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Escuela Sabática Para Maestros

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026

Lección 7: Para el 14 de febrero de 2026

UNA CIUDADANÍA CELESTIAL

Sábado 7 de febrero

TUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 3:17–4:23; 1 Corintios 15:42-44; Juan 14:27; Salmo 119:165; Job 1:21; 1 Timoteo 6:7.

PARA MEMORIZAR:

“Por nada estén afanosos, sino presenten sus pedidos a Dios en oración, ruego y acción de gracias” (Fil. 4:6).

La lección de esta semana concluye nuestro estudio de Filipenses y está repleta de valiosas lecciones y máximas para la vida diaria. Parece que muchos de los elevados valores morales que guiaron la vida del apóstol Pablo se encuentran en los versículos finales de la epístola. Al igual que las enseñanzas de Jesús, que se centran en la persona interior, lo que Pablo comparte con nosotros son secretos para vivir una vida cristiana dichosa.

Incluso cuando nuestras circunstancias son mucho menos que ideales, no tenemos por qué preocuparnos, angustiarnos o desanimarnos. Por el contrario, hay principios que nos ayudarán a encontrar la fuerza para afrontar los retos que nos depara la vida, y así podremos experimentar la paz duradera que solo Dios puede otorgar. El presente y el futuro están en sus manos, y él suplirá todo lo que necesitemos.

Lo más importante es no depositar nuestras esperanzas en los sistemas de gobierno terrenales, que nos decepcionan con frecuencia. Como cristianos, somos ciudadanos del reino celestial, y esa ciudadanía conlleva privilegios, maravillosos privilegios, y también responsabilidades.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La obediencia a las leyes de Dios desarrolla en el hombre un  carácter hermoso que está en armonía con todo lo puro, lo santo, y lo incontaminado. En la vida de tales hombres se revela el evangelio de Cristo. Al aceptar la misericordia de Cristo y su sanamiento del poder del pecado, el hombre queda en correcta relación con Dios. Su vida, purificada de la vanidad y el egoísmo, se llena del amor del Padre. Su diaria obediencia a la ley del Señor le brinda un carácter que le asegura la vida eterna en el reino de Dios.

En su vida terrenal el Salvador nos da ejemplo de la vida santificada que podemos poseer si dedicamos nuestros días a hacer el bien a las almas que necesitan nuestra ayuda. Es nuestro privilegio brindar alegría a los sufrientes, luz a los que están en tinieblas, y vida a los que perecen. El mensaje del Señor nos llega con estas palabras: «¿Por qué permanecéis todo el día ociosos? Trabajad mientras es de día; porque la noche viene cuando nadie puede obrar». Cada palabra que hablemos, cada acto que realicemos, que propenda a la felicidad de los demás, propenderá a la nuestra también, y hará que nuestra vida sea semejante a la de Cristo.

Nuestras diarias tareas debieran ser aceptadas con alegría y realizadas alegremente también. Nuestro deber más importante consiste en revelar mediante nuestras palabras y nuestro comportamiento una vida que manifieste los atributos del cielo. Se nos da la Palabra de vida para que la estudiemos y la practiquemos. Nuestros actos debieran estar en estricta conformidad con las leyes del reino de los cielos. Entonces el cielo podrá aprobar nuestra obra; y los talentos que empleemos en su servicio se multiplicarán para que seamos más útiles todavía. La vida consagrada alumbrará en medio de las tinieblas morales del mundo, guiando a las almas que perecen hacia la verdad de la Palabra…

En su Dádiva al mundo, el Señor ha revelado cuán solícito es en que llevemos en nuestras vidas las marcas de nuestra ciudadanía celestial, dejando que cada rayo de luz que hemos recibido brille en buenas obras para nuestros semejantes (Sons and Daughters of God, p. 42; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 5 de febrero, p. 44).

Que cada uno de nosotros considere personalmente lo que está anotado en los libros del cielo acerca de su vida y carácter, y acerca de nuestra actitud hacia Dios. ¿Ha ido en aumento nuestro amor a Dios durante este año que pasa? Si en realidad Cristo mora en nuestros corazones, amaremos a Dios, nos deleitaremos en obedecer sus mandamientos, y nuestro amor se profundizará y fortalecerá continuamente. Si representamos a Cristo ante el mundo, la pureza se manifestará en nuestro corazón, en nuestra vida y en nuestro carácter; nuestras conversaciones serán santas; y no se revelará ningún engaño en nuestros corazones ni en nuestros labios. Examinemos nuestra vida pasada y veamos si hemos dado evidencia de nuestro amor al Señor Jesús al esforzarnos por asemejarnos a él, al trabajar como él lo hizo, con el fin de salvar a aquellos por quienes murió.

El registro bíblico declara que Jesús no se avergüenza de llamar hermanos a sus discípulos fervorosos y sacrificados: tanto se habían identificado con él y manifestado su Espíritu. Mediante sus obras testificaban constantemente que este mundo no era su hogar; su ciudadanía estaba en lo alto; buscaban una patria mejor, la celestial. Su conversación y sus afectos estaban enfocados en las cosas del cielo. Estaban en el mundo, pero no eran del mundo; tanto en espíritu como en práctica estaban separados de sus intereses y costumbres. Su ejemplo cotidiano daba testimonio de que vivían para la gloria de Dios. Su interés más elevado, como el de su Maestro, consistía en la salvación de las almas. Este era el propósito de sus trabajos y sacrificios, y ni siquiera consideraban sus propias vidas demasiado caras. Mediante sus vidas y caracteres trazaron una senda brillante hacia el cielo. Al observar a tales discípulos Jesús los puede considerar con satisfacción como sus representantes. Su carácter no será desfigurado en la vida de ellos (Exaltad a Jesús, 7 de noviembre, p. 319).


Domingo 8 de febrero

MODELOS

Todos conocemos personas a las que admiramos y queremos emular. Tener buenos modelos es especialmente importante para los niños. Lo ideal sería que esos modelos fueran sus progenitores. A medida que crezcan, encontrarán otros modelos, quizá relacionados con la carrera que hayan elegido o incluso en biografías que hayan leído. También pueden obtener valiosas lecciones de cómo los personajes bíblicos enfrentaron diversos desafíos y comparar sus experiencias con las propias.

Por desgracia, los medios de comunicación rebosan de malos modelos y nos bombardean con relatos acerca de los problemas escandalosos y las vidas desastrosas de los famosos. Aunque los lectores de Pablo en Filipos no tenían que lidiar con Internet, enfrentaban desafíos similares.

El mundo en el que Pablo vivía era muy corrupto, inmoral y malvado, al igual que el de hoy. La maldad siempre abundó y así seguirá siendo hasta el fin. La pregunta clave es: ¿Cómo reaccionamos ante esa realidad?

Lee Filipenses 3:17-19. ¿Cómo describe Pablo los buenos y los malos modelos de conducta en este pasaje? ¿Qué claves comparte para distinguirlos?

Filipenses 3:17-19

17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 18 Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; 19 el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal.

No debemos perder de vista el amor de Pablo hacia las personas con las que no estaba de acuerdo: ¡Llora de tristeza por ellos! Notemos también que no los llama “enemigos”, sino “enemigos de la cruz de Cristo” (Fil. 3:18). Pablo reconocía que estaban en juego cuestiones mucho más amplias, a saber, cómo la Cruz derriba barreras y nos coloca a todos al mismo nivel: como pecadores necesitados de un Salvador (ver Efe. 2:11-14).

Tampoco se debe pasar por alto el hecho de que Pablo insta a los filipenses a enfocarse en los buenos ejemplos –no en los malos–, a observar atentamente a las personas con una experiencia cristiana semejante a la suya. Curiosamente, Pablo utiliza un lenguaje similar al advertir a los romanos que “se guarden de los que causan divisiones y tropiezos contra la doctrina que ustedes han aprendido, y que se aparten de ellos” (Rom. 16:17). Los engañadores que asechaban a los cristianos de Roma son descritos como personas que “no sirven al Señor nuestro Jesucristo sino a sus propios vientres” (Rom. 16:18).

Aunque Jesús es el único modelo perfecto, hay personas que pueden ser ejemplos dignos de imitar en ciertas áreas. Por otra parte, ¿qué clase de modelo de conducta eres tú para los demás?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los hijos de Dios, el verdadero Israel, aunque dispersados entre todas las naciones, no son sino advenedizos en la tierra, y su ciudadanía está en los cielos.

La condición para ser recibidos en la familia del Señor es salir del mundo, separarse de todas sus influencias contaminadoras. El pueblo de Dios no debe tener vinculación alguna con la idolatría bajo cualquiera de sus formas. Ha de alcanzar una norma más elevada. Debemos distinguirnos del mundo, y entonces Dios dirá: «Os recibiré como miembros de mi familia real, hijos del Rey celestial». Como creyentes en la verdad debemos diferenciarnos en nuestras prácticas del pecado y los pecadores. Nuestra ciudadanía está en el cielo.

Debiéramos comprender más claramente el valor de las promesas que Dios nos ha hecho, y apreciar más profundamente el honor que nos ha dado. Dios no puede dispensar mayor honor a los mortales que el de adoptarlos en su familia, dándoles el privilegio de llamarlo Padre. No hay ninguna degradación en llegar a ser hijos de Dios.

Somos extranjeros y peregrinos en este mundo. Hemos de esperar, velar, orar y trabajar. Toda la mente, toda el alma, todo el corazón y toda la fuerza han sido comprados por la sangre del Hijo de Dios. No hemos de creer que tenemos el deber de usar un ropaje de peregrino precisamente de un color o de una forma tales, sino que hemos de emplear el atavío prolijo y modesto que la Palabra inspirada nos enseña a usar. Si nuestros corazones están unidos con el corazón de Cristo, tendremos un deseo muy intenso de ser vestidos de su justicia. Nada se colocará sobre la persona para atraer la atención, o para crear polémica.

¡Cristianismo: cuántos hay que no saben lo que es! No es algo que nos ponemos encima en forma externa. Es una vida infundida dentro de nosotros por la vida de Jesús. Significa que estamos usando el manto de la justicia de Cristo.

Los futuros ciudadanos del cielo serán los mejores ciudadanos de la tierra. El concepto correcto de nuestro deber para con Dios conduce a una percepción clara de nuestro deber para con el prójimo (God’s Amazing Grace, p. 57; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 18 de febrero, p. 57).

No podemos permitir que nuestro ejemplo parezca que sanciona la maldad. Hay un cielo que ganar y un infierno que evitar. En las iglesias con muchos miembros… existe el peligro de rebajar las normas. Cuando muchos se congregan juntos, algunos están más expuestos a volverse descuidados e indiferentes que si ellos estuvieran aislados y tuvieran que permanecer solos. Pero aun bajo circunstancias adversas, podemos ser vigilantes en la oración y establecer un ejemplo de una piadosa conversación, que será un poderoso testimonio de justicia… No podemos permitirnos el hablar palabras que puedan desanimar a nuestros semejantes en el sendero de vida cristiana. Cristo ha dado su vida para que podamos vivir con él en gloria. A lo largo de la eternidad llevará en sus manos las huellas de los clavos crueles que lo sujetaron en la cruz del Calvario…

Ahora nos estamos preparando para la vida eterna futura, y pronto, si somos fieles, veremos las puertas de la ciudad de nuestro Dios girar sobre sus brillantes goznes para que las naciones que han guardado la verdad puedan entrar a poseer su herencia eterna (In Heavenly Places, p. 299; parcialmente en En los lugares celestiales, 19 de octubre, p. 299).


Lunes 9 de febrero

“PERMANEZCAN FIRMES EN EL SEÑOR”

Lee Filipenses 3:20, 21. ¿Cómo describe Pablo la “ciudadanía” cristiana?

Filipenses 3:20-21

20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

A diferencia de los enemigos de la Cruz, que “solo piensan en lo terrenal” y no tienen más dios que sus vientres (Fil. 3:19), la ciudadanía cristiana está en el Cielo, y nuestro soberano es Jesucristo. Para subrayar este punto, Pablo destaca la necesidad de que “el cuerpo de nuestra bajeza” (Fil. 3:21), sujeto a la enfermedad, el deterioro y la muerte, sea transformado para parecerse al glorioso cuerpo resucitado de Cristo.

¿Cómo describen los siguientes pasajes la condición glorificada?

Job 19:25–27

25 Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; 26 Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; 27 Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.

Lucas 24:39

39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

1 Corintios 15:42–44

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. 43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

1 Corintios 15:50–54

50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. 51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

Colosenses 3:4

Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

La muerte, “el último enemigo”, será finalmente destruida por medio de Jesús (1 Cor. 15:26). Esa es nuestra mayor esperanza, la última promesa que se nos ha hecho en Jesús: no solo el fin de la muerte, sino un cuerpo totalmente nuevo, un “cuerpo de gloria” (Fil. 3: 21).

Luc Ferry, el autor ateo de un libro acerca de cómo lograr la “salvación” sin Dios, pretende que el hecho de superar el temor a la muerte constituye la “salvación”. No obstante, admite que el cristianismo “hace posible no solo trascender el temor a la muerte, sino también vencerla, preservando la individualidad –no de manera anónima o abstracta–, con lo cual parece ser la única versión que ofrece la victoria definitiva de la inmortalidad personal sobre nuestra condición mortal” (Luc Ferry, A Brief History of Thought [Nueva York: HarperCollins, 2011], p. 90). Esa es una gran admisión, sobre todo porque proviene de un incrédulo.

De acuerdo con Pablo, nuestra ciudadanía celestial incluye la resurrección y la vida eterna como parte de una existencia totalmente nueva que apenas podemos imaginar.

¿Por qué la promesa de la vida eterna es tan crucial para todo lo que creemos? ¿Podría este mundo ofrecernos algo que merezca la pena como para renunciar a lo que Cristo nos ofrece?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La obediencia a la verdad de Dios, el vivir siguiendo cada palabra de Dios, bastan para hacernos resistir en estos tiempos malos. Satanás está jugando el juego de la vida por el alma…

Hay oportunidades y ventajas que están al alcance de todos para fortalecer las facultades morales y espirituales. La mente puede expandirse y ennoblecerse, y debería hacérsela espaciar en las cosas celestiales… A menos que se oriente en dirección al cielo se convertirá en fácil presa de las tentaciones de Satanás a iniciar proyectos y empresas mundanos que no tienen ninguna relación especial con Dios. Se empeñan en esta obra celo, devoción, energía incansable y deseo febril, y el diablo está cerca y se ríe al ver los esfuerzos humanos que luchan con tanta perseverancia por un objeto que nunca conseguirán, que elude su mano… Esquemas y proyectos inventados por Satanás entrampan las almas, y pobres y engañados seres humanos van directamente a su ruina con los ojos vendados…

Hay una salvaguardia contra los engaños y las trampas de Satanás, y es la verdad como está en Jesús. La verdad plantada en el corazón, alimentada por la vigilancia y la oración, nutrida por la gracia de Cristo, nos proporcionará discernimiento. La verdad debe morar en el corazón, y su poder debe experimentarse a pesar de todos los encantamientos engañosos de Satanás, y vuestra experiencia y la mía debe ser que la verdad pueda purificar, guiar y bendecir al alma…

El enemigo está tras la huella de cada uno de nosotros, y si queremos resistir las tentaciones que nos asaltan desde adentro y desde afuera, debemos asegurarnos de que estamos del lado del Señor, que su verdad está en nuestros corazones, que vela sobre nuestras almas, lista para hacer sonar la alarma y hacernos actuar contra cualquier enemigo. Sin esta defensa, en medio de enemigos invisibles seremos semejantes al mimbre que se dobla ante el viento, sacudido y agitado por sus ráfagas. Pero si Cristo mora en el alma podemos ser fuertes en el Señor y en el poder de su fortaleza (That I May Know Him, p. 301; parcialmente en A fin de conocerle, 22 de octubre, p. 303).

La fuerza viene como resultado del ejercicio. Todos los que usan la habilidad que Dios les ha dado tendrán capacidad aumentada que dedicar a su servicio. Los que no hacen nada en la causa de Dios dejarán de crecer en la gracia y el conocimiento de la verdad. El hombre que permanezca echado y rehúse ejercitar sus miembros, pronto perderá toda posibilidad de usarlos. De este modo, el cristiano que no ejercita las facultades que Dios le ha dado, no solo deja de crecer en Cristo, sino que pierde la fortaleza que ya tenía; se convierte en un paralítico espiritual. Los que por amor a Dios y a sus semejantes luchan para ayudar a los demás se afirman, fortalecen, y arraigan en la verdad. El verdadero cristiano obra para Dios no por impulso, sino por principio; no por un día o un mes, sino por toda la vida…

¡Oh, que cada cual aprecie adecuadamente las facultades que le ha confiado Dios! Por medio de Cristo podréis ascender la escalera del progreso, y poner toda facultad bajo el dominio de Jesús… No podéis hacer nada por vuestra propia fortaleza; pero en la gracia de Jesucristo, podéis emplear de tal modo vuestro poder que lleguéis a traer el mayor bien a vuestra propia alma, y la mayor bendición a las almas de los demás. Aferraos de Jesús, y obraréis diligentemente las obras de Cristo, y recibiréis finalmente la recompensa eterna (La maravillosa gracia de Dios, 25 de octubre, p. 306).


Martes 10 de febrero

REGOCÍJENSE SIEMPRE EN EL SEÑOR

Lee Filipenses 4:4-7. ¿Cómo podemos experimentar “la paz de Dios”?

Filipenses 4:4-7

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Tras referirse nuevamente a la necesidad de la unidad (Fil. 4:1-3), Pablo pasa a otro tema: la alegría en el Señor (Fil. 4:4-7).

¿Cuántas veces te has inquietado por cuestiones que se desvanecieron casi tan pronto como aparecieron? Jesús insistió una y otra vez en que no debemos preocuparnos (ver Mat. 6:25-34; 10:19), y Pedro nos recuerda que podemos depositar todas nuestras preocupaciones o ansiedades en el Señor, “porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7). De hecho, el aumento de los problemas en el ámbito mundial debería estimular nuestra esperanza en la cercanía de la venida del Señor (Mat. 24:33; Luc. 21:28; Sant. 5:8).

El antídoto contra la ansiedad en cualquier situación es elevar una oración de fe (Fil. 4:6, 7). Ello implica creer y actuar como si nuestra oración hubiera sido contestada, incluso antes de que lo sea, pues se nos dice que debemos orar “con acción de gracias”. También se añade la palabra “ruego” (deēsis en griego), lo que sugiere circunstancias extremas y urgencias (ver, por ejemplo, Luc. 1:13; Fil. 1:19; 1 Tim. 5:5; Sant. 5:16). Nuestras oraciones siguen siendo “pedidos”, pero podemos estar seguros de que nuestras peticiones han sido recibidas siempre que pidamos “conforme a su voluntad” (1 Juan 5:14). Entonces podremos descansar y tener paz al saber que todas nuestras peticiones están en las manos de Dios.

¿Cómo amplían los siguientes pasajes nuestra comprensión acerca de la paz de Dios? Salmos 29:11; Isaías 9:6; Lucas 2:14; Juan 14:27; 1 Corintios 14:33.

Salmos 29:11

11 Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.

Isaías 9:6

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Lucas 2:14

14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Juan 14:27

27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

1 Corintios 14:33

33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,

La paz de Dios es algo que el mundo no puede dar, pues ella proviene de la seguridad de que tenemos el don de la vida eterna por medio de Jesús, nuestro Salvador (Rom. 5:1; 6:23). Esta paz incide en todos los aspectos de la vida y “supera todo entendimiento (griego nous)” (Fil. 4:7), lo que significa que no puede ser comprendida solo mental o racionalmente.

¿Cómo describirías a alguien lo que significa experimentar “la paz de Dios”?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al cristiano se otorga el gozo de reunir los rayos de luz eterna del trono de gloria, y de reflejar esos rayos no solo sobre su propio camino, sino sobre los senderos de las personas con quienes él se relaciona. Al hablar palabras de esperanza y estímulo, de agradecida alabanza y bondadoso aliento, puede esforzarse por ayudar a quienes lo rodean a ser mejores, a elevarlos, a señalarles el camino al cielo y la gloria, y conducirlos a buscar, por sobre todas las cosas terrenales, la sustancia eterna, las riquezas que son imperecederas.

«Regocijaos en el Señor siempre —dice el apóstol—. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» Filipenses 4:4. Doquiera vayamos, debemos llevar una atmósfera de esperanza y gozo cristianos; entonces quienes están separados de Cristo verán atractivo en la religión que profesamos; los incrédulos verán la consistencia de nuestra fe. Necesitamos tener una percepción más clara del cielo, la tierra donde todo es reluciente y alegre. Necesitamos conocer más de la plenitud de la bendita esperanza. Si estamos constantemente «regocijándonos en la esperanza», seremos capaces de hablar palabras de aliento a quienes nos rodean…

No solo en la asociación diaria con los creyentes y los incrédulos hemos de glorificar a Dios al hablar a menudo unos a otros palabras de gratitud y regocijo. Como cristianos, se nos exhorta a no dejar de reunirnos, para nuestro propio refrigerio y para impartir el consuelo que hemos recibido. En estas reuniones, celebradas semana tras semana, debemos espaciarnos en la bondad y las muchas misericordias de Dios, en su poder para salvar del pecado. En rasgos, en genio, en palabras, en carácter, hemos de ser testigos de que el servicio de Dios es bueno. Así proclamaremos que «la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma». Salmo 19:7.

Nuestras reuniones de oración y de sociabilidad deberían ser de especial ayuda y aliento… Esto puede ser hecho de mejor manera si tenemos una nueva experiencia diaria en las cosas de Dios, y no vacilamos en hablar de su amor en las asambleas de su pueblo…

Si pensáramos y habláramos más de Jesús, y menos de nosotros mismos, tendríamos mucho más de su presencia. Si permanecemos en él, seremos tan llenos de paz, fe y valor, y tendremos tan victoriosas experiencias para relatar cuando vengamos a las reuniones, que otros serán refrescados por nuestro testimonio claro y decidido por Dios. Estos preciosos reconocimientos de alabanza a la gloria de su gracia, cuando son presentados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible, que obra para la salvación de las almas (Reflejemos a Jesús, 25 de julio, p. 212).


Miércoles 11 de febrero

PIENSEN EN ESTO

La paz que sobrepasa todo entendimiento también “guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7). Nuestra vida interior necesita protección. Curiosamente, Filipenses 4:7 conecta la paz de Dios con una metáfora militar. El verbo griego froureō se usa para describir una guarnición de soldados que protegen una ciudad contra una invasión (2 Cor. 11:32; comparar con Hech. 9:24).

Otro aspecto muy importante de la paz interior implica vivir en armonía con la voluntad de Dios. “Mucha paz gozan los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal. 119:165).

Lee Filipenses 4:8, 9. ¿Qué acciones específicas se recomiendan aquí?

Filipenses 4:8-9

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

Pablo introduce Filipenses 4:8 y 9 con la expresión “por lo demás” y una lista de seis virtudes, seguida de un sucinto resumen de ellas y de una exhortación a imitar su ejemplo. Esta exhortación final armoniza con el entorno grecorromano de Filipos, ya que enfatiza la virtud y el ejemplo. Curiosamente, sin embargo, se centra en ciertas virtudes bíblicas específicas, lo que resulta obvio por la omisión paulina de las cuatro virtudes cardinales griegas (prudencia, justicia, templanza y valentía).

  1. No es casual que la lista comience con la virtud bíblica cardinal: lo verdadero, reiteradamente enfatizada por Jesús –quien solía decir: “Les aseguro…”– y por todo el Nuevo Testamento (ver, por ejemplo, Hech. 26:25; Rom. 1:18; 1 Cor. 13:6; 2 Cor. 4:2; Efe. 4:15; 1 Tim. 3:15; Sant. 1:18; 1 Ped. 1:22; 1 Juan 2:21).
  2. Honorable. La palabra griega así traducida se refiere a una virtud personal (comparar sus otros usos en 1 Tim. 3:8, 11; Tito 2:2, donde se traduce como “respetable” en la NVI).
  3. Justo. Esta virtud es una de las características distintivas de Dios (comparar su uso en Fil. 1:7).
  4. Puro. La palabra se refiere al pensamiento puro y a las acciones de esa misma naturaleza que fluyen de la justicia de Dios recibida por la fe en ocasión de la justificación (ver 1 Juan 3:3).
  5. “Agradable” (DHH). El término designa una belleza estética como la atestiguada ampliamente en la Creación de Dios.
  6. De buen nombre. Otras versiones traducen esta última virtud como “digno de admiración” (NVI): “honorable” (LBLA), “loable” (BNP), etc.

Pablo hace dos salvedades más, para que no se atribuya un matiz pagano a ninguna de estas virtudes: “Si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza” (Fil. 4:8), debemos pensar en estas virtudes celestiales. Luego, para despejar toda duda y evitar cualquier equívoco, el apóstol exhorta a los creyentes a practicar lo aprendido, recibido, oído y visto en su propio ejemplo (Fil. 4:9).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si la mente está educada para contemplar las cosas celestiales, el apetito no se debiera satisfacer con lo barato y lo común. Debemos recordar que el Señor está preparado para hacer grandes cosas por nosotros, pero nosotros debemos estar preparados para recibirlas vaciando el corazón de toda suficiencia propia y de toda confianza personal. Solo el Señor debe ser exaltado. «Yo honraré a los que me honran» dice él. 1 Samuel 2:30. No necesitamos preocuparnos de que nos reconozcan, porque «el Señor sabe quiénes son los suyos». Los que no confían en sí mismos, sino que consideran como precaución su propia obra, son aquellos a quienes el Señor revelará su gloria. Emplearán mejor las bendiciones que reciban. Todos los que beban de las puras corrientes del Líbano verán que el agua de la vida manará de ellos con fuerza que no se puede reprimir…

El Señor sabe que si miramos al hombre y confiamos en él, nos estamos apoyando en un brazo de carne. Nos invita a que pongamos nuestra confianza en él. Su poder es ilimitado. Mediten en el Señor Jesús, en sus méritos y su amor, y no traten de buscar defectos ni hablar acerca de las equivocaciones cometidas por los demás. Recuerden las cosas dignas de reconocimiento y alabanza; y si son agudos para descubrir errores en los demás, sean más agudos todavía para reconocer lo que está bien hecho y alabarlo. Si se someten a la autocrítica, encontrarán en ustedes cosas tan objetables como las que ven en los demás. Trabajemos, entonces, constantemente, para fortalecernos los unos a los otros en la santísima fe.

En su carta a los Filipenses Pablo dice: «Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo». Filipenses 1:1-6. Sea este el espíritu de todos nosotros (Cada día con Dios, 18 de octubre, p. 298).


Jueves 12 de febrero

LAS CLAVES DEL CONTENTAMIENTO

Lee Filipenses 4:10-13, 19. ¿Qué claves revela Pablo para alcanzar una vida satisfecha y feliz?

Filipenses 4:10-13, 19

10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

En circunstancias extremas (hambre, enfermedad, lesiones, decesos), las personas reflexionan acerca de lo realmente importante y consideran las bendiciones que normalmente se dan por sentadas. La fe entra en acción cuando estamos “en necesidad” (Fil. 4:12), “sufrimos escasez” (NVI) o “no tenemos nada” (DHH).

Por el contrario, cuando “vivimos en abundancia”, debemos ser conscientes de que esta puede desaparecer en un instante (ver Prov. 23:5). Como Job y Pablo nos recuerdan, nada trajimos al mundo cuando nacimos, y nada nos llevaremos a la tumba (Job 1:21; 1 Tim. 6:7).

Considera las siguientes promesas y certidumbres bíblicas:

  • “El Señor es mi Pastor, nada me faltará” (o “nada me falta”; DHH) (Sal. 23:1).
  • “Su Padre celestial sabe [lo] que ustedes necesitan” (Mat. 6:32).
  • “Echen toda su ansiedad sobre él, porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7).
  • “Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad de ustedes, conforme a su gloriosa riqueza en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

Y he aquí lo más maravilloso: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Quizá ninguno de nosotros pueda comprender plenamente lo que implica la palabra “todo”. Ciertamente, como en el caso de cualquier petición a Dios por su ayuda y fuerza, debemos pedir que se haga su voluntad. Sin embargo, muchas veces ni siquiera pedimos cosas que sabemos que se ajustan a su voluntad. Por eso Santiago 4:2 dice: “No tienen lo que desean, porque no piden”.

He aquí algunas cosas que podemos pedir con confianza porque sabemos que están en armonía con la voluntad de Dios:

  • Salvación de un ser querido o de un amigo (1 Tim. 2:3, 4).
  • Valor para compartir nuestra fe (Apoc. 22:17).
  • Perdón cuando confesamos y abandonamos el mal (1 Juan 1:9).
  • Fortaleza para obedecer los mandamientos de Dios (Heb. 13:20, 21).
  • Amor por quienes nos odian y maltratan (Mat. 5:44).
  • Sabiduría en situaciones difíciles (Sant. 1:5).
  • Comprensión de la verdad revelada en la Palabra de Dios (Juan 8:32).

¿Cómo reaccionas cuando no recibes lo que has pedido en oración o ante la posibilidad de que nunca lo recibas?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La religión pura proporciona paz, felicidad, contento; la piedad es provechosa para esta vida y la vida venidera.

Esa inquietud y descontento que termina en enojo y queja es pecaminosa; pero el descontento con uno mismo que induce a un esfuerzo más ferviente para lograr un aprovechamiento de la mente, para alcanzar un campo más amplio de utilidad es digno de alabanza. Este descontento no termina en disgusto, sino en la reunión de fuerza para alcanzar un campo más extenso y elevado de utilidad. Estad siempre equilibrados únicamente por un principio religioso firme y una conciencia sensible, teniendo siempre el temor de Dios ante  vosotros, y ciertamente prosperaréis en vuestra preparación para una vida de utilidad.

Deberíamos vivir para el mundo venidero. Es tan desagradable vivir una vida al azar y sin un blanco definido. Queremos tener un objeto en la vida —vivir para un propósito. Dios nos ayude a todos a ser abnegados, menos preocupados de nosotros mismos, más olvidadizos del yo y de los intereses egoístas; y para hacer el bien, no por el honor que esperamos recibir aquí, sino porque ése es el objeto de nuestra vida y dará una respuesta al fin de nuestra existencia. Que nuestra oración diaria se eleve hacia Dios para que nos prive de nuestro egoísmo…

He visto que todos aquellos que viven con un propósito, buscando beneficiar y bendecir a sus congéneres, y honrar y glorificar a su Redentor, son las personas que verdaderamente viven felices en la tierra, mientras que el hombre que es inquieto, que está descontento, y que busca esto y prueba aquello, esperando encontrar felicidad, siempre se está quejando de desengaño. Siempre está en necesidad, nunca está satisfecho, porque vive únicamente para él mismo. Que vuestro blanco sea hacer el bien, realizar vuestra parte fielmente en la vida.

Estad ansiosos y deseosos de crecer en la gracia, buscando una comprensión más clara e inteligente de la voluntad de Dios respecto de vosotros, esforzándoos fervientemente para alcanzar la meta del premio que está delante de vosotros. Únicamente la perfección cristiana obtendrá el ropaje inmaculado del carácter que os capacitará para permanecer ante el trono de Dios entre la hueste lavada por la sangre, llevando la palma de la victoria duradera y el triunfo eterno (Nuestra elevada vocación, 24 de agosto, p. 244).

Los que establecen una relación personal con Cristo, constituyen un templo santo para el Señor, porque Jesús es para el creyente sabiduría, justificación, santificación y redención. El que se rinde completamente a Dios es consciente de la presencia salvadora de Cristo. Es poseedor de la paciencia espiritual, y todo su ser está dispuesto a aprender del que es manso y humilde de corazón. El que confía en Jesús como su eficiencia y justificación, su ser entero estará lleno de un santo contentamiento.

¿Cuál es la base del gozo del cristiano? Es el resultado del sentido de la presencia de Cristo. ¿En que consiste el amor del cristiano? Es el reflejo del amor de Cristo. Es el resultado de la obra del Espíritu Santo. Al mirar la cruz del Calvario veremos a Jesús muriendo por los pecados del mundo, para que mediante su muerte, que genera contrición en el creyente, podamos tener vida e inmortalidad. Jesús es todo para todos, y sin él nada podemos hacer. Sin Cristo la vida espiritual es imposible (Recibiréis poder, 15 de marzo, p. 85).


Viernes 13 de febrero

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Únicamente los que estén recibiendo constantemente nueva provisión de gracia tendrán una fuerza proporcional a su necesidad diaria y a su capacidad de emplearla. En vez de esperar algún tiempo futuro en que, mediante el otorgamiento de un poder espiritual especial, sean milagrosamente hechos idóneos para ganar almas, se entregan diariamente a Dios, para que los haga vasos dignos de ser empleados por él. Diariamente están a su alcance. Diariamente están testificando por el Maestro dondequiera que estén, ora sea en alguna humilde esfera de trabajo o en el hogar, o en un ramo público de utilidad.

“Para el obrero consagrado, es una maravillosa fuente de consuelo el saber que aun Cristo durante su vida terrenal buscaba a su Padre diariamente en procura de nuevas provisiones de gracia necesaria; y de esta comunión con Dios salía para fortalecer y bendecir a otros. […]

“Todo obrero que sigue el ejemplo de Cristo será preparado para recibir y usar el poder que Dios ha prometido a su iglesia para la maduración de la mies de la Tierra” (Elena de White, La maravillosa gracia de Dios [Florida: ACES, 1973], p. 117).

“Dios conoce nuestras necesidades y ha hecho provisión para satisfacerlas. El Señor tiene una tesorería con abundantes provisiones para sus hijos, y puede darles lo que necesitan en todas las circunstancias. Entonces ¿por qué no confiáis en él? Ha hecho preciosas promesas a sus hijos a condición de que obedezcan fielmente sus preceptos. No hay ninguna carga que no pueda quitar, ninguna tiniebla que no pueda disipar, ninguna debilidad que no pueda transformar en poder, ningún temor que no pueda apaciguar, ninguna aspiración digna que no pueda guiar y justificar.

“No debemos mirarnos a nosotros mismos. Cuanto más consideremos nuestras imperfecciones, menos fuerza tendremos para vencerlas” (Elena de White, A fin de conocerle [Nampa, ID: Pacific Press, 2008], p. 226).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Piensa en algunas de tus experiencias más felices en las que tus oraciones fueron contestadas por Dios. ¿Cómo te han ayudado a experimentar la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento? ¿Cómo puedes seguir experimentando esa paz cuando tus oraciones no son contestadas, al menos de acuerdo con tus expectativas?
  2. En el contexto de Filipenses 4:8, ¿qué ocupa tus pensamientos? ¿En qué medida lo que piensas fortalece tu fe y tu relación con el Señor?
  3. Analiza la cita final anterior. ¿Qué implicaciones tiene la afirmación: “Cuanto más nos detengamos en nuestras imperfecciones, menos fuerza tendremos para superarlas”? ¿Cuál es, entonces, la clave de la superación?

Lección 7 – UNA CIUDADANÍA CELESTIAL – Para el 14 de febrero de 2026

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Usualmente el video es subido a internet, el sábado por la noche o el domingo.

Lecciones Futuras de Escuela Sabática

1er Trimestre Colosenses – Filipenses
2do Trimestre Relación con Dios
3er Trimestre 1 y 2 Corintios
4to Trimestre El Don de Profecía
1er Trimestre Mayordomía
2do Trimestre Vida de Jesús
3er Trimestre Profecías Apocalípticas
4to Trimestre Hermenéutica

Lecciones Futuras de Escuela Sabática

Año 1er Trimestre 2do Trimestre 3er Trimestre 4to Trimestre
2026 Colosenses – Filipenses Relación con Dios 1 y 2 Corintos El Don de Profecía
2027 Mayordomía Vida de Jesús Profecías Apocalípticas Hermenéutica

Si usted se encuentra en el área de Washington DC y desea visitar una iglesia Adventista de habla hispana, le invitamos a asistir a nuestra iglesia, este es el enlace:

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Lección 7: Para el 14 de febrero de 2026

UNA CIUDADANÍA CELESTIAL

Sábado 7 de febrero

TUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 3:17–4:23; 1 Corintios 15:42-44; Juan 14:27; Salmo 119:165; Job 1:21; 1 Timoteo 6:7.

PARA MEMORIZAR:

“Por nada estén afanosos, sino presenten sus pedidos a Dios en oración, ruego y acción de gracias” (Fil. 4:6).

La lección de esta semana concluye nuestro estudio de Filipenses y está repleta de valiosas lecciones y máximas para la vida diaria. Parece que muchos de los elevados valores morales que guiaron la vida del apóstol Pablo se encuentran en los versículos finales de la epístola. Al igual que las enseñanzas de Jesús, que se centran en la persona interior, lo que Pablo comparte con nosotros son secretos para vivir una vida cristiana dichosa.

Incluso cuando nuestras circunstancias son mucho menos que ideales, no tenemos por qué preocuparnos, angustiarnos o desanimarnos. Por el contrario, hay principios que nos ayudarán a encontrar la fuerza para afrontar los retos que nos depara la vida, y así podremos experimentar la paz duradera que solo Dios puede otorgar. El presente y el futuro están en sus manos, y él suplirá todo lo que necesitemos.

Lo más importante es no depositar nuestras esperanzas en los sistemas de gobierno terrenales, que nos decepcionan con frecuencia. Como cristianos, somos ciudadanos del reino celestial, y esa ciudadanía conlleva privilegios, maravillosos privilegios, y también responsabilidades.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La obediencia a las leyes de Dios desarrolla en el hombre un  carácter hermoso que está en armonía con todo lo puro, lo santo, y lo incontaminado. En la vida de tales hombres se revela el evangelio de Cristo. Al aceptar la misericordia de Cristo y su sanamiento del poder del pecado, el hombre queda en correcta relación con Dios. Su vida, purificada de la vanidad y el egoísmo, se llena del amor del Padre. Su diaria obediencia a la ley del Señor le brinda un carácter que le asegura la vida eterna en el reino de Dios.

En su vida terrenal el Salvador nos da ejemplo de la vida santificada que podemos poseer si dedicamos nuestros días a hacer el bien a las almas que necesitan nuestra ayuda. Es nuestro privilegio brindar alegría a los sufrientes, luz a los que están en tinieblas, y vida a los que perecen. El mensaje del Señor nos llega con estas palabras: «¿Por qué permanecéis todo el día ociosos? Trabajad mientras es de día; porque la noche viene cuando nadie puede obrar». Cada palabra que hablemos, cada acto que realicemos, que propenda a la felicidad de los demás, propenderá a la nuestra también, y hará que nuestra vida sea semejante a la de Cristo.

Nuestras diarias tareas debieran ser aceptadas con alegría y realizadas alegremente también. Nuestro deber más importante consiste en revelar mediante nuestras palabras y nuestro comportamiento una vida que manifieste los atributos del cielo. Se nos da la Palabra de vida para que la estudiemos y la practiquemos. Nuestros actos debieran estar en estricta conformidad con las leyes del reino de los cielos. Entonces el cielo podrá aprobar nuestra obra; y los talentos que empleemos en su servicio se multiplicarán para que seamos más útiles todavía. La vida consagrada alumbrará en medio de las tinieblas morales del mundo, guiando a las almas que perecen hacia la verdad de la Palabra…

En su Dádiva al mundo, el Señor ha revelado cuán solícito es en que llevemos en nuestras vidas las marcas de nuestra ciudadanía celestial, dejando que cada rayo de luz que hemos recibido brille en buenas obras para nuestros semejantes (Sons and Daughters of God, p. 42; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 5 de febrero, p. 44).

Que cada uno de nosotros considere personalmente lo que está anotado en los libros del cielo acerca de su vida y carácter, y acerca de nuestra actitud hacia Dios. ¿Ha ido en aumento nuestro amor a Dios durante este año que pasa? Si en realidad Cristo mora en nuestros corazones, amaremos a Dios, nos deleitaremos en obedecer sus mandamientos, y nuestro amor se profundizará y fortalecerá continuamente. Si representamos a Cristo ante el mundo, la pureza se manifestará en nuestro corazón, en nuestra vida y en nuestro carácter; nuestras conversaciones serán santas; y no se revelará ningún engaño en nuestros corazones ni en nuestros labios. Examinemos nuestra vida pasada y veamos si hemos dado evidencia de nuestro amor al Señor Jesús al esforzarnos por asemejarnos a él, al trabajar como él lo hizo, con el fin de salvar a aquellos por quienes murió.

El registro bíblico declara que Jesús no se avergüenza de llamar hermanos a sus discípulos fervorosos y sacrificados: tanto se habían identificado con él y manifestado su Espíritu. Mediante sus obras testificaban constantemente que este mundo no era su hogar; su ciudadanía estaba en lo alto; buscaban una patria mejor, la celestial. Su conversación y sus afectos estaban enfocados en las cosas del cielo. Estaban en el mundo, pero no eran del mundo; tanto en espíritu como en práctica estaban separados de sus intereses y costumbres. Su ejemplo cotidiano daba testimonio de que vivían para la gloria de Dios. Su interés más elevado, como el de su Maestro, consistía en la salvación de las almas. Este era el propósito de sus trabajos y sacrificios, y ni siquiera consideraban sus propias vidas demasiado caras. Mediante sus vidas y caracteres trazaron una senda brillante hacia el cielo. Al observar a tales discípulos Jesús los puede considerar con satisfacción como sus representantes. Su carácter no será desfigurado en la vida de ellos (Exaltad a Jesús, 7 de noviembre, p. 319).


Domingo 8 de febrero

MODELOS

Todos conocemos personas a las que admiramos y queremos emular. Tener buenos modelos es especialmente importante para los niños. Lo ideal sería que esos modelos fueran sus progenitores. A medida que crezcan, encontrarán otros modelos, quizá relacionados con la carrera que hayan elegido o incluso en biografías que hayan leído. También pueden obtener valiosas lecciones de cómo los personajes bíblicos enfrentaron diversos desafíos y comparar sus experiencias con las propias.

Por desgracia, los medios de comunicación rebosan de malos modelos y nos bombardean con relatos acerca de los problemas escandalosos y las vidas desastrosas de los famosos. Aunque los lectores de Pablo en Filipos no tenían que lidiar con Internet, enfrentaban desafíos similares.

El mundo en el que Pablo vivía era muy corrupto, inmoral y malvado, al igual que el de hoy. La maldad siempre abundó y así seguirá siendo hasta el fin. La pregunta clave es: ¿Cómo reaccionamos ante esa realidad?

Lee Filipenses 3:17-19. ¿Cómo describe Pablo los buenos y los malos modelos de conducta en este pasaje? ¿Qué claves comparte para distinguirlos?

Filipenses 3:17-19

17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 18 Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; 19 el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal.

No debemos perder de vista el amor de Pablo hacia las personas con las que no estaba de acuerdo: ¡Llora de tristeza por ellos! Notemos también que no los llama “enemigos”, sino “enemigos de la cruz de Cristo” (Fil. 3:18). Pablo reconocía que estaban en juego cuestiones mucho más amplias, a saber, cómo la Cruz derriba barreras y nos coloca a todos al mismo nivel: como pecadores necesitados de un Salvador (ver Efe. 2:11-14).

Tampoco se debe pasar por alto el hecho de que Pablo insta a los filipenses a enfocarse en los buenos ejemplos –no en los malos–, a observar atentamente a las personas con una experiencia cristiana semejante a la suya. Curiosamente, Pablo utiliza un lenguaje similar al advertir a los romanos que “se guarden de los que causan divisiones y tropiezos contra la doctrina que ustedes han aprendido, y que se aparten de ellos” (Rom. 16:17). Los engañadores que asechaban a los cristianos de Roma son descritos como personas que “no sirven al Señor nuestro Jesucristo sino a sus propios vientres” (Rom. 16:18).

Aunque Jesús es el único modelo perfecto, hay personas que pueden ser ejemplos dignos de imitar en ciertas áreas. Por otra parte, ¿qué clase de modelo de conducta eres tú para los demás?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los hijos de Dios, el verdadero Israel, aunque dispersados entre todas las naciones, no son sino advenedizos en la tierra, y su ciudadanía está en los cielos.

La condición para ser recibidos en la familia del Señor es salir del mundo, separarse de todas sus influencias contaminadoras. El pueblo de Dios no debe tener vinculación alguna con la idolatría bajo cualquiera de sus formas. Ha de alcanzar una norma más elevada. Debemos distinguirnos del mundo, y entonces Dios dirá: «Os recibiré como miembros de mi familia real, hijos del Rey celestial». Como creyentes en la verdad debemos diferenciarnos en nuestras prácticas del pecado y los pecadores. Nuestra ciudadanía está en el cielo.

Debiéramos comprender más claramente el valor de las promesas que Dios nos ha hecho, y apreciar más profundamente el honor que nos ha dado. Dios no puede dispensar mayor honor a los mortales que el de adoptarlos en su familia, dándoles el privilegio de llamarlo Padre. No hay ninguna degradación en llegar a ser hijos de Dios.

Somos extranjeros y peregrinos en este mundo. Hemos de esperar, velar, orar y trabajar. Toda la mente, toda el alma, todo el corazón y toda la fuerza han sido comprados por la sangre del Hijo de Dios. No hemos de creer que tenemos el deber de usar un ropaje de peregrino precisamente de un color o de una forma tales, sino que hemos de emplear el atavío prolijo y modesto que la Palabra inspirada nos enseña a usar. Si nuestros corazones están unidos con el corazón de Cristo, tendremos un deseo muy intenso de ser vestidos de su justicia. Nada se colocará sobre la persona para atraer la atención, o para crear polémica.

¡Cristianismo: cuántos hay que no saben lo que es! No es algo que nos ponemos encima en forma externa. Es una vida infundida dentro de nosotros por la vida de Jesús. Significa que estamos usando el manto de la justicia de Cristo.

Los futuros ciudadanos del cielo serán los mejores ciudadanos de la tierra. El concepto correcto de nuestro deber para con Dios conduce a una percepción clara de nuestro deber para con el prójimo (God’s Amazing Grace, p. 57; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 18 de febrero, p. 57).

No podemos permitir que nuestro ejemplo parezca que sanciona la maldad. Hay un cielo que ganar y un infierno que evitar. En las iglesias con muchos miembros… existe el peligro de rebajar las normas. Cuando muchos se congregan juntos, algunos están más expuestos a volverse descuidados e indiferentes que si ellos estuvieran aislados y tuvieran que permanecer solos. Pero aun bajo circunstancias adversas, podemos ser vigilantes en la oración y establecer un ejemplo de una piadosa conversación, que será un poderoso testimonio de justicia… No podemos permitirnos el hablar palabras que puedan desanimar a nuestros semejantes en el sendero de vida cristiana. Cristo ha dado su vida para que podamos vivir con él en gloria. A lo largo de la eternidad llevará en sus manos las huellas de los clavos crueles que lo sujetaron en la cruz del Calvario…

Ahora nos estamos preparando para la vida eterna futura, y pronto, si somos fieles, veremos las puertas de la ciudad de nuestro Dios girar sobre sus brillantes goznes para que las naciones que han guardado la verdad puedan entrar a poseer su herencia eterna (In Heavenly Places, p. 299; parcialmente en En los lugares celestiales, 19 de octubre, p. 299).


Lunes 9 de febrero

“PERMANEZCAN FIRMES EN EL SEÑOR”

Lee Filipenses 3:20, 21. ¿Cómo describe Pablo la “ciudadanía” cristiana?

Filipenses 3:20-21

20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

A diferencia de los enemigos de la Cruz, que “solo piensan en lo terrenal” y no tienen más dios que sus vientres (Fil. 3:19), la ciudadanía cristiana está en el Cielo, y nuestro soberano es Jesucristo. Para subrayar este punto, Pablo destaca la necesidad de que “el cuerpo de nuestra bajeza” (Fil. 3:21), sujeto a la enfermedad, el deterioro y la muerte, sea transformado para parecerse al glorioso cuerpo resucitado de Cristo.

¿Cómo describen los siguientes pasajes la condición glorificada?

Job 19:25–27

25 Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; 26 Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; 27 Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.

Lucas 24:39

39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

1 Corintios 15:42–44

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. 43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

1 Corintios 15:50–54

50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. 51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

Colosenses 3:4

Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

La muerte, “el último enemigo”, será finalmente destruida por medio de Jesús (1 Cor. 15:26). Esa es nuestra mayor esperanza, la última promesa que se nos ha hecho en Jesús: no solo el fin de la muerte, sino un cuerpo totalmente nuevo, un “cuerpo de gloria” (Fil. 3: 21).

Luc Ferry, el autor ateo de un libro acerca de cómo lograr la “salvación” sin Dios, pretende que el hecho de superar el temor a la muerte constituye la “salvación”. No obstante, admite que el cristianismo “hace posible no solo trascender el temor a la muerte, sino también vencerla, preservando la individualidad –no de manera anónima o abstracta–, con lo cual parece ser la única versión que ofrece la victoria definitiva de la inmortalidad personal sobre nuestra condición mortal” (Luc Ferry, A Brief History of Thought [Nueva York: HarperCollins, 2011], p. 90). Esa es una gran admisión, sobre todo porque proviene de un incrédulo.

De acuerdo con Pablo, nuestra ciudadanía celestial incluye la resurrección y la vida eterna como parte de una existencia totalmente nueva que apenas podemos imaginar.

¿Por qué la promesa de la vida eterna es tan crucial para todo lo que creemos? ¿Podría este mundo ofrecernos algo que merezca la pena como para renunciar a lo que Cristo nos ofrece?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La obediencia a la verdad de Dios, el vivir siguiendo cada palabra de Dios, bastan para hacernos resistir en estos tiempos malos. Satanás está jugando el juego de la vida por el alma…

Hay oportunidades y ventajas que están al alcance de todos para fortalecer las facultades morales y espirituales. La mente puede expandirse y ennoblecerse, y debería hacérsela espaciar en las cosas celestiales… A menos que se oriente en dirección al cielo se convertirá en fácil presa de las tentaciones de Satanás a iniciar proyectos y empresas mundanos que no tienen ninguna relación especial con Dios. Se empeñan en esta obra celo, devoción, energía incansable y deseo febril, y el diablo está cerca y se ríe al ver los esfuerzos humanos que luchan con tanta perseverancia por un objeto que nunca conseguirán, que elude su mano… Esquemas y proyectos inventados por Satanás entrampan las almas, y pobres y engañados seres humanos van directamente a su ruina con los ojos vendados…

Hay una salvaguardia contra los engaños y las trampas de Satanás, y es la verdad como está en Jesús. La verdad plantada en el corazón, alimentada por la vigilancia y la oración, nutrida por la gracia de Cristo, nos proporcionará discernimiento. La verdad debe morar en el corazón, y su poder debe experimentarse a pesar de todos los encantamientos engañosos de Satanás, y vuestra experiencia y la mía debe ser que la verdad pueda purificar, guiar y bendecir al alma…

El enemigo está tras la huella de cada uno de nosotros, y si queremos resistir las tentaciones que nos asaltan desde adentro y desde afuera, debemos asegurarnos de que estamos del lado del Señor, que su verdad está en nuestros corazones, que vela sobre nuestras almas, lista para hacer sonar la alarma y hacernos actuar contra cualquier enemigo. Sin esta defensa, en medio de enemigos invisibles seremos semejantes al mimbre que se dobla ante el viento, sacudido y agitado por sus ráfagas. Pero si Cristo mora en el alma podemos ser fuertes en el Señor y en el poder de su fortaleza (That I May Know Him, p. 301; parcialmente en A fin de conocerle, 22 de octubre, p. 303).

La fuerza viene como resultado del ejercicio. Todos los que usan la habilidad que Dios les ha dado tendrán capacidad aumentada que dedicar a su servicio. Los que no hacen nada en la causa de Dios dejarán de crecer en la gracia y el conocimiento de la verdad. El hombre que permanezca echado y rehúse ejercitar sus miembros, pronto perderá toda posibilidad de usarlos. De este modo, el cristiano que no ejercita las facultades que Dios le ha dado, no solo deja de crecer en Cristo, sino que pierde la fortaleza que ya tenía; se convierte en un paralítico espiritual. Los que por amor a Dios y a sus semejantes luchan para ayudar a los demás se afirman, fortalecen, y arraigan en la verdad. El verdadero cristiano obra para Dios no por impulso, sino por principio; no por un día o un mes, sino por toda la vida…

¡Oh, que cada cual aprecie adecuadamente las facultades que le ha confiado Dios! Por medio de Cristo podréis ascender la escalera del progreso, y poner toda facultad bajo el dominio de Jesús… No podéis hacer nada por vuestra propia fortaleza; pero en la gracia de Jesucristo, podéis emplear de tal modo vuestro poder que lleguéis a traer el mayor bien a vuestra propia alma, y la mayor bendición a las almas de los demás. Aferraos de Jesús, y obraréis diligentemente las obras de Cristo, y recibiréis finalmente la recompensa eterna (La maravillosa gracia de Dios, 25 de octubre, p. 306).


Martes 10 de febrero

REGOCÍJENSE SIEMPRE EN EL SEÑOR

Lee Filipenses 4:4-7. ¿Cómo podemos experimentar “la paz de Dios”?

Filipenses 4:4-7

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Tras referirse nuevamente a la necesidad de la unidad (Fil. 4:1-3), Pablo pasa a otro tema: la alegría en el Señor (Fil. 4:4-7).

¿Cuántas veces te has inquietado por cuestiones que se desvanecieron casi tan pronto como aparecieron? Jesús insistió una y otra vez en que no debemos preocuparnos (ver Mat. 6:25-34; 10:19), y Pedro nos recuerda que podemos depositar todas nuestras preocupaciones o ansiedades en el Señor, “porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7). De hecho, el aumento de los problemas en el ámbito mundial debería estimular nuestra esperanza en la cercanía de la venida del Señor (Mat. 24:33; Luc. 21:28; Sant. 5:8).

El antídoto contra la ansiedad en cualquier situación es elevar una oración de fe (Fil. 4:6, 7). Ello implica creer y actuar como si nuestra oración hubiera sido contestada, incluso antes de que lo sea, pues se nos dice que debemos orar “con acción de gracias”. También se añade la palabra “ruego” (deēsis en griego), lo que sugiere circunstancias extremas y urgencias (ver, por ejemplo, Luc. 1:13; Fil. 1:19; 1 Tim. 5:5; Sant. 5:16). Nuestras oraciones siguen siendo “pedidos”, pero podemos estar seguros de que nuestras peticiones han sido recibidas siempre que pidamos “conforme a su voluntad” (1 Juan 5:14). Entonces podremos descansar y tener paz al saber que todas nuestras peticiones están en las manos de Dios.

¿Cómo amplían los siguientes pasajes nuestra comprensión acerca de la paz de Dios? Salmos 29:11; Isaías 9:6; Lucas 2:14; Juan 14:27; 1 Corintios 14:33.

Salmos 29:11

11 Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.

Isaías 9:6

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Lucas 2:14

14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Juan 14:27

27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

1 Corintios 14:33

33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,

La paz de Dios es algo que el mundo no puede dar, pues ella proviene de la seguridad de que tenemos el don de la vida eterna por medio de Jesús, nuestro Salvador (Rom. 5:1; 6:23). Esta paz incide en todos los aspectos de la vida y “supera todo entendimiento (griego nous)” (Fil. 4:7), lo que significa que no puede ser comprendida solo mental o racionalmente.

¿Cómo describirías a alguien lo que significa experimentar “la paz de Dios”?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al cristiano se otorga el gozo de reunir los rayos de luz eterna del trono de gloria, y de reflejar esos rayos no solo sobre su propio camino, sino sobre los senderos de las personas con quienes él se relaciona. Al hablar palabras de esperanza y estímulo, de agradecida alabanza y bondadoso aliento, puede esforzarse por ayudar a quienes lo rodean a ser mejores, a elevarlos, a señalarles el camino al cielo y la gloria, y conducirlos a buscar, por sobre todas las cosas terrenales, la sustancia eterna, las riquezas que son imperecederas.

«Regocijaos en el Señor siempre —dice el apóstol—. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» Filipenses 4:4. Doquiera vayamos, debemos llevar una atmósfera de esperanza y gozo cristianos; entonces quienes están separados de Cristo verán atractivo en la religión que profesamos; los incrédulos verán la consistencia de nuestra fe. Necesitamos tener una percepción más clara del cielo, la tierra donde todo es reluciente y alegre. Necesitamos conocer más de la plenitud de la bendita esperanza. Si estamos constantemente «regocijándonos en la esperanza», seremos capaces de hablar palabras de aliento a quienes nos rodean…

No solo en la asociación diaria con los creyentes y los incrédulos hemos de glorificar a Dios al hablar a menudo unos a otros palabras de gratitud y regocijo. Como cristianos, se nos exhorta a no dejar de reunirnos, para nuestro propio refrigerio y para impartir el consuelo que hemos recibido. En estas reuniones, celebradas semana tras semana, debemos espaciarnos en la bondad y las muchas misericordias de Dios, en su poder para salvar del pecado. En rasgos, en genio, en palabras, en carácter, hemos de ser testigos de que el servicio de Dios es bueno. Así proclamaremos que «la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma». Salmo 19:7.

Nuestras reuniones de oración y de sociabilidad deberían ser de especial ayuda y aliento… Esto puede ser hecho de mejor manera si tenemos una nueva experiencia diaria en las cosas de Dios, y no vacilamos en hablar de su amor en las asambleas de su pueblo…

Si pensáramos y habláramos más de Jesús, y menos de nosotros mismos, tendríamos mucho más de su presencia. Si permanecemos en él, seremos tan llenos de paz, fe y valor, y tendremos tan victoriosas experiencias para relatar cuando vengamos a las reuniones, que otros serán refrescados por nuestro testimonio claro y decidido por Dios. Estos preciosos reconocimientos de alabanza a la gloria de su gracia, cuando son presentados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible, que obra para la salvación de las almas (Reflejemos a Jesús, 25 de julio, p. 212).


Miércoles 11 de febrero

PIENSEN EN ESTO

La paz que sobrepasa todo entendimiento también “guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7). Nuestra vida interior necesita protección. Curiosamente, Filipenses 4:7 conecta la paz de Dios con una metáfora militar. El verbo griego froureō se usa para describir una guarnición de soldados que protegen una ciudad contra una invasión (2 Cor. 11:32; comparar con Hech. 9:24).

Otro aspecto muy importante de la paz interior implica vivir en armonía con la voluntad de Dios. “Mucha paz gozan los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal. 119:165).

Lee Filipenses 4:8, 9. ¿Qué acciones específicas se recomiendan aquí?

Filipenses 4:8-9

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.

Pablo introduce Filipenses 4:8 y 9 con la expresión “por lo demás” y una lista de seis virtudes, seguida de un sucinto resumen de ellas y de una exhortación a imitar su ejemplo. Esta exhortación final armoniza con el entorno grecorromano de Filipos, ya que enfatiza la virtud y el ejemplo. Curiosamente, sin embargo, se centra en ciertas virtudes bíblicas específicas, lo que resulta obvio por la omisión paulina de las cuatro virtudes cardinales griegas (prudencia, justicia, templanza y valentía).

  1. No es casual que la lista comience con la virtud bíblica cardinal: lo verdadero, reiteradamente enfatizada por Jesús –quien solía decir: “Les aseguro…”– y por todo el Nuevo Testamento (ver, por ejemplo, Hech. 26:25; Rom. 1:18; 1 Cor. 13:6; 2 Cor. 4:2; Efe. 4:15; 1 Tim. 3:15; Sant. 1:18; 1 Ped. 1:22; 1 Juan 2:21).
  2. Honorable. La palabra griega así traducida se refiere a una virtud personal (comparar sus otros usos en 1 Tim. 3:8, 11; Tito 2:2, donde se traduce como “respetable” en la NVI).
  3. Justo. Esta virtud es una de las características distintivas de Dios (comparar su uso en Fil. 1:7).
  4. Puro. La palabra se refiere al pensamiento puro y a las acciones de esa misma naturaleza que fluyen de la justicia de Dios recibida por la fe en ocasión de la justificación (ver 1 Juan 3:3).
  5. “Agradable” (DHH). El término designa una belleza estética como la atestiguada ampliamente en la Creación de Dios.
  6. De buen nombre. Otras versiones traducen esta última virtud como “digno de admiración” (NVI): “honorable” (LBLA), “loable” (BNP), etc.

Pablo hace dos salvedades más, para que no se atribuya un matiz pagano a ninguna de estas virtudes: “Si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza” (Fil. 4:8), debemos pensar en estas virtudes celestiales. Luego, para despejar toda duda y evitar cualquier equívoco, el apóstol exhorta a los creyentes a practicar lo aprendido, recibido, oído y visto en su propio ejemplo (Fil. 4:9).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si la mente está educada para contemplar las cosas celestiales, el apetito no se debiera satisfacer con lo barato y lo común. Debemos recordar que el Señor está preparado para hacer grandes cosas por nosotros, pero nosotros debemos estar preparados para recibirlas vaciando el corazón de toda suficiencia propia y de toda confianza personal. Solo el Señor debe ser exaltado. «Yo honraré a los que me honran» dice él. 1 Samuel 2:30. No necesitamos preocuparnos de que nos reconozcan, porque «el Señor sabe quiénes son los suyos». Los que no confían en sí mismos, sino que consideran como precaución su propia obra, son aquellos a quienes el Señor revelará su gloria. Emplearán mejor las bendiciones que reciban. Todos los que beban de las puras corrientes del Líbano verán que el agua de la vida manará de ellos con fuerza que no se puede reprimir…

El Señor sabe que si miramos al hombre y confiamos en él, nos estamos apoyando en un brazo de carne. Nos invita a que pongamos nuestra confianza en él. Su poder es ilimitado. Mediten en el Señor Jesús, en sus méritos y su amor, y no traten de buscar defectos ni hablar acerca de las equivocaciones cometidas por los demás. Recuerden las cosas dignas de reconocimiento y alabanza; y si son agudos para descubrir errores en los demás, sean más agudos todavía para reconocer lo que está bien hecho y alabarlo. Si se someten a la autocrítica, encontrarán en ustedes cosas tan objetables como las que ven en los demás. Trabajemos, entonces, constantemente, para fortalecernos los unos a los otros en la santísima fe.

En su carta a los Filipenses Pablo dice: «Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo». Filipenses 1:1-6. Sea este el espíritu de todos nosotros (Cada día con Dios, 18 de octubre, p. 298).


Jueves 12 de febrero

LAS CLAVES DEL CONTENTAMIENTO

Lee Filipenses 4:10-13, 19. ¿Qué claves revela Pablo para alcanzar una vida satisfecha y feliz?

Filipenses 4:10-13, 19

10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

En circunstancias extremas (hambre, enfermedad, lesiones, decesos), las personas reflexionan acerca de lo realmente importante y consideran las bendiciones que normalmente se dan por sentadas. La fe entra en acción cuando estamos “en necesidad” (Fil. 4:12), “sufrimos escasez” (NVI) o “no tenemos nada” (DHH).

Por el contrario, cuando “vivimos en abundancia”, debemos ser conscientes de que esta puede desaparecer en un instante (ver Prov. 23:5). Como Job y Pablo nos recuerdan, nada trajimos al mundo cuando nacimos, y nada nos llevaremos a la tumba (Job 1:21; 1 Tim. 6:7).

Considera las siguientes promesas y certidumbres bíblicas:

  • “El Señor es mi Pastor, nada me faltará” (o “nada me falta”; DHH) (Sal. 23:1).
  • “Su Padre celestial sabe [lo] que ustedes necesitan” (Mat. 6:32).
  • “Echen toda su ansiedad sobre él, porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7).
  • “Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad de ustedes, conforme a su gloriosa riqueza en Cristo Jesús” (Fil. 4:19).

Y he aquí lo más maravilloso: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Quizá ninguno de nosotros pueda comprender plenamente lo que implica la palabra “todo”. Ciertamente, como en el caso de cualquier petición a Dios por su ayuda y fuerza, debemos pedir que se haga su voluntad. Sin embargo, muchas veces ni siquiera pedimos cosas que sabemos que se ajustan a su voluntad. Por eso Santiago 4:2 dice: “No tienen lo que desean, porque no piden”.

He aquí algunas cosas que podemos pedir con confianza porque sabemos que están en armonía con la voluntad de Dios:

  • Salvación de un ser querido o de un amigo (1 Tim. 2:3, 4).
  • Valor para compartir nuestra fe (Apoc. 22:17).
  • Perdón cuando confesamos y abandonamos el mal (1 Juan 1:9).
  • Fortaleza para obedecer los mandamientos de Dios (Heb. 13:20, 21).
  • Amor por quienes nos odian y maltratan (Mat. 5:44).
  • Sabiduría en situaciones difíciles (Sant. 1:5).
  • Comprensión de la verdad revelada en la Palabra de Dios (Juan 8:32).

¿Cómo reaccionas cuando no recibes lo que has pedido en oración o ante la posibilidad de que nunca lo recibas?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La religión pura proporciona paz, felicidad, contento; la piedad es provechosa para esta vida y la vida venidera.

Esa inquietud y descontento que termina en enojo y queja es pecaminosa; pero el descontento con uno mismo que induce a un esfuerzo más ferviente para lograr un aprovechamiento de la mente, para alcanzar un campo más amplio de utilidad es digno de alabanza. Este descontento no termina en disgusto, sino en la reunión de fuerza para alcanzar un campo más extenso y elevado de utilidad. Estad siempre equilibrados únicamente por un principio religioso firme y una conciencia sensible, teniendo siempre el temor de Dios ante  vosotros, y ciertamente prosperaréis en vuestra preparación para una vida de utilidad.

Deberíamos vivir para el mundo venidero. Es tan desagradable vivir una vida al azar y sin un blanco definido. Queremos tener un objeto en la vida —vivir para un propósito. Dios nos ayude a todos a ser abnegados, menos preocupados de nosotros mismos, más olvidadizos del yo y de los intereses egoístas; y para hacer el bien, no por el honor que esperamos recibir aquí, sino porque ése es el objeto de nuestra vida y dará una respuesta al fin de nuestra existencia. Que nuestra oración diaria se eleve hacia Dios para que nos prive de nuestro egoísmo…

He visto que todos aquellos que viven con un propósito, buscando beneficiar y bendecir a sus congéneres, y honrar y glorificar a su Redentor, son las personas que verdaderamente viven felices en la tierra, mientras que el hombre que es inquieto, que está descontento, y que busca esto y prueba aquello, esperando encontrar felicidad, siempre se está quejando de desengaño. Siempre está en necesidad, nunca está satisfecho, porque vive únicamente para él mismo. Que vuestro blanco sea hacer el bien, realizar vuestra parte fielmente en la vida.

Estad ansiosos y deseosos de crecer en la gracia, buscando una comprensión más clara e inteligente de la voluntad de Dios respecto de vosotros, esforzándoos fervientemente para alcanzar la meta del premio que está delante de vosotros. Únicamente la perfección cristiana obtendrá el ropaje inmaculado del carácter que os capacitará para permanecer ante el trono de Dios entre la hueste lavada por la sangre, llevando la palma de la victoria duradera y el triunfo eterno (Nuestra elevada vocación, 24 de agosto, p. 244).

Los que establecen una relación personal con Cristo, constituyen un templo santo para el Señor, porque Jesús es para el creyente sabiduría, justificación, santificación y redención. El que se rinde completamente a Dios es consciente de la presencia salvadora de Cristo. Es poseedor de la paciencia espiritual, y todo su ser está dispuesto a aprender del que es manso y humilde de corazón. El que confía en Jesús como su eficiencia y justificación, su ser entero estará lleno de un santo contentamiento.

¿Cuál es la base del gozo del cristiano? Es el resultado del sentido de la presencia de Cristo. ¿En que consiste el amor del cristiano? Es el reflejo del amor de Cristo. Es el resultado de la obra del Espíritu Santo. Al mirar la cruz del Calvario veremos a Jesús muriendo por los pecados del mundo, para que mediante su muerte, que genera contrición en el creyente, podamos tener vida e inmortalidad. Jesús es todo para todos, y sin él nada podemos hacer. Sin Cristo la vida espiritual es imposible (Recibiréis poder, 15 de marzo, p. 85).


Viernes 13 de febrero

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Únicamente los que estén recibiendo constantemente nueva provisión de gracia tendrán una fuerza proporcional a su necesidad diaria y a su capacidad de emplearla. En vez de esperar algún tiempo futuro en que, mediante el otorgamiento de un poder espiritual especial, sean milagrosamente hechos idóneos para ganar almas, se entregan diariamente a Dios, para que los haga vasos dignos de ser empleados por él. Diariamente están a su alcance. Diariamente están testificando por el Maestro dondequiera que estén, ora sea en alguna humilde esfera de trabajo o en el hogar, o en un ramo público de utilidad.

“Para el obrero consagrado, es una maravillosa fuente de consuelo el saber que aun Cristo durante su vida terrenal buscaba a su Padre diariamente en procura de nuevas provisiones de gracia necesaria; y de esta comunión con Dios salía para fortalecer y bendecir a otros. […]

“Todo obrero que sigue el ejemplo de Cristo será preparado para recibir y usar el poder que Dios ha prometido a su iglesia para la maduración de la mies de la Tierra” (Elena de White, La maravillosa gracia de Dios [Florida: ACES, 1973], p. 117).

“Dios conoce nuestras necesidades y ha hecho provisión para satisfacerlas. El Señor tiene una tesorería con abundantes provisiones para sus hijos, y puede darles lo que necesitan en todas las circunstancias. Entonces ¿por qué no confiáis en él? Ha hecho preciosas promesas a sus hijos a condición de que obedezcan fielmente sus preceptos. No hay ninguna carga que no pueda quitar, ninguna tiniebla que no pueda disipar, ninguna debilidad que no pueda transformar en poder, ningún temor que no pueda apaciguar, ninguna aspiración digna que no pueda guiar y justificar.

“No debemos mirarnos a nosotros mismos. Cuanto más consideremos nuestras imperfecciones, menos fuerza tendremos para vencerlas” (Elena de White, A fin de conocerle [Nampa, ID: Pacific Press, 2008], p. 226).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Piensa en algunas de tus experiencias más felices en las que tus oraciones fueron contestadas por Dios. ¿Cómo te han ayudado a experimentar la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento? ¿Cómo puedes seguir experimentando esa paz cuando tus oraciones no son contestadas, al menos de acuerdo con tus expectativas?
  2. En el contexto de Filipenses 4:8, ¿qué ocupa tus pensamientos? ¿En qué medida lo que piensas fortalece tu fe y tu relación con el Señor?
  3. Analiza la cita final anterior. ¿Qué implicaciones tiene la afirmación: “Cuanto más nos detengamos en nuestras imperfecciones, menos fuerza tendremos para superarlas”? ¿Cuál es, entonces, la clave de la superación?

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