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LECCIÓN 13 – TEMAS PRINCIPALES DE 1 Y 2 PEDRO – PARA EL 24 DE JUNIO DE 2017



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“El Martirio de Pedro” Por Leonello Spada, Italia (1576-1622)


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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 13: Para el 24 de junio de 2017

TEMAS PRINCIPALES DE 1 Y 2 PEDRO

Sábado 17 de junio______________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 53:5, 6, 9; Levítico 16:16-19; 11:44; Romanos 13:1-7; 1 Corintios 14:40; 2 Timoteo 3:16.

PARA MEMORIZAR:

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Ped. 2:24).

PRIMERA Y SEGUNDA DE PEDRO fueron escritas con propósitos prácticos. En 1 Pedro, la gran temática que abordó Pedro fue la persecución que estaban enfrentando los cristianos. En 2 Pedro, la gran temática fueron los falsos maestros. Pedro escribió enérgica y autoritativamente, intentando animar a sus lectores y advertirles con respecto a los desafíos que tenían por delante.

Lo importante es que Pedro responde a ambas problemáticas en términos teológicos. El sufrimiento causado por la persecución llevó a Pedro a meditar en los sufrimientos y la muerte de Jesús, que resultó en nuestra salvación. Los falsos maestros habrían de enfrentar la realidad del Juicio, que ocurrirá después de que Jesús regrese a esta Tierra. Estos son algunos de los temas que trata Pedro en sus dos cartas.

La lección de esta última semana se enfocará con más detalle en cinco de los temas de los que escribió Pedro: el sufrimiento de Jesús que llevó a nuestra salvación; nuestra respuesta práctica al conocimiento de que Dios juzgará nuestras acciones en el Juicio Final; la esperanza que tenemos en el pronto regreso de Jesús; el orden en la sociedad y en la iglesia; y el papel que tiene la Escritura en proveer una guía para nuestra vida.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando la oposición obstinada a la ley de Dios sea casi universal, cuando su pueblo sea oprimido con aflicciones por sus prójimos, Dios se interpondrá. Entonces se oirá la voz desde las tumbas de los mártires, representados por las almas que Juan vio muertas por la Palabra de Dios y por el testimonio de Jesucristo que sostuvieron; entonces ascenderá la oración de cada verdadero hijo de Dios: “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley”.

Serán contestadas las fervientes oraciones de sus hijos, pues a Dios le agrada que los suyos lo busquen de todo corazón y dependan de él como su libertador. Será buscado para que haga etas cosas para los suyos, y él se levantará como su protector y vengador. “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche?” (Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, p. 1081).

“Se me mostró que como pueblo no podemos ser demasiado cuidadosos con la influencia que ejercemos; debemos vigilar cada palabra. Cuando por nuestras palabras o actos nos colocamos en el campo de batalla del enemigo, alejamos de nosotros a los santos ángeles y atraemos a nuestro alrededor a las huestes de ángeles malignos…

Nuestro reino no pertenece a este mundo. Estamos esperando que nuestro Señor venga desde el cielo para someter toda autoridad y poder, y establecer su reino eterno. Las potencias terrenales se encuentran agitadas. No necesitamos, y no podemos esperar unión entre las naciones del mundo. Nuestra posición en la imagen de Nabucodonosor está representada por los dedos de los pies, en estado de división, y de un material deleznable que no puede mantener su cohesión. La profecía nos muestra que el gran día de Dios está sobre nosotros. Se aproxima rápidamente (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pp. 321, 322).

Cristo tenía siempre presente el resultado de su misión. Su vida terrenal, tan recargada de penas y sacrificios, era alegrada por el pensamiento de que su trabajo no sería inútil. Dando su vida por la vida de los hombres, iba a restaurar en la humanidad la imagen de Dios. Iba a levantamos del polvo, a reformar nuestro carácter conforme al suyo, y embellecerlo con su gloria.

Cristo vio “del trabajo de su alma” y fue “saciado”. Vislumbró lo dilatado de la eternidad, y vio de antemano la felicidad de aquellos que por medio de su humillación recibirían perdón y vida eterna. Fue herido por sus transgresiones y quebrantado por sus iniquidades. El castigo que les daría paz fue sobre él, y con sus heridas fueron sanados. El oyó el júbilo de los rescatados, que entonaban el canto de Moisés y del Cordero. Aunque había de recibir primero el bautismo de sangre, aunque los pecados del mundo iban a pesar sobre su alma inocente y la sombra de indecible dolor se cernía sobre él, por el gozo que le fue propuesto, escogió sufrir la cruz y menospreció la vergüenza (El ministerio de curación, p. 404).

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Lección 13 // Domingo 18 de junio_______________________________________________

EL SUFRIMIENTO, JESÚS, Y LA SALVACIÓN

Lee los siguientes pasajes de 1 Pedro y anota lo que cada uno revela acerca de la salvación:

1 Pedro 1:2

elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

1 Pedro 1:8-9

a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;  obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

1 Pedro 1:18-19

18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,  19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,

1 Pedro 2:22-25

22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;  23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;  24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.  25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

1 Pedro 3:18

18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

Cuando Pedro menciona la salvación, generalmente es en el contexto de los sufrimientos de Jesús como Sustituto de los pecadores. Por ejemplo, en 1 Pedro 2:22 al 24, cuando Pedro escribe acerca del sufrimiento de Jesús, utiliza un lenguaje que refleja a Isaías 53:5, 6 y 9. “[Jesús] llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo” sobre la Cruz y “por cuya herida fuisteis sanados” (1 Ped. 2:24) revelan las ideas de sustitución y sacrificio.

En muchos de los sacrificios descritos en la Biblia hebrea, los pecadores traían sus ofrendas al Templo y ponían sus manos sobre los animales. Este acto transfería simbólicamente el pecado del pecador al animal, que luego moría en lugar del pecador (Lev. 4:29, 30, 33, 34; 14:10-13). La impureza del pecado que se acumulaba en el altar era purificada y quitada en el Día de la Expiación (Lev. 16:16-19).

La sangre del sacrificio jugaba un papel importante en la expiación por el pecado. Los cristianos han sido comprados por la sangre preciosa de Jesús (1 Ped. 1:18, 19). Pablo, también, expresó la misma idea de sustitución: Jesús, quien no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros (2 Cor. 5:21). Como declara 1 Pedro 3:18, Cristo sufrió por los pecados, el justo (Jesús) por los injustos (nosotros).

Al igual que Pablo (Rom. 3:21, 22), Pedro enfatiza la necesidad de fe. Como dice a sus lectores: “A quien amáis sin haberle visto […] obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas” (1 Ped. 1:8, 9). La salvación no se gana con un comportamiento piadoso, sino que es otorgada cuando creemos en lo que Jesús ha hecho por nosotros y lo aceptamos como nuestro Salvador personal. Nuestra seguridad se halla en él, no en nosotros. Si estuviera en nosotros, ¿qué seguridad real tendríamos?

¿Por qué es Jesús, nuestro Sustituto, la gran esperanza de salvación? ¿Qué consuelo puedes obtener de esta maravillosa verdad?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Hemos llegado a final del segundo trimestre del año en curso: concurrimos al final de la primera mitad de este año que, con amor infinito, el Cielo nos concede. De acuerdo con la usanza adventista, el décimo tercer sábado hacemos un repaso de las lecciones de todo el trimestre. Este trimestre no es la excepción; todo lo contrario, parece ser que la última lección de este trimestre en verdad es un repaso completo de lo que ya hemos estudiado, por lo tanto les dejaremos los versículos del estudio diario y nuestro comentario, en vista de que la mayoría de ellos ya fueron objeto de estudio en el trimestre que estamos finalizando.
Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas. (1 Pedro 1)
Hay grupos religiosos que creen en la “predestinación”.
La predestinación supone que algo ya está decidido antes de tiempo. Dicho en otras palabras, la predestinación no me da la oportunidad de cambiar las cosas o el curso de mi vida; o sea, todo lo que me ocurra en esta vida, era ya inevitable: tenía que suceder, porque ya estaba predeterminado de esa manera. La predestinación es totalmente opuesta a la libertad de elección, el libre albedrío que bíblicamente conocemos, porque lo enseña la Palabra de DIOS.
¿De dónde ha surgido la falsa doctrina de la predestinación?  De varios versículos de la Biblia, que son mal interpretados o no comprendidos en su totalidad. 
Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. 10 Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre 11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor. 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. 14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Romanos 9
Estos versículos son la esencia de la falsa doctrina de la predestinación.
Las personas que creen en la predestinación repiten el versículo 16,  donde Dios dice que no depende de si queremos o si corremos, sino que todo depende de quien Él quiere. El caso más grande se presenta en este párrafo; que antes que Esaú y Jacob hubieran nacido, antes de que ellos hubieran hecho mal o bien, ya Dios había decidido a quien amar y a quien aborrecer.
La parte de este texto que no se está comprendiendo, es que Dios no está decidiendo nada por ellos.
Dios está hablando de ellos de esa manera, porque Dios conoce el futuro a la perfección y de antemano Dios sabía cuál sería el comportamiento de Jacob y Esaú, y también conocía las decisiones que ellos iban a tomar con respecto a sus vidas espirituales. Ya Dios, sabiendo de antemano el resultado de las decisiones de ellos dos, pudo hablar con toda seguridad a quién amó desde el vientre y a quién aborreció, desde antes de que naciera.
Por otro lado, la fraseología bíblica obedece al contexto cultural y académico del escritor, conocido como hagiógrafo. Los vocablos que cada autor escoge para verter su idea, son parte inherente de su perfil personal, ya que el Espíritu Santo nunca dictó el texto palabra por palabra; además, está la traducción, en la que a menudo interviene una interpretación del texto original. Toda la Biblia es consistente en promover la responsabilidad individual para la salvación: DIOS no la decide, sino cada persona. Si hemos de afirmar una predestinación, tenemos que admitir que la Deidad nos predestinó a todos para salvación; cada cual es responsable de mantenerse salvo o salva.
Si Dios interfiriera en el futuro de las personas, no hubiera dejado que Esaú naciera, no hubiera creado a Lucifer, no hubiera creado a Adán y Eva, no hubiera creado este mundo, no hubiera permitido el nacimiento de Nerón, ni de Hitler, quizás ni mi nacimiento, ni el suyo.  Pero no, Dios no interfiere con la vida, el futuro y ni las elecciones de las personas; Él permite que toda persona elija su rumbo, hasta que llegue al final, donde cada cual habrá construido su bienestar o habrá cavado su propia tumba. “por que veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino” expresó el poeta mexicano Amado Nervo en uno su hermosísimo poema “En paz”.
Hay otros textos bíblicos que son usados por quienes apoyan la falsa doctrina de la predestinación, y son los siguientes:
“29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.   Romanos 8
En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.”  Efesios 1
Tenemos que recordar que Jesús vino a morir a este mundo por toda la raza humana: su sacrificio alcanza a todo miembro de la raza caída, de todos los tiempos. Partiendo de aquí, la salvación se ofrece a todo aquel que la desee; es gratuita, no cuesta nada; pero es libre, no es forzada. Cuando la Biblia refiere la predestinación, no está hablando de que Dios va a escoger a algunos y a otros no; está hablando de que Él va a escoger y recoger a todos aquellos que voluntariamente acepten su  sangre y su sacrificio, como el medio expiatorio ante el Padre.
Toda la Biblia es consistente en promover la responsabilidad individual para la salvación: DIOS no la decide, sino cada persona elige aceptarla o rechazarla. Si hemos de afirmar una predestinación, tenemos que admitir que la Deidad nos predestinó a todos para salvación; cada cual es responsable de mantenerse salvo o salva.
Otra cosa que necesitamos comprender es que muchas veces en este mundo nos pasan cosas o sufrimientos y creemos que ya nos tocaba, nos ponemos casi de acuerdo con la predestinación y esto no es así; la mayoría de cosas malas y sufrimientos que nos pasan pudieron ser evitados.
Estas son algunas de las razones por las que sufrimos en este mundo:
Sufrimos por nuestras decisiones equivocadas: muchas veces nosotros los humanos somos nuestros propios enemigos, y nos convertimos en auto-destructores.
-Muchas veces se sufre por los pecados de otros: Dios nunca causaría este tipo de sufrimiento, no lo comenzaría, ni lo apoyaría; todo lo contrario, hacer sufrir a sus criaturas va en contra de su naturaleza que es santa y pura. Ejemplo de estos casos son Betsabé, Daniel, Tamar, Oseas, el Buen Samaritano, Pablo, etc.
-Algunas veces se sufre sencillamente por las desgracias que ocurren en la vida: Hay un interesante dicho que usa el mundo de habla inglesa y se podría traducir así: “Hasta el mejor santo de Dios, tiene su noche oscura”. Este tipo de sufrimiento no es indicador del abandono divino, ¡jamás! Simple y sencillamente la vida es dura.
-Muchas veces se sufre con enfermedades y muerte: esto pasa y pasará a cada persona de este mundo sin excepción. Tenemos cero protección en contra de la enfermedad y la muerte, Jesús lloró húmedas y saladas lágrimas por el dolor y la  muerte de sus amigos.
-Muchas veces sufrimos por la tierra: vivimos en una tierra físicamente, con una vida que se ve afectada por tornados, terremotos, fuegos, maremotos, huracanes… Los desastres naturales son fenómenos naturales de este sistema viviente, del cambiante y fluctuante mundo en que vivimos. Entre más destruyamos la tierra, más va a protestar en contra de su destrucción y también tomará más venganza en contra del destructor.
-Muchas veces sufrimos por nuestros enemigos viciosos: hay muchos enemigos viciosos que están dispuestos a robar, matar y destruir toda cosa que sea bonita y buena.
-Al final sufrimos por el pecado en general.
Toda la Biblia es consistente en promover la responsabilidad individual para la salvación: DIOS no la decide, sino cada persona. Si hemos de afirmar una predestinación, tenemos que admitir que la Deidad nos predestinó a todos para salvación; cada cual es responsable de mantenerse salvo o salva. Hoy, en este momento debemos elegir la salvación a la que DIOS nos predestinó, para poder morar con Cristo en la casa del Padre, por la merced del Espíritu Santo.
No existe la predestinación con Dios, con Dios existe el libre albedrío. El abuso de esa libertad que nuestro Padre nos confirió desde el Edén, llevó a nuestros primeros padres al caos y al fracaso en este mundo, y esa es la razón por la cual usted y yo estamos estudiando la Palabra de Dios, orando y confesando nuestros pecados, para volver al santo y hermoso lugar que nuestros padres perdieron por abusar de esa libertad.
 
 
“18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,”
La redención no implica solamente el perdón de los pecados. Va mucho más allá, pues la redención también consiste en doblegar el siniestro imperio del pecado. 
 
Dicho en otras palabras, la redención no consiste solamente en haber recibido el perdón de los pecados, para continuar en la misma vana manera de vivir. La redención abarca haber sido perdonados de nuestros pecados, para comenzar una nueva vida, que es sobria, justa, buena y santa.
 
No puede darse el caso de que una persona haya sido redimida y continúe viviendo su vida antigua de pecado y miseria.
 
Por eso el texto bíblico anuncia triunfalmente: “fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres.” Con el pecado teníamos una “vana manera de vivir,” pero al haber sido rescatados, ya no tenemos más esa “vana manera de vivir”; al ser rescatados gozamos de una nueva vida.
  
Curiosamente  la vana manera de vivir es una enfermedad hereditaria. Todos los que alguna vez fuimos niños, conseguimos esa enfermedad de nuestros padres; y todos los que alguna vez hemos sido padres, hemos transmitido esa letal infección a nuestros hijos. 
 
¿Por qué los padres somos tan infecciosos con nuestros hijos?
 
1-Porque desafortunadamente sembramos una vana manera de vivir en nuestros hijos en sus primeros años de vida, cuando ellos son una esponja que absorbe todo lo que les rodea. Años más tarde, cuando la infección brota en la vida de nuestros vástagos, muchas veces se ha convertido en una enfermedad difícil de combatir y, en muchas ocasiones, se ha convertido  en una enfermedad terminal, para la cual el remedio disponible ya no obra el efecto esperado.
 
2-Porque el afecto de los niños siempre gira alrededor de los padres, como figuras de autoridad; y la opinión de un padre es suficiente para un niño.
 
3-Porque para los niños no hay mejor manera de aprender que de sus mismos padres; ellos aprenden de sus padres por precepto y por ejemplo.
 
La mente del hombre es la guía y la fuente de sus acciones; cuando esa mente está alejada de Dios, no es sino una fundición de vanidades. El apóstol Pablo también hizo esta advertencia al mundo gentil. Ellos se habían convertido en personas con imaginaciones vanas, sus necios corazones se habían obscurecido, lo cual también incluía a los grandes naturalistas y a los filósofos de esa época; no había excepción.
 
Le redención es demasiado costosa; fue el resultado de sacrificar una vida, pero no una vida cualquiera, sino  la vida más perfecta que jamás se haya vivido en la historia del universo. A pesar de eso, la redención es inmerecida, y al mismo tiempo es completamente gratis. La mente humana nunca hubiera imaginado siquiera cuán costosa es nuestra redención.
 
No hemos sido redimidos con cosas que se corrompen; las cosas más valiosas de este mundo no son suficientes para adquirir la redención. Todas las cosas de este mundo, de acuerdo con Salmo 24:1, pertenecen a Dios de todas maneras: De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. Para nuestra redención se usó nada menos que la sangre preciosa de Cristo.
 
19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
La sangre preciosa de Cristo es omnipotente: prevalece sobre el pecado, la culpabilidad y el miedo. Expulsa el orgullo y el pecado de la vida, introduce felicidad, santidad, humildad y esperanza en el corazón del hombre.
 
La  sangre preciosa de Cristo nos consigue un permiso para visitar el trono de gracia del Padre; nos une con los redimidos de todas las edades, nos consigue una posición de servicio en el templo celestial, nos promete una vida mejor sin preocupaciones, sin pecado y sin muerte.
 
La sangre preciosa de Cristo es un ejemplo doble de amor desinteresado; el Hijo entregando su vida por nosotros, y el Padre entregando a su Hijo para que se convirtiera en nuestro Salvador personal.
 
Muchas cosas preciosas de este mundo se deterioran; el tiempo acaba con todo lo material y destruyen hasta los mejores tesoros que podamos obtener. Los negocios fracasan, el comercio termina, los imperios sucumben, y hasta la misma iglesia de Cristo se corrompe… Pero algo que nunca jamás se corrompe es la sangre preciosa de Cristo.
 
La sangre preciosa de Cristo es vigorizante. “Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: Bebed todos de ella; porque esto es mi sangre del nuevo pacto…” (Mateo 26: 27,28). 
Cuando nuestro espíritu está abatido por los sinsabores de esta vida, somos reconfortados; cuando bebemos esa sangre preciosa de Cristo, representada por el jugo de la uva sin fermentar, recibimos fortaleza sobrehumana. Bebiendo “la sangre preciosa de Cristo” nuestras miserias son perdonadas y olvidadas, y el gozo del perdón y de la salvación nos inunda nuevamente.
 
La  sangre preciosa de Cristo transmite poder para vencer: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menosprecian sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11).
 
La sangre preciosa de Cristo tiene poder para limpiar: “La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).
 
La sangre preciosa de Cristo nos reconcilia y nos trae paz: “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”  (Colosenses 1: 20).
 
¡Alabado sea el precioso nombre de CRISTO!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jesús pensó en todas las almas de la tierra, que estaban engañadas por los falsos pastores. Aquellas a quienes él anhelaba reunir como ovejas de su prado estaban esparcidas entre lobos, y dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor” (Juan 10:16)…

“Pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar”. Mientras, como miembro de la familia humana, era mortal, como Dios, era la fuente de la vida para el mundo. Hubiera podido resistir el avance de la muerte y rehusar ponerse bajo su dominio; pero voluntariamente puso su vida para sacar a luz la vida y la inmortalidad. Cargó con el pecado del mundo, soportó su maldición, entregó su vida en sacrificio, para que los hombres no muriesen eternamente. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:4-6) (El Deseado de todas las gentes, pp. 447, 448).

Para derribar las barreras que Satanás había levantado entre Dios y el hombre, Cristo realizó un sacrificio pleno y completo, que reveló una abnegación sin parangón. Reveló al mundo el espectáculo asombroso de Dios viviendo en carne humana y sacrificándose a sí mismo para salvar al hombre caído ¡Qué amor maravilloso! Lloro al pensar en tantos que pretenden creer en la verdad y están encostrados con egoísmo…

Me asombro de que quienes profesan ser cristianos no echan mano de los recursos divinos; de que no ven con más claridad la cruz como el medio de misericordia y perdón, el medio de poner al corazón orgulloso y egoísta del hombre en contacto directo con el Espíritu Santo a fin de que las riquezas de Cristo puedan ser derramadas en la mente, y el instrumento humano sea adornado con las gracias del Espíritu y que Cristo pueda ser ensalzado en aquellos que no lo conocen (Alza tus ojos, p. 189).

Vi después al glorioso Redentor, incomparablemente bello y amable, que, dejando su reino de gloria, vino a este obscuro y desolado mundo para dar su preciosa vida y morir, el justo por los injustos. Mientras estuvo cargado con la pesadumbre de los pecados del mundo, soportó las befas, los escarnios y la trenzada corona de espinas, y sudó gotas de sangre en el huerto. El ángel me preguntó: “¿Por quién esto?” ¡Oh! yo veía y comprendía que era por nosotros; que por nuestros pecados sufrió todo aquello, a fin de que con su preciosa sangre pudiese redimimos para Dios (Primeros escritos, p. 49).

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Lunes 19 de junio // Lección 13__________________________________________________

¿CÓMO DEBERÍAMOS VIVIR?

Una temática a la que vuelve Pedro más a menudo que cualquier otra es presentada en la exhortación que hace en 2 Pedro 3:11: “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!”

Lee los siguientes textos. ¿Qué dice Pedro acerca del comportamiento cristiano? 1 Ped. 1:15-17, 22; 2:1; 3:8, 9; 4:7-11; 2 Ped. 3:11.

1 Pedro 1:15-17 & 22

15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;  16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.  17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación;

22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro;

1 Pedro 2:1

1 Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones,

1 Pedro 3:8-9

Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;  no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.

1 Pedro 4:7-11

Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.  Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.  Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.  10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.  11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

2 Pedro 3:11

11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, !!cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,

Pedro considera el comportamiento cristiano en muchos lugares de sus dos cartas, y cierto número de aspectos reaparecen una y otra vez. Primeramente, Pedro enfatiza dos veces la relación entre el juicio de Dios y el comportamiento cristiano (1 Ped. 1:17; 2 Ped. 3:11). Dios juzgará las acciones de todos. Así, un cristiano debería vivir una vida de santidad.

Segundo, varias veces Pedro menciona que los cristianos deberían ser santos. En la Biblia hebrea, las cosas que son santas son puestas aparte para ser usadas en el Templo (Éxo. 26:34; 28:36; 29:6, 37) o para los propósitos de Dios (por ejemplo, el sábado; Gén. 2:3). De hecho, el plan de Dios era que su pueblo fuera santo, así como él es santo, un tema que también menciona Pedro (Lev. 11:44; 19:2; 1 Ped. 1:15, 16). El proceso de poner algo aparte como santo se llama “santificación”, y el deseo de Pedro es que sus lectores sean santificados por el Espíritu y sean obedientes a Jesús (1 Ped. 1:2).

Tercero, Pedro provee algunos detalles en cuanto al tipo de comportamiento apropiado para aquellos que son santificados. Deberían desechar la malicia, el engaño, la hipocresía, la envidia y las calumnias (1 Ped. 2:1). Deberían tener unidad de espíritu, amor los unos por los otros y una mente humilde (1 Ped. 3:8, 9). Deberían tener bondad, piedad y amor (2 Ped. 1:5-7). De hecho, deben mantener amor constante (1 Ped. 4:7-11). Por último, Pedro insta a sus lectores a echar todas sus ansiedades sobre Jesús (1 Ped. 5:7).

¿Cómo podemos aprender a animarnos los unos a los otros de manera que no implique emitir juicio, y a vivir la clase de vida a la que Pedro nos está llamando en sus epístolas?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.  17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación (1 Pedro 1)

Todos somos peregrinos en este mundo: estamos de pasada.  Nuestra estadía es corta; esta tierra es nuestro hogar temporal; nos encaminamos a nuestro verdadero hogar, que es la patria celestial y un mundo ya renovado.

Estas son algunas de las características de nosotros los peregrinos:

1-Un peregrino nunca siente que está en su hogar: nunca encuentra un lugar al que puede llamar hogar. Puede residir en diversos lugares por el tiempo que lo desee, puede cambiar de etapas y de situaciones día a día, puede encontrar hermosos y placenteros lugares, pero nunca encuentra un lugar donde realmente se pueda sentir como en casa.

2-Un peregrino se siente solo en este mundo: puede encontrar a otros viajeros en la vida, y algunos se pueden unir a su compañía, pero siempre serán extraños por su manera de actuar o de pensar. Muchas veces los otros viajeros que se nos unen en el camino, en vez de ayudar en el viaje, a menudo son una molestia o una obstrucción en el camino.

3-Un viajero siempre se siente vulnerable al peligro: cuando se viaja por tierras extrañas, se descubre la diferencia de costumbres e idiosincrasias. Por lo tanto el peregrino nunca puede depositar su confianza en alguien con quien conversa, sin importar que la persona se muestre amigable o no. El peregrino siempre está expuesto al fraude, a la injusticia, y a la maldad de gente que no tiene escrúpulos y que no tiene ley. 

4-El peregrino es agradecido con cualquier ayuda que recibe en su viaje: es sensible a la dependencia, providencia y favores que recibe de otras personas. Es agradecido por un buen camino, por un buen clima, por un buen descanso y por los alimentos. El peregrino se muestra agradecido con cada extraño que en buena fe y amablemente le provee cualquier ayuda.

5-El peregrino nunca toma más de lo necesario para su viaje.

El peregrino no es un ermitaño. A menudo se puede confundir, espiritualmente hablando, a un peregrino con un ermitaño. Pero estos dos, aparte de que son diferentes, nos presentan un contraste muy marcado. El ermitaño no aparece en la Biblia, no se lo encuentra en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. El ermitaño no aparece en ninguna parte del plan de Dios. Es interesante notar que la modalidad ermitaña es una de las instituciones favoritas del paganismo y en los antiguos tiempos era una prevaleciente manera de vivir.  La idea del ermitaño fue adoptada en Egipto y ha sido difundida por todo el Occidente, hasta nuestros países en América.

Un ermitaño o eremita es una persona que elige profesar una vida solitaria, sin contacto permanente con la sociedad. Este término se extendió para referirse a toda persona que vive en soledad, y se aparta de los vínculos sociales.

Hay  muchos cristianos que asocian la vida ermitaña con la vida espiritual. En estos casos la vida ermitaña tiene por finalidad alcanzar una relación con Dios que se considera más perfecta. La vida del ermitaño por lo general se caracteriza por valores que incluyen el ascetismo, la penitencia, el alejamiento del mundo urbano, el silencio, la oración, y el trabajo.

El ermitaño está en constante pleito con la sociedad, y toma la decisión de separarse lo más posible de cualquier contacto con sus semejantes. El ermitaño se separa, ya sea viviendo en un lugar solitario, o encerrándose en las paredes de un convento; muchos han llegado al extremo de construir sus hogares en lugares altos, como en los árboles y en las cimas de las montañas donde se hacen difícil acceder a ellos.

Este no es el caso del peregrino; el peregrino es una persona totalmente diferente. El peregrino no se pelea con la sociedad, ni se separa de los hombres, sino que hace todo lo contrario. El peregrino siempre se caracteriza por ser una persona amigable y social, que busca la compañía de otros, que comparte sus experiencias y está dispuesta a ayudar a otros en su peregrinaje. Pero el peregrino tiene algo muy peculiar, que no importa en qué lugar esté viajando, nunca es tentado a quedarse en determinado lugar. El desierto con todas sus dificultades no lo detendrá, el jardín con todas sus flores, no lo detendrá, porque siempre estará avanzando.

Si somos peregrinos confesaremos ante el hombre nuestra fe y nuestro peregrinaje en este mundo

Si somos peregrinos será un crimen tener una religión que se ajuste y se conforme con los placeres de este mundo

Si somos peregrinos no tendremos en nuestra mente la filosofía del ermitaño

Si somos peregrinos, somos herederos de las promesas de Dios, y estaremos felices con nuestro peregrinaje. Todos nuestros esfuerzos, peligros, pruebas, sufrimientos y dificultades que encontremos en nuestro peregrinaje, los tendremos como nada comparado por el inmenso peso de gloria que habrá cuando lleguemos a nuestro verdadero y definitivo hogar.

He aquí un texto acerca de la santidad y la paz:

 14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz (2 Pedro 3).

¡Qué hermosas y solemnes son estas palabras! Sin duda alguna es música celestial a los agitados oídos humanos; estas palabras no emanan de un estado de convulsión, sino del fundamento de la ley de Dios y tienen como propósito modelar nuestra forma de vivir aquí en la tierra.

Dios nos manda a seguir dos valores: la santidad y la paz. La santidad y la paz son consistentes entre sí: si se sigue a una de ellas, automáticamente se sigue la otra; ambas caminan de la mano, sin poder ser separadas en la vida del cristiano.

Es primordial tener paz con nuestra familia, en las relaciones naturales, en las relaciones domésticas, tenemos que tener paz civil, tenemos que tener paz política, tenemos que tener paz en la sociedad, tenemos que tener paz con los miembros de nuestra iglesia, tenemos que tener paz con nuestros vecinos, tenemos que tener paz con las autoridades de nuestra nación, tenemos que tener paz espiritual. Nunca dando rienda suelta a las pasiones que conducen a litigios, confrontaciones, peleas ni guerras. Si tenemos que vivir en guerra, esa guerra será en contra del pecado nada más, en contra de las malas pasiones, en contra de los deseos corruptos, pero nunca contra las personas.

Seguir la paz también incluye evitar los deseos de venganza. Cuando se nos ha hecho mal, es muy fácil tomar el camino de la venganza, es muy fácil dar rienda suelta a pasiones como la ira; pero Dios nos manda a ser santos, a buscar la paz, inclusive con aquellos que nos han hecho mal.

Buscar la paz no implica sólo la frívola idea de vivir en paz, sino que es un deseo ardiente de obtener la paz, es poner todo esfuerzo humano para obtenerla; podemos practicar esto especialmente cuando se nos ha hecho daño y agravio.

No hay cosa más grande que nos identifique y nos acerque más a Dios, que el acto de buscar la paz con todo nuestro deseo y fuerzas. Dios es un Dios de paz, Jesucristo es el Príncipe de paz, el Espíritu Santo tiene los frutos de la paz, los cristianos son hijos de la paz, los hombres son llamados por Dios a tener paz, somos llamados a anunciar un evangelio de paz, somos llamados a vivir en paz ahora en la tierra, y seguir disfrutando de esa paz en el cielo.

La paz tiene tres dimensiones:

La primera dimensión de la paz es vertical -arriba de nosotros y es con Dios-; es vivir en armonía y reconciliados con Dios

La segunda dimensión de la paz es interna -dentro de nosotros, es decir internamente-. La paz es una conformidad íntima, con las facultades santificadas, de la mente, de la voluntad y de los afectos.

La tercera dimensión de la paz es horizontal -fuera de nosotros, es decir externamente-; con las otras criaturas, especialmente el hombre. La paz es un santo acuerdo con nuestra mente, de cuidar nuestra forma de hablar y  nuestra forma de actuar con nuestros semejantes.

El texto también nos manda a ser sin mancha e irreprensibles; dicho en otras palabras, el texto nos manda a tener santidad. Esta declaración se hace extremadamente solemne, cuando es ampliada por otro texto de la Biblia que declara: “sin santidad nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

Podemos tener conocimiento de Dios, podemos conocer su historia, podemos tener ideas teóricas en cuanto al Redentor, pero sin la santidad, no podremos discernir el carácter espiritual de las enseñanzas del Señor.

Finalmente, en el cielo no podremos ver a Dios si no tenemos santidad.  La única manera en que podremos ver a Dios en el cielo, será sentado en su trono de juicio y justicia, pero nunca podremos ver a Dios como nuestro Salvador y amigo si carecemos de ese valor cristiano: la santidad.

Podemos tener riquezas, inteligencia, conocimiento, belleza, éxitos, casas, tierras, libros, amigos… Si no tenemos religión, todo eso es en vano. Nunca veremos a Dios en paz, si no tenemos un corazón santo, nunca seremos admitidos en los cielos, si no tenemos una religión que nos identifique ante los santos ángeles, que se encuentran alrededor del trono de Dios. 

Hay varias personas que tratan de alcanzar el cielo sin santidad, entre ellos están:

Los hipócritas: son quienes cuidan solamente de las apariencias, para ellos lo exterior es de suma importancia, sin importar qué hay dentro del corazón.

Los moralistas: son esas personas que luchan por ser buenas y en verdad lo consiguen, son personas en verdad buenas que no hacen cosas malas en la vida. Esto no es suficiente para ver a Dios; para ver a Dios se necesita santidad, que implica un nivel más elevado que simplemente ser bueno. Muchas veces al diablo le interesa que seamos buenos, con tal de que no seamos santos. Él sabe perfectamente que una persona “buena” no podrá ver a Dios en el cielo, y eso es suficiente para la perdición de la persona. Ser bueno no es visa para el cielo; la visa para penetrar las puertas del paraíso se llama santidad.

Los experimentalistas: son aquellos que tienen sus propias ideas y también tienen sus propias experiencias religiosas, experimentan sensaciones extrañas que les hacen creer que están a la entrada del paraíso mismo. Este tipo de personas llegan a creer que por las cosas que sienten o experimentan en sus vidas, ya han ganado el cielo. La mayoría de los experimentalistas tienen dos caras: un lado que justifica una alta espiritualidad y el otro lado que es una vida llena de injusticia, sin santidad y sin amor para con su prójimo.

Los “opinionistas”: son aquellos que han llegado a convencerse a sí mismos de que pueden obtener el cielo a través de sus propias ideas. Comprenden bien la teología, y casi siempre son más sabios que sus propios maestros. Estos creen que por tener la verdad y mantener la verdad, se acreditan para llegar al cielo automáticamente. En este grupo caen algunos Adventistas del Séptimo Día: somos los que creemos que nuestra iglesia tiene la verdad bíblica, y nadie que no sea adventista podrá ser salvo.  Creemos que por sólo tener, profesar y enseñar la verdad, y que por llevar el nombre de “Adventistas del Séptimo Día” somos ganadores del cielo automáticamente.

Muchas veces se nos acercan hermanos de otras religiones,  y nos preguntan: ¿Es usted salvo? o ¿Es usted santo? Usualmente ese tipo de preguntas ponen a tambalear a un Adventista del Séptimo Día.

La pregunta de este día es: ¿Somos santos? La respuesta es un rotundo “sí”. Dios no ve la santidad de la misma manera en que los humanos la vemos. Los humanos creemos que la santidad es una vida sin errores ni pecados, y hasta cierto punto eso es verdad, pero no es toda la verdad en su esencia.

La santidad a los ojos de Dios es el acto de vencer un pecado, un vicio o una tentación. No se trata de vencer por nuestros propios medios, ya que eso nos convertiría en moralistas; se trata de vencerlo a través de la oración y el ayuno, por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas y corazones.

La santidad tiene crecimiento: comenzamos con el deseo de cambiar nuestras vidas y con el deseo de cambiar nuestro mal proceder, damos el paso de acercarnos a Dios, de pedirle la presencia del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo viene a nuestras vidas y comienza a sanarnos poco a poco de todas esas cosas malas que tenemos; con el tiempo nuestra vida cambia y alcanzamos altos niveles de santidad. ¿Somos santos en la actualidad? Si por la gracia de Dios usted ha aceptado a Cristo en su vida, y ha tenido cambios para bien, si ha dejado los vicios, si ha dejado el pecado, si ha dejado de dar mal testimonio, y tiene el deseo de seguir mejorando, entonces con toda seguridad puede afirmarse que es un santo. Está en el camino correcto de la santidad, y la santidad plena la logrará conseguir hasta cuando logre contemplar el rostro de Jesús y sea “transformado de gloria en gloria.”

La santidad es uno de los propósitos de la religión.

La religión es una imitación del dios que se adora; por eso vemos a las naciones paganas, sumidas en los vicios y en las malas conductas, porque están imitando al dios que ellos han inventado, resultado de su propia imaginación pecaminosa, ajena al Dios del cielo.

En el mundo cristiano, también la religión es una imitación del Dios a quien servimos. A diferencia de los dioses paganos, nuestro Dios no es el resultado de la imaginación del hombre; nuestro Dios es el Dios supremo del universo, cuyo calificativo principal es la santidad. Nosotros también tratamos de imitar al Dios que adoramos, él nos ordena y nos dice: “Sed santos como yo soy santo”

El apóstol está recordando las palabras pronunciadas por Dios a Israel, en Levítico 11 dice: 44 Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo…” Aunque esta orden fue dada al mundo judío primeramente, también estas palabras tocan el corazón del cristianismo. El apóstol hace recordar a la nueva iglesia naciente, las mismas palabras de un Dios que no cambia, que es eterno y que permanece para siempre.

La santificación es parte del proceso de la salvación, no precisamente porque nos libera del pecado y de su castigo, sino porque nos libera del dominio y del poder del pecado. La santificación es una forma de vivir de la naturaleza divina. La santidad se obtiene mediante la diaria entrega de la voluntad a Dios.

La santificación es parte del carácter de Dios: no hay característica más poderosa para describir a Dios, que la santidad. Dios nos manda a ser santos, como lo es él.

La santificación es necesaria para nuestra paz mental. Sin pureza no podemos obtener la paz.

La santificación nos califica para ser miembros del reino de los cielos: “sin santidad nadie verá a Dios”

La santificación es universal, se extiende la invitación a todos los hombres a ser santos.

La santificación es progresiva: comienza con pequeños cambios hasta que se logra conseguir una vida de santidad plena.

La santificación es un trabajo de Dios; por nosotros mismos no podemos lograrla. Es imposible extraer pureza de la impureza. Dios es el único que puede hacernos santos a través de su Santo Espíritu; nuestra parte consiste en dar ese paso hacia Dios y dejar que Él produzca su santidad en nuestra vida.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Ante los creyentes se presenta la maravillosa posibilidad de llegar a ser semejantes a Cristo, obedientes a todos los principios de la ley de Dios. Pero por sí mismo el hombre es absolutamente incapaz de alcanzar esas condiciones. La santidad, que según la Palabra de Dios debe poseer antes de poder ser salvo, es el resultado del trabajo de la gracia divina sobre el que se somete en obediencia a la disciplina y a las influencias refrendadoras del Espíritu de verdad. La obediencia del hombre puede ser hecha perfecta únicamente por el incienso de la justicia de Cristo, que llena con fragancia divina cada acto de acatamiento. La parte que le toca a cada cristiano es perseverar en la lucha por vencer cada falta. Constantemente debe orar al Salvador para que sane las dolencias de su alma enferma por el pecado. El hombre no tiene la sabiduría y la fuerza para vencer; ellas vienen del Señor, y él las confiere a los que en humillación y contrición buscan su ayuda.

El Espíritu Santo será dado a los que buscan su poder y gracia y ayudará nuestras flaquezas cuando tengamos una audiencia con Dios. El cielo está abierto a nuestras peticiones y se nos invita a ir “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). Debemos ir con fe, creyendo que obtendremos exactamente las cosas que le pedimos (La maravillosa gracia de Dios, p. 217).

El Salvador no vivió para agradarse… No tuvo un hogar en este mundo, solo el que le proveyeron la bondad de sus amigos, y sin embargo, estar en su presencia era el cielo. Día tras día afrontó pruebas y tentaciones, pero no cayó ni se desanimó. Siempre era paciente y alegre, y los afligidos lo saludaban como un mensajero de vida y paz y salud. Su vida no tuvo nada que no fuera puro y noble…

Vivir la vida del Salvador, vencer cada deseo egoísta, cumplir valerosa y alegremente nuestro deber hacia Dios y los que nos rodean, nos hará más que vencedores, y nos preparará para estar ante el gran trono blanco sin mancha ni arruga, con las ropas lavadas en la sangre del Cordero (Reflejemos a Jesús, p. 29).

Cuando comenzamos a comprender que somos pecadores, y caemos sobre la Roca para ser quebrantados, nos rodean los brazos eternos y somos colocados cerca del corazón de Jesús. Entonces seremos cautivados por su belleza y quedaremos disgustados con nuestra propia justicia. Necesitamos acercamos a los pies de la cruz. Mientras más nos humillemos allí, más excelso nos parecerá el amor de Dios. La gracia y la justicia de Cristo no serán de utilidad para el que se siente sano, para el que piensa que es razonablemente bueno, que está contento con su propia condición. No hay lugar para Cristo en el corazón de aquel que no comprende su necesidad de luz y ayuda divinas (Mensajes selectos, tomo 1, p. 384).

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Lección 13 // Martes 20 de junio_________________________________________________

ESPERANZA EN LA SEGUNDA VENIDA

Lee los siguientes textos de 1 Pedro, y anota lo que se dice acerca de eventos futuros:

1 Pedro 1:4

para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,

1 Pedro 1:17

17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación;

1 Pedro 4:5-6

pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.  Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.

1 Pedro 4:17

17 Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

2 Pedro 3:1-10

1 Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,  para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles;  sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,  y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.  Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,  por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;  pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.  Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.  El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.  10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

Una de las problemáticas cruciales que enfrentaban aquellos que leyeron y escucharon 1 Pedro por primera vez era la persecución. Pedro consuela a sus lectores con el pensamiento de que, aun cuando su vida pueda ponerse difícil por causa de la persecución, hay una recompensa futura que les espera en el cielo, una recompensa que no les será quitada. En el mismo inicio de su primera carta, Pedro menciona que los cristianos tienen una herencia incorruptible en el cielo para ellos (1 Ped. 1:4).

Pedro resalta dos cosas que ocurrirán en el futuro: el Juicio Final y la destrucción del mal por fuego. En otras palabras, Pedro muestra que, aunque ahora haya persecución, se hará justicia y juicio, y los creyentes recibirán su recompensa eterna.

Pedro menciona el Juicio en tres lugares diferentes (1 Ped. 1:17; 4:5, 6, 17). Dice que Dios el Padre juzga a todos los seres humanos imparcialmente según sus obras (1 Ped. 1:17). Señala que Jesús mismo está listo para juzgar a los vivos y a los muertos (1 Ped. 4:5). Y también hace la observación intrigante de que el Juicio comienza por la casa de Dios (1 Ped. 4:17).

Pedro también enfatiza que “los hombres impíos” serán destruidos en una tormenta de fuego global (2 Ped. 3:7).

Pedro dedica tiempo a tratar con los problemas que surgían en cuanto a si Jesús verdaderamente iba a regresar (2 Ped. 3:1-10). Señala que la “demora” de la segunda venida de Jesús tiene el propósito de permitir que las personas se arrepientan y sean salvas. También señala que la certeza de un ajuste de cuentas futuro debería convencer a todos de vivir una vida santa y sin mancha.

Así, por mucho que Pedro esté enfocado en el aquí y el ahora, y en la vida cristiana práctica, aún mantiene ante sus lectores la esperanza futura que les espera. En síntesis, cualesquiera que sean las circunstancias del momento, deben avanzar en fe y obediencia.

¿Por qué nosotros también debemos avanzar en fe y obediencia, más allá de las circunstancias? ¿Qué otra opción hay?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, 2para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. 3Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. 4A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; 5pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. 6Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios. 7Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. (1 Pedro 4: 1-7)

El cristianismo introduce dos cosas nuevas en el mundo:

1-Un nuevo tipo de vida que contrasta con la del mundo.

2-Nuevos conceptos que ayudan al cristiano a hacer realidad el nuevo tipo de vida. Esas dos novedades se presentan en este pasaje, donde se asegura que el Espíritu dominará la carne y que la voluntad de Dios predominará sobre el hombre.

En los versículos 1 y 2, se nos da una idea general de la historia de Cristo en esta tierra: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne” Esta es una de las más grandes verdades, que tendría que hacer un cambio total en todos los seguidores de Cristo. Aquí no sólo se está refiriendo a la muerte de Cristo, sino también a toda su vida en la tierra. La vida de Jesús en la tierra, fue un constante sufrimiento, comenzando desde su nacimiento, hasta su resurrección.

Los más fuertes y mejores argumentos en contra del pecado, son tomados de los sufrimientos de Cristo. Él murió para destruir el pecado. Se nos invita a tomar el mismo pensamiento de Cristo para aniquilar el pecado de nuestras vidas.

-El pecado es una terrible pérdida de precioso tiempo

-El pecado es algo inservible

-El pecado termina haciéndonos daños y también hace daños a quienes nos rodean

-El pecado es un impedimento serio para conseguir las bendiciones de Dios

-El pecado nos conduce en dirección contraria a la de la vida cristiana

La iglesia condena al mundo de una manera silenciosa, y esto casi siempre tiene un efecto más negativo que positivo en contra de la iglesia. Casi siempre se condena al mundo sin pronunciar ni siquiera una palabra: 4A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución…” Noé condenó más al mundo, con lo que hizo que con lo que dijo: Cada martillazo que daba era un sermón viviente, cada tabla que colocaba era una seria advertencia; mientras el arca avanzaba en su construcción, el mundo avanzaba en su destrucción.

 

6Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.

Para aquellos que creen en la inmortalidad del alma y que también creen que los muertos aun tienen una oportunidad de salvación, este texto es un presunto pilar. Todos sabemos que la Biblia dice que la única oportunidad que tenemos para salvarnos es en esta vida; una vez crucemos de la vida a la muerte, ya no hay más oportunidad para el arrepentimiento, ni apertura a la salvación. En otras palabras: nuestra gracia termina cuando nuestra vida termina aquí en la tierra.

De lo que hicimos en vida, de eso seremos juzgados y de allí dependerá nuestro destino eterno.  Pero este texto parece dar la idea contraria: quienes predican la inmortalidad del alma explican que este texto da a entender que aun a los muertos se les puede predicar el evangelio, es decir una persona muerta, tiene todavía un chance de salvación.

La preposición “POR” denota la unión de dos versículos, tanto el versículo 5, como el versículo 6 están unidos por la palabra “POR”:

5pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. 6Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.

El versículo 5 se refiere literalmente a los vivos y a los muertos, por lo tanto el versículo 6 tiene que ser tomado también en forma literal.

El versículo 6 literalmente dice que el evangelio fue predicado a los muertos, el versículo 6 no está diciendo que el evangelio se está predicando a los muertos, sino que fue predicado a los que hoy están muertos, mientras estos estaban con vida.

Además el versículo 6 dice que el juicio es “en carne,” por lo tanto denota que el evangelio se predicó en vida a los que ahora están muertos.

Una de las traducciones mas claras de este versículo, lo encontramos en la Versión de la Biblia “BIBLIA LA PALABRA” (BLP – ESPAÑA) que traduce: 5Pero tendrán que rendir cuentas al que está preparado para juzgar a vivos y muertos. 6Por eso precisamente, también a los que ya murieron se les anunció el mensaje de salvación, a fin de que, juzgados como mortales, obtengan de Dios la vida del espíritu.

Por lo tanto, este texto es claro en declarar que el evangelio se predicó a quienes murieron, mientras todavía vivían.

 

17 Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? 18 Y:  Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? (1 Pedro 4)

El mundo está dividido en dos grupos espiritualmente hablando: uno de ellos son los creyentes y el otro son los no creyentes.

Los dos grupos están condenados a los sufrimientos, pero hay una diferencia entre esos dos sufrimientos y son los siguientes:

-Un grupo tiene la resignación de Dios en medio del sufrimiento, el otro grupo no

-Un grupo tiene paz en la conciencia, el otro grupo no

-Un grupo tiene la esperanza de una vida mejor, el otro grupo no

-Un grupo tiene una relación íntima con el Padre, el otro grupo no

¿Cómo podemos saber cuándo los juicios de Dios se acercan a nuestra tierra, a nuestra nación, a nuestra iglesia, o a nuestras vidas personales?

-Usualmente Dios visita a los humanos, con juicios más pequeños, antes de visitarlos con los juicios grandes; Amós 4 declara: “Os hice estar a diente limpio en todas vuestras ciudades, y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová. También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió, se secó.”

-Antes de cualquier juicio de Dios, Dios lleva al descanso a los hombres grandes e importantes del lugar que será enjuiciado, y les deja como líderes a personas inservibles. Isaías 3 dice: “Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalén y de Judá al sustentador y al fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua; el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano; el capitán de cincuenta y el hombre de respeto, el consejero, el artífice excelente y el hábil orador. Y les pondré jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores. Y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble.”

-Dios enjuicia cuando pecados terribles afectan a una región; pecados como el ateísmo, la idolatría, y la perversión sexual entre otros, son magnetos especiales para atraer los juicios de Dios sobre la Tierra.

-Dios enjuicia a una nación por la excesiva cantidad de pecados y por el grado de maldad que hay en los pecados. Cuando el hombre hace del pecado una manera de vivir, y cuando el pecado se riega como plaga en una región, el pecado atrae los juicios de Dios de manera inminente. Es decir, entre más pecados, más peligro de juicio. Cuando hay seguridad al pecar y no hay temor de Dios, el hombre está invitando que los juicios de Dios, sean derramados con la esencia de la ira divina.

-El abandono de nuestro primer amor, es una de las señales del pronto acercamiento de los juicios divinos.

-Dios enjuicia a su iglesia cuando no da los frutos que debe dar. Dios no permitirá que su iglesia caiga: los juicios caerán sobre miembros y dirigentes de la iglesia para limpiarla por su propio bien.

-Dios enjuicia a su iglesia, porque la iglesia es su propia familia. Los errores que suceden en una familia, casi siempre acarrean desgracia sobre quien la gobierna.

-Dios enjuicia a su iglesia, porque el evangelio sufre demasiado por los pecados de los que profesan la religión

-Dios enjuicia su iglesia, porque los pecados de los miembros de iglesias son más detestables que los pecados de los infieles: sus pecados son cometidos en contra de abundante luz bíblica. Estas personas gozan de más beneficios y favores divinos, por lo cual el pecado cometido por los conversos es un sacrilegio, y casi siempre conllevan pecados de idolatría.

Dios comienza su juicio con la iglesia por las siguientes razones:

-Usualmente Dios usa a los pecadores y a los enemigos de la iglesia para hacer el trabajo de corrección y de castigo a su propia iglesia.

-Usando a los enemigos de la iglesia y a los pecadores, Dios remueve las excusas que pueda tener el infiel. Ellos vienen a ser testigos de las consecuencias del pecado y por lo tanto quedarán sin excusa cuando ellos también enfrenten los juicios divinos.

-Cuando Dios restaura a su pueblo, ellos son los primeros en reconocer y gozar de las bondades y las bendiciones de Dios

 

El versículo 18 termina diciendo: 18 Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?”

Dicho en otras palabras: si al justo le cuesta salvarse, para el pecador hay muy poca oportunidad.

El camino de la salvación es difícil:

-Porque hay mucho que hacer para sacar a Lot de Sodoma y a Israel de Egipto

-Porque el pecado nos está atando constantemente al mundo

-Porque el diablo es el gran enemigo de la paz que tienen los hijos de Dios, de la misma manera que el faraón era enemigo de los israelitas

-Porque hay una cantidad numerosa y fuerte de amigos y familiares que se interponen en nuestro camino

 

sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,  y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. (2 Pedro 3)

De todos los tipos de pecadores que existen en este mundo, uno de los más difíciles de soportar son los burladores. La práctica constante de un pecado, convierte a una persona en un burlador; a su vez, cuando alguien practica la burla constantemente, está preparando el camino para convertirse en un empedernido pecador.

 Cuando se hace burla y se menosprecian las cosas sagradas, se crea una atmósfera en la que la persona peca de una manera muy fácil, ya que la burla hace ver las cosas santas, como si fueran cosas comunes.  Esto hace que la persona pueda pecar sin ninguna clase de remordimiento.

 La batalla entre la luz y las tinieblas, entre los seguidores de Jesús y los promotores del mal, parece que está por alcanzar su clímax. El diablo, como un león rugiente, buscando su próxima comida, es ayudado por un coro de burladores. Con sus argumentos “racionales” y “científicos” estos burladores tratan de neutralizar la fe de los creyentes y razonan que Jesús no está volviendo, porque todo continúa como siempre ha ocurrido. Ellos dicen: “Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” Pedro sugiere que los motiva su deseo de mantener su estilo de vida lujurioso.

La causa que guía a muchas personas a creer que Cristo no regresará a la tierra, es la ausencia de cambios. La naturaleza sigue su curso invariable y uniforme: no tiene disturbios, su marcha no es interrumpida, se mantiene haciendo y repitiendo lo mismo que ha hecho desde el primer día de la creación. Esta idea cimenta el ateísmo. La filosofía del ateo se basa en una vida sin esperanzas. El ateo reconoce que no hubo cambios en el pasado, no hay cambios en el presente, y por lo tanto asume que no habrá cambios en el futuro.

La sociedad de aquellos que rechazan la segunda venida de Cristo y la finalización del mundo, se llama la “Sociedad de los Burladores”. Ellos arrean la bandera de la burla, mientras recitan su lema que dice: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? No hay cosa más ofensiva para una mente sana que escuchar burlas en contra de Dios y de la religión basada en la Palabra de Dios.

Los burladores tienen un lenguaje impaciente: para ellos la espera de la segunda venida de Cristo, no está contemplada en su apurada agenda, se enojan con Dios cuando una promesa no tiene cumplimiento inmediatamente, y no pueden soportar ningún tipo de tardanza en ninguna promesa divina.

Los burladores no sólo existen fuera de la iglesia, sino también dentro de ella. En el primer siglo de la era cristiana, el tiempo de los apóstoles, muchos de ellos habían dejado su tormentosa vida pagana, habían perdido fortunas y trabajos importantes, habían perdido amigos, por seguir la nueva esperanza que se les había presentado, la esperanza de una vida mejor en Cristo Jesús. Ellos deseaban ver sus esperanzas realizadas inmediatamente. Ya habían pasado muchos años desde la ascensión de Cristo, ya muchos de los apóstoles habían bajado a la tumba, ya la primera generación y posiblemente también la segunda, habían pasado al descanso. ¿Dónde está Cristo? ¿Por qué no ha venido todavía? ¿Por qué retarda su promesa? ¿Por qué retarda su venida, si el mundo la está esperando con ansiedad? Las mismas preguntas se repiten en nuestros días. La mayoría de nosotros tenemos la capacidad de creer en milagros que ocurrieron 2000 años atrás, pero se nos hace difícil creer que los milagros se pueden repetir en nuestros días; esa es la razón de nuestro cristianismo apagado y muerto que solemos profesar.

Ser un burlador no es tener un carácter muy loable; el burlador es resultado del orgullo, de la malicia, del mal comportamiento, de las pasiones no controladas por el Santo Espíritu.

Hay muchas personas que practican la burla como un deporte, otras practican la burla al contagiarse por las malas compañías; y hay un grupo de personas que son burladores, porque les causa placer burlarse. Pero los burladores de este texto, aparte del orgullo y la naturaleza enfermiza que tienen, también están tildados con un vicio y un pecado extra como es la concupiscencia. “andando según sus propias concupiscencias”.

La burla es irracional, es ridícula, es ruda, es incivilizada, es cruel, es inhumana, es un vicio duro que se debe vencer, por la gracia de Dios; es una de las impiedades más grandes, es injuriosa y es contagiosa. Seamos vigilantes para no caer en esos lodos de pecado.

-La burla es irracional: no permite que otros prueben ni se afirmen en la fe; el burlador tampoco prueba ni da una oportunidad a la fe en su vida.

-La burla es ruda e incivilizada: se le debe respeto a cualquier convicción que tenga una persona en materia de religión; pero el burlador tiene un comportamiento errado en la materia del respeto al derecho ajeno.

-La burla es un pecado cruel e inhumano: la burla no considera el sentimiento de aquellos que sufren y que en medio de sus tribulaciones, están tratando de encontrar consuelo y refugio en los asuntos espirituales. La burla persigue a estas personas hasta el último refugio que logran conseguir, y allí trata de despojarlas de sus últimas esperanzas de vida.

-La burla es un pecado muy duro de vencer: los escritores sagrados hablan de los burladores como personas muy difíciles de rescatar.

-La burla es una impiedad que sobrepasa a las demás impiedades: la religión pura es una reproducción de la imagen de Dios, burlarse de esa religión es burlarse del mismo Dios.

-La burla en injuriosa y contagiosa: los burladores son instrumentos especializados del diablo, ellos son los discípulos más celosos, sus defensores más aguerridos, y los más exitosos emisarios que el diablo pueda tener.

Como cristianos miembros de la Escuela Sabática, roguemos a Dios que nos inmunice contra los venenos mencionados.

Una de las cosas que necesitamos entender en el estudio de este día, es que el reloj de Dios es el mejor y el  único en el que los humanos podemos confiar.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si la recompensa prometida, sobremanera preciosa y gloriosa, no nos induce a dar la bienvenida a mayores privaciones y a soportar una abnegación más grande que las que soportan alegremente hombres mundanos que están procurando solamente una medalla terrenal, un laurel perecedero que brinda el honor de unos pocos, y el aborrecimiento de muchos más, somos indignos de la vida eterna. En el fervor y en la intensidad de nuestro celo, en la perseverancia, el valor, la energía, la abnegación y el sacrificio, deberíamos por lo menos sobrepasar a los que están dedicados a cualquier otra empresa, ya que el objetivo que estamos tratando de alcanzar es de un valor más elevado que el de ellos. El tesoro que estamos procurando es imperecedero, eterno, inmortal, sobremanera glorioso; mientras que el que procura el mundano dura solo un día; se desvanece, perece y es tan efímero como la nube matutina.

Levante la cruz, levántela, hermano D., y al hacerlo, se asombrará al ver que ella lo eleva y lo sostiene. En la adversidad, la pobreza y el pesar, será fortaleza y sostén para usted. Descubrirá que de ella penden la misericordia, la compasión, la simpatía y un amor indescriptible. Será para usted una prenda de inmortalidad (Testimonios para la iglesia, t, 2, pp. 43, 44).

Podemos anticiparnos en demasía en cuanto a las cosas de esta vida, y encontrarnos con frustraciones. Hallaremos que ellas [nuestras previsiones] se desvanecen. Pero aquí hay “una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 Pedro 1:4). Tenemos necesidad de que nuestros pensamientos se arraiguen en las cosas que permanecerán, no sobre aquellas que se gastan con el uso…

Cuando Cristo vino a este mundo, vio que los hombres habían dejado fuera de sus cálculos a la vida eterna, futura. Vino para presentar esa vida delante de nosotros, para que con su contemplación pudiéramos ser guiados a cambiar nuestra relación con las cosas de esta vida, para que nuestros afectos pudieran ser puestos en las cosas de arriba, y no en las cosas de la tierra, que se desvanecen tan pronto (En los lugares celestiales, p. 309).

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Miércoles 21 de junio // Lección 13______________________________________________

ORDEN EN LA SOCIEDAD Y EN LA IGLESIA

Lee los siguientes pasajes. ¿Qué dice Pedro en estos textos acerca de la importancia del liderazgo del Gobierno y de la iglesia, y cómo deberían responder los cristianos a ambos? ¿Cómo deberían aplicarse sus palabras a nuestras situaciones actuales, más allá del lugar en que nos toque vivir?

1 Pedro 2:11-21

11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,  12 manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.  13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior,  14 ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.  15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;  16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.  17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.  18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.  19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.  20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.  21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;

1 Pedro 5:1-5

1 Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada:  Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;  no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.  Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes.

Pedro vivía en una época en que los cristianos eran ocasionalmente perseguidos por el Gobierno y por las autoridades religiosas. Esto hace que sea muy importante lo que él y Pablo tienen para decir acerca del papel apropiado de las autoridades gubernamentales (1 Ped. 2:13-17; Rom. 13:1-7). Tanto para Pedro como para Pablo, las autoridades terrenales han sido puestas por Dios mismo para actuar como freno para aquellos que hacen maldad. Por supuesto, hay momentos en los que los poderes gobernantes pueden ser un problema. Los cristianos enfrentaban esto en la época de Pedro, y solamente habría de empeorar durante muchos años.

Pero, por lo general, la idea es que un buen Gobierno debería preservar la ley y el orden, y la seguridad. Aún hoy, hay ejemplos en los que la ley y el orden han sido quebrantados, y uno puede ver la necesidad desesperada de un Gobierno razonable. Es verdad, un buen Gobierno es una de las bendiciones que Dios ha dado a la humanidad.

Sin dudas, Pedro compartiría la convicción de Pablo de que también es importante un buen gobierno eclesiástico. Pablo insiste: “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Cor. 14:40), en los servicios de adoración de la iglesia. Pedro también pide a los líderes de la iglesia: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella” (1 Ped. 5:2). Han de hacerlo con humildad y cuidado. Las iglesias locales también necesitan ser guiadas bien. Los buenos líderes proveen visión y coherencia, y capacitan a otros para ejercer sus dones espirituales para la gloria de Dios.

Primera de Pedro 5:5 dice que debemos revestirnos de humildad los unos para con los otros. ¿Cómo podemos aprender a hacer eso? ¿Qué puedes hacer tú mismo para aplicar esto en tus propias interacciones con los demás?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Tanto el apóstol Pedro como el apóstol Pablo, hablan del sometimiento a las autoridades, dejamos con ustedes los textos bíblicos paralelos, donde este tema es abordado.

1 Ped. 2:11-21  11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,  12 manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.  13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, 14 ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien.  15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;  16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.  17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.  18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.  19 Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.  20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.  21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;

 

Romanos 13:1-7

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. 5 Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. 7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

Este es uno de los textos que trae mucha contradicción en nuestra Iglesia Adventista del Séptimo Día. En algunos países, la Iglesia no acepta a una persona como miembro de iglesia porque trabaja en un cuerpo de seguridad o policial, y por portar armas. El texto no se refiere a los miembros de un ejército nacional que portan armas para ir a una guerra contra otra nación; esto concierne a quienes forman parte de un cuerpo policíaco, o son parte de un cuerpo de seguridad nacional civil.

Ha habido casos en los que se niega el bautismo a un policía, mientras éste no renuncia a su trabajo, y todo esto es debido al uso de armas. De acuerdo con el apóstol, el uso del arma es un permiso que Dios le confiere a su “servidor de justicia” para imponer el orden en la tierra; “porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios”

El texto de este día dice claramente que el “magistrado” es instituido por Dios, y encima de todo le llama “ministro de justicia” y aún más, los tributos o impuestos, sirven para pagar al “servidor de Dios”

En otras palabras, el “magistrado” que es un “ministro de justicia” o “servidor de Dios” como le llaman la mayoría de versiones bíblicas, tiene una comparación con un pastor de iglesia.  Los dos son “ministros” o “servidores” de Dios: uno de ellos es ministro de salvación y el otro es ministro de justicia. Uno de ellos es sostenido con los diezmos y el otro es sostenido con los tributos, uno de ellos tiene como arma la Palabra de Dios, y el otro tiene como arma una espada. Se nos invita a someternos a ambos, por asunto de conciencia.

Como miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, se nos invita a someternos al “magistrado” por dos razones: la primera es para evitar el castigo, y la segunda es por asunto de conciencia.   Nuestro respeto y nuestra obediencia, tiene que ser para el “servidor de justicia” siempre y cuando, no contradiga la ley superior que Dios ha puesto en nuestras mentes y en nuestros corazones.

También necesitamos aprender a aceptarlos en nuestra iglesia, como miembros regulares, ya que su trabajo, no es ninguna invención del hombre, sino que es la institución de Dios. Si hay un trabajo que el cielo creó, ese es el trabajo de un “magistrado”

Muchos de nosotros nos oponemos a la pena capital, pero la pena capital es una ley de Dios. Dios promulgó esta ley y se la dio a Noé, quien se convirtió en el nuevo padre de la raza humana, precisamente después del diluvio. La tierra fue destruida por la gran violencia que existía en la era antediluviana. Dios deseaba mantener la tierra libre del crimen: del homicidio, genocidio y fratricidio, y por eso extendió una nueva ley, que reclama la vida de aquel que le quita la vida a su prójimo.

El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. (Génesis 9)

Esta orden de Dios parece realmente una ley de venganza, y es también una de las reglas más equitativas que pueden existir en nuestro mundo; todo aquel que prive a otra persona de la vida, tiene que pagar las consecuencias con una pérdida igualmente proporcional al daño que ocasionó. “El que a hierro mata, a hierro muere…”; “ojo por ojo y diente por diente…”

Tanto los magistrados que portan sus armas, como el acto de quitarle la vida a un criminal, son dos elementos instituidos por Dios, los cuales tenemos que respetar, aceptar y obedecer, siempre y cuando no se oponga a la ley superior que Dios nos ha entregado, ni se oponga al mismo Dios, y tampoco se oponga a nuestra conciencia o a nuestra religión.

13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior… 17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey. (1 Pedro 2)

También el texto de este día habla del sometimiento a los reyes de la tierra. En el libro de los Proverbios encontramos un texto que es muy acertado y digno de que lo incluyamos en el estudio de este día.

Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo. Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación. Proverbios 25

 Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.

Hasta cierto punto hay una comparación bíblica entre un rey terrenal y nuestro Rey celestial. A pesar de que hay una comparación, el contraste es tan ancho y tan profundo como lo es el mismo universo, cuando comparamos a Dios nuestro Rey, con cualquier rey de la tierra.

El rey de la tierra tiene que darse a la investigación de los asuntos difíciles de solucionar en cuanto concierne a su reino, especialmente en la aplicación de justicia en casos dudosos.

Un rey terrenal es muy honrado

-Cuando ejecuta justicia

-Cuando reprime los vicios que afectan a su nación

-Cuando hace reformas en su país y en sus ciudadanos

-Cuando logra hacer pactos de paz

-Cuando desenmascara el crimen y el fraude

-Cuando tiene palabras de consejería y prevención

-Cuando evita las guerras con otras naciones y también cuando evita los pleitos dentro de su misma nación

-Cuando vela por el bienestar social de sus ciudadanos

-Cuando defiende los derechos y la seguridad de sus ciudadanos

Para hacer bien estas tareas, el rey tiene que investigar con diligencia los asuntos y problemas que su gente le presenta, ver con mucho cuidado y atención las dificultades políticas de su nación, llegar hasta el fondo de todas las complicaciones y estar atento en contra de posibles peligros que su gente y su país puede enfrentar.

Pero para Dios es todo lo contrario, él está rodeado de tantos secretos y misterios, inclusive cuando él ya haya dado la máxima revelación que un hombre pueda comprender y sostener.

Mientras más estudiamos el carácter de Dios, su poder y su magnificencia, encontramos más completa y perfecta nuestra ignorancia; las facultades finitas que nosotros los hombres poseemos, son totalmente incapaces de comprender la mente infinita de nuestro grandioso Dios, sólo podemos comprender las cosas que Dios ha decidido revelarnos y muchas de ellas las aceptamos por fe. Muchas veces sólo nos toca expresar las palabras de Isaías 45: 15 cuando dijo:  “En verdad, tú eres un Dios que te ocultas, oh Dios de Israel, Salvador.”

Martín Lutero expresó: “En el reino de Dios, nosotros los humanos tenemos que evitar saber el “cuándo” y el “porqué” de las cosas, nuestro deber es creer las cosas por fe; pero en los reinos de este mundo todo gobernador está obligado a saber y a preguntar el “cuándo” y el “porqué”  de las cosas, y nunca confiar en nada.”

El contraste entre la gloria de Dios y la honra de un “buen” rey terrenal, es que los dos buscan el bienestar del hombre aquí en la tierra; pero el rey terrenal lo hace depositando su ignorancia y su pequeñez en las manos del supremo Rey del universo, en este Rey que los humanos no podemos comprender. Dios, por el otro lado, deposita en sus súbditos (en este caso un rey), los conocimientos y la sabiduría, el celo y el poder que el rey terrenal debe tener para descubrir la verdad; de esta manera se unen el poder infinito, supremo, celestial y divino, con el poder terrenal de un rey, para imponer orden, respeto y justicia aquí en la tierra.

 

“3- Para la altura de los cielos, y para la profundidad de la tierra, y para el corazón de los reyes, no hay investigación.”

Hay tres conceptos mencionados en este párrafo: la altura de los cielos, la profundidad de la tierra y el corazón de un rey. 

La altura de los cielos nunca puede ser medida, de la misma manera en que no se puede penetrar y medir la profundidad de la tierra.

El corazón de un rey tampoco puede ser investigado; es casi una advertencia para el humano el evitar halagar ó tratar de comprar la voluntad de un rey, porque no se sabe cuál es la disposición de su corazón: aparentemente puede tener buena disposición, pero esa disposición puede cambiar de un momento a otro.

Era algo difícil enfrentarse al rey Salomón en un juicio, especialmente para las personas del lado injusto, causaba pánico, temor y preocupación saber que esa mente extremadamente sabia, prestaría demasiada atención a cada palabra dicha en esa corte.

Los príncipes y reyes sabios de la tierra, diseñan sus esquemas y planes muy profundamente, esconden sus planes y decisiones, mantienen sus razones en completo silencio y secreto, y es muy difícil penetrar en sus consejos y puntos de vista.

La gente que pertenece a la “realeza”, se compone de un grupo de personas muy especiales, que son elegidas por Dios para tareas muy especiales. El mismo Dios que eligió a Saúl y a Acab, también eligió a David, Salomón y Josías. Los primeros dos decidieron ser malos dirigentes y fueron desechados por Dios, mientras que los últimos tres, a pesar de sus errores humanos, terminaron bien con Dios y fueron amados, protegidos y bendecidos por su fidelidad, humanidad y justicia.

Si algún rey no hace la voluntad de Dios o descuida el trabajo que fue llamado a hacer, dará cuenta directamente ante el Rey de reyes y Señor de señores. A nosotros se nos invita a respetarlos y a obedecerlos siempre y cuando no estén opuestos a las leyes de Dios. Esta obediencia no es solamente para los reyes, sino a todas las personas que Dios ha puesto para juzgar las acciones de los humanos en este mundo; todos ellos son siervos de Dios para justicia.

“Y él es el que muda los tiempos y las oportunidades: quita reyes, y pone reyes: da la sabiduría á los sabios, y la ciencia a los entendidos:” Daniel 2: 21

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.”   Romanos 13: 1

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios quiere que su pueblo sea disciplinado y que obre con armonía, a fin de que lo vea todo unánimemente y tenga un mismo sentir y criterio. Para producir este estado de cosas, hay mucho que hacer. El corazón camal debe ser subyugado y transformado. Dios quiere que haya siempre un testimonio vivo en la iglesia. Será necesario reprender y exhortar, y a algunos habrá que hacerles severos reproches, según lo exija el caso. Oímos el argumento: “¡Oh, yo soy tan sensible que no puedo soportar el menor reproche!” Si estas personas presentaran su caso correctamente, dirían: “Soy tan voluntarioso, tan pagado de mí mismo, tan orgulloso que no tolero que se me den órdenes; no quiero que se me reprenda. Abogo por los derechos del juicio individual; tengo derecho a creer y hablar según me plazca”. El Señor no desea que renunciemos a nuestra individualidad. Pero, ¿qué hombre es juez adecuado para saber hasta dónde debe llevarse este asunto de la independencia individual?

Pedro recomienda a sus hermanos: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Testimonios para la iglesia, tomo 3, p. 397, 398).

Hágase todo decentemente y con orden (1 Corintios 14:40)… El Espíritu Santo nunca se manifiesta en esa forma, mediante ese mido enloquecedor. Eso es una invención de Satanás para disimular sus ingeniosos métodos destinados a desvirtuar la pura, sincera, elevadora, ennoblecedora y santificadora verdad para este tiempo… El ruido enloquecedor aturde los sentidos y desnaturaliza lo que, si se condujera en la forma debida, constituiría una bendición. La influencia de los instrumentos satánicos se combina con el estrépito y el vocerío, semejante al de un carnaval, y a eso se lo denomina la obra del Espíritu Santo… Los que participan en el supuesto reavivamiento reciben impresiones que los desorientan. Son incapaces de decir qué creían anteriormente con respecto a los principios bíblicos…

Debemos ser vigilantes, mantener una relación ínfima con Cristo, para no ser engañados por los artificios de Satanás. El Señor desea que en su culto haya orden y disciplina, no agitación y confusión (Maranata, p. 241).

A medida que nuestros miembros fueron aumentando, resultó evidente que sin alguna forma de organización habría gran confusión, y la obra no se realizaría con éxito. La organización era indispensable para proporcionar sostén al ministerio, para dirigir la obra en nuevos territorios, para proteger tanto a las iglesias como a los ministros de los miembros indignos, para retener las propiedades de la iglesia, para la publicación de la verdad por medio de la prensa, y para muchos otros objetos.

Sin embargo, había un fuerte sentimiento entre nuestros hermanos en contra de ella… Buscamos al Señor con ferviente oración para poder entender su voluntad, y nos fue dada luz por su Espíritu en el sentido de que debía haber orden y disciplina cabal en la iglesia: la organización era esencial. El sistema y el orden se manifiestan en todas las obras de Dios a través del universo. El orden es la ley del cielo, y debe ser la ley del pueblo de Dios en la tierra (Testimonios para los ministros, p. 26).

El más precioso fruto de la santificación es la gracia de la mansedumbre. Cuando esta gracia preside en el alma, la disposición es modelada por su influencia. Hay un constante esperar en Dios, y una sumisión a la voluntad divina. La comprensión capta toda verdad divina, y la voluntad se inclina ante todo precepto de Dios, sin dudar ni murmurar. La verdadera mansedumbre suaviza y subyuga el corazón, y adecúa la mente a la palabra implantada. Coloca los pensamientos en obediencia a Jesucristo. Abre el corazón a la Palabra de Dios… Nos coloca, junto con María, como personas que aprenden a los pies de Jesús. “Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera” (Salmos 25:9) (La edificación del carácter, p. 13).

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Lección 13 // Jueves 22 de junio__________________________________________________

LA PRIMACÍA DE LAS ESCRITURAS

Lee los siguientes pasajes. ¿Qué dicen acerca de la Biblia que podría ayudarnos a entender qué papel debería tener hoy en nuestra vida y en nuestra fe?

1 Pedro 1:10-12

10 Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación,  11 escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos.  12 A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.

2 Pedro 1:16-20

16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.  17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.  18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.  19 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;  20 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,

2 Pedro 3:2

para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles;

2 Pedro 3:16

16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.

En su segunda carta, Pedro confronta a los falsos maestros. Dirige la atención de sus lectores a dos fuentes de autoridad, cuando dice: “Para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” (2 Ped. 3:2). Hoy, tenemos el mismo recurso de las palabras de los “santos profetas”, es decir, el Antiguo Testamento. Los apóstoles ya no están vivos entre nosotros, por supuesto, pero en un sentido tenemos algo mejor: su testimonio inspirado, tal como es revelado en el Nuevo Testamento. Mateo, Marcos, Lucas y Juan nos dejaron la historia definitiva de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. En Hechos de los apóstoles, se nos ha dejado el registro de las actividades de los apóstoles. Y, de hecho, podemos leer las palabras inspiradas de los apóstoles mismos. Pablo escribe claramente sobre la autoridad de la Palabra de Dios (2 Tim. 3:16). Pedro, entonces, dirige la atención de sus lectores a la Escritura como la fuente de autoridad doctrinal y moral.

En 2 Pedro 3:16, Pedro advierte a sus lectores que, aun cuando la Escritura es la fuente de la verdad, sin una atención cuidadosa al mensaje que el Espíritu Santo desea que entendamos, la fuente de la verdad misma puede ser malinterpretada, y esto puede llevar a consecuencias terribles.

Sus palabras deberían ser un buen recordatorio para nosotros ahora acerca de los principios básicos para estudiar la Biblia. Deberíamos leer todos los pasajes de las Escrituras con oración, con atención a su contexto dentro del capítulo, el libro y la Biblia entera misma. ¿De qué estaba hablando el autor específicamente cuando lo escribió? Deberíamos leerlo a la luz de las circunstancias históricas en que fue escrito. En el caso de 1 y 2 Pedro, sería el contexto del Imperio Romano del siglo I. Deberíamos leer la Biblia en búsqueda de aprendizaje espiritual y conscientes de que la salvación otorgada gracias a la muerte expiatoria de Cristo es el centro del mensaje bíblico (1 Ped. 1:10-12). Por último, deberíamos leer la Biblia en el contexto de nuestra propia vida. ¿Qué verdad desea Dios que recibamos? ¿Cómo podemos aplicar la Palabra a nuestra propia vida, de manera que sea una contribución positiva para el Reino de Dios?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

La Biblia es una fuente muy rica de expresiones frescas, honestas, naturales y sinceras de los sentimientos y pensamientos humanos.

La fe, la reverencia, la admiración, las aflicciones, los miedos, las tentaciones y los pecados de los personajes bíblicos, son elementos que han sido registrados en el Libro santo para nuestra instrucción; de la misma manera han sido guardadas las doctrinas divinas para nuestro enriquecimiento espiritual.

En la Biblia encontramos una galería de fotos espirituales donde podemos apreciar el verdadero trabajo del artista. Allí podemos descubrir la vanidad, el orgullo, los deseos, y las traiciones de los personajes bíblicos, tal como ellos fueron.

La Biblia no sólo es la revelación de Dios, es también la revelación del hombre; la Biblia es el libro más divino, como también el Libro más humano que se haya escrito en la historia de este mundo. 

Hay tres capítulos dramáticos que resaltan en la Biblia con un significado especial:

Génesis 1: El mundo fue creado, la luz pareció, los arreglos del mundo fueron completados de una manera sublime; algo estaba por acontecer, y el secreto fue revelado por Dios, cuando dijo: “Hagamos al hombre conforme a nuestra imagen y semejanza”

Mateo 1: En este capítulo hay un gran movimiento, una gran urgencia y una gran rapidez. La lectura de la genealogía significa algo: el secreto se reveló cuando se cumplió la profecía que decía: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. Jesús había venido a salvar al mundo de sus pecados.”

Hechos 10: En este capítulo se denota un movimiento coordinado,  hay un sueño y una visión; el secreto se revela: “Dios no hace acepción de personas”. El evangelio se entrega oficialmente al mundo gentil.  Esta obra se encargó al más alto representante del judaísmo.  Pedro tenía que comenzar una obra que continuaría por siglos y milenios, salvando para el reino de los cielos a millones y millones que nacerían en Europa, Asia, África, Oceanía y las Américas.

Según los comentaristas bíblicos, la tierra ha tenido seis celebraciones grandiosas o fiestas en su historia:

1-La creación

2-El día que se anunció la redención del hombre caído

3-La navidad

4-La ascensión de Cristo

5-El pentecostés, o la venida del Espíritu Santo

6-El día en que despareció la distinción de raza y religión y el evangelio se hizo accesible a todas las familias de la Tierra -los gentiles: “Dios no hace acepción de personas”. Dios abrió las puertas del reino de los cielos a todos.

Y falta la última fiesta que está por venir: la Segunda Venida de Cristo.

 Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel.  (Jeremías 10)

Tenemos que escuchar sus ordenanzas

Tenemos que guardar lo que escuchamos

Tenemos que comprender lo que guardamos

Tenemos que creer lo que comprendemos

Tenemos que recordar lo que creemos

Tenemos que practicar lo que recordamos

Tenemos que continuar lo que practicamos

Tenemos que compartir lo que practicamos.

Los que serán condenados son:

Aquellos que no vienen para escuchar

Aquellos que cuando vienen no escuchan

Aquellos a quienes no les importa lo que escuchan, si es que vienen

Aquellos que no comprenden a qué cosas en verdad tienen que poner atención

Aquellos que no creen lo que pueden comprender

Aquellos que no practican lo que creen

Escuchemos a Dios con reverencia, con mucho cuidado, con atención, y con la mejor intención.

 

La Biblia instruye al hombre

1-Con respecto a Dios

2-Con respecto al hombre

3-Con respecto a las obligaciones

4-Con respecto a las responsabilidades

 

La Biblia disciplina al hombre

1-Le da gozo en la prosperidad

2-Le da esperanza en la adversidad

3-Le enseña a someterse a la voluntad de Dios de una manera feliz y voluntaria

 

La Biblia inspira al hombre

1-    Su mente es iluminada

2-    Sus afectos son santificados

3-    Su vida es transformada

¡Gracias a DIOS por la Biblia, una lámpara a nuestros pies!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Uno es nuestro Maestro, es a saber, Cristo. Debemos recordar que somos su herencia comprada con sangre. La voluntad de Dios debe llegar a ser la nuestra. Se nos han confiado dones físicos, mentales y espirituales. En la Biblia se da a conocer plenamente la voluntad del Señor. Dios espera que cada hombre use sus dones de tal modo que le den un mayor conocimiento de las cosas divinas, y lo capaciten para progresar, para que cada vez sea más refinado, noble y puro.

En este mundo los seres humanos deben prepararse para ocupar su lugar entre la nobleza del cielo. En este mundo deben prepararse para la traslación a las cortes de arriba. Los que emprendan esta tarea tal como lo indica la Biblia, llegarán a ser ejemplo, por medio de la gracia de Cristo, de lo que deben ser los que entren por las puertas en la ciudad (Cada día con Dios, p. 135).

La santidad es el reflejo de la gloria de Dios. Pero para reflejar esta gloria debemos cooperar con Dios. El corazón y la mente deben vaciarse de todo lo que conduce al mal. Debemos leer y estudiar la Palabra de Dios con un sincero deseo de obtener fuerza espiritual. Esta Palabra es el pan del cielo. Los que la reciben y la hacen parte de su vida se fortalecerán con el poder de Dios. El objeto de todo lo que Dios hace por nosotros es nuestra santificación. Él nos escogió desde la eternidad para que seamos santos (Reflejemos a Cristo, p. 29).

La enseñanza bíblica de Dios es la única enseñanza segura para que los seres humanos acepten. Debemos regular nuestra fe por un claro “Así dice el Señor”. El conocimiento de sí mismo que Dios desea que obtengamos de su Palabra, si es introducido en la vida diaria, producirá hombres y mujeres fuertes para resistir el mal y los habilitará para representar al Señor.

Necesitamos estudiar la sencillez de las enseñanzas de Cristo. Él insiste en la necesidad de oración y humildad. Estas son nuestras salvaguardias contra los razonamientos erróneos por medio de los cuales Satanás busca desviamos hacia otros dioses, e inducirnos a aceptar teorías distorsionadas, vestidas por él como túnicas de luz (El ministerio médico, p. 120).

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Viernes 23 de junio // Lección 13________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Incluso en medio de una densa teología, las cartas de Pedro colocan un fuerte énfasis en la vida cristiana y en cómo deberíamos tratarnos los unos a los otros. En otras palabras, si bien necesitamos conocer la verdad tal como es en Jesús, también necesitamos vivir la verdad. Cerca del inicio, nos encontramos con estas importantes palabras: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1 Ped. 1:22). Nota cómo Pedro relaciona la purificación de nuestra alma con la obediencia a la verdad. La verdad nos cambia, haciéndonos personas que se aman mutuamente con fervor y “de corazón puro”. La obediencia, la pureza del corazón y el amor, tres cosas que están relacionadas entre sí. Este es el ideal al que deberíamos aspirar. ¿Puedes imaginar cuán diferente sería nuestra vida y nuestras iglesias si siguiéramos este consejo? Piensa en lo que haría por la unidad de la iglesia, por ejemplo. “Hermanos, ¿llevaréis el espíritu de Cristo con vosotros al regresar a vuestros hogares y a vuestras iglesias? ¿Suprimiréis la incredulidad y la crítica? Estamos llegando a un tiempo cuando como nunca antes tendremos que unirnos y trabajar conjuntamente. En la unión está la fuerza. En la discordia y la desunión hay tan solo debilidad” (MS 2:429).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

  1. En 2 Pedro 3:12, el apóstol escribió que deberíamos estar “esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor” (BLA). ¿Qué quiere decir con que deberíamos “apresurar” el Día de Dios? ¿De qué manera podemos apresurar el Día de Dios, es decir, la Segunda Venida?
  2. Decimos que la naturaleza es el “segundo libro” de Dios. Lamentablemente, al igual que con el primer libro de Dios (la Biblia), este segundo libro puede ser malinterpretado también. Por ejemplo, para muchas personas el mensaje de diseño y propósito ha sido eliminado de la naturaleza, reemplazado por la noción darwiniana de mutación al azar y selección natural. El mundo, se nos dice, en realidad no ha sido diseñado; más bien, solamente nos parece que es así. ¿Cómo, entonces, hemos de leer e interpretar este segundo libro de la manera correcta? ¿Cuáles son los límites de lo que el segundo libro puede enseñarnos acerca de Dios? ¿Qué podemos obtener del primer libro que puede ayudarnos a entender correctamente el segundo? ¿Qué sucede cuando nuestra interpretación de la naturaleza (el segundo libro) contradice nuestra interpretación de la Biblia (el primer libro)? ¿Dónde está el problema?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
El Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
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