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Lección 8 – El poder de la resurrección de Cristo · Escuela Sabática Maestros
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Lección 8 · 3er Trimestre 2026

El poder de la resurrección de Cristo

Para el Sábado 22 de agosto de 2026
Lee para el estudio de esta semana

1 Corintios 15; Lucas 24: 44-47; Apocalipsis 20: 5-6; Colosenses 2: 12; 2 Timoteo 1: 12; 1 Tesalonicenses 4: 13-17.

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Para memorizar
«Y si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana y la fe de ustedes también es vana. [...] Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es vana y aún están en sus pecados»
— 1 Corintios 15:14, 17
Sábado 15 de agosto

El poder de la resurrección de Cristo

Es fascinante considerar que, incluso en su época, Pablo tuviera que lidiar con quienes negaban la resurrección de los muertos. La gente de entonces veía lo que la muerte le hacía al cuerpo humano. Sabían cómo el cadáver terminaba convirtiéndose en polvo. También sabían que las personas que habían muerto llevaban mucho tiempo en esa condición; en la mayoría de los casos, más tiempo que el que habían vivido.

La resurrección de los muertos no les parecía más plausible entonces que a la mayoría de las personas actualmente. Ese debe haber sido uno de los temas que Pablo estaba abordando. Y también era crucial, pues, si Jesús no resucitó, no es quien dijo ser, la cruz no tuvo ningún efecto y el precio de nuestros pecados no ha sido pagado. En ese caso, solo nos quedaría la desesperación. Pero nuestro Señor ha resucitado, ha ascendido al cielo y volverá para llevarnos a casa.

Esta semana nos centraremos en 1 Corintios 15 y lo que enseña acerca de la resurrección de Cristo. Influenciados por la cosmovisión pagana que los rodeaba, algunos en Corinto decían que no hay resurrección. En respuesta, Pablo afirma la resurrección de Cristo como nuestra única esperanza de salvación.

Espíritu de Profecía

Cuando el cristiano se somete al solemne rito del bautismo, los tres poderes más altos del universo: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, dan su aprobación a ese acto, comprometiéndose a ejercer su poder en beneficio de él mientras él se esfuerza por honrar a Dios. Es sepultado, a semejanza de la muerte de Cristo, y es levantado a semejanza de su resurrección…

Los tres grandes poderes del cielo se comprometen a proporcionar al cristiano toda la asistencia que requiera. El Espíritu cambia el corazón de piedra en un corazón de carne. Y al participar de la Palabra de Dios, los cristianos obtienen una experiencia que busca la semejanza divina. Cuando Cristo habita en el corazón por la fe, el cristiano es el templo de Dios. Cristo no habita en el corazón del pecador, sino en el corazón de quien es susceptible a las influencias del Cielo.

El resplandor que procede del verdadero cristiano testifica de su unión con Cristo. El yo está oculto a la vista y Cristo es revelado. El Cielo reconoce el cumplimiento de la promesa… “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. 1 Juan 3:2. Entonces aquellos cuyas vidas han estado ocultas en Cristo, quienes han peleado la buena batalla de la fe en esta tierra, resplandecerán con la gloria del Redentor en el reino de Dios.

Hermano mío, hermana mía, el propósito de Dios para usted es que viva una vida que haga mejor a otros; una vida que mostrará que Cristo, la esperanza de gloria, está formado en el interior. Es su propósito que usted pueda decir con el apóstol Pablo: “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí”. Plenamente satisfecho, descansando en el amor de Cristo, en que el Redentor y Dador de la vida obrará por usted la salvación de su alma, usted sabrá a medida que se acerca más y aún más a él, lo que significa resistir la visión del que es Invisible. El contentamiento que Cristo concede es un don infinitamente más valioso que el oro y la plata y las piedras preciosas…

Nuestras vidas son puras solo cuando estamos bajo el control de Dios, y son felices solo cuando mantenemos comunión con él. El esplendor que poseen quienes han ganado la más rica experiencia es solo el reflejo de la luz del Sol de justicia. Quien vive más cerca de Jesús resplandecerá con mayor fulgor— Reflejemos a Jesús, 3 de abril, p. 99

Domingo 16 de agosto

Proclamando la resurrección de Cristo

Pablo comienza 1 Corintios 15 centrándose en el evangelio. Dice que: (1) lo predicó a los corintios; (2) ellos lo recibieron; (3) se mantuvieron firmes en él; y (4) fueron salvados por él (1 Cor. 15: 1-2). Esta introducción prepara al lector para lo que sigue en el capítulo y muestra cuán esencial es la resurrección de Cristo para nuestra salvación (ver también Rom. 10: 9-10). Su resurrección es una parte tan vital del mensaje del evangelio que negarla contradice la fe en Cristo.

Lee 1 Corintios 15: 1-4, Lucas 24: 44-47 y Romanos 1: 1-4. ¿Qué tienen en común estos pasajes?
1 Corintios 15:1-4 — RV60 1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
Lucas 24:44-47 — RV60 44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.
Romanos 1:1-4 — RV60 1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,

En 1 Corintios 15: 1-4 se encuentra un resumen del mensaje de Pablo. No importa si las palabras «conforme a las Escrituras» se refieren a pasajes concretos del Antiguo Testamento o a este en su conjunto. La muerte y la resurrección de Jesús cumplen las promesas de Dios que se encuentran en el Antiguo Testamento.

Lee 1 Corintios 15: 2, 11. ¿Por qué estos versículos vinculan estrechamente los conceptos de creer y predicar? ¿Cuál es la relación entre ambos?
1 Corintios 15:2 — RV60 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
1 Corintios 15:11 — RV60 11 Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído.

Quienes proclaman que Cristo ha resucitado deben creer primero que su resurrección es un hecho histórico. En este caso, 1 Corintios 15: 5-8 desempeña un papel fundamental en el Nuevo Testamento. Este pasaje proporciona una sólida evidencia bíblica de que Cristo fue visto por numerosas personas después de su resurrección, muchas de las cuales aún vivían cuando Pablo escribió la Carta (1 Cor. 15: 6).

Básicamente, Pablo está diciendo: «Pregúntenles qué vieron». Así de seguro estaba de la realidad de la resurrección de Cristo.

Estas personas eran testigos oculares, eran lo que Jesús dijo que serían: «Testigos de estas cosas» (Luc. 24: 48).

¿Qué razones tenemos para creer en la resurrección de Cristo? ¿Qué otras cosas, seculares o sagradas, creemos aunque no las hayamos visto nosotros mismos?
Espíritu de Profecía

Los sucesos de la vida de Cristo, su muerte y resurrección, las profecías que señalaban estos sucesos, los misterios del plan de la salvación, el poder de Jesús para perdonar los pecados, de todas estas cosas habían sido testigos, y debían hacerlas conocer al mundo. Debían proclamar el evangelio de paz y salvación mediante el arrepentimiento y el poder del Salvador.

Antes de ascender al cielo, Cristo dio a los discípulos su comisión. Les dijo que debían ser los ejecutores del testamento por el cual él legaba al mundo los tesoros de la vida eterna. Vosotros habéis sido testigos de mi vida de sacrificio en favor del mundo, les dijo. Habéis visto mis labores por Israel. Y aunque mi pueblo no quiso acudir a mí para poder tener vida, a pesar de que los sacerdotes y gobernantes han hecho conmigo lo que querían, aunque me han rechazado, tendrán todavía otra oportunidad de aceptar al Hijo de Dios. Habéis visto que recibo libremente a todos los que acuden a mí confesando sus pecados. Al que a mí viene no lo echaré fuera de ninguna manera. Os encomiendo a vosotros, mis discípulos, este mensaje de misericordia. Ha de darse tanto a los judíos como a los gentiles: primero a Israel y entonces a todas las naciones, lenguas y pueblos. Todos los que crean integrarán una iglesia.

La comisión evangélica es la magna carta misionera del reino de Cristo. Los discípulos habían de trabajar fervorosamente por las almas, dando a todos la invitación de misericordia. No debían esperar que la gente viniera a ellos; sino que debían ir ellos a la gente con su mensaje.

Los discípulos habían de realizar su obra en el nombre de Cristo. Todas sus palabras y hechos habían de llamar la atención al poder vital de su nombre para salvar a los pecadores. Su fe habría de concentrarse en Aquel que es la fuente de la misericordia y el poder. En su nombre habían de presentar sus peticiones ante el Padre, y recibirían respuesta. Habían de bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El nombre de Cristo había de ser su consigna, su divisa distintiva, su vínculo de unión, la autoridad para su curso de acción y la fuente de su éxito. Nada que no llevara su nombre y su inscripción había de ser reconocido en su reino— Los hechos de los apóstoles, pp. 22, 23

Lunes 17 de agosto

El Cristo resucitado, nuestra única esperanza

En 1 Corintios 15: 9-19, Pablo explica cuán graves y terribles son las consecuencias de negar la resurrección, ya que, sin ella, los creyentes no tienen esperanza en el presente, y mucho menos en el futuro.

Lee 1 Corintios 15: 9-19. ¿Qué perdemos si Cristo no resucitó?
1 Corintios 15:9-19 — RV60 9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. 11 Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído. 12 Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. 15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

En general, los paganos no creían en la resurrección, especialmente en el mundo griego, con su creencia en el dualismo cuerpo-alma (al morir, el alma ascendía según ellos adonde supuestamente van las almas de los muertos). Pablo comienza 1 Corintios 15: 12-19 con una pregunta retórica que muestra su profundo desconcierto: «¿Cómo algunos de ustedes dicen que no hay resurrección de los muertos?» (1 Cor. 15: 12). Para el apóstol, no creer en la resurrección era algo inconcebible, especialmente en vista de la existencia de tantos testigos oculares de ella (1 Cor. 15: 5-8). Pero, peor aún, si la resurrección no había ocurrido, la esperanza de los creyentes estaba basada en una mentira y seguían sujetos a las consecuencias eternas de sus pecados.

De hecho, Pablo dice que si no hay resurrección de los muertos: (1) Cristo no resucitó (1 Cor. 15: 13, 16); (2) nuestra predicación es vana (vers. 14); (3) nuestra fe también es vana (vers. 14, 17); (4) somos testigos falsos (vers. 15); (5) seguimos en nuestros pecados (vers. 17); y, obviamente, (6) quienes murieron están perdidos (vers. 18).

Sin la resurrección, tanto la predicación como la fe son vanas (1 Cor. 15: 14, 17). El término griego traducido como «vana» o «vacía» es kenos. Los intérpretes debaten si kenos significa «vana» en el sentido de carente de verdad (es decir, «falsa»), carente de resultados (es decir, «sin resultado o efecto») o carente de propósito (es decir, «en vano»).

Sea cual fuere el significado específico, en un escenario en el que no existiera la resurrección, la fe se describe como inútil (griego mataios) (1 Cor. 15: 17). Aunque mataios no difiere mucho de kenos, la idea es que, si Jesús no está vivo, la fe es infructuosa, una ilusión, porque nuestros pecados no han sido perdonados (vers. 17). En ese caso, los cristianos seríamos falsos testigos que engañan y son engañados (vers. 15).

¿Qué sentido tendría 1 Corintios 15 si los seres humanos tuviéramos almas que fueran al cielo (o al infierno) en ocasión de la muerte? ¿Por qué es tan importante entender que los muertos «duermen»?
Espíritu de Profecía

No ganamos el cielo por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo… No se centralice vuestra esperanza en vosotros mismos, sino en Aquel que ha entrado dentro del velo. Hablad de la bendita esperanza, y de la aparición gloriosa de nuestro Señor Jesucristo.

Es cierto que estamos expuestos a grandes peligros morales; es cierto que estamos en peligro de ser corrompidos. Pero este peligro solo nos amenaza si confiamos en el yo y miramos no más arriba de nuestros propios esfuerzos humanos. Al hacer esto, provocaremos el naufragio de la fe.

En Cristo se centraliza nuestra esperanza de vida eterna… Nuestra esperanza es un ancla para el alma, segura y firme, cuando entra dentro del velo, pues el alma zamarreada por la tempestad se convierte en participante de la naturaleza divina. Está anclado en Cristo. En medio de los embates de la tentación, no será arrastrado contra las rocas ni arrastrado hacia el remolino. Su barco resistirá la tormenta— That I May Know Him, p. 79; parcialmente en A fin de conocerle, 14 de marzo, p. 80


“Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura”, es la orden de Cristo… No quiere decir esto que todos sean llamados a ser pastores o misioneros en el sentido común de la palabra; pero todos pueden ser colaboradores con él para dar las “buenas nuevas” a sus semejantes. Se da la orden a todos, grandes o chicos, instruidos o ignorantes, viejos o jóvenes.

Sobre todo aquel que conoce la verdad para este tiempo descansa la responsabilidad de darla a conocer a otros. Los siervos de Cristo son en gran medida responsables del bienestar y la salvación del mundo. Han de ser colaboradores de Dios en la obra de ganar almas para Cristo.

El tema que atrae el corazón del pecador es Cristo y Cristo crucificado. Sobre la cruz del Calvario Jesús se revela al mundo en un amor sin paralelo. Presentadlo a las multitudes hambrientas, y la luz de su amor ganará a los hombres y los llevará de las tinieblas a la luz, de la transgresión a la obediencia y la verdadera santidad. La contemplación de Cristo en la cruz del Calvario despierta la conciencia para que perciba el carácter odioso del pecado como no puede hacerlo ninguna otra cosa.

Cristo colgando de la cruz era el evangelio. Ahora tenemos un mensaje: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Los miembros de nuestra iglesia, ¿no querrán conservar los ojos fijos en un Salvador crucificado y resucitado en quien se centran sus esperanzas de vida eterna? Este es nuestro mensaje, nuestro tema, nuestra doctrina, nuestra advertencia al impenitente, nuestro estímulo para el sufriente, la esperanza para cada creyente. Si podemos despertar el interés de los hombres para que fijen los ojos en Cristo, podemos ponernos a un lado y pedirles únicamente que continúen fijando los ojos en el Cordero de Dios… Aquel cuyos ojos estén fijos en Jesús, dejará todo. Morirá al egoísmo. Creerá en toda la Palabra de Dios, que es tan gloriosa y admirablemente ensalzada en Cristo.

Es privilegio de todo cristiano no solo esperar sino apresurar la venida de nuestro Señor Jesucristo. Si todos los que profesan su nombre llevasen frutos para su gloria, ¡cuán prestamente quedaría sembrada en el mundo la semilla del evangelio! La última mies maduraría rápidamente, y Cristo vendría para recoger el precioso grano— Maranata: el Señor viene, 1º de abril, p. 102

Martes 18 de agosto

Cristo, la primicia

Si Jesús no estuviera vivo, cualquier expectativa acerca del futuro sería solo una ilusión (1 Cor. 15: 12-19). «Pero lo cierto es que Cristo resucitó de los muertos» (vers. 20). Su resurrección es un hecho histórico. Por consiguiente, podemos estar seguros de que todos los que han muerto en Cristo resucitarán cuando él regrese (vers. 20-23).

Lee 1 Corintios 15: 20-23. ¿Qué significa decir que Jesús es la «primicia»?
1 Corintios 15:20-23 — RV60 20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. 21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

El fin de la presente era malvada estará marcado por la resurrección corporal de quienes murieron en Cristo (1 Cor. 15: 24; Apoc. 20: 5-6). Como el último Adán, Cristo devolverá el reino al Padre al entregarle el dominio de este mundo (1 Cor. 15: 25-28). El sometimiento de Cristo a Dios (vers. 15: 28) debe ser entendido en términos de cómo se describe la relación entre Adán y Cristo. Como el Adán definitivo en el plan de redención (vers. 45), Jesús se somete por completo a la voluntad del Padre, algo que el primer Adán no hizo.

En 1 Corintios 15: 29-34, Pablo retoma su exposición acerca de la insensatez de negar la resurrección de Cristo. Utiliza la ilustración del bautismo porque es en sí mismo un símbolo de la unión del creyente con Cristo (en el bautismo, el creyente participa simbólicamente de la muerte y la resurrección del Señor, Rom. 6: 3-4; Col. 2: 12). En vista de ello, no tiene sentido negar la realidad de la resurrección. Sin embargo, lo que resulta difícil de comprender es lo que Pablo quiso decir con la expresión «bautizados por causa de los muertos» (1 Cor. 15: 29).

«Se han presentado varias sugerencias, pero la mejor forma de interpretarla es como una referencia a la decisión de algunos de ser bautizados para poder volver a encontrarse en la resurrección con sus seres queridos ya fallecidos. También puede referirse a la decisión de ser bautizados en respuesta a la vida ejemplar de aquellos que habían muerto en Cristo. Este caso se referiría, pues, a personas que se bautizan no en lugar de los muertos, sino a causa de los muertos» (Carl P. Cosaert, «1 Corintios», Comentario bíblico Andrews [Doral, FL: IADPA, 2024], t. 2, p. 552).

En segundo lugar, arriesgar la vida no tendría sentido si no existiera la resurrección (1 Cor. 15: 30-32). Sería mejor, en cambio, deleitarse en los placeres de este mundo (vers. 32).

Reflexiona acerca de las palabras de Pablo en 2 Timoteo 1: 12. ¿Cómo podía estar tan seguro del futuro? ¿Cómo podemos estarlo nosotros?
2 Timoteo 1:12 — RV60 12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
Espíritu de Profecía

Durante su ministerio Jesús devolvió la vida a los muertos. El Señor resucitó al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo y a Lázaro. Sin embargo, ninguno de ellos fue revestido de inmortalidad, porque después que resucitaron continuaron sujetos al deterioro y a la muerte. Pero quienes volvieron a la vida en ocasión de la resurrección ascendieron con él como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro…

Éstos fueron a la ciudad y se presentaron delante de muchos, diciendo: “Cristo ha resucitado de los muertos y nosotros fuimos levantados con él”. Algunos se aterraron al verlos. Llevaban consigo la evidencia innegable no solo de su propia resurrección, sino de la resurrección del Redentor crucificado. Luego de la resurrección, Cristo no se presentó ante nadie, excepto ante sus seguidores; pero el testimonio de su resurrección no se hizo esperar. Se produjo por varias fuentes, incluyendo a los quinientos que se reunieron en Galilea para ver a su Señor resucitado. Este testimonio no se extinguiría jamás. Los sagrados episodios de la resurrección del Señor habrían de ser inmortalizados.

Aquellos que habían resucitado fueron presentados como trofeos ante las inteligencias celestiales; como anticipo de la resurrección de quienes reciben a Jesucristo y creen en él como su Salvador personal. Eran símbolos de la resurrección final de los justos. El mismo poder que levantó a Cristo de los muertos habría de levantar a la iglesia y presentarla con Cristo, como su novia, por encima de principados, de potestades, de todo nombre que se pronuncia, no solo en este mundo, sino en los atrios celestiales, en el mundo superior…

Cristo era las primicias de quienes descansaban. Esta misma escena, la resurrección de Cristo de los muertos, había sido observada en tipo por los judíos en una de sus festividades sagradas, conocida como la fiesta de los judíos. En esta ocasión y cuando las primicias se habían reunido, se subía al templo y se ofrecía una ceremonia de acción de gracias. En esa ocasión, la primicia de la cosecha se consagraba exclusivamente al Señor…

Cuando Cristo ascendía y en el momento en que bendecía a sus discípulos, un ejército de ángeles lo arrebató en medio de una nube. Cristo llevó consigo como trofeo a una multitud de cautivos. El Señor habría de presentar delante del Padre las primicias de aquellos que descansaron, para presentarlas a Dios como una garantía de que es el Vencedor sobre la muerte y el sepulcro— El Cristo truinfante, 6 de octubre, p. 288


Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de aquellos que dormían. Estaba representado por la gavilla agitada, y su resurrección se realizó en el mismo día en que esa gavilla era presentada delante del Señor. Durante más de mil años, se había realizado esa ceremonia simbólica. Se juntaban las primeras espigas de grano maduro de los campos de la mies, y cuando la gente subía a Jerusalén para la Pascua, se agitaba la gavilla de primicias como ofrenda de agradecimiento delante de Jehová. No podía ponerse la hoz a la mies para juntarla en gavillas antes que esa ofrenda fuese presentada. La gavilla dedicada a Dios representaba la mies. Así también Cristo, las primicias, representaba la gran mies espiritual que ha de ser juntada para el reino de Dios. Su resurrección es símbolo y garantía de la resurrección de todos los justos muertos— El Deseado de todas las gentes, pp. 729, 730

Miércoles 19 de agosto

El cuerpo resucitado

En 1 Corintios 15: 35-39, Pablo se refiere brevemente al cuerpo resucitado. Comienza esta sección planteando dos preguntas: «¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo?» (1 Cor. 15: 35). Estas preguntas son respondidas en 1 Corintios 15: 36-49.

1 Corintios 15:35 — RV60 35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?
Lee 1 Corintios 15: 36-41. ¿Cómo responde este pasaje las preguntas de 1 Corintios 15: 35?
1 Corintios 15:36-41 — RV60 36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. 37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; 38 pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. 39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. 40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

Pablo aplica tres analogías para ayudar a sus lectores a comprender lo que sucede en la resurrección. La primera analogía (1 Cor. 15: 36-38) señala que el cuerpo es como una semilla que primero debe morir (o dejar de ser una semilla) para convertirse en una planta. La enseñanza es clara: la resurrección es un milagro de Dios. En segundo lugar, la analogía de los cuerpos (1 Cor. 15: 39-40) destaca que, en este mundo, Dios proveyó diferentes tipos de cuerpos a los animales y a los seres humanos, adecuados en cada caso al entorno actual. Del mismo modo, nuestros cuerpos serán adecuados para las nuevas circunstancias del mundo celestial. Esta idea es llevada un paso más allá con la analogía de un cuerpo glorioso (1 Cor. 15: 40-41), que enfatiza que la gloria del cuerpo resucitado superará enormemente a la del cuerpo terrenal caído.

Esta idea también es ilustrada mediante cuatro contrastes entre nuestro cuerpo terrenal actual y el cuerpo resucitado. El primero es terrenal, perecedero, débil y natural. Por su parte, el segundo es celestial, imperecedero, poderoso y espiritual (1 Cor. 15: 40-44). Esto no significa que no haya continuidad entre los dos. El uso que Pablo hace del término griego sōma («cuerpo») tanto para el cuerpo sepultado como para el cuerpo resucitado muestra continuidad. Por el contrario, los cuatro contrastes anteriores también muestran discontinuidad. Gracias al Señor, nuestros nuevos cuerpos no serán los mismos que los cuerpos perecederos que tenemos ahora.

Pablo no relaciona el término «espiritual» con una existencia inmaterial. En otra parte dice que Jesús «transformará el cuerpo de nuestra bajeza para que sea semejante a su cuerpo de gloria» (Fil. 3: 21). Tendremos cuerpos reales, pero no se desgastarán ni se descompondrán. Puesto que todo lo que conocemos ahora es la descomposición, la enfermedad y la muerte, es difícil imaginar la vida sin ello, pero se nos promete eso en Jesús.

¿Cómo nos ayuda la seguridad de que nuestros cuerpos serán transformados a la perfección a ser resilientes respecto de nuestras limitaciones físicas actuales?
Espíritu de Profecía

La resurrección de Jesús fue una muestra de la resurrección final de todos los que duermen con él. El cuerpo resucitado del Salvador, su semblante, el acento de su voz, eran familiares a sus seguidores. De la misma manera se levantarán los que duermen en Jesús. Conoceremos a nuestros amigos del mismo modo como los discípulos conocieron a Jesús. Pueden haber estado deformados, enfermos o desfigurados en esta vida mortal; no obstante en su cuerpo resucitado y glorificado se conservará perfectamente su identidad individual y reconoceremos, en el rostro radiante con la luz reflejada del rostro de Jesús, los rasgos de los que amamos.

En su segunda venida, todos los preciosos muertos oirán su voz y surgirán a una vida gloriosa e inmortal. El mismo poder que resucitó a Cristo de los muertos resucitará a su iglesia y la glorificará con él, por encima de todos los principados y potestades, por encima de todo nombre que se nombra, no solamente en este mundo, sino también en el mundo venidero.

Nos recibirá con honores. Se nos entregará una corona de vida que nunca perderá su resplandor— The Faith I Live By, p. 180; parcialmente en La fe por la cual vivo, 23 de junio, p. 182


Nuestra identidad personal quedará conservada en la resurrección, aunque no sean las mismas partículas de materia ni la misma sustancia material que fue a la tumba. Las maravillosas obras de Dios son un misterio para el hombre. El espíritu, el carácter del hombre, vuelve a Dios, para ser preservado allí. En la resurrección cada hombre tendrá su propio carácter. A su debido tiempo, Dios llamará a los muertos dándoles de nuevo el aliento de vida y ordenando a los huesos secos que vivan. Saldrá la misma forma, pero estará liberada de enfermedades y de todo defecto. Vive otra vez con los mismos rasgos individuales, de modo que el amigo reconocerá al amigo. No hay una ley de Dios en la naturaleza que muestre que Dios devolverá las mismas idénticas partículas de materia que componían el cuerpo antes de la muerte. Dios dará a los justos muertos un cuerpo que será del agrado de él.

Pablo ilustra este tema con la semilla de cereal que se siembra en el campo. La semilla plantada se destruye, pero surge una nueva semilla. La sustancia natural del grano que se destruye nunca surge como antes, pero Dios le da un cuerpo como a él le place. Un material mucho mejor compondrá el cuerpo humano, pues es una nueva creación, un nuevo nacimiento. Se siembra un cuerpo natural, se levanta un cuerpo espiritual.

[El creyente] puede morir, como Cristo murió, pero la vida del Salvador está en él. Su vida está escondida con Cristo en Dios. “Yo he venido para que tengan vida —dijo Jesús—, y para que la tengan en abundancia”. Juan 10:10. Él desarrolla el gran proceso mediante el cual los creyentes son hechos uno con él en la vida presente, para que sean uno con él a través de la eternidad…

En el día final los resucitará como partes de sí mismo… Cristo llegó a ser uno con nosotros a fin de que nosotros lleguemos a ser uno con él en divinidad— Maranata: el Señor viene, 20 de octubre, p. 311

Jueves 20 de agosto

La victoria final sobre la muerte

Lee 1 Corintios 15: 54-57. ¿Qué nos dice este pasaje acerca de nuestra victoria definitiva sobre la muerte?
1 Corintios 15:54-57 — RV60 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Pablo comienza el último párrafo de 1 Corintios 15 con una afirmación intrigante: «La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios» (1 Cor. 15: 50). Muchos lectores de la Biblia utilizan esta declaración para decir que Pablo defiende una existencia inmaterial en el cielo. Pero el contexto indica lo contrario. La estructura de 1 Corintios 15: 50 sugiere que el binomio «carne y sangre» es paralelo a «corrupción», del mismo modo que «el reino de Dios» es paralelo a «incorrupción».

Al igual que en 1 Corintios 15: 42-49, aquí también Pablo contrasta el cuerpo actual (o incluso el cadáver) con el cuerpo resucitado. El cuerpo sepultado está marcado por la corrupción y la mortalidad, mientras que el cuerpo resucitado se caracteriza por la incorrupción y la inmortalidad (1 Cor. 15: 50, 53-54). En pocas palabras, Pablo está diciendo que nuestros cuerpos deben sufrir una transformación radical para poder heredar el cielo.

En resumen, Pablo utiliza las ideas de corrupción y mortalidad para referirse a nuestra naturaleza pecaminosa. La expresión «carne y sangre» se refiere a la humanidad caída, por lo que nuestros cuerpos deben ser transformados y purgados de toda imperfección en ocasión del regreso de Cristo.

Solo cuando nuestra naturaleza pecaminosa sea eliminada (1 Cor. 15: 54) y pasemos por la experiencia de la glorificación (1 Cor. 15: 51-53; 1 Tes. 4: 13-17) se cumplirá la proclamación: «La muerte ha sido devorada por la victoria» (1 Cor. 15: 54, NVI). Entonces se cantará este himno audaz y desafiante: «Muerte, ¿dónde está tu aguijón? Sepulcro, ¿dónde está tu victoria?» (1 Cor. 15: 55). Todo esto tendrá lugar cuando Cristo regrese (1 Cor. 15: 51-52).

Piénsalo: cerramos los ojos al morir, y lo siguiente que experimentaremos será la segunda venida de Jesús, cuando nos resucite de entre los muertos. No importa cuándo haya muerto un creyente, incluso hace miles de años, «en un instante, en un abrir de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados» (1 Cor. 15: 52).

¿Quién no se ha lamentado de lo rápido que pasa la vida? Así de rápida nos parecerá la segunda venida de Jesús si morimos antes de que ocurra. Quizá nuestro primer pensamiento al abrir nuevamente nuestros ojos será: «¡Vaya, Señor, ¡tu segunda venida ocurrió realmente pronto!». ¿Cómo nos ayuda esta idea a aceptar mejor lo que algunos consideran un retraso?
Espíritu de Profecía

El Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos… De la prisión de la muerte sale revestida de gloria inmortal clamando: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1 Corintios 15:55…

Los justos vivos son mudados “en un momento, en un abrir de ojo”. A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir a Cristo, su Señor, en los aires…

Antes de entrar en la ciudad de Dios, el Salvador confiere a sus discípulos los emblemas de la victoria, y los cubre con las insignias de su dignidad real… Sobre la cabeza de los vencedores Jesús coloca con su propia diestra la corona de gloria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio “nombre nuevo” (Apocalipsis 2:17), y la inscripción: “Santidad a Jehová”. A todos se les pone en la mano la palma de la victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las manos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva en alabanzas de agradecimiento…

Delante de la multitud de los redimidos se encuentra la ciudad santa. Jesús abre ampliamente las puertas de perla, y entran por ellas las naciones que guardaron la verdad… Luego se oye aquella voz, más armoniosa que cualquier música que haya acariciado jamás el oído de los hombres, y que dice: “Vuestro conflicto ha terminado”. “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Mateo 25:34.

Entonces se cumple la oración del Salvador por sus discípulos: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo”. Juan 17:24. Cristo los presenta al Padre “delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría” (Judas 24)… ¡Oh maravillas del amor redentor! ¡Qué dicha aquella cuando el Padre eterno, al ver a los redimidos verá su imagen…!— God's Amazing Grace, p. 357; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, p. 357


Jesús va a venir, pero no será, como en su primer advenimiento, un niño en Belén; no como cabalgó al entrar en Jerusalén, cuando los discípulos alabaron a Dios con fuerte voz y clamaron: “¡Hosanna!”, sino que vendrá en la gloria del Padre y con todo el séquito de santos ángeles para escoltarlo en su traslado a la tierra. Todo el cielo se vaciará de ángeles, mientras los santos lo estén esperando, mirando hacia el cielo, como lo hicieron los galileos cuando ascendió desde el Monte de las Olivas. Entonces únicamente los que sean santos, los que hayan seguido plenamente al manso Dechado, se sentirán arrobados de gozo y exclamarán al contemplarle: “He aquí, este es nuestro Dios; le hemos esperado, y nos salvará”. Y serán transformados “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta”, aquella trompeta que despierta a los santos que duermen, y los invita a salir de sus camas de polvo, revestidos de gloriosa inmortalidad, y clamando: “¡Victoria! ¡Victoria sobre la muerte y el sepulcro!” Los santos transformados son luego arrebatados juntamente con los ángeles al encuentro del Señor en el aire, para nunca más quedar separados del objeto de su amor— Primeros escritos, pp. 109, 110

Viernes 21 de agosto

Para estudiar y meditar

Lee el capítulo «La liberación del pueblo de Dios», en El conflicto de los siglos (pp. 619-633), de Elena G. de White.
Espíritu de Profecía

«La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna. Jesús dijo: "El que cree en mí —dijo Jesús— aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees eso?". Cristo miraba hacia adelante, a su segunda venida. Entonces los justos muertos serán resucitados incorruptibles, y los justos vivos serán trasladados al cielo sin ver la muerte. El milagro que Cristo estaba por realizar, al resucitar a Lázaro de los muertos, representaría la resurrección de todos los justos muertos»— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 501


«La Tierra se estremeció violentamente cuando la voz del Hijo de Dios llamó a los santos que dormían. Respondieron a esa invitación y surgieron revestidos de gloriosa inmortalidad exclamando: "¡Victoria! ¡Victoria sobre la muerte y el sepulcro! ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (ver 1 Cor. 15: 55). Entonces los santos vivos y los resucitados elevaron sus voces en un prolongado y arrobador grito de triunfo. Los cuerpos que habían descendido a la tumba con los las marcas de la enfermedad y de la muerte, resucitaron dotados de salud y vigor inmortales. Los santos vivos fueron transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, y junto con los resucitados ascendieron juntos para recibir al Señor en el aire (ver 1 Tes. 4: 16-17). ¡Oh, qué glorioso encuentro! Los amigos desunidos por la muerte volvieron a reunirse para no separarse nunca más»— Elena G. de White, La historia de la redención, p. 361

Preguntas para dialogar
  • 1Pensemos en quienes fueron testigos oculares de la resurrección de Cristo (Hech. 1: 22; 2: 32; 3: 15; 4: 33; 5: 30-32). ¿Cómo podemos nosotros, unos dos mil años después de ese acontecimiento, ser «testigos» de su resurrección?
  • 2La resurrección de Cristo es una parte integral del mensaje del evangelio (1 Cor. 15: 1-4). Sin la resurrección, la proclamación de la muerte de Cristo, y esta misma, sería irrelevante (1 Cor. 15: 14). ¿Por qué? ¿Qué dice tu respuesta acerca del poder de la resurrección de Cristo?
  • 3Reflexiona acerca de la intrigante afirmación de Pablo: «Si los muertos no resucitan, "comamos y bebamos, que mañana moriremos"» (1 Cor. 15: 32). ¿Cuál es el punto?
  • 4Habla en la clase acerca del estado de los muertos. ¿Por qué 1 Corintios 15 no tiene sentido si, al morir, los salvos son llevados inmediatamente al cielo?
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