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Lección 9 – LA IGLESIA Y LA EDUCACIÓN – Para el 28 de noviembre de 2020

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Lección 9: Para el 28 de noviembre de 2020

LA IGLESIA Y LA EDUCACIÓN

Sábado 21 de noviembre__________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 10:30–37; Mateo 5:14–16; Lucas 4:18–23; Jeremías 29:13; Mateo 7:7; 1 Tesalonicenses 2:6–8.

PARA MEMORIZAR:

“Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos” (1 Tes. 2:6-8).

Desde los primeros tiempos en que los fieles se reunían para adorar a Dios, en sinagogas, hogares e iglesias, la Biblia muestra a gente que, mediante el estudio de las Escrituras y la adoración, anhela conocer a Dios y comprender su voluntad. La Biblia también revela repetidamente que la iglesia es un lugar donde debe haber deliberaciones serias y relevantes, y donde la gente pueda crecer en el conocimiento de Dios y su voluntad.

A veces tenemos miedo de hacer preguntas. Sin embargo, descubrimos que en la Biblia muchas veces se usan preguntas para lograr que la gente tenga una comprensión más clara de Dios. Para que la iglesia sea un lugar de aprendizaje, debe proporcionar el espacio para que haya verdadero diálogo. Así como suele decirse en la escuela: “No hay preguntas tontas”, debemos ofrecer dentro de la iglesia un entorno seguro para que cada persona crezca en la gracia y en la comprensión de Dios y su plan para su vida.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la iglesia de la primera época se enseñaba el cristianismo puro; sus preceptos fueron dictados por la voz de la inspiración; sus ordenanzas no estaban corrompidas por el artificio de los hombres. La iglesia manifestaba el espíritu de Cristo y aparecía hermosa en su sencillez. Su adorno eran los santos principios y vidas ejemplares de sus feligreses. Multitudes eran ganadas para Cristo, no por medio de la ostentación o el conocimiento, sino mediante el poder de Dios que acompañaba la simple predicación de su palabra (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 155).

A medida que [los discípulos] proclamaban un Salvador todopoderoso, resucitado, sus palabras conmovían los corazones y hombres y mujeres eran ganados para el evangelio. Multitudes que habían vilipendiado el nombre del Salvador y despreciado su poder, ahora se confesaban discípulos del Crucificado.

Los apóstoles no cumplían su misión por su propio poder, sino con el del Dios viviente. Su tarea no era fácil. Las primeras labores de la iglesia cristiana se realizaron bajo opresión y amarga aflicción. Los discípulos encontraban constantemente privaciones, calumnias y persecuciones en su trabajo; pero no consideraban sus propias vidas como caras; antes se regocijaban porque eran llamados a sufrir por Cristo. La irresolución, la indecisión, y la debilidad de propósito no hallaban cabida en sus esfuerzos. Estaban dispuestos a gastar y ser gastados. El sentido de la responsabilidad que descansaba sobre ellos, purificaba y enriquecía sus vidas; y la gracia del cielo se revelaba en las conquistas que lograron para Cristo. Con el poder de la omnipotencia, Dios obraba por intermedio de ellos para hacer triunfar el evangelio (Los hechos de los apóstoles, p. 475).

En la iglesia del hogar los niños han de aprender a orar y confiar en Dios. Enseñadles a repetir la ley de Dios. Así se instruyó a los israelitas acerca de los mandamientos: «Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes». Deuteronomio 6:7. Venid con humildad, con un corazón lleno de ternura, con una comprensión de las tentaciones y peligros que hay delante de vosotros mismos y de vuestros hijos; por la fe vinculadlos al altar, suplicando el cuidado del Señor por ellos. Educad a los niños a ofrecer sus sencillas palabras de oración. Decidles que Dios se deleita en que lo invoquen.

¿Pasará por alto el Señor del cielo tales hogares, sin dejar una bendición en ellos? No, por cierto. Los ángeles ministradores guardarán a los niños así dedicados a Dios. Ellos oyen las alabanzas ofrecidas y la oración de fe, y llevan las peticiones a Aquel que ministra en el Santuario en favor de su pueblo y ofrece sus méritos en su favor (Consejos para los maestros, pp. 105, 106).

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Lección 9 | Domingo 22 de noviembre____________________________________________

LA VERDADERA EDUCACIÓN CRISTIANA

Se cuenta la historia de un rabino que, mirando a los ojos adormilados de los jóvenes que estaban sentados en el aula, les preguntó:

–Alumnos, ¿cómo saber cuándo termina la noche y ha comenzado el día?

Varios de los alumnos levantaron la mano con cautela.

–Rabí –preguntó uno–, ¿es cuando se nota la diferencia entre una higuera y un olivo?

–No.

–Rabí, ¿es cuando se nota la diferencia entre una oveja y una cabra? –levantó la mano otro alumno.

Después de escuchar una gran cantidad de respuestas, el rabino anunció:

–Alumnos, uno sabe que la noche ha terminado y que ha comenzado el día cuando puede mirar una cara que nunca antes había visto y reconocer al extraño como hermano. Hasta ese momento, no importa cuán brillante sea el día, todavía es de noche.

Lee Lucas 10:30 al 37. ¿Qué cuestión quiso plantear Jesús con esta historia? ¿Qué debería formar parte de toda verdadera educación cristiana?

Lucas 10:30-37

30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Como Adventistas del Séptimo Día, fuimos bendecidos con abundante luz y verdad doctrinal (el estado de los muertos, el sábado, 1844 y el Juicio, el Gran Conflicto, entre otros), que incluso la mayoría del mundo cristiano aún no entiende. Y, sin embargo, por más que estas verdades sean fundamentales, ¿de qué nos sirven si no somos amables con los demás, si mostramos prejuicios contra los demás, y si permitimos que los prejuicios culturales y sociales de nuestro entorno nos hagan tratar a los demás como inferiores?

La verdadera educación cristiana, como mínimo, debe hacernos elevar por encima de estas debilidades y males humanos, y ver a los demás como Cristo los ve, seres por quienes él murió, seres cuyos pecados cargó en la Cruz, seres por los cuales pagó un precio infinito. Si exaltamos la Cruz como debemos, entonces veremos el valor de cada ser humano y, en teoría, los trataremos como realmente se merecen, según el valor que Dios les concede. La educación cristiana debe incluir esta enseñanza; de lo contrario, no merece el nombre de “cristiana”.

¿Qué prejuicios enseña tu cultura y tu sociedad, ya sea en forma sutil o abierta, que, como cristiano, debes dejar de lado?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¿Qué es la religión pura? Cristo nos ha dicho que la religión pura es el ejercicio de la compasión, la simpatía y el amor en el hogar, en la iglesia y en el mundo. Esta es la clase de religión que debe enseñarse a los niños, y que es genuina. Enséñenles que no han de centrar sus pensamientos en sí mismos, sino que dondequiera haya sufrimiento y necesidad humanas, hay un campo para la acción misionera…

Sea el hogar el lugar para la instrucción religiosa. Sean los padres los portavoces del Señor Dios de Israel para enseñarles los preceptos del verdadero cristianismo, y sean los ejemplos de lo que los principios del amor pueden hacer de los hombres y las mujeres (Reflejemos a Jesús, p. 244).

Hemos de pensar y cuidar de los demás que necesitan nuestro amor, ternura y cuidado. Siempre hemos de recordar que somos representantes de Cristo, y que hemos de compartir las bendiciones que nos otorga, no con los que nos las pueden devolver, sino con los que apreciarán los dones que satisfarán sus necesidades temporales y espirituales. Los que dan fiestas con el propósito de ayudar a los que tienen muy poco placer, con el propósito de iluminar sus fatigadas vidas, con el propósito de aliviar su pobreza y angustia, están actuando en forma abnegada y en armonía con las instrucciones de Cristo (Reflejemos a Jesús, p. 244).

Podemos aseverar ser seguidores de Cristo, podemos afirmar que creernos toda la verdad de la Palabra de Dios; pero esto no beneficiará a nuestro prójimo a menos que nuestra creencia penetre en nuestra vida diaria. Lo que profesamos puede ser tan sublime como el cielo, pero no nos salvará a nosotros ni a nuestros semejantes a menos que seamos cristianos. Un ejemplo correcto hará más para beneficiar al mundo que todo lo que profesemos.

Ninguna práctica egoísta puede servir a la causa de Cristo. Su causa es la causa de los oprimidos y de los pobres. En el corazón de los que profesan seguirle, se necesita la tierna simpatía de Cristo, un amor más profundo por aquellos a quienes estimó tanto que dio su propia vida para salvarlos. Estas almas son preciosas, infinitamente más preciosas que cualquier otra ofrenda que podamos llevar a Dios. El dedicar toda energía a alguna obra aparentemente grande, mientras descuidamos a los menesterosos y apartamos al extranjero de su derecho, no es un servicio que reciba su aprobación…

El amor es la base de la piedad. Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano. Pero nunca podemos entrar en posesión de este espíritu tratando de amar a otros. Lo que se necesita es que esté el amor de Cristo en el corazón. Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente. La plenitud del carácter cristiano se alcanza cuando el impulso a ayudar y beneficiar a otros brota constantemente de adentro, cuando la luz del cielo llena el corazón y se revela en el semblante (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 316, 317).

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Lunes 23 de noviembre | Lección 9_______________________________________________

LLAMADOS PARA VIVIR COMO LUCES

Por donde miremos, parece que nuestro planeta se está replegando sobre sí mismo, intercambiando luz por oscuridad. Sin embargo, también encontramos oscuridad mucho más cerca de nosotros al considerar nuestra experiencia en este mundo difícil y desafiante. Porque nosotros también conocemos los horrores que nos depara esta vida mientras luchamos con la enfermedad, mientras afrontamos la pérdida de los seres queridos, mientras vemos a las familias sucumbir a la separación y el divorcio, mientras luchamos por dar sentido a muchos de los males de nuestra sociedad y nuestra cultura.

No obstante, en medio de este panorama de ruina moral y oscuridad espiritual, en medio de todo este ruido externo e interno, escuchamos las palabras de Jesús para cada uno de nosotros:

“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo” (Mat. 5:14-16, NVI). ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de cómo debemos vivir? ¿De qué manera, como cristianos, lo que hacemos impacta en cómo los demás ven a Dios?

Sentada junto al mar de Galilea ese día bajo el sol ardiente, ¿cómo habrá entendido sus palabras la audiencia de Jesús? Los que escucharon sus palabras sabían todo acerca de la luz y la oscuridad. Por cierto, tenían mucha oscuridad para temer. Vivían bajo la ocupación romana, en una sociedad militarizada, que a pesar de su falta de teléfonos, computadoras e Internet, en muchos sentidos era tan eficiente como la nuestra, y en algunos aspectos aún más aterradora.

Los romanos estaban en todas partes, y les recordaban a las masas en la ladera que quienes insistían en causar problemas rápidamente se encontrarían con los torturadores, y con una muerte desnuda en una cruz romana.

Y, sin embargo, aquí estaba Jesús, llamándolos a vivir como la luz. A ser misericordiosos. A ser puros de corazón. A ser pacificadores. Por ende, la educación cristiana debe enseñar a nuestros alumnos a ser luces en el mundo, para poder tomar decisiones que revelarán la realidad y la bondad de Dios a los demás.

¿De qué manera podemos mostrar a los demás la realidad y la bondad de Dios?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los discípulos de Cristo han de ser la luz del mundo, pero Dios no les pide que hagan esfuerzo alguno para brillar. No aprueba los intentos llenos de satisfacción propia para ostentar una bondad superior. Desea que las almas sean impregnadas de los principios del cielo, pues entonces, al relacionarse con el mundo, manifestarán la luz que hay en ellos. Su inquebrantable fidelidad en cada acto de la vida será un medio de iluminación…

Al escoger a hombres y mujeres para su servicio, Dios no pregunta si tienen bienes terrenales, cultura o elocuencia. Su pregunta es: ¿Andan ellos en tal humildad que yo pueda enseñarles mi camino? ¿Puedo poner mis palabras en sus labios? ¿Me representarán a mí?

Dios puede emplear a cada cual en la medida en que pueda poner su Espíritu en el templo del alma. Aceptará la obra que refleje su imagen. Sus discípulos han de llevar, como credenciales ante el mundo, las indelebles características de sus principios inmortales (El ministerio de curación, pp. 23-25).

Es imposible que el corazón en el cual Cristo mora esté desprovisto de amor. Si amamos a Dios porque él nos amó primero, amaremos a todos aquellos por quienes Cristo murió. No podemos llegar a estar en contacto con la Divinidad sin estar en contacto con la humanidad; porque en Aquel que está sentado sobre el trono del universo, se combinan la divinidad y la humanidad. Relacionados con Cristo, estamos relacionados con nuestros semejantes por los áureos eslabones de la cadena del amor. Entonces la piedad y la compasión de Cristo se manifestarán en nuestra vida. No esperaremos que se nos traigan los menesterosos e infortunados. No necesitaremos que se nos suplique para sentir las desgracias ajenas. Será para nosotros tan natural ministrar a los menesterosos y dolientes como lo fue para Cristo andar haciendo bienes (Palabras de vida del gran Maestro, p. 317).

Cristo señaló la posición que su pueblo debe ocupar cuando dijo »Vosotros sois la luz del mundo». Mateo 5:14. Los miembros de la iglesia han de irradiar una influencia que iluminará a otros. El Dador de la luz acomoda las lámparas de manera que todo en su casa ( el mundo) pueda ser iluminado. Él tiene una reserva de luz inagotable, y ubica a quienes verdaderamente creen en él donde brillen más y más. Nuestra luz ha de incrementarse constantemente en resplandor, puesto que constantemente estamos recibiendo luz de la Fuente de toda luz. Al contemplar a Cristo seremos cambiados a su imagen, reflejando su luz al mundo.

Cada alma unida a Cristo llega a ser una luz en la casa de Dios. Cada una ha de recibir e impartir, permitiendo que su luz resplandezca en rayos claros y brillantes. Dios nos hará responsables si no permitimos que la luz brille sobre quienes están en tinieblas. Dios ha dado a cada miembro de su iglesia la tarea de alumbrar al mundo, y quienes hagan fielmente su parte en esta tarea, recibirán una reserva creciente de luz para impartir. Por su Espíritu el Señor moldeará y equipará al instrumento humano, avivando sus energías y dándole la luz con la cual iluminará a otros (Reflejemos a Jesús, p. 189).

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Lección 9 | Martes 24 de noviembre______________________________________________

VIVIR COMO DISCÍPULOS

Si como iglesia nos proponemos seriamente ser una fuerza para la educación cristiana, es imperativo que comencemos con Jesús. Jesús llamó a los discípulos. Los entrenó para misionar caminando con ellos. Jesús les brindó la oportunidad de relacionarse con la gente que debían cuidar y amar. Y diariamente Jesús los desafiaba con su visión de lo que podría ser este mundo cuando las personas comienzan a tratarse como hermanos y hermanas.

Lee Lucas 4:18 al 23. ¿Cuál es el mensaje de Cristo para todos los que somos sus seguidores?

Lucas 4:18-23

18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor.  20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 22 Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? 23 Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.

Durante tres años, los discípulos observaron cómo Jesús, su Maestro, hacía realidad los ideales del Reino, ideales anunciados en su primer sermón en la sinagoga de Nazaret. El perdón, la gracia y el amor iban de la mano con la soledad, el compromiso y las dificultades. Si había una lección que aprender, era la lección de que el discipulado no es algo que uno se toma a la ligera. Eres un discípulo de por vida, no solo por un día.

“El mandato que dio el Salvador a los discípulos […] incluye a todos los creyentes en Cristo hasta el fin del tiempo. […] A todos los que les llegó la inspiración celestial reciben el evangelio como cometido. A todos los que reciben la vida de Cristo se les ordena trabajar para la salvación de sus semejantes. La iglesia fue establecida para esa obra, y todos los que toman sus votos sagrados se comprometen por ese acto a ser colaboradores con Cristo” (DTG 761).

Como discípulos de Jesús, hoy debemos asegurarnos de que Jesús sea siempre el centro de nuestra comunión y de nuestra adoración. Es bueno recordar que fue Jesús quien inventó el discipulado. Aunque los rabinos de su época atraían seguidores, fue Jesús quien llamó a hombres y mujeres a seguirlo. Los rabinos nunca podrían haberse imaginado un llamado tan radical como para sugerir que estar con Jesús era más importante que todos sus mandatos.

Y, como discípulos de Jesús, no solo mostramos respeto por todas las personas; además trabajaremos para proveer el tipo de lugar donde todos puedan crecer y desarrollarse.

Por lo tanto, toda educación cristiana debe incluir este sentido de misión, de propósito, no solo para ganarse el sustento sino para hacer en nuestra propia esfera lo que Jesús nos llama a hacer: seguir sus pasos al suplir las necesidades de los necesitados y compartir con ellos las buenas nuevas del evangelio.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la actualidad el mundo está en urgente necesidad de una revelación de Jesucristo en la persona de sus santos. Dios desea que su pueblo se presente ante el mundo como un pueblo santo. ¿Por qué? Porque hay un mundo que ha de ser salvado por la luz de la verdad evangélica; y como el mensaje de verdad que debe llamar a los hombres a salir de las tinieblas a la luz maravillosa de Dios es anunciado por la iglesia, las vidas de sus miembros, santificadas por el Espíritu de verdad, han de testificar de la veracidad de los mensajes proclamados…

El mundo necesita una demostración de cristianismo práctico. En vista del hecho de que los que pretenden ser seguidores de Cristo constituyen un espectáculo para el mundo incrédulo, les corresponde estar seguros de que se hallan en una relación correcta con Dios… A fin de levantarse como luces en el mundo, necesitan ser iluminados constantemente por la luz clara del Sol de Justicia (In Heavenly Places, p. 313; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 315).

Por muy noble que sea lo profesado por aquel cuyo corazón no está lleno del amor a Dios y a sus semejantes, no es verdadero discípulo de Cristo. Aunque posea gran fe y tenga poder aun para obrar milagros, sin amor su fe será inútil. Podrá desplegar gran liberalidad; pero si el motivo es otro que el amor genuino, aunque dé todos sus bienes para alimentar a los pobres, la acción no le merecerá el favor de Dios. En su celo podrá hasta afrontar el martirio, pero si no obra por amor, será considerado por Dios como engañado entusiasta o ambicioso hipócrita (Los hechos de los apóstoles, p. 256).

La comunión con Cristo, ¡cuán inefablemente preciosa es! Es nuestro privilegio disfrutar de dicha comunión si es que la procuramos, si hacemos el sacrificio necesario para obtenerla. Cuando los primeros discípulos oyeron las palabras de Cristo, sintieron su necesidad de él. Lo buscaron, lo encontraron y lo siguieron. Lo acompañaban a los hogares, en tomo a las mesas, en el claustro secreto y en el campo. Lo acompañaban cual alumnos al maestro, recibiendo diariamente de sus labios lecciones de verdad santa. Lo estimaban cual siervos a su señor, para aprender sus deberes de él. Le servían contentos y alegres. Lo seguían cual soldados a su comandante, peleando la buena batalla de la fe. «Y los que están con él son llamados y elegidos y fieles». Apocalipsis 17: 14…

Esta conformidad con Jesús no pasará inadvertida para el mundo. Es un tema que se notará y se comentará. El cristiano quizá no esté consciente del gran cambio, porque mientras más se asemeje a Cristo en carácter, más humildemente pensará de sí mismo; pero todos los que lo rodean lo verán y sentirán. Aquellos que han tenido la experiencia más profunda en las cosas de Dios, son los que están más lejos del orgullo y la exaltación de sí mismos. Son los que más humildemente piensan de sí mismos y los que tienen las ideas más elevadas en cuanto a la gloria y excelencia de Cristo. Piensan que el lugar más bajo en su servicio es demasiado honorable para ellos (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 206,207).

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Miércoles 25 de noviembre | Lección 9___________________________________________

EN BUSCA DE LA VERDAD

Albert Einstein, quien a menudo es considerado el padre de la física moderna, escribió: “Lo importante es no dejar de preguntar. La curiosidad tiene su propia razón de existir. Uno no puede evitar sentirse asombrado cuando contempla los misterios de la eternidad, de la vida, de la maravillosa estructura de la realidad. Alcanza con que uno trate simplemente de comprender un poco de este misterio cada día. Nunca pierdan la sublime curiosidad”.

Vivimos en un mundo de misterio, ¿verdad? La ciencia moderna nos ha mostrado que existe una increíble complejidad en casi todos los niveles de existencia. Y, si es así para las meras cosas físicas, ¿cuánto más para las cosas espirituales?

¿Qué enseñan los siguientes textos sobre la búsqueda de la verdad, de respuestas? Jeremías 29:13; Mateo 7:7; Hechos 17:26, 27; Salmo 25:5; Juan 16:13; 17:17.

Jeremías 29:13

13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

Mateo 7:7

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Hechos 17:26-27

26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27 para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

Salmo 25:5

Encamíname en tu verdad, y enséñame, Porque tú eres el Dios de mi salvación; En ti he esperado todo el día.

Juan 16:13

13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Juan 17:17

17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

La Biblia está llena de historias de gente curiosa muy parecida a cada uno de nosotros: hombres y mujeres que tienen preguntas, miedos, esperanzas y alegrías; personas que, a su manera, buscan la verdad, buscan respuestas a las preguntas más difíciles de la vida.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Ecl. 3:11). ¿Qué quiere decir Salomón con esto? Algunos traducen la palabra hebrea ‘olam como “eternidad” y otros como un “sentido del pasado y del futuro”. Entonces, según este versículo, Dios ha colocado en la mente y el corazón humanos un sentido del pasado y el futuro, la eternidad misma. Es decir, como seres humanos, tenemos la capacidad de pensar en lo que llamamos “las grandes preguntas” sobre la vida y nuestra existencia en general.

Y, por supuesto, aquí es donde las Escrituras juegan el papel central. ¿Quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo debemos vivir? ¿Qué pasa cuando morimos? ¿Por qué hay maldad y sufrimiento? Estas son las preguntas que los que buscan la verdad se han estado haciendo desde el comienzo, según los registros históricos. Qué privilegio y qué responsabilidad es poder ayudar a estos buscadores a encontrar algunas respuestas en la actualidad. ¿Qué es la educación cristiana, si no conducir a las personas a estas respuestas que se encuentran en la Palabra de Dios?

¿Por qué las Escrituras deben desempeñar el papel principal para dar respuesta a las grandes preguntas de la vida?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Las palabras habladas a los discípulos son también para nosotros. El Consolador es tanto nuestro como de ellos. El Espíritu provee la fuerza que sostiene en toda emergencia a las almas que luchan y batallan en medio del odio del mundo y de la comprensión de sus propios fracasos y errores. En la tristeza y la aflicción, cuando la perspectiva parece obscura y el futuro perturbador, y nos sentimos desamparados y solos: estas son las veces cuando, en respuesta a la oración de fe, el Espíritu Santo proporciona consuelo al corazón…

No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo. Cristo nos dice que el Espíritu es el Consolador, «el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre». Juan 15:26. Se asevera claramente tocante al Espíritu Santo, que en su obra de guiar a los hombres a toda verdad, «no hablará de sí mismo». Juan 16: 13.

La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres de conceptos fantásticos pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro (Los hechos de los apóstoles, pp. 42, 43).

El Consolador es llamado el «Espíritu de verdad». Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Primero mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el Consolador. Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira.  Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre la mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, tuerce el carácter. Por medio de las Escrituras, el Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando por la Palabra de Dios, es como Cristo somete a sus escogidos a sí mismo.

Dios quiere que aun en esta vida las verdades de su Palabra continúen siempre revelándose a su pueblo. Y hay solo un modo para obtener este conocimiento. No podemos llegar a entender la Palabra de Dios sino por la iluminación del Espíritu por el cual fue dada la Palabra. «Las cosas de Dios nadie las conoce, sino el Espíritu de Dios»; «porque el Espíritu escudriña todas las cosas, y aun las cosas profundas de Dios». 1 Corintios 2:11, 10 (La maravillosa gracia de Dios, p. 199).

Me siento animada y bendecida al comprender que el Dios de Israel sigue conduciendo a su pueblo y que continuará con él hasta el fin…

Si alguna vez hubo un tiempo cuando necesitamos la dirección especial del Espíritu Santo, ese tiempo es ahora. Necesitamos una consagración total. Ya es tiempo de que manifestemos ante el mundo el poder de Dios que obra en nuestras propias vidas (La maravillosa gracia de Dios, p. 200).

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Lección 9 | Jueves 26 de noviembre_____________________________________________

CÓMO COMPARTIR LA VIDA

Lee 1 Tesalonicenses 2:6 al 8. ¿Qué enseña Pablo que podríamos y deberíamos reflejar en nuestras escuelas y nuestras iglesias?

1 Tesalonicenses 2:6-8

ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.

Al vernos confrontados por la degradación del sentido de comunidad en la sociedad, vivimos en una época en la que la interpretación bíblica del concepto de iglesia nunca ha sido tan significativa. Como nos recuerda Mateo 18:20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. La visión neotestamentaria de lo que son la iglesia y la comunidad cobró forma principalmente en los hogares de los creyentes. Fue allí donde la comunidad se reunía en grupos pequeños para orar, cantar, celebrar la Cena del Señor, aprender y compartir las palabras de Jesús entre ellos.

Estos grupos de culto también llegaron a ser las primeras escuelas de la iglesia, ya que este era el lugar donde conocían la Biblia y la nueva vida en Jesús. Los escritos de Pablo, como Romanos 12:2: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (NVI), sugieren que la iglesia se tomó muy en serio esta obra de educación.

Estos primeros creyentes pronto descubrieron que es en comunidad como se puede vivir mejor el evangelio. En comunidad, tenemos razones para cantar más fuerte, orar con más fervor y ser más cariñosos y compasivos. Cuando escuchamos a otros hablar de la bondad de Dios, sentimos lo bueno que ha sido con nosotros; cuando escuchamos de las luchas y las heridas de los demás, sentimos el cuidado de Dios en nuestra vida y experimentamos un deseo renovado de ser instrumentos de su gracia y de su poder sanador.

En el pasaje de hoy, Pablo afirma que el evangelio de Dios lo es todo: el poder de la Cruz, la resurrección del Señor, la promesa de su regreso. Simplemente, no había mejor noticia en todo el mundo, y Pablo pasó su vida entregado al desafío de compartir la historia de Jesús con total integridad y compromiso.

No obstante, Pablo sugiere que el mensaje del evangelio se puede entender mejor, se puede experimentar mejor, a través del acto de compartir la vida. Nunca debemos olvidar que la gente observa de cerca para ver si nuestra vida ilustra el mensaje de gracia que se encuentra en la Biblia.

Piensa bien en cómo vives, y hazte esta pregunta: ¿Qué tipo de testigo soy para quienes me rodean?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nos reunimos para edificamos unos a otros mediante el intercambio de pensamientos y sentimientos, para obtener fuerza, luz y valor al conocer mejor nuestras esperanzas y aspiraciones mutuas; y al elevar con fe nuestras oraciones fervientes y sentidas, recibimos refrigerio y vigor de la Fuente de nuestra fuerza. Estas reuniones deben ser momentos muy preciosos…

No todos tienen la misma experiencia en su vida religiosa. Pero si se reúnen los que han pasado por diversas circunstancias, pueden hablar de lo que han experimentado con sencillez y humildad. Todos los que prosiguen adelante en la carrera cristiana, deben tener y tendrán una experiencia viva, nueva e interesante. Una experiencia viva se compone de pruebas diarias, conflictos y tentaciones, arduos esfuerzos y victorias y mucha paz y gozo obtenidos mediante Jesús. Un simple relato de estas cosas da luz, fuerza y conocimiento que ayudarán a otros en su progreso en la vida cristiana.

Educa la mente para amar la Biblia, amar la reunión de oración, amar la hora de meditación, y sobre todo, la hora en la cual el alma comulga con Dios (En los lugares celestiales, p. 93).

Cuando Cristo llamó a sus discípulos y los intimó a dejar sus redes, les dijo que haría de ellos pescadores de hombres. Con estas palabras quería decir que debían trabajar. Al comunicar la verdad a los demás, debían dejar caer las redes al lado derecho del barco. Con esto quería decir que debían trabajar con fe para salvar almas. Y al obrar en favor de los individuos, gracias a la providencia de Dios, lo harían también por las comunidades. No debían pensar que cada uno de ellos constituía un elemento distinto en la obra, siro como las hebras individuales de un gran conjunto, inseparablemente unido; como los eslabones de una cadena, relacionados con sus semejantes y con Dios (Cada día con Dios, p. 251).

Reúnanse pequeños grupos para estudiar las Escrituras. No perderán nada y ganarán mucho. Los ángeles del cielo asistirán a sus reuniones y al alimentarse con el pan de vida recibirán fortaleza espiritual. Se estarán alimentando, por así decirlo, con las hojas del árbol de la vida. Sólo así mantendrán su integridad. La lealtad a Jesucristo les asegurará la más preciosa recompensa. Procure cada alma la vida eterna, aceptando a Cristo en palabra y en espíritu. Ha empeñado su palabra de que nos reconocerá alegre, cordial y gozosamente ante su Padre que está en los cielos: ¿No vale acaso la pena luchar por esto? Vean qué pueden hacer personalmente para ser fieles a los principios, para mantenerse incontaminados en todo aspecto de la vida, y entonces contemplarán su gloria (Cada día con Dios, p. 9).

La benigna presencia de Cristo en su Palabra está siempre hablando al alma, representándolo por medio de la fuente del agua viva que refresca el alma sedienta. Es nuestro privilegio tener un Salvador vivo y permanente. Él es la fuente de poder espiritual implantada dentro de nosotros, y su influencia se manifestará en palabras y acciones, refrigerando a todos los que están dentro de la esfera de nuestra influencia, creando en ellos deseos y aspiraciones de fuerza y pureza, de santidad y paz, y del gozo que no trae consigo dolor. Este es el resultado cuando el Salvador mora dentro de nosotros (Testimonios para los ministros, p. 390).

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Viernes 27 de noviembre | Lección 9_____________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Cristo frustró esa esperanza de grandeza mundanal. En el Sermón del Monte trató de deshacer la obra que había sido hecha por una falsa educación, y de dar a sus oyentes un concepto correcto de su Reino y de su propio carácter. Sin embargo, no atacó directamente los errores de la gente. Vio la miseria del mundo por causa del pecado, pero no delineó demasiado vívidamente la miseria de ellos. Les enseñó algo infinitamente mejor de lo que habían conocido antes. Sin combatir sus ideas acerca del Reino de Dios, les habló de las condiciones de entrada a él, dejándolos sacar sus propias conclusiones en cuanto a su naturaleza. Las verdades que enseñó no son menos importantes para nosotros que para la multitud que lo seguía. No necesitamos menos que dicha multitud conocer los principios fundacionales del Reino de Dios” (DTG 266).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo, Escocia, en 1850. Stevenson cuenta que una noche, cuando su niñera lo estaba preparando para ir a dormir, él se acercó a la ventana y vio algo cautivador. Era un farolero que iba de una lámpara de gas a otra. Con gran alegría, llamó a su niñera y le dijo: “¡Mira a ese hombre! ¡Está haciendo agujeros en la oscuridad!” ¿Qué papel te ha dado Dios para llevar luz y amor a tu comunidad? Si no estás seguro, invita a varios miembros de la iglesia y siéntense a analizar lo que podrían lograr juntos.
  2. Si la iglesia ha de trabajar en equipo con Dios para alcanzar al mundo, debemos aceptar las palabras y el ministerio de Jesús. La realidad misma de la Encarnación, de que Dios vino hasta nosotros, a vivir en nuestro mundo, a luchar, reír y llorar con nosotros, nos recuerda que fuimos llamados a cuidar a quienes nos rodean. ¿Cómo harás esto? ¿Cómo podrías aprovechar a los jóvenes de tu congregación para que te ayuden con este trabajo?
  3. Piensa en la responsabilidad que nosotros, como adventistas del séptimo día, tenemos de enseñar a los demás las maravillosas verdades que recibimos. La iglesia local, ¿cómo podría asumir un papel clave para enseñar estas verdades a los demás? Al mismo tiempo, ¿cómo puede la iglesia ser un lugar seguro para analizar estas verdades con quienes hacen preguntas difíciles sobre ellas? ¿Qué puedes hacer tú para crear un entorno en el que se puedan abordar preguntas serias?
  4. En clase, hablen sobre los prejuicios culturales de la sociedad donde vives. ¿De qué manera tu iglesia puede enseñar a los demás a elevarse por encima de esos prejuicios y seguir las enseñanzas de las Escrituras?

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Comentario del video:

EL MINISTERIO DE LA BONDAD

Capítulo 5— La parábola del buen Samaritano

Ilustración de la naturaleza de la verdadera religión—En la historia del buen samaritano, Cristo ilustra la naturaleza de la verdadera religión. Muestra que ésta no consiste en sistemas, credos, o ritos, sino en la realización de actos de amor, en hacer el mayor bien a otros, en la bondad genuina. …

La lección no se necesita menos hoy en el mundo que cuando salió de los labios de Jesús. El egoísmo y la fría formalidad casi han extinguido el fuego del amor y disipado las gracias que podrían hacer fragante el carácter. Muchos de los que profesan su nombre han perdido de vista el hecho de que los cristianos deben representar a Cristo. A menos que practiquemos el sacrificio personal para bien de otros, en el círculo familiar, en el vecindario, en la iglesia y en dondequiera que podamos, cualquiera sea nuestra profesión, no somos cristianos.—El Deseado de Todas las Gentes, 460, 465.

¿Quién es mi prójimo?—Entre los judíos la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” causaba interminables disputas. No tenían dudas con respecto a los paganos y los samaritanos. Estos eran extranjeros y enemigos. ¿Pero dónde debía hacerse la distinción entre el pueblo de su propia nación y entre las diferentes clases de la sociedad? ¿A quién debía el sacerdote, el rabino, el anciano considerar como su prójimo? Ellos gastaban su vida en una serie de ceremonias para hacerse puros. Enseñaban que el contacto con la multitud ignorante y descuidada causaría impureza, que exigiría un arduo trabajo quitar. ¿Debían considerar a los “impuros” como sus prójimos? Cristo contestó esta pregunta en la parábola del buen samaritano. Mostró que nuestro prójimo no significa una persona de la misma iglesia o la misma fe a la cual pertenecemos. No tiene que ver con la raza, el color o la distinción de clase. Nuestro prójimo es toda persona que necesita nuestra ayuda. Nuestro prójimo es toda alma que está herida y magullada por el adversario. Nuestro prójimo es todo el que pertenece a Dios. – Lecciones Prácticas del Gran Maestro, 343, 345.

Ilustrado con la parábola—Cristo estaba hablando a una gran multitud. Los fariseos, esperando pescar algo de sus labios que pudieran usar para condenarlo, enviaron a un letrado ante él con la siguiente pregunta: “¿Haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?” Cristo leyó en el corazón de los fariseos como en un libro abierto, y su respuesta a la pregunta fué: “¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo. Y díjole: Bien has respondido: haz esto y vivirás”. El doctor de la ley sabía que con su propia respuesta se había condenado a sí mismo. El sabía que no amaba a su prójimo como a sí mismo. Pero deseando justificarse, preguntó: “¿Quién es mi prójimo?” Cristo contestó a esta pregunta con el relato de un incidente, cuyo recuerdo estaba fresco en las mentes de sus oyentes.—Manuscrito 117, 1903.

Dijo: “Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto”. Viajando de Jerusalén a Jericó, el viajero tenía que pasar por una sección del desierto de Judea. El camino conducía a una hondonada desierta y rocosa que estaba infestada de bandidos, y que a menudo era escenario de actos de violencia. Fué allí donde el viajero resultó atacado, despojado de cuanto de valor llevaba y dejado medio muerto a la vera del camino. Mientras yacía en esa condición, pasó por el sendero un sacerdote; vió al hombre tirado, herido y magullado, revolcándose en su propia sangre, pero lo dejó sin prestarle ninguna ayuda. “Se pasó de lado”. Entonces apareció un levita. Curioso de saber lo que había ocurrido, se detuvo y observó al hombre que sufría. Estaba convencido de lo que debía hacer, pero no era un deber agradable. Deseó no haber venido por ese camino, de manera que no hubiese visto al hombre herido. Se persuadió a sí mismo de que el caso no le concernía a él, y él también “se pasó de lado”. Pero un samaritano, viajando por el mismo camino, vió al que sufría, e hizo la obra que los otros habían rehusado. Con amabilidad y bondad ministró al hombre herido. “Viéndole, fué movido a misericordia; y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. Y otro día, al partir, sacó dos denarios y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamelo, y todo lo que demás gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré”. Tanto el sacerdote como el levita profesaban piedad, pero el samaritano mostró que él estaba verdaderamente convertido. No era más agradable para él hacer la obra que para el sacerdote y el levita, pero por el espíritu y por las obras demostró que estaba en armonía con Dios. Al dar esta lección, Cristo presentó los principios de la ley de una manera directa y enérgica, mostrando a sus oyentes que habían descuidado el cumplir esos principios. Sus palabras eran tan definidas y al punto, que los que escuchaban no pudieron encontrar ocasión para cavilar. El doctor de la ley no encontró en la lección nada que pudiera criticar. Desapareció su prejuicio con respecto a Cristo. Pero no pudo vencer su antipatía nacional lo suficiente como para mencionar por nombre al samaritano. Cuando Cristo le preguntó: “¿Quién, pues de estos tres, te parece que fué el prójimo de aquel que cayó en manos de los ladrones?” él contestó: “El que usó con él de misericordia”. “Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”. Muestra la misma tierna bondad hacia aquellos que se hallan en necesidad. Así darás evidencia de que guardas toda la ley. — Lecciones Prácticas del Gran Maestro, 346-348.

Cualquiera que está en necesidad es nuestro prójimo—Cualquier ser humano que necesita nuestra simpatía y nuestros buenos servicios, es nuestro prójimo. Los dolientes e indigentes de todas clases son nuestros prójimos; y cuando llegamos a conocer sus necesidades, es nuestro deber aliviarlas en cuanto sea posible.—Testimonios Selectos 3:269.

Con esta parábola queda establecido para siempre el deber del hombre hacia sus prójimos. Debemos cuidar cada caso de sufrimiento y considerarlo como propio, como agentes de Dios para aliviar a los necesitados hasta donde nos sea posible. Debemos ser colaboradores junto con Dios. Hay quienes manifiestan gran aflicción por sus parientes, sus amigos y protegidos, pero que fallan en ser buenos y considerados con aquellos que necesitan bondadosa simpatía, que necesitan consideración y amor. Con corazones fervientes preguntémonos: ¿Quién es mi prójimo? Nuestros prójimos no son solamente nuestros íntimos y amigos especiales; no son simplemente aquellos que pertenecen a nuestra iglesia o que piensan como nosotros. Nuestros prójimos son toda la familia humana. Debemos ser buenos con todos los hombres y especialmente con aquellos que son de la familia de la fe. Debemos dar al mundo una demostración de lo que significa cumplir la ley de Dios. Debemos amar a Dios por sobre todo y a nuestros prójimos como a nosotros mismos.The Review and Herald, 1 de enero de 1895.

La verdadera religión desfiguradaEl sacerdote y el levita habían ido a adorar al templo cuyo servicio fué indicado por Dios mismo. El participar en ese servicio era un noble y exaltado privilegio, y el sacerdote y el levita creyeron que, habiendo sido así honrados, no les correspondía ministrar a un hombre anónimo que sufría a la orilla del camino. Así descuidaron la especial oportunidad que Dios les había ofrecido como agentes suyos, de bendecir a sus semejantes. Muchos están hoy cometiendo un error similar. Dividen sus deberes en dos clases distintas. La primera clase abarca las grandes cosas, que han de ser reguladas por la ley de Dios; la otra clase se compone de las cosas llamadas pequeñas, en las cuales se ignora el mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esta esfera de actividad se deja librada al capricho, y se sujeta a la inclinación o al impulso. Así el carácter se malogra y la religión de Cristo es mal interpretada. Existen personas que piensan que es degradante para su dignidad ministrar a la humanidad que sufre. Muchos miran con indiferencia y desprecio a aquellos que han permitido que el templo del alma yaciera en ruinas. Otros descuidan a los pobres por diversos motivos. Están trabajando, como creen, en la causa de Cristo, tratando de llevar a cabo alguna empresa digna. Creen que están haciendo una gran obra, y no pueden detenerse a mirar los menesteres del necesitado y afligido. Al promover el avance de su supuesta gran obra, pueden hasta oprimir a los pobres. Pueden colocarlos en duras y difíciles circunstancias, privarlos de sus derechos o descuidar sus necesidades. Sin embargo, creen que todo eso es justificable porque están, según piensan, promoviendo la causa de Cristo. — Lecciones Prácticas del Gran Maestro, 350.

Requerimientos de la ley de Dios de mucho alcanceEl dejar sin alivio el sufrimiento de nuestro prójimo es una infracción a la ley de Dios. Dios llevó al sacerdote por ese camino con el propósito de que con sus propios ojos pudiera ver un caso que necesitaba misericordia y ayuda; pero el sacerdote, aunque desempeñaba un santo oficio, cuya obra era impartir misericordia y hacer lo bueno, se hizo a un lado. Su carácter quedó expuesto en su verdadera naturaleza delante de los ángeles de Dios. Como ostentación él podía hacer largas oraciones, pero no podía guardar los principios de la ley, al amar a Dios con todo su corazón y a su prójimo como a sí mismo. El levita era de la misma tribu que la herida y golpeada víctima. Todo el cielo miró cuando el levita pasaba por el camino, para ver si su corazón podía ser tocado por la humana aflicción. Cuando contempló al hombre quedó convencido de lo que debía hacer; pero como no era un deber agradable, deseó no haber pasado por ese camino, para no haber necesitado ver al hombre herido y golpeado, desnudo y agonizante y necesitado de la ayuda de sus semejantes. El siguió de largo, persuadiéndose a sí mismo de que eso no le incumbía y que no necesitaba preocuparse por el caso. Pretendiendo ser un expositor de la ley, un ministro de las cosas sagradas, sin embargo, se fué por el otro lado. Oculto en la columna de la nube, el Señor Jesús había dado dirección especial en cuanto a la ejecución de los actos de misericordia hacia el hombre y la bestia. Al paso que la ley de Dios requiere supremo amor a Dios y desinteresado amor para nuestros semejantes, sus requerimientos más abarcantes también atañen a los animales que no pueden expresar con palabras sus necesidades y sufrimientos. “No verás el asno de tu hermano, o su buey, caídos en el camino, y te esconderás de ellos: con él has de procurar levantarlos”. El que ama a Dios no solamente amará a sus prójimos, sino que mirará con tierna compasión a las criaturas que Dios ha hecho. Cuando el Espíritu de Dios está en el hombre él lo dirige para que alivie a toda criatura que sufre.—The Review and Herald, 1 de enero de 1895.

Fueron olvidados los principios de la ley de Dios—El sacerdote y el levita no tenían excusa para su indiferente frialdad de corazón. La ley de misericordia y bondad estaba claramente establecida en las escrituras del Antiguo Testamento. Precisamente, les incumbía atender casos como el de aquel que ellos fríamente habían pasado por alto. Si ellos hubieran obedecido la ley que pretendían respetar, no habrían pasado por alto al hombre sin prestarle su ayuda. Pero habían olvidado los principios de la ley que Cristo, oculto desde la columna de la nube, había dado a sus padres cuando él los guiaba a través del desierto. … ¿Quién es mi prójimo? Esta es una pregunta que todas nuestras iglesias necesitan comprender. Si el sacerdote y el levita hubieran leído de una manera inteligente el código hebreo, su actitud hacia el hombre herido habría sido muy diferente.—Manuscrito 117, 1903.

Condiciones para heredar la vida eternaLas condiciones para heredar la vida eterna son claramente establecidas por nuestro Salvador de la manera más simple. El hombre que estaba herido y despojado representa a los que son el objeto de nuestro interés, simpatía y caridad. Si descuidamos los casos de los necesitados e infortunados que nos son dados a conocer, no importa quiénes puedan ser, no tenemos seguridad de la vida eterna, ya que no hemos contestado las demandas que Dios ha puesto sobre nosotros. No nos compadecemos ni apiadamos de la humanidad porque ellos sean parientes o amigos nuestros. Seréis hallados transgresores del segundo gran mandamiento, del cual dependen los otros seis últimos mandamientos [del Decálogo]. Cualquiera que ofendiere en un punto, es culpado de todos. Aquellos que no abren sus corazones a las necesidades y sufrimientos de la humanidad, no abrirán sus corazones a las demandas de Dios que están establecidas en los primeros cuatro preceptos del Decálogo. Los ídolos reclaman el corazón y los afectos, y Dios no es honrado y no reina supremo.Testimonies for the Church 3:524.

Vuestra oportunidad y la míaHoy día Dios da a los hombres la oportunidad de mostrar si aman a sus prójimos. El que verdaderamente ama a Dios y a su prójimo es aquel que manifiesta misericordia hacia los desheredados, los dolientes, los heridos, los que se están muriendo. Dios insta a cada hombre a empeñarse en realizar la obra que ha descuidado, a que restaure la imagen moral del Creador en la humanidad.—Carta 113, 1901.

Cómo podemos amar a nuestros prójimos como a nosotros mismosPodremos amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos solamente cuando amemos a Dios por sobre todo. El amor de Dios traerá frutos de amor hacia nuestros prójimos. Muchos piensan que es imposible amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, pero únicamente ése es el fruto genuino del cristianismo. Amar a otros es levantar en alto a nuestro Señor Jesucristo; es caminar y trabajar teniendo en vista un mundo invisible. De esta manera hemos de contemplar a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.—The Review and Herald, 26 de junio de 1894.

Testimonios para la Iglesia, Tomo 1

El joven rico

Mientras me encontraba en Monterrey, Míchigan, el 8 de octubre de 1854 se me mostró en visión que la condición de muchos observadores del sábado era como la del joven rico que acudió a Jesús para averiguar lo que debía hacer a fin de heredar la vida eterna.  1TI 159.2 (Testimonios para la Iglesia I)

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿Qué bien haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno si no uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.     (1TI 159.3)

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos. De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”. Mateo 19:16-26.      (1TI 159.4)

Jesús le citó al joven rico cinco de los últimos seis mandamientos, y también el segundo gran mandamiento que sirve como base a los últimos seis. El joven pensó que había guardado los que Jesús mencionó. El Señor no habló de los primeros cuatro mandamientos, que contienen nuestro deber hacia Dios. En respuesta a la pregunta del joven: “¿Qué más me falta?” Jesús le contestó: “Si quieres ser perfecto, anda vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo”.   (1TI 159.5)

Ahí estaba su deficiencia. Falló en guardar los primeros cuatro mandamientos, y también los últimos seis. Falló en amar a su prójimo como a sí mismo. Jesús dijo: “Dalo a los pobres”. Jesús tocó sus posesiones. “Vende lo que tienes y dalo a los pobres”. En esta referencia directa señaló cuál era su ídolo. Su amor a las riquezas era supremo, por lo tanto era imposible que él amara a Dios de todo corazón, con toda el alma y con toda la mente. Y ese amor supremo por sus riquezas cerró sus ojos a las necesidades de sus semejantes. No amó a su prójimo como a sí mismo, y por lo tanto falló en guardar los últimos seis mandamientos. Su corazón estaba con su tesoro. Fue absorbido por sus posesiones terrenas. Amaba sus posesiones más que a Dios, más que al tesoro celestial. Escuchó las condiciones de boca de Jesús. Si vendiera sus bienes y diera el producto a los pobres, tendría tesoro en el cielo. Esa era una prueba para establecer cuánto más apreciaba la vida eterna que las riquezas. ¿Se aferró él a la posibilidad de recibir la vida eterna? ¿Luchó sinceramente por remover el obstáculo que se encontraba en el camino que debía recorrer para tener un tesoro en el cielo? Oh, no; en cambio “se fue triste, porque tenía muchas posesiones”.     (1TI 160.1)

Se me llamó la atención a estas palabras: “Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”. Jesús dijo: “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”. El ángel dijo: “¿Permitirá Dios a los ricos quedarse con sus riquezas y al mismo tiempo entrar en el reino de Dios?” Otro ángel contestó: “No, nunca”.  (1TI 160.2)

Vi que el plan de Dios es que esas riquezas se utilicen debidamente, que se distribuyan para bendición de los necesitados, y para hacer avanzar la obra de Dios. Si los hombres aman sus riquezas más de lo que aman a sus semejantes, más de lo que aman a Dios o las verdades de su Palabra, si sus corazones están con sus riquezas, no podrán tener vida eterna. Estarán más dispuestos a abandonar la verdad que a vender sus posesiones y dar el producto a los pobres. En esto se los prueba para demostrar cuánto aman a Dios, y cuánto aman la verdad; lo mismo que el joven de la Biblia, muchos se van tristes porque no pueden tener sus riquezas y también un tesoro en el cielo. No pueden tener ambas cosas, de modo que se arriesgan a perder la vida eterna por conservar las posesiones mundanales. (1TI 160.3)

“Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”. Para Dios todo es posible. La verdad entronizada en el corazón por el Espíritu de Dios hará desaparecer el amor por las riquezas. El amor a Jesús y por las riquezas no puede permanecer en un mismo corazón. El amor de Dios sobrepasa tanto el amor a las riquezas que quien lo posee se desprende de sus riquezas y transfiere sus afectos a Dios. Mediante el amor es en adelante inducido a proveer recursos para la causa de Dios. Experimenta un placer supremo al disponer correctamente de los bienes del Señor. Predomina el amor a Dios y a sus semejantes, y todo lo que tiene no lo considera suyo propio, sino que cumple fielmente su deber como mayordomo de Dios. Así puede cumplir los dos grandes mandamientos de la ley: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Mateo 22:37. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22:39. En esta forma es posible que un rico entre en el reino de Dios. “Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”. Mateo 19:29-30.      (1TI 161.1)

Aquí está la recompensa para los que se sacrifican por Dios. Reciben cien veces más en esta vida y también heredarán la vida eterna. “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”. Se me mostró aquellos que reciben la verdad pero no viven de acuerdo con ella. Se aferran a sus posesiones y no están dispuestos a distribuir parte de sus bienes para hacer progresar la causa de Dios. No tienen fe para aventurarse y confiar en Dios. Su amor a este mundo absorbe su fe. Dios pide una parte de sus bienes, pero ellos no le obedecen. Razonan que han trabajado duramente para obtener lo que poseen, de modo que no pueden prestarlo al Señor, porque temen padecer necesidad. “Hombres de poca fe”. Lucas 12:28. El mismo Dios que cuidó a Elías en tiempo de hambre, no dejará abandonado a ninguno de sus hijos abnegados. El que tiene contados los cabellos de las cabezas de sus hijos, los cuidará y los sustentará en el día cuando haya hambre. Mientras los malvados perezcan a su alrededor por falta de pan, su pan y su agua estarán seguros. Los que sigan aferrándose a su tesoro terrenal, y no dispongan en forma adecuada de lo que Dios les ha prestado, perderán su tesoro en el cielo y también la vida eterna.   (1TI 161.2)

Dios en su providencia ha enternecido los corazones de algunos que poseen riquezas, y los ha convertido a la verdad, para que con sus bienes contribuyan a mantener en marcha su obra. Y si los que son ricos no hacen esto, si no cumplen el propósito de Dios, él los pasará por alto, y traerá a otros para que llenen su lugar y cumplan su propósito, y distribuyan gozosamente sus posesiones para satisfacer las necesidades de la causa de Dios. En esto serán primeros. Dios tendrá en su causa a personas que harán esto     (1TI 162.1)

El podría enviar recursos financieros desde el cielo para llevar adelante su obra; pero él no trabaja en esta forma. Ha dispuesto que los seres humanos sean sus instrumentos, y que así como se efectuó un gran sacrificio para redimirlos, también ellos desempeñen una parte en esta obra de salvación, sacrificándose por los demás, y al hacerlo muestren cuánto aprecian el sacrificio que se hizo por ellos.   (1TI 162.2)

Se me dijo que prestara atención a lo que dice Santiago 5:1-3: “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros”.     (1TI 162.3)

Vi que estas temibles palabras se aplican especialmente a los ricos que profesan creer la verdad presente. El Señor los llama a usar sus recursos a fin de hacer progresar su causa. Se les presentan oportunidades, pero ellos cierran sus ojos a las necesidades de la causa, y se aferran a su tesoro terrenal. Su amor por el mundo es mayor que su amor por la verdad, su amor por sus semejantes o su amor por Dios. El pide que le den de sus bienes, pero ellos retienen lo que poseen en forma egoísta y codiciosa. Dan un poquito una vez u otra para tranquilizar su conciencia, pero no han vencido su amor por este mundo. No se sacrifican por Dios. El Señor ha traído a otros que aprecian la vida eterna, y que pueden sentir y comprender algo de lo que vale el alma, y que han dado abundantemente de sus recursos para hacer progresar la causa de Dios. La obra está por concluirse, y pronto ya no se necesitarán los recursos de los que han conservado sus riquezas, sus grandes granjas, su ganado, etc. Vi al Señor volverse airado hacia tales personas, y pronunciar estas palabras: “¡Vamos ahora, ricos!” El ha llamado, pero no habéis querido escuchar. El amor a este mundo ha ahogado su voz. Ahora ya no os necesita, de modo que os deja diciéndoos: “Vamos ahora, ricos!    (1TI 162.4)

Vi que era algo terrible ser abandonado por el Señor en esa forma, que era algo espantoso aferrarse a los bienes perecederos de este mundo, cuando él ha dicho que si vendemos y damos ofrendas, podemos hacernos tesoros en el cielo. Se me mostró que al ir concluyendo la obra, y al avanzar la verdad con gran poder, esos hombres ricos traerán sus recursos y los colocarán a los pies de los siervos de Dios, rogándoles que los acepten. La respuesta de los siervos de Dios será: ¡Vayan ahora, ricos!” vuestros recursos ya no son necesarios. Los retuvisteis cuando hubiérais podido hacer bien haciendo progresar la causa de Dios. Los necesitados han sufrido, porque no han sido bendecidos con vuestros recursos. Dios no aceptará vuestras riquezas ahora. “¡Vayan ahora, ricos!”   (1TI 163.1)

Luego se me dijo que prestara atención a estas palabras: “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos” Santiago 5:4. Vi que Dios no estaba en todas las riquezas que se obtienen. Con frecuencia Satanás tiene mucho más que ver que Dios con la adquisición de propiedades. Muchas riquezas se obtienen porque no se paga con justicia a los obreros. El hombre rico naturalmente es codicioso, obtiene sus riquezas oprimiendo a sus obreros y sacando ventaja de la gente cuando quiera que puede hacerlo, con lo cual añade a un tesoro que devorará su carne como fuego.    (1TI 163.2)

Algunos no siguen una conducta honrada ni sincera. Los tales deben actuar en forma muy diferente y trabajar rápidamente para redimir el tiempo. Muchos observadores del sábado yerran en esto. Se aprovechan de sus hermanos pobres, y los que tienen abundancia de recursos exigen a sus hermanos que están en situación embarazosa y angustiosa por falta de recursos, un precio superior al valor real de las cosas que les venden, mucho más de lo que ellos mismos pagarían. Dios conoce todas estas cosas. Todo acto egoísta, toda extorsión codiciosa, traerá su recompensa.     (1TI 163.3)

Vi que es cruel e injusto no tener consideración de la situación de un hermano. Si él está angustiado y empobrecido, a pesar de hacer lo mejor que puede, se le debe hacer alguna concesión. Ni siquiera se le debe exigir el pleno valor de las cosas que compre a los ricos; sino que ellos deben manifestar compasión hacia él. Dios aprobará tales actos de bondad, y el que los haga no perderá su recompensa. Pero una terrible cuenta subsiste contra muchos observadores del sábado por actos de egoísmo y avaricia.     (1TI 163.4)

Me fue recordado un tiempo en el cual eran pocos los que escuchaban y abrazaban la verdad. Estos no tenían muchos bienes de este mundo. Las necesidades de la causa se dividían entre muy pocos. Entonces era necesario que algunos vendiesen sus casas y tierras, y consiguiesen otras más baratas para usarlas como refugio u hogar, mientras que prestaban libre y generosamente sus recursos al Señor para publicar la verdad y ayudar de otras maneras a hacer progresar la causa de Dios. Mientras contemplaba a estos hermanos abnegados, vi que habían soportado privaciones para beneficiar a la causa. Vi a su lado a un ángel que señalaba hacia arriba y decía: “¡Tenéis bolsas en el cielo! Tenéis en el cielo bolsas que no envejecen. Resistid hasta el fin y grande será vuestra recompensa”.  (1TI 164.1)

Dios ha estado obrando en muchos corazones. La verdad por la cual unos pocos se sacrificaron tanto, a fin de presentarla a otros, ha triunfado, y multitudes la han aceptado. En su providencia Dios ha obrado en ciertas personas acaudaladas, y las ha traído a la verdad a fin de que a medida que la obra crece, sean suplidas las necesidades de la causa. Muchos recursos han ingresado en las filas de los observadores del sábado, y vi que actualmente Dios no exige las casas que la gente necesita para vivir, a menos que se quieran cambiar casas costosas por otras más económicas. Pero si los que están en la abundancia no oyen su voz para separarse del mundo y no hacen un sacrificio para Dios, vendiendo parte de su propiedad y tierra, él los pasará por alto, y llamará a quienes estén dispuestos a hacer cualquier cosa para Jesús, hasta el punto de vender sus casas para satisfacer las necesidades de la causa. Dios quiere ofrendas voluntarias. Los que den deben considerar que es privilegio el poder hacerlo.   (1TI 164.2)

Algunos dan de su abundancia, pero no les falta nada. No se niegan especialmente de ninguna cosa por la causa de Cristo. Todavía tienen todo lo que el corazón puede desear. Dan liberalmente y de corazón. Dios los observa y conoce y percibe con exactitud sus acciones y motivos. Ellos no perderán su recompensa. Los que no pueden dar con tanta liberalidad, no deben excusarse porque no pueden hacer tanto como otros. Haced lo que podáis. Privaos de algunas cosas que no son indispensables y sacrificaos por la causa de Dios. Lo mismo que la viuda, dad vuestras dos moneditas. Y en realidad daréis más que todos los que dan de su abundancia; y sabréis cuán dulce es negarse a sí mismo para dar a los necesitados, sacrificarse por la verdad y hacerse tesoros en el cielo.  (1TI 164.3)

Se me mostró que los jóvenes, especialmente los varones jóvenes, que profesan la verdad, tienen que aprender una lección de abnegación. Si éstos hicieran más sacrificios por la verdad, la tendrían en más estima. Afectaría su corazón y purificaría sus vidas, y la considerarían más sagrada. (1TI 165.1)

Los jóvenes no soportan la carga de la causa de Dios, ni sienten ninguna responsabilidad con respecto a ella. ¿Es porque Dios los ha excusado? Oh, no; ¡ellos se excusan a sí mismos! Ellos están aliviados y otros se encuentran cargados. No comprenden que no se pertenecen a sí mismos. Sus fuerzas y su tiempo no son suyos. Han sido comprados por un precio. Un costoso sacrificio se hizo por ellos, y a menos que posean el espíritu de abnegación y sacrificio, nunca podrán poseer la herencia inmortal.  (1TI 165.2)

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