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LECCIÓN 13 – LA REDENCIÓN – PARA EL 26 DE MARZO DE 2016



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Esta pintura se llama “La Segunda Venida de Cristo” y su autor es Nathan Greene, un miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día que tiene su estudio en el estado de Michigan, Estados Unidos de Norte América. Esta fue tomada de la original que se encuentra en la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día, en Silver Spring, Maryland USA


Los pensamientos pertenecientes a “Escuela Sabática para Maestros” no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local o mundial. Este es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer extra información a la Lección de Escuela Sabática, para que le sea de ayuda al maestro para poder entender y explicar de una manera mas clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversia-les, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de su ayuda o de su agrado, le pedimos por favor, que sencillamente lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com


Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 13: Para el 26 de marzo de 2016

LA REDENCIÓN

Sábado 19 de marzo___________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Apocalipsis 20:1-3; Jeremías 4:23-26; 1 Corintios 4:5; Apocalipsis 20:7-15; Filipenses 2:9-11; 2 Pedro 3:10.

PARA MEMORIZAR:
 “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apoc. 21:4).

LA GENTE PREGUNTA: ¿Por qué surgió el mal? La respuesta es: Por la libertad. La verdadera libertad moral involucra riesgos; porque, si los seres son verdaderamente libres, entonces tienen la opción de hacer el mal.

Es razonable, pero surge la pregunta: ¿Por qué Dios no los eliminó cuando hicieron el mal y al resto nos ahorraba los terribles resultados de la rebelión?

La respuesta llega al centro del Gran Conflicto. Veremos esta semana que Dios conduce una especie de gobierno “abierto” y, aunque hay muchos misterios en eso, él resolverá el Gran Conflicto de manera que, para siempre, terminarán las preguntas acerca de su bondad, su justicia, el amor y la Ley.

Tendremos mil años para obtener respuestas acerca de la suerte de los perdidos (y una eternidad para el resto). Después de la Segunda Venida, los redimidos vivirán y reinarán con Cristo por mil años, y tendrán una parte activa en el Juicio. Consideremos los pasos finales del drama del Gran Conflicto, que ya estuvo en operación por demasiado tiempo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los que aceptan las enseñanzas de la Palabra de Dios no ignorarán por completo lo que se refiere a la patria celestial. Y sin embargo son “cosas que ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano las cosas grandes que ha preparado Dios para los que le aman” (1 Corintios 2: 9, V. M.). El lenguaje humano no alcanza a describir la recompensa de los justos. Solo la conocerán quienes la contemplen. Ninguna inteligencia limitada puede comprender la gloria del paraíso de Dios.

En la Biblia se llama la herencia de los bienaventurados una patria. (Hebreos 11:14-16). Allí conduce el divino Pastor a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para el servicio de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí las vastas llanuras alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En aquellas pacíficas llanuras, al borde de aquellas corrientes vivas, es donde el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar (El conflicto de los siglos, pp. 733, 734).

“Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra han pasado… Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descendiendo del cielo, desde Dios”…

Todos los tesoros del universo serán ofrecidos al estudio de los hijos de Dios. Entraremos con inefable deleite en el gozo y en la sabiduría de los seres no caídos. Compartiremos los tesoros ganados durante siglos y siglos pasados en la contemplación de la obra de Dios. Y los años de la eternidad a medida que transcurran, seguirán ofreciendo revelaciones más gloriosas. Infinitamente más de todo cuanto podemos pedir, ni aun pensar, será para siempre el otorgamiento de los dones de Dios…

La vida en la tierra es el comienzo de la vida en el cielo… La obra de la vida aquí es una preparación para la obra de la vida allá. Lo que somos ahora en carácter y servicio santo es el símbolo seguro de lo que seremos.

La participación del árbol de la vida en el Edén, era condicional y finalmente fue suprimida. Pero los dones de la vida futura son absolutos y eternos (La fe por la cual vivo, p. 362).

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Lección 13 // Domingo 20 de marzo________________________________

SATANÁS ATADO

Lee Apocalipsis 20:1 al 3. ¿Qué se describe aquí y qué esperanza nos ofrece?

Apocalipsis 20: 1-3

 1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.

Atar o ser atado se usa de muchas maneras en la Biblia. En el nivel más sencillo, se aplica a un prisionero. Jesús soltó a muchos que habían sido atados por Satanás. Además, el acto de desatar se usa para describir el poder sobre el mal que Dios da a la iglesia, haciéndolo un símbolo de juicio.

Cuando se captura a un criminal peligroso, es necesario atarlo. Sin embargo, cuando en la Biblia se ata a la gente, muchas veces no son criminales. Juan el Bautista fue puesto en cadenas porque denunció los males morales del rey (Mat. 14:3, 4). Jesús fue atado en el Jardín (Juan 18:12), en su juicio (vers. 24) y en su muerte (Juan 19:40). Pablo (Hech. 21:33) y Pedro (Hech. 12:6) también fueron atados.

Jesús pasó tiempo con gente a quienes Satanás había atado. Hubo un endemoniado atado por demonios, pero quedaron cadenas rotas en sus muñecas y sus tobillos (Mar. 5:3, 4). Antes de que Jesús lo liberara, nadie podía refrenar el mal. Jesús se encontró con una mujer encorvada y la liberó (Luc. 13:11, 12, 16). También liberó a Lázaro de la tumba (Juan 11:43, 44). Luego, estuvo Barrabás, quien fue liberado por pedido de la turba, de modo que Jesús, y no él, fuera crucificado (Mar. 15:7-15). En todos estos casos, vemos a Satanás tratando de mantener prisionera a la gente con aflicciones, o atar a los inocentes permitiendo que el mal florezca. Sin embargo, Jesús rompe los lazos de la muerte a fin de traer liberación a un mundo aprisionado por Satanás. Al fin, este será atado y arrojado a las tinieblas de afuera (Apoc. 20:1-3).

Además, Jesús dio poder a sus seguidores para liberar lo que Satanás ató. Les aseguró que Satanás (“el hombre fuerte”) podía ser atado y su casa saqueada (Mat. 12:26-29). Es decir, Satanás no tiene poder contra Cristo y sus seguidores, porque el Señor liberó a su pueblo de los lazos de Satanás.

Como observó Pablo, “la palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim. 2:9, NVI). Es el medio por el cual Jesús silenció a Satanás (Mat. 4:4, 7, 10), y nosotros podemos usar el mismo poder para resistirlo.

¿Qué promesas puedes reclamar que te liberarán de cualquier cadena con la que el diablo procure atarte?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Domingo; parte de lunes y martes

Casi a todos nos queda un amargo sabor en la boca, con la historia de la caída del hombre, ya que es fácil llegar a la conclusión que el mundo se creo como una vía de escape para que Lucifer tuviera un lugar donde ir, después de su rebelión .

En el fondo de nuestro ser, nos quedan varias preguntas, que aun cuando algunas de ellas son contestadas no logran satisfacer esas incógnitas que tenemos en los rincones del alma.

Casi siempre nos mantenemos preguntando: ¿Si Dios sabía que Lucifer pecaría por que lo creó?; ¿Cómo fue que Satanás vino a parar a nuestro planeta para tentar a Adán y Eva?; ¿Porqué Dios permitió la tentación de Adán y Eva, si él sabía desde la eternidad el resultado?

El estudio de éste día, tiene como fin tratar de borrar de nuestras mentes esa incógnitas, por lo tanto hemos recurrido 100% al espíritu de profecía, donde obtenemos joyas valiosas de conocimiento teológico, que nos ayudarán a comprender éste tema de una manera mas clara y racional. Le invitamos a que lea despacio, y sea muy paciente ya que en éste día hay mucha información provista para estudiar.

En toda esta historia hay algo que tenemos que dejar muy en claro, y es que estamos falto de un factor determinante en la historia como es el tiempo. Todo éste suceso, desde la expulsión de Lucifer hasta la caída de Adán y Eva, realmente no sabemos cuanto tiempo duró. Al no saber el tiempo entre suceso y suceso, quedamos un poquito perdidos, y siempre tenemos que tener cuidado de no entrar en el peligroso campo de la especulación.

Lo primero que necesitamos comprender es que Lucifer fue expulsado del cielo por lo menos en dos ocasiones; la primera expulsión del cielo, fue después que se le celebró juicio y se dictaminó que en él había maldad. En ésta expulsión, Satanás no fue expulsado a ningún lugar determinado, él simple y sencillamente fue expulsado del cielo.

La segunda expulsión fue directamente hacia la tierra, y ésta expulsión sucedió alrededor de la muerte de Cristo.

En la primera expulsión de Satanás, lo que necesitamos comprender con toda claridad, y esto por favor que no se nos olvide, es que Lucifer no fue expulsado a la tierra, el no fue expulsado a ningún lugar del universo, el fue simple y sencillamente expulsado del cielo; recuerde que para ésta fecha la tierra no había sido creada, por lo tanto el no vino del cielo a la tierra directamente, como muchos creen o se confunden:

Entonces hubo guerra en el cielo. El Hijo de Dios, el Príncipe celestial y sus ángeles leales entraron en conflicto con el archirrebelde y los que se le unieron. El Hijo de Dios y los ángeles fieles prevalecieron, y Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo.—La Historia de la Redención, 19.

Los ángeles se empeñaron en batalla; Satanás quiso vencer al Hijo de Dios y a aquellos que se sometían a su voluntad. Pero prevalecieron los ángeles buenos y fieles, y Satanás, con sus secuaces, fue expulsado del cielo.—Primeros Escritos, 146

Después que Lucifer y sus ángeles fueron expulsados del cielo la primera vez, ¿Para donde se fueron? Muchos dicen y creen que se fueron para otros planetas, pero en verdad no salieron inmediatamente para otros planetas, no fueron a ningún lugar, se quedaron en la misma entrada del cielo. Después de su expulsión, Satanás se dio cuenta de su gran tragedia, y solicitó una entrevista con El Hijo de Dios:

Satanás tembló al contemplar su obra. Meditaba a solas en el pasado, el presente y sus planes para el futuro. Su poderosa contextura temblaba como si fuera sacudida por una tempestad. Entonces pasó un ángel del cielo. Lo llamó y le suplicó que le consiguiera una entrevista con Cristo. Le fue concedida. Entonces le dijo al Hijo de Dios que se había arrepentido de su rebelión y deseaba obtener nuevamente el favor de Dios. Deseaba ocupar el lugar que Dios le había designado previamente, y permanecer bajo su sabia dirección. Cristo lloró ante la desgracia de Satanás, pero le dijo, comunicándole la decisión de Dios, que nunca más sería recibido en el cielo… Las semillas de la rebelión todavía estaban dentro de él…

Cuando Satanás se convenció plenamente de que no había posibilidad alguna de recuperar el favor de Dios, manifestó su maldad con odio acrecentado y ardiente vehemencia…

Como no pudo lograr que lo admitieran en el cielo, montó guardia en la entrada misma de él, para mofarse de los ángeles y buscar contiendas con ellos cuando entraban y salían.—La Historia de la Redención, 24-27.

Ahora en medio de todo éste problema con Satanás y sus ángeles, viene la creación de la tierra; pareciera que Dios creo una vía de escape, para que Satanás tuviera un lugar donde ir y continuar el combate entre el bien y el mal.

Entonces nos formulamos la pregunta ¿Para que realmente creo Dios al hombre? El propósito de Dios en la creación del hombre era repoblar el cielo. Ya la mitad de la población angelical ya se había perdido, y la intención de Dios, cuando creo al hombre, era repoblar ese vacío dejado por los ángeles con el mismo hombre.

Tenemos que recordar que los ángeles no se pueden procrear, pero a los humanos se les dio esa facultad y esa bendición de poder procrearse.

Después de la caída del hombre, el plan de Dios para repoblar el vacío dejado por los ángeles en el cielo, aún sigue en pie, ya que los redimidos llenarán las vacante dejada por los ángeles.

Muchas veces escuchamos a personas decir, que nosotros le pertenecemos a Dios, por creación, por redención y por sustentación, y esto en verdad no es así, el único que puede llevar esa descripción es Adán. Nosotros le pertenecemos a Dios por PROCREACIÓN, por redención y por sustentación.

Dios creó al hombre para la gloria divina, para que después de pasar por la prueba y la aflicción la familia humana pudiera llegar a ser una con la familia celestial. El propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana.—Comentario Bíblico Adventista 1:1096.

Las vacantes que se produjeron en el cielo por la caída de Satanás y sus ángeles, serán llenadas por los redimidos del Señor.—The Review and Herald, 29 de mayo de 1900.

Tenemos que recordar que Satanás no tenía en la mira vencer a la tierra solamente, el creía que en la misma forma que pudo engañar a la mitad de la población angelina, tenía la capacidad de engañar a los otros mundos; por lo tanto su plan era de alcance universal, no solamente terrenal.

El gobierno de Dios no sólo incluía a los habitantes del cielo sino también a los de todos los mundos creados. Satanás pensó que si él podía arrastrar a las inteligencias celestiales en su rebelión, también podía hacerlo con los seres de otros mundos.—The Review and Herald, 9 de marzo de 1886. {La Verdad Acerca de los Ángeles 39.2}

Hay algo fundamental que necesitamos aprender en éste día, y por lo que usted mas quiera que nunca se le olvide lo siguiente; Los mundos no caídos aún siguen en riesgo de las acechanzas de Satanás. ¿Que los mundos no caídos aún están en riesgo de que Satanás vaya donde ellos e intente hacerlos caer? La respuesta es si, y estarán en éste riesgo, hasta la segunda venida de Cristo y el principio del milenio:

1. Vi entonces un ángel que bajaba del cielo. En su mano llevaba una gran cadena y la llave del Abismo profundo. 2. Este ángel capturó al dragón, aquella serpiente antigua que es el diablo, llamado Satanás, y lo encadenó durante mil años. 3. Lo arrojó al Abismo, y allí lo encerró. Luego aseguró la puerta y le puso un sello, para que el dragón no pueda salir a engañar a los países, hasta que se cumplan mil años. Después de eso, el dragón será puesto en libertad por un corto tiempo. Apocalipsis 20 (Versión: Traducción en Lenguaje Actual)

1. Y ví un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano. 2. Y agarró al dragón, antigua serpiente, que es el Diablo, y Satanás, y le ató por mil años.

Cuando se nos pregunta para que es el milenio, la mayoría de nosotros respondemos que el milenio es para celebrar juicio a los que no se salvaron. Y eso es verdad, cada quien pedirá los libros de las memorias de los que no se salvaron, en esos libros están escritas todas las obras de los perdidos, y al final del juicio, todo salvo quedará con la completa seguridad que no se cometió injusticias contra nadie, todo salvo quedará consiente que las personas que se perdieron, fue por que quisieron  perderse. Hay que recordar que éste juicio se hace contemporáneamente, en pocas palabras yo no voy a juzgar a los que no he conocido, si no que a las personas que conocí en la tierra, pero que por cualquier razón no llegaron al cielo.

Pero el milenio no es solamente para hacer juicio, no tomará mucho tiempo para juzgar a nuestros conocidos ausentes.

El milenio es también para otras cosas:

-El milenio servirá para que la tierra descanse del abuso y del pecado que la afligido por tantos miles de años, el milenio es el día sabático tanto para la tierra, como para sus habitantes.

-El milenio servirá para crecimiento intelectual, serán mil años donde el humano recibirá una capacitación intensiva, mil años, todos ellos días, sin existir la noche, 8 millones con 640, 000 horas (+/-) de estudio  para todos los de la tierra. Los maestros serán El Padre, Jesucristo, el Espíritu Santo, y millones de ángeles. En esos mil años se nos impartirá ciencia, cultura, educación, culinaria, letras, modales, arte, música, idiomas, y cosas que ni siquiera nos imaginamos. Al final de los mil años, el humano estará ya listo y preparado para comenzar el incansable vuelo por el universo sin fin, por el resto de la eternidad.

Estos mil años servirán para que los humanos nos pongamos a la altura de los demás seres que no han caído, al cielo llegaran humanos de intelecto encumbrado y profundo, pero también llegaran personas que  ni siquiera aprendieron a leer y a escribir. Hay que recordar que el humano eventualmente llegará a tener la misma altura intelectual de los ángeles.

-El milenio servirá también para crecimiento físico; el espíritu de profecía, dice que cuando entremos al cielo, cada quien llevará la estatura que tenía en la tierra. Desde los mas altos que existieron en los tiempos de Adán, hasta que llegue a la raza enana de nuestros días. Al cielo entraran una multitud de bebes y de niños, que serán terminados de crecer por sus madre naturales de la tierra, y si sus madres naturales no han llegado al cielo, esos niños serán entregados a su madre original; Eva. Elena de White, vio una multitud de niños con Eva, ellos dejaran de ser niños cuando cumplen los 100 años de edad. Eva tendrá un cántico especial para estos niños, y se llama “La Canción de Amor” Al final de los mil años, todos los humanos han conseguido la altura de Adán.

Todos salen de sus tumbas de igual estatura que cuando en ellas fueran depositados. Adán, que se encuentra entre la multitud resucitada, es de soberbia altura y formas majestuosas, de porte poco inferior al del Hijo de Dios. Presenta un contraste notable con los hombres de las generaciones posteriores; en este respecto se nota la gran degeneración de la raza humana. Pero todos se levantan con la lozanía y el vigor de eterna juventud (El Conflicto Inminente 103-2)

Todas las imperfecciones y deformidades quedan en la tumba. Reintegrados en su derecho al árbol de la vida, en el desde tanto tiempo perdido Edén, los redimidos crecerán hasta alcanzar la estatura perfecta de la raza humana en su gloria primitiva. Las últimas señales de la maldición del pecado serán quitadas, y los fieles discípulos de Cristo aparecerán en “la hermosura de Jehová nuestro Dios,” reflejando en espíritu, cuerpo y alma la imagen perfecta de su Señor. ¡Oh maravillosa redención, tan descrita y tan esperada, contemplada con anticipación febril, pero jamás enteramente comprendida! {CI 103.2}

-El milenio servirá para tomar posesión de las mansiones eternas del cielo:

“Hay mansiones preparadas para todos los que se sometan a la obediencia de la ley divina…

…Tenemos su promesa. Disponemos de los títulos de propiedad en el reino de gloria. Jamás fueron redactados títulos de propiedad tan estrictamente de acuerdo con la ley, o más cuidadosamente firmados, que los que le dan derecho al pueblo de Dios a las mansiones celestiales. “No se turbe vuestro corazón -dice Cristo-; creéis en Dios; creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Juan 14:1-3… {CDCD 200.4} (cada día con Cristo)

 Con la caída de Satanás y la gigante población angelina, el cielo quedó semi-desierto. Millones de moradas quedaron vacías, esas moradas llegaran a ser propiedad de los redimidos:

Dios creó al hombre para la gloria divina, para que después de pasar por la prueba y la aflicción la familia humana pudiera llegar a ser una con la familia celestial. El propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana.—Comentario Bíblico Adventista 1:1096.

Las vacantes que se produjeron en el cielo por la caída de Satanás y sus ángeles, serán llenadas por los redimidos del Señor.—The Review and Herald, 29 de mayo de 1900.

 En el milenio, hay un intercambio de propiedades: Nosotros los humanos tomamos las moradas del cielo por propiedad, esas moradas que le pertenecían a los ángeles que cayeron, y a ellos se les presta temporalmente las moradas de los hombres aquí en la tierra.

Después del milenio, nosotros lo humanos nos quedamos con las moradas de los cielos, con las moradas de la tierra, con la santa ciudad y con la vida eterna. Y ellos, Satanás y sus ángeles pierden todo; las moradas de los cielos, que las perdieron desde mucho caída, pierden el mundo, y también pierden la vida. Que tremendo trueque nos espera, que tremendo intercambio, asegurémonos que no nos perdamos ésta oferta, nunca en la historia del universo, se había dado y nunca se va a volver a dar.

¿Quién tomará posesión de la morada que fue de Lucifer?

¿Después del milenio, a donde viviremos? Por lógica sabemos que en la tierra nueva, porque somos oriundos de la tierra, pero la lógica muchas veces no está contemplada en la agenda de Dios.

De una cosa estamos seguros y es con quien viviremos el resto de la eternidad: Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis

Si Jesucristo desea estar en el cielo, allí estaremos con él, y allí tendremos nuestras propias moradas, Si Cristo desea estar en la tierra, también en la tierra tendremos moradas, tendremos una habitación en la ciudad y una en el campo.

La casa de campo nunca se terminará de construir por la eternidad, ¿Interesante verdad? ¿Será por que seremos un pueblo con una agenda de viajes extremadamente ocupada? Si Cristo ha dicho que estaremos con él por la eternidad, posiblemente esa sea la razón, de que por la eternidad nunca terminaremos de construir nuestra casa de campo, nuestra estadía en la tierra será muy limitada.

Recordemos que la parábola de la oveja perdida, también se refiere a ésta tierra. Dios dejó las 99, que son el resto de los mundos no caídos, por salvar la oveja perdida, que es nuestro planeta. Cuando todo vuelva a la normalidad, Cristo tiene que atender las 99 que había dejado por causa de nuestro planeta, su agenda es extremadamente ocupada, su Palabra dijo: “para que donde yo estoy, vosotros también estéis” Estaremos tan ocupados con Cristo por el resto de la eternidad, que nuestra casa de campo nunca se terminará de construir ¡Increíble!

Cristo representa con la oveja perdida no sólo al pecador individual, sino también al mundo que ha apostatado y ha sido arruinado por el pecado. Este mundo no es sino un átomo en los vastos dominios que Dios preside. Sin embargo, este pequeño mundo caído, la única oveja perdida, es más precioso a su vista que los noventa y nueve que no se descarriaron del aprisco. Cristo, el amado Comandante de las cortes celestiales, descendió de su elevado estado, puso a un lado la gloria que tenía con el Padre, a fin de salvar al único mundo perdido. Para esto dejó allá arriba los mundos que no habían pecado, los noventa y nueve que le amaban, y vino a esta tierra, para ser “herido… por nuestras rebeliones” y “molido por nuestros pecados”.5 Dios se dio a sí mismo en su Hijo para poder tener el gozo de recobrar la oveja que se había perdido. {PVGM 149.2 Palabras de Vida del Gran Maestro}

-El Milenio servirá para apresar al criminal; ya se sabe quien es el criminal; y ya se sabe que Cristo lo dio la sentencia de muerte en la cruz del Calvario y su sentencia es la pena capital, el diablo y sus ángeles tienen que ser ejecutados. El acto de la ejecución de un criminal, siempre es precedido por un tiempo de arresto. En ese tiempo de arresto se puede revisar todo su expediente para asegurarse que su ejecución es justa. Ese expediente se podrá revisar en el milenio,  en el juicio que se haga a los perdidos.

-El milenio le dará paz y tranquilidad a los mundos no caídos:

Y le arrojó al abismo, y le encerró, y selló sobre él; porque no engañase más a las naciones hasta que los mil años fuesen cumplidos, y después de esto, es necesario que sea desatado por un poco de tiempo. (Versión Reina Valera 1865)

Después de leer éste texto, muchos nos preguntamos, ¿porqué el diablo es encadenado en el milenio? y la respuesta es para que no vaya a engañar a las naciones; pero; ¿cuáles naciones? si en el milenio no queda nadie vivo en la tierra.

El espíritu de profecía dice, que Satanás es encadenado para que no vaya a engañar a los mundos que no han caído:

Nuevamente mi atención fué dirigida hacia la tierra. Los impíos habían sido destruidos y sus cadáveres yacían por el suelo. La ira de Dios se había derramado sobre los habitantes de la tierra mediante las siete postreras plagas, que les habían hecho morderse la lengua de dolor y maldecir a Dios. Los falsos pastores habían sido el objeto especial de la ira de Jehová. Aun estando en pie se habían consumido sus ojos en sus órbitas y su lengua en su boca. Después de ser librados los santos por la voz de Dios, los impíos se volvieron unos contra otros. La tierra parecía inundada de sangre y cubierta de cadáveres desde uno a otro confín. {Primeros Escritos 289.2}

Se asemejaba a un desolado desierto. Las ciudades y las aldeas, sacudidas por el terremoto, yacían en ruinas. Las montañas, descuajadas de sus asientos, habían dejado grandes cavernas. Sobre toda la superficie de la tierra estaban esparcidos los desmochados peñascos que había lanzado el mar o se habían desprendido de la misma tierra. Corpulentos árboles desarraigados estaban tendidos por el suelo. La desolada tierra iba a ser la habitación de Satanás y sus malignos ángeles durante mil años. Allí quedaría Satanás recluído, vagabundo y errante por toda la tierra para ver las consecuencias de su rebelión contra la ley de Dios. Durante mil años iba a poder gozar del fruto de la maldición que había causado. Recluido en la tierra, no tendrá ocasión de ir a otros planetas para tentar y molestar a quienes no han caído. Durante todo ese tiempo Satanás sufrirá muchísimo. Sus características malignas han estado en constante ejercicio desde su caída; pero se verá entonces privado de su poder y obligado a reflexionar con terror y temblor en lo que le reserva el porvenir cuando haya de penar por todo el mal que hizo y ser castigado por todos los pecados que hizo cometer. {Primeros Escritos 289.3}

Oí, de parte de los ángeles y de los santos redimidos, exclamaciones de triunfo que resonaban como diez mil instrumentos músicos, porque ya no se verían ellos molestados ni tentados por Satanás, y porque los habitantes de otros mundos quedaban libres de él y de sus tentaciones. {Primeros Escritos 290.1}

Si siempre hemos creído que el problema de Satanás, ha sido solamente un problema para la tierra, no es así, el problema de Satanás ha sido un problemas para Dios, para los ángeles, para los humanos, y para los habitantes de los mundos no caídos también.

Hay dos textos sumamente profundo con respecto al gran riesgo que tenían los ángeles y los mundos no caído con la caída de Satanás.

Los ángeles no caídos son asegurados en la muerte de Jesús. Antes de la muerte de Jesús, los ángeles no caídos aún podían ser convencidos por Satanás para cambiarse de filas. Antes de la muerte de Jesús, muchos de ellos pudieron tener simpatía para Satanás, o posiblemente no estaban 100 % convencidos con el bando de Cristo. Pero a la muerte de Cristo, ellos lograron ver y descubrir la realidad de Satanás, que es un mentiroso y también es un asesino.

En la muerte de Cristo, los ángeles quedaron convencidos que la decisión que habían tomado de permanecer del lado de Dios, fue la mejor. Desde la expulsión de Lucifer hasta la muerte de Jesús, fue un tiempo de prueba para que los ángeles mostrarán su verdadera lealtad a Dios; con la muerte de Cristo, ese tiempo de prueba finaliza, y ellos son asegurados para la eternidad, ya no hay mas miedo de ceder ante las insinuaciones de Satanás; todo quedó decidido y sellado para la eternidad.

El significado de la muerte de Cristo será entendido por ángeles y santos. Los hombres caídos no hubieran podido tener un hogar en el paraíso de Dios, si no fuera por el Cordero que fue inmolado antes de la creación del mundo… La seguridad de los ángeles también depende de los sufrimientos del Hijo de Dios; por eso le ofrecen honor y gloria. Es mediante la eficacia de la cruz, que los ángeles son guardados contra la apostasía. Sin la cruz, no estarían más seguros que lo que estaban los ángeles antes de la caída de Satanás. La perfección angélica falló en el cielo; la perfección humana falló en el Edén… El plan de salvación, que muestra el amor y la justicia de Dios, provee la eterna salvaguardia contra la rebelión en los mundos no caídos… La muerte de Cristo en la cruz del Calvario es nuestra única esperanza en este mundo, y será nuestro tema en el mundo venidero.—The Signs of the Times, 30 de diciembre de 1889. {Las Señales de los Tiempos, Diciembre 30-1889)

El otro texto muy interesante dice que los mundos no caídos, también fueron asegurados, hasta la muerte de Cristo.

Cuando Cristo exclamó: “Consumado es”, los mundos no caídos quedaron asegurados. Para ellos la batalla había sido peleada y la victoria conseguida. Satanás no tendría lugar en los afectos del universo.—The Review and Herald, 12 de marzo de 1901. {La Verdad Acerca de los Ángeles 208.4}

Si antes de la muerte de Cristo en cualquier parte del universo aún existía alguna duda con respecto a la obra de Satanás, o si alguien tenía algún afecto, cariño o simpatía para Satanás, esa duda o ese afecto hacia Satanás, termina con la muerte de Cristo.

Con el sufrimiento y la muerte de Cristo en la cruz, Satanás muestra al universo, que es un mentiroso y un asesino, sus verdaderas intenciones son reveladas, su verdadero carácter es revelado al universo, y de esa manera los mundos se aseguran para Dios, ya que nadie va a estar dispuesto a seguir a un caudillo que es un mentiroso, un criminal y un tirano.

Hay que recordar que en el milenio Satanás será encadenado, para que no vaya a molestar a otros mundos, aunque los mundos ya están asegurados para Dios, Satanás es atado a la tierra simbólicamente, para que los otros mundos no tengan la desagradable experiencia de tenerse que enfrentarse con un ser extremadamente maligno, engañoso, destructor y asesino.

El encadenamiento de Satanás en la tierra, le da paz al universo entero, ya que los mundos no caídos ya no tienen que estar pendientes, alarmados o estresados, podríamos decir en nuestro idioma terrenal, de la visita inesperada de un ser aborrecido en el universo, ahora el universo está en paz, porque saben que cuando Satanás sea soltado, es solamente por un poco tiempo y es para ser destruido totalmente y por la eternidad.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando Cristo inició su campaña, Satanás le salió al encuentro y le disputó cada centímetro de terreno, ejerciendo al máximo su poder para vencerlo. Muchas cosas estaban implicadas en ese conflicto. Intereses vitales estaban en juego. Los interrogantes que había que responder eran: “¿Es imperfecta la ley de Dios y es necesario enmendarla o abrogarla? O, en cambio, ¿es inmutable? ¿Es estable el gobierno de Dios, o necesita algunas rectificaciones?” No solo en presencia de los que vivían en la ciudad de Dios había que responder a esas preguntas, sino ante los habitantes de todo el universo celestial…

La dureza de la prueba por la cual tuvo que pasar Cristo guardaba proporción con el objeto que había que ganar o perder mediante su éxito o su fracaso. No estaba en juego solo el interés de un mundo. Este planeta era el campo de batalla, pero todos los mundos que Dios ha creado se verían afectados por el resultado del conflicto… Satanás trató de causar la impresión de que estaba trabajando por la libertad del universo. Incluso cuando Cristo estaba en la cruz, el enemigo decidió imprimir a sus argumentos tal alteración, tanto engaño, un carácter tan insidioso, que todos se convencieran de que la ley de Dios es tiránica. El mismo trazó todo plan, ideó todo mal, encendió toda mente para causar aflicción a Cristo. El mismo instigó las falsas acusaciones que se lanzaron contra Aquel que solo había obrado el bien. El mismo inspiró los crueles actos que añadieron sufrimientos al puro, santo e inocente Hijo de Dios.

Mediante su conducta Satanás forjó una cadena con la cual él mismo será encadenado. El universo celestial será testigo de cuán justo es Dios al castigarlo. El cielo mismo vio lo que hubiera llegado a ser, si Satanás hubiera estado en él (Cada día con Dios, p. 14).

El hombre es cautivo de Satanás, y está naturalmente inclinado a seguir sus sugestiones y cumplir sus órdenes. No tiene en sí mismo poder para oponer resistencia eficaz al mal. Únicamente en la medida en que Cristo more en él por la fe viva, influyendo en sus deseos e impartiéndole fuerza de lo alto, puede el hombre atreverse a arrostrar a un enemigo tan terrible. Todo otro medio de defensa es completamente vano. Es únicamente por Cristo cómo es limitado el poder de Satanás. Esta es una verdad portentosa que todos debieran entender. Satanás está ocupado en todo momento, yendo de aquí para allá en la tierra, buscando a quien devorar. Pero la ferviente oración de fe frustrará sus esfuerzos más arduos. Embrazad, pues, hermanos, “el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16) (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 106).

Durante mil años, Satanás andará errante de un lado para otro en la tierra desolada, considerando los resultados de su rebelión contra la ley de Dios. Todo este tiempo, padece intensamente. Desde su caída, su vida de actividad continua sofocó en él la reflexión; pero ahora, despojado de su poder, no puede menos que contemplar el papel que desempeñó desde que se rebeló por primera vez contra el gobierno del cielo, mientras que, tembloroso y aterrorizado, espera el terrible porvenir en que habrá de expiar todo el mal que ha hecho y ser castigado por los pecados que ha hecho cometer (El conflicto de los siglos, p. 718).

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Lunes 21 de marzo // Lección 13__________________________________

LAS PREGUNTAS DE “POR QUÉ”

Génesis 1:2 describe la Tierra como “desordenada y vacía”. Jeremías usa la misma frase para describir la Tierra después de las siete plagas y la Segunda Venida, en la que cada ciudad estará “asolada delante de Jehová” (Jer. 4:26). En Jeremías, no hay hombres (vers. 25); en el informe de Juan, Satanás es incapaz de engañar a ninguno (Apoc. 20:3).

Los efectos universales de la Segunda Venida explican qué sucede aquí en Apocalipsis. Primero, Jesús lleva a sus seguidores a un lugar que él fue a preparar cuando dejó la Tierra (Juan 14:1-3). Pablo añade que los seguidores incluyen a los vivos y a los resucitados (1 Tes. 4:16, 17). Juan añade otro detalle: después de la primera resurrección en la Segunda Venida, el resto seguirá muerto hasta que hayan pasado mil años (Apoc. 20:5).

Lee Apocalipsis 20:4. ¿Qué se describe en este texto?

Apocalipsis 20:4

Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

“Recibieron facultad de juzgar”. ¿Cómo pueden juzgar sin obtener más información? Antes de la destrucción final de los impíos, los salvos tendrán la oportunidad de que muchas de sus preguntas sean contestadas. Aún más asombroso, los redimidos juzgarán a los perdidos.

“Junto con Cristo juzgan a los impíos, comparando sus actos con el libro de la Ley, la Biblia, y fallando cada caso en conformidad con los actos que cometieron por medio de su cuerpo. Entonces, lo que los malos tienen que sufrir es medido según sus obras, y queda anotado frente a sus nombres en el libro de la muerte” (CS 719).

Mientras los registros están abiertos, veremos las innumerables veces que Dios llamó a los perdidos con palabras de bondad y amor. Cuán pacientemente él persistió, solo para que su voz fuera ahogada por el bullicio de las cosas de este mundo, presentadas como deseables. Cómo esperó él, anhelando una oportunidad de ser reconocido como el que pagó un precio infinito para que pudieran tener vida; pero ellos, en cambio, eligieron la muerte. ¿Hay algo en tu vida que te impide escuchar su voz? Él está todavía esperándote con paciencia. Elige la vida.

Lee 1 Corintios 4:5. ¿Qué se nos promete aquí con respecto a la Segunda Venida? ¿Cómo puedes apoyarte en esta promesa ahora, cuando aún tienes muchas preguntas sin respuesta?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Ya la mayor parte de éste día fue tocada en el estudio del día Domingo, ahora solo nos vamos a concentrar en un versículo que nos causa mucha inquietud cuando lo leemos:

4Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años Apocalípsis 20

Primero vamos a comenzar explicando una palabra muy clave en ésta lectura y es: “las almas de los decapitados” En griego se usa una palabra muy peculiar y es la única vez que se usa en todo el Nuevo Testamento; se escribe πελεκίζω y se pronuncia PELEKIZO.

Πελεκίζω (pelekizo) es el acto de dar muerte decapitando con un hacha. Este tipo de muerte fue infligido particularmente por Roma y hubieron muchos que murieron siendo decapitados directamente por Roma.

El hacha es tomada por los franceses quienes desarrollan éste instrumento de muerte, lo modifican y mas tarde ellos le llama guillotina. La Biblia menciona de una manera especial, a estos mártires que sufrieron una muerte directamente de manos del poder romano.

También hallamos otro texto muy parecido en Apocalipsis 6, donde encontramos un versículo medio extraño, que nos pone mucho en que pensar, por que allí encontramos a las almas de los muertos que están hablando con Dios. Este texto se usa mucho por aquellos que creen en la inmortalidad del alma.

9Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. 10Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? 11Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

Este texto es muy sencillo de explicar:

Juan está viendo una visión cargada de símbolos, y partiendo de esto, tenemos que entender que todo está escrito en manera simbólica o figurada. Por ejemplo Apocalípsis 6 habla de caballos de colores. En el cielo no hay caballos de colores, montados por jinetes bélicos, es solo una manera donde Dios uso esos símbolos para exponer la profecía.

Tampoco en el cielo Jesús está como un cordero que tiene una sangrienta herida de cuchillo, de la misma manera no hay en el cielo un altar lleno de muertos.

Cuando comenzamos a leer una profecía que está llena de simbolismos, tenemos que ajustarnos a todos los simbolismos. No podemos tomar una parte como símbolos y la otra parte literal, al hacerlo viola las reglas de interpretación de la palabra profética.

Hay muchas personas que toman éste texto y lo adulteran de una manera terrible. Se les olvida que toda la visión está escrita en forma de símbolos y de figuras. Cuando nos toque enfrentar estas personas que tergiversan, éste texto, solo les tenemos que recordar que la visión entera se tiene que tomar en forma simbólica. No podemos tomar la parte que nos conviene o que nos gusta literal y la otra parte simbólica, o lo tomamos todo literal o todo simbólico, pero no mitad y mitad.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Después que los santos hayan sido transformados en inmortales y arrebatados con Jesús, después que hayan recibido sus arpas, sus mantos y sus coronas, y hayan entrado en la ciudad, se sentarán en juicio con Jesús. Serán abiertos el libro de la vida y el de la muerte. El libro de la vida lleva anotadas las buenas acciones de los santos; y el de la muerte contiene las malas acciones de los impíos. Estos libros son comparados con el de los estatutos, la Biblia, y de acuerdo con ella son juzgados los hombres. Los santos, al unísono con Jesús, pronuncian su juicio sobre los impíos muertos. “He aquí dijo el ángel que los santos, unidos con Jesús, están sentados en juicio y juzgan a los impíos según las obras que hicieron en el cuerpo, y frente a sus nombres se anota lo que habrán de recibir cuando se ejecute el juicio”. Tal era, según vi, la obra de los santos con Jesús durante los mil años que pasan en la santa ciudad antes que ésta descienda a la tierra. Luego, al fin de los mil años, Jesús, con los ángeles y todos los santos, deja la santa ciudad, y mientras él baja a la tierra con ellos, los impíos muertos resucitan, y entonces, habiendo resucitado, los mismos que “le traspasaron” lo verán de lejos en toda su gloria, acompañado de los ángeles y de los santos, y se lamentarán a causa de él. Verán las señales de los clavos en sus manos y en sus pies, y donde atravesaron su costado con la lanza. Es al fin de los mil años cuando Jesús se para sobre el Monte de las Olivas, y éste se parte y llega a ser una gran llanura. Los que huyen en ese momento son los impíos, que acaban de resucitar. Entonces baja la santa ciudad y se asienta en la llanura. Satanás llena entonces a los impíos de su espíritu. Con lisonjas les hace ver que el ejército de la ciudad es pequeño, y el suyo grande, y que ellos pueden vencer a los santos y tomar la ciudad (Primeros escritos, pp. 52, 53).

Los que solo ejercitan poca fe, están en mayor peligro de caer bajo el dominio de los engaños satánicos y del decreto que violentará las conciencias. Y aun en caso de soportar la prueba, en el tiempo de angustia se verán sumidos en mayor aflicción porque no se habrán acostumbrado a confiar en Dios. Las lecciones de fe que hayan descuidado, tendrán que aprenderlas bajo el terrible peso del desaliento.

Deberíamos aprender ahora a conocer a Dios, poniendo a prueba sus promesas. Los ángeles toman nota de cada oración ferviente y sincera. Sería mejor sacrificar nuestros propios gustos antes que descuidar la comunión con Dios. La mayor pobreza y la más absoluta abnegación, con la aprobación divina, valen más que las riquezas, los honores, las comodidades y amistades sin ella. Debemos darnos tiempo para orar. Si nos dejamos absorber por los intereses mundanos, el Señor puede damos ese tiempo que necesitamos, quitándonos nuestros ídolos, ya sean éstos oro, casas o tierras feraces (El conflicto de los siglos, pp. 679, 680).

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Lección 13 // Martes 22 de marzo__________________________________

EL JUICIO FINAL

En los tiempos bíblicos, había dos lugares para juzgar: la puerta de la ciudad y ante el trono del rey. Los ancianos en la puerta decidían todos los casos sencillos, pero el rey decidía todos los problemas mayores. La palabra del rey era final en asegurar justicia. En forma similar, la Biblia describe a Dios sentado en el Trono como Rey del universo, lo que garantiza que, finalmente, se hará justicia (Apoc. 20:11-15).

Lee Apocalipsis 20:7 al 15. ¿De qué manera entendemos estos majestuosos eventos?

Apocalipsis 20: 7-15

Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. 10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. 11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. 12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20 tiene que ver con los mil años; así, este juicio especial sucede en ese marco de tiempo. No es la misma escena que se describe en el versículo 4, donde hay muchos tronos, porque en el versículo 11 hay solo uno. Más bien es al final de los mil años, después de la segunda resurrección (Apoc. 20:5), y después de que Satanás convence a las huestes de los perdidos de rodear la Santa Ciudad (vers. 7-9). El gran Trono blanco de Dios se ve por encima de la ciudad en ese momento. Presente estará cada persona que nació una vez: algunos, dentro de la ciudad; otros, afuera. Este es el tiempo del que habló Jesús cuando dijo que habría algunas personas que preguntarían por qué no entraron en el Reino de Dios (Mat. 7:22, 23). También es el tiempo del que habló Pablo cuando dijo que un día toda rodilla se inclinará antes Jesús, “de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra […] y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Fil. 2:9-11).

El propósito del Juicio no es enseñarle a Dios algo que él no supiera antes: él ya conoce todo. El propósito es que cada uno sepa por qué Dios juzgó a los perdidos del modo en que lo hizo. Cada persona, cada ángel, podrá decir: “Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras” (Apoc. 16:5). Los salvados y los perdidos, tanto humanos como ángeles, verán la justicia y la rectitud de Dios.

El acto final en este drama es la destrucción de “la muerte y el Hades”, y del “que no se halló inscrito en el libro de la vida” (Apoc. 20:14, 15). Jesús tiene las llaves de la muerte y del Hades (Apoc. 1:18). Ninguno de ellos tiene alguna razón de seguir existiendo. En vez de afrontar un tormento eterno, como se enseña comúnmente, los perdidos serán destruidos. Dejarán de existir para siempre, lo opuesto de la vida eterna.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Entre la lección y el espíritu de profecía, el estudio de éste día queda muy bien explicado, también se ha hecho una explicación de éste tema en el día Domingo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al fin de los mil años, Cristo regresa otra vez a la tierra. Le acompaña la hueste de los redimidos, y le sigue una comitiva de ángeles. Al descender en majestad aterradora, manda a los muertos impíos que resuciten para recibir su condenación. Se levanta su gran ejército, innumerable como la arena del mar. ¡Qué contraste entre ellos y los que resucitaron en la primera resurrección! Los justos estaban revestidos de juventud y belleza inmortales. Los impíos llevan las huellas de la enfermedad y de la muerte.

Todas las miradas de esa inmensa multitud se vuelven para contemplar la gloria del Hijo de Dios. A una voz las huestes de los impíos exclaman: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” No es el amor a Jesús lo que les inspira esta exclamación, sino que el poder de la verdad arranca esas palabras de sus labios. Los impíos salen de sus tumbas tales como a ellas bajaron, con la misma enemistad hacia Cristo y el mismo espíritu de rebelión. No disponen de un nuevo tiempo de gracia para remediar los defectos de su vida pasada, pues de nada les serviría. Toda una vida de pecado no ablandó sus corazones. De serles concedido un segundo tiempo de gracia, lo emplearían como el primero, eludiendo las exigencias de Dios e incitándose a la rebelión contra él (El conflicto de los siglos, p. 720).

Satanás se precipitó en medio de sus secuaces e intentó incitar a la multitud a la acción. Pero llovió sobre ellos fuego de Dios desde el cielo, y consumió conjuntamente al magnate, al noble, al poderoso, al pobre y al miserable. Vi que unos quedaban pronto aniquilados mientras que otros sufrían por más tiempo. A cada cual se le castigaba según las obras que había hecho con su cuerpo. Algunos tardaban muchos días en consumirse, y aunque una parte de su cuerpo estaba ya consumida, el resto conservaba plena sensibilidad para el sufrimiento. Dijo el ángel: “El gusano de la vida no morirá ni su fuego se apagará mientras haya una partícula que consumir”.

Satanás y sus ángeles sufrieron largo tiempo. Sobre Satanás pesaba no solo el castigo de sus propios pecados sino también el de todos los de la hueste redimida, que habían sido puestos sobre él. Además, debía sufrir por la ruina de las almas a quienes engañara. Después vi que Satanás y toda la hueste de los impíos estaban consumidos y satisfecha la justicia de Dios. La cohorte angélica y los santos redimidos exclamaron en alta voz: “¡Amén!”

Dijo el ángel: “Satanás es la raíz, y sus hijos son las ramas. Ya están consumidos raíz y ramas. Han muerto de una muerte eterna. Nunca resucitarán y Dios tendrá un universo limpio” (Primeros escritos, pp. 294, 295).

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Miércoles 23 de marzo // Lección 13_______________________________

CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA

El pecado y la rebelión han sido intrusos no bienvenidos. Nunca fue la intención que estuvieran aquí. Produjeron mucho daño, pero ahora que la causa de ese daño ya no existe es tiempo de restaurar todo a la perfección. El Gran Conflicto no estará completado hasta que eso ocurra.

Lee Apocalipsis 21:1, 2, 9 y 10; y 22:1 al 3. ¿Cuáles son los rasgos principales de la descripción de Juan? ¿Qué significan?

Apocalipsis 21: 1, 2, 9 y 10

1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.

10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,

Apocalipsis 22: 1-3

1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,

Cuando Juan describe cielos nuevos así como una Tierra nueva, está repitiendo lo que dijo Pedro: “los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos” (2 Ped. 3:10). Como sabemos muy bien, la Tierra tiene una desesperada necesidad ser reparada. Todo lo que hay aquí será completamente destruido a fin de dar lugar a toda una existencia nueva.

Juan también habla acerca de que no habrá mar (Apoc. 21:1). Él escribió eso desde una isla-prisión (Patmos), donde el mar imposibilitaba el escape. Aun en un barco moderno, lleva horas alcanzar la isla donde Juan escribió estas palabras. En la Tierra hecha a nuevo no habrá más ninguna forma de barrera que impida que los redimidos se muevan libremente de un lugar a otro, o vean a sus amados.

La descripción de la Nueva Jerusalén suena increíblemente espectacular. Aunque se la presenta como del estilo de las ciudades del tiempo en el que vivió Juan, porque era lo que él conocía, las imágenes de los artistas que la pintan con una arquitectura romana del siglo I la desfavorecen, pues es una ciudad “cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:10).

Nuestras mentes apenas pueden captar las descripciones de la ciudad y sus enormes dimensiones nos dicen que allí no hay escasez de espacio; habrá lugar para todos. Apenas podemos comenzar a imaginarla, pero ¡qué divertido es dejar que nuestra creatividad se explaye en lo que nos espera!

Mira a tu alrededor la belleza del mundo natural y lo que te dice acerca del carácter de Dios, a pesar de la devastación provocada por el pecado. ¿De qué manera lo que vemos ahora puede inspirarnos a confiar en lo que todavía no vemos?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Día miércoles se encuentra junto con el día jueves

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La obra de destrucción de Satanás ha terminado para siempre. Durante seis mil años obró a su gusto, llenando la tierra de dolor y causando penas por todo el universo. Toda la creación gimió y sufrió en angustia. Ahora las criaturas de Dios han sido libradas para siempre de su presencia y de sus tentaciones. “¡Ya descansa y está en quietud toda la tierra; prorrumpen los hombres [justos] en cánticos!” (Isaías 14:7, V.M.). Y un grito de adoración y triunfo sube de entre todo el universo leal. Se oye “como si fuese el estruendo de una gran multitud, y como si fuese el estruendo de muchas aguas, y como si fuese el estruendo de poderosos truenos, que decían: ¡Aleluya; porque reina el Señor Dios, el Todopoderoso!” (Apocalipsis 19: 6, V.M.) (El conflicto de los siglos, pp. 731, 732).

El cielo es nuestro hogar. Nuestra ciudadanía está en lo alto, y nuestras vidas no deben dedicarse a un mundo que pronto será destruido. Necesitamos la Palabra de Dios revelada en caracteres vivos. ¡Qué lenguaje puro, excelente, se encuentra en la Palabra de Dios! ¡Qué principios elevadores, ennoblecedores! (Alza tus ojos, p. 213).

Volví a mirar, y vi la tierra purificada. No quedaba la más leve señal de maldición. La quebrada y desigual superficie de la tierra era ya una dilatada planicie. Todo el universo de Dios estaba limpio y había terminado para siempre la gran controversia. Por doquiera posáramos la vista, todo era santo y hermoso. Toda la hueste de redimidos, viejos y jóvenes, grandes y pequeños, arrojaron sus brillantes coronas a los pies del Redentor y, postrándose reverentemente ante él, adoraron al que vive por siempre. La hermosa tierra nueva, con toda su gloria, iba a ser la heredad eterna de los santos. El reino, el señorío y la grandeza del reino bajo todo el cielo fue dado entonces a los santos del Altísimo, que iban a poseerlo por siempre jamás (Primeros escritos, p. 295).

Cristo pone ante la vista el mundo más noble. Presenta las ventajas de la ciudadanía en esa ciudad con fundamentos, cuyo Artífice y Hacedor es Dios. Nos lleva al umbral de lo infinito y nos revela sus glorias, declarándonos que están al alcance de todos los que quieran vivir en armonía con las leyes de Dios. Por medio de la obediencia a las leyes de Jehová, la familia humana puede convertirse en una familia unida y feliz en la ciudad de Dios; pero no hay lugar allí para los que no consideran la voluntad del Señor. Todos pueden obtener la vida eterna, pero la ganarán aceptando la ley de Dios como su guía en esta vida en lugar de tratar de seguir sus propias leyes… A aquellos que quieran vivir una vida que esté en armonía con el Padre, Cristo les impartirá las virtudes de su vida (Hijos e hijas de Dios, p. 49).

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Lección 13 // Jueves 24 de marzo__________________________________

NO MÁS LÁGRIMAS

Lee Apocalipsis 21:3 al 5. ¿Qué significan las lágrimas?

Apocalipsis 21: 3-5

Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Todos hemos experimentado lo que significa llorar. Estamos familiarizados con la acción de secar las lágrimas de los ojos de otros: una madre que consuela a su hijo, un amigo que consuela a un compañero, o un padre que consuela a otro en medio del dolor o la tragedia. Sin embargo, por lo general permitimos que solo unas pocas personas toquen nuestro rostro o nos abracen al consolarnos. Entonces, ¿qué puede significar que Dios nos toque el rostro si no es que tenemos un vínculo íntimo con nuestro Hacedor?

Es difícil imaginar un mundo sin muerte, tristeza o llanto. El dolor, las lágrimas y la muerte han sido la norma para la humanidad desde la Caída (Gén. 3:16-19). No obstante, Dios aseguró a la raza humana que el fracaso y las pérdidas no son lo único que podemos esperar. Dios, a lo largo de la historia, ha dicho que un día nos redimirá y nos bendecirá con su presencia.

Primero, la promesa de un Redentor (Gén. 3:15); luego, la seguridad de su presencia en un tabernáculo (Éxo. 25:8); más tarde, la realidad de la Palabra hecha carne y habitando (gr., “tabernaculizando”) entre nosotros (Juan 1:14); y finalmente, poniendo el Trono del universo entre nosotros (Apoc. 21:3).

Muchos versículos de la Biblia dan esta seguridad del Pacto, usando palabras tales como “seré su Dios”, “seréis mi pueblo” y “yo habitaré entre vosotros”. Un ejemplo es: “Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Cor. 6:16).

Jesús vino la primera vez para neutralizar los efectos del Pacto quebrantado. Jeremías describió las consecuencias del Pacto quebrantado de este modo: “¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto” (Jer. 30:15). Gracias a Jesús, eso ahora ha quedado en el pasado. Apocalipsis 21:3 nos muestra la culminación de la historia. Tal vez las lágrimas las derramaremos sobre la aniquilación de los perdidos, pero Dios mismo las secará; y la tristeza y el sufrimiento habrán “pasado” para siempre.

Estos textos implican que, cuando estemos en el cielo, viviremos en verdadera intimidad con Dios. Sin embargo, no necesitamos esperar hasta entonces para tener esa relación con él. ¿Cómo puedes andar, ahora mismo, muy cerca del Señor?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

4Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

Seis cosa serán eliminadas por Dios en la tierra nueva: el mar, las lagrimas, la muerte, el lloro, la queja y el dolor.

La lágrima, científicamente hablando, es un desperdicio químico del cerebro. Nosotros creemos que hay lágrimas de tristeza y lágrimas de alegría, pero en verdad no es así. Todas las lágrimas que el humano derrama, todas son de tristeza, no hay ni una lágrima de alegría. Aquellos que se encuentran después de muchos años de separación; ¿lloran de alegría? no, ellos no están llorando de alegría, sino de tristeza, ese encuentro está trayendo a la memoria años de separación, de soledad, de aflicción, ese encuentro está reviviendo en la mente, toda los estragos que una separación trajo consigo.

Las lágrimas tiene su fuente, y la fuente o el origen de la lágrima es el pecado. Desde que el hombre pecó en ésta tierra, no ha pasado un día que no se haya derramados lágrimas en el mundo, si no es por una cosa en por otra, pero las lágrimas abundan en éste mundo de dolor.

¿Por qué derramamos lágrimas?

-Muchas veces derramamos lágrimas por una amistad defectuosa. Muchos de nuestros amigos son amigos, mientras el sol de la prosperidad brilla en nuestras vidas, pero cuando nuestro cielos se llena de nubes negras y de recios vientos, nuestros amigos nos abandonan en nuestras tempestades, esas lágrimas son muy dolorosas.

-Muchas veces derramamos lágrimas por nuestras relaciones defectuosas, hay muchos hogares donde las lágrimas se derraman mas, que las que se derraman en un servicio fúnebre.

-Muchas veces derramamos lágrimas por la aflicción: Lágrimas nos brotan cuando vemos a nuestros amados transitar velozmente de la salud a la enfermedad, de vigor a la debilidad, de la fortaleza al dolor, de la vida a la muerte.

-Muchas veces derramamos lágrimas por nuestras malas acciones, cuantas veces deseamos volver el reloj hacia atrás, comenzar de nuevo y evitar tanto dolor que hemos ocasionado a nuestros prójimos, como a nosotros mismos.

-Muchas veces derramamos lágrimas por culpas de otros. Lágrimas que no se pueden evitar, somos golpeados por la crueldad de otros, por la ignorancia, por el orgullo, el despotismo, la venganza y la maldad de otros.

Dios promete quitar las lágrimas de sus hijos; solamente él lo puede hacer, él es el Padre de la misericordia, el Dios de la gracia, el es la fuente de consuelo. El trabajo será completo, Dios lo ha prometido, Dios lo cumplirá.

Acerca de la tierra nueva, no tenemos mucha información, el mejor lugar para ir a estudiar es el espíritu de profecía, por lo tanto les dejamos pensamientos selectos de los últimos tres capítulos del conflicto de los siglos:

Capitulo 41 – La Liberación del Pueblo de Dios

Cuando los que honran la ley de Dios hayan sido privados de la protección de las leyes humanas, empezará en varios países un movimiento simultáneo para destruirlos. Conforme vaya acercándose el tiempo señalado en el decreto, el pueblo conspirará para extirpar la secta aborrecida. Se convendrá en dar una noche el golpe decisivo, que reducirá completamente al silencio la voz disidente y reprensora. {CS 619.1}

Multitudes de hombres perversos, profiriendo gritos de triunfo, burlas e imprecaciones, están a punto de arrojarse sobre su presa, cuando de pronto densas tinieblas, más sombrías que la oscuridad de la noche caen sobre la tierra. Luego un arco iris, que refleja la gloria del trono de Dios, se extiende de un lado a otro del cielo, y parece envolver a todos los grupos en oración. Las multitudes encolerizadas se sienten contenidas en el acto. Sus gritos de burla expiran en sus labios. Olvidan el objeto de su ira sanguinaria. Con terribles presentimientos contemplan el símbolo de la alianza divina, y ansían ser amparadas de su deslumbradora claridad. {CS 620.1}

Es a medianoche cuando Dios manifiesta su poder para librar a su pueblo. Sale el sol en todo su esplendor. Sucédense señales y prodigios con rapidez. Los malos miran la escena con terror y asombro, mientras los justos contemplan con gozo las señales de su liberación. La naturaleza entera parece trastornada. Los ríos dejan de correr. Nubes negras y pesadas se levantan y chocan unas con otras. En medio de los cielos conmovidos hay un claro de gloria indescriptible, de donde baja la voz de Dios semejante al ruido de muchas aguas, diciendo: “Hecho es”. Apocalipsis 16:17. {CS 620.3}

Esa misma voz sacude los cielos y la tierra. Síguese un gran terremoto, “cual no fue jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra”. Vers. 18. El firmamento parece abrirse y cerrarse. La gloria del trono de Dios parece cruzar la atmósfera. Los montes son movidos como una caña al soplo del viento, y las rocas quebrantadas se esparcen por todos lados. Se oye un estruendo como de cercana tempestad. El mar es azotado con furor. Se oye el silbido del huracán, como voz de demonios en misión de destrucción. Toda la tierra se alborota e hincha como las olas del mar. Su superficie se raja. Sus mismos fundamentos parecen ceder. Se hunden cordilleras. Desaparecen islas habitadas. Los puertos marítimos que se volvieron como Sodoma por su corrupción, son tragados por las enfurecidas olas. “La grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su ira”. Vers. 19. Pedrisco grande, cada piedra, “como del peso de un talento” (Vers. 21), hace su obra de destrucción. Las más soberbias ciudades de la tierra son arrasadas. Los palacios suntuosos en que los magnates han malgastado sus riquezas en provecho de su gloria personal, caen en ruinas ante su vista. Los muros de las cárceles se parten de arriba abajo, y son libertados los hijos de Dios que habían sido apresados por su fe. {CS 620.4}

A la venida de Cristo, hay dos resurrecciones, el pasaje siguiente está hablando de una resurrección especial, que sucede antes de la venida de Cristo. En ésta resurrección especial , son tres grupos diferentes que regresan a la vida: El primer grupo son aquellos que murieron bajo el mensaje del tercer ángel:

Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, 10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. 12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. 13 Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.

El segundo grupo son aquellos  que participaron en el enjuiciamiento y muerte de Jesucristo,  y el tercer grupo son todos aquellos que en la historia de éste mundo han sido los enemigos # 1 del evangelio y de la iglesia. Hay que notar que ésta resurrección sucede antes de la venida de Cristo, quiere decir que todos ellos podrán contemplar por varios días los sucesos aterradores de la naturaleza que precede a la segunda venida de Cristo.

Los sepulcros se abren y “muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Daniel 12:2. Todos los que murieron en la fe del mensaje del tercer ángel, salen glorificados de la tumba, para oír el pacto de paz que Dios hace con los que guardaron su ley. “Los que le traspasaron” (Apocalipsis 1:7), los que se mofaron y se rieron de la agonía de Cristo y los enemigos más acérrimos de su verdad y de su pueblo, son resucitados para mirarle en su gloria y para ver el honor con que serán recompensados los fieles y obedientes. {CS 621.1}

Densas nubes cubren aún el firmamento; sin embargo el sol se abre paso de vez en cuando, como si fuese el ojo vengador de Jehová. Fieros relámpagos rasgan el cielo con fragor, envolviendo a la tierra en claridad de llamaradas. Por encima del ruido aterrador de los truenos, se oyen voces misteriosas y terribles que anuncian la condenación de los impíos. No todos entienden las palabras pronunciadas; pero los falsos maestros las comprenden perfectamente. Los que poco antes eran tan temerarios, jactanciosos y provocativos, y que tanto se regocijaban al ensañarse con el pueblo de Dios observador de sus mandamientos, se sienten presa de consternación y tiemblan de terror. Sus llantos dominan el ruido de los elementos. Los demonios confiesan la divinidad de Cristo y tiemblan ante su poder, mientras que los hombres claman por misericordia y se revuelcan en terror abyecto. {CS 621.2}

Por un desgarrón de las nubes una estrella arroja rayos de luz cuyo brillo queda cuadruplicado por el contraste con la oscuridad. Significa esperanza y júbilo para los fieles, pero severidad para los transgresores de la ley de Dios. {CS 622.2}

Mientras estas palabras de santa confianza se elevan hacia Dios, las nubes se retiran, y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible en contraste con el firmamento negro y severo en ambos lados. La magnificencia de la ciudad celestial rebosa por las puertas entreabiertas. Entonces aparece en el cielo una mano que sostiene dos tablas de piedra puestas una sobre otra. El profeta dice: “Denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez”. Salmos 50:6. Esta ley santa, justicia de Dios, que entre truenos y llamas fue proclamada desde el Sinaí como guía de la vida, se revela ahora a los hombres como norma del juicio. La mano abre las tablas en las cuales se ven los preceptos del Decálogo inscritos como con letras de fuego. Las palabras son tan distintas que todos pueden leerlas. La memoria se despierta, las tinieblas de la superstición y de la herejía desaparecen de todos los espíritus, y las diez palabras de Dios, breves, inteligibles y llenas de autoridad, se presentan a la vista de todos los habitantes de la tierra. {CS 622.3}

Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús, y promulga a su pueblo el pacto eterno. Sus palabras resuenan por la tierra como el estruendo de los más estrepitosos truenos. El Israel de Dios escucha con los ojos elevados al cielo. Sus semblantes se iluminan con la gloria divina y brillan cual brillara el rostro de Moisés cuando bajó del Sinaí. Los malos no los pueden mirar. Y cuando la bendición es pronunciada sobre los que honraron a Dios santificando su sábado, se oye un inmenso grito de victoria. {CS 623.3}

Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. {CS 624.1}

Aquí sucede la segunda resurrección:

Entre las oscilaciones de la tierra, las llamaradas de los relámpagos y el fragor de los truenos, el Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos. Dirige una mirada a las tumbas de los justos, y levantando luego las manos al cielo, exclama: “¡Despertaos, despertaos, despertaos, los que dormís en el polvo, y levantaos!” Por toda la superficie de la tierra, los muertos oirán esa voz; y los que la oigan vivirán. Y toda la tierra repercutirá bajo las pisadas de la multitud extraordinaria de todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos. De la prisión de la muerte sale revestida de gloria inmortal gritando: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1 Corintios 15:55. Y los justos vivos unen sus voces a las de los santos resucitados en prolongada y alegre aclamación de victoria. {CS 627.1}

Capítulo 42: “La Desolación de la Tierra”

Toda la tierra tiene el aspecto desolado de un desierto. Las ruinas de las ciudades y aldeas destruidas por el terremoto, los árboles desarraigados, las rocas escabrosas arrojadas por el mar o arrancadas de la misma tierra, están esparcidas por la superficie de esta, al paso que grandes cuevas señalan el sitio donde las montañas fueron rasgadas desde sus cimientos. {CS 639.2}

Asimismo, cuando el servicio de propiciación haya terminado en el santuario celestial, entonces, en presencia de Dios y de los santos ángeles y de la hueste de los redimidos, los pecados del pueblo de Dios serán puestos sobre Satanás; se le declarará culpable de todo el mal que les ha hecho cometer. Y así como el macho cabrío emisario era despachado a un lugar desierto, así también Satanás será desterrado en la tierra desolada, sin habitantes y convertida en un desierto horroroso. {CS 639.3}

El autor del Apocalipsis predice el destierro de Satanás y el estado caótico y de desolación a que será reducida la tierra; y declara que este estado de cosas subsistirá por mil años. Después de descritas las escenas de la segunda venida del Señor y la destrucción de los impíos, la profecía prosigue: “Y vi un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano. Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años; y arrojólo al abismo, y le encerró, y selló sobre él, porque no engañe más a las naciones, hasta que mil años sean cumplidos: y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo”. Apocalipsis 20:1-3. {CS 640.1}

Según se desprende de otros pasajes bíblicos, es de toda evidencia que la expresión “abismo” se refiere a la tierra en estado de confusión y tinieblas. Respecto a la condición de la tierra “en el principio”, la narración bíblica dice que “estaba desordenada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo”. Génesis 1:2. Las profecías enseñan que será reducida, en parte por lo menos, a ese estado. Contemplando a través de los siglos el gran día de Dios, el profeta Jeremías dice: “Miro hacia la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; también hacia los cielos miro, mas no hay luz en ellos. Miro las montañas, y he aquí que están temblando, y todas las colinas se conmueven. Miro, y he aquí que no parece hombre alguno, y todas las aves del cielo se han fugado. Miro, y he aquí el campo fructífero convertido en un desierto, y todas sus ciudades derribadas”. Jeremías 4:23-26 (VM). {CS 640.2}

Aquí es donde, con sus malos ángeles, Satanás hará su morada durante mil años. Limitado a la tierra, no podrá ir a otros mundos para tentar e incomodar a los que nunca cayeron. En este sentido es cómo está atado: no queda nadie en quien pueda ejercer su poder. Le es del todo imposible seguir en la obra de engaño y ruina que por tantos siglos fue su único deleite. {CS 640.3}

Durante mil años, Satanás andará errante de un lado para otro en la tierra desolada, considerando los resultados de su rebelión contra la ley de Dios. Todo este tiempo, padece intensamente. Desde su caída, su vida de actividad continua sofocó en él la reflexión; pero ahora, despojado de su poder, no puede menos que contemplar el papel que desempeñó desde que se rebeló por primera vez contra el gobierno del cielo, mientras que, tembloroso y aterrorizado, espera el terrible porvenir en que habrá de expiar todo el mal que ha hecho y ser castigado por los pecados que ha hecho cometer. {CS 641.3}

Para el pueblo de Dios, el cautiverio en que se verá Satanás será motivo de contento y alegría. {CS 641.4}

Durante los mil años que transcurrirán entre la primera resurrección y la segunda, se verificará el juicio de los impíos. {CS 641.5}

También Satanás y los ángeles malos son juzgados por Cristo y su pueblo. San Pablo dice: “¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” Vers. 3. Y San Judas declara que “a los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día”. Judas 6 (VM). {CS 642.1}

Al fin de los mil años vendrá la segunda resurrección. Entonces los impíos serán resucitados, y comparecerán ante Dios para la ejecución del “juicio decretado”. Así el escritor del Apocalipsis, después de haber descrito la resurrección de los justos, dice: “Los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años”. Apocalipsis 20:5. E Isaías declara, con respecto a los impíos: “Serán juntados como se juntan los presos en el calabozo, y estarán encerrados en la cárcel; y después de muchos días serán sacados al suplicio”. Isaías 24:22 (VM). {CS 642.2}

Capítulo 43—El fin del conflicto

Jesucristo tiene tres venidas a la tierra: La primera venida es cunado vino a éste mundo como un niño indefenso, la segunda venida es cuando venga a recoger a su pueblo, que es antes del milenio, y la tercera venida es cuando viene a purificar la tierra y esto sucede después del milenio.

En la primera venida, Jesús vino él solo, en la segunda venida vendrá Jesús y sus ángeles, pero la tercera venida vendrá Jesús ,  los salvos de la tierra y una comitiva de ángeles, que aparentemente no es grande. En la tercera venida, que también será en las nubes de los cielos,  nosotros acompañaremos a Cristo, de la misma manera que los ángeles acompañaron a Cristo en la segunda venida. Es sumamente importante e impresionante, el saber que todos los redimidos formamos parte de la tercera venida de Cristo a ésta tierra, en las nubes de los cielos en gloria y majestad.

Al fin de los mil años, Cristo regresa otra vez a la tierra. Le acompaña la hueste de los redimidos, y le sigue una comitiva de ángeles. Al descender en majestad aterradora, manda a los muertos impíos que resuciten para recibir su condenación. Se levanta su gran ejército, innumerable como la arena del mar. ¡Qué contraste entre ellos y los que resucitaron en la primera resurrección! Los justos estaban revestidos de juventud y belleza inmortales. Los impíos llevan las huellas de la enfermedad y de la muerte. {CS 643.1}

Todas las miradas de esa inmensa multitud se vuelven para contemplar la gloria del Hijo de Dios. A una voz las huestes de los impíos exclaman: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” No es el amor a Jesús lo que les inspira esta exclamación, sino que el poder de la verdad arranca esas palabras de sus labios. Los impíos salen de sus tumbas tales como a ellas bajaron, con la misma enemistad hacia Cristo y el mismo espíritu de rebelión. No disponen de un nuevo tiempo de gracia para remediar los defectos de su vida pasada, pues de nada les serviría. Toda una vida de pecado no ablandó sus corazones. De serles concedido un segundo tiempo de gracia, lo emplearían como el primero, eludiendo las exigencias de Dios e incitándose a la rebelión contra él. {CS 643.2}

El siguiente texto especifica que la santa ciudad, viene después que Cristo, los redimidos y la comitiva de ángeles han venido a la tierra.

Cristo baja sobre el Monte de los Olivos, de donde ascendió después de su resurrección, y donde los ángeles repitieron la promesa de su regreso. El profeta dice: “Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos”. “En aquel día se afirmarán sus pies sobre el Monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén, al oriente. El Monte de los Olivos, se partirá por la mitad […] formando un valle muy grande”. “Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será único, y único será su nombre”. Zacarías 14:5, 4, 9 (RV95). La nueva Jerusalén, descendiendo del cielo en su deslumbrante esplendor, se asienta en el lugar purificado y preparado para recibirla, y Cristo, su pueblo y los ángeles, entran en la santa ciudad. {CS 644.1}

Entonces Satanás se prepara para la última tremenda lucha por la supremacía. Mientras estaba despojado de su poder e imposibilitado para hacer su obra de engaño, el príncipe del mal se sentía abatido y desgraciado; pero cuando resucitan los impíos y ve las grandes multitudes que tiene al lado suyo, sus esperanzas reviven y resuelve no rendirse en el gran conflicto. Alistará bajo su bandera a todos los ejércitos de los perdidos y por medio de ellos tratará de ejecutar sus planes. Los impíos son sus cautivos. Al rechazar a Cristo aceptaron la autoridad del jefe de los rebeldes. Están listos para aceptar sus sugestiones y ejecutar sus órdenes. No obstante, fiel a su antigua astucia, no se da por Satanás. Pretende ser el príncipe que tiene derecho a la posesión de la tierra y cuya herencia le ha sido arrebatada injustamente. Se presenta ante sus súbditos engañados como redentor, asegurándoles que su poder los ha sacado de sus tumbas y que está a punto de librarlos de la más cruel tiranía. Habiendo desaparecido Cristo, Satanás obra milagros para sostener sus pretensiones. Fortalece a los débiles y a todos les infunde su propio espíritu y energía. Propone dirigirlos contra el real de los santos y tomar posesión de la ciudad de Dios. En un arrebato belicoso señala los innumerables millones que han sido resucitados de entre los muertos, y declara que como jefe de ellos es muy capaz de destruir la ciudad y recuperar su trono y su reino. {CS 644.2}

Al fin se da la orden de marcha, y las huestes innumerables se ponen en movimiento—un ejército cual no fue jamás reunido por conquistadores terrenales ni podría ser igualado por las fuerzas combinadas de todas las edades desde que empezaron las guerras en la tierra. Satanás, el más poderoso guerrero, marcha al frente, y sus ángeles unen sus fuerzas para esta batalla final. Hay reyes y guerreros en su comitiva, y las multitudes siguen en grandes compañías, cada cual bajo su correspondiente jefe. Con precisión militar las columnas cerradas avanzan sobre la superficie desgarrada y escabrosa de la tierra hacia la ciudad de Dios. Por orden de Jesús, se cierran las puertas de la nueva Jerusalén, y los ejércitos de Satanás circundan la ciudad y se preparan para el asalto. {CS 645.3}

Entonces Cristo reaparece a la vista de sus enemigos. Muy por encima de la ciudad, sobre un fundamento de oro bruñido, hay un trono alto y encumbrado. En el trono está sentado el Hijo de Dios, y en torno suyo están los súbditos de su reino. Ningún lenguaje, ninguna pluma pueden expresar ni describir el poder y la majestad de Cristo. La gloria del Padre Eterno envuelve a su Hijo. El esplendor de su presencia llena la ciudad de Dios, rebosando más allá de las puertas e inundando toda la tierra con su brillo. {CS 645.4}

Entre la multitud de los rescatados están los apóstoles de Cristo, el heroico Pablo, el ardiente Pedro, el amado y amoroso Juan y sus hermanos de corazón leal, y con ellos la inmensa hueste de los mártires; mientras que fuera de los muros, con todo lo que es vil y abominable, se encuentran aquellos que los persiguieron, encarcelaron y mataron. Allí está Nerón, monstruo de crueldad y de vicios, y puede ver la alegría y el triunfo de aquellos a quienes torturó, y cuya dolorosa angustia le proporcionara deleite satánico. Su madre está allí para ser testigo de los resultados de su propia obra; para ver cómo los malos rasgos de carácter transmitidos a su hijo y las pasiones fomentadas y desarrolladas por la influencia y el ejemplo de ella, produjeron crímenes que horrorizaron al mundo. {CS 648.2}

Allí hay sacerdotes y prelados papistas, que dijeron ser los embajadores de Cristo y que no obstante emplearon instrumentos de suplicio, calabozos y hogueras para dominar las conciencias de su pueblo. Allí están los orgullosos pontífices que se ensalzaron por encima de Dios y que pretendieron alterar la ley del Altísimo. Aquellos así llamados padres de la iglesia tienen que rendir a Dios una cuenta de la que bien quisieran librarse. Demasiado tarde ven que el Omnisciente es celoso de su ley y que no tendrá por inocente al culpable de violarla. Comprenden entonces que Cristo identifica sus intereses con los de su pueblo perseguido, y sienten la fuerza de sus propias palabras: “En cuanto lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos mis hermanos, a mí lo hicisteis”. Mateo 25:40 (VM). {CS 648.3}

Todos los impíos del mundo están de pie ante el tribunal de Dios, acusados de alta traición contra el gobierno del cielo. No hay quien sostenga ni defienda la causa de ellos; no tienen disculpa; y se pronuncia contra ellos la sentencia de la muerte eterna. {CS 648.4}

Hay un pensamiento que existe y que lo compartiré con ustedes, por favor recuerde que es solo un pensamiento, no es nada mas que eso, por favor no lo vaya a presentar como una verdad, o realidad, mucho menos como una doctrina. Esto yo siempre lo escribo y siempre lo escribiré, por que tiene como fin, no levantar una polémica, sino instruirnos en lo que las demás religiones piensan y creen, así tenemos mejor base para contestar si alguna vez se llagara a tocar éste tema con usted.

Hay muchos teólogos de diversas religiones, que creen que el infierno va a durar 6 días. ¿De donde toman ellos esa idea? La toman de 2 Pedro 3: 8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. Ellos creen que Dios tomara mil años de pecado por un día de castigo, en otras palabras todos los pecados cometidos en mil años serán castigados en un día, y si la tierra tiene 6, 000 años de pecados, equivale a 6 días de castigo, ya que para Dios, mil años es como un día. Ellos dicen que la tierra ha pecado 6,000 años, y el milenio será el descanso de la tierra, en lo cual están correctos. De la misma manera ellos dice que la tierra será castigada y purificada por 6 días y al Séptimo día será el reposo final. Muy interesante, ¿No lo cree? recuerde es solo un pensamiento,

La Biblia no dice, cuantos días durará el infierno, el espíritu de profecía dice: mientras otros sufren muchos días.”  Para mi la expresión: “Muchos días” son más de 6 días, personalmente para mi “muchos días” serían mas de 10, 15 0 20 días, que eso es mucho para mi. No importa cuantos días, dure el castigo, ya sean pocos o muchos, nuestro blanco tiene que ser no llegar a ese lugar.

Los impíos reciben su recompensa en la tierra. Proverbios 11:31. “Serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos”. Malaquías 4:1. Algunos son destruidos como en un momento, mientras otros sufren muchos días. Todos son castigados “conforme a sus hechos”. Habiendo sido cargados sobre Satanás los pecados de los justos, tiene este que sufrir no solo por su propia rebelión, sino también por todos los pecados que hizo cometer al pueblo de Dios. Su castigo debe ser mucho mayor que el de aquellos a quienes engañó. Después de haber perecido todos los que cayeron por sus seducciones, el diablo tiene que seguir viviendo y sufriendo. En las llamas purificadoras, quedan por fin destruidos los impíos, raíz y rama: Satanás la raíz, sus secuaces las ramas. La penalidad completa de la ley ha sido aplicada; las exigencias de la justicia han sido satisfechas; y el cielo y la tierra al contemplarlo, proclaman la justicia de Jehová. {CS 652.3}

Mientras la tierra estaba envuelta en el fuego de la destrucción, los justos vivían seguros en la ciudad santa. La segunda muerte no tiene poder sobre los que tuvieron parte en la primera resurrección. Mientras Dios es para los impíos un fuego devorador, es para su pueblo un sol y un escudo. Apocalipsis 20:6; Salmos 84:11. {CS 653.2}

Solo queda un recuerdo: nuestro Redentor llevará siempre las señales de su crucifixión. En su cabeza herida, en su costado, en sus manos y en sus pies se ven las únicas huellas de la obra cruel efectuada por el pecado. {CS 653.4}

En la ciudad de Dios “no habrá ya más noche”. Nadie necesitará ni deseará descanso. No habrá quien se canse haciendo la voluntad de Dios ni ofreciendo alabanzas a su nombre. Sentiremos siempre la frescura de la mañana, que nunca se agostará. “No necesitan luz de lámpara, ni luz del sol; porque el Señor Dios los alumbrará”. Apocalipsis 22:5 (VM). La luz del sol será sobrepujada por un brillo que sin deslumbrar la vista excederá sin medida la claridad de nuestro mediodía. La gloria de Dios y del Cordero inunda la ciudad santa con una luz que nunca se desvanece. Los redimidos andan en la luz gloriosa de un día eterno que no necesita sol. {CS 655.5}

Todos los tesoros del universo se ofrecerán al estudio de los redimidos de Dios. Libres de las cadenas de la mortalidad, se lanzan en incansable vuelo hacia los lejanos mundos; mundos a los cuales el espectáculo de las miserias humanas causaba estremecimientos de dolor, y que entonaban cantos de alegría al tener noticia de un alma redimida. Con indescriptible dicha los hijos de la tierra participan del gozo y de la sabiduría de los seres que no cayeron. Comparten los tesoros de conocimientos e inteligencia adquiridos durante siglos y siglos en la contemplación de las obras de Dios. Con visión clara consideran la magnificencia de la creación, soles y estrellas y sistemas planetarios que en el orden a ellos asignado circuyen el trono de la Divinidad. El nombre del Creador se encuentra escrito en todas las cosas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, y en todas ellas se ostenta la riqueza de su poder. {CS 656.4}

Y a medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo. Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán en aumento. Cuanto más sepan los hombres acerca de Dios, tanto más admirarán su carácter. A medida que Jesús les descubra la riqueza de la redención y los hechos asombrosos del gran conflicto con Satanás, los corazones de los redimidos se estremecerán con gratitud siempre más ferviente, y con arrebatadora alegría tocarán sus arpas de oro; y miríadas de miríadas y millares de millares de voces se unirán para engrosar el potente coro de alabanza. {CS 657.1}

El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor. {CS 657.3}

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando Cristo vino a esta tierra la primera vez, lo hizo humilde y oscuramente, y su vida fue de sufrimiento y pobreza… En ocasión de su segunda venida todo será diferente. Los hombres no lo verán como un prisionero rodeado por el populacho, sino como al Rey del cielo.

Cristo vendrá en su propia gloria, en la gloria del Padre, y en la gloria de los santos ángeles. Millones de millones y millares de millares de ángeles, los hermosos y triunfantes hijos de Dios, que poseen una inconmensurable hermosura y gloria, lo escoltarán en su camino. En lugar de la corona de espinas, él llevará una corona de gloria —una corona dentro de una corona. En lugar de ese antiguo manto de púrpura, estará vestido con un ropaje del blanco más puro, tanto que “ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos” (Marcos 9:3). Y en su vestido y en su muslo habrá escrito un nombre: “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16)…

Cristo ha sido para estos fieles seguidores un compañero de cada día, un amigo familiar. Han vivido en una estrecha y constante comunión con Dios. Sobre ellos apareció la gloria del Señor. En ellos se ha reflejado la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. Ahora se gozan en los no empañados rayos del resplandor de la gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo, porque tienen el cielo en sus corazones. Con las cabezas levantadas, con los brillantes rayos del Sol de justicia refulgiendo sobre ellos, regocijándose porque su redención está cerca, salen en busca del Esposo.

Un poco más, y veremos al Rey en su hermosura. Un poco más, y él enjugará toda lágrima de nuestros ojos… Entonces innumerables voces entonarán el himno: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:3) (La maravillosa gracia de Dios, p. 358).

El Señor va a venir pronto, y debemos estar preparados para recibirlo en paz. Resolvamos hacer todo lo que está en nuestro poder para impartir luz a los que nos rodean. No debemos estar tristes, sino alegres, y recordar siempre al Señor Jesús. Él va a venir pronto, y debemos estar listos a aguardar su aparición.

¡Oh, cuán glorioso será verle y recibir la bienvenida como sus redimidos! Largo tiempo hemos aguardado; pero nuestra esperanza no debe debilitarse. Si tan solo podemos ver al Rey en su hermosura, seremos bienaventurados para siempre. Me siento inducida a clamar con gran voz: “¡Vamos rumbo a la patria!” Nos estamos acercando al tiempo en que Cristo vendrá con poder y grande gloria a llevar a sus redimidos a su hogar eterno…


Por largo tiempo hemos aguardado el retomo de nuestro Salvador. Sin embargo, su promesa es segura. Pronto estaremos en nuestro hogar prometido. Allí Jesús nos conducirá junto a la corriente viva que fluye del trono de Dios, y nos explicará las oscuras providencias por las cuales nos condujo en esta tierra a fin de perfeccionar nuestros caracteres. Allí contemplaremos, con clara visión, las hermosuras del Edén restaurado. Arrojando a los pies de nuestro Redentor las coronas que él habrá puesto sobre nuestras cabezas, y pulsando nuestras arpas de oro, llenaremos todo el cielo con alabanzas a Aquel que se sienta en el trono (¡Maranata: El Señor Viene!, p. 309).

El cielo es un lugar agradable. Yo anhelo estar allí y contemplar a mi hermoso Jesús que por mí dio la vida, y ser transmutada en su gloriosa imagen. ¡Oh, quién me diera palabras para expresar la gloria del brillante mundo venidero! Estoy sedienta de las vivas corrientes que alegran la ciudad de nuestro Dios… Todos constituirán una familia feliz y unida, ataviada con las vestiduras de alabanza y agradecimiento. Al presenciar la escena, las estrellas de la mañana cantarán juntas, y los hijos de los hombres aclamarán de gozo, mientras Dios y Cristo se unirán para proclamar: No habrá más pecado ni muerte (El hogar cristiano, pp. 492, 493).

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Viernes 25 de marzo // Lección 13_________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Piensa acerca del milenio y del modo en que lo entendemos. Aunque no se nos explica mucho, se dice lo suficiente como para saber algunas cosas. Primero, el milenio ocurre antes de la destrucción de los perdidos. Segundo, antes de la destrucción final, los salvados pasarán este tiempo obteniendo respuesta a muchas preguntas. Tal es así que ellos mismos participarán en ese juicio. Es decir, ellos mismos estarán juzgando. “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” (1 Cor. 6:2) Y: “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” (vers. 3). También, como leímos esta semana, durante estos mil años “recibieron la facultad de juzgar” (Apoc. 20:4); es decir, los santos la recibieron. De esta forma, estos dos puntos juntos revelan una verdad importante: ninguno de los perdidos afrontará el Juicio Final hasta después del milenio, hasta que los salvados no solo entiendan por qué los impíos se pierden, sino también que cumplan una función al pronunciar sentencia sobre ellos. Piensa en lo que esto nos dice sobre el carácter de Dios y la transparencia de su gobierno: antes de que una sola persona afronte el destino final de los perdidos, el pueblo de Dios podrá ver con claridad la justicia y la equidad del juicio final de Dios sobre ellos. Será doloroso, ciertamente; pero cuando esté terminado, como ya vimos, gritaremos: “Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo” (Apoc. 16:5).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿De qué manera la realidad del Gran Conflicto nos ayuda a comprender mejor por qué existen ahora el sufrimiento y la muerte, aun cuando muchas preguntas difíciles queden sin responder?
  2. Si alguien te pregunta: “¿Cómo puedo tener un caminar más íntimo y estrecho con el Señor?”, ¿qué le dirías?
  3. Medita en la idea de estar preparado ahora para el cielo. ¿Qué significa esto? ¿Cómo entendemos esta idea a la luz del evangelio?
  4. ¿Cuáles son algunas de las preguntas que te gustaría ver respondidas? Hasta que esto suceda, ¿de qué modo aprendes a confiar en la bondad y la justicia de Dios en medio de tanta tragedia?

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Escrito por: Tony García.
Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
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