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LECCIÓN 3 – LA VIDA EN LA IGLESIA PRIMITIVA – PARA EL 21 DE JULIO DE 2018

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 3: Para el 21 de julio de 2018

LA VIDA EN LA IGLESIA PRIMITIVA

Sábado 14 de julio____________________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hechos 2:42-46; 4:34, 35; 3:1-26; 4:1-18; 5:1-11; 5:34-39.

PARA MEMORIZAR:

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hech. 2:46, 47).

El sentido de urgencia de la iglesia primitiva no podría haber sido más fuerte. La manera en que Jesús había respondido la pregunta sobre el establecimiento del reino mesiánico, que dejaba abierta la cuestión del tiempo (Hech. 1:6-8), podía interpretarse como que todo dependía de la venida del Espíritu y de la culminación de la misión apostólica. Por ende, cuando llegó el Pentecostés, los primeros creyentes pensaban que todo se había cumplido: recibieron al Espíritu y compartieron el evangelio con todos aquellos con quienes se relacionaban.

La iglesia se desprendió de sus bienes materiales. Como percibían que el tiempo era corto, vendieron todo lo que tenían, y se dedicaron a la camara­dería mientras seguían dando testimonio de Jesús, pero solo en Jerusalén. La vida comunitaria que establecieron, aunque era eficaz para ayudar a los pobres, pronto se volvió un problema, y Dios tuvo que intervenir para conservar la unidad de la iglesia. También empezaron a enfrentar oposición.

ESPĺRITU DE PROFECĺA

Cuando Cristo exclamó en la cruz “Consumado es”, el velo del tiempo se rasgó en dos. Ese velo significaba mucho para la nación judía. Estaba hecho con un material costosísimo, de púrpura y oro, y era muy largo y ancho. Cuando Cristo exhaló el último suspiro, había testigos en el templo que conteplaron cómo el fuerte y pesado material era rasgado de arriba abajo por manos invisibles. Este acto significaba para el universo celestial y para un mundo corrompido por el pecado que un camino nuevo y vivo había sido abierto para la raza caída, que todos los sacrificios ceremoniales habían terminado con el gran sacrificio del Hijo de Dios. El que había morado hasta ese momento en el templo hecho de manos, se había ido para nunca más impartirle gracia con su presencia (Comentario de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1084).

La gloria oculta del lugar santísimo debía permanecer revelada mediante Cristo. Él había sufrido la muerte por cada hombre, y por medio de esa ofrenda los hijos de los hombres se convertirían en los Hijos de Dios. A cara descubierta y mirando como un espejo de gloria del Señor, los creyentes en Cristo debían ser transformados en la misma imagen, de gloria en gloria. El propiciatorio, sobre el cual descansaba la gloria de Dios en el lugar santísimo, está abierto para todos los que aceptan a Cristo como propiciación por sus pecados; y de esa manera entran en comunión con Dios. El velo está rasgado, el muro de separación está derribado, está cancelado el acto delos decretos. Por virtud de su sangre, la enemistad está abolida. Por la fe en Cristo, judíos y gentiles pueden participar del pan viviente (Comentario de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, pp. 1083, 1084).

El que quiera confesar a Cristo debe tener a Cristo en sí. No puede comunicar lo que no recibió. Los discípulos podían hablar fácilmente de las doctrinas, podían repetir las palabras de Cristo mismo; pero a menos que poseyeran una mansedumbre y un amor como los de Cristo, no le estaban confesando. Un espíritu contrario al espíritu de Cristo le negaría, cualquiera que fuese la profesión de fe…

El Salvador ordenó a sus discípulos que no esperasen que la enemistad del mundo hacia el Evangelio sería vencida, ni que después de un tiempo la oposición cesaría. Dijo: “No he venido para meter paz, sino espada.” La creación de esta lucha no es efecto del Evangelio, sino resultado de la oposición que se le hace (El Deseado de todas la gentes, {DTG}p. 324)

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Lección 3 | Domingo 15 de julio_____________________________________________________

LA ENSEÑANZA Y LA CAMARADERÍA

Después del Pentecostés, Lucas modifica la narración enfocándola en una descripción general de la vida interna de la iglesia de Jerusalén. “Y per­severaban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hech. 2:42). Los cuatro puntos señalados parecen resumirse básicamente en la enseñanza y la camaradería. Según el versículo 46, la enseñanza se llevaba a cabo en el Templo, mientras que la camaradería se realizaba en las casas particulares.

El atrio del Templo estaba rodeado de porches techados que a menudo se usaban para la instrucción rabínica. El hecho de que los creyentes se hayan dedicado a aprender de los apóstoles muestra que el don del Espíritu no los condujo a una religión contemplativa, sino a un intenso proceso de aprendizaje bajo la conducción de los apóstoles, cuya enseñanza autorizada era autenticada por maravillas y señales (Hech. 2:43).

La comunión espiritual era otra marca distintiva de la piedad cris­tiana primitiva. Los creyentes estaban constantemente juntos, no solo en el Templo, sino también en sus hogares, donde compartían las comidas, celebraban la Santa Cena y oraban (Hech. 2:42, 46). Con esas celebraciones diarias, los cristianos primitivos expresaban su esperanza en el pronto re­greso de Jesús, cuando su comunión con ellos sería restaurada en el reino mesiánico (Mat. 26:29).

Los hogares particulares desempeñaron un papel clave en la vida de la iglesia primitiva. Los creyentes todavía asistían a las ceremonias diarias del Templo (Hech. 3:1), y los sábados probablemente estaban en las sinagogas con sus hermanos judíos (Sant. 2:2), pero los elementos distintivos de la devoción cristiana se llevaban a cabo en los hogares.

Lee Hechos 2:44 y 45; 4:34 y 35. ¿Qué aspecto importante existía en la hermandad cristiana primitiva?

Hechos 2:44-45

44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.

Hechos 4:34-35

34 Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, 35 y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.

Como creían que el fin estaba cerca, decidieron que sus posesiones ma­teriales (su “propiedad privada”, para usar una expresión más actualizada), ya no eran tan importantes. Por lo tanto, les pareció apropiado hacer uso común de sus recursos materiales. No había motivo para preocuparse por el mañana, ya que el Mesías mismo proveería para sus necesidades en el reino mesiánico (Luc. 22:29, 30). Este uso compartido les permitió experimentar un sentido más profundo de unidad, además de llegar a ser un extraordinario ejemplo de generosidad cristiana.

¿Cuán generoso eres con lo que has recibido del Señor?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

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44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.  (Hechos 2)

Muchas personas que han apoyado el comunismo, toman estos textos de la Biblia como base para apoyar sus ideas políticas.  El versículo 24 es el centro de su pensamiento: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas”. Según su discurso, en este texto se encuentra la esencia del comunismo.

Pero no, no es así:  El comunismo dice: “Lo que es tuyo es mío.”   El cristianismo dice: “Lo que es mío es tuyo.”

El comunismo dice: “Dame lo que tienes.”  El cristianismo dice: “Toma lo que tengo.”

El comunismo es el resultado del odio al rico; el cristianismo es el resultado del amor al pobre.

El comunismo es un experimento social; el cristianismo es un resultado espiritual.

La diferencia entre el comunismo y el cristianismo es que el comunismo impone por la fuerza el compartir los bienes y las propiedades de sus ciudadanos; no es así en el cristianismo. El cristianismo comparte sus bienes y propiedades voluntariamente, y no es el resultado de la imposición de la fuerza del gobierno terrenal, sino que es resultado del amor entre los hermanos, y también es el resultado del amor de Cristo hacia la humanidad, implantado en el corazón del nuevo creyente.

El comunismo ateo es la religión que el diablo inventó para asemejarse al cristianismo. Recordamos la pregunta satánica: ¿Conque Dios os dijo que no comáis de ningún árbol del huerto? (Génesis 3:1) El diablo usa aquí un lenguaje muy parecido a la palabra divina, pero terriblemente diferente.

Basados en el texto de estudio para este día, el comunismo moderno se removió la boina roja y ha tratado de ponerse la mitra blanca del cristianismo.

Muchos enseñaban y siguen enseñando que el comunismo es primo-hermano del cristianismo, que el cristianismo y el comunismo son amigos y parientes muy cercanos y, según ellos, hay solamente una pequeña línea que los divide. Los lobos han tratado de convertirse en ovejas y lo único que han conseguido es volverse perros ladrones (que ladran).

En el cristianismo todo hombre es libre de hacer lo que su corazón le indique o le dicte.  En el tiempo de los apóstoles, los cristianos habían decidido por su propia voluntad vivir juntos y ayudarse mutuamente. Era una compañía de unión fraternal, en la que se proveían ayuda y protección mutua. Su fundamento era la ley del amor, no la del Estado Marxista.

Ninguna persona estaba obligada a entregar sus bienes en contra de su voluntad, si la persona decidía hacerlo así, tenía que hacerlo honestamente, y de corazón.

Ese precisamente fue el problema de Ananías y Safira,  que sin estar obligados a entregar el dinero, pretendieron hacerlo de corazón; con esto incurrieron en dos pecados: uno de ellos era la hipocresía y el otro era la mentira, la mentira arrastraba un tercer pecado llamado robo.

44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.  (Hechos 2)

De este texto necesitamos aprender dos cosas muy importantes:

La primera es que este texto nos enseña que este fue un plan local y no un ejemplo a seguir por el resto de las iglesias de ese tiempo,  y mucho menos por las iglesias en todas las edades de cristianismo.

Jerusalén fue la única ciudad donde se llevó a cabo esta obra. No hay ninguna historia bíblica, ni secular, en la que se repita el patrón de comportamiento de la iglesia de Jerusalén. Dice la Biblia que las demás iglesias recogían las ofrendas y éstas eran usadas cuando se presentaba la necesidad.

44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.  (Hechos 2)

Lo segundo que necesitamos aprender de este texto es que la acción de los hermanos jerosolamitanos, no era un acto para eliminar la pobreza entre los miembros de la iglesia. Más tarde encontramos al apóstol Pablo, solicitando a las iglesias ricas de los países vecinos una ofrenda para los santos de Jerusalén.

Muchos escritores se pronuncian en contra de este acto de la iglesia de Jerusalén. Al inicio de la iglesia de Jerusalén había muchas personas ricas, pero después aparentemente todos se volvieron pobres, hasta el grado de que el apóstol Pablo tuvo que pedir una ofrenda para ellos.

Entonces los escritores dicen que la pobreza general de la iglesia jerosolamitana, se debió a la acción de los hermanos pudientes de entregar todos sus bienes y propiedades para el uso en común de la iglesia y ese desequilibrio que hubo entre el rico y el pobre, provocó una pobreza total en la iglesia entera.

Había un hombre que constantemente llamaba al señor Rockefeller pidiéndole una cita. Cansado del pedido de este hombre, el señor Rockefeller le concedió la cita. Llegó el día señalado, el hombre se presentó al despacho y conversó con el señor Rockefeller. En la conversación, el invitado presentó al señor Rockefeller la gran injusticia de la vida, cuando ciertas personas llegan a tener sumas de riqueza incontable mientras que otros, por más que hagan, nunca consiguen nada en la vida. Al final de su discurso el hombre pidió a Rockefeller compartir con él las riquezas que había conseguido y almacenado en toda su vida.

El señor Rockefeller, asintió al pedido y gustosamente le dijo al hombre que en ese preciso momento compartiría con él parte de sus riquezas. Levantó su teléfono, llamó a su secretaria y le preguntó cuál era la suma de todas las riquezas de la corporación Rockefeller.

Minutos más tarde la secretaria apareció trayendo en sus manos un cheque. Rockefeller miró el cheque y se lo entregó al hombre y le dijo: Si reparto y comparto toda mi fortuna con todos los habitantes de la tierra, ésta es la porción que le toca a cada quien, y aquí está su porción.  El cheque era por trece (13) centavos de dólar.

Entonces los escritores dicen que esto fue lo que pasó en la iglesia de Jerusalén: el rico quedó pobre al compartir sus bienes, y como resultado de ese desequilibrio social, una pobreza total invadió a la iglesia de Jerusalén.

Pero esto no fue lo que pasó en la iglesia de Jerusalén.

La Biblia dice que los hermanos de la iglesia vendían sus propiedades y el dinero de esas ventas lo traían a los pies de los apóstoles.

Ellos vendían sus propiedades y lo daban a la iglesia por dos razones fundamentales:

La primera era porque la iglesia estaba pasando por una crisis de persecución. La sinagoga de los judíos en Jerusalén, era una constante amenaza y los cristianos constantemente se enfrentaban a la posibilidad de perder todos sus bienes y propiedades, de la noche a la mañana.

Una de las mejores decisiones que podían tomar, era vender esos bienes antes de perderlos.  El dinero de esas ventas, ellos lo traían a los pies de los apóstoles para ser usado de una manera sabia en la iglesia y con los hermanos pobres de la iglesia; este acto de traer el dinero de las propiedades vendidas era un acto voluntario de los hermanos. 

También necesitamos comprender que ellos estaban conscientes de la profecía bíblica en contra de Jerusalén. Ellos no sabían cuándo esta profecía se cumpliría.  Pero nosotros sabemos que la historia nos dice que en el año 70 después de Cristo, Jerusalén fue arrasada totalmente por los romanos y allí desapareció cualquier riqueza que alguna persona pudiera haber almacenado en toda su vida. En los años 70 todavía había algunos apóstoles  con vida; uno de los últimos en morir fue Juan el discípulo amado, quién murió por los años 98-99.

La segunda razón por la que ellos vendían sus propiedades, era porque ellos pensaban que Jesucristo vendría demasiado pronto; muchos tenían la impresión de que Jesucristo regresaría esa misma noche, mientras ellos se iban a sus camas a dormir. En vez de dejar sus propiedades perdidas, optaban por venderlas y usar ese dinero 100% para la Iglesia.

Por lo tanto llegamos a la conclusión de que este acto era algo temporal, era el resultado de las circunstancias bajo las cuales esta iglesia vivía.

A pesar de todo, de esta lección aprendemos que los bienes que se consagran a la iglesia, los acompaña una gran responsabilidad de protegerlos y guardarlos muy celosamente. Es allí donde se inicia el gran problema de mantener equilibrados la benevolencia cristiana con los derechos de la propiedad de la iglesia.

Dicho en otras palabras, se necesita saber cuánto de las riquezas de la iglesia se puede usar para la ayuda de la humanidad, sin dejar barrida el arca de la iglesia, o el temor de irse al otro extremo de no ayudar a nadie y almacenar cualquier riqueza para la iglesia, sin que se le dé el uso adecuado.

Quienes aguardamos el regreso del Rey hemos de ser equilibrados: amamos a Cristo y estamos dispuestos a morir por él, si es necesario. Por eso ofrendamos lo que se requiera para impulsar sus intereses en la Tierra, aunque no hasta el extremo de quedar en la lipidia nosotros y nuestra familia.

ESPĺRITU DE PROFECĺA

En la iglesia primitiva había gente de diversas clases sociales y distintas nacionalidades. Cuando vino el Espíritu Santo en Pentecostés, “moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.” Hechos 2:5. Entre los de la fe hebrea reunidos en Jerusalén había también algunos que eran conocidos generalmente como helenistas, cuya desconfianza y aun enemistad con los judíos de Palestina databan de largo tiempo.

Los que se habían convertido por la labor de los apóstoles estaban afectuosamente unidos por el amor cristiano. A pesar de sus anteriores prejuicios, hallábanse en recíproca concordia. Sabía Satanás que mientras durase aquella unión no podría impedir el progreso de la verdad evangélica, y procuró prevalerse de los antiguos modos de pensar, con la esperanza de introducir así en la iglesia elementos de discordia (Los hechos de los apóstoles, {HAp}, p. 72).

El Espíritu Santo sugirió un método por medio del cual los apóstoles podrían ser aliviados de la tarea de distribuir ayudas a los pobres, y otras responsabilidades similares, de manera que pudieran estar libres para predicar a Cristo. “Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la Palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra”.

De acuerdo con esto la iglesia seleccionó siete hombres llenos de fe y de la sabiduría del Espíritu de Dios, para que atendieran los asuntos relativos a la causa. Se eligió primero a Esteban; era judío de nacimiento y religión, pero hablaba griego y estaba bien versado en las costumbres y las maneras de los griegos. Se consideró que era la persona más apropiada para estar al frente de la tarea de supervisar y distribuir los fondos destinados a las viudas, los huérfanos y los pobres. Esta selección satisfizo a todos, de modo que se calmaron la insatisfacción y las murmuraciones (La historia de la redención, {HR}, pp. 270, 271).

Los rumores que se esparcen, con frecuencia destruyen la unidad entre los hermanos. Hay quienes están alerta, con la mente y los oídos abiertos, para captar los escándalos que circulan. Recogen pequeños incidentes que quizá son en sí una bagatela, pero que se repiten y exageran hasta que un hombre aparece como culpable por una palabra… Estos chismosos hacen la obra del diablo con sorprendente fidelidad, sin darse cuenta cuán detestable para Dios es su conducta. Si empleasen la mitad de la energía y del ahínco que dedican a esa obra impía para examinar su propio corazón, encontrarían tanto que hacer para limpiar su alma de impurezas, que no tendrían tiempo ni ganas para censurar a sus hermanos, y no caerían bajo el poder de esta tentación. La puerta de la mente debiera estar cerrada contra “Se dice” o “He oído”. Debiéramos cultivar ese espíritu de mansedumbre y amor que caracterizaba a nuestro Maestro: un amor que no piensa el mal y que no se irrita fácilmente (Comentario de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1181).

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Lunes 16 de julio | Lección 3_________________________________________________________

LA CURACIÓN DE UN COJO

En Hechos 3:1, Pedro y Juan fueron al Templo para el culto de oración de las tres. Esto indica el carácter esencialmente judío de la fe de la iglesia en este período temprano. Es decir, los apóstoles no iban al Templo solo para instruir o hacer nuevos conversos, sino porque Pedro y Juan eran judíos y, como tales, todavía seguían comprometidos con las tradiciones religiosas judías (Hech. 20:16; 21:17-26), al menos hasta ese momento. Allí realizaron un asombroso milagro (Hech. 3:1-10), que le dio a Pedro la oportunidad de predicar otro sermón.

Lee Hechos 3:12 al 26. ¿Cuáles son algunos de los principales énfasis de Pedro en su sermón?

Hechos 3:12-26

12 Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. 14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, 15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 16 Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. 17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. 18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; 23 y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. 24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

Cinco puntos principales caracterizaban la predicación cristiana primi­tiva: Jesús era el Mesías sufriente (Hech. 3:18); Dios lo resucitó (Hech. 3:15); Jesús fue exaltado en el cielo (Hech. 3:13); vendrá otra vez (Hech. 3:20); y se precisa arrepentimiento para el perdón de los pecados (Hech. 3:19).

En muchos aspectos, este es el mismo mensaje que nosotros estamos llevando al mundo, aunque el contexto haya cambiado. Los apóstoles to­davía estaban en un contexto judío, cuando en vez de cambiar de religión el pueblo simplemente tenía que “emigrar” del Antiguo Pacto al Nuevo. Como parte del pueblo de Dios, tenían que aceptar al Mesías y experimentar el nuevo nacimiento como resultado de una verdadera aceptación de Jesús.

En la actualidad, aunque la situación es diferente, el mensaje sigue siendo esencialmente el mismo: Cristo murió por nuestros pecados, resucitó y volverá. Por lo tanto, esto significa que podemos encontrar salvación en él. Incluso en el contexto del mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14, el Jesucristo crucificado, el Jesucristo resucitado y el Jesucristo que vuelve debe ser el centro de la proclamación de ese mensaje.

“Los adventistas del séptimo día deberían destacarse entre todos los que profesan ser cristianos en cuanto a levantar a Cristo ante el mundo. La proclamación del mensaje del tercer ángel exige la presentación de la verdad del sábado. Esta verdad, junto con las otras incluidas en el mensaje, ha de ser proclamada; pero el gran centro de atracción, Cristo Jesús, no debe ser dejado a un lado. Es en la cruz de Cristo donde la misericordia y la verdad se encuentran, y donde la justicia y la paz se besan. El pecador debe ser indu­cido a mirar al Calvario; con la sencilla fe de un niñito, debe confiar en los méritos del Salvador, aceptar su justicia, creer en su misericordia” (OE 164).

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COMENTARIO DE LA LECCIÓN

(Lunes y Martes)

Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. (Hechos 3: 1)

Cierto pastor contaba su experiencia y decía que el miembro más fiel de su iglesia era una anciana completamente sorda. Ella era la primera en llegar a los servicios y era la que siempre se sentaba lo más adelante posible en el templo. Cierto día el pastor le escribió en un papel, y le preguntó cuál era la razón de su fidelidad, si no podía escuchar absolutamente nada. Es verdad -dijo ella- que no puedo escuchar absolutamente nada, pero vengo a la casa de Dios porque me encanta hacerlo, y porque seré encontrada en su camino. Cuando la gente me señala en la Biblia el texto de la predicación, Dios pone en mi mente los más bellos pensamientos; además estoy en compañía de los santos y en la presencia de Dios. No me conformo con servir a Dios privadamente; es mi obligación y mi privilegio, dar honor a Dios, regularmente, constantemente y en público.

Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. (Hechos 3)

El Espíritu de Profecía nos relata que este hombre había deseado por mucho tiempo ver a Jesús para ser sanado; aparentemente vivía demasiado lejos del campo de trabajo de Cristo, por lo que se le hacía muy difícil llegar hasta Jerusalén.  Con el tiempo logró llegar, y cuando llegó preguntando por Jesús de Nazareth, le dieron la triste noticia de que el Médico que andaba buscando había sido muerto de una manera muy cruel y que ya no estaba más en medio del pueblo. De esa manera fue que por piedad le permitieron pedir limosna en una de las entradas del templo, llamada la Hermosa.

En el libro de Levítico 21, encontramos una de las leyes aparentemente más extrañas en la Biblia: 16 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:  17 Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes por sus generaciones, que tenga algún defecto, se acercará para ofrecer el pan de su Dios.  18 Porque ningún varón en el cual haya defecto se acercará; varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado,  19 o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano,  20 o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o testículo magullado. 21 Ningún varón de la descendencia del sacerdote Aarón, en el cual haya defecto, se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas para Jehová. Hay defecto en él; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios.

¿Se imagina usted qué ocurriría si esta ley se pusiera en vigencia en nuestros días? Miles de pastores que son chaparritos, o que usan lentes, o tienen dientes postizos, o tienen algún defecto y posiblemente todos los pastores feos, quedarían descalificados inmediatamente para sus trabajos. ¡Quizás nos quedaríamos sin pastores!

Partiendo de este texto cabe la posibilidad de que hubiera alguna ley judía que no permitiera a una persona lisiada entrar al templo. De todas maneras encontramos a nuestro cojo en las afueras del templo, entonando su monótona canción, pidiendo una moneda para el alimento diario.

Juan y Pedro estaban caminando hacia el templo para orar. Ellos dos tenían caracteres diferentes: uno era meloso y el otro era agresivo, uno era pacífico y el otro era violento, uno era introvertido y el otro extrovertido… pero aquí los encontramos a los dos, en comunión voluntaria entrando al templo para orar. Suele suceder en la vida que siempre se unen dos que tienen personalidades y caracteres  totalmente diferentes. Esta clase de parejas disparejas, las encontramos en los círculos de amistad, en el deporte, en la religión, en la política y también en el matrimonio.

La Biblia no dice cuánto tiempo este hombre había pasado a la entrada del templo pidiendo limosna, pero posiblemente no era mucho tiempo, ya que esta historia la encontramos en los linderos del día de Pentecostés. Posiblemente pocos meses nada más, porque este pobre hombre había llegado tarde a Jerusalén, en busca de Jesús, el Médico Mesías.

Pero, cuando DIOS controla nuestra vida, a cada quien le llega su oportunidad; a él le llegó su oportunidad a la entrada del templo llamada la Hermosa; la mujer samaritana tuvo su oportunidad a la orilla del pozo; Mateo  tuvo su oportunidad sentado a la mesa; el etíope tuvo su oportunidad en el desierto; el malhechor tuvo su oportunidad pendiendo de una cruz; Pablo tuvo su oportunidad sentado en su caballo rumbo a Damasco… dichosos aquellos que no desperdician las oportunidades que el Cielo les regala.

El templo de Jerusalén tenía diez entradas, todas ellas hermosas y costosas, pero había una que sobresalía respecto a las demás y era llamada la puerta Hermosa. Los hermanos judíos nunca han sido mezquinos al construir sus templos; aún en los días actuales, ellos gastan ingentes fortunas al erigir las casas que dedican al culto de Dios.

La casa de Dios tiene que ser el edificio más bello de la ciudad o de la comunidad. Si la iglesia es pobre, Dios acepta el humilde lugar que se le dedique para adorarlo. Pero si los miembros de la iglesia son ricos, la casa del Señor tiene que ser extremadamente bella y tiene que estar en armonía con las bendiciones que Dios ha impartido a su pueblo.

Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.  Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.  Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.  (Hechos 3)

Los discípulos no tenían plata ni oro para dar, pero tenían algo mejor que dar: era salud, y salud era lo que en verdad este hombre andaba buscando. Salud sin dinero es muchísimo mejor que dinero sin salud; aún más, la salud confiere la habilidad para trabajar y conseguir dinero.

El evangelio en verdad no sólo está hecho para suplir las necesidades inmediatas de los humanos, sino que está diseñado para que el hombre prospere por sí mismo. Podemos dar un pedazo de pan para aliviar el hambre, pero es más sublime cuando proveemos la manera para que el hombre pueda valerse por sí mismo y sea capaz de conseguir su sustento diario.

El evangelio no está diseñado para incrementar las riquezas de una nación, sino que está diseñado para fundar la base espiritual de un pueblo. Cuando el pueblo siente la nueva sangre palpitando en cada miembro de su ser, entonces el pueblo despierta del letargo y marcha sin miedo a nuevas empresas, a nuevos descubrimientos y adelantos que agrandan, enriquecen y ennoblecen una nación. 

De acuerdo con el historiador Josefo, habían nueve entradas al templo que estaban decoradas y adornadas con oro y plata, pero había una décima entrada que estaba decorada con bronce de Corinto y ésta excedía en belleza y hermosura al resto de las entradas. 

Esta puerta estaba en la parte este del templo y era llamada la entrada de Corinto, por el material del cual estaba hecha; también se la llamaba la puerta de Nicanor, y hay muchos que creen que esta era la famosa puerta de la Hermosa.

Un milagro notable había ocurrido a la entrada del templo La Hermosa: un hombre de aproximadamente 40 años de edad había sido sanado de parálisis, también un notable sermón había sido predicado a la multitud congregada.

La ofensa de los apóstoles que provocó su arresto no fue el milagro de la sanación, tampoco el hecho de que eran cristianos; el delito de ellos consistió en haber predicado que Jesús había resucitado de los muertos.

Era la predicación de un suceso sobrenatural, lo que molestaba a los saduceos y no en sí la siembra de la semilla del evangelio.

Suele ocurrir que los hombres se oponen a ciertas enseñanzas porque éstas denuncian su manera de vivir.

En los tiempos que vivimos actualmente, también hay saduceos. La ciencia natural ha llamado la atención a los estudiosos de nuestros tiempos; ellos fácilmente pueden aceptar el poder del hipnotismo en la mente del hombre, pero no pueden aceptar el toque sanador de Jesús en el hombre.

 Ellos fácilmente aceptan la inspiración de un poeta, pero no pueden aceptar la inspiración de un profeta; en nuestros tiempos la predicación de la cruz de Cristo, de su resurrección y de su segunda venida, sigue causando el mismo disgusto y enojo, en casi la mayoría de quienes integran la clase erudita de nuestro mundo, de la misma manera que lo causaba a la clase estudiada en los tiempos de los apóstoles.

18Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús (Hechos 4)

Esta no ha sido la primera, ni la última vez que un hombre con convicción ha tenido que enfrentarse con una orden de esta índole. Ya sea que el hombre esté correcto o equivocado, es casi imposible corregir su manera de pensar, y es aún más difícil silenciar al hombre a través de una orden obligatoria o compulsoria.

En sí la orden de silenciar a una persona es la más grande prueba de derrota y de debilidad; ordenar a una persona no volver hablar sobre un tema en particular, es demostrarle el miedo y temor que se le tiene, a la vez, es admitir que tiene la razón, pero no se lo puede superar.

El fuego que existe en el corazón de un hombre para Dios y su obra, no se puede apagar con órdenes de cortes, ya sean civiles o eclesiásticas. La verdad de Dios vencerá cualquier amenaza, la verdad de Dios romperá las cadenas del miedo y del temor, la verdad de Dios hará libre a todo aquel que la practica y la enseña.

Cada vez que Dios demuestra el poder de su gloria, siempre se levantará la oposición. Con toda seguridad Satanás no se quedará como un simple espectador, ni tampoco sus sirvientes.

La oposición no sólo se levantará de personas que tienen principios profanos y vidas miserables; la más grande oposición se levantará por parte de aquellas personas que tienen vínculos con nuestra propia religión, personas que hemos creído que son de nuestro mismo cuerpo y que pertenecen a nuestra misma forma de pensar; ellos serán los más grandes oponentes y los más dañinos a la obra de Dios.

El valor tiene muchas facetas: hay valor físico, de amor, de consciencia, de convicción, y de acción, entre otros. ¿Qué tipo de valor tenían Pedro y Juan ante el Sanedrín?

“… Señor, estoy dispuesto a ir contigo tanto a la cárcel como a la muerte.”  (Lucas 22:33) fanfarroneó Pedro, pero en verdad no estaba preparado.

Ahora es llevado a la cárcel y Pedro no fanfarronea para nada, para que se cumpliera la profecía de Jesucristo sobre Pedro, cuando le dijo: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después.” (Juan 16: 36)

Pedro y Juan fueron presentados ante uno de los tribunales más magníficos que han existido en la tierra: el Sanedrín de los judíos.

Todo estaba en contra de ellos: la riqueza, el conocimiento, la moda, el orgullo, el número, la religión nacional, la ostentación y para empeorar las cosas, Pedro y Juan no tenían a ningún amigo allí presente. Allí estaban Pedro y Juan con calma y confianza, esa era una espléndida ilustración de Proverbios 28: 1 que dice: “…Mas el justo está confiado como un león.”

Cierto rey pagano mandó a arrestar a un obispo de su nación y cuando lo tuvo enfrente le dijo que tenía que renunciar a su fe cristiana y tenía que comenzar a sacrificar a los ídolos de los paganos. –Mi rey señor, eso nunca lo haré- dijo el obispo.  El rey furioso le dijo al obispo que la vida de él estaba en sus manos, y solamente era necesaria una señal de él para que sus súbditos terminaran con su vida.  Eso lo sé -dijo el obispo-, pero antes de que termines con mi vida, sólo déjame contarte una historia, permíteme terminarla y después de eso, tomas la decisión que quieras con mi vida- fue el pedido del obispo al rey y éste consintió al pedido.

-Imagínate que unos de tus súbditos caiga en mano de los enemigos y ellos lo convenzan a que se rebele contra ti, y que te traicione. Pero este súbdito se mantiene leal a ti, y no te traiciona. Imagínate que en la cólera de los enemigos, ellos lo desnuden y lo manden caminando desnudo e insultado de regreso a ti, ¿no lo premiarías por el honor y respeto que te ha tenido, y no lo cubrirías con tus mejores ropas para tapar su vergüenza?  El rey dijo: -¡Claro que sí. Pero ¿qué tiene que ver esto contigo? El obispo respondió: Tú puedes quitarme mis ropas y quitarme la vida, pero mi Maestro me cubrirá con un manto de luz y gloria y me premiará con la vida eterna, ¿Voy a cambiar mi fe, solamente para no perder mi ropa terrenal y mi vida aquí en la tierra?

El rey pensó por unos momentos las palabras del obispo y después de un momento respondió: -¡Vé en paz, has ganado!-

¿En qué consistía el secreto de los apóstoles? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo” (Hechos 4)

Había tremenda diferencia entre el Pedro antes de la ascensión de Cristo y el Pedro después de la ascensión de Cristo.

Pedro había nacido con un arrebato natural, muchas veces su ímpetu y presteza lo colocaban en problemas difíciles de resolver,  pero interesantemente cuando se le ponía a prueba su valor natural, casi siempre fallaba.

En un impulso se lanzó al embravecido mar, sólo para pedir ayuda en cuanto puso sus pies en el agua; Pedro usó la espada movido por un arrebato, pero su valor temporal fue seguido por una pálida y larga cobardía; este era el Pedro natural.

Después del Pentecostés, sin embargo, Pedro era diferente: era duro como el granito, tenía un valor de convicción inamovible, era fiel a la verdad, era el Pedro transformado por la gracia de Dios; ahora sus impulsos naturales eran gobernados por el poder divino, su temor al hombre se había cambiado por el temor a Dios.

12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. (Hechos 4)

El texto previo contiene una de las frases más poderosas y sublimes que pueden existir en el mundo. Es la sustancia del evangelio apostólico, también es la experiencia de todo pecador que ha alcanzado el perdón; esta frase es la que da fuerza a toda confesión del pecador, y es el fundamento de toda la predicación que la iglesia hace aquí en la tierra.

El pastor Tomás Westrup adoptó la versión castellana de un canto espiritual que alienta al caminante cristiano hoy. Está en el Himnario adventista, 469:

1
Jesús me guía. ¡Cuánta paz
he hallado en dicho tan veraz!
En todo afán seguro estoy,
pues Dios me guarda; suyo soy.

Coro
Jesús me guía, esto sé;
su propia mano me guiará.
En toda senda oscura aquí
el Salvador conmigo va.

 2
Ayer tinieblas y vaivén;
mañana un florido Edén.
Bonanza en torno o tempestad,
me ampara siempre su bondad.

 3
Señor, la mano que me das,
contento tomo de hoy en más.
Acepto alegre el porvenir,
pues Dios me quiere conducir.

 4
Y terminado mi quehacer,
en mí probado tu poder,
la muerte misma no huiré,
pues aun allí contigo iré.

ESPĺRITU DE PROFECĺA

Esteban era muy activo en la causa de Dios y compartía su fe valerosamente. “Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Sirene, de Alejandría, de Silicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba”. Estos discípulos de los grandes rabinos confiaban en que en un debate público podrían obtener una victoria completa sobre Esteban basándose en su supuesta ignorancia. Pero no solamente hablaba éste con el poder del Espíritu Santo, sino que resultó evidente para toda esa vasta asamblea que también era un estudioso de las profecías y versado en todos los asuntos relativos a la ley. Defendió con capacidad las verdades que profesaba, y derrotó totalmente a sus oponentes.

Los sacerdotes y gobernantes que fueron testigos de la maravillosa manifestación de poder que acompañaba el ministerio de Esteban se llenaron de amargo odio. En lugar de ceder al peso de la evidencia que él presentaba, decidieron silenciar su voz dándole muerte (La historia de la redención, {HR}, p. 273).

En todo tiempo los mensajeros elegidos de Dios fueron víctimas de insultos y persecución; no obstante, el conocimiento de Dios se difundió por medio de sus aflicciones. Cada discípulo de Cristo debe ocupar un lugar en las filas para adelantar la misma obra, sabiendo que todo cuanto hagan los enemigos redundará en favor de la verdad. El propósito de Dios es que la verdad se ponga al frente para que llegue a ser tema de examen y discusión, a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo; todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían (El discurso maestro de Jesucristo, {DMJ}, p. 31).

Cuando se presenta una luz nueva a la iglesia, es peligroso que la rechacéis. Rehusar escuchar porque abrigáis prejuicio contra el mensaje o el mensajero no excusará vuestro caso delante de Dios. Condenar aquello que no habéis oído y que no entendéis, no ensalzará vuestra sabiduría ante los ojos de aquellos que son cándidos en sus investigaciones de la verdad. Y hablar con desprecio de aquellos a quienes Dios ha enviado con un mensaje de verdad es insensatez y locura. Si nuestros jóvenes están procurando educarse a sí mismos para ser obreros en la causa del Señor, deben aprender su camino y vivir de toda palabra que sale de su boca. No deben llegar a la conclusión de que toda la verdad ha sido revelada, y que el Infinito no tiene más luz para su pueblo. Si se atrincheran en la creencia de que toda la verdad ha sido revelada, estarán en peligro de desechar como inútiles las preciosas joyas de verdad que serán descubiertas al volver los hombres la atención al escudriñamiento de la rica mina de la Palabra de Dios (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, {COES}, p. 34).

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Lección 3 | Martes 17 de julio_______________________________________________________

EL SURGIMIENTO DE LA OPOSICIÓN

El éxito de la iglesia no tardó en suscitar la oposición de algunos líderes de Jerusalén. El Templo de Jerusalén era administrado por el sumo sacerdote y sus colaboradores, que mayormente eran saduceos. El sumo sacerdote también era el presidente del concilio del Sanedrín, que en aquellos días estaba compuesto en su mayoría por saduceos y fariseos. Dado que los saduceos no creían en la resurrección, se sintieron muy molestos por el hecho de que Pedro y Juan enseñaran que Jesús había resucitado de entre los muertos. Los apóstoles fueron detenidos por los guardias del Templo y puestos bajo custodia hasta el día siguiente, cuando fueron llevados ante el Concilio (Hech. 4:1-7).

Lee Hechos 4:1 al 18. Cuando se les preguntó con qué autoridad habían estado actuando, ¿cómo respondió Pedro? ¿Cuál era el mensaje subyacente en lo dicho por Pedro que los líderes consideraban tan amenazante?

Hechos 4:1-18

1 Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, 10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. 11 Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. 13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. 14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. 15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, 16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. 17 Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.

El desafío a la autoridad, planteada por los dirigentes judíos, sugiere una preocupación por el poder. No obstante, Pedro declaró no solo que el milagro se había realizado en el nombre de Jesús, sino también que la salvación solo proviene de él. Los apóstoles estaban frente al máximo organismo judío; sin embargo, ellos estaban al servicio de una autoridad muy superior. Estos hombres eran pescadores galileos sencillos e indoctos; por lo que su valor y su elocuencia impactaron a los que estaban allí. Aunque los dirigentes no se dieron cuenta, la razón era que los apóstoles estaban llenos del Espíritu Santo, exactamente como Jesús había predicho (Mat. 10:16-20).

Sin poder negar el milagro (el hombre que fue sanado también estaba presente y todos lo podían ver), el Sanedrín les ordenó a los apóstoles que dejaran de predicar. Recelaban tanto el mensaje como la creciente popula­ridad del movimiento. Al no poder evaluar correctamente las evidencias, permitieron que los prejuicios y el deseo de autoprotección dominaran su accionar.

Las últimas palabras de Pedro están entre las gemas más preciosas del libro de Hechos: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hech. 4:19, 20).

Medita en el deseo de poder y en lo potencialmente peligroso que puede ser, en cualquier nivel y contexto. Como cristianos llamados a ser siervos, ¿por qué debemos ser cuidadosos con la atracción del poder?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El comentario del día martes está junto con el día lunes.

 

 

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ESPĺRITU DE PROFECĺA

[Esteban] creía en el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, y estaba sumamente bien fundado con respecto a los privilegios de los judíos; pero su fe era más amplia, y sabía que había llegado el tiempo cuando los verdaderos creyentes adorarían no sólo en templos hechos por manos de hombres, sino en todo el mundo los hombres podrían adorar a Dios en espíritu y en verdad. Había caído la venda de los ojos de Esteban, y percibía el propósito por el cual tantas cosas habían sido abolidas con la muerte de Cristo…

Se interrogó a Esteban en cuanto a la verdad de los cargos que se le hacían, y él asumió su defensa con voz clara y conmovedora que resonó por todo el recinto del concilio. Procedió a repasar la historia del pueblo elegido de Dios con palabras qué mantuvieron en suspenso a la audiencia. Puso en evidencia un conocimiento cabal de todo lo relativo al pueblo judío, y de la interpretación espiritual de ello puesta de manifiesto por Cristo. Comenzó con Abrahán y procedió a repasar la historia de generación en generación, recorriendo todos los anales de la nación desde Israel hasta Salomón, y recurriendo a sus aspectos más impresionantes para vindicar su causa.

Aclaró su propia lealtad a Dios y a la fe judaica, mientras ponía de manifiesto que la ley en la cual confiaban para salvación no había sido capaz de salvar a Israel de la idolatría. Relacionó a Jesucristo con toda la historia judaica (la historia de la redención, {HR}, pp. 274, 275).

Vi que Esteban era un poderoso hombre de Dios, especialmente suscitado para ocupar un lugar importante en la iglesia. Satanás se regocijó por su muerte; porque sabía que los discípulos iban a sentir muchísimo su pérdida. Pero el triunfo de Satanás fué corto; porque en aquella compañía, presenciando la muerte de Esteban, estaba alguien a quien Jesús iba a revelarse. Saulo no tomó parte en el apedreamiento de Esteban, pero consintió en su muerte. Era celoso en la persecución de la iglesia de Dios, a cuyos miembros buscaba y apresaba en sus casas, para entregarlos a aquellos que querían matarlos. Saulo era hombre de capacidad y educación; su celo y saber le hacían merecedor de alta estima de parte de los judíos, mientras que era temido por muchos de los discípulos de Cristo. Sus talentos eran empleados eficazmente por Satanás para llevar adelante su rebelión contra el Hijo de Dios, y contra los que creían en él. Pero Dios puede quebrantar el poder del gran adversario, y librar a los que son llevados cautivos por él. Cristo había elegido a Saulo como “instrumento escogido,” que predicase su nombre, fortaleciese a sus discípulos en su obra, y lograse más que ocupar el lugar de Esteban (Primeros escritos, {PE}, p. 198).

Despiértense los que se han sumido en la somnolencia y la indiferencia. Se nos llama a ser santos, y deberíamos tener cuidado de no dar la impresión de que importa poco si conservamos o no las características peculiares de nuestra fe. Sobre nosotros descansa la solemne obligación de asumir una actitud más decidida con respecto a la verdad y la justicia de la que hemos asumido en lo pasado.

La línea de demarcación entre los que guardan los mandamientos de Dios y los que no lo hacen se manifestará con claridad inconfundible. Debemos honrar conscientemente a Dios, y usar con diligencia todos los medios posibles para mantener con él una relación que esté de acuerdo con su pacto, para que podamos recibir sus bendiciones tan esenciales para el pueblo que va a pasar por una prueba tan severa. Dar la impresión de que nuestra fe, nuestra religión, no es un poder dominante en nuestras vidas, equivale a deshonrar a Dios en gran manera (Cada día con Dios, {CDCD}, p. 194).

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Miércoles 18 de julio | Lección 3____________________________________________________

ANANÍAS Y SAFIRA

No era obligatorio compartir los bienes en la iglesia primitiva. Es decir, no era una condición formal de afiliación. Sin embargo, indudablemente hubo varios ejemplos de generosidad voluntaria que inspiraron a toda la comunidad. Uno de esos ejemplos fue Bernabé (Hech. 4:36, 37), que desem­peñará un papel importante más adelante en el libro.

Sin embargo, también hubo ejemplos negativos que amenazaron la unidad de la iglesia desde adentro, justo en un momento en que acababan de comenzar los ataques externos.

Lee Hechos 5:1 al 11. ¿Qué lecciones podemos extraer de esta historia?

Hechos 5:1-11

1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.

Aunque Lucas no nos da todos los detalles, evidentemente el problema fundamental de Ananías y Safira no era el intento de quedarse con el dinero sino la práctica del engaño dentro de la comunidad. Su pecado no fue resul­tado de un acto impulsivo sino de un plan cuidadosamente elaborado, un intento deliberado de “poner a prueba al Espíritu del Señor” (Hech. 5:9, NVI). No estaban obligados a vender su propiedad ni entregar el dinero a la iglesia. Por lo tanto, cuando se comprometieron a hacerlo, quizás estaban actuando solo en beneficio propio, tal vez incluso tratando de adquirir influencia entre los hermanos mediante lo que parecía ser un acto de caridad encomiable.

Esta posibilidad puede ayudar a explicar por qué Dios los castigó con tanta dureza. Aunque la vida comunitaria de la iglesia era resultado de la convicción de que Jesús estaba a punto de venir, un acto como el de Ananías y Safira en una etapa tan temprana podría desacreditar la importancia de la lealtad a Dios y convertirse en una mala influencia entre los creyentes. El hecho de que no se mencione que Ananías tuvo la oportunidad de arrepen­tirse, como en el caso de Safira (Hech. 5:8), quizá solo se deba a la brevedad del relato.

La conclusión es que, de principio a fin, ellos actuaron con iniquidad, y el pecado es un asunto serio a la vista de Dios (Eze. 18:20; Rom. 6:23), aunque no siempre lo castigue inmediatamente. Por cierto, el hecho de que a menudo se postergue el castigo debería recordarnos de continuo cuán misericordioso es Dios (2 Ped. 3:9).

¿Por qué debemos tener cuidado de no exceder los límites de la gracia, como hicieron estos dos miembros de la iglesia primitiva?

 

 

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COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,  y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.  Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.  Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.  Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.  Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.  Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.  11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas. (Hechos 5)

¡Bienvenidos a la inauguración del gran cementerio del mundo cristiano!

El primer miembro del cristianismo que murió fue Ananías; el segundo miembro de la iglesia cristiana en morir fue su esposa Safira.

Hay ciertas religiones que creen que la ley quedó abolida con la muerte de Jesús. Ellos creen que antes de que Jesús muriera, se vivía bajo la ley solamente y que bajo esa ley, el transgresor moría inmediatamente por su pecado. Ellos también creen que después de la muerte de Cristo, ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia.

La historia de Ananías y Safira, es una gran reprimenda para este grupo de personas. Dios quitó la vida de una pareja por mentir y por robar, exactamente como lo hacía con el pueblo del Israel antiguo, en los días de Moisés y de sus sucesores.

¿Cómo pueden ellos explicar la muerte de Ananías y Safira por Dios, si ya para este tiempo no se estaba viviendo bajo la ley, sino bajo la gracia solamente, según afirman ellos? No hay manera de explicarla; la única explicación satisfactoria es que el hombre desde Adán hasta ahora, siempre ha vivido bajo la ley y también bajo la gracia. A través de todo el tiempo Dios ha requerido de sus seguidores una fiel obediencia a su santa ley, y fe para creer en la gracia divina.

La historia de Ananías y Safira, es una bofetada directa para nuestros hermanos cristianos que creen que la ley quedó clavada en la cruz, y que después de la muerte de Cristo comenzamos a vivir solamente bajo la gracia.

Encontramos que en la nueva y recién fundada iglesia cristiana, Dios permite la muerte de dos de sus miembros, sin aviso, sin advertencia, sin darles ni siquiera una oportunidad de arrepentirse ni pedir perdón, y esa muerte fue por transgredir la ley de Dios, robando y tratando de mentir al Espíritu Santo. El pecado es pecado –transgresión o infracción de la santa ley– antes del Calvario al igual que después del Calvario.

En el tiempo del antiguo Israel, cuando el pueblo de Israel vivía bajo la ley de Dios, el pecador moría a veces instantáneamente por sus transgresiones, pero en la mayoría de las veces se les daba la oportunidad de confesar su pecado y de arrepentirse. Pero en el caso de Ananías y Safira, Dios consideró que era un pecado premeditado, alevoso y pre-planeado; por eso ni siquiera se les da la oportunidad de confesar su maldad, y recibieron una muerte fulminante, inmediata, sin aviso, parecida a la muerte de Nadab y Abiú en el Antiguo Testamento.

El nombre de Ananías significa “la gracia de Dios” y el nombre Safira alude a una piedra preciosa, el zafiro, una joya brillante y muy bella. El nombre Safira del Nuevo Testamento, es el mismo nombre Séfora del Antiguo Testamento; la versión bíblica de los Setentas, usa el mismo nombre para las dos –Séfora. El nombre de Safira o Séfora es comúnmente traducido como belleza.

Por supuesto, fueron sus padres quienes les dieron ese nombre, y fue Dios quien se los quitó. Cuando Ananías pecó contra Dios, la “gracia de Dios” salió de él para siempre, y cuando Safira pecó, ella perdió el valor, la belleza y la luz de lo que su nombre representaba.

La Biblia atestigua que los hermanos de la iglesia vendían sus propiedades y el dinero de esas ventas lo traían a los pies de los apóstoles.

Ellos vendían sus propiedades y daban a la iglesia el producto de la venta por dos razones fundamentales:

La primera, porque la iglesia estaba pasando por una crisis de persecución. La sinagoga de los judíos en Jerusalén era una constante amenaza y los cristianos constantemente se enfrentaban a la situación de perder todos sus bienes y propiedades, de la noche a la mañana. Una de las mejores decisiones que se podía tomar, era vender esos bienes antes de perderlos.  Ellos traían a los pies de los apóstoles el dinero de esas ventas, para ser usado de una manera sabia en la iglesia y con los hermanos pobres de la iglesia; este acto de traer el dinero de las propiedades vendidas era un acto voluntario de los hermanos integrantes de la iglesia cristiana primitiva.

La segunda razón por la que ellos vendían sus propiedades, era porque pensaban que Jesucristo vendría demasiado pronto; muchos tenían la impresión de que Jesucristo regresaría esa misma noche, mientras ellos iban a sus camas a dormir. En vez de dejar sus propiedades perdidas, optaban por venderlas y usar ese dinero 100% para la Iglesia.

De acuerdo con Elena de White, esta experiencia se repetirá en los últimos días de la historia de este mundo. Los hermanos venderán sus propiedades y del producto de esas ventas se usará 100% para financiar el último impulso del evangelio en esta Tierra. Elena de White dice que hay que pedir a Dios, para que él nos avise por medio de su Santo Espíritu, cuándo deben hacerse estas ventas.

36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre,  37 como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.  (Hechos 4)

En los últimos versículos del capítulo 4 del libro de Hechos, encontramos al hermano Bernabé, quien era natural de Chipre, que vendió su propiedad y todo el dinero lo trajo a la iglesia, y lo puso a los pies de los apóstoles para el sostén de la iglesia. Esto fue un ejemplo que todos querían seguir en la iglesia primitiva de los apóstoles, incluyendo Ananías y Safira.

El pecado de Ananías y Safira no era un simple pecado de equivocación o mentira; era un pecado de una incalculable magnitud; era un pecado que tenía como propósito engañar y defraudar a Dios.

Ananías y Safira estaban tratando de tener la alta estima espiritual que tenía Bernabé, a un precio más barato.

Hoy también puede suceder que nuestras contribuciones a la iglesia sean consideradas por el Cielo como un crimen. Mucho depende de la intención, o la motivación por la cual actuamos.

Dios no quiere nuestras propiedades, si no las entregamos como resultado de nuestro amor y lealtad hacia él. Si cuando entregamos el dinero recibido de Dios, nuestro corazón no se va con él, quizá haríamos mucho más bien en retenerlo que al entregarlo.

Toda contribución que se da para calmar la conciencia, o para hacer una demostración ante los demás, o por interés de conseguir algo a cambio, es un gran insulto a Dios. A la luz del relato de Ananías y Safira, podemos afirmar que, en estos casos, entre más grande es la contribución, mayor es el insulto, y más grande es el pecado.

Ananías y Safira estaban midiendo su sagacidad comercial en contra de la ignorancia comercial del apóstol Pedro, pero se les olvidó que el pecado era contra Dios y no contra el hombre; también se les olvidó que el apóstol Pedro estaba lleno del Espíritu Santo, a quien no se le puede mentir jamás.

“El amor al dinero es el principio de todo mal” El pecado nunca viene solo, y aquí encontramos que el amor al dinero trajo consigo la compañía de por los menos otros cuatro pecados.

1-El primer pecado de Ananías y Safira es el amor a la alabanza de los demás: deseaban conseguir esa alta estima y alabanza a un precio más barato que su vecino el hermano Bernabé.

2-El amor al dinero provee la fuerza que empuja la avaricia a trabajar.

3-El amor al dinero promovió la hipocresía en Ananías y Safira: ellos trataban de aparentar una dadivosidad y lealtad que no tenían.

4-El amor al dinero los llevó a mentir, se convirtieron en hijos del padre de la mentira; “él miente desde el principio.”

La pregunta que se hacen muchos es ¿Por qué Ananías y Safira fueron severamente castigados? No se les dio un tiempo para arrepentirse, no se les dio tiempo para considerar su transgresión, no se les dio tiempo para pedir perdón. Estas son algunas respuestas sugerentes:

1-El pecado de ellos era demasiado grave, ellos tuvieron conocimiento de los dones espirituales que se distribuyeron por el poder del Espíritu Santo en el día del Pentecostés. Su pecado fue contra del Espíritu Santo. Hay que notar que en el versículo 3, Pedro dice que el pecado de la mentira fue en contra del Espíritu Santo: Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?”

En el versículo 4 Pedro dice que ellos mintieron en contra de Dios: 4Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.”

Más tarde, en el versículo 9, Pedro vuelve a recalcar que el pecado fue en contra del Espíritu Santo: Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.”

Con la secuencia que encontramos en estos tres versículos llegamos a la conclusión de que, sin duda alguna, el Espíritu Santo es tan Dios, como lo es el Padre o el Hijo: los tres conforman la Santísima Trinidad.

Hay muchas maneras de mentir. La vida de un hombre puede ser una total falsedad, sin que este hombre haya pronunciado con sus labios algo falso en su vida. Se puede mentir con una mirada, se puede mentir con una acción y también se miente con los labios.

Hay personas culpables de cometer las más grandes mentiras y lo único que dijeron fue tal vez.

No hay mentira blanca; la mentira más blanca que se puede haber dado es tan negra como la misma palabra perdición.

Hay gente tan deshonesta al hablar que no llegan a distinguir entre la verdad y la mentira. Hay quienes mienten desde que comenzaron a tener el don del habla; hay otros que han aprendido a mentir casi a un nivel profesional, porque han sido muy bien entrenados por sus padres; estos últimos, cuando alcanzan la edad madura, se convierten en mentirosos empedernidos, mentirosos que alcanzan los límites del descaro.

2-El pecado de Ananías y Safira fue un pecado deliberado, no fue el resultado de una tentación espontánea ni inesperada. Ese pecado fue consultado entre ellos dos, llegando a un acuerdo en común para cometerlo. Fue un pecado cometido a sangre fría en todos sus aspectos, ellos decidieron deliberadamente mentir y ser hipócritas.

3-El pecado de Ananías y Safira posiblemente era un pecado antiguo en esta pareja, que colmó la misericordia de Dios. Dios nunca castiga a una persona severamente por un pecado inicial. Cuando Dios permite la exterminación de alguien, solamente lo hace porque la persona ha saturado su vida de pecado y ya la misericordia de Dios no puede hacer nada para salvarla del pecado. Cabe la posibilidad de que este pecado era una forma de vivir de esta pareja que nunca fue revelada al hombre, pero sí era plenamente conocido a los ojos de Dios.

4-Para lección de otros. La iglesia cristiana estaba en su infancia: con este castigo quedaba de ejemplo a los demás, para no jugar con el Espíritu Santo, quien, como el Padre y el Hijo, también es Dios.

Las tumbas de Ananías y Safira fueron dos sepulcros nuevos donde había un tipo de lamentación sin esperanzas, eran tumbas tristes, tumbas de mentirosos, tumbas de gente hipócrita. Ninguno de nosotros desea ser puesto en ese tipo de tumba, donde se recuerda a la persona por su mal proceder y por sus malas decisiones. Eso es, precisamente, lo que hace que en el fondo del corazón del humano se abrigue ese frío sentimiento de pérdida eterna.

Ananías y Safira: triste ejemplo de vicio para evitar.

Bernabé: feliz ejemplo de virtud para imitar.

ESPĺRITU DE PROFECĺA

Esteban, el primer mártir cristiano, en su terrible conflicto con los principados, las potestades y las malicias espirituales en lugares encumbrados, exclamó: “Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios”. Le fue revelado el Salvador del mundo como si estuviera contemplándolo desde el cielo con el más profundo interés, y la luz gloriosa del rostro de Cristo brilló sobre Esteban con tal fulgor, que hasta sus enemigos vieron que su rostro resplandecía como el rostro de un ángel.

Si permitiéramos que nuestra mente meditara más en Cristo y en el mundo celestial, hallaríamos un estímulo y un apoyo poderoso para pelear las batallas del Señor. El orgullo y el amor al mundo perderán su poder al contemplar las glorias de esa tierra mejor que tan pronto será nuestro hogar. Junto a la belleza de Cristo, todos los atractivos terrenales parecerán de poco valor (Mensajes para los jóvenes. {MJ}, p. 78).

Aunque estaba a la mitad de su sermón, lo concluyó abruptamente… El prisionero leyó su suerte en los rostros crueles que lo rodeaban, pero no flaqueó. El temor de la muerte lo había abandonado. Los sacerdotes rabiosos y la turba embravecida no observaron terror en él. La escena que tenía ante su vista se desvaneció. Para él las puertas del cielo estaban abiertas de par en par, y al mirar hacia adentro vio la gloria de los atrios divinos, y a Cristo, como si acabara de levantarse de su trono, listo para sostener a su siervo que se encontraba a punto de sufrir el martirio por su causa…

La descripción de la escena gloriosa que se desarrollaba delante de él era más de lo que sus perseguidores podían soportar. Tapándose los oídos para no escuchar más sus palabras, y profiriendo fuertes gritos, se avalanzaron furiosamente contra él movidos por una misma intención. “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió”…

El sello de Dios se veía en el rostro de Esteban, y sus palabras, que penetraron en las mismas almas de los que las escucharon, permanecieron en las mentes de los observadores y dieron testimonio de la verdad acerca de la cual había hablado (Exaltad a Jesús, {EJ}, p. 98).

Si los siervos de Dios cumplen fielmente el cometido a ellos confiado, grande será su recompensa cuando el Maestro diga: “Da cuenta de tu mayordomía.” La ferviente labor, el trabajo abnegado, el esfuerzo paciente y perseverante, serán recompensados abundantemente. Jesús dirá: Ya no os llamo siervos, sino amigos. El Maestro no concede su aprobación por la magnitud de la obra hecha, sino por la fidelidad manifestada en todo lo que se ha hecho. No son los resultados que alcanzamos, sino los motivos por los cuales obramos, lo que más importa a Dios. El aprecia sobre todo la bondad y la fidelidad (Obreros evangélicos, {OE}, p. 282).

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Lección 3 | Jueves 19 de julio________________________________________________________

EL SEGUNDO ARRESTO

Si los apóstoles sirvieron como instrumentos para traer el juicio de Dios sobre el pecado, como en el caso de Ananías y Safira, también se podían prestar para traer la gracia de Dios sobre los pecadores. Su poderoso mi­nisterio de curación (Hech. 5:12-16) era una evidencia tangible de que el Espíritu de Dios estaba obrando a través de ellos. Es asombroso que se cre­yera que incluso la sombra de Pedro podía sanar a la gente. El paralelismo más parecido en los evangelios es el de la mujer que se sanó al tocar la ropa de Jesús (Luc. 8:43, 44). Sin embargo, Lucas no dice que la sombra de Pedro realmente tuviese poder curativo, sino que la gente creía que era así. Con todo, aunque hubiese supersticiones populares de por medio, aun así Dios impartía su gracia.

No obstante, cuanto más se llenaban del Espíritu los apóstoles, y cuanto más se multiplicaban las señales y las maravillas, más celosos se ponían los dirigentes religiosos. Esto los llevó a arrestar a los apóstoles por segunda vez (Hech. 5:17, 18). Recién después de su escape milagroso (Hech. 5:19-24) y de otro discurso audaz de Pedro, en el que hizo hincapié en que debían “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29), algunas de las auto­ridades comenzaron a considerar la posibilidad de que estuviesen obrando influencias sobrenaturales.

Lee Hechos 5:34 al 39. ¿Cómo intentó Gamaliel disuadir al Sanedrín de matar a los apóstoles?

Hechos 5:34-39

34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres. 36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada. 37 Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados. 38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.

El Sanedrín estaba controlado por los saduceos, mientras que los fariseos formaban una minoría influyente. Gamaliel era fariseo y doctor de la Ley. Era tan respetado entre los judíos que se lo conocía como “Rabban” (“nuestro maestro”), en vez de simplemente “Rabbi” (“mi maestro”). Pablo fue uno de sus discípulos (Hech. 22:3).

Gamaliel trajo a la memoria que otros dos movimientos rebeldes en la historia reciente de Israel también habían atraído seguidores y habían cau­sado agitación. Sin embargo, los líderes fueron asesinados y sus seguidores se dispersaron por completo. La lección que extrajo fue que si el movimiento cristiano era de origen humano pronto desaparecería. Por otro lado, si se trataba de un movimiento divino, como decían los apóstoles, ¿qué espe­ranzas tenían ellos de poder resistirlo? El consejo de Gamaliel prevaleció. Los apóstoles fueron azotados y nuevamente se les ordenó que no hablasen en el nombre de Jesús.

¿Qué nos dice esta historia acerca de lo importante y útil que puede ser un buen con­sejo? ¿Cómo podemos aprender a ser más abiertos para pedir consejos incluso cuando quizá no necesariamente reflejen lo que queremos oír?

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COMENTARIO DE LA LECCIÓN

34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles,  35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres.  36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.  37 Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos los que le obedecían fueron dispersados.  38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá;  39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. (Hechos 5)

El Sanedrín posiblemente ha sido uno de las instituciones con más jerarquía que haya existido en la Tierra. Consistía en una asamblea de setenta miembros, más su presidente.

El Sanedrín estaba compuesto por tres clases de ciudadanos: una parte de ellos eran sacerdotes, la otra eran patriarcas, jefes, ancianos, o cabezas de las grandes familias de Israel, y la otra parte de ellos eran los que interpretaban y cuidaban de los textos divinos; ellos eran conocidos como los abogados o escribas.

El Sanedrín estaba compuesto por 24 sacerdotes, más el sumo sacerdote, haciendo un total de 25, los ancianos o jefes de las familias que eran 24, y los escribas que eran 22, todo esto hacía un total de 71 miembros.

Toda persona que prestara dinero con usura, o que tuviera el vicio de apostar, quedaba descalificada para ser miembro del Sanedrín.

Todos los miembros del Sanedrín tenían que ser de buena reputación y, encima de eso, no debían tener ningún defecto físico. Un ciego, un lisiado o inclusive una persona de apariencia repugnante quedaba descalificada para ser miembro del Sanedrín.

Tenían que ser ciento por ciento descendientes de judíos y tenían que ser padres de familia, para poder atender y entender bien los problemas de índole domésticos que se presentaran en esa corte. Además tenían que ser muy versados en las leyes de Dios y poseer un conocimiento de las ciencias en general. Tenían que dominar varios idiomas, ya que el Sanedrín nunca prestaba los servicios de un intérprete en un juicio, cuando tenía que lidiar con problemas de ciudadanos de otras naciones. Antes de ser miembro del Sanedrín, tenía que haber trabajado como juez en su ciudad natal y también tenía que haber sido miembro de una corte más pequeña, llamada el pequeño sanedrín.

El pequeño Sanedrín estaba conformado por 23 miembros y eran elegidos por el Sanedrín grande. Estos pequeños sanedrines se asentaban en pequeñas ciudades o villas por todo Israel. Inclusive, había dos pequeños sanedrines en la misma Jerusalén. El pequeño sanedrín se reunía los domingos y jueves en sus respectivas ciudades. Con excepción de casos de pena de muerte, el pequeño Sanedrín tenía el poder para juzgar en casos civiles y criminales. Nadie podía apelar al gran Sanedrín por el fallo dado por un pequeño Sanedrín; el único que podía apelar al gran Sanedrín era el mismo pequeño sanedrín, y esto ocurría solamente cuando los jueces estaban divididos en sus opiniones. Era la regla que los más prominentes miembros de los pequeños sanedrines, eran electos para llenar las vacantes que quedaban en el gran Sanedrín.

De los 71 miembros del Sanedrín, los dos miembros más prominentes eran elegidos como presidente y vicepresidente. El presidente era algo parecido a lo que hoy conocemos como primer ministro, ya que representaba los intereses religiosos y civiles de la nación judía ante los gobiernos del mundo y también ante las diferentes comunidades dentro de la nación judía.

El vicepresidente era llamado “el padre de la casa del juicio”, ya que él era el encargado de dirigir y controlar los asuntos de disputa y discusión en la corte.  El único que no podía ser elegido para el sanedrín era el rey, ya que de acuerdo con la ley judía, no podía haber conflicto de intereses en este cuerpo.

Aparte del presidente y el vicepresidente, estaba el árbitro, quien era la persona que estudiaba los casos y decidía qué casos tenían méritos para ser llevados ante el sanedrín. Había también dos abogados, y varios oficiales que servían como lectores; a estos últimos el Nuevo Testamento les llama siervos, oficiales o ministros.

El Sanedrín se reunía todos los días de la semana, con excepción del sábado y de los días festivos. Su hora de reunión era inmediatamente después del sacrificio de la mañana, y terminaba pocos minutos antes del sacrificio de la tarde. 

Todas las preguntas religiosas, de moralidad o inmoralidad, toda pretensión de milagros o dones de profecía, las obligaciones de los sacerdotes, cualquier extensión o arreglo del templo, la decisión de ir a una guerra, y la conducta del rey, eran asuntos ventilados por el gran Sanedrín, que sesionaba en Jerusalén. La decisión que tomaba el Sanedrín aseguraba una unidad de fe y una uniformidad de práctica en la nación hebrea.

Toda ofensa que resultaba en la pena capital, requería el testimonio de por lo menos dos testigos. El veredicto sobre la pena capital, no se daba el mismo día, sino que se esperaba hasta el día siguiente; de esa manera los jueces tenían tiempo para pensar en todas las evidencias escuchadas. Antes de dar un veredicto para la pena capital, el Sanedrín tenía que ayunar todo el día; una vez dada la sentencia de pena capital, la persona era ejecutada al siguiente día, después del veredicto. Era la costumbre dar una bebida estupefaciente a la persona que sería ejecutada, que la privaba de su conciencia y le mitigaba el dolor de la muerte. Todo este proceso fue omitido en su mayoría en la condena de Cristo, quien fue acusado de falso profeta, de enseñar doctrinas falsas y de llamarse Hijo de Dios.

El presidente del Sanedrín cuando Cristo nació era Hillel quien ejerció su puesto desde el año 30 antes de Cristo, hasta el año 10 después del nacimiento de Cristo. Después de Hillel siguió su hijo Simeón, y después de Simeón la presidencia pasó a su hijo Gamaliel, quien fue el profesor de Pablo. La presidencia de Gamaliel llegó hasta los días de los apóstoles.

Según la historia judía, el presidente del sanedrin y rabi Simeón es el mismo personaje que se menciona en el libro de Lucas, capítulo 2: 25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.  26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor.  27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,  28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:  29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;  30 Porque han visto mis ojos tu salvación,  31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;  32 Luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.”

 

14 Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres (Hechos 5)

Antes de la primera venida de Cristo, se consideraba que poseer la verdad bíblica era exclusiva propiedad de unos pocos y no era vista como un derecho que tienen todos desde el nacimiento; en otras palabras, la verdad bíblica sólo pertenecía a una clase privilegiada y no pertenecía a las masas.

Pero a la venida de Cristo, él rompe esta casta especial de aprendizaje y regala la preciosa verdad del evangelio en el mercado libre del mundo.

17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos  (Hechos 5)

La religión de los fariseos era una religión de actos exteriores y de ceremonias, mientras que la religión de los saduceos era una religión de negaciones intelectuales. El evangelio de Cristo predicado por los apóstoles, tiró por el suelo estas dos religiones.

La religión cristiana eliminaba los actos ceremoniales y daba una vida palpitante a la religión, lo cual confundía y enojaba al mundo fariseo. 

Cristo, con su resurrección, abrió las puertas de la tumba y esto irritó y confundió a las saduceos, quienes negaban la resurrección en su totalidad.

Los apóstoles eran los predicadores de una nueva religión vivificante, por la unción del Espíritu Santo; sus manos y hasta sus sombras obraban milagros de sanación, sus palabras perforaban el corazón más endurecido y prendían el fuego del calor divino, enseñaban la gloriosa esperanza de una patria mejor a través de la muerte y resurrección de Cristo.

18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública (Hechos 5)

La palabra persecución hay muchas veces que suena como una palabra que ya no existe más en nuestros días, pero no es así; lo que implica esa palabra está tan latente en nuestros días como estuvo en los días de los apóstoles.

La palabra persecución se oculta muy sutilmente bajo el manto de la hipocresía; la opinión más honesta dicha por un hombre puede ser considerada como un error y puede despertar de un momento a otro, el putrefacto sentimiento de la persecución.

Mientras el terrorismo en cualquiera de sus formas exista en la Tierra, la persecución ha sido y será su más grande aliada y ha sido y será la causante de las más grandes atrocidades hechas a la humanidad.

Los discípulos fueron arrestados por orden del Sanedrín; era la intención de los dirigentes de la nación hebrea hacer que el cristianismo fuera odiado, presentando a sus dirigentes como unos criminales. 

Encima de todo creían que si lograban poner la verdad detrás de los muros y las rejas, la verdad no sería tan peligrosa. Pero poco sabían que la verdad divina tiene una vitalidad que va mucho más allá del poder humano que la acepta. Una vez la verdad es entendida y aceptada por la mente del hombre, se convierte en un poder con vida, con una influencia que es permanente.

19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo:  20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida.  (Hechos 5)

¿Por qué el ángel no fue mandado mejor a predicar el evangelio? El ángel no podía ser apresado, mientras que el hombre sí; el mensaje del ángel causaría mayor impacto que el mensaje del hombre. 

El sistema de operaciones divino no consigue terminar ciertas cosas, sino que termina las cosas en ciertas maneras.

Si a los ángeles no se les permite predicar el evangelio, es porque posiblemente no sean los mejores predicadores o los predicadores indicados; posiblemente sean buenos predicadores entre ellos mismos, pero no para el hombre. El mejor predicador para el hombre, es el mismo hombre. 

19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo:  20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida.  (Hechos 5)

Cuando Dios interviene por su pueblo, cosas maravillosas pasan:

La marea alta fue extrañamente retenida en los mares de Holanda por más de doce horas, cuando el duque de Alba sentenció a la muerte a un grupo de cristianos. Era la costumbre en Holanda atar a los cristianos a postes sembrados en la playa del mar, y dejarlos para que murieran ahogados cuando la marea subía.

Un fuerte viento sopló sobre las playas del Mar del Norte, esparciendo a la armada española y liberando a la protestante Inglaterra del exterminio.

John Knox tuvo la urgencia de moverse de su asiento que tenía en frente de la ventana; era un sentimiento que no podía resistir. Una hora más tarde una bala entró por la ventana rompiendo los cristales y perdiéndose en la pared de enfrente.

27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó,  28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. (Hechos 5)

El Sanedrín pensó que podía frenar el avance del evangelio usando el poder de la autoridad que ellos tenían, pero la autoridad humana casi siempre falla al no tomar en cuenta el entusiasmo que la verdad inspira en todos aquellos que la aceptan.

Tampoco toman en cuenta el alto grado de sacrificio que la verdad inspira en sus creyentes. La autoridad terrenal no tiene la capacidad para parar la fuerza del evangelio; tampoco tiene la capacidad suficiente para infundir terror y silenciar a los creyentes de la verdad.

Ningún hombre puede responder a la verdad, solamente puede echar manos de aquellos que dicen la verdad.

34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, 35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres.   (Hechos 5)

Gamaliel, de acuerdo con la historia judía, fue uno de los más famosos maestros de la ley judía. Lo reconocen como uno de los más capacitados hombres que el mundo hebreo haya podido dar a luz en toda la historia de esta nación. La historia judía lo identifica como el gran raboni, o sea rabino especial.

Había dos escuelas de rabinos en Israel: una de ellos eran los de Shammai, que eran reconocidos por ser estrictos  y estrechos; y la otra escuela era los de Hillel, que eran liberales y de mente abierta.

La sabiduría que Dios dio a Hillel le permitió acuñar “las 8 profundas palabras que pueden cambiar al mundo”. Ellas son: SI NO YO, ¿QUIÉN? SI NO AHORA, ¿CUÁNDO?

Gamaliel era hijo de Simeón quien también fue presidente del Sanedrín, y Simeón era hijo de Hillel que era el presidente del Sanedrín cuando Cristo nació.  Por lo tanto Gamaliel pertenecía a la escuela liberal y de mente abierta de Hillel, su abuelo.

Gamaliel permitía a sus discípulos estudiar la literatura griega y también enseñaba a todas las personas a dedicarse a trabajos de misericordia, a trabajos de emergencia o a trabajos de necesidad en los días sábados, haciendo el descanso del sábado más liberal y más fácil de llevar.

Enseñaba a todas la personas a saludarse entre ellos con la frase “paz a vosotros” y esto incluía saludar a la población extranjera y muchas veces pagana que vivía dentro de las fronteras israelitas. Gamaliel mostraba que tenía una gran espíritu y por esta razón la Biblia dice que Gamaliel “era venerado de todo el pueblo”

En el Nuevo Testamento, Gamaliel aparece dos veces y las dos veces que aparece es de una manera muy interesante. Primero aparece como un gran predicador y defensor de la tolerancia religiosa, posiblemente se ganó el título del primer director de libertad religiosa en el mundo. La segunda manera que aparece es como el maestro del gran apóstol Pablo, llamado Saulo de Tarso, hasta el día de su conversión.

Suele ocurrir en la mayoría de veces, que la brillantez de los estudiantes no permite ver la grandeza de su maestro. Los estudiantes hacen historia y sus maestros pasan al olvido, y al anonimato. La elevada posición intelectual de Saulo, era el resultado de haber estado a los pies de uno de los maestros más grandes de los hebreos.

Gamaliel fue uno entre siete doctores judíos que lograron conseguir el supremo título de Rabban, por su gran sabiduría.

Tuvo que haber sido interesante ver la escena del sereno y calmado Gamaliel, observando la carrera impetuosa del corazón salvaje de uno de sus más ilustres alumnos ¿Qué habrá pensado Gamaliel de Saulo? ¿Qué desilusión se habrá llevado? Mientras él enseñaba el respeto y el derecho a la libertad en todas sus formas, uno de sus alumnos nace como un fiero perseguidor de la iglesia cristiana.

Pero la semilla de la humildad y el respeto al derecho de la libertad estaba sembrada en la mente del joven Saulo. Sin duda alguna, después de su conversión, Pablo logró comprender las enseñanzas de su maestro terrenal; ahora, guiado por el Maestro celestial, Pablo se convirtió en uno de los más grandes baluartes del cristianismo primigenio, cuya influencia, enseñanza y  ejemplo alcanzan a los cristianos de todas las generaciones y llegan a tocar a las puertas de la misma eternidad.

38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.  (Hechos 5)

El consejo de Gamaliel muestra una sincera humildad ante Dios, quien es el supremo Juez del universo; muestra caridad hacia las ideas contrarias de otra persona aun si estas ideas parecen estar erradas, y muestra que es necesario el control sobre las pasiones humanas.

Gamaliel se levantó en medio del concilio y su discurso se puede reducir a unas cuantas palabras: Den un poco de tiempo a estos hombres.  El tiempo es el enemigo número uno del que anda en malos caminos, pero es el más grande aliado de los que hacen el bien. Gamaliel fue escuchado y los apóstoles recibieron azotes, pero fueron librados de la muerte.

El consejo de Gamaliel contiene las sabias palabras de todos los que tienen un espíritu o mente que apoyan el progreso de los pueblos y las naciones. Las palabras de Lutero abrieron los ojos de las naciones europeas; de allí cambió la historia del mundo para siempre. Fueron tan punzantes sus palabras que parte de ellas están grabadas en el pedestal que se le erigió en su memoria en la ciudad de Wittenberg, Alemania.  El dicho popular se confirma nuevamente, cuando reza que el trabajo de la pluma es más eficaz y penetrante, que el trabajo de la espada.

39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.  (Hechos 5)

Cierto ateo le dijo a un cristiano: Gibbon, Voltaire, Chesterfield, Hume y Paine fueron los campeones de la infidelidad y sus trabajos destruyeron el cristianismo. No lo creo, respondió el cristiano. Luchar contra Dios no es buena idea. En el hotel que era de Gibbon hay una sala dedicada solamente a vender Biblias, la pequeña imprenta que era donde Voltaire imprimía su propaganda atea, terminó imprimiendo Biblias; la suntuosa sala donde Chesterfield celebraba sus reuniones con los infieles, ahora es una capilla de oración.  Hume predijo que el cristianismo perecería en veinte años; él murió en Edinburgh y en esa misma habitación donde él murió allí mismo se celebró la primera reunión de la Sociedad Bíblica. Cuando Paine llegó a Nueva York dijo que en cinco años no se encontraría una Biblia en toda la ciudad y resultó ser que Nueva York es la ciudad que tiene más Sociedades Bíblicas que cualquier otra ciudad en los Estados Unidos. Después de esta información el incrédulo guardó silencio.

Nadie sabe a ciencia cierta si Gamaliel se convirtió al cristianismo; la tradición y la leyenda dicen que sí. La historia parece decir que no fue así. Lo único que sabemos es que por la rectitud de su carácter, por su mente abierta y por el respeto que tenía a las demás personas, él permitió su desarrollo e influenció para que la fe cristiana fuera accesible a otros hombres.

ESPĺRITU DE PROFECĺA

[El] etíope simboliza una numerosa clase de personas que necesita ser enseñada por misioneros como Felipe, esto es, por hombres que escuchen la voz de Dios y vayan adonde él los envíe. Muchos leen las Escrituras sin comprender su verdadero sentido. En todo el mundo, hay hombres y mujeres que miran fijamente al cielo. Oraciones, lágrimas e interrogaciones brotan de las almas anhelosas de luz en súplica de gracia y de la recepción del Espíritu Santo. Muchos están en el umbral del reino esperando únicamente ser incorporados en él.

Un ángel guió a Felipe a uno que anhelaba luz y estaba dispuesto a recibir el Evangelio. Hoy también, los ángeles guiarán los pasos de aquellos obreros que consientan en que el Espíritu Santo santifique sus lenguas y refine y ennoblezca sus corazones.

El que mandó a Felipe al eunuco etíope; que envió a Pedro al centurión romano; y la pequeña israelita en auxilio de Naamán, el capitán sirio, también envía hoy, como representantes suyos, a hombres, mujeres y jóvenes, para que vayan a los que necesitan ayuda y dirección divinas (Conflicto y valor, {CV}, p. 332).

El Señor desea que cada uno ocupe el lugar que nos ha asignado. Si estamos dispuestos a caminar con sencillez y piedad, y confiar en el Señor tal como un niñito confía en su padre terrenal, nos capacitará para hacer la obra que nos ha encomendado realizar. Si buscamos al Señor, El actuará en nuestro favor…

No somos nosotros los que producimos las impresiones sobre la mente y el corazón. Son los ángeles de Dios los que las hacen. Ellos ven cada esfuerzo que hacemos y subyugan los corazones e iluminan las mentes de aquellos por quienes estamos trabajando, de tal manera que las impresiones celestiales se graben y los corazones y las mentes sean inducidos a ver y comprender…

Cuando se sientan tentados a desanimarse, recuerden esto: Los ángeles de Dios los rodean. Ellos ministran en la tierra misma, haciendo que produzca sus tesoros. Esta es la instrucción que estoy tratando de dar a nuestro pueblo. Deseo que comprendan lo que podría lograrse si trabajaran obedeciendo la voluntad del Señor (Alza tus ojos, {ATO}, p. 128).

Cada uno de nosotros, individualmente, tiene un caso pendiente en el tribunal del cielo. El carácter está siendo pesado en las balanzas del santuario y debiera ser el sincero deseo de todos caminar con humildad y cuidado, no sea que, olvidando dejar brillar su luz ante el mundo no obtengan la gracia de Dios y pierdan todo lo que es de valor. Toda disensión, toda diferencia y crítica debe ser puesta a un lado, junto con toda maledicencia y amargura; deben atesorarse la bondad, el amor y la compasión mutuas, para que la oración de Cristo de que sus discípulos fuesen uno como lo son él y su Padre pueda ser contestada. La armonía y la unidad de la iglesia son las credenciales que ellos presentan ante el mundo demostrando que Jesús es el Hijo de Dios. La conversión genuina siempre conducirá hacia el amor genuino por Jesús y por todos aquellos por quienes él murió.

Todo el que hace lo que pueda por Dios, que es leal y celoso por hacer el bien a los que lo rodean, recibirá la bendición de Dios sobre sus esfuerzos. Un hombre puede rendir un servicio eficaz para Dios, aunque no sea la cabeza o el corazón del cuerpo de Cristo. El servicio representado en la Palabra de Dios por la mano o el pie, aunque humilde, de todos modos es importante. No es la grandeza de la obra sino el amor con que se hace, el motivo tras la acción, lo que determina su valor. Hay obra que hacer por nuestros vecinos y por aquellos con quienes nos asociamos. No estamos libres para cesar nuestras labores pacientes y dedicadas en favor de las almas, mientras queden algunas fuera del arca de salvación. No hay tregua en esta guerra. Somos soldados de Cristo y estamos bajo la obligación de velar, no sea que el enemigo nos gane la delantera y capte para servicio suyo almas que pudiéramos haber ganado para Cristo (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, p. 259).

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Viernes 20 de julio | Lección 3_______________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Somos mayordomos a quienes nuestro Señor ausente ha encomendado el cuidado de su familia de fe y sus intereses, que él vino a esta Tierra a atender. Ha regresado al cielo, dejándonos a nosotros a cargo, y espera que velemos y esperemos por su venida. Seamos fieles a nuestro cometido para que cuando venga de repente no nos halle durmiendo” (TI 8:44).

“La gente necesita ser impresionada con la santidad de sus votos y pro­mesas para la causa de Dios. Tales promesas no se consideraban por lo general tan obligatorias como un pagaré entre hombres. Sin embargo, ¿es menos sagrada y obligatoria una promesa porque es hecha a Dios? Porque le faltan algunos términos técnicos y no tiene valor legal, ¿descuidará el cristiano la obligación ante la cual ha comprometido su palabra? Ningún documento legal o pagaré es más obligatorio que una promesa hecha a la causa de Dios”.–“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.156.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Entre muchas otras cosas, Jesús les dejó dos legados inmediatos a los discípulos: la expectativa de su pronto regreso y una misión mundial. ¿Cómo deberían impactar estos dos factores en nuestro sentido de misión y en el llamado a predicar el evangelio al mundo?
  2. Alguien dijo una vez: “Debemos estar listos como si Jesús viniera hoy, pero continuar trabajando [en la misión de la iglesia] como si él se tardara otros cien años en venir”. ¿Qué consejo sabio encontramos en esta opinión y cómo podemos aplicarlo a nuestro llamado en la vida?
  3. ¿Por qué la vida, la muerte, la resurrección y el retorno de Jesús deben ser el centro de todo lo que predicamos? O, visto de otro modo: ¿qué sentido tendría predicar sin estos acontecimientos?
  4. ¿Qué debería enseñarnos la historia de Ananías y Safira sobre nuestra dificultad para conocer el corazón de los demás, ya sea para bien o para mal?
  5. ¿Qué Gamalieles modernos conoces? O, quizá, ¿estás en condiciones de desempeñar ese papel en favor de los demás? En clase, compartan ejemplos de cuán bueno fue dar o recibir consejos sabios. ¿Qué lecciones podemos aprender de estos relatos?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2018

3 pensamientos en “LECCIÓN 3 – LA VIDA EN LA IGLESIA PRIMITIVA – PARA EL 21 DE JULIO DE 2018

  1. Hola hermano Toby,será que se puede descargar la Lección en formato pdf?porque yo no puedo,espero su respuesta,gracias

  2. Quise decir Tony* ✌🏻

  3. Que enriquesedora los comentarios de la leccion Dios los guies y le de sabuduria muy buen y mas aun la ultimas preguntas de la leccion que importante dar las respuestas que Dios quiere que hagamos

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