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Lección 6 – ÉL MURIÓ POR NOSOTROS – Para el 5 de noviembre de 2022

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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año

1er Trimestre

2o Trimestre

3er Trimestre

4o Trimestre

2022

Hebreos Génesis En el Crisol con Cristo El Estado de los Muertos

2023

Mayordomía El Mensaje de los Tres Ángeles Efesios Norma Cultural y Mente Misionera de Personajes Bíblicos*

2024

Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan

2025

Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Como Permanecer en Relación con Dios

2026

Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado** Josué El Espíritu de Profecía

2027

1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel

* Bible Characters as Counter Cultural and Mission Minded

** Religion in the Market Place


Lección 6: Para el 5 de noviembre de 2022

ÉL MURIÓ POR NOSOTROS

Sábado 29 de octubre_________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Apocalipsis 13:8; Mateo 17:22, 23; Marcos 9:30–32; Juan 19:1–30; Romanos 6:23; 1 Corintios 1:18–24.

PARA MEMORIZAR:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14, 15).

Se ha dicho que no podemos evitar ni la muerte ni los impuestos. Eso no es totalmente cierto: la gente puede evitar los impuestos, pero no la muerte. Es posible que puedan posponer la muerte unos años, pero, tarde o temprano, la muerte siempre llega. Y, porque sabemos que los muertos (justos e injustos) en un principio acaban en el mismo lugar, nuestra esperanza de la resurrección lo es todo para nosotros. Como dijo Pablo, en esta esperanza, incluso “también los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Cor. 15:18), lo cual es algo bastante extraño si los que “durmieron en Cristo” están revoloteando en el cielo en presencia de Dios.

Por lo tanto, la resurrección de Cristo es fundamental para nuestra fe, porque en su resurrección tenemos la seguridad de la nuestra. Pero, antes de que Cristo resucitara de entre los muertos, por supuesto, tenía que morir. Por eso, en medio de la agonía del Getsemaní, anticipándose a su muerte, oró: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora” (Juan 12:27). Y su propósito era morir, para darnos vida.

Esta semana nos centraremos en la muerte de Cristo y lo que significa para la promesa de la vida eterna.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando, en respuesta a sus oraciones, la vida de Ezequías fue prolongada por quince años, el rey agradecido, tributó a Dios loores por su gran misericordia. En su canto de alabanza, dice por qué se alegraba: “No te ha de alabar el sepulcro; la muerte no te celebrará; ni esperarán en tu verdad los que bajan al hoyo. El viviente, el viviente sí, él te alabará, como yo, el día de hoy”. Isaías 38:18, 19 (VM). La teología de moda presenta a los justos que fallecen como si estuvieran en el cielo gozando de la bienaventuranza y loando a Dios con lenguas inmortales, pero Ezequías no veía tan gloriosa perspectiva en la muerte. Sus palabras concuerdan con el testimonio del salmista: “Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿Quién te loará en el sepulcro?” Salmo 6:5. “No son los muertos los que alaban a Jehová, ni todos los que bajan al silencio”. Salmo 115:17 (VM) (El conflicto de los siglos, p. 534).

La resurrección de Jesús fue una muestra de la resurrección final de todos los que duermen con él. El cuerpo resucitado del Salvador, su semblante, el acento de su voz, eran familiares a sus seguidores. De la misma manera se levantarán los que duermen en Jesús. Conoceremos a nuestros amigos del mismo modo como los discípulos conocieron a Jesús. Pueden haber estado deformados, enfermos o desfigurados en esta vida mortal; no obstante en su cuerpo resucitado y glorificado se conservará perfectamente su identidad individual y reconoceremos, en el rostro radiante con la luz reflejada del rostro de Jesús, los rasgos de los que amamos.

En su segunda venida, todos los preciosos muertos oirán su voz y surgirán a una vida gloriosa e inmortal. El mismo poder que resucitó a Cristo de los muertos resucitará a su iglesia y la glorificará con él, por encima de todos los principados y potestades, por encima de todo nombre que se nombra, no solamente en este mundo, sino también en el mundo venidero (The Faith I Live By, p. 180; parcialmente en La fe por la cual vivo, p. 182, y en El Deseado de todas las gentes, p. 731).

Nuestra única esperanza es perfecta confianza en la sangre de Aquel que puede salvar hasta lo sumo a los que se allegan a Dios mediante él. La muerte de Cristo en la cruz del Calvario es nuestra única esperanza en este mundo, y será nuestro tema en el mundo venidero. ¡Oh, no comprendemos el valor de la expiación! Si la comprendiéramos, hablaríamos más acerca de ella. El don de Dios en su amado Hijo fue la expresión de un amor incomprensible. Fue lo máximo que Dios podía hacer para mantener el honor de su ley y, sin embargo, salvar al transgresor. ¿Por qué no debe el hombre estudiar el tema de la redención? Es el tema supremo en el cual se puede ocupar la mente humana. Si los hombres contemplaran el amor de Cristo desplegado en la cruz, su fe se fortalecería para apropiarse de los méritos de su sangre derramada, y estarían limpios y salvados de pecado (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1107).


Domingo 30 de octubre___________________________________________________

DESDE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO

Lee Apocalipsis 13:8; Hechos 2:23; y 1 Pedro 1:19 y 20. ¿Cómo podría considerarse a Cristo como “inmolado desde el principio del mundo”?

Apocalipsis 13:8

Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

Hechos 2:23

23 a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

1 Pedro 1:19-20

19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8). Lo importante aquí para nosotros es la idea de que Cristo fue “inmolado desde el principio del mundo”. Obviamente, debemos entender esto en un sentido simbólico (el libro de Apocalipsis está lleno de símbolos), porque Cristo no fue crucificado hasta miles de años después de la creación de la Tierra. Lo que señala este versículo es que el plan de salvación se había puesto en marcha ya antes de la creación del mundo. Y la muerte de Jesús, el Cordero de Dios, en la Cruz, sería primordial para ese plan.

Lee Tito 1:2. ¿Qué nos enseña este versículo? ¿Hace cuánto tiempo está vigente el plan de salvación, que se centra en la muerte de Cristo?

Tito 1:2

en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos,

“El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, un plan formulado después de la caída de Adán. […] Fue una manifestación de los principios que desde las edades eternas habían sido el fundamento del Trono de Dios” (DTG 13).

Ese plan se les reveló primeramente a Adán y a Eva en el jardín del Edén (Gén. 3:15, 21), y cada sacrificio de sangre tipificaba ese plan en todo el Antiguo Testamento. Por ejemplo, mientras probaba la fe de Abraham, Dios proveyó un carnero para sacrificar en lugar de Isaac (Gén. 22:11-13). Este reemplazo tipificó aún más claramente la naturaleza sustitutiva del sacrificio expiatorio de Cristo en la Cruz.

Por lo tanto, el centro de todo el plan de salvación es la muerte sustitutiva de Jesús, simbolizada durante siglos por los sacrificios de animales, cada uno de los cuales es un símbolo de la muerte de Jesús en la Cruz como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Los sacrificios de animales son espantosos y sangrientos, eso es verdad. Pero ¿por qué esa truculencia y tanta sangre es precisamente lo que nos instruye acerca de la muerte de Cristo en nuestro lugar, y cuál fue el terrible costo del pecado?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Se habían dado profecías sencillas y específicas concernientes a la aparición del Prometido. A Adán se le dio la seguridad de la venida del Redentor. La sentencia pronunciada contra Satanás: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15), era para nuestros primeros padres la promesa de la redención que iba a obrarse por Cristo (Los hechos de los apóstoles, p. 180).

El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es “el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”. Apocalipsis 13:8. Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable… ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no le amaba! ¿Quién puede comprender la profundidad de ese amor “que excede a todo conocimiento”? Al través de los siglos sin fin, las mentes inmortales, tratando de entender el misterio de ese incomprensible amor, se maravillarán y adorarán a Dios.

Dios se iba a manifestar en Cristo, “reconciliando el mundo a sí”. 2 Corintios 5:19. El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por sí mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza es bondad y pureza. Pero después de haber redimido al mundo de la condenación de la ley, Cristo podría impartir poder divino al esfuerzo humano. Así, mediante el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo, los caídos hijos de Adán podrían convertirse nuevamente en “hijos de Dios”. 1 Juan 3:2 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 48, 49).

Pablo mostró cuán estrechamente había ligado Dios el servicio de los sacrificios con las profecías relativas a Aquel que iba a ser llevado como cordero al matadero. El Mesías iba a dar su vida como “expiación por el pecado”. Mirando hacia adelante a través de los siglos las escenas de la expiación del Salvador, el profeta Isaías había testificado que el Cordero de Dios “derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”. Isaías 53:7, 10, 12.

El Salvador profetizado había de venir, no como un rey temporal, para librar a la nación judía de opresores terrenales, sino como hombre entre los hombres, para vivir una vida de pobreza y humildad, y para ser al fin despreciado, rechazado y muerto. El Salvador predicho en las Escrituras del Antiguo Testamento había de ofrecerse a sí mismo como sacrificio en favor de la especie caída, cumpliendo así todos los requerimientos de la ley quebrantada. En él los sacrificios típicos iban a encontrar la realidad prefigurada, y su muerte de cruz iba a darle significado a toda la economía judía (Los hechos de los apóstoles, pp. 184, 185).


Lunes 31 de octubre______________________________________________________

UN PREFACIO A LA CRUZ

¿Cuál fue la reacción de los discípulos a las predicciones de Jesús sobre sus propios sufrimientos y muerte? ¿Qué deberían enseñarnos sus reacciones sobre los peligros de malinterpretar las Escrituras?

Mateo 16:21–23

21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

Mateo 17:22-23

22 Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, 23 y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.

Marco 9:30–32

30 Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. 31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día. 32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.

Lucas 9:44-45

44 Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. 45 Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras.

Lucas 18:31–34

31 Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. 32 Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. 33 Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. 34 Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.

Jesús nació para morir y vivió para morir. Cada paso que daba lo acercaba más a su gran sacrificio expiatorio en la Cruz del Calvario. Plenamente consciente de su misión, no permitió que nada ni nadie lo distrajeran de ella. En realidad, “su vida entera fue un prefacio a su muerte en la Cruz” (FEC 423).

En el último año de su ministerio terrenal, Jesús habló cada vez más explícitamente a sus discípulos acerca de su muerte inminente. Pero ellos parecían reacios, no podían aceptar la realidad de sus declaraciones. Llenos de nociones falsas sobre el papel del Mesías, lo último que hubiesen imaginado de Jesús, especialmente como el Mesías, era que muriera. En resumen, su falsa teología los llevó a un dolor y un sufrimiento innecesarios.

Ya a Nicodemo, Jesús le había declarado: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14, 15). Mientras estaba en Cesarea de Filipo, Jesús dijo a sus discípulos que tenía que “ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mat. 16:21). Al pasar en secreto por Galilea (Mar. 9:30–32) y durante su viaje final a Jerusalén (Luc. 18:31–34), Jesús habló nuevamente a sus discípulos acerca de su muerte y su resurrección. Como no era lo que querían escuchar, no escucharon. Qué fácil es para nosotros hacer lo mismo.

La gente, especialmente el pueblo escogido por Dios, tenía conceptos falsos con respecto a la primera venida del Mesías. ¿Cuáles son algunos de los conceptos falsos que existen hoy con respecto a la segunda venida de Jesús?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando Jesús les dijo [a los discípulos] que iba a morir y resucitar, estaba tratando de entablar una conversación con ellos acerca de la gran prueba de su fe. Si hubiesen estado listos para recibir lo que deseaba comunicarles, se habrían ahorrado amarga angustia y desesperación. Sus palabras les habrían impartido consuelo en la hora de duelo y desilusión. Pero aunque había hablado muy claramente de lo que le esperaba, la mención de que pronto iba a ir a Jerusalén reanimó en ellos la esperanza de que se estuviese por establecer el reino y los indujo a preguntarse quiénes desempeñarían los cargos más elevados…

El Salvador reunió a sus discípulos en derredor de sí y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos”. Tenían estas palabras una solemnidad y un carácter impresionante que los discípulos distaban mucho de comprender. Ellos no podían ver lo que Cristo discernía. No percibían la naturaleza del reino de Cristo, y esta ignorancia era la causa aparente de su disputa…

Muy tiernamente, aunque con solemne énfasis, Jesús trató de corregir el mal. Demostró cuál es el principio que rige el reino de los cielos, y en qué consiste la verdadera grandeza, según las normas celestiales. Los que eran impulsados por el orgullo y el amor a la distinción, pensaban en sí mismos y en la recompensa que habían de recibir, más bien que en cómo podían devolver a Dios los dones que habían recibido. No tendrían cabida en el reino de los cielos porque estaban identificados con las filas de Satanás (El Deseado de todas las gentes, pp. 402, 403).

Pablo dirigió los pensamientos de los hermanos corintios a los triunfos de la mañana de la resurrección, cuando todos los santos que duermen se levantarán, para vivir para siempre con el Señor. “He aquí —declaró el apóstol—, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados, en un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados… ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?…

Así el apóstol, de la manera más decidida y expresiva, se esforzó por corregir las falsas y peligrosas ideas y prácticas que prevalecían en la iglesia de Corinto. Habló claramente, pero con amor por sus almas. Mediante sus amonestaciones y reproches, brilló sobre ellos la luz del trono de Dios, para revelar los pecados ocultos que estaban manchando sus vidas (Los hechos de los apóstoles, pp. 258, 259).


Martes 1º de noviembre___________________________________________________

“CONSUMADO ES”

Lee Juan 19:1 al 30. ¿Cuál es el mensaje fundamental para nosotros en la declaración de Jesús: “Consumado es”?

Juan 19:1-30

1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas. Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre! Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él. Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo. Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. 10 Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11 Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. 12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a este sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. 13 Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. 14 Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey! 15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César. 16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. 17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. 19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. 21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. 23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. 24 Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados. 25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

Finalmente, habían llegado los momentos decisivos para Cristo, para la humanidad y para todo el Universo. Con profunda agonía, él luchó contra los poderes de las tinieblas. Lentamente atravesó el huerto de Getsemaní, se abrió paso através de los juicios injustos y subió al monte del Calvario. Los ángeles malos intentaron vencerlo. Mientras Jesús pendía de la cruz, los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mat. 27:42).

¿Podría Cristo haber bajado de la cruz y salvarse a sí mismo? Sí, hubiese podido, pero no quiso hacerlo. Su amor incondicional por toda la humanidad, incluyendo a los burladores, no le permitió rendirse. En realidad, “los escarnecedores estaban entre aquellos por quienes él moría para salvar; y no podía bajar de la cruz y salvarse a sí mismo, porque no eran los clavos los que lo sujetaban, sino su voluntad para salvarlos” (A. Plummer, An Exegetical Commentary on the Gospel According to S. Matthew, p. 397).

Con su sufrimiento, Cristo derrotó el reino de Satanás, aunque fue Satanás quien instigó los acontecimientos que lo llevaron a la Cruz, incluyendo la traición de Judas (Juan 6:70; 13:2, 27). “En cierto modo, de una manera que el evangelista no pretende describir, la muerte de Jesús es tanto un acto de Satanás como un acto en el que Jesús gana la victoria sobre Satanás” (G. E. Ladd, A Theology of the New Testament, pp. 192).

Al exclamar desde la cruz “Consumado es” (Juan 19:30), Cristo dio a entender no solo que su agonía había llegado a su fin, sino especialmente que había ganado el gran conflicto histórico-cósmico contra Satanás y sus fuerzas del mal. “Todo el cielo se asoció al triunfo del Salvador. Satanás estaba derrotado, y sabía que había perdido su reino” (DTG 719).

Es difícil captar este asombroso contraste: En la absoluta humillación del Hijo de Dios, él había ganado, para nosotros y para el Universo, la victoria más grande y gloriosa.

Piensa en lo grave que debe ser el pecado, ya que requirió la muerte de Cristo para expiarlo. ¿Qué debería enseñarnos esta verdad acerca de cuán inútiles son nuestras obras para obtener méritos ante Dios? A fin de cuentas, ¿qué podemos agregar a lo que Cristo ya ha hecho por nosotros? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los ángeles habían presenciado la agonía de su amado Jefe hasta que ya no pudieron soportar aquel espectáculo, y se velaron el rostro por no ver la escena. El sol no quiso contemplar el terrible cuadro. Jesús clamó en alta voz, una voz que hizo estremecer de terror el corazón de sus verdugos: “Consumado es.” Entonces el velo del templo se desgarró de arriba abajo, la tierra tembló y se hendieron las peñas. Densas tinieblas cubrieron la faz de la tierra. Al morir Jesús, pareció desvanecerse la última esperanza de los discípulos. Muchos de ellos presenciaron la escena de su pasión y muerte, y llenóse el cáliz de su tristeza.

Satanás no se regocijó entonces como antes. Había esperado desbaratar el plan de salvación; pero sus fundamentos llegaban demasiado hondo. Y ahora, por la muerte de Cristo, conoció que él habría de morir finalmente y que su reino sería dado a Jesús. Tuvo Satanás consulta con sus ángeles. Nada había logrado contra el Hijo de Dios, y era necesario redoblar los esfuerzos y volverse con todo su poder y astucia contra sus discípulos. Debían Satanás y sus ángeles impedir a todos cuantos pudiesen que recibieran la salvación comprada para ellos por Jesús. Obrando así, todavía podría Satanás actuar contra el gobierno de Dios. También le convenía por su propio interés apartar de Cristo a cuantos seres humanos pudiese, porque los pecados de los redimidos con su sangre caerán al fin sobre el causante del pecado, quien habrá de sufrir el castigo de aquellos pecados, mientras que quienes no acepten la salvación por Jesús sufrirán la penalidad de sus propios pecados (Primeros escritos, pp. 177, 178).

Moisés y Aarón debían morir sin entrar en Canaán, sujetos al mismo castigo que cayó sobre aquellos que se encontraban en una posición más baja. Se inclinaron sumisos, aunque con el corazón presa de una angustia indecible. Sin embargo, su amor por Dios y su confianza en él se mantuvieron inquebrantables. Su ejemplo es una lección que muchos leen por encima sin sacar ninguna enseñanza de ella. El pecado no parece pecaminoso. La propia exaltación no les parece grave.

Muy pocos se aperciben de la pecaminosidad del pecado. Y, sin embargo, se engañan pensando que Dios es demasiado bueno para castigar al transgresor. Los casos de Moisés y Aarón, de David y muchos otros, muestran que pecar de pensamiento, palabras o acciones no es asunto seguro. Dios es un Ser de infinita compasión y amor. En el discurso de despedida que Moisés dirigió a los hijos de Israel dijo: “Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso”. Deuteronomio 4:24. La conmovedora súplica de Moisés pidiendo que se le permitiera entrar en Canaán fue firmemente rechazada. La transgresión en Cades fue pública y notoria. Cuanto más elevada era la posición del transgresor, cuanto más distinguido era el hombre, tanto más firme era el decreto y más cierto el castigo (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 363, 364).


Miércoles 2 de noviembre_________________________________________________

ÉL MURIÓ POR NOSOTROS

Lee Juan 3:14 al 18 y Romanos 6:23. ¿Qué nos enseñan estos versículos? ¿Qué ganó la muerte de Cristo por nosotros?

Juan 3:14-18

14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Romanos 6:23

23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Cuando Jesús llegó al río Jordán para bautizarse, Juan el Bautista exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Esta declaración reconocía a Cristo como el Cordero de Dios antitípico, a quien apuntaban todos los verdaderos sacrificios del Antiguo Testamento.

Pero los sacrificios de animales no pueden quitar los pecados por sí mismos (Heb. 10:4). Ofrecían solo un perdón condicional que dependía de la efectividad del futuro sacrificio de Cristo en la Cruz. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

Lee Juan 3:16 y 17. ¿Qué gran esperanza puedes obtener de estos versículos, especialmente cuando sientes, con razón, que mereces ser condenado por algo que cometiste?

Juan 3:16-17

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Piensa en lo que significa todo esto. Jesús, aquel que creó el cosmos (Juan 1:1-3), se ofreció a sí mismo por cada uno de nosotros, como sacrificio por los pecados, todo para que no tengamos que ser condenados por lo que merecidamente se nos podría condenar. Esta es la gran promesa del evangelio.

Jesucristo declaró que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que muriera por nosotros» (Juan 3:16). Pero, nunca debemos olvidar que Cristo se ofreció voluntariamente en nuestro favor (Heb. 9:14). Lutero se refirió a la Cruz como “el altar en el que él [Cristo], consumido por el fuego del amor ilimitado que ardía en su corazón, presentó el sacrificio vivo y santo de su cuerpo y su sangre al Padre con ferviente intercesión, con gran clamor y lágrimas apasionadas y angustiosas (Heb. 5:7)” (Luther’s Works, t. 13, p. 319). Cristo murió una vez para siempre (Heb. 10:10, 12), porque su sacrificio es más que suficiente y nunca pierde poder.

Es más: “Aunque hubiera habido una sola alma dispuesta a aceptar el evangelio de su gracia, Cristo, para salvarla, habría escogido su vida de penas y humillaciones y su muerte ignominiosa” (MC 96).

Vuelve a leer Juan 3:16, reemplazando las palabras “al mundo” y “todo aquel” por tu nombre. ¿Cómo puedes aprender a hacer tuya esta maravillosa promesa, momento a momento, especialmente cuando te sientes tentado a pecar?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo en la cruz no solo atrae a los hombres para que se arrepientan delante de Dios por las transgresiones de su ley —pues Dios a quienes perdona hace que primero se arrepientan—, sino que Cristo ha satisfecho la justicia; se ha ofrecido a sí mismo como expiación. Su sangre derramada, su cuerpo quebrantado, satisfacen las demandas de la ley transgredida, y así salva con un puente el abismo que ha hecho el pecado. Sufrió en la carne para que con su cuerpo magullado y quebrantado pudiera amparar al pecador indefenso. La victoria obtenida por su muerte en el Calvario quebrantó para siempre el poder acusador de Satanás sobre el universo, y silenció su acusación de que la abnegación era imposible en Dios y que, por lo tanto, no es esencial en la familia humana.

Todos los que quieran pueden ser vencedores. Esforcémonos fervientemente para alcanzar la norma puesta delante de nosotros. Cristo conoce nuestra debilidad, y a él podemos ir diariamente en busca de ayuda. No es necesario que ganemos fortaleza para un mes por adelantado. Debemos vencer día tras día (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 985).

Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos. Se hizo “Varón de dolores” para que nosotros fuésemos hechos participantes del gozo eterno. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria a esta tierra corrompida y manchada por el pecado, obscurecida por la sombra de muerte y maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insultos, humillación, odio y muerte… El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios sintió en su alma la terrible separación que el pecado crea entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46. Fue la carga del pecado, el reconocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, lo que quebrantó el corazón del Hijo de Dios.

Pero este gran sacrificio no fue hecho para crear amor en el corazón del Padre hacia el hombre, ni para moverle a salvarnos. ¡No! ¡No! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Juan 3:16. Si el Padre nos ama no es a causa de la gran propiciación, sino que él proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual el Padre pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo”. 2 Corintios 5:19. Dios sufrió con su Hijo. En la agonía del Getsemaní, en la muerte del Calvario, el corazón del Amor infinito pagó el precio de nuestra redención (El camino a Cristo, pp. 13, 14).


Jueves 3 de noviembre___________________________________________________

EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ

Lee 1 Corintios 1:18 al 24. ¿Qué está diciendo Pablo acerca de la Cruz y cómo la contrasta con la “sabiduría del mundo”? ¿Por qué, incluso hoy, cuando el “materialismo” (la idea de que toda la realidad es únicamente material, lo que implica que no hay un Dios ni un plano de existencia sobrenatural) domina “la sabiduría del mundo”, el mensaje de la Cruz es tan importante?

1 Corintios 1:18-24

18 Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. 19 Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. 20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? 21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. 22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; 24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

La Cruz de Cristo es el centro mismo de la historia de la salvación. “La Eternidad nunca podrá comprender la profundidad del amor revelado en la Cruz del Calvario. Fue allí donde el amor infinito de Cristo y el egoísmo ilimitado de Satanás se enfrentaron cara a cara” (S. N. Haskell, La Cruz y su sombra, p. v).

Mientras Cristo se ofrecía humildemente como rescate por la raza humana, Satanás lo envolvía egoístamente en sufrimiento y agonía. Cristo no murió solo la muerte natural que todo ser humano tiene que afrontar; él murió la segunda muerte, para que todos aquellos que lo aceptan nunca tengan que experimentarla personalmente.

En cuanto al significado de la Cruz, hay varios aspectos importantes que debemos recordar. En primer lugar, la Cruz es la revelación suprema de la justicia de Dios contra el pecado (Rom. 3:21-26). En segundo lugar, la Cruz es la revelación suprema del amor de Dios por los pecadores (Rom. 5:8). En tercer lugar, la Cruz es la gran fuente de poder para romper las cadenas del pecado (Rom. 6:22, 23; 1 Cor. 1:17-24). En cuarto lugar, la Cruz es nuestra única esperanza de vida eterna (Fil. 3:9-11; Juan 3:14-16; 1 Juan 5:11, 12). Y, en quinto lugar, la Cruz es el único antídoto contra una futura rebelión en el Universo (Apoc. 7:13-17; 22:3).

La “sabiduría del mundo” no puede revelar ninguna de estas verdades primordiales sobre la Cruz. Al contrario, antiguamente, como ahora, la predicación de la Cruz era “locura” para la sabiduría mundana, que a menudo ni siquiera reconoce la verdad más obvia que podría haber: que existe un Creador (ver Rom. 1:18-20).

La palabra griega para “locura” está ligada a la palabra española “imbécil”; es decir, la predicación de la Cruz es “imbécil” según la “sabiduría del mundo”. La sabiduría del mundo no puede conocer a Jesús ni la salvación que él nos ofrece mediante su muerte sustitutiva en la Cruz.

Más allá del valor que la “sabiduría del mundo” nos pueda ofrecer, ¿por qué nunca debemos permitir que interfiera con lo que creemos acerca de Jesús y la esperanza que se nos ofrece mediante “la locura de la predicación” (1 Cor. 1:21)?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al llevar la penalidad del pecado al bajar a la tumba, Cristo la iluminó para todos los que mueren con fe. Dios, en forma humana, sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. Al morir, Cristo aseguró la vida eterna a todos los que crean en él y condenó al instigador del pecado y la deslealtad a sufrir la pena del pecado: la muerte eterna.

El Poseedor y Dador de la vida eterna, Cristo, fue el único que pudo vencer la muerte. Él es nuestro Redentor (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 233).

En su primera exhibición de desafecto, Satanás fue muy astuto. Solamente afirmaba que lo que quería era lograr un mejor estado de cosas, hacer grandes mejoras. Indujo a la primera pareja a separarse de Dios, a apartarse de su lealtad a los mandamientos divinos, en torno al mismo punto en que son tentadas y fracasan miles de personas hoy en día; es decir, por medio de sus propios vanos pensamientos. El verdadero conocimiento es de origen divino. Satanás insinuó en las mentes de nuestros primeros padres el deseo por el pensamiento especulativo, por medio del cual declaró que ellos mejorarían su condición grandemente; pero, para lograrlo, deberían seguir por un camino contrario a la santa voluntad de Dios, por cuanto Dios no los conduciría a alturas mayores. No era el propósito de Dios que ellos obtuvieran un conocimiento que se basara en la desobediencia. Satanás procuraba dirigir a Adán y Eva por un campo ancho, y abre hoy ese mismo campo ante el mundo por medio de sus tentaciones (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 474, 475).

“Si puedes creer, al que cree todo es posible”. Marcos 9:23. La fe nos une con el cielo y nos da fuerza para contender con las potestades de las tinieblas. Dios ha provisto en Cristo los medios para contrarrestar toda malicia y resistir toda tentación, por fuerte que sea. Pero muchos sienten que les falta la fe, y por eso permanecen apartados de Cristo. Arrójense estas almas, conscientes de su desesperada indignidad, en los brazos misericordiosos de su compasivo Salvador. No miren a sí mismas, sino a Cristo. El que sanó a los enfermos y echó fuera los demonios cuando andaba con los hombres, sigue siendo el mismo poderoso Redentor. Echad mano, pues, de sus promesas como de las hojas del árbol de la vida: “Al que a mí viene, no le echo fuera”. Juan 6:37. Al acudir a él, creed que os acepta, pues así lo prometió. Nunca pereceréis si así lo hacéis, nunca.

“Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8.

“Si Dios está por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? El que ni a su propio Hijo perdonó, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar también de pura gracia, todas las cosas juntamente con él? Romanos 8:31, 32 (El ministerio de curación, pp. 42, 43).


Viernes 4 de noviembre___________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, El Deseado de todas las gentes, “Getsemaní”, pp. 651-660, “El Calvario”, pp. 703-718; El camino a Cristo, ““Nuestra necesidad más urgente”, pp. 25-34.

“Vi que todo el cielo se interesaba en nuestra salvación; y ¿habremos de ser nosotros indiferentes? ¿Seremos negligentes como si fuese asunto de poca monta el que seamos salvos o perdidos? ¿Despreciaremos el sacrificio que fue hecho por nosotros? Algunos han obrado así. Han jugado con la misericordia que se les ofrecía, y el desagrado de Dios pesa sobre ellos. No siempre habrá de quedar entristecido el Espíritu de Dios. Si se lo contrista algo más, se apartará. Después de que se haya hecho todo lo que Dios podía hacer para salvar a los hombres, y ellos por su vida hayan demostrado que desprecian la misericordia ofrecida por Jesús, la muerte será su parte y pagarán caro esa actitud. Será una muerte horrible, porque habrán de sufrir la agonía que Cristo soportó en la Cruz para obtener la redención que ellos han rehusado. Y se darán cuenta de lo que han perdido: la vida eterna y la herencia inmortal. El gran sacrificio que fue hecho para salvar a las almas nos revela su valor. Cuando el alma preciosa se perdió, se perdió para siempre” (TI 1:119).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  • Hebreos 10:4 dice que “la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitarlos pecados”. Entonces, ¿cómo se salvaba la gente en los tiempos del Antiguo Testamento? La analogía de una tarjeta de crédito, que se utiliza para realizar pagos pero luego hay que pagar la factura de la tarjeta de crédito, ¿cómo puede ayudarnos a comprender mejor este tema?
  • Lee 2 Corintios 5:18 al 21. Si Cristo murió por los pecados del mundo entero, ¿por qué no todos serán salvos? ¿Por qué la elección personal juega un papel crucial en la determinación de quiénes se salvarán gracias a la Cruz y quiénes se perderán a pesar del gran sacrificio hecho en su favor?
  • ¿Cuáles son algunas de las cosas que enseña la “sabiduría del mundo” que son “locura” para Dios? ¿Qué decir de la idea de que el increíble diseño y la belleza del mundo son puramente una creación fortuita, o de que el Universo surgió de la nada? ¿Qué otros ejemplos se te ocurren?
  • Medita sobre la pregunta final del estudio del martes. Considera la Cruz, y lo que sucedió allí, que hace que la idea de la salvación por obras sea tan inútil, tan errónea y tan contraria al plan de salvación.

Un pensamiento en “Lección 6 – ÉL MURIÓ POR NOSOTROS – Para el 5 de noviembre de 2022

  1. Excelente todo lo que hacen hnos! Felicitaciones

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