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LECCIÓN 13 – EL EVANGELIO Y LA IGLESIA – PARA EL 23 DE SEPTIEMBRE DE 2017



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David & Betsabe, por Louis-Jean-Francois Lagrenee, Francia (1725-1805)


Los pensamientos pertenecientes a la GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA – EDICIÓN PARA MAESTROS de la Escuela Sabática no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local, regional ni mundial. Más bien, es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer información adicional para quien estudia la lección de Escuela Sabática. Provee una ayuda extra para el maestro, a fin de entenderla mejor, y explicar de una manera más clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversiales, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de ayuda o de agrado para usted, se le pide que, por favor, lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com


Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 13: Para el 23 de septiembre de 2017

EL EVANGELIO Y LA IGLESIA

Sábado 16 de septiembre____________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 6:1-10, Mateo 18:15-17, 1 Corintios 10:12, Romanos 15:1, Juan 13:34, Luc. 22:3.

PARA MEMORIZAR:

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gál. 6:10).

“ALGUNOS GRANJEROS DECIDIERON quedarse con las hortalizas más grandes y plantar las más pequeñas como semillas. Después de algunas cosechas decepcionantes, descubrieron que la naturaleza había reducido sus cultivos al tamaño de canicas. Gracias a este desastre, aquellos granjeros aprendieron una importante ley de la vida.

“No podían quedarse con las mejores cosas de la vida y usar las sobras como semillas. La ley de la vida decretaba que la cosecha reflejaría lo que se plantaba.

“En otro sentido, plantar [hortalizas] pequeñas sigue siendo una práctica común. Tomamos las grandes cosas de la vida para nosotros y plantamos las sobras. Esperamos que, por algún loco milagro de las leyes espirituales, nuestro egoísmo sea recompensado con generosidad”.–International Student Fellowship Newsletter, marzo de 2007.

Pablo aplica este principio en Gálatas 6:1 al 10. En vez de que los miembros se estén “mordiendo y comiendo unos a otros” (ver Gál. 5:15), la iglesia debería ser un lugar en el que el Espíritu nos lleve a poner a los demás delante de nosotros. Entender que somos salvos por gracia debería hacernos humildes, y más pacientes y compasivos en nuestro trato con los demás.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor dice: “Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas” (Isaías 32:20). Sembrar junto a todas las aguas significa dar dondequiera que se necesite nuestra ayuda. Esto no será causa de pobreza. “El que siembra generosamente, generosamente también segará”. Al esparcir la semilla, el sembrador la multiplica. Del mismo modo, al compartir con otros, aumentamos nuestras bendiciones. La promesa de Dios asegura abundancia, para que sigamos dando.

Más aún: al impartir bendiciones en esta vida, la gratitud del que las recibe prepara el corazón para recibir la verdad espiritual y se produce una cosecha para vida eterna.

Mediante la acción de echar el grano en la tierra, el Salvador representa su sacrificio por nosotros. “Que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere —dice él—, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Únicamente por medio del sacrificio de Cristo, la Simiente, podía obtenerse fruto para el reino de Dios. De acuerdo con la ley del reino vegetal, la vida es resultado de su muerte.

Lo mismo ocurre con todos los que dan fruto como colaboradores con Cristo; el amor y el interés propios deben perecer; la vida debe ser echada en el surco de la necesidad del mundo. Pero la ley del sacrificio del yo es la ley de la conservación propia. El agricultor conserva el grano cuando lo arroja a la tierra. Del mismo modo será conservada la vida que se da generosamente para servicio de Dios y del hombre (La educación, pp. 109, 110).

Para muchos, la vida es una lucha dolorosa; se sienten deficientes, desgraciados y descreídos: piensan que no tienen nada que agradecer. Las palabras de bondad, las miradas de simpatía, las expresiones de gratitud, serían para muchos que luchan solos como un vaso de agua fría para un alma sedienta. Una palabra de simpatía, un acto de bondad, alzaría la carga que doblega los hombros cansados. Cada palabra y obra de bondad abnegada es una expresión del amor que Cristo sintió por la humanidad perdida.

Los misericordiosos “alcanzarán misericordia”. “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado”. Hay dulce paz para el espíritu compasivo, una bendita satisfacción en la vida de servicio desinteresado por el bienestar ajeno. El Espíritu Santo que mora en el alma y se manifiesta en la vida ablandará los corazones endurecidos y despertará en ellos simpatía y ternura. Lo que sembremos, eso segaremos. “Bienaventurado el que piensa en el pobre… Jehová lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad” (Salmo 41:1-3) (El discurso maestro de Jesucristo, p. 24).

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Lección 13 // Domingo 17 de septiembre____________________________________________

RESTAURAR AL CAÍDO

Aunque Pablo tiene grandes expectativas para la naturaleza de la vida cristiana (Gál. 5:16), su consejo para los creyentes en Gálatas 6:1 también es sumamente realista. Los seres humanos no son perfectos; ni siquiera los cristianos más aplicados son inmunes a los errores. En griego, las palabras de Pablo en Gálatas 5:16 indican que está viendo una situación que seguramente ocurrirá en la iglesia en algún momento. Pablo les da consejos prácticos a los gálatas sobre cómo tratar con ese tipo de situaciones cuando surjan.

¿De qué manera deberían reaccionar los cristianos cuando otro creyente cae en algún tipo de comportamiento pecaminoso? Gálatas 6:1; Mateo 18:15-17.

Gálatas 6:1

 1 Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

Mateo 18:15-17

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.  16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.  17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

Para beneficiarnos con el consejo de Pablo en Gálatas 6:1, debemos entender exactamente la situación que tiene en mente. Esta gira en torno a dos palabras utilizadas en la primera parte del versículo. La primera palabra es “sorprendido”. Significa literalmente “detectar, descubrir, superar”. El contexto y las diferentes sutilezas asociadas con esta palabra sugieren que Pablo tiene dos aspectos en mente. Se refiere no solamente a un creyente que “sorprende” a otro creyente en el acto de alguna falta, sino también al proceso por el que una persona es “superada” por un comportamiento (ver Prov. 5:22) que, en las mejores circunstancias, hubiera escogido evitar.

Es evidente que es probable que la falta a la que se refiere Pablo no sea deliberada, por la terminología que emplea. La palabra traducida como “falta”, o “pecado” (NVI), que proviene de la palabra griega paraptoma, no se refiere a un pecado deliberado sino más bien a un error, un tropiezo, o un paso en falso. Esto último tiene sentido especialmente a la luz de los comentarios anteriores de Pablo sobre andar en el Espíritu. Aunque esto no justifica de ninguna manera el error de la persona, es indudable que Pablo no se está refiriendo a un caso de pecado desafiante (1 Cor. 5:1-5).

La respuesta apropiada en tales circunstancias no debería ser el castigo, la condenación o la remoción de la membresía, sino la restauración. La palabra griega traducida como “restaurar” es katartizo, y significa “enmendar” o “poner en orden”. En el Nuevo Testamento, esta palabra se usa en el contexto de “remendar” redes de pescar (Mat. 4:21), y describe el proceso de poner en su lugar un hueso roto, como término médico en la literatura griega. Del mismo modo en que no abandonaríamos a otro creyente que se cayó y se quebró el hueso de una pierna, como miembros del cuerpo de Cristo deberíamos cuidar delicadamente a nuestros hermanos y hermanas en Cristo que pueden llegar a tropezar y caer al transitar juntos hacia el Reino de Dios.

En vez de practicar lo que dice Mateo 18:15 al 17, ¿cuál es la razón por la que tan a menudo hablamos mal de la persona con la que estamos enojados, permitimos que nuestro enojo bulla contra la persona o, incluso, planeamos alguna forma de venganza?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.  16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.  17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano (Mateo 18).

Las versiones bíblicas poco a poco han eliminado la frase CONTRA TI, porque esta frase es la respuesta directa de Jesús a la pregunta de Pedro. Aparentemente, fue durante una conversación entre Jesús y Pedro que se dio esta enseñanza. Pedro preguntó: “¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Jesús le respondió hasta 70 veces 7.

Esta enseñanza se aplica a todos los humanos, no solamente a Pedro; por lo tanto la referencia “contra ti” es resultado de una conversación entre dos personas. La nueva traducción del versículo dice así: “Si tu hermano peca, ve y repréndelo…” De esta manera es más generalizado, porque se aplica a todos los pecados que nuestros hermanos cometen, ya que el tema principal de este texto no es la destrucción del hermano, sino la restauración espiritual de nuestro hermano.

Aquí Cristo nos está dando los 4 pasos que debemos seguir cuando nos toque tratar con un pecador:

Paso # 1: 15Por tanto, si tu hermano peca, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

El paso número uno es el paso más difícil de cumplir de los 4 pasos. No tenemos que esperar que la persona venga a nosotros, sino que nosotros tenemos que ir adonde ella, ir en privado, ir gentilmente, e ir con misericordia.

Cuando se va en privado a hablar con el ofensor, se le está dando un tratamiento especial al corazón del ofensor, cuando se va en público en contra del ofensor no es para ayudar, sino para denunciar y destruir al pecador.

El trabajo de hablar con el ofensor no se puede hacer por medio de un mensajero, ni por escrito; tiene que ser de persona a persona. Aquí el Señor no nos da libertad para omitir este paso, o cambiar la secuencia de los pasos.

Todo aquel que ve a un hermano cometer un pecado y guarda silencio, es culpable igualmente que el ofensor y también es igualmente culpable a aquel que no puede perdonar a su hermano cuando éste se arrepiente.

El paso # 1 también es uno de los exámenes más severos de la amistad; es el acto de decirle a un amigo sus errores. Cuando estamos enojados es fácil ir en contra de cualquier persona y acuchillarla con nuestras palabras; pero hablar verdades dolorosas con amor a una persona, eso se llama amistad y amistad cristiana. Son pocos los verdaderos amigos que tenemos; la mayoría de ellos son enemigos que nos hacen ver lo que en verdad somos, y lo hacen siempre a filo de espada.

En el paso # 1 es donde nuestra Iglesia a menudo falla. ¿Qué porcentaje de la membresía de nuestra iglesia, fracasaría en este examen? Esto es algo vital, esencial e indispensable para entrar el cielo.

En nuestra iglesia las personas más llamadas a cumplir esta orden de Cristo son, sin duda, los ancianos de iglesia junto con el pastor.

Los ancianos de iglesia tienen una posición vital en la comunidad eclesial. Por su posición en la iglesia, conocen los problemas que están enfrentando o viviendo los hermanos de la iglesia y sirven de puente entre el ministro y la congregación. La mayoría de veces un pastor de iglesia se da cuenta de lo que ocurre en la iglesia a través del anciano.

Los ancianos pueden cometer el grandísimo error, el gran pecado, de informar al pastor, sin haber hablado primero con el pecador. Claro está, hacer lo correcto en estos casos exige gran valentía y hombría cristiana. Cumplir el mandato de Cristo es asunto de vida o muerte, y no quedaremos impunes si omitimos hacerlo como Él lo ordenó. Si Dios trata al pecador con amor, igualmente hemos de hacerlo los líderes al pastorear al rebaño del Pastor.

Cuando se trata de los pastores, a quienes el Cielo ha designado para pastorear con tierna simpatía aun a los más viles pecadores de la grey, puede haber descuido o negligencia. Terrenalmente hablando, el pastor es el máximo líder religioso en la iglesia, por lo tanto tiene que predicar por palabra y por ejemplo. Siguiendo la pauta del Hijo de Dios, antes de escuchar malos informes de una persona, el pastor debe preguntar a su informante si ya habló con el pecador. Omitir este paso fomentaría el mal en la iglesia. Tal como ordenó el Señor, es menester corregirnos unos a otros con amor y en amor.

Pastores, ancianos, diáconos, oficiales de la iglesia o no, miembros del cuerpo de CRISTO, somos responsables los unos de los otros, de todos nuestros hermanos. Dios nos llama a construir una iglesia sin mancha ni arruga… ¡no a destruirla!

Paso # 2- 16Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

El texto se explica solo.

Paso # 3- 17Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia

El tercer paso, es la comunicación a la iglesia de un pecador que no quiere arrepentirse.

Paso # 4- ”Si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.”

El último paso es la decisión que toma el pleno de la iglesia con el pecador, ya sea disciplina o excomunión.

De la misma manera que el evangelio no puede ser preservado sin sal, el amor fraternal no puede ser preservado sin franqueza, ni la iglesia puede ser preservada sin disciplina. Aún este proceder debe ser implementado con amor, porque Dios, si bien odia el pecado, ama al pecador (Prov. 11:20).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nosotros mismos debemos todo a la abundante gracia de Dios. La gracia en el pacto ordenó nuestra adopción. La gracia en el Salvador efectuó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra exaltación a ser coherederos con Cristo. Sea revelada esta gracia a otros.

No demos al que yerra ocasión de desanimarse. No permitamos que haya una dureza farisaica que haga daño a nuestro hermano. No se levante en la mente o el corazón un amargo desprecio. No se manifieste en la voz un dejo de escarnio. Si hablas una palabra tuya, si adoptas una actitud de indiferencia, o muestras sospecha o desconfianza, esto puede provocar la ruina de un alma. El que yerra necesita un hermano que posea el corazón del Hermano Mayor, lleno de simpatía para tocar su corazón humano. Sienta él el fuerte apretón de una mano de simpatía, y oiga el susurro: oremos. Dios les dará a ambos una rica experiencia…

Nada puede justificar un espíritu no perdonador. El que no es misericordioso hacia otros, muestra que él mismo no es participante de la gracia perdonadora de Dios. En el perdón de Dios el corazón del que yerra se acerca al gran Corazón de amor infinito. La corriente de compasión divina fluye al alma del pecador, y de él hacia las almas de los demás. La ternura y la misericordia que Cristo ha revelado en su propia vida preciosa se verán en los que llegan a ser participantes de su gracia. Pero “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él” (Romanos 8:9). Está alejado de Dios, listo solamente para la separación eterna de él (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 195, 196).

El poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración. Lo mismo ocurre en el reino espiritual. Antes que el pecado creara la necesidad, Dios había provisto el remedio. Toda alma que cede a la tentación es herida por el adversario, pero dondequiera que haya pecado está el Salvador. Es obra de Cristo “sanar a los quebrantados de corazón… pregonar libertad a los cautivos… poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).

Nosotros debemos cooperar en esta obra. “Si alguno fuere sorprendido en alguna falta… restauradle” (Gálatas 6:1). La palabra aquí traducida por “restaurar” significa juntar, como si se tratara de un hueso dislocado. ¡Qué figura sugestiva! El que incurre en el error o el pecado llega a desarmonizar con todo lo que lo rodea. Puede percatarse de su error, llenarse de remordimiento, pero no puede restablecerse. Se encuentra confuso, perplejo, vencido, impotente. Necesita ser ganado de nuevo, sanado, rehabilitado. “Vosotros que sois espirituales, restauradle”. Solamente el amor que fluye del corazón de Cristo puede sanar. Sólo aquel en quien fluye ese amor, como la savia en el árbol, o la sangre en el cuerpo, puede restaurar al alma herida (La educación, p. 113).

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Lunes 18 de septiembre // Lección 13_______________________________________________

CUIDADO CON LA TENTACIÓN

“Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre” (2 Sam. 12:7).

No deberíamos pasar por alto la seriedad de las palabras de Pablo en Gálatas 6:1, de cuidar nuestra vida para no caer nosotros también en tentación. Un indicador de la urgencia y de la preocupación personal detrás del consejo de Pablo puede verse en el modo en que hace su apelación. La palabra traducida “considerándote” significa literalmente “mirar detenidamente” o “prestar cuidadosa atención a” (comparar con Rom. 16:17; Fil. 2:4). Por lo tanto, lo que Pablo está diciendo es, literalmente, “mantén un ojo vigilante sobre ti mismo”, no sea que el pecado también te tome por sorpresa. Para resaltar esta advertencia, Pablo cambia de la segunda persona del plural (“vosotros”), en la primera mitad de Gálatas 6:1, a la segunda persona del singular (“tú”), en la última mitad del versículo. No se trata de una advertencia general que se aplica a la congregación como un todo; es una advertencia personal dirigida a cada persona dentro de la iglesia.

Pablo no identifica explícitamente la naturaleza de la tentación contra la que advierte tan enfáticamente a los gálatas. Quizá no tenía un solo pecado en mente, sino que simplemente se estaba refiriendo al peligro de cometer el mismo pecado, sea cual sea, del que estaban intentando restaurar al otro. Al mismo tiempo, sus palabras en Gálatas 5:26, en contra de volverse “vanagloriosos”, sugiere que está advirtiéndoles en contra de creer que de algún modo sean espiritualmente superiores a aquellos a quienes están restaurando.

¿Por qué Pablo debía advertir a los gálatas contra el orgullo espiritual? Considera 1 Corintios 10:12; Mateo 26:34; y 2 Samuel 12:1 al 7.

1 Corintios 10:12

12 Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

Mateo 26:34

34 Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

2 Samuel 12:1-7

1 Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.  El rico tenía numerosas ovejas y vacas;  pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija.  Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él.  Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte.  Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.  Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl,

Uno de los mayores peligros de la vida cristiana es un sentimiento de orgullo espiritual que nos hace pensar que somos de alguna manera inmunes a cometer cierto tipo de pecados. El hecho es que, lamentablemente, todos tenemos la misma naturaleza pecaminosa; una naturaleza que se opone a Dios. Por lo tanto, sin el poder subyugador del Espíritu de Dios, podríamos llegar a caer en prácticamente cualquier pecado, si se dieran las circunstancias. Un reconocimiento como este de nuestra verdadera identidad fuera de Cristo puede ayudarnos a no caer en el pecado de la autojustificación, y también puede darnos mayor compasión por otras personas que cometen errores.

¿Cuántas veces has condenado a otros (incluso solo en tu corazón) por cometer pecados de los que, alguna vez, tú también fuiste culpable?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

David y Betsabé

Era en la primavera de cada año cuando los reyes comenzaban sus operaciones militares y salían a la batalla, para saldar cuentas pendientes con otros reinados.

El rey de los amonitas había muerto, y su hijo Hanún subió al trono. El rey David mandó unos embajadores de Israel, para consolar al nuevo monarca de Amón por la muerte de su padre.

Los príncipes amonitas creyeron que la verdadera intención de David no era dar el pésame al nuevo monarca, sino era espiar el país vecino y convencieron de esa idea a Hanún.

Hanún tomó los embajadores, les cortó las barbas y también les cortó los vestidos hasta las nalgas, y así despidió a la noble corte israelí que había llegado a darle el pésame por la muerte de su padre.

Con este acto los amonitas llegaron a la conclusión que se habían hecho odiosos a Israel, y cometieron un segundo error: contrataron el ejército sirio para combatir a Israel. Los sirios fueron derrotados de una manera estrepitosa por el ejército de Israel. El ejército amonita, al ver la derrota de los sirios, huyeron cada quien a su casa.

La primavera era la mejor época para salir a la guerra; era el mes de nisán, el mismo mes que los romanos llamaron Martius, el mismo mes al que nosotros llamamos marzo, de donde también proviene el nombre del dios de la guerra, llamado Marte. Para la primavera o el mes de nisán, las lluvias ya habían parado en el medio oriente, había pasto en el campo, los árboles ya tenían frutas y los cereales estaban en lo mejor de la cosecha. Todo esto se traduce como comida para el hombre y alimento para los caballos.

La primavera llegó, y David se recordó que había una cuenta pendiente desde el año anterior en contra de Amón, por el insulto cometido en contra de la comisión enviada a entregar el pésame al nuevo rey. Esta historia la puede hallar en 1 (primero) Samuel 10.

Joab, el general del ejército Israelí estaba peleando contra los amonitas, había causado un gran estrago en todo el país y ahora podemos encontrarlo combatiendo en la capital de Amón, que era la grande e impresionante ciudad de Rabá. Hasta el día de hoy, los arqueólogos estudian la ciudad de Rabá y encuentran vestigios de una hermosa, avanzada y civilizada ciudad. En toda esta batalla, el comandante general de las fuerzas armadas de Israel, no estuvo presente; decidió quedarse en casa descansando y durmiendo.

El error de David -de quedarse en la casa en tiempos de guerra- era condenado por las normas y prácticas del mundo pagano de esos tiempos. Los reyes no permitían a sus generales, capitanes, y consejeros dormir la noche entera, y mucho menos tomar días libres; la acción de David no fue correcta ni aun a la vista del mundo pagano.

David acababa de despertarse de su siesta, y se encontraba caminando sobre el techo de su casa, que se encontraba en la parte más alta del monte Sión. Era costumbre en esos días construir una pileta en el patio de las casas, y posiblemente Betsabé se estaba bañando en el patio de su casa, sin cuidarse de las alturas donde estaba el palacio, ya que nada grave se podía esperar que viniera del palacio.

Betsabé era una mujer importante, era hija de Eliam, era nieta de Ahitofel uno de los más grandes sabios que han existido en toda la historia de Israel. Ahitofel era tan sabio, que el pueblo consideraba que era la voz de Dios cuando él daba su consejo. Esto explica por qué más tarde Ahitofel apoyó a Absalón en su rebelión en contra de David: estaba vengando la seducción de su nieta y el asesinato del esposo de su nieta.

El consejo que había dado Ahitofel a Absalón era certero, preciso y exacto para hacer caer a David; pero no sucedió así, simple y sencillamente por la intervención de Dios. No era el plan de Dios que Absalón fuera el rey de Israel. Salomón fue ordenado en el Cielo para ser rey de Israel y también para construir el templo de Dios: “He aquí, te nacerá un hijo, que será hombre de paz; yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor, pues Salomón será su nombre y en sus días daré paz y reposo a Israel. Él edificará una casa a mi nombre, y él será mi hijo y yo seré su padre; y estableceré el trono de su reino sobre Israel para siempre.” 1 Crónicas 22: 9-10

Además, Betsabé era esposa de Urías Heteo, uno de los 30 valientes que tenía David en su ejército, como lo expresa 2 Samuel 23: 39.

Urías significa “Jehová es mi luz” y su nombre demuestra la adopción de la religión judía; Urías era un hombre de ascendencia pagana o sea, de abolengo cananeo. Urías había adoptado la religión judía. Otro heteo de los hombres de David era Ahimelec, quien también pertenecía al grupo de los valientes de David.

El pecado de David con Betsabé pone fin a una larga e ininterrumpida vida llena de prosperidad y poder que había disfrutado David en toda su existencia. Esa misma vida de éxito había intoxicado a David, por lo cual había bajado la guardia en las decisiones importantes de su vida.

No es el plan de la Biblia ocultar ni justificar los pecados de los grandes héroes y santos de la Biblia. El pecado de David fue seguido por un profundo arrepentimiento y fue sucedido por el perdón divino; de todas maneras esta acción opacó los restantes días de David en el trono de Israel. Como dijo Agustín de Hipona (más conocido como San Agustín): La caída de David sirve para alertar a aquellos que no han caído, y también sirve para salvar de la desesperación a todos aquellos que han caído.

“… y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. 3 Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. 4 Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella”

“Y envió David mensajeros, y la tomó” El texto bíblico demuestra la ausencia de violencia en este acto, David no tomó a Betsabé por la fuerza, ni envió soldados a traerla: David envió mensajeros y ella vino a David.

Interesantemente la Biblia dice: “…y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa…” De acuerdo con la Biblia, cualquier persona que por cualquier razón se volvía impura, permanecía impura hasta la tarde, es decir hasta que se ponía el sol y comenzaba el nuevo día.

Betsabé, después de acostarse con David, no volvió a su casa inmediatamente; ella no deseaba volver impura a su casa, así que se purificó de su inmundicia, esperó hasta que el sol se puso y después volvió a su casa. Betsabé aún estando consciente de su pecado capital, era escrupulosa en obedecer el detalle de la ley; eso se llama hipocresía. Cuidaba las horas de la purificación, después de haber cometido adulterio. La hipocresía es uno de los pecados más ofensivos a Dios, ya que la hipocresía cuida de las apariencias, pero descuida la pureza del corazón.

La Biblia no dice cómo fue que Betsabé llegó a donde David: ¿Será que le puso resistencia a David? ¿Acaso instó a David a no cometer el pecado del adulterio? ¿Será que, aunque no fue forzada, cometió el pecado en contra de su voluntad? ¿Tal vez quedó contenta y halagada por las pretensiones del rey?

La verdad es que no lo sabemos, no sabemos si ella era una mujer prudente, sabia y cautelosa,  lo que sí sabemos es que la Biblia registra en la vida de Betsabé un acto de terrible imprudencia: 

13 Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de paz? Él respondió: Sí, de paz. 14 En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Dí. 15 Él dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por Jehová era suyo. 16 Ahora yo te hago una petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla. 17 Él entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te lo negará), para que me dé Abisag sunamita por mujer. 18 Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey. 19 Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su diestra. 20 Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré. 21 Y ella dijo: Dése Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías. 22 El rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia. 23 Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras. 24 Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy. 25 Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió.

Betsabé sabía que el pedido de Adonías le costaría la vida, ya que lo que él estaba pidiendo era un atentado en contra del rey. Si ella hubiera sido una mujer prudente, justa y pacificadora, le hubiera aconsejado a Adonías no hacerlo, ya que eso le acarrearía problemas y le podría costar la vida. Pero ella no lo hizo así, indiscretamente, sarcásticamente, e imprudentemente fue adonde su hijo y le contó la historia crudamente. El resultado fue certero, Adonías medio hermano de Salomón e hijastro de Betsabé, murió por su acto de imprudencia. Esta historia ocurrió cuando Betsabé era una persona ya mayor, madura y con experiencia; ya David había muerto y Salomón había crecido y ahora era el rey de Israel. Si Betsabé actuó de esta manera en su edad madura ¿qué no pudo haber hecho en su juventud…?

Betsabé regresó a su hogar con una conciencia culpable. De una manera peor quedó David en su palacio. Los dos tenían una conciencia culpable, los dos tenían terror: Betsabé tenía terror de su esposo, y también tenía terror de la ley, ya que la ley exigía la pena capital a través del apedreamiento para la persona adúltera. David también tenía terror: tenía terror de Dios y de su profeta. Posiblemente nadie se dio cuenta de este pecado, pero Dios fue testigo. El Dios que no teme al humano, fue testigo de este pecado, y pronto vendría su reprobación.

Betsabé quedó embarazada. ¡Ahora se complicaron más las cosas! Betsabé era ahora quien mandaba mensajeros a David.

Urías estaba peleando en la ciudad de Rabá, que estaba aproximadamente a 64 millas o 102 Km de Jerusalén. El plan de David era que Urías fuera a su casa, que se acostara con Betsabé, y de allí en adelante hacer creer a todos que el bebé de Betsabé era el resultado de la visita del marido a su casa; de esa manera cubrían el pecado de adulterio.

Urías nunca descendió a su casa, sino que durmió a las puertas del palacio, como lo hace un fiel y verdadero soldado. Urías seguía la voz secreta de Dios, que conducía las cosas, para que el pecado de David saliera a la luz, y así efectuar una gran obra educativa en la Nación.

El pecado del adulterio conduce muchas veces a cometer el pecado del asesinato. Cuando se comienza a pecar, a menudo se necesita un pecado más, para cubrir el pecado anterior. La mayoría de veces, el pecador sabe cómo puede entrar en el pecado, pero no sabe cómo va a salir. David perdió su vida espiritual y su religión por causa de este pecado; entre más alta es la confianza que el hombre se tiene a sí mismo, más grande es la hipocresía y más grande es la presunción.

El salmo 38 es uno de los salmos más crudos que pudo escribir David; en este salmo se describe el sufrimiento físico, que sobreviene como consecuencia del pecado:

Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira. Porque tus saetas cayeron sobre mí, Y sobre mí ha descendido tu mano. Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira; Ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; Como carga pesada se han agravado sobre mí. Hieden y supuran mis llagas, A causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, Ando enlutado todo el día. Porque mis lomos están llenos de ardor, Y nada hay sano en mi carne. Estoy debilitado y molido en gran manera; Gimo a causa de la conmoción de mi corazón. Señor, delante de ti están todos mis deseos, Y mi suspiro no te es oculto. 10 Mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor, Y aun la luz de mis ojos me falta ya. 11 Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga, Y mis cercanos se han alejado. 12 Los que buscan mi vida arman lazos, Y los que procuran mi mal hablan iniquidades, Y meditan fraudes todo el día. 13 Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; Y soy como mudo que no abre la boca. 14 Soy, pues, como un hombre que no oye, Y en cuya boca no hay reprensiones. 15 Porque en ti, oh Jehová, he esperado; Tú responderás, Jehová Dios mío.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Las promesas de Dios no son para que las reclamemos imprudentemente, para protegemos mientras corremos temerariamente hacia el peligro, violando las leyes de la naturaleza, o desentendiéndonos de la prudencia y del juicio que Dios nos ha dado. Esto no sería una fe genuina, sino presunción… Satanás acude a nosotros con honor mundano, riquezas y los placeres de la vida. Estas tentaciones son variadas, para adaptarlas a hombres de toda categoría y condición, para tentarlos y alejarlos de Dios, para servirse a sí mismos más que a su Creador. “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 4:9), le dijo Satanás a Cristo. Y Satanás le dice al hombre: “Todo esto te daré”. “Todo este dinero, toda esta tierra, todo este poder, y honor, y riquezas te daré”; y el hombre queda encantado, engañado, y traidoramente arrastrado a su ruina. Si nos entregamos a la mundanalidad del corazón y de la vida, Satanás está satisfecho (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 25).

Al notar los discípulos cómo sus labores tenían éxito, corrían peligro de atribuirse el mérito a sí mismos, de sentir orgullo espiritual, y así caer bajo las tentaciones de Satanás. Les esperaba una gran obra, y ante todo debían aprender que su fuerza no residía en sí mismos, sino en Dios. Como Moisés en el desierto del Sinaí, como David entre las colinas de Judea, o Elias a orillas del arroyo de Querit, los discípulos necesitaban apartarse del escenario de su intensa actividad, para ponerse en comunión con Cristo, con la naturaleza y con su propio corazón (El Deseado de todas las gentes, p. 327).

Los que profesan ser siervos del Dios viviente deben estar dispuestos a ser siervos de todos, en vez de creerse exaltados sobre los hermanos, y deben poseer un espíritu bondadoso y cortés. Si llegan a errar, deben estar dispuestos a confesarlo cabalmente. La sinceridad de las intenciones no puede usarse como excusa por no confesar los errores. La confesión no reduciría la confianza de la iglesia en el mensajero, mientras que él daría un buen ejemplo; se alentaría un espíritu de confesión en la iglesia, y el resultado sería una dulce unión. Los que profesan ser maestros, deben ser dechados de piedad, mansedumbre y humildad, es decir, deben poseer un espíritu bondadoso, a fin de ganar almas para Jesús y la verdad de la Biblia (Primeros escritos, p. 102).

Os ruego en el nombre de Jesús de Nazaret que desterréis todo lo que se asemeje al orgullo espiritual y el amor a la supremacía. Convertíos en niñitos, ya que cuando termine la lucha, llegaréis a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Leed Juan 17 una y otra vez. Esa oración que nuestro Salvador elevó a su Padre en favor de sus discípulos es digna de repetirse a menudo, y de ser practicada en la vida diaria. Alzará al hombre caído, porque el Señor ha prometido que si conservamos esta unidad, Dios nos amará como amó a su Hijo; el pecador se salvará, y Dios será glorificado eternamente (Hijos e hijas de Dios, p. 297).

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Lección 13 // Martes 19 de septiembre______________________________________________

LLEVAR LAS CARGAS

Además de restaurar al caído, ¿qué otras instrucciones da Pablo a los creyentes de Galacia? Gálatas 6:2-5; ver también Romanos 15:1; y Mateo 7:12.

Gálatas 6:2-5

Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.  Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.  Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;  porque cada uno llevará su propia carga.

Romanos 15:1

1 Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.

Mateo 7:12

12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

La palabra griega traducida como “carga” en Gálatas 6:5 es baros. Literalmente se refería a una pesada carga que alguien debía llevar una larga distancia. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en una metáfora para cualquier clase de problema o dificultad, como la carga de un largo día de trabajo en un día caluroso (Mat. 20:12). Mientras que el contexto inmediato de la declaración de Pablo de “sobrellevad los unos las cargas de los otros” por cierto incluye las caídas morales de los otros creyentes mencionados en el versículo anterior, el concepto de llevar las cargas que tiene en mente es mucho más amplio. Las instrucciones de Pablo revelan varios aspectos espirituales de la vida cristiana que no deberían pasarse por alto.

Primero, como lo señala Timothy George, “todos los cristianos tienen cargas. Nuestras cargas pueden diferir en tamaño y forma, y también en clase, dependiendo del orden providencial de nuestra vida. Para algunos, es la carga de la tentación y las consecuencias de una caída moral, como en el versículo 1 aquí. Para otros, puede ser una enfermedad física, un desorden mental, una crisis familiar, la falta de empleo, la posesión demoníaca, o una infinidad de otras cosas; pero ningún cristiano está exento de cargas”.–Galatians, p. 413.

Segundo, Dios no desea que llevemos todas nuestras cargas solos. Lamentablemente, a menudo estamos más dispuestos a ayudar a otros a llevar sus propias cargas que a permitir que otros nos ayuden con las nuestras. Pablo condena esta actitud de autosuficiencia (Gál. 6:3) como orgullo humano, cuando rehusamos reconocer que también tenemos necesidades y debilidades. Esa clase de orgullo no solamente nos quita el consuelo de los demás, sino también impide que otros cumplan el ministerio que Dios los ha llamado a realizar.

Por último, Dios nos llama a llevar las cargas de otros porque el consuelo de Dios se manifiesta por medio de nuestras acciones. Este concepto está construido sobre el hecho de que la iglesia es el cuerpo de Cristo. Una ilustración de esto está en las palabras de Pablo: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito” (2 Cor. 7:6). Observa que “el consuelo de Dios no le fue dado a Pablo a causa de su oración privada y su espera en el Señor, sino a través del compañerismo de un amigo y por las buenas nuevas que él trajo.

“La amistad humana, en la que sobrellevamos las cargas los unos de los otros, es parte del propósito de Dios para su pueblo”.–John R. W. Stott, The Message of Galatians, p. 158.

¿Qué te impide buscar ayuda? ¿El orgullo, la vergüenza, la falta de confianza, un sentimiento de autosuficiencia? Si tienes necesidad, ¿por qué no buscas a alguien en quien confías y le pides que te ayude a sobrellevar tus cargas?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

(Martes y Miércoles)

El estudio de este día, está muy bien explicado por el departamento de Escuela Sabática mundial. ¡Gracias a Dios por el ministerio de los líderes divinamente dispuestos para bendecir a la Iglesia Adventista!

Para lograr sobrellevar las cargas de nuestros hermanos, necesitamos amar a nuestros hermanos. Ese tipo de amor solamente lo conseguimos con la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3: 12)

Los cristianos estamos unidos a Cristo por medio del fruto del Espíritu. En el versículo 12, Pablo está diciendo que nos vistamos del fruto del Espíritu, y entre ellos menciona la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia.

Naturalmente, el pecado nos separa de Cristo, y también naturalmente somos unidos a Cristo cuando nos conducimos como misericordiosos, buenos, humildes, mansos y pacientes: ese es el fruto del Espíritu, que él pone en nosotros. Cuando llevamos una vida santa, nos unimos a Cristo y también al Padre.

13 Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

El versículo 13 es la fórmula perfecta para que los miembros de una iglesia vivan unidos y en paz. Mientras vivamos en este mundo, las diferencias, los problemas y las peleas surgirán entre los integrantes de la iglesia. Pero en este texto encontramos que hay dos órdenes para seguir: la primera es soportarnos los unos a los otros, y la segunda es perdonarnos los unos a los otros.

La palabra griega que se usa para “queja” es μομφή y se pronuncia momfí. Esta palabra aparece en el Nuevo Testamento una única vez aquí, y se puede traducir como queja, regaño, reproche, crítica, reprensión o reprobación.

Si ponemos atención cuidadosamente, nos daremos cuenta de que esto es lo que más intenta introducir el enemigo en la iglesia en contra de nuestros hermanos. En los servicios religiosos que celebremos, cerremos toda puerta al demonio, para que no exista queja, ni regaño, reproche, ni critica, ni reprensión, ni reprobación.

Mientras en nosotros exista la queja, el regaño, el reproche y la crítica, es imposible que podamos llevar las cargas de nuestros hermanos. 

El apóstol nos ordena a que nos soportemos los unos a los otros y a que nos perdonemos los unos a los otros; esto incluye lo siguiente:

-No guardar rencor en contra de nuestros hermanos, sino perdonar de corazón todo lo que parezca ofensa o agravio

-Estar listos a hacer el bien a nuestro hermano, como si él o ella nunca nos hubiera dado ninguna ocasión para reprocharlos o censurarlos

-Estar listos a perdonar cada vez que se nos pida perdón

-Tratar a un hermano amablemente, como si nunca nos hubiera hecho daño; esa es la manera en que Dios nos trata a nosotros, aun después de haberlo ofendido

-Nunca buscar ni planear la venganza en contra de aquellos que nos han hecho daño

 

Aprender a perdonar como Cristo nos perdona, porque:

1-Cristo nos perdona libremente; nunca duda, ni se tarda para perdonarnos

2-Cristo nos perdona completamente; no hay ni una ofensa que confesemos que él no nos perdona

3-Cristo nos perdona para siempre; no recuerda nuestros pecados cometidos y nos trata como si nunca hubiéramos pecado.

 

Hay otro texto en la Biblia que hace estremecer al cristianismo. Lucas 6: 27 al 35 no está pidiendo que llevemos las cargas de nuestros hermanos; este texto nos pide uno de los exámenes más severos que existen en la universidad del cristianismo: amar al que se declara nuestro enemigo. Recordemos que la mayoría de enemigos que tenemos son conocidos, y estos enemigos los encontramos en el trabajo, en el hogar, y tristemente en la iglesia.  ¿Por qué  es importante este texto en el tema del día de hoy? Porque jamás de los jamases, lograremos llevar la carga de ninguna hermano o enemigo, si no amamos. 

Lucas 6:27-35

27Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; 28bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. 29Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. 32Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. 33Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

27Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen

Durante la Revolución Norteamericana vivía en Pensilvania un pastor bautista llamado Peter Miller. Cerca de la iglesia del pastor Miller vivía un hombre que se había ganado una terrible reputación porque constantemente abusaba verbalmente del pastor Miller y de su congregación.

Este hombre había sido acusado de traición al gobierno y por este delito más tarde fue sentenciado a muerte. Al pronunciarse la sentencia de muerte en contra de este hombre, el pastor Miller hizo una caminata de 100 Km hasta Filadelfia, para hablar con el general Jorge Washington e interceder por la vida de este hombre.

Al pastor Miller se le informó que no podía ser concedida su petición en favor de su amigo. Cuando el pastor Miller escuchó la respuesta, se dirigió al general y le dijo: “¿Mi amigo? Yo no tengo peor enemigo que este hombre que será ejecutado” -¿Qué es lo que estás diciendo? preguntó Washington. “¿Has caminado 60 millas sólo para tratar de salvarle la vida a tu peor enemigo?” El general Washington, impactado por el proceder del pastor Miller, concedió el perdón al hombre.

El pastor Miller tomó la carta de perdón, y comenzó inmediatamente a caminar otras 15 millas hasta el lugar donde en esa misma tarde, se llevaría a cabo la ejecución. El pastor Miller logró llegar en el preciso momento que el hombre condenado caminaba sobre el andamio para ser ejecutado en la horca. -“Allí está el viejo Miller que ha venido desde tan lejos, para vengarse de mí en este día, viendo mi ejecución”- gritó el hombre.

El pastor Miller subió al andamio de la horca, entregó la carta de perdón al verdugo, y frustró la ejecución, porque al hombre le fue perdonada la vida.

“Amar al enemigo” ha sido el tema central en el Antiguo Testamento: 4Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo (Éxodo 23). Esto es precisamente llevar la carga de otro.

“Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua” (Proverbios 25: 21). Este es otro caso claro de lo que es llevar la carga de otro.

Estas palabras las vuelve a repetir Jesús en el Nuevo Testamento, donde el Maestro ordena expresamente amar a los enemigos.

Las palabras de Jesús de amar a los enemigos eran difíciles de procesar para el mundo judío, porque ellos venían de varios exilios y aun en los días de Jesús estaban viviendo bajo la opresión del gobierno romano. Ellos tenían un espíritu lleno de odio y amargura en contra de los gentiles, quienes los habían oprimido y que habían cometido contra ellos todo tipo de abuso, de injusticia y de crímenes, y que aún estaban padeciendo de todos esos males.

No era fácil para ellos aceptar la idea de amar al criminal, al abusivo y al opresor de su nación; para ellos era más fácil aferrarse a versículos como Deuteronomio 23: 6No procurarás la paz de ellos ni su bien en todos los días para siempre; Deuteronomio 7 dice: 2y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia;” Salmos 137 dice: “Hija de Babilonia la desolada, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste. 9Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña.”

Jesús tenía la autoridad de ordenar perdonar y amar al enemigo; Él mismo tuvo la oportunidad para demostrar que es posible deponer el espíritu de venganza, y tener el espíritu de amor. En la cruz, en frente de sus enemigos, Jesús elevó una plegaria al Padre, pidiendo el perdón para todos aquellos que de una manera u otra le estaban tratando de quitar la vida; la razón que tomó Jesús para elevar ésta plegaria, era la ignorancia de sus asesinos.

Más tarde Esteban repite la misma acción de Cristo, cuando intercede por aquellos que lo están apedreando.

29Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.

Estos versículos tienden a causar polémica en la manera de ser interpretados. La mayoría de comentaristas y teólogos, llegan a la conclusión que estos versículos no tienen que tomarse en forma literal; ellos arguyen que estos versículos simple y sencillamente son expresiones pintorescas e idiomáticas del Medio Oriente, donde el mensaje principal es hacer y llevar las cosas por la paz.

La Palabra de Dios presenta una interesante contraparte de este cuadro: en cada caso hay razones que justifican lo hecho.

  1. Jesucristo, cuando estaba en el juicio, no ofreció la otra mejilla cuando fue abofeteado, el texto dice: 22Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? 23Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?”  Aquí encontramos que con una exquisita cortesía, Cristo reprende y confronta sabiamente al que le había golpeado
  2. Pablo se defiende contra aquellos que quieren hacerle mal: 2El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él, que le golpeasen en la boca. 3Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y quebrantando la ley me mandas golpear?”  Pablo, siendo un gran conocedor de la ley judía, aquí enfrenta a un gran concilio y al sumo sacerdote; Pablo se defiende, los reprende y también los amenaza.
  3. También encontramos que Pablo se evitó una sesión de azotes en Jerusalén, al defenderse correctamente y apoyarse en su ciudadanía romana:

23Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire, 24mandó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él. 25Pero cuando le ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado? 26Cuando el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno, diciendo: ¿Qué vas a hacer? Porque este hombre es ciudadano romano. 27Vino el tribuno y le dijo: Dime, ¿eres tú ciudadano romano? El dijo: Sí. 28Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento. 29Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado. Hechos 22

El mundo pagano conoce muy bien estos versículos y se aprovechan muy descaradamente de estos tres versículos para hacer daño al cristiano; por el otro lado hay muchos que en el mundo cristiano no han estudiado bien estos versículos y permiten injusticias y abusos por apegarse al pie de la letra de estos textos. Aquí encontramos la fórmula perfecta para el abusivo y para el abusado: ningún hombre está autorizado a tomar estos textos literalmente; antes bien, el mensaje principal es llevar todas nuestras relaciones en paz, ser humildes en nuestro proceder y evitar los actos de violencia.

El mensaje final es que para poder llevar las cargas de nuestro prójimo, ya sea éste amigo o enemigo, es necesario tener amor. Dicho en otras palabras, si no se tiene el Espíritu Santo y su fruto del amor, será casi imposible llevar las cargas de nuestro prójimo.

Dios nos ayude a tomar la firme decisión de permitir al Espíritu Santo entrar en nuestras vidas, y así alegremente y sin esfuerzo alguno, cumplir con el pedido bíblico de ayudar a llevar la carga que agobia a nuestro prójimo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor no ha calificado a ninguno de nosotros para que lleve solo la carga de la obra. Ha relacionado para que se reúnan hombres de criterios diferentes, a fin de que se aconsejen y se ayuden mutuamente. De esa manera la falta de experiencia y capacidad de uno es suplida por la experiencia y la capacidad del otro. Debiéramos estudiar cuidadosamente las instrucciones que se dan en Corintios y Efesios con respecto a nuestra relación mutua como miembros del cuerpo de Cristo…

Debes aprender a dejar de lado tu voluntad y tu manera de ver las cosas, y recibir luz de aquellos a quienes Dios ha hecho sus ayudantes y ha designado como tus colaboradores. Acude a Cristo para recibir alivio. Afórrate de él. Persevera lo suficiente como para someter tu voluntad a la de Dios. Muchos están demasiado apurados para orar. Con pasos apresurados avanzan a la sombra de la amante presencia de Cristo. Dara detenerse tal vez unos ñocos momentos en el sagrado recinto, pero sin esperar su consejo (Cada día con Dios, p. 152).

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradamos a nosotros mismos” (Romanos 15:1). Debemos relacionamos correctamente los unos con los otros, aun cuando esto pueda demandar sacrificio. Cristo hizo un sacrificio infinito por nosotros. ¿No debiéramos nosotros estar dispuestos a sacrificamos por otros? Debemos evitar cuidadosamente herir o lastimar los corazones de los hijos de Dios, porque cuando lo hacemos herirnos y lastimamos el corazón de Cristo (Alza tus ojos, p. 29).

El apóstol añade una recomendación a los independientes que confían en sí mismos: “Porque el que estima de sí que es algo, no siendo nada, a sí mismo engaña… Porque cada cual llevará su carga” (Gálatas 6:3, 5). El que se considera superior a sus hermanos en juicio y experiencia, y desprecia su consejo y amonestación, demuestra que está peligrosamente seducido. El corazón es engañoso. Debe probar su carácter y su vida por la norma bíblica. La Palabra de Dios derrama una luz infalible sobre la senda de la vida humana. No obstante, las muchas influencias que surgen para desviar y distraer la mente, los que piden honradamente a Dios sabiduría serán guiados en el debido camino. Cada hombre deberá al final subsistir o caer por sí mismo, no según la opinión del partido que le sostiene o se le opone, ni según el juicio de hombre alguno, sino según sea su verdadero carácter a la vista de Dios. La iglesia puede amonestar, aconsejar y advertir, pero no puede obligar a nadie a seguir el camino recto. Todo aquel que persista en despreciar la Palabra de Dios, deberá llevar su propia carga, dar cuenta de sí a Dios, y sufrir las consecuencias de su propia conducta (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 228).

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Miércoles 20 de septiembre // Lección 13___________________________________________

LA LEY DE CRISTO

Pablo relaciona el hecho de sobrellevar las cargas con cumplir la ley de Cristo. ¿Qué quiere decir con “la ley de Cristo”? Gálatas 5:14; 6:2; Juan 13:34; Mateo 22:34-40.

Gálatas 5:14

14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Gálatas 6:2

Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.

Juan 13:34

34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

Mateo 22:34-40

34 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.  35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo:  36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?  37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.  38 Este es el primero y grande mandamiento.  39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

El uso que hace Pablo de la frase “la ley de Cristo” (ton nomon tou Christou) no aparece en ninguna otra parte de la Biblia, aunque él mismo usa una expresión similar en 1 Corintios 9:21 (ennomos Christou). La singularidad de esta frase dio como resultado una serie de interpretaciones diferentes. Algunos argumentan erróneamente que esto es una evidencia de que la Ley de Dios dada en el Sinaí fue reemplazada por una ley diferente, la ley de Cristo. Otros afirman que la palabra ley simplemente significa un “principio” general (ver Rom. 7:21), lo que indica que al llevar las cargas de otros estamos siguiendo el ejemplo de Jesús. Mientras que esta última interpretación tiene algún mérito, el contexto y la terminología similar con Gálatas 5:14 sugieren que “cumplir la ley de Cristo” es otra referencia a cumplir la Ley moral por amor. Pablo demostró anteriormente en sus cartas que la Ley moral no fue anulada con la venida de Cristo, sino que al ser interpretada por el amor continúa jugando un papel importante en la vida cristiana. Esto es la personificación de lo que enseñó Jesús durante su ministerio terrenal, y lo que también practicó a lo largo de su vida, e incluso en su muerte. Al llevar las cargas de otros, no solamente estamos siguiendo las pisadas de Jesús, sino también estamos cumpliendo la Ley.

Surge otro problema en estos textos: la aparente contradicción entre Gálatas 6:2 y 6:5. No obstante, este problema se resuelve fácilmente al percatamos de que Pablo está usando dos palabras diferentes para describir dos situaciones diferentes. Como ya hemos visto, la palabra para “cargas” (baros), en el versículo 2, se refiere a una carga pesada que debe llevarse una larga distancia. Sin embargo, la palabra fortion, en el versículo 5, se refiere a la carga de un barco, o a la mochila de un soldado, o incluso a un niño en el vientre. Mientras que las primeras cargas pueden dejarse a un lado, estas últimas no. Una mujer embarazada debe llevar a su propio hijo. Como lo sugiere este ejemplo, hay algunas cargas que las personas pueden ayudarnos a llevar, pero hay otras que ningún ser humano puede llevar por nosotros, como la carga de una conciencia culpable, el sufrimiento y la muerte. Para estas, debemos depender únicamente de la ayuda de Dios (Mat. 11:28-30).

Mientras que con algunas cargas puedes conseguir ayuda de otras personas, otras cargas solamente puedes entregarlas al Señor. ¿Cómo puedes aprender a dar al Señor las cosas que por ti mismo simplemente no puedes llevar?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El comentario de éste día se encuentra junto con el comentario del día Martes

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si un miembro de la familia de Cristo cae en tentación, los demás deben velar por él con bondadoso interés, para detener los pies que empiezan a descarriarse por senderos falsos y para ganarlo a una vida pura y santa. Dios requiere que cada miembro de su iglesia realice este servicio… Los miembros de la familia de Dios deben obrar con sabiduría y velar; deben hacer todo lo posible para salvar a sus hermanos más débiles de las redes ocultas de Satanás.

Esto también es obra misionera, y ayuda tanto a los que la realizan como a las personas por quienes se hace. El bondadoso interés que manifestamos en el círculo del hogar, las palabras de simpatía que hablamos a nuestros hermanos y hermanas nos preparan para trabajar por los miembros de la casa del Señor, con quienes, si permanecemos leales a Cristo, viviremos durante la eternidad. Cristo dice: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10). Puesto que esto es así, ¡con cuánto cuidado deberían los miembros de la familia del Señor velar por sus hermanos y hermanas! Haceos amigos de ellos. Si son pobres y necesitan alimento y vestido, atended sus necesidades temporales tal como lo hacéis con sus necesidades espirituales. En esta forma seréis una doble bendición para ellos (El evangelismo, p. 259).

Acuda a él tal como es, y póngase en sus manos. Crea que él lo acepta tal como ha prometido. No trate de hacer algo importante que lo recomiende a Dios, sino confíe en él ahora, en este momento… Acuda con fe humilde a Aquel que nunca dijo a los necesitados y sufrientes: “Buscan mi rostro en vano”. Sabemos que somos pecadores, que a menudo nos equivocamos y que frecuentemente somos vencidos en las tentaciones, pero esto no debiera conducimos en nuestra gran necesidad a apartamos del Único que puede ayudamos y salvarnos del poder de Satanás. Desalentar y llevar a la desesperación es la obra del enemigo.

¡Qué evidencia tenemos del incomparable amor de Jesús en que dejó el cielo y vino a la tierra para ayudamos! Él dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30) (Alza tus ojos, p. 326).

Algunas veces derramamos nuestras dificultades en los oídos humanos, y les contamos nuestras aflicciones a aquellos que no pueden ayudamos, y nos olvidamos de confiárselo todo a Jesús, quien puede cambiar nuestra pena en gozo…

Él se propone ser nuestro amigo y caminar junto a nosotros en todos los ásperos caminos de la vida. Él nos dice: Yo soy el Señor tu Dios, camina conmigo, y yo llenaré de luz tu senda. Jesús, la Majestad del cielo, se propone elevar al compañerismo consigo, a aquellos que acudan a él con sus cargas, sus debilidades y sus cuidados (Nuestra elevada vocación, p. 99).

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Lección 13 // Jueves 21 de septiembre_______________________________________________

COSECHAR Y SEMBRAR

En Gálatas 6:7, la palabra traducida como “burlado” (mukterizo) se presenta solamente aquí en el Nuevo Testamento, aunque aparece a menudo en la traducción griega del Antiguo Testamento. Literalmente, significa “levantar la nariz con desprecio”. En el Antiguo Testamento generalmente se refiere al desprecio por los profetas de Dios (2 Crón. 36:16; Jer. 20:7), y hasta una vez se la utiliza para describir gráficamente una actitud de rebeldía hacia Dios (Eze. 8:17).

Lo que desea enfatizar Pablo es que las personas pueden ignorar a Dios o incluso desobedecer sus mandamientos, pero no pueden burlarse de Dios. Él es el Juez supremo, y a fin de cuentas tendrán que pagar el precio de sus actos.

Lee Gálatas 6:8. ¿Qué quiere decir Pablo aquí? ¿Qué ejemplos puedes encontrar en la Biblia de personajes que sembraron para la carne o que sembraron para el Espíritu? (Ver, por ejemplo, Hech. 5:1-5; Luc. 22:3; Dan. 1:8; Mat. 4:1.)

Gálatas 6:8

Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Hechos 5:1-5

1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,  y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.  Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?  Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.  Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.

Lucas 22:3

Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;

Daniel 1:8

Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.

Mateo 4:1

1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

La metáfora de Pablo de la siembra y la cosecha no es única. Es un hecho de la vida que aparece en muchos proverbios antiguos. Sin embargo, lo importante es el sentido en que la usa Pablo para resaltar sus comentarios anteriores acerca de la carne y el Espíritu. James D. G. Dunn señala: “Un equivalente moderno es que somos libres para elegir, pero no somos libres para elegir las consecuencias de nuestras decisiones”.–The Epistle to the Galatians, p. 330.

Aunque Dios no siempre nos libra de las consecuencias terrenales de nuestros pecados, no deberíamos dejarnos dominar por la desesperación debido a las malas decisiones que tomamos. Podemos regocijarnos en que Dios ha perdonado nuestros pecados y nos ha adoptado como hijos. Deberíamos capitalizar las oportunidades que tenemos ahora para invertir en aquellas cosas que producirán una cosecha celestial.

Gálatas 6:10, por otro lado, ilustra el hecho de que “la ética cristiana tiene un enfoque dual: uno es universal y abarcante: ‘hagamos bien a todos’; el otro es particular y específico: ‘mayormente a los de la familia de la fe’. La apelación universalista de Pablo se basaba en el hecho de que todas las personas, en todo lugar, fueron creadas a la imagen de Dios y, por lo tanto, son infinitamente preciosas a su vista. Cuando los cristianos olvidan este dato fundamental de la revelación bíblica, inevitablemente han sido víctimas de los pecados enceguecedores del racismo, el sexismo, el tribalismo, el clasismo, y mil discriminaciones más que han plagado la comunidad humana desde Adán y Eva hasta el tiempo presente”.–Timothy George, Galatians, pp. 427, 428.

Siempre estamos sembrando, para bien o para mal. Obsérvate a ti mismo: ¿qué clase de cosecha piensas que tendrás?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Para el estudio de este día tenemos cuatro historias bíblicas que considerar: Ananías y Safira, Judas, Daniel y Cristo, cuando fue tentado.

Comencemos con el caso de Ananías y Safira (Hechos 5):

1Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, 2y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? 4Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.

La historia de Ananías y Safira es una bofetada directa para nuestros hermanos evangélicos que creen que la ley quedó clavada en la cruz, y que creen que después de la muerte de Cristo, la ley no sirve más y comenzamos a vivir solamente bajo la gracia.

Pues no, ellos están 100% equivocados, porque aquí encontramos en la nueva y recién fundada iglesia cristiana, que Dios mata a dos de sus miembros, sin aviso, sin advertencia, sin darles ni siquiera una oportunidad de arrepentirse y pedir perdón, y esa muerte fue por transgredir la ley de Dios, tratando de mentir al Espíritu Santo.

En el tiempo del antiguo Israel, cuando el pueblo de Israel vivía bajo la ley de Dios, Dios mataba directamente al pecador por sus transgresiones, aunque en la mayoría de veces les daba la oportunidad de confesar su pecado y de arrepentirse. Pero en el caso de Ananías y Safira, Dios los mata sin siquiera darles esa oportunidad, fue una muerte fulminante, inmediata, sin aviso, parecida a la muerte de Nadab y Abiú en el Antiguo Testamento.

Si los evangélicos dicen que la ley de Dios fue clavada en la cruz y que después de la muerte de Jesús, vivimos solamente en el tiempo de gracia; ¿Por qué Dios mató a Ananías y a Safira como en los tiempos del antiguo Israel, por transgredir la ley de Dios?

En la tumba de Ananías y de Safira había un tipo de lamentación sin esperanzas: eran unas tumbas tristes, tumbas de mentirosos e hipócritas; ninguno de nosotros desea ser puesto en ese tipo de tumba, donde la persona se recuerda por su mal proceder y por sus malas decisiones, y que hace que en el fondo del corazón del humano se abrigue ese frío sentimiento de pérdida eterna.

El nombre de Ananías significa: “La gracia de Dios” y el nombre Safira significa eso “Zafiro” una joya brillante y muy bella. El nombre Safira del Nuevo Testamento, es el mismo nombre Séfora del Antiguo Testamento: la esposa de Moisés. La versión de los Setentas o Septuaginta (LXX), llama a las dos por el mismo nombre de Séfora. El nombre de Safira o Séfora es comúnmente traducido como “belleza”

Por supuesto fueron sus padres quienes les dieron ese nombre, y fue Dios quien se lo quitó. Cuando Ananías pecó contra Dios, la “gracia de Dios” salió de él para siempre, y cuando Safira pecó, ella perdió el valor, la belleza y la luz de lo que su nombre representaba.

La Biblia dice que los hermanos de la iglesia vendían sus propiedades y el dinero de esas ventas lo traían a los pies de los apóstoles. Ellos vendían sus propiedades y donaban a la iglesia el producto de la venta por dos razones fundamentales:

La primera razón era porque la iglesia estaba pasando por una crisis de persecución. La sinagoga de los judíos en Jerusalén era una constante amenaza y los cristianos constantemente se enfrentaban a la situación de perder todos sus bienes y propiedades, de la noche a la mañana. Una de las mejores decisiones que se podían tomar, era vender esos bienes antes de perderlos; el dinero ellos lo traían a los pies de los apóstoles para ser usado de una manera sabia en la iglesia y con los hermanos pobres de la iglesia; este acto de traer el dinero de las propiedades vendidas era un acto voluntario de los hermanos.

La segunda razón por la que ellos vendían sus propiedades era porque pensaban que Jesucristo vendría demasiado pronto, muchos tenían le impresión de que Jesucristo regresaría esa misma noche que ellos se iban a sus camas a dormir. En vez de dejar sus propiedades perdidas, optaban por venderlas y usar ese dinero 100% para la Iglesia.

De acuerdo con Elena de White, esta experiencia se va a repetir en los últimos días de este mundo. Los hermanos venderán sus propiedades y se usarán 100% para el último impulso del evangelio en esta tierra. Elena de White dice que hay que pedir a Dios, para que él nos avise por medio del Espíritu Santo, cuándo se tiene que hacer esta venta.

Pero ¡ojo! No se vaya a poner a vender sus propiedades por su decisión personal apresurada, porque muy posiblemente se va a equivocar. Debemos orar mucho más al respecto

En los últimos versículos del capítulo 4 del libro de Hechos, encontramos al hermano Bernabé que era natural de Chipre, que vendió su propiedad y todo el dinero lo trajo a la iglesia, y lo puso a los pies de los apóstoles para el sostén de la iglesia. Esto fue un ejemplo que todos querían seguir en la iglesia de los apóstoles, incluyendo Ananías y Safira.

El pecado de Ananías y Safira no era un simple pecado de equivocación o mentira; era un pecado de incalculable magnitud, era un pecado que tenía como propósito engañar y defraudar a Dios.

Ananías y Safira estaban tratando de tener la alta estima espiritual que tenía Bernabé, a un precio más bajo.

¿Acaso nuestras contribuciones a la iglesia son consideradas como un crimen por el Cielo?

Dios no quiere nuestras propiedades si no las entregamos como resultado de nuestro amor y lealtad. Si cuando entregamos nuestro dinero, nuestro corazón no se va con él, hacemos mucho menos mal al retenerlo que al entregarlo.

Toda contribución que se da para calmar la conciencia, para aparentar ante los demás, o por interés de conseguir algo a cambio, podemos afirmar que es un gran insulto a Dios; en estos casos entre más grande es la contribución, quizá más grande es el insulto, más grande es el pecado.

Ananías y Safira estaban midiendo su sagacidad comercial en contra de la ignorancia comercial del apóstol Pedro. Pero se les olvidó que el pecado era contra Dios y no contra el hombre; también se les olvidó que el apóstol Pedro estaba lleno del Espíritu Santo, y al Espíritu Santo no se le puede mentir jamás.

“El amor al dinero es el principio de todo mal” El pecado nunca viene solo, y aquí encontramos que el amor al dinero trajo consigo la compañía de por los menos otros cuatro pecados.

1-El primer pecado de Ananías y Safira es el amor a la alabanza de los demás: deseaban conseguir esa alta estima y alabanza a un precio más bajo que su vecino, el hermano Bernabé.

2-El amor al dinero proveyó la fuerza que empujó la avaricia a trabajar.

3-El amor al dinero promovió la hipocresía en Ananías y Safira; ellos estaban tratando de aparentar una dadivosidad y lealtad que no tenían.

4-El amor al dinero los llevó a mentir: se convirtieron en hijos del padre de la mentira, quien “miente desde el principio”.

La pregunta que se hacen muchos es ¿por qué Ananías y Safira fueron severamente castigados? No se les dio un tiempo para arrepentirse, no se les dio tiempo para considerar su transgresión, no se le dio tiempo para pedir perdón.

Éstas son algunas respuestas sugerentes:

1-El pecado de ellos era demasiado grave; ellos supieron de los dones espirituales que se derramaron por el poder del Espíritu Santo en el día del Pentecostés. Su pecado fue en contra del Espíritu Santo. Hay que notar que en el versículo 3, Pedro dice que el pecado de la mentira fue en contra del Espíritu Santo: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?”

En el versículo 4 Pedro dice que ellos mintieron en contra de Dios: “4Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.”

Más tarde en el versículo 9, Pedro vuelve a recalcar que el pecado fue en contra del Espíritu Santo: Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.”

Con la secuencia que encontramos en estos tres versículos que comentan del Espíritu Santo, llegamos a la conclusión de que sin duda alguna el Espíritu Santo, también es Dios.

Hay muchas maneras de mentir. La vida de un hombre puede ser una total falsedad, sin que este hombre haya pronunciado con sus labios algo falso en su vida. Se puede mentir con una mirada, se puede mentir con una acción y también se miente con los labios.

Hay personas que cometen las más grandes mentiras y lo único que dijeron fue un “tal vez”.

No hay mentira blanca; la mentira más blanca que se puede haber dado es tan negra como la misma palabra perdición.

Hay gente tan deshonesta al hablar que no llegan a distinguir entre la verdad y la mentira, hay otros que mienten desde que comenzaron a tener el donde del habla y hay otros que son muy bien educados por sus padres, pero cuando alcanzan la edad madura se convierten en mentirosos empedernidos.

2-El pecado de Ananías y Safira fue un pecado deliberado; no fue el resultado de una tentación espontánea o inesperada. Ese pecado fue consultado entre ellos dos, llegando a un acuerdo en común para cometerlo. Fue un pecado cometido a sangre fría en todos sus aspectos: ellos decidieron deliberadamente ser hipócritas a sabiendas.

3-El pecado de Ananías y Safira posiblemente era un pecado antiguo que colmó la misericordia de Dios. Dios nunca castiga a una persona severamente por un pecado inicial. Cuando Dios extermina a alguien, solamente lo hace porque la persona ha saturado su vida de pecado y ya la misericordia de Dios no puede hacer nada para salvarla. Cabe la posibilidad de que este pecado era una forma de vivir de esa pareja, algo que nunca fue revelado al hombre, pero sí era plenamente conocido a los ojos de Dios.

4-Para lección de otros. La iglesia cristiana estaba en su infancia, con este castigo les quedaba de ejemplo a los demás para no jugar con el Espíritu Santo, quien como el Padre y el Hijo Jesucristo, también es Dios.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Según las leyes de Dios que rigen en la naturaleza, el efecto sigue a la causa con invariable seguridad. La siega es un testimonio de la siembra. Aquí no hay simulación posible. Los hombres pueden engañar a sus semejantes y recibir alabanza y compensación por un servicio que no han prestado. Pero en la naturaleza no puede haber engaño. La cosecha dicta sentencia de condenación para el agricultor infiel. Y en su sentido superior, esto se aplica también al campo de lo espiritual. El mal triunfa aparentemente, pero no en realidad. El niño que por jugar falta a clases, el joven perezoso para estudiar, el empleado o aprendiz que no cuida los intereses de su patrón, el hombre que en cualquier negocio o profesión es infiel a sus responsabilidades más elevadas, puede jactarse de que mientras la falta permanezca oculta obtiene ciertas ventajas. Pero no es así; se engaña a sí mismo. El carácter es la cosecha de la vida, y determina el destino tanto para esta vida como para la venidera.

La cosecha es la reproducción de la semilla sembrada. Toda semilla da fruto “según su género”. Lo mismo ocurre con los rasgos de carácter que fomentamos. El egoísmo, el amor propio, el engreimiento, la propia complacencia, se reproducen, y el final es desgracia y ruina. “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el espíritu, del espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8). El amor, la simpatía y la bondad, dan fruto de bendición, una cosecha imperecedera (La educación, pp. 108, 109).

“Así pues, según tengamos oportunidad, obremos lo que es bueno para con todos, y mayormente para con los que son de la familia de la fe” (Gálatas 6:10, V.M.).

En un sentido especial, Cristo ha confiado a su iglesia el deber de atender a los miembros necesitados. Permite que sus pobres se encuentren en el seno de cada iglesia. Siempre han de estar con nosotros, y Cristo encarga a los miembros de la iglesia una responsabilidad personal en lo que respecta a cuidar de ellos.

Así como los miembros de una familia fiel cuidan unos de otros, atendiendo a los enfermos, soportando a los débiles, enseñando a los que no saben, educando a los inexpertos, así también los de “la familia de la fe” han de cuidar de sus necesitados y desvalidos. De ninguna manera han de desentenderse de ellos (Ministerio de curación, p. 153).

El que ama a Dios no solamente amará a sus semejantes, sino que considerará con tierna compasión las criaturas que Dios ha hecho. Cuando el Espíritu de Dios está en el hombre, induce a prestar alivio en lugar de producir sufrimiento… Debemos cuidar cada caso de sufrimiento, y consideramos instrumentos de Dios para aliviar al necesitado hasta donde nos lo permita nuestra habilidad. Debemos ser colaboradores de Dios… Interroguémonos con corazón fervoroso: “¿Quién es mi prójimo?” Nuestro prójimo no es meramente nuestro vecino o nuestro amigo particular; no son sencillamente los que pertenecen a nuestra iglesia y piensan como nosotros. Nuestro prójimo es toda la familia humana. Debemos ser buenos con todos los hombres y especialmente con aquellos que son de la familia de la fe. Debemos dar al mundo una demostración de lo que significa cumplir la ley de Dios. Debemos amar a Dios por sobre todo y a nuestros prójimos como a nosotros mismos (Sons and Daughters of God, p. 52; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 54).

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Viernes 22 de septiembre // Lección 13_____________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “El Espíritu de Dios mantiene el mal bajo el dominio de la conciencia. Cuando el hombre se ensalza por encima de la influencia del Espíritu, recoge una cosecha de iniquidad. Sobre un hombre tal, el Espíritu tiene una influencia cada vez menor para restringirlo de sembrar semillas de desobediencia. Las advertencias tienen cada vez menos poder sobre él. Gradualmente pierde su temor de Dios. Siembra para la carne, y cosechará corrupción. Está madurando la cosecha de la semilla que él mismo ha sembrado. Desprecia los santos mandamientos de Dios. Su corazón de carne se convierte en un corazón de piedra. La resistencia a la verdad lo confirma en la iniquidad. Como los hombres sembraron semillas de maldad, la impiedad, el crimen y la violencia prevalecían en el mundo antediluviano.

“Todos deberían ser inteligentes en cuanto a la causa por la cual el alma es destruida. No se debe a algún decreto que Dios haya enviado contra el hombre. Él no hace que el hombre sea espiritualmente ciego. Dios proporciona suficiente luz y evidencias para capacitar al hombre a fin de distinguir entre la verdad y el error; pero no lo fuerza para que reciba la verdad; lo deja en libertad de elegir el bien o el mal. Si el hombre recibe la evidencia que es suficiente para guiar su juicio en la dirección correcta, y elige el mal una vez, lo hará más fácilmente la segunda vez. La tercera vez se apartará de Dios aún con mayor avidez, y elegirá estar del lado de Satanás. Y continuará en este proceder hasta que sea confirmado en el mal y crea que es verdad la mentira que ha fomentado. Su resistencia ha producido su cosecha (Ms 126, 1901)”.—“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.112.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En un sentido práctico, ¿qué significa realmente “restaurar” a otro creyente que ha caído en pecado? ¿De qué manera la naturaleza del pecado cometido afecta el proceso de restauración? La restauración ¿significa que todo será igual que antes? Explica.
  2. Dado que hay algunas cargas que las personas deben llevar por cuenta propia (Gál. 6:5), ¿de qué manera puede determinar un creyente si debería intentar ayudar a otro?
  3. ¿Cómo está cumpliendo tu iglesia las instrucciones de Pablo en Gálatas 6? ¿Qué puedes hacer personalmente para marcar la diferencia?

RESUMEN: El indicador de la presencia de Dios entre su pueblo se encuentra en el espíritu cristiano que se manifiesta dentro de la iglesia. Puede apreciarse en la medida en que se imparta perdón y restauración a quienes yerran, en la forma de ayudarse mutuamente en las pruebas, y en los actos intencionales de bondad compartidos no solamente entre ellos sino también con los no creyentes.

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
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