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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026

Lección 12: Para el 21 de marzo de 2026

LA VIDA EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS

Sábado 14 de marzo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 3:18–4:6; Efesios 5:22-25, 33; Proverbios 22:6, 15; 1 Pedro 2:16; 1 Tesalonicenses 5:17.

PARA MEMORIZAR:

“Que su palabra sea siempre agradable, sazonada con sal, para que sepan cómo conviene responder a cada uno” (Col. 4:6).

Cuando las personas viven y trabajan juntas enfrentan diversos desafíos. Las diferencias de opinión pueden provocar tensiones y discusiones. Cuanto más estrecha es la relación, más importante es la concordia.

Las relaciones más estrechas se dan, por supuesto, en el seno de la familia. A veces se ha llamado al hogar “la empresa familiar”. Es una forma interesante de describir el funcionamiento del hogar. Hay similitudes evidentes entre una empresa y un hogar. En ambos casos debe existir un acuerdo general acerca de los valores, las metas y los objetivos. Además, todos deben llevarse bien y cumplir con su parte para que las cosas funcionen sin problemas. Los mismos principios se aplican a la iglesia, que es esencialmente una gran familia.

En nuestro pasaje de esta semana, Pablo comparte algunos principios vitales para el funcionamiento correcto de una familia cristiana. Dado que el hogar cristiano debe regirse por principios bíblicos, necesariamente funciona de manera algo diferente del típico hogar romano. El apóstol también enumera otros principios valiosos y útiles para una variedad de relaciones sociales, tanto dentro como fuera del hogar.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¿Dónde encontraremos la pureza, la bondad y la santidad a fin de estar seguros? ¿Dónde está el redil al que no entrarán los lobos? Les digo… El Señor tiene un cuerpo organizado mediante el cual obrará. Puede haber más de una veintena de Judas entre ellos; puede haber un impetuoso Pedro, que bajo circunstancias de prueba niegue a su Señor; puede haber personas representadas por Juan, a quien Jesús amaba, pero que tengan un celo que destruiría las vidas de los hombres pidiendo fuego del cielo para vengar un insulto a Cristo y a la verdad. Sin embargo, el gran Maestro busca dar lecciones de instrucción para corregir estos males existentes. Y hoy está haciendo lo mismo con su iglesia. Está señalando sus peligros. Está presentando delante de ellos el mensaje laodicense.

Él les muestra que todo egoísmo, todo orgullo, toda autoexaltación, todo prejuicio e incredulidad que conduzca a la resistencia a la verdad y aleje de la verdadera luz, son peligrosos, y a menos que medie arrepentimiento, quienes acaricien estas cosas serán dejados en la oscuridad así como lo fue la nación judía. Busque ahora cada alma responder la oración de Cristo. Cada alma imite esa oración en silencio, en peticiones, en exhortaciones, a fin de que todos puedan ser uno como Cristo es uno con el Padre, y obre según este objetivo. En lugar de volver las armas de combate contra sus propias filas, permitan que sean apuntadas contra los enemigos de Dios y de la verdad. Imiten la oración de Cristo con todo el corazón: «Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros… No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal». Juan 17:11, 15.

La puerta del corazón debe estar abierta al Espíritu Santo, pues él es el santificador, y la verdad es el instrumento. Debe haber una aceptación de la verdad tal como es en Jesús. Esta es la única santificación genuina: «Tu Palabra es verdad». vers. 17. Oh, lean la oración de Cristo buscando la unidad: «A los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros». La oración de Cristo no es solo para quienes eran entonces sus discípulos, sino para todos los que creerían en Cristo gracias a las palabras de sus discípulos, incluso hasta el fin del mundo…

El Señor ha tenido una iglesia desde aquel día, a través de todas las cambiantes escenas del tiempo hasta el período presente… La Biblia pone delante de nosotros una iglesia modelo. Ha de haber unidad entre ellos y con Dios. Cuando los creyentes están unidos a Cristo, la vid viviente, el resultado es que son uno en Cristo, llenos de simpatía y ternura y amor (Reflejemos a Jesús, 4 de julio, p. 191).


Domingo 15 de marzo

CÓNYUGES

El Nuevo Testamento contiene varias instrucciones para el hogar cristiano (ver Efe. 5:21-6:9; Col. 3:18-4:1; Tito 2:1-10; 1 Ped. 2:18-3:7). Estos “códigos domésticos” no tienen que ver exclusivamente con la autoridad, sino que incluyen instrucciones para que las relaciones recíprocas sean mutuamente edificantes.

Lee Colosenses 3:18, 19. ¿Qué equilibrio observas? ¿Qué otros consejos da Pablo en Efesios 5:22-25, 33?

Colosenses 3:18-19

18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Efesios 5:22-25, 33

22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

Algunos citan las siguientes palabras de Pablo: “Casadas, estén sujetas a sus esposos, como conviene en el Señor” (Col. 3:18) y se detienen allí, pero nota el importante calificativo que añade Pablo: “Como conviene en el Señor”. El Nuevo Testamento no enseña que las mujeres deben someterse a los hombres, ser serviles, estar subyugadas ni satisfacer ciegamente los caprichos o los deseos de sus maridos. El punto que destaca Pablo es que la esposa debe ser leal al Señor en primer lugar y a su marido después. La individualidad de la esposa no debe ser anulada por su marido, ni él debe actuar como conciencia de ella.

El amor manifestado por Cristo a la iglesia al entregarse por ella ilustra cómo debe ser el amor del marido hacia su esposa (Efe. 5:25): será fiel a ella cueste lo que costare; tomará decisiones que redunden en beneficio de su esposa, aunque normalmente los intereses de ambos deben estar en armonía. Un amor como ese motiva a la esposa a obedecer el mandato divino de respetar a su marido (Efe. 5:33).

Un matrimonio cristiano sano se caracteriza por la reciprocidad: ambos cónyuges se consultan mutuamente, reflexionan juntos y toman decisiones en pareja. Cuando se toman decisiones que tienen implicaciones serias para toda la familia, puede ser apropiado incluir a los hijos en estos diálogos, pero los padres nunca deben discutir delante de ellos. Cuando no se llega a un acuerdo, la Biblia aconseja: “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo” (Efe. 5:21; NVI). No busques tu propio beneficio, ni seguir egoístamente tus deseos, sino que, así como Cristo no buscó lo que a él le convenía sino el bienestar de su iglesia, sacrifícate por tu cónyuge. Después de todo, la mayoría, sino todos, los esposos y las esposas recuerdan sin duda momentos en los que se alegraron de haber escuchado a su cónyuge y de haber seguido sus consejos. Cuanto más en equipo trabajen los cónyuges, más feliz será el matrimonio.

¿Cómo podemos evitar la tergiversación que los bellos y sabios principios expresados en estos textos han sufrido a lo largo de la historia?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuántos sinsabores y qué marea de ayes e infelicidad se evitaría si los hombres, y también las mujeres, siguieran cultivando la consideración, la atención y las bondadosas palabras de aprecio y las pequeñas cortesías que mantuvo encendido el amor y que ellos consideraban necesarios para conquistar a los compañeros de su elección. Si el marido y la mujer siguieran cultivando esas atenciones que alimentan el amor, serían felices en la compañía mutua y tendrían una influencia santificadora sobre sus familiares. Tendrían en ellos mismos un pequeño mundo de felicidad y no desearían salir de ese mundo a buscar nuevas atracciones y nuevos objetos de amor…

Muchas mujeres anhelan palabras de amor y ternura y las atenciones y cortesías comunes que les deben sus maridos quienes las han elegido como compañeras de la vida… Son estas pequeñas atenciones y cortesías lo que hacen la suma de la felicidad de la vida…

Si conserváramos la ternura del corazón en nuestras familias, si hubiera una noble, generosa deferencia hacia los gustos y opiniones del uno al otro, si la esposa buscara oportunidades de expresar su amor en actos de cortesía hacia su esposo, si este manifestara la misma consideración y bondadosos miramientos hacia la esposa, los hijos participarían del mismo espíritu. La influencia penetraría el hogar, y ¡qué marea de miseria se evitaría en las familias!

Cada pareja que une sus intereses de la vida debería tratar de hacer la vida del otro tan feliz como sea posible. Lo que apreciamos tratamos de conservarlo y de hacerlo más valiosos, si podemos. En el contrato matrimonial los hombres y las mujeres han realizado un convenio, una inversión para toda la vida, y por lo tanto deberían hacer todo lo posible por controlar sus expresiones de impaciencia y de mal humor, con más cuidado aún del que ponían antes de su casamiento, porque ahora su destino está unido durante toda la vida como esposo y esposa, y cada uno es valorado en proporción exacta a la cantidad de esfuerzo esmerado que dedica a retener y mantener fresco el amor tan ansiosamente buscado y atesorado antes del matrimonio (In Heavenly Places, p. 206; parcialmente en En los lugares celestiales, 18 de julio, p. 208).

Es el elevado privilegio y el solemne deber de los cristianos procurarse la felicidad mutua en su vida de casados; pero hay un peligro positivo en hacer que el yo quiera absorberlo todo, derramando toda la riqueza del afecto el uno sobre el otro, y en estar demasiado satisfechos con una vida tal. Todo esto tiene sabor a egoísmo. En vez de limitar su amor y simpatía a ellos mismos, deberían buscar toda oportunidad de contribuir al bien de otros, distribuyendo la abundancia de afecto en un amor casto y santificado, por las almas que a la vista de Dios son tan preciosas como ellos mismos, habiendo sido compradas por el infinito sacrificio de su Hijo unigénito. Palabras bondadosas, miradas de simpatía, expresiones de aprecio serían para muchos que luchan y están solos como un vaso de agua fría a un alma sedienta… Cada palabra o acto de abnegada bondad hacia almas con las cuales entramos en contacto es una expresión del amor que Jesús manifestó por toda la familia humana (En los lugares celestiales, 19 de julio, p. 209).


Lunes 16 de marzo

PADRES E HIJOS

Los niños tienen un papel vital como parte de la vida familiar. Necesitan saber que son amados y valorados como miembros de la familia y ciudadanos del Reino celestial. El culto familiar es crucial. Debe ser sencillo pero regular, matutino y vespertino. Los niños pueden comenzar a edad temprana a colaborar con la limpieza y otras responsabilidades. Lo más importante es que presten atención al mandamiento de Pablo: “Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor” (Col. 3:20).

Lee los siguientes textos. ¿Qué importantes principios contienen para la educación de los hijos?

Proverbios 22:6, 15

Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

15 La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la alejará de él.

Mateo 19:14

14 Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Deuteronomio 6:6-7

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

 Proverbios 1:8-9

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello.

Formados correctamente para el Señor por precepto y ejemplo, los hijos serán una bendición para la familia, la iglesia y la sociedad. A su vez, la instrucción de Pablo para los padres, al igual que la registrada para los maridos y las esposas, es equilibrada y recíproca: “Padres, no irriten a sus hijos, para que no se desalienten” (Col. 3:21). La forma en que los progenitores, especialmente el padre, interactúan con los hijos y los disciplinan influye profundamente en su formación espiritual.

Los estudios demuestran, además, que cuando ambos progenitores asisten a la iglesia es mayor la probabilidad de que los hijos sigan haciéndolo, a diferencia de lo que ocurre cuando solo uno de ellos lo hace. Y más sorprendente aún es que la asistencia constante a la iglesia por parte del padre, incluso más que por parte de la madre, incide en la permanencia de los hijos en la iglesia cuando son adultos. Por lo tanto, no se puede subestimar el papel del padre en la formación espiritual de sus hijos. Es crucial que los padres tomen en serio su papel.

Cuando los padres no han sido modelos ejemplares para sus hijos o incluso les han causado un gran daño, ¿cómo puede el conocimiento de Dios como nuestro Padre ayudar a sanar las heridas y a compensar las carencias?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los padres deberían estar unidos en su fe para estar unidos en sus esfuerzos de educar a sus hijos en la creencia de la verdad. Sobre la madre descansa en manera especial la tarea de modelar las mentes de los jóvenes hijos… Las ocupaciones a menudo mantienen al padre fuera de la casa y no le permiten tener una parte igual en la educación de los hijos: pero siempre que pueda debería unirse con la madre en esta obra. Trabajen juntos los padres, inculcando en los corazones de sus hijos los principios de justicia.

Ha habido poca obra definida para preparar a nuestros niños para las pruebas que deben enfrentar en su contacto con el mundo y sus influencias. No han sido ayudados como debieran haberlo sido a formar caracteres lo bastante fuertes como para resistir la tentación y permanecer firmes por los principios de la justicia en la terrible lucha que está ante todos los que queden fieles a los mandamientos de Dios y al testimonio de Jesucristo.

Los padres necesitan entender las tentaciones que deben enfrentar los jóvenes diariamente, para poder enseñarles cómo vencerlas… Dios quiere que volvamos nuestros ojos de las vanidades, placeres y ambiciones del mundo y que los pongamos en la recompensa gloriosa e inmortal de aquellos que corren con paciencia la carrera que les es propuesta en el evangelio. Quiere que eduquemos nuestros hijos para que eviten las influencias que los apartarían de Cristo. Nuestro Señor viene pronto y debemos prepararnos para este solemne acontecimiento… Que vuestra vida diaria en el hogar revele los principios vivientes de la Palabra de Dios. Los agentes celestiales colaborarán con vosotros cuando busquéis alcanzar la norma de la perfección y cuando procuréis enseñar a vuestros hijos a conformar sus vidas a los principios de la rectitud. Cristo y los agentes celestiales están esperando para avivar vuestra sensibilidad espiritual, renovar vuestras actividades y enseñaros las cosas sublimes de Dios (In Heavenly Places, p. 208; parcialmente en En los lugares celestiales, 20 de julio, p. 210).

No debe levantarse una valla de frialdad y retraimiento entre padres e hijos. Intimen los padres con sus hijos; procuren entender sus gustos y disposiciones; compartan sus sentimientos, y descubran lo que embarga sus corazones.

Padres, demostrad a vuestros hijos que los amáis, y que queréis hacer cuanto podáis para asegurar su dicha. Si obráis así, las restricciones que necesitéis imponerles tendrán mucho mayor peso en sus jóvenes inteligencias. Gobernad a vuestros hijos con ternura y compasión, teniendo siempre presente que «sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos». Si queréis que los ángeles desempeñen en favor de vuestros hijos el ministerio que Dios les ha encomendado, cooperad con ellos haciendo vuestra parte (El hogar cristiano, p. 172).


Martes 17 de marzo

RELACIONES LABORALES

Lee Colosenses 3:22-25 y 4:1. ¿Qué instrucciones son dadas a los esclavos? ¿Qué principios hay aquí para las relaciones laborales en general?

Colosenses 3:22-25

22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. 23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; 24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. 25 Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.

Colosenses 4:1

1 Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.

En la actualidad, se cita a veces lo que Pablo dice acerca de la esclavitud para relegar al pasado algunos de los consejos de la Biblia o para desacreditarla por completo, pero eso significa ignorar o pasar por alto los contextos históricos del Israel del Antiguo Testamento y de la iglesia del Nuevo Testamento. Los seres humanos fuimos creados a imagen de Dios y, como todas sus criaturas inteligentes, dotados de libertad. Las leyes mosaicas prohibían la esclavitud de por vida (Deut. 15:12) y estipulaban seis años como plazo máximo de servicio para saldar deudas financieras (Éxo. 21:2-6; Lev. 25:39-43). La esclavitud descrita en la ley mosaica, por repugnante que resulte para el pensamiento moderno, no se asemejaba normalmente a las abominables prácticas esclavistas del mundo occidental, que han sido una plaga y un horrible crimen contra la humanidad.

En los tiempos del Nuevo Testamento, la iglesia tenía que actuar dentro del marco del derecho romano, que permitía poseer esclavos, “pero, a diferencia de las formas modernas de esclavitud, la ley romana otorgaba a los esclavos considerables derechos y oportunidades, y el intento de anular la práctica podría haber amenazado el avance del evangelio” (Clinton Wahlen y Wagner Kuhn, “Cultura, hermenéutica y Escritura: Cómo discernir lo que es universal”, en Hermenéutica bíblica: El enfoque adventista, ed. Frank Hasel [Doral, FL: IADPA, 2023], p. 185).

De hecho, en el contexto de la iglesia, y a diferencia de lo que ocurría en el Imperio Romano, la primera obligación del esclavo era para con el Señor. Además, sus amos tenían instrucciones de tratarlos con justicia, “sabiendo que también ustedes tienen un Amo en el cielo” (Col. 4:1). Sumado a eso, Pablo pidió a Filemón que ya no tratara a Onésimo como su esclavo, sino como su hermano (File. 1:16). En realidad, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, los creyentes son llamados esclavos o siervos de Dios (ver, por ejemplo, Sal. 34:22; Luc. 17:10; 1 Ped. 2:16).

Aunque no nos agraden las circunstancias culturales en las que vieron la luz algunos textos bíblicos, debemos aceptar la autoridad del propio texto. Lo contrario significaría colocarnos a nosotros mismos y a nuestra cultura por encima de las Escrituras. La mejor opción es examinar todo lo que la Biblia dice con respecto a un tema antes de arribar a una conclusión sobre lo que la Biblia dice sobre el particular.

Considera cómo podría aplicarse este texto a tus relaciones laborales. ¿Cómo podrían ayudarte sus principios como jefe o como empleado?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Entre los discípulos que sirvieron a Pablo en Roma estaba Onésimo, un esclavo fugitivo de la ciudad de Colosas. Pertenecía a un cristiano llamado Filemón… Había robado a su amo y escapado a Roma… En la bondad de su corazón, el apóstol trató de aliviar al desdichado fugitivo en su pobreza y desgracia, y procuró derramar la luz de la verdad en su mente entenebrecida. Onésimo escuchó atentamente las palabras de vida que una vez había despreciado y se convirtió a la fe de Cristo. Ahora confesó su pecado contra su amo, y aceptó agradecido el consejo del apóstol.

Onésimo se hizo apreciar por Pablo en virtud de su piedad, mansedumbre y sinceridad, no menos que por su tierno cuidado por la comodidad del apóstol y su celo en promover la causa del evangelio. Pablo vio en él rasgos de carácter que lo capacitarían para ser un colaborador útil en la obra misionera, y con gran alegría lo habría tenido con él en Roma. Pero no haría esto sin el total consentimiento de Filemón. Por lo tanto decidió que Onésimo debía volver enseguida a su amo… Fue una prueba severa para este siervo entregarse así a su amo, a quien había perjudicado, pero estaba verdaderamente convertido y, por penoso que fuera, no desistió de cumplir con este deber. Pablo hizo a Onésimo el portador de una carta a Filemón, en la cual, con gran tacto y bondad, defendía la causa del esclavo arrepentido y expresaba sus propios deseos en cuanto a Onésimo…

Le solicitó a Filemón que lo recibiera como a su propio hijo. Expresó su deseo de retener a Onésimo como uno que podía servirle durante su encarcelamiento, como Filemón mismo lo hubiera hecho. Pero no deseaba sus servicios a menos que Filemón por propia iniciativa dejara al esclavo libre, porque pudo ser que en la providencia de Dios Onésimo había huido de su amo por un tiempo de una forma tan impropia, que, estando convertido, pudiera en su regreso ser perdonado y recibido con tal afecto, que eligiera permanecer con Filemón desde entonces, «no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado». Filemón 16…

¡Qué adecuada ilustración del amor de Cristo hacia el pecador arrepentido! Así como el siervo que había defraudado a su amo no tenía nada con qué hacer la restitución, así los pecadores que han robado a Dios años de servicio no tienen medios de cancelar su deuda. Jesús se interpone entre ellos y la justa ira de Dios, y dice: «Yo pagaré la deuda. Perdona el castigo de su culpa; yo sufriré en su lugar» (Ser semejante a Jesús, 25 de diciembre, p. 366).


Miércoles 18 de marzo

ORANDO UNOS POR OTROS

Lee Colosenses 4:2-4. ¿Qué principios encuentras en estos versículos acerca de la oración? ¿Qué peticiones hace Pablo?

Colosenses 4:2-4

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar.

Algunas de las palabras más importantes que podemos decir a alguien que está luchando con problemas de diversa índole, ya sean familiares, financieros, de salud o de cualquier otro tipo, son: “Oro por ti”. Este es el medio de conectividad e interactividad elegido por el Cielo. “Forma parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así” (Elena de White, El conflicto de los siglos [Florida: ACES, 2015], p. 580).

Observa las impactantes descripciones de la oración que utiliza Pablo: “Perseveren”, “velando” y “con acción de gracias”, lo que indica que está escribiendo sobre una oración de fe (Col. 4:2). Nos dice que oremos “en todo tiempo” (Efe. 6:18) y “sin cesar” (1 Tes. 5:17). Lo más asombroso es que, aunque “no sabemos pedir lo que conviene […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom. 8:26).

Lee nuevamente Colosenses 4:3. ¿Qué “puerta para la palabra” podría abrir Dios para que compartas tu fe? 

Colosenses 4:3

orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso,

Significativamente, Pablo también oraba para tener las palabras adecuadas antes de hablar. A veces, cuando leemos sus cartas o sus discursos en el libro de los Hechos, imaginamos que el apóstol era siempre elocuente, sin dudar nunca acerca de qué debía decir. Pero aquí pide oración para poder proclamar el mensaje “claramente” (Col. 4:4). También utiliza una palabra griega muy importante (dei) en la última frase del versículo, que podría traducirse “como debo hablar”, lo cual señala la necesidad divina de la labor de proclamar el evangelio. Pablo reconocía la importancia de presentar el mensaje a personas de los más altos niveles del gobierno romano, incluida la casa del César.

“No siempre es necesario arrodillarse para orar. Cultiven el hábito de conversar con el Salvador cuando estén solos, cuando estén caminando o cuando estén ocupados en vuestro trabajo cotidiano. Elévese el corazón de continuo en silenciosa petición de ayuda, luz, fuerza, conocimiento. Sea cada respiración una oración” (Elena de White, El ministerio de curación, p. 408).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

No comprendemos la grandeza y la majestad de Dios ni recordamos la inconmensurable distancia que hay entre el Creador y las criaturas formadas por su mano. El que se sienta en los cielos, blandiendo el cetro del universo, no juzga de acuerdo con nuestras normas finitas, ni evalúa en armonía con nuestros cómputos. Nos equivocamos si pensamos que lo que nosotros consideramos grande debe ser grande delante de Dios, y que lo que nosotros consideramos pequeño debe serlo delante de él…

No hay pecado pequeño a la vista de Dios. Los pecados que el hombre está dispuesto a considerar pequeños pueden ser los que Dios considera grandes crímenes. Se desprecia al ebrio y se le dice que su pecado lo excluirá del cielo, mientras el orgullo, el egoísmo y la codicia no reciben reprensión. Pero estos pecados son especialmente ofensivos para Dios… Necesitamos discernimiento claro, para medir el pecado de acuerdo con la norma de Dios y no con la nuestra. Tomemos como regla no las opiniones humanas, sino la Palabra divina.

Ahora, mientras dura el tiempo de gracia, no le incumbe a uno pronunciar sentencia contra los demás, y considerarse un hombre modelo. Cristo es nuestro modelo; imitadle, asentad vuestros pies en sus pisadas. Podéis profesar seguir todo punto de la verdad presente, pero a menos que practiquéis esas verdades, de nada os valdrá. No hemos de condenar a los demás; tal no es nuestra obra, sino que debemos amarnos unos a otros, y orar unos por otros. Cuando vemos a uno apartarse de la verdad, podemos llorar por él como Cristo lloró sobre Jerusalén. Veamos lo que dice nuestro Padre celestial en su Palabra acerca de los que yerran: «Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado». Gálatas 6:1…

Jesús se interesa en cada uno como si no hubiese otra persona en toda la tierra. Como Dios, ejerce gran poder en nuestro favor, mientras que como Hermano mayor nuestro, siente todas nuestras desgracias. La Majestad del cielo no se mantuvo alejada de la humanidad degradada y pecaminosa. No tenemos Sumo Sacerdote tan ensalzado y encumbrado, que no pueda fijarse en nosotros o simpatizar con nosotros, sino que fue tentado en todas las cosas como nosotros, aunque sin pecar (God’s Amazing Grace, p. 78; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 11 de marzo, p. 78).

«Confiesen sus ofensas unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados» de todas las flaquezas espirituales, para que las disposiciones pecaminosas puedan ser cambiadas ver. Santiago 5:16. Hagan una obra diligente para la eternidad. Oren de la manera más ferviente al Señor y manténganse firmes en la fe. No confíen en el brazo de carne, sino confíen implícitamente en la dirección del Señor. Que cada uno diga ahora: «En cuanto a mí, saldré, y me separaré del mundo. Serviré al Señor con todo mi corazón» (Ser semejante a Jesús, 15 de noviembre, p. 326).


Jueves 19 de marzo

ANDANDO EN LA SABIDURÍA

¿Cuál es la verdad más importante que podemos conocer como cristianos? Esa verdad es, por supuesto, que Jesucristo murió por nuestros pecados y que podemos tener vida eterna por la fe en él. Esta es una verdad que nunca podríamos haber descubierto por nosotros mismos. Por el contrario, es una verdad que se nos tenía que revelar y que nos ha sido revelada en la Palabra de Dios.

Existe mucho conocimiento al que nunca habríamos accedido si Dios no lo hubiera revelado en su Palabra, pero la finalidad de ese conocimiento no es satisfacer nuestra sed intelectual, sino que lo apliquemos a nuestra vida.

Lee Colosenses 4:5, 6. ¿En qué situaciones en particular indica Pablo que necesitamos “portarnos sabiamente” y por qué?

Colosenses 4:5-6

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

Desgraciadamente, los cristianos no nos comportamos como tales en algunas situaciones. Y, como indicó Pablo (citando Isa. 52:5), Israel también era una piedra de tropiezo para los incrédulos: “El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes” (Rom. 2:24). La forma en que actuamos con los demás, especialmente con quienes no comparten nuestra fe, es muy importante (ver Tito 2:5; 2 Ped. 2:2). Un hogar cristiano, una reunión de jóvenes para orar –y no para hacer cosas inaceptables–, las amabilidades sencillas y un espíritu sereno y paciente dicen mucho a quienes nos observan para ver si nuestra profesión de fe es genuina o no. 

En Colosenses 4:6, Pablo se centra especialmente en las palabras que pronunciamos: “Que su palabra sea siempre agradable”. Más que simplemente amables o corteses, las palabras que pronunciamos deben ser impulsadas e impregnadas por la gracia de Dios a través de la influencia del Espíritu Santo.

“Sazonadas con sal”. Contrariamente a lo que el mundo considera una manera “sazonada” de hablar, nuestras palabras deben ser apropiadas y agradables para aquellos a quienes nos dirigimos.

“Para que sepan cómo conviene responder a cada uno”. Solo el Espíritu Santo puede darnos las palabras correctas en el momento adecuado para el propósito correcto, y preparar las mentes de los oyentes para el mensaje que “debemos” compartir (aquí también se usa el verbo dei; ver los comentarios de ayer acerca de Col. 4:4). 

Piensa en tus palabras, acciones y comportamientos ante los demás. ¿Qué mensaje estás enviando acerca de tu fe y de lo que significa ser cristiano?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La promesa no dice que hoy tendremos fuerza para una emergencia futura, que las dificultades futuras anticipadas tendrán una provisión de antemano, antes de que nos aflijan. Podemos, si andamos por fe, esperar fortaleza y provisión tan pronto como nuestras circunstancias lo exijan. Vivimos por fe, no por vista. El Señor ha dispuesto que le pidamos todas las cosas que necesitamos. La gracia necesaria para mañana no será dada hoy. La necesidad de los hombres es la oportunidad de Dios… La gracia de Dios nunca es concedida para ser malgastada, para que se haga mal uso de ella o se pervierta, o para que se deje enmohecer por el desuso…

Mientras lleváis las responsabilidades diarias, en el amor y el temor de Dios, como hijos obedientes que andan en toda humildad de mente, se os dará la fortaleza y la sabiduría de Dios para hacer frente a toda circunstancia difícil…

Debemos mantenernos cada día cerca de la Fuente de nuestra fortaleza, y cuando el enemigo venga como inundación, el Espíritu del Señor nos elevará y levantará un estandarte contra el enemigo. La promesa de Dios es segura, nos dice que la fuerza será proporcional a nuestros días. Debemos confiar en lo futuro únicamente en la fuerza que nos es dada para las necesidades presentes… No toméis prestada la ansiedad del futuro.

Muchos se abaten anticipando las dificultades futuras. Están constantemente tratando de imponer las cargas de mañana al día de hoy. Así muchas de sus pruebas son imaginarias. Para los tales, Jesús no hizo provisión. Prometió gracia únicamente para el día. Nos ordena que no carguemos con los cuidados y dificultades de mañana…

El Señor requiere de nosotros que cumplamos los deberes de hoy, y soportemos sus pruebas. Hemos de velar hoy para no ofender ni en palabras ni en hechos. Debemos alabar y honrar a Dios hoy. Por el ejercicio de una fe viva hoy, hemos de vencer al enemigo. Debemos buscar a Dios hoy, y estar resueltos a no permanecer satisfechos sin su presencia. Debemos velar, obrar y orar como si este fuese el último día que se nos concede. ¡Qué intenso fervor habría entonces en nuestra vida! ¡Cuán estrechamente seguiríamos a Jesús en todas nuestras palabras y acciones! (God’s Amazing Grace, p. 261; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 10 de septiembre, p. 261).


Viernes 20 de marzo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Cada miembro de la familia debe comprender que sobre él individualmente recae la responsabilidad de hacer su parte en contribuir a la comodidad, el orden y la regularidad de la familia. No debe actuar un miembro contra otro. Todos deben participar unidos en la buena obra de alentarse unos a otros; deben manifestar amabilidad, tolerancia y paciencia; hablar en tono bajo y sereno; rehuir la confusión y hacer cada uno todo lo que pueda para aliviar las cargas de la madre. […]

“Cada miembro de la familia debe entender con exactitud la parte que se espera que él desempeñe en unión de los demás. Todos, desde el niño de seis años en adelante, deben comprender que de ellos se requiere que lleven su parte de las cargas impuestas por la vida” (Elena de White, El hogar cristiano [Florida:  ACES, 2013], p. 147).

“Si queremos caminar en la luz, debemos permitir que Cristo entre en nuestros corazones y en nuestros hogares. Debiera hacerse del hogar todo lo que la palabra implica. Debería ser un pequeño Cielo en la Tierra, un lugar donde se cultiven los afectos en vez de que se los reprima deliberadamente. Nuestra felicidad depende de que cultivemos el amor, la comprensión y la verdadera cortesía mutua. […] Debiéramos olvidarnos del yo, buscando siempre oportunidades, aun en las cosas pequeñas, para mostrar gratitud por los favores que hemos recibido de otros, y estando atentos para ver oportunidades de alegrar a otros y aligerar y aliviar sus tristezas y sus cargas mediante actos de tierna bondad y pequeños actos de amor. Estas atentas cortesías que, comenzando en nuestras familias, se extienden fuera del círculo familiar, contribuyen a formar la suma de la felicidad de la vida; y el descuido de estas cosas pequeñas constituye la suma de la amargura y la tristeza de la vida” (Elena de White, Testimonios para la iglesia [Doral: FL: APIA, 2004], t. 3, pp. 591, 592).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Si eres una persona casada, ¿qué principios les han ayudado a ti y a tu cónyuge en su relación? ¿Qué consejo puedes compartir con las personas solteras acerca de cómo deben prepararse para los desafíos que siempre trae consigo el matrimonio?
  2. Muchos padres cariñosos y atentos, que criaron a sus hijos en buenos hogares cristianos, ven, años después, a esos hijos ya adultos lejos de la fe. ¿Qué consejo y consuelo podrías dar a esos padres? ¿Qué sería mejor no decir?
  3. Analiza más profundamente la exhortación a “portarse sabiamente”. ¿Qué significa caminar en la “insensatez”, en contraposición a la sabiduría? ¿Qué has aprendido de las ocasiones en que caminaste en una u otra dirección?

Lección 12 – LA VIDA EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS – Para el 21 de marzo de 2026

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Usualmente el video es subido a internet, el sábado por la noche o el domingo.

Lecciones Futuras de Escuela Sabática

1er Trimestre Colosenses – Filipenses
2do Trimestre Relación con Dios
3er Trimestre 1 y 2 Corintios
4to Trimestre El Don de Profecía
1er Trimestre Mayordomía
2do Trimestre Vida de Jesús
3er Trimestre Profecías Apocalípticas
4to Trimestre Hermenéutica

Lecciones Futuras de Escuela Sabática

Año 1er Trimestre 2do Trimestre 3er Trimestre 4to Trimestre
2026 Colosenses – Filipenses Relación con Dios 1 y 2 Corintos El Don de Profecía
2027 Mayordomía Vida de Jesús Profecías Apocalípticas Hermenéutica

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Lección 12: Para el 21 de marzo de 2026

LA VIDA EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS

Sábado 14 de marzo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 3:18–4:6; Efesios 5:22-25, 33; Proverbios 22:6, 15; 1 Pedro 2:16; 1 Tesalonicenses 5:17.

PARA MEMORIZAR:

“Que su palabra sea siempre agradable, sazonada con sal, para que sepan cómo conviene responder a cada uno” (Col. 4:6).

Cuando las personas viven y trabajan juntas enfrentan diversos desafíos. Las diferencias de opinión pueden provocar tensiones y discusiones. Cuanto más estrecha es la relación, más importante es la concordia.

Las relaciones más estrechas se dan, por supuesto, en el seno de la familia. A veces se ha llamado al hogar “la empresa familiar”. Es una forma interesante de describir el funcionamiento del hogar. Hay similitudes evidentes entre una empresa y un hogar. En ambos casos debe existir un acuerdo general acerca de los valores, las metas y los objetivos. Además, todos deben llevarse bien y cumplir con su parte para que las cosas funcionen sin problemas. Los mismos principios se aplican a la iglesia, que es esencialmente una gran familia.

En nuestro pasaje de esta semana, Pablo comparte algunos principios vitales para el funcionamiento correcto de una familia cristiana. Dado que el hogar cristiano debe regirse por principios bíblicos, necesariamente funciona de manera algo diferente del típico hogar romano. El apóstol también enumera otros principios valiosos y útiles para una variedad de relaciones sociales, tanto dentro como fuera del hogar.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¿Dónde encontraremos la pureza, la bondad y la santidad a fin de estar seguros? ¿Dónde está el redil al que no entrarán los lobos? Les digo… El Señor tiene un cuerpo organizado mediante el cual obrará. Puede haber más de una veintena de Judas entre ellos; puede haber un impetuoso Pedro, que bajo circunstancias de prueba niegue a su Señor; puede haber personas representadas por Juan, a quien Jesús amaba, pero que tengan un celo que destruiría las vidas de los hombres pidiendo fuego del cielo para vengar un insulto a Cristo y a la verdad. Sin embargo, el gran Maestro busca dar lecciones de instrucción para corregir estos males existentes. Y hoy está haciendo lo mismo con su iglesia. Está señalando sus peligros. Está presentando delante de ellos el mensaje laodicense.

Él les muestra que todo egoísmo, todo orgullo, toda autoexaltación, todo prejuicio e incredulidad que conduzca a la resistencia a la verdad y aleje de la verdadera luz, son peligrosos, y a menos que medie arrepentimiento, quienes acaricien estas cosas serán dejados en la oscuridad así como lo fue la nación judía. Busque ahora cada alma responder la oración de Cristo. Cada alma imite esa oración en silencio, en peticiones, en exhortaciones, a fin de que todos puedan ser uno como Cristo es uno con el Padre, y obre según este objetivo. En lugar de volver las armas de combate contra sus propias filas, permitan que sean apuntadas contra los enemigos de Dios y de la verdad. Imiten la oración de Cristo con todo el corazón: «Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros… No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal». Juan 17:11, 15.

La puerta del corazón debe estar abierta al Espíritu Santo, pues él es el santificador, y la verdad es el instrumento. Debe haber una aceptación de la verdad tal como es en Jesús. Esta es la única santificación genuina: «Tu Palabra es verdad». vers. 17. Oh, lean la oración de Cristo buscando la unidad: «A los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros». La oración de Cristo no es solo para quienes eran entonces sus discípulos, sino para todos los que creerían en Cristo gracias a las palabras de sus discípulos, incluso hasta el fin del mundo…

El Señor ha tenido una iglesia desde aquel día, a través de todas las cambiantes escenas del tiempo hasta el período presente… La Biblia pone delante de nosotros una iglesia modelo. Ha de haber unidad entre ellos y con Dios. Cuando los creyentes están unidos a Cristo, la vid viviente, el resultado es que son uno en Cristo, llenos de simpatía y ternura y amor (Reflejemos a Jesús, 4 de julio, p. 191).


Domingo 15 de marzo

CÓNYUGES

El Nuevo Testamento contiene varias instrucciones para el hogar cristiano (ver Efe. 5:21-6:9; Col. 3:18-4:1; Tito 2:1-10; 1 Ped. 2:18-3:7). Estos “códigos domésticos” no tienen que ver exclusivamente con la autoridad, sino que incluyen instrucciones para que las relaciones recíprocas sean mutuamente edificantes.

Lee Colosenses 3:18, 19. ¿Qué equilibrio observas? ¿Qué otros consejos da Pablo en Efesios 5:22-25, 33?

Colosenses 3:18-19

18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Efesios 5:22-25, 33

22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

Algunos citan las siguientes palabras de Pablo: “Casadas, estén sujetas a sus esposos, como conviene en el Señor” (Col. 3:18) y se detienen allí, pero nota el importante calificativo que añade Pablo: “Como conviene en el Señor”. El Nuevo Testamento no enseña que las mujeres deben someterse a los hombres, ser serviles, estar subyugadas ni satisfacer ciegamente los caprichos o los deseos de sus maridos. El punto que destaca Pablo es que la esposa debe ser leal al Señor en primer lugar y a su marido después. La individualidad de la esposa no debe ser anulada por su marido, ni él debe actuar como conciencia de ella.

El amor manifestado por Cristo a la iglesia al entregarse por ella ilustra cómo debe ser el amor del marido hacia su esposa (Efe. 5:25): será fiel a ella cueste lo que costare; tomará decisiones que redunden en beneficio de su esposa, aunque normalmente los intereses de ambos deben estar en armonía. Un amor como ese motiva a la esposa a obedecer el mandato divino de respetar a su marido (Efe. 5:33).

Un matrimonio cristiano sano se caracteriza por la reciprocidad: ambos cónyuges se consultan mutuamente, reflexionan juntos y toman decisiones en pareja. Cuando se toman decisiones que tienen implicaciones serias para toda la familia, puede ser apropiado incluir a los hijos en estos diálogos, pero los padres nunca deben discutir delante de ellos. Cuando no se llega a un acuerdo, la Biblia aconseja: “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo” (Efe. 5:21; NVI). No busques tu propio beneficio, ni seguir egoístamente tus deseos, sino que, así como Cristo no buscó lo que a él le convenía sino el bienestar de su iglesia, sacrifícate por tu cónyuge. Después de todo, la mayoría, sino todos, los esposos y las esposas recuerdan sin duda momentos en los que se alegraron de haber escuchado a su cónyuge y de haber seguido sus consejos. Cuanto más en equipo trabajen los cónyuges, más feliz será el matrimonio.

¿Cómo podemos evitar la tergiversación que los bellos y sabios principios expresados en estos textos han sufrido a lo largo de la historia?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuántos sinsabores y qué marea de ayes e infelicidad se evitaría si los hombres, y también las mujeres, siguieran cultivando la consideración, la atención y las bondadosas palabras de aprecio y las pequeñas cortesías que mantuvo encendido el amor y que ellos consideraban necesarios para conquistar a los compañeros de su elección. Si el marido y la mujer siguieran cultivando esas atenciones que alimentan el amor, serían felices en la compañía mutua y tendrían una influencia santificadora sobre sus familiares. Tendrían en ellos mismos un pequeño mundo de felicidad y no desearían salir de ese mundo a buscar nuevas atracciones y nuevos objetos de amor…

Muchas mujeres anhelan palabras de amor y ternura y las atenciones y cortesías comunes que les deben sus maridos quienes las han elegido como compañeras de la vida… Son estas pequeñas atenciones y cortesías lo que hacen la suma de la felicidad de la vida…

Si conserváramos la ternura del corazón en nuestras familias, si hubiera una noble, generosa deferencia hacia los gustos y opiniones del uno al otro, si la esposa buscara oportunidades de expresar su amor en actos de cortesía hacia su esposo, si este manifestara la misma consideración y bondadosos miramientos hacia la esposa, los hijos participarían del mismo espíritu. La influencia penetraría el hogar, y ¡qué marea de miseria se evitaría en las familias!

Cada pareja que une sus intereses de la vida debería tratar de hacer la vida del otro tan feliz como sea posible. Lo que apreciamos tratamos de conservarlo y de hacerlo más valiosos, si podemos. En el contrato matrimonial los hombres y las mujeres han realizado un convenio, una inversión para toda la vida, y por lo tanto deberían hacer todo lo posible por controlar sus expresiones de impaciencia y de mal humor, con más cuidado aún del que ponían antes de su casamiento, porque ahora su destino está unido durante toda la vida como esposo y esposa, y cada uno es valorado en proporción exacta a la cantidad de esfuerzo esmerado que dedica a retener y mantener fresco el amor tan ansiosamente buscado y atesorado antes del matrimonio (In Heavenly Places, p. 206; parcialmente en En los lugares celestiales, 18 de julio, p. 208).

Es el elevado privilegio y el solemne deber de los cristianos procurarse la felicidad mutua en su vida de casados; pero hay un peligro positivo en hacer que el yo quiera absorberlo todo, derramando toda la riqueza del afecto el uno sobre el otro, y en estar demasiado satisfechos con una vida tal. Todo esto tiene sabor a egoísmo. En vez de limitar su amor y simpatía a ellos mismos, deberían buscar toda oportunidad de contribuir al bien de otros, distribuyendo la abundancia de afecto en un amor casto y santificado, por las almas que a la vista de Dios son tan preciosas como ellos mismos, habiendo sido compradas por el infinito sacrificio de su Hijo unigénito. Palabras bondadosas, miradas de simpatía, expresiones de aprecio serían para muchos que luchan y están solos como un vaso de agua fría a un alma sedienta… Cada palabra o acto de abnegada bondad hacia almas con las cuales entramos en contacto es una expresión del amor que Jesús manifestó por toda la familia humana (En los lugares celestiales, 19 de julio, p. 209).


Lunes 16 de marzo

PADRES E HIJOS

Los niños tienen un papel vital como parte de la vida familiar. Necesitan saber que son amados y valorados como miembros de la familia y ciudadanos del Reino celestial. El culto familiar es crucial. Debe ser sencillo pero regular, matutino y vespertino. Los niños pueden comenzar a edad temprana a colaborar con la limpieza y otras responsabilidades. Lo más importante es que presten atención al mandamiento de Pablo: “Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor” (Col. 3:20).

Lee los siguientes textos. ¿Qué importantes principios contienen para la educación de los hijos?

Proverbios 22:6, 15

Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

15 La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la alejará de él.

Mateo 19:14

14 Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.

Deuteronomio 6:6-7

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

 Proverbios 1:8-9

Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello.

Formados correctamente para el Señor por precepto y ejemplo, los hijos serán una bendición para la familia, la iglesia y la sociedad. A su vez, la instrucción de Pablo para los padres, al igual que la registrada para los maridos y las esposas, es equilibrada y recíproca: “Padres, no irriten a sus hijos, para que no se desalienten” (Col. 3:21). La forma en que los progenitores, especialmente el padre, interactúan con los hijos y los disciplinan influye profundamente en su formación espiritual.

Los estudios demuestran, además, que cuando ambos progenitores asisten a la iglesia es mayor la probabilidad de que los hijos sigan haciéndolo, a diferencia de lo que ocurre cuando solo uno de ellos lo hace. Y más sorprendente aún es que la asistencia constante a la iglesia por parte del padre, incluso más que por parte de la madre, incide en la permanencia de los hijos en la iglesia cuando son adultos. Por lo tanto, no se puede subestimar el papel del padre en la formación espiritual de sus hijos. Es crucial que los padres tomen en serio su papel.

Cuando los padres no han sido modelos ejemplares para sus hijos o incluso les han causado un gran daño, ¿cómo puede el conocimiento de Dios como nuestro Padre ayudar a sanar las heridas y a compensar las carencias?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los padres deberían estar unidos en su fe para estar unidos en sus esfuerzos de educar a sus hijos en la creencia de la verdad. Sobre la madre descansa en manera especial la tarea de modelar las mentes de los jóvenes hijos… Las ocupaciones a menudo mantienen al padre fuera de la casa y no le permiten tener una parte igual en la educación de los hijos: pero siempre que pueda debería unirse con la madre en esta obra. Trabajen juntos los padres, inculcando en los corazones de sus hijos los principios de justicia.

Ha habido poca obra definida para preparar a nuestros niños para las pruebas que deben enfrentar en su contacto con el mundo y sus influencias. No han sido ayudados como debieran haberlo sido a formar caracteres lo bastante fuertes como para resistir la tentación y permanecer firmes por los principios de la justicia en la terrible lucha que está ante todos los que queden fieles a los mandamientos de Dios y al testimonio de Jesucristo.

Los padres necesitan entender las tentaciones que deben enfrentar los jóvenes diariamente, para poder enseñarles cómo vencerlas… Dios quiere que volvamos nuestros ojos de las vanidades, placeres y ambiciones del mundo y que los pongamos en la recompensa gloriosa e inmortal de aquellos que corren con paciencia la carrera que les es propuesta en el evangelio. Quiere que eduquemos nuestros hijos para que eviten las influencias que los apartarían de Cristo. Nuestro Señor viene pronto y debemos prepararnos para este solemne acontecimiento… Que vuestra vida diaria en el hogar revele los principios vivientes de la Palabra de Dios. Los agentes celestiales colaborarán con vosotros cuando busquéis alcanzar la norma de la perfección y cuando procuréis enseñar a vuestros hijos a conformar sus vidas a los principios de la rectitud. Cristo y los agentes celestiales están esperando para avivar vuestra sensibilidad espiritual, renovar vuestras actividades y enseñaros las cosas sublimes de Dios (In Heavenly Places, p. 208; parcialmente en En los lugares celestiales, 20 de julio, p. 210).

No debe levantarse una valla de frialdad y retraimiento entre padres e hijos. Intimen los padres con sus hijos; procuren entender sus gustos y disposiciones; compartan sus sentimientos, y descubran lo que embarga sus corazones.

Padres, demostrad a vuestros hijos que los amáis, y que queréis hacer cuanto podáis para asegurar su dicha. Si obráis así, las restricciones que necesitéis imponerles tendrán mucho mayor peso en sus jóvenes inteligencias. Gobernad a vuestros hijos con ternura y compasión, teniendo siempre presente que «sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos». Si queréis que los ángeles desempeñen en favor de vuestros hijos el ministerio que Dios les ha encomendado, cooperad con ellos haciendo vuestra parte (El hogar cristiano, p. 172).


Martes 17 de marzo

RELACIONES LABORALES

Lee Colosenses 3:22-25 y 4:1. ¿Qué instrucciones son dadas a los esclavos? ¿Qué principios hay aquí para las relaciones laborales en general?

Colosenses 3:22-25

22 Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. 23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; 24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. 25 Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.

Colosenses 4:1

1 Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.

En la actualidad, se cita a veces lo que Pablo dice acerca de la esclavitud para relegar al pasado algunos de los consejos de la Biblia o para desacreditarla por completo, pero eso significa ignorar o pasar por alto los contextos históricos del Israel del Antiguo Testamento y de la iglesia del Nuevo Testamento. Los seres humanos fuimos creados a imagen de Dios y, como todas sus criaturas inteligentes, dotados de libertad. Las leyes mosaicas prohibían la esclavitud de por vida (Deut. 15:12) y estipulaban seis años como plazo máximo de servicio para saldar deudas financieras (Éxo. 21:2-6; Lev. 25:39-43). La esclavitud descrita en la ley mosaica, por repugnante que resulte para el pensamiento moderno, no se asemejaba normalmente a las abominables prácticas esclavistas del mundo occidental, que han sido una plaga y un horrible crimen contra la humanidad.

En los tiempos del Nuevo Testamento, la iglesia tenía que actuar dentro del marco del derecho romano, que permitía poseer esclavos, “pero, a diferencia de las formas modernas de esclavitud, la ley romana otorgaba a los esclavos considerables derechos y oportunidades, y el intento de anular la práctica podría haber amenazado el avance del evangelio” (Clinton Wahlen y Wagner Kuhn, “Cultura, hermenéutica y Escritura: Cómo discernir lo que es universal”, en Hermenéutica bíblica: El enfoque adventista, ed. Frank Hasel [Doral, FL: IADPA, 2023], p. 185).

De hecho, en el contexto de la iglesia, y a diferencia de lo que ocurría en el Imperio Romano, la primera obligación del esclavo era para con el Señor. Además, sus amos tenían instrucciones de tratarlos con justicia, “sabiendo que también ustedes tienen un Amo en el cielo” (Col. 4:1). Sumado a eso, Pablo pidió a Filemón que ya no tratara a Onésimo como su esclavo, sino como su hermano (File. 1:16). En realidad, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, los creyentes son llamados esclavos o siervos de Dios (ver, por ejemplo, Sal. 34:22; Luc. 17:10; 1 Ped. 2:16).

Aunque no nos agraden las circunstancias culturales en las que vieron la luz algunos textos bíblicos, debemos aceptar la autoridad del propio texto. Lo contrario significaría colocarnos a nosotros mismos y a nuestra cultura por encima de las Escrituras. La mejor opción es examinar todo lo que la Biblia dice con respecto a un tema antes de arribar a una conclusión sobre lo que la Biblia dice sobre el particular.

Considera cómo podría aplicarse este texto a tus relaciones laborales. ¿Cómo podrían ayudarte sus principios como jefe o como empleado?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Entre los discípulos que sirvieron a Pablo en Roma estaba Onésimo, un esclavo fugitivo de la ciudad de Colosas. Pertenecía a un cristiano llamado Filemón… Había robado a su amo y escapado a Roma… En la bondad de su corazón, el apóstol trató de aliviar al desdichado fugitivo en su pobreza y desgracia, y procuró derramar la luz de la verdad en su mente entenebrecida. Onésimo escuchó atentamente las palabras de vida que una vez había despreciado y se convirtió a la fe de Cristo. Ahora confesó su pecado contra su amo, y aceptó agradecido el consejo del apóstol.

Onésimo se hizo apreciar por Pablo en virtud de su piedad, mansedumbre y sinceridad, no menos que por su tierno cuidado por la comodidad del apóstol y su celo en promover la causa del evangelio. Pablo vio en él rasgos de carácter que lo capacitarían para ser un colaborador útil en la obra misionera, y con gran alegría lo habría tenido con él en Roma. Pero no haría esto sin el total consentimiento de Filemón. Por lo tanto decidió que Onésimo debía volver enseguida a su amo… Fue una prueba severa para este siervo entregarse así a su amo, a quien había perjudicado, pero estaba verdaderamente convertido y, por penoso que fuera, no desistió de cumplir con este deber. Pablo hizo a Onésimo el portador de una carta a Filemón, en la cual, con gran tacto y bondad, defendía la causa del esclavo arrepentido y expresaba sus propios deseos en cuanto a Onésimo…

Le solicitó a Filemón que lo recibiera como a su propio hijo. Expresó su deseo de retener a Onésimo como uno que podía servirle durante su encarcelamiento, como Filemón mismo lo hubiera hecho. Pero no deseaba sus servicios a menos que Filemón por propia iniciativa dejara al esclavo libre, porque pudo ser que en la providencia de Dios Onésimo había huido de su amo por un tiempo de una forma tan impropia, que, estando convertido, pudiera en su regreso ser perdonado y recibido con tal afecto, que eligiera permanecer con Filemón desde entonces, «no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado». Filemón 16…

¡Qué adecuada ilustración del amor de Cristo hacia el pecador arrepentido! Así como el siervo que había defraudado a su amo no tenía nada con qué hacer la restitución, así los pecadores que han robado a Dios años de servicio no tienen medios de cancelar su deuda. Jesús se interpone entre ellos y la justa ira de Dios, y dice: «Yo pagaré la deuda. Perdona el castigo de su culpa; yo sufriré en su lugar» (Ser semejante a Jesús, 25 de diciembre, p. 366).


Miércoles 18 de marzo

ORANDO UNOS POR OTROS

Lee Colosenses 4:2-4. ¿Qué principios encuentras en estos versículos acerca de la oración? ¿Qué peticiones hace Pablo?

Colosenses 4:2-4

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar.

Algunas de las palabras más importantes que podemos decir a alguien que está luchando con problemas de diversa índole, ya sean familiares, financieros, de salud o de cualquier otro tipo, son: “Oro por ti”. Este es el medio de conectividad e interactividad elegido por el Cielo. “Forma parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así” (Elena de White, El conflicto de los siglos [Florida: ACES, 2015], p. 580).

Observa las impactantes descripciones de la oración que utiliza Pablo: “Perseveren”, “velando” y “con acción de gracias”, lo que indica que está escribiendo sobre una oración de fe (Col. 4:2). Nos dice que oremos “en todo tiempo” (Efe. 6:18) y “sin cesar” (1 Tes. 5:17). Lo más asombroso es que, aunque “no sabemos pedir lo que conviene […] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom. 8:26).

Lee nuevamente Colosenses 4:3. ¿Qué “puerta para la palabra” podría abrir Dios para que compartas tu fe? 

Colosenses 4:3

orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso,

Significativamente, Pablo también oraba para tener las palabras adecuadas antes de hablar. A veces, cuando leemos sus cartas o sus discursos en el libro de los Hechos, imaginamos que el apóstol era siempre elocuente, sin dudar nunca acerca de qué debía decir. Pero aquí pide oración para poder proclamar el mensaje “claramente” (Col. 4:4). También utiliza una palabra griega muy importante (dei) en la última frase del versículo, que podría traducirse “como debo hablar”, lo cual señala la necesidad divina de la labor de proclamar el evangelio. Pablo reconocía la importancia de presentar el mensaje a personas de los más altos niveles del gobierno romano, incluida la casa del César.

“No siempre es necesario arrodillarse para orar. Cultiven el hábito de conversar con el Salvador cuando estén solos, cuando estén caminando o cuando estén ocupados en vuestro trabajo cotidiano. Elévese el corazón de continuo en silenciosa petición de ayuda, luz, fuerza, conocimiento. Sea cada respiración una oración” (Elena de White, El ministerio de curación, p. 408).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

No comprendemos la grandeza y la majestad de Dios ni recordamos la inconmensurable distancia que hay entre el Creador y las criaturas formadas por su mano. El que se sienta en los cielos, blandiendo el cetro del universo, no juzga de acuerdo con nuestras normas finitas, ni evalúa en armonía con nuestros cómputos. Nos equivocamos si pensamos que lo que nosotros consideramos grande debe ser grande delante de Dios, y que lo que nosotros consideramos pequeño debe serlo delante de él…

No hay pecado pequeño a la vista de Dios. Los pecados que el hombre está dispuesto a considerar pequeños pueden ser los que Dios considera grandes crímenes. Se desprecia al ebrio y se le dice que su pecado lo excluirá del cielo, mientras el orgullo, el egoísmo y la codicia no reciben reprensión. Pero estos pecados son especialmente ofensivos para Dios… Necesitamos discernimiento claro, para medir el pecado de acuerdo con la norma de Dios y no con la nuestra. Tomemos como regla no las opiniones humanas, sino la Palabra divina.

Ahora, mientras dura el tiempo de gracia, no le incumbe a uno pronunciar sentencia contra los demás, y considerarse un hombre modelo. Cristo es nuestro modelo; imitadle, asentad vuestros pies en sus pisadas. Podéis profesar seguir todo punto de la verdad presente, pero a menos que practiquéis esas verdades, de nada os valdrá. No hemos de condenar a los demás; tal no es nuestra obra, sino que debemos amarnos unos a otros, y orar unos por otros. Cuando vemos a uno apartarse de la verdad, podemos llorar por él como Cristo lloró sobre Jerusalén. Veamos lo que dice nuestro Padre celestial en su Palabra acerca de los que yerran: «Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado». Gálatas 6:1…

Jesús se interesa en cada uno como si no hubiese otra persona en toda la tierra. Como Dios, ejerce gran poder en nuestro favor, mientras que como Hermano mayor nuestro, siente todas nuestras desgracias. La Majestad del cielo no se mantuvo alejada de la humanidad degradada y pecaminosa. No tenemos Sumo Sacerdote tan ensalzado y encumbrado, que no pueda fijarse en nosotros o simpatizar con nosotros, sino que fue tentado en todas las cosas como nosotros, aunque sin pecar (God’s Amazing Grace, p. 78; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 11 de marzo, p. 78).

«Confiesen sus ofensas unos a otros, y oren unos por otros, para que sean sanados» de todas las flaquezas espirituales, para que las disposiciones pecaminosas puedan ser cambiadas ver. Santiago 5:16. Hagan una obra diligente para la eternidad. Oren de la manera más ferviente al Señor y manténganse firmes en la fe. No confíen en el brazo de carne, sino confíen implícitamente en la dirección del Señor. Que cada uno diga ahora: «En cuanto a mí, saldré, y me separaré del mundo. Serviré al Señor con todo mi corazón» (Ser semejante a Jesús, 15 de noviembre, p. 326).


Jueves 19 de marzo

ANDANDO EN LA SABIDURÍA

¿Cuál es la verdad más importante que podemos conocer como cristianos? Esa verdad es, por supuesto, que Jesucristo murió por nuestros pecados y que podemos tener vida eterna por la fe en él. Esta es una verdad que nunca podríamos haber descubierto por nosotros mismos. Por el contrario, es una verdad que se nos tenía que revelar y que nos ha sido revelada en la Palabra de Dios.

Existe mucho conocimiento al que nunca habríamos accedido si Dios no lo hubiera revelado en su Palabra, pero la finalidad de ese conocimiento no es satisfacer nuestra sed intelectual, sino que lo apliquemos a nuestra vida.

Lee Colosenses 4:5, 6. ¿En qué situaciones en particular indica Pablo que necesitamos “portarnos sabiamente” y por qué?

Colosenses 4:5-6

Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

Desgraciadamente, los cristianos no nos comportamos como tales en algunas situaciones. Y, como indicó Pablo (citando Isa. 52:5), Israel también era una piedra de tropiezo para los incrédulos: “El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes” (Rom. 2:24). La forma en que actuamos con los demás, especialmente con quienes no comparten nuestra fe, es muy importante (ver Tito 2:5; 2 Ped. 2:2). Un hogar cristiano, una reunión de jóvenes para orar –y no para hacer cosas inaceptables–, las amabilidades sencillas y un espíritu sereno y paciente dicen mucho a quienes nos observan para ver si nuestra profesión de fe es genuina o no. 

En Colosenses 4:6, Pablo se centra especialmente en las palabras que pronunciamos: “Que su palabra sea siempre agradable”. Más que simplemente amables o corteses, las palabras que pronunciamos deben ser impulsadas e impregnadas por la gracia de Dios a través de la influencia del Espíritu Santo.

“Sazonadas con sal”. Contrariamente a lo que el mundo considera una manera “sazonada” de hablar, nuestras palabras deben ser apropiadas y agradables para aquellos a quienes nos dirigimos.

“Para que sepan cómo conviene responder a cada uno”. Solo el Espíritu Santo puede darnos las palabras correctas en el momento adecuado para el propósito correcto, y preparar las mentes de los oyentes para el mensaje que “debemos” compartir (aquí también se usa el verbo dei; ver los comentarios de ayer acerca de Col. 4:4). 

Piensa en tus palabras, acciones y comportamientos ante los demás. ¿Qué mensaje estás enviando acerca de tu fe y de lo que significa ser cristiano?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La promesa no dice que hoy tendremos fuerza para una emergencia futura, que las dificultades futuras anticipadas tendrán una provisión de antemano, antes de que nos aflijan. Podemos, si andamos por fe, esperar fortaleza y provisión tan pronto como nuestras circunstancias lo exijan. Vivimos por fe, no por vista. El Señor ha dispuesto que le pidamos todas las cosas que necesitamos. La gracia necesaria para mañana no será dada hoy. La necesidad de los hombres es la oportunidad de Dios… La gracia de Dios nunca es concedida para ser malgastada, para que se haga mal uso de ella o se pervierta, o para que se deje enmohecer por el desuso…

Mientras lleváis las responsabilidades diarias, en el amor y el temor de Dios, como hijos obedientes que andan en toda humildad de mente, se os dará la fortaleza y la sabiduría de Dios para hacer frente a toda circunstancia difícil…

Debemos mantenernos cada día cerca de la Fuente de nuestra fortaleza, y cuando el enemigo venga como inundación, el Espíritu del Señor nos elevará y levantará un estandarte contra el enemigo. La promesa de Dios es segura, nos dice que la fuerza será proporcional a nuestros días. Debemos confiar en lo futuro únicamente en la fuerza que nos es dada para las necesidades presentes… No toméis prestada la ansiedad del futuro.

Muchos se abaten anticipando las dificultades futuras. Están constantemente tratando de imponer las cargas de mañana al día de hoy. Así muchas de sus pruebas son imaginarias. Para los tales, Jesús no hizo provisión. Prometió gracia únicamente para el día. Nos ordena que no carguemos con los cuidados y dificultades de mañana…

El Señor requiere de nosotros que cumplamos los deberes de hoy, y soportemos sus pruebas. Hemos de velar hoy para no ofender ni en palabras ni en hechos. Debemos alabar y honrar a Dios hoy. Por el ejercicio de una fe viva hoy, hemos de vencer al enemigo. Debemos buscar a Dios hoy, y estar resueltos a no permanecer satisfechos sin su presencia. Debemos velar, obrar y orar como si este fuese el último día que se nos concede. ¡Qué intenso fervor habría entonces en nuestra vida! ¡Cuán estrechamente seguiríamos a Jesús en todas nuestras palabras y acciones! (God’s Amazing Grace, p. 261; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 10 de septiembre, p. 261).


Viernes 20 de marzo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Cada miembro de la familia debe comprender que sobre él individualmente recae la responsabilidad de hacer su parte en contribuir a la comodidad, el orden y la regularidad de la familia. No debe actuar un miembro contra otro. Todos deben participar unidos en la buena obra de alentarse unos a otros; deben manifestar amabilidad, tolerancia y paciencia; hablar en tono bajo y sereno; rehuir la confusión y hacer cada uno todo lo que pueda para aliviar las cargas de la madre. […]

“Cada miembro de la familia debe entender con exactitud la parte que se espera que él desempeñe en unión de los demás. Todos, desde el niño de seis años en adelante, deben comprender que de ellos se requiere que lleven su parte de las cargas impuestas por la vida” (Elena de White, El hogar cristiano [Florida:  ACES, 2013], p. 147).

“Si queremos caminar en la luz, debemos permitir que Cristo entre en nuestros corazones y en nuestros hogares. Debiera hacerse del hogar todo lo que la palabra implica. Debería ser un pequeño Cielo en la Tierra, un lugar donde se cultiven los afectos en vez de que se los reprima deliberadamente. Nuestra felicidad depende de que cultivemos el amor, la comprensión y la verdadera cortesía mutua. […] Debiéramos olvidarnos del yo, buscando siempre oportunidades, aun en las cosas pequeñas, para mostrar gratitud por los favores que hemos recibido de otros, y estando atentos para ver oportunidades de alegrar a otros y aligerar y aliviar sus tristezas y sus cargas mediante actos de tierna bondad y pequeños actos de amor. Estas atentas cortesías que, comenzando en nuestras familias, se extienden fuera del círculo familiar, contribuyen a formar la suma de la felicidad de la vida; y el descuido de estas cosas pequeñas constituye la suma de la amargura y la tristeza de la vida” (Elena de White, Testimonios para la iglesia [Doral: FL: APIA, 2004], t. 3, pp. 591, 592).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Si eres una persona casada, ¿qué principios les han ayudado a ti y a tu cónyuge en su relación? ¿Qué consejo puedes compartir con las personas solteras acerca de cómo deben prepararse para los desafíos que siempre trae consigo el matrimonio?
  2. Muchos padres cariñosos y atentos, que criaron a sus hijos en buenos hogares cristianos, ven, años después, a esos hijos ya adultos lejos de la fe. ¿Qué consejo y consuelo podrías dar a esos padres? ¿Qué sería mejor no decir?
  3. Analiza más profundamente la exhortación a “portarse sabiamente”. ¿Qué significa caminar en la “insensatez”, en contraposición a la sabiduría? ¿Qué has aprendido de las ocasiones en que caminaste en una u otra dirección?

Últimas Lecciones

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