Un retrato del amor
1 Corintios 13; Mateo 24: 12; Gálatas 5: 22-23; 1 Timoteo 1: 14; 1 Juan 4: 8.
Un retrato del amor
El amor conquista todo. Por eso Pablo tenía tanto que decir al respecto. La familia de términos emparentados con el verbo griego agapaō —el más común en el Nuevo Testamento para expresar el concepto de amor— aparece más de 135 veces en sus cartas. Esto representa casi la mitad de todas las ocasiones en que dichos términos aparecen en el Nuevo Testamento. Esto debería decirnos algo acerca del tema central de la Carta de Pablo a la iglesia de Corinto. Existen muchos pasajes notables acerca del amor en el Nuevo Testamento, como Romanos 8: 35-39; 1 Corintios 2: 9; 8: 3; Gálatas 2: 20; Colosenses 1: 13; 1 Tesalonicenses 3: 12; etc. Pero ninguno es comparable con 1 Corintios 13.
La semana pasada vimos que todo carece de valor, incluso los dones espirituales, sin amor. Esta semana profundizaremos en 1 Corintios 13 y su maravilloso retrato del amor.
Como veremos, el amor no es tanto una emoción como una actitud que debe manifestarse en la vida, en los hechos y en las palabras, pues, de lo contrario, no significa nada.
Lo que realmente es y hace el amor se ha revelado plenamente en la vida de Jesús.
En los tiempos patriarcales, el ofrecimiento de sacrificios relacionados con el culto divino recordaba perpetuamente el advenimiento de un Salvador; y lo mismo sucedía durante toda la historia de Israel con el ritual de los servicios en el Santuario. En el ministerio del tabernáculo, y más tarde en el templo que lo reemplazó, mediante figuras y sombras se enseñaban diariamente al pueblo las grandes verdades relativas a la venida de Cristo como redentor, sacerdote y rey; y una vez al año se le inducía a contemplar los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, que eliminarán del universo el pecado y los pecadores.
Los sacrificios y las ofrendas del ritual mosaico señalaban siempre hacia adelante, hacia un servicio mejor, el celestial. El Santuario terrenal "era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios"; y sus dos lugares santos eran "figuras de las cosas celestiales"; pues Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, es hoy "Ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre". Hebreos 9:9, 23; 8:2.
Desde el día en que el Señor declaró a la serpiente en el Edén: "Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya" (Génesis 3:15), supo Satanás que nunca podría ejercer el dominio absoluto sobre los habitantes de este mundo. Cuando Adán y sus hijos comenzaron a ofrecer los sacrificios ceremoniales ordenados por Dios como figura del Redentor venidero, Satanás discernió en ellos un símbolo de la comunión entre la tierra y el cielo. Durante los largos siglos que siguieron, se esforzó constantemente para interceptar esa comunión. Incansablemente procuró calumniar a Dios y dar una falsa interpretación a los ritos que señalaban al Salvador…
Mientras Dios deseaba enseñar a los hombres que el don que los reconcilia consigo mismo proviene de él, el gran enemigo de la humanidad procuró representar a Dios como un ser que se deleita en destruirlos. De este modo los sacrificios y los ritos mediante los cuales el cielo quería revelar el amor divino fueron pervertidos.
Con sus palabras y sus acciones, durante su ministerio terrenal, el Mesías iba a revelar a la humanidad la gloria de Dios el Padre. Cada acto de su vida, cada palabra que hablara, cada milagro que realizara, iba a dar a conocer a la humanidad caída el amor infinito de Dios.
Mediante los patriarcas y los profetas, así como mediante las figuras y los símbolos, Dios hablaba al mundo del advenimiento de quien lo libertaría del pecado.— Exaltad a Jesús, 12 de enero, p. 20
La esencialidad del amor
La semana pasada abordamos el tema del amor tal y como se describe en 1 Corintios 13. Necesitamos explorar las palabras de Pablo aquí con mayor profundidad.
Lee 1 Corintios 13 y resume lo que dice acerca del amor.
Pablo no está diciendo que las lenguas (1 Cor. 13: 1), la profecía, el entendimiento, el conocimiento, la fe (vers. 2) y la benevolencia (vers. 3) sean inútiles. Solo lo son si no están motivados por el amor.
El tipo de amor del que habla Pablo no se expresa en frases como «me encantan las frutillas», «aprecio a mis amigos» o incluso «quiero a mi cónyuge y a mis hijos». Tampoco se refiere al tipo de presunto amor que se ve en las películas. Y no, no es amor erótico o romántico, aunque este pasaje se haya utilizado habitualmente en sermones de bodas.
El amor al que Pablo se refiere no puede reducirse al afecto, la caridad, la virtud o la benevolencia. Sin embargo, todos ellos lo representan en mayor o menor medida. Este amor es una gracia especial que nos concede el Espíritu. De hecho, el amor en 1 Corintios 13 es la motivación que nos da el Espíritu y que nos lleva a actuar con afecto, caridad, virtud y benevolencia. Es un compromiso total de nuestras acciones, sentimientos y pensamientos en favor de Cristo y de nuestro prójimo.
Aquí vemos por qué el agapē es tan esencial y necesario. En virtud del poder que Cristo concede, no podemos permitir que el amor se enfríe en nuestros hogares, iglesias y vecindarios. Cristo nos dio su ejemplo al morir por nosotros en la cruz. ¿Qué mejor y más poderosa expresión de este tipo de amor podría existir? Aunque, por supuesto, nunca podríamos expresar ese tipo de amor de la misma manera, por la gracia de Dios debemos esforzarnos por revelarlo en nuestras propias vidas en la medida de lo posible.
Es una obra grande y solemne alcanzar la aptitud moral para andar en sociedad con los puros y los benditos…. Únicamente conformándonos a la Palabra de Dios podemos esperar alcanzar "la medida de la estatura de la plenitud de Cristo". Pero debemos hacer esto o de lo contrario nunca entraremos en el cielo. Sin pureza y santidad de corazón no podemos ganar la corona de gloria inmortal.
La vida del alma no puede sustentarse a no ser por el correcto ejercicio de los afectos dirigidos hacia el cielo, hacia Cristo, hacia Dios. El arrepentimiento y la fe en Cristo para el perdón de los pecados son esenciales, pero no es todo lo que se requiere… La vida del cristiano acaba de comenzar. Debe… "ir adelante, a la perfección". Hebreos 6:1. Debe poner todo pensamiento en cautividad a la obediencia de Cristo. Si creemos en Jesús nos gustará pensar en él, nos agradará hablar de él, nos gustará orar a él. Él es supremo en nuestros afectos. Amamos lo que Cristo ama, y odiamos lo que Cristo odia… La vida cristiana nunca está en reposo. Es, y debe ser progresiva. Nuestro amor por Cristo debería fortalecerse cada vez más…
Hermano mío, hermana mía, ¿está vuestra alma en el amor de Dios? Muchos de vosotros tenéis una fugaz percepción de la excelencia de Cristo, y vuestra alma se estremece de gozo. Anheláis un conocimiento más pleno y más profundo del amor del Salvador. Queréis llevar vuestros afectos más cerca de él. No estáis satisfechos. Pero no desesperéis. Dadle a Jesús los afectos mejores y más santos del corazón. Atesorad todo rayo de luz. Fomentad todo deseo del alma en busca de Dios. Entregaos al cultivo de los pensamientos espirituales y de la santa comunión… Apresuraos a cosechar para el cielo… Nos costará algo obtener la experiencia cristiana, y desarrollar un carácter verdadero y noble… Pero la hueste ataviada con los vestidos blancos de los redimidos está formada por aquellos que han lavado su ropa, y la han emblanquecido en la sangre del Cordero.— Nuestra elevada vocación, 28 de noviembre, p. 340
La vida es un don de Dios. Nuestros cuerpos nos han sido dados para emplearlos en el servicio de Dios y él desea que los cuidemos y apreciemos. Poseemos tanto facultades físicas como mentales. Nuestros impulsos y nuestras pasiones tienen su asiento en el cuerpo, y por lo tanto no debemos hacer nada que contamine esta posesión que se nos ha confiado. Nuestros cuerpos deben ser conservados en la mejor condición física posible, y bajo la más espiritual de las influencias, de modo que podamos usar nuestros talentos de la mejor manera posible. Lea 1 Corintios 6:13.
Nuestros cuerpos pertenecen a Dios. Pagó el precio de la redención tanto por el cuerpo como por el alma… Dios es el gran encargado del mecanismo humano. Al cuidar de nuestros cuerpos debemos colaborar con él. El amor a Dios es esencial para la vida y la salud. Para gozar de perfecta salud nuestros corazones deben estar llenos de esperanza, amor y gozo.— La maravillosa gracia de Dios, 19 de mayo, p. 147
Lo que el amor hace
El pasaje de 1 Corintios 13: 4-7 es el corazón del capítulo. Pablo se centra en las características del amor personificándolo para mostrar cómo se comporta una persona llena del amor motivado por el Espíritu. En su descripción, Pablo utiliza una serie de verbos. Para él, el amor tiene más que ver con las acciones que con los sentimientos o las emociones.
- 1Es paciente (makrothymeō). Makrothymeō significa mostrar paciencia, incluso en circunstancias difíciles. La paciencia también destaca la capacidad de ser tolerantes unos con otros (Efe. 4: 2).
- 2Es bondadoso (jrēsteuomai). Jrēsteuomai solo aparece aquí en el Nuevo Testamento, pero otras palabras de la misma raíz son comunes en otros lugares. En la Septuaginta (la versión griega más antigua del Antiguo Testamento), las palabras de esta raíz aparecen con frecuencia en los Salmos para referirse a la bondad de Dios asociada con su misericordia (Sal. 145: 9). De allí podemos inferir que Pablo quería decir que nuestro amor para con los demás debe asemejarse a la compasión y la misericordia que Dios nos manifiesta.
- 3Se alegra (synjairō) de la verdad. Synjairō denota la capacidad de experimentar alegría junto a otra persona (Luc. 1: 58; 15: 6, 9; 1 Cor. 12: 26; Fil. 2: 17-18).
- 4Soporta (stegō) todas las cosas. Los eruditos debaten si stegō significa «cubrir», es decir, no divulgar algo confidencial (lo que también tiene un sentido de protección), o «soportar» en el sentido de resistir. El concepto de resistencia aparece claramente en 1 Corintios 9: 12, lo que lleva a la mayoría de los intérpretes y traductores de la Biblia a considerar la segunda opción como más probable.
- 5Todo lo cree (pisteuō). Pisteuō proviene de la misma raíz que el término griego que designa la fe (pistis). En el contexto de 1 Corintios 13, creer todas las cosas significa otorgarse mutuamente el beneficio de la duda.
- 6Todo lo espera (elpizō). En el Nuevo Testamento, el verbo elpizō siempre se refiere a la creencia o expectativa de que algo bueno sucederá.
- 7Todo lo soporta (hypomenō). Probablemente, no haya diferencia entre los verbos stegō e hypomenō en 1 Corintios 13: 7. Son sinónimos y aquí significan perseverar a pesar de las dificultades. Pablo utiliza hypomenō al final del versículo para evitar la repetición de stegō. Al repetir el mismo concepto, aunque con una palabra diferente, el apóstol llama la atención sobre la fe y la esperanza como puntos centrales. En otras palabras, el amor persevera creyendo y esperando.
La verdad de Dios está destinada a elevar a quien la recibe, a refinar su gusto y a santificar su juicio. El carácter del cristiano debiera ser santo, sus modales agradables, sus palabras sin engaño. Debiera haber un esfuerzo continuo para imitar la sociedad a la que pronto espera unirse, la de los ángeles que nunca cayeron en el pecado.
Ningún hombre puede ser cristiano sin tener el Espíritu de Cristo; y si tiene Espíritu de Cristo, lo manifestará en palabras bondadosas y una conducta refinada y cortés… El cambio externo testificará del cambio interno. La verdad es santificadora, refinadora. Recibida en el corazón, actúa con poder oculto, transformando el carácter. Pero los que profesan seguir a Cristo y al mismo tiempo son groseros, hirientes y descorteses en palabra y hechos no han aprendido de Jesús. Una persona jactanciosa, altiva y criticona no es cristiana, porque ser cristiano es ser como Cristo…
Muchos que están buscando la felicidad sufrirán un desengaño porque la buscan fuera de lugar, y se dejan dominar por un temperamento pecaminoso y sentimientos egoístas. Al descuidar el cumplimiento de las tareas pequeñas y la observancia de las pequeñas cortesías de la vida, violan los principios de los cuales depende la felicidad. La verdadera felicidad no se encuentra en la gratificación propia, sino en el sendero del deber. Dios desea que el hombre sea feliz, y por esto le dio los preceptos de su ley, para que al obedecerlos pueda tener gozo en el hogar y fuera de él. Mientras conserve su integridad moral, sea fiel a los principios y controle todos sus poderes no puede ser desdichado. Con sus zarcillos aferrados a Dios, el corazón estará lleno de paz y gozo, y el alma florecerá en medio de la incredulidad y la depravación.
Las palabras bondadosas, la mirada amable y el rostro alegre forman alrededor del cristiano un aura que hace que su influencia sea casi irresistible. La religión de Cristo en el corazón determina que las palabras sean suaves y la conducta atrayente, aun para los más modestos. En el olvido del yo, en la luz, la paz y la felicidad que entrega constantemente a los demás, se ve la verdadera dignidad del hombre. Esta es una forma de ganar el respeto y extender la esfera de utilidad, que cuesta muy poco; y quien sigue este curso de acción no se quejará de que no recibe el honor que merece. Pero las reglas de la Biblia deben ser escritas en el corazón; los preceptos bíblicos deben ser llevados a la vida diaria.— Reflejemos a Jesús, 18 de octubre, p. 297
No necesitamos comenzar tratando de amarnos unos a otros. Lo que se necesita es el amor de Cristo en el corazón. El amor verdadero brota espontáneamente cuando el yo se halla sumergido en Cristo.
Venceremos en paciente dominio propio. Es el servicio paciente lo que trae descanso al alma. Son los trabajadores humildes, diligentes y fieles los que promueven el bienestar de Israel. Las palabras de amor y estímulo harán más para apaciguar el temperamento rápido y la disposición obstinada que todas las críticas y reprensiones que se puedan acumular sobre el que yerra.— Testimonios para la Iglesia, t. 7, p. 253
Lo que el amor no hace
Ayer nos centramos en siete cosas que hace el amor; hoy veremos ocho que no hace. El amor...
- 1No envidia (zeloō). Zeloō puede usarse de manera positiva, como en «procuren [zeloō] los mejores dones» (1 Cor. 12: 31), «procuren [zeloō] los dones espirituales» (1 Cor. 14: 1) y «procuren [zeloō] profetizar» (1 Cor. 14: 39). Sin embargo, aquí, como en Hechos 7: 9, tiene un sentido negativo. Está bien desear los dones espirituales, pero no envidiar a las personas que los han recibido, pues esto es causa de divisiones (1 Cor. 3: 3).
- 2No es jactancioso, o presumido (perpereuomai). La palabra así traducida transmite la idea de arrogancia y deseo de alabanza por parte de los demás. El amor, sin embargo, no hace que la persona se centre en sí misma. Esto queda aún más claro en lo que sigue.
- 3No se envanece (fysioō). El verbo fysioō aparece en 1 Corintios 8: 1 en la notable declaración de Pablo: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica». Se refiere a una persona que tiene un concepto exagerado de sí misma.
- 4No se comporta de manera grosera (asjēmoneō). El verbo asjēmoneō puede tener una amplia gama de sentidos, pero significa generalmente actuar en contra de las normas sociales y morales de una manera deshonrosa, vergonzosa, indecente o inapropiada. Pablo se refiere probablemente al comportamiento arrogante y grosero de los «fuertes» respecto de los «débiles» de la iglesia de Corinto (1 Cor. 4: 10; 1 Cor. 8).
- 5No busca (zēteō) lo suyo, o «no es egoísta» (NVI). Esto es similar a lo que Pablo dice en 1 Corintios 10: 24: «Ninguno busque su propio bien, sino el de otros». El amor está dispuesto a renunciar a ciertos derechos por el bien de los demás (ver la lección 5). En un entorno en el que todos buscan que los derechos de los demás sean respetados, todos resultan beneficiados.
- 6No se irrita o enoja fácilmente (paroxynō). Esto significa que el amor no es irascible ni excesivamente susceptible.
- 7No guarda rencor (logizomai). El verbo logizomai tiene aquí un sentido contable, lo que significa que el amor no tiene en cuenta las ofensas de los demás. En otras palabras, el amor también significa perdonar.
- 8No se alegra (jairō) de la injusticia o la maldad. El amor no solo no guarda rencor por las malas acciones de los demás, sino que tampoco se deleita en ellas. Cuando amamos verdaderamente a los demás, no nos regocijamos por sus errores, sino que procuramos ayudarlos.
Los que se esfuerzan por llamar la atención a sus buenas obras, hablando constantemente de su condición sin pecado, y tratando de destacar sus conquistas religiosas, están solamente engañando sus propias almas al hacerlo. Un hombre sano que puede atender los trabajos comunes de la vida, y que va a sus tareas día tras día con espíritu alegre y con una vigorosa corriente de sangre que fluye por sus venas, no les llama la atención a todas las personas con quienes se encuentra, sobre la buena salud de que disfruta. La salud y el vigor son condiciones naturales de su vida, y por lo tanto apenas tiene conciencia de que está gozando de tan rico don.
Tal ocurre con el hombre verdaderamente justo. Es inconsciente de su bondad y piedad. Los principios religiosos han llegado a ser la fuente de su vida y su conducta, y es tan natural para él llevar los frutos del Espíritu, como es para la higuera producir higos, o para el rosal dar rosas. Su naturaleza está tan completamente imbuida del amor por Dios y sus semejantes, que hace las obras de Cristo con un corazón voluntario.
Todos los que entran en la esfera de su influencia perciben la hermosura y la fragancia de la vida cristiana, mientras que él mismo es inconsciente de ella, puesto que está en armonía con sus hábitos y sus inclinaciones. Ora por luz divina, y le gusta vivir en armonía con esa luz. Su comida y su bebida es hacer la voluntad de su Padre celestial. Su vida está escondida con Cristo en Dios; sin embargo no se jacta de esto, ni parece consciente de ello. Dios acepta al hombre humilde que sigue de cerca en los pasos del Maestro. Los ángeles son atraídos a él, y a ellos les agrada detenerse a lo largo de su senda. Pueden ser pasados por alto como indignos de que se les dedique atención por aquellos que pretenden haber logrado exaltadas conquistas, y que se deleitan en hacer prominentes sus buenas obras; pero los ángeles celestiales se inclinan con amor sobre ellos y son como muro de fuego que los circunda.— La edificación del carácter, pp. 11, 12
Los que han sido santificados por la verdad darán evidencias de que esta ha producido una reforma en sus vidas, y que los está preparando para ser trasladados al mundo celestial. Pero mientras el orgullo, la envidia y las malas sospechas predominen en la vida, Cristo no controlará el corazón. Su amor no estará en el alma.
En la vida de los que participan de la naturaleza divina se manifiesta una crucifixión del altivo espíritu de suficiencia que conduce a la exaltación propia. En su lugar mora el Espíritu de Cristo y aparecen los frutos del Espíritu en la vida. Al tener la actitud de Cristo, sus seguidores revelan las virtudes de su carácter.
Nada menos que esto requerirá Dios para aceptar a los seres humanos. Nada menos que esto les dará la pureza y el carácter santo que deben tener los que sean admitidos en el cielo. Tan pronto como alguien se vista de Cristo, una evidencia del cambio producido en él se manifestará en el espíritu, las palabras y los hechos. Una atmósfera celestial envolverá el alma, porque Cristo morará en ella.— Cada día con Dios, 19 de abril, p. 116
Un retrato de Jesús
Al leer 1 Corintios 13: 4-7, podemos sentirnos frustrados de que, en mayor o menor medida, no logramos mostrar todas esas características del amor. Es probable que Pablo tuviera en mente a la persona de Jesús cuando escribió ese capítulo. De hecho, solo Cristo reveló perfectamente todos esos rasgos distintivos del amor. Por lo tanto, la descripción que Pablo hace del amor es, en última instancia, un retrato de Jesús.
Dios es amor (1 Juan 4: 8). Él nos ama tanto que dio a su Hijo único para nuestra salvación (Juan 3: 16). Jesús es la expresión plena de ese amor (Heb. 1: 3). Si deseamos saber cómo se expresa el amor, debemos observar detenidamente a Jesús. Si prestamos cuidadosa atención a la descripción que el Nuevo Testamento hace de él, notaremos que posee todas las características positivas del amor mencionadas en 1 Corintios 13.
Jesús es paciente. «Dios fue misericordioso conmigo, a fin de que en mí, el peor de los pecadores, pudiera Cristo Jesús mostrar su paciencia infinita [macrothymia]» (1 Tim. 1: 16, NVI).
Jesús es bondadoso. La Biblia dice que «el Señor es bueno» (1 Ped. 2: 3). La palabra «Señor» en este pasaje se refiere a Jesús. El término «bondadoso», o «bueno», es traducción de la palabra griega jrēstos, que proviene de la misma raíz que el verbo jrēsteuomai («mostrar bondad») en 1 Corintios 13: 4.
Jesús se regocija en la verdad. Él experimentó alegría al hacer la voluntad del Padre y disfrutar de su amor (Juan 15: 9-11; 17: 12-14).
Jesús soporta todas las cosas. Hebreos 12: 2-3 dice que Jesús «soportó la cruz» (NVI) y «soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo» (LBLA). Nadie ha soportado tanto como Jesús (Fil. 2: 8). ¡Lo hizo «en vista del gozo que le esperaba» (Heb. 12: 2)!
Jesús lo cree todo. Cuando Ananías cuestionó la autenticidad de la conversión de Pablo (Hech. 9: 13-14), Jesús respondió: «Este hombre es un instrumento elegido por mí» (Hech. 9: 15). Jesús ve a las personas no como son, sino como llegarán a ser en virtud del poder divino.
La ley de Dios, por su naturaleza misma, es inmutable. Es una revelación de la voluntad y del carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y al hombre… El carácter de Dios es justicia y verdad; tal es la naturaleza de su ley…
Al principio el hombre fue creado a la imagen de Dios. Estaba en perfecta armonía con la naturaleza y la ley de Dios; los principios de justicia estaban grabados en su corazón. Pero el pecado lo separó de su Hacedor. Ya no reflejaba más la imagen divina. Su corazón estaba en guerra con los principios de la ley de Dios… Mas "de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito", para que el hombre fuese reconciliado con Dios. Por los méritos de Cristo puede restablecerse la armonía entre el hombre y su Creador. Su corazón debe ser renovado por la gracia divina; debe recibir nueva vida de lo alto. Este cambio es el nuevo nacimiento.— La maravillosa gracia de Dios, 12 de enero, p. 20
"Dios es amor". Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre y lo serán para siempre…
Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
Por su poder el verano y el invierno, el tiempo de sembrar y de recoger, el día y la noche siguen el uno al otro en su sucesión regular. Es por su palabra como florece la vegetación y aparecen las hojas y las flores se llenan de lozanía. Todo lo bueno que tenemos, cada rayo de sol y cada lluvia, cada bocado de alimento, cada momento de la vida, es un regalo de amor. La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado es también una demostración del inmutable amor de Dios.
El don de Cristo revela el corazón del Padre.
Dios otorgó al mundo el don maravilloso de su Hijo unigénito. A la luz de este hecho, ningún habitante de los otros mundos podrá decir que Dios podía haber hecho más de lo que hizo para demostrar su amor hacia los hijos del hombre. Realizó un sacrificio que desafía todo cómputo.
Hay miles que tienen un falso concepto de Dios y de sus atributos. Están tan ciertamente adorando a un falso dios como los seguidores de Baal. ¿Estamos nosotros adorando al verdadero Dios, según está revelado en su Palabra, en Cristo y mediante la naturaleza, o estamos adorando algún ídolo filosófico que hemos puesto en su lugar? Dios es un Dios de verdad. La justicia y la misericordia son los atributos de su trono. Es un Dios de amor, de bondad y de tierna compasión. Así está representado por su Hijo nuestro Salvador. Es un Dios de paciencia y longanimidad. Si así es el ser a quien adoramos y cuyo carácter procuramos imitar, entonces estamos adorando al verdadero Dios.— The Faith I Lived By, p. 59; parcialmente en La fe por la cual vivo, 22 de febrero, p. 61
Fe, esperanza y amor
Hemos aprendido hasta aquí que el amor es paciente, bondadoso, gozoso, tenaz, creyente, esperanzado y perseverante porque Jesús es así. Una vez que vemos estas cualidades en Jesús, el siguiente paso es imitarlo. Ese era el deseo de Pablo para los corintios. Sin embargo, si eliminamos el «no» de las ocho características negativas del amor, «obtenemos una descripción bastante clara de la conducta de los corintios dentro de su círculo eclesiástico. Es decir, eran envidiosos, jactanciosos, arrogantes, groseros, egoístas, irascibles y atentos a los errores ajenos. Pablo adapta los verbos que utiliza aquí a la situación de Corinto» (Verlyn D. Verbrugge, «1 Corintios», en The Expositor’s Bible Commentary: Romans–Galatians [Grand Rapids: Zondervan, 2008], p. 372).
Los corintios tenían mucho que aprender, al igual que nosotros. Después de describir lo que el amor hace y lo que no hace, Pablo concluye su sección enfatizando la naturaleza eterna del amor genuino para estimular así su práctica.
Un día, las profecías ya no serán necesarias, hablaremos un solo idioma, y el imperfecto entendimiento humano dará paso a un nuevo y completo conocimiento acerca de Dios (1 Cor. 13: 12). Los dones del Espíritu cesarán solo cuando el propósito para el que existen haya alcanzado su cumplimiento (1 Cor. 13: 10). «Pero el amor nunca dejará de existir» (1 Cor. 13: 8).
Del mismo modo, cuando Cristo regrese, la fe dará paso a la percepción visual de lo ahora invisible (2 Cor. 5: 7), y lo que hemos esperado durante tanto tiempo se hará realidad (Rom. 8: 24). Y, sobre todo, el amor perdurará entonces como emblema del carácter de nuestro Dios trino. Sin embargo, en cierto sentido, la fe y la esperanza también durarán para siempre. La fe como experiencia de la salvación (Rom. 4: 3) y la esperanza como deseo y expectativa de nuevos deleites y conocimientos en la nueva tierra marcarán para siempre la experiencia de los redimidos. Pero el amor de Dios prevalecerá eternamente.
Muy pronto veremos a nuestro Señor cara a cara (1 Cor. 13: 12). Hasta que ese día llegue, nuestras vidas deben estar definidas por estas tres virtudes: fe, esperanza y amor. Esta tríada es representativa de la plenitud de la vida cristiana por medio del Espíritu, razón por la cual era mencionada a menudo entre los cristianos (Rom. 5: 1-5; Gál. 5: 5-6; Efe. 1: 15, 18; 4: 1-5). Sin embargo, el amor es la mayor de todas, ya que es la única virtud utilizada para describir la naturaleza misma de Dios (1 Juan 4: 8).
El conocimiento del camino del Señor está aumentando, y continuará en aumento. La herejía y la superstición están vistiendo al mundo con las vestiduras de saco de la rebelión y la transgresión. Publicaciones y novelas baratas de todas clases circulan como hojas de otoño, y las mentes de miles están tan enredadas con esa basura deleznable e irreligiosa que no hay lugar en la mente para una lectura sólida. La Palabra de Dios y todo lo que elevaría al hombre de su degradación se trata con indiferencia. Pero la Palabra de Dios contiene la verdad, y todos los que apoyan la verdad de Dios para este tiempo están haciendo una obra para la eternidad. Los que aplican la Palabra de Dios a la mente y el corazón están definidamente poniéndose de parte de Dios y del universo del cielo. Se pondrán corazón a corazón y mano a mano en defensa de lo santo y lo puro, de lo que soportará la prueba de los siglos. Los que apoyen el error mediante las palabras, la pluma y la voz, y mediante la opresión de los que están relacionados con la verdad, están del otro lado, con el primer gran apóstata, y los hombres malvados que son sus instrumentos. La Palabra afirma que estos "irán de mal en peor, engañando y siendo engañados". Y en uno de estos dos lados estarán los hombres hasta el fin.
Todas nuestras facultades pertenecen a Dios. Son suyas por creación y redención. Dios ha dado a cada cual su medida de poder y espera que lo ponga del lado de la verdad. Así resplandecerá. El cristiano debe permanecer con un interés íntegro del lado del Señor. "Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor". 1 Corintios 13:13. La fe contempla más allá de las dificultades desanimadoras y se aferra de lo invisible, de la Omnipotencia misma; por eso no se la puede derrotar. La fe, la esperanza y el amor son hermanas, y su obra se combina perfectamente para resplandecer en medio de la oscuridad moral del mundo. Hay que instruir a los niños y los jóvenes; al ignorante hay que enseñarle mediante paciente esfuerzo para que sepa qué es la verdad. Hay que impartírsela línea sobre línea.— Cada día con Dios, 2 de mayo, p. 129
"Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor". 1 Corintios 13:13. En la vida de Cristo, este amor encontró expresión perfecta. Él nos amó en nuestro pecado y degradación… No hubo desaliento en su paciencia ni menoscabo en su celo. Las ondas de la misericordia, rechazadas por el orgullo, la impenitencia, los corazones desagradecidos, siempre retornaron en una poderosa corriente de amor.
El que está constreñido por el amor de Cristo avanza entre sus semejantes para ayudar a los desamparados y alentar a los abatidos, para señalar a los pecadores el ideal que Dios tiene para sus hijos y para dirigirlos hacia él.— En los lugares celestiales, 15 de agosto, p. 236
Para estudiar y meditar
«Por muy noble que sea lo profesado por aquel cuyo corazón no está lleno del amor a Dios y a sus semejantes, no es verdadero discípulo de Cristo. Aunque posea gran fe y tenga poder aun para realizar milagros, sin amor su fe será inútil. Podrá desplegar gran liberalidad; pero si el motivo es otro que el amor genuino, aunque dé todos sus bienes para alimentar a los pobres, la acción no le merecerá el favor de Dios. En su celo podrá hasta afrontar el martirio, pero si no actúa por amor, será considerado por Dios como engañado entusiasta o ambicioso hipócrita»— Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 237
«Tenemos una abundancia de sermones. Lo que más se necesita [...] es amor por las almas que perecen, ese amor que procede en ricas corrientes del trono de Dios. El verdadero cristianismo difunde el amor por todo el ser. Alcanza a cada parte vital del cuerpo: el cerebro, el corazón, las manos ayudadoras, los pies, y capacita a los hombres a mantenerse firmes donde Dios requiere que se mantengan, de modo que no tracen senderos torcidos para sus pies, para que el cojo no se extravíe. El amor ardiente y abnegado de Cristo por las almas que perecen constituye la vida misma de todo el sistema de la cristiandad»— Elena G. de White, Exaltad a Jesús, p. 128
«Únicamente el amor que haya fluido del corazón de Cristo puede proporcionar sanidad. Y únicamente de quien fluya ese amor, como la savia del árbol o la sangre en nuestro organismo, podrá restaurar al alma herida»— Elena G. de White, La educación, p. 102
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1¿Crees que la lista de características positivas del amor en 1 Corintios 13 es exhaustiva? Si no es así, ¿qué otros elementos añadirías?
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2¿Qué quiso decir Pablo con el mandato «esfuércense en seguir el amor» (1 Cor. 14: 1, NVI)? ¿Qué tiene esto que ver con lo que él dice en 1 Corintios 13: 4-7?
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3¿Qué característica del amor necesitas practicar más en tu vida diaria? ¿Cuáles son más necesarias en tu iglesia local? ¿Por qué compara Pablo el amor con dones como la profecía, las lenguas y el conocimiento (1 Cor. 13: 8)?
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4Pablo da a entender que el amor es la solución definitiva para la falta de unidad entre los miembros de la iglesia de Corinto. ¿Por qué? ¿Cómo se aplica esto a nuestras iglesias hoy?
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