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Lección 10 – LOGRAR LO IMPENSABLE – Para el 6 de marzo de 2021


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Lección 10: Para el 6 de marzo de 2021

LOGRAR LO IMPENSABLE

 Sábado 27 de febrero_______________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 50:4–10; 52:13–53:12; 53:3–9; 53:10–12.

PARA MEMORIZAR:

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:5).

Lough Fook, un cristiano chino, tuvo compasión de sus compatriotas que se habían vuelto esclavos en las minas africanas. Quería darles la esperanza del evangelio, pero ¿cómo podría tener acceso a ellos? Su solución fue venderse por un período de cinco años como esclavo. Fue transportado a Demerara, donde trabajó en las minas y les habló a sus compañeros de trabajo acerca de Jesús.

Lough Fook murió, pero no antes de que doscientas personas fueran liberadas de la desesperanza al aceptar a Jesús como su Salvador.

¡Qué increíble sacrificio personal por el bien de los demás! ¡Qué ejemplo! Al hacer lo impensable, es decir, humildemente “toma[r] forma de siervo” (Fil. 2:7), Jesús también logró lo inalcanzable: a ti, a mí y a todo el mundo sumido y perdido en el abismo del pecado.

Esta semana veremos este increíble acontecimiento profetizado cientos de años antes de que ocurriera.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada después de la caída de Adán. Fue una revelación «del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio». Romanos 16:25. Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios. Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre seducido por el apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo, que se comprometió a dar a su Hijo unigénito «para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna». Juan 3:16…

Este fue un sacrificio voluntario. Jesús podría haber permanecido al lado del Padre. Podría haber conservado la gloria del cielo, y el homenaje de los ángeles. Pero prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del universo, a fin de traer luz a los que estaban en tinieblas, y vida a los que perecían (El Deseado de todas las gentes, pp. 13, 14).

Por primera vez, el niño Jesús miraba el templo. Veía a los sacerdotes de albos vestidos cumplir su solemne ministerio. Contemplaba la sangrante víctima sobre el altar del sacrificio. Juntamente con los adoradores, se inclinaba en oración mientras que la nube de incienso ascendía delante de Dios. Presenciaba los impresionantes ritos del servicio pascual.  Día tras día, veía más claramente su significado. Todo acto parecía ligado con su propia vida. Se despertaban nuevos impulsos en él. Silencioso y absorto, parecía estar estudiando un gran problema. El misterio de su misión se estaba revelando al Salvador (El Deseado de todas las gentes, pp. 57, 58).

Pablo mostró cuán estrechamente había ligado Dios el servicio de los sacrificios con las profecías relativas a Aquel que iba a ser llevado como cordero al matadero. El Mesías iba a dar su vida como «expiación por el pecado». Mirando hacia adelante a través de los siglos las escenas de la expiación del Salvador, el profeta Isaías había testificado que el Cordero de Dios «derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores». Isaías 53:7, 10, 12.

El Salvador profetizado había de venir, no como un rey temporal, para librar a la nación judía de opresores terrenales, sino como hombre entre los hombres, para vivir una vida de pobreza y humildad, y para ser al fin despreciado, rechazado y muerto. El Salvador predicho en las Escrituras del Antiguo Testamento había de ofrecerse a sí mismo como sacrificio en favor de la especie caída, cumpliendo así todos los requerimientos de la ley quebrantada. En él los sacrificios típicos iban a encontrar la realidad prefigurada, y su muerte de cruz iba a darle significado a toda la economía judía (Los hechos de los apóstoles, pp. 184, 185).


Domingo 28 de febrero______________________________________________________

LA VERDAD PROBATORIA DE ISAÍAS (ISA. 50:4–10)

Si la única intención de Isaías hubiese sido transmitir información, habría expuesto todos los detalles sobre el Mesías de una vez. Pero, para enseñar, persuadir y dar a su audiencia un encuentro con el Siervo del Señor, desarrolla una rica estructura de temas recurrentes de manera sinfónica. Despliega el mensaje de Dios por etapas. Isaías es un artista cuyo lienzo es el alma de su oyente.

Lee Isaías 50:4 al 10. Resume lo que dicen estos versículos. ¿Cómo ves a Jesús en este pasaje?

Isaías 50:4-10

Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás. Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos. Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está de mí el que me salva; ¿quién contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el adversario de mi causa? Acérquese a mí. He aquí que Jehová el Señor me ayudará; ¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos se envejecerán como ropa de vestir, serán comidos por la polilla. 10 ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.

En Isaías 49:7, encontramos que el siervo de Dios es menospreciado, abominado y “esclavo de gobernantes” (PDT); pero “los reyes [lo] verán y se pondrán de pie, los príncipes [lo] verán y se inclinarán” (NVI).

Aquí, en Isaías 50, vemos que el valle es más profundo para el tierno maestro cuyas palabras sostienen al cansado (Isa. 50:4). El camino a la vindicación surca el abuso físico (Isa. 50:6).

Este abuso suena mal para quienes viven en culturas occidentales modernas. Pero, en una antigua cultura del Cercano Oriente, el honor era un asunto de vida o muerte para una persona y su grupo. Si alguien insultaba y maltrataba a alguien así, más le valía estar bien protegido; a la menor oportunidad, la víctima o su clan con toda seguridad tomaban represalias.

El rey David atacó y conquistó el país de Amón (2 Sam. 10:1–12) porque su rey simplemente “tomó los siervos de David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidió” (2 Sam. 10:4). Pero, en Isaías 50, el pueblo golpea al siervo, le arranca dolorosamente los vellos de la barba y lo escupe. Lo que hace que estos actos sean un acontecimiento internacional e intercósmico es que la víctima es el Enviado del eterno Rey de reyes. De hecho, al comparar Isaías 9:6 y 7 e Isaías 11:1 al 16 con otros pasajes de “siervos”, ¡descubrimos que el siervo es el Rey, el poderoso Libertador! Pero, con todo este poder y honor, por alguna razón inconcebible, ¡él no se salva a sí mismo! Esto es tan extraño que el pueblo no lo podía creer. En la cruz de Jesús, los dirigentes se burlaron de él: “A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios” (Luc. 23:35); “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mat. 27:42).

Lee Isaías 50:4 al 10. Anota los principios espirituales que aquí se representan, que deberían aplicarse a nuestra vida. Mírate a la luz de la lista que haces. ¿En qué aspectos podrías mejorar? Si estás desanimado, entonces sigue leyendo el resto de la semana.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir». Mateo 20:28. Él vivió, pensó y oró, no para sí mismo, sino para los demás. De las horas pasadas en comunión con Dios él volvía mañana tras mañana, para traer la luz del cielo a los hombres. Diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo. En las primeras horas del nuevo día, Dios lo despertaba de su sueño, y su alma y sus labios eran ungidos con gracia para que pudiese impartir a los demás. Sus palabras le eran dadas frescas de las cortes del cielo, para que las hablase en sazón al cansado y oprimido. Él dice: «El Señor Jehová me dio lengua de sabios, para saber hablar en sazón palabra al cansado; despertará de mañana, despertaráme de mañana oído, para que oiga como los sabios». Isaías 50:4 (Palabras de vida del gran Maestro, p. 105).

Para traer el pan de vida a sus enemigos, nuestro Salvador dejó su hogar en los cielos. Aunque desde la cuna hasta el sepulcro lo abrumaron las calumnias y la persecución, Jesús no les hizo frente sino expresando su amor perdonador. Por medio del profeta lsaías, dice: «Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos». Isaías 50:6…

Cristo vivía rodeado de la presencia del Padre, y nada le aconteció que no fuese permitido por el Amor infinito para bien del mundo. Esto era su fuente de consuelo, y lo es también para nosotros. El que está lleno del Espíritu de Cristo mora en Cristo. El golpe que se le dirige a él, cae sobre el Salvador, que lo rodea con su presencia. Todo cuanto le suceda viene de Cristo. No tiene que resistir el mal, porque Cristo es su defensor. Nada puede tocarlo sin el permiso de nuestro Señor; y «todas las cosas» cuya ocurrencia es permitida «a los que aman a Dios… les ayudan a bien». Romanos 8:28 (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 62, 63).

«A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar». Marcos 15:31. Precisamente porque Cristo no se quiso salvar, el pecador tiene esperanza del perdón y el favor de Dios. Si al tratar de salvar al pecador Cristo hubiera fallado o se hubiera desanimado, habría concluido la última esperanza de cada hijo e hija de Adán. Toda la vida de Cristo estuvo señalada por la abnegación y el sacrificio, y la razón por la cual hay tan pocos cristianos a carta cabal se debe a que la complacencia propia ocupa el lugar de la abnegación y el sacrificio…

¡Oh, qué ansias tenía Cristo de salvar a los perdidos! El cuerpo crucificado en la cruz no claudicó de su divinidad, de su poder de salvar por medio del sacrificio humano a todos los que aceptaran su justicia. Al morir en la cruz, transfirió la culpa de la persona del transgresor a la del divino Sustituto si aquél ejercía fe en él como su Redentor personal (Cada día con Dios, p. 234).


Lunes 1º de marzo___________________________________________________________

EL POEMA DEL SIERVO SUFRIENTE (ISA. 52:13–53:12)

Isaías 52:13 al 53:12, conocido como el “Poema del Siervo sufriente”, confirma la reputación de Isaías como “el profeta evangélico”. En armonía con la excelencia del evangelio, el poema se destaca por encima de otros escritos. Si bien es increíblemente corto, cada frase está repleta de un profundo significado que revela la esencia de la misión impensable de Dios para salvar a una raza inmersa en el pecado y perdida.

Esta no es la “leche” del mensaje de Isaías. Él preparó a su audiencia al presentar el tema mesiánico desde la primera parte de su libro. Al seguir el curso general de la vida del Mesías en la Tierra, el profeta comenzó con su concepción y nacimiento (Isa. 7:14); estableció su identidad como un rey davídico divino (Isa. 9:6, 7); explicó su obra de restauración para Israel (Isa. 11:1–16) y su ministerio silencioso de liberación de la injusticia y el sufrimiento (Isa. 42:1–7). A continuación, Isaías reveló que el gran drama del Mesías incluye el contraste de la tragedia antes de la exaltación (Isa. 49:1–12; 50:6–10). Ahora el Poema del Siervo sufriente sondea las profundidades de la tragedia.

Repasa los textos que se mencionan en el párrafo anterior y observa lo que nos dicen sobre el Mesías, Jesús. ¿Cómo nos ayudan a prepararnos para lo que vendrá en Isaías 52 y 53?

Isaías 52

1 Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso ni inmundo. Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion. Porque así dice Jehová: De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados. Porque así dijo Jehová el Señor: Mi pueblo descendió a Egipto en tiempo pasado, para morar allá, y el asirio lo cautivó sin razón. Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día. Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente. 7 ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! !!Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion. Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido. 10 Jehová desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro. 11 Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová. 12 Porque no saldréis apresurados, ni iréis huyendo; porque Jehová irá delante de vosotros, y os congregará el Dios de Israel. 13 He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. 14 Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, 15 así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.

Isaías 53

1 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Isaías 52:13 a 53:1 presenta el poema con un adelanto que contiene un contraste sorprendente: el Siervo prosperará y será exaltado, pero su apariencia se verá desfigurada de manera tal que resultará irreconocible.

Isaías 53:2 y 3 inicia un doloroso descenso a partir del origen del Siervo y su aspecto normal hasta su aflicción y su rechazo. Isaías 53:4 al 6 hace una pausa para explicar que su sufrimiento en realidad es nuestro castigo, que él soporta para sanarnos. Isaías 53:7 al 9 continúa con el descenso del Siervo inocente hasta la tumba.

En Isaías 53:10 al 12, el Siervo asciende hasta la excelsa recompensa prevista al comienzo del poema que se inicia en Isaías 52:13, con la idea adicional de que su sacrificio para salvar a otros es la voluntad de Dios.

Compara este poema con la estructura de “valle” de Filipenses 2:5 al 11, donde Jesús comienza en forma de Dios pero desciende al vaciarse para asumir la esclavitud de la forma humana, humillándose hasta la muerte, y la muerte más baja de todas: la muerte en una cruz. Por lo tanto, Dios lo exalta sobremanera a fin de que todos lo reconozcan como Señor (comparar con Isa. 49:7).

Lee Isaías 52:13 a 53:12. Anota todo lo que el poema dice que Jesús ha hecho por nosotros. Reflexiona sobre lo que esas acciones en nuestro favor significan para nosotros.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo no era insensible a la ignominia y la desgracia. Experimentó todo amargamente. Lo sintió más profunda y agudamente que lo que nosotros podemos sentir el sufrimiento, porque su naturaleza era más exaltada, pura y santa que la de la humanidad pecadora por quien sufría. Era la Majestad del cielo, era igual al Padre, era el Comandante de las huestes angélicas, y, sin embargo, murió por el hombre sufriendo una muerte que más que ninguna otra era considerada ignominiosa. Ojalá que los enaltecidos corazones de los hombres comprendieran esto. Ojalá que comprendieran el significado de la redención, y procuraran aprender la humildad de Jesús (A fin de conocerle, p. 338).

¿Quién puede comprender el amor manifestado aquí? La hueste angélica contempló con admiración y pesar a Aquel que había sido la majestad del cielo y que había llevado la corona de gloria, y ahora soportaba la corona de espinas, víctima sangrante de la ira de una turba enfurecida, inflamada de insana locura por la ira de Satanás. ¡Contemplemos al paciente y dolorido! Las espinas coronan su cabeza. Su sangre fluye de las venas laceradas. ¡Y todo por causa del pecado! Nada podía haber inducido a Cristo a dejar su honor y majestad celestiales, y venir a un mundo pecaminoso para ser olvidado, despreciado y rechazado por aquellos a quienes había venido a salvar, y finalmente, para sufrir en la cruz, sino el amor eterno y redentor que siempre será un misterio…

Mientras se hundían los clavos en sus manos, y grandes gotas de sudor agónico brotaban de sus poros, los labios pálidos y temblorosos del Doliente inocente exhalaron una oración de amor perdonador en favor de sus homicidas: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Lucas 23:34. Todo el cielo contemplaba la escena con profundo interés. El glorioso Redentor del mundo perdido sufría la penalidad que merecía la transgresión de la ley del Padre, que había cometido el hombre. Estaba por redimir a su pueblo con su propia sangre. Estaba pagando lo que con justicia exigía la santa ley de Dios. Tal era el medio por el cual se había de acabar finalmente con el pecado, Satanás y su hueste (Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 187, 188).

La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo, con Dios. Esto ha de ser nuestro estudio. Cristo fue un verdadero hombre. Dio prueba de su humildad al convertirse en hombre. Sin embargo, era Dios en la carne. Cuando tratemos este tema, haríamos bien en prestar atención a las palabras pronunciadas por Cristo a Moisés en la zarza ardiente: «Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es». Éxodo 3:5. Debiéramos emprender este estudio con la humildad del que aprende con corazón contrito. Y el estudio de la encamación de Cristo es un campo fructífero que recompensará al escudriñador que cava profundamente en procura de la verdad oculta (Mensajes selectos, t. 1, p. 286).


Martes 2 de marzo___________________________________________________________

¿QUIÉN HA CREÍDO? (ISA. 52:13–53:12)

En Isaías 52:13, el Siervo de Dios es exaltado en extremo; pero, de repente, el siguiente versículo describe su apariencia tan desfigurada que no puede ser reconocido como uno de los “los hijos de los hombres”. El Nuevo Testamento describe los factores que desfiguraron la apariencia de Jesús, incluidas la flagelación, una corona de espinas, la crucifixión; pero, sobre todo, el hecho de cargar con los pecados de la raza humana. El pecado nunca tuvo la condición de ser natural para los seres humanos; soportarlo hizo que el “Hijo del Hombre” pareciera infrahumano.

Compara esta historia con la de Job, que súbitamente descendió de una posición de gran riqueza, honor y poder a ser un lastimoso miserable sentado en el suelo en medio de cenizas, que raspaba sus dolorosas llagas con un tiesto (Job 1, 2). El contraste era tan grande que ni siquiera los amigos de Job lo reconocieron al principio (Job 2:12). La pregunta es: ¿Por qué sufre Job? ¿Por qué debe sufrir el Mesías de Dios? Ninguno de los dos lo merece. Ambos son inocentes. ¿Por qué, entonces, el sufrimiento?

Lee los versículos de hoy y anota los lugares donde aparece el tema del inocente que sufre por el culpable. ¿Cuál es el mensaje esencial para nosotros?

Presta atención a las preguntas de Isaías 53:1. Estas preguntas enfatizan el desafío de creer lo increíble (comparar con Juan 12:37–41) y nos advierten que nos sentemos por el resto de la historia. Pero las preguntas también implican una apelación. En este contexto, el paralelismo entre las dos preguntas implica que el brazo/poder de salvación del Señor (comparar con Isa. 52:10) se revela a quienes creen en el relato. ¿Quieres experimentar el poder salvador de Dios? Entonces, cree en el relato.

Presta atención a Isaías 53:6. ¿Qué mensaje específico encuentras? ¿Qué te dice ese texto personalmente, que debería darte esperanza a pesar de tus pecados y tus fracasos pasados?

Isaías 53:6

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Poco tiempo antes, Jesús había estado de pie como un cedro poderoso, presintiendo la tormenta de oposición que agotaba su furia contra él. Voluntades tercas y corazones llenos de malicia y sutileza habían procurado en vano confundirle y abrumarle. Se había erguido con divina majestad como el Hijo de Dios. Ahora era corno un junco azotado y doblegado por la tempestad airada. Se había acercado a la consumación de su obra corno vencedor, habiendo ganado a cada paso la victoria sobre las potestades de las tinieblas. Como ya glorificado, había aseverado su unidad con Dios. En acentos firmes, había elevado sus cantos de alabanza. Había dirigido a sus discípulos palabras de estímulo y ternura. Pero ya había llegado la hora de la potestad de las tinieblas. Su voz se oía en el tranquilo aire nocturno, no en tonos de triunfo, sino impregnada de angustia humana. Estas palabras del Salvador llegaban a los oídos de los soñolientos discípulos: «Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad» (El Deseado de todas las gentes, pp. 640,641).

El corazón de Dios suspira por sus hijos terrenales con un amor más fuerte que la muerte. Al dar a su Hijo nos ha vertido todo el cielo en un don. La vida, la muerte y la intercesión del Salvador, el ministerio de los ángeles, las súplicas del Espíritu Santo, el Padre que obra sobre todo y por todo, el interés incesante de los seres celestiales, todos son movilizados en favor de la redención del hombre.

¡Oh, contemplemos el sacrificio asombroso que fue hecho para nuestro beneficio! Procuremos apreciar el trabajo y la energía que el Cielo consagra a rescatar al perdido y hacerlo volver a la casa de su Padre. Jamás podrían haberse puesto en acción motivos más fuertes y energías más poderosas. ¿Acaso los grandiosos galardones por el bien hacer, el disfrute del cielo, la compañía de los ángeles, la comunión y el amor de Dios y de su Hijo, la elevación y el acrecentamiento de todas nuestras facultades por las edades eternas no son incentivos y estímulos poderosos que nos instan a dedicar a nuestro Creador y Salvador el amante servicio de nuestro corazón? (El camino a Cristo, p. 21).

Cristo podría haberse apartado de nosotros a causa de nuestra culpabilidad. Pero en vez de hacerlo, vino y habitó entre nosotros, lleno de toda la plenitud de la Deidad, para ser uno con nosotros, a fin de que por medio de su gracia pudiéramos obtener la perfección. Deponiendo su vida, en una muerte de vergüenza y sufrimiento pagó el rescate del hombre. ¡Qué amor abnegado! Descendió de la excelsitud, revistió su divinidad con humanidad, y fue bajando paso a paso a las profundidades mismas de la humillación. No hay sonda que pueda medir la profundidad de este amor.

Cristo nos mostró cuánto puede amar Dios y cuánto sufrió nuestro Redentor para asegurar nuestra completa restauración. Desea que sus hijos revelen su carácter y ejerzan su influencia a fin de que otras mentes puedan ser puestas en armonía con su mente (Alza tus ojos, p. 189).


Miércoles 3 de marzo________________________________________________________

¡LOS INALCANZABLES SOMOS NOSOTROS! (ISA 53:3–9)

Semejante a una planta vulnerable, aparentemente sin ningún valor especial y despreciada (Isa. 53:2, 3): esa es la representación que aquí se nos da del Siervo sufriente. Isaías nos ha conducido rápidamente de la juventud inocente hasta el borde del abismo. Incluso teniendo en cuenta el contexto presentado previamente, no estamos preparados en el sentido de que estemos resignados al destino del Siervo. ¡Al contrario! Isaías nos ha enseñado a apreciar al Niño que nos ha nacido, al Príncipe supremo de la paz. Otros lo desprecian, pero nosotros sabemos quién es él realmente.

Como dijo alguien: “Nos hemos encontrado con el enemigo, y somos nosotros”. El siervo no es el primero en ser despreciado, desechado o un varón de dolores. El rey David fue todo eso cuando huyó de su hijo Absalón (2 Sam. 15:30). Pero el sufrimiento que soporta este Siervo no es suyo y no deriva de su propio pecado. Tampoco lo soporta únicamente por otra persona: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6).

La respuesta a la pregunta “¿Por qué?” es la verdad probatoria de Isaías: A causa del amor de Dios, su Mesías elegiría sufrir. Pero ¿por qué? Isaías asesta el “broche de oro” para completar la verdad inconcebible: ¡Él eligió sufrir para alcanzar lo inalcanzable; y lo inalcanzable somos nosotros!

Quienes no entienden consideran que el Siervo es “golpeado por Dios” (Isa. 53:4, NVI). Así como los amigos de Job pensaron que su pecado debió haber causado su sufrimiento, y así como los discípulos de Jesús le preguntaron “¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:2), los que vieron a Jesús en la cruz supusieron lo peor. ¿No dijo Moisés que “cualquiera que es colgado de un árbol está bajo la maldición de Dios” (Deut. 21:23, NVI; comparar con Núm. 25:4)?

Sin embargo, todo esto fue la voluntad de Dios (Isa. 53:10). ¿Por qué? Porque “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gál. 3:13). Porque Dios, “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21).

“¡Y qué enorme precio ha sido el pagado por nosotros! Contemplemos la cruz y la Víctima levantada sobre ella. Fijémonos en las manos taladradas cruelmente. Observemos sus pies asegurados por largos clavos al madero. Cristo cargó nuestros pecados en su propio cuerpo. Ese sufrimiento, esa agonía, es el precio de nuestra redención” (ELC 223).

¡El peso, la culpa, el castigo por los pecados de todo el mundo (todos los pecados cometidos por cada pecador), cayeron sobre Cristo en la Cruz al mismo tiempo, como el único medio para salvarnos! ¿Qué nos dice esto acerca de cuán malo es el pecado, que hubo que pagar un precio tan alto para redimirnos de él? El hecho de que el Salvador haya hecho esto por nosotros, incluso a un costo tan alto, ¿qué nos dice sobre el amor de Dios?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Poco tiempo antes, Jesús había estado de pie como un cedro poderoso, presintiendo la tormenta de oposición que agotaba su furia contra él. Voluntades tercas y corazones llenos de malicia y sutileza habían procurado en vano confundirle y abrumarle. Se había erguido con divina majestad como el Hijo de Dios. Ahora era corno un junco azotado y doblegado por la tempestad airada. Se había acercado a la consumación de su obra corno vencedor, habiendo ganado a cada paso la victoria sobre las potestades de las tinieblas. Como ya glorificado, había aseverado su unidad con Dios. En acentos firmes, había elevado sus cantos de alabanza. Había dirigido a sus discípulos palabras de estímulo y ternura. Pero ya había llegado la hora de la potestad de las tinieblas. Su voz se oía en el tranquilo aire nocturno, no en tonos de triunfo, sino impregnada de angustia humana. Estas palabras del Salvador llegaban a los oídos de los soñolientos discípulos: «Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad» (El Deseado de todas las gentes, pp. 640,641).

El corazón de Dios suspira por sus hijos terrenales con un amor más fuerte que la muerte. Al dar a su Hijo nos ha vertido todo el cielo en un don. La vida, la muerte y la intercesión del Salvador, el ministerio de los ángeles, las súplicas del Espíritu Santo, el Padre que obra sobre todo y por todo, el interés incesante de los seres celestiales, todos son movilizados en favor de la redención del hombre.

¡Oh, contemplemos el sacrificio asombroso que fue hecho para nuestro beneficio! Procuremos apreciar el trabajo y la energía que el Cielo consagra a rescatar al perdido y hacerlo volver a la casa de su Padre. Jamás podrían haberse puesto en acción motivos más fuertes y energías más poderosas. ¿Acaso los grandiosos galardones por el bien hacer, el disfrute del cielo, la compañía de los ángeles, la comunión y el amor de Dios y de su Hijo, la elevación y el acrecentamiento de todas nuestras facultades por las edades eternas no son incentivos y estímulos poderosos que nos instan a dedicar a nuestro Creador y Salvador el amante servicio de nuestro corazón? (El camino a Cristo, p. 21).

Cristo podría haberse apartado de nosotros a causa de nuestra culpabilidad. Pero en vez de hacerlo, vino y habitó entre nosotros, lleno de toda la plenitud de la Deidad, para ser uno con nosotros, a fin de que por medio de su gracia pudiéramos obtener la perfección. Deponiendo su vida, en una muerte de vergüenza y sufrimiento pagó el rescate del hombre. ¡Qué amor abnegado! Descendió de la excelsitud, revistió su divinidad con humanidad, y fue bajando paso a paso a las profundidades mismas de la humillación. No hay sonda que pueda medir la profundidad de este amor.

Cristo nos mostró cuánto puede amar Dios y cuánto sufrió nuestro Redentor para asegurar nuestra completa restauración. Desea que sus hijos revelen su carácter y ejerzan su influencia a fin de que otras mentes puedan ser puestas en armonía con su mente (Alza tus ojos, p. 189).


Jueves 4 de marzo__________________________________________________________

UNA OFRENDA DE RESTITUCIÓN TRANSFORMADORA (ISA. 53:10-12)

¿Qué significa que la vida del Siervo sea “entregada en ofrenda por el pecado” (Isa. 53:10, NTV)?

Isaías 53:10

10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

La palabra hebrea se refiere a una “ofrenda expiatoria o de restitución” (Lev. 5:14–6:7; 7:1–7), que podría expiar los agravios intencionales contra otros (Lev. 6:2, 3). Esos pecados fueron señalados por Isaías (Isa. 1-3; 10:1, 2; 58). Además, el pecador debe devolverle a la persona agraviada lo que le quitó, más una multa, antes de ofrecer el sacrificio para recibir el perdón de Dios (Lev. 6:4–7; comparar con Mat. 5:23, 24). En el caso de un uso indebido e involuntario de algo que pertenece a Dios, él es el receptor de la reparación (Lev. 5:16).

Ahora podemos entender Isaías 40:2, donde Dios consuela a su pueblo exiliado diciéndole que este ha pagado suficiente compensación por sus pecados.

Pero, después de la reparación, debe haber un sacrificio. Aquí está, en Isaías 53: el Siervo de Dios, en lugar de un carnero, es llevado como oveja al matadero (53:7) en favor de los que se han extraviado (53:6).

Aunque “cortado de la tierra de los vivientes” (53:8; comparar con Dan. 9:26), totalmente consumido en el sacrificio que enciende la llama de la esperanza para nosotros, el Siervo se levanta de la muerte, la tierra sin retorno, para recibir exaltación, ver a su “linaje” y prolongar sus días (53:10-12).

Busca los siguientes versículos. ¿De qué manera cada uno refleja el mismo mensaje básico que Isaías 53?

Salmos 32:1-2

1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.

Romanos 5:8

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Gálatas 2:16

16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Filipenses 3:9

y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

Hebreos 2:9

Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.

1 Pedro 2:24

24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

Si alguien te pidiera que resumas en un solo párrafo las buenas nuevas de Isaías 52:13 a 53:12, ¿qué escribirías?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo, nuestro Salvador, en quien moraba la perfección absoluta, fue hecho pecado en favor de la raza caída. No cometió falta alguna, pero llevó el terrible peso de la culpabilidad de todo el mundo. Llegó a ser nuestra propiciación, a fin de que todos los que le recibieran pudieran llegar a ser hijos de Dios. Se levantó la cruz para salvar al hombre. La elevación de Cristo sobre la cruz fue el medio ideado por el cielo para despertar en el alma arrepentida el sentido de la pecaminosidad del pecado. Mediante la cruz, Cristo trata de atraer a todos a sí mismo. Murió como la única esperanza de salvación para los que, por causa del pecado, estaban en la hiel de amargura. Mediante la obra del Espíritu Santo había de introducirse un nuevo principio de poder mental y espiritual en el hombre, para que, mediante la asociación con la divinidad, llegara a ser uno con Dios.

Para derribar las barreras que Satanás había levantado entre Dios y el hombre, Cristo realizó un sacrificio pleno y completo, que reveló una abnegación sin parangón. Reveló al mundo el espectáculo asombroso de Dios viviendo en carne humana y sacrificándose a sí mismo para salvar al hombre caído ¡Qué amor maravilloso! (Alza tus ojos, p. 189).

Y en todo ese conflicto con el poder del mal siempre estuvo delante de Cristo la oscura sombra en la que él mismo debía entrar. Estuvo siempre delante de él el medio por el cual debía pagar el rescate de esas almas… Cuando resucitó a Lázaro, sabía que por esa vida debía pagar el rescate en la cruz del Calvario… Se dice de las multitudes de dolientes que lo cercaban: «Sanaba a todos». Mateo 12: 15. Así expresó su amor para los hijos de los hombres. Sus milagros fueron parte de su misión… Sabe cómo pronunciar las palabras «sé sano»; y cuando ha curado al doliente, le dice: «Vete, y no peques más» (A fin de conocerle, p. 50).

Sobre Cristo como substituto y garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimimos de la condenación de la ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida, Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico.

Con fieras tentaciones, Satanás torturaba el corazón de Jesús. El Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. Temía que el pecado fuese tan ofensivo para Dios que su separación resultase eterna. Sintió la angustia que el pecador sentirá cuando la misericordia no interceda más por la raza culpable. El sentido del pecado, que atraía la ira del Padre sobre él como substituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la copa que bebía el Hijo de Dios y quebró su corazón (El Deseado de todas las gentes, p. 701).


Viernes 5 de marzo__________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Cristo llevó nuestros pecados en su propio cuerpo, en el árbol de la Cruz.[…] ¿Qué debe ser el pecado, si ningún ser finito pudo hacer la Expiación? ¿Cuál debe ser su maldición, cuando solamente la Deidad pudo conjurarla? La Cruz de Cristo testifica, ante cada hombre, que la muerte es el castigo del pecado.[…] ¿Acaso habrá algún poderoso encantamiento que retiene el sentido moral, impidiéndole ser impresionado por el Espíritu de Dios?” (NEV 46).

“La ley del gobierno de Dios había de ser magnificada con la muerte del Unigénito Hijo de Dios. Cristo llevó la culpa de los pecados del mundo. Nuestra suficiencia se encuentra únicamente en la encarnación y la muerte del Hijo de Dios. Él pudo sufrir porque era sostenido por la divinidad. Pudo soportar porque estaba sin mácula de deslealtad o pecado. Cristo triunfó en favor del hombre, llevando así la justicia del castigo. Consiguió vida eterna para los hombres al paso que exaltó la Ley y la hizo honorable” (MS 1:366).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Isaías 53:7 al 9 desciende a las profundidades del abismo: la muerte y la sepultura del Siervo. ¿Cuántos aspectos de estos versículos se cumplieron al final de la vida de Jesús? Mateo 26:57–27:60; Marcos 14:53–15:46; Lucas 22:54–23:53; Juan 18:12–19:42.
  2. Fíjate en la última cita de Elena G. de White sobre que la muerte de Cristo magnifica la Ley. ¿Qué quiere decir ella con eso? ¿Cómo entendemos su muerte como prueba de la perpetuidad de la Ley?

Resumen: Luego de explayarse en el nacimiento, la identidad y la trayectoria del Libertador de Dios, Isaías finalmente revela la tragedia suprema que nos da esperanza: para alcanzar, salvar y sanar a los perdidos –incluidos nosotros–, el Siervo de Dios lleva voluntariamente nuestro sufrimiento y nuestro castigo.