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Lección 1 – REBELIÓN EN UN UNIVERSO PERFECTO – Para el 1 de octubre de 2022


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Mayordomía El Mensaje de los Tres Ángeles Efesios Norma Cultural y Mente Misionera de Personajes Bíblicos*

2024

Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan

2025

Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Como Permanecer en Relación con Dios

2026

Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado** Josué El Espíritu de Profecía

2027

1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel

* Bible Characters as Counter Cultural and Mission Minded

** Religion in the Market Place


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Lección 1: Para el 1 de octubre de 2022

REBELIÓN EN UN UNIVERSO PERFECTO

Sábado 24 de septiembre_____________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Juan 4:8, 16; 4:7-16; Ezequiel 28:12-19; Isaías 14:12-15; Apocalipsis 12.

PARA MEMORIZAR:

«¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones» (Isa. 14:12).

Muchos pensadores han intentado explicar el origen del mal. Algunos sugieren que el mal siempre ha existido porque, a su modo de ver, el bien únicamente puede apreciarse en contraste con el mal. Otros creen que el mundo fue creado perfecto, pero de alguna manera surgió el mal. Por ejemplo, en la mitología griega, el mal empezó cuando la curiosa Pandora abrió una caja sellada de la que salieron todos los males del mundo. En cambio, la Biblia enseña que nuestro Dios amante es todopoderoso (1 Crón. 29:10, 11) y perfecto (Mat. 5:48). Todo lo que hace debe ser igualmente perfecto (Deut. 32:4), incluyendo la creación de nuestro mundo. Entonces, ¿cómo pudieron surgir el mal y el pecado en un mundo perfecto? Según Génesis 3, la caída de Adán y de Eva introdujo el pecado, la maldad y la muerte.

Pero, esa respuesta plantea otro problema. Aun antes de la Caída, el mal ya existía, como lo manifestó la «serpiente» que engañó a Eva (Gén. 3:1-5). Por lo tanto, necesitamos remontarnos incluso hasta antes de la Caída para dar con la fuente y los orígenes del mal, que tanto domina nuestra existencia actual y que a veces puede hacer que sea sumamente miserable.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dependemos de la Biblia para conocer el principio de la historia del mundo, la creación del hombre y su caída. Si eliminamos la Palabra de Dios, ¿qué podemos esperar sino quedarnos con fábulas y conjeturas, y con ese debilitamiento del intelecto que es el seguro resultado de aceptar el error?

Necesitamos la verdadera historia del origen de la tierra, la caída de Lucifer y la entrada del pecado en el mundo. Sin la Biblia, estaríamos confundidos por falsas teorías. La mente estaría sometida a la tiranía de la superstición y la falsedad. Pero, puesto que disponemos de la auténtica historia de los comienzos del mundo, no necesitamos enredarnos con conjeturas humanas y teorías indignas de confianza (Mente, carácter, y personalidad, t. 2, pp. 772, 773).

 Satanás es un engañador. Cuando él pecó en el cielo, aun los ángeles leales no discernieron plenamente su carácter. Esta es la razón por la cual Dios no destruyó en el acto a Satanás. Si lo hubiese hecho, los santos ángeles no hubieran percibido la justicia y el amor de Dios. Una duda acerca de la bondad de Dios habría sido una mala semilla productora de amargos frutos de pecado y dolor. Por lo tanto, el autor del mal fue dejado con vida hasta que desarrollase plenamente su carácter. A través de las largas edades, Dios ha soportado la angustia de contemplar la obra del mal, y otorgó el infinito Don del Calvario antes de permitir que alguien fuese engañado por las falsas interpretaciones del maligno; pues la cizaña no podía ser extirpada sin peligro de desarraigar también el grano precioso. ¿Y no seremos nosotros tan tolerantes para con nuestros semejantes como el Señor del cielo y de la tierra lo es con Satanás? (Palabras de vida del gran Maestro, p. 51).

Cuando Satanás indujo al hombre a pecar, esperaba que el odio que Dios tiene por el pecado lo separaría para siempre del hombre y rompería el vínculo que une el cielo y la tierra. Cuando de los cielos abiertos oyó la voz de Dios que se dirigía a su Hijo, para él fue como el sonido de un toque de difuntos. Esto le dijo que ahora Dios estaba por unir consigo al hombre más estrechamente, y que le daría fortaleza moral para vencer la tentación y para escapar de las redes de las trampas satánicas. Satanás sabía muy bien la posición que Cristo había ocupado en el cielo como el Hijo de Dios, el Amado del Padre; y el hecho de que Cristo hubiera dejado el gozo y la honra  del cielo para venir a este mundo como hombre, lo llenaba de temor. Sabía que esta condescendencia de parte del Hijo de Dios no presagiaba ningún bien para él… Sabía que los tesoros más costosos de la tierra no compararían en valor [con el sacrificio del Hijo]. Tal como había perdido por medio de su rebelión todas las riquezas y glorias purísimas del cielo, estaba decidido  a desquitarse, haciendo que tantos hombres como pudiera lograr, desvaloraran el cielo y pusieran sus afectos en los tesoros terrenales (Confrontation, p. 29; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1054).


Domingo 25 de septiembre____________________________________________________________

LA CREACIÓN, UNA EXPRESIÓN DE AMOR

La naturaleza en su condición actual transmite un mensaje ambiguo que entremezcla el bien y el mal. Los rosales pueden producir rosas hermosas y fragantes, pero también espinas dañinas y dolorosas. Un tucán puede impresionarnos con su belleza y luego desanimarnos cuando ataca el nido de otras aves y se come sus frágiles polluelos; incluso los seres humanos, que pueden ser amables y de un momento a otro odiosos e incluso violentos. No es de extrañar que, en la parábola del trigo y la cizaña, los siervos le preguntaran al dueño del campo: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?» (Mat. 13:27). Y el dueño respondió: «Un enemigo ha hecho esto» (Mat. 13:28). Asimismo, Dios creó el Universo perfecto, pero un enemigo lo profanó con las misteriosas semillas del pecado.

Lee 1 Juan 4:8 y 16. La certeza de que «Dios es amor» ¿qué nos puede decir acerca de la naturaleza de sus actividades creadoras?

1 Juan 4:8 y 16

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

El hecho de que «Dios es amor» (1 Juan 4:8, 16) transmite al menos tres implicaciones básicas. En primer lugar, por naturaleza, el amor no puede existir encerrado en sí mismo, sino que debe expresarse. (¿Qué clase de amor no se expresa?) El amor de Dios se comparte internamente entre las tres Personas de la Deidad y externamente en su relación con todas sus criaturas. En segundo lugar, todo lo que Dios hace es una expresión de su amor incondicional e inmutable. Esto incluye sus obras creadoras, sus acciones redentoras, e incluso las manifestaciones de sus juicios punitivos. En realidad, «el amor de Dios ha sido expresado en su justicia no menos que en su misericordia. La justicia es el fundamento de su Trono y el fruto de su amor» (DTG 711). Y, en tercer lugar, puesto que Dios es amor y todo lo que hace expresa su amor, él no puede ser el originador del pecado, que está en oposición directa a su propio carácter.

Pero, francamente, ¿necesitaba Dios crear el Universo? Desde la perspectiva de su soberanía, se podría decir que no, porque fue una decisión de su libre albedrío. Pero, desde la perspectiva de su naturaleza amante, él deseaba un Universo como medio para expresar su amor. Y, qué asombroso que haya creado algunas formas de vida, como a los seres humanos, que son capaces no solo de responder al amor de Dios, sino también de compartir y expresar amor a Dios y también a los demás. (Ver también Mar. 12:30, 31.)

Observa el mundo creado a tu alrededor. ¿Dónde puedes ver reflejos del amor de Dios, a pesar de los estragos del pecado? ¿Cómo podemos aprender a extraer lecciones de esperanza de la expresión del amor de Dios revelado en la Creación?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Las obras creadas por Dios testifican de su amor y poder. Él ha llamado al mundo a la existencia, con todo lo que contiene. Dios ama lo bello; y en el mundo que ha preparado para nosotros, no solo nos ha dado todo lo necesario para nuestra comodidad, sino que ha llenado los cielos y la tierra de belleza. Vemos su amor y cuidado en los ricos campos del otoño, y su sonrisa en la alegre luz del sol. Su mano ha hecho las rocas como castillos y las sublimes montañas. Los altos árboles crecen a su orden; él ha extendido la verde y aterciopelada alfombra de la tierra, y la ha tachonado de arbustos y flores.

¿Por qué revistió él la tierra y los árboles de verde vivo, en vez de un marrón oscuro y sombrío? ¿No es acaso para que fuesen más agradables a la vista? ¿Y no se llenará nuestro corazón de gratitud al ver las evidencias de su sabiduría y amor en las maravillas de su creación? (Exaltad a Jesús, p. 61).

Todo el mundo natural está destinado a ser intérprete de las cosas de Dios. Para Adán y Eva en su hogar del Edén, la naturaleza estaba llena del conocimiento de Dios, rebosante de instrucción divina. Para sus oídos atentos, hacía repercutir la voz de la sabiduría. La sabiduría hablaba al ojo y era recibida en el corazón; porque ellos comulgaban con Dios en sus obras creadas. Tan pronto como la santa pareja transgredió la ley del Altísimo, el esplendor del rostro de Dios se apartó de la faz de la naturaleza. Esta, ahora está arruinada y mancillada por el pecado. Pero las lecciones objetivas de Dios no se han obliterado; aun ahora, cuando se la estudia e interpreta correctamente, habla de su Creador… La belleza de la naturaleza, por sí misma, aparta al alma del pecado y de las atracciones mundanas, y la lleva hacia la pureza, la paz y Dios (Consejos para los maestros, p. 178).

Un amor como el que Cristo ejemplificó es incomparable; su valor supera al del oro, la plata o las piedras preciosas. Debemos orar por el amor que Cristo poseía, y procurarlo. El cristiano que lo posea tendrá un carácter que estará por encima de las debilidades humanas.

La razón por la cual hay tantos hombres y mujeres de corazón duro en nuestro mundo, es que el verdadero afecto ha sido considerado debilidad, y se lo ha desalentado y reprimido. Lo mejor de la naturaleza de las personas de esta clase ha sido pervertido y empequeñecido en la infancia, y a menos que los rayos de la luz divina logren derretir su frialdad y la dureza de su corazón egoísta, la felicidad de los tales está sepultada para siempre. Si quisiéramos tener corazones tiernos, como el que tuvo Jesús cuando estuvo sobre la tierra, y una simpatía santificada, como la que tienen los ángeles por los mortales pecadores, cultivaríamos la simpatía de los niños, que es la sencillez misma (Mente, carácter, y personalidad, t. 2, p. 632).


Lunes 26 de septiembre______________________________________________________________

EL LIBRE ALBEDRÍO, EL FUNDAMENTO DEL AMOR

Lee 1 Juan 4:7 al 16. ¿Qué nos dice este pasaje sobre el libre albedrío como condición para cultivar el amor?

1 Juan 4:7-16

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 13 En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. 14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 15 Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

Las flores artificiales pueden ser hermosas, pero no crecen ni florecen como las reales. Los robots están preprogramados para hablar y realizar muchas tareas, pero no tienen vida ni emociones. En realidad, la vida y el libre albedrío son condiciones indispensables para que alguien reciba, cultive y comparta el amor. Por eso, nuestro amoroso Dios creó a los ángeles (incluyendo a Lucifer) y a los seres humanos con libertad para tomar sus propias decisiones; entre ellas, la posibilidad de seguir un camino equivocado. En otras palabras, Dios creó todo el Universo como un ambiente perfecto y armonioso para que sus criaturas crecieran en amor y sabiduría.

En 1 Juan 4:7 al 16, el apóstol Juan subraya que «Dios es amor» y que nos manifestó su amor al enviar a su propio Hijo a morir por nuestros pecados. Como resultado, debemos expresar nuestra gratitud por su amor infinito amándonos unos a otros. Ese amor, de origen divino, sería la evidencia más convincente de que Dios habita en nosotros y que nosotros permanecemos en él. Este llamado a reflejar el amor de Dios unos por otros solo tiene sentido si va destinado a criaturas que pueden elegir cultivar y expresar ese amor o, en cambio, vivir una vida egocéntrica. Sin embargo, se puede abusar fácilmente de la libertad de elección, un hecho triste demostrado en la trágica rebelión de Lucifer en el cielo.

Aunque reconocen la importancia del libre albedrío, algunos todavía se preguntan: Si Dios sabía que Lucifer se rebelaría, ¿por qué lo creó? La creación de Lucifer, ¿no responsabiliza a Dios, en última instancia, por el origen del pecado?

Es muy difícil especular sobre esta pregunta porque depende de muchos factores; entre ellos, el significado exacto de la palabra «responsable». El origen y la naturaleza del pecado son misterios que nadie puede explicar completamente.

Aun así, Dios no ordenó que existiera el pecado; solo permitió su existencia, y luego, en la Cruz, tomó sobre sí el castigo máximo por ese pecado, lo que posibilita que, finalmente, lo erradique. En todas nuestras dolorosas elucubraciones sobre el mal, nunca debemos olvidar que Dios mismo pagó el precio máximo por la existencia del pecado y del mal (ver Mat. 5:43—48; Rom. 5:6-11), y que él sufrió por ellos más de lo que cualquiera de nosotros jamás sufrirá.

‘El libre albedrío, un regalo de Dios, es sagrado, pero conlleva poderosas consecuencias, no solo para ti, sino también para los demás. ¿Qué decisiones importantes estás a punto de tomar, haciendo uso de este don, y cuáles serán las consecuencias de las decisiones que tomes?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cada hombre está libre para elegir el poder que quiera ver dominar sobre él. Nadie ha caído tan bajo, nadie es tan vil que no pueda hallar liberación en Cristo. El endemoniado, en lugar de oraciones, no podía sino pronunciar las palabras de Satanás; sin embargo, la muda súplica de su corazón fue oída. Ningún clamor de un alma en necesidad, aunque no llegue a expresarse en palabras, quedará sin ser oído. Los que consienten en hacer pacto con el Dios del cielo, no serán abandonados al poder de Satanás o a las flaquezas de su propia naturaleza. Son invitados por el Salvador: «Echen mano … de mi fortaleza; y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!» Isaías 27:5 (VM). Los espíritus de las tinieblas contenderán por el alma que una vez estuvo bajo su dominio. Pero los ángeles de Dios lucharán por esa alma con una potencia que prevalecerá… Así empero dice Jehová: Cierto, la cautividad será quitada al valiente, y la presa del robusto será librada; y tu pleito yo lo pleitearé, y yo salvaré a tus hijos». Isaías 49:24, 25 (El Deseado de todas las gentes, p. 224).

Cuando nuestro carácter no conocía el amor y éramos «aborrecibles» y nos aborrecíamos unos a otros», nuestro Padre celestial tuvo compasión de nosotros. «Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia». Tito 3:3-5. Si recibimos su amor, nos hará igualmente tiernos y bondadosos, no solo con quienes nos agradan, sino también con los más defectuosos, errantes y pecaminosos.

Los hijos de Dios son aquellos que participan de su naturaleza. No es la posición mundanal, ni el nacimiento, ni la nacionalidad, ni los privilegios religiosos, lo que prueba que somos miembros de la familia de Dios; es el amor, un amor que abarca a toda la humanidad. Aun los pecadores cuyos corazones no estén herméticamente cerrados al Espíritu de Dios responden a la bondad. Así como pueden responder al odio con el odio, también corresponderán al amor con el amor. Solamente el Espíritu de Dios devuelve el amor por odio. El ser bondadoso con los ingratos y los malos, el hacer lo bueno sin esperar recompensa, es la insignia de la realeza del cielo, la señal segura mediante la cual los hijos del Altísimo revelan su elevada vocación (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 65, 66).

El ingenio del hombre, su criterio, su poder de realizar, todo proviene de Dios. Todo debiera ser dedicado al servicio de Dios. Los principios de la Biblia deben controlar a los siervos del Señor. Sus obreros deben hacer siempre justicia y juicio, guardando constantemente el camino del Señor. «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia». Mateo 6:33 (Alza tus ojos, p. 72).


Martes 27 de septiembre_____________________________________________________________

MISTERIOSA INGRATITUD

Lee Ezequiel 28:12 al 19. ¿Qué podemos aprender de este pasaje sobre el misterioso origen del pecado?

Ezequiel 28:12-19

12 Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. 13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. 14 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. 15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 16 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. 17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. 18 Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. 19 Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.

Gran parte del libro de Ezequiel se escribió en lenguaje simbólico relativo al tiempo del fin. En muchas ocasiones, se utilizan entidades específicas (como personas, animales y objetos) y eventos locales para representar y describir realidades cósmicas o históricas más amplias. En Ezequiel 28:1 al 10, el Señor se refirió al rey de Tiro (Tiro era una antigua y próspera ciudad portuaria fenicia) como un gobernante rico y orgulloso, que era solo un «hombre» pero que decía ser un dios y que hasta se sentaba (según él) en el trono de los dioses.

Luego, en Ezequiel 28:12 al 19, esta realidad histórica se convierte en una analogía que describe la caída original de Lucifer en los atrios celestiales. Entonces, el rey de Tiro, que era un ser humano que vivía «en medio de los mares» (Eze. 28:2, 8), ahora representa al «querubín grande, protector» (Eze. 28:14) que vive «en Edén, en el huerto de Dios» y «en el santo monte de Dios» (Eze. 28:14).

Una declaración crucial en todo el relato se encuentra en Ezequiel 28:15, que dice: «Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad». Por lo tanto, cabe destacar que la perfección de Lucifer incluía el potencial para el mal, y eso se debía a que, como ser moral, Lucifer poseía libre albedrío, parte de lo que significa ser un ser perfecto.

  En realidad, Lucifer fue creado perfecto, lo que incluía su capacidad para elegir libremente. No obstante, al abusar de esa perfección por el uso indebido de su libre albedrío, se corrompió al considerarse más importante de lo que realmente era.

Lucifer ya no estaba satisfecho con la forma en que Dios lo había creado y honrado, y abandonó su gratitud por Dios y deseó recibir más reconocimiento del que realmente merecía. ¿Cómo pudo suceder esto con un ser angelical perfecto que vivía en un Universo perfecto? Es un misterio, como ya se mencionó.

«El pecado es algo misterioso e inexplicable. No hay razón para su existencia. Intentar explicarlo nos llevaría a tratar de encontrar una razón y un justificativo. El pecado apareció en un Universo perfecto, algo que se muestra inexcusable» (VAAn 33).

En 1 Tesalonicenses 518, Pablo dice que debemos dar gracias «en todo». ¿Cómo pueden estas palabras ayudarnos a superar cualquier sentimiento de ingratitud y autocompasión, especialmente en tiempos difíciles?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Es imposible explicar el origen del pecado y dar razón de su existencia…  Nada se enseña con mayor claridad en las Sagradas Escrituras que el hecho de que Dios no fue en nada responsable de la introducción del pecado… El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es algo misterioso e inexplicable; excusarlo equivaldría a defenderlo. Si se pudiera encontrar alguna excusa en su favor o señalar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado… Es la manifestación exterior de un principio en pugna con la gran ley de amor que es el fundamento del gobierno divino (A fin de conocerle, p. 17).

El pecado tuvo su origen en el egoísmo. Lucifer, el querubín protector, deseó ser el primero en el cielo. Trató de dominar a los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse su homenaje… Así engañó a los ángeles. Así sedujo a los hombres… Así consiguió que se uniesen con él en su rebelión contra Dios, y la noche de la desgracia se asentó sobre el mundo.

El pecado apareció en un universo perfecto… La razón de su principio o desarrollo nunca fue explicada, y no puede serlo, aun en el último gran día cuando el juez se sentará y se abrirán los libros… En aquel día será evidente para todos que no hay, ni nunca hubo, ninguna causa para el pecado. En la condenación final de Satanás y de sus ángeles y de todos los hombres que finalmente se hayan identificado con él como transgresores de la ley de Dios, toda boca quedará callada. muda la hueste de la rebelión, desde el primer gran rebelde hasta el último transgresor, cuando se le pregunte por qué ha quebrantado la ley de Dios (A fin de conocerle, pp. 17, 18).

Abrid vuestro corazón [al amor de Dios], y haced que rebose sobre los demás. Recordad que todos tienen que arrostrar duras pruebas y resistir rudas tentaciones, y que algo podéis hacer para aliviar estas cargas. Expresad vuestra gratitud por las bendiciones de que gozáis: demostrad el aprecio que os merecen las atenciones de que sois objeto. Conservad vuestro corazón lleno de las preciosas promesas de Dios, a fin de que podáis extraer de ese tesoro palabras de consuelo y aliento para el prójimo. Esto os envolverá en una atmósfera provechosa y enaltecedora. Proponeos ser motivo de bendición para los que os rodean, y veréis cómo encontraréis modo de ayudar a vuestra familia y también a otros (El ministerio de curación, pp. 199, 200).


Miércoles 28 de septiembre___________________________________________________________

EL PRECIO DEL ORGULLO

En las Escrituras, afloran dos temas o motivos predominantes que compiten entre sí. Uno es el tema de Salem, el monte Sion, Jerusalén y la Nueva Jerusalén, que representa el Reino de Dios. El otro es el tema de Babel y Babilonia, que representa el falso dominio de Satanás. Varias veces Dios llamó a su pueblo a salir de la Babilonia pagana para servirlo en la Tierra Prometida.

Por ejemplo, se le pidió a Abram (posteriormente Abraham) que saliera de Ur de los caldeos a la tierra de Canaán (Gén. 11:31-12:9). Al final de su largo exilio, los judíos dejaron Babilonia y regresaron a Jerusalén (Esd. 2). Y en el libro de Apocalipsis, se llama al pueblo de Dios a salir de la Babilonia del tiempo del fin (Apoc. 14:8), para finalmente morar con él en el Monte Sion y la Nueva Jerusalén (Apoc. 14:1; 21:1-3, 10).

Lee Isaías 14:12 al 15. ¿Qué consecuencias trascendentales para el Universo y para este mundo produjo el orgullo de Lucifer mientras estaba en el cielo?

Isaías 14:12-15

12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. 15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.

En la Biblia, la ciudad de Babilonia representa un poder en oposición directa a Dios y su Reino; y el rey de Babilonia (con especial alusión a Nabucodonosor) llega a ser un símbolo de orgullo y arrogancia. Dios había revelado al rey Nabucodonosor que Babilonia era solo la cabeza de oro de la gran imagen con los sucesivos imperios (Dan. 237, 38). En abierto desafío a la revelación de Dios, el rey forjó una imagen totalmente de oro, símbolo de que su reino duraría para siempre, y hasta exigió que todos la adoraran (Dan. 3). Como en el caso del rey de Tiro (Eze. 28:12-19), el rey de Babilonia también llegó a ser un símbolo de Lucifer. Isaías 14:3 al 11 describe la caída del altivo y opresivo rey de Babilonia. Luego, Isaías 14:12 al 15 pasa del ámbito histórico a los atrios celestiales, y destaca que un espíritu orgulloso y arrogante similar generó la caída original de Lucifer. El pasaje explica que Lucifer planificó exaltar su trono sobre todas las huestes celestiales y hacerse «semejante al Altísimo» (Isa. 14:14). Este fue el comienzo de una situación nueva y hostil en la que el amor altruista y la cooperación de Dios se verían desafiados por el egoísmo y la competitividad de Lucifer. El enemigo no temió acusar a Dios de lo que él mismo era y difundir sus mentiras a los demás ángeles. Estos son los misteriosos orígenes del mal en el Universo.

¿Por qué es tan fácil enorgullecernos y jactarnos de nuestros cargos o logros, o de ambas cosas? Tener presente la Cruz, ¿cómo evita que caigamos en esa trampa?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[La] obra de oposición a la ley de Dios tuvo su comienzo en las cortes celestiales con Lucifer, el querubín cubridor. Satanás se propuso ser primero en los concilios celestiales, e igual a Dios. Comenzó su obra de rebelión con los ángeles que estaban a sus órdenes, procurando difundir entre ellos el espíritu de descontento. Y trabajó en una forma tan engañosa que muchos de los ángeles se decidieron por su causa antes de que se conocieran plenamente sus propósitos. Aun los ángeles leales no pudieron discernir plenamente su carácter ni ver dónde llevaba su obra. Cuando Satanás consiguió ganar a muchos ángeles para su bando, llevó su causa a Dios, pretendiendo que era el deseo de los ángeles que él ocupara el puesto que tenía Cristo.

 El mal continuó obrando hasta que el espíritu de descontento se tradujo en una revuelta activa. Entonces hubo guerra en el cielo y Satanás, con todos sus simpatizantes, fue expulsado. Satanás había lidiado en procura del dominio en el cielo, y había perdido la batalla. Dios no podía dispensarle más honor y supremacía, y estos le fueron quitados junto con la parte que había tenido en el gobierno del cielo (Mensajes selectos, t. 1, pp. 260, 261).

El orgullo, el amor propio, el egoísmo, el odio, la envidia y los celos, anublaron su percepción; y la verdad, que lo habría hecho sabio para la salvación, ha perdido el poder de atraer y controlar su mente.

No permitáis que el resentimiento madure en malicia. No dejéis que la herida se infecte y reviente en palabras envenenadas que manchen la mente de quienes las oigan. No permitáis que los pensamientos amargos continúen embargando vuestro ánimo… Id a vuestro hermano, y con humildad y sinceridad habladle del asunto.

Todo el cielo está interesado en la entrevista entre aquel que ha sido perjudicado y el que está en el error… El aceite del amor elimina la irritación causada por el mal. El Espíritu de Dios liga un corazón al otro; y en el cielo hay música por la unión realizada (Mente, carácter, y personalidad, t. 2, pp. 548, 549).

Hoy día el mal que provocó la caída de Pedro y que apartó al fariseo de la comunión con Dios, está ocasionando la ruina de millares. No hay nada que ofenda tanto a Dios, o que sea tan peligroso para el alma humana, como el orgullo y la suficiencia propia. De todos los pecados es el más desesperado, el más incurable.

La caída de Pedro no fue instantánea, sino gradual. La confianza propia lo indujo a creer que estaba salvado, y dio paso tras paso en el camino descendente hasta que pudo negar a su Maestro (Palabras de vida del gran Maestro, p. 119).


Jueves 29 de septiembre_____________________________________________________________

LA PROPAGACIÓN DE LA INCREDULIDAD

Lee Apocalipsis 12. ¿Qué enseña este capítulo sobre la propagación de la rebelión desde el cielo hasta la Tierra?

Apocalipsis 12

1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días. Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. 13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. 14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. 15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. 16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca. 17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

La caída de Lucifer no fue una simple confrontación de ideas contradictorias. Apocalipsis 12 nos dice que estalló una gran guerra en el cielo entre Lucifer y sus ángeles por un lado, y Cristo y sus ángeles por el otro. En este pasaje, a Lucifer se lo llama «el gran dragón», la «serpiente antigua», el «diablo y Satanás» y «el acusador de nuestros hermanos» (Apoc. 12:9, 10). A Cristo se lo llama «Miguel» (Apoc. 12:7), que significa «Quién es como Dios».

Algunos intérpretes se basan en la alusión al «arcángel Miguel» (Jud. 9) para afirmar que es solo un ser angelical. Pero, en el libro de Daniel, cada visión importante culmina con Cristo y su Reino eterno: como la piedra cortada no con mano (Dan. 2:34, 45); el Hijo de hombre (Dan. 7:13); el Príncipe de los ejércitos y el Príncipe de los príncipes (Dan. 8:11, 25); y como Miguel, el gran Príncipe (Dan. 12.’1). Por lo tanto, como el Ángel de Jehová es Dios mismo (Éxo. 3:1-6; Hech. 7:30-33; etc.), Miguel debe ser la misma Persona divina; es decir, Cristo mismo.

Apocalipsis 12 ofrece una descripción general de este conflicto vigente, que (1) comenzó en el cielo con la rebelión de Lucifer y un tercio de los ángeles celestiales, (2) culminó con la victoria decisiva de Cristo en la Cruz, y (3) aún continúa contra el pueblo remanente de Dios del tiempo del fin.

Al reflexionar sobre el comienzo de este conflicto, Elena de White explica que, «en su gran misericordia, Dios soportó pacientemente a Lucifer por mucho tiempo. Este no fue expulsado inmediatamente de su puesto elevado cuando se dejó arrastrar primero por el espíritu de descontento, ni tampoco cuando empezó a presentar sus falsos asertos ante los ángeles leales. Fue retenido por mucho tiempo en el cielo. Varias y repetidas veces se le ofreció el perdón con la condición de que se arrepintiese y sometiese» (CS 549, 550).

No sabemos cuánto duró esa guerra en el plano celestial. Al margen de su intensidad y duración, el aspecto más importante de toda la lucha es que Satanás y sus ángeles «no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo» (Apoc. 12:8; ver también Luc. 10′.18). El problema ahora, por supuesto, es que vinieron aquí, a la Tierra.

¿Cómo podemos ver la realidad de esta batalla que se desarrolla en la Tierra? ¿Cuál es nuestra única esperanza de vencer a nuestro enemigo en esta batalla?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Después que Satanás y los que cayeron con él fueron echados del cielo, y él se dio cuenta de que había perdido para siempre toda la pureza y gloria de aquel lugar, se arrepintió, y quiso ser reintegrado allí. Estaba dispuesto a ocupar su propio lugar, o cualquier puesto que se le asignase. Pero no; el cielo no debía ser puesto en peligro. Todo el cielo podría contaminarse si se le recibía de vuelta; pues el pecado había comenzado con él, y la semilla de la rebelión estaba en su fuero interno. Tanto él como sus secuaces lloraron, e imploraron que se los volviese a recibir en el favor de Dios. Pero su pecado —su odio, su envidia y sus celos— habían sido tan grandes que Dios no podía borrarlos. Ese pecado había de subsistir para recibir su castigo final.

Cuando Satanás se dio plena cuenta de que no había posibilidad de que regresase al favor de Dios, su malicia y su odio comenzaron a manifestarse. Consultó a sus ángeles, y trazó un plan para seguir obrando contra el gobierno de Dios. Cuando Adán y Eva fueron puestos en el hermoso huerto, Satanás estaba haciendo planes para destruirlos… Se decidió que Satanás asumiría otra forma y manifestaría interés en el hombre. Tenía que hacerle insinuaciones contra la veracidad de Dios y crear dudas acerca de si Dios quería decir precisamente lo que decía; luego, excitar la curiosidad de la pareja e inducirla a tratar de inmiscuirse en los planes insondables de Dios —es decir cometer el mismo pecado del cual Satanás se había hecho culpable (Primeros escritos, pp. 146, 147).

Cuando el alma se entrega a Cristo, un nuevo poder se posesiona del nuevo corazón. Se realiza un cambio que ningún hombre puede realizar por su cuenta. Es una obra sobrenatural, que introduce un elemento sobrenatural en la naturaleza humana. El alma que se entrega a Cristo, llega a ser una fortaleza suya, que él sostiene en un mundo en rebelión, y no quiere que otra autoridad sea conocida en ella sino la suya. Un alma así guardada en posesión por los agentes celestiales es inexpugnable para los asaltos de Satanás. Pero a menos que nos entreguemos al dominio de Cristo, seremos dominados por el maligno. Debemos estar inevitablemente bajo el dominio del uno o del otro de los dos grandes poderes que están contendiendo por la supremacía del mundo.

No es necesario que elijamos deliberadamente el servicio del reino de las tinieblas para pasar bajo su dominio. Basta que descuidemos de aliarnos con el reino de la luz. Si no cooperamos con los agentes celestiales, Satanás se posesionará de nuestro corazón, y hará de él su morada. La única defensa contra el mal consiste en que Cristo more en el corazón por la fe en su justicia. A menos que estemos vitalmente relacionados con Dios, no podremos resistir los efectos profanos del amor propio, de la complacencia propia y de la tentación a pecar. Podemos dejar muchas malas costumbres y momentáneamente separarnos de Satanás; pero sin una relación vital con Dios por nuestra entrega a él momento tras momento, seremos vencidos (El Deseado de todas las gentes, p. 291).


Viernes 30 de septiembre_____________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, Patriarcas y profetas, «El origen del mal», pp. 11-23; El conflicto de los siglos, «El origen del mal y del dolor», pp. 546-558.

«No había esperanza posible para la redención de quienes [Satanás y sus ángeles] habían presenciado y disfrutado de la inexpresable gloria del cielo, y habían visto la terrible majestad de Dios, y en presencia de toda esta gloria se habían rebelado contra él. No hubo ninguna exhibición nueva ni maravillosa del exaltado poder de Dios que pudiera impresionarlos tan profundamente como las que ya habían experimentado. Si pudieron rebelarse en la misma presencia de una gloria inexpresable, no podían ser puestos en una condición más

favorable para ser probados. No había reserva de poder, ni mayores alturas ni profundidades de gloria infinita para dominar sus celosas dudas y sus rebeldes murmuraciones. Su culpa y su castigo debían ser proporcionales a sus exaltados privilegios en las cortes celestiales» (Con 21).

«Desde el principio, Dios y Cristo sabían de la apostasía de Satanás y de la caída del hombre por causa del poder seductor del apóstata. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para enfrentar la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo que se comprometió a dar a su Hijo unigénito, ‘para que todo aquel en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna’ (Juan 3:16)» (DTG 13, 14).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En clase, diluciden la pregunta de si Dios es el responsable último del origen y la existencia del mal en nuestro mundo. ¿Cómo podríamos tratar de responder a esa acusación?
  2. ¿Cómo encaja la Cruz con nuestra percepción de toda esta cuestión del mal? ¿Por qué la Cruz y lo que sucedió allí deben ser fundamentales para cualquier interpretación del origen del mal?
  3. Después de tantos milenios de pecado y sufrimiento en nuestro mundo, Satanás debería ser plenamente consciente de las trágicas consecuencias de su rebelión. Entonces, ¿por qué sigue rebelándose contra Dios?
  4. En Mateo 5:43 al 48, Cristo habla del amor incondicional de Dios por todos los seres humanos como el modelo para todas nuestras interacciones. ¿Cómo puedes seguir más de cerca este patrón con tu familia y tu iglesia?
  5. El apóstol Pedro nos advierte que «el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Ped. 5:8). Lee también Efesios 6:10 al 20. ¿Cómo podemos vencer las «asechanzas del diablo» (Efe. 6:11)?

COMENTARIO DEL VIDEO

¿Cómo empezó todo el mal? Dado que el universo fue creado por un Dios amante, es razonable asumir que el mal, la violencia y el conflicto indudablemente no formaban parte de la Creación desde el principio.

El Conflicto debió haber surgido después de la creación original y es indudable que no fue resultado de la creación de Dios. Sin embargo, el Conflicto está aquí, es real y todos estamos involucrados.

El mundo caído es el campo de batalla del mayor conflicto que el universo celestial y los poderes de la tierra hayan presenciado jamás. Fue señalado como el escenario en el cual se libraría la mayor lucha entre el bien y el mal, entre el cielo y el infierno. Todo ser humano desempeña una parte en este conflicto. Nadie puede permanecer en terreno neutral. Los hombres pueden aceptar o rechazar al Redentor del mundo. Todos son testigos, en favor o en contra de Cristo. Cristo llama a los que se alistan bajo su estandarte para que entren con él en el conflicto como fieles soldados, para que puedan heredar la corona de la vida. Han sido adoptados como hijos e hijas de Dios. Cristo les ha dejado su promesa segura de que habrá un gran galardón en el reino de los cielos para que participen en su humillación y sufrimientos por causa de la verdad.

La cruz del Calvario desafía, y vencerá finalmente a todos los poderes terrenales e infernales. Toda influencia se concentra en la cruz, y de ella irradia en todas direcciones. Es el gran centro de atracción, porque en ella Cristo dio su vida por la raza humana. El sacrificio fue ofrecido con el propósito de restaurar al hombre a su perfección original; aún más, fue ofrecido para transformar completamente su carácter, y hacerlo más que vencedor. Los que venzan al gran enemigo de Dios y el hombre con la fortaleza de Cristo, ocuparán un puesto en las cortes celestiales superior al de los ángeles que nunca cayeron (Hijos e hijas de Dios, {HHD}, p. 244).

Nadie que reciba la palabra de Dios quedará libre de dificultades y pruebas; pero cuando se presenta la aflicción, el verdadero cristiano no se inquieta, no pierde la confianza ni se desalienta. Aunque no podamos ver los resultados finales, ni podamos discernir el propósito de las providencias de Dios, no hemos de desechar nuestra confianza. Recordando las tiernas misericordias del Señor, debemos descargar en él nuestra inquietud y esperar con paciencia su salvación.

La vida espiritual se fortalece con el conflicto. Las pruebas, cuando se las sobrelleva bien, desarrollan la firmeza de carácter y las preciosas gracias espirituales. El fruto perfecto de la fe, la mansedumbre y el amor, a menudo maduran mejor entre las nubes tormentosas y la oscuridad (Palabras de vida del gran Maestro, {PVGM}, pp. 40, 41).

Hay muchos que no comprenden el conflicto que se lleva a cabo entre Cristo y Satanás por las almas de los hombres. No advierten que si quieren permanecer bajo la bandera ensangrentada del Príncipe Emanuel, deben estar dispuestos a ser partícipes de sus conflictos y sostener una guerra resuelta contra los poderes de las tinieblas…

La obtención de la vida eterna siempre será una lucha, un conflicto. Debemos pelear continuamente la buena batalla de la fe. Somos soldados de Cristo y los que se alistan en su ejército deben esperar hacer una obra difícil que exigirá sus energías hasta lo sumo. Debemos comprender que la vida de un soldado es de lucha agresiva, de perseverancia y paciencia. Por causa de Cristo hemos de soportar pruebas (En los lugares celestiales, {ELC}, p. 261).

 

Ezequiel 28:1-2, y 11-17

1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:  Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios;

11 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:  12 Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.  13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.  14 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.  15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 16 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.  17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.

 

Isaías 14:12-14

12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.  13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;  14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

Lucifer era un ser perfecto que vivía en el cielo. ¿Cómo pudo haber surgido la iniquidad en él, especialmente en un ambiente como ese? No lo sabemos. Quizá sea esa la razón por la que la Biblia habla del “misterio de la iniquidad” en 2 Tesalonicenses 2:7

Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.”

Más allá de la realidad del libre albedrío que Dios les ha dado a todas sus criaturas inteligentes, no existe ninguna razón para la caída de Lucifer. Elena de White expresó estos pensamientos profundos: “Es imposible explicar el origen del pecado y dar una razón para su existencia […]. El pecado es un intruso, y no hay razón que pueda explicar su presencia. Es misterioso, inexplicable; excusarlo equivale a defenderlo. Si se pudiera encontrar alguna excusa para ello o mostrar la causa de su existencia, dejaría de ser pecado” (CS 484).

Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.  13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.  14 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.  15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.  16 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.  17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. (Ezequiel 28)

¿Cuál es el origen del nombre “Lucifer”?

«En realidad, hasta donde sepamos, este nombre no aparece en ninguna de las versiones en español. En inglés, aparece solamente en la versión King James, en Isaías 14:12. Esta pregunta nos brinda la oportunidad de examinar el papel de las antiguas traducciones en la interpretación del texto bíblico. Mi respuesta puede parecer algo técnica, pero si sigue la discusión entenderá algunas de las complejidades del tema. Afortunadamente, podemos identificar cómo el nombre Lucifer llegó hasta nuestros días.

  1. Origen del título «Lucifer». El término Lucifer es la traducción al español del término hebreo helel (“dar luz”, “brillar”). El significado del sustantivo hebreo fue preservado en la traducción griega de la Biblia hebrea a través del término heōsfóros (“portador del alba” o “estrella matutina”). El vocablo castellano “Lucifer” proviene del latín, que traduce el griego heōsfóros al latíno lucifer, que simplemente significa “portador de luz”. Los padres de la iglesia primitiva emplearon el término latino “Lucifer” como un nombre propio para referirse a Satanás. Los traductores de la versión King James decidieron retener el término latino en su traducción, que llegó a ser “Lucifer”, otro nombre de Satanás. El término hebreo no es un nombre propio, sino un epíteto. Epíteto es un apodo, sobrenombre, adjetivo calificativo}.
  2. El significado hebreo. La expresión hebrea utilizada en Isaías 14:12 12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.  podría ser traducida como “el que brilla [helel] hijo de la mañana [ben shajar]”. Tradicionalmente, helel utilizado sólo aquí en el Antiguo Testamento, ha sido entendido como una designación de algo que es brillante o refulgente, que proviene del verbo halal, “brillar”, “dar luz”. Se ha sugerido que el término hebreo se refiere a Venus, el astro matinal, pero no existe ninguna evidencia lingüística que apoye esta interpretación. La sugerencia podría estar fundamentada en que, en ocasiones, el término griego heōsfóros y el latino lucifer son utilizados para designar a Venus.

Otro argumento que podría ser utilizado está fundamentado en el significado de la frase “hijo de la mañana”. En este caso, el término hijo expresa la idea de “perteneciente a”; es decir, su brillantez pertenece a la mañana o es la luz de ella. Las versiones griega y latina rezan “[la estrella de la mañana] que asoma temprano”, en lugar de “hijo de la mañana”, fortaleciendo la idea de que “estrella matutina” se refiere a Venus. El sustantivo sajres utilizado en el Antiguo Testamento para denominar la primera luz o claridad de la mañana, el alba. El hebreo podría ser traducido como “lucero [estrella], la claridad de la mañana” y podría estar refiriéndose a Venus, tal como éste aparece en el cielo matutino. Esta interpretación es muy probable, pero aún está lejos de ser certera y descansa demasiado en antiguas traducciones.

Probablemente, sea mejor entender “Lucero, hijo de la mañana” como una manera de enfatizar la gloria de su ser, al igual que su posición de privilegio. Está siendo comparado con la belleza del alba matutina, la primera luz de la mañana que anuncia el comienzo de un nuevo día. Esa posición gloriosa y destacada es empleada metafóricamente para referirse a este glorioso ser. El nombre “Lucifer” viene a expresar la idea de un ser celestial; y a eso hace referencia la idea básica del texto bíblico.

  1. Alcances teológicos.La imagen retórica del Nuevo Testamento de la estrella matutina, sugerida por el griego, se aplica a Jesús. Originalmente, “Lucifer” no estuvo totalmente satisfecho con su posición celestial y buscó ascender al cielo, entronarse en el monte celestial del testimonio (Isa. 14:13). 13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;

Esta búsqueda de grandeza provocó su caída del cielo. En contraste, Jesús no persiguió la grandeza; voluntariamente, descendió de su elevada posición para servir a otros, y Dios “lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre” (Fil. 2:9, NVI). Cristo es el único que puede reclamar verdaderamente el título de “la estrella resplandeciente de la mañana” (Apoc. 22:16). Esperamos, expectantes, el momento en el que nuestro Lucero de la mañana aparezca para traernos salvación.»

 

Si Dios sabía que Lucifer se rebelaría, ¿por qué lo creó?

Esta es una de las preguntas que muchas personas, tanto cristianas como ateas, se hacen constantemente.

Esta es una pregunta a la que es prácticamente imposible dar una respuesta definitiva. Este tema no es abordado explícitamente en la Biblia. Por lo tanto, todo intento de respuesta será incompleto y en algún sentido incluirá elementos de la especulación. Preguntas como estas cargan en su interior el temor a que Dios, de alguna manera, pueda estar implicado en el origen del pecado en el universo. Estos son algunos pensamientos.

  1. La conexión de Dios con el pecado y el mal. Cuando se refiere al origen del pecado y del mal, la Biblia rechaza el monismo y el dualismo.

El monismo dice que Dios es el originador tanto del bien como del mal y el dualismo sostiene que el bien y el mal son dos principios eternos que han estado peleando eternamente entre sí.

La Biblia ofrece un dualismo modificado que niega la naturaleza eterna del pecado y el mal, al afirmar que este fenómeno tuvo un comienzo y también tendrá un final. Dado que Dios es eterno y el pecado y el mal no, podemos llegar a la conclusión de que no pertenecen a la esencia divina. Pero ¿podrían formar parte de la actividad creativa de Dios? ¿Los creó Dios? La respuesta bíblica es clara: todo lo que Dios creó «era bueno en gran manera» (Gén. 1:31). Esto afirma la virtud esencial de lo que vino a la existencia por medio del poder creativo de Dios.

  1. La conexión de Dios con Lucifer. ¿Y con respecto a Lucifer? Fue creado por Dios. La Biblia declara tres cosas importantes acerca de él. Primero, es una criatura; segundo, cuando Dios lo creó, era «perfecto»; y tercero, posteriormente «se halló en [él] maldad» (Eze. 28:15). El texto afirma la virtud de la creación de Dios, al mismo tiempo que reconoce que algo horrible le ocurrió a esta criatura («se halló en ti maldad»). Pero la última frase, ¿sugiere algo intrínsecamente malo en Lucifer que, en algún momento, se hizo manifiesto?

Aquí enfrentamos el misterio del origen del pecado: su irracionalidad. Si bien el querubín perfecto se puede explicar claramente como el producto de la creación divina, la maldad es un fenómeno inesperado que «se halló» (del hebreo matsá) en él. El uso pasivo del verbo en otros contextos legales nos lleva a concluir que aquí también tiene un sentido legal (ver Ester 2:23; Sal. 17:3; 1 Sam. 25:28). La conducta extraña del querubín fue examinada legalmente y resultó ser malvada. El procedimiento legal era necesario porque la conducta del querubín no correspondía con lo que se esperaba de él. La corte llegó a la conclusión de que había «maldad» en él.

En este último párrafo la parte esencial que necesitamos comprender es el verbo hebreo MATSÁ. Este verbo denota una acción legal o un juicio, por ejemplo, Ester 2 23 dice: » Se hizo investigación (MATSA) del asunto, y fue hallado cierto; por tanto, los dos eunucos fueron colgados en una horca. Y fue escrito el caso en el libro de las crónicas del rey.” A Lucifer no fue que se le declaró su pecado solo por ver su comportamiento, ¡no!, hubo un juicio en el cielo, se celebró juicio en contra de él, y en el juicio se le encontró «Maldad»

 

  1. Explorando la mente divina. El hecho de que Dios sea omnisciente significa que sabía por anticipado que Lucifer, el portador de luz, se convertiría en Satanás, el acusador.

Dado que Dios es omnipotente, el pecado y el mal existen porque Dios permitió que existieran. ¿Por qué Dios lo permitió? Esta es la pregunta del millón.

Algunos teólogos han establecido una distinción entre la naturaleza de Lucifer y su voluntad. Su naturaleza, tal como fue creada por Dios, era buena; pero su voluntad, tal como fue utilizada por él, lo condujo al pecado y al mal. Dios es responsable de lo primero, -DE SU NATURALEZA PERFECTA-  pero no de lo segundo -DE SU VOLUNTAD-.

El mal uso de la voluntad está basado en la libertad que Dios otorgó a sus criaturas inteligentes, pero no estuvo predeterminado por Dios.

¡Pero Dios no es como nosotros! Una vez que Él ha decidido crear algo o alguien, ninguna fuerza real o potencial lo forzaría a alterar sus planes. De otra manera, el temor al pecado lo hubiera derrotado antes de crear algo.

Dios es el Valiente que, sin cambiar su plan, decidió enfrentar el problema del pecado y del mal, y resolverlo de una vez por todas por medio de su Hijo. ¡Y lo hizo!

Quizá esto es lo que sucedió, aunque no lo podemos demostrar en forma categórica. Sigamos el razonamiento del espíritu de profecía:

«Los habitantes del cielo y de los demás mundos, no estando preparados para comprender la naturaleza ni las consecuencias del pecado, no podrían haber reconocido la justicia y misericordia de Dios en la destrucción de Satanás. De haber sido éste aniquilado inmediatamente, aquéllos habrían servido a Dios por miedo más bien que por amor. La influencia del seductor no habría quedado destruida del todo, ni el espíritu de rebelión habría sido extirpado por completo. Para bien del universo entero a través de las edades sin fin, era preciso dejar que el mal llegase a su madurez, y que Satanás desarrollase más completamente sus principios, a fin de que todos los seres creados reconociesen el verdadero carácter de los cargos que arrojara él contra el gobierno divino y a fin de que quedaran para siempre incontrovertibles la justicia y la misericordia de Dios, así como el carácter inmutable de su ley. {CI 11.3}»

 

El primer pecador fue uno a quien Dios había ensalzado grandemente… Poco a poco Satanás fue complaciendo el deseo de ensalzamiento propio. Las Escrituras dicen: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor”. “Tú que decías en tu corazón: … En lo alto, junto a las estrellas de Dios levantaré mi trono… seré semejante al Altísimo”. Aunque toda su gloria provenía de Dios, este poderoso ángel llegó a considerarla como algo propio No contento con su posición, aunque era honrado por encima de la hueste celestial, se atrevió a codiciar un homenaje que solo corresponde al Creador. En vez de procurar que Dios fuera supremo en el afecto y en la lealtad de todos los seres creados, procuró conseguir para sí mismo ese servicio y esa lealtad. Y al codiciar la gloria que el Padre infinito ha conferido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba a un poder que solo correspondía a Cristo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, {4BC}, t. 4, p. 1183).

Satanás es un engañador. Cuando él pecó en el cielo, aun los ángeles leales no discernieron plenamente su carácter. Esta es la razón por la cual Dios no destruyó en el acto a Satanás. Si lo hubiese hecho, los santos ángeles no hubieran percibido la justicia y el amor de Dios. Una duda acerca de la bondad de Dios habría sido una mala semilla productora de amargos frutos de pecado y dolor. Por lo tanto, el autor del mal fue dejado con vida hasta que desarrollase plenamente su carácter. A través de las largas edades, Dios ha soportado la angustia de contemplar la obra del mal, y otorgó el infinito Don del Calvario antes de permitir que alguien fuese engañado por las falsas interpretaciones del maligno; pues la cizaña no podía ser extirpada sin peligro de desarraigar también el grano precioso. ¿Y no seremos nosotros tan tolerantes para con nuestros semejantes como el Señor del cielo y de la tierra lo es con Satanás? (Palabras de vida del gran Maestro, {PVGM}, p. 51).

Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo.

Mediante el debido uso de la voluntad, cambiará enteramente la conducta. Al someter nuestra voluntad a Cristo, nos aliamos con el poder divino. Recibimos fuerza de lo alto para mantenernos firmes. Una vida pura y noble, de victoria sobre nuestros apetitos y pasiones, es posible para todo el que une su débil y vacilante voluntad a la omnipotente e invariable voluntad de Dios (Ministerio de curación, {MC}, p. 131).

Cuando Satanás se dió plena cuenta de que no había posibilidad de que regresase al favor de Dios, su malicia y su odio comenzaron a manifestarse. Consultó a sus ángeles, y trazó un plan para seguir obrando contra el gobierno de Dios. Cuando Adán y Eva fueron puestos en el hermoso huerto, Satanás estaba haciendo planes para destruirlos. De ningún modo podía verse privada de su felicidad esa pareja dichosa si obedecía a Dios. Satanás no podía ejercer su poder contra ella a menos que primero desobedeciesen a Dios y perdiesen su derecho al favor divino. Había que idear algún plan para inducirlos a desobedecer a fin de que incurriesen en la desaprobación de Dios y fuesen puestos bajo la influencia más directa de Satanás y sus ángeles. Se decidió que Satanás asumiría otra forma y manifestaría interés en el hombre. Tenía que hacerle insinuaciones contra la veracidad de Dios y crear dudas acerca de si Dios quería decir precisamente lo que decía; luego, excitar la curiosidad de la pareja e inducirla a tratar de inmiscuirse en los planes insondables de Dios—es decir cometer el mismo pecado del cual Satanás se había hecho culpable (Primeros escritos, {PE}, p. 146).

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.

{Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.}

13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. 14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. 15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río 16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca. 17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

La pregunta para contestar en este día es: ¿Cuándo se realizó la gran batalla en el cielo entre Miguel y el dragón? Si leemos detenidamente el capítulo 12 de Apocalipsis, nos damos cuenta de que los versículos 7 al 12 son un paréntesis que se le hace a la lectura; es decir que, si leemos del versículo 1 al 6, y del 13 en adelante, le encontraremos mucho sentido y fluidez a la lectura del capítulo 12.

En los versículos 4 y 5 encontramos el corazón de este conflicto; allí nos damos cuenta de que la Biblia describe al dragón en espera del nacimiento del bebé Mesías, para destruirlo lo más pronto posible.

Con la información que obtenemos del capítulo 12 de Apocalipsis, llegamos a la conclusión de que esta batalla en el cielo entre Miguel y el dragón, calza con los sucesos que se dieron en los días de la muerte de Cristo, ya que ocurre después del nacimiento del Mesías pero antes de la persecución de la iglesia; exactamente entre el nacimiento del Mesías y la persecución de la iglesia, está la muerte de Cristo.

El mejor lugar para colocar la expulsión de Satanás es alrededor de la cruz de Cristo. Cristo aseguró que la expulsión de Satanás del cielo ocurriría como resultado de su muerte:

17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. 20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. Lucas 10

31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. 33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir.  Juan 12

En el siguiente texto, nos relata la expulsión de Satanás del cielo, y también se nos hace un recordatorio de que este que fue expulsado es la misma «serpiente antigua”, la que estaba en el Edén, la que engañó a nuestros primeros padres, y su nombre es diablo y Satanás.  Esta expulsión del dragón del cielo, o sea Satanás, está ligada precisamente con la muerte de Cristo.

Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Apocalipsis 12

En Isaías 14:12 encontramos que un ser celestial es arrojado a la Tierra después de fracasar en su intento por hacerse a sí mismo como Dios. Esta expulsión declara con todas sus letras que la expulsión fue del cielo a la tierra.

12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Isaías 14

Ya descubrimos una expulsión de Satanás del cielo, suceso que ocurre con la muerte de Jesucristo. Pero si recurrimos al Espíritu de Profecía, descubrimos que son dos expulsiones del cielo las que ha sufrido Satanás: una expulsión sucedió antes de que la tierra fuera creada, y la segunda expulsión tuvo lugar al final del ministerio del Mesías, después de la muerte de Jesús.

“Rebelarse contra el gobierno de Dios era un crimen enorme. Todo el cielo parecía estar en conmoción. Los ángeles se ordenaron en compañías; cada división tenía un ángel comandante al frente. Satanás estaba combatiendo contra la ley de Dios por su ambición de exaltarse a sí mismo y no someterse a la autoridad del Hijo de Dios, el gran comandante celestial.

Se convocó a toda la hueste angélica para que compareciera ante el Padre, a fin de que cada caso quedase decidido. Satanás manifestó con osadía su descontento porque Cristo había sido preferido antes que él. Se puso de pie orgullosamente y sostuvo que debía ser igual a Dios y participar en los concilios con el Padre y comprender sus propósitos.

El Señor informó a Satanás que sólo revelaría sus secretos designios a su Hijo, y que requería que toda la familia celestial, incluido Satanás, le rindiera una obediencia absoluta e incuestionable; pero que él (Satanás) había demostrado que no merecía ocupar un lugar en el cielo.

Entonces el enemigo señaló con regocijo a sus simpatizantes, que eran cerca de la mitad de los ángeles, y exclamó: “¡Ellos están conmigo! ¿Los expulsarás también y dejarás semejante vacío en el cielo?” Declaró entonces que estaba preparado para hacer frente a la autoridad de Cristo y defender su lugar en el cielo por la fuerza de su poder, fuerza contra fuerza.  {Historia de la Redención 18.1}

Entonces hubo guerra en el cielo. El Hijo de Dios, el Príncipe celestial y sus ángeles leales entraron en conflicto con el archirrebelde y los que se le unieron.

El Hijo de Dios y los ángeles fieles prevalecieron, y Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo. Toda la hueste celestial reconoció y adoró al Dios de justicia. Ni un vestigio de rebeldía quedó en el cielo. Todo volvió a ser pacífico y armonioso como antes. Los ángeles lamentaron la suerte de los que habían sido sus compañeros de felicidad y bienaventuranza. El cielo sintió su pérdida. {Historia de la Redención  19.1}

Si notamos en esta primera expulsión de Satanás, Satanás no fue arrojado a la tierra como muchos creen y enseñan, ya que la tierra aún no había sido creada.

Satanás en esta primera expulsión tampoco fue a otros planetas ¿A dónde fue? A ningún lugar, se quedó a la entrada del cielo,

Entonces hubo guerra en el cielo. El Hijo de Dios, el Príncipe celestial y sus ángeles leales entraron en conflicto con el archirrebelde y los que se le unieron. El Hijo de Dios y los ángeles fieles prevalecieron, y Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo.—La Historia de la Redención, 19.

Los ángeles se empeñaron en batalla; Satanás quiso vencer al Hijo de Dios y a aquellos que se sometían a su voluntad. Pero prevalecieron los ángeles buenos y fieles, y Satanás, con sus secuaces, fue expulsado del cielo.—Primeros Escritos, 146.

«Satanás tembló al contemplar su obra. Meditaba a solas en el pasado, el presente y sus planes para el futuro. Su poderosa contextura temblaba como si fuera sacudida por una tempestad. Entonces pasó un ángel del cielo. Lo llamó y le suplicó que le consiguiera una entrevista con Cristo. Le fue concedida. Entonces le dijo al Hijo de Dios que se había arrepentido de su rebelión y deseaba obtener nuevamente el favor de Dios. Deseaba ocupar el lugar que Dios le había designado previamente, y permanecer bajo su sabia dirección. Cristo lloró ante la desgracia de Satanás, pero le dijo, comunicándole la decisión de Dios, que nunca más sería recibido en el cielo… Las semillas de la rebelión todavía estaban dentro de él…

Cuando Satanás se convenció plenamente de que no había posibilidad alguna de recuperar el favor de Dios, manifestó su maldad con odio acrecentado y ardiente vehemencia…

Como no pudo lograr que lo admitieran en el cielo, montó guardia en la entrada misma de él, para mofarse de los ángeles y buscar contiendas con ellos cuando entraban y salían.

-La Historia de la Redención, 24-27.

Ahora en medio de todo este problema con Satanás y sus ángeles, viene la creación de la tierra; pareciera que Dios creó una vía de escape, para que Satanás tuviera un lugar donde ir y continuar el combate entre el bien y el mal.

Entonces nos formulamos la pregunta ¿Para qué realmente creó Dios al hombre? La respuesta es que el propósito de Dios en la creación del hombre era repoblar el cielo.

Ya casi la mitad de la población angelical se había perdido, y la intención de Dios, cuando creo al hombre, era repoblar ese vacío dejado por los ángeles con el mismo hombre. Tenemos que recordar que los ángeles no se pueden procrear, pero a los humanos se les dio la facultad de poder procrearse.

Después de la caída del hombre, el plan de Dios para repoblar el vacío dejado por los ángeles en el cielo aún sigue en pie, ya que los redimidos llenarán la vacante dejada por los ángeles.

«Dios creó al hombre para la gloria divina, para que después de pasar por la prueba y la aflicción la familia humana pudiera llegar a ser una con la familia celestial. El propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana.»—Comentario Bíblico Adventista 1:1096.

«Las vacantes que se produjeron en el cielo por la caída de Satanás y sus ángeles, serán llenadas por los redimidos del Señor.»—The Review and Herald, 29 de mayo de 1900

Tenemos que recordar que Satanás no tenía en la mira vencer a la tierra solamente, el creía que en la misma forma que pudo engañar a la mitad de la población angelina, tenía la capacidad de engañar a los otros mundos; por lo tanto, su plan era de alcance universal, no solamente terrenal.

«El gobierno de Dios no sólo incluía a los habitantes del cielo sino también a los de todos los mundos creados. Satanás pensó que si él podía arrastrar a las inteligencias celestiales en su rebelión, también podía hacerlo con los seres de otros mundos.»—The Review and Herald, 9 de marzo de 1886. {La Verdad Acerca de los Ángeles 39.2}

Las verdaderas intenciones o motivos de Satanás en hacer caer a los habitantes de la tierra fueron dos:

El primer motivo y prioridad número uno, interesantemente, fue buscar una segunda oportunidad para obtener la misericordia y el perdón de Dios. Satanás creía que, si el hombre pecaba la misericordia de Dios perdonaría al hombre y entre el hombre se los podría incluir a ellos.

«Los seguidores de Satanás salieron a su encuentro, y él se levantó, asumiendo un aire arrogante, y les informó acerca de sus planes para apartar de Dios al noble Adán y a su compañera Eva. Si de alguna manera podía inducirlos a desobedecer, Dios haría algo para perdonarlos; entonces él y todos los ángeles caídos dispondrían de una buena oportunidad para compartir con ellos la misericordia de Dios.” {HR 28.1 Historia de la Redención }

La segunda prioridad, por si la primera fallaba, era posesionarse del árbol de la vida; una vez logrado esto, ellos pensaban tener un territorio de acción; su oficina universal sería la tierra, y el árbol de la vida les garantizaría la vida eterna.

«Si eso fallaba, podrían unirse con Adán y Eva, pues una vez que hubieran transgredido la ley de Dios estarían sometidos a la ira divina lo mismo que ellos. Su transgresión también los pondría a ellos en estado de rebelión, y podrían unirse con Adán y Eva para tomar posesión del Edén y establecer allí su morada. Y si lograban tener acceso al árbol de la vida que estaba en medio del jardín, su fortaleza sería, según ellos, igual a la de los ángeles santos, y ni Dios mismo podría expulsarlos de allí.» {HR 28.1 Historia de la Redención }

Pero no contaba Satanás con la idea de que Dios tomaría posesión inmediatamente del árbol de la vida. No sólo tomó posesión del árbol de la vida solamente, sino de todo el complejo jardín del Edén.

De acuerdo con el Espíritu de Profecía, el jardín del Edén fue trasladado al cielo antes del diluvio, y Dios lo tiene guardado y remodelado para ser entregado de nuevo a su antiguos dueños -los seres humanos redimidos-, cuando la tierra sea renovada

«Santos ángeles fueron enviados a conducir a la pareja desobediente fuera del jardín, mientras otros ángeles guardaban el camino al árbol de la vida. Cada uno de estos poderosos ángeles tenía una espada resplandeciente en su mano derecha.»—Spiritual Gifts 3:45.  (Regalos Espirituales)

«Ángeles poderosos, con rayos de luz que parecían espadas encendidas que se movían en todas direcciones, fueron colocados como centinelas para evitar que Satanás o la pareja culpable tuvieran acceso al árbol de la vida.»—The Review and Herald, 24 de febrero de 1874.

«El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después que el hombre fuera expulsado de sus agradables senderos. Durante mucho tiempo después, se le permitió a la raza caída contemplar de lejos el hogar de la inocencia, cuya entrada estaba vedada por los vigilantes ángeles.»—Historia de los Patriarcas y Profetas,

Entonces llegamos a la conclusión de que ha habido dos expulsiones de Satanás del cielo: La primera se da después de su rebelión y la segunda se da después de la muerte de Cristo.

Yo personalmente creo que la segunda expulsión de Satanás se dio en el mismo domingo de la resurrección; el domingo en la mañana, cuando María lo encontró; Jesús no permitió el contacto físico de ella con él. Ella estaba a punto de abrazarlo, pero Jesús se lo impidió: «Le dice Jesús: No me toques; porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.» Juan 20: 17    María es comisionada para dar las buenas nuevas a los discípulos, y allí mismo también Jesús le indica que irá inmediatamente al trono del Padre en los cielos.

Más tarde en ese mismo día Jesús se le presenta a los 11 discípulos a la hora de la cena, y él los invita a tocarlo y darse cuenta de que él no era un espíritu:  36 Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.  37 Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.  38 Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.  40 Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. (Lucas 24)

El primer día de la semana, muy temprano, antes que amaneciese, las santas mujeres llegaron al sepulcro con aromas para ungir el cuerpo de Jesús. Vieron que la losa había sido apartada de la entrada y el sepulcro estaba vacío. Temerosas de que los enemigos hubiesen robado el cuerpo, se les sobresaltó el corazón; pero de pronto contemplaron a los dos ángeles vestidos de blanco con refulgentes rostros. Estos seres celestiales comprendieron la misión que venían a cumplir las mujeres, e inmediatamente les dijeron que Jesús no estaba allí, pues había resucitado, y en prueba de ello podían ver el lugar donde había yacido. Les mandaron que fueran a decir a los discípulos que Jesús iba delante de ellos a Galilea. Con gozoso temor se apresuraron las mujeres a buscar a los afligidos discípulos y les refirieron cuanto habían visto y oído. (PE 185.2)

Los discípulos no podían creer que Cristo hubiese resucitado, pero se encaminaron presurosos al sepulcro con las mujeres que les habían traído la noticia. Vieron que Jesús no estaba allí, y aunque el sudario y los lienzos dejados en el sepulcro eran una prueba, se resistían a creer la buena nueva de que hubiese resucitado de entre los muertos. Volvieron a sus casas maravillados de lo que habían visto y del relato de las mujeres. Pero María prefirió quedarse cerca del sepulcro, pensando en lo que acababa de ver y angustiada por la idea de que pudiera haberse engañado. Presentía que la aguardaban nuevas pruebas. Su pena recrudeció y prorrumpió en amargo llanto. Se agachó a mirar otra vez el interior del sepulcro, y vió a dos ángeles vestidos de blanco, uno sentado a la cabecera del sepulcro, y el otro a los pies. Le hablaron tiernamente preguntándole por qué lloraba, y ella respondió: “Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.” (PE 186.1)

Al volverse atrás, María vió a Jesús allí cerca; pero no lo conoció. El le habló suavemente, preguntándole la causa de su tristeza y a quién buscaba. Suponiendo María que se trataba del hortelano, le suplicó que si se había llevado a su Señor, le dijera en dónde lo había puesto para llevárselo ella. Entonces Jesús le habló con su propia voz celestial, diciendo: “¡María!” Ella reconoció el tono de aquella voz querida, y prestamente respondió: “¡Maestro!” con tal gozo que quiso abrazarlo. Pero Jesús le dijo: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” Alegremente se fué María a comunicar a los discípulos la buena nueva. Pronto ascendió Jesús a su Padre para oír de sus labios que aceptaba el sacrificio, y recibir toda potestad en el cielo y en la tierra. (PE 186.2)

Los ángeles rodeaban como una nube al Hijo de Dios, y mandaron levantar las puertas eternas para que entrase el Rey de gloria. Vi que mientras Jesús estaba con aquella brillante hueste celestial en presencia de Dios y rodeado de su gloria, no se olvidó de sus discípulos en la tierra, sino que recibió de su Padre potestad para que pudiera volver y compartirla con ellos. El mismo día regresó y se mostró a sus discípulos, consintiendo entonces en que lo tocasen, porque ya había subido a su Padre y recibido poder.  (PE 187.1)

Ese día domingo, fue un día muy especial: Jesús se presentó en el cielo para recibir la aprobación del Padre por su sacrificio. Su obra se había realizado en armonía con las expectativas del Padre y cumplía con las demandas del Cielo para la salvación del hombre.

El imperio de Satanás había caído. Ahora Jesús, con su muerte, con su resurrección y con la aprobación de Dios, había logrado arrebatar la tierra a su antiguo príncipe. Para mí, es allí donde se cumplen las palabras de capítulo 12 de Apocalipsis:

 Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

Elena de White, visitó el cielo en varias ocasiones y encontró el sistema de seguridad angelical a la entrada del cielo; posiblemente para evitar el acceso al cielo de algún ser no deseado o expulsado anteriormente:

«En la santa ciudad hay perfecto orden y armonía. Todos los ángeles comisionados para visitar la tierra llevan una tarjeta de oro que, al salir o entrar en la ciudad, presentan a los ángeles de la puerta. El cielo es un lugar agradable. Yo anhelo estar allí y contemplar a mi hermoso Jesús que por mí dió la vida, y ser transmutada a su gloriosa imagen. ¡Oh! ¡quién me diera palabras para expresar la gloria del brillante mundo venidero! Estoy sedienta de las vivas corrientes que alegran la ciudad de nuestro Dios.» {Primeros Escritos 39.2}

 

El usurpador continuó justificándose a sí mismo hasta el mismo fin del conflicto en el cielo. Cuando se anunció que junto con todos sus simpatizantes debía ser expulsado de las moradas de gloria, entonces el caudillo rebelde atrevidamente expresó su desprecio por la ley del Creador. Condenó los estatutos divinos como una restricción de la libertad de sus seguidores y declaró que tenía el propósito de conseguir que la ley fuera abolida. Unánimemente, Satanás y su hueste echaron toda la culpa de su rebelión a Cristo, declarando que si no hubiesen sido reprobados, nunca se hubieran rebelado.

La rebelión de Satanás habría de ser una lección para el universo a través de todos los siglos venideros, un testimonio perpetuo de la naturaleza y de los terribles resultados del pecado. La actuación del gobierno de Satanás, sus efectos tanto sobre los hombres como sobre los ángeles, demostrarían cuál es el inevitable fruto de desechar la autoridad divina. Testificarían que el bienestar de todas las criaturas que Dios ha hecho depende de la existencia del gobierno divino y de su ley. De modo que la historia de este terrible ensayo de rebelión habría de ser una salvaguardia perpetua para todos los seres santos inteligentes, para impedir que fueran engañados en cuanto a la naturaleza de la transgresión, para librarlos de cometer pecados y sufrir su castigo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, {4BC}, t. 4, pp. 1183, 1184).