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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA
| Año | 1er Trimestre | 2º Trimestre | 3er Trimestre | 4º Trimestre |
| 2024 | Salmos | El Gran Conflicto | Marcos | Juan |
| 2025 | Amor y Justicia en la Biblia | Como Estudiar la Profecía y la Inspiración | Éxodo | Josué |
| 2026 | Colosenses – Filipenses | Religión en el Mercado* | Josué | El Espíritu de Profecía |
| 2027 | 1 & 2 de Corintios | Mayordomía | Eclesiología | Ezequiel |
| 2028 |
* Religion in the Market Place
Lección 2: Para el 13 de julio de 2024
UN DÍA EN EL MINISTERIO DE JESÚS
Sábado 6 de julio_______________________________________________________
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 1:16-45; Juan 1:29-42; Marcos 5:41; Lucas 6:12; Levítico 13.
PARA MEMORIZAR:
“Y les dijo: ‘Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres’ ” (Mar. 1:17).
Cada Evangelio presenta el comienzo del ministerio de Jesús de una manera particular.
Mateo muestra a Jesús llamando discípulos y luego predicando el Sermón del Monte.
Lucas narra la historia del sermón inaugural de Jesús en la sinagoga de Nazaret.
Juan cuenta el llamado de varios de los primeros discípulos y la boda de Caná, donde Jesús realizó su primera señal.
El Evangelio de Marcos narra el llamado de cuatro discípulos, y describe un sábado en Capernaum y lo que ocurrió luego.
Este “sábado con Jesús”, al comienzo del Evangelio de Marcos, da al lector una idea de quién es él. En el segmento de Marcos que estudiaremos esta semana, hay muy pocas palabras de Jesús: un breve llamado al discipulado, la orden que le da a un demonio, el plan de visitar otros lugares y la curación de un leproso junto con la orden de presentarse ante un sacerdote para ser declarado limpio. El énfasis está en la acción, particularmente en la sanación de las personas. Al escritor del Evangelio le gusta usar la palabra “inmediatamente” para ilustrar la rapidez característica del ministerio de Jesús.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Después que hubo entrado en su ministerio, dijo: «Conviéneme obrar las obras del que me envió, entretanto que el día dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar». Juan 9:4. Jesús no rehuyó los cuidados y la responsabilidad, como los rehuyen muchos que profesan seguirle… El carácter positivo y enérgico, sólido y fuerte que manifestó Cristo, debe desarrollarse en nosotros, mediante la misma disciplina que él soportó. Y a nosotros se nos ofrece la gracia que recibió él.
Mientras vivió entre los hombres, nuestro Salvador compartió la suerte de los pobres. Conoció por experiencia sus cuidados y penurias, y podía consolar y estimular a todos los humildes trabajadores. Los que tienen un verdadero concepto de la enseñanza de su vida, no creerán nunca que deba hacerse distinción entre las clases, que los ricos han de ser honrados más que los pobres dignos (El Deseado de todas las gentes, pp. 53, 54).
Cristo eligió lo insensato del mundo, a los que este consideraba indoctos e ignorantes, para confundir a los sabios. Los discípulos no conocían las tradiciones de los rabinos, pero con el ejemplo de Cristo, su Maestro, obtuvieron una educación de primer orden, porque tenían ante sí un Ejemplo divino. Cristo les fue presentando las verdades más elevadas.
A los que Dios emplea en su servicio, los prepara a su manera con el fin de que lo sirvan. Los que predican a Cristo deben aprender de él diariamente, para comprender el misterio de salvar y servir a las almas por las cuales él murió… Deben seguir su ejemplo en todo, para compartir con otros su tierna compasión, y su decidida oposición a toda obra mala (Cada día con Dios, p. 39).
La vida terrenal del Salvador fue una vida de comunión con la naturaleza y con Dios. En esta comunión nos reveló el secreto de una vida llena de poder.
Jesús obró con fervor y constancia. Nunca vivió en el mundo nadie tan abrumado de responsabilidades, ni llevó tan pesada carga de las tristezas y los pecados del mundo. Nadie trabajó con celo tan agobiador por el bien de los hombres. No obstante, era la suya una vida de salud. En lo fisico como en lo espiritual fue su símbolo el cordero, víctima expiatoria, «sin mancha y sin contaminación». I Pedro 1:19. Tanto en su cuerpo como en su alma fue ejemplo de lo que Dios se había propuesto que fuera toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes.
Cuando el pueblo miraba a Jesús, veía un rostro en el cual la compasión divina se armonizaba con un poder consciente. Parecía rodeado por un ambiente de vida espiritual. Aunque de modales suaves y modestos, hacía sentir a los hombres un poder que si bien permanecía latente, no podía quedar del todo oculto (El ministerio de curación, p. 33).
Domingo 7 de julio______________________________________________________
“SÍGUEME”
Lee Marcos 1:16 al 20. ¿Quiénes eran los hombres a los que Jesús llamó como discípulos y cuál fue su respuesta?
Marcos 1:16-20
16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. 18 Y dejando luego sus redes, le siguieron. 19 Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. 20 Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.
Marcos 1 no registra muchas de las palabras de Jesús. No obstante, Marcos 1:17 da cuenta de las que dirigió a dos pescadores: Simón, quien luego sería llamado “Pedro”, y su hermano Andrés. Los dos hombres están arrojando una red a orillas del Mar de Galilea.
No se hace mención alguna de un bote u otros accesorios de pesca, lo que podría sugerir que no están en una buena situación financiera. En Marcos 1:19 y 20, Santiago y Juan están en un bote con su padre y sirvientes, lo que parece indicar que estaban en una mejor situación financiera que Pedro y Andrés. Lucas afirma que Pedro sí tiene un bote y que, en verdad, Santiago y Juan eran compañeros de Pedro y Andrés (ver Luc. 5:1-11). Pero el Evangelio de Marcos puede estar presentando un contraste entre los dos grupos de hermanos para ilustrar, de esa manera, que Jesús llama al discipulado tanto a quienes tienen menos recursos como a los que tienen más.
El llamado de Jesús a estos hombres es simple, directo y profético. Los llama a seguirlo; es decir, a llegar a ser sus discípulos. Les asegura que, si responden a su llamado, los convertirá en pescadores de hombres.
Reflexiona acerca de por qué estos hombres dejaron todo inmediatamente y siguieron a Jesús (Mar. 1:16-20)
El Evangelio de Juan completa el cuadro (lee Juan 1:29-42). Parece que los hermanos eran seguidores de Juan el Bautista y escucharon su proclamación de que Jesús era “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Ellos encontraron a Jesús y pasaron tiempo con él cerca del río Jordán. En consecuencia, su aceptación del llamado de Jesús al ministerio no fue una reacción alocada o impensada sino algo que habían considerado detenidamente.
¿Por qué no aporta Marcos más detalles? Probablemente, para destacar el poder de Jesús. Él llama, y unos pescadores dispuestos responden, como consecuencia de lo cual ni la vida de ellos ni el mundo volverían a ser iguales.
¿Qué has sido llamado a abandonar para para seguir a Jesús? (Reflexiona en las implicaciones de tu respuesta, especialmente si no puedes pensar en algo).
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Cuando Cristo estuvo en la tierra, no aconsejó a los pescadores que dejaran sus redes y barcas y que fueran a los maestros judíos con el fin de obtener una preparación para el ministerio evangélico. «Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron». Mateo 4: 18-22.
Esta rápida obediencia, que no hace preguntas, que no espera un salario, parece extraordinaria. Pero las palabras de Cristo constituían una invitación que implicaba realmente todo lo que él quería dar a entender. Sus palabras tenían una influencia impelente. No contenían largas explicaciones, pero lo que decía tenía una fuerza decisiva (Cada día con Dios, p. 39).
Los que se desempeñan en las tareas comunes de la vida desarrollarán talentos inesperados. Si solamente se les diera el mensaje a los seres humanos, muchos de los que escuchan lo recibirían. Aceptará la verdad para este tiempo gente que proviene de todas las clases sociales, elevadas y bajas, ricas y pobres. Algunas personas consideradas sin educación serán llamadas al servicio del Maestro, así como los humildes e ignorantes pescadores fueron llamados por el Salvador. A otros se los invitará a dejar el arado, como en el caso de Eliseo, y se sentirán impelidos a asumir la obra que Dios les ha señalado. Comenzarán a trabajar con sencillez y serenidad, para leer y explicar las Escrituras a los demás. Sus humildes esfuerzos alcanzarán el éxito (Cada día con Dios, p. 113).
Eran hombres humildes y sin letras aquellos pescadores de Galilea; pero Cristo, la luz del mundo, tenía abundante poder para prepararlos para la posición a la cual los había llamado. El Salvador no menospreciaba la educación; porque, cuando está regida por el amor de Dios y consagrada a su servicio, la cultura intelectual es una bendición. Pero pasó por alto a los sabios de su tiempo, porque tenían tanta confianza en sí mismos, que no podían simpatizar con la humanidad doliente y hacerse colaboradores con el Hombre de Nazaret. En su intolerancia, tuvieron en poco el ser enseñados por Cristo. El Señor Jesús busca la cooperación de los que quieran ser conductos limpios para la comunicación de su gracia…
El que llamó a los pescadores de Galilea está llamando todavía a los hombres a su servicio. Y está tan dispuesto a manifestar su poder por medio de nosotros como por los primeros discípulos. Por imperfectos y pecaminosos que seamos, el Señor nos ofrece asociarnos consigo, para que seamos aprendices de Cristo. Nos invita a ponernos bajo la instrucción divina para que unidos con Cristo podamos realizar las obras de Dios (Conflicto y valor, p. 282).
Lunes 8 de julio________________________________________________________
UN INOLVIDABLE SERVICIO DE ADORACIÓN
Lee Marcos 1:21 al 28. ¿Qué experiencia inolvidable tuvo lugar en la sinagoga de Capernaum y qué verdades espirituales podemos recoger de este relato?
Marcos 1:21-28
21 Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. 22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23 Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, 24 diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 25 Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! 26 Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. 27 Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? 28 Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.
La mayoría de los cristianos atesora momentos inolvidables de su senda cristiana: la decisión de seguir a Jesús, el día de su bautismo, un poderoso sermón durante el cual experimentaron profundamente la presencia de Dios. Algunos de estos momentos pueden no solo ser inolvidables, sino también transformadores.
Esa pudo haber sido la experiencia de algunos en Capernaum aquel sábado descrito en Marcos 1. “Y admiraban su enseñanza, porque les enseñaba con plena autoridad y no como los escribas” (Mar. 1:22). Mientras Jesús enseñaba, un endemoniado, impactado sin duda por la enseñanza de Jesús, exclamó: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡El Santo de Dios!” (Mar. 1:24). Jesús expulsó entonces al demonio.
Piensa en las implicaciones de esas palabras del demonio.
Para empezar, el demonio identifica a Jesús como “el Santo de Dios”. Reconoce así que Jesús es el santo emisario de Dios en contraste con las impuras e impías huestes de Satanás. Uno espera encontrar personas y cosas santas en un ambiente de adoración, no impureza e impiedad. Por lo tanto, hay en esta historia un marcado contraste entre las fuerzas del bien y las del mal. Podemos ver aquí la realidad del Gran Conflicto. La gente puede no saber aún quién es Jesús, pero el demonio ciertamente lo sabe y también lo reconoce públicamente.
En segundo lugar, la orden de salir del hombre es comprensible, pero ¿por qué la orden “¡Cállate!” (vers. 25)? A partir de aquí, aparece un notable tema en Marcos: el llamado de Jesús a guardar silencio acerca de quién es él. Los eruditos llaman a esto “el secreto mesiánico”.
El llamado de Jesús al silencio tiene sentido al considerar las connotaciones políticas propias de las expectativas mesiánicas de su tiempo. Era riesgoso ser un mesías. No obstante, junto con los llamados al silencio se encuentran las inconfundibles revelaciones de quién es Jesús. Lo que resultará claro con el tiempo es que la identidad de Jesús no puede ser ocultada, y la verdad acerca de quién es él se convierte en el centro del mensaje del evangelio. Las personas no solo necesitan saber quién es Jesús, sino también tomar una decisión sobre cómo responderán a su venida y lo que significa para ellas.
Al tratar de dar testimonio a otros, ¿cuándo podría ser prudente no presentar todo lo que creemos acerca de “la Verdad Presente”?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
[El endemoniado] comprendía parcialmente que se hallaba en presencia de quien podía libertarlo; pero cuando intentó ponerse al alcance de aquella mano poderosa, otra voluntad le retuvo; y las palabras de otro fueron pronunciadas por su medio.
Terrible era el conflicto entre sus deseos de libertad y el poder de Satanás. Parecía que el pobre atormentado habría de perder la vida en aquel combate con el enemigo que había destruído su virilidad. Pero el Salvador habló con autoridad y libertó al cautivo. El que había sido poseído del demonio, estaba ahora delante de la gente admirada, en pleno goce de la libertad y del dominio propio…
[C]ada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en vez de oraciones, solo podía pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo no serán abandonados al poder de Satanás ni a las flaquezas de su propia naturaleza (El ministerio de curación, pp. 61, 62).
El mismo mal espíritu que tentó a Cristo en el desierto y que poseía al endemoniado de Capernaúm dominaba a los judíos incrédulos. Pero con ellos asumía un aire de piedad, tratando de engañarlos en cuanto a sus motivos para rechazar al Salvador. Su condición era más desesperada que la del endemoniado; porque no sentían necesidad de Cristo, y por lo tanto estaban sometidos al poder de Satanás…
[L]os dirigentes y maestros de Israel no podían resistir la obra de Satanás. Estaban descuidando el único medio por el cual podrían haber resistido a los malos espíritus. Fue por la Palabra de Dios como Cristo venció al maligno. Los dirigentes de Israel profesaban exponer la Palabra de Dios, pero la habían estudiado solo para sostener sus tradiciones e imponer sus observancias humanas. Por su interpretación, le hacían expresar sentidos que Dios no le había dado. Sus explicaciones místicas hacían confuso lo que él había hecho claro. Discutían insignificantes detalles técnicos, y negaban prácticamente las verdades más esenciales. Así se propalaba la incredulidad. La Palabra de Dios era despojada de su poder, y los malos espíritus realizaban su voluntad (El Deseado de todas las gentes, pp. 222, 223).
El verdadero conocimiento proviene de Dios, y vuelve a él. Sus hijos han de recibir para poder dar a su vez. Los que por la gracia de Dios han recibido beneficios intelectuales y espirituales, deben llevar a otros consigo a medida que avanzan hacia una excelencia superior. Y esta obra, hecha en beneficio de los demás, tendrá la cooperación de agentes invisibles. A medida que continuemos fielmente el trabajo, tendremos altas aspiraciones de justicia, santidad, y un conocimiento perfecto de Dios (Consejos para los maestros, p. 19).
Martes 9 de julio_______________________________________________________
MÁS MINISTERIO SABÁTICO
Lee Marcos 1:29 al 34. ¿Cómo ayudó Jesús a la familia de Pedro y qué lecciones espirituales podemos extraer de este relato?
Marcos 1:29-34
29 Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. 30 Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. 31 Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía. 32 Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; 33 y toda la ciudad se agolpó a la puerta. 34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.
Después del asombroso servicio religioso en la sinagoga, Jesús se retira con su pequeño grupo de discípulos (Pedro, Andrés, Santiago y Juan) al hogar de Pedro, evidentemente para dedicar el resto del sábado a una comida amistosa y a la confraternidad.
Pero una nota de preocupación sobrevuela la escena: la suegra de Pedro está enferma y afiebrada, lo que en ese tiempo significaba solo dos opciones: recuperarse o morir. Ellos le hablan a Jesús de la enfermedad, y Jesús toma a la suegra de Pedro de la mano y la pone en pie. Ella inmediatamente comienza a atender las necesidades de ellos. ¡Qué poderoso ejemplo de que quienes han sido salvados y sanados por Jesús sirven a otros como resultado!
A lo largo del Evangelio de Marcos, ocurre a menudo que Jesús sana a las personas afectadas tocándolas (Mar. 1:41; 5:41), aunque en otras ocasiones no se menciona ningún toque (Mar. 2:1-12; 3:1-6; 5:7-13).
Jesús no había concluido aún su tarea de servicio aquel día. Después de la puesta de sol, muchos acudieron a la casa de Pedro buscando sanidad, sin duda después de ver lo sucedido en la sinagoga ese día o por haber oído acerca de ello. El hecho de que el escritor del Evangelio no diga a sus lectores que la gente esperó a causa de las horas sabáticas para recién entonces acudir allí indica que él daba por sentado que sabían acerca del reposo sabático. Este rasgo del Evangelio de Marcos es consistente con el hecho de que sus lectores observaban el sábado.
Marcos dice que la ciudad entera se dio cita en la puerta de la casa aquel atardecer (Mar. 1:33). Sin duda, Jesús tuvo que dedicar considerable tiempo para atender a todas esas personas.
“Durante horas y horas, llegaban y se iban; porque nadie sabía si al día siguiente encontrarían al Médico todavía entre ellos. Nunca antes había presenciado Capernaum un día como ese. Llenaban el aire las voces de triunfo y de liberación. El Salvador se regocijaba por la alegría que había despertado. Mientras presenciaba los sufrimientos de aquellos que habían acudido a él, su corazón se conmovía de simpatía y se regocijaba en su poder de devolverles la salud y la felicidad.
“Jesús no cesó de trabajar hasta que el último doliente hubo quedado aliviado. Ya era muy avanzada la noche cuando la muchedumbre se fue, y el silencio descendió sobre el hogar de Simón. Había terminado el largo día lleno de excitación, y Jesús buscó descanso. Pero, mientras la ciudad estaba aún envuelta por el sueño, el Salvador ‘levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes [DTG], p. 225).
ESPÍRITU DE PROFECÍA
En la vivienda del pescador en Capernaúm, la suegra de Pedro yacía enferma de «grande fiebre; y le rogaron por ella». Jesús la tomó de la mano «y la fiebre la dejó». Lucas 4:38, 39; Marcos 1:30. Entonces ella se levantó y sirvió al Salvador y a sus discípulos. Mateo 8:15.
Con rapidez cundió la noticia. Hizo Jesús este milagro en sábado, y por temor a los rabinos el pueblo no se atrevió a acudir en busca de curación hasta después de puesto el sol. Entonces, de sus casas, talleres y mercados, los vecinos de la población se dirigieron presurosos a la humilde morada que albergaba a Jesús. Los enfermos eran traídos en camillas, otros venían apoyándose en bordones, o sostenidos por brazos amigos llegaban tambaleantes a la presencia del Salvador…
No cesó Jesús su obra hasta que hubo aliviado al último enfermo. Muy entrada era la noche cuando la muchedumbre se alejó, y la morada de Simón quedó sumida en el silencio (El ministerio de curación, p. 19).
Nuestra confesión de su fidelidad es el factor escogido por el Cielo para revelar a Cristo al mundo. Debemos reconocer su gracia como fue dada a conocer por los santos de antaño; pero lo que será más eficaz es el testimonio de nuestra propia experiencia. Somos testigos de Dios mientras revelamos en nosotros mismos la obra de un poder divino. Cada persona tiene una vida distinta de todas las demás y una experiencia que difiere esencialmente de la suya. Dios desea que nuestra alabanza ascienda a él señalada por nuestra propia individualidad. Estos preciosos reconocimientos para alabanza de la gloria de su gracia, cuando son apoyados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible que obra para la salvación de las almas (El Deseado de todas las gentes, p. 313).
Hemos de llevar el yugo de Cristo, obrar como él obró por la salvación de los perdidos; y los que son partícipes de sus padecimientos participarán también de su gloria. El apóstol dice: «Sois colaboradores de Dios». Aferrémonos, pues, de su fortaleza. Que todo el que pronuncie el nombre de Cristo entre nosotros se convierta en obrero juntamente con Dios. Que la carga de toda la obra no recaiga sobre los ministros, sino que cada miembro de la iglesia entienda que tiene una obra que hacer…
La comisión del Salvador a su pueblo es: «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura». Oh, cuán penosamente se ha descuidado esta obra, y sin embargo el mundo hambriento perece por falta del pan de vida. Que cada uno se entregue a Dios, acepte la dádiva celestial del Espíritu Santo, y salga a anunciar a los que están en tinieblas el amor y el sacrificio del Salvador, para que no perezcan, sino que tengan vida eterna. En cualquier lugar donde os establezcáis, sed una luz para la gente, señalando el camino trazado para los redimidos del Señor, y convertíos así en colaboradores de Dios (Bible Echo, 15 de abril, 1892).
Miércoles 10 de julio____________________________________________________
EL SECRETO DEL MINISTERIO DE JESÚS
Lee Marcos 1:35 al 39. ¿Qué importantes lecciones pueden ser extraídas de lo que Jesús hizo aquí?
Marcos 1:35-39
35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. 36 Y le buscó Simón, y los que con él estaban; 37 y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. 38 Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.
Jesús se levantó antes del amanecer y fue a un lugar desierto, tranquilo, para orar. Marcos 1:35 destaca la oración como el foco de la acción de Jesús. Todas las otras formas verbales que forman parte de esa declaración se encuentran en un formato resumido: se levantó, salió, se fue (todas expresadas mediante el tiempo verbal conocido en griego como aoristo, indicando así acción completada). Pero el verbo “orar” está conjugado en tiempo imperfecto, una forma usada para expresar, particularmente aquí, un proceso en curso. Él estaba orando, seguía orando. El texto destaca también cuán temprano se levantaba Jesús para orar, lo que implica que el tiempo que dedicaba a orar a solas era considerable.
A lo largo de los evangelios, se nos presenta a Jesús como una persona de oración (ver Mat. 14:23; Mar. 6:46; Juan 17). Este parece ser uno de los secretos del poder del ministerio de Jesús.
Lee Lucas 6:12. ¿Qué nos enseña esto acerca de la vida de oración de Jesús?
Lucas 6:12
12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Muchos cristianos han establecido momentos específicos para la oración. Esta práctica es correcta y provechosa, pero también puede volverse una rutina, algo que se hace casi sin pensar. Una manera de salir de un molde preestablecido es cambiar ocasionalmente el momento dedicado a orar u orar a veces durante más tiempo. El punto es no encerrarse a uno mismo en una especie de fórmula invariable.
Pedro y sus compañeros no fueron con Jesús al lugar de oración. Probablemente conocían el sitio, pues lo encontraron allí. Su observación de que todos estaban buscando a Jesús era una sugerencia de que extendiera la emocionante experiencia del día previo, y siguiera sanando y enseñando. Sorprendentemente, Jesús se niega a ello y señala hacia un campo de servicio más amplio en favor de otros lugares. Él les dijo: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Mar. 1:38).
Si Jesús mismo necesitó dedicar tanto tiempo a orar, ¿cuánto tiempo deberíamos nosotros pasar en oración? ¿Qué nos dice el ejemplo de Jesús acerca de ello?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
¡Contemplad al Hijo de Dios postrado en oración ante su Padre! Aunque es el Hijo de Dios, fortalece su fe por la oración, y por la comunión con el cielo acumula en sí poder para resistir el mal y para ministrar las necesidades de los hombres. Como Hermano Mayor de nuestra especie, conoce las necesidades de aquellos que, rodeados de flaquezas y viviendo en un mundo de pecado y de tentación, desean todavía servir a Dios. Sabe que los mensajeros a quienes considera dignos de enviar son hombres débiles y expuestos a errar; pero a todos aquellos que se entregan enteramente a su servicio les promete ayuda divina. Su propio ejemplo es una garantía de que la súplica ferviente y perseverante a Dios con fe —la fe que induce a depender enteramente de Dios y a consagrarse sin reservas a su obra— podrá proporcionar a los hombres la ayuda del Espíritu Santo en la batalla contra el pecado.
Todo obrero que sigue el ejemplo de Cristo será preparado para recibir y usar el poder que Dios ha prometido a su iglesia para la maduración de la mies de la tierra. Mañana tras mañana, cuando los heraldos del evangelio se arrodillan delante del Señor y renuevan sus votos de consagración, él les concede la presencia de su Espíritu con su poder vivificante y santificador (Los hechos de los apóstoles, p. 46).
Todos los que están en la escuela de Dios necesitan de una hora tranquila para la meditación, a solas consigo mismos, con la naturaleza y con Dios. En ellos tiene que manifestarse una vida que en nada se armoniza con el mundo, sus costumbres o sus prácticas; necesitan, pues, experiencia personal para adquirir el conocimiento de la voluntad de Dios. Cada uno de nosotros ha de oír la voz de Dios hablar a su corazón. Cuando toda otra voz calla, y tranquilos en su presencia esperamos, el silencio del alma hace más perceptible la voz de Dios.
Él nos dice: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios». Salmo 46: 10. Esta es la preparación eficaz para toda labor para Dios. En medio de la presurosa muchedumbre y de las intensas actividades de la vida, el que así se refrigera se verá envuelto en un ambiente de luz y paz. Recibirá nuevo caudal de fuerza física y mental. Su vida exhalará fragancia y dará prueba de un poder divino que alcanzará a los corazones de los hombres (El ministerio de curación, p. 37).
Temprano por la mañana, Pedro y sus compañeros vinieron a Jesús diciendo que ya le estaba buscando el pueblo de Capernaúm… Pero con sorpresa oyeron a Cristo decir estas palabras: «También a otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado».
En la agitación que dominaba en Capernaúm, había peligro de que se perdiese de vista el objeto de su misión. Jesús no se sentía satisfecho atrayendo la atención a sí mismo como taumaturgo o sanador de enfermedades físicas. Quería atraer a los hombres a sí como su Salvador. Y mientras la gente quería anhelosamente creer que había venido como rey, a fin de establecer un reino terrenal, él deseaba desviar su mente de lo terrenal a lo espiritual. El mero éxito mundanal estorbaría su obra (El Deseado de todas las gentes, pp. 225, 226).
Jueves 11 de julio_______________________________________________________
¿PUEDES GUARDAR UN SECRETO?
Lee Marcos 1:40 al 45. ¿Qué nos enseña esto acerca de Jesús y de cómo se relacionó con los marginados de la sociedad?
Marcos 1:40-45
40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. 42 Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio. 43 Entonces le encargó rigurosamente, y le despidió luego, 44 y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. 45 Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
La lepra descrita en este pasaje, al igual que en todo el Antiguo Testamento, no se refiere solo a lo que conocemos hoy como la enfermedad de Hansen, o lepra auténtica. La terminología bíblica sería mejor traducida como “temida enfermedad de la piel” y podía incluir otras dolencias cutáneas.
La lepra propiamente dicha, o mal de Hansen, pudo haber llegado al Cercano Oriente alrededor del tercer siglo antes de Cristo (ver David P. Wright y Richard N. Jones, “leprosy [lepra]”, The Anchor Bible Dictionary, v. 4 [Nueva York: Doubleday, 1992], pp. 277-282). Por lo tanto, el leproso del que habla el pasaje en cuestión pudo haber tenido la enfermedad de Hansen, aunque no sabemos con certeza de qué dolencia sufría, solo que estaba enfermo.
El leproso confía en que Jesús puede limpiarlo. Según Levítico 13, un leproso era ritualmente impuro y debía evitar el contacto con otras personas (ver Lev. 13:45, 46).
Sin embargo, Jesús es movido por la compasión y toca al hombre. “Jesús se compadeció de él. Extendió su mano, lo tocó y le dijo: ‘ Así lo quiero. ¡Queda limpio!’ ” (Mar. 1:41). Esta acción debería haber contaminado ritualmente a Jesús hasta el atardecer, cuando le habría sido requerido que se lavara a fin de volver a ser ritualmente limpio (compara con Levítico 13-15). Pero Marcos tiene claro que la acción de Jesús de tocar al hombre enfermo limpió a este de su lepra. En consecuencia, Jesús no fue ritualmente contaminado por el hecho de tocarlo.
Jesús le dice al hombre que vaya a un sacerdote y que ofrezca el sacrificio ordenado por Moisés para tales casos en Levítico 14. A lo largo del Evangelio de Marcos, Jesús se manifiesta en favor de lo que Moisés enseñó (ver Mar. 7:10; 10:3, 4; 12:26, 29-31). Esa posición está en marcado contraste con los dirigentes religiosos, quienes en pasajes como los de Marcos 7, 10 y 12 desvirtúan el propósito original de las enseñanzas comunicadas por medio de Moisés. Estos detalles explican la orden de guardar silencio dada por Jesús al hombre en Marcos 1:44. Si contaba su curación, esto podía prejuiciar la decisión del sacerdote en contra de Jesús.
Pero el leproso sanado parece no entender esto y, en desobediencia al mandato de Jesús, esparce la noticia por todas partes, lo que impide a Jesús entrar abiertamente en los poblados para realizar su ministerio.
¿Cómo podemos ser cuidadosos para no hacer cosas que obstaculicen la difusión del evangelio, independientemente de cuán buenas sean nuestras intenciones?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Desde lejos, el leproso percibe algunas palabras del Salvador. Le ve poner las manos sobre los enfermos. Ve a los cojos, a los paralíticos, y a los que están muriéndose de diversas enfermedades levantarse sanos y alabar a Dios por su salvación. Su fe se fortalece. Se acerca más y más a la gente que está escuchando. Las restricciones que se le han impuesto, la seguridad del pueblo, el miedo con que todos le miran, todo lo olvida. No piensa más que en la bendita esperanza de curación.
Es un espectáculo repulsivo. La enfermedad ha hecho en él horrorosos estragos y da miedo mirar su cuerpo en descomposición. Al verle, la gente retrocede. Aterrorizados, se atropellan unos a otros para rehuir su contacto. Algunos procuran evitar que se acerque a Jesús, mas en vano. El no los ve ni los oye, ni advierte sus expresiones de repulsión. No ve más que al Hijo de Dios ni oye otra voz sino la que da vida a los moribundos.
Abriéndose paso hasta Jesús, se arroja a sus pies, clamando: «Señor, si quisieres, puedes limpiarme».
Jesús le contesta: «Quiero; sé limpio», y pone su mano sobre él. Mateo 8:2, 3.
Al instante se produce un cambio en el leproso. Su sangre se purifica, sus nervios recuperan la sensibilidad perdida, sus músculos se fortalecen. La pálida tez, propia del leproso, desaparece, caen las escamas de la piel, y su carne se vuelve como la de un niño (El ministerio de curación, pp. 68, 69).
Los discípulos querían evitar que su Maestro le tocara, pues el que tocaba a un leproso quedaba también inmundo. Pero al poner la mano sobre él, Jesús no se contaminó. La lepra fue limpiada. Así sucede con la lepra del pecado, tan profundamente arraigada, tan mortífera, tan imposible de curar por el poder humano… Pero Jesús, al humanar se, no se contamina. Su presencia es virtud curativa para el pecador. Cualquiera que se postre a sus pies, diciéndole con fe: «Señor, si quisieres, puedes limpiarme», oirá esta respuesta: «Quiero: sé limpio».
En algunos casos de curación, no concedía Jesús en el acto el beneficio pedido. Pero en este caso de lepra, apenas oyó la petición la atendió. Cuando oramos para pedir bendiciones terrenales, la respuesta a nuestra oración puede tardar, o puede ser que Dios nos dé algo diferente de lo pedido; pero no sucede así cuando le pedimos que nos libre del pecado. Es su voluntad limpiarnos de pecado, hacernos sus hijos y ayudarnos a llevar una vida santa. Cristo «se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de Dios y Padre nuestro». Gálatas 1:4. «Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado». 1 Juan 5:14, 15 (El ministerio de curación, pp. 46, 47).
Viernes 12 de julio______________________________________________________
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee los capítulos titulados “En Capernaum” y “Puedes limpiarme”, en El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, pp. 217-237.
¿Qué cuadro de Jesús presenta Marcos 1? Jesús tiene autoridad para llamar discípulos, y quienes son llamados responden. Él es santo, en contraste con los espíritus impuros, que están a las órdenes de Satanás. Una gran batalla está teniendo lugar entre las fuerzas del bien y las del mal, y Jesús tiene más poder que los demonios. Jesús siente compasión por los enfermos y los ayuda, tocándolos aun cuando nadie más lo haría. “Mientras estaba Jesús en la sinagoga, hablando del reino que había venido a establecer y de su misión de libertar a los cautivos de Satanás, fue interrumpido por un grito de terror. Un loco se lanzó hacia adelante de entre la gente, clamando: ‘Déjanos, ¿qué tenemos contigo, Jesús Nazareno? ¿has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios’.
“Ahora todo era confusión y alarma. La atención se desvió de Cristo, y la gente ya no oyó sus palabras. Tal era el propósito de Satanás al conducir a su víctima a la sinagoga. Pero Jesús reprendió al demonio diciendo: ‘¡Cállate! ¡Sal de este hombre!’ Entonces el demonio derribó al hombre en medio de la gente y salió de él sin hacerle ningún daño. […] Aquel que había vencido a Satanás en el desierto de la tentación se volvía a encontrar frente a frente con su enemigo. El demonio ejercía todo su poder para retener el control de su víctima. Perder terreno sería dar una victoria a Jesús. Parecía que el torturado iba a perder su vida en la lucha contra el enemigo que había arruinado su virilidad. Pero el Salvador habló con autoridad, y libertó al cautivo” (DTG 220, 221).
Mientras tanto, nuestro Salvador desarrollaba un ministerio muy activo: iba de un lugar a otro y estaba en contacto casi constante con muchas personas. ¿Cómo pudo mantener un enfoque sereno y estable durante su ministerio en favor de las personas? Indudablemente, eso fue posible en virtud de su experiencia diaria con la oración.
Piensa en lo que podría ser una agenda manejable de cantidad de tiempo dedicado a la oración y al estudio de las Escrituras. Encuentra un esquema que te dé resultado y dedica tiempo a desarrollar un espíritu apacible, guiado por el Espíritu y la Palabra de Dios.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
Dialoguen en la clase sobre la cuestión de la oración y por qué es tan importante en la vida cristiana. ¿Cuáles son algunas de las preguntas que las personas se hacen acerca del propósito y la eficacia de la oración?
- Hablen acerca de casos en los que lo mejor sería no decir demasiado acerca de nuestra fe. ¿Cuándo podría eso ser prudente y, sin embargo, cómo podemos hacer eso sin comprometer nuestro testimonio?
- ¿Quiénes son los “leprosos” en tu cultura actualmente? ¿Cómo puede tu iglesia alcanzar y “tocar” a esas personas a fin de acercarles el evangelio?