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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


Lección 4 en PDF, haga «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


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Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2024 Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan
2025 Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado* Josué El Espíritu de Profecía
2027 1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel
2028

* Religion in the Market Place


Lección 4: Para el 26 de octubre de 2024

TESTIGOS DE CRISTO COMO MESÍAS

Sábado 19 de octubre________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 1:19:23; Isaías 40:1-5; Juan 1:29-37; Romanos 5:6; Juan 1:35-39; 1:43-51; 3:1-21.

PARA MEMORIZAR:

 “Jesús respondió: ‘Te aseguro, el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios’ ” (Juan 3:3).

Sin duda, Jesús proporcionó a la gente poderosa evidencia bíblica en respaldo de sus afirmaciones acerca de sí mismo, incluyendo: “Les aseguro: El que cree, tiene vida eterna” (Juan 6:47).

Pero hay más. Convirtió el agua en vino; alimentó a miles de personas con unos pocos panes y peces; sanó al hijo del noble; restauró al hombre en el estanque de Betesda; dio la vista al ciego de nacimiento; y resucitó a Lázaro. El evangelista recurre a toda una serie de acontecimientos y personas (judíos, gentiles, ricos, pobres, hombres, mujeres, gobernantes, plebeyos, cultos e incultos) para que den testimonio de quién es Jesús.

Juan señala incluso al propio Padre y a las Escrituras como testigos de la identidad del Maestro.

Esta semana comienza con el poderoso testimonio de Juan el Bautista. También aparecen en escena otros testigos: Andrés y Simón Pedro, Felipe y Natanael; y un testigo inesperado, el fariseo Nicodemo. Pero hay otro testigo que permanece en la sombra (ese otro discípulo con Andrés, en Juan 1:35, 40): el propio Juan.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos los rayos de luz que brillan en las Escrituras apuntan a Jesucristo y dan testimonio de él, entrelazando las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Cristo es presentado como el autor y consumador de su fe, Aquel en quien se centran sus esperanzas de vida eterna. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna».

Jesucristo es el conocimiento del Padre, y Cristo es nuestro gran Maestro enviado de Dios. Cristo ha declarado en el sexto capítulo de Juan que él es ese pan enviado del cielo. «De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna» (Fundamentals of Christian Education, p. 383).

Jesús dijo [a los escribas y fariseos]: «No queréis venir a mí para que tengáis vida». «Porque lodo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas». «Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos». Les pide que recuerden la profunda convicción que había en ellos a causa de los mensajes de Juan. Dijo: «El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis.

El testimonio del Padre se había dado. «Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí que los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él; y he aquí una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (The Signs of the Times, 13 de noviembre 13, 1893, párrafo 2).

Al emprender la gran obra de su vida terrenal, Jesús eligió a cinco discípulos: Juan, Andrés, Simón, Felipe y Natanael. Estos hombres fueron llamados de sus humildes ocupaciones para acompañar al Salvador en su ministerio, recibir sus enseñanzas divinas y ser testigos de sus poderosos milagros, para que los publicaran al mundo.

Iban a celebrarse unas bodas en Caná de Galilea. Los contrayentes eran parientes de José y María. Cristo sabía de esta reunión familiar, y que allí se reunirían muchas personas influyentes, por lo que, en compañía de sus discípulos recién nombrados, se dirigió a Caná. En cuanto se supo que Jesús había acudido al lugar, se le envió una invitación especial a él y a sus amigos. Así se lo había propuesto, y por eso honró la fiesta con su presencia (Redemption: Or the Miracles of Christ, the Might one, 1877, p. 3).


Domingo 20 de octubre______________________________________________

EL TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA

Como ilustraba la lección de la semana pasada, el Evangelio de Juan comienza con Jesucristo, el Verbo, en su existencia eterna antes de la Creación. Pero, en ese mismo prólogo, Juan el Bautista aparece como testigo de Jesús. Algunos judíos de la época de Jesús esperaban dos mesías, uno sacerdotal y otro real. Juan enseña claramente que Juan el Bautista no pretendía ser uno de esos mesías, sino que era testigo del único Mesías verdadero.

Lee Juan 1:19 al 23. ¿Cómo explicó Juan el Bautista su ministerio y su misión?

Juan 1:19-23

19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? 20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. 21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. 22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

Los líderes religiosos enviaron sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan quién era. Con las grandes expectativas mesiánicas que había en Judea, era importante que el Bautista aclarara su relación con respecto a ellas. Él no era la Luz, pero había sido enviado por Dios para dar testimonio de la Luz y preparar la venida del Mesías (Juan 1:6-8). Por eso les respondió tan claramente como pudo, diciendo: “Yo no soy el Cristo” (Juan 1:20).

Además, Juan bautizaba con agua, pero Cristo bautizaría con el Espíritu (Juan 1:26, 33). Juan no era digno de desatar la correa de las sandalias de Je- sús (Juan 1:27). Cristo superaba a Juan, pues existía desde antes que él (Juan 1:30). Jesús era el Hijo de Dios, y Juan se limitó a señalarlo como tal (Juan 1:34).

Lee Isaías 40:1 al 5 y Juan 1:23. ¿Cómo utiliza Juan estos versículos?

Isaías 40:1-5

1 Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados. Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.

Juan 1:23

23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

En la época de los caminos repletos de huecos y rocas, a veces se enviaban siervos delante del rey para nivelar la superficie de las calzadas, eliminar las curvas cerradas y allanar así el camino del soberano. En cumplimiento de la profecía, Juan vino con el fin de preparar el corazón de las personas para Jesús.

¿Cómo deberíamos los adventistas del séptimo día cumplir el mismo tipo de ministerio que Juan el Bautista? ¿Cuáles son los paralelismos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Había una gran obra designada para el profeta Juan, pero no había ninguna escuela en la tierra a la cual pudiera asistir. Debía adquirir su conocimiento lejos de las ciudades, en el desierto. Las Escrituras del Antiguo Testamento, Dios y la naturaleza que él había creado debían ser sus libros de estudio. Dios estaba capacitando a Juan para su obra de preparar el camino del Señor. Su alimento era simplemente langostas y miel silvestre. Las costumbres y las prácticas de los hombres no debían ser la educación de este hombre. La preocupación por lo mundano no debía afectar en nada la formación de su carácter…

Él buscaba el favor de Dios, y el Espíritu Santo descansaba sobre él, y encendió en su corazón un ardiente celo de hacer la gran obra de llamar a la gente al arrepentimiento y a una vida más elevada y más santa. Juan se estaba capacitando mediante las privaciones y las dificultades para disciplinar de tal manera todas sus facultades físicas y mentales, que pudiera sostenerse entre las gentes tan inconmovible frente a las circunstancias como las rocas y montañas del desierto qué lo habían rodeado durante treinta años (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1090)

La niñez, juventud y edad adulta de Juan se caracterizaron por la firmeza y la fuerza moral. Cuando su voz se oyó en el desierto diciendo: «Aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas». Mateo 3:3. Satanás temió por la seguridad de su reino. El carácter pecaminoso del pecado se reveló de tal manera que los hombres temblaron. Quedó quebrantado el poder que Satanás había ejercido sobre muchos que habían estado bajo su dominio. Había sido incansable en sus esfuerzos para apartar al Bautista de una vida de entrega a Dios sin reserva; pero había fracasado. No había logrado vencer a Jesús. En la tentación del desierto, Satanás había sido derrotado, y su ira era grande. Resolvió causar pesar a Cristo hiriendo a Juan. Iba a hacer sufrir a Aquel a quien no podía inducir a pecar (El Deseado de todas las gentes, pp. 195, 196).

El testimonio de Juan había sido positivo, había sido dado con poder, en la demostración del Espíritu. Había dado testimonio de lo que sus ojos habían visto, de lo que sus oídos habían oído, de lo que sus manos habían tocado, de la palabra de vida. Jesús dijo: «Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero». Los escribas y fariseos habían creído entonces las palabras de Juan, pero el orgullo y la incredulidad obraron en sus corazones según la disposición de Satanás, y se manifestaron la envidia, los celos y el odio franco contra Cristo.

Jesús dijo a sus discípulos: «Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado… Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado… Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí» (The Signs of the Times, 13 de noviembre, 1893, párrafo 4).


Lunes 21 de octubre_________________________________________________

EL CORDERO DE DIOS

Los judíos buscaban un Mesías que los librara de Roma. El objetivo del Evangelio de Juan era cambiar su idea acerca del Mesías para que pudieran reconocer en Jesús el cumplimiento de las profecías relativas al Rey venidero. El Mesías no sería un gobernante terrenal. Vino para cumplir todas las promesas del Antiguo Testamento que se referían a él, entre las que se incluye su sacrificio voluntario en favor del mundo, y para restablecer la relación entre Dios y su pueblo.

Lee Juan 1:29 al 37. ¿Qué anuncio hace Juan el Bautista acerca de Jesús? ¿Qué imagen utiliza para describirlo y por qué es tan importante para comprender quién era Jesús y cuál sería su misión?

Juan 1:29-37

29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. 31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. 32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios. 35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.

La declaración del Bautista acerca de Jesús como el Cordero de Dios apoya el propósito del Evangelio de Juan, que es proveer una comprensión renovada de la naturaleza y la obra del Mesías. Jesús era la realidad representada por el sistema sacrificial que se remonta a la promesa del Redentor expresada por primera vez en Génesis 3:15.

“Cuando, en ocasión del bautismo de Jesús, Juan lo señaló como el Cordero de Dios, una nueva luz resplandeció sobre la obra del Mesías. La mente del profeta fue dirigida a las palabras de Isaías: ‘Como cordero fue llevado al matadero’ (Isa. 53:7)” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 110).

Lee Marcos 10:45; Romanos 5:6; y 1 Pedro 2:24. ¿Cómo nos ayudan estos versículos a entender el papel de Jesús como “el Cordero de Dios”?

Marcos 10:45

45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Romanos 5:6

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

1 Pedro 2:24

24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

Aunque Juan el Bautista necesitaba sin duda conocer más acerca del ministerio de Jesús, estaba seguro de que el Señor era el Mesías prometido, aquel que había venido en cumplimiento de la profecía.

Considera el título “Cordero de Dios” dado a Jesús. ¿Qué imágenes trae a tu mente, y cómo te ayuda su vinculación con el sistema sacrificial del Antiguo Testamento a apreciar el elevado costo de nuestra salvación?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando, en ocasión del bautismo de Jesús, Juan le señaló como el Cordero de Dios, una nueva luz resplandeció sobre la obra del Mesías. La mente del profeta fue dirigida a las palabras de Isaías: «Como cordero fue llevado al matadero». Isaías 53:7. Durante las semanas que siguieron, Juan estudió con nuevo interés las profecías y la enseñanza de las ceremonias de los sacrificios. No distinguía claramente las dos fases de la obra de Cristo —como sacrificio doliente y como rey vencedor— pero veía que su venida tenía un significado más profundo que el que discernían los sacerdotes y el pueblo. Cuando vio a Jesús entre la muchedumbre, al volver él del desierto, esperó confiadamente que daría al pueblo alguna señal de su verdadero carácter… pero Jesús no pronunció una palabra ni dio señal alguna. No respondió al anunció que hiciera el Bautista acerca de él, sino que se mezcló con los discípulos de Juan sin dar evidencia externa de su obra especial, ni tomar medidas que lo pusiesen en evidencia (El Deseado de todas las gentes, p. 110).

Al día siguiente, Juan vio venir a Jesús. Con la luz de la gloria de Dios descansando sobre él, el profeta extendió las manos diciendo: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es antes de mí:… y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando con agua… Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él. Y yo no le conocía; mas el que me envió a bautizar con agua, Aquél me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, este es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio que este es el Hijo de Dios». Juan 1:29-34 (El Deseado de todas las gentes, p. 110).

[Juan] sabía que era al Redentor del mundo a quien había bautizado. El Espíritu Santo descendió sobre él, y extendiendo la mano, señaló a Jesús y exclamó: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».

Nadie de entre los oyentes, ni aun el que las pronunció, discernió el verdadero significado de estas palabras, «el Cordero de Dios». Sobre el monte Moria, Abraham había oído la pregunta de su hijo: «Padre mío… ¿Dónde está el cordero para el holocausto?» El padre contestó «Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío». Génesis 22:7, 8. Y en el carnero divinamente provisto en lugar de Isaac, Abraham vio un símbolo de Aquel que había de morir por los pecados de los hombres. El Espíritu Santo, mediante Isaías, repitiendo la ilustración, profetizó del Salvador: «Como cordero fue llevado al matadero», «Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros» (Isaías 53:7, 6) (El Deseado de todas las gentes, p. 87).


Martes 22 de octubre________________________________________________

LOS DOS DISCÍPULOS DE JUAN

Dos discípulos de Juan el Bautista estaban con él cuando Jesús pasó junto a ellos. Juan declaró: “¡Este es el Cordero de Dios!” (Juan 1:36). Los dos discípulos habían escuchado el mensaje de Juan acerca de Cristo, quien cumpliría las profecías del Antiguo Testamento acerca de la venida del Mesías. Los discípulos dejaron a Juan para seguir a Jesús, reconociendo que era superior a Juan el Bautista y el cumplimiento de su mensaje.

Lee Juan 1:35 al 39. ¿Qué hicieron estos dos discípulos después de escuchar el testimonio de Juan acerca de Jesús?

Juan 1:35-39

35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. 38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? 39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.

Deseaban estar con Jesús y pasaron el día con él. ¡Quién sabe qué cosas asombrosas habrán aprendido y experimentado entonces!

Fueron sin duda grandes cosas, pues poco después desearon compartir su experiencia con los demás. Andrés, uno de los dos discípulos, encontró inmediatamente a su hermano Simón y le dijo: “Hemos hallado al Mesías” (Juan 1:41). Cuando Andrés llevó a su hermano a Jesús, el Señor demostró que lo conocía: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú serás llamado Cefas” (Juan 1:42). Jesús conocía y comprendía a Pedro. El conocimiento profundo que Jesús tiene de las personas es un tema característico del Evangelio de Juan (ver, por ejemplo, Juan 2:24, 25).

“Si Juan y Andrés hubiesen estado dominados por el espíritu incrédulo de los sacerdotes y los príncipes, no se habrían presentado como aprendices a los pies de Jesús. Habrían ido a él como críticos, para juzgar sus palabras […]. No sucedió eso con estos primeros discípulos. Habían respondido al llamamiento del Espíritu Santo en la predicación de Juan el Bautista. Ahora reconocían la voz del Maestro celestial. Para ellos, las palabras de Jesús estaban llenas de refrigerio, verdad y belleza. Una iluminación divina se derramaba sobre las enseñanzas de las Escrituras del Antiguo Testamento. Los multifacéticos temas de la verdad se destacaban con una nueva luz” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 112, 113).

El gran énfasis del Evangelio de Juan es destacar quién es Jesús, a fin de que esta buena noticia pueda ser compartida con el mundo.

¿Cómo ha sido transformada tu vida por Cristo y por tu fe en él? ¿Qué otros cambios quisieras experimentar?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Pedro, Santiago y Juan buscaban todas las oportunidades de ponerse en contacto íntimo con el Maestro, y su deseo les fue otorgado. De los doce, la relación de ellos con el Maestro fue la más íntima. Juan solo podía hallar satisfacción en una intimidad aún más estrecha, y la obtuvo. En ocasión de la primera entrevista junto al Jordán, cuando Andrés, habiendo oído a Jesús, corrió a buscar a su hermano, Juan permaneció quieto, extasiado en la meditación de temas maravillosos. Siguió al Salvador siempre, como oidor absorto y ansioso…

Juan anhelaba amor, simpatía y compañía. Se acercaba a Jesús, se sentaba a su lado, se apoyaba en su pecho. Así como una flor bebe del sol y del rocío, él bebía la luz y la vida divinas. Contempló al Salvador con adoración y amor hasta que la semejanza a Cristo y la comunión con él llegaron a constituir su único deseo, y en su carácter se reflejó el carácter del Maestro (La educación, p. 87).

Dejando a Juan, [los dos discípulos] se fueron en pos de Jesús. Uno de ellos era Andrés, hermano de Simón; el otro Juan, el que iba a ser el evangelista. Estos fueron los primeros discípulos de Cristo. Movidos por un impulso irresistible, siguieron a Jesús, ansiosos de hablar con él, aunque asombrados y en silencio, abrumados por el significado del pensamiento: «¿Es este el Mesías?»

Jesús sabía que los discípulos le seguían. Eran las primicias de su ministerio, y había gozo en el corazón del Maestro divino al ver a estas almas responder a su gracia. Sin embargo, volviéndose, les preguntó: «¿Qué buscáis?» Quería dejarlos libres para volver atrás, o para expresar su deseo.

Ellos eran conscientes de un solo propósito. La presencia de Cristo llenaba su pensamiento. Exclamaron: «Rabí… ¿dónde moras?» En una breve entrevista, a orillas del camino no podían recibir lo que anhelaban. Deseaban estar a solas con Jesús, sentarse a sus pies, y oír sus palabras. «Díceles: Venid y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con él aquel día» (Exaltad a Jesús, p. 162).

Si Juan y Andrés hubiesen estado dominados por el espíritu incrédulo de los sacerdotes y gobernantes, no se habrían presentado como discípulos a los pies de Jesús. Habrían venido a él como críticos, para juzgar sus palabras. Muchos cierran así la puerta a las oportunidades más preciosas. No sucedió así con estos primeros discípulos. Habían respondido al llamamiento del Espíritu Santo, manifestado en la predicación de Juan el Bautista. Ahora, reconocían la voz del Maestro celestial. Para ellos, las palabras de Jesús estaban llenas de refrigerio, verdad y belleza. Una iluminación divina se derramaba sobre las enseñanzas de las Escrituras del Antiguo Testamento. Los multilaterales temas de la verdad se destacaban con una nueva luz (El Deseado de todas las gentes, p. 112).


Miércoles 23 de octubre______________________________________________

FELIPE Y NATANAEL

Lee Juan 1:43 al 46. ¿Qué revelaba ya el mensaje de Felipe acerca de su fe en Jesús?

Juan 1:43-46

43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Felipe era de Betsaida, al igual que Andrés y Pedro. Encontró a su amigo Natanael y le habló de Jesús. Juan el Bautista había llamado a Jesús “el Cordero de Dios”. Andrés dijo a Pedro que había encontrado “al Mesías”. Pero Felipe llama a Jesús “aquel de quien escribieron Moisés y los profetas” y añade el nombre “Jesús de Nazaret”. Su referencia a Nazaret provoca una aguda reacción en su amigo.

Natanael tenía prejuicios acerca de la pequeña ciudad de Nazaret. Seguramente un rey no vendría de un lugar tan apartado. Los prejuicios impiden ver lo que las personas valen realmente. Felipe parece haber reconocido, posiblemente por conversaciones anteriores con Natanael, que la forma adecuada de tratar los prejuicios no es una exaltada argumentación filosófica o teológica, sino más bien invitar al individuo a experimentar la verdad personalmente. Simplemente, dijo: “Ven y ve”. Y eso es exactamente lo que hizo. Fue y vio.

Lee Juan 1:47 al 51. ¿Cómo convenció Jesús a Natanael de quién era, y cuál fue la respuesta de Natanael?

Juan 1:47-51

47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. 51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.

Entre los versículos 46 y 47 se encuentra el detalle crucial de cómo respondió Natanael a la invitación de Felipe. Se levantó y fue a verlo. Su amistad con Felipe fue más fuerte que sus prejuicios, y su vida cambió a partir de ese momento.

Jesús pronuncia palabras halagadoras acerca de Natanael, llamándolo israelita en quien no hay engaño (Juan 1:47), un gran contraste con lo que Natanael había dicho acerca de Jesús (Juan 1:46). Natanael responde sorprendido, pues no había visto antes a Jesús.

Entonces Jesús refiere haberlo visto bajo una higuera, y esta pequeña afirmación convence a Natanael. Jesús había visto por iluminación divina a Natanael orando, buscando la verdad bajo aquel árbol (ver Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 114). Natanael hace entonces una exaltada confesión y llama a Jesús Rabí, Hijo de Dios y Rey de Israel. Observa cómo aquella revelación aparentemente pequeña de parte de Jesús conduce a la más grandiosa confesión de fe.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halla Felipe, al cual dijo: Sígueme». Felipe obedeció al mandato, y en seguida se puso también a trabajar para Cristo (El Deseado de todas las gentes, p. 1 13).

Felipe llamó a Natanael. Este último había estado entre la muchedumbre cuando el Bautista señaló a Jesús como el Cordero de Dios. Al mirar a Jesús, Natanael quedó desilusionado. ¿Podía ser el Mesías este hombre que llevaba señales de pobreza y de trabajo? Sin embargo, Natanael no podía decidirse a rechazar a Jesús, porque el mensaje de Juan le había convencido en su corazón.

Cuando Felipe lo llamó, Natanael se había retirado a un tranquilo huerto para meditar sobre el anunció de Juan y las profecías concernientes al Mesías. Estaba rogando a Dios que si el que había sido anunciado por Juan era el Libertador, se lo diese a conocer, y el Espíritu Santo descendió para impartirle la seguridad de que Dios había visitado a su pueblo y le había suscitado un cuerno de salvación…

El mensaje: «Hemos hallado a Aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas», pareció a Natanael una respuesta directa a su oración. Pero la fe de Felipe era aún vacilante. Añadió con cierta duda: «Jesús, el hijo de José, de Nazaret». Los prejuicios volvieron a levantarse en el corazón de Natanael. Exclamó: «¿De Nazaret puede haber algo de bueno?»

Felipe no entró en controversia. Dijo: «Ven y ve. Jesús vio venir a sí a Natanael, y dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en el cual no hay engaño». Sorprendido, Natanael exclamó: «¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi»

Esto fue suficiente. El Espíritu divino que había dado testimonio a Natanael en su oración solitaria debajo de la higuera, le habló ahora en las palabras de Jesús. Aunque presa de la duda, y cediendo en algo al prejuicio, Natanael había venido a Cristo con un sincero deseo de oír la verdad, y ahora su deseo estaba satisfecho. Su fe superó a la de aquel que le había traído a Jesús. Respondió y dijo: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel» (El Deseado de todas las gentes, pp. 1 13, 1 14).

Si Natanael hubiese confiado en los rabinos para ser dirigido, nunca habría hallado a Jesús. Viendo y juzgando por sí mismo, fue como llegó a ser discípulo. Así sucede hoy día en el caso de muchos a quienes los prejuicios apartan de lo bueno. ¡Cuán diferentes serían los resultados si ellos quisieran venir y ver!

Ninguno llegará a un conocimiento salvador de la verdad mientras confíe en la dirección de la autoridad humana. Como Natanael, necesitamos estudiar la Palabra de Dios por nosotros mismos, y pedir la iluminación del Espíritu Santo. Aquel que vio a Natanael debajo de la higuera, nos verá en el lugar secreto de oración. Los ángeles del mundo de luz están cerca de aquellos que con humildad solicitan la dirección divina (El Deseado de todas las gentes, p. 114).


Jueves 24 de octubre________________________________________________

EL TESTIMONIO DE NICODEMO

Lee Juan 3:1 al 21. ¿Cómo apoya el testimonio de Nicodemo el tema del Evangelio de Juan?

Juan 3:1-21

1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? 13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

Nicodemo era un maestro respetado en Israel y un acaudalado miembro del Sanedrín. Su testimonio desempeña un papel importante en el Evangelio de Juan por varias razones. Se refirió a Jesús como “rabí” y destacó las señales que Jesús realizaba como demostración del origen divino de su misión. Por lo tanto, incluso antes de que Nicodemo advirtiera lo que hacía, estaba apoyando el mesianismo de Jesús.

Nicodemo consideraba las señales en sí como una prueba del origen divino de Jesús, pero no las veía como el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías. Nicodemo llegó, pues, al encuentro con algunas dudas. En ese momento, no reconocía a Jesús como el Cristo.

Lee Juan 3:3 al 21. ¿Qué dijo Jesús a Nicodemo para demostrarle que conocía su interior?

Juan 3:3-21

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? 13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, 15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

Jesús conoce el corazón de cada persona. Su respuesta a Nicodemo puede parecer abrupta, pero él va directamente al asunto. Aunque los judíos creían que los gentiles necesitaban convertirse, muchos no entendían que ellos, los integrantes del pueblo elegido, también necesitaban una experiencia de conversión. Nadie nace salvo, independientemente de su nacionalidad o de la iglesia en la que haya crecido.

No cabe duda de que la maravillosa herencia de los judíos, que se remontaba a Abraham, les ofrecía muchas ventajas (ver Rom. 3:1, 2). Pero eso no era en sí mismo suficiente. Jesús dijo a Nicodemo lo impensable, que él, un maestro y dirigente en Israel, ¡debía nacer de nuevo y de lo Alto!

Jesús confrontó seguidamente a Nicodemo con su ignorancia espiritual: “Tú eres maestro en Israel, ¿y no lo sabes?” (Juan 3:10). ¿Cómo es posible que tú, un maestro exaltado, no sepas esto? La reprimenda fue sin duda impactante.

A pesar de las dudas que Nicodemo tenía entonces con respecto a Jesús, más tarde se puso de su parte junto a los seguidores del Maestro (ver Juan 19:39).

¿Qué significa “nacer de nuevo” y por qué Jesús hace tanto hincapié en ello?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La gran verdad de la conversión del corazón por el Espíritu Santo es presentada en las palabras que Cristo dirigiera a Nicodemo: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios… Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas no sabes de dónde viene, ni a dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu». Juan 3:3-8 (Palabras de vida del gran Maestro, p. 70).

Nicodemo era miembro del Sanedrín, y con otros había sido conmovido por la enseñanza de Jesús. Al presenciar las maravillosas obras de Cristo, se había apoderado de él la convicción de que ése era el enviado de Dios. Por cuanto era demasiado orgulloso para reconocer abiertamente su simpatía por el Maestro galileo, había procurado tener una entrevista secreta. En esa entrevista, Jesús le había expuesto el plan de la salvación y su misión en el mundo; sin embargo Nicodemo había seguido vacilante. Ocultó la verdad en su corazón, y por tres años hubo poco fruto aparente. Pero aunque Nicodemo no había reconocido públicamente a Cristo, repetidas veces había desbaratado en el Sanedrín las maquinaciones de los sacerdotes de destruirlo. Cuando al fin Cristo fue crucificado, Nicodemo recordó las palabras que le había hablado en la entrevista nocturna en el Monte de las Olivas: «Como Moisés levantó la semiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado» (Juan 3: 14); y vio en Jesús al Redentor del mundo.

En compañía de José de Arimatea, Nicodemo había sufragado los gastos de la sepultura de Jesús. Los discípulos habían temido mostrarse abiertamente como seguidores de Cristo, pero Nicodemo y José habían acudido osadamente en su auxilio. La ayuda de estos hombres ricos y honrados era grandemente necesaria en esta hora de tinieblas. Ellos habían podido hacer por su Señor muerto lo que hubiera sido imposible para los pobres discípulos; y su riqueza e influencia los habían protegido, en gran medida, de la malicia de los sacerdotes y gobernantes (Los hechos de los apóstoles, pp. 85, 86).

Hay muchos que pretenden servir a Dios, pero que no lo conocen por experiencia. Su deseo de hacer la voluntad divina se basa en su propia inclinación, y no en la profunda convicción impartida por el Espíritu Santo. Su conducta no armoniza con la ley de Dios. Profesan aceptar a Cristo como su Salvador, pero no creen que él quiere darles poder para vencer sus pecados. No tienen una relación personal con un Salvador viviente, y su carácter revela defectos así heredados como cultivados…

La única esperanza para estas almas consiste en que se realice en ellas la verdad de las palabras de Cristo dirigidas a Nicodemo: «Os es necesario nacer otra vez». «El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios». Juan 3:7, 3 (Palabras de vida del gran Maestro, p. 29).


Viernes 25 de octubre_______________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena G. de White, el capítulo “Nicodemo” (pp. 140-149).

Nicodemo “escudriñó las Escrituras de una manera nueva, no para discutir una teoría, sino para recibir vida para el alma. Empezó a ver el Reino de los cielos cuando se sometió a la dirección del Espíritu Santo […].

“Por medio de la fe, recibimos la gracia de Dios; pero la fe no es nuestro Salvador. No nos gana nada. Es la mano por la cual nos asimos de Cristo y nos apropiamos de sus méritos, el remedio por el pecado. […] El arrepentimiento proviene de Cristo tan ciertamente como el perdón.

“Entonces, ¿cómo seremos salvos? ‘Como Moisés levantó la serpiente en el desierto’, así también el Hijo del Hombre ha sido levantado, y todos los que han sido engañados y mordidos por la serpiente pueden mirar y vivir. ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’ (Juan 1:29). La luz que resplandece desde la Cruz revela el amor de Dios. Su amor nos atrae a él. Si no resistimos esa atracción, seremos conducidos al pie de la Cruz arrepentidos por los pecados que crucificaron al Salvador. Entonces el Espíritu de Dios produce, por medio de la fe, una nueva vida en el alma. Los pensamientos y los deseos se sujetan en obediencia a la voluntad de Cristo. El corazón y la mente son creados de nuevo a la imagen de aquel que obra en nosotros para someter todas las cosas a sí. Entonces la Ley de Dios queda escrita en la mente y el corazón, y podemos decir con Cristo: ‘El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado’ (Sal. 40:8)” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 147, 148).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Juan el Bautista vino a preparar el camino para Jesús. ¿Cuán exitoso fue su ministerio, al menos desde una perspectiva humana? Mientras reflexionas sobre tu respuesta, hazte también esta importante pregunta: ¿Cómo defines el “éxito” en las cosas espirituales?
  2. Juan el Bautista expresó luego algunas dudas sinceras (Mat. 11:2, 3; Luc. 7:19). ¿Cuál fue la causa de sus dudas y qué podemos aprender de ellas acerca de cómo mantenernos firmes en nuestra fe?
  3. ¿De qué manera alguien como Nicodemo, un líder de la verdadera iglesia y poseedor de mucho conocimiento, podía ser tan ignorante acerca de lo realmente importante en materia espiritual? ¿Qué lecciones podemos aprender de su situación?