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Lección 4 – DEL HORNO ARDIENTE AL PALACIO – Para el 25 de enero de 2020


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Lección 4: Para el 25 de enero de 2020

DEL HORNO ARDIENTE AL PALACIO

Sábado 18 de enero_____________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Daniel 3; Apocalipsis 13:11–18; Éxodo 20:3–6; Deuteronomio 6:4; 1 Corintios 15:12–26; Hebreos 11.

PARA MEMORIZAR:

“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dan. 3:17, 18).

“Así estos jóvenes, imbuidos del Espíritu Santo, declararon a toda la nación su fe de que el que ellos adoraban era el único Dios verdadero y viviente […]. Para impresionar a los idólatras con el poder y la grandeza del Dios viviente, sus siervos deben mostrar su reverencia hacia Dios. Deben manifestar que él es el único objeto de su honra y adoración y que […] ni aun la preservación de su vida misma podrá inducirlos a hacer la menor concesión a la idolatría” (ELC 151). Aunque afrontar la amenaza de muerte debido a la cuestión de la adoración puede parecer algo de una época precientífica y supersticiosa, las Escrituras revelan que en el tiempo del fin, cuando el mundo haya progresado mucho, ocurrirá algo similar, pero a escala mundial. Por lo tanto, al estudiar esta historia, tenemos una vislumbre de las cuestiones que, según las Escrituras, enfrentarán los fieles de Dios.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al hacer que los hombres violaran el segundo mandamiento, Satanás se propuso degradar el concepto que tenían del Ser divino. Anulando el cuarto mandamiento, les haría olvidar completamente a Dios. El hecho de que Dios demande reverencia y adoración por sobre los dioses paganos se funda en que él es el Creador, y que todas las demás criaturas le deben a él su existencia. Así lo presenta la Biblia. Dice el profeta Jeremías: «Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey eterno:… los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos. El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su prudencia…. Todo hombre se embrutece y le falta ciencia; avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, y no hay espíritu en ellos; vanidad son, obras de escarnios: en el tiempo de su visitación perecerán. No es como ellos la suerte de Jacob: porque él es el Hacedor de todo». Jeremías 10:10-16 (Patriarcas y profetas, p. 348).

Es demasiado cierto que la reverencia por la casa de Dios ha llegado casi a extinguirse. No se disciernen las cosas y los lugares sagrados, ni se aprecia lo santo y lo exaltado. ¿No falta en nuestra familia la piedad ferviente? ¿No se deberá a que se arrastra en el polvo el alto estandarte de la religión? Dios dio a su antiguo pueblo reglas de orden, perfectas y exactas. ¿Ha cambiado su carácter? ¿No es él el Dios grande y poderoso que rige en el cielo de los cielos? ¿No sería bueno que leyésemos con frecuencia las instrucciones dadas por Dios mismo a los hebreos, para que nosotros, los que tenemos la luz de la gloriosa verdad, imitemos su reverencia por la casa de Dios? Tenemos abundantes razones para conservar un espíritu ferviente y consagrado en el culto de Dios. Tenemos motivos para ser aun más reflexivos y reverentes en nuestro culto que los judíos. Pero un enemigo ha estado trabajando para destruir nuestra fe en el carácter sagrado del culto cristiano (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 468).

No debería tratarse con descuido e indiferencia nada que sea sagrado, que pertenezca al culto de Dios. Cuando se habla la palabra de vida, deberían recordar que están escuchando la voz de Dios a través de su siervo delegado. No pierdan esas palabras por falta de atención; si las atienden, impedirán que sus pies se extravíen por senderos equivocados (Mensajes para los jóvenes, p. 188).

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Domingo 19 de enero | Lección 4______________________________________________

LA IMAGEN DE ORO

Lee Daniel 3:1 al 7. ¿Qué es lo que probablemente motiva al rey a hacer esta estatua?

Daniel 3:1-7

1 El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia. Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor. Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.

Es posible que hayan pasado unos veinte años entre el sueño y la construcción de la imagen. No obstante, parece que el rey ya no puede olvidar el sueño y el hecho de que Babilonia esté condenada a ser reemplazada por otros poderes. No satisfecho con ser solo la cabeza de oro, el rey quiere que una imagen íntegramente hecha de oro lo represente, para comunicar a sus súbditos que su reino perdurará a lo largo de la historia.

Esta actitud de orgullo nos recuerda a los constructores de la Torre de Babel, quienes, en su arrogancia, intentaron desafiar a Dios mismo. Nabucodonosor no es menos arrogante en este caso. Él ha logrado mucho como gobernante de Babilonia, y no puede hacerse a la idea de que su reino, con el tiempo, dejará de existir. Por ende, en un esfuerzo por autoexaltarse, construye una imagen para recordar su poder y evaluar, así, la lealtad de sus súbditos. Aunque quizá no sea claro si la imagen pretende representar al rey o a una deidad, debemos tener en cuenta que en la antigüedad las líneas que separaban la política de la religión a menudo eran confusas, o directamente no existían.

También debemos recordar que Nabucodonosor tuvo dos oportunidades para familiarizarse con el Dios verdadero. En primer lugar, examina a los jóvenes hebreos y los encuentra diez veces más sabios que los otros sabios de Babilonia. Más adelante, después de que todos los demás expertos no le pudieron recordar el sueño, Daniel le comunica los pensamientos de su mente, el sueño y su interpretación. Finalmente, el rey reconoce la superioridad del Dios de Daniel. Pero, evidentemente, esas lecciones de teología anteriores no impiden que Nabucodonosor vuelva a la idolatría. ¿Por qué? Lo más probable, por su orgullo. Los seres humanos pecaminosos se resisten a reconocer el hecho de que sus logros materiales e intelectuales son vanidad y están condenados a desaparecer. En ocasiones, podemos actuar como pequeños “Nabucodonosores”, ya que prestamos demasiada atención a nuestros logros y olvidamos lo insignificantes que pueden ser frente a la eternidad.

¿Cómo podemos aprender a no caer, incluso de maneras muy sutiles, en la misma trampa que Nabucodonosor?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El rey declaró a los tres jóvenes hebreos: «¿Estáis dispuestos para que… os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?» Los jóvenes dijeron al rey: »No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado». Daniel 3: 15-18… Esos jóvenes fieles fueron echados al fuego, pero Dios manifestó su poder para librar a sus siervos. Uno semejante al Hijo de Dios caminaba con ellos en medio de las llamas, y cuando salieron, ni aun el olor del fuego los había tocado (En los lugares celestiales, p. 151).

La actitud debida cuando se ora a Dios consiste en arrodillarse. Se requirió este acto de culto de los tres hebreos cautivos en Babilonia… Pero ese acto constituía un homenaje que debe rendirse únicamente a Dios, Soberano del mundo y Gobernante del universo; y los tres hebreos rehusaron tributar ese honor a ningún ídolo, aunque estuviera hecho de oro puro. Al hacerlo así, se habrían estado postrando en realidad ante el rey de Babilonia. Al rehusar hacer lo que el rey había ordenado, sufrieron el castigo y fueron arrojados al horno de fuego ardiendo (Mensajes selectos, t. 2, p. 360).

La fuerza es el último recurso de toda religión falsa. Al principio emplea la atracción, así como el rey de Babilonia probó el poder de la música y la ostentación externa. Si esos atractivos, inventados por hombres inspirados por Satanás, no hacían que los hombres adoraran la imagen, las devoradoras llamas del horno estaban listas para consumirlos. Así será ahora [pronto]. El papado ha ejercido su poder para obligar a los hombres a que le obedezcan, y continuará haciéndolo. Necesitamos el mismo espíritu que fue manifestado por los siervos de Dios en el conflicto con el paganismo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t.7, p. 987).

Nadie sino Dios puede subyugar el orgullo del corazón humano. No podemos salvamos a nosotros mismos. No podemos regeneramos a nosotros mismos. En los atrios del cielo no se cantará ningún cántico que diga: A mí que me he amado, que me he lavado, que me he redimido a mí mismo, a mí sea tributada la gloria, la honra, la bendición y la alabanza. Sin embargo, esta es la nota tónica del cántico que muchos entonan aquí en este mundo. No saben lo que significa ser manso y humilde de corazón; y no se proponen saberlo, si pueden evitarlo. Todo el evangelio consiste en que aprendamos de Cristo, su humildad y mansedumbre.

¿Qué es la justificación por la fe? Es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que este no puede hacer por sí mismo (Testimonios para los ministros, p. 456).

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Lección 4 | Lunes 20 de enero__________________________________________________

EL LLAMADO A ADORAR

Lee Daniel 3:8 al 15 y Apocalipsis 13:11 al 18. ¿Qué paralelismos podemos ver entre lo que sucedió en la época de Daniel y lo que ocurrirá en el futuro?

Daniel 3:8-15

Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive. 10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro; 11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo. 12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado. 13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. 14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? 15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

Apocalipsis 13:11-18

Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive. 10 Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro; 11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo. 12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado. 13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. 14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? 15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

La imagen de oro sobre la llanura de Dura, cuyo nombre en acadio significa “lugar amurallado”, da a ese sitio amurallado la impresión de un vasto santuario. Como si no fuera suficiente, el horno cercano bien pudo evocar un altar. La música babilónica formaba parte de la liturgia. Se enumeran siete tipos de instrumentos musicales, como para transmitir la integridad y la eficacia del protocolo de adoración.

Hoy, somos bombardeados desde todos lados por llamados a adoptar nuevos estilos de vida, nuevas ideologías, y a abandonar nuestro compromiso con la autoridad de Dios como se expresa en su Palabra y a rendir nuestra lealtad a los sucesores contemporáneos del Imperio Babilónico. El encanto del mundo a veces parece abrumador, pero debemos recordar que nuestra lealtad suprema pertenece al Dios creador.

Según el calendario profético, estamos viviendo en los últimos días de la historia de la Tierra. Apocalipsis 13 anuncia que los habitantes de la Tierra serán llamados a adorar la imagen de la bestia. Esa entidad hará que a “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente” (Apoc. 13:16).

Se dice que seis categorías de personas son leales a la imagen de la bestia: “pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos”. El número de la bestia, que es 666, también enfatiza el seis. Esto muestra que la imagen erigida por Nabucodonosor es solo una ilustración de lo que hará la Babilonia escatológica en los últimos días (ver Dan. 3:1 para las imágenes de seis y sesenta). Por lo tanto, hacemos bien en prestar mucha atención a lo que sucede en este relato y cómo Dios soberanamente dirige los asuntos del mundo.

Adorar no es solo inclinarse ante algo o alguien y profesar abiertamente lealtad suprema. ¿De qué otras formas, mucho más sutiles, podemos terminar adorando algo que no sea a nuestro Señor?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dura fue la prueba que arrostraron… estos jóvenes cuando Nabucodonosor publicó el edicto que obligaba a todos los funcionarios del reino a reunirse para la dedicación de la enorme imagen, y a arrodillarse y adorarla cuando sonaran los instrumentos de música. Si alguno desobedecía esa orden, inmediatamente sería arrojado en un horno ardiente. La idea de adorar esa imagen había nacido en el círculo de los sabios de Babilonia, quienes querían que los jóvenes hebreos se unieran a su culto idolátrico. Estos eran magníficos cantores, y los caldeos querían que olvidaran su Dios y aceptaran el culto de los ídolos babilónicos.

Llegó el día señalado, y cuando resonó la música, la inmensa muchedumbre que se había congregado obedeciendo la orden del rey, «se postraron, y adoraron la estatua de oro». Pero estos jóvenes fieles no se arrodillaron (Mi vida hoy, p. 70).

El Señor se dio a conocer a los paganos de Babilonia mediante los cautivos hebreos. A esa nación idólatra se le dio un conocimiento del reino que el Señor iba a establecer y sostener mediante su poder contra todo el poder y la habilidad de Satanás. Daniel y sus compañeros, Esdras y Nehemías y muchos otros, fueron testigos de Dios en su cautiverio. El Señor los esparció entre los reinos de la tierra para que su luz pudiera resplandecer brillantemente en medio de las negras tinieblas del paganismo y la idolatría. Dios reveló a Daniel la luz de sus propósitos, que habían estado ocultos por muchas generaciones. Dispuso que Daniel contemplara en visión la luz de la verdad divina, y que reflejara esa luz sobre el orgulloso reino de Babilonia. Se permitió que desde el trono de Dios refulgiera luz sobre el despótico rey. Se mostró a Nabucodonosor que el Dios del cielo regía sobre todos los monarcas y reyes de la tierra. Su nombre debía publicarse como el de Dios que está por encima de todos los dioses. Dios anhelaba que Nabucodonosor comprendiera que los gobernantes de los reinos terrenales tenían un gobernante en los cielos. La fidelidad de Dios al rescatar a los tres cautivos de las llamas y al justificar la conducta de ellos, mostró el poder maravilloso de Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 4, p. 1190).

Daniel y sus compañeros tenían una conciencia sin ofensa delante de Dios. Pero esto no se logra sin lucha. ¡Qué prueba significó para los tres amigos de Daniel la orden de adorar la gran imagen instalada por el rey Nabucodonosor en la llanura de Dura! Sus principios les prohibían rendir homenaje al ídolo, porque era un rival del Dios del cielo. Sabían que le debían a Dios toda facultad que poseían, y aunque sus corazones estaban llenos de generosa simpatía hacia todos los hombres, tenían la elevada aspiración de mantenerse enteramente leales a su Dios (En los lugares celestiales, p. 151).

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Martes 21 de enero | Lección 4________________________________________________

LA PRUEBA DE FUEGO

Para los tres hebreos, adorar a la imagen impuesta por el rey es una falsificación flagrante de la adoración en el Templo de Jerusalén, que vivieron en sus primeros años. Aunque tienen cargos en el Imperio y son leales al rey, su lealtad a Dios establece un límite a su lealtad humana. Ciertamente están dispuestos a continuar sirviendo al rey como administradores fieles; sin embargo, no pueden unirse a la ceremonia.

Lee Éxodo 20:3 al 6 y Deuteronomio 6:4. ¿Qué transmiten estos versículos que seguramente influyó en la postura que adoptaron estos hombres?

Éxodo 20:3-6

No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Deuteronomio 6:4

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

Todos siguen las instrucciones promulgadas por el rey y, al oír los instrumentos musicales, se inclinan y adoran la imagen de oro. Solo tres, Sadrac, Mesac y Abed-Nego, se atreven a desobedecer al rey. Inmediatamente, algunos babilonios ponen al rey en conocimiento. Los acusadores intentan enfurecer al rey diciendo: (1) fue el mismo rey quien puso a estos tres jóvenes sobre la provincia de Babilonia; (2) los judíos no sirven a los dioses del rey; y (3) no adoran la imagen de oro que el rey ha erigido (Dan. 3:12). Pero, a pesar de enfurecerse contra ellos, el rey ofrece una segunda oportunidad a los tres hombres. El rey está dispuesto a repetir todo el procedimiento para que estos hombres puedan retractarse de su posición y adorar a la imagen. Si se niegan, serán arrojados al horno de fuego. Y Nabucodonosor cierra su apelación con una afirmación sumamente arrogante: “¿Y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (Dan. 3:15).

Dotados de valor sobrenatural, responden al rey: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dan. 3:17, 18).

Aunque saben que su Dios puede librarlos, no tienen la garantía de que lo hará. Sin embargo, se niegan a obedecer el mandato del rey, incluso sabiendo que podrían ser quemados vivos. ¿De dónde obtenemos esa clase de fe?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jehová, el eterno, el que posee existencia propia, el no creado, el que es la fuente de todo y el que lo sustenta todo, es el único que tiene derecho a la veneración y adoración supremas. Se prohíbe al hombre dar a cualquier otro objeto el primer lugar en sus afectos o en su servicio. Cualquier cosa que nos atraiga y que tienda a disminuir nuestro amor a Dios, o que impida que le rindamos el debido servicio es para nosotros un dios.

«No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni rendirás culto».

Este segundo mandamiento prohíbe adorar al verdadero Dios mediante imágenes o figuras. Muchas naciones paganas aseveraban que sus imágenes no eran más que figuras o símbolos mediante los cuales adoraban a la Deidad; pero Dios declaró que tal culto es un pecado. El tratar de representar al Eterno mediante objetos materiales degrada el concepto que el hombre tiene de Dios. La mente, apartada de la infinita perfección de Jehová, es atraída hacia la criatura más bien que hacia el Creador, y el hombre se degrada a sí mismo en la medida en que rebaja su concepto de Dios (Patriarcas y profetas, p. 313).

Los héroes hebreos no pudieron ser consumidos porque la presencia del cuarto, el Hijo de Dios, estaba con ellos. Por consiguiente, en el día del Señor el humo y las llamas no tendrán poder para dañar a los justos. Los que estén unidos al Señor escaparán ilesos. Terremotos, huracanes, fuego e inundaciones no pueden dañar a quienes están preparados para encontrarse con su Salvador en paz. Pero quienes lo rechazaron, azotaron y crucificaron se hallarán entre los que sean levantados de los muertos para contemplar su venida en las nubes de los cielos, asistido por la hueste celestial, diez mil veces diez mil y miles de miles (Alza tus ojos, p. 259).

Confesar a Cristo significa más que dar un testimonio en una reunión.

Tenemos que realizar una confesión diferente de aquella que hemos estado haciendo; y tendremos que hacerla bajo diferentes circunstancias. Los tres hebreos fueron llamados a confesar a Cristo frente al horno de fuego.

Si a vosotros se os pide que paseéis en el horno de fuego en el nombre de Cristo, Jesús estará a vuestro lado. «Cuando pesares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti» Isaías 43:2 (Our High Calling, p. 358; parcialmente en Nuestra elevada vocación, p. 360).

Los tres hebreos declararon a toda la nación de Babilonia su fe en Aquel a quien adoraban. Confiaron en Dios. En la hora de su prueba recordaron la promesa: «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo… Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti». Y de una manera maravillosa su fe en la Palabra viviente fue honrada a la vista de todos. Las nuevas de su liberación admirable fueron transmitidas a muchos países por los representantes de las diferentes naciones que Nabucodonosor había invitado a la dedicación. Mediante la fidelidad de sus hijos, Dios fue glorificado en toda la tierra (Reflejemos a Jesús, p. 362).

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Lección 4 | Miércoles 22 de enero_____________________________________________

EL CUARTO HOMBRE

Lee Daniel 3:19 al 27. ¿Qué ocurre? ¿Quién es la otra persona que está en medio del fuego?

Daniel 3:19-27

19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. 20 Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. 21 Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. 22 Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. 23 Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. 24 Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. 25 Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. 26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. 27 Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían.

Habiendo arrojado a los fieles hebreos al fuego, Nabucodonosor queda perplejo al percibir la presencia de una cuarta persona dentro del horno. A su entender, el rey identifica a la cuarta figura como “hijo de los dioses” (Dan. 3:25).

El rey no puede decir mucho más, pero nosotros sí sabemos quién era esa cuarta persona. Se le apareció a Abraham antes de la destrucción de Sodoma y de Gomorra, luchó con Jacob junto al arroyo Jaboc y se le reveló a Moisés en una zarza ardiente. Es Jesucristo en una forma preencarnada, que viene a mostrar que Dios está con su pueblo en medio de sus problemas.

Elena de White dice: “Pero el Señor no olvidó a los suyos. Cuando sus testigos fueron arrojados al horno, el Salvador se les reveló en persona, y juntos anduvieron en medio del fuego. En la presencia del Señor del calor y el frío, las llamas perdieron su poder de consumirlos” (PR 373).

Como dice Dios en Isaías: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti” (Isa. 43:2).

Aunque amamos este tipo de historias, nos surge la pregunta de por qué otros no han sido liberados milagrosamente de la persecución por su fe. Conocemos seguramente la experiencia de Isaías y Zacarías, quienes fueron asesinados por reyes impíos. A lo largo de la historia bíblica, hasta nuestros días, los cristianos fieles experimentaron sufrimientos terribles que no terminaron en una liberación milagrosa para ellos, al menos aquí, sino en una muerte dolorosa. El caso que estamos analizando esta semana es uno en el que los fieles reciben una liberación milagrosa, pero, como sabemos, esas cosas no suelen suceder.

Por otro lado, ¿cuál es la liberación milagrosa que tendrán todos los fieles de Dios, independientemente de su destino aquí? (Ver 1 Cor. 15:12-26.)

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Entonces el rey ordenó que se calentara el horno siete veces más que de costumbre; una vez cumplida la orden, arrojaron a los hebreos adentro. Tan fuerte era el calor de las llamas que los hombres que arrojaron a los hebreos en el horno murieron quemados.

De pronto el semblante del rey se demudó de terror… Trémula su voz por la excitación, el monarca exclamó: «He aquí que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño hay en ellos; y el parecer del cuarto es semejante a hijo de los dioses» (Mi vida hoy, p. 70).

¿Cómo sabía el rey qué aspecto tendría el Hijo de Dios? En su vida y carácter, los cautivos hebreos que ocupaban puestos de confianza en Babilonia habían representado la verdad delante de él. Cuando se les pidió una razón de su fe, la habían dado sin vacilación. Con claridad y sencillez habían presentado los principios de la justicia, enseñando así a aquellos que los rodeaban acerca del Dios al cual adoraban. Les habían hablado de Cristo, el Redentor que iba a venir; y en la cuarta persona que andaba en medio del fuego, el rey reconoció al Hijo de Dios…

El que anduvo con los notables hebreos en el horno de fuego acompañará a sus seguidores dondequiera que estén. Su presencia constante los consolará y sostendrá. En medio del tiempo de angustia cual nunca hubo desde que fue nación, sus escogidos permanecerán inconmovibles. Satanás, con toda la hueste del mal, no puede destruir al más débil de los santos de Dios. Los protegerán ángeles excelsos en fortaleza, y Jehová se revelará en su favor como «Dios de dioses», que puede salvar hasta lo sumo a los que ponen su confianza en él (Conflicto y valor, p. 252).

La vida en Cristo es una vida de reposo. Tal vez no haya éxtasis de los sentimientos, pero debe haber una confianza continua y apacible. Tu esperanza no se cifra en ti mismo, sino en Cristo. Tu debilidad está unida a su fuerza, tu ignorancia a su sabiduría, tu fragilidad a su eterno poder…

No debemos hacer de nuestro yo el centro de nuestros pensamientos, ni alimentar ansiedad ni temor acerca de si seremos salvos o no. Todo esto desvía el alma de la Fuente de nuestra fortaleza. Encomendemos a Dios la custodia de nuestra alma, y confiemos en El. Hablemos del Señor Jesús y pensemos en Él. Piérdase en Él nuestra personalidad. Desterremos toda duda; disipemos nuestros temores. Digamos con el apóstol Pablo: «Vivo; mas no ya yo, sino que Cristo vive en mí: y aquella vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó, y se dio a sí mismo por mí». Reposemos en Dios. Él puede guardar lo que le hemos confiado. Si nos ponemos en sus manos, nos hará más que vencedores por medio de Aquel que nos amó (El camino a Cristo, pp. 70, 71).

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Jueves 23 de enero | Lección 4_________________________________________________

EL SECRETO DE UNA FE ASÍ

Al reflexionar sobre la experiencia de Sadrac, Mesac y Abed-Nego, podemos preguntarnos: ¿Cuál es el secreto de una fe tan sólida? ¿Cómo es que estuvieron dispuestos a quemarse vivos antes que adorar a la imagen? Piensa en todas las formas en que podrían haber racionalizado el hecho de postrarse en sumisión a las órdenes del rey. Y sin embargo, a pesar de ser conscientes de que podrían haber muerto, como tantos otros, se mantuvieron firmes.

Lee Hebreos 11. ¿Qué nos enseña acerca de qué es la fe?

Hebreos 11

1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 12 Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. 13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. 17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. 20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. 21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. 22 Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. 23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. 24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. 27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. 28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. 29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. 30 Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. 31 Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. 32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; 33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. 35 Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. 36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. 39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; 40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

Para fomentar esa fe, necesitamos entender qué es la fe. Algunos tienen una percepción cuantitativa de la fe; miden su fe por las respuestas que, al parecer, reciben de Dios. Van al centro comercial y oran por un lugar para estacionar. Si por casualidad consiguen un espacio al llegar, concluyen que tienen una fe sólida. Si todos los espacios están ocupados, quizá piensen que su fe no es lo suficientemente sólida como para que Dios escuche sus oraciones. Esta interpretación de la fe se vuelve peligrosa porque intenta manipular a Dios, y no tiene en cuenta la soberanía y la sabiduría de Dios.

De hecho, la verdadera fe, como lo manifiestan los amigos de Daniel, se mide por la calidad de nuestra relación con Dios y la consiguiente confianza absoluta en él. La fe auténtica no busca doblegar la voluntad de Dios para que se adecue a la nuestra; más bien, subyuga nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Como vimos, los tres hebreos no saben exactamente lo que Dios les tiene reservado cuando deciden desafiar al rey y permanecer fieles a Dios. Deciden hacer lo correcto a pesar de las consecuencias. Esto es lo que realmente caracteriza una fe madura. Mostramos una fe real cuando oramos al Señor por lo que queremos, pero confiamos en que él hará lo mejor por nosotros, incluso si en ese momento no entendemos lo que está sucediendo ni por qué.

¿De qué formas podemos ejercer la fe día a día, incluso en cosas pequeñas que pueden hacer que nuestra fe crezca y esté preparada para enfrentar mayores desafíos con el tiempo? ¿Por qué, en muchos sentidos, las pruebas en las cosas pequeñas son las más importantes?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

De Daniel y sus compañeros emanó y brilló una gran luz. Se dijeron cosas gloriosas de Sion, la ciudad de Dios. El Señor quiere que de esta manera brille la luz espiritual procedente de sus fieles atalayas en estos últimos días. Si los santos del Antiguo Testamento dieron un testimonio tan decidido de lealtad, ¡cuánto debiera brillar hoy el pueblo de Dios que tiene la luz acumulada de los siglos, desde que las profecías del antiguo testamento proyectarán su gloria velada hacia el futuro! (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, pp. 1190, 1191).

De siglo en siglo los héroes de la fe se han destacado por su fidelidad hacia Dios, y muchas veces se los ha señalado frente al mundo, para que su luz pudiera iluminar a los que estaban en tinieblas. Daniel y sus tres compañeros son ilustres ejemplos de heroísmo cristiano… Al considerar lo que les ocurrió en la corte de Babilonia, podemos damos cuenta de lo que Dios hará por aquellos que le sirven con firme propósito de corazón (Mi vida hoy, p. 70).

El tiempo de angustia que espera al pueblo de Dios requerirá una fe inquebrantable. Sus hijos deberán dejar manifiesto que él es el único objeto de su adoración, y que por ninguna consideración, ni siquiera de la vida misma, pueden ser inducidos a hacer la menor concesión a un culto falso. Para el corazón leal, los mandamientos de hombres pecaminosos y finitos son insignificantes frente a la Palabra del Dios eterno. Obedecerán a la verdad aunque el resultado haya de ser encarcelamiento, destierro o muerte.

Como en los días de Sadrac, Mesac y Abed-nego, en el período final de la historia de esta tierra el Señor obrará poderosamente en favor de aquellos que se mantengan firmemente por lo recto. El que anduvo con los notables hebreos en el horno de fuego acompañará a sus seguidores dondequiera que estén. Su presencia constante los consolará y sostendrá (Reflejemos a Jesús, p. 362).

El tiempo presente es un momento de solemne privilegio y sagrada confianza. Si los siervos de Dios cumplen fielmente el cometido a ellos confiado, grande será su recompensa… La ferviente labor, el trabajo abnegado, el esfuerzo paciente y perseverante, serán recompensados abundantemente. Jesús dirá: Ya no os llamo siervos, sino amigos. Juan 15:15. El Maestro no concede su aprobación por la magnitud de la obra hecha, sino por la fidelidad manifestada en todo lo que se ha hecho. No son los resultados que alcanzamos, sino los motivos por los cuales obramos, lo que más importa a Dios. Él aprecia sobre todo la bondad y la fidelidad (Obreros evangélicos, p. 282).

La mejor preparación para trabajar lejos, los m1s1oneros del Maestro la reciben en la familia cristiana donde se teme y se ama a Dios, donde se le adora y la fidelidad ha llegado a ser una segunda naturaleza, donde no se permite desatender desordenadamente a los deberes domésticos, donde la serena comunión con Dios se considera esencial para el fiel cumplimiento de los deberes diarios.

Los deberes domésticos deben cumplirse sabiendo que si se ejecutan con el debido espíritu comunican una experiencia que nos habilitará para trabajar por Cristo de la manera más permanente y cabal. ¡Cuánto no podría lograr en los ramos de la obra misionera un cristiano vivo, al desempeñar fielmente los deberes diarios, al alzar su cruz y al no descuidar deber alguno, por mucho que desagrade a sus sentimientos naturales! (El hogar cristiano, p. 29).

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Lección 4 | Viernes 24 de enero________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Importantes son las lecciones que debemos aprender de lo experimentado por los jóvenes hebreos en la llanura de Dura. En esta época nuestra, muchos de los siervos de Dios, aunque inocentes de todo mal proceder, serán entregados para sufrir humillación y ultrajes a manos de aquellos que, inspirados por Satanás, están llenos de envidia y fanatismo religioso. La ira del hombre se despertará en forma especial contra los que santifican el sábado del cuarto Mandamiento; y al fin un decreto mundial los denunciará como merecedores de muerte.

“El tiempo de angustia que espera al pueblo de Dios requerirá una fe inquebrantable. Sus hijos deberán dejar manifiesto que él es el único objeto de su adoración, y que por ninguna consideración, ni siquiera de la vida misma, pueden ser inducidos a hacer la menor concesión a un culto falso. Para el corazón leal, los mandamientos de hombres pecaminosos y finitos son insignificantes frente a la Palabra del Dios eterno. Obedecerán a la verdad aunque el resultado haya de ser encarcelamiento, destierro o muerte” (PR 376).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Lee 1 Pedro 1:3 al 9. ¿Por qué Dios rescata a algunos del sufrimiento y a otros no? ¿O simplemente no obtendremos respuesta a preguntas como esta ahora? En los casos en que no se producen liberaciones milagrosas, ¿por qué debemos confiar en la bondad de Dios a pesar de tales decepciones?
  2. Si este acontecimiento hubiera terminado con la muerte de los hebreos en el horno de fuego, ¿qué lecciones podríamos extraer de él todavía?
  3. Según nuestra interpretación de los acontecimientos de los últimos días, ¿cuál será la señal externa que se centrará en aquel a quien adoremos? ¿Qué debería decirnos esto ahora acerca de la verdadera importancia del sábado?
  4. Lee Lucas 16:10. ¿Cómo nos ayudan estas palabras de Cristo a entender lo que realmente significa vivir por fe?
  5. Lee de nuevo Daniel 3:15, cuando Nabucodonosor dice: “¿Y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” ¿Cómo responderías esa pregunta?

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