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Lección 10 – JESÚS ABRE EL CAMINO A TRAVÉS DEL VELO – Para el 5 de marzo de 2022

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Lección 10: Para el 5 de marzo de 2022

JESÚS ABRE EL CAMINO A TRAVÉS DEL VELO

Sábado 26 de febrero_______________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 9:24; Éxodo 19:3, 4; Hebreos 12:18–21; Levítico 16:1, 2; Hebreos 10:19–22; Colosenses 3:1.

PARA MEMORIZAR:

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Heb. 9:24).

Cuando los discípulos regresaron del Monte de los Olivos, justo después de que Jesús ascendió al cielo, estaban llenos de gozo y triunfo. Su Maestro y Amigo había ascendido a una posición de poder sobre el mundo y los había invitado a acercarse a Dios en su nombre con la absoluta confianza de que Dios respondería favorablemente a sus oraciones (Juan 14:13, 14). Aunque seguían en el mundo, atacados por las fuerzas del mal, su esperanza era firme. Sabían que Jesús había ascendido para prepararles un lugar (Juan 14:1-3). Sabían que Jesús era el Capitán de su salvación y que había abierto un camino a la Patria celestial mediante su sangre.

La ascensión de Jesús al cielo es fundamental para la teología de Hebreos. Marca el comienzo del reinado de Jesús y el comienzo de su ministerio sumosacerdotal en nuestro favor. Finalmente, lo más importante es que la ascensión de Jesús marca el momento en que se estableció el Nuevo Pacto, que brinda los medios necesarios para poder acercarnos a Dios con valentía mediante la fe. Es nuestro privilegio ahora acercarnos a Dios con confianza a través de Jesús y los méritos de su justicia.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¡Qué fuente de gozo para los discípulos el saber que tenían… un Amigo que intercedía en su favor! Gracias a la ascensión visible de Cristo, cambiaron todas sus opiniones y conceptos referentes al cielo… Ahora relacionaban el cielo con el pensamiento de Jesús, a quien habían amado y reverenciado por encima de todos los demás…

Ahora lo consideraban como su futuro hogar, donde su amante Redentor les estaba preparando mansiones. La oración se revestía de un nuevo interés pues era comunión con su Salvador. Con nuevas y conmovedoras emociones y una firme confianza de que su oración sería respondida, se reunieron en el aposento alto para ofrecer sus peticiones y para demandar la promesa del Salvador, quien había dicho: «Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido». Oraban en el nombre de Jesús (La segunda venida y el cielo, p. 66).

Jesús está en el Lugar Santísimo para aparecer en la presencia de Dios por nosotros. Allí no cesa de presentar a su pueblo momento a momento, completo en sí mismo. Pero a causa de que estamos así representados ante el Padre, no hemos de imaginar que podemos presumir de su misericordia y volvernos descuidados, indiferentes e indulgentes. Cristo no ministra en favor del pecado. Estamos completos en él, aceptados en el Amado, solo al morar en él por fe.

Nunca podremos alcanzar la perfección por nuestras propias buenas obras. El alma que contempla a Jesús por fe repudia su propia justicia. Se da cuenta de que es incompleta, de que su arrepentimiento es insuficiente, su mayor fe es debilidad, su sacrificio más costoso es pobre, y se arroja con humildad al pie de la cruz. Pero una voz le habla desde los oráculos de la Palabra de Dios. Con asombro oye este mensaje: ‘Vosotros estáis completos en él». Colosenses 2: I0. Su alma descansa ahora. Ya no necesita esforzarse para encontrar algo valioso en sí misma, alguna obra meritoria con la cual ganar el favor de Dios (Reflejemos a Jesús, p. 68).

Y el amado Juan, por la inspiración del Espíritu Santo, dice con gran claridad y certeza: «Si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquier cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado» 1 Juan 5:14,15. Presentad, pues, vuestra petición ante el Padre en el nombre de Jesús. Dios honrará tal nombre.

El arco iris rodea el trono como una seguridad de que Dios es verdadero, que en él no hay mudanza ni sombra de variación. Hemos pecado contra él, y somos indignos de su favor; sin embargo… Cuando venimos a él confesando nuestra indignidad y pecado, él se ha comprometido a atender nuestro clamor. El honor de su trono está empeñado en el cumplimiento de la palabra que nos ha dado.

A semejanza de Aarón, que simbolizaba a Cristo, nuestro Salvador lleva los nombres de todos sus hijos sobre su corazón en el Lugar Santo. Nuestro gran sumo sacerdote recuerda todas las palabras por medio de las cuales nos ha animado a confiar. Nunca olvida su pacto (Palabras de vida del gran maestro, pp. 1 13,1 14).


Domingo 27 de febrero______________________________________________________________

JESÚS ANTE EL PADRE

Lee Hebreos 9:24. Según este pasaje, ¿cuál era el propósito de la ascensión de Jesús al cielo?

Hebreos 9:24

24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;

Dios instruyó a Israel para que los varones subieran tres veces al año a Jerusalén para “presentar[se…] delante de Jehová el Señor” con una ofrenda. Los tiempos señalados eran la fiesta de la Pascua (panes sin levadura), la fiesta de las Semanas (Pentecostés) y la fiesta de los Tabernáculos (Éxo. 23:14-17; Deut. 16:16). La Pascua celebraba la liberación de la esclavitud en Egipto. Pentecostés celebraba la cosecha de la cebada y, en épocas del Nuevo Testamento, se lo relacionaba con la entrega de la Ley en el Sinaí. La fiesta de los Tabernáculos celebraba el cuidado de Dios respecto de Israel durante su estadía en el desierto. Hebreos 9:24 describe la ascensión de Jesús a la presencia del Padre. Llegó al Santuario celestial, el “verdadero”, para “presentarse” ante Dios con un mejor sacrificio (Heb. 9:23, 24, NVI): su propia sangre.

Jesús cumplió las fiestas de peregrinación con asombrosa precisión. Murió el día de la preparación de la Pascua a la hora novena, el momento en que se sacrificaban los corderos pascuales (Juan 19:14; Mat. 27:45–50). Jesús resucitó al tercer día y ascendió al cielo para recibir la seguridad de que su sacrificio había sido aceptado (Juan 20:17; 1 Cor. 15:20), cuando el sacerdote debía mecer la gavilla de cebada madura como primicia (Lev. 23:10-12). Luego, ascendió cuarenta días después para sentarse a la diestra de Dios y establecer el Nuevo Pacto en el día de Pentecostés (Hech. 1; 2).

El propósito de la peregrinación del antiguo Israel era “ver la faz de Dios” (Sal. 42:2, BJ). Esto significaba experimentar el favor de Dios (Sal. 17:15). De igual modo, la expresión hebrea de “buscar el rostro de Dios” significaba pedir ayuda a Dios (2 Crón. 7:14; Sal. 27:8; 105:4). Este es el sentido, en Hebreos, de la ascensión de Jesús. Jesús ascendió a Dios con el sacrificio perfecto. Jesús ascendió al cielo también como nuestro Precursor ante la presencia de Dios (Heb. 6:19, 20). Él ha hecho realidad la promesa para los creyentes que viajan “en busca de una patria”, deseando “una patria mejor” y esperando “la ciudad […] de la cual Dios es arquitecto y constructor” (Heb. 11:10, 13–16).

Una vez más, ¿por qué la realidad de Cristo –no solo su Cruz sino también su mediación ahora en el cielo– debe sustentar la seguridad de nuestra salvación?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La inmolación del cordero pascual prefiguraba la muerte de Cristo. San Pablo dice: ‘»Nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros». 1 Corintios 5:7. La gavilla de las primicias del trigo, que era costumbre mecer ante el Señor en tiempo de la Pascua, era figura típica de la resurrección de Cristo. San Pablo dice, hablando de la resurrección del Señor y de todo su pueblo: «Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida». 1 Corintios 15:23. Como la gavilla de la ofrenda mecida, que era las primicias o los primeros granos maduros recogidos antes de la cosecha, así también Cristo es primicias de aquella inmortal cosecha de rescatados que en la resurrección futura serán recogidos en el granero de Dios.

Estos símbolos se cumplieron no solo en cuanto al acontecimiento sino también en cuanto al tiempo. El día 14 del primer mes de los judíos, el mismo día y el mismo mes en que quince largos siglos antes el cordero pascual había sido inmolado, Cristo, después de haber comido la pascua con sus discípulos, estableció la institución que debía conmemorar su propia muerte como «Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». En aquella misma noche fue aprehendido por manos impías, para ser crucificado e inmolado. Y como anticipo de la gavilla mecida, nuestro Señor fue resucitado de entre los muertos al tercer día, «primicias de los que durmieron», cual ejemplo de todos los justos (El conflicto de los siglos, p. 396).

Quedan encantados contemplando la perfección del carácter de Cristo, su misión, su amor, su gracia, su verdad. Se satisface la gran necesidad de su alma, y dirán como el salmista: «Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza». Salmo 17:15. Ven en Jesucristo el objeto divino de la fe y el amor. Para ellos ha terminado la adoración de los tesoros terrenales y el amor al mundo.

Estas almas se apoderan de la Palabra de Dios. Ven que los milagros, la abnegación, el sacrificio de Cristo, su crucifixión, fueron para ellos. El lenguaje del corazón será: «El murió por mí. Él triunfó en la muerte para que yo no perezca, sino que crea en él como mi Salvador personal, y tenga esa vida que se mide con la vida de Dios. En la riqueza de su gracia se han posesionado de mí tesoros tan perdurables como la eternidad» (A fin de conocerle, p. 216).

A veces un profundo sentimiento de nuestra indignidad estremecerá nuestra alma con una conmoción de terror; pero esto no es una evidencia de que Dios ha cambiado hacia nosotros, o nosotros hacia Dios. No debe hacerse ningún esfuerzo para hacer que el alma alcance cierta intensidad de emoción. Podemos hoy no sentir la paz y el gozo que sentimos ayer; pero por la fe debemos asirnos de la mano de Cristo, y confiar en él tan plenamente en las tinieblas como en la luz (La edificación del carácter, p. 89).


Lunes 28 de febrero________________________________________________________________

LA INVITACIÓN DE DIOS

Lee Hebreos 12:18 al 21. ¿Cuál fue la experiencia de Israel en el monte Sinaí?

Hebreos 12:18-21

18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, 19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, 20 porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; 21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

Cuando Dios llamó a Israel a salir de Egipto, su plan era crear una relación personal e íntima con ellos. Él dijo: “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí” (Éxo. 19:3, 4).

Así, a través de Moisés, Dios dio las instrucciones necesarias con el fin de preparar al pueblo para encontrarse con él. El pueblo primeramente necesitaba consagrarse (Éxo. 19:10-15). Quienes ascendieran sin preparación morirían. Sin embargo, una vez que el pueblo se preparó durante dos días, entonces “cuando [sonara] largamente la bocina”, al tercer día, Dios instruyó al pueblo: “Subirán al monte” (Éxo. 19:13). Quería que tuvieran la experiencia que Moisés y los dirigentes del pueblo tendrían cuando subieran al monte y “[vieran] a Dios, y [comieran] y [bebieran]” en su presencia (Éxo. 24:9-11). Más adelante, el pueblo reconoció que había visto la gloria de Dios y que era posible que Dios hablara “al hombre, y éste aún [viva]” (Deut. 5:24). Pero, cuando llegó el momento, les faltó fe. Moisés explicó años más tarde: “Vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte” (Deut. 5:5). En lugar de eso, le pidieron a Moisés que fuera su intermediario (Deut. 5:25-27; comparar con Éxo. 20:18-21).

La manifestación de la santidad de Dios en el monte Sinaí debía enseñarle al pueblo a “temerle”, o respetarlo. El “temor de Jehová” conduce a la vida, la sabiduría y la honra (Deut. 4:10; comparar con Sal. 111:10; Prov. 1:7; 9:10; 10:27). Allí también aprenderían que él es misericordioso y compasivo (Éxo. 34:4-8). Por lo tanto, aunque Dios quería que Israel se acercara a él, el pueblo se asustó y le pidió a Moisés que hiciera de intermediario. La descripción que hace Hebreos de los eventos en el Sinaí se desprende principalmente del recordatorio que Moisés le hace al pueblo por su falta de fe y su apostasía con el becerro de oro, y cuánto temía encontrarse con Dios debido al pecado de ellos (Deut. 9:19). La reacción de los israelitas no era el plan de Dios para ellos, sino el resultado de su falta de fe.

¿Por qué no debemos tener miedo de acercarnos a un Dios santo? Sin embargo, ¿de qué manera se nos exhorta que debemos acercarnos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Por su gran poder, no obstante la oposición de Faraón, Dios libró a su pueblo de Egipto para que guardaran su ley que había sido dada en el Edén. Los condujo al Sinaí para que escuchasen la proclamación de su ley.

Al proclamar los Diez Mandamientos a los hijos de Israel con su propia voz, Dios demostró su importancia. En medio de una grandiosidad pavorosa, dio a conocer su majestad y autoridad como Gobernador del mundo. Lo hizo para grabar en la mente de su pueblo la santidad de su ley y la importancia de observarla. El poder y la gloria con que fue dada la ley revelan su importancia. Es la fe una vez dada a los santos por Cristo nuestro Redentor hablando desde el Sinaí (Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 209, 210).

Con sumo fervor [David] estudió las formas en que procede Dios, expresadas por Cristo cuando estuvo rodeado por la columna de nube, y dadas a Moisés para que fueran fielmente repetidas a todo Israel.  y cuando David consideró las señales y promesas divinas para ellos —sabiendo que eran todos los que las necesitaban tanto como para Israel— las apropió para sí, diciendo: «me acordaré de las obras de JAH; sí hare memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos».

Su fe se aferró de Dios, y se animó y fortaleció. Aunque reconocía como misteriosos los caminos de Dios, sabía que eran misericordiosos y buenos, pues este fue el carácter divino tal como se reveló a Moisés: «Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad» (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1167).

El Capitán de nuestra salvación fortalece a sus seguidores, no con falsedades científicas, sino con genuina fe en la Palabra de un Dios personal. Esta Palabra es repetida una, otra y otra vez con más profundo poder afirmativo. Satanás recurre a todos sus poderes para el ataque en el último conflicto, y la paciencia del seguidor de Cristo es probada al máximo. A veces parece que va a ceder. Pero una palabra de oración al Señor Jesús llega como una flecha hasta el trono de Dios, y ángeles de Dios son enviados al campo de batalla. Cambia la marea. y los cautivos son libertados. Las almas creyentes acosadas son sostenidas como con alas de águilas y la victoria es ganada.

¡Qué maravillosas lecciones aprenderemos como resultado de la constante dependencia en la eficacia de Cristo! Aquel que aprende estas lecciones no necesita aprender de la experiencia ajena. Tiene el testimonio en sí mismo, y su experiencia avala su conocimiento de que Cristo es suficiente, fiel y poderoso. Conoce el cumplimiento de la promesa: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad»  2 Corintios 12:9 (In Heavenly Places, p. 297; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 299).


Martes 1º de marzo_________________________________________________________________

LA NECESIDAD DE UN VELO

Los velos tienen una doble función. El término que Hebreos utiliza para velo (katepetasma) podría referirse a la cortina de la entrada del Atrio (Éxo. 38:18), a la cortina de la entrada del Santuario (Éxo. 36:37) o al velo interior que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo (Éxo. 26:31–35). Estos velos eran entradas y a la vez límites que solo algunos podían traspasar.

Lee Levítico 16:1 y 2; y 10:1 al 3. ¿Qué advertencia tenemos en estos pasajes?

Levítico 16:1-2

1 Habló Jehová a Moisés después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron delante de Jehová, y murieron. Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no en todo tiempo entre en el santuario detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio.

Levítico 10:1-3

1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová. Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló.

El velo era una protección para los sacerdotes mientras oficiaban ante un Dios santo. Después del pecado del becerro de oro, Dios le dijo a Moisés que no los acompañaría camino a la Tierra Prometida para no consumirlos porque eran un “pueblo de dura cerviz” (Éxo. 33:3). Por lo tanto, Moisés trasladó la Tienda de Reunión y la armó lejos, fuera del campamento (Éxo. 33:7). Sin embargo, después de que Moisés intercediera, Dios aceptó ir en medio de ellos (Éxo. 33:12-20), pero estableció varias medidas para proteger al pueblo mientras él habitara entre ellos.

Por ejemplo, Israel acampaba en un orden estricto que dejaba un cuadrado vacío en el medio, donde se colocaba el Tabernáculo. Además, los levitas acampaban alrededor del Tabernáculo para proteger el Santuario y sus muebles de la invasión de extraños (Núm. 1:51; 3:10). En realidad, era una especie de velo humano que protegía al pueblo de Israel: “Pero los levitas acamparán alrededor del tabernáculo del testimonio, para que no haya ira sobre la congregación de los hijos de Israel; y los levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio” (Núm. 1:53).

Jesús, como nuestro Sacerdote, también ha sido nuestro Velo. Mediante su encarnación, Dios levantó su Tienda en medio de nosotros y pudimos contemplar su gloria (Juan 1:14–18). Jesús hizo posible que un Dios santo viviera en medio de un pueblo imperfecto.

Piensa en lo que implicaba que el Dios creador, el que hizo el Universo, viviera entre su pueblo, que en ese momento era una nación de esclavos fugitivos. ¿Qué nos enseña sobre lo cerca que puede estar Dios de nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En el Santuario del tabernáculo construido en el desierto y en el del templo, que eran símbolos terrenales de la morada de Dios, había un lugar sagrado para su presencia. El velo adornado de querubines a su entrada solo debía ser alzado por una mano. Alzar aquel velo, y entrar sin invitación en el sagrado misterio del Lugar Santísimo, acarreaba la muerte, pues sobre el propiciatorio descansaba la gloria del Santo de los santos, a la que nadie podía mirar y sobrevivir. En el único día del año señalado para el desempeño de su ministerio en el Lugar Santísimo, el sumo sacerdote penetraba en él temblando ante la presencia de Dios, mientras que nubes de incienso velaban la gloria ante sus ojos. En todos los atrios del templo se acallaba todo rumor. Ningún sacerdote actuaba en los altares. Los adoradores, inclinados en silencioso temor, dirigían sus peticiones en demanda de misericordia divina (El ministerio de curación, p. 344),

No es la obra más elevada de la educación el comunicar meramente conocimientos, sino el impartir aquella energía vivificadora que se recibe por el contacto de la mente con la mente y del alma con el alma. Únicamente la vida puede engendrar vida. ¡Qué privilegio fue el de aquellos que, durante tres años, estuvieron en contacto diario con aquella vida divina de la cual había fluido todo impulso vivificador que bendijera al mundo! Más que todos sus compañeros, Juan, el discípulo amado, cedió al poder de esa vida maravillosa. Dice: «La vida fue manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido». «De su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia. 1 Juan 1:16.

En los apóstoles de nuestro Señor no había nada que les pudiera reportar gloria. Era evidente que el éxito de sus labores se debía únicamente a Dios. La vida de estos hombres, el carácter que adquirieron y la poderosa obra que Dios realizó mediante ellos, atestiguan lo que él hará por aquellos que reciban sus enseñanzas y sean obedientes (El Deseado de todas las gentes, pp. 215, 216).

El alma que se ha entregado a Cristo es más preciosa a sus ojos que el mundo entero. El Salvador habría pasado por la agonía del Calvario para que uno solo pudiera salvarse en su reino. Nunca abandona a un alma por la cual murió. A menos que sus seguidores escojan abandonarle, él los sostendrá siempre.

En todas nuestras pruebas, tenemos un Ayudador que nunca nos falta. Él no nos deja solos para que luchemos con la tentación, batallemos contra el mal, y seamos finalmente aplastados por las cargas y tristezas. Aunque ahora esté oculto para los ojos mortales, el oído de la fe puede oír su voz que dice: No temas; yo estoy contigo. Yo soy «el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos». Apocalipsis 1:18. He soportado vuestras tristezas, experimentado vuestras luchas, y hecho frente a vuestras tentaciones. Conozco vuestras lágrimas; yo también he llorado. Conozco los pesares demasiado hondos para ser susurrados a ningún oído humano. No penséis que estáis solitarios y desamparados. Aunque en la tierra vuestro dolor no toque cuerda sensible alguna en ningún corazón, miradme a mí, y vivid (El Deseado de todas las gentes, pp. 446, 447).


Miércoles 2 de marzo_______________________________________________________________

EL CAMINO NUEVO Y VIVO A TRAVÉS DEL VELO

Lee Hebreos 10:19 al 22. ¿Qué invitación tenemos en este pasaje?

Hebreos 10:19 -22

19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

El libro de Hebreos sostiene que Jesús ha entrado en el Santuario celestial y nos invita a seguir su ejemplo. Esta idea concuerda con el concepto presentado anteriormente de que Jesús es el “capitán” y precursor de los creyentes (Heb. 2:10; 6:19, 20; 12:2). El “camino nuevo y vivo” es el Nuevo Pacto, que Jesús estableció con su sacrificio y su ascensión. La expresión “nuevo y vivo” contrasta con la descripción del Antiguo Pacto como “viejo y anticuado” (Heb. 8:13, RVC). Es el Nuevo Pacto, que ha provisto el perdón de los pecados y ha puesto la Ley en nuestro corazón, lo que nos permite acercarnos a Dios con confianza, no por nosotros mismos ni por cualquier cosa que hayamos hecho, sino solo por lo que Jesús ha hecho por nosotros mediante el cumplimiento de todas las obligaciones del Pacto.

Hebreos señala que la instauración del Antiguo Pacto implicaba la instauración del Santuario y la consagración de los sacerdotes (Heb. 9:18-21; comparar con Éxo. 40; Lev. 8, 9). El propósito del Pacto era crear una relación íntima entre Dios y su pueblo (Éxo. 19:4-6). Cuando Israel aceptó esta relación, Dios inmediatamente ordenó que se construyera un santuario para que él pudiera vivir entre ellos. El establecimiento del Santuario y la presencia de Dios en medio de su pueblo fue el momento en que se consumó el Pacto entre Dios e Israel.

Lo mismo ocurre con el Nuevo Pacto. El Nuevo Pacto también implica la instauración del ministerio sacerdotal de Jesús en nuestro favor (Heb. 5:1-10; 7:1-8:13).

La ascensión de Jesús ante Dios ha inaugurado una nueva era para el pueblo de Dios. Zacarías 3 menciona que Satanás estaba en la presencia de Dios para acusar al pueblo de Dios, representado por el sumo sacerdote Josué. Este acusador es el mismo que suscitó dudas sobre la lealtad de Job hacia Dios (Job 1; 2). Sin embargo, con el sacrificio de Jesús, Satanás ha sido arrojado del cielo (Apoc. 12:7–12; comparar con Juan 12:31; 16:11). ¡Ahora es Jesús quien intercede por nosotros y, mediante su sacrificio y su fidelidad, reclama la salvación para nosotros!

¿Qué acusaciones podría hacer Satanás contra ti delante de Dios, si pudiera? Aunque es un mentiroso, ¿cuánto tendría que mentir sobre ti para procurar tu condenación? ¿Cuál es tu única esperanza?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los que verdaderamente creen en Cristo se sientan junto a él en los lugares celestiales. Aceptemos la insignia del cristianismo. No es un distintivo externo, no es usar una cruz o una corona, sino algo que revela la unión del hombre con Dios…

«Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimulamos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca». Hebreos 10:19-25 (Alza tus ojos, p. 231

La intercesión de Cristo en nuestro favor presenta sus méritos divinos al ofrecerse a sí mismo al Padre como nuestro sustituto y garante; pues ascendió a lo alto para expiar nuestras transgresiones… «Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos». Hebreos 7:25.

De estos pasajes resulta claro que no es la voluntad de Dios que usted desconfíe y torture su alma con el temor de que Dios no lo aceptará por ser pecador e indigno… Presente su caso ante él, invocando los méritos de la sangre vertida en la cruz del Calvario en su favor. Satanás lo acusará de ser un gran pecador, y usted tendrá que admitir que lo es, pero puede decir: «Sé que soy un pecador, y por eso necesito un Salvador. Jesús vino al mundo a salvar pecadores. ‘La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado’… No tengo méritos o bondad con que reclamar la salvación, pero presento delante de Dios la sangre plenamente expiatoria del inmaculado Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ese es mi único argumento. El nombre de Jesús me da acceso al Padre. Sus oídos y su corazón están atentos a mi más débil súplica, y él satisface mis necesidades más profundas» (Reflejemos a Jesús, p. 67).

Cristo vino para dar al mundo un ejemplo de lo que podría ser la humanidad perfecta unida con la divinidad. Presentó al mundo una nueva fase de la grandeza cuando exhibió su misericordia, compasión y amor. Dio a los hombres una nueva interpretación de Dios. Como cabeza de la humanidad, enseñó a los hombres lecciones en la ciencia del gobierno divino, por las cuales reveló la rectitud de la reconciliación de la misericordia y la justicia (Mensajes selectos, t. 1, p. 305).


Jueves 3 de marzo__________________________________________________________________

ELLOS VERÁN SU ROSTRO

Lee Hebreos 12:22 al 24. ¿En qué sentido hemos llegado a la Jerusalén celestial, ante la presencia de Dios?

Hebreos 12:22-24

22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Se argumenta que los creyentes se han “acercado” al monte Sion, la Jerusalén celestial, mediante la fe. En este sentido, su experiencia anticipa el futuro. Por lo tanto, la Jerusalén celestial pertenece al Reino de las cosas “que se espera[n]” y de “lo que no se ve” pero que, sin embargo, se nos garantizan mediante la fe (Heb. 11:1).

Si bien esto es cierto, no es el significado completo de este pasaje. También hemos llegado al monte Sion, a la misma presencia de Dios, a través de nuestro representante Jesús (Efe. 2:5, 6; Col. 3:1). La ascensión de Jesús no es una cuestión de fe, es un hecho. Es esta dimensión histórica de la ascensión de Jesús lo que aporta convicción a la exhortación de Hebreos de mantenernos firmes en nuestra confesión (Heb. 4:14; 10:23, RVA-2015). Pablo dice: “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos […] acerquémonos, pues, confiadamente” (Heb. 4:14, 16).

Por ende, ya hemos llegado a través de nuestro Representante, y debemos actuar en consecuencia. A través de él, hemos “saboreado el don celestial” y hemos “experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero” (Heb. 6:4, 5, NVI). La realidad de la ascensión y el ministerio de Jesús en el Santuario celestial es una “segura y firme ancla del alma” (Heb. 6:19), la garantía de que las promesas tienen fundamento y son dignas de confianza (Heb. 7:22). Para nosotros, la fe tiene un ancla histórica.

Sin embargo, el propósito de Dios se cumplirá no solo en Jesús, sino también en nosotros. Hemos dicho que la ascensión de Jesús cumplió la tipología de las dos primeras peregrinaciones anuales de Israel, la Pascua y el Pentecostés. Según Hebreos y el libro de Apocalipsis, la última peregrinación, la fiesta de los Tabernáculos, aún no se ha cumplido. La celebraremos con Jesús, cuando estemos en la “ciudad […] cuyo arquitecto y constructor es Dios”, en la Patria celestial (Heb. 11:10, 13-16). No construiremos tabernáculos, sino que el Tabernáculo, o Tienda, de Dios descenderá del cielo, y viviremos con él para siempre (Apoc. 7:15–17; 21:1–4; 22:1–5; Núm. 6:24-26).

¿Cómo podemos aprender a hacer que la promesa de la vida eterna dé frutos para nosotros ahora, en medio de un mundo tan lleno de dolor y sufrimiento? ¿Qué respuesta puedes dar a quienes dicen que todo esto es solo una fantasía para ayudarnos a sentirnos mejor con nuestra vida aquí y ahora?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Hebreos 11:1. ¿No hemos comprobado esto en Io pasado al avanzar por fe para alcanzar las cosas que ahora vemos?… La fe no consiste solamente en mirar hacia adelante, a las cosas que no se ven; se confirma contemplando la experiencia pasada, los resultados tangibles, la verificación de la Palabra de Dios… Rogad: «Señor, aumenta mi fe». La fe aviva los sentidos y los hace trabajar diligentemente para producir resultados. La fe eleva y ennoblece las facultades del alma, capacitándolas para aferrarse de lo invisible…

Contemplando a Jesús, no solamente como nuestro ejemplo sino como el Autor y Consumador de nuestra fe, avancemos, confiando en que él suplirá con su fortaleza todo lo que se necesita para cumplir cada deber (Alza tus ojos, p. 70).

La fe es necesaria tanto en los asuntos más pequeños como en los mayores de la vida. En todos nuestros negocios y nuestras ocupaciones diarias, la fuerza sustentadora de Dios llega a ser real para nosotros por medio de una confianza constante…

Solamente la sensación de la presencia de Dios puede desvanecer el temor que, para el niño tímido, haría de la vida una carga. Grabe él en su memoria la promesa: «El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende» Salmo 34:7. Lea la maravillosa historia de Eliseo cuando estaba en la ciudad de la montaña y había entre él y el ejército de enemigos armados un círculo poderoso de ángeles celestiales. Lea cómo se le apareció el ángel de Dios a Pedro cuando estaba en la prisión, condenado a muerte; cómo lo libertó, pasando por entre los guardianes armados y las macizas puertas de hierro con sus cerrojos y barrotes…

Doquiera haya corazones llenos de fe que sirvan de conducto transmisor de su poder, no será menos notable su modo de obrar ahora que entonces (Reflejemos a Jesús, p. 1 19).

«De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna». Por medio del amado Juan, que escuchó estas palabras, el Espíritu Santo declaró a las iglesias: «Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida». 1 Juan 5:1 1,12 Y Jesús dijo: «Yo le resucitaré en el día postrero». Cristo se hizo carne con nosotros, a fin de que pudiésemos ser espíritu con él. En virtud de esta unión hemos de salir de la tumba, no simplemente como manifestación del poder de Cristo, sino porque, por la fe, su vida ha llegado a ser nuestra. Los que ven a Cristo en su verdadero carácter, y le reciben en el corazón, tienen vida eterna. Por el Espíritu es como Cristo mora en nosotros; y el Espíritu de Dios, recibido en el corazón por la fe, es el principio de la vida eterna (El Deseado de todas las gentes, p. 352).


Viernes 4 de marzo_________________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“La ascensión de Cristo al cielo fue la señal de que sus seguidores iban a recibir la bendición prometida. Habían de esperarla antes de empezar a hacer su obra. Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración de los ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado al Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como Sacerdote y Rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la Tierra, y era el Ungido sobre su pueblo. […]

“Podían pronunciar el nombre de Jesús con seguridad; porque ¿no era él su Amigo y Hermano mayor? Puestos en comunión con Cristo, se sentaron con él en los lugares celestiales. ¡Con qué ardiente lenguaje revestían sus ideas al testificar por él! (HAp 31, 32, 38).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. El salmista dijo: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Sal. 42:2). ¿Cómo podemos tener la misma sed de llegar a la presencia de Dios? Si no nos regocijamos ahora en la presencia de Dios mientras lo adoramos y nos presentamos ante su presencia con fe, ¿nos regocijaremos en el futuro? ¿Cuáles son los factores que llevan al gozo delante de Dios?
  2. En un libro que se burla de la fe, alguien creó un robot que supuestamente ejercía nuestra fe por nosotros. Aunque esto era una parodia, ¿cómo podemos cuidarnos de no hacer lo que hizo Israel en el desierto, que es pedir intermediarios entre nosotros y Dios? Tendemos a permitir que otros estudien la Biblia por nosotros para encontrar las gemas de la verdad en la Biblia. Algunos pueden sentirse tentados a pensar que las oraciones de otros en su favor tienen más peso ante Dios que sus propias oraciones. ¿Por qué debemos evitar esta trampa espiritual? ¿Por qué, gracias a Jesús, podemos acercarnos a Dios sin la necesidad de nadie más?
  3. Hebreos trata sobre la seguridad de la salvación. Sin embargo, ¿cómo debemos cuidarnos de no confundir presunción con seguridad?

 

COMENTARIO DEL VIDEO

DEUDA

Para Adán, el ofrecimiento del primer sacrificio fue una ceremonia muy dolorosa. Tuvo que alzar la mano para quitar una vida que sólo Dios podía dar. Por primera vez iba a presenciar la muerte, y sabía que si hubiese sido obediente a Dios no la habrían conocido el hombre o las bestias. Mientras mataba a la inocente víctima tembló al pensar que su pecado haría derramar la sangre del inmaculado Cordero de Dios. Esta escena le dio un sentido más profundo y vívido de la enormidad de su transgresión, que nada sino la muerte del querido Hijo de Dios podía expiar. Y se maravilló de la infinita bondad que daba semejante rescate para salvar a los culpables. Una estrella de esperanza iluminó el oscuro y terrible futuro, y lo libró de una completa desesperación.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 54.

A Adán se le encomendó que enseñara a sus descendientes a temer al Señor y, por su ejemplo y humilde obediencia, les enseñase a tener en alta estima las ofrendas que tipificaban al Salvador que habría de venir. Adán atesoró cuidadosamente lo que Dios le había revelado, y lo transmitió verbalmente a sus hijos y a los hijos de sus hijos.—The Spirit of Prophecy 1:59.

A la puerta del Paraíso, guardada por querubines, se manifestaba la gloria de Dios, y allí iban los primeros adoradores. Allí levantaron sus altares y presentaron sus ofrendas.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 70.

LIBROS

Patriarcas y profeta. – Las Fiestas Anuales

El Deseado de todas las gentes

– La visita de las pascua

-Las Fiestas de las Cabañas

CRISTO EN SU SANTUARIO

| Lección 10 Domingo 27 de febrero

JESÚS ANTE EL PADRE

Lee Hebreos 9:24. Según este pasaje, ¿cuál era el propósito de la ascensión de Jesús al cielo?

Dios instruyó a Israel para que los varones subieran tres veces al año a Jerusalén para “presentar[se …] delante de Jehová el Señor” con una ofrenda. Los
tiempos señalados eran la fiesta de la Pascua (panes sin levadura), la fiesta de
las Semanas (Pentecostés) y la fiesta de los Tabernáculos (Éxo. 23:14-17; Deut.
16:16).

La Pascua celebraba la liberación de la esclavitud en Egipto.

Pentecostés celebraba la cosecha de la cebada y, en épocas del Nuevo Testamento, se lo
relacionaba con la entrega de la Ley en el Sinaí.

La fiesta de los Tabernáculos
celebraba el cuidado de Dios respecto de Israel durante su estadía en el desierto.

Hebreos 9:24 describe la ascensión de Jesús a la presencia del Padre. Llegó
al Santuario celestial, el “verdadero”, para “presentarse” ante Dios con un mejor
sacrificio (Heb. 9:23, 24, NVI): su propia sangre.

Jesús cumplió las fiestas de peregrinación con asombrosa precisión. Murió
el día de la preparación de la Pascua a la hora novena, el momento en que se
sacrificaban los corderos pascuales (Juan 19:14; Mat. 27:45–50). Jesús resucitó al
tercer día y ascendió al cielo para recibir la seguridad de que su sacrificio había
sido aceptado (Juan 20:17; 1 Cor. 15:20), cuando el sacerdote debía mecer la gavilla
de cebada madura como primicia (Lev. 23:10-12). Luego, ascendió cuarenta días
después para sentarse a la diestra de Dios y establecer el Nuevo Pacto en el día
de Pentecostés (Hech. 1; 2).

El propósito de la peregrinación del antiguo Israel era “ver la faz de Dios”
(Sal. 42:2, BJ). Esto significaba experimentar el favor de Dios (Sal. 17:15). De igual
modo, la expresión hebrea de “buscar el rostro de Dios” significaba pedir ayuda
a Dios (2 Crón. 7:14; Sal. 27:8; 105:4). Este es el sentido, en Hebreos, de la ascen-
sión de Jesús. Jesús ascendió a Dios con el sacrificio perfecto. Jesús ascendió al
cielo también como nuestro Precursor ante la presencia de Dios (Heb. 6:19, 20).
Él ha hecho realidad la promesa para los creyentes que viajan “en busca de una
patria”, deseando “una patria mejor” y esperando “la ciudad […] de la cual Dios

LA PASCUA

CELEBRADO EL 14 DEL PRIMER MES JUDIO A FINALES DE MARZO Y PRINCIPIOS DE ABRIL

Había tres fiestas anuales: la Pascua, Pentecostés y la fiesta de las Cabañas, en las cuales todos los hombres de Israel debían presentarse delante del Señor en Jerusalén. De estas fiestas, la Pascua era la más concurrida. Acudían muchos de todos los países donde se hallaban dispersos los judíos.

Los hombres fuertes y los jóvenes viajaban a pie. El tiempo de la Pascua correspondía a fines de marzo o principios de abril, y todo el país era alegrado por las flores y el canto de los pájaros.

La primera de estas fiestas, la pascua, o fiesta de los panes ázimos o sin levadura, se celebraba en Abib, el primer mes del año judío, que correspondía a fines de marzo y principios de abril.

El pueblo estaba rodeado de tribus feroces y belicosas, ansiosas de apoderarse de sus tierras; y sin embargo, tres veces al año todos los hombres robustos y fuertes para la guerra, y toda la gente que podía soportar el viaje, tenían orden de dejar sus casas para dirigirse al lugar de reunión, cerca del centro del país.

¿Qué había de impedir a sus enemigos que se precipitasen sobre aquellas moradas y familias sin protección y destruirlas a sangre y fuego?

¿Qué había de estorbar una invasión de la tierra, que reduciría a Israel al cautiverio bajo el dominio de algún enemigo extraño? Dios había prometido ser el protector de su pueblo.

“El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.” Salmos 34:7.

Mientras los israelitas subieran para adorar, el poder divino refrenaría a sus enemigos. Dios había prometido: “Yo arrojaré las gentes de tu presencia, y ensancharé tu término: y ninguno codiciará tu tierra, cuando tú subieres para ser visto delante de Jehová tu Dios tres veces en el año.” Éxodo 34:24.

La alegría de la naturaleza despertaba alborozo en el corazón de Israel y gratitud hacia el Dador de todas las cosas buenas. Se cantaban los grandiosos salmos hebreos que ensalzaban la gloria y la majestad de Jehová. A la señal de la trompeta, con acompañamiento de címbalos, se elevaba el coro de agradecimiento, entonado por centenares de voces:

“Yo me alegré con los que me decían:
A la casa de Jehová iremos.
Nuestros pies estuvieron
En tus puertas, oh Jerusalem….

Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, …
Para alabar el nombre de Jehová….
Pedid la paz de Jerusalem:
Sean prosperados los que te aman.” Salmos 122:1-6.

La Pascua iba seguida de los siete días de panes ázimos. El segundo día de la fiesta, se presentaba una gavilla de cebada delante del Señor como primicias de la mies del año. Todas las ceremonias de la fiesta eran figuras de la obra de Cristo. La liberación de Israel del yugo egipcio era una lección objetiva de la redención, que la Pascua estaba destinada a rememorar. El cordero inmolado, el pan sin levadura, la gavilla de las primicias, representaban al Salvador.

Cuando veían en derredor suyo las colinas donde los paganos solían encender antaño los fuegos de sus altares, los hijos de Israel cantaban:

“Alzaré mis ojos a los montes,
De donde vendrá mi socorro.
Mi socorro viene de Jehová,
Que hizo los cielos y la tierra.” Salmos 121:1, 2. “Los que confían en Jehová son como el monte de Sión,
Que no deslizará: estará para siempre.
Como Jerusalem tiene montes alrededor de ella,
Así Jehová alrededor de su pueblo
Desde ahora y para siempre.” Salmos 125:1, 2.

Todas las casas de Jerusalén se abrían para recibir a los peregrinos, y se les proporcionaba alojamiento gratuito; pero esto no bastaba para la vasta asamblea, y se levantaban tiendas en todos los sitios disponibles de la ciudad y de las colinas circundantes.

El día catorce del mes, por la noche, se celebraba la pascua, cuyas ceremonias solemnes e imponentes conmemoraban la liberación de la esclavitud en Egipto y señalaban hacia adelante, al sacrificio que los había de librar de la servidumbre del pecado. Cuando el Salvador dió su vida en el Calvario, cesó el significado de la pascua, y quedó instituída la cena del Señor para conmemorar el acontecimiento que había sido prefigurado por la pascua.

Así como la sangre del cordero inmolado protegió los hogares de Israel, la sangre de Cristo había de salvar sus almas; pero podían ser salvos por Cristo únicamente en la medida en que por la fe se apropiaban la vida de él.

A esta fiesta fue Jesús por primera vez al templo cuando tenia 12 años

En la respuesta que dió a su madre, Jesús demostró por primera vez que comprendía su relación con Dios. Antes de su nacimiento, el ángel había dicho a María: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: y reinará en la casa de Jacob por siempre.” María había ponderado estas palabras en su corazón; sin embargo, aunque creía que su hijo había de ser el Mesías de Israel, no comprendía su misión. En esta ocasión, no entendió sus palabras; pero sabía que había negado que fuera hijo de José y se había declarado Hijo de Dios.

Jesús esperaba dirigir la atención de José y María a las profecías referentes a un Salvador que había de sufrir, mientras volviese solo con ellos de Jerusalén. En el Calvario, trató de aliviar la pena de su madre. En estos momentos también pensaba en ella.

María había de presenciar su última agonía, y Jesús deseaba que ella comprendiese su misión, a fin de que fuese fortalecida para soportar la prueba cuando la espada atravesara su alma.

Así como Jesús había estado separado de ella y ella le había buscado con pesar tres días, cuando fuese ofrecido por los pecados del mundo, lo volvería a perder tres días. Y cuando saliese de la tumba, su pesar se volvería a tornar en gozo.

¡Pero cuánto mejor habría soportado la angustia de su muerte si hubiese comprendido las Escrituras hacia las cuales trataba ahora de dirigir sus pensamientos!

La pascua seguía por siete días como fiesta de los panes ázimos. El primero y el último eran días de santa convocación, durante los cuales no debía hacerse trabajo servil alguno.

El segundo día de la fiesta se presentaban a Dios las primicias de la mies del año. La cebada era el primer cereal que se cosechaba en Palestina, y al principio de la fiesta empezaba a madurar. El sacerdote agitaba una gavilla de este cereal ante el altar de Dios en reconocimiento de que todo era suyo. No se había de recoger la cosecha antes que se cumpliera este rito.

LA PASCUA ERA UNA SOMBRA DE LA MUERTE DE CRISTO Y TENIA YA LA MITAD DE LA SANTA CENA

SE DIVIDIA EN DOS PARTES

LA MUERTE DEL CORDERO Y LA CENA

-SENTENCIA DE MUERTE SOBRE EGIPTO

-SE MATO UN CORDERO

-SE PINTO EL DINTEL

JESUCRISTO EN LA CRUZ

-SE COMIA EL CORDERO

-PAN SIN LEVADURAS

– HIERBAS AMARGAS

JESUCRISTO INSTITUYO LA SANTA CENA

TOMAD EL PAN QUE REPRESENTA MI CUERPO QUE POR VOSOTROS ES INMOLADO

TOMAD MI SANGRE QUE POR VOSOTROS ES DERRAMADA

NUEVO ELEMENTO  ES LA SANGRE

26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

MATEO 26

EL PENTECOSTES

Cincuenta días después de la ofrenda de las primicias, venía la fiesta de Pentecostés, también llamada fiesta de la mies o de las semanas. Como expresión de gratitud por el cereal que servía de alimento, se ofrecían al Señor dos panes cocidos con levadura. La fiesta duraba un solo día que se dedicaba al culto.

REPRESENTABA LA RESURRECCION DE CRISTO

PRIMICIAS DE LA RESURRECCION

LA FIESTA DE LAS CABANAS O TABERNACULO

SUCEDIA EL 10 DEL MES SEPTIMO (OCTUBRE EN NUESTROS DÍAS)

En el séptimo mes venía la fiesta de las cabañas, o de la recolección. Esta fiesta reconocía la bondad de Dios en los productos de la huerta, del olivar, y del viñedo. Así se completaba la serie de reuniones festivas del año. La tierra había dado su abundancia, la mies había sido recogida en los graneros, los frutos, el aceite y el vino habían sido almacenados y las primicias se habían puesto en reserva, y ahora acudía el pueblo con los tributos de agradecimiento al Dios que le había bendecido.

Esta fiesta debía ser ante todo una ocasión de regocijo. Se celebraba poco después del gran día de la expiación, en el cual se había dado la seguridad de que no sería ya recordada la iniquidad del pueblo. Este, ahora reconciliado con Dios, se presentaba ante él para reconocer su bondad, y para alabar su misericordia. Terminados los trabajos de la siega, y no habiendo empezado aún las labores del año nuevo, el pueblo estaba libre de cuidados y podía someterse a las influencias sagradas y placenteras de la hora.

THANKSGIVING DAY PARA ALGUNOS DE NOSOTROS

Aunque se les mandaba solamente a los padres y a los hijos que acudieran a las fiestas, siempre que fuera posible las familias debían asistir también a ellas, y de su hospitalidad debían participar los siervos, los levitas, los extranjeros y los pobres.

Como la pascua, la fiesta de los tabernáculos era conmemorativa. En recuerdo de su peregrinación por el desierto, el pueblo debía dejar sus casas y morar en cabañas o enramadas hechas con “gajos … de árbol hermoso, ramos de palmas, y ramas de árboles espesos, y sauces de los arroyos.” Levítico 23:40, 42, 43. El primer día era una santa convocación, y a los siete días de la fiesta se añadía otro octavo que se observaba de la misma manera.

 

 

40 Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días.

41 Y le haréis fiesta a Jehová por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones; en el mes séptimo la haréis. 42 En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, 43 para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios.

44 Así habló Moisés a los hijos de Israel sobre las fiestas solemnes de Jehová.

También hoy sería bueno que el pueblo de Dios tuviera una fiesta de las cabañas, una alegre conmemoración de las bendiciones que Dios le ha otorgado. Como los hijos de Israel celebraban el libramiento que Dios había concedido a sus padres, y también como los había protegido milagrosamente a ellos mismos durante sus peregrinaciones después de la salida de Egipto, así debiéramos recordar con gratitud los diferentes medios que él ideó para apartarnos del mundo y de las tinieblas del error y para llevarnos a la luz preciosa de su gracia y de su verdad.

La fiesta de las cabañas no era sólo una conmemoración, sino también un tipo o figura. No solamente señalaba algo pasado: la estada en el desierto, sino que, además, como la fiesta de la mies, celebraba la recolección de los frutos de la tierra, y apuntaba hacia algo futuro: el gran día de la siega final, cuando el Señor de la mies mandará a sus segadores a recoger la cizaña en manojos destinados al fuego y a juntar el trigo en su granero. En aquel tiempo todos los impíos serán destruídos. “Serán como si no hubieran sido.” (Abd. 16.) Y todas las voces del universo entero se unirán para elevar alegres alabanzas a Dios. Dice el revelador: “Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás.” Apocalipsis 5:13.

En la fiesta de las cabañas, el pueblo de Dios alababa a Dios porque recordaba la misericordia que le manifestara al librarle de la servidumbre de Egipto, y el tierno cuidado del que le hiciera objeto durante su peregrinación en el desierto. Se regocijaba también por saber que le había perdonado y aceptado gracias al reciente servicio del día de expiación. Pero cuando los redimidos de Jehová estén a salvo en la Canaán celestial, para siempre libertados del yugo de la maldición bajo el cual “todas las criaturas gimen a una, y a una están de parto hasta ahora” (Romanos 8:22), se regocijarán con un deleite indecible y glorioso. Entonces habrá concluído la gran obra expiatoria que Cristo emprendió para redimir a los hombres, y sus pecados habrán sido borrados para siempre.

“Alegrarse han el desierto y la soledad:
El yermo se gozará, y florecerá como la rosa.
Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo:
La gloria del Líbano le será dada,
La hermosura de Carmel y de Sarón.
Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro….
Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos,
Y los oídos de los sordos se abrirán.
Entonces el cojo saltará como un ciervo,
Y cantará la lengua del mudo;
Porque aguas serán cavadas en el desierto,
Y torrentes en la soledad.
El lugar seco será tornado en estanque,
Y el secadal en manaderos de aguas….
Y habrá allí calzada y camino,
Y será llamado camino de Santidad;
No pasará por él inmundo;
Y habrá para ellos en él quien los acompañe,
De tal manera que los insensatos no yerren.
No habrá allí león,
Ni bestia fiera subirá por él,
Ni allí se hallará,
Para que caminen los redimidos.
Y los redimidos de Jehová volverán,
Y vendrán a Sión con alegría;
Y gozo perpetuo será sobre sus cabezas:
Y retendrán el gozo y alegría,
Y huirá la tristeza y el gemido.” Isaías 35:1, 2, 5-10.

| Lección 10  Martes 1º de marzo

LA NECESIDAD DE UN VELO

Lección 10 | Miércoles 2 de marzo

EL CAMINO NUEVO Y VIVO A TRAVÉS DEL VELO

El tabernáculo y su construcción

El tabernáculo fue construído desarmable, de modo que los israelitas pudieran llevarlo en su peregrinaje. Por consiguiente, era pequeño, de sólo 55 pies de largo por 18 de ancho y de alto.

No obstante, era una construcción magnífica. La madera que se empleó en la construcción y en sus muebles era de acacia, la menos susceptible al deterioro de todas las que había en el Sinaí. Las paredes consistían en tablas colocadas verticalmente, fijadas en basas de plata y aseguradas por columnas y travesaños; y todo estaba cubierto de oro, lo cual hacía aparecer al edificio como de oro macizo.

El techo estaba formado de cuatro juegos de cortinas; el de más adentro era “de lino torcido, azul, púrpura y carmesí; y… querubines de obra primorosa” (Éxodo 26:1); los otros tres eran de pelo de cabras, de cueros de carnero teñidos de rojo y de cueros de tejones, respectivamente, arreglados de tal manera que ofrecían completa protección.

La estructura estaba dividida en dos secciones mediante una bella y rica cortina, o velo, suspendida de columnas doradas: y una cortina semejante a la anterior cerraba la entrada de la primera sección. Tanto estos velos como la cubierta interior que formaba el cielo raso, eran de los más magníficos colores -azul, púrpura y escarlata- bellamente combinados, y tenían, recamados con hilos de oro y plata, querubines que representaban la hueste de los ángeles asociados con la obra del Santuario celestial, y que son espíritus ministradores del pueblo de Dios en la Tierra.

Sobre el efod estaba el racional [o pectoral], la más sagrada de las vestiduras sacerdotales. Era de la misma tela que el efod. De forma cuadrada, medía un palmo [22,5 cm] y colgaba de los hombros mediante un cordón azul prendido en argollas de oro. El ribete estaba formado por una variedad de piedras preciosas, las mismas que forman los doce fundamentos de la ciudad de Dios. Dentro del ribete había doce piedras engarzadas en oro, arregladas en hileras de a cuatro, que, como las de los hombros, tenían grabados los nombres de las tribus. Las instrucciones del Señor fueron: “Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, para memorial delante de Jehová continuamente”. Éxodo 28:29.

Así también Cristo, el gran Sumo Sacerdote, al ofrecer su sangre ante el Padre en favor de los pecadores, lleva sobre el corazón el nombre de toda alma arrepentida y creyente. El salmista dice: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará de mí”. Salmos 40:17.

POR ESO FUE ELEGIDO MATIAS

Discreción en la elección

“Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fué recibido arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabas, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál escoges de estos dos, para que tome el oficio de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por transgresión, para irse a su lugar. Y les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado con los once apóstoles.” Hechos 1:21-26.

Estos pasajes nos enseñan que el Señor destina a ciertos hombres para ocupar puestos determinados. Enseñará a su pueblo a usar de circunspección y a elegir juiciosamente a hombres que no traicionarán los cometidos sagrados. Si en los días de Cristo era necesario que los creyentes usasen de prudencia para la elección de los hombres que habían de asumir las responsabilidades, cuánto mayor será en este tiempo nuestra necesidad de obrar con gran discreción. Debemos presentar a Dios cada caso, y en oración ferviente pedir al Señor que elija por nosotros.

3 JT 411.5

Ningún ojo mortal, salvo el del sumo sacerdote, debía mirar el interior del Lugar Santísimo. Sólo una vez al año, y después de la preparación más solemne y cuidadosa, podía entrar allí el sumo sacerdote. Temblando entraba para presentarse ante Dios, y el pueblo en reverente silencio esperaba su regreso, con el corazón elevado en ferviente oración por bendición divina. Ante el propiciatorio, el sumo sacerdote hacía expiación por Israel; y en la nube de gloria, Dios se encontraba con él. Si su permanencia en dicho sitio duraba más del tiempo acostumbrado, el pueblo sentía temor de que, a causa de los pecados de ellos o de él mismo, hubiese sido muerto por la gloria del Señor.

CES 33.3

Al presentar la ofrenda del incienso, el sacerdote se acercaba más directamente a la presencia de Dios que en ningún otro acto de los servicios diarios. Como el velo interior del Santuario no llegaba hasta el techo del edificio, la gloria de Dios, que se manifestaba sobre el propiciatorio, era parcialmente visible desde el Lugar Santo. Cuando el sacerdote ofrecía incienso ante el Señor, miraba hacia el arca; y mientras ascendía la nube de incienso, la gloria divina descendía sobre el propiciatorio y henchía el Lugar Santísimo, y a menudo llenaba tanto las dos divisiones del Santuario, que el sacerdote se veía obligado a retirarse hasta la puerta del tabernáculo. Así como en ese servicio simbólico el sacerdote miraba por medio de la fe el propiciatorio que no podía ver, así ahora el pueblo de Dios ha de dirigir sus oraciones a Cristo, su gran Sumo Sacerdote, quien, invisible para el ojo humano, está intercediendo en su favor en el Santuario celestial.  CES 34.2

CRISTO INTERCEDE POR NOSOTROS EN EL SANTUARIO CELESTIAL

ESE SANTUARIO ES GIGANTE, NO ES PEQUEÑO, COMO EL DE LA TIERRA

Ningún edificio terrenal podría representar la grandeza y la gloria del Templo celestial, la morada del Rey de reyes, donde “millares de millares” le sirven y “millones de millones” están delante de él (Daniel 7:10), de ese templo henchido de la gloria del trono eterno, donde los serafines, sus guardianes resplandecientes, se cubren el rostro en adoración. Sin embargo, las verdades importantes acerca del Santuario celestial y de la gran obra que allí se efectúa en favor de la redención del hombre debían enseñarse mediante el Santuario terrenal y sus servicios.

CES 39.2

Los libros de registros del cielo, en los cuales están consignados los nombres y los hechos de los hombres, determinarán los fallos del juicio. El profeta Daniel dice: “El Juez se sentó, y los libros fueron abiertos”. El Revelador, al describir la misma escena, agrega: “Otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”. Apocalipsis 20:12.

El libro de la vida contiene los nombres de todos los que alguna vez entraron en el servicio a Dios. Jesús pidió a sus discípulos: “Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”. Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, “cuyos nombres están en el libro de la vida”. Daniel, al vislumbrar un “tiempo de angustia, cual nunca fue”, declara que el pueblo de Dios será librado, es decir, “todos los que se hallen escritos en el libro”. Y el Revelador dice que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres “están inscritos en el libro de la vida del Cordero” Lucas 10:20; Filipenses 4:3; Daniel 12:1; Apocalipsis 21:27.

Delante de Dios está escrito “un libro de memoria”, en el cual quedan consignadas las buenas obras de “los que temen a Jehová, y de los que piensan en su nombre”. Malaquías 3:16, VM. Sus palabras de fe, sus actos de amor, están registrados en el cielo. A esto se refiere Nehemías cuando dice: “¡Acuérdate de mí por esto, Dios mío; no borres las obras de piedad que yo hice por la Casa de mi Dios!” Nehemías 13:14. En el libro de memoria de Dios está inmortalizado todo acto de justicia. Está registrada fielmente toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión expresada. Y está consignado todo acto de sacrificio, todo padecimiento y pesar sufridos por causa de Cristo. El salmista dice: “Tú cuentas los pasos de mi vida errante: pon mis lágrimas en tu redoma; ¿no están en tu libro?” Salmos 56:8, VM.

También hay un registro de los pecados de los hombres. “Pues que Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”. Eclesiastés 12:14. Dice el Salvador: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”. Mateo 12:36, 37. Los propósitos y motivos secretos aparecen en el registro infalible, pues Dios “sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón”. 1 Corintios 4:5, NVI. “He aquí que esto está escrito delante de mí… vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres juntamente, dice Jehová”. Isaías 65:6, 7, VM.

La obra de cada persona pasa bajo la mirada de Dios y es registrada como fiel o infiel. En los libros del cielo frente a cada nombre está anotado, con terrible exactitud, toda mala palabra, todo acto egoísta, todo deber incumplido y todo pecado secreto junto con todo disimulo astuto. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos malgastados, las oportunidades no aprovechadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue anotado por el ángel registrador.

A medida que los libros de registros se van abriendo en el juicio, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan ante Dios para ser examinadas por él. Empezando con los que vivieron primero en la Tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva y termina con los vivos. Cada nombre es mencionado, cada caso cuidadosamente investigado. Habrá nombres que serán aceptados, y nombres rechazados. Cuando alguien tenga en los libros de registros pecados de los cuales no se arrepintió y no fueron perdonados, su nombre será borrado del libro de la vida y el registro de sus buenas obras será borrado del libro de memoria de Dios. El Señor declaró a Moisés: “Al que haya pecado contra mí, a éste borraré de mi libro”. Éxodo 32:33, VM. Y el profeta Ezequiel dice: “Si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad… ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta”. Ezequiel 18:24.

CES 115.3

Estamos viviendo en el gran día de la expiación

Estamos viviendo ahora en el gran Día de la Expiación. Cuando en el servicio típico el sumo sacerdote hacia la expiación por Israel, todos debían afligir sus almas por medio del arrepentimiento de sus pecados y la humillación ante el Señor, si no querían verse separados del pueblo. De la misma manera, todos los que desean que sus nombres sean conservados en el libro de la vida, deben ahora, en los pocos días que les quedan de este tiempo de gracia, afligir sus almas ante Dios con verdadero arrepentimiento y dolor por sus pecados. Hay que escudriñar honda y sinceramente el corazón. Hay que extirpar el espíritu liviano y frívolo al que se entregan tantos cristianos de profesión. Empeñada lucha espera a todos aquellos que quieran subyugar las malas inclinaciones que tratan de dominarlos. La obra de preparación es una obra individual. No somos salvados en grupos. La pureza y devoción de uno no suplirá la falta de estas cualidades en otro. Si bien todas las naciones deben pasar en juicio ante Dios, sin embargo él examinará el caso de cada individuo con un escrutinio tan estricto y minucioso como si no hubiese otro ser en la Tierra. Cada uno tiene que ser probado y encontrado sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante.

Solemnes son las escenas relacionadas con la obra final de expiación. Incalculables son los intereses involucrados en ella. El juicio se lleva ahora adelante en el Santuario celestial. Esta obra se viene realizando desde hace muchos años. Pronto -nadie sabe cuándo- les tocará ser juzgados a los vivos. En la augusta presencia de Dios nuestras vidas deberán ser examinadas. En este tiempo más que en cualquier otro conviene que toda alma preste atención a la advertencia del Salvador: “Velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”. “Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti”. Marcos 13:33; Apocalipsis 3:3.

Cuando concluya la obra del juicio investigador, quedará decidida la suerte de todos para vida o para muerte. El tiempo de gracia terminará poco antes que el Señor aparezca en las nubes del cielo. Al mirar hacia ese tiempo, Cristo declara en el Apocalipsis: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. Apocalipsis 22:11, 12.

Los justos y los impíos continuarán viviendo en la Tierra en su estado mortal; los hombres seguirán plantando y edificando, comiendo y bebiendo, inconscientes todos ellos de que la decisión final e irrevocable ha sido pronunciada en el Santuario celestial. Antes del diluvio, después que Noé hubo entrado en el arca, Dios lo encerró en ella y dejó afuera a los impíos; pero por espacio de siete días la gente, sin saber que su sentencia estaba determinada, continuó en su despreocupada vida amante de los placeres y se mofaba de las advertencias de un juicio inminente. El Salvador dice: “Así será también la venida del Hijo del hombre”. Mateo 24:39. Silenciosamente, inadvertida como ladrón a medianoche, llegará la hora decisiva que marca el irrevocable destino de cada ser humano, el retiro final del ofrecimiento de misericordia dirigido a los culpables.

“Velad, pues… para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo”. Marcos 13:35, 36. Peligrosa es la condición de quienes, cansándose de velar, se vuelven a los atractivos del mundo. Mientras el hombre de negocios está absorto en el afán de lucro, mientras el amante de los placeres está buscando cómo complacerse, mientras la esclava de la moda está renovando su vestuario, puede ser que en ese momento el Juez de toda la Tierra pronuncie la sentencia: “Has sido pesado en la balanza y has sido hallado falto”. Daniel 5:27 (VM).—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 533-545.

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