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Lección 8 – LA PROMESA – Para el 21 de mayo de 2022

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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

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2022

Hebreos Génesis En el Crisol con Cristo El Estado de los Muertos

2023

Mayordomía El Mensaje de los Tres Ángeles Efesios Norma Cultural y Mente Misionera de Personajes Bíblicos*

2024

Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan

2025

Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Como Permanecer en Relación con Dios

2026

Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado** Josué El Espíritu de Profecía

2027

1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel

* Bible Characters as Counter Cultural and Mission Minded

** Religion in the Market Place


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Lección 8: Para el 21 de mayo de 2022

LA PROMESA

Sábado 14 de mayo___________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 22; Hebreos 11:17; Levítico 18:21; Juan 1:1–3; Romanos 5:6–8; Génesis 23–25; Romanos 4:1–12.

PARA MEMORIZAR:

“Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo” (Gén. 24:1).

Finalmente, como Dios había prometido, Sara le dio a Abraham un hijo, “en su vejez” (Gén. 21:2), y llamó al bebé Isaac (ver Gén. 21:1–5). Pero la historia de

Abraham está lejos de concluir, y llega a su momento culminante cuando él lleva a su hijo al monte Moriah para ser sacrificado. Sin embargo, Isaac es reemplazado por un carnero (Gén. 22:13), lo que implicaba el compromiso de Dios de bendecir a las naciones por intermedio de su “simiente” (Gén. 22:17, 18). Esa simiente, por supuesto, era Jesús (Hech. 13:23). Por lo tanto, en esta historia asombrosa (y en cierto modo preocupante) se revelan más elementos del plan de salvación.

Más allá de las profundas lecciones espirituales que hayan sacado de esta experiencia, no obstante, la familia de Abraham debió haberse visto sacudida, y el futuro de Abraham no está claro. Sara muere inmediatamente después del sacrificio en Moriah (Gén. 23) e Isaac continúa soltero.

Entonces, Abraham toma la iniciativa para asegurarse de que tendrá un futuro “adecuado”. Arregla el matrimonio de su hijo con Rebeca (Gén. 24), quien dará a luz a dos hijos (Gén. 25:21-23), y el mismo Abraham se casa con Cetura, quien le dará muchos hijos (Gén. 25:1-6). Esta semana, seguiremos a Abraham hasta el final de su vida (Gén. 25:7-11).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El gran acto de fe de Abrahán descuella como un fanal de luz, que ilumina el sendero de los siervos de Dios en las edades subsiguientes. Abrahán no buscó excusas para no hacer la voluntad de Dios. Durante aquel viaje de tres días tuvo tiempo suficiente para razonar, y para dudar de Dios si hubiera estado inclinado a hacerlo… Abrahán era humano, y sus pasiones y sus inclinaciones eran como las nuestras; pero no se detuvo a inquirir cómo se cumpliría la promesa si Isaac muriera. No se detuvo a discutir con su dolorido corazón. Sabía que Dios es justo y recto en todos sus requerimientos, y obedeció el mandato al pie de la letra…

La fe de Abrahán se manifestó por sus obras. «¿No fue justificado por las obras Abraham, nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fue perfecta por las obras?» Santiago 2:21, 22.

Son muchos los que no comprenden la relación que existe entre la fe y las obras. Dicen: «Cree solamente en Cristo, y estarás seguro. No tienes necesidad de guardar la ley». Pero la verdadera fe se manifiesta mediante la obediencia. Cristo dijo a os judíos incrédulos: «Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais». Juan 8:39 (Historia de los patriarcas y profetas, p. 148).

Los seres celestiales fueron testigos de la escena en que se probaron la fe de Abrahán y la sumisión de Isaac. La prueba fue mucho más severa que la impuesta a Adán. La obediencia a la prohibición hecha a nuestros primeros padres no entrañaba ningún sufrimiento; pero la orden dada a Abrahán exigía el más atroz sacrificio. Todo el cielo presenció, absorto y maravillado, la intachable obediencia de Abrahán. Todo el cielo aplaudió su fidelidad. Se demostró que las acusaciones de Satanás eran falsas. Dios declaró a su siervo: «Ya conozco que temes a Dios [a pesar de las denuncias de Satanás], pues que no me rehusaste tu hijo, tu único». El pacto de Dios, confirmado a Abrahán mediante un juramento ante los seres de los otros mundos, atestiguó que la obediencia será premiada.

Había sido difícil aun para los ángeles comprender el misterio de la redención, entender que el Soberano del cielo, el Hijo de Dios, debía morir por el hombre culpable. Cuando a Abrahán se le mandó ofrecer a su hijo en sacrificio, se despertó el interés de todos los seres celestiales. Con intenso fervor, observaron cada paso dado en cumplimiento de ese mandato. Cuando a la pregunta de Isaac: «¿Dónde está el cordero para el holocausto?» Abrahán contestó: «Dios se proveerá de cordero;» y cuando fue detenida la mano del padre en el momento mismo en que estaba por sacrificar a su hijo y el carnero que Dios había provisto fue ofrecido en lugar de Isaac, entonces se derramó luz sobre el misterio de la redención, y aun los ángeles comprendieron más claramente las medidas admirables que había tomado Dios para salvar al hombre. Véase 1 Pedro 1:12 (Historia de los patriarcas y profetas, p. 151).


Domingo 15 de mayo__________________________________________________________

EL MONTE MORIAH

Lee Génesis 22:1 al 12; y Hebreos 11:17. ¿Cuál era el significado de esta prueba? ¿Qué lecciones espirituales surgen de este asombroso acontecimiento?

Génesis 22:1-12

1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.

Hebreos 11:17

17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito,

Génesis 22 se ha convertido en un clásico de la literatura mundial y ha inspirado a filósofos y artistas, no solo a teólogos. Sin embargo, el significado de la prueba de Dios es difícil de comprender. Este mandato divino contradecía la prohibición bíblica posterior en contra de los sacrificios humanos (Lev. 18:21), y seguramente parecía obrar en contra de la promesa de Dios de un pacto eterno por medio de Isaac (Gén. 15:5).

Entonces, ¿cuál era el propósito de que Dios lo llamara a hacer esto? ¿Por qué ponerlo a prueba de una manera tan poderosa?

La noción bíblica de “prueba” (en hebreo, nisá) incluye dos ideas opuestas. Se refiere a la idea de juicio, es decir, un juicio para saber qué hay en el corazón del probado (Deut. 8:2; comparar con Gén. 22:12). Pero también trae la seguridad de la gracia de Dios en favor de los probados (Éxo. 20:18-20).

En este caso, la fe que Abraham tiene en Dios lo lleva al punto de correr el riesgo de perder su “futuro” (su posteridad). Y, sin embargo, debido a que confía en Dios, hará lo que Dios le pida, por más difícil que sea de entender. Al fin y al cabo, ¿qué es la fe, sino confiar en lo que no vemos o no entendemos por completo?

Además, la fe bíblica no se trata tanto de nuestra capacidad de dar a Dios y de sacrificarnos por él (aunque eso tiene su función, sin duda [Rom. 12:1]), sino de nuestra capacidad de confiar en él y recibir su gracia mientras comprendemos cuán indignos somos.

Esta verdad se confirmó en lo que sucedió a continuación. Todas las obras de Abraham, sus tantas actividades diligentes, la dolorosa experiencia con su hijo, incluso su disposición a obedecer y ofrecer a Dios lo mejor de sí mismo, por más instructivos que fueran, no podían salvarlo. ¿Por qué? Porque el Señor mismo había provisto un carnero para el sacrificio previsto, que en sí apuntaba a su única esperanza de salvación, Jesús.

Por consiguiente, Abraham debió haber entendido la gracia. No son las obras que hacemos para Dios las que nos salvan, sino la obra de Dios en nuestro favor (Efe. 3:8; comparar con Rom. 11:33). Sin embargo, al igual que Abraham, somos llamados a trabajar para Dios, y en este sentido, el accionar de Abraham es un poderoso ejemplo para seguir (Sant. 2:2-23).

¿Qué te dice personalmente la historia de Abraham e Isaac en el monte Moriah acerca de tu fe y cómo la manifiestas?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios había llamado a Abrahán para que fuese el padre de los fieles, y su vida había de servir como ejemplo de fe para las generaciones futuras. Pero su fe no había sido perfecta. Había manifestado desconfianza para con Dios al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, y también al casarse con Agar.

Para que pudiera alcanzar la norma más alta, Dios le sometió a otra prueba, la mayor que se haya impuesto jamás a hombre alguno. En una visión nocturna se le ordenó ir a la tierra de Moria para ofrecer allí a su hijo en holocausto en un monte que se le indicaría.

Cuando Abrahán recibió esta orden, había llegado a los ciento veinte años. Se le consideraba ya un anciano, aun en aquella generación. Antes había sido fuerte para arrostrar penurias y peligros, pero ya se había desvanecido el ardor de su juventud. En el vigor de la virilidad, ‘uno puede enfrentar con valor dificultades y aflicciones capaces de hacerle desmayar en la senectud, cuando sus pies se acercan vacilantes hacia la tumba. Pero Dios había reservado a Abrahán su última y más aflictiva prueba para el tiempo cuando la carga de los años pesaba sobre él y anhelaba descansar de la ansiedad y el trabajo (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 143, 144).

Cuando el pecado ha adormecido las percepciones morales, el malhechor no discierne los defectos de su carácter ni se da cuenta de la enormidad del mal que ha cometido; y, a menos que se rinda al poder convincente del Espíritu Santo, permanecerá en una ceguera parcial con respecto a su pecado. Sus confesiones no son sinceras y fervorosas.

El corazón humillado y contrito, doblegado por el arrepentimiento genuino, podrá apreciar un poco el amor de Dios y el costo del Calvario; y de la misma manera como un hijo confiesa ante un padre amoroso, el que está verdaderamente arrepentido presentará todos sus pecados ante Dios (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 603).

Con todo, la inteligencia limitada de los hombres resulta inadecuada para comprender los planes del Dios infinito. Nuestras investigaciones no nos harán descubrir jamás las profundidades de Dios. No debemos intentar con mano presuntuosa levantar el velo que encubre su majestad. El apóstol exclama: «¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» Romanos 11:33. No obstante podemos comprender lo bastante su modo de tratar con nosotros y los motivos que le hacen obrar como obra, para reconocer un amor y una misericordia infinitos unidos a un poder sin límites. Nuestro Padre celestial dirige todas las cosas con sabiduría y justicia, y no debemos vivir descontentos ni desconfiados, sino inclinarnos en reverente sumisión. Él nos revelará sus designios en la medida en que su conocimiento sea para nuestro bien, y en cuanto a lo demás debemos confiar en Aquel cuya mano es omnipotente y cuyo corazón rebosa de amor (El conflicto de los siglos, p. 517).


Lunes 16 de mayo____________________________________________________________

DIOS PROVEERÁ

Lee Génesis 22:8, 14 y 18. ¿Cómo cumplió Dios su promesa de proveer? ¿Qué proveyó?

Génesis 22:8, 14 y 18

Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.

14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

Cuando Isaac preguntó por el animal para el sacrificio, Abraham dio una respuesta intrigante: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto” (Gén. 22:8). Sin embargo, la forma verbal hebrea en realidad puede significar “Dios se proveerá a sí mismo como el cordero”. El verbo “proveer” (ir’é lo) se usa de una manera que puede significar “proveerse a sí mismo” (o literalmente, “verse a sí mismo”).

Por ende, lo que vemos aquí es la esencia del plan de salvación, ¡por el cual el Señor mismo sufre y paga personalmente el castigo por nuestros pecados!

Lee Juan 1:1 al 3; y Romanos 5:6 al 8. ¿Cómo nos ayudan estos versículos a comprender lo que sucedió en la Cruz, que se representa anticipadamente en este sacrificio del monte Moriah?

Juan 1:1-3

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Romanos 5:6-8

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Allí, en el monte Moriah, mucho antes de la Cruz, el carnero del sacrificio “trabado en un zarzal por sus cuernos” (Gén. 22:13) apuntaba directamente a Jesús. Él es aquel que es “provisto” aquí; como Abraham explica más tarde, “en el monte de Jehová será provisto” (Gén. 22:14; o “será visto”, según JBS). El mismo Jesús había señalado esta expresión profética de Abraham, cuando dijo, haciéndose eco de la declaración de Abraham: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Juan 8:56).

“Fue para grabar en la mente de Abraham la realidad del evangelio, así como para probar su fe, que Dios le mandó sacrificar a su hijo. La agonía que sufrió durante los oscuros días de aquella terrible prueba fue permitida para que comprendiera por su propia experiencia algo de la grandeza del sacrificio hecho por el Dios infinito en favor de la redención del hombre” (PP 150).

Esto que sucedió, ¿cómo nos ayuda a comprender mejor lo que sucedió en la Cruz y lo que Dios sufrió por nosotros? ¿Cuál debería ser nuestra respuesta a lo que él hizo por nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Aquel día, el más largo en la vida de Abraham, llegó lentamente a su fin. Mientras su hijo y los siervos dormían, él pasó la noche en oración, todavía con la esperanza de que algún mensajero celestial viniera a decirle que la prueba era ya suficiente, que el joven podía regresar sano y salvo a su madre. Pero su alma torturada no recibió alivio… Satanás estaba muy cerca de él susurrándole palabras llenas de dudas e incredulidad; pero Abraham rechazó sus sugerencias.

Ni aun entonces murmuró Abraham contra Dios, sino que fortaleció su alma espaciándose en las evidencias de la bondad y la fidelidad de Dios. Se le había dado este hijo inesperadamente; y el que le había dado este precioso regalo ¿no tenía derecho a reclamar lo que era suyo? Entonces su fe le repitió la promesa: «En Isaac te será llamada descendencia» (Génesis 21:12), una descendencia incontable, numerosa como la arena de las playas del mar. Isaac era el hijo de un milagro, y ¿no podía devolverle la vida el poder que se la había dado? Mirando más allá de lo visible, Abraham comprendió la divina palabra, «porque pensaba que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos» Hebreos 11:19… (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 129, 130).

[Con] voz temblorosa, Abrahán reveló a su hijo el mensaje divino. Con terror y asombro Isaac se enteró de su destino; pero no ofreció resistencia. Habría podido escapar a esta suerte si lo hubiera querido; el anciano, agobiado de dolor, cansado por la lucha de aquellos tres días terribles, no habría podido oponerse a la voluntad del joven vigoroso. Pero desde la niñez se le había enseñado a Isaac a obedecer pronta y confiadamente, y cuando el propósito de Dios le fue manifestado, lo aceptó con sumisión voluntaria. Participaba de la fe de Abrahán, y consideraba como un honor el ser llamado a dar su vida en holocausto a Dios. Con ternura trató de aliviar el dolor de su padre, y animó sus debilitadas manos para que ataran las cuerdas que lo sujetarían al altar (Historia de los patriarcas y profetas, p. 147).

Entonces Abrahán vio «un carnero a sus espaldas trabado en un zarzal», y en seguida trajo la nueva víctima y la ofreció «en lugar de su hijo». Lleno de felicidad y gratitud, Abrahán dio un nuevo nombre a aquel lugar sagrado y lo llamó «Jehová Yireh», o sea, «Jehová proveerá» (Historia de los patriarcas y profetas, p. 148).

Fue para grabar en la mente de Abrahán la realidad del evangelio, así como para probar su fe, por lo que Dios le mandó sacrificar a su hijo… Ninguna otra prueba podría haber causado a Abrahán tanta angustia como la que le causó el ofrecer a su hijo.

Dios dio a su Hijo para que muriera en la agonía y la vergüenza. A los ángeles que presenciaron la humillación y la angustia del Hijo de Dios, no se les permitió intervenir como en el caso de Isaac. No hubo voz que clamara: «¡Basta!» El Rey de la gloria dio su vida para salvar a la raza caída. ¿Qué mayor prueba se puede dar del infinito amor y de la compasión de Dios? (Historia de los patriarcas y profetas, p. 150).


Martes 17 de mayo____________________________________________________________

LA MUERTE DE SARA

En Génesis 22:23, vemos el informe del nacimiento de Rebeca, que anticipa el futuro matrimonio entre Isaac y Rebeca (Gén. 24). Asimismo, el informe de la muerte y el entierro de la esposa de Abraham, Sara (Gén. 23), anticipa su futuro matrimonio con Cetura (Gén. 25:1-4).

Lee Génesis 23. ¿Qué función tiene la historia de la muerte y el entierro de Sara en el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham?

Génesis 23

1 Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla. Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo: Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad para sepultura entre vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí. Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron: Óyenos, señor nuestro; eres un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu muerta; ninguno de nosotros te negará su sepulcro, ni te impedirá que entierres tu muerta. Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het, y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad de que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón hijo de Zohar, para que me dé la cueva de Macpela, que tiene al extremo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para posesión de sepultura en medio de vosotros. 10 Este Efrón estaba entre los hijos de Het; y respondió Efrón heteo a Abraham, en presencia de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo: 11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que está en ella; en presencia de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerta. 12 Entonces Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra, 13 y respondió a Efrón en presencia del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te place, te ruego que me oigas. Yo daré el precio de la heredad; tómalo de mí, y sepultaré en ella mi muerta. 14 Respondió Efrón a Abraham, diciéndole: 15 Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre tú y yo? Entierra, pues, tu muerta. 16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, en presencia de los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, de buena ley entre mercaderes. 17 Y quedó la heredad de Efrón que estaba en Macpela al oriente de Mamre, la heredad con la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todos sus contornos, 18 como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad. 19 Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán. 20 Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, de Abraham, como una posesión para sepultura, recibida de los hijos de Het.

La mención de la muerte de Sara inmediatamente después de la historia del sacrificio de Isaac sugiere que ella pudo haber quedado afectada por este incidente que casi le costó la vida a su hijo. De alguna manera, Sara también participó de la “prueba” con su esposo, al igual que en sus viajes y su falta de fe temporal (Gén. 12:11-13).

Sara no era el tipo de mujer que guardara silencio en asuntos que eran importantes o que la perturbaran (comparar con Gén. 16:3-5; 18:15; 21:9, 10). Su ausencia y su silencio, e incluso el momento de su muerte después de ese dramático evento, dice más sobre la relevancia de Sara para los eventos que su presencia física. El hecho de que se mencione la vejez de Sara (Gén. 23:1), en paralelo con la vejez de Abraham (Gén. 24:1), muestra su importancia para la historia.

De hecho, Sara es la única mujer en el Antiguo Testamento de la que se menciona el número de sus años, lo que muestra su centralidad en la historia. La focalización en la compra del lugar de sepultura de Sara (que abarca la mayor parte del capítulo), más que en su muerte, enfatiza la conexión con la Tierra Prometida.

Ya la especificación de que ella murió “en la tierra de Canaán” (Gén. 23:2) subraya la vinculación de la muerte de Sara con la promesa divina de la tierra. Sara es la primera del clan de Abraham que murió y fue enterrada en la Tierra Prometida. La preocupación de Abraham por sí mismo, “extranjero y forastero soy” (Gén. 23:4), y su insistente discusión con los hijos de Het, muestran que Abraham está interesado no solo en adquirir un lugar de sepultura; lo que más le preocupa es establecerse en la tierra de forma permanente.

Lee Génesis 23:6. ¿Qué nos dice esto sobre el tipo de reputación que tenía Abraham? ¿Por qué esto es importante para comprender para qué lo utilizó el Señor?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Sara era la primera y la única verdadera esposa de Abrahán. Tenía derechos, como esposa y madre, que nadie más podía tener en el seno de la familia. Reverenciaba a su esposo y lo llamaba señor, pero sentía celos de que sus afectos fueran compartidos con Agar. El Señor no reprendió a Sara por la actitud que asumió. Los ángeles, en cambio, reprendieron a Abrahán por desconfiar del poder de Dios, lo que lo indujo a tomar a Agar por esposa con la idea de que por medio de ella se cumplirían las promesas…

Abrahán… [nada] dijo a Sara acerca de la naturaleza de su viaje, porque sabía cuánto amaba a Isaac, y que ese afecto la induciría a desconfiar de Dios y a no entregar a su hijo. El patriarca no permitió que el amor paternal lo dominara y lo indujera a rebelarse contra Dios. El mandamiento del Señor había sido calculado para sacudirlo profundamente. «Toma ahora a tu hijo». Y entonces, como para probar un poco más su corazón, añadió: «Tu único, Isaac, a quien amas»; es decir, al único hijo de la promesa, «y ofrécelo allí en holocausto» (La historia de la redención, pp. 82, 83).

La herencia que Dios prometió a su pueblo no está en este mundo. Abrahán no tuvo posesión en la tierra, «ni aun para asentar un pie». Hechos 7:5. Poseía grandes riquezas y las empleaba en honor de Dios y para el bien de sus prójimos; pero no consideraba este mundo como su hogar. El Señor le había ordenado que abandonara a sus compatriotas idólatras, con la promesa de darle la tierra de Canaán como posesión eterna; y sin embargo, ni él, ni su hijo, ni su nieto la recibieron. Cuando Abrahán deseó un lugar donde sepultar sus muertos, tuvo que comprarlo a los cananeos. Su única posesión en la tierra prometida fue aquella tumba cavada en la peña en la cueva de Macpela (Historia de los patriarcas y profetas, p. 166).

«Mi enfermedad me ha mostrado mi propia debilidad, y la paciencia y amor de mi Salvador y su poder para salvar. El conoce nuestra debilidad, sabe que nos falta fe y ánimo y sin embargo no nos desecha.

«Yo puedo caer en mi puesto antes que el Señor venga; pero cuando todos los que están en la tumba se levanten, yo veré a Jesús si soy fiel, y seré como él. ¡Oh, qué gozo insuperable ver a Aquel a quien amamos, ver en su gloria a Aquel que nos amó tanto que se dio a sí mismo por nosotros; contemplar aquellas manos que fueron horadadas por nuestra redención, extendidas hacia nosotros para bendecirnos y darnos la bienvenida! ¡Qué importa que tengamos que trabajar duramente y sufrir aquí, si tan solo logramos la resurrección! Esperaremos pacientemente hasta que termine nuestro tiempo de prueba, y entonces elevaremos el cántico alegre de triunfo» (Notas biográficas de Elena G. de White, p. 294).


Miércoles 18 de mayo_________________________________________________________

UNA ESPOSA PARA ISAAC

Génesis 24 cuenta la historia del matrimonio de Isaac después de la muerte de Sara. Las dos historias se relacionan.

Lee Génesis 24. ¿Por qué le preocupa tanto a Abraham que su hijo no se case con una mujer de los cananeos?

Génesis 24

1 Era Abraham ya viejo, y bien avanzado en años; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo Isaac. El criado le respondió: Quizá la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra. ¿Volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste? Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. Jehová, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra de mi parentela, y me habló y me juró, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y tú traerás de allá mujer para mi hijo. Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este negocio. 10 Y el criado tomó diez camellos de los camellos de su señor, y se fue, tomando toda clase de regalos escogidos de su señor; y puesto en camino, llegó a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. 11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, a la hora de la tarde, la hora en que salen las doncellas por agua. 12 Y dijo: Oh Jehová, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. 13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. 14 Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos; que sea esta la que tú has destinado para tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor. 15 Y aconteció que antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca, que había nacido a Betuel, hijo de Milca mujer de Nacor hermano de Abraham, la cual salía con su cántaro sobre su hombro. 16 Y la doncella era de aspecto muy hermoso, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. 17 Entonces el criado corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. 18 Ella respondió: Bebe, señor mío; y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. 19 Y cuando acabó de darle de beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. 20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. 21 Y el hombre estaba maravillado de ella, callando, para saber si Jehová había prosperado su viaje, o no. 22 Y cuando los camellos acabaron de beber, le dio el hombre un pendiente de oro que pesaba medio siclo, y dos brazaletes que pesaban diez, 23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego que me digas: ¿hay en casa de tu padre lugar donde posemos? 24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel hijo de Milca, el cual ella dio a luz a Nacor. 25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar. 26 El hombre entonces se inclinó, y adoró a Jehová, 27 y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de mi amo Abraham, que no apartó de mi amo su misericordia y su verdad, guiándome Jehová en el camino a casa de los hermanos de mi amo. 28 Y la doncella corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas. 29 Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera hacia el hombre, a la fuente. 30 Y cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía: Así me habló aquel hombre, vino a él; y he aquí que estaba con los camellos junto a la fuente. 31 Y le dijo: Ven, bendito de Jehová; ¿por qué estás fuera? He preparado la casa, y el lugar para los camellos. 32 Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con él venían. 33 Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y él le dijo: Habla. 34 Entonces dijo: Yo soy criado de Abraham. 35 Y Jehová ha bendecido mucho a mi amo, y él se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. 36 Y Sara, mujer de mi amo, dio a luz en su vejez un hijo a mi señor, quien le ha dado a él todo cuanto tiene. 37 Y mi amo me hizo jurar, diciendo: No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito; 38 sino que irás a la casa de mi padre y a mi parentela, y tomarás mujer para mi hijo. 39 Y yo dije: Quizá la mujer no querrá seguirme. 40 Entonces él me respondió: Jehová, en cuya presencia he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás para mi hijo mujer de mi familia y de la casa de mi padre. 41 Entonces serás libre de mi juramento, cuando hayas llegado a mi familia; y si no te la dieren, serás libre de mi juramento. 42 Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije: Jehová, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual ando, 43 he aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, que la doncella que saliere por agua, a la cual dijere: Dame de beber, te ruego, un poco de agua de tu cántaro, 44 y ella me respondiere: Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua; sea esta la mujer que destinó Jehová para el hijo de mi señor. 45 Antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y le dije: Te ruego que me des de beber. 46 Y bajó prontamente su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré de beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos. 47 Entonces le pregunté, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Betuel hijo de Nacor, que le dio a luz Milca. Entonces le puse un pendiente en su nariz, y brazaletes en sus brazos; 48 y me incliné y adoré a Jehová, y bendije a Jehová Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo. 49 Ahora, pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y me iré a la diestra o a la siniestra. 50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: De Jehová ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. 51 He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho Jehová. 52 Cuando el criado de Abraham oyó sus palabras, se inclinó en tierra ante Jehová. 53 Y sacó el criado alhajas de plata y alhajas de oro, y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. 54 Y comieron y bebieron él y los varones que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi señor. 55 Entonces respondieron su hermano y su madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, y después irá. 56 Y él les dijo: No me detengáis, ya que Jehová ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor. 57 Ellos respondieron entonces: Llamemos a la doncella y preguntémosle. 58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás tú con este varón? Y ella respondió: Sí, iré. 59 Entonces dejaron ir a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al criado de Abraham y a sus hombres. 60 Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Hermana nuestra, sé madre de millares de millares, y posean tus descendientes la puerta de sus enemigos. 61 Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue. 62 Y venía Isaac del pozo del Viviente-que-me-ve; porque él habitaba en el Neguev. 63 Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. 64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; 65 porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y se cubrió. 66 Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. 67 Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.

Así como Abraham quería adquirir la tierra para enterrar a su esposa, debido a la promesa de Dios a sus descendientes de que tendrían esta tierra, ahora insiste en que Isaac tampoco se establezca fuera de la Tierra Prometida (Gén. 24:7). Además, la decisión de Isaac de llevar a su esposa a la tienda de Sara y la nota de que Rebeca consoló a Isaac “después de la muerte de su madre” (Gén. 24:67) apuntan a la muerte de Sara, lo que implica el dolor de Isaac por la pérdida de su madre.

La historia está llena de oraciones y respuestas a oraciones, y abunda en lecciones sobre la providencia de Dios y la libertad humana. Comienza con la oración de Abraham. Al jurar por “Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra” (Gén. 24:3), esta oración es, ante todo, un reconocimiento de Dios como Creador (Gén. 1:1; 14:19), con repercusión directa sobre los nacimientos de los descendientes de Abraham, incluyendo al Mesías mismo.

La referencia a “su ángel” y a “Jehová, Dios de los cielos” (Gén. 24:7) apunta al ángel de Jehová, que vino del cielo para rescatar a Isaac de ser sacrificado (Gén. 22:11). El Dios que controla el Universo, el ángel de Jehová que intervino para salvar a Isaac, estará al frente de este tema del matrimonio.

Sin embargo, Abraham deja abierta la posibilidad de que la mujer no responda al llamado de Dios. Por más que Dios sea poderoso, no obliga a nadie a obedecerlo. Aunque el plan de Dios para Rebeca es seguir a Eliezer, ella conserva su libertad de elegir. Es decir, existía la posibilidad de que esta mujer no quisiera ir y, en ese caso, no se vería obligada a hacerlo.

Por lo tanto, en esto vemos otro ejemplo del gran misterio de cómo Dios nos ha dado libre albedrío a los seres humanos, una libertad que él no pisoteará. (Si lo hiciera, no sería libre albedrío.) Y, sin embargo, de alguna manera, a pesar de la realidad del libre albedrío humano, y de muchas de las terribles decisiones que la humanidad toma con ese libre albedrío, todavía podemos confiar en que finalmente el amor de Dios y la bondad, en última instancia, prevalecerán.

¿Por qué es tan reconfortante saber que, si bien no todas las cosas que pasan son voluntad de Dios, él todavía está al mando? Profecías como Daniel 2, por ejemplo, ¿cómo demuestran este hecho?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Abrahán había llegado a la ancianidad y sabía que pronto moriría, pero aún le quedaba un acto por cumplir, para asegurar a su descendencia el cumplimiento de la promesa. Isaac era el que Dios había designado para sucederle como depositario de la ley de Dios y padre del pueblo escogido; pero todavía era soltero. Los habitantes de Canaán estaban entregados a la idolatría, y Dios, sabiendo que tales uniones conducirían a la apostasía, había prohibido el matrimonio entre ellos y su pueblo. El patriarca temía el efecto de las corruptoras influencias que rodeaban a su hijo. La fe habitual de Abrahán en Dios y su sumisión a la voluntad divina se reflejaban en el carácter de Isaac; pero el joven era de afectos profundos, y de naturaleza benigna y condescendiente. Si se unía con una mujer que no temiera a Dios, se vería en peligro de sacrificar sus principios en aras de la armonía. Para Abrahán, elegir esposa para su hijo era asunto de suma importancia y anhelaba que se casara con quien no le apartase de Dios (Historia de los patriarcas y profetas, p. 168).

  «Y había salido Isaac a orar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; porque había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el velo, y cubrióse. Entonces el criado contó a Isaac todo lo que había hecho. E introdújola Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer; y amóla: y consolóse Isaac después de la muerte de su madre» (Historia de los patriarcas y profetas, p. 171).

Hay una victoria que ambos debéis obtener… la victoria sobre la terquedad. No la obtendréis sino mediante la ayuda de Cristo. Podréis luchar mucho tiempo para dominaros, pero no tendréis éxito si no recibís la fuerza de lo alto. Mediante la gracia de Cristo, podréis obtener la victoria sobre vosotros mismos y sobre vuestro egoísmo. Si vivís la vida de Cristo, si a cada paso consentís al sacrificio, si manifestáis constantemente una simpatía siempre mayor para con aquellos que necesitan ayuda, obtendréis victoria tras victoria. Día tras día, aprenderéis a dominaros y a fortalecer los puntos débiles de vuestros caracteres. El Señor Jesús será vuestra luz, vuestra fuerza, vuestra corona de gozo, porque habréis sometido vuestra voluntad a la suya.

Hombres y mujeres pueden alcanzar el ideal que Dios les propone si consienten en aceptar a Cristo como Ayudador suyo. Entregaos completamente al Señor. El pensamiento de que habéis de luchar para conseguir la vida eterna os fortalecerá y estimulará. Cristo debe daros fuerza para vencer. Mediante su ayuda, podréis destruir el egoísmo hasta en sus raíces más profundas (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 50).


Jueves 19 de mayo___________________________________________________________

UNA ESPOSA PARA ABRAHAM

Lee Génesis 24:67 a 25:1 al 8. ¿Cuál es el significado de estos eventos finales en la vida de Abraham?

Génesis 24:67 a 25:1-8

67 Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre.

1 Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán; e hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim. E hijos de Madián: Efa, Efer, Hanoc, Abida y Elda. Todos estos fueron hijos de Cetura. Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental. Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años. Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo.

Después de la muerte de Sara, Abraham se volvió a casar. Al igual que Isaac, se consuela después de la muerte de Sara (Gén. 24:67). El recuerdo de Sara seguramente aún debió estar vivo en la mente del patriarca, tanto como en la de su hijo.

No obstante, la identidad de su nueva esposa no está clara. Sin embargo, el hecho de que el cronista asocie a los hijos de Cetura junto con los hijos de Agar, sin mencionar el nombre de Cetura, sugiere que Cetura podría (como algunos han conjeturado) ser Agar. También es revelador que Abraham se comporte con los hijos de Cetura de la misma manera que lo hizo con el hijo de Agar: los despide para evitar cualquier influencia espiritual y hacer una clara distinción entre su hijo con Sara y los otros hijos.

También “dio todo cuanto tenía a Isaac” (Gén. 25:5), mientras que “a los hijos de sus concubinas les hizo regalos” (Gén. 25:6, NVI). La clasificación de “concubinas” también puede implicar que el estatus de Cetura, como el de Agar, era el de concubina. La posible identificación de Cetura como Agar también puede explicar la sutil alusión al recuerdo de Sara como preludio de su matrimonio con Cetura-Agar.

Lo interesante es que en Génesis 25:1 al 4, y 12 al 18, se da una lista de los hijos que Abraham tuvo con Cetura, así como una lista de los hijos de Ismael. El propósito de la genealogía después del matrimonio de Abraham con Cetura, quien le dio seis hijos, en comparación con sus otros dos hijos (Isaac e Ismael), es quizás aportar evidencias inmediatas de la promesa de Dios de que Abraham sería padre de muchas naciones.

La segunda genealogía se refería a los descendientes de Ismael, quienes también componían doce tribus (comparar con Gén. 17:20), al igual que lo que sucedería con Jacob (Gén. 35:22-26). Aunque, por supuesto, el pacto de Dios estará reservado a la simiente de Isaac (Gén. 17:21), no a la de Ismael, un aspecto sobre el que las Escrituras son muy claras.

El informe de la muerte de Abraham intercalado entre las dos genealogías (Gén. 25:7-11) también da testimonio de la bendición de Dios. Revela el cumplimiento de su promesa a Abraham, hecha muchos años antes, de que moriría “en buena vejez” (Gén. 15:15) y “lleno de años” (Gén. 25:8; comparar con Ecl. 6:3).

Finalmente, el Señor se mantuvo fiel a sus promesas de gracia dadas a su fiel siervo Abraham, cuya fe se describe en las Escrituras como un gran ejemplo, si no el mejor ejemplo del Antiguo Testamento, de salvación por fe (ver Rom. 4:1-12).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Abrahán había notado los resultados que desde los días de Caín hasta su propio tiempo dieran los casamientos entre los que temían a Dios y los que no le temían. Tenía ante los ojos las consecuencias de su propio matrimonio con Agar y las de los lazos matrimoniales de Ismael y de Lot. La falta de fe de Abrahán y de Sara había dado lugar al nacimiento de Ismael, mezcla de la simiente justa con la impía. La influencia del padre sobre su hijo era contrarrestada por la de los idólatras parientes de su madre, y por la unión de Ismael con mujeres paganas. Los celos de Agar y de las esposas que ella había elegido para Ismael, rodeaban a su familia de una barrera que Abrahán trató en vano de romper.

Las anteriores enseñanzas de Abrahán no habían quedado sin efecto sobre Ismael, pero la influencia de sus esposas determinó la introducción de la idolatría en su familia. Separado de su padre, e irritado por las riñas y discordias de su familia destituida del amor y del temor de Dios, Ismael fue incitado a escoger la vida de salvaje merodeo como jefe del desierto, y fue «su mano contra todos, y las manos de todos contra él». Génesis 16:12. En sus últimos días se arrepintió de sus malos caminos, y volvió al Dios de su padre, pero quedó el sello del carácter que había legado a su posteridad. La nación poderosa que descendió de él, fue un pueblo turbulento y pagano, que de continuo afligió a los descendientes de Isaac (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 171, 172).

Así como la Biblia presenta dos leyes, una inmutable y eterna, la otra provisional y temporaria, así también hay dos pactos. El pacto de la gracia se estableció primeramente con el hombre en el Edén, cuando después de la caída se dio la promesa divina de que la simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza. Este pacto puso al alcance de todos los hombres el perdón y la ayuda de la gracia de Dios para obedecer en lo futuro mediante la fe en Cristo. También les prometía la vida eterna si eran fieles a la ley de Dios. Así recibieron los patriarcas la esperanza de la salvación.

Este mismo pacto le fue renovado a Abrahán en la promesa: «En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra». Génesis 22:18. Esta promesa dirigía los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió Abrahán (Véase Gálatas 3:8, 16), y confió en Cristo para obtener el perdón de sus pecados. Fue esta fe la que se le contó como justicia (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 386, 387).

Abraham era un hombre favorecido por Dios. El Señor dijo: «Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio». Génesis 18:19. Abraham fue honrado por Dios porque cultivó la religión en la familia e hizo que el temor de Dios penetrase en toda su casa. Es Dios quien dice: «Yo sé que él mandará», es decir, que de su parte no habrá traición del cometido sagrado; no cederá ante nadie, sino ante Dios; hay una ley, y Abraham la guardará; ninguna emoción ciega empañará su sentido del bien ni se interpondrá entre Dios y las almas de sus hijos; ese tiempo de indulgencia, que es la crueldad más atroz, no hará que Abraham se extravíe (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 516).


Viernes 20 de mayo___________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Dado que Abraham fue el extraordinario profeta con quien Dios compartió sus planes (Gén. 18:17), Dios entró en la esfera humana de Abraham y compartió con él, hasta cierto punto, su plan de salvación mediante el sacrificio de su Hijo.

“Isaac prefiguró al Hijo de Dios, que iba a ser ofrecido por los pecados del mundo. Dios quería inculcar en Abraham el evangelio de la salvación del hombre. Para ello, y a fin de que la verdad fuese una realidad para él como también para probar su fe, le pidió que quitara la vida a su amado Isaac. Todo el pesar y la agonía que soportó Abraham por esta sombría y temible prueba tenía por propósito grabar profundamente en él la comprensión del plan de redención en favor del hombre caído. Se le hizo entender mediante su propia experiencia cuán inmensa era la abnegación del Dios infinito al dar a su propio Hijo para que muriese a fin de rescatar al hombre de la ruina completa. Para Abraham, ninguna tortura mental podía igualarse con la que sufrió al obedecer la orden divina de sacrificar a su hijo” (TI 3:407).

“Abraham había llegado a la ancianidad y sabía que pronto moriría, pero aún le quedaba un acto por cumplir, para asegurar a su descendencia el cumplimiento de la promesa. Isaac era el que Dios había designado para sucederlo como depositario de la Ley de Dios y padre del pueblo escogido; pero todavía era soltero. Los habitantes de Canaán estaban entregados a la idolatría, y Dios, sabiendo que tales uniones conducirían a la apostasía, había prohibido el matrimonio entre ellos y su pueblo. El patriarca temía el efecto de las corruptoras influencias que rodeaban a su hijo. […] En la mente de Abraham, la elección de una esposa para su hijo era un asunto de suma importancia; anhelaba que se casara con quien no lo apartase de Dios.

“Isaac, confiando en la sabiduría y el cariño de su padre, estaba conforme con dejarle a él la solución del asunto, creyendo también que Dios mismo lo guiaría en la elección” (PP 168).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En clase, dialoguen sobre la voluntad de Abraham de sacrificar a Isaac. Traten de imaginar la clase de fe que revela este relato. ¿Qué tiene esta historia de asombrosa e inquietante al mismo tiempo?
  2. ¿Y el libre albedrío? ¿Por qué nuestra fe no tiene sentido si no existe libertad de elección? ¿Qué ejemplos tenemos en la Biblia de libre albedrío y cómo, a pesar de las decisiones incorrectas de la gente, la voluntad de Dios finalmente se cumple?

Un pensamiento en “Lección 8 – LA PROMESA – Para el 21 de mayo de 2022

  1. Hno Tony , Dios le bendiga un placer saludarle, gracias por tan valiosa información, el tema en cuanto a la muerte de Sara es muy atinado , hice el comentario en el repaso de la lección y lo vieron muy acertado, mil gracias! Hno una pregunta indiscreta, en que ciudad y estado vive Uds? Me encanta el background d donde transmite!

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