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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA
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* Religion in the Market Place
Lección 13: Para el sábado 28 de septiembre de 2024
EL SEÑOR RESUCITADO
Sábado 21 de septiembre_________________________________________________
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 15:42-47; 16; Colosenses 2:1012; 1 Corintios 15:1-8; Daniel 9:24-27; Juan 20:11-18.
PARA MEMORIZAR:
“Pero él les dijo: ‘No se asusten. Ustedes buscan a Jesús nazareno, que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto’ ” (Mar. 16:6).
La crucifixión de Jesús fue un oscuro fin de semana para los discípulos mientras no solo lidiaban con la muerte de su Maestro, sino también temían por su propia vida (Juan 20:19).
En Marcos 16, el último capítulo del Evangelio de Marcos, veremos lo que sucedió tras la muerte de Jesús.
Consideraremos en primer lugar el momento en que ocurrió la resurrección de Jesús y por qué las mujeres fueron al sepulcro ese domingo de mañana. Los adventistas hemos evitado a veces referirnos a la mañana de la resurrección porque es usada erróneamente para apoyar la presunta sacralidad del domingo. Veremos, en cambio, que podemos regocijarnos por la resurrección ocurrida aquel domingo a pesar de la teología errónea que, desafortunadamente, ha surgido a partir de ello.
En segundo lugar, la lección explica los primeros versículos de Marcos 16, vinculando este texto con un tema presente en todo el libro. El estudio correspondiente al lunes y al martes se ocupará de estos conceptos.
En tercer lugar, como conclusión de nuestra lección semanal, las lecciones del miércoles y del jueves examinarán el resto de Marcos 16 y considerarán la misión que este texto nos propone. Este estudio concluirá desafiando al lector de Marcos a llevar el evangelio al mundo entero.
ESPÍRITU DE PRO3FECÍA
En el huerto, María había estado llorando cuando Jesús estaba cerca de ella. Sus ojos estaban tan cegados por las lágrimas que no le conocieron. Y el corazón de los discípulos estaba tan lleno de pesar que no creyeron el mensaje de los ángeles ni las palabras de Cristo.
¡Cuántos están haciendo todavía lo que hacían esos discípulos! ¡Cuántos repiten el desesperado clamor de María: «Han llevado al Señor… y no sabemos dónde le han puesto»! ¡A cuántos podrían dirigirse las palabras del Salvador: «¿Por qué lloras? ¿a quién buscas?» Está al lado de ellos, pero sus ojos cegados por las lágrimas no lo ven. Les habla, pero no lo entienden.
¡Ojalá que la cabeza inclinada pudiese alzarse, que los ojos se abriesen para contemplarle, que los oídos pudiesen escuchar su voz! «Id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado». Invitadlos a no mirar la tumba nueva de José, que fue cerrada con una gran piedra y sellada con el sello romano. Cristo no está allí. No miréis el sepulcro vacío. No lloréis como los que están sin esperanza ni ayuda. Jesús vive, y porque vive, viviremos también. Brote de los corazones agradecidos y de los labios tocados por el fuego santo el alegre canto: ¡Cristo ha resucitado! Vive para interceder por nosotros. Aceptad esta esperanza, y dará firmeza al alma como un ancla segura y probada. Creed y veréis la gloria de Dios (El Deseado de todas las gentes, pp. 736, 737).
Tenemos un Salvador viviente. No se halla en el sepulcro nuevo de José; resucitó y ascendió al cielo como Sustituto y Garante de cada alma creyente. «Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». Romanos 5:1. El pecador es justificado por los méritos de Jesús, y esto es el reconocimiento de Dios de la perfección del rescate pagado en favor del hombre. El hecho de que Cristo fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, es prenda de la aceptación del pecador arrepentido por parte del Padre. Entonces, ¿nos permitiremos tener una experiencia vacilante de dudar y creer, creer y dudar? Jesús es la prenda de nuestra aceptación por parte de Dios. Tenemos el favor de Dios, no porque haya mérito alguno en nosotros, sino por nuestra fe en «el Señor, nuestra justicia» (Fe y obras, p. 111).
Tiempos tempestuosos se agolpan delante de nosotros. La tierra está corrompida y su corrupción aumentará. Pero ustedes pueden tener perfecta confianza en Cristo. A pesar de la violencia, el crimen y el robo, hay un Dios que es el Rey del universo. Somos sus hijos; no estamos sujetos a un destino caprichoso. Tenemos, sí, tienen ustedes, al leer las palabras de aliento pronunciadas por Cristo, la sagrada promesa que renovará las fuentes de la esperanza. Pueden regocijarse en un Salvador viviente. Es nuestro Señor que ha resucitado. Sus promesas son para todos los que quieran recibirlo (Cada día con Dios, p. 89).
Domingo 22 de septiembre_______________________________________________
REGOCIJO EN LA RESURRECCIÓN
Lee Marcos 15:42 a 16:6. ¿Qué ocurre aquí y por qué esta historia es tan relevante para el relato de la resurrección?
Marcos 15:42-16:6
42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, 43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. 47 Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.
1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.
Los escritores de los cuatro evangelios coinciden en que Jesús murió en el día que identifican como “la preparación” (Mat. 27:62; Mar. 15:42; Luc. 23:54; Juan 19:14, 31, 42). La mayoría de los comentadores entienden la expresión como una referencia al período que se extiende entre el atardecer del jueves y el del viernes. Jesús murió el viernes de tarde y fue sepultado antes de la puesta de sol. Durante el sábado, descansó en la tumba.
También lo hicieron todos sus discípulos. “Y vueltas, prepararon aromas y perfumes. Pero reposaron el sábado, conforme al mandamiento” (Luc. 23:56), algo que habría sido extraño si Jesús hubiera disminuido la obligación de guardar el cuarto Mandamiento o si así lo hubieran entendido ellas.
El sábado de noche, las mujeres compraron especias y fueron el domingo de mañana al sepulcro con la intención de completar el procedimiento funerario acostumbrado. Por supuesto, ¡Jesús no estaba allí!
Desde tan temprano como el siglo segundo, el cristianismo consideró significativo el hecho de que Jesús resucitó en domingo. Esto se convirtió en el fundamento de la presunta sacralidad del domingo. Pero ¿es eso lo que el Nuevo Testamento enseña?
Lee Colosenses 2:10 al 12. ¿Cuál es el memorial de la resurrección de Jesús según el Nuevo Testamento?
Colosenses 2:10-12
10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. 11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; 12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.
No hay una sola palabra en la Biblia que sugiera la sacralidad del domingo como un recordatorio de la resurrección. Ese recordatorio es el bautismo. “Porque fuimos sepultados junto con él para muerte por medio del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en nueva vida” (Rom. 6:4).
Independientemente de la teología errónea acerca del culto dominical, debemos como adventistas regocijarnos por la resurrección de Jesús, ocurrida el domingo de mañana. Jesús ha triunfado sobre la muerte en virtud de su muerte y resurrección, y es gracias a esta que estamos seguros de nuestra propia resurrección.
“¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia nos regeneró para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1 Ped. 1:3). Observa la certidumbre que Pedro tenía acerca de la resurrección de Jesús. ¿Cómo podemos nosotros tener esa misma certeza?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Las mujeres que habían seguido humildemente a Jesús en vida, no quisieron separarse de él hasta verlo sepultado en la tumba y esta cerrada con una pesadísima losa de piedra, para que sus enemigos no viniesen a robar el cuerpo. Pero no necesitaban temer, porque vi que las huestes angélicas vigilaban solícitamente el sepulcro de Jesús, esperando con vivo anhelo la orden de cumplir su parte en la obra de librar de su cárcel al Rey de gloria.
Los verdugos de Cristo temían que todavía pudiese volver a la vida y escapárseles de las manos, por lo que pidieron a Pilato una guardia de soldados para que cuidasen el sepulcro hasta el tercer día. Esto les fue concedido y fue sellada la losa de la entrada del sepulcro, a fin de que los discípulos no vinieran a llevarse el cuerpo y decir después que había resucitado de entre los muertos (Primeros escritos, p. 180).
Al brillar en torno del sepulcro la luz de los ángeles, más refulgente que el sol, los soldados de la guardia romana cayeron al suelo como muertos. Uno de los dos ángeles echó mano de la enorme losa y, empujándola a un lado de la entrada, sentóse encima. El otro ángel entró en la tumba y desenvolvió el lienzo que envolvía la cabeza de Jesús. Entonces, el ángel del cielo, con voz que hizo estremecer la tierra, exclamó: «Tú, Hijo de Dios, tu Padre te llama. ¡Sal!» La muerte no tuvo ya dominio sobre Jesús. Levantóse de entre los muertos, como triunfante vencedor. La hueste angélica contemplaba la escena con solemne admiración. Y al surgir Jesús del sepulcro, aquellos resplandecientes ángeles se postraron en tierra para adorarle, y le saludaron con cánticos triunfales de victoria.
Los ángeles de Satanás hubieron de huir ante la refulgente y penetrante luz de los ángeles celestiales, y amargamente se quejaron a su rey de que por violencia se les había arrebatado la presa, y Aquel a quien tanto odiaban había resucitado de entre los muertos. Satanás y sus huestes se habían ufanado de que su dominio sobre el hombre caído había hecho yacer en la tumba al Señor de la vida; pero su triunfo infernal duró poco, porque al resurgir Jesús de su cárcel como majestuoso vencedor, comprendió Satanás que después de un tiempo él mismo habría de morir y su reino pasaría al poder de su legítimo dueño (Primeros escritos, pp. 181, 182).
La resurrección de Jesús fue una muestra de la resurrección final de todos los que duermen en él. El cuerpo resucitado del Salvador, su porte, el acento de su voz, eran familiares para sus seguidores. En forma semejante se levantarán los que duerman en Jesús. Conoceremos a nuestros amigos así como los discípulos conocieron a Jesús. Aunque hayan quedado deformados o desfigurados en esta vida mortal, sin embargo en su cuerpo resucitado y glorificado se preservará su identidad individual, y reconoceremos a los que amamos por su rostro radiante con la luz que brilla del rostro de Jesús…
[H]asta esa hora de triunfo, cuando resuene la trompeta final y marche ese vasto ejército hacia la victoria eterna, todo santo que duerme estará en un lugar seguro, y será guardado como joya preciosa, a quien Dios conoce por su nombre (That I May Know Him, p. 362; parcialmente en A fin de conocerle, p. 361).
Lunes 23 de septiembre__________________________________________________
LA PIEDRA FUE QUITADA
Lee Marcos 16:1 al 8 y 1 Corintios 15:1 al 8. ¿Qué tienen en común estos pasajes?
Marcos 16:1-8
1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.
1 Corintios 15:1-8
1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.
La historia de la resurrección aparece en los cuatro evangelios. El autor de cada uno de ellos presenta el relato desde una perspectiva diferente, pero todos ellos registran los conceptos centrales presentes también en 1 Corintios 15:1 al 8.
Hay cuatro ideas que aparecen una y otra vez: murió, fue sepultado, resucitó, fue visto. En Marcos, las primeras dos ideas aparecen en el capítulo 15. Las otras dos están en el capítulo 16, pero con un giro. Marcos 16:7 habla de una reunión en Galilea (“y allí le veréis”; ver Juan 21).
Para algunas personas es inconcebible que los cristianos crean en un Señor resucitado. Pero la evidencia de su resurrección es sustancial y consistente con la razón.
Para empezar, todo lo que uno tiene que hacer es creer en Dios como el Creador (ver Génesis 1; 2), y la idea de la resurrección, un milagro, llega a ser razonable. El Dios que creó el universo y, por ende, la vida en la Tierra, ciertamente tiene el poder, si así lo decide, de resucitar a Jesús. La existencia de Dios no convierte la resurrección de Jesús en algo inevitable, solo en algo razonable.
Además, la tumba estaba vacía. Aun los historiadores ateos aceptan ese hecho. Si así no fuera, la aseveración acerca de la resurrección de Jesús habría fracasado desde el principio, pues la existencia de su cuerpo habría destruido cualquier pretensión de que hubiera vuelto a la vida.
Luego, la explicación de que sus discípulos sustrajeron el cuerpo es insostenible, ya que no podrían haber burlado a la guardia. Y, aun en el caso de que hubieran podido y se llevaran el cuerpo, ¿por qué no fueron arrestados por hacerlo? La respuesta es que los líderes religiosos sabían que los discípulos no habían hecho eso.
Por otra parte, muchas personas dieron testimonio de que habían visto a Cristo resucitado. Muchos, incluyendo a los discípulos, no creyeron al principio. Y Pablo, un muy sólido enemigo, no solo asegura haber visto al Señor resucitado, sino también esa experiencia cambió radicalmente toda la trayectoria de su vida.
Finalmente (aunque existen muchas otras razones), ¿cómo explicar el surgimiento de la iglesia cristiana, fundada por personas que afirmaron haber visto al Señor resucitado? ¿Por qué habrían estado esas personas dispuestas a morir por algo que supieran que no era verdad? El testimonio sostenido de ellos desde poco después de la muerte de él (Hech. 3:15) y en los años siguientes (1 Ped. 1:3) es una evidencia poderosa en favor de su resurrección.
¿Qué responderías si alguien te preguntara qué evidencia tienes de la resurrección?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Los enemigos de los discípulos no pudieron menos que convencerse de que Jesús había resucitado de entre los muertos. La prueba era demasiado concluyente para dar lugar a dudas. Sin embargo, endurecieron sus corazones y rehusaron arrepentirse de la terrible acción perpetrada al condenar a Jesús a muerte. A los gobernantes judíos se les había dado abundante evidencia de que los apóstoles estaban hablando y obrando bajo la inspiración divina, pero resistieron firmemente el mensaje de verdad. Cristo no había venido en la manera que esperaban, y aunque a veces se habían convencido de que él era el Hijo de Dios, habían ahogado la convicción, y le habían crucificado. En su misericordia Dios les dio todavía evidencia adicional, y ahora se les concedía otra oportunidad para que se volvieran a él. Les envió los discípulos para que les dijeran que ellos habían matado al Príncipe de la vida, y esta terrible acusación constituía ahora otro llamamiento al arrepentimiento. Pero, confiados en su presumida rectitud, los maestros judíos no quisieron admitir que quienes les inculpaban de haber crucificado a Jesús hablasen por inspiración del Espíritu Santo (Los hechos de los apóstoles, p. 50).
Algunos [de los creyentes corintios] habían llegado hasta el punto de negar la doctrina de la resurrección. Pablo afrontó esta herejía con un testimonio muy claro en cuanto a la evidencia inconfundible de la resurrección de Cristo. Declaró que Cristo, después de su muerte, «resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras», después de lo cual «apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos juntos; de los cuales muchos viven aún; y otros son muertos. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles. Y el postrero de todos… me apareció a mí».
Con poder convincente el apóstol expuso la gran verdad de la resurrección. «Porque si no hay resurrección de muertos —arguyó—. Cristo tampoco resucitó: y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana… Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho» (Los hechos de los apóstoles, pp. 257, 258).
¿De qué lado estamos nosotros? El mundo rechazó a Cristo; los cielos lo recibieron. El hombre, el hombre finito, rechazó al Príncipe de la Vida; Dios, nuestro Gobernante soberano, lo recibió en los cielos. Dios lo ha exaltado. El hombre lo coronó con una corona de espinas; Dios lo ha coronado con una corona de real majestad. Todos nosotros debemos pensar sin prejuicio. ¿Queréis que sea este hombre, Cristo Jesús, quien gobierne sobre vosotros, o Barrabás? La muerte de Cristo acarrea al que rechaza su misericordia la ira de los juicios de Dios, sin mezcla de misericordia. Esta es la ira del Cordero. Pero la muerte de Cristo es esperanza y vida eterna para todos los que lo reciben y creen en él (Testimonios para los ministros, p. 139).
Martes 24 de septiembre_________________________________________________
LAS MUJERES EN EL SEPULCRO
“Las mujeres que habían estado al lado de la cruz de Cristo esperaron velando que transcurriesen las horas del sábado. El primer día de la semana, muy temprano, se dirigieron a la tumba llevando consigo especias preciosas para ungir el cuerpo del Salvador. No pensaban acerca de su resurrección de los muertos. El sol de su esperanza se había puesto y había anochecido en sus corazones. Mientras caminaban, relataban las obras de misericordia de Cristo y sus palabras de consuelo. Pero no recordaban sus palabras: ‘Os volveré a ver’ (Juan 16:22)” (DTG 732).
Lee Marcos 16:1 al 8. ¿Qué sucedió y cómo respondió la mujer al principio?
Marcos 16:1-8
1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. 3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? 4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. 5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. 7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían miedo.
Desde el comienzo del Evangelio, el lector sabe que Jesús es el Mesías. Pero en el texto mismo, la primera persona no endemoniada que lo reconoce como tal es Pedro, en Marcos 8:29. ¡Y esta declaración ocurre recién en la segunda mitad del libro!
A lo largo del Evangelio de Marcos, Jesús pide a las personas que mantengan en reserva quién es él o sus curaciones milagrosas. En Marcos 1:44, dice a un leproso que no cuente su sanación a nadie. En Marcos 5:43, pide a Jairo y a su esposa lo mismo acerca de la resurrección de su hija. En Marcos 7:36, dice a un grupo que no digan a la gente acerca de su curación de un sordomudo. Y luego ordena a sus discípulos no decir a la gente que él es el Mesías (Mar. 8:30; ver también Mar. 9:9). No cabe duda de que la principal razón por la que Jesús les pedía que guardaran silencio era para disponer del tiempo necesario para terminar su ministerio de acuerdo con el tiempo profético anunciado en Daniel 9:24 al 27.
Ahora, en esta escena, aun después de que se les ha dicho que Jesús ha resucitado, las mujeres, temerosas y asombradas, huyen del sepulcro y, al menos en un primer momento, tampoco ellas hablan acerca de lo que ha sucedido.
No obstante, el silencio no dura mucho. Al llegar al final del libro de Marcos, leemos lo siguiente: “Y ellos salieron y predicaron en todas partes. Y el Señor los ayudaba, y confirmaba la palabra con las señales que seguían” (Mar. 16:20).
De esa manera, el secreto acerca de quién es Jesús y de lo que ha hecho es finalmente dado a conocer ampliamente. El libro concluye diciendo que ellos “predicaron en todas partes”.
¿Por qué no deberíamos guardar silencio acerca de Jesús y de lo que ha hecho? ¿A quién podrías hablar hoy acerca de Jesús y del Plan de Salvación?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
María [aún] no había oído las buenas noticias. Ella fue a Pedro y a Juan con el triste mensaje: «Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto». Los discípulos se apresuraron a ir a la tumba, y la encontraron como había dicho María. Vieron los lienzos y el sudario, pero no hallaron a su Señor. Sin embargo, había allí un testimonio de que había resucitado. Los lienzos mortuorios no habían sido arrojados con negligencia a un lado, sino cuidadosamente doblados, cada uno en un lugar adecuado. Juan «vio, y creyó». No comprendía todavía la escritura que afirmaba que Cristo debía resucitar de los muertos; pero recordó las palabras con que el Salvador había predicho su resurrección (El Deseado de todas las gentes, p. 733).
María había sido considerada como una gran pecadora, pero Cristo conocía las circunstancias que habían formado su vida. Él hubiera podido extinguir toda chispa de esperanza en su alma, pero no lo hizo. Era él quien la había librado de la desesperación y la ruina. Siete veces ella había oído la reprensión que Cristo hiciera a los demonios que dirigían su corazón y mente. Había oído su intenso clamor al Padre en su favor. Sabía cuán ofensivo es el pecado para su inmaculada pureza, y con su poder ella había vencido.
Cuando a la vista humana su caso parecía desesperado, Cristo vio en María aptitudes para lo bueno. Vio los rasgos mejores de su carácter. El plan de la redención ha investido a la humanidad con grandes posibilidades, y en María estas posibilidades debían realizarse. Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina. Aquella que había caído, y cuya mente había sido habitación de demonios, fue puesta en estrecho compañerismo y ministerio con el Salvador. Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. Fue María la que derramó sobre su cabeza el precioso ungüento, y bañó sus pies con sus lágrimas. María estuvo junto a la cruz y le Siguió hasta el sepulcro. María fue la primera en ir a la tumba después de su resurrección. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado (El Deseado de todas las gentes, p. 521).
Cristo dio a la iglesia un encargo sagrado. Cada miembro debe ser un medio por el cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que el Salvador desee tanto como tener agentes que quieran representar al mundo su Espíritu y su carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador por medio de seres humanos. Todo el cielo está esperando a los hombres y a las mujeres por medio de los cuales pueda Dios revelar el poder del cristianismo.
La iglesia es la agencia de Dios para la proclamación de la verdad, facultada por él para hacer una obra especial; y si le es leal y obediente a todos sus mandamientos, habitará en ella la excelencia de la gracia divina. Si manifiesta verdadera fidelidad, si honra al Señor Dios de Israel, no habrá poder capaz de resistirle (Los hechos de los apóstoles, pp. 479, 480).
Miércoles 25 de septiembre_______________________________________________
LA APARICIÓN A MARÍA Y A OTROS
Lee Marcos 16:9 al 20. ¿Qué agregan estos versículos al relato de la resurrección?
Marcos 16:9-20
9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. 11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. 12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. 13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. 14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. 15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.
Casi todo Marcos 16:9 al 20 tiene paralelismos con otros pasajes del Nuevo Testamento: el encuentro de María Magdalena con Jesús en el sepulcro (Mat. 28:1, 9, 10; Juan 20:11-18; comparar con Luc. 8:2); dos hombres ven a Jesús en una zona rural (Luc. 24:13-35); los once reciben la comisión de predicar (Mat. 28:1620; Luc. 24:36-49; Juan 20:19-23).
La primera persona en ver a Jesús resucitado es María Magdalena (Juan 20:11-18). Otras mujeres también lo vieron (Mat. 28:8-10). Es significativo que las primeras personas que ven a Jesús resucitado son mujeres. Puesto que las mujeres no tenían un estatus elevado como testigos en el mundo antiguo, si el relato acerca de la resurrección hubiera sido ficticio, habría sido mucho más probable que seleccionara a hombres como sus primeros testigos. Pero no fueron hombres, no los discípulos, sino una mujer. Ella va entonces a dar la buena noticia a los discípulos, pero, no es de sorprenderse, ellos no creen en su testimonio, muy probablemente porque les parecía fantasioso y, además, y desafortunadamente, porque provenía de una mujer.
Los defensores de la autenticidad del reporte de la resurrección de Jesús han usado este hecho, que una mujer fue la primera persona en ver a Jesús resucitado, como una poderosa evidencia en favor de la veracidad del relato.
¿Qué ocurre en Marcos 16:14, y que no tendría sentido si el relato fuera una invención?
Marcos 16:14
14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
De hecho, en caso de haber fraguado el relato, ¿por qué habrían dado una imagen tan mala de ellos mismos? Jesús tuvo que reprenderlos por su “incredulidad y dureza de corazón”. Desde el momento del arresto de Jesús, y en sus sucesivas apariciones posteriores a la resurrección, los evangelios describen a los seguidores de Jesús de forma muy negativa: huyen, niegan conocerlo, no creen, etc. Esto no tendría sentido si el relato fuera ficticio.
En contraste, su audaz e inquebrantable proclamación posterior acerca del Cristo resucitado, así como la esperanza que ella ofrece a todos, es una evidencia poderosa en favor de la veracidad de sus afirmaciones.
¿Cómo podemos protegernos de caer en la trampa espiritual de la duda y la incredulidad? ¿Por qué deberíamos vincularnos cada día con el Cristo resucitado?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Una luz resplandecía en derredor de la tumba, pero el cuerpo de Jesús no estaba allí. Mientras se demoraban [las mujeres] en el lugar, vieron de repente que no estaban solas. Un joven vestido de ropas resplandecientes estaba sentado al lado de la tumba. Era el ángel que había apartado la piedra. Había tomado el disfraz de la humanidad, a fin de no alarmar a estas personas que amaban a Jesús. Sin embargo, brillaba todavía en derredor de él la gloria celestial, y las mujeres temieron. Se dieron vuelta para huir, pero las palabras del ángel detuvieron sus pasos. «No temáis vosotras —les dijo—; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos»…
¡Ha resucitado, ha resucitado! Las mujeres repiten las palabras vez tras vez. Ya no necesitan las especias para ungirle. El Salvador está vivo, y no muerto. Recuerdan ahora que cuando hablaba de su muerte, les dijo que resucitaría. ¡Qué día es este para el mundo! Prestamente, las mujeres se apartaron del sepulcro y «con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos» (El Deseado de todas las gentes, pp. 732, 733).
La primera obra que hizo Cristo en la tierra después de su resurrección consistió en convencer a sus discípulos de su no disminuido amor y tierna consideración por ellos… Id, decid a mis hermanos —dijo—, que se encuentren conmigo en Galilea…
Pero aun así no se regocijaban. No podían desechar su duda y perplejidad. Aun cuando las mujeres declararon que habían visto al Señor, los discípulos no querían creerlo. Pensaban que era pura ilusión…
Con frecuencia repetían las palabras: «Esperábamos que él era el que había de redimir a Israel»… Se reunieron en el aposento alto y, sabiendo que la suerte de su amado Maestro podía ser la suya en cualquier momento, cerraron y atrancaron las puertas.
Y todo el tiempo podrían haber estado regocijándose en el conocimiento de un Salvador resucitado. En el huerto, María había estado llorando cuando Jesús estaba cerca de ella. Sus ojos estaban tan cegados por las lágrimas que no le conocieron. Y el corazón de los discípulos estaba tan lleno de pesar que no creyeron el mensaje de los ángeles ni las palabras de Cristo (El Deseado de todas las gentes, p. 736).
Cada manifestación de duda fortalece la incredulidad. Cada pensamiento y palabra de esperanza, valor, luz y amor, fortalece la fe y fortifica el alma para resistir en medio de la oscuridad moral que existe en el mundo. Los que hablan acerca de la fe tendrán fe, y los que hablan acerca del desánimo tendrán desánimo. Nos transformamos de acuerdo con lo que contemplamos (Cada día con Dios, p. 90).
Jueves 26 de septiembre_________________________________________________
VAYAN POR TODO EL MUNDO
Lee Marcos 16:14 al 20. ¿Qué dijo Jesús a sus discípulos cuando se les apareció, y qué significan estas palabras para nosotros hoy?
Marcos 16:14-20
14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. 15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17 Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.
Las primeras palabras dichas por Jesús a sus discípulos, después de su resurrección, solo aparecen registradas en forma de discurso indirecto en Marcos 16:14. Allí los reprende por su incredulidad y dureza de corazón. Como hemos visto, los primeros discípulos de Jesús ya tenían problemas para creer (Mat. 28:17; Juan 20:24-29) a pesar de estar con Jesús en persona y haber visto sus milagros vez tras vez.
Pero él les demostró la realidad de su resurrección mediante diversas evidencias. Por lo tanto, el testimonio de ellos, combinado con la evidencia presentada en la sección del día lunes, constituye un firme fundamento para la fe.
Jesús encomendó a sus discípulos la proclamación del evangelio al mundo. Su orden es expansiva. Ellos deben ir al mundo entero y proclamar el evangelio a toda la Creación. Jesús luego explica el resultado de su labor para bien y para mal: quienes crean serán salvos; quienes no crean serán condenados.
Jesús también describe las señales que acompañarán la obra de los discípulos: expulsarán demonios, hablarán nuevos idiomas, serán protegidos de daños y sanarán a los enfermos. Algunas personas han interpretado erróneamente Marcos 16:18 como si aseverara que los cristianos deben demostrar su fe sosteniendo serpientes venenosas en sus manos. Ninguna acción presuntuosa como esa es autorizada aquí. Lo que Jesús está describiendo es la protección del cristiano mientras participa en la misión, como ocurrió con Pablo mientras servía a otros (Hech. 28:3-6).
Obviamente, La Biblia no enseña que los cristianos serán siempre protegidos de todo daño. A veces Dios considera apropiado obrar un milagro para promover la causa del evangelio. Pero a veces los cristianos sufren como consecuencia de su testimonio. En tales circunstancias, su paciente perseverancia es para los incrédulos otra evidencia del poder de la fe.
Y luego, después de toda la obra que realizó aquí, “fue recibido arriba en el cielo y se sentó a la diestra de Dios” (Mar. 16:19). Jesús ascendió para sentarse a la diestra de Dios, el lugar del poder supremo, porque había derrotado a todas las fuerzas del mal.
Nota lo que dice el último versículo. Aunque ellos predicaron “en todas partes” el evangelio, no fueron solos. “Y el Señor los ayudaba, y confirmaba la palabra con las señales que seguían” (Mar. 16:20). Él estaba con ellos y promete estar con nosotros ahora mientras continuamos la obra que ellos comenzaron.
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). ¿Qué consuelo podemos recibir y deberíamos recibir de esta promesa a medida que procuramos también proclamar el evangelio “en todas partes”?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Jesús había intentado varias veces descorrer el velo del futuro ante sus discípulos, pero ellos no se habían interesado en pensar en las cosas que él decía. Por causa de esto, su muerte los había sorprendido; y ellos, al recapitular el pasado y ver el resultado de su incredulidad, se llenaron de tristeza. Cuando Cristo fue crucificado, no creyeron que resucitaría. Él les había dicho claramente que se levantaría al tercer día, pero ellos, perplejos, deseaban saber qué quería decir. Esta falta de comprensión los dejó enteramente desesperados en ocasión de su muerte. Quedaron amargamente chasqueados… Si hubieran creído las palabras del Salvador, ¡cuánta tristeza hubieran podido evitar!
Aplastados por el desaliento, la pena y la desesperación, los discípulos se reunieron en el aposento alto, y cerraron y atrancaron las puertas… Fue allí donde el Salvador, después de su resurrección se les apareció (Los hechos de los apóstoles, pp. 21, 22).
Antes de ascender al cielo, Cristo dio a los discípulos su comisión… Vosotros habéis sido testigos de mi vida de sacrificio en favor del mundo, les dijo… Os encomiendo a vosotros, mis discípulos, este mensaje de misericordia. Ha de darse tanto a los judíos como a los gentiles —primero a Israel y entonces a todas las naciones, lenguas y pueblos. Todos los que crean integrarán una iglesia.
La comisión evangélica es la magna carta misionera del reino de Cristo. Los discípulos habían de trabajar fervorosamente por las almas, dando a todos la invitación de misericordia (Los hechos de los apóstoles, pp. 22, 23).
Así como el sol es luz, vida y bendición para todo ser viviente, los cristianos deberían ser la luz del mundo mediante sus buenas obras, su alegría y su valor. Así como la luz del sol aleja las sombras de la noche para derramar su gloria por valles y colinas, el cristiano debe reflejar el Sol de justicia que resplandece en él.
Ante la vida consecuente de los verdaderos seguidores de Cristo, la ignorancia, la superstición y la oscuridad desaparecerán, así como el sol disipa las sombras de la noche. De la misma manera los discípulos de Jesús irán a los lugares tenebrosos de la tierra, para diseminar la luz de la verdad hasta que la senda de los que se hallan en tinieblas sea iluminada por la luz de la verdad (Cada día con Dios, p. 90).
Teniendo tal perspectiva delante de nosotros, tan gloriosa esperanza, semejante redención que Cristo compró para nosotros con su propia sangre, ¿callaremos? ¿No alabaremos a Dios con voz fuerte, como lo hicieron los discípulos cuando Jesús cabalgó entrando en Jerusalén? ¿No es nuestra perspectiva mucho más gloriosa que la de ellos entonces? ¿Quién se atreve a prohibirnos que glorifiquemos a Dios, aun con fuerte voz, cuando tenemos tal esperanza, henchida de inmortalidad y de gloria? Hemos gustado las potestades del mundo venidero, y las anhelamos en mayor medida. Todo mi ser clama por el Dios viviente, y no quedaré satisfecha hasta que esté saciada de toda su plenitud (Primeros escritos, p. 110).
Viernes 27 de septiembre________________________________________________
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee los capítulos titulados “El Señor ha resucitado” y “Vayan, adoctrinen a todas las naciones” en el libro El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, pp. 725-731 y 757-768.
“Para el creyente, la muerte es asunto trivial. Cristo habla de ella como si fuera de poca importancia. ‘El que guardare mi palabra, nunca verá muerte’, ‘nunca sufrirá muerte’. Para el cristiano, la muerte es tan solo un sueño, un momento de silencio y tinieblas. La vida está oculta con Cristo en Dios y, ‘cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria’ (Juan 8:51, 52; Col. 3:4)” (DTG 731).
Aun los historiadores ateos, quienes no aceptan la realidad de la resurrección, admiten no solo que Jesús fue ejecutado, sino también que, tras su muerte, muchos afirmaron haberlo visto resucitado y que, como resultado, dieron inicio al núcleo de lo que llegó a ser la iglesia cristiana. En un intento por explicar por qué esas personas afirmaron eso, algunos dijeron que Jesús tenía un hermano mellizo o que los primeros discípulos alucinaron pensando que en realidad habían visto a Jesús. Otros dijeron que, en realidad, no murió, sino que solo se desvaneció, volviendo posteriormente en sí. Otra persona afirmó que los extraterrestres descendieron y se llevaron el cuerpo. Para conocer todos estos argumentos y por qué son insostenibles, ver Clifford Goldstein, ¡Ha resucitado! Encontrando esperanza en la tumba vacía (ACES, 2022).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
¿Por qué habrían mentido los discípulos acerca de la resurrección? A la luz de todo lo que sabemos, ellos no experimentaron otra cosa que odio, distanciamiento y persecución a causa de su convicción. ¿Qué habrían ganado inventando este relato?
- ¿Cuál de las evidencias de la resurrección de Jesús es más convincente para ti? Comparte tus razones con tu clase.
- Considera más detenidamente la gran esperanza que nos ofrece la resurrección. Lee 1 Corintios 15. ¿Cuánta importancia da Pablo a la resurrección de Jesús?