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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


Lección 13 en PDF, haga «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


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Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2024 Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan
2025 El Amor de Dios y su Justicia Cómo Estudiar la Profecía-Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Cómo estar en una Relación con Dios 1 y 2 Corintios El Don de Profecía
2027 Mayordomía Vida y Enseñansas de Jesús Profecías Apocalipticas Hermenéuticas
2028

 


Lección 13: Para el 28 de diciembre de 2024

EPÍLOGO: CONOCER A JESÚS Y SU PALABRA

Sábado 21 de diciembre______________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 21; 11:9, 10; 8:42-44; 4:46-54; 2 Timoteo 3:16; Juan 15:1-11.

PARA MEMORIZAR:

“Ustedes escudriñan las Escrituras porque piensan que en ellas tienen la vida eterna. ¡Ellas testifican de mí!” (Juan 5:39).

El Evangelio de Juan, como el de Marcos, termina con un encuentro en Galilea. Esta última lección acerca del Evangelio de Juan se refiere a ese encuentro, pero lo integra con el tema de cómo conocemos a Jesús y la Palabra de Dios,

un concepto que recorre el cuarto Evangelio.

Aunque llevaban más de tres años con Jesús y él les había anunciado una y otra vez lo que sucedería, los discípulos seguían sin estar preparados para la crucifixión y la resurrección. Por desgracia, no habían prestado atención a sus palabras.

Corremos hoy el mismo peligro: oír o leer la Palabra de Dios sin escucharla, sin prestarle atención, sin permanecer en ella, sin obedecerla. Es decir, no aceptarla como la luz que debe guiar nuestros pensamientos y acciones. Desgraciadamente, demasiados cristianos se encuentran en esta situación, tal vez sin darse cuenta.

En esta última semana de estudio del Evangelio de Juan, analizaremos algunos de los puntos clave de este documento que pueden ayudarnos a ir más allá del mero conocimiento intelectual acerca de Jesús para, en cambio, conocerlo mejor y permanecer más estrechamente unidos a él y a su Palabra.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jesús se encaró con los gobernantes… Los reprendió por la dureza de su corazón y su ignorancia de las Escrituras. Declaró que habían rechazado la palabra de Dios, puesto que habían rechazado a Aquel a quien Dios había enviado. «Escudriñáis las Escrituras, pues pensáis que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí». Juan 5:39.

En toda página, sea de historia, preceptos o profecía, las Escrituras del Antiguo Testamento irradian la gloria del Hijo de Dios. Por cuanto era de institución divina, todo el sistema del judaísmo era una profecía compacta del evangelio. Acerca de Cristo «dan testimonio todos los profetas». Hechos 10:43. Desde la promesa hecha a Adán, por el linaje patriarcal y la economía legal, la gloriosa luz del cielo delineó claramente las pisadas del Redentor. Los videntes contemplaron la estrella de Belén, el Shiloh venidero, mientras las cosas futuras pasaban delante de ellos en misteriosa procesión. En todo sacrificio, se revelaba la muerte de Cristo. En toda nube de incienso, ascendía su justicia. Toda trompeta del jubileo hacía repercutir su nombre. En el pavoroso misterio del Lugar Santísimo, moraba su gloria.

  Los judíos poseían las Escrituras, y suponían que en el mero conocimiento externo de la palabra tenían vida eterna. Pero Jesús dijo: «No tenéis su palabra morando en vosotros». Habiendo rechazado a Cristo en su palabra, le rechazaron en persona. «No queréis venir a mí —dijo—, para que tengáis vida» (El Deseado de todas las gentes, pp. 182, 183).

«He venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a aquél recibiréis». Jesús vino por autoridad de Dios, llevando su imagen, cumpliendo su palabra y buscando su gloria; sin embargo, no fue aceptado por los dirigentes de Israel; pero cuando vinieran otros, asumiendo el carácter de Cristo, pero impulsados por su propia voluntad y buscando su propia gloria, los recibirían. ¿Por qué? Porque el que busca su propia gloria apela al deseo de exaltación propia en los demás. Y a una incitación tal los judíos podían responder. Recibirían al falso maestro porque adularía su orgullo sancionando sus caras opiniones y tradiciones. Pero la enseñanza de Cristo no coincidía con sus ideas. Era espiritual, y exigía el sacrificio del yo; por lo tanto, no querían recibirla. No conocían a Dios, y para ellos su voz expresada por medio de Cristo era la voz de un extraño.

¿No se repite el caso hoy? ¿No hay muchos, aun entre los dirigentes religiosos, que están endureciendo su corazón contra el Espíritu Santo, incapacitándose así para reconocer la voz de Dios? ¿No están rechazando la palabra de Dios, a fin de conservar sus tradiciones? (El Deseado de todas las gentes, pp. 183, 184).


Domingo 22 de diciembre_____________________________________________

ENCUENTRO EN GALILEA

Lee Juan 21:1 al 19. ¿Qué verdades cruciales se revelan aquí, especialmente acerca de la gracia de Dios y la humildad humana?

Juan 21:1-19

1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos. Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. 11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. 12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. 14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos. 15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. 16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. 19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

Juan 20 termina con el propósito del libro. Sería, pues, el lugar lógico para concluir, pero hay un capítulo más. El capítulo 21 comienza con el regreso de algunos de los discípulos a Galilea y con la sugerencia de Pedro de pasar una noche en el lago. Parece que han vuelto los viejos tiempos, y los discípulos retoman su antiguo oficio, la pesca. Pero esa noche no pescan nada.

Por la mañana, un misterioso desconocido les dice desde la orilla que echen la red a la derecha de la barca. Entonces pescan tantos peces que no pueden recoger la red. Aquello fue un eco del comienzo de su ministerio con Jesús (ver Luc. 5:1-11). Juan reconoce inmediatamente a Jesús y se lo dice a Pedro, quien enseguida salta al agua y nada hasta la orilla.

Jesús hace tres preguntas a Pedro, todas relacionadas con el amor a su Maestro. Antes de la crucifixión, Pedro insistió en que daría su vida por Jesús (Juan 13:37). Entonces, Jesús predijo su triple negación (Juan 13:38). En este encuentro en Galilea, Pedro no se pone a sí mismo como punto de referencia, sino a Jesús: “Señor, tú sabes todas las cosas. Tú sabes que te quiero” (Juan 21:17).

Algunos observan que Jesús utiliza el verbo agapaō, que significa amar, al interrogar a Pedro (excepto la última vez), y que Pedro siempre responde con fileō, que significa amar, pero solo como amigo. Ven implícito en este juego de palabras que Pedro no ha alcanzado el tipo superior de amor.

En realidad, la respuesta de Pedro se centra en la humildad. Con el fracaso de Pedro siempre ante él, es más probable que utilice humildemente un “término inferior”, sin atreverse a reclamar demasiado para sí. Y es esta humildad la que Jesús reconoce, y la que resulta crucial para restaurar a Pedro en el ministerio. Sin duda, la humildad es una de las mejores cualidades para el ministerio, porque hace que el centro de atención sea Jesucristo, no uno mismo.

La restauración de Pedro y su papel como líder de la iglesia primitiva es una de las pruebas más contundentes de que Jesús resucitó. Sería difícil explicar la prominencia de Pedro si Jesús no lo hubiera restaurado al ministerio en presencia de los otros discípulos.

¿Por qué es tan importante la humildad para conocer al Señor? A la luz de la Cruz, ¿de qué podemos sentirnos orgullosos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Pedro, que todavía amaba mucho sus botes y la pesca, propuso salir al mar y echar sus redes. Todos acordaron participar en este plan… Así que salieron en su barco, pero no prendieron nada. Trabajaron toda la noche sin éxito…

[L]os discípulos vieron de pie sobre la playa a un extraño que los recibió con la pregunta: «Mozos, ¿tenéis algo de comer?» Cuando contestaron: «No», «él les dice: Echad la red a la mano derecha del barco, y hallaréis. Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de peces».

Juan reconoció al extraño, y le dijo a Pedro: «El Señor es». Pedro se regocijó de tal manera que en su apresuramiento se echó al agua y pronto estuvo al lado de su Maestro (El Deseado de todas las gentes, p. 810).

Cuando por tercera vez Cristo preguntó a Pedro: «¿Me amas?» la sonda llegó al fondo del alma. Reprendido por su propia conciencia, Pedro cayó sobre la Roca, diciendo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo»…

Algunos aseguran que si un alma tropieza y cae, nunca puede recobrar su posición; pero el caso que estamos considerando contradice esto… Al encomendar a su cuidado las almas por las que había dado su vida, Cristo dio a Pedro la evidencia más fuerte de su confianza en su restauración…

Pedro tenía ahora la humildad suficiente para comprender las palabras de Cristo, y sin dudar más, el discípulo que había sido inquieto, jactancioso, presuntuoso se volvió sumiso y contrito. Siguió de veras a su Señor: el Señor al cual había negado. El pensamiento de que Cristo no lo había negado ni rechazado era para Pedro luz, consuelo y bendición (Conflicto y valor, p. 322).

Debemos contemplar a Cristo. La ignorancia de su vida y su carácter induce a los hombres a exaltarse en su justicia propia. Cuando contemplemos su pureza y excelencia, veremos nuestra propia debilidad, nuestra pobreza y nuestros defectos tales cuales son. Nos veremos perdidos y sin esperanza, vestidos con la ropa de la justicia propia, como cualquier otro pecador…

Mientras más nos acerquemos a Jesús, y más claramente apreciemos la pureza de su carácter, más claramente discerniremos la excesiva pecaminosidad del pecado, y menos nos sentiremos inclinados a ensalzarnos a nosotros mismos. Aquellos a quienes el Cielo reconoce como santos son los últimos en alardear de su bondad. El apóstol Pedro llegó a ser fiel ministro de Cristo, y fue grandemente honrado con la luz y el poder divinos; tuvo una parte activa en la formación de la iglesia de Cristo; pero Pedro nunca olvidó la terrible vicisitud de su humillación; su pecado fue perdonado; y sin embargo, él bien sabía que para la debilidad de carácter que había ocasionado su caída solo podía valer la gracia de Cristo. No encontraba en sí mismo nada de que gloriarse (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 123, 124).


Lunes 23 de diciembre_______________________________________________

MANTENER LOS OJOS EN JESÚS

Lee Juan 21:20 al 22. ¿Qué pregunta llevó a Pedro por un camino equivocado? ¿Cómo enderezó Jesús el camino del discípulo?

Juan 21:20-22

20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? 22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

Jesús acababa de restaurar a Pedro en el ministerio y le dijo: “Sígueme” (Juan 21:19). Probablemente se refirió en principio a una caminata con el Maestro por la playa. De hecho, Pedro giró su cabeza, vio que Juan también seguía a Jesús y le preguntó: “Señor, ¿y qué de este?” (Juan 21:21).

Al restaurar a Pedro en el ministerio, Jesús había predicho la forma en que moriría (Juan 21:18). Parece que Pedro también sentía curiosidad por la muerte de Juan. Jesús redirige la atención de Pedro hacia la cuestión de seguirlo sin preocuparse por lo que habría de ocurrir con su condiscípulo.

Lee Juan 21:23 al 25. ¿Cómo se malinterpretó la declaración de Jesús? ¿Cómo corrigió el apóstol Juan ese malentendido?

Juan 21:23-25

23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? 24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.

La gente malinterpretó lo que Jesús quiso decir con: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Tú sígueme” (Juan 21:22). Pensaron que eso significaba que Jesús volvería antes de que Juan muriera. A medida que pasaba el tiempo y Juan se acercaba cada vez más a la muerte sin que Cristo volviera, aquello podía convertirse en una crisis. Juan corrige esta idea equivocada indicando que las palabras de Jesús habían sido una expresión de deseo, no una profecía acerca de lo que ocurriría.

La idea de centrarnos en Jesús en lugar de hacerlo en otras personas es una poderosa introducción al resto de la lección de esta semana. Solo Jesús es nuestro Salvador. Inevitablemente, la gente te decepcionará y tal vez incluso te lastime.

Las verdades tratadas de martes a jueves retomarán el tema de la comprensión de la Palabra de Dios, con el objetivo de conocer y seguir a Jesús, quien es el único que debe ser nuestro Maestro y Guía, independientemente de la ayuda, el consejo y la orientación que otros puedan darnos.

¿Cuántas veces te han decepcionado algunas personas a las que tal vez admirabas? ¿Qué lecciones, por duras que hayan sido, aprendiste de esas experiencias?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jesús anduvo a solas con Pedro un rato, porque había algo que deseaba comunicarle a él solo… A fin de que quedase fortalecido para la prueba final de su fe, el Salvador le reveló lo que le esperaba. Le dijo que después de vivir una vida útil, cuando la vejez le restase fuerzas, habría de seguir de veras a su Señor…

Jesús dio entonces a conocer a Pedro la manera en que habría de morir. Hasta predijo que serían extendidas sus manos sobre la cruz. Volvió a ordenar a su discípulo: «Sígueme». Pedro no quedó desalentado por la revelación. Estaba dispuesto a sufrir cualquier muerte por su Señor.

Hasta entonces Pedro había conocido a Cristo según la carne, como muchos le conocen ahora; pero ya no había de quedar así limitado. Ya no le conocía como le había conocido en su trato con él en forma humana. Le había amado como hombre, como maestro enviado del cielo; ahora le amaba como Dios. Había estado aprendiendo la lección de que para él Cristo era todo en todo. Ahora estaba preparado para participar de la misión de sacrificio de su Señor. Cuando por fin file llevado a la cruz, fue, a petición suya, crucificado con la cabeza hacia abajo. Pensó que era un honor demasiado grande sufrir de la misma manera en que su Maestro había sufrido (El Deseado de todas las gentes, pp. 753, 754).

Mientras Pedro andaba al lado de Jesús, vio que Juan los estaba siguiendo. Le dominó el deseo de conocer su futuro, y «dice a Jesús: Señor, ¿y este, qué? Dícele Jesús: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú». Pedro debiera haber considerado que su Señor quería revelarle todo lo que le convenía saber. Es deber de cada uno seguir a Cristo sin preocuparse por la tarea asignada a otros. Al decir acerca de Juan: «Si quiero que él quede hasta que yo venga», Jesús no aseguró que este discípulo habría de vivir hasta la segunda venida del Señor. Aseveró meramente su poder supremo, y que si él quisiera que fuese así, ello no habría de afectar en manera alguna la obra de Pedro. El futuro de Juan, tanto como el de Pedro, estaba en las manos de su Señor (El Deseado de todas las gentes, pp. 754, 755).

Descubriremos que tendremos que desprendernos de todas las manos excepto de la de Jesucristo. Los amigos demostrarán su perfidia y nos traicionarán… Pero podremos poner confiadamente nuestra mano en la de Cristo en medio de las tinieblas y el peligro.

Los hombres podrán resistir firmes en el conflicto únicamente al estar enraizados y fundados en Cristo. Deben recibir la verdad como es en Jesús. Y solo pueden satisfacerse las necesidades del alma cuando la verdad es presentada de esa manera. El predicar de Cristo crucificado, Cristo nuestra justicia, es lo que satisface el hambre del alma (Eventos de los últimos días, pp. 154, 155).


Martes 24 de diciembre______________________________________________

LUZ Y OSCURIDAD

Lee Juan 1:4-10; 3:19-21; 5:35; 8:12; 9:5; 11:9, 10; 12:35. ¿Qué gran contraste se presenta aquí y por qué es tan fundamental para comprender la verdad?

Juan 1:4-10

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

Juan 3:19-21

19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

Juan 5:35

35 Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.

Juan 8:12

12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Juan 9:5

Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.

Juan 11:9-10

Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.

Juan 12:35

35 Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va.

El mundo está en tinieblas; rehúye la luz y no puede, por sí solo, encontrar el camino hacia el Dios verdadero, el Dios personal de la Creación, la Revelación y la Redención.

“Nunca puede la humanidad, por sí misma, obtener un conocimiento de lo divino. ‘Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?’ Únicamente el espíritu de adopción puede revelarnos las cosas profundas de Dios, las que ‘ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano. Pero a nosotros nos las ha revelado Dios por medio de su Espíritu’ ” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 380).

Solo Jesucristo “dio a conocer” al Padre (Juan 1:18). El verbo griego así traducido es exēgeomai, que significa “interpretar”, “explicar”, “exponer”. Juan presenta a Jesús como el mensajero celestial, el que da a conocer a Dios. Solo a través de Jesús podemos conocer verdaderamente a Dios.

Lee Juan 8:42 al 44. ¿Cómo describe Jesús el falso fundamento sobre el que los líderes religiosos de Israel habían basado su fe?

Juan 8:42-44

42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. 43 ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Los que no están en la verdad hablan desde sus propios recursos. Ellos “ven” el significado de un texto solo desde una perspectiva humana. Por el contrario, debemos aceptar que Cristo es la luz del mundo y seguirlo en nuestra interpretación de su Palabra. Por el contrario, el diablo “habla de lo que él mismo es” (Juan 8:44). Si no tenemos cuidado y no nos rendimos en fe y obediencia a Dios, corremos el peligro de hacer lo mismo: leer el texto basándonos únicamente en nuestros propios deseos, anhelos y perspectivas, un error mucho más factible de lo que creemos.

¿Cómo respondes a las verdades de la Palabra de Dios? ¿Las aceptas con la actitud correcta o con desagrado?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los dirigentes judíos habían estudiado las enseñanzas de los profetas acerca del reino del Mesías; pero lo habían hecho, no con un sincero deseo de conocer la verdad, sino con el propósito de hallar evidencia con que sostener sus ambiciosas esperanzas. Cuando Cristo vino de una manera contraria a sus expectativas, no quisieron recibirle; y a fin de justificarse, trataron de probar que era un impostor. Una vez que hubieron asentado los pies en esta senda, fue fácil para Satanás fortalecer su oposición a Cristo. Interpretaron contra él las mismas palabras que deberían haber recibido como evidencia de su divinidad. Así trocaron la verdad de Dios en mentira, y cuanto más directamente les hablaba el Salvador en sus obras de misericordia, más resueltos estaban a resistir la luz (El Deseado de todas las gentes, p. 183).

Considerar Cristo como nuestra única fuente de fortaleza, presentar su amor incomparable para que la culpa de los pecados fuera cargada a su cuenta y su propia justicia fuera acreditada al hombre, de ninguna manera anula o descarta la ley o rebaja su dignidad; al contrario: la coloca en el lugar en que brilla sobre ella la verdadera luz y la glorifica. Esto se logra solo por la luz que refleja desde el Calvario. La ley es completa y plena en el gran plan de salvación, solamente al ser presentada en la luz que brilla desde el Salvador crucificado y resucitado. Esto se puede discernir solo espiritualmente. Enciende en el corazón del que contempla la fe ardiente, la esperanza y el gozo de que Cristo es su justicia. Este gozo es solo para los que aman y guardan las palabras de Jesús, que son las palabras de Dios (Mensajes selectos, t. 3, p. 200).

Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe adónde va. Juan 12:35.

Esta es la amonestación que daríamos a los que pretenden creer la verdad: «Aún un poco está la luz entre vosotros». Os pediríamos que considerarais la brevedad de la vida humana, cuán prestamente pasa el tiempo. Dentro de nuestro alcance hay áureas oportunidades y privilegios. La copiosa y abundante misericordia de Dios espera que demandemos sus más ricos tesoros. El Salvador está dispuesto para prodigar gratuitamente sus bendiciones, y la única pregunta es: ¿Las aceptaréis? Se han hecho ricas provisiones y la luz brilla de una diversidad de formas; pero esa luz perderá su precioso carácter para los que no la aprecian, no la aceptan ni responden a ella, o, habiéndola recibido, no transmiten la luz a otros (A fin de conocerle, p. 87).


Miércoles 25 de diciembre____________________________________________

TEOLOGÍA DESDE “ARRIBA” O DESDE “ABAJO”

Lee Juan 4:46 al 54. ¿Qué problema llevó al funcionario a Jesús y cuál era la verdadera cuestión subyacente?

Juan 4:46-54

46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. 54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.

Este hombre vino a Jesús, la Luz del mundo, pero había tomado la decisión de creer solamente si Jesús sanaba a su hijo. Podríamos decir que la teología de este hombre era una “teología desde abajo”. La teología desde abajo establece reglas y normas para Dios y su Palabra. Las defectuosas, limitadas y subjetivas ideas humanas se convierten en la autoridad final acerca de cómo las personas interpretan la Palabra de Dios. ¡Qué trampa tan peligrosa!

Por el contrario, la teología “desde arriba” responde por fe, creyendo primero en Dios y en su Palabra (Juan 4:48; 4:48; 6:14, 15; 2 Tim. 3:16). Debemos creer las palabras de la Escritura si queremos creer las palabras de Jesús (Juan 5:46, 47). “Si ustedes permanecen en mi palabra, son realmente mis discípulos” (Juan 8:31). Si dudamos de la Palabra de Dios, su Palabra no puede permanecer en nosotros (Juan 5:38). Jesús dijo: “El que me rechaza y no recibe mis palabras tiene quien lo condene. La palabra que he hablado lo condenará en el día final; porque yo no hablé de mí mismo. El Padre que me envió, él me ordenó qué decir y qué enseñar” (Juan 12:48, 49). Escuchar la Palabra de Dios es algo más que una ingestión pasiva de información. Significa hacer la voluntad de Dios como respuesta activa al hecho de escucharla. “El que quiera hacer la voluntad de Dios conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:17).

Esta dinámica de oír y poner en práctica la Palabra de Dios es una expresión de amor hacia él. “El que me ama guardará mi palabra. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y habitaremos en él” (Juan 14:23).

¿Cuál es la relación entre nuestro amor a Jesús y la obediencia? ¿Por qué cualquier tipo de obediencia que no es fruto del amor corre el peligro de ser legalismo?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El que bendijo al noble en Capernaúm siente hoy tantos deseos de bendecirnos a nosotros. Pero como el padre afligido, somos con frecuencia inducidos a buscar a Jesús por el deseo de algún beneficio terrenal; y hacemos depender nuestra confianza en su amor de que nos sea otorgado lo pedido. El Salvador anhela darnos una bendición mayor que la que solicitamos; y dilata la respuesta a nuestra petición a fin de poder mostrarnos el mal que hay en nuestro corazón y nuestra profunda necesidad de su gracia. Desea que renunciemos al egoísmo que nos induce a buscarle. Confesando nuestra impotencia y acerba necesidad, debemos confiarnos completamente a su amor.

El noble quería ver el cumplimiento de su oración antes de creer; pero tuvo que aceptar el aserto de Jesús de que su petición había sido oída, y el beneficio otorgado. También nosotros tenemos que aprender esta lección. Nuestra fe en Cristo no debe estribar en que veamos o sintamos que él nos oye. Debemos confiar en sus promesas. Cuando acudimos a él con fe, toda petición alcanza al corazón de Dios. Cuando hemos pedido su bendición, debemos creer que la recibimos y agradecerle de que la hemos recibido. Luego debemos atender nuestros deberes, seguros de que la bendición se realizará cuando más la necesitemos. Cuando hayamos aprendido a hacer esto, sabremos que nuestras oraciones son contestadas. Dios obrará por nosotros «mucho más abundantemente de lo que pedimos», «conforme a las riquezas de su gloria», y «por la operación de la potencia de su fortaleza». Efesios 3:20, 16; 1:19 (El Deseado de todas las gentes, p. 170).

Si tenemos el espíritu y el poder del mensaje del tercer ángel, debemos presentar juntos la ley y el evangelio, porque van juntos. Así como un poder terreno está incitando a los hijos a la desobediencia a anular la ley de Dios, y a pisotear la verdad de que Cristo es nuestra justicia, un poder de lo alto está obrando en los corazones de los que son leales, para que ensalcen la ley, y a Jesús como Salvador completo. A menos que el poder divino penetre en la experiencia del pueblo de Dios, las teorías e ideas erróneas aherrojarán las mentes; Cristo y su justicia se perderán de la experiencia de muchos, y su fe quedará sin poder ni vida…

El centro de nuestro mensaje no es solo los mandamientos de Dios, sino también la fe de Jesús. Una brillante luz resplandece sobre nuestra senda hoy día, y nos induce a aumentar nuestra fe en Jesús. Debemos recibir todo rayo de luz, y andar en él, a fin de que no constituya la causa de nuestra condenación en el juicio. Nuestros deberes y obligaciones se vuelven más importantes a medida que se aclara nuestra visión de la verdad. La luz pone de manifiesto y corrige los errores escondidos en las tinieblas; y al aparecer ella, la vida y el carácter de los hombres debe cambiar de una manera correspondiente, para estar en armonía con ella. Los pecados que eran una vez pecados de ignorancia, debido a la ceguera de la mente, no pueden ya ser practicados sin culpa. Al recibir mayor luz, los hombres deben ser reformados, elevados y refinados por ella, o se volverán más perversos y obstinados que antes de llegarles la luz (Obreros evangélicos, pp. 169-171).


Jueves 26 de diciembre______________________________________________

PERMANECER EN JESÚS

Lee Juan 12:32. ¿De qué manera describe esta sorprendente afirmación la autoridad de Jesucristo?

Juan 12:32

32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.

Como hemos visto a lo largo de las lecciones de este trimestre, el Evangelio de Juan nos atrae hacia Jesús, pero solo si estamos dispuestos a conocer a Dios y a hacer su voluntad. A lo largo de su Evangelio, las personas que se encuentran con Jesús aceptan la luz y crecen o la rechazan y quedan ciegas. Nicodemo, la mujer junto al pozo, el funcionario, el hombre del estanque de Betesda, los cinco mil alimentados con unos pocos panes y peces, los hermanos de Jesús, los líderes religiosos, el ciego de nacimiento, María y Marta, Pilato, todos se encontraron con Jesús y tomaron decisiones acerca de la verdad y la luz que él traía.

La teología desde abajo comienza con la argumentación humana para determinar y examinar la existencia y la naturaleza de Dios. La defectuosa, caída y prejuiciosa perspectiva humana tiene prioridad sobre la divina, santa, perfecta y omnisciente. La teología desde abajo conduce a las personas inevitablemente por mal camino, como lo ha hecho en el pasado y lo hará en el futuro (véase Apoc. 14:1-12), cuando la sabiduría humana usurpará el lugar de la divina e intentará imponer una falsa adoración en el mundo.

Lee Juan 15:1 al 11. ¿Cuál es el secreto del crecimiento y la salud espirituales?

Juan 15:1-11

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

El secreto es permanecer conectados a Jesús. Él es la Palabra de Dios; el Pan de Vida; la Luz del mundo; la Puerta de las ovejas; el Buen Pastor; la Resurrección y la Vida; el Camino, la Verdad y la Vida; y la Vid verdadera.

Los integrantes de la Deidad y la Biblia son como imanes. Si no nos resistimos, nos atraerán hacia ellos. “La voz de Dios nos habla a través de su Palabra, y oiremos muchas voces, pero Cristo nos dijo que debemos cuidarnos de quienes dirán: ‘Aquí está Cristo’ o ‘Allí está Cristo’. Entonces, ¿cómo sabremos que los tales no tienen la verdad, a menos que cotejemos cada cosa con las Escrituras?” (Elena G. de White, Fe y obras, p. 56). Entonces, debemos someter nuestros propios puntos de vista a los presentados en la Palabra de Dios.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«Yo soy la vid y ustedes los pámpanos» (Juan 15: 5, RVC). ¿Podemos concebir una relación con Cristo más íntima que esta’? Las fibras de los pámpanos y las de la vid son casi idénticas. El tronco transmite vida, fuerza y poder de fructificación a los pámpanos o sarmientos de modo constante y sin impedimento alguno. La raíz envía la savia nutricia a través de los pámpanos. Tal es la relación que existe entre el verdadero creyente y Cristo. El primero mora en Cristo y se nutre de su savia.

Esta relación espiritual se puede establecer solamente ejerciendo nuestra fe personal. Esta fe debe expresar suprema preferencia, perfecta confianza, plena consagración de nuestra parte. Nuestra voluntad debe haberse entregado por completo a la de Dios; nuestros sentimientos, deseos, intereses y conciencia se habrán identificado con la prosperidad del reino de Cristo y el triunfo de su causa. Al mismo tiempo estaremos recibiendo constantemente su gracia, y Cristo estará aceptando nuestra gratitud (Mi vida hoy, p. 15).

Muchos tienen la idea de que deben hacer alguna parte de la obra solos. Confiaron en Cristo para obtener el perdón de sus pecados, pero ahora procuran vivir rectamente por sus propios esfuerzos. Mas todo esfuerzo tal fracasará. El Señor Jesús dice: «Porque separados de mí nada podéis hacer». Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Sólo estando en comunión con él diariamente y permaneciendo en él cada hora es como hemos de crecer en la gracia. El no es solamente el autor de nuestra fe sino también su consumador. Ocupa el primer lugar, el último y todo otro lugar. Estará con nosotros, no solo al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino. David dice: «A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque estando él a mi diestra, no resbalaré». Salmo 16:8.

Preguntaréis tal vez: «¿Cómo permaneceremos en Cristo?» Pues, del mismo modo en que le recibisteis al principio. «De la manera, pues, que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en él». «El justo… vivirá por la fe». Colosenses 2:6; Hebreos 10:38. Os entregasteis a Dios para ser completamente suyos, para servirle y obedecerle, y aceptasteis a Cristo como vuestro Salvador. No podíais por vosotros mismos expiar vuestros pecados o cambiar vuestro corazón; pero habiéndoos entregado a Dios, creísteis que por causa de Cristo el Señor hizo todo aquello por vosotros. Por la fe llegasteis a ser de Cristo, y por la fe tenéis que crecer en él, dando y recibiendo. Tenéis que darle todo: el corazón, la voluntad, la vida, daros a él para obedecerle en todo lo que os pida; y debéis recibirlo todo: a Cristo, la plenitud de toda bendición, para que more en vuestro corazón, sea vuestra fuerza, vuestra justicia, vuestro eterno Auxiliador, y os dé poder para obedecer (El camino a Cristo, pp. 69, 70).

La fortaleza de toda alma reside en Dios y no en el hombre. La quietud y la confianza han de ser la fuerza de todos los que dediquen su corazón a Dios. Cristo no manifiesta un interés casual en nosotros; el suyo es más fuerte que el de una madre por su hijo. Nuestro Salvador nos ha comprado mediante el sufrimiento y el dolor humanos, mediante el insulto, el oprobio, el ultraje, la burla, el rechazo y la muerte. Está velando sobre ti, tembloroso hijo de Dios. El te asegurará bajo su protección. Nuestra debilidad en la naturaleza humana no impedirá nuestro acceso al Padre celestial, porque él [Cristo] murió para interceder por nosotros (Sons and Daughters of God, p. 77; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 79).


Viernes 27 de diciembre______________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

La perspectiva de Dios es muy diferente de la humana. Dios comparte su perspectiva con nosotros a través de su Palabra, la Biblia, y del poder del Espíritu Santo. Debemos decidir si queremos andar en la oscuridad o aceptar la luz de Jesucristo revelada en la Palabra.

Parte integral de esta elección es nuestra propia entrega personal a Jesucristo, el Hijo de Dios y Redentor de la humanidad. Mediante el poder del Espíritu Santo, Dios Padre nos ha revelado la profundidad de su amor mediante la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Y sabemos acerca de Jesús porque su vida, su muerte y su resurrección han sido registradas en la Palabra de Dios.

“Los ángeles de Dios pasan siempre de la Tierra al Cielo, y del Cielo a la Tierra. Los milagros de Cristo en favor de los afligidos y los dolientes fueron realizados por el poder de Dios a través del ministerio de los ángeles. Y es a través de Cristo, por medio del ministerio de sus mensajeros celestiales, como nos llega toda bendición de Dios. Al tomar sobre sí mismo la humanidad, nuestro Salvador une sus intereses con el de los caídos hijos e hijas de Adán, mientras por su divinidad se aferra al Trono de Dios. Y así es Cristo el medio de comunicación de los hombres con Dios y de Dios con los hombres” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 117).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Cuál de los relatos del Evangelio de Juan es el que más te habla del amor y el carácter de Dios? Comparte con tu clase por qué esa historia te parece tan convincente.
  2. En términos prácticos, ¿cómo se debe proceder en la búsqueda de la verdad?
  3. ¿Por qué suele ser difícil dejar de lado al yo como árbitro de la verdad? ¿Podremos hacerlo alguna vez por completo o nuestra humanidad seguirá en cierta medida influyendo en nuestra forma de ver las Escrituras? ¿Por qué debemos reconocer este hecho y de qué manera la humildad puede ayudarnos?
  4. La historia del cristianismo occidental está llena de ejemplos terribles de lo que ocurre cuando la Palabra de Dios se somete a la política y a los prejuicios humanos. ¿Cuáles son algunos de esos ejemplos y qué lección podemos aprender hoy de ellos acerca de cuán peligroso es que las perspectivas humanas se conviertan en el filtro para “interpretar” la Biblia?
  5. Resume en tus propias palabras el panorama general del Evangelio de Juan. ¿Cuál es su mensaje central para nosotros hoy?