Lección 9: Para el 30 de mayo de 2026
EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY
Sábado 23 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Jueces 14; Marcos 9: 42–48; Romanos 3: 20; Mateo 5: 17, 18; Romanos 3: 28; Mateo 7: 24–29.
PARA MEMORIZAR:
«Jamás olvidaré tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy; sálvame porque he buscado tus mandamientos» (Sal. 119: 93, 94).
El pecado es, sin duda, el mayor obstáculo para una relación estrecha con Dios. El pecado no solo nos separa de Dios (Isa. 59: 2), sino también nos engaña, nos hiere, nos consume y finalmente nos destruye. Nuestra lucha contra el pecado y el orgullo es la batalla más grande que jamás enfrentaremos, y tiene implicaciones tremendas y eternas.
Algunos consideran el pecado como una parte normal de la vida. Al fin y al cabo, es propio de la naturaleza humana dejarse llevar por el placer. Pero ¿restamos importancia al pecado porque la sociedad se ha acomodado a él? Muchos evitan llamar al pecado por su nombre por temor a incomodar a otros, pero cuanto más cómodos nos sintamos con el pecado, más lejos estaremos de una relación saludable con Dios.
Ciertamente todos pecamos, y nuestros pensamientos, motivaciones, acciones y palabras hieren a otros, a nosotros mismos y a Dios. El pecado destruye nuestra relación con él, pero Dios se nos ha revelado por medio de su Ley para señalar el pecado existente en nuestra vida.
Esta semana analizaremos la finalidad de la Ley de Dios y la solución divina para restaurar nuestra relación con él cuando pecamos.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
A Daniel se le dio una visión de fieras salvajes, que representan los poderes de la tierra. Pero el símbolo del reino del Mesías es un cordero. Mientras los reinos de la tierra dominan basándose en el ascendiente del poderío físico, Cristo había de descartar toda arma carnal, todo instrumento de coerción. Su reino se establecería para elevar y ennoblecer a la humanidad caída.
Para Adán el ofrecimiento del primer sacrificio fue una ceremonia muy dolorosa. Tuvo que alzar la mano para quitar una vida que solo Dios podía dar… Mientras mataba a la inocente víctima temblaba al pensar que su pecado haría derramar la sangre del Cordero inmaculado de Dios. Esta escena le dio un sentido más profundo y vívido de la enormidad de su transgresión, que nada sino la muerte del querido Hijo de Dios podía expiar. Y se admiró de la infinita bondad que daba semejante rescate para salvar a los culpables.
Los símbolos y las sombras de los sacrificios ceremoniales, junto con las profecías, dieron a los israelitas una visión velada y borrosa de la misericordia y la gracia que habían de ser traídas al mundo mediante la revelación de Cristo… Únicamente mediante Cristo puede el hombre guardar la ley moral. Por la transgresión de esa ley, el hombre introdujo el pecado en el mundo, y con el pecado vino la muerte. Cristo llegó a ser la propiciación por los pecados del hombre, Ofreció la perfección de su carácter en lugar de la pecaminosidad del hombre. Tomó sobre sí mismo la maldición de la desobediencia. Los sacrificios y las ofrendas señalaban el sacrificio que iba a realizar. El cordero sacrificado simbolizaba al Cordero que había de quitar el pecado del mundo…
La ley y el evangelio están en perfecta armonía. Se sostienen mutuamente. La ley se presenta con toda su majestad ante la conciencia, haciendo que el pecador sienta su necesidad de Cristo como la propiciación de los pecados. El evangelio reconoce el poder e inmutabilidad de la ley. «Yo no conocí el pecado sino por la ley», declara Pablo. Romanos 7:7. La convicción del pecado… impele al pecador hacia el Salvador. En su necesidad, el hombre puede presentar el poderoso argumento suministrado por la cruz del Calvario. Puede demandar la justicia de Cristo, pues es impartida a todo pecador arrepentido (God’s Amazing Grace, p. 15; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 7 de enero, p. 15).
La obediencia a las leyes de Dios desarrolla en el hombre un carácter hermoso que está en armonía con todo lo puro, lo santo, y lo incontaminado. En la vida de tales hombres se revela el evangelio de Cristo. Al aceptar la misericordia de Cristo y su sanamiento del poder del pecado, el hombre queda en correcta relación con Dios. Su vida, purificada de la vanidad y el egoísmo, se llena del amor del Padre. Su diaria obediencia a la ley del Señor le brinda un carácter que le asegura la vida eterna en el reino de Dios (La maravillosa gracia de Dios, 18 de mayo, p. 146).
Domingo 24 de mayo
DISTRACCIONES Y TENTACIONES
Lee acerca de las tentaciones de Sansón en Jueces 14 y 16: 1, 4, 16 y 17. Aunque fue llamado por Dios para cumplir una misión específica, Sansón servía al Señor mientras cedía a la tentación. ¿Qué nos enseña el desenlace de su vida al respecto?
Jueces 14
1 Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. 2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer. 3 Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame esta por mujer, porque ella me agrada. 4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. 5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él. 6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7 Descendió, pues, y habló a la mujer; y ella agradó a Sansón. 8 Y volviendo después de algunos días para tomarla, se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león; y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas, y un panal de miel. 9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el camino; y cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león. 10 Vino, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón hizo allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes. 11 Y aconteció que cuando ellos le vieron, tomaron treinta compañeros para que estuviesen con él. 12 Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta. 13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos. 14 Entonces les dijo: Del devorador salió comida, Y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días. 15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu marido a que nos declare este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos? 16 Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado, ¿y te lo había de declarar a ti? 17 Y ella lloró en presencia de él los siete días que ellos tuvieron banquete; mas al séptimo día él se lo declaró, porque le presionaba; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo. 18 Al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león? Y él les respondió: Si no araseis con mi novilla, Nunca hubierais descubierto mi enigma. 19 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma; y encendido en enojo se volvió a la casa de su padre. 20 Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él había tratado como su amigo.
Jueces 16: 1, 4, y 16-17
1 Fue Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella.
4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.
16 Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. 17 Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres.
El Gran Conflicto es real y todos estamos implicados en él. La batalla cósmica que comenzó en el Cielo se está librando ahora en la vida de cada ser humano.
Satanás sabe que debe emplear todos sus recursos para evitar que tengamos una relación cercana con Dios en la actualidad, justo antes de que Jesús regrese. Tal vez hayas estado distraído con algo que quizá no sea malo en sí mismo, pero que demanda el tiempo y la energía necesarios para mantener viva tu relación con Dios. Tal vez sea el trabajo, las redes sociales, las compras, los deportes o la comida. El exceso o un desbalance en cualquiera de esas áreas pueden dejar poco tiempo para Dios y los demás. El Enemigo conoce cada una de nuestras debilidades y el tipo de cosas que nos distraen de pasar tiempo con Dios. Buscar a Dios debería ser nuestra prioridad (Mat. 6: 33) antes de sumergirnos deprisa en nuestras actividades cotidianas y en todo lo que se nos pueda presentar.
Jesús comprende nuestra condición, pero reprende nuestra apatía (Apoc. 3: 14–22). Aunque es Dios, también era un ser humano que se sentía cansado como nosotros (Juan 4: 6). Conocía las presiones de la vida al igual que nosotros, pero escapó de ellas para dialogar a solas con su Padre (Mat. 14: 23; Mar. 1: 35; Luc. 5: 16; 6: 12). Sabía que pasar tiempo a solas con él era lo mejor que podía hacer para recuperar fuerzas a fin de luchar contra las tentaciones. También es lo mejor y más seguro para nosotros.
Sansón cayó porque se creía fuerte. Dependía de su propia fuerza para vencer las tentaciones. Cada uno de nosotros se enfrenta a diario a batallas con el pecado cuando el Enemigo de las almas intenta debilitar y destruir nuestra relación con Dios. El tentador conoce nuestras debilidades y se enfoca en ellas para entorpecer nuestra relación con Dios y hacernos sentir culpables e indignos, lo cual tiende a alejarnos de Dios. El Diablo trabaja para distorsionar nuestro pensamiento, nuestras intenciones y nuestras acciones a fin de conquistar alguna parte de nuestra vida. Pero recuerda que nuestra fe nos ayudará a permanecer firmes, y que ella es el resultado de prestar atención a la Palabra de Dios.
¿Con qué estás luchando? ¿Cómo puede la Palabra de Dios ayudarte?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Tenemos abundantes evidencias de que en la iglesia de Dios la maleza crece junto con el trigo. Hay cristianos sinceros en la iglesia y también los hay tibios. Estos últimos tienen oportunidad de conocer la verdad; la Palabra de Dios les es presentada; concurren al banquete como Judas asistió a la Pascua pero, como Judas, no asimilan la Palabra de vida. Nadie puede obligarlos a ingerir la Palabra de vida eterna a fin de que realicen una obra cabal de arrepentimiento para que puedan tener una experiencia cristiana genuina y lleguen a estar enraizados y afirmados en la verdad…
No debemos sentirnos abrumados por el desánimo debido a que lo bueno y lo malo se hallan juntos en la iglesia. Judas se contaba entre los discípulos. Tuvo todas las ventajas posibles pero, aunque escuchó la verdad y los principios tan claramente explicados, Cristo sabía que no había recibido la verdad. No ingirió la verdad. Esta no llegó a formar parte de él. Sus viejos hábitos y prácticas se manifestaban constantemente. No obstante Cristo no tomó medidas de fuerza para apartar a Judas de los discípulos…
Todos los que brindan un servicio verdadero a Dios confrontarán perplejidades. Pero no piensen en el fracaso. No hablen de desánimo. Estemos todos unidos haciendo la voluntad de nuestro Padre celestial… Si somos cristianos no podemos seguir el sistema del mundo. «Escrito está» debe ser nuestro consejero constante. Que no sean hombres impíos los que nos guíen…
Los hombres se conducen como si se les hubiera dado libertad para anular las decisiones de Dios. Los críticos se colocan en el lugar de Dios y repasan su Palabra a fin de modificarla o aprobarla. De esta manera, todas las naciones se ven inducidas a beber del vino de la fornicación de Babilonia. Estos críticos han preparado las cosas como para que se ajusten a las herejías peculiares de los últimos días. Si no pueden cambiar la Palabra de Dios, si no pueden torcer su significado para que se ajuste a las prácticas humanas, la quebrantan…
Todos los hacedores de la Palabra de Dios serán bendecidos abundantemente. Cualesquiera sean las cruces que deban cargar, las pérdidas que puedan tener o la persecución que deban afrontar, aun cuando esta significara la pérdida de la vida temporal, serán ampliamente recompensados, porque se les asegura la vida que se mide con la vida de Dios. Al perder sus vidas por el nombre de Cristo ganan una vida que durará por las edades eternas. Caminan bajo la dirección del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación. Verán su rostro y su nombre estará en sus frentes (Alza tus ojos, 21 de enero, p. 33).
Lunes 25 de mayo
DESAFÍOS EN MI RELACIÓN CON DIOS
La Biblia contiene numerosos mensajes acerca de nuestra relación con Dios y de los obstáculos que nos impiden crecer en Cristo. Considera las siguientes declaraciones de Pablo y de Jesús:
«Así, el que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Cor. 10: 12). Como en el caso de Sansón, la autosuficiencia te hará caer.
«No toques trompeta ante ti, como hacen los hipócritas […] para ser honrados por los hombres» (Mat. 6: 2). Deja de decir a todo el mundo cuán bueno eres. Sé humilde como Jesús.
«Pero yo les digo: “El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti”» (Mat. 5: 28, 29). Haz lo que sea necesario para erradicar la lujuria de tu corazón, pues esta es un obstáculo para tu relación con Dios.
«No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzgan, serán juzgados» (Mat. 7: 1, 2). Deja de criticar y de juzgar a los demás. Dios es el Juez. No pretendas ocupar su lugar (1 Cor. 4: 5).
«Pero yo les digo: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen”» (Mat. 5: 44). No odies a tus enemigos. Cuando albergas sentimientos negativos contra quienes te tratan mal, esto erige instantáneamente una barrera que obstaculiza tu relación con Dios. En lugar de eso, ora por tus enemigos, y verás cómo cambia tu relación con Dios y con los demás.
«Pero yo les digo: “Cualquiera que se enoje con su hermano será culpado del juicio”» (Mat. 5: 22). Tal vez creas que es correcto enojarte con quienes te rodean. ¿Cómo está afectando tu enojo tu relación con Dios y con los demás? Estas son solo algunas cosas que nos hacen tropezar.
Jesús nos dijo qué debemos hacer metafóricamente si nuestras manos, pies y ojos son instrumentos del pecado. ¿Qué nos aconsejó? Lee Marcos 9: 42 al 48.
Marcos 9: 42-48
42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. 43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
Amputarse una mano o un pie o extirparse un ojo a causa del pecado es sin duda una metáfora extrema. El hecho de que Jesús la usara muestra cuán grave era, en su opinión, el pecado y su impacto en nuestra vida. ¿Cuán grave lo consideras tú?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Nuestro Señor está en conocimiento del conflicto de su pueblo en estos últimos días con los instrumentos satánicos combinados con hombres malignos que desprecian y rechazan esta gran salvación. Con la mayor sencillez y candor, nuestro Salvador, el poderoso General de los ejércitos del cielo, no oculta el terrible conflicto que tendrán que experimentar. Señala los peligros, revela los planes de batalla y pone de manifiesto la obra dura y pesada que debe realizarse, y entonces eleva su voz antes de entrar en el conflicto para que contemos el costo mientras que al mismo tiempo anima a todos a tomar las armas de su panoplia, y espera que la hueste celestial ordene los ejércitos para combatir en defensa de la verdad y la justicia. La debilidad del hombre encontrará fortaleza y ayuda sobrenaturales en cada conflicto duro para hacer las obras de la Omnipotencia, y perseverancia en la fe, y perfecta confianza en Dios, que le asegurarán el éxito.
Mientras la confederación del mal se apresta contra ellos, Dios los insta a ser valientes y fuertes, y a luchar con valor, porque tienen un cielo que ganar, y tienen a más de un ángel en sus filas, y el poderoso General de los ejércitos conduce las huestes del cielo. En la conquista de Jericó ninguno de los ejércitos de Israel pudo jactarse de haber empleado su limitada fuerza para derribar las murallas de la ciudad, ya que el Capitán de las huestes del Señor hizo los planes de esa batalla con la mayor sencillez, de modo que solo el Señor recibiera la gloria y no se exaltara al hombre. Dios nos ha prometido todo poder, «porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que estáis lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare».
La fe es el poder viviente que derriba toda barrera, arrasa todo obstáculo, y planta el estandarte en el corazón del campamento enemigo (Sons and Daughters of God, p. 202; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 14 de julio, p. 204).
Al conocernos cabalmente a nosotros mismos, y combinando nuestra firme decisión con la gracia de Dios, podremos ser vencedores y llegar a la perfección en todas las cosas sin que nada nos falte.
Las circunstancias adversas deberían crear una firme determinación de vencerlas. El quebrantar una barrera dará mayor habilidad. y valor para seguir adelante. Avanzad con determinación en la debida dirección, y las circunstancias serán vuestros ayudadores, no vuestros obstáculos.
El carácter cristiano está señalado por una singularidad de propósito, una determinación indomable, que rehúsa someterse a la influencia mundana, y que no tratará de alcanzar nada menos que la norma bíblica… La consagración del seguidor de Cristo debe ser completa… Debe estar dispuesto a soportar paciente, alegre y gozosamente todo lo que en la providencia de Dios sea llamado a sufrir. Su recompensa final será compartir con Cristo el trono de gloria inmortal (God’s Amazing Grace, p. 225; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 5 de agosto, p. 225).
Martes 26 de mayo
LA LEY
¿Cómo definirías y describirías el pecado para que lo entendiera un no cristiano? ¿Cómo describe la Biblia el pecado? Lee Romanos 3: 20 y 1 Juan 3: 4.
Romanos 3: 20
20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.
1 Juan 3: 4
4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
El pecado es la transgresión de la Ley de Dios (1 Juan 3: 4) y, al mismo tiempo, está profundamente arraigado en nuestra naturaleza caída (Sal. 51: 5; Jer. 17: 9). La Ley pone de manifiesto el pecado al actuar como si fuera un par de anteojos que nos permite ver claramente lo que nos rodea, o como un espejo para percibir cómo somos en realidad. Ella aporta claridad y convicción a nuestra vida y a nuestro carácter, además de hablarnos del carácter de Dios y de lo que es importante para él.
Los Diez Mandamientos (Éxo. 20: 3-17) fueron escritos por Dios mismo. Jesús se hizo eco de su importancia al decir: «El primer mandamiento de todos es […] “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y toda tu fuerza”. Y el segundo es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos» (Mar. 12: 30, 31). Y añadió: «De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas» (Mat. 22: 40).
Las palabras que Dios dirigió a los israelitas en el monte Sinaí y a nosotros hoy (Heb. 1: 1, 2) nos dicen que la Ley tiene que ver con las relaciones. Dios proveyó la Ley como una salvaguardia para proteger nuestra relación con él y con los demás. Sin embargo, Satanás ha distorsionado la belleza de la Ley divina para que sea vista por algunos como una carga. El legalismo, carente de amor y opuesto a la libertad, es a menudo asociado con la Ley, a pesar de que la Biblia dice: «En esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos» (1 Juan 5: 3).
- En una escala del 1 al 5, ¿qué valor tiene para ti la Palabra viva y la Ley como parte de ella?
- Cuando pienso en la Ley de Dios, ¿creo que me limita o que me fortalece? ¿Cómo puedo entender mejor la Ley si la considero una limitación?
- ¿Qué sucedería si colocáramos la Ley de Dios, cuya esencia es el amor a él y a los demás, en el centro de nuestra vida, de nuestra familia y de nuestra iglesia? ¿Qué cambio causaría en tu vida y en tus relaciones?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La Palabra de Dios incluye las escrituras del Antiguo Testamento así como las del Nuevo. El uno no es completo sin el otro. Cristo declaró que las verdades del Antiguo Testamento son tan valiosas como las del Nuevo. Cristo fue el Redentor del hombre en el principio del mundo en igual grado en que lo es hoy. Antes de revestir él su divinidad de humanidad y venir a nuestro mundo, el mensaje evangélico fue dado por Adán, Set, Enoc, Matusalén y Noé. Abrahán en Canaán y Lot en Sodoma llevaron el mensaje, y de generación en generación fieles mensajeros proclamaron a Aquel que había de venir…
Los discípulos habían de ir como testigos de la vida, la muerte y la intercesión de Cristo, que los profetas habían predicho. Cristo en su humillación, en su pureza y santidad, en su amor incomparable, había de ser su tema. Y para predicar el Evangelio en su plenitud, ellos debían presentar al Salvador no solamente revelado en su vida y enseñanzas, sino predicho por los profetas del Antiguo Testamento y simbolizado por los servicios expiatorios…
En cada época hay un nuevo desarrollo de la verdad, un mensaje de Dios al pueblo de esa generación. Las viejas verdades son todas esenciales; la nueva verdad no es independiente de la vieja, sino un desarrollo de ella. Es Únicamente comprendiendo las viejas verdades como podemos entender las nuevas. Cuando Cristo deseó revelar a sus discípulos la verdad de su resurrección, comenzó «desde Moisés, y de todos los profetas», y «declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían». Lucas 24:27. Pero es la luz que brilla en el nuevo desarrollo de la verdad la que glorifica lo viejo. Aquel que rechaza o descuida lo nuevo no posee realmente lo viejo. Para él la verdad pierde su poder vital y llega a ser solamente una forma muerta.
Existen personas que profesan creer y enseñar las verdades del Antiguo Testamento mientras rechazan el Nuevo. Pero al rehusar recibir las enseñanzas de Cristo, demuestran no creer lo que dijeron los patriarcas y profetas…
Al rechazar el Antiguo Testamento, prácticamente rechazan el Nuevo; pues ambos son partes de un todo inseparable. Ningún hombre puede presentar correctamente la ley de Dios sin el evangelio, ni el evangelio sin la ley. La ley es el evangelio sintetizado, y el evangelio es la ley desarrollada. La ley es la raíz, el Evangelio su fragante flor y fruto.
El Antiguo Testamento arroja luz sobre el Nuevo, y el Nuevo sobre el Viejo. Cada uno de ellos es una revelación de la gloria de Dios en Cristo. Ambos presentan verdades que revelarán continuamente nuevas profundidades de significado para el estudiante fervoroso (Exaltad a Jesús, 19 de octubre, p. 300).
todo esto por ti mediante Cristo. Crees en esa promesa. Confiesas tus pecados y te entregas a Dios. Quieres servirle. Tan ciertamente como haces esto, Dios cumplirá su palabra contigo. Si crees la promesa, si crees que estás perdonado y limpiado, Dios suple el hecho; estás sano, tal como Cristo dio potencia al paralítico para andar cuando el hombre creyó que había sido sanado. Así es si lo crees.
No aguardes hasta sentir que estás sano, mas di: «Lo creo; así es, no porque lo sienta, sino porque Dios lo ha prometido» (El camino a Cristo, p. 51).
Miércoles 27 de mayo
LA LEY Y EL EVANGELIO
Jesús mismo explicó de manera muy poderosa y sucinta cuál era su relación con la Ley.
¿Qué dijo Jesús en Mateo 5: 17 y 18 acerca de la Ley?
Mateo 5: 17-18
17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
Así como los límites que los padres señalan a sus hijos revelan lo que valoran, la Ley de Dios nos habla de su carácter y de lo que es importante para él. Dios nos dio su Ley para proteger nuestra relación con él y con los demás, pues sabe que ella orienta cada aspecto de nuestra vida a medida que crecemos en él. ¿Quién no ha sufrido las terribles consecuencias del pecado, la transgresión de la Ley?
El amor a Jesús está en el centro mismo de la Ley. Él dijo: «Si me aman, guardarán mis mandamientos» (Juan 14: 15). Cuando amamos genuinamente a Jesús, nos sentimos naturalmente inclinados a obedecer su Ley. Cuando comprendemos claramente su Ley, nos sentimos motivados a amar a Jesús. Y, lo que es aún más importante, mantener siempre ante nuestros ojos la Cruz y la muerte sustitutoria de Cristo en nuestro favor es la mejor manera de fomentar nuestro amor a Dios.
La Ley debe ir de la mano del evangelio, pues, aunque creemos en la vigencia de aquella y en la importancia de obedecerla, en lo que respecta a nuestra posición ante Dios, la Ley solo puede señalar el pecado. Ella no puede perdonar, justificar ni expiar. Por el contrario, ella señala por qué necesitamos ser perdonados y justificados, por qué necesitamos expiación. Esta es la razón por la que el evangelio es imprescindible para comprender la Ley, y por qué la muerte de Cristo en nuestro favor nos es imputada por la fe y no por nuestro cumplimiento de la Ley.
Lee Romanos 3: 28; 4: 13 al 16; Gálatas 2: 16; 3: 13 y Filipenses 3: 9. ¿Qué nos enseñan estos versículos que puede ayudarnos a los creyentes obedientes a la Ley a no caer en el legalismo?
Romanos 3: 28
28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.
Romanos 4: 13-16
13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. 14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. 15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. 16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros
Gálatas 2: 16
16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.
Gálatas 3: 13
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
Filipenses 3: 9
9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La ley revela al hombre sus pecados, pero no dispone ningún remedio. Mientras promete vida al que obedece, declara que la muerte es lo que le toca al transgresor. Solo el evangelio de Cristo puede librarle de la condenación o de la mancha del pecado. Debe arrepentirse ante Dios cuya ley transgredió, y tener fe en Cristo y en su sacrificio expiatorio. Así obtiene «remisión de los pecados cometidos anteriormente», y se hace partícipe de la naturaleza divina. Es un hijo de Dios, pues ha recibido el espíritu de adopción, por el cual exclama: «¡Abba, Padre!»
¿Está entonces libre para violar la ley de Dios? El apóstol Pablo dice: «¿Abrogamos pues la ley por medio de la fe? ¡No por cierto! antes bien, hacemos estable la ley». «Nosotros que morimos al pecado, ¿cómo podremos vivir ya en él?» Y San Juan dice también: «Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos». Romanos 3:31; 6:2; 1 Juan 5:3 (VM). En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y rebelión a la obediencia y a la lealtad. Terminó su antigua vida de separación con Dios; y comenzó la nueva vida de reconciliación, fe y amor. Entonces «la justicia que requiere la ley» se cumplirá «en nosotros, los que no andamos según la carne, sino según el espíritu». Romanos 8:4 (VM). Y el lenguaje del alma será «¡Cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación». Salmo 119:97.
«La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma». Salmo 19:7 (VM). Sin la ley, los hombres no pueden formarse un justo concepto de la pureza y santidad de Dios ni de su propia culpabilidad e impureza. No tienen verdadera convicción del pecado, y no sienten necesidad de arrepentirse. Como no ven su condición perdida como violadores de la ley de Dios, no se dan cuenta tampoco de la necesidad que tienen de la sangre expiatoria de Cristo. Aceptan la esperanza de salvación sin que se realice un cambio radical en su corazón ni reforma en su vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes se unen a la iglesia sin haberse unido jamás con Cristo (El conflicto de los siglos, pp. 461, 462).
Muchos de los que pretenden creer y enseñar el evangelio caen en un error similar. Ponen a un lado las escrituras del Antiguo Testamento, de las cuales Cristo declaró: «Ellas son las que dan testimonio de mí». Juan 5:39. Al rechazar el Antiguo Testamento, prácticamente rechazan el Nuevo; pues ambos son partes de un todo inseparable. Ningún hombre puede presentar correctamente la ley de Dios sin el evangelio, ni el evangelio sin la ley. La ley es el evangelio sintetizado, y el evangelio es la ley desarrollada. La ley es la raíz, el evangelio su fragante flor y fruto (Palabras de vida del gran Maestro, p. 99).
Jueves 28 de mayo
SABER Y HACER
En el Sermón del Monte, Jesús habla mucho de nuestra relación con él y con los demás. Dice algo muy conmovedor hacia el final de su mensaje:
«No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mat. 7: 21).
Jesús dice allí que algunos sabrán acerca de él sin conocerlo realmente. El conocimiento es ciertamente importante. La Biblia dice que el pueblo de Dios podría perecer por falta de conocimiento acerca de Dios y por haberse negado a recibir ese conocimiento (Ose. 4: 1, 6, 10). Nunca debemos restar importancia a la perenne verdad bíblica. Sin embargo, de nada sirve ese conocimiento si no nos transforma ni profundiza nuestro compromiso y nuestra experiencia personal con Dios.
«Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3). Jesús afirmó que el requisito para entrar en el Cielo es hacer la voluntad de Dios y, en última instancia, conocer a Dios, pues no podemos hacer su voluntad sin conocerlo. Este es el factor definitorio y una expectativa muy razonable. Si tu hijo dice que te ama y suele hacer lo que le pides, su conducta revela la profundidad de su amor y su respeto hacia ti. De la misma manera, si amamos a Dios, querremos hacer su voluntad pues sabemos por experiencia que es lo mejor. Nuestra obediencia como evidencia y fruto de nuestro amor muestra la verdadera naturaleza de nuestra relación con él.
Jesús concluyó el Sermón del Monte con un conmovedor desafío final para sus oyentes. ¿Cuál fue? Lee Mateo 7: 24 al 29.
Mateo 7: 24-29
24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. 28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Cuando prestamos realmente atención a los mensajes de Jesús, no podemos evitar sentirnos interpelados. Entonces, para que ello ocurra, nuestros oídos deben estar abiertos y nuestros corazones receptivos para que la propuesta divina de que vivamos en estrecha relación con Dios pueda grabarse en nuestro corazón y nuestra vida sea edificada sobre la Roca, en armonía con el plan perfecto de Dios para nosotros.
Este modelo de relación íntima no es un secreto, ya que se encuentra revelado en la Biblia y es ofrecido por Dios a cada persona. Es nuestro privilegio aceptarlo por fe, reclamar la perfecta justicia de Cristo y reflejar luego esa justicia en nuestra vida.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Al par que se predica el evangelio, hay agentes que trabajan y que no son sino intermediarios de los espíritus mentirosos. Muchos tratan con ellos por simple curiosidad, pero al ver pruebas de que obra un poder más que humano, quedan cada vez más seducidos hasta que llegan a estar dominados por una voluntad más fuerte que la suya. No pueden escapar de este poder misterioso.
Las defensas de su alma quedan derribadas. No tienen vallas contra el pecado. Nadie sabe hasta qué abismos de degradación puede llegar a hundirse una vez que rechazó las restricciones de la Palabra de Dios y de su Espíritu. Un pecado secreto o una pasión dominante puede mantener a un cautivo tan impotente como el endemoniado de Capernaum. Sin embargo, su condición no es desesperada.
El medio por el cual se puede vencer al maligno, es aquel por el cual Cristo venció: el poder de la Palabra. Dios no domina nuestra mente sin nuestro consentimiento; pero si deseamos conocer y hacer su voluntad, se nos dirige su promesa: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». «Si alguno quisiere hacer su voluntad, conocerá de mi enseñanza». Juan 8:32; Juan 7:17. Apoyándose en estas promesas, cada uno puede quedar libre de las trampas del error y del dominio del pecado.
Cada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en lugar de oraciones, no podía sino pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo, no serán abandonados al poder de Satanás o a las flaquezas de su propia naturaleza. Son invitados por el Salvador: «Echen mano… de mi fortaleza; y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!» Isaías 27:5. Los espíritus de las tinieblas contenderán por el alma que una vez estuvo bajo su dominio. Pero los ángeles de Dios lucharán por esa alma con una potencia que prevalecerá. El Señor dice: «¿Será quitada la presa al valiente? o ¿libertaráse la cautividad legítima? Así empero dice Jehová: Cierto, la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada; y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré a tus hijos». Isaías 49:24, 25 (El Deseado de todas las gentes, pp. 223, 224).
Viernes 29 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
No debería sorprendernos que el tema de la Ley sea a menudo tan tergiversado y malinterpretado, ya que el gran desafío de Satanás contra Dios giró precisamente en torno a la Ley divina.
En la época de Jesús, algunos pensaban que él había venido a suprimir la Ley, pero eso no podía estar más lejos de la verdad. Con su obediencia perfecta a la Ley (Mat. 5: 17, 18), Jesús iluminó el hermoso carácter divino y nos mostró cómo es Dios.
«Solamente podía esperar que realizaría el propósito divino si conservaba en su corazón reverencia por la santa palabra de Dios. Fue el aprecio por la ley de Dios lo que dio a Israel fuerza durante el reinado de David y los primeros años del de Salomón; fue por la fe en la palabra viviente como se hicieron reformas en los tiempos de Elías y de Josías. Y a esas mismas Escrituras de verdad, la herencia más preciosa de Israel, apelaba Jeremías en sus esfuerzos de reforma» (Elena G. de White, Profetas y reyes, p. 312).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¿Cómo ve el pecado la cultura popular? ¿Cómo debe responder nuestra iglesia?
- ¿Has visto alguna vez de primera mano cómo el pecado destruye las relaciones con Dios y con los demás?
- ¿Ha resultado fácil o difícil para ti obedecer la Ley de Dios? ¿Qué factores han contribuido a ello?
- ¿En qué confiarás cuando todos tus pecados sean llevados ante el santo y perfecto Dios en ocasión del Juicio: en tu cumplimiento de la Ley o en la perfecta justicia de Jesús como tu Sustituto y Representante?
- Lee Proverbios 24: 3, 13 y 14. ¿Cómo puede afectar el conocimiento (o la falta de él) la relación de alguien con Dios?
RESUMEN:
Nuestra vida está infectada por el pecado, que nos separa de Dios. Sin embargo, Dios nos invita a conocerlo y amarlo con toda nuestra mente, corazón y fuerzas. Si lo hacemos, naturalmente amaremos más a Dios y a los demás. Ese amor está plasmado en la Ley de Dios, que fue dada para proteger y preservar nuestra relación con él y con quienes nos rodean. La Ley de Dios es un hermoso reflejo de su carácter. Cuando entendemos su Ley, nuestra relación con él se desarrolla.
Lección 9 – EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY – Para el 30 de mayo de 2026
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Lecciones Futuras de Escuela Sabática
| 1er Trimestre | Colosenses – Filipenses |
| 2do Trimestre | Relación con Dios |
| 3er Trimestre | 1 y 2 Corintios |
| 4to Trimestre | El Don de Profecía |
| 1er Trimestre | Mayordomía |
| 2do Trimestre | Vida de Jesús |
| 3er Trimestre | Profecías Apocalípticas |
| 4to Trimestre | Hermenéutica |
Lecciones Futuras de Escuela Sabática
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| 2027 | Mayordomía | Vida de Jesús | Profecías Apocalípticas | Hermenéutica |
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Lección 9: Para el 30 de mayo de 2026
EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY
Sábado 23 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Jueces 14; Marcos 9: 42–48; Romanos 3: 20; Mateo 5: 17, 18; Romanos 3: 28; Mateo 7: 24–29.
PARA MEMORIZAR:
«Jamás olvidaré tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy; sálvame porque he buscado tus mandamientos» (Sal. 119: 93, 94).
El pecado es, sin duda, el mayor obstáculo para una relación estrecha con Dios. El pecado no solo nos separa de Dios (Isa. 59: 2), sino también nos engaña, nos hiere, nos consume y finalmente nos destruye. Nuestra lucha contra el pecado y el orgullo es la batalla más grande que jamás enfrentaremos, y tiene implicaciones tremendas y eternas.
Algunos consideran el pecado como una parte normal de la vida. Al fin y al cabo, es propio de la naturaleza humana dejarse llevar por el placer. Pero ¿restamos importancia al pecado porque la sociedad se ha acomodado a él? Muchos evitan llamar al pecado por su nombre por temor a incomodar a otros, pero cuanto más cómodos nos sintamos con el pecado, más lejos estaremos de una relación saludable con Dios.
Ciertamente todos pecamos, y nuestros pensamientos, motivaciones, acciones y palabras hieren a otros, a nosotros mismos y a Dios. El pecado destruye nuestra relación con él, pero Dios se nos ha revelado por medio de su Ley para señalar el pecado existente en nuestra vida.
Esta semana analizaremos la finalidad de la Ley de Dios y la solución divina para restaurar nuestra relación con él cuando pecamos.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
A Daniel se le dio una visión de fieras salvajes, que representan los poderes de la tierra. Pero el símbolo del reino del Mesías es un cordero. Mientras los reinos de la tierra dominan basándose en el ascendiente del poderío físico, Cristo había de descartar toda arma carnal, todo instrumento de coerción. Su reino se establecería para elevar y ennoblecer a la humanidad caída.
Para Adán el ofrecimiento del primer sacrificio fue una ceremonia muy dolorosa. Tuvo que alzar la mano para quitar una vida que solo Dios podía dar… Mientras mataba a la inocente víctima temblaba al pensar que su pecado haría derramar la sangre del Cordero inmaculado de Dios. Esta escena le dio un sentido más profundo y vívido de la enormidad de su transgresión, que nada sino la muerte del querido Hijo de Dios podía expiar. Y se admiró de la infinita bondad que daba semejante rescate para salvar a los culpables.
Los símbolos y las sombras de los sacrificios ceremoniales, junto con las profecías, dieron a los israelitas una visión velada y borrosa de la misericordia y la gracia que habían de ser traídas al mundo mediante la revelación de Cristo… Únicamente mediante Cristo puede el hombre guardar la ley moral. Por la transgresión de esa ley, el hombre introdujo el pecado en el mundo, y con el pecado vino la muerte. Cristo llegó a ser la propiciación por los pecados del hombre, Ofreció la perfección de su carácter en lugar de la pecaminosidad del hombre. Tomó sobre sí mismo la maldición de la desobediencia. Los sacrificios y las ofrendas señalaban el sacrificio que iba a realizar. El cordero sacrificado simbolizaba al Cordero que había de quitar el pecado del mundo…
La ley y el evangelio están en perfecta armonía. Se sostienen mutuamente. La ley se presenta con toda su majestad ante la conciencia, haciendo que el pecador sienta su necesidad de Cristo como la propiciación de los pecados. El evangelio reconoce el poder e inmutabilidad de la ley. «Yo no conocí el pecado sino por la ley», declara Pablo. Romanos 7:7. La convicción del pecado… impele al pecador hacia el Salvador. En su necesidad, el hombre puede presentar el poderoso argumento suministrado por la cruz del Calvario. Puede demandar la justicia de Cristo, pues es impartida a todo pecador arrepentido (God’s Amazing Grace, p. 15; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 7 de enero, p. 15).
La obediencia a las leyes de Dios desarrolla en el hombre un carácter hermoso que está en armonía con todo lo puro, lo santo, y lo incontaminado. En la vida de tales hombres se revela el evangelio de Cristo. Al aceptar la misericordia de Cristo y su sanamiento del poder del pecado, el hombre queda en correcta relación con Dios. Su vida, purificada de la vanidad y el egoísmo, se llena del amor del Padre. Su diaria obediencia a la ley del Señor le brinda un carácter que le asegura la vida eterna en el reino de Dios (La maravillosa gracia de Dios, 18 de mayo, p. 146).
Domingo 24 de mayo
DISTRACCIONES Y TENTACIONES
Lee acerca de las tentaciones de Sansón en Jueces 14 y 16: 1, 4, 16 y 17. Aunque fue llamado por Dios para cumplir una misión específica, Sansón servía al Señor mientras cedía a la tentación. ¿Qué nos enseña el desenlace de su vida al respecto?
Jueces 14
1 Descendió Sansón a Timnat, y vio en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos. 2 Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre, diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer. 3 Y su padre y su madre le dijeron: ¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos? Y Sansón respondió a su padre: Tómame esta por mujer, porque ella me agrada. 4 Mas su padre y su madre no sabían que esto venía de Jehová, porque él buscaba ocasión contra los filisteos; pues en aquel tiempo los filisteos dominaban sobre Israel. 5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un león joven que venía rugiendo hacia él. 6 Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón, quien despedazó al león como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; y no declaró ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. 7 Descendió, pues, y habló a la mujer; y ella agradó a Sansón. 8 Y volviendo después de algunos días para tomarla, se apartó del camino para ver el cuerpo muerto del león; y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de abejas, y un panal de miel. 9 Y tomándolo en sus manos, se fue comiéndolo por el camino; y cuando alcanzó a su padre y a su madre, les dio también a ellos que comiesen; mas no les descubrió que había tomado aquella miel del cuerpo del león. 10 Vino, pues, su padre adonde estaba la mujer, y Sansón hizo allí banquete; porque así solían hacer los jóvenes. 11 Y aconteció que cuando ellos le vieron, tomaron treinta compañeros para que estuviesen con él. 12 Y Sansón les dijo: Yo os propondré ahora un enigma, y si en los siete días del banquete me lo declaráis y descifráis, yo os daré treinta vestidos de lino y treinta vestidos de fiesta. 13 Mas si no me lo podéis declarar, entonces vosotros me daréis a mí los treinta vestidos de lino y los vestidos de fiesta. Y ellos respondieron: Propón tu enigma, y lo oiremos. 14 Entonces les dijo: Del devorador salió comida, Y del fuerte salió dulzura. Y ellos no pudieron declararle el enigma en tres días. 15 Al séptimo día dijeron a la mujer de Sansón: Induce a tu marido a que nos declare este enigma, para que no te quememos a ti y a la casa de tu padre. ¿Nos habéis llamado aquí para despojarnos? 16 Y lloró la mujer de Sansón en presencia de él, y dijo: Solamente me aborreces, y no me amas, pues no me declaras el enigma que propusiste a los hijos de mi pueblo. Y él respondió: He aquí que ni a mi padre ni a mi madre lo he declarado, ¿y te lo había de declarar a ti? 17 Y ella lloró en presencia de él los siete días que ellos tuvieron banquete; mas al séptimo día él se lo declaró, porque le presionaba; y ella lo declaró a los hijos de su pueblo. 18 Al séptimo día, antes que el sol se pusiese, los de la ciudad le dijeron: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león? Y él les respondió: Si no araseis con mi novilla, Nunca hubierais descubierto mi enigma. 19 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y descendió a Ascalón y mató a treinta hombres de ellos; y tomando sus despojos, dio las mudas de vestidos a los que habían explicado el enigma; y encendido en enojo se volvió a la casa de su padre. 20 Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él había tratado como su amigo.
Jueces 16: 1, 4, y 16-17
1 Fue Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella.
4 Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila.
16 Y aconteció que, presionándole ella cada día con sus palabras e importunándole, su alma fue reducida a mortal angustia. 17 Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres.
El Gran Conflicto es real y todos estamos implicados en él. La batalla cósmica que comenzó en el Cielo se está librando ahora en la vida de cada ser humano.
Satanás sabe que debe emplear todos sus recursos para evitar que tengamos una relación cercana con Dios en la actualidad, justo antes de que Jesús regrese. Tal vez hayas estado distraído con algo que quizá no sea malo en sí mismo, pero que demanda el tiempo y la energía necesarios para mantener viva tu relación con Dios. Tal vez sea el trabajo, las redes sociales, las compras, los deportes o la comida. El exceso o un desbalance en cualquiera de esas áreas pueden dejar poco tiempo para Dios y los demás. El Enemigo conoce cada una de nuestras debilidades y el tipo de cosas que nos distraen de pasar tiempo con Dios. Buscar a Dios debería ser nuestra prioridad (Mat. 6: 33) antes de sumergirnos deprisa en nuestras actividades cotidianas y en todo lo que se nos pueda presentar.
Jesús comprende nuestra condición, pero reprende nuestra apatía (Apoc. 3: 14–22). Aunque es Dios, también era un ser humano que se sentía cansado como nosotros (Juan 4: 6). Conocía las presiones de la vida al igual que nosotros, pero escapó de ellas para dialogar a solas con su Padre (Mat. 14: 23; Mar. 1: 35; Luc. 5: 16; 6: 12). Sabía que pasar tiempo a solas con él era lo mejor que podía hacer para recuperar fuerzas a fin de luchar contra las tentaciones. También es lo mejor y más seguro para nosotros.
Sansón cayó porque se creía fuerte. Dependía de su propia fuerza para vencer las tentaciones. Cada uno de nosotros se enfrenta a diario a batallas con el pecado cuando el Enemigo de las almas intenta debilitar y destruir nuestra relación con Dios. El tentador conoce nuestras debilidades y se enfoca en ellas para entorpecer nuestra relación con Dios y hacernos sentir culpables e indignos, lo cual tiende a alejarnos de Dios. El Diablo trabaja para distorsionar nuestro pensamiento, nuestras intenciones y nuestras acciones a fin de conquistar alguna parte de nuestra vida. Pero recuerda que nuestra fe nos ayudará a permanecer firmes, y que ella es el resultado de prestar atención a la Palabra de Dios.
¿Con qué estás luchando? ¿Cómo puede la Palabra de Dios ayudarte?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Tenemos abundantes evidencias de que en la iglesia de Dios la maleza crece junto con el trigo. Hay cristianos sinceros en la iglesia y también los hay tibios. Estos últimos tienen oportunidad de conocer la verdad; la Palabra de Dios les es presentada; concurren al banquete como Judas asistió a la Pascua pero, como Judas, no asimilan la Palabra de vida. Nadie puede obligarlos a ingerir la Palabra de vida eterna a fin de que realicen una obra cabal de arrepentimiento para que puedan tener una experiencia cristiana genuina y lleguen a estar enraizados y afirmados en la verdad…
No debemos sentirnos abrumados por el desánimo debido a que lo bueno y lo malo se hallan juntos en la iglesia. Judas se contaba entre los discípulos. Tuvo todas las ventajas posibles pero, aunque escuchó la verdad y los principios tan claramente explicados, Cristo sabía que no había recibido la verdad. No ingirió la verdad. Esta no llegó a formar parte de él. Sus viejos hábitos y prácticas se manifestaban constantemente. No obstante Cristo no tomó medidas de fuerza para apartar a Judas de los discípulos…
Todos los que brindan un servicio verdadero a Dios confrontarán perplejidades. Pero no piensen en el fracaso. No hablen de desánimo. Estemos todos unidos haciendo la voluntad de nuestro Padre celestial… Si somos cristianos no podemos seguir el sistema del mundo. «Escrito está» debe ser nuestro consejero constante. Que no sean hombres impíos los que nos guíen…
Los hombres se conducen como si se les hubiera dado libertad para anular las decisiones de Dios. Los críticos se colocan en el lugar de Dios y repasan su Palabra a fin de modificarla o aprobarla. De esta manera, todas las naciones se ven inducidas a beber del vino de la fornicación de Babilonia. Estos críticos han preparado las cosas como para que se ajusten a las herejías peculiares de los últimos días. Si no pueden cambiar la Palabra de Dios, si no pueden torcer su significado para que se ajuste a las prácticas humanas, la quebrantan…
Todos los hacedores de la Palabra de Dios serán bendecidos abundantemente. Cualesquiera sean las cruces que deban cargar, las pérdidas que puedan tener o la persecución que deban afrontar, aun cuando esta significara la pérdida de la vida temporal, serán ampliamente recompensados, porque se les asegura la vida que se mide con la vida de Dios. Al perder sus vidas por el nombre de Cristo ganan una vida que durará por las edades eternas. Caminan bajo la dirección del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación. Verán su rostro y su nombre estará en sus frentes (Alza tus ojos, 21 de enero, p. 33).
Lunes 25 de mayo
DESAFÍOS EN MI RELACIÓN CON DIOS
La Biblia contiene numerosos mensajes acerca de nuestra relación con Dios y de los obstáculos que nos impiden crecer en Cristo. Considera las siguientes declaraciones de Pablo y de Jesús:
«Así, el que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Cor. 10: 12). Como en el caso de Sansón, la autosuficiencia te hará caer.
«No toques trompeta ante ti, como hacen los hipócritas […] para ser honrados por los hombres» (Mat. 6: 2). Deja de decir a todo el mundo cuán bueno eres. Sé humilde como Jesús.
«Pero yo les digo: “El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti”» (Mat. 5: 28, 29). Haz lo que sea necesario para erradicar la lujuria de tu corazón, pues esta es un obstáculo para tu relación con Dios.
«No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzgan, serán juzgados» (Mat. 7: 1, 2). Deja de criticar y de juzgar a los demás. Dios es el Juez. No pretendas ocupar su lugar (1 Cor. 4: 5).
«Pero yo les digo: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen”» (Mat. 5: 44). No odies a tus enemigos. Cuando albergas sentimientos negativos contra quienes te tratan mal, esto erige instantáneamente una barrera que obstaculiza tu relación con Dios. En lugar de eso, ora por tus enemigos, y verás cómo cambia tu relación con Dios y con los demás.
«Pero yo les digo: “Cualquiera que se enoje con su hermano será culpado del juicio”» (Mat. 5: 22). Tal vez creas que es correcto enojarte con quienes te rodean. ¿Cómo está afectando tu enojo tu relación con Dios y con los demás? Estas son solo algunas cosas que nos hacen tropezar.
Jesús nos dijo qué debemos hacer metafóricamente si nuestras manos, pies y ojos son instrumentos del pecado. ¿Qué nos aconsejó? Lee Marcos 9: 42 al 48.
Marcos 9: 42-48
42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. 43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, 46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
Amputarse una mano o un pie o extirparse un ojo a causa del pecado es sin duda una metáfora extrema. El hecho de que Jesús la usara muestra cuán grave era, en su opinión, el pecado y su impacto en nuestra vida. ¿Cuán grave lo consideras tú?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Nuestro Señor está en conocimiento del conflicto de su pueblo en estos últimos días con los instrumentos satánicos combinados con hombres malignos que desprecian y rechazan esta gran salvación. Con la mayor sencillez y candor, nuestro Salvador, el poderoso General de los ejércitos del cielo, no oculta el terrible conflicto que tendrán que experimentar. Señala los peligros, revela los planes de batalla y pone de manifiesto la obra dura y pesada que debe realizarse, y entonces eleva su voz antes de entrar en el conflicto para que contemos el costo mientras que al mismo tiempo anima a todos a tomar las armas de su panoplia, y espera que la hueste celestial ordene los ejércitos para combatir en defensa de la verdad y la justicia. La debilidad del hombre encontrará fortaleza y ayuda sobrenaturales en cada conflicto duro para hacer las obras de la Omnipotencia, y perseverancia en la fe, y perfecta confianza en Dios, que le asegurarán el éxito.
Mientras la confederación del mal se apresta contra ellos, Dios los insta a ser valientes y fuertes, y a luchar con valor, porque tienen un cielo que ganar, y tienen a más de un ángel en sus filas, y el poderoso General de los ejércitos conduce las huestes del cielo. En la conquista de Jericó ninguno de los ejércitos de Israel pudo jactarse de haber empleado su limitada fuerza para derribar las murallas de la ciudad, ya que el Capitán de las huestes del Señor hizo los planes de esa batalla con la mayor sencillez, de modo que solo el Señor recibiera la gloria y no se exaltara al hombre. Dios nos ha prometido todo poder, «porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que estáis lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare».
La fe es el poder viviente que derriba toda barrera, arrasa todo obstáculo, y planta el estandarte en el corazón del campamento enemigo (Sons and Daughters of God, p. 202; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 14 de julio, p. 204).
Al conocernos cabalmente a nosotros mismos, y combinando nuestra firme decisión con la gracia de Dios, podremos ser vencedores y llegar a la perfección en todas las cosas sin que nada nos falte.
Las circunstancias adversas deberían crear una firme determinación de vencerlas. El quebrantar una barrera dará mayor habilidad. y valor para seguir adelante. Avanzad con determinación en la debida dirección, y las circunstancias serán vuestros ayudadores, no vuestros obstáculos.
El carácter cristiano está señalado por una singularidad de propósito, una determinación indomable, que rehúsa someterse a la influencia mundana, y que no tratará de alcanzar nada menos que la norma bíblica… La consagración del seguidor de Cristo debe ser completa… Debe estar dispuesto a soportar paciente, alegre y gozosamente todo lo que en la providencia de Dios sea llamado a sufrir. Su recompensa final será compartir con Cristo el trono de gloria inmortal (God’s Amazing Grace, p. 225; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 5 de agosto, p. 225).
Martes 26 de mayo
LA LEY
¿Cómo definirías y describirías el pecado para que lo entendiera un no cristiano? ¿Cómo describe la Biblia el pecado? Lee Romanos 3: 20 y 1 Juan 3: 4.
Romanos 3: 20
20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.
1 Juan 3: 4
4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
El pecado es la transgresión de la Ley de Dios (1 Juan 3: 4) y, al mismo tiempo, está profundamente arraigado en nuestra naturaleza caída (Sal. 51: 5; Jer. 17: 9). La Ley pone de manifiesto el pecado al actuar como si fuera un par de anteojos que nos permite ver claramente lo que nos rodea, o como un espejo para percibir cómo somos en realidad. Ella aporta claridad y convicción a nuestra vida y a nuestro carácter, además de hablarnos del carácter de Dios y de lo que es importante para él.
Los Diez Mandamientos (Éxo. 20: 3-17) fueron escritos por Dios mismo. Jesús se hizo eco de su importancia al decir: «El primer mandamiento de todos es […] “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y toda tu fuerza”. Y el segundo es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos» (Mar. 12: 30, 31). Y añadió: «De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas» (Mat. 22: 40).
Las palabras que Dios dirigió a los israelitas en el monte Sinaí y a nosotros hoy (Heb. 1: 1, 2) nos dicen que la Ley tiene que ver con las relaciones. Dios proveyó la Ley como una salvaguardia para proteger nuestra relación con él y con los demás. Sin embargo, Satanás ha distorsionado la belleza de la Ley divina para que sea vista por algunos como una carga. El legalismo, carente de amor y opuesto a la libertad, es a menudo asociado con la Ley, a pesar de que la Biblia dice: «En esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos» (1 Juan 5: 3).
- En una escala del 1 al 5, ¿qué valor tiene para ti la Palabra viva y la Ley como parte de ella?
- Cuando pienso en la Ley de Dios, ¿creo que me limita o que me fortalece? ¿Cómo puedo entender mejor la Ley si la considero una limitación?
- ¿Qué sucedería si colocáramos la Ley de Dios, cuya esencia es el amor a él y a los demás, en el centro de nuestra vida, de nuestra familia y de nuestra iglesia? ¿Qué cambio causaría en tu vida y en tus relaciones?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La Palabra de Dios incluye las escrituras del Antiguo Testamento así como las del Nuevo. El uno no es completo sin el otro. Cristo declaró que las verdades del Antiguo Testamento son tan valiosas como las del Nuevo. Cristo fue el Redentor del hombre en el principio del mundo en igual grado en que lo es hoy. Antes de revestir él su divinidad de humanidad y venir a nuestro mundo, el mensaje evangélico fue dado por Adán, Set, Enoc, Matusalén y Noé. Abrahán en Canaán y Lot en Sodoma llevaron el mensaje, y de generación en generación fieles mensajeros proclamaron a Aquel que había de venir…
Los discípulos habían de ir como testigos de la vida, la muerte y la intercesión de Cristo, que los profetas habían predicho. Cristo en su humillación, en su pureza y santidad, en su amor incomparable, había de ser su tema. Y para predicar el Evangelio en su plenitud, ellos debían presentar al Salvador no solamente revelado en su vida y enseñanzas, sino predicho por los profetas del Antiguo Testamento y simbolizado por los servicios expiatorios…
En cada época hay un nuevo desarrollo de la verdad, un mensaje de Dios al pueblo de esa generación. Las viejas verdades son todas esenciales; la nueva verdad no es independiente de la vieja, sino un desarrollo de ella. Es Únicamente comprendiendo las viejas verdades como podemos entender las nuevas. Cuando Cristo deseó revelar a sus discípulos la verdad de su resurrección, comenzó «desde Moisés, y de todos los profetas», y «declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían». Lucas 24:27. Pero es la luz que brilla en el nuevo desarrollo de la verdad la que glorifica lo viejo. Aquel que rechaza o descuida lo nuevo no posee realmente lo viejo. Para él la verdad pierde su poder vital y llega a ser solamente una forma muerta.
Existen personas que profesan creer y enseñar las verdades del Antiguo Testamento mientras rechazan el Nuevo. Pero al rehusar recibir las enseñanzas de Cristo, demuestran no creer lo que dijeron los patriarcas y profetas…
Al rechazar el Antiguo Testamento, prácticamente rechazan el Nuevo; pues ambos son partes de un todo inseparable. Ningún hombre puede presentar correctamente la ley de Dios sin el evangelio, ni el evangelio sin la ley. La ley es el evangelio sintetizado, y el evangelio es la ley desarrollada. La ley es la raíz, el Evangelio su fragante flor y fruto.
El Antiguo Testamento arroja luz sobre el Nuevo, y el Nuevo sobre el Viejo. Cada uno de ellos es una revelación de la gloria de Dios en Cristo. Ambos presentan verdades que revelarán continuamente nuevas profundidades de significado para el estudiante fervoroso (Exaltad a Jesús, 19 de octubre, p. 300).
todo esto por ti mediante Cristo. Crees en esa promesa. Confiesas tus pecados y te entregas a Dios. Quieres servirle. Tan ciertamente como haces esto, Dios cumplirá su palabra contigo. Si crees la promesa, si crees que estás perdonado y limpiado, Dios suple el hecho; estás sano, tal como Cristo dio potencia al paralítico para andar cuando el hombre creyó que había sido sanado. Así es si lo crees.
No aguardes hasta sentir que estás sano, mas di: «Lo creo; así es, no porque lo sienta, sino porque Dios lo ha prometido» (El camino a Cristo, p. 51).
Miércoles 27 de mayo
LA LEY Y EL EVANGELIO
Jesús mismo explicó de manera muy poderosa y sucinta cuál era su relación con la Ley.
¿Qué dijo Jesús en Mateo 5: 17 y 18 acerca de la Ley?
Mateo 5: 17-18
17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
Así como los límites que los padres señalan a sus hijos revelan lo que valoran, la Ley de Dios nos habla de su carácter y de lo que es importante para él. Dios nos dio su Ley para proteger nuestra relación con él y con los demás, pues sabe que ella orienta cada aspecto de nuestra vida a medida que crecemos en él. ¿Quién no ha sufrido las terribles consecuencias del pecado, la transgresión de la Ley?
El amor a Jesús está en el centro mismo de la Ley. Él dijo: «Si me aman, guardarán mis mandamientos» (Juan 14: 15). Cuando amamos genuinamente a Jesús, nos sentimos naturalmente inclinados a obedecer su Ley. Cuando comprendemos claramente su Ley, nos sentimos motivados a amar a Jesús. Y, lo que es aún más importante, mantener siempre ante nuestros ojos la Cruz y la muerte sustitutoria de Cristo en nuestro favor es la mejor manera de fomentar nuestro amor a Dios.
La Ley debe ir de la mano del evangelio, pues, aunque creemos en la vigencia de aquella y en la importancia de obedecerla, en lo que respecta a nuestra posición ante Dios, la Ley solo puede señalar el pecado. Ella no puede perdonar, justificar ni expiar. Por el contrario, ella señala por qué necesitamos ser perdonados y justificados, por qué necesitamos expiación. Esta es la razón por la que el evangelio es imprescindible para comprender la Ley, y por qué la muerte de Cristo en nuestro favor nos es imputada por la fe y no por nuestro cumplimiento de la Ley.
Lee Romanos 3: 28; 4: 13 al 16; Gálatas 2: 16; 3: 13 y Filipenses 3: 9. ¿Qué nos enseñan estos versículos que puede ayudarnos a los creyentes obedientes a la Ley a no caer en el legalismo?
Romanos 3: 28
28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.
Romanos 4: 13-16
13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. 14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. 15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. 16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros
Gálatas 2: 16
16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.
Gálatas 3: 13
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
Filipenses 3: 9
9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
ESPÍRITU DE PROFECÍA
La ley revela al hombre sus pecados, pero no dispone ningún remedio. Mientras promete vida al que obedece, declara que la muerte es lo que le toca al transgresor. Solo el evangelio de Cristo puede librarle de la condenación o de la mancha del pecado. Debe arrepentirse ante Dios cuya ley transgredió, y tener fe en Cristo y en su sacrificio expiatorio. Así obtiene «remisión de los pecados cometidos anteriormente», y se hace partícipe de la naturaleza divina. Es un hijo de Dios, pues ha recibido el espíritu de adopción, por el cual exclama: «¡Abba, Padre!»
¿Está entonces libre para violar la ley de Dios? El apóstol Pablo dice: «¿Abrogamos pues la ley por medio de la fe? ¡No por cierto! antes bien, hacemos estable la ley». «Nosotros que morimos al pecado, ¿cómo podremos vivir ya en él?» Y San Juan dice también: «Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos». Romanos 3:31; 6:2; 1 Juan 5:3 (VM). En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y rebelión a la obediencia y a la lealtad. Terminó su antigua vida de separación con Dios; y comenzó la nueva vida de reconciliación, fe y amor. Entonces «la justicia que requiere la ley» se cumplirá «en nosotros, los que no andamos según la carne, sino según el espíritu». Romanos 8:4 (VM). Y el lenguaje del alma será «¡Cuánto amo yo tu ley! todo el día es ella mi meditación». Salmo 119:97.
«La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma». Salmo 19:7 (VM). Sin la ley, los hombres no pueden formarse un justo concepto de la pureza y santidad de Dios ni de su propia culpabilidad e impureza. No tienen verdadera convicción del pecado, y no sienten necesidad de arrepentirse. Como no ven su condición perdida como violadores de la ley de Dios, no se dan cuenta tampoco de la necesidad que tienen de la sangre expiatoria de Cristo. Aceptan la esperanza de salvación sin que se realice un cambio radical en su corazón ni reforma en su vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes se unen a la iglesia sin haberse unido jamás con Cristo (El conflicto de los siglos, pp. 461, 462).
Muchos de los que pretenden creer y enseñar el evangelio caen en un error similar. Ponen a un lado las escrituras del Antiguo Testamento, de las cuales Cristo declaró: «Ellas son las que dan testimonio de mí». Juan 5:39. Al rechazar el Antiguo Testamento, prácticamente rechazan el Nuevo; pues ambos son partes de un todo inseparable. Ningún hombre puede presentar correctamente la ley de Dios sin el evangelio, ni el evangelio sin la ley. La ley es el evangelio sintetizado, y el evangelio es la ley desarrollada. La ley es la raíz, el evangelio su fragante flor y fruto (Palabras de vida del gran Maestro, p. 99).
Jueves 28 de mayo
SABER Y HACER
En el Sermón del Monte, Jesús habla mucho de nuestra relación con él y con los demás. Dice algo muy conmovedor hacia el final de su mensaje:
«No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mat. 7: 21).
Jesús dice allí que algunos sabrán acerca de él sin conocerlo realmente. El conocimiento es ciertamente importante. La Biblia dice que el pueblo de Dios podría perecer por falta de conocimiento acerca de Dios y por haberse negado a recibir ese conocimiento (Ose. 4: 1, 6, 10). Nunca debemos restar importancia a la perenne verdad bíblica. Sin embargo, de nada sirve ese conocimiento si no nos transforma ni profundiza nuestro compromiso y nuestra experiencia personal con Dios.
«Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17: 3). Jesús afirmó que el requisito para entrar en el Cielo es hacer la voluntad de Dios y, en última instancia, conocer a Dios, pues no podemos hacer su voluntad sin conocerlo. Este es el factor definitorio y una expectativa muy razonable. Si tu hijo dice que te ama y suele hacer lo que le pides, su conducta revela la profundidad de su amor y su respeto hacia ti. De la misma manera, si amamos a Dios, querremos hacer su voluntad pues sabemos por experiencia que es lo mejor. Nuestra obediencia como evidencia y fruto de nuestro amor muestra la verdadera naturaleza de nuestra relación con él.
Jesús concluyó el Sermón del Monte con un conmovedor desafío final para sus oyentes. ¿Cuál fue? Lee Mateo 7: 24 al 29.
Mateo 7: 24-29
24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. 28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Cuando prestamos realmente atención a los mensajes de Jesús, no podemos evitar sentirnos interpelados. Entonces, para que ello ocurra, nuestros oídos deben estar abiertos y nuestros corazones receptivos para que la propuesta divina de que vivamos en estrecha relación con Dios pueda grabarse en nuestro corazón y nuestra vida sea edificada sobre la Roca, en armonía con el plan perfecto de Dios para nosotros.
Este modelo de relación íntima no es un secreto, ya que se encuentra revelado en la Biblia y es ofrecido por Dios a cada persona. Es nuestro privilegio aceptarlo por fe, reclamar la perfecta justicia de Cristo y reflejar luego esa justicia en nuestra vida.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Al par que se predica el evangelio, hay agentes que trabajan y que no son sino intermediarios de los espíritus mentirosos. Muchos tratan con ellos por simple curiosidad, pero al ver pruebas de que obra un poder más que humano, quedan cada vez más seducidos hasta que llegan a estar dominados por una voluntad más fuerte que la suya. No pueden escapar de este poder misterioso.
Las defensas de su alma quedan derribadas. No tienen vallas contra el pecado. Nadie sabe hasta qué abismos de degradación puede llegar a hundirse una vez que rechazó las restricciones de la Palabra de Dios y de su Espíritu. Un pecado secreto o una pasión dominante puede mantener a un cautivo tan impotente como el endemoniado de Capernaum. Sin embargo, su condición no es desesperada.
El medio por el cual se puede vencer al maligno, es aquel por el cual Cristo venció: el poder de la Palabra. Dios no domina nuestra mente sin nuestro consentimiento; pero si deseamos conocer y hacer su voluntad, se nos dirige su promesa: «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres». «Si alguno quisiere hacer su voluntad, conocerá de mi enseñanza». Juan 8:32; Juan 7:17. Apoyándose en estas promesas, cada uno puede quedar libre de las trampas del error y del dominio del pecado.
Cada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en lugar de oraciones, no podía sino pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo, no serán abandonados al poder de Satanás o a las flaquezas de su propia naturaleza. Son invitados por el Salvador: «Echen mano… de mi fortaleza; y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!» Isaías 27:5. Los espíritus de las tinieblas contenderán por el alma que una vez estuvo bajo su dominio. Pero los ángeles de Dios lucharán por esa alma con una potencia que prevalecerá. El Señor dice: «¿Será quitada la presa al valiente? o ¿libertaráse la cautividad legítima? Así empero dice Jehová: Cierto, la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada; y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré a tus hijos». Isaías 49:24, 25 (El Deseado de todas las gentes, pp. 223, 224).
Viernes 29 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
No debería sorprendernos que el tema de la Ley sea a menudo tan tergiversado y malinterpretado, ya que el gran desafío de Satanás contra Dios giró precisamente en torno a la Ley divina.
En la época de Jesús, algunos pensaban que él había venido a suprimir la Ley, pero eso no podía estar más lejos de la verdad. Con su obediencia perfecta a la Ley (Mat. 5: 17, 18), Jesús iluminó el hermoso carácter divino y nos mostró cómo es Dios.
«Solamente podía esperar que realizaría el propósito divino si conservaba en su corazón reverencia por la santa palabra de Dios. Fue el aprecio por la ley de Dios lo que dio a Israel fuerza durante el reinado de David y los primeros años del de Salomón; fue por la fe en la palabra viviente como se hicieron reformas en los tiempos de Elías y de Josías. Y a esas mismas Escrituras de verdad, la herencia más preciosa de Israel, apelaba Jeremías en sus esfuerzos de reforma» (Elena G. de White, Profetas y reyes, p. 312).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- ¿Cómo ve el pecado la cultura popular? ¿Cómo debe responder nuestra iglesia?
- ¿Has visto alguna vez de primera mano cómo el pecado destruye las relaciones con Dios y con los demás?
- ¿Ha resultado fácil o difícil para ti obedecer la Ley de Dios? ¿Qué factores han contribuido a ello?
- ¿En qué confiarás cuando todos tus pecados sean llevados ante el santo y perfecto Dios en ocasión del Juicio: en tu cumplimiento de la Ley o en la perfecta justicia de Jesús como tu Sustituto y Representante?
- Lee Proverbios 24: 3, 13 y 14. ¿Cómo puede afectar el conocimiento (o la falta de él) la relación de alguien con Dios?
RESUMEN:
Nuestra vida está infectada por el pecado, que nos separa de Dios. Sin embargo, Dios nos invita a conocerlo y amarlo con toda nuestra mente, corazón y fuerzas. Si lo hacemos, naturalmente amaremos más a Dios y a los demás. Ese amor está plasmado en la Ley de Dios, que fue dada para proteger y preservar nuestra relación con él y con quienes nos rodean. La Ley de Dios es un hermoso reflejo de su carácter. Cuando entendemos su Ley, nuestra relación con él se desarrolla.