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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


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Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


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Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2025 El Amor de Dios y su Justicia Cómo Estudiar la Profecía-Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Cómo estar en una Relación con Dios 1 y 2 Corintios El Don de Profecía
2027 Mayordomía Vida y Enseñansas de Jesús Profecías Apocalípticas Hermenéuticas
2028
2029

Lección 4: Para el 25 de enero de 2025

DIOS ES APASIONADO Y COMPASIVO

Sábado 18 de enero_____________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 103: 13; Isaías 49: 15; Oseas 11: 1-9; Mateo 23: 37; 2 Corintios 11: 2; 1 Corintios 13: 4-8.

PARA MEMORIZAR

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? ¡Aunque ella lo olvide, yo nunca me olvidaré de ti!” (Isa. 49: 15).

A menudo se considera que las emociones son indeseables y deben evitarse. Para algunos, son intrínsecamente irracionales y, por lo tanto, las personas de bien no deberían ser “emotivas”. Según cierta escuela filosófica griega de la antigüedad, la persona ideal era “racional”, insensible a las pasiones y soberana sobre sus emociones mediante el raciocinio.

Las emociones desenfrenadas pueden ser problemáticas. Sin embargo, Dios nos creó con la capacidad de experimentar emociones. Además, él mismo es retratado en las Escrituras como quien experimenta emociones profundas. Si es así, estas no pueden ser intrínsecamente malas o irracionales, pues el Dios de la Biblia posee una bondad y una sabiduría perfectas.

Aunque hay hermosas verdades derivadas del hecho de que el amor de Dios por nosotros es profundamente emocional, no debe perderse de vista que ese amor no es idéntico a las emociones humanas.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El amor de Cristo es profundo y sincero, fluye como una corriente incontenible hacia todos los que lo aceptan. No hay egoísmo en Su amor. Si este amor nacido del cielo es un principio permanente en el corazón, se dará a conocer, no sólo a aquellos que más apreciamos en una relación sagrada, sino a todos aquellos con quienes entramos en contacto. Nos llevará a conceder pequeñas atenciones, a hacer concesiones, a realizar actos de bondad, a pronunciar palabras tiernas, verdaderas y alentadoras. Nos llevará a simpatizar con aquellos cuyos corazones están hambrientos de simpatía (Hijos e Hijas de Dios, p. 101).

Dios no nos trata como los hombres finitos se tratan entre sí. Sus pensamientos son pensamientos de misericordia, de amor y de la más tierna compasión…

Satanás está listo para robar las benditas seguridades de Dios. Desea arrebatar al todo atisbo de esperanza y todo rayo de luz; pero no debéis permitirle que haga. No prestes oídos al tentador… En la parábola [del hijo pródigo] vemos cómo será recibido el extraviado: «Cuando aún estaba, le vio su padre, y tuvo compasión, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó». Lucas 15:18-20.

Pero incluso esta parábola, por tierna y conmovedora que sea, se queda corta para expresar la infinita compasión del Padre celestial. El Señor declara por medio de su profeta: «Con amor eterno te he amado; por eso con bondad amorosa te he atraído». Jeremías 31:3. Mientras el pecador está todavía lejos de la casa del Padre, malgastando sus bienes en un país extraño, el corazón del Padre suspira por él; y todo anhelo despertado en el alma para volver a Dios no es sino la tierna súplica de su Espíritu, cortejando, suplicando, atrayendo al errante al corazón de amor de su Padre (Pasos a Cristo, pp. 53, 54).

Nuestro Padre celestial… odia el pecado, pero ama al pecador, y se entregó a sí mismo en la persona de Cristo, para que todos los que quisieran se salvaran y tuvieran eterna bienaventuranza en el reino de gloria. ¿Qué lenguaje más fuerte o más tierno podría haberse empleado que el que Él ha escogido para expresar Su amor hacia nosotros? Declara: «¿Acaso se olvidará la mujer de su niño de pecho, para no compadecerse del hijo de sus entrañas? sí, se olvidarán, pero yo no me olvidaré de ti». Isaías 49:15…

Al leer las promesas, recuerda que son la expresión de un amor y una piedad indecibles. El gran corazón del Amor Infinito se siente atraído hacia el pecador con una compasión sin límites. «Tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados». Efesios 1:7. Sí, sólo cree que Dios es tu ayudador. Él quiere restaurar Su imagen moral en el hombre. A medida que te acerques a Él con confesión y arrepentimiento, Él se acercará a ti con misericordia y perdón (Pasos a Cristo, pp. 54, 55).


Domingo 19 de enero___________________________________________________

MÁS QUE EL AMOR DE UNA MADRE

Tal vez el mayor amor común a la experiencia humana sea el de una madre o un padre por un hijo. La Biblia utiliza a menudo las imágenes de la relación padre-hijo para describir la asombrosa compasión de Dios por las personas, haciendo hincapié en que la compasión de Dios es exponencialmente superior incluso a la expresión humana más profunda y hermosa de ese mismo sentimiento.

Lee Salmo 103: 13; Isaías 49: 15; y Jeremías 31: 20. ¿Qué transmiten estas representaciones sobre la naturaleza y la profundidad de la compasión de Dios?

Salmo 103: 13

13 Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen.

Isaías 49: 15

15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.

Jeremías 31: 20

20 ¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en quien me deleito? pues desde que hablé de él, me he acordado de él constantemente. Por eso mis entrañas se conmovieron por él; ciertamente tendré de él misericordia, dice Jehová.

Según estos textos, Dios se relaciona con nosotros como sus hijos amados y nos ama como un buen padre y una buena madre aman a sus hijos. Sin embargo, como explica Isaías 49: 15, incluso una madre humana podría olvidarse del hijo que “dio a luz” o  “dejar de compadecerse del hijo de su vientre”, pero Dios nunca olvida a sus hijos y su compasión nunca falla (Lam. 3: 22).

En particular, se cree que el término hebreo raham utilizado para referirse a la compasión aquí y en muchos otros textos que describen el abundante amor compasivo de Dios, deriva del término hebreo que designa el vientre (rejem). En consecuencia, como han señalado los eruditos, la compasión de Dios es un “amor como el del útero maternal”. En verdad, es exponencialmente mayor que cualquier compasión humana, incluso la de una madre por su recién nacido.

Según Jeremías 31: 20, Dios considera a su pueblo del Pacto como su “hijo precioso” y “el niño en quien me deleito”, a pesar de que a menudo se rebeló contra él y le causó tristeza. Aun así, Dios declara: “Mis entrañas se conmovieron por él, y ciertamente tendré de él misericordia”. El término traducido aquí como “misericordia” es el utilizado anteriormente para referirse a la compasión divina (rajam).

Además, la frase “mis entrañas se conmovieron por él” puede traducirse literalmente como “mis entrañas rugen”. Esta descripción que emplea el lenguaje profundamente visceral de la emoción divina retrata así la profundidad del amor compasivo de Dios por su pueblo. Incluso a pesar de su infidelidad, Dios sigue dispensando su abundante compasión y misericordia a su pueblo y lo hace más allá de toda expectativa razonable.

Para algunos, el hecho de que la compasión de Dios sea semejante a la de un padre o una madre cariñosos es profundamente reconfortante. Sin embargo, algunas personas pueden tener dificultades en ese sentido, pues sus progenitores no fueron cariñosos. ¿De qué otras maneras podría ser ilustrada la compasión de Dios por esas personas?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Seguramente habrás oído hablar de la triste historia de la madre que, con su marido y su hijo, intentó cruzar las Montañas Verdes en pleno invierno. La noche y la tormenta detuvieron su marcha. El marido fue en busca de ayuda y se perdió en la oscuridad y la nieve, y tardó en regresar. La madre sintió que el frío de la muerte se le venía encima, y desnudó su pecho a la ráfaga helada y a la nieve que caía, para dar todo lo que le quedaba de vida para salvar la de su hijo. Cuando llegó la mañana, encontraron al niño envuelto en el chal de su madre… preguntándose por qué no despertaba de su sueño.

Aquí se ve un amor más fuerte que la muerte, que une el corazón de la madre a su hijo. Y, sin embargo, Dios dice que la madre olvidará antes a su hijo que Él a un alma que confía en Él. Que el Señor nos ame es suficiente para suscitar la más profunda gratitud, cada hora de nuestra. El amor de Dios está hablando… Sólo confía en el amor de Jesús, y te darás cuenta de la alegría profunda (Carta 12, 9 de agosto de 1873).

El amor de Cristo por sus hijos es tan fuerte como tierno. Es un amor más fuerte que la muerte, porque Él murió por nosotros. Es un amor más verdadero que el de una madre por sus hijos. El amor de la madre puede cambiar, pero el amor de Cristo es inmutable. «Estoy seguro», dice Pablo, «de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:38, 39).

En toda prueba tenemos un fuerte consuelo. ¿Acaso no se compadece nuestro Salvador de nuestras flaquezas? ¿No ha sido tentado en todo según nuestra? ¿Y no nos ha invitado a llevarle toda prueba y perplejidad? Entonces, no nos hagamos miserables por las cargas de mañana… El que da fuerzas para hoy, dará fuerzas para mañana (En los lugares celestiales, p. 271).

En las bondadosas bendiciones que nuestro Padre celestial nos ha concedido, podemos discernir innumerables evidencias de un amor que es infinito, y una tierna piedad que sobrepasa la anhelante simpatía de una madre por su hijo descarriado. Cuando estudiamos el carácter divino a la luz de la cruz, vemos misericordia, ternura y perdón mezclados con equidad y justicia. En el lenguaje de Juan exclamamos: «Mirad qué amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios».

Vemos en medio del trono a Uno que lleva en las manos, en los pies y en el costado las marcas del sufrimiento soportado para reconciliar al hombre con Dios, y a Dios con el hombre. Una misericordia incomparable nos revela a un Padre infinito, que habita en una luz inaccesible, pero que nos recibe en su seno por los méritos de su Hijo (Reflejemos a Jesús, p. 276).


Lunes 20 de enero_____________________________________________________

AMOR CONMOVEDOR

La incalculable profundidad del amor compasivo de Dios por la humanidad se pone de manifiesto en Oseas. Dios había ordenado al profeta: “Ve, toma por mujer a una prostituta y ten hijos de prostitución con ella, porque la tierra se prostituye apartándose de Jehová” (Ose. 1: 2). Oseas 11 describe más adelante la relación de Dios con su pueblo, pero mediante la metáfora de un padre amoroso con su hijo.

Lee Oseas 11: 1 al 9. ¿De qué manera ilustran las imágenes de estos versículos la forma en que Dios ama y cuida a su pueblo?

Oseas 11: 1-9

1 Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida. No volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir. Caerá espada sobre sus ciudades, y consumirá sus aldeas; las consumirá a causa de sus propios consejos. Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer. ¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad.

El amor de Dios por su pueblo se asemeja al tierno afecto de un padre por su hijo. La Escritura utiliza en tal sentido imágenes como las de enseñar a un niño pequeño a caminar, tomar al hijo amado en los brazos, curar y proporcionar sustento y cuidar tiernamente. La Escritura también afirma que Dios “trajo” a su pueblo justo “como trae el hombre a su hijo” (Deut. 1: 31). “En su amor y en su clemencia los redimió” y “los trajo y los levantó todos los días” (Isa. 63: 9).

En contraste con la fidelidad inquebrantable de Dios, su pueblo fue infiel en repetidas ocasiones, lo que alejó a Dios, acarreó juicios sobre sí mismos y lo entristeció profundamente. Dios es compasivo, pero nunca excluye la justicia. Como veremos en una lección posterior, el amor y la justicia son inseparables.

¿Has estado alguna vez disgustado por algo al punto de experimentar un malestar estomacal? Ese es el tipo de imagen que se usa para describir la profundidad de las emociones de Dios respecto de su pueblo. La imagen del corazón revuelto y la compasión encendida es un lenguaje idiomático típico de las emociones profundas y es usado tanto por Dios como por los humanos.

Esta imagen, la de la compasión encendida (kamar), se utiliza en el caso de las dos mujeres que se presentaron ante Salomón, cada una reclamando el mismo bebé como suyo. Cuando Salomón ordenó cortar al bebé en dos (aunque sin intención de hacerlo), esa expresión idiomática es usada para describir la reacción emocional de la verdadera madre (1 Rey. 3: 26; compara con Gén. 43: 30).

Todo progenitor sabe a qué se refiere esta lección. Ningún otro amor terrenal es comparable. ¿Cómo nos ayuda esto a comprender la realidad del amor de Dios por nosotros? ¿Qué consuelo podemos y debemos extraer de esta comprensión?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Salvador manifestó compasión divina hacia la mujer sirofenisa. Su corazón se conmovió al ver su dolor. Anhelaba darle de inmediato la seguridad de que su oración había sido escuchada; pero enseñar una lección a sus discípulos, y por un tiempo pareció desatender el clamor de su torturado corazón…

Fue Cristo mismo quien puso en el corazón de aquella madre la persistencia que no sería repelida. Fue Cristo quien dio a la viuda suplicante valor y determinación ante el. Fue Cristo quien, siglos antes, en el misterioso conflicto junto al Jaboc, había inspirado a Jacob la misma fe perseverante. Y la confianza que Él mismo había implantado, no dejó de recompensarla (Christ’s Object Lessons, pp. 175, 176).

Es obra de Satanás llenar de dudas los corazones de los hombres. Los induce a considerar a Dios como un juez severo. Los tienta a pecar, y luego a considerarse demasiado viles para acercarse a su Padre celestial o para despertar su compasión. El Señor comprende todo esto. Jesús asegura a sus discípulos que Dios se compadece de ellos en sus necesidades y debilidades. Ni un suspiro se exhala, ni un dolor se siente, ni una pena traspasa el alma, sino que el latido vibra hasta el corazón del Padre…

Dios se inclina desde Su trono para escuchar el clamor de los oprimidos. A toda oración sincera responde: «Heme aquí». Él eleva a los afligidos y oprimidos. En todas nuestras aflicciones Él es afligido. En toda tentación y en toda prueba, el ángel de su presencia está cerca para librarnos (El Deseado de todas las gentes, p. 356).

Al perder de vista el verdadero carácter de Jehová, los israelitas no tenían excusa. A menudo Dios se les había revelado como «lleno de compasión, y clemente, sufrido, y grande en misericordia y verdad». Salmo 86:15. «Cuando Israel era niño», testificó Él, «entonces lo amé, y llamé a mi hijo de Egipto». Oseas 11:1.

Con ternura había tratado el Señor a Israel en su liberación de la esclavitud egipcia y en su viaje a la Tierra Prometida. «En toda aflicción de ellos fue afligido, y el ángel de su presencia los salvó; en su amor y en su piedad los redimió; y los llevó, y los sustentó todos los días de la antigüedad. Isaías 63:9…

Moisés se basó en su conocimiento de la larga paciencia de Jehová y de su infinito amor y misericordia para hacer su maravillosa súplica por la vida de Israel cuando, en las fronteras de la Tierra Prometida, se negó a avanzar obedeciendo el mandato de Dios. En el colmo de su rebelión, el Señor había declarado: «Los heriré con la peste y los desheredaré». Pero el profeta alegó las maravillosas providencias y promesas de Dios en favor de la nación elegida. Y luego, como la más fuerte de todas las súplicas, exhortó al amor de Dios por el hombre caído (Profetas y Reyes, pp. 311, 312).


Martes 21 de enero_____________________________________________________

LA COMPASIÓN DE JESÚS

En el Nuevo Testamento se utiliza el mismo tipo de imágenes que en el Antiguo Testamento para describir la compasión de Dios. Pablo se refiere al Padre como “Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (2 Cor. 1: 3). Además, el apóstol explica en Efesios 2: 4 que Dios es “rico en misericordia” y redime a los seres humanos “por su gran amor con que nos amó”.

En varias parábolas, Cristo mismo utiliza repetidamente términos de emoción visceral y desgarradora para describir la compasión del Padre (Mat. 18: 27; Luc. 10: 33; 15: 20). Además, el mismo lenguaje que ilustra la compasión divina en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento es utilizado también en los Evangelios para describir las respuestas compasivas de Jesús a quienes están en apuros.

Lee Mateo 9: 36; 14: 14; 23: 37; Marcos 1: 41; 6: 34; y Lucas 7: 13. ¿Cómo ilustran estos versículos la manera en que Cristo se conmovía ante la difícil situación de las personas?

Mateo 9: 36

36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

Mateo 14: 14

14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

Mateo 23: 37

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!

Marcos 1: 41

41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.

Marcos 6: 34

34 Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Lucas 7: 13

13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

Los Evangelios registran con frecuencia el hecho de que Cristo se compadecía de las personas que estaban en situaciones difíciles. No solo sintió compasión de ellas, sino que también se ocupó de sus necesidades.

Jesús también se lamentó por su pueblo. Podemos imaginar las lágrimas en los ojos de Cristo mientras contemplaba la ciudad de Jerusalén: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste!” (Mat. 23: 37). Aquí vemos que el lamento de Cristo coincide estrechamente con el de Dios por su pueblo a lo largo del Antiguo Testamento. De hecho, muchos eruditos bíblicos señalan que la imagen de un ave cuidando de sus crías solo era aplicada a la divinidad en el antiguo Cercano Oriente. Muchos ven aquí una alusión a Deuteronomio 32: 11, donde Dios es representado como un ave que vuela en círculos sobre sus crías, las protege y vela por sus necesidades.

No hay mayor ejemplo del gran amor compasivo de Dios por sus criaturas humanas que Jesús mismo, quien se entregó por nosotros como la máxima demostración de amor. Sin embargo, Cristo no es solo la imagen perfecta de Dios. También es el modelo perfecto de la humanidad. ¿Cómo podemos dar forma a nuestra existencia de acuerdo con el modelo de la vida de Cristo, centrándonos en las necesidades de los demás y, de este modo, no limitándonos a predicar el amor de Dios, sino mostrándolo de forma tangible?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando Cristo vio las multitudes que se congregaban a su alrededor, «sintió compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor». Cristo vio la enfermedad, el dolor, la necesidad y la degradación de las multitudes que se agolpaban a su paso. A Él le fueron presentadas las necesidades y las aflicciones de la humanidad en todo el mundo. Entre los encumbrados y los humildes, los más honrados y los más degradados, contempló almas que anhelaban las mismas bendiciones que había venido a traer, almas que sólo necesitaban un conocimiento de su gracia para convertirse en súbditos de su reino. «Entonces dijo a sus discípulos: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies». Mateo 9:36-38.

Hoy existen las mismas necesidades. El mundo necesita obreros que trabajen como Cristo por los que sufren y pecan. En efecto, hay una multitud que alcanzar. El mundo está lleno de enfermedad, sufrimiento, angustia y pecado. Está lleno de los que necesitan ser atendidos: los débiles, los desvalidos, los ignorantes, los degradados (Testimonios para la Iglesia, tomo 6, pág. 254).

Cualesquiera que sean tus angustias y pruebas, expone tu caso ante el Señor. Tu espíritu se fortalecerá para resistir. Se te abrirá el camino para liberarte de la vergüenza y de las dificultades. Cuanto más débil e indefenso sientas, más fuerte te sentirás en Su fuerza. Cuanto más pesadas sean tus cargas, más bendito será el descanso al echarlas sobre tu Cargador.

Las circunstancias pueden separar a los amigos; las aguas agitadas del ancho mar pueden rodar entre nosotros y ellos. Pero ninguna circunstancia, ninguna distancia, puede separarnos del Salvador. Dondequiera que estemos, Él está a nuestra diestra para sostenernos, mantenernos, apoyarnos y animarnos. Mayor que el amor de una madre por su hijo es el amor de Cristo por sus redimidos. Es nuestro privilegio descansar en Su amor, decir: «Confiaré en Él, porque Él dio Su vida por mí».

El amor humano puede cambiar, pero el amor de Cristo no conoce cambio. Cuando clamamos a Él en busca de ayuda, Su mano está extendida para salvar (Ministry of Healing, p. 72).

«La porción del Señor es Su pueblo; Jacob es la suerte de Su heredad. Lo halló en tierra desierta, y en el desierto aullante; condujo, lo instruyó, lo guardó como a la niña de sus ojos. Como el águila levanta su nido, revolotea sobre sus crías, extiende sus alas, las toma, las lleva sobre sus alas: así sólo el Señor lo guió, y no hubo con él dios extraño.» Deuteronomio 32:9-12. Así trajo a sí a los israelitas, para que morasen como bajo la sombra del Altísimo. Milagrosamente preservados de los peligros del vagabundeo por el desierto, se establecieron finalmente en la Tierra de Promisión como una nación favorecida (Profetas y Reyes, pág. 17).


Miércoles 22 de enero___________________________________________________

¿UN DIOS CELOSO?

El Dios de la Biblia es el “Dios compasivo”. En hebreo, Dios se da a sí mismo el nombre ‘el rahum (Deut. 4: 31). El término hebreo ‘el significa “Dios”, y rahum es una variación de la raíz de la palabra que significa compasión (rajám). Sin embargo, Dios no solo es llamado “compasivo” o “misericordioso”, sino también “celoso” (‘el qanah). Como dice Deuteronomio 4: 24: “Porque Jehová, tu Dios, es fuego consumidor, Dios celoso [‘el qanah]”. (Ver Deut. 4: 24; 6: 15; Jos. 24: 19; Nah. 1: 2).

1 Corintios 13: 4 declara que “el amor no es celoso” (NTV). ¿Cómo puede Dios, entonces, ser un “Dios celoso”?

Lee 2 Corintios 11: 2 y considera la forma en que el pueblo de Dios le fue infiel a lo largo de la Biblia (ver, por ejemplo, Sal. 78: 58). ¿Qué nos enseñan estos pasajes sobre el significado de los “celos” divinos?

2 Corintios 11: 2

Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.

Salmos 78: 58

58 Le enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla.

Los “celos” de Dios a menudo son malinterpretados. Cuando el adjetivo “celoso” se refiere a un cónyuge, no se trata de un elogio. El término “celos” suele tener connotaciones negativas en muchos idiomas. Sin embargo, ese no es el caso de los celos divinos en la Biblia, ya que se refieren a la sana expectativa de un marido amoroso por disfrutar de una relación exclusiva con su esposa.

Aunque existe un tipo de celos contrarios al amor (1 Cor. 13: 4, NTV), también hay “celos” buenos y justos. Pablo se refiere a ello como “celo de Dios” (ver 2 Cor. 11: 2). Los celos de Dios son solo y siempre del tipo correcto, y se los puede definir más adecuadamente como el amor apasionado que Dios siente por su pueblo.

El celo (qanah) de Dios por su pueblo proviene del profundo amor que siente. Dios desea una relación exclusiva con su pueblo; solo él ha de ser su Dios. Sin embargo, a menudo se describe a Dios como un cónyuge despechado, cuyo amor no es correspondido (ver Ose. 1-3; Jer. 2: 2; 3: 1-10). Por lo tanto, los “celos” –o la “pasión” de Dios– nunca son caprichosos o sin motivo, sino que siempre responden a la infidelidad y a la conducta indebida de las personas malvadas. Los celos de Dios (o su “amor apasionado”) no tienen las connotaciones negativas de los celos humanos. Nunca obedecen a la envidia, sino al legítimo anhelo de disfrutar de una relación exclusiva con su pueblo y para el bien de este.

¿Cómo podemos aprender a reflejar el mismo tipo de “celos” positivos hacia los demás que Dios muestra hacia nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nuestro Dios es un Dios celoso; con Él no se juega…

Nunca podremos descubrir a Dios buscando. Él no abre Sus planes a mentes curiosas e inquisitivas. No debemos intentar levantar con mano presuntuosa la cortina tras la cual Él vela su majestad. El apóstol exclama: «¡Cuán inescrutables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!». Es una prueba de Su misericordia que se oculte Su poder, que esté envuelto en las horribles nubes del misterio y la oscuridad; porque levantar la cortina que oculta la Presencia Divina es la muerte. Ninguna mente mortal puede penetrar el secreto en el que el Poderoso mora y obra. No podemos comprender más de sus tratos con nosotros y de los motivos que le mueven de lo que Él cree conveniente revelar. Él ordena todo en justicia, y nosotros no debemos sentirnos insatisfechos y desconfiados, sino inclinarnos en reverente sumisión. Él nos revelará tanto de sus propósitos como nos convenga saber; y más allá de eso debemos confiar en la mano omnipotente y en el corazón lleno de amor.

En sus tratos con la raza humana, Dios se ensaña con los impenitentes. Utiliza los medios que ha designado para llamar a los hombres a la lealtad, y les ofrece su pleno perdón si se arrepienten. Pero como Dios sufre por mucho tiempo, los hombres presumen de Su misericordia… La paciencia y la longanimidad de Dios, que deberían ablandar y someter el alma, tienen una influencia totalmente diferente sobre los descuidados y pecadores. Los lleva a abandonar la restricción y los fortalece en la resistencia…

Muy pocos se dan cuenta de la pecaminosidad del pecado; se halagan pensando que Dios es demasiado bueno para castigar al ofensor. Pero los casos de Miriam, Aarón, David y muchos otros demuestran que no es seguro pecar contra Dios de hecho, de palabra o incluso de pensamiento. Dios es un ser de amor y compasión infinitos, pero también se declara a sí mismo como un «fuego consumidor, un Dios celoso» (Comentarios de Elena G. de White, en Seventh-day Adventist Bible Commentary, vol. 3, p. 1166).

El matrimonio, una unión para toda la vida, es un símbolo de la unión entre Cristo y Su iglesia. El espíritu que Cristo manifiesta hacia la iglesia es el espíritu que marido y mujer deben manifestar el uno hacia el otro.

Ni el marido ni la mujer deben pedir el gobierno. El Señor ha establecido el principio que debe guiar este asunto. El marido debe amar a su mujer como Cristo ama a la Iglesia. Y la esposa debe respetar y amar a su marido. Ambos deben cultivar el espíritu de bondad, decididos a no afligir ni herir al otro…

No dejéis que vuestra vida matrimonial sea un conflicto. Si lo hacéis, ambos infelices. Sean amables al hablar y gentiles al actuar, renunciando a sus propios deseos… Llevad a vuestra vida unida la fragancia de la semejanza a Cristo (Testimonios para la Iglesia, vol. 7, pp. 46, 47).


Jueves 23 de enero_____________________________________________________

COMPASIVO Y APASIONADO

El Dios de la Biblia es compasivo y apasionado, y estas emociones divinas se ponen de manifiesto de manera suprema en Jesucristo. Dios es compasivo (compara con Isa. 63: 9; Heb. 4: 15), es profundamente afectado por las penas de su pueblo (Juec. 10: 16; Luc. 19: 41), y está dispuesto a escuchar, responder y consolar (Isa. 49: 10, 15; Mat. 9: 36; 14: 14).

Lee 1 Corintios 13: 4 al 8. ¿De qué manera nos llama este pasaje a reflejar el amor compasivo y asombroso de Dios en nuestras relaciones con los demás?

1 Corintios 13: 4-8

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Anhelamos relacionarnos con personas que ejemplifiquen el tipo de amor descrito en 1 Corintios 13: 4 al 8. Pero ¿cuán a menudo procuramos convertirnos en este tipo de persona en favor de los demás? No podemos ser sufridos y amables; no podemos evitar ser envidiosos, engreídos, groseros o egoístas. No podemos producir en nosotros un amor que “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” y que “nunca deja de ser” (1 Cor. 13: 7, 8). Ese amor solo puede ejemplificarse en nuestra vida como fruto del Espíritu Santo. Alabado sea Dios porque el Espíritu Santo derrama el amor de Dios en los corazones de quienes permanecen en Cristo Jesús por la fe (Rom. 5: 5).

Por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo, ¿de qué maneras prácticas podríamos responder al amor profundamente emocional, pero perfectamente justo y racional, de Dios y reflejarlo en nuestra vida? En primer lugar, adorando al Dios que es amor. En segundo lugar, y en respuesta a su amor, mostrando compasión y amor benevolente a los demás. No debemos limitarnos a sentirnos reconfortados por nuestra fe cristiana, sino que debemos estar dispuestos a reconfortar a los demás. Por último, debemos reconocer que no podemos transformar nuestros corazones, que solo Dios puede hacerlo, y permitírselo.

Así pues, pidamos a Dios que nos dé un corazón nuevo para él y para los demás, un amor puro y purificador que eleve lo que es bueno y elimine la escoria de nuestro interior.

Que la oración de Pablo se haga realidad en nuestra vida y en nuestro medio: “Que el Señor los haga crecer y aumente el amor entre ustedes y hacia los demás […] para que se fortalezca su corazón y sean ustedes santos e irreprensibles delante de nuestro Dios y Padre, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tes. 3:12, 13, RVC).

¿Por qué la muerte al yo, al egoísmo y a la corrupción de nuestros corazones naturales es la única manera de revelar esta clase de amor? ¿Qué decisiones podemos tomar a fin de morir a nosotros mismos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El amor no es un simple impulso, una emoción transitoria, dependiente de las circunstancias; es un principio vivo, una fuerza permanente. El alma es alimentada por las corrientes de amor puro que fluyen del corazón de Cristo, como un manantial que nunca falla. ¡Oh, cómo se vivifica el corazón, cómo se ennoblecen sus motivos, cómo se profundizan sus afectos, por esta comunión! Bajo la educación y la disciplina del Espíritu Santo, los hijos de Dios se aman unos a otros, verdadera, sincera e incondicionalmente, «sin parcialidad y sin hipocresía». Y esto porque el corazón está enamorado de Jesús. Nuestro afecto mutuo brota de nuestra relación común con Dios. Somos una familia, nos amamos unos a otros como Él nos amó…

Amar como Cristo amó significa manifestar desinterés en todo momento y en todo lugar, con palabras amables y miradas agradables. El amor genuino es un atributo precioso de origen celestial, que aumenta su fragancia en la medida en que se dispensa a los demás (Hijos e Hijas de Dios, p. 101).

El Salvador venció para mostrar al hombre cómo puede vencer. A todas las tentaciones de Satanás, Cristo respondió con la palabra de Dios. Confiando en las promesas de Dios, recibió poder para obedecer los mandamientos de Dios, y el tentador no pudo obtener ventaja alguna. A cada tentación Su respuesta fue: «Está escrito». Así Dios nos ha dado su palabra para resistir al mal. Tenemos promesas sumamente grandes y preciosas, para que por ellas «seamos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia». 2 Pedro 1:4.

Pide al tentado que no mire a las circunstancias, a la debilidad de sí mismo o al poder de la tentación, sino al poder de la palabra de Dios. Toda su fuerza es nuestra. «Tu palabra», dice el salmista, «he escondido en mi corazón, para no pecar contra ti». «Por la palabra de tus labios me he guardado de las sendas del destructor». Salmo 119:11; 17:4 (Temperancia, p. 107).

No puede haber crecimiento ni fecundidad en la vida que está centrada en el yo. Si has aceptado a Cristo como Salvador personal, debes olvidarte de ti mismo y tratar de ayudar a los demás. Habla del amor de Cristo, habla de su bondad. Cumple con todos los deberes que te presenten. Lleva la carga de las almas en tu corazón, y por todos los medios a tu alcance procura salvar a los perdidos. A medida que recibas el Espíritu de Cristo -el Espíritu de amor desinteresado y de trabajo por los demás- crecerás y darás fruto. Las gracias del Espíritu madurarán en tu carácter. Tu fe aumentará, tus convicciones se profundizarán, tu amor se perfeccionará. Cada vez reflejarás más la semejanza de Cristo en todo lo que es puro, noble y hermoso.

«El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza». Gálatas 5:22, 23. Este fruto nunca perecerá, sino que producirá según su género una cosecha para vida eterna (Palabras de vida del gran Maestro, p. 47).


Viernes 24 de enero____________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

 Lee el capítulo titulado “Las bienaventuranzas” en las páginas 21 a 74 del libro El discurso maestro de Jesucristo, de Elena G. de White.

“Todos los que sienten la absoluta pobreza del alma, que saben que en sí mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerza recurriendo a Jesús. Dice él: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados” (Mat. 11: 28). Nos invita a cambiar nuestra pobreza por las riquezas de su gracia.

“No merecemos el amor de Dios, pero Cristo, nuestro fiador, es sobremanera digno y capaz de salvar a todos los que acudan a él. No importa cuál haya sido la experiencia del pasado ni cuán desalentadoras sean las circunstancias del presente, si acudimos a Cristo en nuestra condición actual —débiles, sin fuerza, desesperados—, nuestro compasivo Salvador saldrá a recibirnos mucho antes de que lleguemos, y nos rodeará con sus brazos amantes y con el manto de su propia justicia. Nos presentará a su Padre con las blancas vestiduras de su propio carácter. Él aboga por nosotros ante el Padre, diciendo: Me he puesto en el lugar del pecador. No mires a este hijo desobediente, sino a mí. Y cuando Satanás contiende fieramente contra nuestras almas, acusándonos de pecado y alegando que somos su presa, la sangre de Cristo aboga con mayor poder” (Elena G. de White, El discurso maestro de Jesucristo, pp. 25-26).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Nota lo que la inspiración anterior dijo acerca de cómo, gracias a Jesús, somos presentados al Padre: “Nos presentará a su Padre con las blancas vestiduras de su propio carácter”. Por muy desanimados que nos sintamos a veces por nuestras faltas y defectos, o por muy a menudo que no reflejemos ante los demás la clase de amor que Dios derrama sobre nosotros, ¿por qué hemos de volver siempre a la maravillosa noticia de que somos aceptados por el Padre porque Jesús “nos presentará a su Padre con las blancas vestiduras de su propio carácter”?
  2. Imagina cómo se sintió la madre del bebé que estaba en disputa entre las dos mujeres que se presentaron ante Salomón. Considera de nuevo el emotivo lenguaje registrado en 1 Reyes 3: 26. ¿Cómo arroja esto luz sobre el mismo tipo de lenguaje utilizado en Oseas 11: 8 para describir lo que Dios siente por su pueblo?
  3. Los Evangelios dan testimonio de que Jesús se conmovía ante las necesidades de las personas y actuaba en respuesta a esas necesidades. ¿De qué formas prácticas pueden tu clase y tú satisfacer las necesidades de quienes precisan recibir consuelo?