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Lección 10 – TIEMPO DE DIFICULTADES – Para el 8 de junio de 2019

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Lección 10: Para el 8 de junio de 2019

TIEMPO DE DIFICULTADES

Sábado 1º de junio______________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 7:5; Efesios 1:7; Filipenses 2:4-8; Efesios 4:26, 27; Santiago 1:19, 20; Colosenses 3:19; Mateo 7:12.

PARA MEMORIZAR:

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efe. 4:26).

Hasta las mejores familias pasan por momentos de lucha, de conflicto. Es solo una de las realidades de la vida en un mundo caído. Hay cosas sencillas, como a quién le toca sacar la basura, si tu hija adolescente terminó su tarea escolar o si tu hijo hizo sus quehaceres. Son cuestiones molestas pero relativamente menores, que en general pueden resolverse con un mínimo de trastorno. Pero hay otros problemas que pueden amenazar con alterar la vida familiar. Los suegros que con su abuso y manipulación amenazan con destruir el matrimonio de una mujer y su salud; el padre con una enfermedad mental que abusa de sus hijos; el hijo que deja atrás toda su educación religiosa para entregarse a un estilo de vida promiscuo; o la hija que se vuelve drogadicta.

En el Nuevo Testamento, en reiteradas ocasiones se nos dice que debemos amarnos unos a otros (Juan 13:34; Rom. 12:10); vivir en paz y armonía unos con otros (Rom. 15:5; Heb. 12:14); ser pacientes, amables y tiernos entre nosotros (1 Cor. 13:4); considerar a los demás como mejores que nosotros (Fil. 2:3); y ser tolerantes unos con otros (Efe. 4:2). Por supuesto, todo esto es más fácil decirlo que hacerlo, incluso con nuestros propios familiares. En esta lección, veremos algunas formas de ayudar a apaciguar los momentos de dificultades, especialmente en la familia.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

No permitáis que penetre en el hogar nada que se parezca a contienda o disensión. Hablad con amabilidad. Nunca se eleve vuestra voz hasta ser áspera. Conservad la calma. Desechad la censura y toda falta de veracidad. Decid a los niños que queréis ayudarles a prepararse para un cielo santo, donde todo es paz, donde no se oye una sola nota discordante. Sed pacientes con ellos en sus pruebas, que pueden pareceros pequeñas pero son grandes para ellos…

Debemos subyugar el genio violento, y dominar nuestras palabras; así obtendremos grandes victorias. A menos que dominemos nuestras palabras y genio, somos esclavos de Satanás, y estamos sujetos a él como cautivos suyos. Cada palabra discordante, desagradable, impaciente o malhumorada, es una 3ofrenda presentada a su majestad satánica. Y es una ofrenda costosa, más costosa que cualquier sacrificio que podamos hacer para Dios; porque destruye la paz y felicidad de familias enteras, destruye la salud, y puede hacernos perder finalmente una vida eterna de Felicidad (El hogar cristiano, {HC}, p. 396, 397).

Hay males que el hombre puede aminorar, pero que nunca puede eliminar. Ha de vencer los obstáculos y forjar su ambiente en lugar de ser amoldado por ellos. Tiene lugar suficiente para ejercitar sus talentos y extraer orden y armonía de la confusión. Al hacer esta obra puede disfrutar de la ayuda divina, si la reclama. No se le deja luchar con las tentaciones y pruebas con sus propias fuerzas. Aquel que es poderoso es capaz de ayudar. Jesús dejó las mansiones reales del cielo y sufrió y murió en un mundo degradado por el pecado con el fin de enseñarle al hombre cómo pasar por las luchas de la vida y vencer sus tentaciones. He ahí un ejemplo para nosotros (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, p. 292).

El amor es la base de la piedad. Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano. Pero nunca podemos entrar en posesión de este espíritu tratando de amar a otros. Lo que se necesita es que esté el amor de Cristo en el corazón. Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente. La plenitud del carácter cristiano se alcanza cuando el impulso a ayudar y beneficiar a otros brota constantemente de adentro, cuando la luz del cielo llena el corazón y se revela en el semblante.

Es imposible que el corazón en el cual Cristo mora esté desprovisto de amor. Si amamos a Dios porque él nos amó primero, amaremos a todos aquellos por quienes Cristo murió. No podemos llegar a estar en contacto con la Divinidad sin estar en contacto con la humanidad; porque en Aquel que está sentado sobre el trono del universo, se combinan la divinidad y la humanidad. Relacionados con Cristo, estamos relacionados con nuestros semejantes por los áureos eslabones de la cadena del amor. Entonces la piedad y la compasión de Cristo se manifestarán en nuestra vida. No esperaremos que se nos traigan los menesterosos e infortunados. No necesitaremos que se nos suplique para sentir las desgracias ajenas. Será para nosotros tan natural ministrar a los menesterosos y dolientes como lo fue para Cristo andar haciendo bienes (Palabras de vida del gran Maestro, {PVGM}, pp. 316, 317).

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Domingo 2 de junio | Lección 10_______________________________________________

LOS CONFLICTOS

Lee Mateo 7:5 y Proverbios 19:11. ¿Qué dos principios importantes pueden ayudarnos a evitar conflictos con los demás?

Mateo 7:5

5 ¡¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Proverbios 19:11

11 La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa.

El autor de Proverbios hace una observación muy astuta: “Iniciar una pelea es romper una represa; vale más retirarse que comenzarla” (Prov. 17:14, NVI). Una vez iniciado, un conflicto puede volverse increíblemente difícil de resolver. Según Romanos 14:19, podemos prevenir conflictos siguiendo dos cosas: “Todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación” (NVI). ¿Cuánto más importantes son estos principios para la armonía familiar?

A veces, cuando admites tu responsabilidad en un conflicto, puedes lograr que la otra parte se suavice. Da un paso hacia atrás, y considera si incluso es una batalla que merezca la pena librarse. Proverbios dice: “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Prov. 19:11). Al mismo tiempo, plantéate qué trascendencia tendrá esto en tu vida en tres días. Mejor aún, ¿qué impacto tendrá en cinco o diez años? ¿Cuántos matrimonios, por ejemplo, han tenido dificultades por cuestiones que hoy parecen tan triviales?

En lugar de dejar que el conflicto se prolongue durante mucho tiempo, al hablar con la otra persona, con un cónyuge, un hijo, un amigo o un compañero de trabajo, quizá tú mismo desees definir claramente el problema o el tema en discusión y centrarte inmediatamente en el tema. Los conflictos a menudo se agravan cuando el problema central que inició el conflicto se pierde en medio de palabras airadas, mientras los problemas o las heridas del pasado se añaden a la mezcolanza (esto puede ser mortal, especialmente para un matrimonio). Una mejor forma de iniciar una discusión más suave es reafirmar tu relación. Haz que la otra persona sepa que te preocupas profundamente por ella y por la relación. Una vez que hayas expresado tus sentimientos positivos, pueden pasar al tema en cuestión. Sin embargo, ten cuidado de no utilizar la palabra pero. Expresar un pensamiento positivo y luego decir “pero” niega lo que acabas de afirmar. Después de compartir tus sentimientos, escucha la perspectiva de la otra persona, reflexiona sobre lo que ella ha dicho y recién entonces propón una solución que tenga en cuenta lo que sea mejor para todos (Fil. 2:4, 5).

Haz memoria de algunos conflictos del pasado que ahora te parezcan absurdos e insignificantes. ¿Qué puedes extraer de esas experiencias que podría ayudar a evitar, al menos en lo que a ti respecta, que vuelva a suceder algo similar?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si Cristo es en nosotros “la esperanza de gloria”, no nos sentiremos inclinados a observar a los demás para revelar sus errores. En vez de procurar acusarlos y condenarlos, nuestro objeto será ayudarlos, beneficiarlos y salvarlos…

El que mire a menudo la cruz del Calvario, acordándose de que sus pecados llevaron al Salvador allí, no tratará de determinar el grado de su culpabilidad en comparación con el de los demás. No se constituirá en juez para acusar a otros. No puede haber espíritu de crítica ni de exaltación en los que andan a la sombra de la cruz del Calvario…

Un espíritu bondadoso y un trato benigno y persuasivo pueden salvar a los perdidos y cubrir multitud de pecados. La revelación de Cristo en nuestro propio carácter tendrá un poder transformador sobre aquellos con quienes nos relacionemos. Permitamos que Cristo se manifieste diariamente en nosotros, y él revelará por medio de nosotros la energía creadora de su palabra, una influencia amable, persuasiva y a la vez poderosa para restaurar en otras almas la perfección del Señor nuestro Dios (El discurso maestro de Jesucristo, {DMJ}, p. 109).

El juzgar a nuestros hermanos, el permitirnos abrigar sentimientos contra ellos, aun cuando pensemos que no nos han hecho un bien, no traerá bendición a nuestros corazones y no ayudará en ningún caso. No me atrevo a permitir que mis sentimientos se alimenten con todas mis aflicciones y que las repitan una vez y otra, y que se espacien en la atmósfera de la desconfianza, la enemistad y la disensión.

Hay luz en seguir a Jesús, en hablar de Jesús, en amar a Jesús, y yo no permitiré que mi mente hable o piense mal de mis hermanos. “De cierto os digo—dijo Cristo—que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis”. Mateo 25:40. No quiero sentir falta de bondad u hosquedad hacia nadie. No quiero ser una acusadora de mis hermanos. Satanás procurará conducir mi mente hacia eso, pero no puedo hacerlo. Quiero tener el Espíritu perdonador de Jesús (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 241).

Con su propia fuerza el hombre no puede enseñorearse de su espíritu. Pero mediante Cristo puede obtener el dominio propio. Por su fortaleza puede poner sus pensamientos y palabras en sujeción a la voluntad de Dios. La religión de Cristo pone las emociones bajo el control de la razón y disciplina la lengua. Bajo su influencia el genio rápido es subyugado, y el corazón se llena con paciencia y amabilidad.

Aférrense firmemente a Uno que tiene toda potestad en el cielo y en la tierra. Aunque ustedes fallan a menudo en revelar paciencia y calma, no abandonen la lucha. Resuelvan nuevamente, esta vez con más firmeza, ser pacientes bajo toda provocación. Y nunca aparten los ojos de su divino Ejemplo (Reflejemos a Jesús, {RJ}, p. 285).

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Lección 10 | Lunes 3 de junio__________________________________________________

ALGUNOS PRINCIPIOS PARA EL MATRIMONIO

El matrimonio, al igual que el día de reposo, es un regalo de Dios para la humanidad que se remonta al Edén. Y, como adventistas del séptimo día, sabemos lo que el enemigo de las almas ha hecho, y sigue haciendo, tanto con el sábado como con el matrimonio. Incluso los mejores matrimonios padecerán conflictos ocasionalmente.

A continuación presentamos algunos principios que pueden ayudar a las parejas a resolver estos problemas.

Lee Efesios 1:7. ¿Qué principio concluyente se encuentra aquí que debe formar parte de cualquier matrimonio?

Efesios 1:7

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

Debes aprender a perdonar; especialmente cuando tu cónyuge no se lo merece. Cualquiera puede perdonar a los merecedores; de hecho, eso casi no es perdón. El verdadero perdón es perdonar a quienes no se lo merecen, así como el Señor nos perdona por medio de Cristo. Nosotros debemos hacer lo mismo; de lo contrario, nuestro matrimonio, si sobrevive (lo que es poco probable), se parecerá al Purgatorio.

Lee Romanos 3:23. ¿Qué principio vital encontramos aquí también?

Romanos 3:23

23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

Debes aceptar que estás casado con un pecador, con un ser que ha sufrido cierto grado de daño emocional, físico y espiritual. Acostúmbrate a esto. Acepta los defectos de tu cónyuge. Resuelve esto con oración. Quizá tengas que convivir con esos defectos; pero no debes obsesionarte con ellos; si no, te arruinarán por completo. Un Dios santo y perfecto, por medio de Cristo, nos acepta tal como somos. Tú, que difícilmente seas santo y perfecto, debes hacer lo mismo con tu cónyuge.

Lee Filipenses 2:4 al 8. ¿Qué principio importante podemos usar también que nos ayude no solo en el matrimonio sino también en todas las relaciones potencialmente problemáticas?

Filipenses 2:4-8

no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. Mateo 6:14, 15. ¡Condiciones maravillosas, pero cuán poco se las entiende o se hace caso a ellas! Uno de los pecados más comunes, al cual acompañan los resultados más dañinos, es el abrigar un espíritu no perdonador. ¡Cuántos hay que albergan la animosidad o la venganza y luego se inclinan ante Dios y piden ser perdonados así como ellos perdonan! Seguramente no comprenden verdaderamente el significado de esta oración, de lo contrario no se atreverían a pronunciarla. Dependemos de la misericordia perdonadora de Dios todos los días y a cada hora; ¡cómo pues podemos abrigar amargura y malicia hacia aquellos que, cual nosotros, son también pecadores! Si en su diario convivir los cristianos pusiesen por obra los principios de esta oración, ¡qué cambio bendecido se obraría en la iglesia y en el mundo! Este sería el testimonio más convincente que se pudiera dar acerca de la realidad de la religión bíblica (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, p. 159).

Aun para los que pretenden ser seguidores de Jesús, es dificilísimo perdonar como perdonó Cristo. Se práctica tan poco el verdadero espíritu de perdón, y se aplican tantas interpretaciones a los requerimientos de Cristo, que se pierden de vista su fuerza y belleza. Tenemos una visión muy incierta de la gran misericordia y amante bondad de Dios. El está lleno de compasión y perdón, y nos perdona gratuitamente si realmente nos arrepentimos y confesamos nuestros pecados…

Debemos hacer que el amor de Jesús domine nuestra vida. Tendrá una influencia que suavice y subyugue nuestro corazón y carácter. Nos moverá a perdonar a nuestros hermanos aunque nos hayan injuriado. El amor divino debe fluir de nuestro corazón en amables palabras y bondadosas acciones para otros (A fin de conocerle, {AFC}, pp. 180, 181).

“No haya ahora altercado—dijo Abrahán—entre mí y ti, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos” …

Este caso puso de manifiesto el noble y desinteresado espíritu de Abrahán. ¡Cuántos, en circunstancias semejantes, habrían procurado a toda costa sus preferencias y derechos personales! ¡Cuántas familias se han desintegrado por esa razón! ¡Cuántas iglesias se han dividido, dando lugar a que la causa de la verdad sea objeto de las burlas y el menosprecio de los impíos! … Los hijos de Dios forman una sola familia en todo el mundo, y debería guiarlos el mismo espíritu de amor y concordia. “Amándoos los unos a los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos a los otros” (Romanos 12:10), es la enseñanza de nuestro Salvador. El cultivo de una cortesía uniforme, y la voluntad de tratar a otros como deseamos ser tratados nosotros, eliminaría la mitad de las dificultades de la vida. El espíritu de ensalzamiento propio es el espíritu de Satanás; pero el corazón que abriga el amor de Cristo poseerá esa caridad que no busca lo suyo. El tal cumplirá la orden divina: “No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros” (Filipenses 2:4) (Patriarcas y profetas, {PP}, p. 125).

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Martes 4 de junio | Lección 10_________________________________________________

EL PAPEL DEL ENOJO EN LOS CONFLICTOS

¿Quién no ha experimentado enojo en uno u otro momento? Lo que lo hace más difícil es cuando ese enojo va dirigido a un miembro de la familia. Además de la negación a perdonar, el enojo puede convertirse en un veneno que causará un gran dolor y sufrimiento en el hogar y la familia, y en las relaciones en general.

Lee Efesios 4:26 y 27; y Eclesiastés 7:9. ¿Cómo podemos equilibrar nuestra comprensión del enojo como una emoción y del enojo como un pecado? ¿Cuál es la diferencia?

Efesios 4:26-27

26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27 ni deis lugar al diablo.

Eclesiastés 7:9

No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.

¿Qué dice Santiago 1:19 y 20 que debemos aplicar todo el tiempo posible, pero especialmente cuando tratamos con miembros de la familia cuyas acciones, actitudes y palabras nos hacen encolerizar?

Santiago 1:19-20

19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.

Si estás enojado por algo, en lugar de dejarlo flotar como una nube oscura sobre tu vida, conviértelo en algo positivo. Ora por los que te lastiman y te maltratan, perdónalos y conviértete en una bendición para ellos. Probablemente no sea fácil al principio, pero cuando tomes la decisión y la sigas Dios se encargará del resto.

A veces, la raíz de la ira proviene de las características de los hogares en los que crecimos. Las personas enojadas a menudo provienen de familias enojadas, porque aprenden de sus modelos y siguen el mismo comportamiento en su vida, y finalmente se lo transmiten a sus hijos. A veces la ira puede ser el resultado de necesidades no satisfechas o de los celos, como fue el caso de Caín, que lo condujo al asesinato de su hermano.

Quizá tengas una buena razón para estar enojado, pero no la utilices como excusa para seguir así. No niegues el motivo real ni trates de justificarlo. Más bien, pídele a Dios que te ayude a resolverlo en forma positiva. El apóstol Pablo nos da un buen consejo: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Rom. 12:21).

Todos tenemos cosas que nos hacen enojar, incluso hasta el punto que nos duelen. Y, en algunos casos, probablemente tengamos motivos reales para estar enojados. La pregunta es: ¿Cómo hacer, mediante el poder de Dios, para impedir que ese enojo nos haga sentir miserables a nosotros mismos y a los que nos rodean?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Abrumado de horror e indignación porque Dios había sido deshonrado, y el pueblo había quebrantado su solemne pacto con él, arrojó al suelo las dos tablas de piedra y las rompió al pie del monte. Aunque su amor por Israel era tan grande que estaba dispuesto a poner su propia vida por el pueblo, sin embargo su celo por la gloria de Dios lo enojó, y ese enojo halló expresión en ese acto de tan terrible significado. Dios no lo reconvino. El haber roto las tablas de piedra era sólo una representación del hecho de que Israel había quebrantado el pacto que tan recientemente había hecho con Dios. El texto bíblico “Airaos, pero no pequéis”, se refiere a la justa indignación contra el pecado, que surge del celo por la gloria de Dios, y no al enojo promovido por la ambición del amor propio herido. Tal fue el enojo de Moisés (Testimonios para los ministros, {TM}, p. 100).

No vale la pena insistir en que las cosas se hagan como uno quiere, y en no ceder en asuntos de menor importancia, que suscitan amargura y resentimiento en el hogar. La vida es demasiado corta, y está demasiado llena de pesares. Sin pérdida de tiempo deberíamos atender toda herida y a todo corazón sometido a la tentación.

Cada cual sea considerado y amable con el otro. Jamás permita que el sol se ponga sobre su enojo. Jamás cierre los ojos para dormir sin arreglar esas pequeñas e insignificantes dificultades que hieren y dañan el alma (Casa día con Dios, {CDCD}, p. 223).

[D]eben protegerse del espíritu precipitado que es causa de palabras y acciones superficiales. El resentimiento, que se alimenta en su creencia de que los han maltratado, es el espíritu de Satanás y lleva a la perversión moral. Mientras permitan que tome el control la precipitación, impedirán que la razón controle sus palabras y su conducta y serán responsables de todas las malas consecuencias que esto pueda traerles. Lo que se hace con desagrado y precipitación no tiene excusa. La acción es mala. Con una sóla palabra agresiva y precipitada pueden clavar un aguijón en el corazón de sus amigos que nunca será olvidado. A menos que ejerciten el autocontrol serán… infeliz…

Algunos piensan que la locuacidad es una virtud y hablan grandezas de su franqueza diciendo las cosas desagradables que habitan en sus corazones. Permiten que su espíritu irascible se derrame como un torrente de reproches y acusaciones. Cuanto más hablan, más se excitan y Satanás aprovecha la ocasión para hacer su obra porque le es muy ventajosa. Las palabras irritan a quien las escucha y la provocación es respondida con palabras aún más duras. Finalmente, un asunto banal se convierte en un gran incendio. Ambos piensan que posiblemente sufran más pruebas de las que pueden soportar y que sus vidas son muy infelices. Con resolución, empiecen la tarea de controlar sus pensamientos, sus palabras y sus acciones. Cuando uno de ustedes sienta que se aviva el resentimiento, retírese y pida humildemente la ayuda de Dios, el cual escuchará la oración que sale de labios sinceros (Testimonios para la iglesia, {4TI}, t. 4, p. 239).

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Lección 10 | Miércoles 5 de junio______________________________________________

CONFLICTO, ABUSO, PODER Y CONTROL

A veces, los conflictos y el enojo no resueltos pueden convertirse en una dinámica relacional muy negativa y destructiva, e incluso en una relación abusiva. El abuso puede tomar una variedad de formas: física, verbal, emocional, psicológica, sexual y otras. Pero cualquier forma de abuso es contraria al principio esencial del Reino de Dios: el amor abnegado.

¿Qué enseñanzas vitales sobre las relaciones se encuentran en 1 Juan 4:7 y 8; y Colosenses 3:19?

1 Juan 4:7-8

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

Colosenses 3:19

19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

“Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” (Col. 3:19). La palabra ásperos, en el idioma griego original, se refiere a estar enojado o amargado con el cónyuge, y esto causa dolor continuo, hostilidad intensa y expresiones de odio. Pablo tiene muy en claro que un cónyuge no debe ser hostil ni violento. El abuso emocional, sexual y físico no es un comportamiento aceptable para un esposo o una esposa cristianos. Lo que sí es aceptable es que ames a tu cónyuge. Pablo también deja en claro que el amor es paciente y bondadoso, y que el amor no tiene envidia, no se jacta, no es orgulloso, no es grosero, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor, no se deleita en la maldad, sino que se regocija en la verdad. El amor siempre protege, siempre confía, siempre espera y siempre persevera. Ninguno de los atributos del amor ni remotamente aprueba ni acepta el abuso de ninguna manera.

Una relación saludable es aquella en la que ambas partes se sienten protegidas y seguras, en la que el enojo se maneja de manera saludable y en la que el servicio recíproco es la norma. A menudo, las víctimas de abuso se sienten culpables, como si fueran las responsables de provocar a su abusador o porque quizá “merecen” ser abusadas por alguna razón. Los abusadores pueden llegar a ser muy controladores, dominantes y hábiles para hacer que sus víctimas se sientan responsables. La verdad es que nadie merece ser abusado por otro, y los abusadores son responsables por sus propias decisiones y actos. Lo bueno es que la Biblia ofrece consuelo, no culpabilidad, para las víctimas de abuso. En algunas situaciones en las que el problema se vuelve inmanejable, las personas no deben temer buscar ayuda externa.

Es lamentable que algunas culturas toleren el abuso hacia las mujeres. ¿Por qué ningún cristiano debería caer en ese tipo de comportamiento, independientemente de lo que su cultura permita?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos los que han nacido en la familia celestial son en un sentido especial los hermanos de nuestro Señor. El amor de Cristo liga a los miembros de su familia, y dondequiera que se hace manifiesto este amor se revela la filiación divina. “Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.” [1 Juan 4:7].

Aquellos a quienes Cristo elogia en el juicio, pueden haber sabido poca teología, pero albergaron sus principios. Por la influencia del Espíritu divino, fueron una bendición para los que los rodeaban (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 593).

El egoísmo y el orgullo estorban el amor puro que nos une con Jesucristo en espíritu. Si este amor es verdaderamente cultivado, lo finito se combinará con lo finito, y todo se centrará en el Infinito. El amor mutuo santificado es sagrado. En esta gran obra, el amor mutuo de los cristianos – mucho más elevado, más constante, más cortés, más abnegado de lo que se haya visto – preserva la ternura, la benevolencia y la cortesía cristianas, y envuelve la hermandad humana en el abrazo de Dios, reconociendo la dignidad con que Dios ha investido los derechos del hombre. Los cristianos siempre deben cultivar esta dignidad para la honra y gloria de Dios (Comentario de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, {5BC}, t. 5, p. 1114).

Cuando los maridos exigen de sus esposas una sumisión completa, declarando que las mujeres no tienen voz ni voluntad en la familia, sino que deben permanecer sujetas en absoluto, colocan a sus esposas en una condición contraria a la que les asigna la Escritura. Al interpretar ésta así, atropellan el propósito de la institución matrimonial…

Los maridos deben estudiar el modelo y procurar saber lo que significa el símbolo presentado en la epístola a los efesios, la relación que sostiene Cristo con su iglesia. En su familia, el esposo ha de ser como el Salvador. ¿Se destacará él en la noble virilidad que Dios le dio, y procurará siempre elevar a su esposa y a sus hijos? ¿Alentará en derredor suyo una atmósfera pura y dulce? Mientras asevera sus derechos a ejercer la autoridad, ¿no cultivará tan asiduamente el amor de Jesús, para hacer de él un principio permanente que rija su hogar?

Procure cada esposo y padre comprender las palabras de Cristo, no en forma unilateral, espaciándose simplemente en la sujeción de la esposa a su marido, sino considerando a la luz de la cruz del Calvario su propia posición en el círculo de la familia. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…” (El hogar cristiano, {HC}, pp. 101, 102).

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Jueves 6 de junio | Lección 10__________________________________________________

PERDÓN Y PAZ

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mat. 7:12). Piensa en todas las formas en que necesitas aplicar este principio en tu vida, dentro y fuera de la familia, y a continuación anota cuáles son esas ocasiones y decide, con fe, cómo puedes lograrlo.

El autor de Hebreos aconsejó: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14). Incluso aunque hayamos tomado todas las medidas necesarias, algunos que nos han hecho daño no escucharán ni cambiarán. Algunos probablemente se disculpen; pero otros, no. De todos modos, es para nuestro beneficio tomar el camino del perdón recién mencionado, especialmente cuando se trata de un miembro de la familia.

De hecho, el perdón es una parte esencial de la resolución de conflictos, especialmente en la familia. Cuando alguien peca contra nosotros, al enemigo de Dios le encanta erigir un muro entre nosotros y esa persona, un obstáculo que nos impida amar a esa persona como Cristo nos amó. El perdón es una decisión que tomamos para evitar ese obstáculo.

“No somos perdonados porque perdonamos, sino por cómo perdonamos. El fundamento de todo perdón se encuentra en el amor inmerecido de Dios; pero por nuestra actitud hacia los demás mostramos si hemos hecho nuestro ese amor. Por tanto, Cristo dice: ‘Con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, serán medidos’ ” (PVGM 196, 197).

Al mismo tiempo, cuando nosotros somos los culpables, tenemos que tratar de restaurar la relación rota con la otra persona, lo que puede implicar acercarnos a ella y decirle que lamentamos lo que hemos hecho, y pedirle perdón. Eso es lo que dijo Jesús: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mat. 5:23, 24). Es agradable cuando alguien que nos ha lastimado se disculpa y pide perdón. Del mismo modo, es bueno cuando brindamos a otros el mismo tipo de atención.

El hecho de pensar en todo lo que necesitas para ser perdonado ¿de qué manera te ayuda a aprender a perdonar a los demás?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si os dicen palabras violentas, no repliquéis jamás con el mismo espíritu. Recordad que “la blanda respuesta quita la ira.” Proverbios 15:1. Y hay un poder maravilloso en el silencio. A veces las palabras que se le dicen al que está enfadado no sirven sino para exasperarlo. Pero pronto se desvanece el enojo contestado con el silencio, con espíritu cariñoso y paciente.

Bajo la granizada de palabras punzantes de acre censura, mantened vuestro espíritu firme en la Palabra de Dios. Atesoren vuestro espíritu y vuestro corazón las promesas de Dios. Si se os trata mal o si se os censura sin motivo, en vez de replicar con enojo, repetíos las preciosas promesas:

“No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.” Romanos 12:21 (Ministerio de curación, {MC}, pp. 386, 387).

“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Mateo 5:23, 24.

Cuando nuestro deber está tan claramente marcado, ¿por qué tantos miembros de iglesia se van en contra de un claro “Así dice el Señor”, y hablan de sus dificultades con personas que no conocen nada acerca de ellos, o a quienes esas dificultades no conciernen en lo más mínimo? Jesús, el gran Maestro, nos ha dicho cuál es nuestro deber… Oh, cuánta pena pudiera evitarse, y cuántos pensamientos negativos pudieran ser apagados, si los creyentes se involucraran en la obra que Cristo ha dicho que se deba hacer para prevenir el mal hablar y el mal pensar.

Unas cuantas palabras de explicación pueden cambiar completamente la opinión de aquellos que han estado contrariados, abrigando sentimientos amargos. No podemos ser obedientes a la ley de Dios sino hasta que hayamos borrado de la mente las diferencias, hasta que permitamos que nuestro corazón sea enternecido y subyugado por el Espíritu de Cristo (This Day With God, p. 19).

Las palabras amables, las miradas de simpatía, las expresiones de aprecio serían para muchos de los que luchan a solas como un vaso de agua fresca para el sediento. Una palabra de estímulo, un acto de bondad contribuyen mucho a aliviar el fardo que pesa sobre los hombros cansados. La verdadera felicidad consiste en servir desinteresadamente a otros. Cada palabra, cada acción ejecutada en este espíritu queda anotada en los libros del cielo como habiendo sido dicha o hecha para Cristo…

Vivid en el resplandor del amor del Salvador. Entonces vuestra influencia beneficiará al mundo (Testimonios para la iglesia, {7TI}, t. 7, p. 51).

El espíritu de labor abnegada en favor de otros da al carácter profundidad, estabilidad y amabilidad como las de Cristo, infunde paz y felicidad a su poseedor (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, p. 572).

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Lección 10 | Viernes 7 de junio________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Con demasiada frecuencia, los padres no están unidos en su gobierno de la familia. El padre, que acompaña muy poco a sus hijos, e ignora las peculiaridades de su disposición y temperamento, es duro y severo. No domina su genio, sino que corrige con enojo. El niño lo sabe, y en vez de subyugarlo el castigo lo llena de ira. La madre pasa por alto en una ocasión faltas que castigará severamente en otra. Los niños no saben nunca qué esperar, y se sienten tentados a ver hasta dónde pueden transgredir con impunidad. Así se siembran malas semillas que brotarán y darán fruto” (HC 283).

“El hogar ha de ser el centro del afecto más puro y elevado. Cada día debe fomentarse con perseverancia la paz, la armonía, el afecto y la felicidad, hasta que estos bienes preciosos moren en el corazón de los que componen la familia. La planta del amor debe nutrirse cuidadosamente; de lo contrario morirá. Todo principio bueno debe ser cultivado si queremos que florezca en el alma. Debe ser desarraigado todo lo que Satanás planta en el corazón: la envidia, los celos, las malas sospechas, la maledicencia, la impaciencia, el prejuicio, el egoísmo, la codicia y la vanidad. Si se permite que permanezcan estos malos rasgos en el alma, darán frutos que contaminarán a muchos. ¡Oh, cuántos cultivan las plantas venenosas que matan los frutos preciosos del amor y contaminan el alma!” (HC 174, 175).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Heb. 4:15). Así como Cristo se puso en nuestra situación para relacionarse mejor con nosotros, nosotros deberíamos hacer lo mismo con nuestro cónyuge. Intenta ver cualquier situación o crisis en particular no solo desde tu perspectiva, sino desde la de tu cónyuge también. Fíjate cómo el otro ve la situación, cómo impacta en él y por qué siente de esa manera. El principio puede ayudar considerablemente a aliviar situaciones complicadas. ¿De qué manera podemos aplicar este principio a todos los aspectos de posibles conflictos con los demás?
  2. En clase, responde la pregunta: El enojo ¿es siempre pecado? Fundamenta tu respuesta.

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