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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA
| Año | 1er Trimestre | 2º Trimestre | 3er Trimestre | 4º Trimestre |
| 2024 | Salmos | El Gran Conflicto | Marcos | Juan |
| 2025 | Amor y Justicia en la Biblia | Como Estudiar la Profecía y la Inspiración | Éxodo | Josué |
| 2026 | Colosenses – Filipenses | Religión en el Mercado* | Josué | El Espíritu de Profecía |
| 2027 | 1 & 2 de Corintios | Mayordomía | Eclesiología | Ezequiel |
| 2028 |
* Religion in the Market Place
Lección 12: Para el 21 de diciembre de 2024
LA HORA DE LA GLORIA: LA CRUZ Y LA RESURRECCIÓN
Sábado 14 de diciembre______________________________________________
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 18:33-19:5; 19:17-22; 19:25-27; Lucas 2:34, 35; Juan 20:1-18; 1 Corintios 15:12-20.
PARA MEMORIZAR:
“Entonces Pilato le dijo: ‘¿Luego, tú eres rey?’ Respondió Jesús: ‘Tú lo has dicho. Yo soy rey. Yo para esto he nacido, para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad oye mi voz’ ” (Juan 18:37).
La crucifixión y la resurrección de Jesús son el punto culminante del libro de Juan. Los diez primeros capítulos abarcan aproximadamente tres años y medio; los capítulos 11 al 20, en cambio, abarcan entre una y dos semanas.
Los cuatro evangelios presentan la muerte de Jesús de maneras diferentes. Aunque sus relatos son compatibles, cada autor hace hincapié en puntos clave que resuenan especialmente con los temas de su Evangelio. Mateo hace hincapié en el cumplimiento de las Escrituras; Marcos, en el paralelismo entre el bautismo de Jesús y la Cruz; y Lucas, en la Cruz como sanación y salvación (la historia del ladrón en la cruz).
Pero Juan presenta la Cruz como la entronización de Jesús, especialmente vinculada a la idea de la hora, a la que se hace referencia en numerosas ocasiones a lo largo del libro (Juan 7:30; 8:20; 12:27). Esta idea de entronización es una imagen paradójica, ya que la crucifixión era la forma más ignominiosa y vergonzosa de morir que utilizaban los romanos. Este contraste apunta a la descripción profundamente irónica que presenta Juan: Jesús muere de una manera vergonzosa, pero esa muerte es al mismo tiempo su gloriosa entronización como Salvador.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Cuando Cristo se presentó a Juan para el bautismo, Satanás estaba entre los que presenciaron ese acontecimiento… Oyó la majestuosa voz de Jehová que resonaba por el cielo, y retumbaba por la tierra como el estrépito del trueno, anunciando: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia». Vio el brillo de la gloria del Padre que se proyectaba sobre la figura de Jesús, destacando con seguridad inconfundible entre la multitud a Aquel a quien reconocía como a su Hijo. Las circunstancias que rodearon esa escena bautismal fueron del máximo interés para Satanás. Entonces se dio cuenta con seguridad que, a menos que pudiera vencer a Cristo, de allí en adelante habría un límite para su poder…
Cuando de los cielos abiertos oyó la voz de Dios que se dirigía a su Hijo, para él fue como el sonido de un toque de difuntos. Esto le dijo que ahora Dios estaba por unir consigo al hombre más estrechamente, y que le daría fortaleza moral para vencer la tentación y para escapar de las redes de las trampas satánicas. Satanás sabía muy bien la posición que Cristo había ocupado en el cielo como el Hijo de Dios, el Amado del Padre; y el hecho de que Cristo hubiera dejado el gozo y la honra del cielo para venir a este mundo como hombre, lo llenaba de temor… Puesto que había perdido a causa de su rebelión todas las riquezas y las glorias puras del cielo, estaba decidido a vengarse haciendo que todos los que pudiera menospreciaran el cielo y pusieran sus afectos en los tesoros terrenales (Confrontation, p. 29; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White, Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1054).
El unigénito Hijo de Dios tomó sobre sí la naturaleza del hombre y estableció su cruz entre la tierra y el cielo. Mediante la cruz, el hombre fue atraído a Dios, y Dios al hombre. La justicia se inclinó desde su puesto elevado y sublime, y las huestes celestiales, los ejércitos de la santidad, se acercaron a la cruz, inclinándose con reverencia, pues en la cruz se satisfizo la justicia. Mediante la cruz, el pecador fue rescatado de la fortaleza del pecado, de la confederación del mal, y cada vez que se acerca a la cruz se enternece su corazón y clama arrepentido: «Fueron mis pecados los que crucificaron al Hijo de Dios». Deja sus pecados en la cruz y se transforma su carácter por la gracia de Cristo. El Redentor levanta al pecador del polvo y lo coloca bajo la dirección del Espíritu Santo (Mensajes selectos, t. 1, pp. 409, 410).
Jesús puso la cruz al alcance de la luz que procedía del cielo, porque esa era la manera de atraer la atención del hombre. La cruz está directamente en línea con el brillo de los rostros divinos, para que, al contemplar la cruz, los hombres pudieran ver y conocer a Dios y a Jesucristo, a quien él había enviado. Al contemplar a Dios, contemplamos a Aquel que derramó su alma hasta la muerte. Al contemplar la cruz, la vista se extiende hacia Dios, y se discierne su odio por el pecado. Pero mientras contemplamos en la cruz el odio de Dios por el pecado, también contemplamos su amor por los pecadores, que es más fuerte que la muerte. La cruz es para el mundo el argumento incontrovertible de que Dios es verdad, y luz, y amor (Nuestra elevada vocación, p. 47).
Domingo 15 de diciembre_____________________________________________
¿QUÉ ES LA VERDAD?
En Juan 18:28 al 32, el juicio de Jesús no es descrito en detalle. La atención se centra en Jesús llevado ante Poncio Pilato.
Lee Juan 18:33 al 38. ¿De qué hablaron Pilato y Jesús?
Juan 18:33-38
33 Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? 34 Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? 35 Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? 36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. 37 Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito.
El gobernador pregunta a Jesús si es el Rey de los judíos (Juan 18:33).
Es la primera referencia a este título, pero no será la última. Jesús pregunta a Pilato si su interrogante surge de él o refleja lo que otros dijeron. Su pregunta invierte los roles, pues ahora es Jesús quien interroga al gobernador acerca de si entiende a quién se dirige. El lector ya sabe que Jesús es el Rey. ¿Lo sabe el gobernador? Pilato responde implícitamente con su propia pregunta: “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?” (Juan 18:35). Se trataba de una evasiva, motivada por la irritación que le producía la pregunta de Jesús. Fue el primer paso del gobernador en alejarse de la verdad al dejar que los prejuicios nublaran su percepción.
Jesús responde que su Reino no es de este mundo (Juan 18:36). Pilato deduce entonces, perspicazmente, que Jesús sí afirma que es rey (Juan 18:37). Esto conduce a la importante explicación de Jesús de que nació para dar testimonio de la verdad y que toda persona que es “de la verdad” oye su voz (Juan 18:37).
Pilato pregunta entonces: “¿Qué cosa es la verdad?” (Juan 18:38). Pero no espera la respuesta. En lugar de eso, sale para intentar salvar a Jesús de la multitud.
La verdad es un tema distintivo del Evangelio de Juan. Como Verbo eterno (logos, Juan 1:1-5), Jesús es la Luz y la Verdad. Todo esto contrasta con la oscuridad y el error. Él está lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14). La gracia y la ver- dad vinieron a través de él (Juan 1:17). Juan el Bautista dio testimonio de la verdad (Juan 5:33). Jesús afirmó que su Padre es “veraz” (Juan 7:28). Jesús mismo escuchó la verdad de su Padre (Juan 8:40). Jesús es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). La Palabra de Dios es “verdad” (Juan 17:17). A pesar de su pregunta, Pilato perdió la oportunidad de conocer la verdad a causa de sus prejuicios, sus decisiones previas y las presiones que se ejercían sobre él.
¿Cómo entiendes la idea de Jesús como la Verdad?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Cuando el Salvador fue llevado al tribunal, Pilato le miró con ojos nada amistosos. El gobernador romano había sido sacado con premura de su dormitorio, y estaba resuelto a despachar el caso tan pronto como fuese posible. Estaba preparado para tratar al preso con rigor. Asumiendo su expresión más severa, se volvió para ver qué clase de hombre tenía que examinar, por el cual había sido arrancado al descanso en hora tan temprana. Sabía que debía tratarse de alguno a quien las autoridades judías anhelaban ver juzgado y castigado apresuradamente.
Pilato miró a los hombres que custodiaban a Jesús, y luego su mirada descansó escrutadoramente en Jesús. Había tenido que tratar con toda clase de criminales; pero nunca antes había comparecido ante él un hombre que llevase rasgos de tanta bondad y nobleza. En su cara no vio vestigios de culpabilidad, ni expresión de temor, ni audacia o desafío. Vio a un hombre de porte sereno y digno, cuyo semblante no llevaba los estigmas de un criminal, sino la firma del Cielo (El Deseado de todas las gentes, p. 671 ).
La áurea oportunidad de Pilato había pasado. Sin embargo Jesús no le dejó sin darle algo más de luz. Aunque no contestó directamente la pregunta de Pilato, expuso claramente su propia misión. Le dio a entender que no estaba buscando un trono terrenal…
Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz».
Cristo afirmó que su palabra era en sí misma una llave que abriría el misterio para aquellos que estuviesen preparados para recibirlo. Esta palabra tenía un poder que la recomendaba, y en ello estribaba el secreto de la difusión de su reino de verdad. Deseaba que Pilato comprendiese que únicamente si recibía y aceptaba la verdad podría reconstruirse su naturaleza arruinada.
Pilato deseaba conocer la verdad. Su espíritu estaba confuso. Escuchó ávidamente las palabras del Salvador, y su corazón fue conmovido por un gran anhelo de saber lo que era realmente la verdad y cómo podía obtenerla. «¿Qué cosa es verdad?» preguntó. Pero no esperó la respuesta. El tumulto del exterior le hizo recordar los intereses del momento (El Deseado de todas las gentes, p. 675).
Los enemigos de Cristo habían pedido un milagro como prueba de su divinidad. Tenían una prueba mayor que cualquiera de las que buscasen. Así como su crueldad degradaba a sus atormentadores por debajo de la humanidad a semejanza de Satanás, así también la mansedumbre y paciencia de Jesús le exaltaban por encima de la humanidad y probaban su relación con Dios. Su humillación era la garantía de su exaltación. Las cruentas gotas de sangre que de sus heridas sienes corrieron por su rostro y su barba, fueron la garantía de su ungimiento con el «óleo de alegría» (Hebreos 1:9) como sumo sacerdote nuestro (El Deseado de todas las gentes, p. 683).
Lunes 16 de diciembre_______________________________________________
¡HE AQUÍ AL HOMBRE!
Lee Juan 18:38 al 19:5. ¿Cómo intentó Pilato persuadir al pueblo para que pidiera la liberación de Jesús?
Juan 18:38-19:5
38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. 39 Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos? 40 Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a este, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.
1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. 2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; 3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas. 4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. 5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!
Pilato no esperó una respuesta de Jesús acerca de la verdad. En lugar de eso, volvió a salir para tratar de persuadir a la gente. Al dialogar con ellos en lugar de simplemente dejar libre a Jesús, Pilato se colocó en desventaja. Los líderes religiosos reconocieron que podían manipular al gobernador a través de la multitud.
Pilato hace referencia a la costumbre de dejar libre a un preso en la época de la Pascua y pregunta si el pueblo quiere que libere “al rey de los judíos”. Sorprendentemente, y de forma bastante irónica, el pueblo pide la liberación de un delincuente llamado Barrabás en lugar del inocente Jesús.
Ahora comienza la burla y la vergüenza de Jesús. Los soldados romanos le colocan una corona de espinas, le ponen un manto púrpura, y se acercan y lo aclaman burlonamente como rey de los judíos. Este tipo de saludo por parte de los soldados era similar a la forma en que saludaban al emperador, pero aquí se hizo en tono de burla.
Apelando a la compasión del gentío, Pilato parece buscar alguna forma de liberar a Jesús. Lo saca con la corona de espinas y el manto púrpura. La escena, no comentada por Juan, muestra a Jesús cubierto en son de burla con un traje real, y al gobernador dirigiéndose a la gente con las palabras: “¡He aquí el hombre!” (Juan 19:5). Esto recuerda al lector las palabras de Juan el Bautista en Juan 1:29: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”
Resulta irónico que el gobernador pagano presente al Mesías con este atuendo real ante Israel. Sin embargo, como muestra Juan 19:6 al 16, la turba pide la crucifixión de Jesús, basándose en su afirmación de que es el Hijo de Dios. Esto asusta a Pilato, que se esfuerza aún más por conseguir la liberación de Jesús. Pero los líderes sellan su destino afirmando que liberarlo es oponerse al César. Saben que la lealtad de Pilato al César significaría que no podría liberar a alguien que reclamara el mismo papel del emperador. Los dirigentes dicen que no tienen más rey que el César. Su profundo odio hacia Jesús era mayor que sus aspiraciones nacionales. Para librarse de Jesús, estaban dispuestos a sacrificar sus pretensiones de autonomía nacional.
Qué espanto. Un gobernante pagano quiere liberar a Jesús, mientras que los líderes espirituales de la nación, que deberían haberlo reconocido como el Mesías, ¡querían crucificarlo! ¿Qué lecciones podemos aprender de esto?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Pilato demostró su debilidad. Había declarado que Jesús era inocente; y, sin embargo, estaba dispuesto a hacerlo azotar para apaciguar a sus acusadores. Quería sacrificar la justicia y los buenos principios para transigir con la turba. Esto le colocó en situación desventajosa. La turba se valió de su indecisión y clamó tanto más por la vida del preso. Si desde el principio Pilato se hubiese mantenido firme, negándose a condenar a un hombre que consideraba inocente, habría roto la cadena fatal que iba a retenerle toda su vida en el remordimiento y la culpabilidad. Si hubiese obedecido a sus convicciones de lo recto, los judíos no habrían intentado imponerle su voluntad. Se habría dado muerte a Cristo, pero la culpabilidad no habría recaído sobre Pilato. Mas Pilato había violado poco a poco su conciencia. Había buscado pretexto para no juzgar con justicia y equidad, y ahora se hallaba casi impotente en las manos de los sacerdotes y príncipes. Su vacilación e indecisión provocaron su ruina (El Deseado de todas las gentes, p. 680).
Satanás y sus ángeles estaban tentando a este último tratando de conducirlo a su propia ruina. Le sugirieron que si no quería tomar parte en la condenación de Jesús otros lo harían; que la multitud estaba sedienta de su sangre; y que si no lo entregaba para ser crucificado perdería su poder y sus honores mundanales, y se lo denunciaría como creyente en el impostor. Por temor de perder su poder y su autoridad, Pilato consintió en dar muerte a Cristo. Y aunque puso la sangre del Señor sobre sus acusadores y la multitud lo recibió con el clamor de: «Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos» (Mateo 27:25), Pilato no se libró; fue culpable de la sangre del Maestro. Por sus intereses egoístas, por su amor al honor de los grandes de la tierra, entregó a la muerte a un inocente (La historia de la redención, p. 226).
La diferencia entre el carácter de Cristo y el de los otros hombres de su época era perfectamente perceptible, y por causa de esa diferencia el mundo lo aborreció. Lo odiaba por su bondad y su estricta integridad. Y Cristo declaró que los que manifestaran esos mismos atributos, también serían odiados. A medida que nos acerquemos al fin del tiempo, este odio por los seguidores de Cristo será cada vez más evidente…
Satanás disputó todos los asertos del Hijo de Dios, y empleó a los hombres como agentes suyos para llenar la vida del Salvador de sufrimientos y penas. Los sofismas y las mentiras por medio de los cuales procuró obstaculizar la obra de Jesús, el odio manifestado por los hijos de rebelión, sus acusaciones crueles contra Aquel cuya vida se rigió por una bondad sin precedente, todo ello provenía de un sentimiento de venganza profundamente arraigado. Los fuegos concentrados de la envidia y la malicia, del odio y la venganza, estallaron en el Calvario contra el Hijo de Dios, mientras el cielo miraba con silencioso horror (Mente, carácter y personalidad, t. 2, pp. 546, 547).
Martes 17 de diciembre______________________________________________
“CONSUMADO ESTÁ”
Como muestra Juan 19:17 al 22, Pilato dispuso una inscripción en latín, griego y hebreo que decía: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos” (Juan 19:19). Los líderes religiosos querían que fuera modificada. Pilato se negó, y la inscripción permaneció, como testigo mudo de la verdad acerca de Jesús y como uno de los indicadores de que Jesús está entronizado en la Cruz como Rey. Aquí estaba Jesús, verdaderamente su Rey, el Rey de los judíos, pendiendo de una cruz como un vulgar criminal.
“Un poder superior a Pilato y a los judíos había dirigido la colocación de esa inscripción sobre la cabeza de Jesús. En la providencia de Dios, tenía que incitar a la reflexión e investigación de las Escrituras” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 695).
Lee Juan 19:25 al 27. ¿Qué escena conmovedora relacionada con la madre de Jesús ocurrió en la cruz?
Juan 19:25-27
25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
Entre los que estaban al pie de la cruz aquel día se encontraban Juan, el discípulo amado, junto con María, la madre de Jesús, y otros. Muchos años antes, Simeón había predicho esta misma experiencia cuando José y María llevaron a Jesús al Templo para consagrarlo (comparar con Luc. 2:34, 35). Ahora, en sus últimos momentos, Jesús habla a su madre. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Y a Juan le dice: “Ahí tienes a tu madre” (Juan 19:26, 27).
Lee Juan 19:28 al 30. ¿Qué significado tienen las últimas palabras de Jesús: “Consumado es”?
Juan 19:28-30
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. 30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
El verbo griego teleō (terminar, completar, llevar a cabo) en el versículo 28 (“todo quedaba terminado”) es el mismo que se utiliza en el versículo 30 (“¡Consumado está!”). Además, una palabra relacionada con ese verbo, teleioō (terminar, hacer perfecto) también aparece en el versículo 28 con referencia al cumplimiento de la Escritura (“en cumplimiento de la Escritura”). Por horrible que fuera la escena, todo se estaba cumpliendo, realizando, completando.
Cuando Jesús dice: ¡Consumado está!”, se ecuentra completando, cumpliendo, la obra que el Padre le encomendó.
“Consumado está”. ¿Qué significa eso para cada uno de nosotros? ¿Qué fue lo que concluyó y cómo se aplica eso a nuestra vida?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Allí estaba la madre de Jesús con el corazón transido de una angustia como nadie que no sea una madre amorosa puede sentir; sin embargo, también esperaba, lo mismo que los discípulos, que Cristo obrase algún estupendo milagro para librarse de sus verdugos. No podía soportar el pensamiento de que él consintiese en ser crucificado. Pero, después de hechos los preparativos, fue extendido Jesús sobre la cruz. Trajeron los clavos y el martillo. Desmayó el corazón de los discípulos. La madre de Jesús quedó postrada por insufrible agonía. Antes de que el Salvador fuese clavado en la cruz, los discípulos la apartaron de aquel lugar, para que no oyese el chirrido de los clavos al atravesar los huesos y la carne de los delicados pies y manos de Cristo, quien no murmuraba, sino que gemía agonizante. Su rostro estaba pálido y gruesas gotas de sudor le bañaban la frente. Satanás se regocijaba del sufrimiento que afligía al Hijo de Dios, y sin embargo, recelaba que hubiesen sido vanos sus esfuerzos para estorbar el plan de salvación, y que iba a perder su dominio y quedar finalmente anonadado él mismo (Primeros escritos, pp. 175, 176).
Los ojos de Jesús se pasearon sobre la multitud que se había reunido para contemplar su muerte, y vio a los pies de la cruz a Juan que sostenía a María, su madre. Ella había regresado al lugar donde se desarrollaba esa terrible escena, pues era incapaz de permanecer por más tiempo alejada de su Hijo. La última lección que el Señor dio se refirió al amor filial. Contempló el rostro dolorido de su madre y en seguida miró a Juan; y dijo, dirigiéndose a ella: «Mujer, he ahí tu hijo» y a continuación dijo al discípulo: «He ahí tu madre». Juan 19:26, 27. Juan comprendió perfectamente las palabras de Jesús, y el sagrado cometido que se le había confiado. Inmediatamente alejó a la madre de Cristo de la terrible escena del Calvario. Desde ese momento la cuidó como si fuera un hijo solícito, y la llevó a su propia casa. El perfecto ejemplo de amor filial dado por Cristo resplandece sin haber perdido su fulgor en medio de las penumbras del pasado. Mientras soportaba aguda tortura, no se olvidó de su madre (La historia de la redención, p. 232).
En silencio la gente contempló el final de esa impresionante escena… De repente la oscuridad se apartó de la cruz, y con tonos claros, como de trompeta, que parecían proyectar sus ecos por toda la creación, Jesús exclamó: «¡Consumado es!» «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Lucas 23:46. Un halo luminoso circundó la cruz, y el rostro de Salvador brilló con una gloria semejante a la del sol. Entonces inclinó la cabeza sobre el pecho y murió…
Jesús no depuso su vida hasta haber cumplido la obra que había venido a hacer… Hubo gozo en el cielo porque los hijos de Adán, de allí en adelante, y gracias a una vida de obediencia, podrían ser llevados finalmente a la presencia de Dios. Satanás file derrotado y sabía que su reino estaba perdido (La historia de la redención, pp. 234, 235).
Miércoles 18 de diciembre____________________________________________
LA TUMBA VACÍA
Lee Juan 20:1 al 7. ¿Qué importancia tiene para nosotros lo que se describe en estos versículos?
Juan 20:1-7
1 El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. 3 Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. 6 Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, 7 y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
Jesús murió un viernes por la tarde y resucitó el domingo temprano. Como el sábado estaba cerca cuando fue sepultado (Juan 19:42), el proceso de sepultura se hizo apresuradamente y no fue completado. Por mucho que amaran a Jesús, sus seguidores guardaron el día de reposo y no fueron al sepulcro durante las horas sagradas (comparar con Mar. 16:1; Luc. 23:56). Después del sábado, algunas mujeres compraron especias para llevarlas al sepulcro el domingo de mañana. Para su sorpresa, la piedra había sido movida y el sepulcro estaba vacío.
María Magdalena fue una de las primeras en llegar al sepulcro. Corrió a contar a Pedro y a Juan lo que había visto. Los dos hombres corrieron hacia allí. Juan se adelantó a Pedro y llegó primero. Se inclinó, miró adentro y vio los lienzos con los que habían envuelto a Jesús. Pero no entró.
Pedro, en cambio, entró y vio los lienzos. Vio también el lienzo que había estado sobre la cabeza y el rostro de Jesús, pero no estaba con el resto de los paños. Estaba doblado y puesto aparte.
Lee Juan 20:8 al 10. ¿Qué implicaba el paño puesto aparte y doblado?
Juan 20:8-10
8 Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. 9 Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos a los suyos.
Después de que Pedro entrara en el sepulcro, entró también Juan. Juan 20:8 dice que entró, vio y creyó. ¿Por qué el hecho de ver los lienzos de la tumba y el paño del rostro puesto a un lado y doblado hizo que Juan creyera que Jesús había resucitado?
Para responder esta pregunta, es necesario reflexionar en primer lugar acerca de por qué la tumba estaría vacía. La respuesta más común sería atribuir aquello a los ladrones de tumbas. Pero esta explicación no es satisfactoria al menos por tres razones. En primer lugar, Mateo dice que la tumba estaba custodiada (Mat. 27:62-66), lo que hace improbable la opción del robo. Segundo, los ladrones de tumbas suelen robar objetos de valor, no cuerpos en estado de descomposición. Tercero, los ladrones de tumbas tienen prisa, y no doblan los lienzos de las tumbas. No es de extrañar, pues, que cuando Juan vio el paño doblado, creyera que Jesús había resucitado.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Por fin Jesús descansaba. El largo día de oprobio y tortura había terminado. Al llegar el sábado con los últimos rayos del sol poniente, el Hijo de Dios yacía en quietud en la tumba de José. Terminada su obra, con las manos cruzadas en paz, descansó durante las horas sagradas del sábado.
Al principio, el Padre y el Hijo habían descansado el sábado después de su obra de creación. Cuando «fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento» (Génesis 2:1), el Creador y todos los seres celestiales se regocijaron en la contemplación de la gloriosa escena. «Las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios». Job 38:7. Ahora Jesús descansaba de la obra de la redención; y aunque había pesar entre aquellos que le amaban en la tierra, había gozo en el cielo (El Deseado de todas las gentes, p. 714).
Un joven vestido de ropas resplandecientes estaba sentado al lado de la tumba. Era el ángel que había apartado la Piedra… Las mujeres temieron. Se dieron vuelta para huir, pero las palabras del ángel detuvieron sus pasos. «No temáis vosotras —les dijo-—; porque yo sé que buscáis a Jesús, que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id presto, decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos»…
«¡Ha resucitado, ha resucitado!» Las mujeres repiten las palabras vez tras vez. Ya no necesitan las especias para ungirle. El Salvador está vivo, y no muerto. Recuerdan ahora que cuando hablaba de su muerte, les dijo que resucitaría. ¡Qué día es este para el mundo! Prestamente, las mujeres se apartaron del sepulcro y «con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos» (Exaltad a Jesús, p. 93).
Los discípulos se apresuraron a ir a la tumba, y la encontraron como había dicho María. Vieron los lienzos y el sudario, pero no hallaron a su Señor. Sin embargo, había allí un testimonio de que había resucitado. Los lienzos mortuorios no habían sido arrojados con negligencia a un lado, sino cuidadosamente doblados, cada uno en un lugar adecuado. Juan «vio, y creyó». No comprendía todavía la escritura que afirmaba que Cristo debía resucitar de los muertos; pero recordó las palabras con que el Salvador había predicho su resurrección.
Cristo mismo había colocado esos lienzos mortuorios con tanto cuidado. Cuando el poderoso ángel bajó a la tumba, se le unió otro, quien, con sus acompañantes, había estado guardando el cuerpo del Señor. Cuando el ángel del cielo apartó la piedra, el otro entró en la tumba y desató las envolturas que rodeaban el cuerpo de Jesús. Pero fue la mano del Salvador la que dobló cada una de ellas y la puso en su lugar. A la vista de Aquel que guía tanto a la estrella como al átomo, no hay nada sin importancia. Se ven orden y perli2cción en toda su obra (El Deseado de todas las gentes, p. 733).
Jueves 19 de diciembre______________________________________________
JESÚS Y MARÍA
Lee Juan 20:11 al 13. ¿Qué sucedió aquí que muestra por qué María Magdalena aún no comprendía el significado de la tumba vacía?
Juan 20:11-13
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
La última referencia anterior hecha a María en el texto se refiere a su diálogo con Pedro y Juan acerca de la tumba vacía (Juan 20:2). Ellos corrieron al sepulcro, y ella volvió allí poco después. Luego de que Pedro y Juan inspeccionaran el sepulcro, abandonaron el lugar. Pero María volvió y se quedó allí llorando. Sin duda, había llorado mucho durante los últimos días. ¿Y ahora también esto? Se inclinó y miró adentro.
Para su sorpresa, dos ángeles vestidos de blanco estaban en la tumba, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús. Le preguntaron: “Mujer, ¿por qué lloras?” (Juan 20:13). Su dolorosa respuesta fue que se habían llevado a su Señor y que no sabía dónde lo habían puesto.
Lee Juan 20:14 al 18. ¿Qué cambió todo para María?
Juan 20:14-18
14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). 17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
Con los ojos cargados de lágrimas, María se volvió y vio a alguien de pie detrás de ella. Con palabras parecidas a las de los ángeles, el forastero le pregunta: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” (Juan 20:15). Ella cree que está hablando con el encargado del huerto y le pide ayuda para encontrar el cuerpo de Jesús.
El Forastero dice una palabra: “María”. Fue una revelación de una sola palabra que cambió el mundo. De repente, la sorprendida María se da cuenta de que Jesús resucitado le está hablando y lo reconoce. Jesús insiste en que no lo detenga, pues debe ascender a su Padre. Pero le encomienda la tarea de ir a decir a los discípulos que él asciende a su Padre y al de ellos, a su Dios y al de ellos (Juan 20:17). María cumplió su misión. Dijo a los discípulos que había visto al Señor y también les contó el resto de los detalles que él había compartido con ella (Juan 20:18).
Lee 1 Corintios 15:12 al 20. Según Pablo, ¿de qué serviría nuestra fe cristiana si Cristo no hubiera resucitado?
1 Corintios 15:12-20
12 Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. 15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
En el huerto, María había estado llorando cuando Jesús estaba cerca de ella. Sus ojos estaban tan cegados por las lágrimas que no le conocieron. Y el corazón de los discípulos estaba tan lleno de pesar que no creyeron el mensaje de los ángeles ni las palabras de Cristo.
¡Cuántos están haciendo todavía lo que hacían esos discípulos! ¡Cuántos repiten el desesperado clamor de María: «Han llevado al Señor… y no sabemos dónde le han puesto»! ¡A cuántos podrían dirigirse las palabras del Salvador: «¿Por qué lloras? ¿a quién buscas?» Está al lado de ellos, pero sus ojos cegados por las lágrimas no lo ven. Les habla, pero no lo entienden (El Deseado de todas las gentes, pp. 736, 737).
María había sido considerada como una gran pecadora, pero Cristo conocía las circunstancias que habían formado su vida. Él hubiera podido extinguir toda chispa de esperanza en su alma, pero no lo hizo. Era él quien la había librado de la desesperación y la ruina. Siete veces ella había oído la reprensión que Cristo hiciera a los demonios que dirigían su corazón y mente. Había oído su intenso clamor al Padre en su favor. Sabía cuán ofensivo es el pecado para su inmaculada pureza, y con su poder ella había vencido…
Por su gracia, ella llegó a ser participante de la naturaleza divina. Aquella que había caído, y cuya mente había sido habitación de demonios, fue puesta en estrecho compañerismo y ministerio con el Salvador. Fue María la que se sentaba a sus pies y aprendía de él. Fue María la que derramó sobre su cabeza el precioso ungüento, y bañó sus pies con sus lágrimas. María estuvo junto a la cruz y le siguió hasta el sepulcro. María fue la primera en ir a la tumba después de su resurrección. Fue María la primera que proclamó al Salvador resucitado (El Deseado de todas las gentes, p. 521).
Al bajarse la norma moral de los creyentes corintios, ciertas personas habían abandonado algunos de los rasgos fundamentales de su fe. Algunos habían llegado hasta el punto de negar la doctrina de la resurrección…
Con poder convincente el apóstol expuso la gran verdad de la resurrección. «Porque si no hay resurrección de muertos —arguyó—, Cristo tampoco resucitó: y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él haya levantado a Cristo; al cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó: y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, los más miserables somos de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho» (Los hechos de los apóstoles, pp. 257, 258).
Viernes 20 de diciembre_____________________________________________
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena G. de White, los capítulos “Consumado es” (pp. 706-713); “El Señor ha resucitado” (pp. 725-731) y “¿Por qué lloras?” (pp. 732-737). Ver también Clifford Goldstein, ¡Ha resucitado! Encontrando esperanza en la tumba vacía (Florida: ACES, 2022).
“Pilato anhelaba liberar a Jesús. Pero vio que no podría hacerlo y conservar su puesto y sus honores. Antes que perder su poder mundanal, prefirió sacrificar una vida inocente. ¡Cuántos, para escapar de la pérdida o del sufrimiento, sacrifican igualmente los buenos principios! La conciencia y el deber señalan un camino, y el interés propio señala otro. La corriente arrastra fuertemente en la mala dirección, y el que transige con el mal es precipitado a las densas tinieblas de la culpabilidad” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 687).
“Cristo no entregó su vida hasta que hubo cumplido la obra que vino a hacer, y con su último aliento exclamó: ‘Consumado es’ (Juan 19:30). La batalla había sido ganada. Su mano derecha y su brazo santo le habían conquistado la victoria. Como Conquistador, plantó su estandarte en las alturas eternas. ¡Qué gozo hubo entre los ángeles! Todo el Cielo se asoció al triunfo del Salvador. Satanás fue derrotado, y sabía que había perdido su reino.
“El clamor ‘Consumado es’ tuvo un profundo significado para los ángeles y los mundos que no habían caído. La gran obra de la Redención se realizó tanto para ellos como para nosotros. Ellos comparten con nosotros los frutos de la victoria de Cristo” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 706).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¿Qué procesos en la toma de decisiones pueden ayudarte a no caer en el tipo de error que cometió Pilato?
- ¿Por qué tuvo que morir Jesús en nuestro lugar? ¿Por qué tuvo que ser nuestro Sustituto? ¿Por qué era necesaria su muerte para que tuviéramos salvación? ¿Qué pasajes de las Escrituras apoyan tu respuesta?
- ¿Cuál es la relación entre la evidencia de las Escrituras y la evidencia histórica cuando se trata de creer en la resurrección de Jesús? Es decir, ¿cuál es la evidencia histórica que confirma poderosamente la resurrección de Jesús?
- Medita en 1 Corintios 15:12 al 20. ¿Cómo se puede entender la idea de que, sin la resurrección de Cristo, “los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Cor. 15:18), si los que “durmieron en Cristo” van inmediatamente al Cielo? ¿Cómo confirman las palabras de Pablo la verdad de que los muertos duermen hasta la resurrección, cuando Cristo regrese?