Escuela Sabatica Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica


1 comentario

Lección 12 – LA FE DEL PACTO – Para el 19 de junio de 2021


Lección 12 en PDF, haga «CLICK» aquí


Por favor visite esta página mas tarde para encontrar el enlace, o visite escuela sabática maestros Tony Garcia en YouTube.

Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el día domingo.


Si desea ver esta lección en YouTube, por favor haga «CLICK» en los siguiente enlace.

Si desea escuchar solamente el AUDIO, haga «CLICK» en el siguiente icono (icon).

 


Lección 12: Para el 19 de junio de 2021

LA FE DEL PACTO

Sábado 12 de junio________________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 6:14; Romanos 6:23; 1 Juan 5:11, 13; Romanos 4:1-7; Levítico 7:18; 17:1-4; Romanos 5:1.

PARA MEMORIZAR:

“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá” (Gál. 3:11).

El poeta Homero (c. siglo VII a.C.) escribió La Odisea, la historia de Odiseo (Ulises), el gran guerrero que, después de saquear la ciudad de Troya en la guerra de Troya, inició un viaje de diez años para intentar regresar a su Ítaca natal. El viaje le llevó tanto tiempo porque enfrentó naufragios, motines, tormentas, monstruos y otros obstáculos, que le impidieron alcanzar su objetivo. Finalmente, después de decidir que Ulises había sufrido lo suficiente, los dioses acordaron permitir que el cansado guerrero regresara a su hogar y familia. Concordaron en que sus pruebas fueron expiación suficiente por sus errores.

En cierto sentido, nosotros somos como Ulises, que emprendimos un largo viaje a casa. Sin embargo, la diferencia primordial es que, a diferencia de Ulises, nunca podremos “sufrir lo suficiente” para ganarnos el camino de regreso. La distancia entre el Cielo y la Tierra es demasiado grande para que podamos reparar nuestros errores. Si llegamos a casa, será solo por la gracia de Dios.

Reseña de la semana: ¿Por qué la salvación debe ser un regalo? ¿Por qué solo Alguien igual a Dios podría rescatar nuestra alma? ¿Qué hace de Abraham un gran representante de la fe? ¿Qué significa que la justicia nos es “imputada”, o “acreditada”? ¿Cómo podemos apropiarnos de las promesas y la esperanza que se encuentran en la Cruz?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los judíos enseñaban que antes de que se extendiera el amor de Dios al pecador, este debía arrepentirse. A su modo de ver, el arrepentimiento es una obra por la cual los hombres ganan el favor del cielo. Y este fue el pensamiento que indujo a los fariseos a exclamar con asombro e ira: “Este a los pecadores recibe”. De acuerdo con sus ideas, no debía permitir que se le acercaran sino los que se habían arrepentido. Pero en la parábola de la oveja perdida, Cristo enseña que la salvación no se debe a nuestra búsqueda de Dios, sino a su búsqueda de nosotros. “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se apartaron”. Romanos 3:11, 12. No nos arrepentimos para que Dios nos ame, sino que él nos revela su amor para que nos arrepintamos.

Cuando al fin es llevada al aprisco la oveja perdida, la alegría del pastor se expresa con himnos melodiosos de regocijo. Llama a sus amigos y vecinos y les dice: “Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido”. Así también cuando el gran Pastor de las ovejas encuentra a un extraviado, el cielo y la tierra se unen en agradecimiento y regocijo (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 147, 148).

Cuando el pecador arrepentido, contrito delante de Dios, discierne la expiación de Cristo en su favor y acepta esa expiación como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados. Esto es justificación por la fe…

El pecador quizá yerre, pero no es desechado sin misericordia; sin embargo, su única esperanza es arrepentirse ante Dios y tener fe en el Señor Jesucristo. Es prerrogativa del Padre perdonar nuestras transgresiones y nuestros pecados, porque Cristo tomó sobre sí nuestra culpa y nos ha indultado dándonos su propia justicia. Su sacrificio satisface plenamente las demandas de la justicia.

Justificación es lo opuesto a condenación. La ilimitada misericordia de Dios se aplica a los que son completamente indignos. Él perdona las transgresiones y los pecados debido a Jesús, quien se ha convertido en la propiciación por nuestros pecados. El transgresor culpable es puesto en gracia delante de Dios mediante la fe en Cristo, y entra en la firme esperanza de vida eterna (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1070, 1071).

Debemos vivir por fe, porque sin ella es imposible agradar a Dios…

Cada alma, a su vez, tiene el privilegio de ejercer fe en nuestro Señor Jesucristo. Pero la pura vida espiritual se manifiesta solo cuando el alma se entrega para hacer la voluntad del Altísimo por medio de Cristo, el Salvador que nos vino a reconciliar con Dios. Tenemos el privilegio de ser modelados por el Espíritu Santo. Por medio de la fe entramos en comunión con Cristo Jesús, que mora en el corazón de todos los mansos y humildes. Su fe obra por el amor y purifica el alma; es una fe que da paz al corazón, y que conduce por la senda de la abnegación y el sacrificio (Cada día con Dios, p. 357).


Domingo 13 de junio_______________________________________________________________

REFLEXIONES DEL CALVARIO

El camino de la salvación del Antiguo Testamento bajo el pacto mosaico no es diferente del camino de la salvación del Nuevo Testamento bajo el Nuevo Pacto. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, en el Antiguo Pacto como en el Nuevo Pacto, la salvación es solo por fe. Si fuera por cualquier otra cosa, como las obras, la salvación sería algo que el Creador estaría “obligado” a darnos. Solo quienes no entienden la gravedad del pecado pueden creer que Dios tiene la obligación de salvarnos.

“Cuando los hombres y las mujeres puedan comprender plenamente la magnitud del gran sacrificio que fue hecho por la Majestad del cielo al morir en lugar del hombre, entonces será magnificado el Plan de Salvación, y al reflexionar en el Calvario se despertarán emociones tiernas, sagradas y vivas en el corazón del cristiano; vibrarán en su corazón y en sus labios alabanzas a Dios y al Cordero. El orgullo y la estima propia no pueden florecer en los corazones que mantienen frescos los recuerdos de las escenas del Calvario. […] Todas las riquezas del mundo no tienen suficiente valor para redimir a un alma que perece. ¿Quién puede medir el amor que sintió Cristo por el mundo perdido, mientras pendía de la Cruz sufriendo por los pecados de los hombres culpables? Este incomprensible amor de Dios fue inconmensurable, infinito.

“Cristo demostró que su amor era más fuerte que la muerte. Estaba cumpliendo la salvación del hombre; y aunque sostenía el más espantoso conflicto con las potestades de las tinieblas, en medio de todo ello su amor se intensificaba. Soportó que se ocultase el rostro de su Padre, hasta sentirse inducido a exclamar con amargura en el alma: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?’ Su brazo trajo salvación. Pagó el precio para comprar la redención del hombre cuando, en la última lucha de su alma, expresó las palabras bienaventuradas que parecieron repercutir por toda la Creación: ‘Consumado es’. […]

“Las escenas del Calvario despiertan la más profunda emoción. Tendrás disculpa si manifiestas entusiasmo por este tema. Que Cristo, tan excelso e inocente, hubiese de sufrir una muerte tan dolorosa y soportar el peso de los pecados del mundo, es algo que nuestros pensamientos e imaginaciones no podrán nunca comprender plenamente. No podemos medir la longitud, anchura, altura y profundidad de un amor tan asombroso. La contemplación de las profundidades inconmensurables del amor del Salvador deberían llenar la mente, conmover y enternecer el alma, refinar y elevar los afectos, y transformar completamente todo el carácter” (TI 2:191, 192).

Medita con oración sobre lo que Elena de White escribió aquí. Lee Gálatas 6:14 teniendo en mente estas líneas, y luego pregúntate: ¿De qué manera puedo gloriarme en la Cruz de Cristo?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La muerte de Cristo demuestra el gran amor de Dios por el hombre. Es nuestra garantía de salvación. Quitarle al cristiano la cruz sería como borrar del cielo el sol. La cruz nos acerca a Dios, y nos reconcilia con él. Con la perdonadora compasión del amor de un padre, Jehová contempla los sufrimientos que su Hijo soportó con el fin de salvar de la muerte eterna a la familia humana, y nos acepta en el Amado.

Sin la cruz, el hombre no podría unirse con el Padre. De ella depende toda nuestra esperanza. De ella emana la luz del amor del Salvador; y cuando al pie de la cruz el pecador mira al que murió para salvarle, puede regocijarse con pleno gozo; porque sus pecados son perdonados. Al postrarse con fe junto a la cruz, alcanza el más alto lugar que pueda alcanzar el hombre.

Mediante la cruz podemos saber que el Padre celestial nos ama con un amor infinito. ¿Debemos maravillarnos de que Pablo exclamara: “Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”? Gálatas 6:14. Es también nuestro privilegio gloriarnos en la cruz, entregarnos completamente a Aquel que se entregó por nosotros, Entonces, con la luz que irradia del Calvario brillando en nuestros rostros, podemos salir para revelar esta luz a los que están en tinieblas (Los hechos de los apóstoles, pp. 170, 171).

La cruz de Cristo, ¿cuántos creen realmente que es lo que debe ser? ¿Cuántos la aplican en sus estudios y conocen su verdadero significado? No habría un solo cristiano en este mundo si no fuera por la cruz de Cristo… Que todos, desde el más encumbrado hasta el más humilde, comprendan lo que significa la gloria de la cruz de Cristo. Esta cruz debe ser llevada con valentía y virilidad…

Esta es la ciencia más encumbrada que podemos aprender: la ciencia de la salvación. La cruz del Calvario, correctamente considerada, es verdadera filosofía, religión pura y sin contaminación. Es vida eterna para todos los que creen. Mediante esfuerzo penoso, línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y otro poquito allá, debiera impresionarse en las mentes la idea… de que la cruz de Cristo es tan eficaz actualmente como en los días de Pablo, y debiera ser tan perfectamente comprendida por ellos como por el gran apóstol (Hijos e hijas de Dios, p. 233).

Contemplando al Redentor crucificado, comprendemos más plenamente la magnitud y el significado del sacrificio hecho por la Majestad del cielo. El plan de salvación queda glorificado delante de nosotros, y el pensamiento del Calvario despierta emociones vivas y sagradas en nuestro corazón. Habrá alabanza a Dios y al Cordero en nuestro corazón y en nuestros labios; porque el orgullo y la adoración del yo no pueden florecer en el alma que mantiene frescas en su memoria las escenas del Calvario.

Los pensamientos del que contempla el amor sin par del Salvador, se elevarán, su corazón se purificará, su carácter se transformará. Saldrá a ser una luz para el mundo, a reflejar en cierto grado ese misterioso amor (El Deseado de todas las gentes, p. 616).


Lunes 14 de junio__________________________________________________________________

EL PACTO Y EL SACRIFICIO

 “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Ped. 1:18, 19).

¿Qué tiene en mente Pedro aquí cuando dice que fuimos rescatados?

Cuando Pedro habla de la muerte expiatoria de Cristo en la Cruz, la idea de “rescate” o precio a la que se refiere trae a la memoria la antigua práctica de que un esclavo era liberado de la esclavitud después de que, generalmente un pariente, pagaran un precio. En contraste, Cristo nos rescató de la esclavitud del pecado y su fruto final, que es la muerte, pero lo hizo con su “sangre preciosa”, su muerte sustitutoria y voluntaria en el Calvario. Una vez más, este es el fundamento de todos los Pactos: sin él, el Pacto se vuelve nulo y sin efecto, porque Dios no podría haber cumplido legítimamente su parte del trato, que es el don de la vida eterna otorgado para todos los que creen.

Busca los siguientes versículos: Romanos 6:23; 1 Juan 5:11, 13. ¿Qué mensaje comparten entre sí?

Romanos 6:23

23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

1 Juan 5:11, 13

11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

Tenemos esta promesa de la vida eterna solo porque Jesús pudo reparar esa brecha que inicialmente causó que perdiéramos esa vida eterna. ¿Cómo? Porque solo la justicia y el valor infinitos del Creador mismo podrían cancelar la deuda que teníamos con la Ley incumplida; así de grande era la brecha causada por el pecado. A fin de cuentas, ¿qué se podría decir de la seriedad de la eterna Ley moral de Dios si algún ser finito, temporal y creado pudiera pagar la pena por violarla? Solo alguien que es igual a Dios mismo, en quien existía la vida eterna original que no deriva de otra, podría haber pagado el rescate requerido para liberarnos de la deuda contraída con la Ley. Así es como se cumplen todas las promesas del Pacto; así es como tenemos la promesa de la vida eterna, incluso ahora; así es como hemos sido rescatados del pecado y de la muerte.

Imagina que el hijo de alguien, en un museo de arte, arrojara un globo lleno de tinta sobre un cuadro de Rembrandt y lo arruinara por completo. La pintura vale millones; los padres, por más que vendan todo lo que tienen, no podrían ni siquiera empezar a pagar la deuda. Esta ilustración ¿en qué medida nos ayuda a comprender cuán grave es el abismo que ha causado el pecado, cuán impotentes somos para solucionarlo y por qué solo el Señor pudo pagar la deuda?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El sacrificio del Salvador por nosotros es maravilloso, casi demasiado maravilloso para que lo comprenda el hombre, y estaba simbolizado en todos los sacrificios del pasado, en todos los servicios del Santuario simbólico. Y se demandaba ese sacrificio. Cuando comprendemos que el sufrimiento de Cristo fue necesario a fin de conseguir nuestro bienestar eterno, nuestros corazones son conmovidos y subyugados…

Nadie menos santo que el Unigénito del Padre podría haber ofrecido un sacrificio que fuera eficaz para limpiar a todos los que acepten al Salvador como a su expiación —aun a los más pecadores y degradados— y se hagan obedientes a la ley del Cielo. Nada menos que eso podía haber restaurado al hombre al favor de Dios…

Nuestro rescate ha sido pagado por nuestro Salvador. Nadie está forzado a ser esclavizado por Satanás. Cristo está ante nosotros como nuestro todopoderoso ayudador. “Debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Hebreos 2:17, 18 (Mensajes selectos, t. 1, pp. 363, 364).

Satanás en su odio contra Dios, en la tergiversación del carácter divino, manifestando irreverencia, desprecio y odio para con las leyes del gobierno de Dios, había hecho que la iniquidad llegara hasta el cielo. Tenía el propósito de incrementar la maldad hasta que alcanzara tales proporciones que pareciera imposible la expiación, de modo que el Hijo de Dios, que procuraba salvar al mundo perdido, quedara aplastado bajo la maldición del pecado. La obra del enemigo vigilante, al presentar ante Cristo los vastos alcances de la transgresión, causó a Jesús un dolor tan intenso que sintió que no podría permanecer en la presencia inmediata de ningún ser humano… Se había desenvainado la espada de la justicia, y la ira de Dios contra la iniquidad descansaba sobre el sustituto del hombre: Jesucristo, el unigénito del Padre.

Cristo sufrió en lugar del hombre en el huerto de Getsemaní, y la naturaleza humana del Hijo de Dios vaciló bajo el terrible horror de la culpabilidad del pecado, hasta que de sus pálidos y vacilantes labios brotó el clamor agonizante: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa”, pero si no hay otra forma por la cual pueda alcanzarse la salvación del hombre caído, entonces “no sea como yo quiero, sino como tú”. La naturaleza humana habría entonces muerto allí bajo el horror de la presión del pecado, si un ángel del cielo no hubiera fortalecido a Cristo para que soportara la agonía.

El poder que infligió la justicia retributiva al Sustituto y Garantía del hombre, fue el poder que mantuvo y sostuvo al Doliente bajo el tremendo peso de la ira que habría caído sobre un mundo pecador. Cristo sufría la muerte que correspondía a los transgresores de la ley de Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, pp. 1077, 1078).


Martes 15 de junio_________________________________________________________________

LA FE DE ABRAHAM: PRIMERA PARTE

“Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Gén. 15:6).

Este versículo continúa siendo una de las declaraciones más profundas de todas las Escrituras. Ayuda a establecer la verdad básica de la religión bíblica, la de la justificación solo por la fe, y lo hace muchos siglos antes de que Pablo escribiera sobre ella en Romanos. Todo esto ayuda a comprobar que, desde el Edén en adelante, la salvación siempre fue de la misma manera.

El contexto inmediato del versículo nos ayuda a entender cuán grande era la fe de Abram, al creer en la promesa de Dios de un hijo a pesar de las evidencias físicas que a simple vista hacían que esa promesa fuese imposible. Es el tipo de fe que es consciente de su absoluta impotencia; el tipo de fe que exige una entrega completa del yo; el tipo de fe que requiere una sumisión total al Señor; el tipo de fe que se traduce en obediencia. Esta fue la fe de Abram, y le fue contada “por justicia”..

¿Por qué la Biblia dice que le fue “contado” por justicia? Abram ¿era “justo” en el sentido de la justicia de Dios? ¿Qué hizo poco después de que Dios lo declarara justo, que nos ayuda a entender por qué se le atribuyó esta justicia, a pesar de lo que él era en realidad?

Aunque la vida de Abram fuera una vida de fe y obediencia, no fue una vida de fe perfecta y obediencia perfecta. A veces mostró debilidad en ambas esferas. (¿Te suena conocido?) Todo esto nos lleva al aspecto esencial, y es que la justicia que nos salva es una justicia que se nos acredita, una justicia que se nos imputa (para usar un término teológico elegante). Esto significa que somos declarados justos a la vista de Dios a pesar de nuestras faltas; significa que el Dios del cielo nos considera justos aunque no lo seamos. Esto es lo que hizo con Abram, y esto es lo que hará con todos los que se acerquen a él con “la fe de Abraham” (Rom. 4:16).

Lee Romanos 4: 1 al 7. Analiza el contexto en el que Pablo utiliza Génesis 15:6. Reflexiona con oración sobre esos versículos y escribe con tus palabras lo que crees que te están diciendo.

Romanos 4: 1-7

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Este mismo pacto [dado a Adán] le fue renovado a Abraham en la promesa: “En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra”. Génesis 22:18. Esta promesa dirigía los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió Abraham (véase Gálatas 3:8, 16), y confió en Cristo para obtener el perdón de sus pecados. Fue esta fe la que se le contó como justicia. El pacto con Abraham también mantuvo la autoridad de la ley de Dios… El testimonio de Dios respecto a su siervo fiel fue: “Oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”. Génesis 26:5 (Historia de los patriarcas y profetas, 387).

Por fe, la fe que renuncia a toda confianza propia, el necesitado suplicante ha de aferrarse del poder infinito.

Ninguna ceremonia exterior puede reemplazar a la fe sencilla y a la entera renuncia al yo. Pero ningún hombre puede despojarse del yo por sí mismo. Solo podemos consentir que Cristo haga esta obra. Entonces el lenguaje del alma será: Señor, toma mi corazón; porque yo no puedo dártelo. Es tuyo, manténlo puro, porque yo no puedo mantenerlo por ti. Sálvame a pesar de mi yo, mi yo débil y desemejante a Cristo. Modélame, fórmame, elévame a una atmósfera pura y santa, donde la rica corriente de tu amor pueda fluir por mi alma.

No solo al comienzo de la vida cristiana ha de hacerse esta renuncia al yo. Ha de renovársela a cada paso que se dé hacia el cielo. Todas nuestras buenas obras dependen de un poder que está fuera de nosotros. Por lo tanto, debe haber un continuo anhelo del corazón en pos de Dios, y una continua y ferviente confesión de los pecados que quebrante el corazón y humille el alma delante de él. Únicamente podemos caminar con seguridad mediante una constante renuncia al yo y dependencia de Cristo (Reflejemos a Jesús, p. 252).

La justicia es obediencia a la ley. La ley demanda justicia, y ante la ley, el pecador debe ser justo. Pero es incapaz de serlo. La única forma en que puede obtener la justicia es mediante la fe. Por fe puede presentar a Dios los méritos de Cristo, y el Señor coloca la obediencia de su Hijo en la cuenta del pecador. La justicia de Cristo es aceptada en lugar del fracaso del hombre, y Dios recibe, perdona y justifica al alma creyente y arrepentida, la trata como si fuera justa, y la ama como ama a su Hijo. De esta manera, la fe es imputada a justicia y el alma perdonada avanza de gracia en gracia, de la luz a una luz mayor.

El toque de la fe nos abre el divino almacén de los tesoros de poder y sabiduría; y de esa manera, mediante instrumentos de barro, Dios realiza las maravillas de su gracia. Esta fe viva es nuestra gran necesidad de hoy. Debemos saber que Jesús es en verdad nuestro; que su Espíritu está purificando y refinando nuestro corazón. Si los seguidores de Cristo tuvieran fe genuina, con mansedumbre y amor, ¡qué obra podrían realizar! ¡Qué frutos se verían para la gloria de Dios! (La maravillosa gracia de Dios, p. 265).


Miércoles 16 de junio______________________________________________________________

LA FE DE ABRAHAM: SEGUNDA PARTE

Si observamos nuevamente Génesis 15:6, podemos ver que distintas versiones traducen el término como contado (hebreo, hasab), “reconoció”, “aceptó” o “consideró” (NVI, DHH, NTV).

El mismo término se emplea en otros pasajes de los libros de Moisés. Se considera que una persona o una cosa es algo que en realidad no es. Por ejemplo, en Génesis 31:15, Raquel y Lea afirman que su padre las “considera” (RVC) unas extrañas aunque son sus hijas. El diezmo del levita se “contará” (“acreditará”, RVC) como si fuera el grano de la era, aunque obviamente no es el grano (Núm. 18:27, 30).

¿Cómo se expresa la idea de “contar” en el contexto de los sacrificios? (Lev. 7:18; 17:1-4).

Levítico 7:18

18 Si se comiere de la carne del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofreciere no será acepto, ni le será contado; abominación será, y la persona que de él comiere llevará su pecado.

Levítico 17:1-4

1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles: Esto es lo que ha mandado Jehová: Cualquier varón de la casa de Israel que degollare buey o cordero o cabra, en el campamento o fuera de él, y no lo trajere a la puerta del tabernáculo de reunión para ofrecer ofrenda a Jehová delante del tabernáculo de Jehová, será culpado de sangre el tal varón; sangre derramó; será cortado el tal varón de entre su pueblo,

La versión Reina-Valera Antigua utiliza la palabra “imputada” para traducir hasab. Si un sacrificio en particular (“sacrificios de paz”) no se come al tercer día, su valor se pierde y no será “contado” (Lev. 7:18; hebreo, hasab) en beneficio del oferente. Levítico 7:18 habla de una situación en la que un sacrificio es “contado” en beneficio del pecador (comparar con 17:1-4), quien luego se presenta ante Dios justificado. Dios cuenta al pecador como justo, aunque la persona en realidad es injusta.

Tómate un tiempo para reflexionar sobre esta maravillosa verdad de que, a pesar de nuestras faltas, podemos ser contados, o acreditados, como justos a los ojos de Dios. Escribe con tus palabras tu interpretación de lo que esto significa.

La gran verdad, la de que somos considerados justos, no por ningún acto que podamos hacer, sino solo por la fe en lo que Cristo hizo por nosotros, es la esencia del concepto de “justificación por la fe”. Sin embargo, no es que nuestra fe en sí nos haga justos; la fe es el vehículo por el que obtenemos el don de la justificación. Básicamente, esta es la belleza, el misterio y la gloria del cristianismo. Todo lo que creemos como cristianos, como seguidores de Cristo, halla una raíz importante en este maravilloso concepto. Por la fe, somos considerados justos ante la vista de Dios. Todo lo que viene a continuación, la obediencia, la santificación, la santidad, el desarrollo del carácter, el amor, deben surgir de esta verdad fundamental.

¿Cómo respondes a alguien que intenta ser cristiano y no obstante dice: “Pero no me siento justo”?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Debemos aprender en la escuela de Cristo. Solo su justicia puede darnos derecho a una de las bendiciones del pacto de la gracia. Durante mucho tiempo, hemos deseado y procurado obtener esas bendiciones, pero no las hemos recibido porque hemos fomentado la idea de que podríamos hacer algo para hacernos dignos de ellas. No hemos apartado la vista de nosotros mismos, creyendo que Jesús es un Salvador viviente. No debemos pensar que nos salvan nuestra propia gracia y méritos. La gracia de Cristo es nuestra única esperanza de salvación (Mensajes selectos, t. 1, p. 412).

Las obras no nos comprarán la entrada en el cielo. La única gran ofrenda que ha sido hecha es amplia para todos los que crean. El amor de Cristo animará al creyente con nueva vida. El que bebe del agua de la fuente de la vida, estará lleno con el vino nuevo del reino. La fe en Cristo será el medio por el cual el espíritu y los motivos correctos moverán al creyente, y toda bondad e inclinación celestial procederán de aquel que contempla a Jesús, el autor y consumador de su fe. Confiad en Dios, no en los hombres. Dios es vuestro Padre celestial que está dispuesto a sobrellevar pacientemente vuestras debilidades, y a perdonarlas y curarlas (Mensajes selectos, t. 1, p. 455).

Cristo vino de las cortes de gloria a este mundo contaminado por el pecado y se humilló al tomar la humanidad. Se identificó con nuestras debilidades y fue tentado en todo según nuestra semejanza. Cristo perfeccionó un carácter justo aquí en la tierra, no en su propio favor, porque su carácter era puro y sin mancha, sino en favor del hombre caído. Él ofrece su carácter al hombre si este lo acepta. Mediante el arrepentimiento de sus pecados, la fe en Cristo y la obediencia a la perfecta Ley de Dios, se le imputa al pecador la justicia de Cristo; él llega a ser su justicia, y su nombre es registrado en el libro de la vida del Cordero. Se convierte en un hijo de Dios, un miembro de la familia real (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 410).

Es precioso el pensamiento de que la justicia de Cristo nos es imputada, no por ningún mérito de nuestra parte, sino como don gratuito de Dios. El enemigo de Dios y del hombre no quiere que esta verdad sea presentada claramente; porque sabe que si la gente la recibe plenamente, habrá perdido su poder sobre ella. Si consigue dominar las mentes de aquellos que se llaman hijos de Dios, de modo que su experiencia esté formada de duda, incredulidad y tinieblas, logrará vencerlos con la tentación…

El pueblo de Dios debe poseer la clase de fe que se ase del poder divino; “porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”. Efesios 2:8 (Obreros evangélicos, p. 169).


Jueves 17 de junio_________________________________________________________________

DESCANSEMOS EN LAS PROMESAS

Se cuenta la historia del famoso cardenal Belarmino, el gran apologista católico que durante toda su vida luchó contra el mensaje de la justificación solo por la justicia imputada. Mientras agonizaba, le llevaron los crucifijos y los méritos de los santos para darle seguridad antes de morir. Pero Belarmino dijo: “Llévenselos. Creo que es más seguro confiar en los méritos de Cristo”.

Hay muchos que, al acercarse al final de su vida, miran hacia atrás y ven cuán vanas, cuán inútiles, son sus obras para ganar la salvación ante un Dios santo y, por lo tanto, cuánto necesitan de la justicia de Cristo.

Sin embargo, lo bueno es que no tenemos que esperar a que la muerte esté a las puertas: podemos tener seguridad en el Señor ahora. Todo el Pacto se basa en las seguras promesas de Dios ahora, promesas para nosotros ahora, promesas que pueden mejorar nuestra vida ahora.

Busca los siguientes versículos y responde la pregunta que se formula en cada uno en el contexto de desarrollar, mantener y fortalecer tu relación de pacto con Dios:

Salmo 34:8 (¿Cómo se puede “degustar” la bondad de Dios?)

Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él.

Mateo 11:30 (¿Qué es lo que Cristo ha hecho por nosotros que facilita este yugo?)

30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Romanos 5:1 (¿Qué tiene que ver la justificación con la paz?)

1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;

Filipenses 2:7-8 (¿Qué obtuviste de la experiencia de Cristo?)

sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Examina tu vida con oración y pregúntate: ¿Qué cosas estoy haciendo que fortalecen mi relación con Dios y cuáles la están dañando? ¿Qué cambios necesito hacer?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Hay una prueba que está al alcance de todos, del más educado y del más ignorante: la evidencia de la experiencia. Dios nos invita a probar por nosotros mismos la realidad de su Palabra, la verdad de sus promesas. Él nos dice: “Gustad y ved que Jehová es bueno”. Salmo 34:8. En vez de depender de las palabras de otro, tenemos que probar por nosotros mismos. Dice: “Pedid, y recibiréis”. Juan 16:24. Sus promesas se cumplirán. Nunca han faltado; nunca pueden faltar. Y cuando nos acerquemos al Señor Jesús y nos regocijemos en la plenitud de su amor, nuestras dudas y tinieblas desaparecerán ante la luz de su presencia (El camino a Cristo, p. 112).

Nuestro Salvador compró la raza humana con la humillación más extrema… Nos indica el único camino que lleva a la puerta estrecha, que da al sendero angosto más allá del cual hay amplios y hermosos prados. Él ha señalado cada paso del sendero, y para que nadie se equivoque, él nos dice qué tenemos que hacer. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:29, 30. Esta es la única manera en la cual pueden ser salvados los pecadores. Sabiendo que nadie puede obedecer esta orden con su propia fuerza, Cristo nos dice que no nos preocupemos ni desmayemos, sino que recordemos lo que él puede hacer si acudimos a él, confiando en su poder. Dice: Si tomáis el yugo juntamente conmigo, vuestro Redentor, yo seré vuestra fuerza, vuestra suficiencia.

Las bendiciones implicadas en esta invitación de Cristo solo podrán ser experimentadas y gozadas por aquellos que toman el yugo de Cristo. Al aceptar esta invitación retiramos nuestra simpatía, nuestro afecto, del mundo, y los ponemos donde podamos gozar de la bendición del íntimo compañerismo y comunión con Dios. Al acudir a Cristo uniremos nuestros intereses con los suyos (En los lugares celestiales, p. 55).

“Si alguno quiere venir en pos de mí —dijo Cristo—, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Lucas 9:23. Esta es la prueba del discipulado. Si los miembros de la iglesia fueran hacedores de la Palabra, como solemnemente se comprometieron hacerlo en ocasión de su bautismo, amarían a sus hermanos y estarían tratando continuamente de fomentar la unidad y la armonía.

Los que creen en Cristo y caminan humildemente con él sin luchar por la supremacía, y tratan de ver qué pueden hacer para ayudar, bendecir y fortalecer las almas de los demás, colaboran con los ángeles que sirven a los herederos de la salvación. Jesús les da gracia, sabiduría y justicia, y los convierte en bendición para todos aquellos con quienes se relacionan. Mientras más humildes son en su propia opinión, más bendiciones reciben de Dios, porque estas no los exaltan. Usan correctamente sus bendiciones, porque las reciben para impartirlas (Cada día con Dios, p. 354).


Viernes 18 de junio________________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“La única forma en que [el pecador] puede obtener la justicia es mediante la fe. Por fe puede presentar a Dios los méritos de Cristo, y el Señor coloca la obediencia de su Hijo en la cuenta del pecador. La justicia de Cristo es aceptada en lugar del fracaso del hombre, y Dios recibe, perdona y justifica al alma creyente y arrepentida, la trata como si fuera justa, y la ama como ama a su Hijo. De esta manera, la fe es imputada a justicia” (MS 1:442).

“Cuando por el arrepentimiento y la fe aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, el Señor perdona nuestros pecados y nos libra de la penalidad prescrita para la transgresión de la Ley. El pecador aparece delante de Dios como una persona justa; goza del favor del Cielo, y por medio del Espíritu tiene comunión con el Padre y con el Hijo.

“Luego hay aún otra obra que debe ser hecha, y esta es de naturaleza progresiva. El alma debe ser santificada por la verdad. Y esto también se logra por fe, pues es solamente por la gracia de Cristo, la cual recibimos por la fe, como el carácter puede ser transformado” (MS 3:225).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Qué distinción se hace entre una fe viva y una fe muerta? (Sant. 2:17, 18). ¿Cómo describe Pablo una fe viva? (Rom. 16:26). ¿Cuál es la palabra clave que ayuda a revelar lo que implica la fe?
  2. ¿Cómo respondes al argumento (que tiene cierta coherencia lógica) de que si somos salvos solo por una justicia acreditada, no por una justicia que exista dentro de nosotros, entonces no importa lo que hagamos o cómo actuemos?
  3. “Nuestra aceptación por parte de Dios es segura solamente por medio de su amado Hijo, y las buenas obras son únicamente el resultado de la obra de su amor perdonador. Las obras no son ningún crédito para nosotros, y no se nos concede nada debido a nuestras buenas obras por lo cual podamos reclamar una parte en la salvación de nuestras almas. […] [El creyente] no puede presentar sus buenas obras como un mérito para la salvación de su alma” (MS 3:234). Plantéate la siguiente pregunta, teniendo presente esta declaración de Elena de White: ¿Por qué, entonces, las buenas obras son una parte vital de la experiencia cristiana?

Resumen: Antiguo Pacto, Nuevo Pacto: Jesús pagó la deuda que requería la Ley, para que podamos ser justos a la vista de Dios.