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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


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Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


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Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2024 Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan
2025 Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado* Josué El Espíritu de Profecía
2027 1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel
2028

* Religion in the Market Place


Lección 2: Para el 12 de octubre de 2024

SIGNOS DE DIVINIDAD

Sábado 5 de octubre____________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 6:1-15; Isaías 53:4-6; 1 Corintios 5:7; Juan 6:26-36; 9:1-41; 1 Corintios 1:26-29; Juan 11.

PARA MEMORIZAR:

“Jesús respondió: ‘Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?’ ” (Juan 11:25, 26).

La Biblia deja en claro que Jesucristo es el Hijo eterno, uno con el Padre, no creado ni engendrado. Jesús es quien creó todo lo que existe (Juan 1:1-3).

Por lo tanto, Jesús siempre ha existido; nunca hubo un momento en el que no haya existido. Aunque Jesús vino a este mundo y tomó sobre sí nuestra humanidad, siempre conservó su divinidad y, en momentos concretos, dijo e hizo cosas que la revelaron.

Esta verdad era importante para Juan. Por eso, al relatar algunos de los milagros de Jesús, Juan los utilizó para señalar la divinidad de Cristo. Jesús no solo dijo cosas que revelaban su divinidad, sino también respaldó sus palabras con hechos que la corroboraron.

La lección de esta semana examina tres de las mayores señales o evidencias de la divinidad de Jesús. Lo sorprendente es que, en cada caso, algunas personas no creyeron en el milagro o no percibieron su significado. Algunas de ellas se alejaron de Jesús; otras profundizaron su ceguera espiritual; y otras tramaron la muerte de Jesús. Aun otros aceptaron la evidencia que se les ofreció y creyeron en Jesús como el Mesías.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La naturaleza humana del Hijo de María, ¿fue cambiada en la naturaleza divina del Hijo de Dios? No. Las dos naturalezas se mezclaron misteriosamente en una sola persona: el hombre Cristo Jesús. En él moraba toda la plenitud de la Deidad corporalmente. Cuando Cristo fue crucificado, su naturaleza humana fue la que murió. La Deidad no disminuyó ni murió; esto habría sido imposible. Cristo, el inmaculado, salvará a cada hijo e hija de Adán que acepte la salvación que se le ofrece, que consienta en convertirse en hijo o hija de Dios. El Salvador ha comprado a la raza caída con su propia sangre.

Este es un gran misterio, un misterio que no será comprendido plena y completamente, en toda su grandeza, hasta que los redimidos sean trasladados. Entonces se comprenderán el poder, la grandeza y la eficacia de la dádiva de Dios para el hombre. Pero el enemigo ha decidido que esta dádiva sea oscurecida hasta el punto de quedar reducida a nada (Exaltad a Jesús, p. 70).

Los que apreciaban el carácter y la misión de Cristo, se llenaban de reverencia y asombro al contemplarlo, y sentían que estaban contemplando el templo del Dios viviente. Habían sido enviados oficiales para apresar al Hijo de Dios, a fin de que el templo viviente de Dios fuera destruido. Pero al acercarse y oír las palabras de sabiduría divina que salían de sus labios, quedaron encantados, y el poder y la excelencia de su instrucción llenaron de tal modo sus corazones y sus mentes, que olvidaron el propósito para el que habían sido enviados. Cristo se reveló a sus almas. La divinidad resplandeció a través de la humanidad, y regresaron tan llenos de este único pensamiento, tan cautivados por las ideas que les había presentado, que cuando los dirigentes de Israel preguntaron: «¿Por qué no lo habéis traído?», respondieron: «Nunca nadie habló como este hombre». Habían visto lo que los sacerdotes y los dirigentes no querían ver: la humanidad inundada de la luz y la gloria de la Divinidad (Signs of the Times, 20 de enero, 1890, párrafo 9).

Cuando estuvo en la tierra, Jesús dijo a los que lo rechazaron: «No queréis venir a mí para que tengáis vida». Hoy hay muchos que se niegan a responder al amor atrayente de Cristo. Jesús llama, pero muchos se niegan a responder a la invitación. No quieren valerse del privilegio de tener a Jesús como su Salvador personal. No vienen en humildad y fe, a fin de conocer por experiencia personal lo que son para Jesús, y lo que él es para ellos. Pero la promesa es: «Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho». Jesús no descansará hasta que lleve a sus seguidores a los reinos del gozo y la gloria perfectos (Signs of the Times, 27 de febrero, 1893, párrafo 5).


Domingo 6 de octubre___________________________________________________

LA ALIMENTACIÓN DE LOS CINCO MIL

En Juan 6:4 y 5, el apóstol se esfuerza por afirmar que el momento de la alimentación de los cinco mil ocurrió cerca de la Pascua, una conmemoración de la liberación de Israel de Egipto. El cordero pascual sustituía a la muerte de los primogénitos. Este sacrificio simbolizaba la muerte de Jesús en nuestro favor. En la Cruz, el castigo que merecíamos por nuestros pecados recayó sobre Jesús. En efecto, Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado por nosotros (1 Cor. 5:7).

“Cargó con la culpabilidad de la transgresión y el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que su corazón fue destrozado y su vida aniquilada. Hizo todos esos sacrificios a fin de que el pecador pudiese ser redimido” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 595).

Lee Juan 6:1 al 14. ¿Qué paralelos se pueden encontrar aquí entre Jesús y Moisés? Es decir, ¿qué hizo Jesús que debería haber recordado a la gente la liberación que sus antepasados habían recibido a través del ministerio de Moisés?

Juan 6:1-14

1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? 10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. 11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. 12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. 13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. 14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.

Numerosos detalles de esta historia representan un paralelo con Moisés en el Éxodo. El momento de la Pascua (Juan 6:4) apunta a la gran liberación respecto de Egipto. Jesús sube a una montaña (Juan 6:3), así como Moisés ascendió al Sinaí. Jesús pone a prueba a Felipe (Juan 6:5, 6) como los israelitas fueron puestos a prueba en el desierto. La multiplicación de los panes (Juan 6:11) recuerda al maná. La recolección de las sobras (Juan 6:12) recuerda la del maná por parte de los israelitas. Se recogen doce cestas de sobras (Juan 6:13), el número de las tribus de Israel. Y la gente comenta que Jesús es el profeta que viene al mundo (Juan 6:14), paralelismo con el “profeta como Moisés” predicho en Deuteronomio 18:15. Todo esto señala a Jesús como el nuevo Moisés, venido para liberar a su pueblo.

Así, Juan muestra a Jesús haciendo señales y prodigios, que en su contexto deberían haber tenido un significado especial para el pueblo judío. Les estaba mostrando, en esencia, su propia divinidad.

Lee Isaías 53:4 al 7 y 1 Pedro 2:24. ¿Qué gran verdad enseñan estos textos acerca de Jesús como Cordero de Dios? ¿Cómo se relaciona su divinidad con esta verdad y por qué es la verdad más importante que podemos conocer?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La Pascua se acercaba, y de cerca y de lejos se reunían, para ver a Jesús, grupos de peregrinos que se dirigían a Jerusalén. Su número fue en aumento, hasta que se reunieron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Antes que Cristo llegara a la orilla, una muchedumbre le estaba esperando, pero él desembarcó sin ser observado y pasó un corto tiempo aislado con los discípulos.

Desde la ladera de la colina, él miraba a la muchedumbre en movimiento, y su corazón se conmovía de simpatía. Aunque interrumpido y privado de su descanso, no manifestaba impaciencia. Veía que una necesidad mayor requería su atención, mientras contemplaba a la gente que acudía y seguía acudiendo. «Y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor». Abandonando su retiro, halló un lugar conveniente donde pudiese atender a la gente. Ella no recibía ayuda de los sacerdotes y príncipes; pero las sanadoras aguas de vida fluían de Cristo mientras enseñaba a la multitud el camino de la salvación (El Deseado de todas las gentes, p. 332).

Mi atención fue dirigida al poder que Dios manifestó a través de Moisés cuando lo envió a entrevistarse con Faraón. Satanás comprendió lo que debía hacer y estaba preparado. Sabía perfectamente que Moisés había sido elegido por Dios para romper el yugo de la cautividad que afligía a los hijos de Israel, y que en su obra simbolizaba la primera venida de Cristo para romper el poder de Satanás sobre la familia humana y libertar a los que habían sido hechos cautivos de su poder. Satanás sabía que cuando Cristo apareciera realizaría obras y milagros admirables para que el mundo supiera que el Padre lo había enviado. Tembló al pensar en el poder de Jesús. Consultó con sus ángeles la forma de llevar a cabo una obra que cumpliera un doble propósito: (1) destruir la influencia de la obra que Dios realizaría mediante su siervo Moisés, para lo cual obraría mediante sus agentes satánicos, y en esa forma representaría falsamente la verdadera obra de Dios; (2) ejercer influencia mediante su obra por medio de los magos que existirían en todas las épocas para destruir en las mentes de muchos la verdadera fe en los poderosos milagros y obra que Cristo llevaría a cabo cuando viniera a este mundo. Satanás sabía que su reino sufriría, porque el poder que ejercería sobre la humanidad estaría sujeto a Cristo. No era la influencia humana o el poder que Moisés poseía lo que produjo los milagros realizados ante Faraón. Era el poder de Dios. Esas señales y maravillas fueron realizadas mediante Moisés para convencer a Faraón de que el gran «Yo Soy» lo había enviado para ordenarle a Faraón a que dejara en libertad a Israel a fin de que este sirviera a Dios (Testimonios para la iglesia, t. 1, pp. 262, 263).

Cristo pagó por la culpabilidad de todo el mundo y todo el que venga a Dios por fe, recibirá la justicia de Cristo, «quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados». 1 Pedro 2:24. Nuestro pecado ha sido expiado, puesto a un lado, arrojado a lo profundo de la mar. Mediante el arrepentimiento y la fe somos liberados del pecado y contemplamos al Señor, nuestra justicia. Jesús sufrió, el justo por el injusto (Mensajes selectos, t. 1, p. 460).


Lunes 7 de octubre_____________________________________________________

“REALMENTE, ESTE ES EL PROFETA”

Lee Juan 6:14, 15 y 26 al 36. ¿Cómo respondió la gente a su milagro y cómo lo utilizó Jesús para enseñarles quién era?

Juan 6:14-15 y 26-36

14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre. 28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. 30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

Los judíos esperaban un mesías terrenal que los librara de la opresión del Imperio Romano. Dos de las cosas más difíciles en una guerra son alimentar a las tropas y cuidar de los heridos, además de disponer de los caídos en acción. Los milagros de Jesús hicieron que se lo viera como quien podía resolver eso.

Pero Jesús no había venido para eso, y ese no era el propósito de su milagro. En lugar de ello, el relato de la alimentación de los cinco mil dio la oportunidad de ilustrar que Jesús es el Pan de vida, que Dios mismo descendió del Cielo. Dijo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre” (Juan 6:35).

Esta es la primera de las siete afirmaciones “Yo soy” del Evangelio de Juan, en las que la declaración “Yo soy” está relacionada con algún predicado: “el pan de vida” (Juan 6:35); “la luz del mundo” (Juan 8:12); “la puerta” (Juan 10:7, 9); “el buen pastor” (Juan 10:11, 14); “la resurrección y la vida” (Juan 11:25); “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6); “la vid verdadera” (Juan 15:1, 5). Cada una de ellas apunta a una verdad importante acerca de Jesús. Las afirmaciones “Yo soy” se remontan a Éxodo 3, donde Dios se presenta a Moisés como el gran YO SOY (comparar con Juan 8:58). Jesús es ese gran YO SOY. Pero la gente no captó nada de eso.

“Con corazón desconforme, preguntaban: ¿Por qué, si Jesús podía hacer obras tan admirables como las que habían presenciado, no podía dar a todos los suyos salud, fuerza y riquezas, librarlos de sus opresores, y exaltarlos al poder y la honra? El hecho de que aseverara ser el Enviado de Dios y, sin embargo, se negara a ser el Rey de Israel era un misterio que no podían sondear. Su negativa fue malinterpretada. Muchos concluyeron que no se atrevía a presentar sus derechos porque él mismo dudaba del carácter divino de su misión. Así abrieron su corazón a la incredulidad, y la semilla que Satanás había sembrado llevó fruto según su especie: incomprensión y deserción” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 349).

Buscaban el beneficio material, no la verdad que perdura eternamente. Esta es una trampa que todos enfrentamos potencialmente si no somos cuidadosos.

¿Cómo podemos evitar quedar atrapados en las cosas materiales a expensas de lo espiritual?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Sentada sobre la llanura cubierta de hierba, en el crepúsculo primaveral, la gente comió los alimentos que Cristo había provisto… El milagro de los panes atraía a cada miembro de la vasta muchedumbre. . . Ningún poder humano podía crear, de cinco panes de cebada y dos pececillos, bastantes comestibles para alimentar a miles de personas hambrientas. Y se decían unos a otros: «Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo». Juan 6:14… Podía satisfacer todo deseo. Podía quebrantar el poder de los odiados romanos… Podía conquistar las naciones y dar a Israel el dominio que deseaba desde hacía mucho tiempo.

En su entusiasmo, la gente estaba lista para coronarle rey en seguida. Se veía que él no hacía ningún esfuerzo para llamar la atención a sí mismo… Temían que nunca haría valer su derecho al trono de David. Consultando entre sí, convinieron en tomarle por fuerza y proclamarle rey de Israel.

Jesús vio lo que se estaba tramando y comprendió, como no podían hacerlo ellos, cuál sería el resultado de un movimiento tal…

Jesús ordenó entonces a la multitud que se dispersase; y su actitud era tan decidida que nadie se atrevió a desobedecerle… El porte regio de Jesús y sus pocas y tranquilas palabras de orden apagaron el tumulto y frustraron sus designios. Reconocieron en él un poder superior a toda autoridad terrenal, y sin una pregunta se sometieron (La maravillosa gracia de Dios, p. 46).

Jesús dijo de las Escrituras del Antiguo Testamento —y ¡cuánto más cierto es esto acerca del Nuevo!—: «Ellas son las que dan testimonio de mí». Juan 5:39… Si deseáis conocer al Salvador, estudiad las Santas Escrituras. Llenad vuestro corazón de las palabras de Dios. Son el agua viva que apaga vuestra sed. Son el pan vivo que descendió del cielo… Nuestros cuerpos viven de lo que comemos y bebemos; y lo que sucede en la vida natural sucede en la espiritual: lo que meditamos es lo que da tono y vigor a nuestra naturaleza espiritual.

La vida espiritual debe ser sostenida mediante la comunicación con Cristo a través de su Palabra. La mente debe espaciarse en ella, el corazón debe llenarse de ella. La Palabra de Dios establecida en el corazón, considerada sagrada, y obedecida mediante el poder de la gracia de Cristo, puede hacer que el hombre sea recto y puede mantenerlo recto (La maravillosa gracia de Dios, p. 228).

Jesús no satisfizo su curiosidad. Dijo tristemente: «Me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis». No le buscaban por algún motivo digno; sino que como habían sido alimentados con los panes, esperaban recibir todavía otros beneficios temporales vinculándose con él. El Salvador les instó: «Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece». No busquéis solamente el beneficio material. No tenga por objeto vuestro principal esfuerzo proveer para la vida actual, pero buscad el alimento espiritual, a saber, esa sabiduría que durará para vida eterna. Sólo el Hijo de Dios puede darla; «porque a este señaló el Padre, que es Dios» (El Deseado de todas las gentes, p. 348).


Martes 8 de octubre____________________________________________________

LA CURACIÓN DEL CIEGO: PARTE 1

Lee Juan 9:1 al 16. ¿Cuál era, según los discípulos, la causa de la ceguera de este hombre? ¿Cómo corrigió Jesús esas ideas erróneas?

Juan 9:1-16

1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé. 13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. Él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.

Los discípulos relacionaron la enfermedad con el pecado. Varios pasajes del Antiguo Testamento apuntan en esa dirección (comparar con Éxo. 20:5; 2 Rey. 5:15-27; 2 Rey. 15:5; 2 Crón. 26:16-21), pero la historia de Job debería haber sido suficiente para demostrar que tal conexión no es siempre el caso.

Jesús aclara el asunto, sin negar que exista a veces cierta relación de causa y efecto entre el pecado y el sufrimiento, pero en este caso señalando un propósito más elevado: que Dios sería glorificado por la curación. El relato contiene ciertas afinidades con la historia de la Creación, cuando Dios formó al primer hombre del polvo de la tierra (Gén. 2:7), del mismo modo que Jesús hace barro para suplir al ciego de lo que carecía al nacer.

En Mateo, Marcos y Lucas, los relatos de milagros siguen un patrón común: la descripción del problema, la presentación de la persona a Jesús, la curación y el reconocimiento de la curación con alabanzas a Dios.

En el relato de Juan 9, esta secuencia se completa en Juan 9:7. Pero, como es típico en Juan, el significado del milagro se convierte en un tema de discusión mucho más amplio, que conduce a una larga interacción entre el hombre curado y los líderes religiosos. Esta sorprendente discusión gira en torno a dos pares de conceptos entrelazados y contrapuestos: pecado/obras de Dios y ceguera/visión.

El narrador informa al lector recién en Juan 9:14 que Jesús hizo este milagro en sábado, lo que según la tradición, no la Biblia, significaba violar el cuarto Mandamiento. Por lo tanto, los fariseos lo consideraron un transgresor del sábado. La conclusión de ellos fue que él no venía de Dios, pues sostenían que “no guardaba el sábado”. Pero a otros les parecía preocupante que un pecador pudiera hacer tales señales (Juan 9:16).

La discusión está lejos de terminar, pero ya aparece una división. El ciego tiene cada vez más claro quién es Jesús, pero los dirigentes religiosos están cada vez más confundidos o ciegos en cuanto a su verdadera identidad.

¿Qué debería decirnos esta historia acerca del peligro de estar tan cegados por nuestras propias creencias y tradiciones que pasemos por alto verdades importantes y evidentes?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Job fue terriblemente afligido, y sus amigos procuraron hacerle reconocer que su sufrimiento era el resultado del pecado, e hicieron que él se sintiera bajo condenación. Presentaron el caso de él como el de un gran pecador; pero el Señor los reprendió por la forma en que juzgaban a su fiel siervo.

Hay maldad en nuestro mundo, pero no todo el sufriendo es el resultado de una conducta pervertida. Se nos presenta a Job claramente como un hombre a quien el Señor permitió que Satanás afligiera. El enemigo lo despojó de todo lo que poseía; se rompieron sus vínculos familiares; perdió a sus hijos. Durante un tiempo el cuerpo se le cubrió de llagas repugnantes, y sufrió muchísimo. Sus amigos vinieron para consolarlo, pero trataron de convencerlo de que era responsable de sus aflicciones por su proceder pecaminoso. Sin embargo, él se defendió y negó la acusación declarando: «Consoladores molestos sois todos vosotros». Al intentar hacerlo culpable delante de Dios y merecedor de su castigo, lo sometieron a una penosa prueba y describieron erróneamente el carácter de Dios. Con todo, Job no se apartó de su lealtad, y Dios recompensó a su fiel siervo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1158).

Cristo vino a revelar al mundo el conocimiento del carácter de Dios… La verdad de Dios había estado oculta bajo una montaña de tradición y error. Las ofrendas de sacrificio que se habían ordenado para instruir a los hombres acerca de la expiación vicaria de Cristo, a fin de enseñarles que sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecado, se habían convertido para ellos en una piedra de tropiezo.

Todo lo que era espiritual y santo estaba distorsionado en su entendimiento oscurecido. Estaban cegados por el orgullo y los prejuicios, de modo que no podían ver el propósito de lo que había sido abolido. Jesús vino a cambiar el orden de cosas que entonces existía, y a revelarles el carácter del Padre (The Review and Herald, 10 de noviembre, 1892, párrafo 12).

No pocas veces las mentes de los siervos de Dios están tan cegadas por la tradición y las falsas enseñanzas que solo comprenden parcialmente las cosas reveladas en su Palabra. Los discípulos de Cristo, incluso cuando el Salvador estaba con ellos, tenían la concepción popular del Mesías como un príncipe temporal que exaltaría a Israel como un imperio universal. No podían entender sus palabras que predecían su sufrimiento y muerte…

Después de su resurrección, Jesús se apareció a sus discípulos en el camino a Emaús y «les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían». Su propósito era afianzar la fe de ellos en «la palabra profética más segura» (Lucas 24:27; 2 Pedro 1:19), no solo por su testimonio personal, sino por las profecías del Antiguo Testamento. Y como primer paso para impartir este conocimiento, Jesús dirigió a los discípulos a «Moisés y a todos los profetas» de las Escrituras del Antiguo Testamento (From Here to Forever, pp. 215, 217).


Miércoles 9 de octubre__________________________________________________

LA CURACIÓN DEL CIEGO: PARTE 2

Lee Juan 9:17 al 34. ¿Qué preguntas hicieron los líderes al ciego y cómo respondió él?

Juan 9:17-34

17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. 18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, 19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego; 21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él. 24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. 25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27 Él les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? 28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. 29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ese, no sabemos de dónde sea. 30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ese oye. 32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. 33 Si este no viniera de Dios, nada podría hacer. 34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.

Esta larga sección de Juan 9 es la única parte del Evangelio en la que Jesús no es el actor principal, aunque ciertamente es el tema de discusión. Así como la cuestión del pecado dio inicio a la historia (Juan 9:2), los fariseos piensan que Jesús es un pecador porque sanó al ciego en sábado (Juan 9:16, 24), y calumnian al hombre sanado diciéndole: “En pecado eres nacido del todo” (Juan 9:34).

Se produce una curiosa inversión. El ciego ve cada vez más, no solo físicamente, sino también espiritualmente, a medida que crece su aprecio por Jesús y su fe en él. Los fariseos, por el contrario, se vuelven cada vez más ciegos en su entendimiento: primero, divididos acerca de Jesús (Juan 9:16); y luego, sin saber de dónde vino (Juan 9:29).

Mientras tanto, su relato de este milagro da a Juan la oportunidad de decirnos quién es Jesús. El tema de las señales en Juan 9 se entrecruza con otros temas del Evangelio. Juan reafirma que Jesús es la Luz del mundo (Juan 9:5; comparar con Juan 8:12). El relato también aborda el misterioso origen de Jesús. ¿Quién es? ¿De dónde viene? ¿Cuál es su misión? (Juan 9:12, 29; comparar con Juan 1:14). La figura de Moisés, a la que se hace referencia en anteriores relatos de milagros, también aparece en este capítulo (Juan 9:28, 29; comparar con Juan 5:45, 46 y Juan 6:32). Por último, está el tema de la respuesta de la multitud. Algunos aman más las tinieblas que la luz, mientras que otros responden con fe (Juan 9:16-18, 35-41; comparar con Juan 1:9-16; 3:16-21; 6:60-71).

Lo que asusta aquí es la ceguera espiritual de los líderes religiosos. Un mendigo antes ciego puede declarar: “Desde el principio del mundo no se ha oído que nadie abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si este no fuera de Dios, nada podría hacer” (Juan 9:32, 33). Sin embargo, los líderes religiosos, los guías espirituales de la nación, quienes debieron ser los primeros en reconocer a Jesús y aceptarlo como el Mesías, no pueden verlo a pesar de toda la poderosa evidencia. En realidad, no quieren verlo. ¡Qué poderosa advertencia acerca de cómo nuestros corazones pueden engañarnos!

Lee 1 Corintios 1:26 al 29. ¿Cómo armoniza lo que Pablo escribe allí con lo que sucedió en esta escena, y cómo se aplica el mismo principio incluso ahora?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos los milagros que [Cristo] realizaba en sábado eran para aliviar al afligido, pero los fariseos habían procurado condenarlo como violador del sábado. Habían tratado de incitar a los herodianos contra él. Presentándoselo como procurando establecer un reino rival, consultaron con ellos en cuanto a cómo matarlo. Para excitar a los romanos contra él, se lo habían representado como tratando de subvertir su autoridad. Habían ensayado todos los recursos para impedir que influyera en el pueblo. Pero hasta entonces sus tentativas habían fracasado. Las multitudes que habían presenciado sus obras de misericordia y oído sus enseñanzas puras y santas, sabían que los suyos no eran los hechos y palabras de un violador del sábado o blasfemo. Aun los oficiales enviados por los fariseos habían sentido tanto la influencia de sus palabras que no pudieron echar mano de él. En su desesperación, los judíos habían publicado finalmente un edicto decretando que cualquiera que profesase fe en Jesús fuera expulsado de la sinagoga (El Deseado de todas las gentes, p. 496).

Debido al orgullo y la ambición de los hijos de los hombres, Dios ha preferido realizar sus grandiosas obras por medio de los instrumentos más sencillos y humildes. Dios no elige a los hombres a quienes el mundo honra como grandes, talentosos o brillantes. Elige a los que desean trabajar en humildad y sencillez, reconociéndolo como su Guía y la fuente de su fortaleza. El anhela que lo convirtamos en nuestro Protector y Guía en todos los deberes y asuntos de la vida…

El apóstol Pablo podía hacer frente a la elocuencia con la elocuencia, a la lógica con la lógica; podía participar inteligentemente en todas las controversias; pero, ¿estaba satisfecho con ese conocimiento mundanal? El escribe: «Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado» (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1083).

Cristo eligió lo insensato del mundo, a los que este consideraba indoctos e ignorantes, para confundir a los sabios. Los discípulos no conocían las tradiciones de los rabinos, pero con el ejemplo de Cristo, su Maestro, obtuvieron una educación de primer orden, porque tenían ante sí un Ejemplo divino. Cristo les fue presentando las verdades más elevadas.

A los que Dios emplea en su servicio, los prepara a su manera con el fin de que lo sirvan. Los que predican a Cristo deben aprender de él diariamente, para comprender el misterio de salvar y servir a las almas por las cuales él murió… Deben seguir su ejemplo en todo, para compartir con otros su tierna compasión, y su decidida oposición a toda obra mala (Cada día con Dios, p. 39).


Jueves 10 de octubre____________________________________________________

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

Juan 11 está lleno de tristeza: la triste noticia de la enfermedad de un querido amigo (Juan 11:1-3); el llanto por su muerte (Juan 11:19, 31, 33); el lamento de las hermanas de que Lázaro no habría muerto si Jesús hubiera estado presente (Juan 11:21, 32); y las propias lágrimas de Jesús (Juan 11:35).

Jesús esperó dos días antes de emprender el viaje hacia el hogar de Lázaro (Juan 11:6) y dijo incluso que se alegraba de no haber ido antes (Juan 11:14, 15). Esto no fue un acto de insensibilidad hacia el sufrimiento de Lázaro y de sus hermanas, sino su deseo de revelar más plenamente la gloria de Dios.

Cuando llegamos a Juan 11:17 al 27, Lázaro llevaba cuatro días muerto y su cuerpo ya estaba en franco proceso de descomposición. Como dijo Marta: “Señor, hiede ya, que es de cuatro días” (Juan 11:39). Sin duda, el retraso de Jesús solo contribuyó a que el milagro que siguió fuera aún más asombroso. ¿Resucitar un cadáver en avanzado estado de descomposición? ¿Qué mejor prueba podía dar Jesús de que era Dios mismo?

Y, como Dios, como aquel que creó la vida al comienzo, Jesús tenía poder sobre la muerte. Así, Jesús aprovecha esta oportunidad, la de la muerte de Lázaro, para revelar una verdad crucial acerca de él mismo. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Juan 11:25, 26).

Lee Juan 11:38 al 44. ¿Qué hizo Jesús para apoyar su afirmación?

Juan 11:38-44

38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39 Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40 Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? 41 Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43 Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! 44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

Así como Jesús demostró que él es la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) al dar la vista al ciego (Juan 9:7), aquí resucita a Lázaro de entre los muertos (Juan 11:43, 44), demostrando así que él es la Resurrección y la Vida (Juan 11:25).

Este milagro, más que ningún otro, señala a Jesús como el Dador de vida, como Dios mismo. Es, además, un fuerte apoyo a la aseveración de Juan de que Jesús es el Hijo divino de Dios, y de que quienes creen pueden tener vida a través de él (Juan 20:30, 31).

Sin embargo, cuando llegamos al final de esta asombrosa historia (Juan 11:45-54), que suscitó la fe en muchos de sus testigos (Juan 11:45), se despliega una poderosa pero triste ironía: Jesús demuestra que puede resucitar a los muertos, pero sus enemigos creen que pueden detenerlo matándolo. ¡Qué ejemplo de las debilidades humanas en contraste con la sabiduría y el poder de Dios!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[Cristo] lloró junto a la tumba de Lázaro debido a que no le iba a ser posible salvar a todos aquellos a quienes el poder de Satanás había hundido en la muerte. Se dio a sí mismo en rescate por muchos, a saber, por todos aquellos que quisieran aprovechar del privilegio de volver a ser leales a Dios… Cuando resucitó a Lázaro de la tumba, sabía que por esa vida debía pagar el rescate en la cruz del Calvario. Cada rescate que se hiciera le iba a producir la más profunda humillación. Debía probar la muerte por todos los hombres…

Se dio cuenta de que solo él podía rescatarlos del profundo foso en que habían caído. Sólo él podía poner sus pies en la senda recta; solo su perfección podía contrarrestar su imperfección. Sólo él podía cubrir su desnudez con su propio manto de justicia inmaculada. El es fuerte para liberar. La ayuda proviene de Uno que es poderoso. Él rodea al hombre con su largo brazo humano, mientras que con su brazo divino se sostiene en la omnipotencia (Sons and Daughters of God, p. 25; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 27).

No era solo por su simpatía humana hacia María y Marta por lo que Jesús lloró. En sus lágrimas había un pesar que superaba tanto al pesar humano como los cielos superan a la tierra. Cristo no lloraba por Lázaro, pues iba a sacarle de la tumba. Lloró porque muchos de los que estaban ahora llorando por Lázaro maquinarían pronto la muerte del que era la resurrección y la vida. Pero ¡cuán incapaces eran los judíos de interpretar debidamente sus lágrimas! Algunos que no podían ver como causa de su pesar sino las circunstancias externas de la escena que estaba delante de él, dijeron suavemente: «Mirad cómo le amaba». Otros, tratando de sembrar incredulidad en el corazón de los presentes, decían con irrisión: «¿No podía este que abrió los ojos al ciego, hacer que este no muriera?» Si Jesús era capaz de salvar a Lázaro, ¿por qué le dejó morir?

Con ojo profético, Cristo vio la enemistad de los fariseos y saduceos. Sabía que estaban premeditando su muerte. Sabía que algunos de los que ahora manifestaban aparentemente tanta simpatía, no tardarían en cerrarse la puerta de la esperanza y los portales de la ciudad de Dios. Estaba por producirse, en su humillación y crucifixión, una escena que traería como resultado la destrucción de Jerusalén, y en esa ocasión nadie lloraría los muertos. La retribución que iba a caer sobre Jerusalén quedó plenamente retratada delante de él. Vio a Jerusalén rodeada por las legiones romanas. Sabía que muchos de los que estaban llorando a Lázaro morirían en el sitio de la ciudad, y sin esperanza (El Deseado de todas las gentes, pp. 490, 491

La bendita Biblia nos da un conocimiento del gran plan de salvación y nos muestra cómo cada persona puede tener vida eterna. ¿Quién es el autor del Libro? Jesucristo. El es el Testigo Fiel, y le dice a los suyos: «Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano». Juan 10:28. La Biblia está para mostrarnos el camino a Cristo, y en Cristo se revela la vida eterna (Ser semejante a Jesús, p. 125).


Viernes 11 de octubre___________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena G. de White, los capítulos “La crisis en Galilea” (pp. 347-359), “Lázaro, ven fuera” (pp. 482-494) y “Conspiraciones sacerdotales” (pp. 495-500).

“La vida de Cristo, que da vida al mundo, está en su palabra. Fue por medio de su palabra como Jesús sanó la enfermedad y echó los demonios; por su palabra calmó el mar y resucitó a los muertos; y la gente dio testimonio de que su palabra era con poder. Él hablaba la palabra de Dios, como había hablado por medio de todos los profetas y los maestros del Antiguo Testamento. Toda la Biblia es una manifestación de Cristo, y el Salvador deseaba fijar la fe de sus seguidores en la Palabra. Cuando su presencia visible se hubiese retirado, la Palabra debía ser la fuente de poder para ellos. Como su Maestro, habían de vivir ‘de toda palabra que sale de la boca de Dios’ (Mat. 4:4).

“Así como nuestra vida física es sostenida por el alimento, nuestra vida espiritual es sostenida por la palabra de Dios. Y cada alma ha de recibir vida de la palabra de Dios para sí. Así como debemos comer por nosotros mismos a fin de recibir nutrimento, así hemos de recibir la Palabra por nosotros mismos. No debemos simplemente obtenerla por medio de otra mente. Debemos estudiar cuidadosamente la Biblia, pidiendo a Dios la ayuda del Espíritu Santo a fin de comprender su palabra” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 354, 355).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Esta semana vimos a Jesús alimentando a los cinco mil, sanando a un hombre ciego de nacimiento y resucitando a Lázaro. En cada caso, Jesús proporcionó una poderosa evidencia de su divinidad. Sin embargo, estos milagros, por asombrosos que fueran, crearon división. Algunos respondieron con fe; otros, con duda. ¿Qué nos enseña esto acerca de cómo, incluso frente a poderosas evidencias, las personas pueden elegir rechazar a Dios?
  2. Todos estos relatos señalan a Cristo como el Hijo divino de Dios. ¿Por qué su divinidad es tan importante para la fe en Jesús como Salvador?
  3. Vuelve a leer 1 Corintios 1:26 al 29. ¿De qué manera vemos este mismo principio en acción en el siglo XXI?
  4. ¿Cuáles son algunas de las cosas “insensatas” que creen los cristianos y de las que los “sabios según la carne” se burlan y rechazan? ¿Qué creemos nosotros que también “avergüenza” a los “poderosos”?