8, 21, 24-25

1 En el primer año de Belsasar rey de Babilonia tuvo Daniel un sueño, y visiones de su cabeza mientras estaba en su lecho; luego escribió el sueño, y relató lo principal del asunto. Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar. Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar. La primera era como león, y tenía alas de águila. Yo estaba mirando hasta que sus alas fueron arrancadas, y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre. Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, la cual se alzaba de un costado más que del otro, y tenía en su boca tres costillas entre los dientes; y le fue dicho así: Levántate, devora mucha carne. Después de esto miré, y he aquí otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio. Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos. Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas.

 

21 Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,

24 Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará. 25 Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.

El libro de Apocalipsis utiliza símbolos directamente de Daniel, que incluía imágenes de la última fase (papal) de Roma, y apunta con esto hacia la persecución del tiempo del fin, que se desencadenará sobre quienes se nieguen a “adorar” según los dictados de las potencias vistas en el libro de Apocalipsis.

Lee Apocalipsis 14:6 y 7 (especialmente el vers. 7, que refleja el lenguaje tomado del cuarto Mandamiento [Éxo. 20:11]). ¿De qué modo estos textos ayudan a mostrar que el sábado será decisivo en esta crisis final sobre la adoración, en el tiempo del fin?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El comentario de este día está con el día Martes.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El rasgo más característico de la bestia, y por consiguiente de su imagen, es la violación de los mandamientos de Dios… Solo adulterando la ley de Dios podía el papado elevarse sobre Dios: y quienquiera que guardase a sabiendas la ley así adulterada daría honor supremo al poder que introdujo el cambio. Tal acto de obediencia a las leyes papales sería señal de sumisión al papa en lugar de sumisión a Dios.

El papado intentó alterar la ley de Dios. El segundo mandamiento, que prohíbe el culto de las imágenes, ha sido borrado de la le, y el cuarto mandamiento ha sido adulterado de manera que autorice la observancia del primer día en lugar del séptimo como día de reposo. El cambio introducido en el cuarto mandamiento cumple exactamente la profecía. La única autoridad que se invoca para dicho cambio es la de la iglesia. Aquí el poder papal se ensalza abiertamente sobre Dios (El conflicto de los siglos, p. 440).

Satanás está trabajando desde las profundidades para estimular a los poderes diabólicos de su confederación de maldad en contra de los justos. Imbuye a los agentes humanos de sus propios atributos. Los ángeles malos unidos a los hombres impíos, realizarán el máximo esfuerzo para atormentar, perseguir y destruir. Pero el Señor Dios de Israel no abandonará a los que confíen en él…

Los mandamientos del Señor serán pisoteados como lo fueron por Satanás en el cielo. A menos que Dios derrame sobre el alma su poder y su gracia que convierten, no habrá intento alguno de oposición al enemigo, sino que los hombres estarán bajo su control: serán cautivos voluntarios. La enemistad contra Satanás la pone Dios mismo en el hombre…

Los escogidos y fieles se colocarán bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emanuel, y todos los demás bajo el de Satanás. Los que estén de su lado se unirán a él para honrar el falso día de reposo, rindiendo así homenaje al hombre de pecado, quien se ha exaltado a sí mismo por encima de todo lo que se denomina Dios y [alguien que] ha pensado en cambiar los tiempos y la ley. Hollaron la ley de Jehová y forjaron otras para obligar a todos a adorar el sábado espurio, el ídolo que ensalzaron. Pero el día de la liberación de los hijos de Dios no está muy lejos (Alza tus ojos, p. 260).

En el capítulo 14 del Apocalipsis se exhorta a los hombres a que adoren al Creador, y la profecía expone a la vista una clase de personas que, como resultado del triple mensaje, guardan los mandamientos de Dios. Uno de estos mandamientos señala directamente a Dios como Creador… Respecto al sábado, el Señor dice además, que será una señal… para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios”. Ezequiel 20:20…

Mientras el ser él nuestro Creador siga siendo motivo para que le adoremos, el sábado seguirá siendo señal conmemorativa de ello. Si el sábado se hubiese observado universalmente, los pensamientos e inclinaciones de los hombres se habrían dirigido hacia el Creador como objeto de reverencia y adoración, y nunca habría habido un idólatra, un ateo, o un incrédulo. La observancia del sábado es señal de lealtad al verdadero Dios, “que hizo el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de agua”. Resulta pues que el mensaje que manda a los hombres adorar a Dios y guardar sus mandamientos, los ha de invitar especialmente a observar el cuarto mandamiento (Exaltad a Jesús, p. 45).

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Lección 6 | Viernes 11 de mayo_____________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

El mismo dragón, Satanás, que hizo guerra contra Dios en el cielo (Apoc. 12:7), es el que hace guerra contra el pueblo de Dios en la Tierra, los que “guardan los mandamientos de Dios” (Apoc. 12:17; 13:2, 4). De hecho, el mismo Satanás se convierte también en un objeto de adoración (Apoc. 13:4). Así que, Satanás trata de continuar, en la Tierra, la guerra contra Dios que inició en el cielo. Y el ataque a Dios se centraliza en su ataque a la Ley de Dios.

“En el cuarto Mandamiento, Dios es revelado como el Creador de los cielos y de la Tierra y, por tanto, distinto de todos los dioses falsos. Como monumento conmemorativo de la obra de la Creación, el séptimo día fue santificado como día de reposo para el hombre. Estaba destinado a recordar siempre a los hombres que el Dios viviente es fuente de toda existencia, y objeto de reverencia y adoración. Satanás se esfuerza por disuadir a los hombres de someterse a Dios y obedecer su Ley; por tanto, dirige sus esfuerzos especialmente contra el Mandamiento que presenta a Dios como el Creador” (CS 51).

Adoramos al Señor porque él es el Creador de “los cielos y la tierra”, y el sábado es la señal fundacional de su creación, una señal que se remonta a la misma semana de la Creación (ver Gén. 2:1-3). No es de extrañar que, en su ataque a la autoridad de Dios, Satanás persiga la señal principal y fundamental de esa autoridad: el sábado.

En los últimos días, Dios tendrá sobre la Tierra gente que se mantendrá resuelta y firme en su lealtad a él, una lealtad manifestada en su obediencia a sus Mandamientos; todos ellos, incluyendo el único que específicamente señala al Señor como Creador, el único que es digno de nuestra adoración.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Cuál es el problema con aquellos que hablan acerca de la realidad del pecado y, sin embargo, argumentan que la Ley de Dios ha sido abolida? ¿Qué gran inconsistencia puedes señalar en esa línea de razonamiento?
  2. ¿Cuál ha sido tu experiencia con los que abogan a favor del domingo en vez del sábado? ¿Qué argumentos usaste y cuán eficaces fueron? ¿De qué modo respondes al argumento común de que guardar el sábado es un intento de salvación por las obras?
  3. Al conversar con los demás acerca del sábado y prepararnos para los acontecimientos finales, ¿por qué es importante dejar en claro que los desafíos relacionados con la “marca de la bestia” aún no han ocurrido?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2018

7 pensamientos en “LECCIÓN 6 – EL “CAMBIO” DE LA LEY – PARA EL 12 DE MAYO DE 2018

  1. Gracias por enviarme las lecciones , están buenísimas. Dios bendiga vuestro ministerio.

  2. Qué pasó con el comentario en pdf? 🙄 🤔

  3. Gracias por el desarrollo invaluable de cada lección. Gracias por haber vuelto.
    Mi pregunta no tiene que ver con la lección de esta semana, más bien charlando con mi esposo sobre el comentario de nuestros hermanos de la ES a la que asistimos, si “ya habrá pasado nuestro nombre” en el cielo y la ministración de Jesús en el lugar Santísimo… Nos preguntamos: será que pase el nombre de cualquiera y no se vea o sienta el sellado que fue sellado? Sabemos que seguirá haciendo lo mismo

  4. DIOS los bendiga en gran manera mis hermanos que el Espíritu Santo siempre este en ustedes para que compartan con nosotros de su Sabiduría. amen un abrazo mis hermanos

  5. Muchas gracias por las lecciones son de un gran valor ya que ayuda a formarse creciendo de esta manera en conkcimiento y fe

  6. Muy bueno se les agradece.sigan adelante hermanos

  7. muchas gracias por tan encomiable labor y por los beneficios que recibimos
    God bless you

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