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LECCIÓN 11 – LOS ESCOGIDOS – PARA EL 16 DE DICIEMBRE DE 2017



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Los pensamientos pertenecientes a la GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA – EDICIÓN PARA MAESTROS de la Escuela Sabática no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local, regional ni mundial. Más bien, es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer información adicional para quien estudia la lección de Escuela Sabática. Provee una ayuda extra para el maestro, a fin de entenderla mejor, y explicar de una manera más clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversiales, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de ayuda o de agrado para usted, se le pide que, por favor, lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com


Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 11: Para el 16 de diciembre de 2017

LOS ESCOGIDOS

Sábado 9 de diciembre______________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 10; 11.

PARA MEMORIZAR:

“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín” (Rom. 11:1).

LA LECCIÓN DE ESTA SEMANA ABARCA Romanos 10 y 11. Si bien haremos un énfasis especial en el capítulo 11, es importante leer ambos capítulos completos.

Estos dos capítulos han sido, y siguen siendo, el punto focal de muchos debates. No obstante, hay algo que se evidencia claramente a través de todos ellos: el amor de Dios por la humanidad y su gran deseo de que toda la humanidad se salve. No existe ningún rechazo colectivo para la salvación. Romanos 10 deja muy en claro que “no hay diferencia entre judío y griego” (Rom. 10:12): todos son pecadores y todos necesitan la gracia de Dios ofrecida al mundo mediante Jesucristo. Esta gracia nos llega a todos, no según la nacionalidad, el nacimiento, o las obras de la Ley, sino por la fe en Jesús, que murió como Sustituto de los pecadores de todos los lugares y los tiempos. Los roles pueden cambiar, pero el plan básico de salvación no cambia nunca.

Como se dijo anteriormente, es importante entender que, cuando Pablo habla de escogidos y de llamados, el tema no es la salvación, sino la función en el plan de Dios para alcanzar al mundo. Ningún grupo ha sido rechazado para la salvación. Ese nunca fue el tema en cuestión, sino que, después de la Cruz y después de la introducción del evangelio a los gentiles, el movimiento primitivo de los creyentes (judíos y gentiles) asumió la responsabilidad de evangelizar al mundo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios nos amó con amor indecible, y nuestro amor hacia él aumenta a medida que comprendemos algo de la largura, la anchura, la profundidad y la altura de este amor que excede todo conocimiento… el agente que emplea para expulsar el pecado del corazón es el amor. Mediante él, convierte el orgullo en humildad, y la enemistad y la incredulidad, en amor y fe.

Los judíos habían luchado afanosamente para alcanzar la perfección por sus propios esfuerzos, y habían fracasado. Ya les había dicho Cristo que la justicia de ellos no podría entrar en el reino de los cielos. Ahora les señala el carácter de la justicia que deberán poseer todos los que entren en el cielo… La ley no es más que una transcripción del carácter de Dios. Contemplad en vuestro Padre celestial una manifestación perfecta de los principios que constituyen el fundamento de su gobierno.

Dios es amor. Como los rayos de la luz del sol, el amor, la luz y el gozo fluyen de él hacia todas sus criaturas. Su naturaleza es dar. La misma vida de Dios es la manifestación del amor abnegado…

Debemos ser centros de luz y bendición para nuestro reducido círculo así como él lo es para el universo. No poseemos nada por nosotros mismos, pero la luz del amor brilla sobre nosotros y hemos de reflejar su resplandor. Buenos gracias al bien proveniente de Dios, podemos ser perfectos en nuestra esfera, así como él es perfecto en la suya (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 66, 67).

Dios es amor. El cuida de las criaturas que formó. “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen”. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios” (Salmos 103:13; 1 Juan 3:1).

¡Cuán precioso privilegio es éste, que seamos hijos e hijas del Altísimo, herederos de Dios y coherederos con Jesucristo! No nos lamentemos, pues, porque en esta vida no estemos libres de desilusiones y aflicción. Si en la providencia de Dios somos llamados a soportar pruebas, aceptemos la cruz, y bebamos la copa amarga, recordando que es la mano de un Padre la que la ofrece a nuestros labios. Confiemos en él, en las tinieblas como en la luz del día. ¿No podemos creer que nos dará todo lo que fuere para nuestro bien? “El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32). Aun en la noche de aflicción, ¿cómo podemos negamos a elevar el corazón y la voz en agradecida alabanza, cuando recordamos el amor por nosotros expresado en la cruz del Calvario? (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 295).

El creer produce paz, y la confianza en Dios produce gozo. “¡Crea, crea —dice mi alma— crea!” Descanse en Dios. Él es poderoso para guardar lo que usted le ha confiado. La hará más que vencedora por medio de aquel que la amó (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 286).

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Lección 11 // Domingo 10 de diciembre_____________________________________________

CRISTO Y LA LEY

Lee Romanos 10:1 al 4. Teniendo en cuenta todo lo mencionado anteriormente, ¿cuál es el mensaje aquí? ¿Cómo podríamos, hoy, correr peligro de buscar establecer nuestra propia justicia?

Romanos 10:1-4

1 Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.  Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.  Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;  porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

El legalismo puede presentarse de muchas formas, algunas más sutiles que otras. Quienes se miran a sí mismos: sus buenas obras, su dieta, con cuánta rigurosidad guardan el sábado, todas las cosas malas que no hacen o las cosas buenas que han logrado incluso con las mejores intenciones; todos estos están cayendo en la trampa del legalismo. A cada momento, en nuestra vida, debemos mantener ante nosotros la santidad de Dios en contraste con nuestra pecaminosidad; esa es la manera más segura de protegernos de la clase de pensamiento que lleva a la gente a buscar su propia justicia, que es contraria a la justicia de Cristo.

Romanos 10:4 es un versículo importante que presenta la esencia de todo el mensaje de Pablo a los romanos. Primero que todo, necesitamos conocer el contexto. Muchos judíos estaban “procurando establecer la suya [justicia] propia” (Rom. 10:3) y buscaban “la justicia que es por la ley” (Rom. 10:5). Pero, con la venida del Mesías, se manifestó el verdadero camino de la justicia. Se les ofreció justicia a todos los que depositaran su fe en Cristo. Él era Aquel a quien el antiguo sistema ceremonial había señalado.

Aun si incluimos los Diez Mandamientos en esta definición de Ley, no significa que los Diez Mandamientos se hayan suprimido. La Ley Moral señala nuestros pecados, nuestras faltas, nuestras deficiencias; de este modo, nos conduce a nuestra necesidad de un Salvador, nuestra necesidad de perdón, nuestra necesidad de justicia; y todo esto se encuentra solo en Jesús. Cristo es el “fin” de la Ley, en el sentido de que la Ley nos conduce a él y a su justicia. Aquí, la palabra griega para “fin” es télos, que también se puede traducir como “meta” o “propósito”. Cristo es el propósito final de la Ley, pues la Ley nos conduce a Jesús.

Considerar que este texto enseña que los Diez Mandamientos (o específicamente el cuarto, al que apuntan estas personas) están ahora anulados es sacar una conclusión que va en contra de muchas otras enseñanzas de Pablo y del Nuevo Testamento.

¿Alguna vez descubriste que te sentías orgulloso de lo bueno que eras, especialmente en comparación con los demás? Tal vez eres “mejor”… ¿y qué? Compárate con Cristo, y luego piensa en lo “bueno” que eres en realidad.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

¡¡¡POR FAVOR LEA ESTA NOTICIA!!!
 
Estimados hermanos, vivimos en la época de cambios. Y aguardamos el mayor de todos los cambios: ¡el que efectuará el Rey en su gloriosa Segunda Venida!
Aquí también cambiamos, para su beneficio y para la gloria de DIOS. A partir de esta lección, tengan la bondad de acceder a la lección de escuela sabática en el mismo horario anterior -los sábados, a las 22 horas, hora de España, 3 de la tarde hora del Este de los Estados Unidos de Norte América.
 
1-Bajo la ministración del Espíritu Santo, de ahora en adelante se podrá disfrutar el contenido del folleto junto con el espíritu de profecía a las 3:00 de la tarde hora del Este de los Estados Unidos.
 
2-El comentario se insertará el domingo a las 9: 00 de la noche, hora del Este de los Estados Unidos.
 
3-EL sistema en PDF estará disponible el lunes a las 9:00 de la noche hora del Este de los Estados Unidos, Dios mediante.
 
Este cambio nos permitirá madurar mejor toda la lección, a fin de servirles el lunes un fruto mejor madurado con la asistencia del Santo Espíritu. Agradecemos su paciencia y comprensión con este cambio. Suplicamos sus oraciones en nuestro favor: la lucha es fuerte, pero ¡¡todo lo podremos en CRISTO, que nos fortalece!!   ¡¡¡Maranata!!!

 


 

Hay lecciones de Escuela Sabática que ofrecen mucho material para compartir; eso ocurrió con la lección de la semana pasada. En la lección 10 hubo abundantes comentarios, pero posiblemente no logramos cubrir ni siquiera la mitad de toda la enseñanza que había en ella encerrada.

Ese no es el caso de la lección de esta semana: el material para estudio en esta semana se presenta tan didácticamente que resulta muy fácil de asimilar y comprender. Esto hace que nuestro comentario sea posiblemente redundante. Por lo tanto, consideramos que los textos de la lección y los comentarios insertos del Espíritu de Profecía, complementan idóneamente todo el estudio de la lección. De allí que comentaremos solamente dos temas: los de domingo y lunes.

El estudio del martes, miércoles y jueves es muy entendible: presenta la emoción que necesitamos tener para con los judíos como individuos y la deuda que tenemos con ellos, por su historia, por sus antepasados, por sus líderes, por su religión, por sus enseñanzas, tanto a través de su obediencia como a través de sus errores, por sus escritos, por sus profetas, por sus aportes a la religión, por sus discípulos, por sus apóstoles, y por ser el pueblo del cual provino el Salvador del mundo. Antes que furia, tenemos gratitud y plegarias para con ellos: que todos sean salvos cuando vuelva Jesús.

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nuestra única seguridad consiste en aferramos a Jesús. Nunca debemos perderlo de vista. Él dice: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Debemos comprender definitivamente que somos ineficaces e impotentes, y luego confiar plenamente en Jesús. Esto debería mantenemos serenos y resueltos en nuestras palabras y en nuestro comportamiento (Mensajes selectos, t. 2, p. 67).

Los sacerdotes y gobernantes se estancaron en una rutina de ceremonias. Estaban satisfechos con una religión legal, y era imposible para ellos dar a otros las verdades vivientes del cielo. Consideraban cabalmente suficiente su propia justicia, y no deseaban que un nuevo elemento se introdujera en su religión. No aceptaban la buena voluntad de Dios para con los hombres como algo independiente de ellos mismos, sino que la relacionaban con sus propios méritos debidos a sus buenas obras. La fe que obra por el amor y purifica el alma no podía unirse con la religión de los fariseos, hecha de ceremonias y de mandamientos de hombres (Los hechos de los apóstoles, p. 13).

Cristo pagó por la culpabilidad de todo el mundo y todo el que venga a Dios por fe, recibirá la justicia de Cristo… Nuestro pecado ha sido expiado, puesto a un lado, arrojado a lo profundo de la mar. Mediante el arrepentimiento y la fe somos liberados del pecado y contemplamos al Señor, nuestra justicia. Jesús sufrió, el justo por el injusto…

¿Quién desea llegar al verdadero arrepentimiento? ¿Qué debe hacer? Debe ir a Jesús, tal como es, sin demora. Debe creer que la palabra de Cristo es verdadera y, creyendo en la promesa, pedir para que reciba. Cuando un sincero deseo mueve a los hombres a orar, no orarán en vano. El Señor cumplirá su palabra, y dará el Espíritu Santo para inducir al arrepentimiento con Dios y la fe en nuestro Señor Jesucristo. El pecador orará, velará y se apartará de sus pecados, haciendo manifiesta su sinceridad por el vigor de su esfuerzo para obedecer los mandamientos de Dios. Mezclará fe con la oración, y no solo creerá en los preceptos de la ley sino que los obedecerá. Se declarará del lado de Cristo en esta controversia. Renunciará a todos los hábitos y compañías que tiendan a desviar de Dios el corazón…

Somos pecadores por nosotros mismos, pero somos justos en Cristo. Habiéndonos hecho justos por medio de la justicia imputada de Cristo, Dios nos declara justos y nos trata como a tales. Nos contempla como a sus hijos amados. Cristo obra contra el poder del pecado, y donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1, 2) (Mensajes selectos, t. 1, pp. 460, 461).

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Lunes 11 de diciembre // Lección 11________________________________________________

LA ELECCIÓN DE LA GRACIA

Lee Romanos 11:1 al 7. ¿Qué doctrina común niega en forma clara e irrevocable este pasaje?

Romanos 11:1-7

1 Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.  No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo:  Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme?  Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal.  Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.  Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.  ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;

En la primera parte de su respuesta a la pregunta: “¿Ha desechado Dios a su pueblo?”, Pablo señala a un remanente escogido por gracia como prueba de que Dios no ha desechado a su pueblo. La salvación está a disposición de todos los que la aceptan, judíos y gentiles por igual.

Deberíamos recordar que los primeros conversos al cristianismo eran todos judíos (por ejemplo, el grupo que se convirtió en el día de Pentecostés). Hizo falta una visión especial y un milagro para convencer a Pedro de que los gentiles tenían igual acceso a la gracia de Cristo (Hech. 10, comparar con Hech. 15:7-9) y que también se les debía llevar el evangelio.

Lee Romanos 11:7 al 10. Pablo ¿está diciendo que Dios cegó a propósito a la parte de la población de Israel que rechazó a Jesús para que no se salvara? ¿Qué hay de malo con esta idea?

Romanos 11:7-10

¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;  como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, En tropezadero y en retribución; 10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y agóbiales la espalda para siempre.

En Romanos 11:8 al 10, Pablo cita el Antiguo Testamento, al que los judíos aceptaban como normativa. Los pasajes que Pablo menciona representan a Dios dándole a Israel un espíritu de sueño que le impide ver y oír. ¿Ciega Dios los ojos de la gente para evitar que vean la luz que los conducirá a la salvación? ¡Nunca! Estos pasajes deben interpretarse a la luz de nuestra explicación de Romanos 9. Pablo no está hablando de la salvación individual, porque Dios no rechaza a ningún grupo en masa para la salvación. La cuestión aquí, como en las secciones anteriores, tiene que ver con la función que estas personas desempeñan en la obra de Dios.

¿Qué tiene de malo la idea de que Dios haya rechazado en masa a algún grupo de personas en relación con su salvación? ¿Por qué es esto contrario a toda la enseñanza del evangelio, que en su esencia muestra que Cristo murió para salvar a todos los seres humanos? ¿De qué manera, por ejemplo, en el caso de los judíos, esta idea ha llevado a resultados trágicos?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.   (Romanos 10)

Algunas de las iglesias cristianas actualmente creen y sostienen que Cristo en su venida a este mundo abolió la ley. Pero cuando leemos la Biblia detenidamente hallamos todo lo contrario: Cristo no solamente guardó la ley, sino que también afirmó la existencia de la ley.

Lo más grandioso es que, en vez de achicar la ley, hizo todo lo contrario, la engrandeció más. Cuando el Maestro afirmó que “ni una jota ni una tilde” perecerían de la ley (Mateo 5:18), reafirmaba la perpetua validez de todo el Decálogo, los diez mandamientos; obsérvese que la letra jota (j) ocupa el décimo lugar en el alfabeto, lo cual enfatiza la unicidad, indivisibilidad e indestructibilidad de los diez mandatos de la santa Ley de Dios.

Antes de la venida de Cristo, para quebrantar el mandamiento se requería una acción. Con la venida de Cristo, el mandamiento se vuelve más difícil y complicado, ya que para quebrantar el mandamiento no es necesaria una acción, sino que basta con el pensamiento. Ahora el mandamiento es más sensible: por ejemplo, Cristo lo agranda de tal manera que un hombre es culpado de adulterio solamente con codiciar a una mujer (ver Mateo 5:27, 28).

37—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. 38Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. 39 El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Mateo 22

Cristo no vino a este mundo a abolir la ley; todo lo contrario: Cristo la engrandeció. Hay dos maneras en que Cristo magnificó la ley: La primera es porque hizo el mandamiento más sensible. Antiguamente el adulterio era un acto físico; ahora con Cristo, el acto de codiciar a una mujer en el corazón constituye adulterio. Lo mismo sucede con el asesinato: antes el pecado se contaba por la muerte física de una persona, ahora con Cristo el asesinato comienza y se consuma con el pensamiento. Por lo tanto, en vez de ser empequeñecida o achicada, la ley es engrandecida por Cristo

La segunda manera como Cristo magnificó la ley, fue porque le añadió la palabra AMOR.

Para entender mejor esto déjeme compartir una experiencia de la vida real:

Hace algún tiempo conocí a un hermano de nuestra iglesia que era hombre muy trabajador, pero de escasos recursos. Cierto día apareció en la iglesia conduciendo un automóvil BMW, casi nuevo, posiblemente con pocos meses de uso. Él comenzó a contar la historia, que por ese vehículo había pagado el equivalente de unos 500 dólares estadounidenses.

Era imposible de creer, que por ese vehículo, que costaba casi el equivalente de cien mil dólares este hermano hubiera pagado esa pequeña cantidad, prácticamente era un regalo.

Esto fue lo que sucedió: El dueño de ese automóvil había fallecido y en el testamento de herencia, había estipulado que con ese vehículo se podían hacer dos cosas:

La primera era entregárselo a la señorita X como un regalo de parte de él.

La segunda opción era venderlo y el dinero conseguido con la venta del vehículo, entregárselo a la misma señorita X como un regalo de parte de él.

La señorita “X” había sido amante del recién muerto. La esposa optó por la opción número dos, y cuando nuestro bendito hermano se presentó a la casa de la señora viuda a trabajar; y la señora escuchó la necesidad de nuestro hermano, ella misma le ofreció el vehículo con la mínima cantidad del equivalente a $500.00 dólares. Esa fue la manera como nuestro hermano logró conseguir esa gran bendición.

Ahora viene la pregunta para la señora vendedora del vehículo: ¿Qué ley quebrantó?

¿La ley de Dios, la que fue dada en el Sinaí? No, definitivamente no quebrantó esta ley, porque ese dinero completo fue dado a la señorita X, tal como su difunto esposo lo había estipulado, cumpliendo el mandamiento NO ROBARÁS.

¿Quebrantó la ley de Cristo, basada en el amor? Sí, ella quebrantó esa ley. La quebrantó porque lo más conveniente hubiera sido decidir por la opción número uno, que estipulaba entregar el vehículo a la señorita X. Pero debido a la ausencia de amor de la esposa hacia la señorita X (lo que humanamente es fácil de entender) optó por la opción número dos, con lo cual redujo la ayuda que pudo haber obtenido la señorita X, mientras benefició a nuestro querido hermanito.

La ley de Dios es una ley generalizada. Cristo, en su primera venida a esta tierra, tomó el mismo mandamiento y lo hizo más amplio, más detallado, mucho más difícil de cumplir, ya que tiene como base el amor a Dios y el amor al prójimo.

Como ejemplo vamos a tomar el mandamiento NO ROBARÁS.

La palabra Robar significa: Quitar la propiedad de otra persona sin derecho y sin permiso.

Es bien fácil comprender el octavo mandamiento de Dios dado en el Sinaí. Ahora insertemos el concepto “amor” para ver el mismo mandamiento desde el punto de vista de Cristo:

-Roba el que adultera un producto volviéndolo de calidad inferior y manteniendo el mismo precio.

-Roba el que usa medidas y pesas falsas en sus transacciones.

-Roba el que oculta defectos.

-Roba el que presenta una calidad tramposa.

-Roba aquel que ha encontrado algo sabiendo quién es su dueño, pero conserva consigo lo encontrado.

-Roban los que reciben comisión a espaldas de sus jefes.

-Roban aquellos que se posesionan de algo que no está detallado en un contrato.

-Roba todo trabajador que no hace el trabajo para el cual fue contratado.

-Roban aquellos que hacen trabajos descuidados, sin el esmero con que tendría que hacerse dicho trabajo.

-Roban aquellos que no cuidan los bienes del propietario, derrochando y menoscabando los bienes que no les pertenecen.

-Roban los empleadores cuando retienen o reducen los salarios.

-Roban los empleadores cuando no cumplen sus promesas con los beneficios prometidos.

-Roban los empleadores cuando hacen trabajar a los trabajadores horas extras sin el debido pago.

-Roban los empleadores cuando privan a sus trabajadores de algo que ellos merecen.

-Todos aquellos viajeros que no declaran, desfiguran u ocultan sus propiedades al inspector de aduanas son ladrones.

-Roban todos aquellos que se meten a deuda sabiendo que les será imposible pagar.

-Roban aquellos que antes de una bancarrota transfieren todos sus bienes a alguien con el convenio de serles devueltas.

-Roba el que acepta el reconocimiento de trabajo o la idea de otro.

-Roba aquel que usa lo ajeno sin permiso de su propietario.

-Es ladrón al que se aprovecha de su prójimo en cualquier forma.

-Roba aquel que no entrega a su dueño lo escrito en una herencia.

-Roba el que encuentra algo y no lo reporta al centro de objetos perdidos.

-Roba el que le compra a un ladrón.

-Se puede robar a otros quitándoles las FE mediante las dudas y las críticas.

-Se roba a Dios con los diezmos y las ofrendas.

-Se roba el buen nombre de una persona a través de chismes calumniosos y perniciosos.

Ahora estamos en serios problemas, porque la ley de amor que presenta Cristo, donde nos obliga a amar a nuestro prójimo, la hemos quebrantado la mayoría de nosotros; la mayoría de nosotros hemos robado, y continuamos robando, convirtiendo a nuestra iglesia en “una cueva de ladrones” (Mateo 21:13).

Ahora vienen las siguientes preguntas:

¿Cuál ley es más fácil de guardar; la del Sinaí o la ley de Cristo, en la que el amor es el ingrediente primordial?

¿En qué posición quedan nuestros hermanos que creen que Cristo vino a este mundo a abolir la ley?

La ley de Dios es una ley general que abarca todo el mundo.

La mayoría de los gobiernos, por no decir todos los gobiernos del mundo, tienen los Diez Mandamientos como ley base en sus constituciones políticas.

La ley de Cristo es la misma ley de Dios, es el mismo mandamiento pero magnificado, agrandado, hecho más abarcante y más sensible.

Cuando Cristo agrega el ingrediente AMOR se nos hace mucho más difícil el mandamiento, ya que hay que lograr amar a nuestros prójimos y más que eso tenemos que amar aún a nuestros enemigos. Eso no se consigue con el esfuerzo humano; eso solamente se consigue a través de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Amar a nuestro enemigo se consigue a través del Espíritu Santo escribiendo en nuestras mentes y corazones, esa hermosa ley de respeto y amor; al mismo tiempo poniendo el más grande de sus frutos en nuestras vidas, el cual se llama AMOR.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos los que quieran, pueden ver el misterio de la piedad. Pero solo mediante una correcta comprensión de la misión y de la obra de Cristo, queda dentro de nuestro alcance la posibilidad de ser completo en él, acepto en el Amado. Su largo brazo humano abraza a la familia humana. Su brazo divino se aferra del trono del Infinito para que el hombre pueda tener el beneficio del sacrificio infinito hecho en su favor. Y a todos los que lo reciben les da la potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre…

La sabiduría oculta, que es Cristo formado en lo íntimo, la esperanza de gloria, es una sabiduría excelsa como el cielo. Los profundos principios de la piedad son sublimes y eternos. Una íntima vida cristiana es lo único que puede ayudamos a entender este problema y a obtener los tesoros de conocimiento que han estado ocultos en los consejos de Dios, pero que ahora son dados a conocer a todos los que tienen una relación vital con Cristo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1113, 1114).

Aunque Israel rechazó a su Hijo, Dios no los rechazó a ellos. Escuchemos cómo continúa Pablo…Digo pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elias la Escritura? como hablando con Dios contra Israel dice: Señor, a tus profetas han muerto, y tus altares han derribado; y yo he quedado solo, y procuran matarme. Mas ¿qué le dice la divina respuesta? He dejado para mí siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también, aun en este tiempo han quedado reliquias por la elección de gracia”.

Israel había tropezado y caído, pero esto no hacía imposible que se volviera a levantar (Los hechos de los apóstoles, p. 301).

La uniformidad no es la regla que se sigue en el reino de la naturaleza, ni es tampoco la regla que se sigue en el reino de la gracia. Dios obra de diferentes maneras para lograr un propósito: La salvación de las almas. El misericordioso Redentor emplea distintos métodos para tratar con diferentes mentes…

El Pastor celestial sabe dónde encontrar los corderos que están descarriados…

Como en los días de Elias, cuando Dios tenía siete mil que no habían doblado sus rodillas ante Baal, hoy tiene muchos en el mundo que están caminando de acuerdo con la luz que han recibido. Tiene en reserva un firmamento de escogidos que todavía resplandecerán en medio de la oscuridad (Cada día con Dios, p. 65).

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Lección 11 // Martes 12 de diciembre_______________________________________________

LAS RAMAS NATURALES

Lee Romanos 11:11 al 15. ¿Qué gran esperanza presenta Pablo en este pasaje?

Romanos 11:11-15

11 Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.  12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?  13 Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio,  14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos. 15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?

En este pasaje, encontramos dos expresiones paralelas: 1) “su [de los israelitas] plena restauración” (Rom. 11:12), y 2) “su [de los israelitas] restitución” (Rom. 11:15). Pablo concebía que el detrimento y el rechazo solo serían temporales, y que les seguirían la plenitud y la restitución. Esta es la segunda respuesta de Pablo a la pregunta planteada al principio del capítulo: “¿Acaso rechazó Dios a su pueblo?” Lo que parece ser un rechazo, dice, es solo una situación temporal.

Lee Romanos 11:16 al 24. ¿Qué nos está diciendo Pablo aquí?

Romanos 11:16-24

16 Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.  17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo,  18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.  19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado.  20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme.  21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.  22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.  23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.  24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

Pablo compara al remanente fiel de Israel con un olivo noble, cuyas ramas han sido desgajadas (los incrédulos); esta es una ilustración que usa para probar que “Dios no rechazó a su pueblo” (Rom. 11:2). La raíz y el tronco todavía están allí.

En este árbol se han injertado los gentiles creyentes. Ellos obtienen su savia y su vitalidad de la raíz y del tronco, que representan al Israel creyente.

Lo que les sucedió a quienes rechazaron a Jesús podría sucederles también a los creyentes gentiles. La Biblia no enseña ninguna doctrina de “una vez salvo, siempre salvo”. Así como la salvación se ofrece libremente, también se la puede rechazar libremente. Aunque debemos tener cuidado de no pensar que cada vez que caemos quedamos fuera de la salvación, o que no somos salvos a menos que seamos perfectos, también debemos evitar el otro extremo: la idea de que una vez que la gracia de Dios nos cubre no hay nada que podamos hacer, ninguna decisión que podamos tomar, que nos quite la provisión de la salvación. En definitiva, solo aquellos que se “mantiene[n] en su bondad” (Rom. 11:22) serán salvos.

Ningún creyente debería jactarse de su bondad ni sentirse superior a sus semejantes. No merecemos nuestra salvación; es un regalo. Delante de la Cruz, delante del estandarte de la santidad de Dios, todos somos iguales: pecadores que necesitamos la gracia divina, pecadores que necesitamos una santidad que solo puede ser nuestra mediante la gracia. No tenemos nada en nosotros mismos de lo cual alardear; nuestra jactancia debe ser solo en Jesús y en lo que él hizo por nosotros al venir a este mundo en carne humana, al sufrir nuestras aflicciones, al morir por nuestros pecados, al ofrecernos un modelo de cómo debemos vivir y al prometernos poder para llevar adelante esa vida. En todo somos completamente dependientes de él, porque sin él no tendríamos esperanza más allá de lo que este mundo ofrece.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El estudio del día lunes nos habla de la gracia de Cristo. La gracia de Cristo cubre a todas las personas, inclusive a todas esas personas que posiblemente nosotros creamos que están desahuciadas espiritualmente hablando.

Pablo es conocido como apóstol, como un santo, y también como un patriota. A pesar de que sus compatriotas lo andan buscando con la cadena de la muerte, él los ama de una manera difícil de comprender. Amar a nuestros amigos es amor humano; amar a nuestros enemigos es amor divino.

Pablo tiende una marcada línea entre el amor al prójimo y la predicación clara de la palabra de Dios. Sus palabras llenas de amor no suavizan un evangelio que es tan afilado como una espada de dos filos.

Es nuestra naturaleza pecaminosa aplastar al que se encuentra caído. Además, hay una tendencia en el mundo cristiano de condenar al mundo judío por el asesinato de Jesús, por el asesinato de profetas y de mensajeros divinos, de discípulos y de apóstoles y por el rechazo que tuvieron al evangelio de Cristo.  Si unimos estos dos argumentos arriba mencionados, es muy fácil ir en contra del mundo judío y aún más que eso, es muy fácil guardarles rencor, menospreciarlos y desestimarlos como personas.

Pablo nos exhorta que la gracia de Cristo cubre aun a esas personas que nosotros creemos que están desahuciadas por el Cielo.

Primero, nosotros no tenemos derecho a juzgar quién se encuentra en camino al cielo y quien se encuentra en camino al infierno: eso solamente lo conoce Dios y no es nuestro negocio estar en esas averiguaciones.

Los judíos fueron rechazados como nación, pero no como individuos. La gracia de Cristo cubre a cada persona que ha vivido, que vive y que vivirá en la tierra, sin importar quién es, de dónde viene, de qué color es su piel, qué idioma habla ni cuánto dinero tiene.

Hay un poema inglés de profundo significado sobre el tema; lastimosamente pierde su rima cuando se lo traducido a otro idioma, pero la esencia de ese poema es la siguiente:

Soñé que llegué al cielo, 

las puertas se abrieron de par en par

y un ángel con gentileza

me invitó a entrar.

Quedé sorprendido e indignado

al ver personas que no se merecían

estar en ese lugar.

 Pero no dije nada, porque la misma

indignación y admiración estaba en el

rostro de la personas, al verme entrar

a ese lugar.

Lo más hermoso del cielo, querido lector, será la presencia de Cristo en persona. Verlo, oírlo, acariciarlo, abrazarlo y seguirlo será la más dulce experiencia que disfrutaremos los redimidos por la eternidad. Cualquier esfuerzo, trabajo o sacrificio que hagamos aquí, palidecerán ante la gloria de estar con Cristo allí. Por eso nos identificamos con el poeta al declarar:

Cuánto anhelo llegar al celeste hogar,
a la margen del río de vida;
sorpresas sin fin me aguardan allá;
mas ¡oh, qué será ver a Cristo!

Coro
¡Oh, qué será ver a Cristo!
¡Qué será ver al Señor!
Pronto nos llevará al eterno hogar,
mas ¡oh, qué será ver a Cristo!

2.Unos han de morir para no más vivir,
mas los justos a vida retornan.
¡Qué gozo será volverlos a ver!,
mas ¡oh, qué será ver a Cristo!

3. Cuando vaya a vivir en aquella ciudad,
cuando vea el rostro divino,
no habrá más dolor, ni muerte jamás.
¡Oh, sí, qué será ver a Cristo!

(Himnario adventista, 334)

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Aquí estamos reunidos —con mentes diferentes, educación diferente, y adiestramiento diferente—, y no esperamos que toda mente siga el mismo cauce; pero la pregunta es: ¿Estamos nosotros, las diferentes ramas, injertados en la Vid verdadera? Esto es lo que deseamos saber, y queremos preguntárselo tanto a los maestros como a los alumnos. Queremos entender si estamos realmente injertados en la Vid verdadera. Si lo estamos, podemos tener modales diferentes, tonos y voces diferentes. Usted puede considerar las cosas desde un punto de vista, y nosotros tener ideas diferentes los unos de los otros con respecto a las Escrituras, no en oposición a ellas, sino que nuestras ideas pueden ser distintas. Mi mente puede seguir una línea de pensamiento que me resulta más familiar, y otro puede pensar y tomar una posición de acuerdo con sus rasgos de carácter, y ver un interés muy profundo en un aspecto de ello que los demás no ven (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 54).

Jesús vino a este mundo y, lleno de gracia, nos invita a ir a él, aprender de él y creer en él. Cuando vamos a él, nos injerta en su vida y en su carácter. Nuestro acercamiento a él se produce por medio de la fe y el injerto es nuestra adopción; y por ese proceso recíproco llegamos a constituimos en hijos de Dios y coherederos con Cristo, participantes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que está en el mundo por la concupiscencia.

Este injerto en Cristo nos separa del mundo. No amaremos más la compañía de los viles, contaminados y contaminadores. Estaremos de veras muertos al pecado, pero vivos en Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor. Entonces se producirán deliciosos racimos de fruto. Las gracias del Espíritu aparecerán bajo las formas de amor, paz, paciencia, bondad, mansedumbre. Experimentaremos nuevos afectos, nuevos apetitos, nuevos gustos. Las cosas viejas pasaron y todo ha llegado a ser nuevo (Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 156).

Aunque nos demos cuenta de nuestra condición desesperada sin Cristo, no debemos estar desanimados; debemos depender de los méritos de un Salvador crucificado y resucitado. Alma pobre, enferma de pecado y desanimada, mira y vive. Jesús ha comprometido su palabra; él salvará a todos los que vienen a él. Vayamos pues confesando nuestros pecados, trayendo frutos de arrepentimiento.

Jesús es nuestro Salvador hoy. Él intercede por nosotros en el lugar santísimo del santuario celestial, y él nos perdonará nuestros pecados. Espiritualmente hablando, hará para nosotros toda la diferencia del mundo el que dependamos de Dios, sin dudas, como de un seguro fundamento, o que tratemos de encontrar alguna justicia en nosotros mismos antes de venir ante él. Apartad la vista del yo y fijadla en el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. Es pecado dudar. La menor incredulidad, si se acaricia en el corazón, envuelve el alma en la culpa y trae grandes tinieblas y desánimo…

Jesús quiere que vayamos a él tales como somos: pecadores, desvalidos, necesitados. Afirmamos que somos hijos de la luz, no de la noche o de las tinieblas; ¿qué derecho tenemos a la incredulidad? (Mensajes selectos, t. 3, pp. 168, 169).

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Miércoles 13 de diciembre // Lección 11____________________________________________

TODO ISRAEL SERÁ SALVO

Lee Romanos 11:25 al 27. ¿Qué grandes acontecimientos predice Pablo?

Romanos 11:25-27

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.

Los cristianos han analizado y debatido Romanos 11:25 al 27 durante siglos. Sin embargo, hay algunas cuestiones que son claras. En primer lugar, aquí el significado de todo es que Dios se acerca a los judíos. Lo que Pablo está diciendo responde a la pregunta planteada al principio del capítulo: “¿Acaso rechazó Dios a su pueblo?” Su respuesta, por supuesto, es que “no”, y su explicación es: 1) que la ceguera (porosis, en griego, “dureza”) es solo en “parte”; y 2) que es solo temporal, “hasta que haya entrado la totalidad de los gentiles”.

¿Qué significa “la totalidad de los gentiles”? Muchos consideran que esta frase es una manera de expresar el cumplimiento de la comisión evangélica, cuando todo el mundo oirá el evangelio. “La totalidad de los gentiles” se cumple cuando el evangelio ha sido predicado en todas partes. La fe de Israel, manifestada en Cristo, se universaliza: el evangelio ha sido predicado a todo el mundo; la venida de esús está cerca. Este es el momento en que muchos judíos deciden acudir a Jesús.

Otra cuestión difícil es el significado de “todo Israel será salvo” (Rom. 11:26). Esto no debe interpretarse como que todos los judíos recibirán salvación en el tiempo del fin por algún decreto divino. En ninguna parte las Escrituras predican el universalismo, ya sea para toda la raza humana como para un segmento en particular. Pablo esperaba “salvar a algunos de ellos” (Rom. 11:14). Algunos aceptaron al Mesías y otros lo rechazaron, como ocurre con todos los grupos de personas.

Al hacer un comentario sobre Romanos 11, Elena de White habla de un tiempo “en la proclamación final del evangelio” cuando “muchos judíos […] recibirán por la fe a Cristo como su Redentor” (HAp 306).

“Hay una grandiosa obra que ha de hacerse en nuestro mundo. El Señor ha declarado que los gentiles serán reunidos; y no solo los gentiles, sino también los judíos. Hay entre los judíos muchas personas que se convertirán, y por medio de los cuales veremos cómo la salvación de Dios avanzará como una lámpara que arde. Hay judíos en todas partes, y a ellos ha de serles llevada la luz de la verdad presente. Hay entre ellos muchos que vendrán a la luz, y que proclamarán la inmutabilidad de la Ley de Dios con maravilloso poder” (Ev 421).

Tómate un tiempo para reflexionar en las raíces judías de la fe cristiana. ¿En qué medida un estudio selectivo de la religión judía podría ayudarte a comprender mejor tu fe cristiana?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En todo el trato que Dios tuvo con su pueblo, se nota, entremezclada con su amor y misericordia, la evidencia más sorprendente de su justicia estricta e imparcial. Queda patente en la historia del pueblo hebreo. Dios había otorgado grandes bendiciones a Israel… ¡Y, sin embargo, cuán presta y severa retribución les infligía por sus transgresiones!

El amor infinito de Dios se manifestó en la dádiva de su Hijo unigénito para redimir la familia humana perdida. Cristo vino a la tierra con el objeto de revelar al hombre el carácter de su Padre, y su vida rebosó de actos de ternura y de compasión divinas. Sin embargo, Cristo mismo declara: “Hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley” (Mateo 5:18). La misma voz que suplica con paciencia y amor al pecador para que venga a él y encuentre perdón y paz, ordenará, en el juicio, a quienes rechazaron su misericordia: “Apartaos de mí, malditos” (Mateo 25:41). En toda la Biblia, se representa a Dios, no solo como un padre tierno, sino también como un juez justo. Aunque se deleita en manifestar misericordia, y “perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado,” de “ningún modo justificará al malvado” (Éxodo 34:7) (Patriarcas y profetas, p. 502).

La historia de los hijos de Israel ha sido escrita para instrucción y admonición de todos los cristianos. Cuando los israelitas fueron sobrecogidos por peligros y dificultades, y el camino les parecía cerrado, su fe los abandonó y murmuraron contra el caudillo que Dios les había asignado. Le culpaban de haberlos puesto en peligro, cuando él había obedecido tan solo a la voz de Dios.

La orden divina era: “Que marchen” (Éxodo 14:15). No habían de esperar hasta que el camino les pareciese despejado y pudiesen comprender todo el plan de su libramiento. La causa de Dios ha de avanzar y él abrirá una senda delante de su pueblo. Vacilar y murmurar es manifestar desconfianza en el Santo de Israel. En su providencia Dios llevó a los hebreos a las fortalezas de las montañas, con el mar Rojo por delante, para poder librarlos y salvarlos para siempre de sus enemigos. Podría haberlos salvado de cualquier otra manera, pero eligió este método a fin de probar su fe y fortalecer su confianza en él (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 29).

Cristo viene con poder y grande gloria. Viene con su propia gloria, y con la del Padre. Y le acompañarán los santos ángeles…

Entonces los redimidos de entre los hombres recibirán la herencia que se les prometió. Así obtendrá un cumplimiento literal el propósito de Dios para con Israel. El hombre no puede impedir que se cumpla la voluntad de Dios. Aun en medio de las manifestaciones del mal, los propósitos de Dios han estado avanzando constantemente hacia su realización. Así sucedió con la casa de Israel durante toda la historia de la monarquía dividida; y así sucede hoy con el Israel espiritual (Profetas y reyes, pp. 531, 532).

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Lección 11 // Jueves 14 de diciembre________________________________________________

LA SALVACIÓN DE LOS PECADORES

El amor de Pablo por su pueblo se evidencia claramente en Romanos 11:25 al 27. Debió de haber sido muy duro para él que algunos de sus compatriotas lucharan contra él y contra la verdad del evangelio. Sin embargo, en medio de todo esto, todavía creía que muchos verían a Jesús como el Mesías.

Lee Romanos 11:28 al 36. ¿De qué modo muestra Pablo el amor de Dios, no solo para con los judíos, sino también para con toda la humanidad? ¿Cómo expresa asombros y misterio el poder de la gracia de Dios?

Romanos 11:28-36

28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.  29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.  30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos,  31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.  32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.  33 !!Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! !!Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!  34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?  35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?  36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

En Romanos 11:28 al 36, aunque se hace un contraste entre judíos y gentiles, queda clara una cosa: la misericordia, el amor y la gracia de Dios se derraman sobre los pecadores. Desde antes de la fundación del mundo, el plan de Dios fue

salvar a la humanidad y usar a otros seres humanos, incluso a naciones, como instrumentos en sus manos para cumplir la voluntad divina.

Lee Romanos 11:31 con atención y oración. ¿Qué aspecto de este versículo es importante, específicamente, en relación con nuestro testimonio, no solo para con los judíos, sino también para con todas las personas con las que entramos en contacto?

Romanos 11:31

31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

Sin duda, si la iglesia cristiana hubiera tratado mejor a los judíos a través de los siglos, muchos más podrían haberse acercado a su Mesías. El gran abandono en los primeros siglos después de Cristo y la paganización extrema del cristianismo, incluyendo el rechazo del día de reposo sabático en favor del domingo, por cierto no facilitó mucho que un judío pudiera sentirse atraído por Jesús.

Por eso, qué importante es que todos los cristianos, al percatarse de la misericordia que se les ha ofrecido en Jesús, manifiesten esa misericordia a los demás. No podemos ser cristianos si no lo hacemos (ver Mat. 18:23-36).

¿Hay alguien a quien necesites mostrarle misericordia y que, tal vez, no la merezca? ¿Por qué no mostrarle a esa persona esa misericordia, por más difícil que resulte? ¿No es eso lo que Jesús ha hecho por nosotros?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La obra para los judíos, tal como se bosqueja en el capítulo once de Romanos, es una obra que debe ser tratada con sabiduría especial. Es una obra que no debe ser pasada por alto. La sabiduría de Dios debe venir a nuestro pueblo. Con toda sabiduría y rectitud debemos despejar el camino del Rey. A los judíos debe dárseles la oportunidad de acudir a la luz (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1078).

Hemos de mostrar que la gracia de Cristo mora en nuestros corazones. Su influencia se manifestará, no importa con quienes estemos, por medio de palabras de la más profunda relevancia, que involucren consecuencias tan perdurables como la eternidad.

En esta etapa de la historia terrenal no podemos debilitar nuestra mutua influencia. La lucha cristiana es reñida y difícil. Tenemos que enfrentamos y combatir con enemigos invisibles, y debemos estar en armonía con los agentes celestiales que están procurando limpiamos de la inclinación a criticar a nuestros hermanos, a emitir juicio sobre ellos. El Señor desea que permanezcamos bajo el yugo de Cristo…

Somos testigos de Cristo. No hablemos entonces de las dificultades ni meditemos en nuestras pruebas, sino acerquémonos al Señor Jesucristo, autor y consumador de nuestra fe. Contemplándolo, estudiando y hablando de él, nos transformamos a su imagen (Alza tus ojos, p. 237).

La vida de Cristo fue una vida cargada del mensaje divino del amor de Dios, y él anhelaba intensamente impartir este amor a otros en forma abundante. La compasión irradiaba de su rostro, y su conducta se caracterizaba por la gracia y la humildad, el amor y la verdad. Cada miembro de su iglesia militante debe manifestar las mismas cualidades si quiere unirse a la iglesia triunfante. El amor de Cristo es tan amplio, tan pleno de gloria, que en comparación con él todo lo que el hombre estima tan grande se desvanece en la insignificancia. Cuando obtenemos una visión de él, exclamamos: ¡Oh, la profundidad de la riqueza del amor que Dios ha derramado sobre los hombres en el don de su Hijo unigénito!

Cuando buscamos un lenguaje apropiado para describir el amor de Dios, encontramos que las palabras son demasiado débiles, demasiado lejos del tema, soltamos la pluma y exclamamos: “¡No, no se puede describir!” Apenas podemos decir, como dijo el discípulo amado: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”. Cuando intentamos alguna descripción de ese amor, nos sentimos como infantes que balbucean sus primeras palabras. En silencio podemos adorar; porque el silencio en este asunto es la única elocuencia. Este amor está más allá de la descripción de ningún lenguaje. Es el misterio de Dios en la carne, Dios en Cristo, la divinidad en la humanidad. Cristo se inclinó con una humildad sin paralelo, para que en su exaltación al trono de Dios también pudiera exaltar a aquellos que creen en él a un lugar con él en su trono. Todos los que miran hacia Jesús con fe de que las heridas y laceraciones hechas por el pecado serán sanadas en él, serán sanados (Fundamentals of Christian Education, p. 179; parcialmente en Nuestra elevada vocación, p. 368).

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Viernes 15 de diciembre // Lección 11______________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “Ante el Sanedrín”, “De perseguidor a discípulo” y “Cartas escritas desde Roma”, Los hechos de los apóstoles, pp. 64, 65, 92-94, 378, 379; “Para alcanzar a los católicos”, El evangelismo, pp. 418-420; y “Qué predicar y qué no predicar”, Mensajes selectos, t. 1, pp. 182, 183.

“A pesar del fracaso de Israel como nación, había entre ellos un buen remanente que se salvaría. En el tiempo del advenimiento del Salvador, había hombres y mujeres fieles que habían recibido con alegría el mensaje de Juan el Bautista, y habían sido inducidos así a estudiar de nuevo las profecías concernientes al Mesías. Cuando se fundó la iglesia cristiana primitiva, estaba compuesta por estos fieles judíos que reconocieron a Jesús de Nazaret como Aquel cuyo advenimiento habían anhelado” (HAp 302).

“Entre los judíos hay algunos que, como Saulo de Tarso, son poderosos en las Escrituras, y estos proclamarán con poder la inmutabilidad de la Ley de Dios […]. Cuando sus siervos trabajen con fe por quienes han sido mucho tiempo descuidados y despreciados, su salvación se revelará” (HAp 306).

“En la proclamación final del evangelio, cuando una obra especial deberá hacerse en favor de las clases descuidadas hasta entonces, Dios espera que sus mensajeros manifiesten particular interés en el pueblo judío, que se halla en todas partes de la Tierra. Cuando las escrituras del Antiguo Testamento se combinen con las del Nuevo para explicar el eterno propósito de Jehová, eso será para muchos judíos como la aurora de una nueva creación, la resurrección del alma. Cuando vean al Cristo de la dispensación evangélica pintado en las páginas de las escrituras del Antiguo Testamento, y perciban cuán claramente el Nuevo Testamento explica al Antiguo, sus facultades adormecidas se despertarán, y reconocerán a Cristo como el Salvador del mundo. Muchos recibirán por la fe a Cristo como su Redentor” (HAp 306).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. A medida que la Ley de Dios, y especialmente el sábado, cobra gran importancia en los últimos días, ¿no es razonable pensar que los judíos (muchos de ellos tan firmes como los adventistas en el cumplimiento de los Diez Mandamientos) tendrán un papel en ayudar a aclarar algunas cuestiones ante el mundo? A fin de cuentas, cuando de guardar el sábado se trata, los adventistas, en contraste con los judíos, son novatos. Analicen esta idea en la clase.
  2. De todas las iglesias, ¿por qué debería la Iglesia Adventista ser la más exitosa en alcanzar a los judíos? ¿Qué pueden hacer tú o tu iglesia local para tratar de alcanzar a los judíos de tu comunidad?
  3. ¿Qué podemos aprender de los errores de muchos en el antiguo Israel? ¿De qué forma podemos evitar hacer lo mismo hoy?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
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