Escuela Sabatica Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica


Deja un comentario

Lección 8 – TIEMPO DE SER PADRES – Para el 25 de mayo de 2019

Este ministerio llega a usted por cortesía de la familia García y un pequeño grupo de colaboradores.

Le invitamos a que se una a este grupo y juntos sufraguemos los gastos que genera este gigantesco sitio. De antemano, muy agradecidos por su colaboración.


Lección 8 en PDF, haga «CLICK» aquí


Lección 8: Para el 25 de mayo de 2019

TIEMPO DE SER PADRES

Sábado 18 de mayo_____________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 18:11; Jeremías 31:25; Mateo 11:28; Salmo 127; Proverbios 22:6; 1 Samuel 3:10-14; Filipenses 3:13.

PARA MEMORIZAR:

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre” (Sal. 127:3).

Los nacimientos son un acontecimiento tan común y normal que no siempre apreciamos plenamente lo maravillosos que son. Imagina lo que Eva debió haber sentido al tener al bebé Caín en sus brazos. Los cambios que experimentó en su vientre en crecimiento durante esos meses, el dolor insoportable del parto, y luego ver a este niñito; tan parecido a ellos, pero tan indefenso. ¡Qué experiencia debió haber sido para Sara (que con noventa años hacía mucho ya había dejado atrás su edad fértil) contemplar el rostro de su propio hijo, Isaac! Debió de haberse reído cada vez que pronunciaba su nombre. Después de orar por un hijo por quién sabe cuánto tiempo, Ana tomó a Samuel y dijo: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí” (1 Sam. 1:27). El milagro en el corazón de María, todavía una jovencita, abrazando a su hijo, el Hijo de Dios, con una mezcla de asombro y miedo.

Al mismo tiempo, no todos tienen el privilegio de ser padres, y la responsabilidad que esto conlleva. Esta semana dedicaremos tiempo a analizar la etapa de la crianza de los hijos con sus desafíos, miedos, satisfacciones y alegrías.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Padres, por amor a Cristo, no erréis en vuestra más importante labor, la cual es amoldar los caracteres de vuestros hijos para el tiempo presente y para la eternidad. Un error de vuestra parte en descuidar la fiel instrucción, o en albergar ese afecto imprudente que ciega vuestros ojos hacia sus defectos y os impide refrenarlos debidamente, resultará en la ruina de ellos. El curso que seguís puede encauzarlos por un rumbo equivocado durante toda su carrera futura. Vosotros sois los que determináis por ellos lo que han de ser y lo que han de hacer por Cristo, por los hombres, y por sus propias almas.

Tratad a vuestros hijos honesta y fielmente. Trabajad con valor y paciencia. No temáis llevar ninguna cruz, no escatiméis tiempo ni trabajo, carga o sufrimiento. El futuro de vuestros hijos dará testimonio de la calidad de vuestra labor. Vuestra fidelidad a Cristo hallará mejor expresión en el carácter simétrico de vuestros hijos que de cualquiera otra manera. Ellos son la propiedad de Cristo, comprados con su propia sangre. Si su influencia es enteramente por Cristo, son colaboradores suyos y ayudan a otros a encontrar el camino de la vida. Si descuidáis la obra que Dios os ha encomendado, vuestro comportamiento disciplinario imprudente los coloca entre la clase que esparce lejos de Cristo y fortalece el reino de las tinieblas (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, p. 37).

La educación y preparación de sus hijos para que sean cristianos es el servicio de carácter más elevado que los padres puedan ofrecer a Dios. Es una obra que demanda un trabajo paciente, y un esfuerzo diligente y perseverante que dura toda la vida. Al descuidar este propósito demostramos ser mayordomos desleales. Dios no aceptará ninguna excusa por tal descuido.

Pero no han de desesperar los que son culpables de descuido. La mujer que había perdido una dracma buscó hasta encontrarla. Así también trabajen los padres por los suyos, con amor, fe y oración, hasta que gozosamente puedan presentarse a Dios diciendo: “He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová” [Isaías 8:18] (Palabras de vida del gran Maestro, {PVGM}, p. 153).

En su sabiduría el Señor ha decretado que la familia sea el mayor agente educativo. En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela. Allí, con sus padres como maestros, debe aprender las lecciones que han de guiarlo a través de la vida: lecciones de respeto, obediencia, reverencia, dominio propio. Las influencias educativas del hogar son un poder decidido para el bien o para el mal. Son, en muchos respectos, silenciosas y graduales, pero si se ejercen de la debida manera, llegan a ser un poder abarcante para ver la verdad y la justicia… ¡Cuán importante, es, pues, la escuela del hogar! (La educación cristiana, {EC}, p. 154).

[Cristo] quiere que sus siervos atestigüen que por su gracia los hombres pueden poseer un carácter semejante al suyo y que se regocijen en la seguridad de su gran amor. Quiere que atestigüemos que no puede quedar satisfecho hasta que la familia humana esté reconquistada y restaurada en sus santos privilegios de hijos e hijas.

En Cristo está la ternura del pastor, el afecto del padre y la incomparable gracia del Salvador compasivo… “Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará” [Isaías 40:11] (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 766).

54


Domingo 19 de mayo | Lección 8_______________________________________________

PADRES SIN HIJOS

Lee Génesis 18:11 y 30:1; 1 Samuel 1:1 al 8; y Lucas 1:7. ¿Qué tienen en común estas personas? ¿Cómo respondió Dios a sus anhelos?

Génesis 18:11

11 Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.

Génesis 30:1

1 Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. 

1 Samuel 1:1-8

1 Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

Lucas 1:7

Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.

Los hijos son una bendición. Pero, por alguna razón, Dios no siempre bendice a todos con hijos. Algunos desean tener una familia y oran por ella, y Dios en su bondad les concede su petición; a veces milagrosamente, como en el caso de Sara. Y hay otros que también oran con el mismo fervor ante el Trono de Dios, pero se encuentran con un silencio ensordecedor. Cada vez que ven que sus amigos alaban a Dios por sus embarazos y por la llegada de sus bebés, esto intensifica la profundidad de la herida cuando contemplan su nido vacío. Incluso hay preguntas inocentes como “¿Cuántos hijos tienes?”, que sirven de penosos recordatorios de un “club exclusivo” del que están excluidos aquellos que no tienen hijos, pese a que quieren sumarse a él.

Quienes han pasado por esa experiencia deben aceptar que Dios comprende su dolor. El salmista declara, de Dios: “Tú llevas la cuenta de todas mis angustias y has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro” (Sal. 56:8, NTV). Aunque parezca estar en silencio, “como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Sal. 103:13).

Entretanto, hay otros que por varias razones quizá simplemente deciden no tener hijos. Es entendible que algunos, tal vez, decidan no traer hijos a un mundo como el nuestro, tan lleno de sufrimiento, dolor, maldad y calamidades potenciales. En ciertos casos, algunos quizá decidan adoptar hijos en lugar de tener los propios. De esa manera pueden criar a niños que ya existen, y a menudo les dan la posibilidad de una vida mucho mejor de la que podrían haber tenido.

Nuestro mundo es un lugar complicado, y es probable que nos encontremos con todo tipo de gente en todo tipo de situaciones, en lo relativo a tener o no tener hijos. Cualquiera que sea la situación en la que nos encontremos con respecto al tema de los hijos, podemos vivir con la seguridad de que Dios nos ama y que desea un buen fin para nosotros. Además, al mismo tiempo, recordemos siempre ser lo más delicados posibles con las personas que, por algún motivo, no tienen hijos.

Jesús nunca tuvo hijos naturales propios. ¿Qué lecciones podemos extraer de este hecho?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El amor de Elena por Ana era profundo y duradero; sin embargo una sombra manchaba su dicha matrimonial. Ninguna voz infantil alegraba su hogar. Con el paso del tiempo, el deseo de perpetuar su nombre llevó al esposo, como había hecho con muchos otros, a adoptar un curso que Dios no sancionaba; introdujo en la familia una segunda esposa para ser subordinada a la primera. Esta acción fue motivada por la falta de fe en Dios, y fue atendida por resultados malvados. Se destruyó la paz de la familia hasta ahora unida y armoniosa. Sobre Ana el golpe cayó como un peso aplastante. Parecía que toda la dicha se había borrado de su vida por siempre. Ella soportó sus pruebas sin quejarse, sin embargo su dolor no era menos agudo y amargo…

Con el paso de los años, nacieron hijos e hijas en el hogar, [Penina] se hizo orgullosa y jactanciosa, y trataba a [Ana] con desprecio e insolencia…

El proceder de [Penina] le parecía a Ana una prueba casi imposible de soportar. Satanás la usaba como instrumento para acosar, y si hubiera sido posible exasperar y destruir a una de las fieles hijas de Dios. Al fin, a medida que las burlas de su enemiga eran repetidas en una de las fiestas anuales, cedieron el valor y la paciencia de Ana. Sin poder esconder sus sentimientos por más tiempo, lloró sin moderación. Las expresiones de gozo de todos los que le rodeaban parecía una burla. No pudo participar en la fiesta (The signs of the Times, October 27, 1881).

Ana no reprochó a su esposo por el error de su segundo matrimonio. Llevó la pena que no podía compartir con un amigo terrenal a su Padre celestial, y buscó consuelo únicamente en Aquel que había dicho “llama, y yo responderé”. Hay un poder extraordinario en la oración. Nuestro gran adversario constantemente busca apartar al alma atribulada de Dios. Una apelación al cielo de parte del santo más humilde le causa más pavor a Satanás que los decretos de los gobiernos o los mandatos de los reyes…

Ana [conversaba] con Dios. Creía que su oración había sido escuchada, y la paz de Cristo llenaba su corazón (La oración, {Or}, p. 134).

Zacarías sabía muy bien que Abrahán en su vejez había recibido un hijo porque había tenido por fiel a Aquel que había prometido. Pero por un momento, el anciano sacerdote recuerda la debilidad humana. Se olvida de que Dios puede cumplir lo que promete…

El nacimiento del hijo de Zacarías, como el del hijo de Abrahán y el de María, había de enseñar una gran verdad espiritual, una verdad que somos tardos en aprender y propensos a olvidar. Por nosotros mismos somos incapaces de hacer bien; pero lo que nosotros no podemos hacer será hecho por el poder de Dios en toda alma Sumisa y creyente. Fue mediante la fe como fue dado el hijo de la promesa. Es por la fe como se engendra la vida espiritual, y somos capacitados para hacer las obras de justicia (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 73).

55


Lección 8 | Lunes 20 de mayo__________________________________________________

PADRES SOLOS

Un fenómeno que enfrenta el mundo es el de las familias monoparentales, que muchas veces, aunque no siempre, están compuestas por una madre sola.

A veces pensamos en los padres solos como quienes concibieron un hijo fuera del matrimonio. Sin embargo, no es siempre así. Agar fue presionada para tener un hijo con Abraham, y luego se vio obligada a marcharse con su hijo (Gén. 16:3, 4; 21:17). Betsabé quedó embarazada como resultado del avance sexual de un hombre poderoso (2 Sam. 11:4, 5). Elías fue enviado a una aldea llamada Sarepta, para ayudar a una madre sola que era viuda (1 Rey. 17:9). Cuando Jesús comenzó su ministerio, José, su padre “adoptivo”, había muerto, dejando a María como viuda y madre sola. “La muerte la había separado de José, quien había compartido con ella el conocimiento del misterio del nacimiento de Jesús. Ahora no había nadie a quien poder confiar sus esperanzas y temores. Los últimos dos meses habían sido de mucha tristeza” (DTG 118).

Ser padre solo quizá sea uno de los trabajos más desafiantes que una persona pueda tener. Muchos enfrentan dificultades, como manejar las finanzas, tratar con el otro padre, o simplemente pasar tiempo a solas o con Dios, y preguntarse si alguna vez volverán a ser amados.

¿Qué promesas pueden extraer incluso los padres solos de los siguientes versículos: Jeremías 31:25; Mateo 11:28; Jeremías 29:11; 32:27; Proverbios 3:5, 6; Isaías 43:1, 2?

Jeremías 31:25

25 Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida.

Mateo 11:28

28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Jeremías 29:11

11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Jeremías 32:27

27 He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?

Proverbios 3:5-6

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.

Isaías 43:1-2

1 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

Nosotros, como iglesia, tenemos la responsabilidad de ayudar a las familias monoparentales. Santiago escribió: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Sant. 1:27). Se podría agregar, en principio: “Y a los padres solos con sus problemas también”. La ayuda que podemos ofrecer no tiene que ser solo económica. Podríamos permitirles un respiro llevándonos a sus hijos por un rato, para que ellos puedan hacer otras tareas, descansar, orar y estudiar la Palabra de Dios, etc. Podemos servir como mentores para sus hijos o ayudar a reparar cosas en la casa. Podemos ser las manos de Dios en múltiples formas para ayudar a los padres solos.

Sin emitir juicios sobre cómo llegaron a esa situación, ¿qué cosas específicas puedes hacer para alentar y ayudar a las familias monoparentales?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El verdadero cristiano abunda en buenas obras; da mucho fruto. Alimenta al hambriento, viste al desnudo, visita al enfermo, y ministra las necesidades del afligido. Los cristianos manifiestan un profundo interés en las almas que los rodean, quienes, a causa de las sutiles tentaciones del enemigo, están listos para perecer. Padres y madres, si habéis guardado a vuestros propios hijos de las trampas del enemigo, contemplad a vuestro alrededor para salvar a las almas de los hijos que no han tenido este cuidado. … Hay jóvenes a nuestro alrededor hacia quienes los miembros de la iglesia deben cumplir un deber; porque Cristo murió por ellos. … Son preciosos a la vista de Dios, y él anhela su felicidad eterna. … Cristo pide una colaboración voluntaria de parte de sus agentes, en la ejecución de un trabajo ferviente y consecuente por la salvación de las almas (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 123).

Siempre que sea posible, debe ser privilegio de los miembros de cada familia atender a los suyos. Cuando esto no puede hacerse, tócale a la iglesia hacerlo, y ella debe considerarlo como privilegio y obligación…

La presencia en nuestras casas de uno de estos desamparados es una preciosa oportunidad para cooperar con Cristo en su ministerio de gracia y para desarrollar rasgos de carácter como los suyos. Hay bendición en la asociación de ancianos y jóvenes. Estos últimos pueden llevar rayos de sol al corazón y la vida de los ancianos. Quienes van desprendiéndose de la vida necesitan del beneficio resultante del trato con la juventud llena de esperanza y ánimo. Los jóvenes también pueden obtener ayuda de la sabiduría y la experiencia de los ancianos. Más que nada necesitan aprender a servir con abnegación. La presencia de alguien que necesita simpatía, longanimidad y amor abnegado será de inestimable bendición para más de una familia. Suavizará y pulirá la vida del hogar, y sacará a relucir en viejos y jóvenes las gracias cristianas que los revestirán de divina belleza y los enriquecerán con tesoros imperecederos del cielo (Ministerio de curación, {MC}, p. 156).

Dios se complace cuando mantenemos el rostro orientado hacia el Sol de justicia… Cuando estamos en dificultades y oprimidos por la ansiedad, el Señor está cerca de nosotros, y nos insta a que depositemos toda nuestra solicitud en él, porque cuida de nosotros…

Se acerca a todos sus hijos en su aflicción. Es su refugio en tiempo de peligro. Les ofrece su gozo y consuelo cuando están dolientes. ¿Nos apartaremos del Redentor, la fuente de agua viva, para cavarnos cisternas rotas que no pueden detener agua? Cuando se aproxime el peligro, ¿buscaremos la ayuda de los que son tan débiles como nosotros, o acudiremos al que es poderoso para salvar? Sus brazos están abiertos ampliamente y formula esta invitación llena de gracia: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar” (Hijos e hijas de Dios, {HHD}, p. 21).

56


Martes 21 de mayo | Lección 8_________________________________________________

EL GOZO Y LA RESPONSABILIDAD DE SER PADRES

Lee el Salmo 127. ¿Cuál es el mensaje básico de este corto salmo? ¿Qué principios importantes deberíamos extraer en cuanto a cómo vivimos?

Salmo 127

1 Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño. He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud.Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.

Cuando quieres cocinar tu comida preferida, sigues una receta. Si agregas todos los ingredientes necesarios y sigues todos los pasos correctamente, la mayoría de las veces obtienes los resultados deseados. Sin embargo, criar hijos no es como cocinar. Ningún niño es exactamente igual a otro, e incluso si haces todo de la misma manera que con otros niños, pueden resultar diferentes. Esto puede tener que ver con su género, el orden en el que nacieron, sus temperamentos innatos o varias otras razones. En el plan de Dios, los padres orientan a sus hijos y les enseñan a amar y a obedecer a Dios (Deut. 6:4-9; Sal. 78:5-7). La directiva de Dios para los padres es: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Prov. 22:6); y no estar encima de los niños para asegurarse de que nunca tomen decisiones equivocadas.

Si bien queremos que nuestros hijos pasen de ser personas pequeñas, tiernas e indefensas a adultos independientes y exitosos, nuestra responsabilidad suprema es que lleguen a conocer, amar y servir a Jesucristo. Como padres, podemos seguir el plan para el desarrollo espiritual de nuestros hijos descrito en Deuteronomio 6. Hay cuatro prerrequisitos importantes: que reconozcamos a “Jehová nuestro Dios” (Deut. 6:4); que lo amemos cabalmente y de corazón (Deut. 6:5); que atesoremos su Palabra (Deut. 6:6); y que compartamos con nuestros hijos lo que sabemos acerca de él (Deut. 6:20-23).

Deuteronomio 6 brinda, además, otros dos principios importantes. En primer lugar, el principio de “inculcar-hablar” (Deut. 6:7, NVI). Inculcar se refiere a la educación formal, mientras que hablar se refiere a la instrucción informal. En ambos casos, la comunicación de la verdad bíblica se produce dentro del contexto de la relación padre-hijo. Los momentos de instrucción formal pueden darse durante el culto familiar, mientras estudiamos la Palabra de Dios con ellos. La enseñanza informal surge espontáneamente en las circunstancias de la vida cotidiana, y es aún más importante. Los incidentes cotidianos pueden convertirse en vehículos efectivos para comunicar la verdad bíblica (Gén. 18:19). El segundo es el principio de “atar-escribir” (Deut. 6:8, 9). La verdad espiritual debe estar ligada a nuestras acciones (“mano”) y a nuestras actitudes (“frente”), pero también debe estar inscrita en nuestra vida privada (“postes”) y pública (“puerta”). Debe pasar de nuestro corazón a nuestro hogar y de nuestro hogar al mundo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Tratar con las mentes humanas es un trabajo muy delicado. La disciplina necesaria para uno quebrantaría a otro; por lo tanto, padres, estudiad el carácter de vuestros hijos. Nunca seáis rudos ni actuéis por impulso…

No es mediante un acto que se forma el carácter, sino por una repetición de actos que se establecen los hábitos y se confirma el carácter. Para tener un carácter semejante al de Cristo es necesario actuar como lo hacía Cristo. Los cristianos mostrarán un carácter santo y sus acciones e impulsos serán motivados por el Espíritu Santo (Mente, carácter y personalidad, {2MCP}, t. 2, pp. 572, 573).

“Nuestro Padre celestial, al dar su Palabra, no olvidó a los niños. ¿Puede hallarse entre los escritos de los hombres algo que tenga tanta influencia sobre el corazón, algo tan adecuado para despertar el interés de los pequeñuelos, como los relatos de la Biblia?

“Mediante esas sencillas historias se pueden explicar los principios de la ley de Dios.”

“[A]l Espíritu Santo… se deleita en dirigirse a los niños, y en descubrirles los tesoros y las bellezas de la Palabra. Las promesas hechas por el gran Maestro cautivarán los sentidos y animarán al alma del niño con un poder espiritual divino. Crecerá en la mente receptiva una familiaridad con las cosas divinas, que será una barricada contra las tentaciones del enemigo” (La fe por la cual vivo, {FV}, p. 273).

Aquellos que han visto la verdad y sentido su importancia, y han gozado de una experiencia en las cosas de Dios, han de enseñar sana doctrina a sus hijos. Deben familiarizarlos con los grandes pilares de nuestra fe, las razones por las cuales somos adventistas del séptimo día, por qué se nos ha llamado a ser, al igual que los hijos de Israel, un pueblo especial, una nación santa, separados y diferentes de toda la demás gente sobre la faz de la tierra. Estas cosas deben explicarse a los niños en lenguaje sencillo y fácil de entender; y, al ir aumentando en edad, las lecciones impartidas deberán adaptarse a su creciente capacidad, hasta que los fundamentos de la verdad hayan sido echados amplia y profundamente.

Padres ¿Estáis diariamente trabajando para aventajar en liderazgo al enemigo y salvar a vuestros hijos de sus engaños? ¿Estáis abriendo ante ellos las preciosas verdades de la Palabra de Dios, explicándoles las razones de vuestra fe, de manera que sus tiernos pies puedan plantarse sobre la plataforma de la verdad?

[En] la Biblia… Las grandes verdades necesarias para la salvación han sido hechas claras como el mediodía, y ninguno errará ni perderá el camino excepto aquellos que siguen su propio criterio en vez de la voluntad revelada de Dios (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, pp. 309, 310).

57


Lección 8 | Miércoles 22 de mayo______________________________________________

LA CRIANZA COMO FORMADORA DE DISCÍPULOS

Lee Génesis 18:18 y 19; y 1 Samuel 3:10 al 14. Contrasta a estos dos padres. ¿Cuáles fueron los resultados de sus estilos parentales?

Génesis 18:18-19

18 habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?  19 Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

1 Samuel 3:10-14

10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. 11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. 12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. 14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.

Los padres tienen la responsabilidad de formar a sus hijos como discípulos de Jesús. Hay padres que creen que la forma de enseñar y corregir a sus hijos es mediante la aplicación de castigos físicos: cuantos más, mejor (Prov. 22:15; 23:13; 29:15). Pasajes como estos han sido mal utilizados para abusar de los niños y obligarlos a la sumisión total, pero a menudo eso también ha llevado a que estos se rebelen contra sus padres y contra Dios.

La Biblia enseña a los padres a gobernar con bondad (Efe. 6:4; Col. 3:21) y a instruir a los hijos en justicia (Sal. 78:5; Prov. 22: 6; Isa. 38:19; Joel 1:3). Como padres, debemos velar por nuestros hijos (2 Cor. 12:14) y darles un buen ejemplo para que lo sigan (Gén. 18:19; Éxo. 13:8; Tito 2:2). Se nos dice que gobernemos bien nuestros hogares (1 Tim. 3:4, 5, 12) y que disciplinemos a nuestros hijos (Prov. 29:15, 17), mientras al mismo tiempo debemos reflejar el amor de Dios (Isa. 66:13; Sal. 103:13; Luc. 11:11).

Lamentablemente, la Biblia revela historias de padres que se equivocaron. Isaac y Rebeca jugaron al favoritismo con sus hijos, Esaú y Jacob (Gén. 25:28), y más adelante Jacob mostró la misma actitud con José (Gén. 37:3). Elí, a pesar de ser un líder religioso, no corrigió a sus hijos (1 Sam. 3:10-14). Samuel, que también fue criado por Elí, resultó ser un padre muy defectuoso (1 Sam. 8:1-6). El rey David, al cometer adulterio y encargar un asesinato, enseñó esto a sus hijos, quienes siguieron su ejemplo. El rey Manasés sacrificó a sus hijos a los demonios (2 Rey. 21:1-9), al igual que el rey Acaz (2 Rey. 16:2-4).

Sin embargo, afortunadamente, en las Escrituras también encontramos algunos buenos ejemplos parentales. Mardoqueo fue un maravilloso padre adoptivo para Hadasa, la reina Ester (Est. 2:7), y Job oraba por sus hijos habitualmente (Job 1:4, 5). En todos estos ejemplos, buenos y malos, podemos extraer lecciones acerca de la crianza de los hijos.

¿Qué podemos aprender de los ejemplos parentales que vemos en la Biblia? ¿De qué manera podemos usar algunos de estos principios en nuestras interacciones con quienes no son hijos nuestros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios llamó a Abrahán para que fuera maestro de su palabra, lo escogió para que fuese padre de una gran nación, porque vio que instruiría a sus hijos y a su casa en los principios de la ley de Dios. El poder de la enseñanza de Abrahán se debió a la influencia de su vida. Formaban su casa más de mil personas, muchas de las cuales eran jefes de familia y no pocas recién convertidas del paganismo. Semejante casa necesitaba que una mano firme manejara el timón. Los métodos débiles y vacilantes no servían. Dios dijo a Abrahán: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí”. Sin embargo, ejercía su autoridad con tal sabiduría y ternura que cautivaba los corazones.

No será menos eficaz hoy la enseñanza de la Palabra de Dios cuando halle un reflejo tan fiel como ése en la vida del Maestro (La educación, {ED}, pp. 187, 188).

Padres, si queréis la bendición de Dios, proceded como procedió Abrahán. Reprimid el mal y fomentad el bien. Será necesario dar algunas órdenes en lugar de consultar las inclinaciones y gustos de los hijos.

Dejar a un niño que siga sus impulsos naturales, es permitirle que su carácter se deteriore y se haga eficiente en el mal. Los padres sabios no dirán a sus hijos: “Sigue tu propia elección; ve adonde quieras, y haz lo que quieras”; sino: “Escucha la instrucción del Señor”. A fin de que no se eche a perder la belleza de la vida del hogar, deben hacerse y aplicarse reglas sabias en él (Conducción del niño, {CN}, p. 218).

Elí era un hombre, de moral pura; pero era demasiado indulgente. Causó el desagrado de Dios porque no fortaleció los puntos débiles de su carácter. No quería herir los sentimientos de nadie y no tuvo el valor moral de reprender y reprobar el pecado. Sus hijos eran hombres viles y, aun así, no los apartó de sus responsabilidades. Profanaron la casa de Dios. Él lo supo y se sintió triste porque amaba la pureza y la justicia. Pero carecía de la fuerza moral necesaria para suprimir el mal. Amaba la paz y la armonía y se volvió más y más insensible a la impureza y al delito. Pero Dios se encargó del asunto con sus propias manos…

¡Qué lección encontramos aquí para los padres y los guardianes de la juventud, así como los que ministran en el servicio de Dios! Cuando no se corrigen los males porque los hombres tienen muy poco valor para reprender el error, o porque están poco interesados o son demasiado indolentes para invertir sus propias facultades en esforzarse honestamente para purificar la familia o la iglesia de Dios, son responsables del mal que pueda resultar como consecuencia de su abandono del deber. Somos tan responsables de los males que hubiésemos podido corregir en los demás mediante la reprensión, la advertencia o el ejercicio de la autoridad paterna o pastoral como si nosotros mismos hubiésemos cometido tales actos (Testimonios para la iglesia, {4TI}, t. 4, pp. 507, 508).

58


Jueves 23 de mayo | Lección 8_________________________________________________

CÓMO LUCHAR POR TU HIJO PRÓDIGO

Lee Proverbios 22:6. ¿Cuál es tu interpretación de este pasaje? ¿Es una garantía, una promesa o una probabilidad?

Proverbios 22:6

Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

A veces, como padre, haces todo lo que debes hacer: dedicas tiempo a enseñar a tus hijos las cosas correctas, a vivir de acuerdo con tu conocimiento de Dios, los envías a buenas escuelas, asistes a la iglesia habitualmente, haces obra misionera con ellos; y ellos finalmente abandonan la fe en la que los criaste. El dolor es insoportable, y no hay descanso en tu preocupación por la salvación de ellos. La causa no es necesariamente culpa del padre. Los hijos toman sus propias decisiones y son los responsables últimos ante Dios por sus acciones.

Algunos han tomado las palabras “y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” como una promesa, una garantía de que la educación adecuada siempre dará como resultado la salvación de su hijo. Pero Proverbios a menudo nos da principios, no siempre promesas incondicionales. Lo que podemos extraer de este texto es la seguridad de que las lecciones aprendidas en la infancia durarán toda la vida. Todos los hijos llegan a una edad en la que aceptan la herencia de sus padres como propia o la rechazan. Aquellos padres que se aseguraron de brindarles una formación piadosa a sus hijos tienen la seguridad de que lo que les enseñaron siempre permanecerá con sus hijos; y si ellos se apartan, las semillas que sembraron en su corazón estarán continuamente llamándolos a volver a casa. Ser buenos padres es decisión nuestra; ser buenos hijos es decisión de ellos.

¿Qué debería hacer un padre cuando un hijo se extravía? Encomendar a su hijo a Dios en oración ferviente. Si hay alguien que comprende tu dolor, ese es Dios, cuyos hijos de a millones le han dado la espalda a él, el Padre perfecto. Puedes apuntalar a tu “pródigo” con amor y oración, y estar dispuesto a permanecer a su lado mientras lucha con Dios.

No te avergüences de pedir apoyo y oración, no te culpes, y no te concentres tanto en el pródigo que te olvides del resto de la familia. Criar a un “hijo pródigo” puede dividir tu hogar; así que, construye un frente unificado con tu cónyuge y establece límites claros para tu hijo. Recuerda que Dios ama a tu hijo más que tú, concéntrate en un futuro más prometedor y acepta que tu hijo es una obra de Dios en proceso.

Es natural que te culpes en una situación así. E incluso si cometiste errores, ¿por qué es mejor que te concentres en el futuro y en las promesas de Dios? Filipenses 3:13.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nos hallamos a veces en el caso de no saber qué hacer; pero podemos llevar los niños a Dios en nuestras oraciones, pidiendo que sean guardados del mal, orando así: “Ahora, Señor, haz tu obra; ablanda y subyuga el corazón de nuestros hijos”; y él nos oirá. El escucha las oraciones de las madres llorosas y afanadas. Cuando Cristo estaba en la tierra, las agobiadas madres le llevaban sus hijos. Pensaban que si ponía las manos sobre sus hijos, se sentirían con mejor ánimo para criarlos en el camino en que tendrían que andar. El Salvador sabía por qué esas madres acudían a él con sus pequeñuelos y reprendió a los discípulos que querían apartarlos, diciendo: “Dejad los niños venir a mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios”…

La iniquidad abunda por todos lados, y si los niños se salvan será debido a esfuerzos serios y perseverantes. Cristo ha dicho: “Yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados”. Quiso que sus discípulos fuesen santificados, y se hizo él mismo ejemplo de ellos, para que pudieran seguirle. ¿Qué acontecería si los padres y las madres se situasen en la misma posición, diciendo: “Deseo que mis hijos tengan firmes principios y yo les daré un ejemplo de ello con mi vida”? Que la madre no considere demasiado grande sacrificio alguno, si es hecho por la salvación de su familia. Recordad que Jesús dio su vida con el propósito de rescataros de la ruina a vosotros y a vuestros hijos. Tendréis su simpatía y ayuda en esta bendita obra y seréis colaboradores de Dios.

Aunque faltemos en cualquier otra cosa, esmerémonos en la obra por nuestros niños (La educación cristiana, {EC}, pp. 152, 153).

No hay obra que pueda igualarse a la de la madre cristiana. Esta asume su obra con el sentido de lo que significa criar a sus hijos en la disciplina y admonición del Señor. ¡Cuán a menudo le parecerá su carga más pesada de lo que puede llevar; y cuán precioso será entonces el privilegio de llevarlo todo en oración al Salvador que simpatiza con ella! Puede echar su carga a sus pies y hallar en su presencia una fuerza que la sostendrá y le dará aliento, esperanza, valor y sabiduría en las horas más penosas. ¡Cuán dulce es para la madre agobiada saber que tiene un amigo tal en todas sus dificultades! Si las madres fueran a Cristo con más frecuencia y confiaran más plenamente en él, sus cargas serían más ligeras, y hallarían descanso para sus almas (El hogar cristiano, {HC}, p. 183).

El padre … ligará a sus hijos con el trono de Dios por una fe viva. Desconfiando de su propia fuerza, entrega a Jesús su alma desamparada y traba de la fortaleza del Altísimo. Hermanos, orad en casa, en vuestra familia, a la mañana y a la noche. Orad fervorosamente en vuestra cámara; y mientras os dedicáis a vuestra labor diaria, elevad vuestra alma a Dios en oración. Así fue como Enoc anduvo con Dios. La plegaria silenciosa y ferviente del alma se elevará al trono de gracia como santo incienso y será tan aceptable para Dios como si fuese ofrecida en el santuario. Para todos los que le busquen, Cristo llega a ser una ayuda oportuna en tiempo de necesidad. Serán fuertes en el día de la prueba (El hogar cristiano, {HC}, pp. 189, 190).

59


Lección 8 | Viernes 24 de mayo________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Deben tomar tiempo para conversar y orar con sus pequeñuelos, y no permitir que cosa alguna interrumpa esos momentos de comunión con Dios y con sus hijos. Pueden decir a sus visitantes: ‘Dios me ha dado una obra que hacer, y no tengo tiempo para charlar’. Deben considerar que tienen una obra que hacer para este tiempo y para la eternidad. Su primer deber es hacia sus hijos” (HC 241).

“Padres, debéis principiar vuestra primera lección de disciplina cuando vuestros hijos son aún niños mamantes en vuestros brazos. Enseñadles a conformar su voluntad a la vuestra. Esto puede hacerse con serenidad y firmeza. Los padres deben ejercer un dominio perfecto sobre su propio genio, y con mansedumbre, aunque con firmeza, doblegar la voluntad del niño hasta que no espere otra cosa sino el deber de ceder a sus deseos. […]

“Los padres no empiezan a tiempo, no subyugan la primera manifestación del mal genio del niño, y este nutre una terquedad que aumentará con el crecimiento y se fortalecerá a medida que él mismo adquiera fuerza” (TI 1:200).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Qué significa ser “hijo” de Dios? ¿Cómo debemos entender esa imagen y qué consuelo podemos obtener de ella?
  2. Un padre, poco después del nacimiento de sus hijos, dijo lo siguiente: “He aprendido dos grandes verdades teológicas en los primeros años después del nacimiento de mis hijos. La primera es la realidad del libre albedrío; la segunda, la realidad de la naturaleza humana pecaminosa”. ¿Cómo es que los pequeños pudieron enseñarle estas verdades?
  3. ¿Cuándo es el momento apropiado para ayudar a formar la voluntad de los hijos? ¿Cómo debería hacerse esto? ¿Cómo podemos moldear la voluntad de nuestros hijos según el plan de Dios cuando no nos hemos sometido completamente a su voluntad?
  4. Ahonden en el tema de los padres que crían a sus hijos solos. ¿De qué formas prácticas tu iglesia en general puede ayudar a los padres solos y a los hijos que están tratando de criar solos?
  5. ¿Cuáles son las formas de alentar a los padres cuyos hijos se han apartado de la fe?

60