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Lección 9 – ¿PASAJES CONTRADICTORIOS? – Para el 26 de noviembre de 2022

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Mayordomía El Mensaje de los Tres Ángeles Efesios Norma Cultural y Mente Misionera de Personajes Bíblicos*

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2025

Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Como Permanecer en Relación con Dios

2026

Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado** Josué El Espíritu de Profecía

2027

1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel

* Bible Characters as Counter Cultural and Mission Minded

** Religion in the Market Place


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Lección 9: Para el 26 de noviembre de 2022

¿PASAJES CONTRADICTORIOS?

Sábado 19 de noviembre_________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 16:19–31; 23:43; Juan 20:17;

Filipenses 1:21–24; 1 Pedro 3:13–20; Apocalipsis 6:9–11.

PARA MEMORIZAR:

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

Pedro nos exhorta: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Ped. 3:15). Pablo agrega: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Tim. 4:2, 3). Por esta razón, no solo debemos considerar aquellos pasajes que se pueden explicar fácilmente y que se ajustan a nuestras creencias, sino también ocuparnos de los pasajes que se usan comúnmente para enseñar algo diferente de lo que creemos.

Para ello, debemos seguir el ejemplo inspirador de Jesús. “Cristo mismo no suprimió una palabra de la verdad, sino que la dijo siempre con amor. […] Nunca fue rudo ni dijo sin necesidad una palabra severa; nunca causó un dolor innecesario a un alma sensible. No censuró la debilidad humana” (DTG 319).

Esta semana estudiaremos algunos pasajes intrigantes que la gente usa para justificar la inmortalidad natural del alma. Estas reflexiones deben fortalecer nuestras convicciones y ayudarnos a responder con amabilidad a quienes cuestionan esta enseñanza fundamental.

 ESPÍRITU DE PROFECÍA

La correcta comprensión de lo que dicen las Escrituras concerniente al estado de los muertos es esencial para este tiempo. La Palabra de Dios declara que los muertos nada saben, su odio y su amor han desaparecido. Debemos apoyar nuestra autoridad en la segura palabra profética. A menos que estemos versados en las Escrituras correremos el riesgo de ser engañados por el tremendo poder de Satanás capaz de obrar milagros, cuando este se manifieste en nuestro mundo, y de atribuir sus obras a Dios; porque la Palabra de Dios declara que, si fuere posible, los mismos escogidos serán engañados. A menos que estemos arraigados y fundamentados en la verdad, seremos barridos por las trampas engañosas de Satanás. Debemos aferrarnos a nuestras Biblias. Si Satanás puede haceros creer que en la Palabra de Dios hay cosas que no son inspiradas, entonces estará preparado para entrampar vuestras almas. Entonces no tendremos seguridad ni certidumbre precisamente en el tiempo cuando necesitaremos saber cuál es la verdad (El evangelismo, pp. 184, 185).

Ahora se está introduciendo toda clase de engaños. Las verdades más claras de la Palabra de Dios están siendo cubiertas por una masa de teorías de hechura humana. Errores mortales se están presentando como la verdad que todos debemos aceptar. La sencillez de la verdadera piedad ha sido sepultada bajo la tradición.

La doctrina de la inmortalidad del alma es un error con el que el enemigo está engañando a los hombres. Este error es casi universal…

Esta es una de las mentiras forjadas en la sinagoga del enemigo, y es una de las corrientes envenenadas de Babilonia.

«Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas». Apocalipsis 18:3, 4 (El evangelismo, p. 183).

El problema de la no inmortalidad del alma también necesita ser tratado con gran cuidado, para que al introducir el tema no se despierte una profunda y excitante controversia que cierre la puerta a la futura investigación de la verdad.

Se requiere gran sabiduría al tratar con las mentes humanas, aun en la tarea de dar razón de la esperanza que hay en nosotros. ¿Cuál es la esperanza de la cual hemos de dar razón? La esperanza de la vida eterna por medio de Jesucristo… Os espaciáis demasiado en ideas y doctrinas especiales, y el corazón del incrédulo no es enternecido. Tratar de impresionarlo es como golpear hierro frío…

Constantemente necesitamos sabiduría para conocer cuándo hablar y cuándo guardar silencio. Pero siempre estamos perfectamente seguros al hablar de la esperanza de la vida eterna. Y cuando el corazón está completamente ablandado y subyugado por el amor de Jesús, se hará la pregunta: «Señor, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo?” (El evangelismo, pp. 183, 184).


Domingo 20 de noviembre________________________________________________

EL RICO Y LÁZARO

Lee Lucas 16:19 al 31. ¿Por qué esta historia no es una descripción literal de la vida después de la muerte?

Lucas 16:19-31

19 Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, 21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. 26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

Algunos eruditos sugieren que Lucas 16:19 al 31 debe interpretarse literalmente, es decir, como una descripción del estado de los muertos. Pero esta postura llevaría a varias conclusiones no bíblicas y contradeciría muchos de los pasajes que ya hemos visto.

En primer lugar, tendríamos que admitir que el cielo y el infierno están lo suficientemente cerca como para permitir una conversación entre los habitantes de ambos lugares (Luc. 16:23–31). También tendríamos que suponer que, en el más allá, mientras que el cuerpo yace en la tumba, queda una forma consciente del alma espiritual con “ojos”, un “dedo”, una “lengua”, y que hasta tiene sed (Luc. 16:23, 24).

Si este pasaje fuera una descripción del estado del ser humano en la muerte, entonces el cielo sin duda no sería un lugar de gozo y felicidad, porque los salvos podrían seguir de cerca los sufrimientos interminables de sus seres queridos perdidos, e incluso dialogar con ellos (Luc. 16:23–31). ¿Cómo podría una madre ser feliz en el cielo mientras contempla las incesantes agonías de su amado hijo en el infierno? En ese contexto, sería prácticamente imposible que se cumpliera la promesa de Dios de que no habrá más tristeza, llanto ni dolor (Apoc. 21:4).

Debido a esas incoherencias, muchos eruditos bíblicos modernos consideran que la historia del hombre rico y Lázaro es una parábola en la que no todos los detalles pueden interpretarse literalmente. George E. Ladd, si bien no es adventista, claramente parecería que lo fuera cuando dice que esta historia probablemente era “una parábola que hizo uso del pensamiento judío contemporáneo y no pretende enseñar nada sobre el estado de los muertos” (G. E. Ladd, “Eschatology”, en The New Bible Dictionary, editado por J. D. Douglas, p. 388).

La parábola del rico y Lázaro presenta un marcado contraste entre un “hombre rico” bien vestido y “un mendigo llamado Lázaro […] lleno de llagas” (Luc. 16:19, 20). El relato enseña que (1) el estatus y el reconocimiento social en la actualidad no son los criterios para la recompensa futura, y (2) el destino eterno de cada persona se decide en esta vida, y no se puede revertir en la otra vida (Luc. 16:25, 26).

“Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Luc. 16:31). ¿Qué mensaje de las poderosas palabras de Jesús debemos considerar con respecto a la autoridad de la Biblia y cómo respondemos a ella?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la parábola del hombre rico y Lázaro, Cristo muestra que los hombres deciden su destino eterno en esta vida. La gracia de Dios se ofrece a cada alma durante este tiempo de prueba. Pero si los hombres malgastan sus oportunidades en la complacencia propia, pierden la vida eterna. No se les concederá ningún tiempo de gracia complementario. Por su propia elección han constituido una gran sima entre ellos y su Dios.

Esta parábola presenta un contraste entre el rico que no ha hecho de Dios su sostén y el pobre que lo ha hecho. Cristo muestra que viene el tiempo en que será invertida la posición de las dos clases, Los que son pobres en los bienes de esta tierra, pero que confían en Dios y son pacientes en su sufrimiento, algún día serán exaltados por encima de los que ahora ocupan los puestos más elevados que puede dar el mundo, pero que no han rendido su vida a Dios (Palabras de vida del gran Maestro, p. 204).

En la parábola Cristo estaba haciendo frente al público en su propio terreno. La doctrina de un estado de existencia consciente entre la muerte y la resurrección era sostenida por muchos de aquellos que estaban escuchando las palabras de Cristo. El Salvador conocía esas ideas, e ideó su parábola de manera tal que inculcara importantes verdades por medio de esas opiniones preconcebidas. Colocó ante sus oyentes un espejo en el cual se habían de ver a sí mismos en su verdadera relación con Dios. Empleó la opinión prevaleciente para presentar la idea que deseaba destacar en forma especial, es a saber, que ningún hombre es estimado por sus posesiones; pues todo lo que tiene le pertenece en calidad de un préstamo que el Señor le ha hecho. Y un uso incorrecto de estos dones lo colocará por debajo del hombre más pobre y más afligido que ama a Dios y confía en él (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 206, 207).

Las escenas finales de la historia de esta tierra se hallan presentadas en la parte final de la historia del hombre rico. Este pretendía ser hijo de Abraham, pero se hallaba separado de él por un abismo insalvable, esto es, un carácter equivocadamente desarrollado. Abraham sirvió a Dios, siguiendo su palabra con fe y obediencia. Pero el hombre rico no se preocupaba de Dios ni de las necesidades de la doliente humanidad. El gran abismo que existía entre él y Abraham era el abismo de la desobediencia…

Cuando la voz de Dios despierte a los muertos, él saldrá del sepulcro con los mismos apetitos y pasiones, los mismos gustos y aversiones que poseía en vida. Dios no obra ningún milagro para regenerar al hombre que no quiso ser regenerado cuando se le concedió toda oportunidad y se le proveyó toda facilidad para ello…

Aprender de Cristo significa recibir su gracia, la cual es su carácter. Pero aquellos que no aprecian ni aprovechan las preciosas oportunidades y las sagradas influencias que les son concedidas en la tierra, no están capacitados para tomar parte en la devoción pura del cielo (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 213—215).


Lunes 21 de noviembre__________________________________________________

“HOY […] CONMIGO EN EL PARAÍSO”

Uno de los pasajes bíblicos más utilizados para tratar de probar la inmortalidad del alma es Lucas 23:43: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Casi todas las versiones de la Biblia (hay algunas excepciones) traducen este versículo en forma similar, y dan la impresión de que el mismo día que Cristo murió Jesús y el ladrón estarían juntos en el Paraíso. Esto no debería sorprendernos, porque esas traducciones fueron hechas por eruditos bíblicos que creen en el dogma de la inmortalidad natural del alma. Pero ¿es esta la mejor traducción del texto?

Compara Lucas 23:43 con Juan 20:17 y Juan 14:1 al 3. ¿Cómo debe entenderse la promesa al ladrón arrepentido en la cruz a la luz de las palabras de Jesús dirigidas a María Magdalena y la promesa que les hizo a los discípulos?

Lucas 23:43

43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Juan 20:17

17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

Juan 14:1-3

1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

La suposición de que Cristo y el ladrón fueron al Paraíso (o cielo) ese mismo día contradice las palabras de Jesús a María Magdalena después de resucitar, que afirman que aún él no había subido a la presencia de su Padre celestial (Juan 20:17). Este error, de que tanto Jesús como el ladrón arrepentido fueron al cielo ese día, también contradice la promesa de Jesús a sus discípulos de que los llevaría al cielo recién en su segunda venida (Juan 14:1-3).

La cuestión en Lucas 23:43 es si el adverbio “hoy” (griego sēmeron) debe vincularse con el verbo que lo sigue (“estar”) o con el verbo que lo precede (“decir”). Wilson Paroschi reconoce que, “desde el punto de vista gramatical”, es prácticamente imposible determinar la alternativa correcta. “Sin embargo, Lucas tiene una clara tendencia a usar este adverbio con el verbo precedente. Esto sucede en 14 de las 20 apariciones de sēmeron en Lucas y Hechos” (W. Paroschi, “The Significance of a Comma: An Analysis of Luke 23:43”, p. 7). Por ende, la lectura más natural de Lucas 23:43 sería: “De cierto te digo hoy que estarás conmigo en el paraíso”. En este caso, la expresión idiomática “te digo hoy” enfatiza la relevancia y la solemnidad de la declaración “estarás conmigo en el paraíso”. En resumen, Jesús le estaba prometiendo, en ese mismo momento, que sería salvo.

Lee la historia del ladrón arrepentido (Luc. 23:39–43), a quien, a pesar de su pecado, a pesar de que no tenía nada que ofrecer a Dios, Cristo le prometió la vida eterna. ¿De qué manera poderosa esta historia revela la gran verdad de la salvación solo por la fe? ¿De qué manera somos como ese ladrón? ¿En qué nos diferenciamos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Mientras pendía de la cruz, subía hacia él el ruido de las burlas y maldiciones. Con corazón anhelante, había escuchado para oír alguna expresión de fe de parte de sus discípulos. Había oído solamente las tristes palabras: «Esperábamos que él era el que había de redimir a Israel». ¡Cuánto agradecimiento sintió entonces el Salvador por la expresión de fe y amor que oyó del ladrón moribundo! Mientras los dirigentes judíos le negaban y hasta sus discípulos dudaban de su divinidad, el pobre ladrón, en el umbral de la eternidad, llamó a Jesús, Señor. Muchos estaban dispuestos a llamarle Señor cuando realizaba milagros y después que hubo resucitado de la tumba; pero mientras pendía moribundo de la cruz, nadie le reconoció sino el ladrón arrepentido que se salvó a la undécima hora…

De cierto te digo hoy: estarás conmigo en el paraíso. Cristo no prometió que el ladrón estaría en el paraíso ese día. El mismo no fue ese día al paraíso. Durmió en la tumba, y en la mañana de la resurrección dijo: «Aun no he subido a mi Padre». Juan 20:17. Pero en el día de la crucifixión, el día de la derrota y tinieblas aparentes, formuló la promesa. «Hoy»; mientras moría en la cruz como malhechor, Cristo aseguró al pobre pecador: «Estarás conmigo en el paraíso» (El Deseado de todas las gentes, pp. 698, 699).

Jesús le dijo a María: «No me toques, porque aún no he subido a mi Padre». Cuando cerró los ojos al morir en la cruz, el alma de Cristo no fue inmediatamente al cielo, como muchos creen. O [de otra manera] ¿cómo podrían ser ciertas sus palabras: «Aún no he subido a mi Padre»? El espíritu de Jesús durmió en la tumba con su cuerpo, y no se fue volando al cielo para existir allí por separado y contemplar a los apesadumbrados discípulos que ungían el cuerpo del cual había volado. Todo lo que comprendía la vida y la inteligencia de Jesús permaneció con su cuerpo en el sepulcro, y cuando salió era un ser completo. No tuvo que llamar a su espíritu para que viniera del cielo. Tenía poder para poner su vida, y para volverla a tomar (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1124).

El misericordioso Salvador permanece precisamente a vuestro lado para ayudaros. Desea enviar cada ángel de gloria mientras lucháis para vencer el pecado, de modo que Satanás no pueda tener la victoria sobre vosotros. Cristo… tomó sobre sí mismo la naturaleza humana a fin de poder venir al hombre en la misma tentación donde el hombre esté atribulado. El tierno Redentor conoce exactamente cómo ayudarnos en cada uno de nuestros esfuerzos (In Heavenly Places, p. 263; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 265).


Martes 22 de noviembre_________________________________________________

“PARTIR Y ESTAR CON CRISTO”

Lee Filipenses 1:21 al 24 y 1 Tesalonicenses 4:13 al 18. ¿Cuándo esperaba Pablo estar “con Cristo” (Fil. 1:23) y “con el Señor” (1 Tes. 4:17)?

Filipenses 1:21-24

21 Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. 22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. 23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; 24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.

1 Tesalonicenses 4:13-18

13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

Lo que impulsó a Pablo fue la pasión de vivir “en Cristo” ahora (2 Cor. 5:17) y “con Cristo” después de su segunda venida (ver 1 Tes. 4:17). Para el apóstol, ni siquiera la muerte podía poner fin a la seguridad de pertenecer a su Salvador y Señor. Como dijo en la Epístola a los Romanos: “Ni la muerte, ni la vida” pueden “separar[nos] del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom. 8:38, 39). “Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Rom. 14:8).

Con esta certeza en mente, Pablo habló de los creyentes que ya habían muerto como “los que durmieron en Jesús” (1 Tes. 4:14, RVA), y que resucitarán en la segunda venida de Cristo para recibir la vida eterna (1 Cor. 15:16-18; 1 Tes. 4:13-18).

Cuando Pablo mencionó su “deseo de partir y estar con Cristo” (Fil. 1:23), ¿insinuó que después de la muerte su alma partiría para vivir con Cristo en forma consciente? En absoluto. Este versículo es la exteriorización del deseo de Pablo de dejar esta existencia problemática y gozar de la presencia de Cristo, sin tomar en cuenta el lapso de tiempo que pueda transcurrir entre esos dos sucesos. El versículo no enseña que Pablo esperaba ir al cielo al morir, pues él mismo afirma que no recibiría su recompensa hasta la segunda venida de Cristo (2 Tim. 4:8).

En resumen, Pablo está diciendo “que, después de partir (morir), lo próximo que Pablo sabrá es que Cristo viene en las nubes de los cielos para resucitar a los muertos, y ‘así estar siempre con el Señor’ (1 Tes. 4:17). Los autores bíblicos en ocasiones se refieren conjuntamente a dos sucesos muy separados en el tiempo” (BEA 1480).

Pero ¿por qué Pablo preferiría morir antes que vivir? Porque entonces finalmente podría descansar de todos sus problemas, sin necesidad de sufrir más dolor de cuerpo (1 Cor. 9:27). Y lo haría con la plena certeza de que recibiría “la corona de justicia” en la Segunda Venida (2 Tim. 4:6–8). Aunque desde luego Pablo no quería morir, sabía lo que ocurriría al momento de morir.

Especialmente en tiempos difíciles, ¿quién no ha pensado en lo lindo que sería cerrar los ojos al morir y, acto seguido, “estar con Cristo”? Este pensamiento, ¿cómo nos ayuda a comprender lo que Pablo expresó en Filipenses?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando el apóstol Pablo se convirtió de perseguidor en cristiano por medio de la revelación de Cristo, declaró que era como uno nacido fuera de tiempo. Desde ese momento Cristo fue para él todo y en todo. «Para mí el vivir es Cristo», declaró. Esta es la más perfecta interpretación en pocas palabras, en todas las Escrituras, de lo que significa ser cristiano. Esta es la verdad plena del evangelio. Pablo entendía lo que muchos parecen ser incapaces de comprender. ¡Cuán intenso era su fervor! Sus palabras demuestran que su mente estaba centrada en Cristo, que toda su vida estaba ligada a su Señor. Cristo era el autor, el sostén y la fuente de su vida (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventistas, t. 7, p. 915).

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 2 Timoteo 4:8.

Pablo siempre mantuvo presente la corona de la vida que habría de recibir, y no solo él, sino también todos los que aman la venida de Cristo. Pero lo que para él hacía tan deseable la corona de la vida era la victoria que podía recibir por medio de Jesucristo. Jesús no desea que ambicionemos la recompensa, sino que tengamos la ambición de realizar la voluntad de Dios porque es su voluntad, sin tomar en cuenta la recompensa que hayamos de recibir (Exaltad a Jesús, p. 337).

A lo largo de todo el camino que conduce hacia la muerte, hay dolores y penalidades, hay aflicciones y frustraciones, hay advertencias de los mensajeros de Dios que prohíben ir por él, y Dios hará las cosas difíciles para los descuidados y los obstinados que procuran destruirse a sí mismos. A lo largo de todo el camino ascendente que conduce a la vida eterna, hay fuentes de gozo para refrescar a los cansados. El verdadero e intenso gozo del alma comienza cuando Cristo se forma en el interior, como la esperanza de gloria. Si usted elige ahora el camino que Dios le muestra y va hacia donde la voz del deber lo llama, desaparecerán las dificultades que Satanás ha magnificado delante de usted.

Ningún camino es seguro, salvo el que se torna cada vez más claro y más firme a medida que usted lo recorre. El pie a veces puede resbalar aun en el camino más seguro. A fin de andar sin temor, usted debe saber que su mano está firmemente sostenida por la mano de Cristo…

Contemple a Pablo; escuche sus palabras que resuenan a lo largo del tiempo: «He peleado la buena batalla, he acabado la Carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida». 2 Timoteo 4:7, 8. Este es el grito de victoria de Pablo. ¿Cuál será el suyo? (Mensajes selectos, t. 2, pp. 192, 193).


Miércoles 23 de noviembre_______________________________________________

PREDICAR A LOS ESPÍRITUS ENCARCELADOS

Lee 1 Pedro 3:13 al 20. ¿Cómo es que Cristo “predicó a los espíritus encarcelados, […] en los días de Noé”? (Ver también Gén. 4:10.)

1 Pedro 3:13-20

13 ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? 14 Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, 15 sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; 16 teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. 17 Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. 18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

Génesis 4:10

10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

Los comentaristas que creen en la inmortalidad natural del alma generalmente señalan que Cristo predicó “a los espíritus encarcelados” (1 Ped. 3:19) mientras aún descansaba en la tumba. Para ellos, su espíritu desencarnado fue al infierno y predicó a los espíritus incorpóreos de los antediluvianos.

Sin embargo, esta idea fantástica es bíblicamente inaceptable porque no hay una segunda oportunidad de salvación para los muertos (Heb. 9:27, 28). Entonces, ¿por qué Jesús les predicaría a quienes ya no tenían más posibilidades de salvación?

Paralelamente y, ante todo, esta teoría contradice la enseñanza bíblica de que los muertos permanecen inconscientes en la tumba hasta la resurrección final (Job 14:10-12; Sal. 146:4; Ecl. 9:5, 10; 1 Cor. 15:16-18; 1 Tes. 4:13-15).

Además, si este versículo realmente dijera que Jesús, mientras estuvo en la tumba, bajó al infierno a predicar a los antediluvianos malvados, ¿por qué solo ellos escucharon el mensaje? ¿No había otros perdidos que ardían en el infierno junto con ellos? ¿Por qué solo los antediluvianos lo escucharon predicar?

También es absurdo sugerir que Cristo predicó a los ángeles caídos que habían sido desobedientes en los días de Noé. Mientras que a los “espíritus encarcelados” se los describe como desobedientes “en otro tiempo” (1 Ped. 3:19, 20), la Biblia dice que los ángeles malos permanecen siendo desobedientes en la actualidad (Efe. 6:12; 1 Ped. 5:8). Además, los ángeles caídos están “guardado[s] bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Jud. 6), sin ninguna oportunidad de salvación.

Debemos observar que, en 1 Pedro 3, los “espíritus encarcelados” del versículo 19 se identifican en el versículo 20 como los antediluvianos que “desobedecieron” en los “días de Noé”. El término espíritu (griego, pneuma) se utiliza en este texto, y en otras partes del Nuevo Testamento (1 Cor. 16:18; Gál. 6:18), en referencia a los vivos que pueden escuchar y aceptar la invitación de la salvación. La expresión “encarcelados” obviamente no se refiere a una prisión literal, sino a la prisión del pecado en la que se encuentra la naturaleza humana no regenerada (Rom. 6:1–23; 7:7–25).

La predicación de Cristo a los antediluvianos impenitentes se realizó mediante Noé, a quien Dios instruyó divinamente (Heb. 11:7) y se convirtió en un “pregonero de justicia” para sus contemporáneos (2 Ped. 2:5). Los versículos de Pedro se escribieron en el contexto de lo que significa ser fiel; no son un comentario sobre el estado de los muertos.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios les concedió [a los antediluvianos] ciento veinte años de tiempo de gracia y durante ese tiempo les predicó mediante Matusalén, Noé y muchos otros de sus siervos. Si hubieran prestado atención al testimonio de esos fieles testigos, si se hubieran arrepentido y retornado a su lealtad, Dios no los hubiera destruido…

«Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo». Cristo estaba empeñado en esa guerra en los días de Noé. Fue su voz la que habló a los habitantes del mundo antiguo en mensajes de amonestación, reproche e invitación. Dio a las gentes un tiempo de gracia de ciento veinte años en los cuales podrían haberse arrepentido. Pero eligieron los engaños de Satanás y perecieron en las aguas del diluvio (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. l, pp. 1102, 1103).

Los pecados que no hayan inspirado arrepentimiento y que no hayan sido abandonados, no serán perdonados ni borrados de los libros de memoria, sino que permanecerán como testimonio contra el pecador en el día de Dios. Puede el pecador haber cometido sus malas acciones a la luz del día o en la oscuridad de la noche; eran conocidas y manifiestas para Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Hubo siempre ángeles de Dios que fueron testigos de cada pecado, y lo registraron en los libros infalibles. El pecado puede ser ocultado, negado, encubierto para un padre, una madre, una esposa, o para los hijos y los amigos; nadie, fuera de los mismos culpables tendrá tal vez la más mínima sospecha del mal; no deja por eso de quedar al descubierto ante los seres celestiales. La oscuridad de la noche más sombría, el misterio de todas las artes engañosas, no alcanzan a velar un solo pensamiento para el conocimiento del Eterno. Dios lleva un registro exacto de todo acto injusto e ilícito. No se deja engañar por una apariencia de piedad. No se equivoca en su apreciación del carácter. Los hombres pueden ser engañados por entes de corazón corrompido, pero Dios penetra todos los disfraces y lee la vida interior…

Así como los rasgos de la fisonomía son reproducidos con minuciosa exactitud sobre la pulida placa del artista, así también está el carácter fielmente delineado en los libros del cielo. No obstante ¡cuán poca preocupación se siente respecto a ese registro que debe ser examinado por los seres celestiales! Si se pudiese descorrer el velo que separa el mundo visible del invisible, y los hijos de los hombres pudiesen ver a un ángel apuntar cada palabra y cada acto que volverán a encontrar en el día del juicio, ¡cuántas palabras de las que se pronuncian cada día no se dejarían de pronunciar; cuántos actos no se dejarían sin realizar! (El conflicto de los siglos, pp. 477, 478).


Jueves 24 de noviembre_________________________________________________

LAS ALMAS BAJO EL ALTAR

Lee Apocalipsis 6:9 al 11. ¿Cómo pueden las “almas” de los mártires muertos clamar “bajo el altar”?

Apocalipsis 6:9-11

Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. 10 Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? 11 Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

La apertura del quinto sello apocalíptico revela una escena inusual: Las almas de los mártires aparecen metafóricamente “bajo el altar” clamando a Dios por venganza (Apoc. 6:9-11). Algunos comentaristas se inclinan a identificar este “altar” como el Altar del Incienso mencionado bajo el séptimo sello (Apoc. 8:1–6). Pero la referencia a la “sangre” (y no al “incienso”) en Apocalipsis 6:9 al 11 nos lleva a entender una alusión al Altar del Holocausto, donde se derramaba la sangre de los sacrificios (Lev. 4:18, 30, 34). Así como la sangre de esos sacrificios se solía rociar alrededor del Altar, así también la sangre de los mártires se derramó simbólicamente en el Altar de Dios cuando perdieron la vida por permanecer fieles a la palabra de Dios y al testimonio de Jesús (Apoc. 6:9; ver también Apoc. 12:17; 14:12),

Las “almas” bajo el altar también son simbólicas. Si tomamos esta expresión en forma literal, tendríamos que concluir que los mártires no son plenamente felices en el cielo, porque todavía están clamando por venganza. Esto difícilmente suene como si estuvieran disfrutando de la recompensa de la salvación. El deseo de venganza puede hacer que tu vida sea miserable. Pero ¿tu muerte también?

Además, es importante recordar que Juan no recibió una visión del cielo como este es realmente. “Allí no hay caballos blancos, bermejos, negros o pálidos, montados por jinetes belicosos. Jesús no está en el cielo en la forma de un cordero con una sangrante herida de cuchillo. Los cuatro seres vivientes no representan criaturas aladas reales con características de animales. […] Tampoco hay allí ‘almas’ que yacen en la base de un altar. Toda la escena fue una representación gráfica y simbólica” (CBA 7:794).

George E. Ladd, un autor no adventista (que de nuevo suena como adventista), escribió: “En este caso [Apoc. 6:9-11], el altar evidentemente es el Altar del Sacrificio, donde se derramaba la sangre del sacrificio. El hecho de que Juan viera las almas de los mártires bajo el altar no tiene nada que ver con el estado de los muertos ni con su situación en el estado intermedio; es simplemente una forma vívida de representar el hecho de que fueron martirizados en el nombre de su Dios” (A Commentary on the Revelation of John, p. 103).

¿Quién (especialmente aquellos que han sido víctimas de injusticias) no ha clamado por justicia, que aún no ha llegado? ¿Por qué debemos confiar por fe en que, en última instancia, la justicia, que tanta falta hace en este mundo, llegará? ¿Qué consuelo te da esta maravillosa promesa?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando fue abierto el quinto sello Juan, el Revelador, vio en visión debajo del altar al conjunto de los que habían sido muertos por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Después de esta visión siguieron las escenas descriptas en el capítulo 18 de Apocalipsis, donde se llama a los fieles y los sinceros para que salgan de Babilonia (¡Maranata: el Señor viene!, p. 197).

Dios obró siempre en favor de su pueblo en su más extrema necesidad, cuando parecía haber menos esperanza de que se pudiese evitar la ruina. Los designios de los impíos enemigos de la iglesia están sujetos a su poder y su providencia es capaz de predominar sobre ellos. Él puede obrar sobre los corazones de los estadistas; la ira de los turbulentos y desafectos aborrecedores de Dios, de su verdad y de su pueblo, puede ser desviada, como se desvían los ríos cuando él lo ordena. La oración mueve el brazo de la Omnipotencia. El que manda a las estrellas en su orden en el firmamento, cuya palabra domina a todo el mar, el mismo Creador infinito, obrará en favor de sus hijos si ellos le invocan con fe. Él refrenará las fuerzas de las tinieblas, hasta que se dé al mundo la amonestación y todos los que quieran escucharla estén preparados para el conflicto (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 428).

Todo el sistema de doctrinas y principios religiosos que deberían formar el fundamento y marco de la vida social, parece una mole tambaleante a punto de desmoronarse en ruinas. Los más viles criminales, echados en la cárcel por sus delitos, son a menudo objeto de atenciones y obsequios como si hubiesen llegado a un envidiable grado de distinción. Se da gran publicidad a las particularidades de su carácter y a sus crímenes. La prensa publica los detalles escandalosos del vicio, iniciando así a otros en la práctica del fraude, del robo y del asesinato, y Satanás se regocija del éxito de sus infernales designios…

Los tribunales están corrompidos. Los magistrados se dejan llevar por el deseo de las ganancias y el afán de los placeres sensuales. La intemperancia ha obcecado las facultades de muchos, de suerte que Satanás los dirige casi a su gusto. Los juristas se dejan pervertir, sobornar y engañar. La embriaguez y las orgías, la pasión, la envidia, la mala fe bajo todas sus formas se encuentran entre los que administran las leyes. «La justicia se mantiene a lo lejos, por cuanto la verdad está caída en la calle, y la rectitud no puede entrar. Isaías 59: 14 (VM) (El conflicto de los siglos, pp. 572, 573).

Hay límites aun para la tolerancia de Dios. Se puede llegar al límite de su paciencia, y entonces él castigará con toda seguridad. Y cuando trate el caso del pecador insolente, no se detendrá hasta haberle dado fin completamente (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 3, p. 1184).


Viernes 25 de noviembre_________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, “Cómo se decide nuestro destino”, pp. 207-218; El Deseado de todas las gentes, El Calvario, pp. 703-718; y Fundamentos de la educación cristiana, “Los docentes como ejemplos de integridad cristiana”, pp. 564-572.

“En la parábola del hombre rico y Lázaro, Cristo muestra que los seres humanos deciden su destino eterno en esta vida. La gracia de Dios se ofrece a cada alma durante este tiempo de gracia. Pero, si malgastan sus oportunidades en la complacencia del yo, se amputan de la vida eterna. No se les concederá ningún tiempo de prueba complementario. Por su propia elección han constituido una gran sima infranqueable entre ellos y su Dios” (PVGM 207).

“Cuando estos cristianos primitivos eran desterrados a las montañas y los desiertos, cuando en las mazmorras se los dejaba morir de hambre, frío y tortura, cuando el martirio parecía la única manera de escapar de su angustia, se regocijaban de que eran tenidos por dignos de sufrir para Cristo, quien había sido crucificado en su favor. Su ejemplo será un consuelo y estímulo para el pueblo de Dios que sufrirá un tiempo de angustia como nunca lo hubo” (TI 5:198).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  • La cosmovisión bíblica de la naturaleza humana ¿cómo puede ayudarnos a comprender mejor algunos de los pasajes que estudiamos durante esta semana?
  • Reflexionen sobre el contraste entre la religión no negociable de los mártires cristianos y la religión flexible de nuestra generación posmoderna. En otras palabras, ¿por qué cosas vale la pena morir? Sin embargo, si alguien opina que todas las verdades son meramente relativas o culturales, entonces, ¿por qué morir por alguna de ellas? Al mismo tiempo, ¿qué podemos aprender de quienes estuvieron dispuestos a morir por causas que creemos que son falsas?
  • Mediten sobre la parábola del rico y Lázaro. Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, muchos creyeron en él. Sin embargo, muchos que tuvieron las mismas evidencias no creyeron. ¿Qué nos enseña esto acerca de cuán duro puede volverse el corazón humano hacia la verdad? ¿Qué podemos hacer para protegernos de esto?
  • Jesús mencionó que en algún momento los muertos vivirán: “Los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29). Mil años separan estos dos acontecimientos, aunque pareciera que sucedieran al mismo tiempo. ¿Cómo podría esto ayudarnos a entender lo que dice Pablo en Filipenses 1:23?

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