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Lección 4 – JESÚS, NUESTRO HERMANO FIEL – Para el 22 de enero de 2022

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Lección 4: Para el 22 de enero de 2022

JESÚS, NUESTRO HERMANO FIEL

Sábado 15 de enero_______________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Levítico 25:25–27; Hebreos 2:14–16; 11:24–26; 1 Corintios 15:50; Hebreos 5:8, 9; 12:1–4.

PARA MEMORIZAR:

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb. 2:14).

Hebreos 1 habla de Jesús como el Hijo de Dios, el Gobernante de los ángeles, y “el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es” (Heb. 1:3, NVI). En Hebreos 2, Jesús es el Hijo del Hombre, que fue hecho inferior a los ángeles y que adoptó la naturaleza humana con toda su fragilidad, aun hasta el punto de la muerte (Heb. 2:7).

En Hebreos 1, Dios dice acerca de Jesús: “Mi Hijo eres tú” (Heb. 1:5). En Hebreos 2, Jesús, al referirse a los hijos de los seres humanos, dice que son sus “hermanos” (Heb. 2:12).

En Hebreos 1, el Padre declara la soberanía divina del Hijo (Heb. 1:8-12). En Hebreos 2, el Hijo manifiesta su fidelidad al Padre (Heb. 2:13).

En Hebreos 1, Jesús es el divino Señor, Creador, Sustentador y Soberano. En Hebreos 2, Jesús es el Sumo Sacerdote humano, misericordioso y fiel.

En resumen, la descripción de Jesús como un hermano fiel y misericordioso se ve representada en la descripción del Hijo como la máxima manifestación del eterno Dios creador (Heb. 1:1-4).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo… vino a este mundo en forma humana para vivir como un hombre entre los hombres. Tomó las flaquezas de la naturaleza humana para ser probado y examinado. En su humanidad, era participante de la naturaleza divina. En su encarnación, ganó en un nuevo sentido el título de Hijo de Dios. Dijo el ángel a María: “El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Lucas 1:35. Si bien era el Hijo de un ser humano, llegó a ser en un nuevo sentido el Hijo de Dios. Así estuvo en nuestro mundo: el Hijo de Dios, y sin embargo unido a la raza humana por su nacimiento.

Cristo vino en forma humana para mostrar a los habitantes de los mundos no caídos y del mundo caído que se ha hecho amplia provisión a fin de capacitar a los seres humanos para que vivan en lealtad a su Creador (Mensajes selectos, {1MS}, t. 1, pp. 265, 266).

[Cristo] fue tentado en todo como el hombre es tentado, y sin embargo él es llamado «el Santo Ser». Que Cristo pudiera ser tentado en todo como lo somos nosotros y sin embargo fuera sin pecado, es un misterio que no ha sido explicado a los mortales. La encarnación de Cristo siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá siéndolo. Lo que se ha revelado es para nosotros y para nuestros hijos; pero que cada ser humano permanezca en guardia para que no haga a Cristo completamente humano, como uno de nosotros, porque esto no puede ser. No es necesario que sepamos el momento exacto cuando la humanidad se combinó con la divinidad. Debemos mantener nuestros pies sobre la Roca Cristo Jesús, como Dios revelado en humanidad (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1103).

Cristo puso de lado su ropaje real, su corona regia y su elevada autoridad, y descendió hasta las mayores profundidades de la humillación. Habiendo tomado sobre sí la naturaleza humana, hizo frente a todas las tentaciones de la humanidad y derrotó en nuestro beneficio al enemigo en todo sentido.

Hizo todo esto para poner a disposición de los seres humanos poder que les permitiera ser vencedores. “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Mateo 28:18. Esto da a todos los que están dispuestos a seguirle. Pueden demostrar ante el mundo el poder que hay en la religión de Cristo para conquistar el yo.

Cristo dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:29. ¿Por qué no aprendemos diariamente del Salvador? ¿Por qué no vivimos en constante comunión con él, para que en nuestro trato unos con otros podamos hablar y actuar bondadosa y cortésmente? ¿Por qué no honramos al Señor manifestando ternura y amor unos por otros? Si hablamos y obramos en armonía con los principios del cielo, los incrédulos serán atraídos hacia Cristo mediante su asociación con nosotros (Testimonios para la iglesia, {9TPI}, t. 9, pp. 152, 153).


Domingo 16 de enero_____________________________________________________________

EL HERMANO COMO REDENTOR

Lee Levítico 25:25 al 27 y 47 al 49. ¿Quién podía redimir a una persona que había perdido su propiedad o su libertad a causa de la pobreza?

Levítico 25:25-27 y 47-49

25 Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido. 26 Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y consiguiere lo suficiente para el rescate, 27 entonces contará los años desde que vendió, y pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su posesión.

47 Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; 48 después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará. 49 O su tío o el hijo de su tío lo rescatará, o un pariente cercano de su familia lo rescatará; o si sus medios alcanzaren, él mismo se rescatará.

La ley de Moisés estipulaba que cuando una persona era tan pobre que tenía que vender su propiedad, o incluso a sí misma, para sobrevivir, recibiría esa propiedad o su libertad cada cincuenta años, en el año del jubileo. El año jubilar era un gran año sabático en el que se perdonaban las deudas, se reclamaban las propiedades y se proclamaba la libertad a los cautivos.

Sin embargo, cincuenta años era mucho tiempo de espera. Por eso, la Ley de Moisés también estipulaba que el pariente más cercano podía pagar la parte que aún se debía, y así rescatar a su pariente mucho antes.

El familiar más cercano era también quien garantizaba que se hiciera justicia en caso de asesinato. Él era el vengador de la sangre que perseguiría al asesino de su pariente cercano y lo castigaría (Núm. 35:9-15).

Lee Hebreos 2:14 al 16. ¿Cómo se describe a Jesús y a nosotros en este pasaje?

Hebreos 2:14-16

14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. 16 Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.

Este pasaje nos describe como esclavos del diablo, pero a Jesús como nuestro Redentor. Cuando Adán pecó, la humanidad cayó bajo el poder de Satanás. Como resultado, no teníamos el poder de resistir el pecado (Rom. 7:14-24). Peor aún, nuestra transgresión requería una pena de muerte, que no podíamos pagar (Rom. 6:23). Por lo tanto, nuestra situación aparentemente era desesperada.

Sin embargo, Jesús adoptó nuestra naturaleza humana y se hizo de carne y hueso como nosotros. Se convirtió en nuestro pariente más cercano y nos redimió. No se avergonzó de llamarnos “hermanos” (Heb. 2:11).

Paradójicamente, al tomar nuestra naturaleza y redimirnos, Jesús también reveló su naturaleza divina. En el Antiguo Testamento, el verdadero redentor de Israel, su pariente más cercano, es Yahvé (p. ej., Sal. 19:14; Isa. 41:14; 43:14; 44:22; Jer. 31:11; Ose. 13:14).

¿De qué maneras puedes aprender a experimentar más profundamente esta estrecha cercanía de Cristo? ¿Por qué tener esta experiencia es tan importante para tu fe?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En las leyes dadas a Israel, hay una hermosa ilustración de la relación de Cristo con su pueblo. Cuando por la pobreza un hebreo había quedado obligado a separarse de su patrimonio y a venderse como esclavo, el deber de redimirle a él y su herencia recaía sobre el pariente más cercano. Véase Levítico 25:25, 47-49; Rut 2:20. Así también la obra de redimirnos a nosotros y nuestra herencia, perdida por el pecado, recayó sobre Aquel que era pariente cercano nuestro. Y a fin de redimirnos, él se hizo pariente nuestro. Más cercano que el padre, la madre, el hermano, el amigo o el amante, es el Señor nuestro Salvador. “No temas—dice él,—porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma.” Isaías 43:1, 4.

Cristo ama a los seres celestiales que rodean su trono; pero ¿qué explicará el gran amor con que nos amó a nosotros? No lo podemos comprender, pero en nuestra propia experiencia podemos saber que existe en verdad (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 294).

[Cristo[ nunca pasó de largo a nadie por inútil, sino que procuraba aplicar a toda alma su remedio curativo…. Procuraba infundir esperanza en los más rudos y en los que menos prometían, poniendo delante de ellos la seguridad de que podían llegar a ser sin tacha y sencillos, y de carácter tal que les daría a conocer como hijos de Dios.

Muchas veces se encontraba con los que habían caído bajo la influencia de Satanás, y que no tenían fuerza para deslizarse de sus lazos A uno tal, desanimado, enfermo, tentado, caído, Jesús le dirigía palabras de la más tierna compasión, palabras que necesitaba y que podían entenderse. A otros encontraba que sostenían combate a brazo partido con el enemigo de las almas. A estos les animaba a que perseveraran, asegurándoles que vencerían; pues los ángeles de Dios estaban de parte de ellos, y les darían la victoria (La fe por la cual vivo, {FV}, p. 100).

La vida de Cristo fue mansa y humilde. Eligió esa vida a fin de poder ayudar a la familia humana. No se colocó sobre un trono como el Comandante de toda la tierra. Dejó a un lado su manto real, se quitó la corona regia para ser uno de los componentes de la familia humana. No tomó sobre sí la naturaleza de los ángeles. Su obra no fue el oficio sacerdotal de acuerdo con las designaciones de los hombres. Era imposible para éstos comprender su exaltada posición a menos que el Espíritu Santo la hiciera conocer. En nuestro favor revistió su divinidad con humanidad y descendió del trono real. Renunció a su posición de Comandante de las cortes celestiales, y por nosotros se hizo pobre a fin de que por su pobreza fuésemos enriquecidos. De esta manera, ocultó su gloria bajo la apariencia de la humanidad para poder tocar a la humanidad con su poder divino y transformador (Alza tus ojos, {ATO}, p. 65).


Lunes 17 de enero_________________________________________________________________

NO SE AVERGÜENZA DE LLAMARLOS HERMANOS

Hebreos dice que Jesús no se avergonzó de llamarnos hermanos (Heb. 2:11). A pesar de ser uno con Dios, Jesús nos acogió como parte de su familia. Esta solidaridad contrasta con la vergüenza pública que sufrían los lectores de Hebreos en sus comunidades (Heb. 10:33).

Lee Hebreos 11:24 al 26. Las decisiones de Moisés, ¿de qué manera ejemplifican lo que Jesús hizo por nosotros?

Hebreos 11:24-26

24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.

¿Te imaginas lo que significó que a Moisés lo llamaran “hijo de la hija de Faraón”? Era una figura poderosa en el imperio más poderoso de la época. Recibió la más elevada formación civil y militar, y llegó a ser un personaje notable. Esteban dice que Moisés era “poderoso en sus palabras y obras” (Hech. 7:22). Elena de White también dice que él era “el favorito del ejército egipcio” y que el faraón “había decidido hacer de su nieto adoptivo el sucesor del trono” (ver PP 250). Sin embargo, Moisés abandonó todos estos privilegios cuando decidió identificarse con los israelitas, una nación esclava sin educación ni poder.

Lee Mateo 10:32 y 33; 2 Timoteo 1:8 y 12; y Hebreos 13:12 al 15. ¿Qué nos pide Dios?

Mateo 10:32-33

32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

2 Timoteo 1:8-12

Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, 11 del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. 12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.

Hebreos 13:12-15

12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. 13 Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; 14 porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir. 15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

Esto era parte del problema para los lectores de Hebreos. Después de sufrir persecución y rechazo, muchos de ellos comenzaron a avergonzarse de Jesús. Por sus acciones, algunos corrían peligro de exponer a Jesús “a la vergüenza pública” en lugar de honrarlo (Heb. 6:6). Por lo tanto, Pablo constantemente llama a los lectores a “retener” la “profesión” de su fe (Heb. 4:14; 10:23).

Dios quiere que reconozcamos a Jesús como nuestro Dios y nuestro hermano. Como Redentor, Jesús ha pagado nuestra deuda; como hermano, Jesús nos ha mostrado la manera en que debemos vivir para que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29).

Piensa por un momento en la decisión que Jesús tuvo que tomar para adoptarnos como “hermanos”. ¿Por qué la decisión de Jesús fue mucho más condescendiente que la de Moisés? ¿Qué nos enseña esto sobre el amor de Dios por nosotros?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Moisés estaba capacitado para destacarse entre los grandes de la tierra, para brillar en las cortes del reino más glorioso, y para empuñar el cetro de su poder. Su grandeza intelectual lo distingue entre los grandes de todas las edades, y no tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza y fama, “escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado.”

Moisés había sido instruido tocante al galardón final que será dado a los humildes y obedientes siervos de Dios, y en comparación con el cual la ganancia mundanal se hundía en su propia insignificancia. El magnífico palacio de Faraón y el trono del monarca fueron ofrecidos a Moisés para seducirle; pero él sabía que los placeres pecaminosos que hacen a los hombres olvidarse de Dios imperaban en sus cortes señoriales. Vio más allá del esplendoroso palacio, más allá de la corona de un monarca, los altos honores que se otorgarán a los santos del Altísimo en un reino que no tendrá mancha de pecado. Vio por la fe una corona imperecedera que el Rey del cielo colocará en la frente del vencedor. Esta fe le indujo a apartarse de los señores de esta tierra, y a unirse con la nación humilde, pobre y despreciada que había preferido obedecer a Dios antes que servir al pecado (Historia de los patriarcas y profetas, {PP}, pp. 251, 252).

Jesús nos enseña a llamar a su Padre, nuestro Padre. «No se avergüenza de llamarnos hermanos.» Hebreos 2:11. Tan dispuesto, y ansioso, está el corazón del Salvador a recibirnos como miembros de la familia de Dios, que desde las primeras palabras que debemos emplear para acercarnos a Dios él expresa la seguridad de nuestra relación divina: “Padre nuestro”.

Aquí se enuncia la verdad maravillosa, tan alentadora y consoladora de que Dios nos ama como ama a su Hijo. Es lo que dijo Jesús en su postrera oración en favor de sus discípulos: “Los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17:23.

El Hijo de Dios circundó de amor este mundo que Satanás reclamaba como suyo y gobernaba con tiranía cruel, y lo ligó de nuevo al trono de Jehová mediante una proeza inmensa. Los querubines, serafines y las huestes innumerables de todos los mundos no caídos entonaron himnos de loor a Dios y al Cordero cuando su victoria quedó asegurada. Se alegraron de que el camino a la salvación se hubiera abierto al género humano pecaminoso y porque la tierra iba a ser redimida de la maldición del pecado. ¡Cuánto más deben regocijarse aquellos que son objeto de tan asombroso amor! (El discurso maestro de Jesucristo, {DMJ}, pp. 89, 90).

 

CITAS DEL COMENTARIO DEL VIDEO

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El gran Dios nos enseña a llamarlo Padre. El quiere que nosotros comprendamos cuán anhelosa y tiernamente su corazón suspira por nosotros en todas nuestras dificultades y tentaciones. …  -Nuestra Elevada Vocación 16.2-

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Jesús nos enseña a llamar a su Padre, nuestro Padre. No se avergüenza de llamarnos hermanos.

Tan dispuesto, y ansioso, está el corazón del Salvador a recibirnos como miembros de la familia de Dios, que desde las primeras palabras que debemos emplear para acercarnos a Dios él expresa la seguridad de nuestra relación divina: “Padre nuestro”.

DMJ 89.4 (El Discurso Maestro de Jesucristo)

Aquí se enuncia la verdad maravillosa, tan alentadora y consoladora de que Dios nos ama como ama a su Hijo. Es lo que dijo Jesús en su postrera oración en favor de sus discípulos: “Los has amado a ellos como también a mí me has amado”. DMJ 89.5

NVI

yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí.  JUAN 17:23

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*3 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

Lo que Dios nos indica y concede es ilimitado. El trono de la gracia es en sí mismo la atracción más elevada, porque está ocupado por Uno que nos permite llamarle Padre. Pero Dios no consideró completo el principio de la salvación mientras sólo estaba investido de su amor. Por su propia voluntad, puso en su altar a un Abogado revestido de nuestra naturaleza. Como intercesor nuestro, su obra consiste en presentarnos a Dios como sus hijos e hijas. Cristo intercede en favor de los que le han recibido. En virtud de sus propios méritos, les da poder para llegar a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Y el Padre demuestra su infinito amor a Cristo, quien pagó nuestro rescate con su sangre, recibiendo y dando la bienvenida a los amigos de Cristo como amigos suyos. Está satisfecho con la expiación hecha. Ha sido glorificado por la encarnación, la vida, la muerte y la mediación de su Hijo.

3JT 29.2


Martes 18 de enero________________________________________________________________

CARNE Y SANGRE COMO NOSOTROS

Hebreos dice que Jesús adoptó nuestra naturaleza humana para poder representarnos y morir por nosotros (Heb. 2:9, 14–16; 10:5–10). Este es el fundamento del plan de salvación y nuestra única esperanza de vida eterna.

Lee Mateo 16:17; Gálatas 1:16; 1 Corintios 15:50; y Efesios 6:12. ¿Con qué deficiencias de la naturaleza humana relacionan estos pasajes la expresión “carne y sangre”?

Mateo 16:17

17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Gálatas 1:16

16 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre,

1 Corintios 15:50

50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

Efesios 6:12

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

La expresión “carne y sangre” enfatiza la fragilidad de la condición humana, su debilidad (Efe. 6:12), falta de entendimiento (Mat. 16:17; Gál. 1:16) y la subyugación a la muerte (1 Cor. 15:50). Hebreos dice que Jesús fue hecho como sus hermanos “en todo” (Heb. 2:17). Esta expresión significa que Jesús se hizo completamente humano. Jesús no simplemente “parecía” humano; era verdaderamente humano, realmente uno de nosotros.

No obstante, Hebreos también afirma que Jesús era diferente de nosotros con respecto al pecado. En primer lugar, Jesús no cometió ningún pecado (Heb. 4:15). En segundo lugar, Jesús tenía una naturaleza humana que era “sant[a], inocente, sin mancha, apartad[a] de los pecadores” (Heb. 7:26). Nosotros tenemos tendencias al mal. Nuestra esclavitud al pecado comienza en lo más profundo de nuestra propia naturaleza. Somos “carnal[es], vendido[s] al pecado” (Rom. 7:14; ver también Rom. 7:15-20). El orgullo y otras motivaciones pecaminosas contaminan hasta nuestras buenas acciones. No obstante, la naturaleza de Jesús no estaba ensombrecida por el pecado. Así tenía que ser. Si Jesús hubiera sido “carnal, vendido al pecado”, como nosotros, también habría necesitado un Salvador. En cambio, Jesús vino como Salvador y se ofreció a sí mismo como sacrificio “sin mancha” a Dios en nuestro favor (Heb. 7:26-28; 9:14).

Luego Jesús destruyó el poder del diablo al morir por nuestros pecados como la ofrenda inmaculada, y así logró nuestro perdón y reconciliación con Dios (Heb. 2:14-17). Jesús también destruyó el poder del pecado al darnos poder para vivir una vida justa a través del cumplimiento de la promesa del Nuevo Pacto de escribir la Ley en nuestro corazón (Heb. 8:10). Así, Jesús ha derrotado al enemigo y efectivamente nos ha liberado para que ahora podamos “servir al Dios viviente” (Heb. 9:14, DHH). Mientras, la destrucción final de Satanás ocurrirá en el Juicio Final (Apoc. 20:1-3, 10).

Dado que tenemos la promesa de la victoria a través de Jesús, ¿por qué muchos de nosotros todavía caemos en pecado? ¿Estamos haciendo algo mal? Y más aún, ¿cómo podemos empezar a vivir a la altura del elevado llamamiento que tenemos en Cristo?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La naturaleza humana del Hijo de María, ¿fue cambiada en la naturaleza divina del Hijo de Dios? No. Las dos naturalezas se mezclaron misteriosamente en una sola persona: el hombre Cristo Jesús. En él moraba toda la plenitud de la Deidad corporalmente. Cuando Cristo fue crucificado, su naturaleza humana fue la que murió. La Deidad no disminuyó ni murió; esto habría sido imposible. Cristo, el inmaculado, salvará a cada hijo e hija de Adán que acepte la salvación que se le ofrece, que consienta en convertirse en hijo o hija de Dios. El Salvador ha comprado a la raza caída con su propia sangre.

Este es un gran misterio, un misterio que no será comprendido plena y completamente, en toda su grandeza, hasta que los redimidos sean trasladados. Entonces se comprenderán el poder, la grandeza y la eficacia de la dádiva de Dios para el hombre. Pero el enemigo ha decidido que esta dádiva sea oscurecida hasta el punto de quedar reducida a nada (Exaltad a Jesús, {EJ}, p. 70).

Los misterios de la redención, incluyendo el carácter divino-humano de Cristo, su encarnación, su expiación por el pecado, podrían ocupar las plumas y las facultades mentales más elevadas de los hombres más sabios, desde ahora hasta el día cuando Cristo sea revelado en las nubes de los cielos con poder y grande gloria. Pero aunque estas personas trataran con todas sus fuerzas de representar a Cristo y su obra, dicha representación quedaría muy lejos de la realidad…

El tema de la redención ocupará las mentes y las lenguas de los redimidos durante las edades eternas. La imagen de la gloria de Dios brillará para siempre en el rostro del Salvador (Exaltad a Jesús, {EJ}, p. 70).

Cristo se humilló para encabezar a la humanidad, para afrontar las tentaciones y sobrellevar las pruebas que los hombres deben arrastrar de parte del enemigo caído, a fin de saber cómo socorrer a los que son tentados…

Hay un carácter que debemos mantener, pero es el de Cristo… Que el Señor nos dé poder para crucificar el yo y nacer de nuevo, a fin de que Cristo pueda vivir en nosotros como principio vivo, activo, capaz de mantenemos en la santidad (Testimonios para la iglesia, {9TPI}, t. 9, pp. 149, 151).

Nuestras almas deben estar rodeadas por la atmósfera del cielo. Los hombres y las mujeres tienen que vigilarse; han de estar constantemente en guardia, no permitiéndose palabra o acto que podría ser causa de que se hablase mal de su conducta. El que profesa seguir a Cristo debe vigilarse, mantenerse puro y sin contaminación en sus pensamientos, palabras y actos. Su influencia sobre los demás debe ser elevadora. Su vida ha de reflejar los brillantes rayos del Sol de Justicia.

Es necesario dedicar mucho tiempo a la oración secreta, en íntima comunión con Dios. Únicamente así pueden ganarse las victorias. La eterna vigilancia es el precio de la seguridad (Consejos para los maestros, {CM}, pp. 244, 245).

 

CITAS DEL COMENTARIO DEL VIDEO

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DESDE EL EMBARAZO DE MARIA, LOS ÁNGELES LES HACIAN COMPANIA

Los ángeles los habían guardado durante su viaje, y cuando se detuvieron para descansar en su pobre alojamiento, no estaban solos, pues los ángeles les hacían compañía. Fué allí, en aquel humilde establo, donde nació Jesús nuestro Salvador, donde le acostaron en un pesebre. En tan dura cuna fué arrullado el Hijo del Altísimo, Aquel cuya presencia había llenado de gloria las cortes celestiales.  (CNS 8.1 Cristo Nuestro Salvador)

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“Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”. Lucas 2:40, 52. Su mente era despejada y activa. Era de rápida comprensión y manifestaba tener un juicio y una sabiduría superiores a sus años. Sin embargo, era sencillo e infantil y crecía en mente y cuerpo como los otros niños. Pero Jesús no era en todas las cosas como los otros niños. Siempre mostraba un espíritu dulce y sin egoísmo. Sus manos voluntarias estaban listas para servir a los demás. Era paciente y veraz. Aunque era firme como una roca en defensa de la verdad, nunca dejó de ser bondadoso y cortés con todos. (La Única Esperanza 27.2)

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Su inteligencia era viva y aguda; tenía una reflexión y una sabiduría que superaban a sus años. Sin embargo, su carácter era de hermosa simetría. Las facultades de su intelecto y de su cuerpo se desarrollaban gradualmente, en armonía con las leyes de la niñez.  (DTG 49.2)

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La vida de Jesús estuvo en armonía con Dios. Mientras era niño, pensaba y hablaba como niño; pero ningún vestigio de pecado mancilló la imagen de Dios en él. (DTG 52.1)

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Dios mismo por medio del Espíritu Santo le dijo a María cómo educar a su Hijo. Ella le enseñó a Jesús las Sagradas Escrituras y él aprendió a leerlas y a estudiarlas por sí mismo. (La Única Esperanza Cap.5)

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Con profundo interés, la madre de Jesús miraba el desarrollo de sus facultades, y contemplaba la perfección de su carácter. Con deleite trataba de estimular esa mentalidad inteligente y receptiva. Mediante el Espíritu Santo recibió sabiduría para cooperar con los agentes celestiales en el desarrollo de este niño que no tenía otro padre que Dios.   (DTG 49.4)

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Ángeles celestiales estaban con él y lo ayudaban a aprender acerca de Dios. Así, a medida que crecía en estatura y en fuerza, crecía también en conocimiento y sabiduría. (La Única Esperanza Cap.5)

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El niño Jesús no recibió instrucción en las escuelas de las sinagogas. Su madre fué su primera maestra humana. De labios de ella y de los rollos de los profetas, aprendió las cosas celestiales. Las mismas palabras que él había hablado a Israel por medio de Moisés, le fueron enseñadas sobre las rodillas de su madre. Y al pasar de la niñez a la adolescencia, no frecuentó las escuelas de los rabinos. No necesitaba la instrucción que podía obtenerse de tales fuentes, porque Dios era su instructor.   (DTG 50.2)

 

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Así se revelaba a Jesús el significado de la Palabra y las obras de Dios, mientras trataba de comprender la razón de las cosas que veía. Le acompañaban los seres celestiales, y se gozaba cultivando santos pensamientos y comuniones. Desde el primer destello de la inteligencia, estuvo constantemente creciendo en gracia espiritual y conocimiento de la verdad. (DTG 51.1)

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Todo niño puede obtener conocimiento como Jesús lo hizo. Debemos emplear nuestro tiempo en aprender sólo lo que es verdadero. Las mentiras y las fábulas no nos harán ningún bien. En la Palabra de Dios y en sus obras encontramos la verdad, que es lo único que tiene valor. Cada vez que estudiemos estas cosas los ángeles nos ayudarán a entenderlas. Veremos la sabiduría y la bondad de nuestro Padre celestial, nuestras mentes se fortalecerán, nuestros corazones serán purificados y seremos más semejantes a Cristo.  (La Única Esperanza Cap.5)

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Miércoles 19 de enero_____________________________________________________________

PERFECCIONADO A TRAVÉS DE SUFRIMIENTOS

Lee Hebreos 2:10, 17 y 18; y 5:8 y 9. ¿Cuál era la función del sufrimiento en la vida de Jesús?

Hebreos 2:10 y 17-18

10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. 18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

Hebreos 5:8-9

Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;

El apóstol dice que Dios, “por medio del sufrimiento, tenía que hacer perfecto” (DHH) a Jesús. Esta expresión es sorprendente. El autor ha dicho que Jesús es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Heb. 1:3) y que él es sin pecado, sin mancha y santo (Heb. 4:15; 7:26-28; 9:14; 10:5-10). Esto significa que Jesús no tuvo que superar ningún tipo de imperfección moral ni ética. Sin embargo, Hebreos dice que Jesús pasó por un proceso de “perfeccionamiento” que le aportó los medios para salvarnos. Jesús fue perfeccionado en el sentido de que estaba siendo equipado para ser nuestro Salvador.

  1. Jesús fue “perfeccionado” mediante los sufrimientos para convertirse en el Capitán de nuestra salvación (Heb. 2:10). Jesús tuvo que morir en la Cruz como sacrificio para que el Padre pudiera tener los medios legales para salvarnos. Jesús fue la ofrenda sacrificial perfecta, la única. Siendo Dios, Jesús podía juzgarnos; pero, gracias a su sacrificio, Jesús también puede salvarnos.
  2. Jesús aprendió la obediencia a través de los sufrimientos (Heb. 5:8). La obediencia era necesaria por dos cosas. En primer lugar, la obediencia hizo que su sacrificio fuese aceptable (Heb. 9:14; 10:5–10). En segundo lugar, sus sufrimientos le permitieron llegar a ser nuestro Ejemplo (Heb. 5:9). Jesús “aprendió” la obediencia porque nunca había experimentado esto antes. Como Dios, ¿a quién tendría que obedecer? Como Hijo eterno y uno con Dios, el Universo le obedecía como gobernante. Por lo tanto, Jesús no pasó de la desobediencia a la obediencia, sino de la soberanía y el dominio a la sumisión y la obediencia. El exaltado Hijo de Dios se convirtió en el obediente Hijo del Hombre.
  3. Los sufrimientos revelaron que Jesús era un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel (Heb. 2:17, 18). Los sufrimientos no hicieron que Jesús fuese más misericordioso. Al contrario, fue la misericordia de Jesús la que hizo que él se ofreciera para morir en la Cruz para salvarnos (Heb. 10:5–10; comparar con Rom. 5:7, 8). No obstante, fue mediante los sufrimientos de Jesús que verdaderamente se expresó y se reveló la realidad de su amor fraternal.

Si el Salvador sin mancha padeció, nosotros seguramente también sufriremos. ¿Cómo podemos aprender a soportar las tragedias de la vida y, al mismo tiempo, recibir esperanza y seguridad del Señor, quien nos ha revelado su amor de tantas formas poderosas?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Hijo de Dios vino voluntariamente para cumplir la obra de expiación… Solamente Cristo estaba fuera de las exigencias de la ley para tomar sobre sí la redención de la raza pecadora. Tenía poder para entregar su vida y volver a tomarla.

El Ser glorioso amó tanto a los pobres pecadores que tomó sobre sí la forma de un siervo para sufrir y morir en favor de los hombres. Jesús pudo haber permanecido a la diestra de su Padre, con la corona real en la sien y vistiendo las ropas reales. Sin embargo, escogió cambiar las riquezas, el honor y la gloria del cielo por la pobreza de la humanidad y su posición de alto mando por los horrores del Getsemaní y la humillación de la agonía del Calvario. Se hizo varón de dolores y experimentado en quebrantos para, mediante el bautismo de sufrimiento y muerte, purificar y redimir un mundo culpable. “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10:7) fue la gozosa exclamación (Testimonios para la iglesia, {4TPI}, t. 4, pp. 122, 123).

[B]uscad a Jesús con toda humildad y mansedumbre. No tratéis de atraer la atención de la gente a vosotros mismos. Dejadla perder de vista el instrumento, mientras exaltáis a Jesús. Hablad de Jesús; perdeos a vosotros mismos en Jesús. Hay demasiado bullicio y conmoción en vuestra religión, mientras que se olvidan el Calvario y la cruz.

Corremos el mayor peligro cuando recibimos alabanzas unos de otros, cuando entramos en una confederación para ensalzarnos mutuamente. La gran preocupación de los fariseos consistía en obtener la alabanza de los hombres; y Cristo les dijo que ésa era toda la recompensa que recibirían. Emprendamos la tarea que nos ha sido señalada, y hagámosla por Cristo. Si sufrimos privaciones, sea para él. Nuestro divino Señor fue perfeccionado por el sufrimiento. ¡Oh!, ¿cuándo veremos a los hombres trabajar como él trabajaba? (Testimonios para la iglesia, {5TPI}, t. 5, pp. 124, 125).

¿Cómo podemos quedar en duda e incertidumbre y sentirnos huérfanos? Por amor a quienes habían transgredido la ley, Jesús tomó sobre sí la naturaleza humana; se hizo semejante a nosotros, para que tuviéramos la paz y la seguridad eternas. Tenemos un Abogado en los cielos, y quienquiera que lo acepte como Salvador personal, no queda huérfano ni ha de llevar el peso de sus propios pecados.

«Amados, ahora somos hijos de Dios”. “Y si hijos de Dios, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. “Y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es”. 1 Juan 3:2; Romanos 8:17.

El primer paso para acercarse a Dios consiste en conocer y creer en el amor que siente por nosotros; (1 Juan 4:16). solamente por la atracción de su amor nos sentimos impulsados a ir a él (El discurso maestro de Jesucristo, {DMJ}, p. 90).

 

CITAS DEL COMENTARIO DEL VIDEO

“Al tomar sobre sí la naturaleza humana en su condición degradada, Cristo no participó en sus pecados en lo más mínimo. Estaba sujeto a las flaquezas y debilidades que abruman al hombre…. Se conmovía con el sentimiento de nuestras flaquezas, y fue tentado en todo lo que nosotros somos tentados. Y sin embargo, ‘no conoció pecado.’ fue el cordero ‘sin mancha y sin defecto.’ Si Satanás hubiera podido inducir a Cristo a pecar, aunque fuera en el detalle más mínimo, hubiera aplastado la cabeza del Salvador. Pero sólo pudo tocar su calcañar. Si la cabeza de Cristo hubiera sido dañada, la esperanza de la raza humana hubiera perecido. La ira divina hubiera caído sobre Cristo como cayó sobre Adán. Cristo y la iglesia hubieran quedado sin esperanza.”—The S.D.A. Bible Commentary 5:1131

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“Sean cuidadosos, sumamente cuidadosos en cómo se ocupan de la naturaleza humana de Cristo. No lo presenten ante la gente como un hombre con tendencia al pecado. Él es el segundo Adán. El primer Adán fue creado como un ser puro y sin pecado, sin una mancha de pecado sobre él; era la imagen de Dios. Podía caer, y cayó por la transgresión. Por causa del pecado su posteridad nació con propensiones inherentes a la desobediencia. Pero Jesucristo era el unigénito Hijo de Dios. Tomó sobre sí la naturaleza humana, y fue tentado en todo sentido como es tentada la naturaleza humana. Podía haber pecado; podía haber caído, pero en ningún momento hubo en Él inclinación alguna al mal. Fue asediado por las tentaciones
en el desierto como lo fue Adán por las tentaciones en el Edén.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 445/3

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Que Cristo pudiera ser tentado en todo como nosotros y sin embargo fuera sin pecado es un misterio que no ha sido explicado a los mortales. La encarnación de Cristo siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá siéndolo. Lo que se ha revelado es para nosotros y para nuestros hijos; pero que cada ser humano permanezca en guardia para que no haga a Cristo completamente humano, así como uno de nosotros, porque eso no puede ser.” Comentario Bíblico 7ª, pg. 446

 

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“Cristo mantenía su pureza en medio de la impureza. Satanás no podía mancharla ni corromperla. El carácter de Cristo revelaba un perfecto odio por el pecado. Su santidad era lo que despertaba contra Él toda la cólera de un mundo libertino, pues con su vida perfecta proyectaba sobre el mundo perpetuo reproche, y ponía de manifiesto el contraste entre la transgresión y la pura e impecable justicia del Ser que no conoció pecado.” Comentario Bíblico 7ª, pg. 452/2

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“Al llegar el cumplimiento del tiempo debía revelarse en forma humana. Tenía que ocupar su lugar a la cabeza de la humanidad mediante la toma de la naturaleza, pero no la pecaminosidad del hombre. “Cuando Cristo inclinó la cabeza y murió, derribó por tierra junto con él las columnas del reino de Satanás. Venció a Satanás en la misma naturaleza sobre la cual Satanás había obtenido la victoria en el Edén. El enemigo fue vencido por Cristo en su naturaleza humana. El poder de la Divinidad del Salvador estaba oculto. Venció en la naturaleza humana apoyándose en Dios para obtener poder.”

Comentario Bíblico 7ª, pg. 444/4

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QUE NATURALEZA FUE QUE TOMO JESUCRISTO?

“Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pecado.”—El Deseado de Todas las Gentes, 38.

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“El Hijo de Dios se humilló y tomó la naturaleza del hombre después que la raza humana ya hacía cuatro mil años que se había apartado del Edén y de su estado original de pureza y rectitud. Durante siglos el pecado había estado dejando sus terribles marcas sobre la raza humana, y la degeneración física, mental y moral prevalecía en toda la familia humana.” 1MS pg.
313.1

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“¡Qué contraste el del segundo Adán cuando fue al sombrío desierto para hacer frente sin ninguna ayuda a Satanás! Desde la caída, la raza humana había estado disminuyendo en tamaño y en fortaleza física, y hundiéndose más profundamente en la escala de la dignidad moral, hasta el período del advenimiento de Cristo a la tierra. Y a fin de elevar al hombre caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. Él tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del hombre.” 1MS pg. 314.2

Y a fin de elevar al hombre caído, Cristo debía alcanzarlo donde estaba. Él tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración del hombre.” 1MS pg. 314.2

CRISTO NO TOMO LA BELLEZA FÍSICA DE ADÁN, TOMO LA PARTE FÍSICA YA CON 4000 ANOS DE DEGENERACIÓN

DESDE ABRAHAM PARA ATRÁS TODOS TENIAN ROSTRO DE ÁNGELES

CRISTO NO FUE GUAPO

LAS PELICULAS LO PRESENTAN COMO EL MAS GUAPO DE TODOS

-AL QUE BESE ESE ES- DIJO JUDAS

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El Rey de gloria descendió muchísimo para asumir la humanidad; y los ángeles, que habían sido testigos de su esplendor en las cortes celestiales, cuando era adorado por todas las huestes del cielo, se desilusionaron al descubrir que su divino Comandante ocupaba un puesto que implicaba tan profunda humillación.  MSV 76 9.2   (Maranatha El Señor Viene)

ISAÍAS

53 ¿Quién ha creído nuestro anuncio? ¿Sobre quién se ha manifestado el brazo del SEÑOR? Subió como un retoño delante de él, y como una raíz de tierra seca. No hay parecer en él ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos. Fue despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento. Y como escondimos de él el rostro, lo menospreciamos y no lo estimamos.

CANTARES 5

10 Mi amado es blanco y rubio, señalado entre los diez millares del ejército.

11 Su cabeza, es como oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo.

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“El mundo había perdido su dechado de bondad y se había hundido en una apostasía y corrupción moral universal; y la vida de Jesús fue de esfuerzo dedicado y abnegado para retornar al hombre a su primer estado, infundiéndole el espíritu de divina benevolencia y amor desinteresado. Aunque estaba en el mundo, Él no era del mundo. Le ocasionaba continuo dolor tener que entrar en contacto con la enemistad, la depravación e impureza que Satanás había introducido; pero su obra consistía en poner al hombre en armonía con el plan divino y volver a unir la tierra con el cielo; para Él no había sacrificio demasiado grande para lograr su objetivo. Fue ‘tentado en todo como nosotros’. Satanás estaba listo para atacarlo a cada paso,
lanzándole sus más fieras tentaciones; pero Él ‘no pecó ni fue hallado engaño en su boca’. ‘Fue probado mediante el sufrimiento’ (Hebreos 2:18) , sufrió conforme a la medida de su perfección y santidad. Pero el príncipe de las tinieblas no halló nada en Él; ni un solo pensamiento o emoción respondió a la tentación.” 5TI pg. 398.1

 

 

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Cristo es el único que ha caminado en la tierra sobre el cual no descansó ninguna mancha de pecado. Era puro, sin mancha, impecable. El hecho de que hubiera alguien sin la contaminación del pecado sobre la tierra, perturbaba grandemente al autor del pecado, y éste no ahorró medios para vencer a Cristo con su poder engañoso. Pero nuestro Salvador dependía de su Padre celestial para recibir sabiduría y fuerza para resistir y vencer al tentador. El Espíritu de su Padre celestial animaba y regulaba su vida. Era impecable. La virtud y la pureza caracterizaron su vida.

The Youth’s Instructor, febrero de 1873.

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Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Mateo 8:17.

Solo Cristo pudo llevar las aflicciones de muchos. “En toda angustia de ellos él fue angustiado”. Isaías 63:9.

Nunca provocó una enfermedad a su propia carne, pero llevó las enfermedades ajenas. Con la más tierna simpatía contemplaba a los dolientes que lo rodeaban. Gimió en espíritu cuando vio la obra de Satanás revelada en toda su maldad, e hizo suyo cada caso de necesidad y dolor…

El poder del amor estuvo en toda su [obra de] curación. Identificó sus intereses con los de la humanidad doliente. Cristo era salud y fortaleza en sí mismo, y cuando los dolientes eran traídos a su presencia, siempre era reprochada la enfermedad. Por esa razón no fue inmediatamente a ver a Lázaro. No podría haber visto su sufrimiento sin aliviarlo. No podría haber visto la enfermedad y la muerte sin combatir el poder de Satanás. Fue permitida la muerte de Lázaro para que pudiera ser presentada su resurrección, como la última evidencia cumbre para los judíos, de que Jesús era el Hijo de Dios. —Manuscrito 18, 1898.

 

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Jueves 20 de enero_______________________________________________________________

EL HERMANO COMO MODELO

Otra razón por la que Jesús adoptó nuestra naturaleza humana y vivió entre nosotros es para poder ser nuestro Ejemplo, el único que podría ser un modelo para nosotros en cuanto a la manera correcta de vivir ante Dios.

Lee Hebreos 12:1 al 4. Según el apóstol, ¿cómo debemos correr la carrera de la vida cristiana?

Hebreos 12:1-4

1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;

En este pasaje, Jesús es la culminación de una larga lista de personajes que el apóstol ofrece como ejemplos de fe. Este pasaje define a Jesús como “el autor y consumador de la fe”. La palabra griega archēgos (“autor”, “iniciador”) también se puede traducir como “pionero”. Jesús es el pionero de la carrera en el sentido de que él corre delante de los creyentes. De hecho, Hebreos 6:20 dice que Jesús es nuestro “precursor”. La palabra “consumador”, o “perfeccionador” (NVI), da la idea de que Jesús había mostrado fe en Dios en la forma más pura posible. Este pasaje enseña que Jesús es el primero en correr nuestra carrera con éxito y que él es quien perfeccionó el arte de vivir por la fe.

Hebreos 2:13 dice: “Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio”. Lo que ocurre aquí es que Jesús dijo que pondría su confianza en Dios. Esta referencia es una alusión a Isaías 8:17 y 18. Isaías pronunció estas palabras frente a una terrible amenaza de invasión de Israel –el Reino del Norte– y Siria (Isa. 7:1, 2). Su fe desentonaba con la falta de fe de Acaz, el rey (2 Rey. 16:5-18). Dios había exhortado a Acaz a que confiara en él y a que pidiera una señal de que lo liberaría (Isa. 7:1-11). Dios ya le había prometido, como hijo de David, que protegería a Acaz como a su propio hijo. Ahora, Dios amablemente le ofreció a Acaz confirmar esa promesa con una señal.

Sin embargo, Acaz se negó a pedir una señal y, en cambio, envió mensajeros a Tiglat-pileser, rey de Asiria, diciendo: “Yo soy tu siervo y tu hijo” (2 Rey. 16:7). ¡Qué triste! Acaz prefirió ser “hijo” de Tiglat-pileser antes que de Dios.

Sin embargo, Jesús puso su confianza en Dios y en su promesa de que pondrá a sus enemigos debajo de sus pies (Heb. 1:13; 10:12, 13). Dios nos ha hecho la misma promesa a nosotros, y debemos creerle, tal como lo hizo Jesús (Rom. 16:20).

¿De qué otro modo podemos aprender a poner nuestra confianza en Dios si no es tomando decisiones diarias que reflejen esta confianza? ¿Cuál es la próxima decisión importante que debes tomar y cómo puedes asegurarte de que esta revele tu confianza en Dios?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Ejemplificad en la vida las lecciones dadas por Cristo en su Sermón del Monte. Esto hará una impresión más profunda y ejercerá sobre las mentes una influencia más duradera que los sermones dados desde el púlpito. Puede ser que no podáis hablar elocuentemente a quienes deseáis ayudar; pero si habláis modestamente, ocultando el yo en Cristo, vuestras palabras serán dictadas por el Espíritu Santo, y Cristo, con quien cooperáis, impresionará el corazón.

Ejercitad esa fe que obra por el amor y santifica el alma. Que ninguno haga ahora que el Señor se avergüence de él a causa de su incredulidad. La pereza y el desaliento no logran nada. Dios a veces permite que alguien se enrede en negocios seculares a fin de avivar las facultades inactivas; para que así cumplan una acción más intensa, de modo que él pueda honrar la fe concediendo ricas bendiciones. Éste es un medio para avanzar su obra. Mirando a Jesús, no sólo como nuestro Ejemplo, sino como el Autor y Consumador de nuestra fe, avancemos, confiando que él suplirá la fuerza para que cada uno pueda cumplir con su deber (Testimonios para la iglesia, {6TPI}, t. 6, pp. 469, 470).

[P]or medio del conocimiento y la asociación con Cristo, nuestro único ejemplo perfecto, podremos ser como él es.

La comunión con Cristo, ¡cuán inefablemente preciosa es! Es nuestro privilegio disfrutar de dicha comunión si es que la procuramos, si hacemos el sacrificio necesario para obtenerla. Cuando los primeros discípulos oyeron las palabras de Cristo, sintieron su necesidad de él. Lo buscaron, lo encontraron y lo siguieron. Lo acompañaban a los hogares, en torno a las mesas, en el claustro secreto y en el campo. Lo acompañaban cual alumnos al maestro, recibiendo diariamente de sus labios lecciones de verdad santa. Lo estimaban cual siervos a su señor, para aprender sus deberes de él. Le servían contentos y alegres. Lo seguían cual soldados a su comandante, peleando la buena batalla de la fe. “Y los que están con él son llamados y elegidos y fieles”. Apocalipsis 17:14…

Esta conformidad con Jesús no pasará inadvertida para el mundo. Es un tema que se notará y se comentará. El cristiano quizá no esté consciente del gran cambio, porque mientras más se asemeje a Cristo en carácter, más humildemente pensará de sí mismo; pero todos los que lo rodean lo verán y sentirán. Aquellos que han tenido la experiencia más profunda en las cosas de Dios, son los que están más lejos del orgullo y la exaltación de sí mismos. Son los que más humildemente piensan de sí mismos y los que tienen las ideas más elevadas en cuanto a la gloria y excelencia de Cristo. Piensan que el lugar más bajo en su servicio es demasiado honorable para ellos (Testimonios para la iglesia, {5TPI}, t. 5, pp. 206, 207).

Cristo vino a romper las cadenas de la esclavitud del pecado para el alma. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús—se nos dice—me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” Romanos 8:2.

En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el hombre está libre para elegir a quien ha de servir (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 431).

 

CITAS DEL COMENTARIO DEL VIDEO

El que dice que está en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2:6.

“Tenemos ante nosotros al más santo y sublime ejemplo. Jesús fue sin tacha, tanto en pensamiento, como en palabra y acción. Todos sus actos fueron perfectos. Nos muestra el camino que él recorrió, y nos dice: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.’” Mateo 16:24.— The Review and Herald , 26 de abril de 1906.

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“Los hombres y mujeres inventan toda clase de excusas por su propensión al pecado. Hacen del pecado una necesidad, algo que no se puede vencer. Pero el pecado no es una necesidad. Cristo estuvo en este mundo desde su infancia hasta la madurez, y en ese tiempo afrontó y venció todas las tentaciones que asedian al hombre. Es un modelo perfecto para la niñez, juventud, y madurez.”—Manuscrito 31, 1911.

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Satanás fué incansable en sus esfuerzos por vencer al Niño de Nazaret. Desde sus primeros años Jesús fué guardado por los ángeles celestiales; sin embargo, su vida fué una larga lucha contra las potestades de las tinieblas. El que hubiese en la tierra una vida libre de la contaminación del mal era algo que ofendía y dejaba perplejo al príncipe de las tinieblas. No dejó sin probar medio alguno de entrampar a Jesús. Ningún hijo de la humanidad tendrá que llevar una vida santa en medio de tan fiero conflicto con la tentación como nuestro Salvador. 52.2

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SI SOMOS RICOS, CRISTO ES RICO, Y SI SOMOS POBRES CRISTO FUE POBRE

Cristo vivió la vida sencilla de un hijo de personas de condición humilde, y así llegó a familiarizarse desde la infancia con la vida de los pobres. Y durante su ministerio, cuando le traían niños para que los bendijera, pensaba en su propia madre, y honraba a las madres de esos niños bendiciéndolas a ellas y también a sus hijos. Cristo vivió una vida de humillación y pobreza de manera que desde la niñez hasta la adultez pudo dejar a todos un ejemplo de lo que significa la vida para cada miembro de la familia humana.

—Carta 104, del 19 de marzo de 1907, dirigida “A los que dan grandes donaciones para la causa de la verdad presente”. (Alza tus Ojos – 19 de Marzo).

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Viernes 21 de enero_______________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Hebreos 2:13 contiene las palabras de Jesús a su Padre, hablando de sus hermanos: “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio”. Patrick Gray sugiere que aquí se describe a Jesús como el Guardián de sus hermanos. El sistema romano de tutela impuberum determinaba que, a la muerte del padre, “un tutor, a menudo un hermano mayor, se hacía responsable del cuidado de los hijos menores y de su herencia hasta que alcanzaban la mayoría de edad, aumentando así el deber natural del hermano mayor de cuidar a sus hermanos menores” (Godly Fear: The Epistle to the Hebrews and Greco-Roman Critiques of Superstition, p. 126). Esto explica por qué Hebreos alude a nosotros como los hermanos de Jesús y como sus hijos. Como nuestro hermano mayor, Jesús es nuestro Tutor, nuestro Guardián y Protector.

“Cristo vino a la Tierra tomando la humanidad y presentándose como Representante del hombre para mostrar que, en el conflicto con Satanás, el hombre tal como Dios lo creó, unido con el Padre y el Hijo, podía obedecer todos los requerimientos divinos” (MS 1:309).

“En su vida y sus lecciones, Cristo dio un ejemplo perfecto del ministerio abnegado que tiene su origen en Dios. Dios no vive para sí. Al crear el mundo y al sostener todas las cosas, está sirviendo constantemente a otros. Él ‘hace salir su sol sobre malos y buenos, y […] hace llover sobre justos e injustos’ (Mat. 5:45). Este ideal de ministerio fue confiado por Dios a su Hijo. Jesús fue dado para que estuviese a la cabeza de la humanidad, con el fin de que por su ejemplo pudiese enseñar lo que significa servir. Toda su vida fue regida por una ley de servicio. Sirvió a todos, ministró a todos” (DTG 604).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Hebreos nos dice que Jesús se convirtió en nuestro Hermano para salvarnos. Piensa en lo que eso significa en términos de lo que Dios hizo para salvarnos. ¿Por qué, entonces, sería un error tan trágico darle la espalda a esta asombrosa realidad?
  2. ¿Por qué es importante para nosotros que Jesús no haya nacido “vendido al pecado” como nosotros (Rom. 7:14)? Piensa en Moisés y por qué era importante para los israelitas que él no fuera un esclavo como ellos. La historia de Moisés, de alguna manera, ¿cómo nos ayuda a comprender lo que Jesús ha hecho por nosotros?
  3. Reflexiona en el papel del sufrimiento en nuestra vida. ¿Por qué nunca debemos pensar que el sufrimiento, en sí mismo, es bueno, aunque a veces pueda salir algo bueno de él?