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Lección 7 – LA DERROTA DE LOS ASIRIOS – Para el 13 de febrero de 2021

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Lección 7: Para el 13 de febrero de 2021

LA DERROTA DE LOS ASIRIOS

Sábado 6 de febrero______________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 36:1; 36:2–20; 36:21–37:20; 37:21–38; 38; 39.

PARA MEMORIZAR:

“Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra” (Isa. 37:16).

Un hombre delgado camina descalzo con sus dos hijos. Otra familia acaba de cargar todas sus pertenencias en una carreta tirada por bueyes escuálidos. Un hombre guía los bueyes mientras dos mujeres se sientan en el carro. Los menos afortunados llevan sus pertenencias sobre sus hombros.

Los soldados están por todas partes. Un ariete golpea la puerta de la ciudad. Los arqueros que están en la parte superior del ariete disparan a los defensores de los muros. La matanza frenética reina suprema.

Apretamos el botón de avance rápido. Un rey imponente está sentado en su trono, recibiendo el botín y a los cautivos. Algunos cautivos se le acercan con las manos en alto, suplicando piedad. Otros se arrodillan o se agachan. Las descripciones de estas escenas con el rey comienzan con estas palabras: “Senaquerib, rey del mundo, rey de Asiria” y continúan con expresiones como “se sentó en un nēmedu (trono) y el botín de la ciudad de Laquis pasó revista ante él” (J. M. Russell, The Writing on the Wall, 1999).

Esta serie de imágenes, que una vez adornaban los muros del “Palacio sin rival” de Senaquerib, ahora se encuentran en el Museo Británico, ¡y qué historia tienen para contar sobre la difícil situación del profeso pueblo de Dios!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El engrandecimiento y la caída del Imperio Asirio abundan en lecciones para las naciones modernas de esta tierra. La Inspiración ha comparado la gloria de Asiria en el apogeo de su prosperidad con un noble árbol del huerto de Dios, que superara todos los árboles de los alrededores.

“He aquí era el Asirio cedro en el Líbano, hermoso en ramas, y umbroso con sus ramos, y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas… A su sombra habitaban muchas gentes. Hízose, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto a muchas aguas. Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios: las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron semejantes a sus ramos: ningún árbol en el huerto de Dios fue semejante a él en su hermosura… Y todos los árboles de Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia.” Ezequiel 31:3-9.

Pero los gobernantes de Asiria, en vez de emplear sus bendiciones extraordinarias para beneficio de la humanidad, llegaron a ser el azote de muchas tierras. Despiadados, sin consideración para Dios ni para sus semejantes, se dedicaron con terquedad a obligar a todas las naciones a reconocer la supremacía de los dioses de Nínive, a los cuales ensalzaban por sobre el Altísimo. Dios les había enviado a Jonás con un mensaje de amonestación, y durante un tiempo se humillaron delante de Jehová de los ejércitos, y procuraron su perdón. Pero pronto volvieron a adorar los ídolos y a tratar de conquistar el mundo (Profetas y reyes, {PR}, p. 268).

El poder de Dios no ha disminuido. Vi que su poder nos sería concedido tan libremente como antes. La iglesia de Dios es la que ha perdido su fe para pedir su energía para luchar y clamar como Jacob: “No te dejaré, si no me bendices”. Génesis 32:26. La fe perseverante se ha ido muriendo. Debe revivir en el corazón de los hijos de Dios. Se debe solicitar la bendición de Dios. La fe, la fe viva nos eleva siempre hacia Dios y la gloria; la incredulidad nos arrastra hacia abajo a las tinieblas y la muerte (Testimonios para la iglesia, {1TI}, t. 1, p. 136).

A la omnipotencia del Rey de reyes, el Dios que guarda el pacto con nosotros añade la dulzura y el solícito cuidado del tierno pastor. Su poder es absoluto, y es garantía del seguro cumplimiento de sus promesas para todos los que en él confían. Tiene medios de apartar toda dificultad, para que sean confortados los que le sirven y respetan los medios que él emplea. Su amor supera todo otro amor, como el cielo excede en altura a la tierra. Vela por sus hijos con un amor inconmensurable y eterno.

En los días aciagos, cuando todo parece conjurarse contra nosotros, tengamos fe en Dios, quien lleva adelante sus designios y hace bien todas las cosas en favor de su pueblo. La fuerza de los que le aman y le sirven será renovada día tras día (El ministerio de curación, {MC}, pp. 382, 383).

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Lección 7 | Domingo 7 de febrero________________________________________

CON ATADURAS (ISA. 36:1)

¿Qué le pasó a Judá? 2 Reyes 18:13; 2 Crónicas 32:1; Isaías 36:1.

2 Reyes 18:13

13 A los catorce años del rey Ezequías, subió Senaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó.

2 Crónicas 32:1

1 Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib rey de los asirios e invadió a Judá, y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de conquistarlas.

Isaías 36:1

1 Aconteció en el año catorce del rey Ezequías, que Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó.

Cuando el infiel Acaz murió y su fiel hijo Ezequías lo sucedió, Ezequías heredó un reino que había perdido la independencia total. Al haber solicitado ayuda asiria contra la alianza de Siria e Israel, el reino de Judá se vio obligado a continuar pagando a cambio de protección en forma de tributo a Asiria (ver 2 Crón. 28:16–21). Cuando el rey asirio Sargón II murió en un campo de batalla distante y fue sucedido por Senaquerib en 705 a.C., Asiria parecía vulnerable. Las evidencias de los textos asirios y bíblicos revelan que Ezequías aprovechó esta oportunidad para rebelarse (ver 2 Rey. 18:7) y tomar medidas agresivas como cabecilla de una revuelta antiasiria entre las pequeñas naciones de su región.

Desgraciadamente para él, Ezequías había subestimado la resiliencia del poderío asirio. En 701 a.C., cuando Senaquerib sometió a otras partes de su imperio, arremetió contra Siria-Palestina con una fuerza devastadora y asoló a Judá.

¿Cómo se preparó Ezequías para un enfrentamiento con Asiria? 2 Crónicas 32:1–8.

2 Crónicas 32:1–8

1 Después de estas cosas y de esta fidelidad, vino Senaquerib rey de los asirios e invadió a Judá, y acampó contra las ciudades fortificadas, con la intención de conquistarlas. Viendo, pues, Ezequías la venida de Senaquerib, y su intención de combatir a Jerusalén, tuvo consejo con sus príncipes y con sus hombres valientes, para cegar las fuentes de agua que estaban fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron. Entonces se reunió mucho pueblo, y cegaron todas las fuentes, y el arroyo que corría a través del territorio, diciendo: ¿Por qué han de hallar los reyes de Asiria muchas aguas cuando vengan? Después con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por fuera; fortificó además a Milo en la ciudad de David, y también hizo muchas espadas y escudos. Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo, y los hizo reunir en la plaza de la puerta de la ciudad, y habló al corazón de ellos, diciendo: Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá.

Cuando Ezequías vio que Senaquerib tenía intenciones de tomar Jerusalén, la capital, hizo grandes preparativos para un enfrentamiento con Asiria. Reforzó sus fortificaciones, equipó y organizó aún más a su ejército y aumentó la seguridad del suministro de agua en Jerusalén (ver además 2 Rey. 20:20; 2 Crón. 32:30). El notable túnel acuífero de Siloé, conmemorado mediante una inscripción que dice cómo se construyó, casi seguro data de la preparación de Ezequías para un posible asedio.

El liderazgo espiritual que ofreció Ezequías mientras buscaba elevar la moral de su pueblo en este momento aterrador fue tan importante como su liderazgo militar y organizativo. “Pero el rey de Judá había resuelto hacer su parte en los preparativos para resistirlo; y habiendo realizado todo lo que permitían el ingenio y la energía del hombre, reunió́ sus fuerzas y las exhortó a tener buen ánimo” (PR 260).

Si Ezequías confiaba tanto en el Señor, ¿por qué hizo tanto esfuerzo por su cuenta? Sus obras ¿negaban su fe? Ver Filipenses 2:12 y 13 sobre la cooperación con Dios, quien proporciona el poder que es verdaderamente eficaz.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Durante los primeros años de su reinado, Ezequías había continuado pagando tributo a Asiria de acuerdo con el trato hecho con Acaz. Mientras tanto el rey “tuvo su consejo con sus príncipes y con sus valerosos,” y había hecho todo lo posible para la defensa de su reino. Se había asegurado un abundante abastecimiento de agua dentro de los muros de Jerusalén, para cuando escaseara en las afueras. “Alentóse así Ezechías, y edificó todos los muros caídos, e hizo alzar las torres, y otro muro por de fuera: fortificó además a Millo en la ciudad de David, e hizo muchas espadas y paveses. Y puso capitanes de guerra sobre el pueblo.” 2 Crónicas 32:3, 5, 6. No había descuidado nada de lo que pudiese hacerse como preparativo para un asedio (Profetas y reyes, {PR}, p. 260).

En un tiempo de grave peligro nacional, cuando las huestes de Asiria estaban invadiendo la tierra de Judá, y parecía que nada podía ya salvar a Jerusalén de la destrucción completa, Ezequías reunió las fuerzas de su reino para resistir a sus opresores paganos con valor inquebrantable y confiando en el poder de Jehová para librarlos. Exhortó así a los hombres de Judá: “Esforzaos y confortaos; no temáis, ni hayáis miedo del rey de Asiria, ni de toda su multitud que con él viene; porque más son con nosotros que con él. Con él es el brazo de carne, mas con nosotros Jehová nuestro Dios para ayudarnos, y pelear nuestras batallas.” 2 Crónicas 32:7, 8 (Profetas y reyes, {PR}, p. 259).

El Señor sabe que si miramos al hombre y confiamos en él, nos estamos apoyando en un brazo de carne. Nos invita a que pongamos nuestra confianza en él. Su poder es ilimitado. Mediten en el Señor Jesús, en sus méritos y su amor, y no traten de buscar defectos ni hablar acerca de las equivocaciones cometidas por los demás. Recuerden las cosas dignas de reconocimiento y alabanza; y si son agudos para descubrir errores en los demás, sean más agudos todavía para reconocer lo que está bien hecho y alabarlo. Si se someten a la autocrítica, encontrarán en ustedes cosas tan objetables como las que ven en los demás. Trabajemos, entonces, constantemente, para fortalecernos los unos a los otros en la santísima fe (Cada día con Dios, {CDCD}, p. 298).

[Cada uno] tendrá que pelear arduas batallas contra el yo, y estos combates no disminuirán en intensidad. Pero si estamos constantemente creciendo en experiencia cristiana, si continuamos mirando a Jesús con fe, se nos dará la fuerza para cada emergencia. Todos los poderes y facultades de una naturaleza regenerada deberán ser ejercitados constantemente, diariamente. Cada día tendremos ocasión de crucificar el yo, de pelear contra la inclinación y un temperamento perverso que arrastraría la voluntad en dirección equivocada. El reposo y el triunfo de la victoria todavía no es nuestro, excepto cuando por fe entremos en la victoria que Cristo ha ganado por nosotros (Reflejemos a Jesús, {RJ}, p. 100).

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Lunes 8 de febrero | Lección 7___________________________________________

PROPAGANDA (ISA. 36:2–20)

Los gobernantes de Asiria no solo eran brutales; también eran inteligentes. Su objetivo era la riqueza y el poder, no simplemente la destrucción (comparar con Isa. 10:13, 14). ¿Por qué usar los recursos para tomar una ciudad por la fuerza si puedes persuadir a sus habitantes para que se rindan? Por ende, mientras supervisaba el asedio de Laquis, Senaquerib envió a su rabsaces, una especie de alto oficial, para tomar Jerusalén mediante propaganda.

¿Qué argumentos usó el rabsaces para intimidar a Judá? Isaías 36:2–20; Ver además 2 Reyes 18:17 al 35 y 2 Crónicas 32:9 al 19.

Isaías 36:2–20

Y el rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército desde Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías; y acampó junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. Y salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna, escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, a los cuales dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? Yo digo que el consejo y poderío para la guerra, de que tú hablas, no son más que palabras vacías. Ahora bien, ¿en quién confías para que te rebeles contra mí? He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará por la mano, y la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían. Y si me decís: En Jehová nuestro Dios confiamos; ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis? Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi señor, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que cabalguen sobre ellos. ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo? 10 ¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela. 11 Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; y no hables con nosotros en lengua de Judá, porque lo oye el pueblo que está sobre el muro. 12 Y dijo el Rabsaces: ¿Acaso me envió mi señor a que dijese estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su estiércol y beber su orina con vosotros? 13 Entonces el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran voz en lengua de Judá, diciendo: Oíd las palabras del gran rey, el rey de Asiria. 14 El rey dice así: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar. 15 Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová nos librará; no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria. 16 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí; y coma cada uno de su viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas de su pozo, 17 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas. 18 Mirad que no os engañe Ezequías diciendo: Jehová nos librará. ¿Acaso libraron los dioses de las naciones cada uno su tierra de la mano del rey de Asiria? 19 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim? ¿Libraron a Samaria de mi mano? 20 ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?

2 Reyes 18:17-35

17 Después el rey de Asiria envió contra el rey Ezequías al Tartán, al Rabsaris y al Rabsaces, con un gran ejército, desde Laquis contra Jerusalén, y subieron y vinieron a Jerusalén. Y habiendo subido, vinieron y acamparon junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador. 18 Llamaron luego al rey, y salió a ellos Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller. 19 Y les dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? 20 Dices (pero son palabras vacías): Consejo tengo y fuerzas para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí? 21 He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que en él confían. 22 Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios, ¿no es éste aquel cuyos lugares altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis en Jerusalén? 23 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos. 24 ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo? 25 ¿Acaso he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela. 26 Entonces dijo Eliaquim hijo de Hilcías, y Sebna y Joa, al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros en lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre el muro. 27 Y el Rabsaces les dijo: ¿Me ha enviado mi señor para decir estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su propio estiércol y beber su propia orina con vosotros? 28 Entonces el Rabsaces se puso en pie y clamó a gran voz en lengua de Judá, y habló diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. 29 Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. 30 Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. 31 No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo, 32 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. 33 ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? 34 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Hena, y de Iva? ¿Pudieron éstos librar a Samaria de mi mano? 35 ¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?

2 Crónicas 32:9-19

Después de esto, Senaquerib rey de los asirios, mientras sitiaba a Laquis con todas sus fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén para decir a Ezequías rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: 10 Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros, al resistir el sitio en Jerusalén? 11 ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria? 12 ¿No es Ezequías el mismo que ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso? 13 ¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano? 14 ¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano? 15 Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano? 16 Y otras cosas más hablaron sus siervos contra Jehová Dios, y contra su siervo Ezequías. 17 Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos. 18 Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad. 19 Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres.

El rabsaces presentó algunos argumentos bastante poderosos: Ustedes no pueden confiar en Egipto para que los ayude porque es débil y poco confiable. No pueden depender de Jehová para que los ayude porque Ezequías lo ofendió quitando sus lugares altos y altares en todo Judá, diciéndole al pueblo que adore en un altar de Jerusalén. De hecho, Jehová está de parte de Asiria y le dijo a Senaquerib que destruyera a Judá. Ni siquiera tienen suficientes hombres entrenados para montar dos mil caballos. Para evitar un asedio por el cual no tienen nada para comer ni beber, ríndanse ahora, y recibirán un buen trato. Ezequías no puede salvarlos, y como los dioses de todos los demás países conquistados por Asiria no los han salvado, puedo asegurarles que su Dios tampoco los salvará.

El rabsaces ¿estaba diciendo la verdad?

Como había mucho de verdad en lo que decía, sus argumentos eran persuasivos. Lo respaldaban dos argumentos tácitos. En primer lugar, acababa de llegar de Laquis, a solo 48 kilómetros de distancia, donde los asirios mostraban lo que le sucedió a una ciudad fuertemente fortificada que se atrevió a resistirlos. Al conocer la suerte de los ejércitos y las ciudades en otros lugares que habían sucumbido a Asiria, ningún judío tendría motivos para dudar de que, desde la perspectiva humana, Jerusalén estaba condenada (comparar con Isa. 10:8–11). El rabsaces también tenía razón al decir que Ezequías había destruido varios lugares de sacrificio para centralizar la adoración en el Templo de Jerusalén (2 Rey. 18:4; 2 Crón. 31:1). Pero, esta reforma ¿había ofendido a Jehová, que era la única esperanza que le quedaba a su pueblo? ¿Los salvaría? ¿Podría salvarlos? ¡Le correspondía a Dios responder esta pregunta!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los oficiales asirios, seguros de la fuerza de sus tropas disciplinadas, dispusieron celebrar con los príncipes de Judá una conferencia durante la cual exigieron insolentemente la entrega de la ciudad. Esta exigencia fue acompañada por blasfemias y vilipendios contra el Dios de los hebreos. A causa de la debilidad y la apostasía de Israel y de Judá, el nombre de Dios ya no era temido entre las naciones, sino que había llegado a ser motivo de continuo oprobio. Isaías 52:5.

Dijo Rabsaces:… “Oíd las palabras del gran rey, el rey de Asiria. El rey dice así: No os engañe Ezechías, porque no os podrá librar. Ni os haga Ezechías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová nos librará: no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria» (Profetas y reyes, {PR}, p. 262).

Cuando estamos preocupados, cuando estamos asediados por la tentación, cuando los sentimientos y los deseos del corazón natural luchan por obtener la victoria, deberíamos ofrecer oraciones fervientes, en todo tiempo, a nuestro Padre celestial en el nombre de Cristo; y esto hará que Jesús venga a nuestro socorro, para que, mediante su nombre poderoso y eficaz, podamos lograr la victoria y alejar a Satanás de nuestro lado…

Solamente en Dios tenemos ayuda. No deberíamos halagarnos pensando en que tenemos poder o sabiduría en nosotros mismos, porque nuestro poder es debilidad y nuestro juicio es necedad. Cristo venció al enemigo por nosotros, porque tuvo compasión de nuestra debilidad y sabía que seríamos vencidos y pereceríamos si él no acudía a nuestro socorro. Cubrió su divinidad con la humanidad, y así estuvo en condiciones de alcanzar al hombre con su brazo humano, mientras que con su brazo divino se aferraba al trono del Infinito (A fin de conocerle, {AFC}, p. 268).

Si nuestra fe está fija en Dios, por Cristo, resultará “como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo; donde entró por nosotros como precursor Jesús”. Es cierto que vendrán desilusiones; debemos esperar tribulación; pero debemos confiar todas las cosas, grandes y pequeñas, a Dios. El no se queda perplejo por la multiplicidad de nuestras aflicciones, ni le abruma el peso de nuestras cargas. Su cuidado vigilante se extiende a toda familia y abarca a todo individuo; él se interesa en todos nuestros quehaceres y pesares. Nota toda lágrima; le conmueve el sentimiento de nuestra flaqueza. Todas las aflicciones y pruebas que nos incumben aquí, son permitidas para que realicen sus propósitos de amor hacia nosotros, “para que recibamos su santificación”, y así participemos de aquella plenitud de gozo que se halla en su presencia (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, p. 693).

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Lección 7 | Martes 9 de febrero__________________________________________

CONMOCIONADO PERO NO DESAMPARADO (ISA. 36:21–37:20)

¿Cómo afectó la inteligente oratoria del rabsaces a Ezequías y a sus funcionarios? 2 Reyes 18:37–19:4; Isaías 36:21–37:4.

2 Reyes 18:37–19:4

37 Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.

1 Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová.  Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, 3 para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda.

Isaías 36:21–37:4

21 Pero ellos callaron, y no le respondieron palabra; porque el rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis. 22 Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.

1 Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová. Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz. Los cuales le dijeron: Así ha dicho Ezequías: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia es este día; porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras del Rabsaces, al cual el rey de Asiria su señor envió para blasfemar al Dios vivo, y para vituperar con las palabras que oyó Jehová tu Dios; eleva, pues, oración tú por el remanente que aún ha quedado.

Conmocionado hasta la médula y llorando de angustia, Ezequías acudió a Dios, buscando humildemente la intercesión de Isaías, el mismo profeta cuyo consejo su padre había ignorado.

¿Cómo animó Dios a Ezequías? Isaías 37:5–7.

Isaías 37:5–7

Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías. Y les dijo Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a espada.

El mensaje fue breve, pero bastó. Dios estaba de parte de su pueblo. Isaías predijo que Senaquerib escucharía un rumor que lo distraería de su ataque a Judá. Esto se cumplió de inmediato.

Momentáneamente chasqueado, pero sin darse por vencido por mucho tiempo, Senaquerib le envió a Ezequías un mensaje amenazador: “No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. […] ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones […]? (Isa. 37:10, 12; ver además 2 Crón. 32:17).

Esta vez Ezequías fue directamente al Templo y extendió el mensaje ante el Señor de los ejércitos que habita “entre los querubines” (Isa. 37:14–16).

¿Cómo identificó la oración de Ezequías lo que estaba en juego en la crisis de Jerusalén? Isaías 37:15-20.

Isaías 37:15-20

15 Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: 16 Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. 17 Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. 18 Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas, 19 y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron. 20 Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.

Senaquerib había atacado deliberadamente la defensa más fuerte de Ezequías: la fe en su Dios. En lugar de ceder, Ezequías pidió a Dios que demostrara quién es él, “para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová” (Isa. 37:20).

Lee con oración el ruego de Ezequías (Isa. 37:15–20). ¿En qué aspectos de Dios se centra? ¿Qué principio vemos en esta oración que nos puede dar ánimo y fortaleza para permanecer fieles en nuestras crisis personales?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La tierra de Judá había sido asolada por el ejército ocupante; pero Dios había prometido atender milagrosamente las necesidades del pueblo. Ezequías recibió este mensaje: “Y esto te será por señal Ezechías: Este año comerás lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo; y el tercer año haréis sementera, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas. Y lo que hubiere escapado, lo que habrá quedado de la casa de Judá, tornará a echar raíz abajo, y hará fruto arriba. Porque saldrán de Jerusalem reliquias y los que escaparán, del monte de Sión: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

“Por tanto, Jehová dice así del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella escudo, ni será echado contra ella baluarte. Por el camino que vino se volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí, y por amor de David mi siervo.” Vers. 29-34.

Esa misma noche se produjo la liberación (Profetas y reyes, {PR}, p. 266).

La fe que fortaleció a Habacuc y a todos los santos y justos de aquellos tiempos de prueba intensa, era la misma fe que sostiene al pueblo de Dios hoy. En las horas más sombrías, en las circunstancias más amedrentadoras, el creyente puede afirmar su alma en la fuente de toda luz y poder. Día tras día, por la fe en Dios, puede renovar su esperanza y valor. “El justo en su fe vivirá.” Al servir a Dios, no hay por qué experimentar abatimiento, vacilación o temor. El Señor hará más que cumplir las más altas expectativas de aquellos que ponen su confianza en él. Les dará la sabiduría que exigen sus variadas necesidades…

Debemos apreciar y cultivar la fe acerca de la cual testificaron los profetas y los apóstoles, la fe que echa mano de las promesas de Dios y aguarda la liberación que ha de venir en el tiempo y de la manera que él señaló. La segura palabra profética tendrá su cumplimiento final en el glorioso advenimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, como Rey de reyes y Señor de señores. El tiempo de espera puede parecer largo; el alma puede estar oprimida por circunstancias desalentadoras; pueden caer al lado del camino muchos de aquellos en quienes se puso confianza; pero con el profeta que procuró alentar a Judá en un tiempo de apostasía sin parangón, declaremos con confianza: “Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra.” Habacuc 2:20 (Profetas y reyes, {PR}, pp. 285, 286).

Cuando nosotros mismos nos encargamos de manejar las cosas que nos conciernen, confiando en nuestra propia sabiduría para salir airosos, asumimos una carga que él no nos ha dado, y tratamos de llevarla sin su ayuda. Nos imponemos la responsabilidad que pertenece a Dios y así nos colocamos en su lugar. Con razón podemos entonces sentir ansiedad y esperar peligros y pérdidas, que seguramente nos sobrevendrán. Cuando creamos realmente que Dios nos ama y quiere ayudarnos, dejaremos de acongojarnos por el futuro. Confiaremos en Dios así como un niño confía en un padre amante. Entonces desaparecerán todos nuestros tormentos y dificultades; porque nuestra voluntad quedará absorbida por la voluntad de Dios (El discurso maestro de Jesucristo, {DMJ}, p. 85).

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Miércoles 10 de febrero | Lección 7______________________________________

EL RESTO DE LA HISTORIA (ISA. 37:21–38)

De acuerdo con Senaquerib, según informó en sus anales, tomó 46 ciudades fortificadas, asedió Jerusalén e hizo de Ezequías, el judío, “un prisionero en Jerusalén, su residencia real, como un pájaro en una jaula” (James B. Pritchard, ed., Ancient Near Eastern Texts Relating to the Old Testament, p. 288). Pero, a pesar de su inclinación por la propaganda como una extensión de su monumental ego, ni en el texto ni en las imágenes afirma haber tomado Jerusalén. Desde el punto de vista humano, esta omisión es asombrosa, dado el inexorable poder de Senaquerib y el hecho de que Ezequías lideró una revuelta contra él. Los que se rebelaban contra Asiria tenían una corta esperanza de vida y muertes horribles.

Los eruditos reconocen que, incluso si no tuviéramos el registro bíblico, nos veríamos obligados a admitir que ocurrió un milagro. El hecho de que Senaquerib cubriera los muros de su “Palacio sin rival” con relieves (imágenes talladas) que representan vívidamente su exitoso asedio a Laquis parece deberse a su necesidad de una estrategia para salvar las apariencias. ¡Si no fuera por la gracia de Dios, estas imágenes habrían mostrado a Jerusalén!

¿Cuál es el resto de la historia? Isaías 37:21–37.

Isaías 37:21–37

21 Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste sobre Senaquerib rey de Asiria, 22 estas son las palabras que Jehová habló contra él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén. 23 ¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel. 24 Por mano de tus siervos has vituperado al Señor, y dijiste: Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus más elevadas cumbres, al bosque de sus feraces campos. 25 Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de Egipto. 26 ¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo hice, que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros. 27 Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y confusos, fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de los terrados, que antes de sazón se seca. 28 He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. 29 Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste. 30 Y esto te será por señal: Comeréis este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo; y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto. 31 Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará fruto arriba. 32 Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. 33 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. 34 Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. 35 Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí mismo, y por amor de David mi siervo. 36 Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. 37 Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive.

En respuesta a la oración de fe indivisa de Ezequías, Dios envió a Judá un mensaje de total seguridad cargado de furia contra el orgulloso rey asirio que se atrevió a abofetear en la cara al divino Rey de reyes (Isa. 37:23). A continuación Dios cumplió rápidamente su promesa de defender a Jerusalén (2 Rey. 19:35–37; 2 Crón. 32:21, 22; Isa. 37:36–38).

Una gran crisis requiere un gran milagro; y este sí que fue grande. El número de muertos fue elevado: 185 mil. Así que, Senaquerib no tuvo más remedio que volverse a su casa, donde encontró la muerte (comparar con Isa. 37:7–38).

“El Dios de los hebreos había prevalecido contra el orgulloso asirio. El honor de Jehová había quedado vindicado a ojos de las naciones circundantes. En Jerusalén, el corazón del pueblo se llenó de santo gozo” (PR 267). Además, si Senaquerib hubiera conquistado Jerusalén, habría deportado a la población, de tal manera que Judá habría perdido su identidad, al igual que Israel, el Reino del Norte. Desde esta perspectiva, no habría habido ningún pueblo judío en el que pudiera nacer el Mesías. La historia de este pueblo habría terminado allí mismo. Pero Dios mantuvo viva la esperanza.

¿Qué le dirías a alguien que, aunque no crea en la Biblia ni en el Dios de la Biblia, hace esta pregunta: ¿Era justo que estos soldados asirios, que les tocó nacer allí, murieran en masa de esta manera? ¿Cómo entiendes personalmente las acciones del Señor aquí?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Como mensajeros de Dios, iban y volvían “a semejanza de relámpagos” (Ezequiel 1:14), tan deslumbradora es su gloria y tan veloz su vuelo. El ángel que apareció en la tumba del Señor, y cuyo “aspecto era como un relámpago y su vestido blanco como la nieve”, hizo que los guardias temblaran de miedo y quedaran “como muertos”. Mateo 28:3, 4. Cuando Senaquerib, el insolente monarca asirio, blasfemó e insultó a Dios y amenazó destruir a Israel, “aconteció que en aquella misma noche salió un ángel de Jehová, e hirió en el campamento de los asirios ciento ochenta y cinco mil hombres”. El ángel “destruyó a todos los hombres fuertes y valerosos, con los príncipes y los capitanes” del ejército de Senaquerib, quien “volvió con rostro avergonzado a su propia tierra”. 2 Reyes 19:35; 2 Crónicas 32:21 (VM) (El conflicto de los siglos, {CS}, p. 502).

Pronto llegaron a Senaquerib, que estaba todavía guardando el camino de Judea a Egipto, las noticias referentes a ese terrible castigo del ejército que había sido enviado a tomar Jerusalén. Sobrecogido de temor, el rey asirio apresuró su partida, y “volvióse por tanto con vergüenza de rostro a su tierra.” Pero no iba a reinar mucho más tiempo. De acuerdo con la profecía que había sido pronunciada acerca de su fin repentino, fue asesinado por los de su propia casa, “y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.” Isaías 37:38.

El Dios de los hebreos había prevalecido contra el orgulloso asirio. El honor de Jehová había quedado vindicado en ojos de las naciones circundantes. En Jerusalén el corazón del pueblo se llenó de santo gozo. Sus fervorosas súplicas por liberación habían sido acompañadas de la confesión de sus pecados y de muchas lágrimas. En su gran necesidad, habían confiado plenamente en el poder de Dios para salvarlos, y él no los había abandonado. Repercutieron entonces en los atrios del templo cantos de solemne alabanza (Profetas y reyes, {PR}, p. 267).

Muchas veces la vida cristiana está rodeada de peligros, y el deber parece difícil de cumplir. La imaginación cree ver la ruina inminente si se avanza, y la servidumbre y la muerte si se vuelve atrás. Sin embargo, la voz de Dios dice claramente: Id adelante. Obedezcamos la orden, aun cuando nuestra vista no pueda penetrar las tinieblas. Los obstáculos que impiden nuestro progreso no desaparecerán nunca ante un espíritu vacilante y dudoso. Aquellos que difieren la obediencia hasta que toda incertidumbre desaparezca, y no queden riesgos de fracaso ni derrota, no obedecerán nunca. La fe mira más allá de las dificultades, y echa mano de lo invisible, aun de la Omnipotencia, y por lo tanto, no puede resultar frustrada. La fe es como asir la mano de Cristo en toda emergencia.

El que trabaja para Dios necesita una fe fuerte. Las apariencias pueden ser adversas; pero en la hora más sombría es cuando la luz está por amanecer. La fuerza de aquellos que, con fe, aman y sirven a Dios, será renovada día tras día. La inteligencia del Ser infinito está a su disposición, para que no yerren en la ejecución de sus propósitos. Retengan firmemente estos obreros el principio de su confianza hasta el fin, recordando que la luz de la verdad de Dios ha de resplandecer entre las tinieblas que envuelven nuestro mundo (Obreros evangélicos, {OE}, pp. 276, 277).

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Lección 7 | Jueves 11 de febrero_________________________________________

EN LA ENFERMEDAD Y EN LA RIQUEZA (ISA. 38; 39)

Los acontecimientos de Isaías 38 y 39 (2 Rey. 20) tuvieron lugar muy cerca del tiempo en que Dios liberó a Ezequías de Senaquerib; a pesar de que la liberación, como se muestra en Isaías 37 (ver además 2 Rey. 19), aún no había ocurrido. De hecho, Isaías 38:5 y 6 y 2 Reyes 20:6 muestran que aún enfrentaban la amenaza asiria.

¿Qué nos dice la cita anterior sobre la importancia del buen liderazgo para el pueblo de Dios?

¿Qué señal da el Señor a Ezequías para confirmar su fe? 2 Reyes 20:8–10; Isaías 38:6–8.

2 Reyes 20:8–10

Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día? Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? 10 Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados.

Isaías 38:6–8

Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé. Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho: He aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido.

Al rechazar las señales ofrecidas por Dios (Isa. 7), Acaz había iniciado el curso de los acontecimientos que causaron problemas con Asiria. Pero ahora Ezequías pidió una señal (2 Rey. 20:8); entonces, Dios lo fortaleció para enfrentar la crisis que su padre había ocasionado sobre Judá. De hecho, revertir la sombra del tiempo en el reloj de Sol de Acaz solo fue posible mediante un milagro.

Los babilonios estudiaban los movimientos de los cuerpos celestes y los registraban con precisión. Por lo tanto, percibieron el extraño comportamiento del Sol y se preguntaron qué significaba. No es casual que el rey Merodac-baladán haya enviado emisarios en este momento. Los babilonios se habían enterado de la conexión entre la recuperación de Ezequías y la señal milagrosa.

Ahora sabemos por qué Dios eligió esta señal en particular. Así como posteriormente utilizó la estrella de Belén para conducir a los sabios de Oriente, usó un cambio solar para traer a mensajeros de Babilonia. Esta era una oportunidad única para que ellos aprendieran del Dios verdadero. Merodac-baladán pasó toda su gestión tratando de lograr una independencia duradera de Asiria. Necesitaba aliados poderosos, lo que explica su motivación para contactar a Ezequías. Si el mismo Sol se movía a pedido de Ezequías, ¿qué podría hacerle a Asiria?

¿En qué sentido perdió Ezequías una oportunidad increíble para glorificar a Dios y exaltarlo ante los babilonios? ¿Cuál fue el resultado? Isaías 39. No obstante, Ezequías, que debería haber dado testimonio del Señor, realzó su propia “gloria”. ¿Cuál es la lección que debemos aprender?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La visita de esos mensajeros de un gobernante lejano dio a Ezequías oportunidad de ensalzar al Dios viviente. ¡Cuán fácil le habría resultado hablarles de Dios, sustentador de todo lo creado, mediante cuyo favor se le había perdonado la vida cuando había desaparecido toda otra esperanza! ¡Qué portentosas transformaciones podrían haberse realizado si esos investigadores de la verdad provenientes de las llanuras de Caldea se hubiesen visto inducidos a reconocer la soberanía suprema del Dios viviente!

Pero el orgullo y la vanidad se posesionaron del corazón de Ezequías, y ensalzándose a sí mismo expuso a ojos codiciosos los tesoros con que Dios había enriquecido a su pueblo. El rey “enseñóles la casa de su tesoro, plata y oro, y especierías, y ungüentos preciosos, y toda su casa de armas, y todo lo que se pudo hallar en sus tesoros: no hubo cosa en su casa y en todo su señorío, que Ezechías no les mostrase.” Isaías 39:2. No hizo esto para glorificar a Dios, sino para ensalzarse a la vista de los príncipes extranjeros. No se detuvo a considerar que estos hombres eran representantes de una nación poderosa que no temía ni amaba a Dios, y que era imprudente hacerlos sus confidentes con referencia a las riquezas temporales de la nación (Profetas y reyes, {PR}, pp. 255, 256).

El relato de cómo Ezequías no fue fiel a su cometido en ocasión de la visita de los embajadores contiene una lección importante para todos. Necesitamos hablar mucho más de los capítulos preciosos de nuestra experiencia, de la misericordia y bondad de Dios, de las profundidades incomparables del amor del Salvador. Cuando la mente y el corazón rebosen de amor hacia Dios no resultará difícil impartir lo que encierra la vida espiritual. Entonces grandes pensamientos, nobles aspiraciones, claras percepciones de la verdad, propósitos abnegados y anhelos de piedad y santidad hallarán expresión en palabras que revelen el carácter de lo atesorado en el corazón…

¿Qué han visto tus amigos y conocidos en tu casa? En vez de revelar los tesoros de la gracia de Cristo, ¿estás desplegando aquellas cosas que perecerán con el uso? ¿O comunicas algún nuevo pensamiento sobre el carácter y la obra de Cristo a aquellos con quienes te pones en contacto?… ¡Ojalá aquellos por los cuales Dios ha hecho maravillas mostraran su alabanza y hablaran de sus obras poderosas! Pero, ¡cuán a menudo aquellos para los cuales Dios obra son como Ezequías y se olvidan del Dador de todas sus bendiciones! (Conflicto y valor, {CV}, p. 241).

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Viernes 12 de febrero | Lección 7________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Únicamente por intervención divina podía la sombra del cuadrante retroceder diez grados; y un suceso tal sería para Ezequías indicio de que el Señor había oído su oración. Por consiguiente, ‘el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz, diez grados atrás’ (vers. 8-11)” (PR 253, 254).

“La visita de esos mensajeros de un gobernante lejano dio a Ezequías oportunidad de ensalzar al Dios viviente. ¡Cuán fácil le habría resultado hablarles de Dios, Sustentador de todo lo creado, mediante cuyo favor se le había perdonado la vida cuando había desaparecido toda otra esperanza! […]

“Pero el orgullo y la vanidad se posesionaron del corazón de Ezequías, y ensalzándose a sí mismo expuso a los ojos codiciosos los tesoros con que Dios había enriquecido a su pueblo. El rey ‘les mostró la casa de su tesoro, plata y oro, especias, ungüentos preciosos, toda su casa de armas, y todo lo que se hallaba en sus tesoros; no hubo cosa en su casa y en todos sus dominios, que Ezequías no les mostrase’ (Isa. 39:2). No hizo esto para glorificar a Dios, sino para ensalzarse a la vista de los príncipes extranjeros” (PR 255, 256).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿En qué se parece Satanás al rabsaces asirio? ¿Dice la verdad cuando afirma que has pecado (Zac. 3:1)? ¿Cómo responde Dios? Ver Zacarías 3:2 al 5. ¿Cuál es nuestra única esperanza contra estas acusaciones? Romanos 8:1.
  2. Satanás ¿detiene sus acusaciones cuando eres perdonado? Ver Apocalipsis 12:10. Una vez que recibes el perdón, cuando Satanás sigue diciendo que por tu pecado le perteneces, ¿cuál es la naturaleza de su acusación? Ver Deuteronomio 19:16 al 21 (ley del testimonio falso y malicioso).

Resumen: En respuesta al clamor de un rey fiel, Dios salvó a su pueblo y mostró quién es él: el omnipotente Rey de Israel que controla el destino de la Tierra. No solo destruye a los que intentan destruir a su pueblo, sino también brinda oportunidades para que otros, sin importar cuán “babilónicos” sean, lleguen a formar parte de su pueblo.

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Un pensamiento en “Lección 7 – LA DERROTA DE LOS ASIRIOS – Para el 13 de febrero de 2021

  1. Hermano disfruto mucho de sus comentarios consejos y estudio que hace en el video, y me es de muchísima ayuda,y sobretodo como realza la biblia y el espíritu de profecia, que tristemente no hacen muchos pastores y teólogos nuestros

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