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Lección 2 – El llamado de un profeta · Escuela Sabática Maestros
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Lección 2 · 4to Trimestre 2026

El llamado de un profeta

Para el Sábado 10 de octubre de 2026
Lee para el estudio de esta semana

Génesis 15:6; Gálatas 3:6-9; 1 Reyes 18:19-39; Isaías 53; Daniel 2:46-48; Marcos 1:2-5; Mateo 11:1-6.

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Para memorizar
«Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”»
— Isaías 6:8
Sábado 3 de octubre

El llamado de un profeta

Los profetas solían desempeñar un papel esencial en la historia del pueblo de Dios, y en ocasiones asumían posiciones relevantes o incluso cruciales en la vida de la comunidad. Sin embargo, la vida de los profetas no era fácil y a menudo no aceptaban fácilmente el llamado divino a desempeñarse como profetas. Y no es de extrañar. Muchos profetas enfrentaban una fuerte oposición de quienes deberían haber recibido con agrado sus mensajes. Eran ignorados, ridiculizados, golpeados, encarcelados o perseguidos como animales salvajes. Varios fueron incluso asesinados.

Actualmente, en una generación inundada de violencia, codicia, inmoralidad, explotación y todo tipo de influencias satánicas, la voz profética suele ser rechazada o simplemente ignorada. Estamos llamados a escuchar esa voz y a ser mensajeros de la esperanza que nos ha sido transmitida a través de ellos.

La semana pasada vimos cómo Dios se esforzó por restablecer la comunicación con la humanidad tras la caída en el Edén. Esta semana examinaremos algunos momentos trascendentales de la historia en los que Dios llamó a profetas para encaminar a su pueblo mediante sus mensajes en favor de un mundo caído.

Espíritu de Profecía

Durante los años transcurridos desde que el Señor se manifestó por primera vez al hijo de Ana, el llamamiento de Samuel al cargo profético había sido reconocido por toda la nación. Al transmitir fielmente la divina advertencia a la casa de Elí, por penoso que fuera dicho deber, Samuel había dado pruebas evidentes de su fidelidad como mensajero de Jehová; “y Jehová fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová”. 1 Samuel 3:19, 20.

Los israelitas aun continuaban, como nación, en un estado de irreligión e idolatría, y como castigo permanecían sujetos a los filisteos. Mientras tanto, Samuel visitaba las ciudades y aldeas de todo el país, procurando hacer volver el corazón del pueblo al Dios de sus padres; y sus esfuerzos no quedaron sin buenos resultados. Después de sufrir la opresión de sus enemigos durante veinte años, “toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová”. Samuel les aconsejó: “Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y solo a él servid”. 1 Samuel 7:3. Aquí vemos que la piedad práctica, la religión del corazón, era enseñada en los días de Samuel como lo fue por Cristo cuando estuvo en la tierra. Sin la gracia de Cristo, de nada le valían al Israel de antaño las formas externas de la religión. Tampoco valen para el Israel moderno.

Es hoy muy necesario que la verdadera religión del corazón reviva como sucedió en el antiguo Israel. El arrepentimiento es el primer paso que debe dar todo aquel que quiera volver a Dios. Nadie puede hacer esta obra por otro. Individualmente debemos humillar nuestras almas ante Dios, y apartar nuestros ídolos. Cuando hayamos hecho todo lo que podamos, el Señor nos manifestará su salvación— Recibiréis poder, 9 de septiembre, p. 263


Cuando Elías, divinamente dirigido en la búsqueda de un sucesor, pasó al lado del campo en el cual Eliseo estaba arando, echó sobre los hombros del joven el manto de la consagración… Era para él la señal de que Dios le llamaba a ser sucesor de Elías… Eliseo debía tener en cuenta el costo, decidir por sí mismo si quería aceptar o rechazar el llamamiento. Si sus deseos se aferraban a su hogar y sus ventajas, quedaba libre para permanecer allí. Pero el joven comprendió el significado del llamamiento… Ni por todas las ventajas mundanales se habría privado de la oportunidad de llegar a ser mensajero de Dios, ni habría sacrificado el privilegio de estar asociado con su siervo… Sin vacilación abandonó un hogar donde se le amaba, para acompañar al profeta en su vida incierta…

Muchos sienten el anhelo de poseer algún talento especial con que hacer una obra maravillosa, mientras pierden de vista los deberes que tienen a mano, cuyo cumplimiento llenaría la vida de fragancia… El éxito no depende tanto del talento como de la energía y de la buena voluntad. No es la posesión de talentos magníficos lo que nos habilita para prestar un servicio aceptable, sino el cumplimiento concienzudo de los deberes diarios, el espíritu contento, el interés sincero y sin afectación por el bienestar de los demás. En la suerte más humilde puede hallarse verdadera excelencia. Las tareas más comunes, realizadas con una fidelidad impregnada de amor, son hermosas a la vista de Dios— Conflicto y valor, 3 de agosto, p. 221

Domingo 4 de octubre

Abraham, el defensor del pacto

Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios ha tenido un remanente fiel que ha aceptado el llamado a la obediencia en respuesta a su gracia (ver Jer. 31:7, 31-34). Por ejemplo, años después de la dispersión de Babel, Dios eligió a Abram (más tarde Abraham) para que fuera un ejemplo de fe en el pacto, no solo para su familia, sino para todas las generaciones futuras. Rodeado de apostasía y ambivalencia moral, Abram demostró ser fiel al llamado de Dios (ver Gén. 12:1-9).

Dios comunicó los términos del pacto a Abraham y le mostró cómo se lograría la salvación de la humanidad mediante el sacrificio de Cristo (Gén. 15:6-17). Para poner a prueba la fe de Abraham e ilustrar el futuro sacrificio del Hijo de Dios, se pidió al patriarca que ofreciera a Isaac, su hijo, como sacrificio a Dios (Gén. 22:1-17). ¡Qué prueba tan dolorosa para el padre de los fieles! Piensa en todas las razones que Abraham pudo haber esgrimido para ignorar la orden explícita de Dios. Sin embargo, él obedeció fielmente. Dios detuvo la mano de Abraham antes de que matara a Isaac y le proveyó un carnero en su lugar.

No todos los profetas fueron llamados por Dios para advertir de una catástrofe inminente, pero todos fueron llamados para restaurar la fidelidad del pueblo y, a menudo, para advertir contra la apostasía, contra la opresión a los pobres y necesitados, y contra la violación del pacto y sus estipulaciones.

Sin embargo, lo más importante de la tarea profética era revelar la promesa de la salvación por medio del Mesías. El testimonio perdurable de los profetas bíblicos y del Espíritu Santo en nuestra era posapostólica nos llama a reconocer y advertir a otros acerca de la crisis inminente que vendrá sobre el mundo. Sin embargo, lo fundamental de esa advertencia es la buena noticia de la redención para el pueblo fiel de Jesús, aquellos que han permanecido en una relación de pacto con él (Apoc. 12:17).

Lee Génesis 15:6; Gálatas 3:6-9; Hebreos 11:8. ¿Qué aspectos de la vida y el carácter de Abraham lo hacían apto para el servicio de Dios a pesar de sus imperfecciones?
Génesis 15:6 — RV60 6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
Gálatas 3:6-9 — RV60 6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. 7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. 8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. 9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
Hebreos 11:8 — RV60 8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.

Existen muchos paralelismos entre la época de Abraham y la nuestra. Así como el paganismo y la idolatría proliferaban en los días de Abraham, muchas de las ideologías actuales tienen por objeto eliminar o marginar al cristianismo. En contraste con la cultura predominante, el pueblo de Dios está hoy llamado a reflejar fielmente su imagen en sus interacciones diarias con los demás, incluyendo la proclamación de los mensajes de los tres ángeles (Apoc. 14:6-12).

Las Escrituras dicen que Abram «creyó al Señor, y eso se le contó por justicia» (Gén. 15:6). ¿Cómo ves la promesa del evangelio revelada en este texto? ¿Qué esperanza puedes obtener de esto para ti mismo?
Espíritu de Profecía

Así como la Biblia presenta dos leyes, una inmutable y eterna, la otra provisional y temporaria, así también hay dos pactos. El pacto de la gracia se estableció primeramente con el hombre en el Edén, cuando después de la caída se dio la promesa divina de que la simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza. Este pacto puso al alcance de todos los hombres el perdón y la ayuda de la gracia de Dios para obedecer en lo futuro mediante la fe en Cristo. También les prometía la vida eterna si eran fieles a la ley de Dios. Así recibieron los patriarcas la esperanza de la salvación.

Este mismo pacto le fue renovado a Abraham en la promesa: ‘En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra.’ Esta promesa dirigía los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió Abraham, y confió en Cristo para obtener el perdón de sus pecados. fue esta fe la que se le contó como justicia. El pacto con Abraham también mantuvo la autoridad de la ley de Dios. El Señor se le apareció y le dijo: ‘Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.’ El testimonio de Dios respecto a su siervo fiel fue: “Oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”.

El pacto hecho con Abraham fue ratificado mediante la sangre de Cristo, y es llamado el ‘segundo’ pacto o ‘nuevo’ pacto, porque la sangre con la cual fue sellado se derramó después de la sangre del primer pacto— La fe por la cual vivo, 12 de marzo, p. 79


Después del diluvio, la población de la tierra creció una vez más, y la maldad también creció… Finalmente el Señor abandonó a los endurecidos transgresores para que siguieran sus propios malos caminos, mientras escogía a Abraham, de la descendencia de Sem, y hacía de él el guardador de la ley para las generaciones futuras…

Aunque este pacto fue hecho con Adán, y más tarde se le renovó a Abraham, no pudo ratificarse sino hasta la muerte de Cristo. Existió en virtud de la promesa de Dios desde que se indicó por primera vez la posibilidad de redención. Fue aceptado por fe: no obstante, cuando Cristo lo ratificó fue llamado el pacto nuevo. La ley de Dios fue la base de este pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, colocándolo en situación de poder obedecer la ley de Dios— La maravillosa gracia de Dios, 5 de mayo, p. 133

Lunes 5 de octubre

El mensaje de Elías

Lee 1 Reyes 18:19-39. ¿Qué podemos aprender de esta historia acerca de cómo puede operar el don profético?
1 Reyes 18:19-39 — RV60 19 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel. 20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. 21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. 23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. 25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. 27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. 28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase. 30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. 31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, 32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. 33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, 35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja. 36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!

El llamado y la forma de hablar de Elías reflejaban su papel como mensajero de Dios. Para detener la apostasía de Israel, Dios envió a Elías al rey Acab para anunciarle una sequía de varios años. El Señor utilizó esta aflicción para alejar a su pueblo de la idolatría y traerlo nuevamente a la obediencia. El rey y el pueblo culparon al profeta Elías por su desgracia y procuraron su muerte.

En el monte Carmelo, Elías se enfrentó a los profetas de Baal y Asera. El mensajero de Dios hizo un llamamiento lleno del Espíritu al idólatra Israel para que renunciara a sus dioses falsos y volviera al Señor. El pueblo sabía que sus decisiones los habían conducido a la apostasía nacional. Ahora estaban listos para abrazar de nuevo al Dios de Elías, que había demostrado ser superior a sus dioses falsos, que ni siquiera existían.

Justo antes de la segunda venida de Cristo, Dios ordena a su iglesia que proclame de nuevo el mensaje de Elías, y que el pueblo se aleje de sus «ídolos» y se prepare para el gran día del Señor. Dios sigue comunicándose con su pueblo a través de los canales que ha seleccionado. Su Palabra y el don profético proveen amonestación, advertencia, consejo y aliento.

«La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas» (Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 147).

Lee Malaquías 4:5-6. ¿Cómo influye el mensaje de Elías en los hogares de quienes siguen a Dios?
Malaquías 4:5-6 — RV60 5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6 Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

El verdadero avivamiento comienza en el corazón y en el hogar. La familia es la piedra angular de la iglesia y un elemento indispensable de la comunidad. El avivamiento en el hogar difunde el amor celestial en la iglesia, la comunidad y la nación. Este es el propósito de Dios para el hogar cristiano. El avivamiento también motiva al pueblo de Dios para el cumplimiento de la misión.

¿Qué tipo de ídolos, si los hay, existen en nuestros hogares, corazones e iglesias?
Espíritu de Profecía

Entre las montañas de Galaad, al oriente del Jordán, moraba en los días de Acab un hombre de fe y oración cuyo ministerio intrépido estaba destinado a detener la rápida extensión de la apostasía en Israel. Alejado de toda ciudad de renombre y sin ocupar un puesto elevado en la vida, Elías el tisbita inició sin embargo su misión confiando en el propósito que Dios tenía de preparar el camino delante de él y darle abundante éxito. La palabra de fe y de poder estaba en sus labios, y consagraba toda su vida a la obra de reforma. La suya era la voz de quien clama en el desierto para reprender el pecado y rechazar la marea del mal. Y aunque se presentó al pueblo para reprender el pecado, su mensaje ofrecía el bálsamo de Galaad a las almas enfermas de pecado que deseaban ser sanadas…

A Elías fue confiada la misión de comunicar a Acab el mensaje relativo al juicio del cielo. Él no procuró ser mensajero del Señor; la palabra del Señor le fue confiada. Y lleno de celo por el honor de la causa de Dios, no vaciló en obedecer la orden divina, aun cuando obedecer era como buscar una presta destrucción a manos del rey impío…

Fue tan solo por su fe poderosa en el poder infalible de la palabra de Dios como Elías entregó su mensaje. Si no le hubiese dominado una confianza implícita en Aquel a quien servía, nunca habría comparecido ante Acab. Mientras se dirigía a Samaria, Elías había pasado al lado de arroyos inagotables, colinas verdeantes, bosques imponentes que parecían inalcanzables para la sequía. Todo lo que se veía estaba revestido de belleza. El profeta podría haberse preguntado cómo iban a secarse los arroyos que nunca habían cesado de fluir, y cómo podrían ser quemados por la sequía aquellos valles y colinas. Pero no dio cabida a la incredulidad. Creía firmemente que Dios iba a humillar al apóstata Israel, y que los castigos inducirían a este a arrepentirse. El decreto del Cielo había sido dado; no podía la palabra de Dios dejar de cumplirse; y con riesgo de su vida Elías cumplió intrépidamente su comisión— Conflicto y valor, 18 de julio, p. 205


Dios quería que su honor fuese exaltado como supremo ante los hombres, y que sus consejos fuesen confirmados a la vista del pueblo. El testimonio del profeta Elías sobre el monte Carmelo constituye un ejemplo de alguien que se puso completamente de parte de Dios y de su obra en la tierra… “Sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel”, ora, “y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová”, ruega, “respóndeme”.

Su celo por la gloria de Dios y su profundo amor por la casa de Israel presentan lecciones para la instrucción de todos los que permanecen hoy como representantes de la obra de Dios en la tierra.

Nada se gana con la cobardía o el temor de que se sepa que somos un pueblo que guarda los mandamientos de Dios. El ocultar nuestra luz, como si nos avergonzáramos de nuestra fe, redundará solo en desastre. Dios nos dejará en nuestra propia debilidad. No permita el Señor que rehusemos hacer brillar nuestra luz en cualquier lugar al cual nos llame. Si nos aventuramos a avanzar por nosotros mismos, siguiendo nuestras propias ideas, nuestros propios planes, dejando a Jesús detrás, no podemos esperar obtener fortaleza, valor o fuerza espiritual. Dios ha tenido héroes morales, y los tiene ahora: los que no se avergüenzan de ser su pueblo peculiar. Sus planes y su voluntad están subordinados a la ley de Dios. El amor de Jesús los ha conducido a encariñarse con sus propias vidas. Su trabajo ha consistido en tomar la luz de la Palabra de Dios y dejarla brillar con rayos claros y firmes sobre el mundo— Conflicto y valor, 22 de julio, p. 209

Martes 6 de octubre

Isaías, el profeta precursor del evangelio

Isaías, uno de los principales profetas del Antiguo Testamento, recibió su llamado al ministerio profético directamente de Dios (ver Isa. 6:1-8). Abrumado por la santidad y la majestad divinas, el profeta se dio cuenta de su indignidad. En ese momento, un serafín voló hacia Isaías con un carbón encendido tomado del altar celestial y Dios perdonó sus pecados. Entonces, Dios preguntó: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?». La respuesta de Isaías debería ser la nuestra: «Aquí estoy, envíame a mí» (Isa. 6:8).

El llamado de Isaías llegó en un momento crucial de la historia de Israel. A pesar de sus propios defectos, la tarea de advertir a Israel y a sus líderes de sus pecados era muy importante. Las profecías de Isaías son pasajes clave de las Escrituras, pues revelan una profunda comprensión de la naturaleza divina y de la humana, y del plan de salvación que se está desarrollando. De hecho, la profecía más poderosa que describe no solo la muerte de Jesús, sino también lo que esa muerte significó para el mundo, se encuentra en el famoso capítulo 53 de Isaías.

Lee Isaías 53. ¿De qué manera esta asombrosa profecía, escrita más de medio milenio antes de la cruz, reveló tan poderosamente la muerte de Cristo por nosotros? ¿Qué nos enseña esta profecía acerca del don profético?
Isaías 53 — RV60 1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? 2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Las profecías de Isaías predijeron el propósito y la misión del Mesías (Isa. 53:3-5). Explicaban por qué Cristo fue «como cordero […] llevado al matadero» (Isa. 53:7) y cómo su sacrificio expiatorio salva del pecado. El aspecto sustitutivo de la muerte de Cristo es descrito allí de manera muy explícita, mostrando el fundamento de la expiación realizada en favor de toda la humanidad.

«Todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se desvió por su camino. Pero el Señor cargó sobre él el pecado de todos nosotros» (Isa. 53:6). Aquí se describe la naturaleza universal del pecado y la naturaleza universal de la cruz, que es la solución al pecado. Este capítulo, quizá más que ningún otro en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, muestra el plan de salvación en términos sumamente claros e inequívocos.

Sin embargo, el ministerio profético de Isaías no fue fácil. La gente consideraba absurdas sus terribles predicciones acerca de su destrucción, al igual que muchos hoy cuando se les advierte acerca de las consecuencias del pecado (Rom. 6:23). La voz profética de Isaías para su época y la nuestra es clara (ver Isa. 2:4; 5:20). Fue la negativa de la nación a practicar la justicia y la reforma lo que llevó a la destrucción de Jerusalén. El mismo pecado marcará la destrucción de los habitantes malvados de la tierra cuando Cristo regrese.

Lee nuevamente Isaías 53 y anota todo lo que Jesús hace por nosotros según esos versículos. ¿Qué gran esperanza significa para ti lo que el profeta reveló acerca de la muerte de Cristo por nosotros?
Espíritu de Profecía

Isaías había denunciado el pecado de otros; pero ahora se veía a sí mismo expuesto a la misma condenación que había denunciado en ellos. Se había sentido satisfecho con una fría y hueca ceremonia en su culto a Dios. No se había dado cuenta de esto hasta que tuvo la visión del Señor. ¡Cuán insignificante aparecía ahora su sabiduría y sus talentos al ver la santidad y majestad del Santuario!… Cómo se vio a sí mismo está expresado en el lenguaje del apóstol Pablo: “¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?” Romanos 7:24…

“Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas: Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”. Isaías 6:6, 7.

La visión que recibió Isaías representa la condición del pueblo de Dios en los últimos días… Cuando, por medio de la fe, miran dentro del Lugar Santísimo y ven la obra de Cristo en el Santuario celestial, comprenden que son un pueblo de labios inmundos: un pueblo cuyos labios a menudo hablan vanidad y cuyos talentos no han sido santificados y empleados enteramente para la gloria de Dios. Bien pueden desesperarse al ver el contraste entre su propia debilidad e indignidad y la pureza y hermosura del glorioso carácter de Cristo. Pero si, como Isaías… humillan sus almas delante de Dios, habrá esperanza para ellos— La fe por la cual vivo, 3 de julio, p. 192


Fue en circunstancias difíciles y desalentadoras cuando Isaías, aún joven, fue llamado a la misión profética. El desastre amenazaba a su país. Por haber transgredido la ley de Dios, los habitantes de Judá habían perdido todo derecho a su protección, y las fuerzas asirias estaban por subir contra el reino de Judá. Pero el peligro de sus enemigos no era la mayor dificultad. Era la perversidad del pueblo lo que sumía al siervo del Señor en el más profundo desaliento. Por su apostasía y rebelión, dicho pueblo estaba atrayendo sobre sí los juicios de Dios. El joven profeta había sido llamado a darle un mensaje de amonestación, y sabía que encontraría una resistencia obstinada… Su tarea le parecía casi desesperada…

Tales eran los pensamientos que se agolpaban en su mente mientras estaba debajo del pórtico del santo templo. De repente, la puerta y el velo interior del templo parecieron alzarse o retraerse, y se le permitió mirar adentro, al Lugar Santísimo, donde ni siquiera los pies del profeta podían penetrar. Se alzó delante de él una visión de Jehová sentado sobre un trono alto y elevado, mientras que su séquito llenaba el templo. A cada lado del trono se cernían los serafines, que volaban con dos alas, mientras que con otras dos velaban su rostro en adoración, y con otras dos cubrían sus pies…

Nunca antes había comprendido Isaías la grandeza de Jehová o su perfecta santidad; y le parecía que debido a su fragilidad e indignidad humanas debía perecer en aquella presencia divina. “¡Ay de mí! —exclamó— que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos”. Pero se le acercó un serafín con el fin de hacerle idóneo para su gran misión. Un carbón ardiente del altar tocó sus labios mientras se le dirigían las palabras: “He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”. Y cuando se oyó la voz de Dios que decía: “¿A quién enviaré, y quién nos irá?” Isaías respondió con plena confianza: “Heme aquí, envíame a mí”… El profeta había sido fortalecido para la obra que tenía delante de sí— Conflicto y valor, 14 de agosto, p. 232

Miércoles 7 de octubre

Daniel, el profeta fiel

La mayoría de los cristianos conoce la historia registrada en Daniel 1 acerca de la lealtad del profeta a los principios de salud que había aprendido en su niñez. Daniel fue un modelo de fidelidad (Dan. 1:8). Cuando se le presentaron manjares propios de la realeza, insistió en seguir una dieta basada en vegetales y en beber solo agua, en lugar de participar de la comida del rey (Dan. 1:12-16).

Esa fue una prueba pequeña en comparación con lo que vendría después, como en Daniel 6, cuando su fidelidad pudo haberle costado la vida.

Lee Daniel 2:46-48; 4:18; 5:13-14; 6:25-27. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca del tipo de testimonio que Daniel daba a los paganos de su entorno?
Daniel 2:46-48 — RV60 46 Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y se humilló ante Daniel, y mandó que le ofreciesen presentes e incienso. 47 El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio. 48 Entonces el rey engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia, y jefe supremo de todos los sabios de Babilonia.
Daniel 4:18 — RV60 18 Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos.
Daniel 5:13-14 — RV60 13 Entonces Daniel fue traído delante del rey. Y dijo el rey a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea? 14 Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, entendimiento y mayor sabiduría.
Daniel 6:25-27 — RV60 25 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. 26 De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. 27 Él salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones.

Nota el testimonio de estos paganos acerca del poder del Dios de Daniel. Por muy singulares que sean estas historias, todas revelan un principio crucial: mediante nuestras vidas, nuestra fidelidad y el poder de Dios que obra en nosotros y por nuestro intermedio, los demás pueden y deben aprender acerca del Dios del cielo, y que él es «Dios de dioses y Señor de los reyes».

Las profecías de Daniel sirven como recordatorio e incentivo para permanecer siempre vigilantes y guardar los mandamientos de Dios, incluso en las «pequeñas» cosas de la vida.

Además, el profeta Daniel predijo el auge y la caída de las naciones y las consecuencias de su desobediencia a Dios. A través de sus visiones proféticas, Daniel reveló el plan divino y la victoria final del reino de Dios (Dan. 7:13-14).

Pensemos, por ejemplo, en Daniel 2, escrito medio milenio antes de Cristo. Daniel describió con precisión el auge y la caída de cuatro grandes imperios mundiales, llegando incluso hasta nuestros días (los de los pies y los dedos de la estatua, claramente referidos a las naciones de la Europa moderna que, como enseña tan claramente la profecía, «se mezclarán por medio de casamientos pero no se unirán el uno con el otro, así como el hierro no se mezcla con la arcilla» (Dan. 2:43). ¡Cuán asombrosa predicción acerca de Europa, incluso hasta hoy, cuando, a pesar de los matrimonios mixtos y todos los intentos de unidad, el continente es un conjunto de naciones separadas, con leyes, costumbres y tradiciones diferentes! Incluso pocos años antes de la caída de la Unión Soviética, ninguna agencia de inteligencia previó el colapso de ese poder. En vista de ello, el cumplimiento de la predicción de Daniel nos da razones poderosas para confiar en los profetas de Dios.

Todos los reinos de Daniel 2 surgieron y cayeron tal y como se predijo. ¿Qué nos dice esto acerca de la confianza que merece esa misma profecía cuando se refiere a la llegada del reino eterno de Dios (Dan. 2:44)?
Espíritu de Profecía

La Palabra de Dios no solo establece los grandes principios de la verdad y el deber que debieran gobernar nuestra vida, sino que también presenta, para nuestro ánimo, la historia de muchos que han ejemplificado tales principios… Fuera del Modelo perfecto, en las páginas sagradas no figura un personaje más digno de admiración que el profeta Daniel. Estando expuesto en su juventud a todos los engaños de la corte real, se convirtió en un hombre de integridad inconmovible y de ferviente devoción a Dios. Estuvo sujeto a las fieras tentaciones de Satanás; sin embargo, no vaciló, y tampoco cambió su conducta. Fue firme donde muchos habrían cedido; fue verdadero donde ellos habrían sido falsos; fue fuerte donde ellos habrían sido débiles. Daniel fue un alto cedro del Líbano… Ojalá que la fe, la integridad, y la devoción del profeta Daniel pudieran vivir en los corazones del pueblo de Dios de hoy. Nunca se necesitaron tanto como ahora esas nobles cualidades…

En la historia de aquellos que han obrado y sufrido por el nombre de Jesús, no hay ninguno que brille con un esplendor más puro y refulgente que el nombre de Pablo, el apóstol a los gentiles. El amor de Jesús, brillando en su corazón, lo hizo olvidarse de sí mismo y ser abnegado. Había visto al Cristo resucitado, y la imagen del Salvador se había impreso en su alma y brillaba en su vida. Con fe, valor y fortaleza, para no ser amedrentado por el peligro o retrasado por los obstáculos, anduvo de un país a otro difundiendo el conocimiento de la cruz…

¿Están los profesos seguidores de Cristo ejemplificando de esta manera los principios de su fe? ¿Dónde están las profundas, vivientes y santas experiencias que los hombres de Dios solían contar? ¿Se ha rebajado la norma del cristianismo?…No; esa norma permanece donde Dios la puso. Los hombres santos de épocas pasadas debieron abandonarlo todo por Cristo, para fomentar su espíritu e imitar su ejemplo. Él no aceptará nada menos que esto ahora. Cuando seamos llamados a darlo todo por Cristo, ¿quién soportará la prueba?— Nuestra elevada vocación, 31 de agosto, p. 251


Los amados de Dios pasarán días penosos, encadenados, encerrados en cárceles, sentenciados a muerte, algunos abandonados adrede para morir de hambre y sed en sombríos y repugnantes calabozos… Ninguna mano humana se aprontará a socorrerlos.

¿Olvidará el Señor a su pueblo en esa hora de prueba? ¿Olvidó acaso al fiel Noé cuando sus juicios cayeron sobre el mundo antediluviano? ¿Olvidó acaso a Lot cuando cayó fuego del cielo para consumir las ciudades de la llanura? ¿Se olvidó… de Elías cuando el juramento de Jezabel le amenazaba con la suerte de los profetas de Baal? ¿Se olvidó de Jeremías en el oscuro y húmedo pozo en donde había sido echado? ¿Se olvidó acaso de los tres jóvenes en el horno ardiente o de Daniel en el foso de los leones?…

Aunque los enemigos los arrojen a la cárcel, las paredes de los calabozos no pueden interceptar la comunicación entre sus almas y Cristo. Aquel que conoce todas sus debilidades, que ve todas sus pruebas, está por encima de todos los poderes de la tierra; y acudirán ángeles a sus celdas solitarias, trayéndoles luz y paz del cielo— Conflicto y valor, 29 de diciembre, p. 369

Jueves 8 de octubre

Juan el Bautista y la preparación de un pueblo

Lee Marcos 1:2-5. ¿Cuál era el propósito del ministerio de Juan el Bautista?
Marcos 1:2-5 — RV60 2 Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. 3 Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. 4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. 5 Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

La llegada de Juan el Bautista fue el cumplimiento de la profecía de Isaías 40:3. El desarrollo de Juan desde la infancia hasta su adultez estuvo marcado por la fidelidad a Dios. Satanás temía perder su dominio sobre la humanidad después de escuchar la voz de Juan en el desierto (ver Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 195-196). La maldad de los oyentes de Juan quedó al descubierto de una manera que hizo temblar a Satanás. El dominio de este sobre Israel se veía amenazado. Intentó repetidamente disuadir a Juan el Bautista de su estilo de vida fiel y su confianza en el Mesías, pero fracasó.

Lee Mateo 11:1-6. ¿Cómo reafirmó Jesús la fe de Juan mientras este se encontraba en la prisión?
Mateo 11:1-6 — RV60 1 Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. 2 Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, 3 para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? 4 Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. 5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; 6 y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.

Satanás no pudo hacer pecar a Jesús, y el hecho de que este lo derrotara en el desierto lo enfureció. Cambió entonces de táctica e hizo que Juan, primo de Jesús, fuera encarcelado. El encarcelamiento de aquel entristeció a Jesús, pero Satanás no consiguió que pecara. Así, intentó quebrantar a Juan y agobió emocionalmente el corazón del Salvador. Pero Juan recibió una palabra de aliento de Jesús y, a pesar de sus terribles condiciones y sin entender por qué permanecía en prisión cuando Jesús era tan poderoso, se mantuvo fiel hasta la muerte.

Al igual que los profetas de antaño, estamos llamados a proclamar un mensaje de arrepentimiento y fe, y la perfección de la justicia de Cristo (Apoc. 14:6-12). Al igual que con Juan el Bautista, Satanás puede utilizar la incertidumbre para hacernos dudar de la misión que Dios tiene para nosotros. No seremos víctimas del desánimo si recordamos la conducción de Dios en nuestras vidas, especialmente en circunstancias adversas como las que vivió Juan. Sea lo que fuere que los seres humanos hagan para perjudicarnos, podemos acudir a Dios con fe y él nos responderá. Él nos ha prometido el poder para hacer su voluntad (Hech. 1:8). Es imperativo que seamos testigos fieles de Cristo en el mundo poscristiano y no cristiano en que vivimos, cualesquiera que sean nuestras circunstancias.

¿Alguna vez te has sentido desconcertado, como Juan en la cárcel, a causa de una situación terrible que estabas atravesando? ¿Cómo mantuviste tu fe y tu confianza en Dios?
Espíritu de Profecía

Los principios que deberían motivarnos como obreros en la causa de Dios fueron establecidos por el apóstol Pablo. Él dijo: “Nosotros somos colaboradores de Dios”. 1 Corintios 3:9. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Colosenses 3:23. Y Pedro exhorta a los creyentes: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo”. 1 Pedro 4:10-11.

Cuando estos principios controlen nuestros corazones, nos daremos cuenta de que la obra es de Dios y no nuestra; que él manifiesta el mismo cuidado por cada parte del gran todo. Cuando Cristo y su gloria son considerados como lo primero, y el amor al yo es absorbido por el amor a las almas por las cuales Cristo murió, entonces ningún obrero se dejará absorber tan enteramente por una rama de la causa como para perder de vista la importancia de todas las demás…

La Palabra de Dios nos enseña que este es el tiempo, por encima de todos los demás, cuando podemos buscar la luz del cielo. Ahora es cuando podemos esperar el refrigerio de la presencia del Señor. Deberíamos velar por las manifestaciones de la providencia de Dios como el ejército de Israel esperaba oír el “ruido como de marcha por las copas de las balsameras” (2 Samuel 5:24): la señal de que el cielo obraría en favor de ellos.

Dios no puede glorificar su nombre por intermedio de su pueblo mientras este confíe en los seres humanos y se apoye en brazo de carne. Su presente estado de debilidad continuará hasta cuando únicamente Cristo sea exaltado; hasta el momento cuando, con Juan el bautista, se expresen con corazón humilde y reverente: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. Juan 3:30. Se me han dado palabras que hablar al pueblo de Dios: “Exaltad al hombre del Calvario. Que la humanidad retroceda para que todos puedan contemplar a Aquel en quien se cifran sus esperanzas de vida eterna. Dice el profeta Isaías: ‘Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz’. Que la iglesia y el mundo contemplen a su Redentor. Que toda voz proclame con Juan: ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’”.

Es al alma sedienta a quien se le abre la fuente de las aguas vivas. Dios declara: “Derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida”. Isaías 54:3. Las almas que buscan fervientemente la luz y aceptan con regocijo cada rayo luminoso proveniente de su santa Palabra, son las únicas a quienes se les concederá luz. Será a través de estas almas como Dios revelará la luz y el poder que alumbrarán toda la tierra con su gloria— Exaltad a Jesús, 5 de agosto, p. 225

Viernes 9 de octubre

Llamados al ministerio profético

Dios llamó a los profetas en momentos específicos y con propósitos especiales. Ellos estaban allí con el mensaje necesario para ese momento. A la luz de ello, los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White constituyó una manifestación moderna del don profético y actuó como una profetisa no canónica (veremos más acerca de esto en las lecciones venideras). Elena Harmon recibió su primer llamado al ministerio profético en diciembre de 1844, unas semanas después de que los adventistas milleritas esperaran el regreso de Jesús basándose en Daniel 8:14: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado» (RVA-2015).

Aunque Guillermo Miller nunca estableció una fecha exacta para el cumplimiento de esa profecía, sus seguidores señalaron el 22 de octubre de 1844 como la fecha en que Cristo volvería a la tierra basándose en el cálculo bíblico del Día de la Expiación. Esta creencia provocó una enorme expectación entre miles de personas en los Estados Unidos y otros lugares del mundo. En consecuencia, concluyeron que pronto se reunirían con su Salvador en el cielo. Miller también se llenó de emoción y entusiasmo a medida que se acercaba el esperado advenimiento.

Pero Cristo no apareció, y los creyentes milleritas experimentaron uno de los acontecimientos históricos más devastadores, «el gran chasco».

Ese fue el escenario histórico en el que Dios concedió a Elena Harmon su primera visión. El mensaje principal de esta era de ánimo para ella y los creyentes decepcionados, asegurándoles que Dios seguía con ellos a pesar de la interpretación errónea que habían hecho de la profecía. En esa visión, se mostró a Elena un camino que iba desde esta tierra hasta la Jerusalén celestial y a los creyentes adventistas que se dirigían hacia la Ciudad Santa. «Delante de ellos iba Jesús guiándolos hacia la ciudad, y si no apartaban los ojos de él, iban seguros» (Notas biográficas de Elena de White, p. 64).

Esa visión era una buena noticia. Dios estaba creando un nuevo movimiento a partir de la confusión resultante del chasco. Jesús seguía con ellos y volvería para buscarlos. Seguía guiándolos por el camino de la salvación. Solo tenían que mantener sus ojos «fijos» en él. Tenían grandes razones para no perder la esperanza, incluso en medio de tanta confusión y decepción.

Elena Harmon, una adolescente de 17 años, fue así llamada a su ministerio profético, que no fue fácil, especialmente al principio. Aunque este don fue gradualmente aceptado como genuino, Elena de White temía ser la mensajera de Dios. Ser profeta del Señor nunca fue fácil ni prestigioso.

La próxima semana analizaremos detenidamente la obra especial y los desafíos que enfrentaron los profetas del Antiguo Testamento, algunos de los cuales también se observan en la vida y el ministerio de Elena de White, como veremos el próximo viernes.

Para conocer más acerca de este tema, lee Elena de White, Primeros escritos, pp. 41-50; y Mensajes selectos, t. 1, pp. 36-42.

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