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LECCIÓN 5 – LA FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO – PARA EL 29 DE JULIO DE 2017



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“Agar es entregada a Abraham por Sara” Louis-Jean-François – Francia (1725-1805)


Los pensamientos pertenecientes a la GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA – EDICIÓN PARA MAESTROS de la Escuela Sabática no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local, regional ni mundial. Más bien, es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer información adicional para quien estudia la lección de Escuela Sabática. Provee una ayuda extra para el maestro, a fin de entenderla mejor, y explicar de una manera más clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversiales, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de ayuda o de agrado para usted, se le pide que, por favor, lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com


Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 5: Para el 29 de julio de 2017

LA FE DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Sábado 22 de julio____________________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 3:1-14; Romanos 1:2; 4:3; Génesis 15:6; 12:1-3; Levítico 17:11; 2 Corintios 5:21.

PARA MEMORIZAR:

“Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: ‘Maldito todo el que es colgado de un madero’ ” (Gál. 3:13).

“UN NIÑITO HABÍA FABRICADO UN PEQUEÑO BOTE, todo pintado y con terminaciones de lujo. Un día, alguien se lo robó, y se quedó angustiado. Cierto día, al pasar por una casa de empeños, vio su bote. Con alegría corrió hasta el dependiente y le dijo: ‘Ese es mi botecito’. ‘No’, respondió el dependiente, ‘es mío, porque yo lo compré’. ‘Sí’, dijo el niño, ‘pero es mío, porque yo lo hice’. ‘Bueno’, dijo el dependiente, ‘si me pagas dos dólares, puedes llevártelo’. Eso era mucho dinero. Así y todo, se propuso conseguirlo. Cortó el césped, hizo toda clase de mandados, y pronto juntó el dinero.

“Corrió hasta la casa de empeños y dijo: ‘Quiero mi bote’. Pagó el dinero, y recibió su bote. Tomó el bote en sus brazos, lo abrazó y lo besó, y dijo: ‘Querido botecito mío, te amo. Eres mío. Eres doblemente mío. Yo te hice, y ahora te compré’.

“Así ocurre con nosotros. Somos, en cierto sentido, doblemente del Señor. Él nos creó, y caímos en la casa de empeños de Satanás. Entonces, Jesús vino y nos compró a un costo inmenso, no de oro ni plata, sino con su propia sangre. Pertenecemos al Señor por creación y por redención”.–William Moses Tidwell, Pointed Illustrations, p. 97.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¿Qué lenguaje pudo expresar con tanta fuerza el amor de Dios por la familia humana como lo hizo la entrega de su Hijo unigénito para nuestra redención? El Inocente recibió el castigo de un culpable. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:16-18).

Cristo se entregó en sacrificio expiador para salvar a un mundo perdido. Fue tratado como nosotros merecemos, para que nosotros seamos tratados como él merece, Fue condenado por nuestros pecados, de los cuales él no participaba, para que nosotros fuésemos justificados por su justicia, de la cual no participábamos. Sufrió la muerte que nos tocaba a nosotros, para que nosotros recibiéramos la vida que a él le pertenecía. “Por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5)…

Durante su vida terrenal, tan llena de luchas y sacrificios, Jesús recibía aliento al pensar que sus padecimientos no serían en vano. Al dar su vida por la vida de los hombres, volvería a conquistar la lealtad del mundo. Aunque debía primero recibir el bautismo de sangre, aunque los pecados del mundo pesarían sobre su alma inocente, por el gozo puesto delante de él escogió de todos modos sufrir la cruz, menospreciando el oprobio (Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 220, 221).

Cristo no abandonará al alma por la cual murió. Ella puede dejarlo a él y ser vencida por la tentación; pero nunca puede apartarse Cristo de uno a quien compró con su propia vida. Si pudiera agudizarse nuestra visión espiritual, veríamos almas oprimidas y sobrecargadas de tristeza, a punto de morir de desaliento. Veríamos ángeles volando rápidamente para socorrer a estos tentados, quienes se hallan como al borde de un precipicio.

Los ángeles del cielo rechazan las huestes del mal que rodean a estas almas, y las guían hasta que pisen un fundamento seguro. Las batallas entre los dos ejércitos son tan reales como las que sostienen los ejércitos del mundo, y del resultado del conflicto espiritual dependen los destinos eternos (El discurso maestro de Jesucristo, p. 100).

El amor del Padre hacia una raza caída es insondable, indescriptible y sin parangón. Este amor lo indujo a consentir dar a su Hijo unigénito para que muriera, a fin de que el hombre rebelde pudiera ser puesto en armonía con el gobierno del cielo, y pudiera salvarse de la penalidad de la transgresión… Dios permitió que su amado Hijo, lleno de gracia y de verdad, descendiera de un mundo de indescriptible gloria a otro mundo viciado y agostado por el pecado, entenebrecido con las sombras de la muerte y la maldición (La maravillosa gracia de Dios, p. 79).

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Lección 5 // Domingo 23 de julio_____________________________________________________

LOS GÁLATAS INSENSATOS

Lee Gálatas 3:1 al 5. Resume a continuación lo que les queriendo transmitir Pablo. ¿En qué sentido podríamos estar en peligro de caer en la misma trampa espiritual, la de empezar bien y luego caer en legalismo?

Gálatas 3:1-5

1 ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?  Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?  ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?  ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano.  Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Varias traducciones modernas han intentado captar el sentido de las palabras de Pablo en el versículo 1 acerca de los gálatas “insensatos”. En realidad, la palabra que usa Pablo en griego es aún más fuerte que eso. La palabra es anoetoi, y proviene de la palabra para mente (nous). Literalmente, significa “sin mente” o “descerebrado”. Los gálatas no pensaban. Pablo no se detiene allí; dice que, debido a que están actuando insensatamente, se pregunta si algún mago les habrá hecho un conjuro. “¿Quién los ha hechizado?” (NVI). Las palabras que usa Pablo aquí hasta pueden sugerir que la fuente real detrás de la condición de los gálatas era el diablo (2 Cor. 4:4).

Lo que desconcierta a Pablo sobre el hecho de que los gálatas hayan apostatado del evangelio es que ellos sabían que la salvación estaba fundamentada en la Cruz de Cristo. No era algo que se les pudiera haber pasado por alto. La palabra traducida como “presentado” en Gálatas 3:1 significa literalmente “empapelado”, o “pintado”. Se utilizaba para describir toda proclamación pública. Pablo está diciendo que la Cruz era una parte tan central de su predicación que los gálatas, de hecho, habían visto en el ojo de su mente a Cristo crucificado (1 Cor. 1:23; 2:2). En un sentido, está diciendo que, por sus acciones, están dándole la espalda a la Cruz.

Pablo luego contrasta la experiencia presente de los gálatas con el modo en que llegaron a conocer a Cristo haciéndoles algunas preguntas retóricas. ¿Cómo recibieron al Espíritu? Es decir, ¿cómo llegaron a ser cristianos? Y desde una perspectiva un poco diferente, ¿por qué Dios les otorgó el Espíritu? ¿Fue porque hicieron algo para merecerlo? ¡Desde luego que no! Más bien, fue porque creyeron las buenas nuevas de lo que Cristo ya había hecho por ellos. Habiendo comenzado correctamente, ¿qué los haría pensar que ahora debían depender de su propio comportamiento?

¿Cuán a menudo te viene el pensamiento: Estoy haciendo las cosas bastante bien. Soy un cristiano sólido, no hago esto y no hago aquello… y, luego, aun sutilmente, piensas que de alguna manera eres lo suficientemente bueno para ser salvo? ¿Cuál es el problema con ese pensamiento?

 

Nota: Estimados hermanos, al principio de la página, nosotros ponemos notas, si hay algún anuncio especial para ustedes. Muchas veces el sistema de PDF no está listo en el momento de la publicación, otras veces la lección no está editada o no está completamente terminada, al momento de la publicación.

Cuando esto sucede nosotros se los hacemos saber con una nota en letras grandes al principio de la página. Si algo no va como regularmente suele ir, por favor busquen la nota y lea la nota antes de escribirnos, la mayoría de preguntas que ustedes nos hacen, están explicadas en las notas que publicamos al principio de la lección. Muchas gracias por su atención a este pedido.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

¡Oh gálatas insensatos, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado como crucificado! ¿Quién les hechizó?Solo esto quiero saber de ustedes: ¿Recibieron el Espíritu por las obras de la ley o por haber oído con fe?¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado en el Espíritu, ¿ahora terminarán en la carne? ¿Tantas cosas padecieron en vano, si de veras fue en vano? Entonces, el que les suministra el Espíritu y obra maravillas entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?
 
La iglesia apóstata de Galacia que nos presenta el apóstol Pablo en estos cinco versículos, está sufriendo de 5 errores espirituales capitales:
 
-Cambiar la verdad por el error (versículo 1)
 
-Ignorar la realidad de la conciencia y volverse víctima de la ficción o de la fantasía (versículo 2)
 
-Abandonar los medios que existen para asegurar al Espíritu Santo, y terminar adoptando medios que sólo sirven para perder al Espíritu Santo. En otras palabras, abandonar un buen comienzo, para terminar con una mala conclusión (versículo 3)
 
-Ceder voluntariamente a la persuasión, una persuasión tan poderosa que ni la misma persecución pudo extorsionar. Dicho en otras palabras, los sufrimientos que padecieron por causa de la persecución, no fueron lo suficientemente fuertes como para eliminar una persuasión teológicamente equivocada (versículo 4)
 
-Rechazar las evidencias que son incuestionables, para adoptar evidencias que no tienen base (versículo 5)
 
Es interesante notar que por regla general los apóstatas de nuestra iglesia, casi siempre han seguido los cinco pasos de apostasía que se dieron en la iglesia de Galacia.
 
“¡Oh gálatas insensatos, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado como crucificado! ¿Quién les hechizó?”
 
Jesucristo no fue crucificado en Galacia. Casi cualquier neófito puede decirnos rápidamente que Jesucristo fue crucificado en el Gólgota, en las afueras de Jerusalén.
 
Tampoco hay muchas posibilidades de que en el momento preciso de la crucifixión hayan estado presentes en ese lugar personas de la lejana Galacia, y que esas mismas personas muchos años más tarde se hayan convertido al evangelio. A pesar de eso, Pablo dice con vehemencia, que ante los ojos de ellos mismos ¡…Jesucristo fue presentado como crucificado!
 
A los galos se les presentó Jesús crucificado, no en una pintura antigua de un Cristo crucificado, colgando en una de las paredes del templo de Galacia. Las palabras de Pablo eran sobrias y verdaderas: Jesús les fue solamente representado. Ellos lo creyeron, ellos lo vieron, y ellos pudieron sentirlo. Ellos supieron que Jesucristo era verdad y verdadero, ellos experimentaron el poder salvador de la sangre de Jesús, ellos pudieron contemplar la gloria de Dios.
 
A todos los que hemos aceptado el evangelio en todas las edades de la iglesia, se nos ha presentado a Jesús crucificado, todos lo hemos podido ver, todos hemos podido sentir el poder de salvación que hay en la sangre de Jesús, todos hemos visto la gloria de Jesús revelarse en nuestras vidas, ya sea por un milagro, ya sea por su presencia, ya sea por nuestra conversión.
 
Cristo crucificado no pertenece a una época ni a un lugar determinado. En el tema de la crucifixión de Cristo, la fecha y el lugar casi no  se toma en cuenta. La fe en Cristo une países y continentes, une generaciones y traspasa el límite que imponen soberanamente los siglos y los milenios. En los tiempos primitivos, en la Edad Media y en los días modernos, la fe nos ha permitido ver y experimentar lo mismo que los apóstoles vieron y experimentaron en el monte del Gólgota.
 
La fe desprende a Jesucristo crucificado de la geografía y del calendario. La fe toma a Cristo crucificado y lo esparce a través de las naciones y a través de las edades. La fe coloca a Cristo crucificado entre el cielo y la tierra, y el universo entero se da cuenta de que Jesucristo es el “Cordero que fue inmolado desde la fundación del mundo.” Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
 
La iglesia de Galacia, había participado del bautismo y también de la santa cena. Ambos ritos nos llevan a contemplar al Cristo crucificado. Cuando tomamos la santa cena -dignamente- , en ese preciso momento en que estamos pidiendo el perdón de nuestras faltas y pecados, el Espíritu Santo nos conduce siempre al monte del Gólgota, nos conduce allí mismo al pie de la cruz, donde podemos contemplar a Cristo crucificado. Ver a Cristo crucificado es una de las más hermosas postales que nos puede regalar el Espíritu Santo.
 
Las dos postales más grandes que el hombre anda cargando en su mente, sin olvidarlas jamás son: la postal de Belén, y la postal del Gólgota; en la primera de ellas está el Hijo de Dios naciendo, y en la otra está el Cordero de Dios muriendo.
 
Mal podría un cristiano en este mundo aseverar que nunca ha contemplado esas dos escenas; esas dos escenas no son el resultado de la mente ni del esfuerzo humano, sino el resultado de la obra del Espíritu Santo iluminando el tortuoso camino que conduce al hombre a encontrar a su Salvador y también a encontrar su salvación.
 
“¿Quién les hechizó?”
Los galos habían regresado a la esclavitud de las leyes ceremoniales, se les había enseñado que la salvación es por la fe solamente, por la fe contemplando a Jesucristo crucificado. Ellos habían regresado a tratar de conseguir la salvación por la observancia de la ley ceremonial.
 
Estos son algunos de los hechizos que afectaban a la iglesia gala y que también afectan a nuestra iglesia moderna:
-Los deseos pecaminosos
-La mundanalidad
-El intelectualismo sin Cristo
-Las amistades profanas
-Las novedades concupiscentes
-La propia voluntad desviada
-Los prejuicios
-La tardanza
-La incredulidad
-Las falsas doctrinas
-La falta de principios
-La falta de fe
-La falta de amor
 
¿Tan insensatos son? Habiendo comenzado en el Espíritu, ¿ahora terminarán en la carne?
 
“¿Tan insensatos son?”
Hay personas impetuosas que son buenas personas. Hay personas inestables pero son buenas personas. Hay personas que no son sabias, pero son buenas personas. Inclusive, hay personas que son necias y a pesar de ser necias, son buenas personas, personas que carecen de sabiduría y no se dan cuenta de su situación. 
Los cristianos necesitamos ser siempre fieles, como es siempre fiel la brújula, que siempre apunta al norte. Tristemente hay muchos de nosotros que, en vez de ser como la aguja de la brújula, somos como el péndulo de un reloj, que siempre nos estamos moviendo de un extremo al otro, sin poder salir de ese monótono y estrecho movimiento.
 
 
Habiendo comenzado en el Espíritu, ¿ahora terminarán en la carne?
En la experiencia cristiana necesitamos comenzar de la misma manera que deseamos continuar, y necesitamos continuar de la misma manera en que comenzamos.
 
 
Los galos tuvieron un buen comienzo
-Obtuvieron fe por medio del Espíritu Santo
-Disfrutaron la presencia del Espíritu Santo por medio de la fe
-Tuvieron la experiencia de tener privilegios espirituales
-Pudieron usar poderes espirituales
-Pudieron realizar trabajos espirituales
-Pudieron ejercitar la fe que perfecciona nuestro camino al cielo
 
Los galos iban en camino a un fin triste. Sin la intervención del Espíritu Santo por medio de Pablo, hubieran terminado
-Pobres espiritualmente
-Haciendo las obras de la carne
 
 
¿Tantas cosas padecieron en vano, si de veras fue en vano? 
LBLA
¿Habéis padecido tantas cosas en vano? ¡Si es que en realidad fue en vano! 
DHH
¿Tantas buenas experiencias para nada?… ¡Imposible que hayan sido para nada!
 
NTV
¿Acaso han pasado por tantas experiencias en vano? ¡No puede ser que no les hayan servido para nada!
PDT
Han pasado por muchas experiencias, ¿será que las van a desperdiciar? Quiero creer que no.
BLP
¡No puedo creer que tan magníficas experiencias hayan sido baldías!
 
Los galos, al igual que las otras iglesias que fueron las primeras en abrazar el cristianismo, sin duda sufrieron persecución, posiblemente en manos de los mismos judíos, que estaban empeñados en acabar con el cristianismo. Ahora, después de haber sufrido persecución por causa del evangelio, ellos estaban abandonando la pureza del evangelio por el cual habían sufrido tanto. No hay conducta más inestable y más necia para un cristiano, que sufrir de balde por la causa de Cristo.
 
Si apostatamos de la vida cristiana antes de llegar hasta el glorioso final, entonces todo el trabajo que hicimos por y para el cristianismo, quedará sin recompensa. Todos nuestros esfuerzos, nuestra entrega, nuestra dedicación, nuestro tiempo y nuestros sacrificios quedarán sin recompensa, si no llegamos al final.
 
La apostasía que se comete en los últimos días de nuestra vida, elimina toda la fidelidad que tuvimos desde el comienzo de nuestra vida espiritual en la tierra. No es la voluntad de Dios que todos aquellos que hayan sufrido con Cristo, por Cristo y para Cristo, pierdan el honor y la bendición de reinar con él por la eternidad.
Esta lección nos motiva a implorar que el Santo Espíritu nos mantenga firmes y fieles a la verdad de Cristo, apoyados en un “Así dice Jehová”, y no en fábulas por arte compuestas. 
 
 
 
Entonces, el que les suministra el Espíritu y obra maravillas entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?
 
El versículo 5 es un eco del versículo 2 que dice: Solo esto quiero saber de ustedes: “¿Recibieron el Espíritu por las obras de la ley o por haber oído con fe?”
 
El argumento del apóstol es que quienes integraban la iglesia gala, recibieron el don del Espíritu Santo no como una consecuencia de guardar la ley, sino como una consecuencia de estar conectados con la predicación del evangelio.
“Entonces, el que les suministra el Espíritu” En esta declaración hay discordancia entre los comentaristas de la Biblia.  Por ejemplo Clarke, Doddridge, Bloomfield, Chandler, Locke y otros teólogos, creen que la palabra “el” se está refiriendo al mismo apóstol Pablo, mientras que otros comentaristas como Barnes creen que la palabra “el” se está refiriendo a Dios.
Si el artículo definido, singular masculino “el” se refiere al apóstol, posiblemente Pablo se refiere a sí mismo como el instrumento o agente, que impartía esos dones, y que él mismo les había enseñado en un evangelio sencillo, a librarse de la condenación de la ley, y a someterse a la gracia de Cristo.
Si la palabra “el” se refiere a Dios, lo cual hace más sentido, entonces es obvio que Dios es el que imparte el Espíritu Santo a todos aquellos que escuchan el evangelio de fe y de salvación. El mensaje final es que Dios no imparte el Espíritu Santo como una consecuencia de guardar la ley, sino como una consecuencia de escuchar el evangelio.
Esto nos hace benditos, bendecidos por la gracia de Dios que trajo las buenas nuevas a nuestros oídos.
 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Satanás está tratando continuamente de vencer al pueblo de Dios, rompiendo las barreras que lo separan del mundo. Los antiguos israelitas fueron arrastrados al pecado cuando se arriesgaron a formar asociaciones ilícitas con los paganos. Del mismo modo se descarría el Israel moderno. “El Dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Todos los que no son fervientes discípulos de Cristo, son siervos de Satanás. El corazón aún no regenerado ama el pecado y tiende a conservarlo y paliarlo. El corazón renovado aborrece el pecado y está resuelto a resistirle (El conflicto de los siglos, p. 498).

Hay ocasiones en que la apostasía entra a las filas, cuando los que debieron mantenerse al lado de su Líder divino dejan a la piedad fuera del corazón. El pueblo de Dios se separa de la fuente de su poder, y el orgullo, la vanidad, la extravagancia y la ostentación son el resultado. Existen ídolos adentro y afuera; pero Dios envía al Consolador para amonestar el pecado, a fin de que su pueblo sea advertido por su apostasía y reprendido por su caída. Cuando las manifestaciones más preciosas de su amor son reconocidas con agradecimiento, el Señor derramará el bálsamo de su consolación y el óleo del gozo.

Cuando los hombres lleguen a darse cuenta de que sus cálculos humanos fueron muy cortos, y se convencen de que su propia sabiduría no es más que insensatez, solo entonces volverán al Señor para buscarlo de todo corazón, y lo hallarán (Fundamentals of Christian Education, p. 197).

Debéis aprender a mirar con la mente tanto como con los ojos. Debéis educar el juicio para que no sea débil e ineficiente. Debéis orar en busca de dirección y confiar vuestros caminos al Señor. Debéis cerrar el corazón a toda necedad y pecado, y abrirlo a toda influencia celestial. Debéis emplear la mayor parte del tiempo y las oportunidades en el desarrollo de un carácter simétrico…

Debemos estar “cumplidos en él”. “De la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él”. Esto significa que debéis estudiar la vida de Cristo. La debéis estudiar con mucho más seriedad de la que se emplea al estudiar los cursos de estudios comunes, ya que los intereses eternos son más importantes que los estudios temporales y terrenos. Si apreciáis el valor y la santidad de las cosas eternas, aportaréis vuestros pensamientos más claros, vuestras mejores energías a la solución del problema que implica el eterno bienestar; porque cualquier otro interés desaparece en la insignificancia en comparación con ése.

Tenéis el patrón: Cristo Jesús. Caminad en sus pisadas y estaréis capacitados para llenar cualquiera posición a que podéis ser llamados… No debéis sentiros como esclavos sino como hijos de Dios (Sons and Daughters of God, p. 283; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 285).

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Lunes 24 de julio // Lección 5_________________________________________________________

CIMENTADOS EN LA ESCRITURA

Hasta aquí, en su carta a los Gálatas, Pablo ha defendido su evangelio de la justificación por la fe apelando al acuerdo realizado con los apóstoles en Jerusalén (Gál. 2:1-10) y a la experiencia personal de los gálatas mismos (Gál. 3:1-5). A partir de Gálatas 3:6, Pablo ahora se refiere al testimonio de las Escrituras para la confirmación final más importante de su evangelio. De hecho, Gálatas 3:6 a 4:31 está formado de argumentos progresivos, basados en la Escritura.

¿Qué quiere decir Pablo cuando escribe acerca de la “Escritura” en Gálatas 3:6 al 8? Considera Romanos 1:2; 4:3; y 9:17.

Gálatas 3:6-8

Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.  Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.  Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.

Romanos 1:2

que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras,

Romanos 4:3

Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.

Romanos 9:17

17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.

Es importante recordar que, cuando Pablo escribió su carta a los Gálatas, no había un “Nuevo Testamento”. Pablo fue el primer escritor del Nuevo Testamento. El Evangelio de Marcos probablemente sea el más antiguo de los cuatro evangelios, pero presumiblemente no fue escrito sino hasta cerca de la muerte de Pablo (65 d.C.); es decir, unos quince años después de la carta de Pablo a los Gálatas. Por lo tanto, cuando Pablo se refiere a las Escrituras, solamente está pensando en el Antiguo Testamento.

Las Escrituras del Antiguo Testamento juegan un papel importante en las enseñanzas de Pablo. Él no las ve como textos muertos sino como la Palabra viva y autorizada de Dios. En 2 Timoteo 3:16, Pablo escribe: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. La palabra traducida como “inspirada” es theopneustos. La primera parte de la palabra (theo) significa “Dios”, mientras la segunda parte significa “respirada”. La Escritura es “respirada por Dios”. Pablo usa la Escritura para demostrar que Jesús es el Mesías prometido (Rom. 1:2), para dar instrucciones sobre la vida cristiana (Rom. 13:8-10) y para probar la validez de sus enseñanzas (Gál. 3:8, 9).

Es difícil determinar exactamente cuántos centenares de veces cita Pablo del Antiguo Testamento, pero pueden encontrarse citas a lo largo de todas sus cartas, salvo las más cortas: Tito y Filemón.

Lee detenidamente Gálatas 3:6 al 14. Identifica los pasajes que Pablo cita del Antiguo Testamento en esos versículos. ¿Qué nos dice eso acerca de cuánta autoridad tenía el Antiguo Testamento para él?

Gálatas 3:6-14

Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.  Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.  Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.  De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.  10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.  11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;  12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.  13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero ,  14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

¿Te preguntas a veces si una parte de la Biblia es más “inspirada” que otras? Considerando la declaración de Pablo en 2 Timoteo 3:16, ¿cuál es el peligro de esa línea de pensamiento?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

De la misma manera, Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justiciaPor lo tanto, sepan que los que se basan en la fe son hijos de Abraham. Y la Escritura, habiendo previsto que por la fe Dios había de justificar a los gentiles, anunció de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
 
En este momento de la vida, no se había entregado la ley; faltaban muchos años para que llegara la sublime experiencia del Sinaí. Con esto no estamos diciendo que no había ley; bien sabemos que la ley y la justicia son el trono de Dios; bien sabemos que la ley es sempiterna, y rige todo el universo, así como el Legislador Jesucristo rige el universo eternamente.
 
En el texto de este día encontramos prácticamente a un pagano que es llamado a ser el padre de una gran nación. Abraham llega a ser el padre de la nación elegida por Dios, y esto no lo consigue por obediencia a la ley de Dios, sino que lo consigue a través de la fe. La Biblia dice: “Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.”
 
La fe fue la causa de que la bendición de Dios recayera sobre este hombre y sobre toda su descendencia. La bendición no solamente alcanzaría a los de su propio linaje, sino que también alcanzaría a todas las naciones de la tierra, es decir, que las bendiciones alcanzarían también a las naciones paganas.
 
Una de las cosas que nos hace estremecer, de acuerdo con las Escrituras, es que la fe nos trae bendición, mientras que la ley nos trae maldición.
 
La ley no permite que un hombre sea considerado justo, ya que la ley exige de la personas el ciento por ciento de obediencia y no puede haber descuento.
 
Guardar el ciento por ciento, a perfección, la ley de Dios, es algo imposible para el hombre. Partiendo de este punto, la ley se nos vuelve una enemiga, porque nos pone bajo la maldición de la muerte.
 
Por el otro lado, encontramos que Cristo pagó la exigencia de la ley, que era la muerte del transgresor. Cristo pagó esa deuda con su propia muerte, y ahora él nos regala la preciosa fe, fe que NO nos trae maldición como lo hace la ley, sino que nos trae la bendición del perdón y de la conciliación con Dios el Padre, a través de la preciosa sangre de Cristo.
 
Pablo está demostrando que uno de los más eminentes patriarcas, como lo fue Abraham, fue salvado por creer y no fue salvado por las obras de la ley.
Abraham creyó en Dios y fue justificado aun antes de que la ley fuera dada de una manera visible y oficial al planeta tierra.  Esto tiraba por el suelo la creencia de los judíos, de que para salvarse tenían que guardar la ley, para entonces ser justificados. Esa creencia pareciera que la hemos copiado algunos en nuestra iglesia; es posible que aún seguimos enseñando que para salvarse, es necesario guardar la ley.
 
La ley no nos salva, la ley nos condena. Lo que nos salva es la fe de Jesús, esa fe que tuvo al obedecer al Padre y que lo condujo hasta su muerte y muerte de cruz. Hasta aquí todas las religiones estamos bien, de aquí en adelante es donde se hace la gran división entre el mundo protestante y la iglesia Adventista del Séptimo Día. 
 
Partiendo de este punto, muchas denominaciones religiosas, conscientes de que la ley no salva sino que condena, pretenden eliminar la ley de Dios de sus vidas y, como resultado, se quedan sin timón y sin dirección en el cruel y turbulento mar del pecado. Intentan llevar una vida anómica, es decir, sin ley.
 
Nosotros los cristianos, con pleno fundamento bíblico, aunque sabemos que la ley no salva, sino que nos condena, no eliminamos la ley. La ley sigue siendo la regla de justicia y la norma de comportamiento de quienes hemos sido renovados por Cristo; ella nos revela cuál es nuestra verdadera situación espiritual ante el cielo.
 
Los primeros estudios que yo di en mi juventud, recuerdo que enfatizaba con todo el peso del rigor, que para salvarse era necesario guardar la ley de Dios, y así enseñábamos los que dábamos estudios bíblicos en esos días.
 
Mediante el estudio de la Palabra, guiados por el Espíritu, nos dimos cuenta de que en verdad no es así: para ser salvos, lo que necesitamos es fe, la fe de Jesús que lo llevó a morir en la cruz, y nuestra fe para creer y aceptar la historia de Jesús como verdadera.
 
El acto de guardar la ley de Dios, ya es un acto de amor, porque hemos sido salvados por Jesús, y no es un requisito de salvación como enseñábamos en el pasado.
 
¿Ha podido contemplar esos grandes árboles que han crecido en rocas, y prácticamente cuelgan sobre peligrosos precipicios, sobre ríos de aguas profundas, o sobre estrepitantes cataratas?  Esos árboles se mantienen firmes, mantienen su posición, se mantienen verdes, frondosos y fuertes. No importan las tempestades, no importa el viento, el frío o el calor, parecen baluartes puestos a perpetuidad. 
Así como esos árboles son algunos fieles del Señor: muchas veces son expuestos a horribles peligros, y a tempestuosas tormentas mientras se dirigen hacia la Patria Celestial. Mientras mantengan sus raíces aseguradas en la Roca de la Eternidad, se mantendrán completamente seguros. La Roca será su garantía, su sostén, su bendición y su gracia en la vida; eso solamente se consigue a través de la fe.
 
 
En las Sagradas Escrituras encontramos cinco cosas a las que se califica como preciosas:
1-La sangre de Cristo es preciosa
2-Cristo y su sacrificio, son llamados preciosos
3-Las promesas del evangelio son llamadas preciosas
4-La redención es llamada preciosa
5-La fe es llamada preciosa
 
La fe es llamada preciosa porque se relaciona y negocia solamente con cosas preciosas. La preciosa fe tiene que ver con las preciosas promesas del evangelio; la preciosa fe tiene que ver con la aceptación de la preciosa sangre de Cristo; la preciosa fe tiene que ver con la preciosa redención, y la preciosa fe tiene que ver con nuestro precioso Señor y Salvador, Jesucristo.  
 
La preciosa fe es:
-El símbolo de nuestra elección
-La evidencia de nuestro llamado
-Es la base de todas las demás gracias y dones que recibimos
-Es un canal de comunión entre el cielo y la tierra
-Es un arma espiritual necesaria para nuestra victoria
-Es un escudo de protección
-Es la sustancia de nuestra esperanza
-Es la evidencia de la eternidad
-Es el pasaporte para la vida eterna

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando se despierte un amor verdadero por la Biblia, y el estudiante empiece a ver cuán vasto es el campo y cuán precioso su tesoro, deseará echar mano de toda oportunidad que se le presente para familiarizarse con la Palabra de Dios. Su estudio no se limitará a un tiempo y un lugar determinados. Y este estudio continuo es uno de los mejores medios de cultivar el amor hacia las Escrituras. El estudiante debería tener siempre consigo la Biblia. Si tenéis una oportunidad, leed un texto y meditad en él. Mientras andáis por la calle, esperáis en la estación del ferrocarril, o en el lugar de una cita, aprovechad la oportunidad de adquirir algún pensamiento del tesoro de la verdad…

La hermosura exterior de las Escrituras, la belleza de las imágenes y la expresión, no es sino el engarce, por así decirlo, de su verdadera joya: La belleza de la santidad. En la historia que ofrece de los hombres que anduvieron con Dios, podemos ver fulgores de su gloria. En el que es “del todo amable” contemplamos a Aquel de quien toda la belleza del cielo y de la tierra no es más que un pálido reflejo… A medida que el estudiante de la Biblia contempla al Redentor, se despierta en el alma el misterioso poder de la fe, la adoración y el amor. La mirada se fija en la visión de Cristo y el que observa se asemeja cada vez más a lo que adora (La educación, pp. 191, 192).

No hay ningún desacuerdo entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. En el Antiguo Testamento encontramos el evangelio de un Salvador venidero; en el Nuevo Testamento tenemos el evangelio de un Salvador revelado como fue dicho por la profecía. Mientras que el Antiguo Testamento constantemente señala hacia la ofrenda verdadera, el Nuevo Testamento demuestra que ha llegado el Salvador prefigurado por las ofrendas típicas. La tenue gloria de la edad judía ha sido sucedida por la gloria más brillante, más clara de la edad cristiana (The Faith I Live By, p. 12).

No podemos permitir que nuestro tiempo se mantenga ocupado de tal manera con cosas de naturaleza temporal —ni siquiera con asuntos que tienen que ver con la causa de Dios—, que pase un día tras otro sin que nos acerquemos al costado sangrante de Jesús. Necesitamos sostener una comunión diaria con él. Se nos exhorta a que peleemos la buena batalla de la fe. Para mantener una vida de fe ardiente se necesita pelear una batalla viva; si nos entregamos totalmente a Cristo, con la determinación inquebrantable de aferramos únicamente a él, seremos capaces de rechazar al enemigo y de ganar una victoria gloriosa. El apóstol Pablo nos exhorta: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón”. Luego agrega: “Mas el justo vivirá por fe”…

Oremos mucho más cuanto menos sintamos la inclinación de tener comunión con Jesús. Si así lo hacemos quebraremos las trampas de Satanás, desaparecerán las nubes de oscuridad, y gozaremos de la dulce presencia de Jesús (Exaltad a Jesús, p. 366).

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Lección 5 // Martes 25 de julio_______________________________________________________

CONTADO POR JUSTICIA

¿Por qué piensas que Pablo apela primeramente a Abraham al recurrir a las Escrituras para validar su mensaje evangélico? (Gál. 3:6).

Gálatas 3:6

Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

Abraham era un personaje central en el judaísmo. No solamente era el padre de la raza judía, sino también los judíos en tiempos de Pablo lo veían como el prototipo de cómo debería ser un verdadero judío. Muchos no solamente creían que su característica distintiva era la obediencia, sino también que Dios había declarado justo a Abraham por causa de esa obediencia. Al fin y al cabo, Abraham había abandonado su patria y su familia, aceptó la circuncisión, y hasta estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo por mandato de Dios. ¡Eso es obediencia! Al insistir con la circuncisión, los oponentes de Pablo evidentemente argumentaban en esta misma dirección.

Sin embargo, Pablo les vuelve su propio argumento en contra al apelar a Abraham (nueve veces en Gálatas) como un ejemplo de fe más que de obediencia a la Ley.

Considera la cita de Pablo de Génesis 15:6. ¿Qué significa cuando dice que la fe de Abraham le fue “contada por justicia”? (Ver también Rom. 4:3-6, 8-11, 22-24.)

Génesis 15:6

Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Romanos 4:3-6

Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.  Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;  mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.  Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,

Romanos 8:11

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Romanos 8:22-24

22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;  23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.  24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

Mientras la “justificación” era una metáfora tomada del mundo legal, la palabra contado o considerado es una metáfora extraída del área de los negocios. Puede significar “acreditar”, o “colocar algo a cuenta de uno”. No solamente se usa en Gálatas 3:6 en relación con Abraham, sino tambíen aparece once veces más en conexión con el mismo patriarca. Algunas versiones de la Biblia traducen esta palabra como contado, considerado, o imputado.

Según la metáfora de Pablo, lo que se coloca en nuestra cuenta es la justicia. Sin embargo, la pregunta es: ¿sobre qué base Dios nos cuenta como justos? Ciertamente, no puede ser sobre la base de la obediencia, a pesar de lo que afirmaban los oponentes de Pablo. No importa qué dijeran sobre la obediencia de Abraham, las Escrituras dicen que fue por causa de la fe de Abraham que Dios lo contó como justo.

La Biblia es clara: la obediencia de Abraham no era la base de su justificación; de hecho, era el resultado. Él no hizo las cosas que hizo para ser justificado; las hizo porque ya había sido justificado. La justificación lleva a la obediencia, y no viceversa.

Medita en lo que significa esto: que eres justificado no por algo que haces sino solamente por lo que Cristo ha hecho por ti. ¿Por qué estas son nuevas tan buenas? ¿De qué manera puedes aprender a hacer tuya esa verdad; es decir, a creer que se aplica a ti, personalmente, más allá de tus luchas, tu pasado, e incluso tu presente?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

(Martes y Miércoles)

Entonces el Señor llevó a Abram afuera, y le dijo: —Mira bien el cielo, y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas. Pues bien, así será el número de tus descendientes. Abram creyó al Señor, y por eso el Señor lo aceptó como justo (Génesis 15)
 
 
El llamado de Dios a Abraham fue para levantar la verdadera religión en su vida y en el mundo. 
Abraham fue llamado a salir de un medio pagano y de religiones extrañas. Abraham no salió de su tierra por pobreza, tampoco salió de su tierra por persecución, ni por amor a la aventura o a la vida migratoria, viajera; ese era un elemento peculiar de los habitantes del Medio Oriente.
Abraham salió de su tierra por obediencia a la Palabra de Dios:Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” Abraham salió de su tierra por la inspiración divina. Dios se le presentó como un Dios viviente y verdadero. Ahora el Dios de Sem es también el Dios de Abraham; un nuevo patriarca ha sido elegido por Dios, un patriarca que cambiará la historia en la vida de este mundo.
 
Cuando Dios nos llama a su religión, no es para que seamos mejores que los demás. Dios nos llama a la religión para que seamos mejores de lo que somos; la religión es relativa al individuo. Es decir, la verdadera religión actúa en la persona como individuo; la religión nunca actúa en las personas como grupo.
 
La paciencia de Dios con el hombre pecador es uno de los atributos más hermosos de Dios. Cuando Dios requiere que se haga un trabajo importante, Dios siempre tiene listo a un hombre que va a realizar ese trabajo especial.
 
En la experiencia de Abraham encontramos varias verdades fundamentales del cristianismo:
 
La primera verdad es que cuando Dios nos llama, el hombre no tiene otra que hacer sino obedecer; la obediencia es uno de los exámenes más altos que tiene el tema de la santidad.
 
La segunda verdad que encontramos es que la obediencia se fundamenta sobre la fe: sin fe es imposible obedecer.
 
La tercera verdad que encontramos es que el máximo atributo que el hombre puede tener es una voluntad santificada; esta voluntad santificada nos la enseñó Jesucristo en el monte de los Olivos, allí precisamente en el jardín del Getsemaní.
 
La cuarta verdad es que todos los cristianos somos llamados a salir  y a separarnos del mundo; esto muchas veces involucra dolor,  sacrificios, abandonar hábitos viejos, abandonar apetitos viejos, abandonar viejos amigos, abandonar viejas asociaciones, abandonar maneras de pensar y de accionar, todo esto es muy severo para el cristiano que está comenzando una nueva vida en Cristo Jesús.
 
La quinta verdad que encontramos es que la única grandeza en este mundo es Dios; ningún rey, ni noble, ni héroe puede tener más elevado título que el que Dios nos otorga cuando él nos llama sus amigos. No hay título más noble en el universo que ser llamado “amigo de Dios”.
 
En la vida de Abraham no podemos contemplar una poderosa acción como las que hizo Elías, Eliseo o Samuel; no podemos encontrar en Abraham a un predicador o evangelista notable como lo fue Noé, Pedro o Pablo; el hijo de Taré nunca escribió una porción de la Biblia como lo hizo Moisés, David, Salomón o como lo hicieron muchos otros.
 
¿En qué consistía la grandeza de Abraham? La grandeza de Abraham consistía en la obediencia: usted posiblemente está pensando que la grandeza de Abraham era la fe y hasta cierto punto tiene razón. El problema es que nosotros los Adventistas del Séptimo Día somos más de 20 millones de feligreses en el mundo y, a pesar de que tenemos una firme fe en la segunda venida de Cristo, pocos de este gigantesco grupo vamos a ser salvos, porque pocos somos los que obedecemos como Dios lo espera. Creer solamente no sirve de mucho: hasta Satanás y sus demonios hacen eso. Es más, ellos creen y tiemblan, pero su destino es el mismo. La diferencia la hace el que obedece lo que ha creído y aprendido.
 
Por su fe y obediencia, Abraham es premiado con el surgimiento del pueblo de Israel; de su linaje salen personas ilustres: reyes, profetas y sacerdotes. De su linaje sale el rey David, y de su linaje sale el Mesías, el Salvador del mundo.
 
Por su fe y obediencia, el patriarca Abraham ha sido usado como el modelo clásico de un verdadero seguidor de Dios. En los púlpitos alrededor del mundo, su nombre se escucha muy a menudo; su vida de fe y obediencia fue un ejemplo y testimonio para la humanidad entera.  Desde sus días hasta la actualidad, su testimonio ha tocado el alma de millones y millones de fieles por todas las edades. Abraham fue uno de los mejores misioneros que ha existido en nuestro planeta tierra.
 
 
Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Génesis 12
 
Esto nos enseña una gran verdad, que para ser misioneros necesitamos dos ingredientes indispensables: Fe y Obediencia. Es imposible predicar a otros y convertir a otros, si nuestras vidas carecen de fe y obediencia.
 
Dios llamó a Abraham por no menos de tres razones: una de ellas era para que Abraham tuviera una comunión más íntima con Dios y consigo mismo; otra razón era para que rompiera totalmente con su pasado; y también era un llamado a la soledad.
 
Hay una razón extremadamente importante por la cual muchos de nosotros, que somos personas buenas y honorables, nunca llegamos a ser personas de renombre y de marcada importancia en esta vida: es porque nos rehusamos a ser únicos o singulares. 
 
Cuando se nos llama, no queremos dejar nuestro pasado, no queremos dejar nuestra manera tradicional de pensar y nuestros viejos sentimientos y, lo peor de todo es que no queremos dejar nuestros viejos pecados secretos y nuestra idolatría.
 
Todas las veces que escuchamos la inconfundible voz de Dios hablando a nuestras vidas, cerramos nuestros ojos, volteamos nuestro rostro, y  decimos en nuestro corazón “no iré” ¿Hasta cuándo durará este comportamiento? Hasta que escuchemos otra voz solemne y tenebrosa hablándonos; cuando la muerte se nos acerca, entonces decimos “iré”. Casi siempre eso ocurre cuando es demasiado tarde. Por miedo nadie se salva, somos salvados por el amor de Dios hacia nosotros y por amor a Dios.
 
Toda la vida de Abraham fue un entrenamiento especial para un fin especial. Los instrumentos de Dios son instrumentos escogidos. Abraham fue capaz de cumplir la voluntad y los propósitos de Dios en su vida; se le llamó “el padre de generaciones”. Su carácter llegó a ser profundo y recto y fue transmitido a sus hijos y a los hijos de sus hijos por muchas generaciones. Su simiente fue una simiente especial, de la cual salió El Deseado de todas las gentes.  A pesar de que caminó como un peregrino y extranjero en esta tierra, lo más importante es que caminó con Dios, “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”
 
Cierto muchacho llegó a Londres, y entró en la oficina de un gran banquero, el barón Rothschild. El joven le presentó una carta de recomendación, para ver si lograba conseguir empleo en su banco. El barón Rothschild lo recibió muy amablemente y cuando leyó la carta, muy apesadumbrado informó al muchacho que en ese preciso momento él no tenía ninguna plaza vacante. Cuando el muchacho estaba dispuesto a marcharse, el barón tomó consigo su abrigo y su sombrero y acompañó al muchacho por las calles de Londres.  Mientras caminaban lentamente por las calles de Londres, el barón Rothschild con mucha paciencia se detenía y mostraba al muchacho varios lugares de la ciudad que eran de mucho interés para el público en general. Cuando llegaron al frente de un otro gran banco de la ciudad, el barón se despidió del joven con mucha cortesía y amabilidad, y entró al banco a hacer ciertos negocios.  Después de unas horas, el joven entró al mismo banco donde el barón se había despedido de él, y solicitó trabajo en ese banco. En el banco le preguntaron: ¿No eras tú el joven que estaba caminando con el barón Rothschild esta mañana? -Sí- respondió él.  -¡Bueno! Necesitamos un muchacho para que trabaje en nuestro banco, y ya que te vimos caminando y conversando con el barón Rothschild, creemos que esa es suficiente recomendación para nosotros- dijeron los del banco.
Aun los hombres del mundo, cuando necesitan un trabajador, un ayudante, un consejero o un socio, toman muy en cuenta con quiénes camina su prospecto…
 
Caminar con Dios es la mejor recomendación que podemos conseguir en esta vida.
 
 
“Y ACONTECIÓ después de estas cosas, que tentó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” (Reina Valera 1909)
Dios no tienta a nadie de acuerdo con Santiago 1: 13 “Cuando uno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado con el mal, ni Él tienta a nadie;”  pero en el caso de Abraham, la Biblia dice que Dios tentó a Abraham:
El espíritu de profecía aclara este texto y dice que cuando la Biblia dice que Dios tienta a alguien es solamente una expresión. Pero en verdad Dios no tienta a nadie. Para probar la fe de las personas, Dios da el permiso para que el especialista en tentar se encargue de hacerlo. Una vez que Dios ha dado el permiso para que el diablo tiente, entonces entra en acción la expresión “Dios tentó a Abraham” o “Dios tentó a los hijos de Israel”
“Se ha permitido que vengan pruebas sobre el pueblo de Dios. Se emplean expresiones como: “Dios tentó a Abraham”, “Dios tentó a los hijos de Israel”Esto significa que el Señor permitió que Satanás los tentara a fin de que se evidencie la fe de ellos para gloria y honor cuando el tribunal se siente y cada persona sea juzgada de acuerdo con sus obras. Dios conoce cada corazón, cada motivo, cada inclinación del corazón, pero permite que Satanás tiente y pruebe a los creyentes para que ellos revelen su confianza en Dios… ” {CT 188.3 El Cristo Triunfante}
 
¿Por qué en verdad Dios permitió a Abraham una prueba tan severa? 
La primera razón era por que Abraham tenía dos cuentas pendientes, la segunda razón era por que el diablo entabló un juicio en contra de Abraham de la misma manera que lo hizo en contra de Job, y la tercera razón era para presentar  a los angeles una pequeña idea en lo que en verdad consistía el plan de redención para el mundo.
 
1-La primera razón de la prueba severa que Dios impuso a Abraham, era porque Abraham tenía dos cuentas pendientes que saldar. 
 
La primera ocasión fue cuando Abraham ocultó que Sara era su esposa y encima de eso dijo una mentira al añadir que Sara era su hermana. Aunque Sara era su media hermana, esa no era realmente la verdad en su 100 %, por lo tanto se constituyó en una mentira.
 
La segunda ocasión de su desobediencia o falta de fe, fue cuando tomó a Agar como esposa para “ayudar a Dios” con la promesa del nacimiento de un heredero.

 

La Biblia deja muchas historia inconclusas, entre ellas podemos encontrar a un Jonás, donde el libro termina solamente explicando el enojo de él en contra Dios por haber salvado a una ciudad entera.

Encontramos el libro de Ester que termina con un elogio que el rey hace a Mardoqueo, pero no sabemos el fin de la reina Ester.

Tenemos a un Esdras, donde el libro termina expulsando de Israel a las mujeres extranjeras que se habían casado con los sacerdotes del templo.

Tenemos a un Jeremías que termina en Egipto, (Jeremías 43) , pero no sabemos cual es el final de él.

Interesantemente, los libros nacional de historia egipcia nos dan luz en cuanto a ciertos personajes de la Biblia, por ejemplo esos libros nos relatan lo que pasó con el profeta Jeremías:

Según la historia Egipcia, Jeremías murió apedreado por los Judíos en Egipto, y la causa de su muerte fue por oponerse a la idolatría de Israel. Los egipcios le dieron un entierro de honor a Jeremías y lo sepultaron al lado de la tumba del faraón.

Según la historia egipcia, a Jeremías, los egipcios lo amaban mucho, ya que él había orado para salvar a los hombres egipcios de las bestias del río Nilo (cocodrilos). También cuenta la historia, que Jeremías le enseñó a los egipcios que el Mesías nacería en un pesebre, y nacería de una virgen. Desde ese tiempo hasta el nacimiento de Jesús, los Egipcios adoraban figuras y pinturas de una virgen y un niño en un pesebre.

Cuando Alejandro invadió Egipto, él buscó la tumba de Jeremías y se llevó los restos de Jeremías para Alejandría. Todo esto se encuentra en los libros nacionales de historia egipcia.

También los libros nacionales de historia egipcia nos relatan quien fue la esclava Agar. La esclava Agar no era una esclava cualquiera, en si, ella no era una esclava, fue su padre quien la entregó como una esclava a Sara. Agar era una princesa, era hija del faraón de Egipto.

Cuando Abraham engaño al faraón diciéndole que Sara era su hermana, faraón tomó a Sara y la puso en uno de sus arenes.

Después que faraón supo la verdad de Sara, tomó a Agar, una de sus hijas y la entregó en esclavitud a Sara, para recompensar el terrible insulto que había cometido en contra de Sara. Es de esta manera es que Agar se convierte en una esclava. Todo esta información está disponible en los libros de historia nacional egipcia.

Hay que recordar que Abraham no era un “Don Cualquiera” Abraham fácilmente le podríamos llamar Emperador, señal de eso, es que luchó y venció a varios reyes al mismo tiempo, para liberar a su sobrino Lot.

Agar podríamos decir, era un regalo de compensación de parte de un rey para una emperatriz: -una princesa para una emperatriz-.

Al final Agar queda libre con su hijo Ismael, hijo del cual nacen doce príncipes beduinos, según la tradición islámica, ellos creen que los pueblos árabes actuales vienen del linaje de Ismael.

“Tanto Abraham como Sara desconfiaron del poder de Dios, y este error fue la causa del matrimonio con Agar. Dios había llamado a Abraham para que fuera el padre de los fieles, y su vida había de servir como ejemplo de fe para las generaciones futuras. Pero su fe no había sido perfecta. Había manifestado desconfianza en Dios al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, y también al casarse con Agar.” {PP 127.3 -Patriarcas y profetas}
2-La segunda razón por la cual Dios impuso una prueba tan severa a Abraham fue por que  en el cielo se presentó un reclamo de Satanás. 
De la misma manera que el diablo reclamó en contra de las bendiciones que Job recibía, el diablo también se presentó en las cortes del cielo, e hizo un reclamo legal en contra de las bendiciones que Abraham recibía injustamente, de acuerdo con su criterio criticón. 
La diferencia grande es que en el caso de Job, no había ninguna razón en su contra, pero en el caso de Abraham sí había razones para presentar el reclamo, ya que, en dos ocasiones Abraham había fallado en su fe y obediencia a la orden de Dios.
“Por haber demostrado Abraham falta de fe en las promesas de Dios, Satanás lo había acusado ante los ángeles y ante Dios de no ser digno de sus bendiciones. Dios deseaba probar la lealtad de su siervo ante todo el cielo, para demostrar que no se puede aceptar algo inferior a la obediencia perfecta y para revelar más plenamente el plan de la salvación.” {PP 133.1- Patriarcas y profetas}
 
3-La tercera razón por la cual Dios impuso una prueba tan severa a Abraham,  era para enseñar a los ángeles y a los mundos no caídos, las primeras lecciones de lo que Dios y su Hijo pronto experimentarían en la cruz del Calvario, para la redención del mundo.
 
“El sacrificio exigido a Abraham no fue solamente para su propio bien ni tampoco exclusivamente para el beneficio de las futuras generaciones; sino también para instruir a los seres sin pecado del cielo y de otros mundos. El campo de batalla entre Cristo y Satanás, el terreno en el cual se desarrolla el plan de la redención, es el libro de texto del universo.” {PP133.1 – Patriarcas y profetas}
 
“Había sido difícil aun para los ángeles comprender el misterio de la redención, entender que el Soberano del cielo, el Hijo de Dios, debía morir por el hombre culpable. Cuando a Abraham se le mandó a ofrecer a su hijo en sacrificio, se despertó el interés de todos los seres celestiales. Con intenso fervor, observaron cada paso dado en cumplimiento de ese mandato. Cuando a la pregunta de Isaac: “¿Dónde está el cordero para el holocausto?” Abraham contestó: “Dios proveerá cordero”; y cuando fue detenida la mano del padre en el momento mismo en que estaba por sacrificar a su hijo y el carnero que Dios había provisto fue ofrecido en lugar de Isaac, entonces se derramó luz sobre el misterio de la redención, y aun los ángeles comprendieron más claramente las medidas admirables que había tomado Dios para salvar al hombre.” Véase 1 Pedro 1:12. {PP 133.3}
 
La prueba de Abraham ha sido una de las pruebas más duras que un  hombre haya recibido en la tierra; inclusive fue más severa que la que se le impuso a Adán.
“Para que pudiera alcanzar la norma más alta, Dios lo sometió a otra prueba, la mayor que se haya impuesto a hombre alguno. En una visión nocturna se le ordenó ir a la tierra de Moria para ofrecer allí a su hijo en holocausto en un monte que se le indicaría.” {PP 127.4 – Patriarcas y Profetas}
“Los seres celestiales fueron testigos de la escena en que se probaron la fe de Abraham y la sumisión de Isaac. La prueba fue mucho más severa que la impuesta a Adán. La obediencia a la prohibición hecha a nuestros primeros padres no entrañaba ningún sufrimiento; pero la orden dada a Abraham exigía el más atroz sacrificio. Todo el cielo presenció, absorto y maravillado, la intachable obediencia de Abraham. Todo el cielo aplaudió su fidelidad. Se demostró que las acusaciones de Satanás eran falsas. Dios declaró a su siervo: “Ya sé que temes a Dios [a pesar de las denuncias de Satanás], por cuanto no me has rehusado a tu hijo, tu único”. El pacto de Dios, confirmado a Abraham mediante un juramento ante los seres de los otros mundos, atestiguó que la obediencia será premiada.”  {PP 133.2 – Patriarcas y profetas}

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El jactarnos de nuestros méritos está fuera de lugar. “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová” (Jeremías 9:23, 24).

El premio no se otorga por las obras, a fin de que nadie se alabe; mas es todo por gracia. “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne? Que si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse; mas no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue atribuido a justicia. Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda. Mas al que no obra, pero cree en aquel que justifica al impío, la fe le es contada por justicia” (Romanos 4:1-5). Por lo tanto, no hay motivo para que uno se gloríe sobre otro o manifieste envidia hacia otro. Nadie obtiene un privilegio superior a otro, ni puede alguien reclamar la recompensa como un derecho (Palabras de vida del gran Maestro, p. 331).

Muchos se confunden en cuanto a lo que constituye los primeros pasos en la obra de la salvación. Se piensa que el arrepentimiento es una obra que debe hacer por sí mismo el pecador a fin de que pueda ir a Cristo. Se piensa que el pecador por sí mismo debe procurar capacitarse para obtener la bendición de la gracia de Dios. Pero si bien es cierto que el arrepentimiento debe preceder al perdón, pues solo es aceptable ante Dios el quebrantado y contrito de corazón, sin embargo el pecador no puede producir por sí mismo el arrepentimiento ni puede prepararse para ir a Cristo. A menos que se arrepienta el pecador, no puede ser perdonado. Pero la cuestión a decidir es si el arrepentimiento es obra del pecador o es una dádiva de Cristo. ¿Debe esperar el pecador hasta que esté lleno de remordimiento por su pecado antes de que pueda ir a Cristo? El primer paso hacia Cristo se da gracias a la atracción del Espíritu de Dios. Cuando el hombre responde a esa atracción, avanza hacia Cristo a fin de arrepentirse…

Nadie puede arrepentirse por sí mismo y hacerse digno de la bendición de la justificación. Continuamente el Señor Jesús procura impresionar la mente del pecador y atraerlo para que contemple al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. No podemos dar un paso hacia la vida espiritual a menos que Jesús atraiga y fortalezca el alma, y nos guíe para experimentar el arrepentimiento del cual nadie necesita arrepentirse…

El arrepentimiento es tanto un don de Dios como lo son el perdón y la justificación, y no se lo puede experimentar a menos que sea dado al alma por Cristo. Si somos atraídos a Cristo, es mediante su poder y virtud. La gracia de la contrición viene mediante él y de él procede la justificación (Mensajes selectos, t. 1, pp. 457, 458).

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Miércoles 26 de julio // Lección 5____________________________________________________

EL EVANGELIO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

“Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gál. 3:8). Pablo escribe que no solo a Abraham se le predicó el evangelio, sino también fue Dios quien lo predicó; por lo tanto, debió haber sido el evangelio verdadero. Pero ¿cuándo le predicó Dios el evangelio a Abraham? La cita de Pablo de Génesis 12:3 indica que tiene en mente el pacto que Dios hizo con Abraham cuando lo llamó en Génesis 12:1 al 3.

Lee Génesis 12:1 al 3. ¿Qué nos dice esto acerca de la naturaleza del pacto que Dios hizo con Abraham?

Génesis 12:1-3

1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

La base del pacto de Dios con Abraham se centraba en las promesas que Dios le hizo. Las promesas de Dios a Abraham son increíbles porque son completamente unilaterales. Dios hace todas las promesas; Abraham no promete nada. Esto es lo contrario del modo en que la mayoría intenta relacionarse con Dios. Por lo general, prometemos servirlo, solamente si él hace algo por nosotros como condición. Pero eso es legalismo. Dios no le pidió a Abraham que le prometiera nada, sino que aceptara las promesas de Dios por la fe. Por supuesto, esa no era una tarea fácil, porque Abraham tuvo que aprender a confiar completamente en Dios y no en sí mismo (ver Gén. 22). Por lo tanto, el llamado a Abraham ilustra la esencia del evangelio, que es la salvación por la fe.

Algunos concluyen erróneamente que la Biblia enseña dos formas de salvación. Afirman que en tiempos del Antiguo Testamento la salvación se basaba en guardar los mandamientos; luego, como eso no funcionó muy bien, Dios abolió la Ley e hizo posible la salvación por la fe. Esto no podría estar más alejado de la verdad. Como escribió Pablo en Gálatas 1:7, hay un solo evangelio.

¿Qué otros ejemplos puedes encontrar en el Antiguo Testamento sobre la salvación solo por la fe? Ver, por ejemplo, Levítico 17:11; Salmo 32:1 al 5; 2 Samuel 12:1 al 13; y Zacarías 3:1 al 4.

Levítico 17:11

11 Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.

Salmo 32:1-5

1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. SelahMi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah

2 Samuel 12:1-13

1 Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.  El rico tenía numerosas ovejas y vacas;  pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija.  Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él.  Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte.  Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.  Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl,  y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.  ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón.  10 Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer.  11 Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol.  12 Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol.  13 Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.

Zacarías 3:1-4

1 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.  Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?  Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.  Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala.

A menudo escuchamos la frase: “gracia barata”. Sin embargo, es un calificativo poco apropiado. La gracia no es barata; es gratis (por lo menos para nosotros). Pero la arruinamos cuando pensamos que podemos añadirle nuestras obras o cuando pensamos que podemos utilizarla como una excusa para pecar. En tu propia experiencia, ¿hacia cuál de estas posturas te sientes más propenso a inclinarte, y cómo puedes evitarlo?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

La explicación del día miércoles se encuentra junto con el día martes.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El apóstol Santiago vio los peligros que surgirían al presentar el tema de la justificación por la fe, y se esforzó por mostrar que la fe genuina no puede existir sin las obras correspondientes. Presenta la experiencia de Abraham. “¿No ves —dice— que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?” Esta fe genuina realiza una obra genuina en los creyentes. La fe y la obediencia producen una experiencia sólida y valiosa.

Hay una creencia que no es fe salvadora. La Palabra declara que los demonios creen y tiemblan. La así llamada fe que no obra por amor ni purifica el alma no justificará al hombre… Abraham creyó a Dios. ¿Cómo sabemos que creyó? Sus obras testificaron del carácter de su fe, y su fe le fue contada por justicia. Necesitamos hoy la fe de Abraham para iluminar las tinieblas que nos rodean, que impiden que nos lleguen los dulces rayos del amor de Dios y que detienen nuestro crecimiento espiritual. Nuestra fe debiera ser fecunda en buenas obras, pues la fe sin obras es muerta. Cada tarea que realizamos, cada sacrificio que hacemos en nombre de Jesús, produce una recompensa enorme. En el mismo acto del deber Dios habla y nos da su bendición (Reflejemos a Jesús, p. 71).

El Señor se manifestó a Abraham, y le dijo: “Yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1). Este es el galardón de todos los que siguen a Cristo. Verse en armonía con Jehová Emmanuel, “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” y en quien “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”, (Colosenses 2:3, 9), conocerlo, poseerlo, mientras el corazón se abre más y más para recibir sus atributos, saber lo que es su amor y su poder, poseer las riquezas inescrutables de Cristo, comprender mejor “cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura”, y “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”, “ésta es la herencia de los siervos del Señor, ésta es la justicia que deben esperar de mí, dice el Señor” (Isaías 54:17) (El discurso maestro de Jesucristo, p. 32).

Dios quiso que la historia de la caída de David sirviera como una advertencia de que aún aquellos a quienes él ha bendecido y favorecido grandemente no han de sentirse seguros ni tampoco descuidar el velar y orar. Así ha resultado para los que con humildad han procurado aprender lo que Dios quiso enseñar con esa lección. De generación en generación, miles han sido así inducidos a darse cuenta de su propio peligro frente al poder tentador del enemigo común. La caída de David, hombre que fue grandemente honrado por el Señor, despertó en ellos la desconfianza de sí mismos. Comprendieron que solo Dios podía guardarlos por su poder mediante la fe. Sabiendo que en él estaba la fortaleza y la seguridad, temieron dar el primer paso en tierra de Satanás (Patriarcas y profetas, p. 783).

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Lección 5 // Jueves 27 de julio________________________________________________________

REDIMIDOS DE LA MALDICIÓN

Los oponentes de Pablo sin duda quedaron estupefactos por sus palabras de Gálatas 3:10. Ciertamente, no consideraban que se encontraban bajo una maldición; de hecho, esperaban ser bendecidos por su obediencia. Sin embargo, Pablo no deja lugar a dudas: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”.

Pablo está contrastando dos alternativas completamente diferentes: salvación por la fe y salvación por obras. Las bendiciones y las maldiciones del Pacto, presentadas en Deuteronomio 27 y 28, eran sencillas. Aquellos que obedecían eran benditos, aquellos que desobedecían eran malditos. Eso significa que, si una persona desea depender de la obediencia a la Ley para ser acepto ante Dios, entonces debe guardar toda la Ley. No tenemos la libertad de seleccionar y elegir lo que deseamos obedecer; tampoco deberíamos suponer que Dios está dispuesto a pasar por alto algunos errores de tanto en tanto. Es todo o nada.

Por supuesto, estas no son buenas nuevas, no solo para los gentiles sino también para los oponentes legalistas de Pablo, porque “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23). No importa cuánto intentemos ser buenos, la Ley solamente puede condenarnos como sus transgresores.

¿De qué manera Cristo nos libró de la maldición de la Ley? Ver Gálatas 3:13; 2 Corintios 5:21.

Gálatas 3:13

13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero ,

2 Corintios 5:21

21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Pablo introduce otra metáfora para explicar lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. La palabra redimir significa “comprar nuevamente”. Se usaba para referirse al pago del rescate para liberar rehenes o el precio pagado para liberar a un esclavo. Debido a que la paga del pecado es la muerte, la maldición por no guardar la ley a menudo era una sentencia de muerte. El rescate pagado por nuestra salvación no fue insignificante; a Dios le costó la vida de su propio Hijo (Juan 3:16). Jesús nos rescató de la maldición al cargar con nuestros pecados (1 Cor. 6:20; 7:23). Tomó voluntariamente nuestra maldición sobre sí mismo y sufrió en nuestro favor la penalidad completa del pecado (2 Cor. 5:21).

Pablo cita Deuteronomio 21:23 como prueba bíblica. Según la costumbre judía, una persona se hallaba bajo la maldición de Dios si, luego de ser ejecutada, el cuerpo era colgado de un árbol. La muerte de Jesús en la Cruz se consideraba un ejemplo de esta maldición (Hech. 5:30; 1 Ped. 2:24).

No es de extrañar, entonces, que la Cruz haya sido una piedra de tropiezo para algunos judíos que no podían concebir la idea de que el Mesías fuera maldito ante Dios. Pero este era exactamente el plan de Dios. Sí, el Mesías cargó con una maldición, pero no era su propia maldición, ¡era la nuestra!

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

19 Porque mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. 20 Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2)
En estos versículos posiblemente encontramos el rompecabezas bíblico más complicado de todas las Sagradas Escrituras.
En el versículo 19, Pablo dice que él ha muerto a la ley. ¿Es su intención decirnos que la ley ya no tiene más autoridad sobre él? ¡De ninguna manera! La santa ley de Dios es ley en todo el imperio universal. Es ley en los cielos, en la tierra y en todos los territorios habitados que existan; el creyente continuará bajo el dominio de la ley mientras esté con vida.
Para escaparse de la ley de Dios, primeramente tenemos que escaparnos de nuestras propias vidas; es decir, la única manera en que quedamos fuera del alcance de la ley es cuando morimos. Un hombre en su tumba queda libre de las obligaciones que tenía en su vida: un esclavo queda libre de su amo, la esposa queda libre de su esposo y viceversa. De igual manera, el creyente queda libre de la ley.
La ley de Dios es para nosotros algo más que una declaración de la voluntad de Dios; es un conjunto de órdenes cargadas de promesas y amenazas. En la ley encontramos el verdadero carácter del pacto entre Dios y su pueblo, a través de los tiempos.
Pablo estaba muerto a cualquier esperanza que él tuviera en la ley, estaba muerto a la idea de ser salvado por la ley, estaba muerto a las acusaciones que la ley hacia contra él, estaba muerto al peso de condena que la ley tenía para él.
Imaginemos a un hombre que está ansioso por viajar de un país a otro. El país adonde quiere llegar, es un país de paz, de prosperidad, de seguridad y de felicidad. Pero hay un obstáculo para llegar a ese país: el obstáculo es una montaña. A lo lejos, la montaña no parece difícil de cruzar, pero cuando el hombre está comenzando a escalar la montaña, se da cuenta de que el camino está interrumpido por un profundo precipicio. El hombre desciende de la montaña y trata de ascender por otro lado de la montaña. Al otro lado de la montaña el hombre encuentra una pared rocosa alta y completamente vertical que es simple y sencillamente imposible de escalar. Decide descender nuevamente la montaña y trata por un tercer lado; en ese lado hay un caudaloso y ancho río, que aunque intente, él sabe que sus fuerzas no serán suficientes para cruzar.
Allí tenemos a nuestro viajante: decepcionado, cansado, frustrado, acongojado, y entrampado al pie de una montaña que le ofrece todo tipo de obstáculo para cruzar. Parecía fácil, parecía cosa sencilla subirla; pero la realidad es otra, es imposible cruzar la montaña. La montaña descorazona a cualquier ser humano, aun sabiendo que al otro lado de la montaña, está el país anhelado y soñado por los hombres.
Eso es exactamente lo que nos pasa con la ley de Dios: mientras más lucha usted, más trata, y más se esfuerza, usted más se convence de que la ley es imposible de guardar. Entonces ¿eliminamos la ley de nuestras vidas? ¡Jamás! Esa no es la solución a nuestro problema; eliminar la ley de nuestras vidas empeoraría las cosas, empeoraría nuestro verdadero problema, que es la presencia del pecado.
La verdadera solución de nuestro problema de pecado se llama Cristo Jesús. Ya que la ley lo único que hace es condenarme, entonces necesitamos a un Salvador, y ese Salvador se llama Jesucristo.
La ley me condena y exige mi muerte. Cristo, sin ser pecador, tomó mi condena y murió en mi lugar. Gracias a ese acto amoroso de Cristo, ahora podemos exclamar de júbilo con el apóstol Pablo: “he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios.  (Gálatas 2)
 
20 “Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Peculiar lenguaje el que utiliza el apóstol Pablo; parece que una cláusula contradice a la otra, parece un rompecabezas difícil de solucionar. Pero no es así, es simplemente la expresión de un lenguaje angustiado que no encuentra la manera de explicar los misterios de la fe, necesaria fe para aceptar la indescriptible unión que Cristo hace con su amada iglesia.
Pablo comienza diciendo que estaba muerto: antes de llegar a ser un creyente, él estaba muerto. En su condición natural de pecador, y a los ojos de la ley, Pablo no era otra cosa sino una persona muerta. Pablo había sido apresado, acusado, enjuiciado y condenado a muerte por la ley; solamente estaba esperando la hora de su ejecución, prácticamente era una persona muerta. Esta es la primera contradicción: una persona que estaba viva, pero en realidad estaba muerta.
Pero aparece Jesucristo y sirve como representante de Pablo. En otras palabras, Cristo le dice a Pablo: No vayas tú a ese juicio, iré yo en tu lugar y me presentaré en tu nombre ante la ley y la justicia.
Cuando Jesucristo se presenta ante la ley en lugar de Pablo, la ley condena al mismo Jesucristo y lo sentencia a muerte. Jesucristo paga la sentencia, que es la muerte en la cruz. Entonces ocurre la segunda contradicción: Jesucristo muere y cuando Jesucristo muere, entonces Pablo vive.
Cuando esto sucede, Pablo exclama con toda seguridad ¡He muerto a la ley!” no queriendo decir que la ley está abolida, sino que hay alguien que pagó la muerte de él, y ahora él está libre de la condenación de esa ley, porque apareció el Salvador, que es Cristo El Señor.
Jesucristo asumió nuestro lugar y fue nuestro representante ante la condenación de la ley; esa ley se apoderó de Cristo y lo crucificó en la cruz, por eso es que nosotros estamos muertos a la ley. La ley ya no exige más nuestra muerte, ya la pagó Jesucristo.
La única manera en que nosotros tendremos que pagar la muerte que la ley exige por nuestro pecado, es si no nos apoderamos de la muerte vicaria de Cristo en nuestro favor, o si la despreciamos.
¿Se ha visto semejante amor en el mundo alguna vez? “Porque de tal manera amó DIOS al mundo, que dio a su Hijo…”

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Quitarle al cristiano la cruz sería como borrar del cielo el sol. La cruz nos acerca a Dios, y nos reconcilia con él. Con la perdonadora compasión del amor de un padre, Jehová contempla los sufrimientos que su Hijo soportó con el fin de salvar de la muerte eterna a la familia humana, y nos acepta en el Amado.

Sin la cruz, el hombre no podría unirse con el Padre. De ella depende toda nuestra esperanza. De ella emana la luz del amor del Salvador; y cuando al pie de la cruz el pecador mira al que murió para salvarle, puede regocijarse con pleno gozo; porque sus pecados son perdonados. Al postrarse con fe junto a la cruz, alcanza el más alto lugar que pueda alcanzar el hombre.

Mediante la cruz podemos saber que el Padre celestial nos ama con un amor infinito. ¿Debemos maravillamos de que Pablo exclamara: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”? (Gálatas 6:14). Es también nuestro privilegio gloriamos en la cruz, entregamos completamente a Aquel que se entregó por nosotros, Entonces, con la luz que irradia del Calvario brillando en nuestros rostros, podemos salir para revelar esta luz a los que están en tinieblas (Los hechos de los apóstoles, pp. 170, 171).

¡Qué precio se pagó! Contemplemos la cruz y la víctima alzada en ella. Mirad aquellas manos horadadas por los crueles clavos. Mirad sus pies clavados a la cruz. Cristo llevó nuestros pecados en su propio cuerpo. Ese sufrimiento y esa agonía son el precio de nuestra redención…

¿No sabéis que él nos amó y se dio por nosotros, para que a nuestra vez nos diésemos a él? ¿Por qué no habrían de expresar amor a Cristo todos los que le reciben por la fe, así como se expresó su amor a nosotros por quienes él murió?

Se nos representa a Cristo como buscando a la oveja que se había perdido. Su amor nos circunda y nos trae de vuelta al redil. Su amor nos da el privilegio de sentamos con él en los lugares celestiales. Cuando la bendita luz del Sol de justicia resplandece en nuestros corazones y descansamos en paz y gozo en el Señor, alabemos al Señor; alabemos a Aquel que es nuestra salvación y nuestro Dios. Alabémosle, no solo en palabras, sino por la consagración a él de todo lo que somos y tenemos (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 477).

Entonces miré y vi que el mismo fuego que había consumido a los malos quemaba los escombros y purificaba la tierra. Volví a mirar, y vi la tierra purificada. No quedaba la más leve señal de maldición. La quebrada y desigual superficie de la tierra era ya una dilatada planicie. Todo el universo de Dios estaba limpio y había terminado para siempre la gran controversia. Por doquiera posáramos la vista, todo era santo y hermoso. Toda la hueste de redimidos, viejos y jóvenes, grandes y pequeños, arrojaron sus brillantes coronas a los pies del Redentor y, postrándose reverentemente ante él, adoraron al que vive por siempre (Primeros escritos, p. 295).

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Viernes 28 de julio // Lección 5_______________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “Sobre Cristo, como sustituto y garante nuestro, fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación de la Ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida, Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico” (DTG 701).

“Entonces Lutero inició resueltamente su obra como campeón de la verdad. Su voz se oyó desde el púlpito en seria y solemne advertencia. Expuso ante la gente el carácter ofensivo del pecado y le enseñó que le es imposible al hombre, por medio de sus propias obras, reducir su culpabilidad o evitar el castigo. Solo el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo pueden salvar al pecador. La gracia de Cristo no se puede comprar; es un don gratuito. Aconsejaba a sus oyentes que no comprasen indulgencias, sino que mirasen con fe al Redentor crucificado” (CS 138).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Incluso hoy, en nuestra propia iglesia, a algunos les cuesta aceptar que la salvación es solamente por la fe; que la gracia de Dios, por medio de Cristo, nos salva, aparte de nuestras obras. ¿Qué hay detrás de esta renuencia de algunos a aceptar esta verdad crucial?
  2. Pablo habló con mucha vehemencia acerca del error teológico de la salvación por obras. ¿Qué nos dice eso acerca de la importancia de la buena teología? ¿Por qué deberíamos nosotros, como iglesia, posicionarnos con firmeza, si es necesario, cuando se enseña el error en nuestro medio?

RESUMEN: De principio a fin, en la vida cristiana, la base de nuestra salvación es la fe sola en Cristo. Por causa de la fe en las promesas de Dios, Abraham fue contado como justo, y ese mismo regalo de justificación está disponible para todos lo que hoy comparten la fe de Abraham. La única razón por la que no somos condenados por nuestros errores es porque Jesús pagó el precio por nuestros pecados al morir en nuestro lugar.

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
El Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
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