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Lección 09 – LA PRUEBA MÁS CONVINCENTE – Para el 1º de diciembre de 2018

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Le invitamos a que se una a este grupo y juntos sufraguemos los gastos que genera este gigantesco sitio. De antemano, muy agradecidos por su colaboración.

Estos son los diez países con el mas alto índice de lectores durante la semana pasada (lección 8) :

1-Estados Unidos

2-México

3-Perú

4-Colombia

5-Argentina

6-Venezuela

7-Chile

8-España

9-Ecuador

10-Guatemala


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Lección 09: Para el 1º de diciembre de 2018

LA PRUEBA MÁS CONVINCENTE

Sábado 24 de noviembre___________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 11:51, 52; Efesios 2:13-16; 2 Corintios 5:17-21; Efesios 4:25-5:2; Romanos 14:1-6; Hechos 1:14.

PARA MEMORIZAR:

“Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:51, 52).

La semana pasada estudiamos de qué modo la unidad se hace evidente a través de un mensaje común, centrado en Jesús como Salvador y en las verdades de la Escritura que se acentuarán en el tiempo del fin. Somos lo que somos por el mensaje que Dios nos ha dado y el llamado que tenemos para difundirlo al mundo.

Esta semana nos enfocamos en la unidad de la iglesia, en su expresión en la vida diaria de los cristianos y en su misión. De acuerdo con Jesús, la iglesia no solo proclama el mensaje de salvación y reconciliación de Dios, sino también la unidad de la iglesia es una expresión primordial de esa reconciliación. En un mundo rodeado de pecado, la iglesia se erige como un testimonio visible de la obra salvadora de Cristo. Sin la unidad y la solidaridad de la iglesia, el poder salvador de la Cruz difícilmente se manifestaría en este mundo. “La unidad con Cristo establece un vínculo de unidad mutua. Esa unidad es la prueba más convincente ante el mundo de la majestad y la virtud de Cristo, y de su poder para eliminar los pecados” (CBA 5:1.122).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El amor santificado es amplio, se difunde y no puede ser restringido por el hogar o la iglesia. Este amor quiere salvar a las almas que perecen. Cada corazón que ha sentido el amor del Salvador que perdona el pecado, halla afinidad con todo otro corazón cristiano. Los verdaderos creyentes se unirán entre ellos para trabajar por las almas que están a punto de perecer…

Cuando nuestras iglesias cumplan el deber que pesa sobre ellas, serán agencias vivas y activas para el Maestro. La manifestación del amor cristiano llenará el alma con un fervor profundo y más ferviente para trabajar en favor de Aquel que dio su vida para salvar al mundo. Siendo buenos y haciendo el bien los seguidores de Cristo expulsan el egoísmo del alma. A ellos, el sacrificio más costoso les parece demasiado barato para ofrendarlo. Ven una gran viña en la cual trabajar, y comprenden que deben prepararse por la gracia divina para laborar en forma paciente y dedicada, a tiempo y fuera de tiempo, en una esfera que no conoce límites. Obtienen victoria tras victoria, creciendo en experiencia y eficiencia, extendiendo en todas partes sus esfuerzos fervorosos por ganar almas para Cristo. Utilizan su experiencia creciente para lograr el máximo bien; tienen el corazón derretido por el amor de Cristo (El ministerio médico, p. 421).

Lo que profesamos es muy exaltado. Como adventistas observadores del sábado, profesamos obedecer todos los mandamientos de Dios y esperar la venida de nuestro Redentor. Un solemnísimo mensaje de amonestación ha sido confiado a los pocos fieles de Dios. Debemos demostrar por nuestras palabras y obras que reconocemos la gran responsabilidad que se nos ha impuesto. Nuestra luz debe resplandecer tan claramente que los demás puedan ver que glorificamos al Padre en nuestra vida diaria, que estamos en relación con el cielo y somos coherederos con Cristo Jesús, para que cuando él aparezca con poder y grande gloria seamos como él.

Todos debemos sentir nuestra responsabilidad individual como miembros de la iglesia visible y trabajadores en la viña del Señor. No debemos esperar que nuestros hermanos, que son tan frágiles como nosotros, nos ayuden; porque nuestro precioso Salvador nos ha invitado a unimos a él y a unir nuestra debilidad con su fortaleza, nuestra ignorancia con su sabiduría, nuestra indignidad con su mérito. Ninguno de nosotros puede tener una posición neutral; nuestra influencia se ejercerá en pro o en contra de Jesús. Somos agentes activos de Cristo, o del enemigo. O recogemos con Jesús, o dispersamos. La verdadera conversión es un cambio radical. La misma tendencia de la mente y la inclinación del corazón serán desviadas, y la vida llegará a ser nueva en Cristo.

Dios está conduciendo a un pueblo para que se coloque en perfecta unidad sobre la plataforma de la verdad eterna (Testimonios para la iglesia, tomo 4, pp. 20, 21).

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Lección 09 | Domingo 25 de noviembre____________________________________________

BAJO LA CRUZ DE JESÚS

Al igual que muchas otras bendiciones espirituales que Dios le da a su pueblo, la unidad de la iglesia también es un regalo de Dios. La unidad no es una creación humana ni el resultado de nuestros esfuerzos, buenas obras e intenciones. Fundamentalmente, Jesucristo crea esa unidad a través de su muerte y su resurrección. Al apropiarnos por fe de su muerte y su resurrección a través del bautismo y el perdón de nuestros pecados, al unirnos en comunión fraternal, y al difundir el mensaje de los tres ángeles al mundo, tenemos comunión con él en unidad unos con otros.

Lee Juan 11:51 y 52; y Efesios 1:7 al 10. ¿Qué acontecimiento de la vida de Jesús es el fundamento de la unidad entre nosotros como adventistas del séptimo día?

Juan 11:51-52

51 Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; 52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Efesios 1:7-10

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

“Esto no lo dijo [Caifás] por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:51, 52). Qué extraño que Dios haya utilizado a Caifás para explicar el significado de la muerte de Jesús, a pesar de que no sabía lo que estaba haciendo al condenar a Jesús a la muerte. El sacerdote tampoco tenía idea de cuán profunda era su declaración. Caifás pensó que solo estaba haciendo una declaración política. Sin embargo, Juan usó sus palabras para revelar una verdad fundamental acerca de lo que significaba la muerte sustitutiva de Jesús para todos los fieles de Dios, que un día serían congregados “en uno”.

Más allá de lo que creamos como adventistas del séptimo día, y más allá del mensaje que solo nosotros proclamamos, el fundamento de nuestra unidad se da en nuestra aceptación común de la muerte de Cristo en nuestro favor.

Y, además, también experimentamos esta unidad en Cristo a través del bautismo. “Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gál. 3:26, 27). El bautismo es otro vínculo que los adventistas comúnmente compartimos, ya que simboliza nuestra fe en Cristo. Tenemos un Padre en común; por lo tanto, todos somos hijos e hijas de Dios. Y tenemos un Salvador común en cuya muerte y resurrección somos bautizados (Rom. 6:3, 4).

Independientemente de las diferencias culturales, sociales, étnicas y políticas que haya entre nosotros como adventistas del séptimo día, ¿por qué nuestra fe común en Jesús trasciende todas esas divisiones?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Esta semana, no tendremos comentario, ya que sería redundar en la lección misma, y eso siempre lo evitamos hacer.

La próxima lección, si tendremos comentario y además estaremos contestando la pregunta del trimestre pasado y posiblemente la pregunta del año: ¿Es Juan Marcos, el mismo Juan -el discípulo amado-?

En la lección del trimestre pasado, yo comenté que Juan Marcos era el mismo Juan conocido como el discípulo amado y parece que el 99.99% cree lo contrario, la mayoría creen que Juan Marcos es una persona totalmente ajena a Juan el discípulo amado.

Por el momento, les invitamos a estudiar la lección de esta semana, que creemos que la lección mas la aportación del espíritu de profecía, se entiende muy bien el mensaje que “unidad” que se nos quiere dar.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

“Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:50-52).

Estas palabras fueron pronunciadas por uno que no conocía su significado. Había perdido el sentido de lo sagrado de los sacrificios y las ofrendas. Pero sus palabras significaban más de lo que sabían él o los que estaban relacionados con él. Con ellas dio testimonio de que había llegado el tiempo para que cesara para siempre el sacerdocio aarónico. Estaba condenando a Aquel que había sido simbolizado en cada sacrificio ofrecido, el Único con cuya muerte terminaría la necesidad de los símbolos y las sombras. Estaba declarando, sin saberlo, que Cristo estaba por cumplir aquello para lo cual había sido instituido el sistema de sacrificios y ofrendas (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1111).

No es suficiente creer acerca de Cristo; debemos creer en él. La única fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que nos pone en posesión de sus méritos. Muchos estiman que la fe es una opinión. La fe salvadora es una transacción por la cual los que reciben a Cristo se unen con Dios mediante un pacto. La fe genuina es vida. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza implícita por la cual el alma llega a ser una potencia vencedora (La maravillosa gracia de Dios, p. 140).

En el acto de someterse a la ordenanza del bautismo Cristo le muestra al pecador uno de los pasos importantes de la conversión verdadera. Cristo no tenía ningún pecado que lavar, pero al aceptar la responsabilidad de transformarse en el sustituto del hombre, los pecados de los seres humanos culpables le fueron imputados…

Todos los que viven tienen pecados que lavar… El verdadero arrepentimiento por el pecado, la fe en los méritos de Jesucristo, y el bautismo en su muerte, para ser levantados del agua y vivir una vida nueva, son los primeros pasos en el nuevo nacimiento que Cristo le dijo a Nicodemo que debía experimentar para ser salvo. Las palabras que Cristo le dirigió a Nicodemo no fueron únicamente para él, sino para todo hombre, mujer y niño que habría de vivir en el mundo… Al seguir el ejemplo de Cristo estamos seguros (Exaltad a Jesús, p. 73).

La gracia de Dios llega al alma por el canal de la fe viva, que está en nuestro poder ejercitar.

La fe verdadera demanda la bendición prometida y se aterra a ella antes de saberla realizada y de sentirla. Debemos elevar nuestras peticiones al lugar santísimo con una fe que dé por recibidos los prometidos beneficios y los considere ya suyos. Hemos de creer, pues, que recibiremos la bendición, porque nuestra fe ya se apropió de ella, y, según la Palabra, es nuestra. “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. Marcos 11:24. Esto es fe sincera y pura: creer que recibiremos la bendición aun antes de recibirla en realidad (Primeros escritos, p. 72).

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Lunes 26 de noviembre | Lección 09_______________________________________________

EL MINISTERIO DE LA RECONCILIACIÓN

Sin lugar a dudas, nuestro mundo se caracteriza por su desorden, sus problemas, guerras y conflictos. Todos estos factores afectan nuestra vida en los ámbitos personal, comunitario y nacional. A veces parece que toda nuestra vida está en conflicto. Pero la desunión y el desorden no prevalecerán para siempre. Dios tiene la misión de lograr la unidad cósmica. Si bien el pecado causó discordia, el plan eterno de Dios para la reconciliación trae paz y plenitud.

En Efesios 2:13 al 16, Pablo presenta los principios que muestran cómo Cristo actuó para brindar paz entre los creyentes: mediante su muerte en la Cruz, Jesús, de judíos y gentiles hizo un solo pueblo y derribó las barreras étnicas y religiosas que los separaban. Si Cristo pudo hacer esto con judíos y gentiles en el siglo I, ¿hasta qué punto puede derribar las barreras y los muros raciales, étnicos y culturales que dividen a la gente dentro de nuestra propia iglesia en la actualidad?

Y, partiendo de aquí, podemos llegar al mundo.

En 2 Corintios 5:17 al 21, Pablo declara que en Cristo somos una nueva creación, reconciliados con Dios. ¿Cuál es entonces nuestro ministerio en este mundo? ¿Qué diferencias podríamos marcar en nuestra comunidad como una organización eclesiástica unida?

2 Corintios 5:17-21

17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Como la nueva creación de Dios, los creyentes reciben un ministerio fundamental, un triple ministerio de reconciliación:

1) Nuestra iglesia está compuesta por creyentes que alguna vez estuvieron alejados de Dios pero que, mediante la gracia salvífica del sacrificio de Cristo, ahora el Espíritu Santo los ha unido a Dios. Somos el remanente, llamados a proclamar el mensaje del tiempo del fin al mundo. Nuestro ministerio es invitar a quienes todavía están distanciados de Dios a reconciliarse con él y a unirse a nosotros en nuestra misión.

2) La iglesia es también el pueblo de Dios reconciliado entre sí. Estar unidos a Cristo significa que estamos unidos unos con otros. Esto no es solo un ideal elevado; debe ser una realidad visible. La reconciliación mutua, la paz y la armonía entre hermanos son un testimonio para el mundo de que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35).

3) A través de este ministerio de reconciliación, la iglesia le dice al universo que el plan de redención de Dios es real y poderoso. El Gran Conflicto tiene que ver con Dios y su carácter. En la medida en que la iglesia cultive la unidad y la reconciliación, el universo verá la obra de la sabiduría eterna de Dios (ver Efe. 3:8-11).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El tiempo en que vivimos es una época de emociones intensas. La ambición y la guerra, el placer y la obtención de dinero absorben la mente de la gente. Satanás ve que le queda poco tiempo, de modo que ha puesto a todos sus agentes a trabajar, a fin de que la gente pueda set- engañada, entrampada, inducida a mantenerse ocupada y embelesada: hasta que concluya el tiempo de gracia y la puerta de la misericordia se cierre para siempre. Es nuestra tarea llevar al mundo entero a toda nación, tribu, lengua y pueblo— la verdad salvadora del mensaje del tercer ángel (Testimonios para la iglesia, tomo 6. p. 39).

Necesitamos la iluminación divina. Todo individuo está luchando para llegar a ser un centro de influencia, y hasta que Dios no trabaje por su pueblo no verán que la subordinación a él es la única seguridad para toda alma. Su gracia transformadora en los corazones humanos conducirá a la unidad, una unidad que todavía no ha sido lograda, pues todos los que son asimilados por Cristo estarán en armonía los unos con los otros. El Espíritu Santo creará unidad…

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación… y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo”. Efesios 2:14-16.

Cristo es el vínculo de unión en la cadena de oro que une a los creyentes y los mantiene en unidad con Dios. No debe haber separación en este gran tiempo de prueba. El pueblo de Dios está constituido por “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor” (versículos 19-21). Los hijos de Dios constituyen una sola unidad en Cristo, quien presenta su cruz como el centro de atracción. Todos los que creen son uno en él (Mensajes selectos, tomo 3, pp. 21, 22).

Insto a nuestros hermanos a dejar de criticar y de hablar mal, y a acudir a Dios en ferviente oración, pidiéndole que ayude a los que se equivocan. Únanse unos con otros y con Cristo. Estudien el capítulo diecisiete de Juan, y aprendan cómo orar y cómo vivir la oración de Cristo. Él es el Consolador. Él morará en sus corazones, haciendo que su gozo sea cumplido. Sus palabras serán para ellos como el Pan de Vida, y con la fuerza así obtenida serán capacitados para desarrollar caracteres que serán una honra para Dios. Un perfecto compañerismo cristiano existirá entre ellos. Se verá en sus vidas el fruto que siempre aparece como resultado de la obediencia a la verdad…

Ha de haber menos charla acerca de pequeñas diferencias, y un estudio más diligente de lo que la oración de Cristo significa para quienes creen en su nombre. Hemos de orar por la unión, y entonces vivir de tal manera que Dios pueda responder nuestras oraciones…

La completa unión con Cristo y unos con otros es absolutamente necesaria para la perfección de los creyentes. La presencia de Cristo por la fe en los corazones de los creyentes es su poder, su vida. Produce unión con Cristo. “Tú en mí”. La unión con Dios por medio de Cristo hace perfecta a la iglesia (Reflejemos a Jesús, p. 192).

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Lección 09 | Martes 27 de noviembre______________________________________________

LA UNIDAD PRÁCTICA

En 1902, Elena de White escribió: “Cada cristiano debería ser lo que Cristo fue en su vida en esta Tierra. Él es nuestro Ejemplo, no solamente en su pureza inmaculada, sino también en su paciencia, cortesía y disposición amigable” (ELC 183). Estas palabras nos recuerdan la apelación de Pablo a los Filipenses: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:5).

Lee Efesios 4:25 a 5:2; y Colosenses 3:1 al 17. Luego responde estas dos preguntas: ¿En qué aspectos de nuestra vida en particular se nos invita a mostrar nuestra lealtad a Jesús? ¿Cómo deberíamos ser testigos del evangelio de Jesús en nuestra vida pública?

Efesios 4:25 a 5:2

25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. 26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27 ni deis lugar al diablo. 28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. 29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

1 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

Colosenses 3:1-17

1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, 10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. 12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. 15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. 17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Hay muchos otros pasajes de las Escrituras que invitan a los cristianos a seguir el ejemplo de Jesús y a ser testimonios vivos de la gracia de Dios para otros. También estamos invitados a buscar el bienestar de los demás (Mat. 7:12), a sobrellevar sus cargas (Gál. 6:2), a llevar una vida sencilla y enfocada en la espiritualidad interior en lugar de la exhibición externa (Mat. 16:24-26; 1 Ped. 3:3, 4) y a adoptar un estilo de vida saludable (1 Cor. 10:31).

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Ped. 2:11, 12). ¿Con cuánta frecuencia subestimamos el impacto del carácter cristiano en quienes nos observan? La paciencia que se manifiesta en momentos de enfado, una vida disciplinada en medio de la tensión y los conflictos, un espíritu gentil en respuesta a la impaciencia y las palabras duras son marcas del espíritu de Jesús que estamos invitados a emular.

Como adventistas del séptimo día que damos testimonio en un mundo que malinterpreta el carácter de Dios, somos un poder para hacer el bien y para la gloria de Dios. Como representantes de Cristo, los creyentes deben sobresalir no solo por su rectitud moral, sino también por su interés práctico en el bienestar de los demás. Si nuestra experiencia religiosa es auténtica, se revelará y causará un impacto en el mundo. De hecho, un conjunto unificado de creyentes que revele el carácter de Cristo al mundo será un testimonio poderoso.

¿Qué clase de testimonio les ofreces a los demás? ¿Qué encontrarían en tu vida que les inculque el deseo de seguir a Jesús?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El amor hacia las almas por las cuales Cristo murió significa crucificar al yo. El que es hijo de Dios debe desde entonces considerarse como eslabón de la cadena arrojada para salvar al mundo. Es uno con Cristo en su plan de misericordia y sale con él a buscar y salvar a los perdidos. El cristiano ha de comprender siempre que se ha consagrado a Dios y que en su carácter ha de revelar a Cristo al mundo. La abnegación, la simpatía y el amor manifestados en la vida de Cristo han de volver a aparecer en la vida del que trabaja para Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 386).

A fin de ser sabios, los que quieran tener la sabiduría de Dios deben llegar a parecer insensatos con respecto al conocimiento pecaminoso de esta época. Deben cerrar los ojos para no ver ni aprender el mal. Deben taparse los oídos, para no percibir lo malo ni obtener un conocimiento que mancillaría la pureza de sus pensamientos y actos. Y deben guardar su lengua para no expresar comunicaciones corruptas y para que no se halle engaño en su boca (El hogar cristiano, p. 367).

El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el reino de los cielos demasiado poco…

Él [Jesús] es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del cielo. A cada paso sentimos su poder viviente.

Dios no fija límites al avance de aquellos que desean ser “llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia”. Por la oración, la vigilancia y el desarrollo en el conocimiento y comprensión, son “corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria”. Así son preparados para trabajar en favor de los demás. Es el propósito del Salvador que los seres humanos, purificados y santificados, sean sus ayudadores (Los hechos de los apóstoles, p. 381).

[Deben] presentar la verdad con corazones rebosantes de ternura. Traten con la misma ternura de Cristo a todos los que yerran. Si las personas por quienes trabajáis no comprenden la verdad inmediatamente, no las censuréis, no las critiquéis ni las condenéis. Recordad que debéis mostrar a Cristo en su humildad, en su bondad y en su amor…

No tengamos la impresión que debemos soportar gravosas pruebas y severos conflictos en nuestro esfuerzo por exponer una verdad impopular. Pensemos en Jesús y en los sufrimientos que debió soportar por nosotros en silencio. Aun cuando nos insulten y acusen falsamente, no nos quejemos por eso ni pronunciemos palabras de reproche ni expresiones displicentes; no penséis en criticar ni manifestéis actitudes de descontento. Actuad rectamente, “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”. 1 Pedro 2:12 (Testimonios para la iglesia, tomo 6, p. 125).

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Miércoles 28 de noviembre | Lección 09___________________________________________

UNIDAD EN MEDIO DE LA DIVERSIDAD

En Romanos 14 y 15, el apóstol Pablo aborda cuestiones que estaban dividiendo profundamente a la iglesia de Roma. Su respuesta a estos problemas fue invitar a los romanos a mostrar tolerancia y paciencia mutua, y a no dividir a la iglesia por estos problemas. ¿Qué podemos aprender de sus consejos?

Lee Romanos 14:1 al 6. ¿Qué problemas de conciencia hacían que los miembros de la iglesia de Roma emitieran juicios y que no hubiera comunión entre ellos?

Romanos 14:1-6

1 Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.

Es muy probable que estos asuntos tuvieran que ver con la impureza ceremonial judía. Según Pablo, estas eran “discu[siones] acerca de lo que ellos consideran bueno o malo” (Rom. 14:1, NTV), indicando que no eran asuntos relacionados con la salvación, sino cuestiones de opinión que cada uno debería decidir a conciencia (ver Rom. 14:5).

Estas disputas primeramente surgieron por el tipo de comida que consumían. El problema que Pablo abordaba aquí no era por comer animales prohibidos en Levítico 11. No hay evidencias de que los primeros cristianos comenzaran a comer cerdo u otros animales inmundos durante la época de Pablo, y sabemos que Pedro no comía ningún alimento de ese tipo (ver Hech. 10:14). Además, el hecho de que los débiles solo comieran legumbres (Rom. 14:2) y que la discusión también incluyera las bebidas (Rom. 14:17, 21) indica que la preocupación se centraba en la impureza ceremonial. Esto es más evidente por la palabra inmundo (koinos), utilizada en Romanos 14:14. Esa palabra se usa en la antigua traducción griega del Antiguo Testamento para referirse a animales impuros, no a los animales inmundos de Levítico 11. Al parecer, algunos de la comunidad romana no participaban de las comidas con la hermandad porque no estaban seguros de que la comida estuviese adecuadamente preparada o de que no hubiera sido sacrificada a los ídolos.

Lo mismo ocurre con la observancia de algunos días. No se refiere a la observancia semanal del sábado, ya que Pablo lo guardaba regularmente (Hech. 13:14; 16:13; 17:2). Es probable que se refiera a los diferentes días festivos o de ayuno judíos. Pablo quería instar a los que eran sinceros y escrupulosos a que fueran tolerantes en la observancia de estos rituales, y que no los consideraran un medio de salvación. La unidad entre los cristianos se manifiesta en la paciencia y en la tolerancia cuando no siempre concordamos en ciertos temas, especialmente cuando no son esenciales para nuestra fe.

En clase, haz esta pregunta: ¿Hay algo que creemos y practicamos como adventistas del séptimo día, pero que no necesitamos creer ni profesar?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor no ha puesto sobre los hombres la preocupación de revivir los errores de los vivos o de los muertos. Él quiere que sus obreros presenten la verdad para este tiempo. No habléis de los errores de vuestros hermanos que viven; guardad silencio acerca de los errores de los muertos. Dejad que sus errores permanezcan donde Dios los ha puesto: arrojados en la profundidad del mar. Cuanto menos digan los que creen la verdad presente en cuanto a los pasados errores de los siervos de Dios, mejor será para sus propias almas y para las de aquellos a quienes Cristo compró con su propia sangre (Mensajes selectos, tomo 3, p. 396).

En la dádiva de su Hijo para nuestra redención. Dios demostró cuánto valor atribuye a toda alma humana, y a nadie autoriza para hablar desdeñosamente de su semejante. Veremos defectos y debilidades en los que nos rodean, pero Dios reclama cada alma como su propiedad, por derecho de creación, y dos veces suya por haberla comprado con la sangre preciosa de Cristo. Todos fueron creados a su imagen, y debemos tratar aun a los más degradados con respeto y ternura. Dios nos hará responsables hasta de una sola palabra despectiva hacia un alma por la cual Cristo dio su vida (El discurso maestro de Jesucristo, p. 51).

Las cosas pequeñas prueban el carácter. Es ante los modestos actos diarios de abnegación, realizados con alegría y bondad, que Dios sonríe complacido. No debiéramos vivir para nosotros, sino para otros. Debiéramos ser una bendición al olvidamos de nosotros mismos y ser atentos con los demás. Debiéramos albergar amor, tolerancia y fortaleza (Testimonios para la iglesia, t.2, p. 571).

Aquellos que realmente [aman] la verdad por causa de la verdad deberían [proseguir] su curso de acción teniendo en mente la gloria de Dios y permitido que la luz de la verdad brillara ante todos…

[La ira de Satanás] se encendería… contra aquellos que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús. Pero esto no debería haber impacientado o desanimado a los creyentes fieles. Estas cosas tendrían… [una influencia] para que el verdadero creyente fuera más precavido, vigilante y devoto; más tierno, compasivo y amante… Como Cristo ha soportado, y continúa soportando nuestros errores, nuestra ingratitud y nuestro amor inadecuado, del mismo modo nosotros deberíamos soportar a los que prueban nuestra paciencia. ¿Los seguidores del Jesús desinteresado y abnegado serán diferentes de su Señor? Los cristianos debieran tener corazones bondadosos y pacientes (Testimonios para la iglesia, tomo 3, p. 125).

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Lección 09 | Jueves 29 de noviembre______________________________________________

LA UNIDAD EN LA MISIÓN

Compara el estado de ánimo de los discípulos durante la Cena del Señor, en Lucas 22:24, con el que tenían poco antes de la experiencia del Pentecostés, en Hechos 1:14, y 2:1 y 46. ¿Qué marcó la diferencia en su vida?

Lucas 22:24

24 Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor.

Hechos 1:14

14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Hechos 2:1

1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

Hechos 2:46

46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 

En Hechos 1:14 y 2:46, la palabra “unánimes” también significa “en un mismo espíritu” (NVI). Esto ocurrió como resultado de estar juntos en un mismo lugar, orando fervientemente por el cumplimiento de la promesa de Jesús de enviarles al Consolador.

Mientras esperaban, les hubiera resultado fácil comenzar a criticarse mutuamente. Algunos podrían haber señalado la negación de Pedro (Juan 18:15-18, 25-27) y las dudas de Tomás sobre la resurrección de Jesús (20:25). Podrían haber recordado el pedido de Jacobo y Juan para recibir los puestos más poderosos en el reino de Jesús (Mar. 10:35-41), o que Mateo era un despreciado ex recaudador de impuestos (Mat. 9:9).

Sin embargo, “estos días de preparación fueron días de profundo escudriñamiento del corazón. Los discípulos sentían su necesidad espiritual, y clamaban al Señor por la santa unción que los había de hacer idóneos para la obra de salvar almas. No pedían una bendición simplemente para sí. Estaban abrumados por la preocupación de salvar almas. Comprendían que el evangelio había de proclamarse al mundo, y demandaban el poder que Cristo había prometido” (HAp 30).

La comunión entre los discípulos y la intensidad de sus oraciones los prepararon para esta experiencia trascendental del Pentecostés. A medida que se acercaban a Dios y dejaban de lado sus diferencias personales, el Espíritu Santo preparó a los discípulos para llegar a ser testigos valientes y audaces de la resurrección de Jesús. Sabían que Jesús había perdonado sus tantas deficiencias, y esto les dio coraje para seguir adelante. Sabían lo que Jesús había hecho por ellos en su vida. Sabían que la promesa de la salvación se encontraba en él, y así “la ambición de los creyentes era revelar la semejanza del carácter de Cristo, y trabajar para el engrandecimiento de su reino” (HAp 39). No es de extrañar que el Señor haya podido hacer cosas poderosas a través de ellos. ¡Qué lección para nosotros como iglesia hoy!

Siempre es muy fácil encontrar cosas equivocadas en la vida de los demás. ¿Cómo podemos aprender a dejar de lado los errores de los demás, en beneficio de la causa mayor de hacer la voluntad de Dios en una iglesia unida?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Entre el pueblo de Dios debería haber, en este tiempo, frecuentes períodos de oración sincera y ferviente. La mente debería estar continuamente en actitud de oración. En la casa y en la iglesia, ofrézcanse fervientes oraciones en favor de los que se han dado a sí mismos a la predicación de la Palabra. Oren los creyentes como lo hacían los discípulos después de la ascensión de Cristo.

Una cadena de fervorosos creyentes en oración debería circundar el mundo. Oren todos en humildad. Un grupo de vecinos puede reunirse para orar por el Espíritu Santo. Los que no pueden dejar su hogar reúnan a sus hijos para aprender a orar juntos…

Nada es más necesario en la obra que los resultados prácticos de la comunión con Dios. Deberíamos celebrar convocaciones para la oración, pidiendo al Señor que abra el camino para que la verdad entre en las plazas fuertes donde Satanás ha instalado su trono, y disipe la sombra que ha echado sobre el camino de aquellos que está tratando de engañar y destruir. Tenemos la seguridad: “La oración eficaz del justo puede mucho”. Santiago 5:16 (En los lugares celestiales, p. 95).

Hay necesidad de oración, de oración muy ferviente, sincera, como en agonía, de oración como la que ofreció David cuando exclamó: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”… “Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo” (Salmos 119:20). Tal es el espíritu de la oración que lucha, como el que poseía el real salmista…

De Cristo se dice: “Estando en agonía oraba más intensamente” (Lucas 22:44). ¡Qué contraste presentan con esta intercesión de la Majestad celestial las débiles y tibias oraciones que se ofrecen a Dios! Muchos se conforman con el servicio de los labios, y pocos tienen un anhelo sincero, ferviente y afectuoso por Dios…

La verdadera oración requiere las energías del alma y afecta la vida. El que presenta así sus necesidades delante de Dios, siente el vacío de todo lo demás bajo el cielo…

La religión debe empezar vaciando y purificando el corazón, y debe ser nutrida por la oración diaria (Testimonios para la iglesia, tomo 4. pp. 525, 526).

Debe levantarse la iglesia para la acción. El Espíritu de Dios nunca podrá venir hasta que ella le prepare el camino. Debe haber un ferviente escudriñamiento de corazón. Debe haber oración unida y perseverante y, mediante la fe, una demanda de las promesas de Dios. No debemos vestimos con cilicios como en la antigüedad, sino debe haber una profunda humillación del alma. No tenemos el menor motivo para felicitamos a nosotros mismos ni exaltarnos. Debiéramos humillarnos bajo la poderosa mano de Dios. El vendrá para consolar y bendecir a los que lo buscan de verdad.

La obra está delante de nosotros. ¿Nos ocuparemos de ella? Debemos trabajar rápidamente, debemos avanzar continuamente. No tenemos tiempo que perder, no tenemos tiempo para ocuparnos en propósitos egoístas. Ha de ser amonestado el mundo. ¿Qué estamos haciendo individualmente para llevar la luz ante otros? Dios ha dejado su obra para cada hombre; cada uno tiene una parte que hacer, y no podemos descuidar esa obra, a menos que pongamos en peligro nuestras almas (Mensajes selectos, t. 1, p. 147).

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Viernes 30 de noviembre | Lección 09_____________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee “Unidad en la diversidad”, en El evangelismo, pp. 98-103.

La siguiente cita ayuda a revelar cómo la iglesia primitiva, unida en Cristo, fue capaz de conservar la unidad a pesar de las diferencias entre ellos, y así ser un poderoso testimonio para el mundo. “Dentro de la iglesia, las Escrituras ilustran de qué manera el Espíritu Santo guio a la iglesia primitiva en su proceso de toma de decisiones. Lo hace en al menos tres formas estrechamente interconectadas: las revelaciones (por ejemplo, el Espíritu le dijo a la gente qué hacer: Cornelio, Ananías, Felipe; y quizás el echar suertes), las Escrituras (la iglesia arribó a una conclusión en la que utilizó las Escrituras) y el consenso (el Espíritu obró desde el interior de la comunidad, de forma casi imperceptible, creando un consenso a través del diálogo y el estudio; finalmente, la iglesia se dio cuenta de que el Espíritu estaba obrando dentro de ella). Parece que cuando la iglesia enfrentó conflictos culturales, doctrinales y teológicos en la comunidad de creyentes, el Espíritu Santo obró mediante el consenso en el proceso de toma de decisiones. En este proceso, vemos el papel activo de la comunidad de creyentes, no solo de sus dirigentes, y la importancia de la oración para el discernimiento. La conducción del Espíritu Santo se percibe a través de la interpretación de la Palabra de Dios por parte de la comunidad, la experiencia de la comunidad y sus necesidades, y a través de la experiencia de sus dirigentes en su servicio. Se tomaron distintas decisiones eclesiásticas mediante un proceso guiado por el Espíritu Santo en el que las Escrituras, la oración y la experiencia fueron elementos de reflexión teológica” (D. Fortin, “The Holy Spirit and the Church”, pp. 321, 322).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En clase, repasen las respuestas a la pregunta del miércoles sobre cómo decidimos cuáles enseñanzas y prácticas son esenciales para nosotros como adventistas del séptimo día y cuáles no.
  2. ¿Cómo debemos relacionarnos con los cristianos de otras confesiones que, al igual que nosotros, creen en la muerte y la resurrección de Jesús?

Resumen: La prueba más convincente de la unidad es que los hermanos se amen como Jesús los amó. El perdón de nuestros pecados y la salvación que compartimos como adventistas son los mejores vínculos de nuestra comunión. En Cristo, podemos mostrarle al mundo nuestra unidad y testimonio de nuestra fe común. No se espera menos de nosotros.

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Un pensamiento en “Lección 09 – LA PRUEBA MÁS CONVINCENTE – Para el 1º de diciembre de 2018

  1. DIOS LOS BENDIGA A LOS HERMANIS A CARGO DE REALIZAR ESTAA LECCIONES UN FUERTE ABRAZO

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