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Lección 6 – EL PUEBLO DE DIOS ES SELLADO – Para el 9 de febrero de 2019

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Lección 6: Para el 9 de febrero de 2019

EL PUEBLO DE DIOS ES SELLADO

Sábado 2 de febrero______________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Apocalipsis 7; 2 Pedro 3:9-14; Deuteronomio 8:11-17; Apocalipsis 14:4, 5, 12; 17:5; Romanos 3:19-23.

PARA MEMORIZAR:

“Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:14).

El mensaje de la apertura de los siete sellos muestra que toda persona que dice creer en Cristo se enfrenta a las bendiciones de la fidelidad o a maldiciones por infidelidad. Los primeros cuatro sellos describen los medios disciplinarios de Dios para despertar a su pueblo de su letargo espiritual y darle la victoria. Sin embargo, el pueblo de Dios también sufre injusticias y opresión en un mundo hostil al evangelio. En la apertura del sexto sello, Dios está preparado para ocuparse de quienes dañaron a su pueblo.

El capítulo 7 es un interludio que se inserta parentéticamente entre el sexto y el séptimo sellos. El sexto sello nos lleva a la segunda venida de Cristo. Cuando los impíos enfrentan el Juicio, Apocalipsis 7 responde la pregunta acerca de quiénes estarán de pie en el día de la venida de Cristo: los que han sido sellados, los 144.000.

Sus otras características se dan en Apocalipsis 14:1 al 5. El interludio inserto entre la sexta y la séptima trompetas (Apoc. 10:1-11:14), que comienza con el Segundo Gran Despertar y el nacimiento del Movimiento Adventista, coincide con el mismo período de las primeras escenas del capítulo 7, y se centra en la experiencia y la tarea del pueblo de Dios en el tiempo del fin.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos deben luchar virilmente las batallas del Señor para que su nombre aparezca en el libro de la vida del Cordero. Laborarán ardientemente para discernir y rechazar las tentaciones y todo mal. Sentirán que el ojo de Jehová está sobre ellos y que se exige estricta fidelidad. Como fieles centinelas mantendrán barricadas en el sendero para que Satanás no pase trajeado como un ángel de luz a fin de hacer su obra de muerte en medio de ellos…

Los seres vestidos de blanco que rodeen el trono de Dios no serán los que aman los placeres más que a Dios, y que prefieren ir a favor de la corriente antes que hacer frente al oleaje de la oposición. Todos los que permanezcan puros y no se contaminen con el espíritu y las tendencias prevalecientes en esta época, tendrán que afrontar rudos conflictos. Pasarán tremendas tribulaciones; lavarán las vestiduras de su carácter y las emblanquecerán en la sangre del Cordero. Estos cantarán el canto de triunfo en el reino de la gloria (Mi vida hoy, p. 331).

Deberíamos vivir para el mundo venidero. Es tan desagradable vivir una vida al azar y sin un blanco definido. Queremos tener un objeto en la vida —vivir para un propósito. Dios nos ayude a todos a ser abnegados, menos preocupados de nosotros mismos, más olvidadizos del yo y de los intereses egoístas; y para hacer el bien, no por el honor que esperamos recibir aquí, sino porque ése es el objeto de nuestra vida y dará una respuesta al fin de nuestra existencia. Que nuestra oración diaria se eleve hacia Dios para que nos prive de nuestro egoísmo…

Estad ansiosos y deseosos de crecer en la gracia, buscando una comprensión más clara e inteligente de la voluntad de Dios respecto de vosotros, esforzándoos fervientemente para alcanzar la meta del premio que está delante de vosotros. Únicamente la perfección cristiana obtendrá el ropaje inmaculado del carácter que os capacitará para permanecer ante el trono de Dios entre la hueste lavada por la sangre, llevando la palma de la victoria duradera y el triunfo eterno (Nuestra elevada vocación, p. 244).

En comparación con los millones del mundo, los hijos de Dios serán, como siempre lo fueron, un rebaño pequeño; pero si permanecen de parte de la verdad como está revelada en su Palabra, Dios será su refugio. Están bajo el amplio escudo de la Omnipotencia. Dios constituye siempre una mayoría…

Los verdaderos discípulos de Cristo le siguen a través de duros conflictos, siendo abnegados y experimentando amargos desengaños; pero eso les muestra la culpabilidad y la miseria del pecado y son inducidos a mirarlo con aborrecimiento. Participantes en los sufrimientos de Cristo, son destinados a ser participantes de su gloria (Los hechos de los apóstoles, p. 471).

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Domingo 3 de febrero | Lección 6________________________________________

CONTENCIÓN DE LOS VIENTOS

Lee Apocalipsis 7:1 al 3; y 2 Pedro 3:9 al 14. ¿Qué ve Juan? ¿Cuánto tiempo se supone que los ángeles frenarán los vientos? ¿Qué pasará cuando el sellamiento haya concluido?

Apocalipsis 7:1-3

1 Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

2 Pedro 3:9-14

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, !!cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. 14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

En el Antiguo Testamento, los vientos representan las fuerzas destructoras con las que Dios ejecuta juicios sobre los impíos (Jer. 23:19, 20; Dan. 7:2). “Cuando los ángeles de Dios dejen ya de contener los feroces vientos de las pasiones humanas, todos los elementos de contención se soltarán” (CS 600). Estas fuerzas destructoras son refrenadas por intervención divina, mientras tenga lugar el sellamiento del pueblo de Dios.

En la antigüedad, el significado principal del sellamiento era la propiedad. El significado del sellamiento simbólico en el Nuevo Testamento es que “conoce el Señor a los que son suyos” (2 Tim. 2:19). Dios reconoce a su pueblo y lo sella con el Espíritu Santo (Efe. 1:13, 14; 4:30). En el tiempo del fin, el sello en la frente lo recibe el fiel pueblo de Dios, que guarda sus mandamientos (Apoc. 14:1, 12). No es una marca visible que se coloca en la frente, sino, como dice Elena de White, significa “un afianzamiento en la verdad, tanto intelectual como espiritualmente, de modo que los sellados [el pueblo de Dios] son inconmovibles” (EUD 223). En contraste, quienes finalmente apoyen a la bestia reciben la marca de la bestia (Apoc. 13:16, 17).

La fidelidad del pueblo sellado de Dios ha sido probada en cada generación. Sin embargo, la prueba de la fidelidad en la crisis final será la observancia de los mandamientos de Dios (ver Apoc. 12:17; 14:12). Específicamente, el cuarto Mandamiento llegará a ser la prueba de la obediencia a Dios (Apoc. 14:7). Así como el sábado ha sido la señal del pueblo de Dios en los tiempos bíblicos (Eze. 20:12, 20; Heb. 4:9, 10), así también será la señal de lealtad a Dios en la crisis final.

En el tiempo del fin, el sello funciona también como una señal de protección de las fuerzas destructoras de las siete últimas plagas (ver Eze. 9:1-11, para el contexto del simbolismo de Apoc. 7:1-3). Por lo tanto, la pregunta planteada en Apocalipsis 6:17 recibe la respuesta definitiva: los que son protegidos en el día de la ira de Dios son el pueblo sellado de Dios.

Pablo nos advierte que no entristezcamos al Espíritu Santo, que nos selló (Efe. 4:30). ¿Qué significa eso? ¿Cómo agraviamos al Espíritu Santo? Una vez que tengas la respuesta, ¿qué decisiones puedes tomar que te ayuden a no entristecerlo?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN PARA TODA LA SEMANA

1 Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. (Apocalipsis 7)

El capítulo siete del Apocalipsis es un paréntesis entre los capítulos seis y ocho; es decir, la temática numérica de la lectura nos ordena que al terminar el capítulo seis, automáticamente sigamos leyendo el capítulo 8.  El capítulo seis termina con la apertura del sexto sello y el capítulo ocho continúa con la apertura del séptimo sello.

Entonces nos preguntamos: ¿Por qué está intercalada la narración del capítulo siete, entre la finalización del sexto sello y el comienzo del séptimo sello?

La respuesta es porque la lectura del sexto sello termina haciendo una pregunta y un reto al hombre: ¿y quién podrá sostenerse en pie?

Ante el formidable segundo terremoto de la tierra, provocado por la segunda venida de Cristo, donde lo que era dejará de ser, y lo que no era será, el cielo hace una clara pregunta: ¿y quién podrá mantenerse en pie?

El capítulo siete contesta la pregunta del sexto sello, antes de proceder al capítulo ocho, que es la apertura y el descubrimiento del séptimo sello.

¿Y quién podrá mantenerse en pie?

La respuesta es: los 144,000 sellados.

“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.” (Apocalipsis 7)

Los cuatro ángulos, esquinas o confines de la tierra, era una expresión muy usada por los antiguos, de la misma manera que hoy en día usamos la expresión “cuatro puntos cardinales” de la brújula o compás.

Por ejemplo, leemos en Isaías 11: 12: 12 Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.”

También Ezequiel nos habla de los cuatro puntos de la tierra: Tú, hijo de hombre, así ha dicho Jehová el Señor a la tierra de Israel: El fin, el fin viene sobre los cuatro extremos de la tierra.” (Ezequiel 7)

La palabra viento en profecía significa fuerzas destructivas que vienen de parte de Dios. Hay muchos textos en toda la Biblia que comparan los vientos con fuerzas destructivas, siendo posiblemente la más clara de ellos Jeremías 49: 35-36.

 35 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo quiebro el arco de Elam, parte principal de su fortaleza. 36 Traeré sobre Elam los cuatro vientos de los cuatro puntos del cielo, y los aventaré a todos estos vientos; y no habrá nación a donde no vayan fugitivos de Elam”

Zacarías 6 nos enseña específicamente que los vientos de destrucción vienen de parte de Dios:

1De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro carros que salían de entre dos montes; y aquellos montes eran de bronce.

En el primer carro había caballos alazanes, en el segundo carro caballos negros,

en el tercer carro caballos blancos, y en el cuarto carro caballos overos rucios rodados.

Respondí entonces y dije al ángel que hablaba conmigo: Señor mío, ¿qué es esto?

Y el ángel me respondió y me dijo: Estos son los cuatro vientos de los cielos, que salen después de presentarse delante del Señor de toda la tierra.”

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, (Apocalipsis 7)

“De donde sale el sol” es una expresión usada en el medio oriente para referirse al este.

El “Este” o donde nace el sol, o el oriente, o la aurora, es muy identificado en la Biblia con Dios, con Cristo y con muchos temas religiosos. Por ejemplo:

El huerto del Edén fue plantado en el oriente:

Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. (Génesis 2)

Dios aparecía del oriente cuando visitaba el templo de Israel:

y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria. (Ezequiel 43)

El nacimiento de Jesús fue anunciado en y desde el oriente:

¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. (Mateo 2)

Jesucristo aparece en la aurora:

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora (Lucas 1: 78).

Jesús es el sol resplandeciente de la mañana:

16 Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.  (Apocalipsis 22)

Cristo aparecerá del oriente en su segunda venida:

27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. (Mateo 24)

Y el ángel del estudio de nuestro día, también aparece del oriente:

 Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, (Apocalipsis 7)

Este ángel que aparece de donde sube el sol o el oriente, tiene dos distintivos muy importantes que no podemos pasar por alto. Primero tiene el absoluto control de la situación y de los tiempos, y en segundo lugar tiene en su mano el sello del Dios vivo.

Posiblemente este ángel sea Jesucristo mismo, ya que de él depende el momento del inicio de la destrucción de la tierra. Jesucristo en el Apocalipsis es conocido como el Arcángel Miguel.

Según la Biblia, sólo hay un Arcángel en todo el universo; el nombre arcángel significa el ángel del arco, refiriéndose al arcoíris del trono de Dios.

El nombre Miguel significa: quien es Dios o quien es como Dios. Su nombre entero sería: El ángel que habita bajo el arco, quien es Dios.

Los cuatro poderosos ángeles posiblemente sean serafines, ya que los querubines solamente son dos, mientras que los serafines son cuatro.

No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. (Apocalipsis 7)

En este texto comprendemos que las palabras tierra y mar, significan universalidad; es decir, la parte material o natural de la tierra. Los árboles en este caso se refieren a la vida. Por lo tanto, la orden es no hacer daño a la tierra en cualquiera de sus formas, ni hacer daño a la vida que puebla la tierra, en cualquiera de sus formas, es decir, la vida humana, la vida animal o la vida vegetal o la vida microorgánica.

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, (Apocalipsis 7)

Este texto se parece mucho a la narración de la visión que tuvo Ezequiel en el capítulo 9. En esta visión Ezequiel pudo contemplar con lujo de detalles, el sellamiento del pueblo de Israel, antes de éste ser destruido por las fuerza invasoras antes del exilio:

1Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.

Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce.

Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano,

y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.

Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia.

Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo.

Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad.

Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: !!Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén?

Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve.

10 Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas.

11 Y he aquí que el varón vestido de lino, que tenía el tintero a su cintura, respondió una palabra, diciendo: He hecho conforme a todo lo que me mandaste. (Ezequiel 9)

El sellamiento en el tiempo antiguo tenía dos motivos principales: primero, reconocimiento o ratificación, y el segundo motivo era la protección.  Estos dos mismos principios se aplican al proceso de sellamiento que realiza Dios en sus hijos. Cuando Dios sella a sus hijos, los reconoce como su propiedad y al ser reconocidos como propiedad, automáticamente les brinda su protección.

Ahora, tenemos que entender que Dios viene sellando a sus hijos desde mucho tiempo atrás; el sellamiento de este grupo llamado los 144,000 no es nada nuevo. En verdad este es el último grupo que será sellado en la historia de esta tierra.

En tiempo del apóstol Pablo, se menciona que Dios sellaba a sus hijos.

 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, (Efesios 1)

21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, 22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. (2 Corintios 1)

30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4)

19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. (2 Timoteo 2)

Este sellamiento sucede bajo la quinta trompeta.

Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. (Apocalipsis 9)

Aquí se refiere a los 144,000.

Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. (Apocalipsis 14)

 Aquí se está refiriendo a todos los habitantes de la nueva Jerusalén:

Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. (Apocalipsis 22)

Como leímos en Ezequiel 9, Dios selló a los israelitas fieles antes de destruir la ciudad por mano de los invasores.

Este es el primer sellamiento que la Biblia nos relata, y sucedió mucho tiempo atrás:

21 Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.

22 Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.

23 Porque Jehová pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. (Éxodo 12).  Este sellamiento ha sido celebrado por el mundo judío durante mucho tiempo, y es conocido como la celebración de la Pascua. Jesucristo lo terminó y en su lugar instituyó la santa cena o rito de comunión.

Por lo tanto, el sellamiento de los 144,000 no es algo nuevo; posiblemente a este sello se le da más importancia por la protección especial que este grupo necesita, ya que viene al mundo una catástrofe como nunca se había visto anteriormente.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.

De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados.

De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados.

De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados. (Apocalipsis 7)

Los 144,000 ¿son un número real o número simbólico?

Por mucho tiempo yo he creído, he defendido y enseñado que este número es un número real y no un número simbólico.

Pero, he aquí el problema para sostener este pensamiento.

Las doce tribus de Israel ya no existen. Es más, en el tiempo en que Juan escribió el Apocalipsis, difícilmente se podían reconocer dos de las doce tribus originales. Tanta guerra, tanto exilio, tanta diáspora habían diseminado a todo Israel entre las naciones vecinas, y el Israel de sangre pura ya no existía más.

De acuerdo con el libro de Apocalipsis, estas son las doce tribus; de aquí provienen 12,000 personas de cada una de ellas:

Apocalipsis 7                                                  Génesis 49                              Números 1

Judá                                                                 Rubén                                      Rubén

Rubén                                                              Simeón                                    Simeón

Gad                                                                 Leví                                         Judá

Aser                                                                Judá                                         Isacar

Neftalí                                                             Zabulón                                   Zabulón

Manasés                                                         Isacar                                      Efraín

Simeón                                                            Dan                                         Manasés

Leví                                                                 Gad                                         Benjamín

Isacar                                                              Aser                                        Dan

Zabulón                                                           Neftalí                                     Aser

José                                                                 José                                       Gad

Benjamín                                                        Benjamín                                Neftalí

En el listado de Apocalipsis nos hacen falta dos tribus, que son Dan y Efraín; estas tribus fueron eliminadas del mapa por su grave idolatría.

En Apocalipsis, Dan y Efraín fueron reemplazadas por José (que nunca fue una tribu) y por Leví, que no aparece en la lista del libro de Números, capítulo 1.  Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que los 144,000 sellados no pertenecen al Israel real, sino al Israel espiritual. Dicho en otras palabras, el nombre de Israel no es un nombre real, sino un nombre simbólico; se refiere al pueblo escogido por Dios, no como el Israel étnico-geográfico, sino como el Israel espiritual.

Si vamos al número de los 144,000 nos formulamos la misma pregunta:  ¿Es un nombre real o un nombre simbólico? Y aquí es donde está nuestro problema, que no podemos divorciar al pueblo con el número. Si el pueblo es el pueblo real, entonces el número tiene que ser un número real.

Pero si el pueblo es un nombre simbólico, entonces también el número tiene que ser simbólico. Si dividimos la profecía, diciendo que el pueblo es simbólico pero el número es real, entonces estamos tomando la Biblia a nuestra conveniencia, o a nuestro capricho; así hasta el más indocto en las Escrituras podría disentir.

El monte de Sion se describe como un lugar que pertenece al Cordero y a los 144,000.  

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.”(Apocalipsis 14)

El profeta David pregunta a Dios quiénes son las personas que pueden estar en el santo monte:

¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?

El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño.

Él recibirá bendición de Jehová,
Y justicia del Dios de salvación.  (Salmos 24)

Además del santo monte, hay un templo que pertenece a Cristo y a los 144,000 escogidos:

Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. (Apocalipsis 21)

De nuevo el profeta David pregunta quiénes son aquellos que pueden entrar al tabernáculo de Dios, y la respuesta la da el mismo Dios:

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?

El que anda en integridad y hace justicia,
Y habla verdad en su corazón.

El que no calumnia con su lengua,
Ni hace mal a su prójimo,
Ni admite reproche alguno contra su vecino.

Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado,
Pero honra a los que temen a Jehová.
El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia;

Quien su dinero no dio a usura,
Ni contra el inocente admitió cohecho.
El que hace estas cosas, no resbalará jamás.  (Salmos  15)

Estos textos complican aún más la identificación de los 144,000.  Dios ha estado sellando a los salvos desde los tiempos antiguos. A través de la historia de este mundo, siempre ha habido gentes que han sido selladas.  Pero es más obvio pensar que ocurra el sellamiento de los santos desde la ascensión de Cristo y del descenso del Espíritu Santo a esta tierra.

Entonces nos formulamos de nuevo la pregunta: ¿Quiénes son los 144,000? A ciencia cierta no lo sabemos, pero llegamos a la conclusión que no es un número real, sino simbólico y que no se limita sólo a los que pasarán la última tribulación del mundo.

Otras de las cosas que tenemos que entender, es la manera literaria que tuvo Juan cuando escribió el libro de Apocalipsis.

Juan usa una técnica literaria especial para escribir el libro del Apocalipsis; encontramos que él escucha algo, pero lo que ve es diferente a los que escucha, aun siendo estos dos la misma cosa. La imagen visual difiere de la imagen auditiva. Por ejemplo:

Apocalipsis 1: 10 “10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,” Cuando Juan voltea a ver el origen del sonido de la trompeta, ve algo diferente; que al mismo tiempo es la misma cosa, en este caso es Jesús:

12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,  13 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.” (Apocalipsis 1)

Otro ejemplo de esto lo encontramos en el capítulo 5 de Apocalipsis:

“5 Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”

La descripción que se le da a Juan de la persona que puede desatar los sellos, es la descripción de un León, pero cuando él mira no ve un León, sino que ve un Cordero inmolado:

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.” (Apocalipsis 5)

En el capítulo 17 de Apocalipsis encontramos otro caso:

1Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas;”  

La explicación que se da a Juan es la de una gran ramera, pero cuando Juan ve, no ve una ramera, sino una mujer “cualquiera” sentada sobre una bestia color escarlata o de un color rojo brillante, semejante a la túnica de un cardenal.

Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.

Lo mismo se aplica en el caso de los 144,000 escogidos; Juan escucha la descripción de este grupo, y esto es lo que él escucha:

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.

De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados.

De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados.

De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.  (Apocalipsis 7)

Pero cuando ve, él ve otra cosa:

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos;

10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. (Apocalipsis 7)

La descripción decía que eran 144,000 personas, siendo 12,000 de cada tribu de Israel; pero la realidad era otra. La realidad de la visión era una multitud que no se podía contar, miembros de todas las naciones, de todas las tribus, de todos los pueblos y de todas las lenguas de la tierra. Deducimos entonces que el nombre de las tribus era algo simbólico y el número también es simbólico.

La descripción de los 144,000 era aquí en la tierra, pero la visión de la gran multitud que nadie podía contar ya no es en la tierra, sino en el cielo, Juan está hablando del mismo grupo, antes de ser salvados y después de ser salvados, parece que no hay diferencia entre los dos grupos.

Vamos a confirmar esta idea con tres textos bíblicos:

El primero de ellos lo encontramos en el estudio de este día y es Apocalipsis 7, aquí se está hablando de no hacer daño a la tierra hasta sellar a los 144,000 escogidos. ¿Dónde se aplica el sello? En la frente.

No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.”

El segundo texto nos explica en qué consiste el sello de los 144,000 y se nos explica que el sello consiste en grabar el nombre de Cristo y del Padre en la frente de ellos.

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.” (Apocalipsis 14)

Ahora transportémonos a la Nueva Jerusalén y allí nos explica de todos los salvos, de todos los habitantes de la santa ciudad y todos ellos tienen el nombre de Dios y el nombre del Cordero en sus frentes:

Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. (Apocalipsis 22)

En conclusión, primeramente, podemos decir que la Biblia pone un énfasis especial en el sellamiento de los 144,000; porque ellos necesitan pasar ilesos a través de la gran tribulación que se acerca, causada por el derramamiento de la ira de Dios vertida pura sobre la tierra. El sello de Dios sobre este grupo es garantía de la seguridad de los santos. Una vez sellados, no hay marcha atrás, su carácter será inviolable, no habrá cambio en ellos, sin importar cuán severa sea la tentación, la prueba y la tribulación.

Segundo, podemos decir que los 144,000 son los representantes de todos los salvos de todos los tiempos de la tierra, representantes para dar la bienvenida a Jesucristo, cuando él regresa por segunda vez a la tierra. Después de dar la bienvenida a Jesucristo, se dará inicio a la resurrección de todos los santos.

Tercero, podemos decir que los 144,000 son parte de la gran multitud; no hay diferencia en ellos. No hay dos grupos: los salvados conforman un solo grupo.

No nos salvamos por nuestras obras; nos salvamos por lo que Dios ha hecho por nosotros. El amor de Dios es tan sublime como misterioso. Veamos estos ejemplos:

El mismo valor salvífico tiene a los ojos de Dios el justo Enoc, que vivió 300 años tan santo, como el ladrón en la cruz que se arrepintió al último momento.

El mismo valor salvífico tiene ante Dios el gran evangelista Pablo, como el fracasado evangelista Noé, quien predicó 120 años sin convertir una sola alma.

El mismo valor salvífico tiene ante los ojos de Dios aquel que entregó a su pequeño niño para ser despedazado por las fieras del circo romano y que luego entregó su propia vida, como aquel que pasará únicamente la última tribulación que se acerca a la tierra.

El mismo valor salvífico tiene el profeta Juan o Daniel, con sus monumentales libros de profecías, como aquel que simplemente cree las palabras allí escritas.

El mismo denario reciben todos los obreros de la parábola de Mateo 20: tanto el que trabajó 11 horas, como el que trabajó una hora, todos ellos recibieron un mismo pago.

Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.  Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.  10 Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.  11 Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia,  12 diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.  13 Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.  16 Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. (mateo 20)

No importa lo que el hombre haga para su salvación, nunca será suficiente. Somos salvados por dos cosas importantes: por la decisión y deseo del hombre de ser salva y por la gracia de Cristo en primerísimo lugar.

Es lo que hizo el Padre en su gran amor y lo que hizo Jesucristo por su gran sacrificio lo que salva al pecador; es lo que hace el Espíritu Santo en nuestra mente y corazón lo que nos encamina en la salvación.

La gran fiesta del cielo está basada, no en lo que el hombre ha hecho para su salvación, sino en lo que Dios ha hecho para salvar el hombre.

Toda la honra y la gloria se dan a Dios, quien es el Diseñador de nuestra carísima salvación:

1Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro;

porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.

Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!

Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes.

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

No hay dos grupos: uno de salvos “comunes” y uno que es especial. No hay niveles de salvados en el cielo. Todos los salvos son salvos por la bendita sangre del Cordero que fue inmolado en la cruz del Calvario. Todos -sin excepción- recibirán la mismísima recompensa del justo Padre de amor.

Sublime gracia del Señor. Maravillosa gracia. Asombrosa gracia que salva y premia a quienes creen y guardan sus mandamientos.

Volvamos al Himnario adventista (303), para disfrutar un anticipo de esa gracia inimaginable.

1. Sublime gracia del Señor,
de muerte me libró.
Perdido fui, me rescató;
fui ciego, me hizo ver.

2. Mi corazón enterneció,
mis dudas disipó.
Preciosa fue la hora en que
rendí mi vida a él.

3. Jesús promete darme el bien;
confío siempre en él.
Mi protector y guía fiel
me llevará al hogar.

¡Que Dios nos mantenga fieles hasta que nos veamos en la patria celestial!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Juan ve los elementos de la naturaleza —terremotos, tempestades y lucha política— bajo el símbolo de cuatro ángeles que los retienen. Estos vientos están bajo control hasta que Dios ordena soltarlos. Ahí está la seguridad de la iglesia de Dios. Los ángeles de Dios obedecen su mandato al retener los vientos de la tierra para que no soplen sobre ésta, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes… [El] tiene en su mano el sello del Dios vivo, el único que puede dar vida, que puede poner la señal o inscripción sobre las frentes de aquellos a quienes se les concederá la inmortalidad, la vida eterna. Es la voz de este ángel encumbrado la que tiene autoridad para ordenar a los cuatro ángeles que mantengan en jaque los cuatro vientos hasta que esa obra sea realizada, y hasta que él ordene que sean soltados (Testimonios para los ministros, p. 444).

Las naciones se están airando ahora, pero cuando nuestro Sumo Sacerdote termine su obra en el Santuario, se levantará, se pondrá las vestiduras de venganza, y entonces se derramarán las siete postreras plagas.

Vi que los cuatro ángeles iban a retener los vientos mientras no estuviese hecha la obra de Jesús en el Santuario, y que entonces caerían las siete postreras plagas. Estas enfurecieron a los malvados contra los justos, pues los primeros pensaron que habíamos atraído los juicios de Dios sobre ellos, y que si podían raemos de la tierra las plagas se detendrían (Primeros escritos, p. 36).

El Señor no cerró el depósito del cielo después de derramar su Espíritu sobre los primeros discípulos. Nosotros también podemos recibir de la plenitud de su bendición. El cielo está lleno con los tesoros de la gracia divina, y los que se acercan a Dios con fe pueden pedir todo lo que él ha prometido (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1055).

Quisiera que todos mis hermanos y hermanas recordasen que es un asunto muy serio contristar al Espíritu Santo, y él es contristado cuando el instrumento humano procura trabajar por sí mismo y rehúsa ponerse al servicio del Señor, porque la cruz es demasiado pesada o la abnegación que debe manifestar es demasiado grande. El Espíritu Santo procura morar en cada alma. Si se le da la bienvenida como un huésped de honor, quienes lo reciban serán hechos completos en Cristo. La buena obra comenzada se terminará; los pensamientos santificados, los afectos celestiales y las acciones como las de Cristo, ocuparán el lugar de los sentimientos impuros, los pensamientos perversos y los actos rebeldes…

Necesitamos proteger adecuadamente nuestros corazones, porque con demasiada frecuencia olvidamos las instrucciones celestiales que hemos recibido y procuramos seguir las inclinaciones naturales de nuestras mentes no consagradas. Cada uno debe pelear su propia batalla contra el yo. Aceptad las enseñanzas del Espíritu Santo. Si lo hacéis, esas enseñanzas serán repetidas vez tras vez hasta que las impresiones sean tan claras como si hubieran sido “grabadas en la roca para siempre” (Consejos sobre la salud, p. 563).

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Lección 6 | Lunes 4 de febrero___________________________________________

EL PUEBLO DE DIOS ES SELLADO

Lee Apocalipsis 7:4 al 8. ¿Cuál es el número de personas selladas por Dios? ¿Cuál es el significado de ese número específico?

Apocalipsis 7:4-8

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel. De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados. De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados. De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados. De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.

El anuncio del número de los que fueron sellados marca la culminación del sellamiento. Juan oye que su número es 144.000 de las doce tribus de Israel. Esta no es una referencia a un número literal, sino a lo que este implica. El número 144.000 es el resultado de multiplicar 12 por 12 por 1.000. El doce es un símbolo del pueblo de Dios: las tribus de Israel y la iglesia edificada sobre el fundamento de los doce apóstoles (Efe. 2:20). Por lo tanto, el número 144.000 representa la totalidad del pueblo de Dios en el tiempo del fin. “Todo Israel” (judíos y gentiles) que estén listos para el regreso de Cristo será transformados sin ver la muerte (Rom. 11:26; 1 Cor. 15:51-53).

Las doce tribus enumeradas en Apocalipsis 7 obviamente no son literales, porque las doce tribus de Israel, que abarcan los reinos del Norte y del Sur, no existen en la actualidad. Las diez tribus del Reino del Norte fueron llevadas cautivas durante la conquista asiria (2 Rey. 17:6-23), donde se integraron con otras naciones. Por ende, las doce tribus no constituyen el judaísmo en la actualidad.

Además, la lista de las doce tribus de Apocalipsis 7 no se parece a ninguna otra lista de la Biblia (cf. Núm. 1:5-15; Eze. 48:1-29). Judá aparece como la primera tribu (Apoc. 7:5) en vez de Rubén (cf. Núm. 1:5). Además, las tribus de Dan y Efraín, incluidas en las listas de Números 1 y Ezequiel 48, se omiten de la lista de Apocalipsis 7 y, en su lugar, se incluyen a José y Leví (Apoc. 7:7, 8). La razón obvia para la exclusión de Efraín, y aparentemente Dan, de la lista de Apocalipsis 7, es que estas dos tribus fueron apóstatas e idólatras (1 Rey. 12:29, 30; Ose. 4:17).

La lista de las tribus de Apocalipsis 7 no es histórica, sino espiritual. La ausencia de Dan y Efraín de la lista sugiere que la infidelidad de estas dos tribus no tendrá cabida entre el pueblo sellado de Dios. Además, a la iglesia del Nuevo Testamento se la conoce como las doce tribus de Israel (Sant. 1:1). Las doce tribus de Apocalipsis 7 representan a todo el pueblo de Dios que resista hasta el fin, judíos y gentiles.

¿Qué garantía bíblica ofrece Dios a quienes pasen por el tiempo de angustia?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo dice que habrá en la iglesia quienes presentarán fábulas y suposiciones, cuando Dios ha dado sublimes, elevadoras y ennoblecedoras verdades que siempre debieran ser preservadas en la cámara del tesoro de la mente. Cuando los hombres toman esta teoría y aquella otra, cuando están curiosos por saber algo que no es necesario que sepan, Dios no los está guiando. No es su plan que los suyos presenten algo que tengan que suponer, que no está enseñado en la Palabra. No es su voluntad que entren en controversias por cuestiones que no los ayudarán espiritualmente, tales como: ¿Quiénes han de componer los 144.000? Fuera de duda, esto lo sabrán dentro de poco los que sean elegidos de Dios (Mensajes selectos, tomo 1, p. 205).

Uno de los rasgos notables en la presentación de los 144.000 es que “en sus bocas no fue hallada mentira”. Apocalipsis 14:5. El Señor ha dicho: “Bienaventurado el hombre… en cuyo espíritu no hay engaño”. Salmos 32:2. Ellos profesan ser hijos de Dios, y son presentados como siguiendo al Cordero por dondequiera que va. Aparecen delante de nosotros como estando en pie sobre el monte Sión, ceñidos para el servicio santo, vestidos de un blanco manto de lino, que es la justicia de los santos. Pero todos los que sigan al Cordero en el cielo lo habrán seguido antes en la tierra, con una obediencia confiada, amante y dispuesta; lo siguieron no en forma displicente y caprichosa, sino con toda confianza, lealmente, como el rebaño sigue al pastor (Mensajes selectos, t. 3, p. 485).

Delante del trono, sobre el mar de cristal —ese mar de vidrio que parece revuelto con fuego por lo mucho que resplandece con la gloria de Dios— se halla reunida la compañía de los que salieron victoriosos “de la bestia, y de su imagen, y de su señal, y del número de su nombre”. Con el Cordero en el monte de Sión, “teniendo las arpas de Dios”, están en pie los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los hombres; se oye una voz, como el estruendo de muchas aguas y como el estruendo de un gran trueno, “una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas”. Cantan “un cántico nuevo” delante del trono, un cántico que nadie podía aprender sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil. Es el cántico de Moisés y del Cordero, un canto de liberación. Ninguno sino los ciento cuarenta y cuatro mil pueden aprender aquel cántico, pues es el cántico de su experiencia, una experiencia que ninguna otra compañía ha conocido jamás. Son “estos, los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere”. Habiendo sido trasladados de la tierra, de entre los vivos, son contados por “primicias para Dios y para el Cordero”. Apocalipsis 15:2, 3; 14:1-5 (El conflicto de los siglos, p. 630).

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Martes 5 de febrero | Lección 6__________________________________________

LA GRAN MULTITUD

Lee Apocalipsis 7:9 y 10. ¿Qué grupo de santos ve Juan en este momento? ¿Cómo se los describe y de dónde vienen? ¿Qué clamaban ante el Trono de Dios?

Apocalipsis 7:9-10

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; 10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

Juan ve “una gran multitud, la cual nadie podía contar”, que salió “de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc. 7:9, 14). Es decir, son un grupo especial de personas que, a pesar de la angustia que atravesaron, permanecieron fieles a Jesús; una fidelidad cuyo símbolo es la ropa blanca de la justicia perfecta de Jesús que visten. La palabra “angustia” se utiliza en la Biblia con mucha frecuencia para referirse a las cosas que los creyentes sufren por su fe (ver, por ejemplo, Éxo. 4:31; Sal. 9:9; Mat. 24:9; Juan 16:33; Rom. 5:3). Por ende, aunque algunos intérpretes adventistas consideran que este grupo es otra representación de los 144.000, podríamos entender que la “gran multitud” es una referencia a todos los redimidos que han sufrido por su fe a lo largo de los siglos.

Aquí también, como en la descripción de Juan de la “gran multitud, la cual nadie podía contar”, vemos, como en toda la Biblia, el gran tema de la salvación por gracia. El único derecho de los redimidos a la salvación, a la vida eterna, a los cielos nuevos y la Tierra Nueva es la justicia de Cristo, que reciben por gracia.

“Inmediatos al Trono se encuentran los que alguna vez fueron celosos en la causa de Satanás pero que, cual tizones arrancados del fuego, luego siguieron a su Salvador con profunda e intensa devoción. Vienen después los que perfeccionaron su carácter cristiano en medio de la mentira y la incredulidad, los que honraron la Ley de Dios cuando el mundo cristiano la declaró abolida, y los millones de todas las edades que fueron martirizados por su fe. Y más allá está la ‘gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas […] delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en las manos’. (Apoc. 7:9). Su lucha terminó; ganaron la victoria. Corrieron la carrera y obtuvieron el premio. La palma que llevan en la mano es un símbolo de su triunfo; la vestidura blanca, un emblema de la inmaculada justicia de Cristo que ahora es de ellos” (CS 646).

Sí, estamos vestidos con la justicia de Cristo, un don de fe. Pero ¿cómo podemos conservar esa fe, y permanecer fieles, en medio de las pruebas y las tribulaciones? O, aún más, ¿cómo conservar esa fe y esa fidelidad en tiempos de tranquilidad y prosperidad? Deut. 8:11-17.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los que revelan el manso y humilde espíritu de Cristo, son considerados tiernamente por Dios. Nada pasa inadvertido para él. Tiene en cuenta su abnegación, su esfuerzo para exaltar a Cristo ante el mundo. Aunque esos humildes obreros puedan ser considerados con burla por el mundo, son de gran valor a la vista de Dios… El puro de corazón, en cuyos labios no ha sido hallado engaño; el pobre de espíritu, que es movido por el Espíritu de un Cristo que mora en él; el pacificador, cuya más alta ambición es cumplir la voluntad de Dios; éstos ganarán una plena admisión. Son las joyas de Dios y estarán entre aquel número de quien escribió Juan: “Oí como la voz de una gran multitud… que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” Apocalipsis 19:6. “Han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos”. Apocalipsis 7:14, 15 (That I May Know Him, p. 123; parcialmente en A fin de conocerle, p. 125).

Están por sobrecogemos tiempos que probarán las almas de los hombres; los que son débiles en la fe no resistirán la prueba de aquellos días de peligro. Las grandes verdades de la revelación deben ser estudiadas cuidadosamente, porque todos necesitaremos un conocimiento inteligente de la Palabra de Dios. El estudio de la Biblia y la comunión diaria con Jesús nos darán nociones bien definidas de responsabilidad personal y fuerza para subsistir en el día de fuego y tentación. Aquel cuya vida esté unida con Cristo por vínculos ocultos será guardado por el poder de Dios mediante [la] fe que salva (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 253).

En la fe no hay nada que la convierta en nuestro salvador. La fe no puede quitar nuestra culpa. Cristo es el poder de Dios para salvación de todos los que creen. La justificación se recibe mediante los méritos de Jesucristo; él ha pagado el precio de la redención del pecado; sin embargo, solo mediante la fe en su sangre es como Jesús puede justificar al creyente.

El pecador no puede depender de sus propias buenas obras como un medio de justificación. Debe llegar hasta el punto donde renuncia a todos sus pecados y acepta un grado tras otro de luz a medida que brillen sobre su sendero. Por la fe sencillamente echa mano de la provisión amplia y gratuita hecha por la sangre de Cristo. Cree en las promesas de Dios, las cuales mediante Cristo son hechas para él santificación, justificación y redención. Y si sigue a Jesús caminará humildemente en la luz, regocijándose en ésta y difundiéndola. Ya justificado por la fe, marcha gozoso en su obediencia durante toda su vida. Paz con Dios es el resultado de lo que Cristo es para él (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, p. 1071).

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Lección 6 | Miércoles 6 de febrero_______________________________________

LOS QUE SIGUEN AL CORDERO

Lee Apocalipsis 14:1 al 5. ¿Cuáles son las tres características principales de los 144.000 santos? ¿En qué aspectos estas características se relacionan con la descripción de los santos del tiempo del fin de Apocalipsis 14:12?

Apocalipsis 14:1-5

1 Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.

Apocalipsis 14:12

12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

Apocalipsis 14:4 y 5 es una descripción de los 144.000 que está en consonancia con el pueblo de Dios de los últimos días, que “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc. 14:12). Aunque sufrieron la ira de Satanás en su máxima expresión en la crisis final, permanecieron firmes debido a su estrecha relación con Jesús.

A la luz de Apocalipsis 17:5, ¿en qué sentido los 144.000 no se han contaminado con mujeres? La pureza de su carácter ¿qué relación tiene con el hecho de que son redimidos de la Tierra como las “primicias para Dios” (Apoc. 14:4)?

Apocalipsis 17:5

y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

La inmoralidad sexual es un símbolo de la infidelidad a Dios. Apocalipsis 17:5 habla de las rameras del tiempo del fin, Babilonia y sus hijas, con quienes todas las naciones del mundo cometerán fornicación (ver Apoc. 18:3). Sin embargo, los 144.000 permanecerán fieles a Cristo y resistirán las relaciones corruptas con Babilonia y las iglesias apóstatas. Por eso, los 144.000 “siguen al Cordero por dondequiera que va” (14:4).

Se sigue describiendo a los 144.000 como aquellos que han sido “redimidos de entre los hombres como primicias para Dios” (14:4). En el antiguo Israel, las primicias eran los mejores frutos de la cosecha ofrecida a Dios (Núm 18:12). La palabra “primicias” puede referirse a los salvados, a diferencia de los del mundo (Sant. 1:18), pero en Apocalipsis los 144.000 evidentemente son un grupo especial porque serán transformados sin ver la muerte (1 Cor. 15:50-52). Por lo tanto, son las primicias de la cosecha más grande de salvados a través de todas las edades (ver Apoc. 14:14-16).

¿Cómo podemos estar en peligro de cometer fornicación espiritual, incluso sin saberlo? ¿Por qué nos engañamos si creemos que no corremos ese peligro?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor ha apartado para sí a los que son piadosos; esta consagración a Dios y separación del mundo se ordena definitivamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Existe una muralla de separación que el Señor mismo ha establecido entre las cosas del mundo y las cosas que ha apartado del mundo para sí mismo. La vocación y el carácter del pueblo de Dios son peculiares, sus perspectivas son peculiares, y estas peculiaridades los distinguen de todos los demás pueblos. Todo el pueblo de Dios que se encuentra en el mundo constituye un solo cuerpo, desde el comienzo hasta el final del tiempo. Tienen una sola Cabeza que dirige y gobierna el cuerpo. Las mismas órdenes que se le dieron a Israel antiguo se dan también al pueblo de Dios de la actualidad, que se aparten del mundo. La gran Cabeza de la iglesia no ha cambiado. La experiencia de los cristianos de estos días es semejante a los viajes del Israel antiguo (Testimonios para la iglesia, tomo 1, p. 256).

Dios pide la totalidad de los afectos del hombre: todo su corazón, toda su alma, toda su mente y toda su fuerza. Reclama todo lo que le pertenece al hombre, porque él ha derramado todo el tesoro del cielo, al damos todo lo que poseía de una sola vez, sin reservar nada de lo más grande que el cielo puede hacer…

Cuando comencé a escribir acerca de este tema, seguí avanzando en ello y traté de sobrepasar el límite, pero no lo logré. Cuando lleguemos a las mansiones celestiales, Jesús mismo nos conducirá a los que estemos vestidos de ropas blancas, hechas blancas en la sangre del Cordero, hacia el Padre. “Por eso están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos”. Apocalipsis 7:15 (Nuestra elevada vocación, p. 14).

Dios espera más de sus seguidores de lo que muchos piensan. A menos que querramos edificar nuestra esperanza de alcanzar el cielo sobre un cimiento falso, hemos de aceptar la Biblia tal como está escrita y creer que el Señor quiere decir lo que dice. Dios nos da su gracia para que podamos llevar a cabo todo lo que él requiere de nosotros. Si no alcanzamos la norma que se nos indica en su Palabra, no tendremos ninguna excusa que ofrecer en el día del Señor.

El apóstol nos amonesta: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. Romanos 12:9, 10. Es el deseo de Pablo que distingamos entre el amor acendrado y abnegado que es inspirado por el Espíritu de Cristo, y el fingimiento engañoso y carente de sentido que abunda en el mundo… Aunque el cristiano será siempre bondadoso, compasivo y perdonador, nunca sentirá que está en armonía con el pecado. Aborrecerá el mal y se aferrará a lo que es bueno, a expensas de la asociación o amistad con los infieles. El Espíritu de Dios hará que odiemos el pecado, mientras que a la vez estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio por salvar al pecador (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 159, 160).

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Jueves 7 de febrero | Lección 6___________________________________________

REDIMIDOS PARA DIOS Y PARA EL CORDERO

Lee Apocalipsis 14:5; 2 Pedro 3:14; y Judas 24 y 25. Apocalipsis afirma que el pueblo de Dios del tiempo del fin es “sin mancha”. ¿Cómo se puede lograr este estado?

Apocalipsis 14:5

y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.

2 Pedro 3:14

14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

Judas 24 y 25

24 Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, 25 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.

La característica final de los 144.000 es que “en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios” (Apoc. 14:5). Si bien la gente del mundo decide creer en las mentiras de Satanás, el pueblo de Dios del tiempo del fin recibirá el amor de la verdad para ser salvo (2 Tes. 2:10, 11).

“Sin mancha” (del griego amōmos, “irreprensible”) se refiere a la fidelidad de los 144.000 hacia Cristo. En la Biblia, al pueblo de Dios se lo llama santo (Lev. 19:2; 1 Ped. 2:9). Abraham (Gén. 17:1) y Job (Job 1:1) eran irreprensibles. Los cristianos son llamados a ser santos y sin mancha delante de Dios (Efe. 5:27; Fil. 2:15).

Lee Romanos 3:19 al 23. ¿Por qué siempre debemos tener presente esta verdad vital?

Romanos 3:19-23

19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

En los últimos días de la historia de este mundo, los 144.000 reflejarán poderosamente el carácter de Cristo. Su salvación mostrará lo que Cristo ha hecho por ellos, no su propia santidad ni sus propias obras (ver Efe. 2:8-10). Los 144.000 han lavado su ropa y la han emblanquecido en la sangre del Cordero (Apoc. 7:14) y, como tales, se encuentran “sin mancha e irreprensibles” delante de Dios (2 Ped. 3:14).

“Necesitamos ser refinados, limpiados de toda mundanalidad, hasta que reflejemos la imagen de nuestro Salvador y lleguemos a ser ‘participantes de la naturaleza divina’ […]. Cuando termine el conflicto de la vida, cuando la armadura sea colocada a los pies de Jesús, cuando los santos de Dios sean glorificados, entonces, y solo entonces, será seguro afirmar que somos salvos y sin pecado” (MS 3:405, 406). ¿Cómo podemos vivir una vida de santificación en preparación activa para la eternidad sin caer en las trampas del perfeccionismo y la santidad fanática?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando tomas el nombre de cristiano prometes en esta vida prepararte para una vida más elevada en el reino de Dios. Ser cristiano significa ser como Cristo. Ningún rasgo satánico debe quedar en la mente o el cuerpo, que deben revelar gentileza, pureza, integridad y dignidad. Toma la vida de Cristo como tu modelo. Mantén la eternidad delante de tu vista. Entonces estarás en condiciones de acercarte a la apreciación de Cristo de la herencia que le costó tanto.

Que los que trabajan para Cristo mantengan sus principios puros. Que la vida esté incontaminada de cualquier práctica profana. Todo el cielo está interesado en la restauración de la imagen moral de Dios en el hombre. Todo el cielo está trabajando con ese fin. Dios y los santos ángeles tienen un intenso deseo de que los seres humanos alcancen la medida de la perfección por la que Cristo murió para que fuera posible que ellos la alcanzaran. Ese es su deseo, que seamos uno con Cristo, perfectos en Cristo, que seamos herederos del cielo (En los lugares celestiales, p. 288).

A medida que se acerque el fin, el enemigo obrará con todo su poder para producir fanatismo entre nosotros. Él se regocijaría de ver a los adventistas del séptimo día ir a extremos tales que diesen lugar a que el mundo los señalase como una sociedad de fanáticos. He sido invitada a poner a nuestros ministros y miembros laicos en guardia contra este peligro. Nuestra obra consiste en enseñar a hombres y mujeres a edificar sobre un fundamento verdadero, a asentar sus pies sobre un claro “así dice Jehová”…

Los que estudien detenidamente la Palabra, siguiendo a Cristo en humildad de alma, no irán a extremos. El Salvador no iba nunca a los extremos, nunca perdió el dominio propio, nunca violó las leyes del buen gusto. Él sabía cuándo debía hablar y cuándo debía guardar silencio. Siempre era dueño de sí. Nunca erraba en su juicio de los hombres o de la verdad. Nunca lo engañaron las apariencias. Nunca formuló una pregunta que no fuese claramente apropiada, nunca dio una respuesta que no fuese directa. Acalló la voz de los maquinadores sacerdotes penetrando bajo la superficie y alcanzando el corazón, haciendo fulgurar la luz en la mente y despertando la conciencia.

Los que sigan el ejemplo de Cristo no serán extremistas. Cultivarán la calma y la serenidad. En su vida se verá la paz que se notaba en la vida de Cristo (Obreros evangélicos, pp. 331, 332).

Satanás realizará milagros para engañar; exhibirá su poder supremo. Podrá parecer que la iglesia está a punto de caer. Permanecerá, pero los pecadores que haya en Sion serán echados fuera al ser separada la paja del precioso trigo. Será una prueba terrible, pero debe ocurrir. Nadie, excepto los que hayan vencido mediante la sangre del Cordero y la Palabra de su testimonio, se encontrará entre los leales y veraces, sin mancha ni contaminación de pecado, sin engaño en su boca…

El remanente que purifique sus almas por la obediencia a la verdad se fortalecerá mediante este proceso de prueba, y mostrará la belleza de la santidad en medio de la apostasía. Cristo les dice: “En las palmas de las manos te tengo esculpida”. Isaías 49:16. Su memoria será eterna. Ahora necesitamos fe, una fe viviente (Alza tus ojos, p. 354).

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Lección 6 | Viernes 8 de febrero_________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee “Los misterios de la Biblia”, en Mensajes selectos, t. 3, pp. 405-407.

La identidad de los 144.000 es un tema candente. Lo que parece evidente en Apocalipsis es que los 144.000 son la última generación del pueblo de Dios en los últimos días de la historia de esta Tierra. Sabemos que experimentarán el tiempo de angustia y que serán protegidos de las siete últimas plagas (ver Sal. 91:7-16; Apoc. 7:15-17), y que su lealtad será probada como con ninguna otra generación en el pasado.

No se nos revela exactamente quiénes estarán en ese grupo. Su identidad es uno de los secretos que Dios se reserva (Deut. 29:29). Solo el futuro revelará quiénes formarán parte de este grupo de santos salvados. Se nos ha dado una advertencia con respecto a este misterio:

“Cristo dice que habrá en la iglesia quienes presentarán fábulas y suposiciones, cuando Dios ha dado sublimes, elevadoras y ennoblecedoras verdades que siempre deberían ser preservadas en la cámara del tesoro de la mente. Cuando los hombres toman esta teoría y aquella otra, cuando están curiosos por saber algo que no es necesario que sepan, Dios no los está guiando. No es su plan que los suyos presenten algo que tengan que suponer, que no está enseñado en la Palabra. No es su voluntad que entren en controversias por cuestiones que no los ayudarán espiritualmente, tales como: ¿Quiénes han de componer los 144.000? Fuera de duda, esto lo sabrán dentro de poco los que sean elegidos de Dios” (MS 1:205).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

    1. Piensa en la siguiente admonición: “Esforcémonos con todo el poder que Dios nos ha dado para estar entre los 144.000” (“Comentarios de Elena G. de White”, CBA 7:981). ¿Cómo puedes poner en práctica estas palabras? ¿Cómo afecta este esfuerzo tus decisiones diarias?
    2. Una característica importante de los 144.000 santos del tiempo del fin es que entonan un canto nuevo. Es un canto que nadie puede entonar salvo los 144.000 porque es el canto de su experiencia; una experiencia que ningún otro grupo de la historia ha tenido (Apoc. 14:3, 4; 15:2, 3). Piensa en tu propia vida. Tu experiencia espiritual actual ¿expresa una canción de una experiencia reciente con Dios? ¿O tu vida refleja historias obsoletas de las obras de Dios, por carecer de evidencias de compromiso actual en tu vida? ¿Qué cambios puedes hacer ahora mismo que te ayudarán a reconsagrar tu vida a él?
    3. ¿Cuál es la diferencia entre conocer acerca de Cristo y conocerlo verdaderamente? Si alguien te preguntara: “¿Cómo es Cristo?”, ¿qué responderías y por qué?

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2 pensamientos en “Lección 6 – EL PUEBLO DE DIOS ES SELLADO – Para el 9 de febrero de 2019

  1. Saludos. Quisiera que pusieran la lección 5 en pdf por favor. Gracias y mil bendiciones para su excelente ministerio.

  2. Apoc 14:1-5 dice q tienen escrito el nombre del Padre y del hijo y donde está la 3era persona y Apocalipsis 14:6-12 solo llama adoración al padre y al hijo y donde está la 3era persona para q medites

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