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LECCIÓN 12 – EL DÍA DEL SEÑOR – PARA EL 17 DE JUNIO DE 2017



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“Jesús camina sobre las aguas” Autor desconocido


Los pensamientos pertenecientes a la GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA – EDICIÓN PARA MAESTROS de la Escuela Sabática no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local, regional ni mundial. Más bien, es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer información adicional para quien estudia la lección de Escuela Sabática. Provee una ayuda extra para el maestro, a fin de entenderla mejor, y explicar de una manera más clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversiales, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de ayuda o de agrado para usted, se le pide que, por favor, lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com


Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 12: Para el 17 de junio de 2017

EL DÍA DEL SEÑOR

Sábado 10 de junio___________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Pedro 3:1, 2; Juan 21:15-17; 2 Pedro 3:3-13; Salmo 90:4; Mateo 24:43-51; 2 Pedro 3:14-18.

PARA MEMORIZAR:

“Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!” (2 Ped. 3:11).

EN EDADES PASADAS, las personas que no creían en Dios eran consideradas indignas de confianza, e incluso potencialmente peligrosas. ¿Por qué? La idea era simple: si no creían en Dios, entonces no creían en un juicio futuro en el que tendrían que responder ante el Señor por sus hechos. Sin este incentivo, las personas tendrían una mayor tendencia a hacer el mal.

Aunque hoy ese pensamiento es más bien anticuado (e incluso “políticamente incorrecto”), no podemos negar la lógica y el razonamiento detrás de él. Por supuesto, muchas personas no necesitan el temor de un juicio futuro a fin de hacer lo correcto. No obstante, al mismo tiempo, la perspectiva de responder ante Dios podría, ciertamente, ayudar a motivar un comportamiento correcto.

Como hemos visto, Pedro no tenía temor de advertir acerca del juicio que enfrentarán los malvados ante Dios, porque la Biblia es clara en cuanto a que ese juicio vendrá. En este contexto, Pedro habla sin ambigüedades acerca del fin de los tiempos, el Juicio, la segunda venida de Jesús y el momento en el que “los elementos ardiendo serán deshechos” (2 Ped. 3:10). Pedro sabía que todos somos pecadores y, así, con semejante perspectiva delante de nosotros, exclama: “¡Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!” (2 Ped. 3:11).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los creyentes que se vistan con toda la armadura de Dios y que dediquen algún tiempo diariamente a la meditación, la oración y el estudio de las Escrituras, se vincularán con el cielo y ejercerán una influencia salvadora y transformadora sobre los que los rodean. Suyos serán los grandes pensamientos, las nobles aspiraciones, y las claras percepciones de la verdad y el deber para con Dios. Anhelarán la pureza, la luz, el amor y todas las gracias de origen celestial. Sus sinceras oraciones penetrarán a través del velo. Esta clase de personas poseerá una confianza santificada para comparecer ante la presencia del Infinito. Tendrán conciencia de que la luz y la gloria del cielo son para ellos, y se convertirán en personas refinadas, elevadas y ennoblecidas por causa de esta asociación íntima con Dios. Tal es el privilegio de los verdaderos cristianos.

No basta la meditación abstracta; no basta la actividad laboriosa; ambas cosas son esenciales para la formación del carácter cristiano. La fuerza que se obtiene mediante la oración secreta ferviente nos prepara para resistir las seducciones de la sociedad; y, sin embargo, no debemos excluimos del mundo, porque nuestra experiencia cristiana ha de ser la luz del mundo. La asociación con los incrédulos no nos hará ningún daño si nos entremezclamos con ellos con el propósito de vincularlos con Dios, y si somos suficientemente fuertes en lo espiritual para resistir su influencia (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pp. 105, 106).

Profesamos ser peregrinos y extranjeros en la tierra, que vamos a un país mejor, el celestial. Si es cierto que no somos sino peregrinos aquí, que viajamos hacia una tierra donde solo pueden morar los santos, consideraremos como nuestra primera ocupación el conocer ese país; preguntaremos diligentemente en cuanto a la preparación necesaria, los modales y carácter que debemos tener a fin de ser ciudadanos allí. Jesús, el Rey de ese país, es puro y santo. Ha ordenado a sus seguidores: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Si en lo futuro hemos de asociamos con Cristo y los ángeles sin pecado, debemos capacitarnos aquí para esa compañía.

La tierra hacia la cual viajamos es en todo sentido mucho más atrayente de lo que fue la tierra de Canaán para los hijos de Israel… ¿Qué detuvo su progreso precisamente a la vista de la buena tierra?… Fue su propia y determinada incredulidad lo que los hizo volverse. No estuvieron dispuestos a arriesgar nada por las promesas de Dios… La historia de los hijos de Israel está escrita como una amonestación para nosotros “a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1 Corintios 10:11). Por así decirlo estamos en los mismos bordes de la Canaán celestial… Si tenemos fe en las promesas de Dios, mostraremos… que no vivimos para este mundo, sino que nuestra primera ocupación es prepararnos para esa tierra santa (A fin de conocerle, pp. 169, 170).

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Domingo 11 de junio // Lección 12_________________________________________________

LA LÍNEA DE AUTORIDAD

Pedro advirtió a sus lectores acerca de la clase de enseñanzas peligrosas que enfrentaría la iglesia. Advirtió contra aquellos que, mientras prometían libertad, guiaban a las personas nuevamente a la esclavitud del pecado, lo opuesto a la libertad que se nos ha prometido en Cristo.

Lamentablemente, esta no era la única enseñanza falsa que confrontaría la iglesia. Vendría otra muy peligrosa. Sin embargo, antes de llegar a esta advertencia específica, Pedro dice primero otra cosa:

“Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” (2 Ped. 3:1, 2).

¿Qué está enfatizando Pedro aquí acerca de por qué sus lectores deben prestar atención a lo que está escribiendo? Ver, también, Juan 21:15-17.

Juan 21:15-17

15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

En 2 Pedro 3:1 y 2, el apóstol les recuerda a sus lectores las palabras inspiradas que les habían llegado a través de los “santos profetas” que lo precedieron. Así, una vez más, los estaba dirigiendo a la Biblia, al Antiguo Testamento. Les estaba recordando que tenían la “palabra profética más segura” (2 Ped. 1:19). Deseaba dejar en claro que sus creencias estaban fundamentadas en la Palabra de Dios. Nada del Nuevo Testamento justifica la idea de que el Antiguo Testamento ya no es válido o no tiene importancia. Por el contrario, es el testimonio del Antiguo Testamento lo que nos ayuda a establecer la validez del Nuevo Testamento y las afirmaciones que Pedro estaba haciendo acerca de Jesús.

Pero, hay más. Pedro luego traza una línea clara desde los “santos profetas” del Antiguo Testamento hasta su propia autoridad como uno de los apóstoles del “Señor y Salvador”. Dejó en claro el llamamiento que recibió del Señor para hacer lo que estaba haciendo. No es de sorprender, entonces, que hablara con tanta convicción y certeza. Sabía cuál era la fuente de su mensaje.

¿Por qué la autoridad última en nuestra vida debe ser la Palabra de Dios, y no la cultura ni nuestro propio juicio o razón? Después de todo, ¿por qué otro motivo guardaríamos el séptimo día, el sábado, si no es por la Palabra de Dios?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Dos semanas atrás estudiamos de la palabra profética mas segura, y la semana pasada estudiamos que los falsos profetas prometen libertad, cuando ellos mismo son esclavos del pecado.

Aquí estamos dejando para ustedes el comentario de esos dos tópicos nuevamente, para que repasemos o recordemos lo que ya estudiamos.

16Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.

La seguridad de la segunda venida de Cristo, la comprobó el apóstol Pedro cuando pudo contemplar la Transfiguración de Cristo.

La transfiguración era un pequeño ejemplo de gloria, de lo que sería la segunda venida de Cristo regresando al mundo con gloria y majestad. La gloria que emanaba de ese lugar era una gloria incomparable. Pedro pudo contemplar la majestad de Jesucristo; además de eso, escuchó la voz de Dios asegurándoles que Cristo era el Hijo de Dios. Después de esa experiencia, a Pedro no le quedó duda alguna de que Jesucristo era el Hijo de Dios: Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. (Mateo 17)

Con la experiencia y el recuerdo de la transfiguración, ahora Pedro dice con toda certeza, nuestra creencia en Cristo y su advenimiento no se basa en:

-Fábulas inventadas por el hombre

-La mitología griega

-La teosofía judía, que era un movimiento filosófico-religioso-esotérico

-Los evangelios apócrifos

-El sistema gnóstico: En esos tiempos el sistema gnóstico estaba en pañales, lo promovía Simón el Mago, quien mezclaba el evangelio con la magia: 9Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. 10A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios- (Hechos 8)

El gnóstico mezcla la magia con el cristianismo: no cree en la resurrección, ni cree en la destrucción del mundo.

Simón el mago, después de andar en sus fechorías, fue convertido y bautizado por Felipe. Quedó atónito contemplando los milagros que hacía Felipe. Más tarde contempló los milagros de Pedro y de Juan y se dio cuenta de que ellos podían hacer todos esos milagros por ser ungidos del Espíritu Santo. Simón ofreció dinero a los apóstoles, para él poder obtener ese poder. Pedro se enojó de tal manera que mandó al infierno a Simón y encima de todo lo despojó para siempre de la magia que poseía. 20— ¡Al infierno tú y tu dinero! —le contestó Pedro—. ¿Cómo has podido imaginar que el don de Dios es un objeto de compraventa? 21No es posible que recibas ni tengas parte en este don, pues Dios ve que tus intenciones son torcidas. (Hechos 8)

El haber despojado a Simón de la magia, le costó la vida al apóstol Pedro; Nerón el emperador Romano, era quien patrocinaba a Simón el Mago. Nerón disfrutaba de la magia. Nerón era fanático de la magia. Cuando Nerón se dio cuenta de que Simón había perdido el poder mágico por orden del apóstol Pedro, su enojo contra el cristianismo rebalsó y fue allí cuando condenó a muerte al apóstol Pedro.

El evangelio de los apóstoles era poderoso, porque no estaba basado en historietas, experiencias ni historias ajenas. El evangelio de ellos era –y es- poderoso, porque estaba basado en una experiencia personal, en la que los apóstoles tuvieron la oportunidad de presenciar los momentos más sublimes y asombrosos de la vida de Cristo; contra tal evangelio, es muy difícil encontrar una oposición o contradicción; contra tal evangelio el único recurso que le queda al inconverso para silenciarlo, es la persecución y la muerte.

El evangelio ha vivido varias graduaciones en esta tierra, las cuales le añaden credibilidad y efectividad. Estos son algunos de los diplomas que ha obtenido:

-La transfiguración es un diploma de graduación de la verdad del evangelio

-La Biblia es otro diploma de graduación de la verdad del evangelio

-La conciencia es uno de los diplomas más convincentes que tiene la verdad del evangelio

Muchos creen que una conciencia pura es aún mayor o más grande que la Biblia ¿Qué piensa usted?

La Biblia es la lámpara; la conciencia es la estrella del amanecer

La Biblia no ha estado con el hombre a lo largo de la historia terráquea; la conciencia sí

La Biblia es externa, la conciencia es interna

La Biblia es temporal; la conciencia es permanente

La Biblia es anunciadora de la eternidad; la conciencia percibe la eternidad

19Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones”

“Hasta que el día amanezca” – La luz de una antorcha en la noche se compara con la luz del amanecer. Significa que tenemos que prestar atención a la luz provista por las profecías, hasta que la profecía se cumpla y se nos revelen sucesos mayores. En otras palabras, la luz de la profecía es como una antorcha en la noche: su luz no es completamente clara y fuerte como la luz del día, pero sigue siendo luz. Esa antorcha es mejor que estar en la oscuridad.

Por el momento hay cosas que no entendemos en este mundo, en nuestra iglesia, en nuestras familias, y en nuestras vidas. Por el momento todo lo vemos borroso y tenebroso, pero si seguimos sosteniendo esa antorcha, llegará el momento en que la noche va a terminar y como consecuencia lógica, amanecerá. Cuando amanezca veremos con la claridad del día, y es allí donde contemplaremos y comprenderemos tantas cosas que en este momento no las entendemos, el momento del amanecer es la segunda venida de Cristo.

El apóstol Pedro tiene un mensaje glorioso y lleno de esperanzas; su mensaje nos conduce al día glorioso cuando Cristo venga en busca de su pueblo: 23Tampoco necesita sol ni luna que la alumbren; la ilumina la gloria de Dios, y su antorcha es el Cordero. 24La luz de esta ciudad alumbrará el destino de los pueblos, y los reyes del mundo vendrán a rendirle homenaje. (Apocalipsis 21)

El mensaje de Pedro no está basado en una historieta ni en fábulas; su mensaje está basado en la gloria que pudo contemplar en Cristo, en la noche de la maravillosa escena de la transfiguración. Así como esa noche oscura fue iluminada por la luz de Cristo, pronto nuestra noche oscura será iluminada nuevamente por la luz de Cristo.

 

18 Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error.

19 Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció.

20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.

21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

Los verdaderos maestros de cristianismo enseñan y predican la obediencia a Dios: enfatizan la necesidad de la sumisión voluntaria a Dios, refuerzan las obligaciones del cristianismo, y muestran las bendiciones que se obtienen cuando se obedece la ley de Dios.

Por el otro lado encontramos que los falsos maestros usan los halagos, las palabras vanas, y conducen al pueblo a la desobediencia y a la rebelión.

Prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos del pecado. Esto es lo mismo ahora como lo fue desde el principio:

¡Libertad, libertad! fue la primera tentación susurrada a la santa pareja, cuando aun ningún pétalo había caído al suelo en el  perfecto huerto del Edén.

La libertad es la que allana el camino para todas las tentaciones y los pecados de la humanidad.

La libertad es una extraña luz que usa Satanás, para confeccionarse una vestimenta que mesmeriza, confunde y engaña a muchos hombres.

La Libertad es uno de los fantasmas más peligrosos que terminan fácilmente con la vida del hombre.

La libertad ha matado más hombres que todos los tiranos juntos que hayan existido alguna vez en esta tierra.

La libertad ha cegado ya por varios milenios al hombre, y en todo ese tiempo el hombre no ha logrado aprender que la verdadera libertad sólo se encuentra en la sumisión y en la estricta obediencia a la ley de Dios y a la ley del hombre.

El hombre, por los requerimientos de su propia naturaleza, necesita servir. El hombre no puede existir sin la presencia de un amo, de un jefe o caudillo; el hombre necesita de un poder dominante que sea el supremo gobernador de su corazón. Sólo hay dos servicios que el hombre puede escoger: el servicio del bien, o el servicio del mal; es decir, el servicio a Cristo, o el servicio al mundo.

No hay peor mentira que creer que el hombre consigue la libertad, solamente porque tiene libre albedrío, y tiene la capacidad de expulsar a Dios de su vida y de su corazón. Aún con el libre albedrío y con la decisión de expulsar a Dios de su vida, el hombre no es libre.  Las flores que adornan su collar de libertad están encadenadas, se vuelve víctima de su propia degradación, se vuelve ignorante de su verdadera realidad y estado, se vuelve esclavo de su propio cuerpo; sus pasiones bajas sobresaltan, convirtiéndose de esa manera en un ser embrutecido: llega a ser el más grande esclavo de sus propios temores.

La palabra sumisión o esclavitud tiene sonidos discordantes al oído y es una idea desagradable a la mente. Los promotores de los vicios de este mundo han tomado ventaja de las falsas impresiones de la libertad, y la han usado constantemente para desacreditar la religión.

La verdadera libertad nos coloca en una situación donde existe la justicia y el orden, y podemos decidir y actuar de acuerdo con nuestras propias decisiones, sin ser estorbados por una fuerza externa o por un violento impulso interno.

Los vicios son inconsistentes con la libertad:

-Los vicios privan al hombre del poder decidir con libertad; los vicios dominan al hombre bajo la gratificación y los hábitos.

-La religión induce al hombre a la razón; los vicios dominan al hombre con tiranía, bajo la falsa impresión de la pasión y los placeres.

-El pecador cede a los impulsos simplemente porque no puede resistirlos, entre más se entrega a los vicios, su situación se vuelve más degradante y más miserable.

La libertad no es una licencia sin ley, la libertad no es conducirse sin orden ni ley.

La verdadera libertad tiene como fundamento la obediencia a la ley y un comportamiento con respeto y con orden.

A ningún hombre, en ninguna condición de la vida, se le permite que actué como él desea;  si se dejara al hombre actuar como él lo desea, entonces no existiría la sociedad.

Una libertad que no es regida por la ley, el orden y el respeto, no es libertad, sino que libertinaje. Libertad y libertinaje son conceptos opuestos.

Donde existen la leyes más sabias, también existen las libertades más grandes. Cada vez que nos colocamos voluntariamente bajo una ley sabia, nuestros derechos de libertad son altamente protegidos. Esta realidad se da con exactitud, lo mismo en el gobierno, en la sociedad, y en la religión.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

A menos que estemos versados en las Escrituras correremos el riesgo de ser engañados por el tremendo poder de Satanás capaz de obrar milagros, cuando éste se manifieste en nuestro mundo, y de atribuir sus obras a Dios; porque la Palabra de Dios declara que, si fuere posible, los mismos escogidos serán engañados. A menos que estemos arraigados y fundamentados en la verdad, seremos barridos por las trampas engañosas de Satanás. Debemos aferramos a nuestras Biblias. Si Satanás puede haceros creer que en la Palabra de Dios hay cosas que no son inspiradas, entonces estará preparado para entrampar vuestras almas. Entonces no tendremos seguridad ni certidumbre precisamente en el tiempo cuando necesitaremos saber cuál es la verdad (El evangelismo, p. 184).

Después de su resurrección, Jesús apareció a sus discípulos en el camino de Emaús, y “comenzando desde Moisés y todos los profetas, les iba interpretando en todas las Escrituras las cosas referentes a él mismo” (Lucas 24:27, V. M.). Los corazones de los discípulos se conmovieron. Su fe se reavivó. Fueron reengendrados “en esperanza viva”, aun antes de que Jesús se revelase a ellos. El propósito de este era iluminar sus inteligencias y fundar su fe en la “palabra profética” “más firme”. Deseaba que la verdad se arraigase firmemente en su espíritu, no solo porque era sostenida por su testimonio personal sino a causa de las pruebas evidentes suministradas por los símbolos y sombras de la ley típica, y por las profecías del Antiguo Testamento. Era necesario que los discípulos de Cristo tuviesen una fe inteligente, no solo en beneficio propio, sino para comunicar al mundo el conocimiento de Cristo. Y como primer paso en la comunicación de este conocimiento, Jesús dirigió a sus discípulos a “Moisés y todos los profetas”. Tal fue el testimonio dado por el Salvador resucitado en cuanto al valor e importancia de las Escrituras del Antiguo Testamento (El conflicto de los siglos, p. 348).

De diestra y siniestra provendrán teorías erróneas, sin autoridad de la Palabra de Dios, y para los débiles esas teorías tendrán la apariencia de verdades que hacen sabio. Pero son como naderías. Y sin embargo, muchos miembros de iglesia han llegado a satisfacerse tanto con alimento barato, que tienen una religión dispéptica. ¿Por qué hombres y mujeres disminuirán su experiencia cristiana recogiendo fábulas ociosas y presentándolas como asuntos dignos de atención? El pueblo de Dios no tiene tiempo para ocuparse de cuestiones indefinidas y frívolas que no tienen relación con los requerimientos de Dios.

Dios desea que los hombres y mujeres piensen juiciosa y sinceramente. Han de ascender a un grado cada vez más alto, dominando un horizonte cada vez más amplio. Contemplando a Jesús, han de ser transformados a su semejanza. Han de pasar su tiempo en la búsqueda de las profundas y eternas verdades del cielo. Entonces no habrá nada frívolo en su experiencia religiosa. A medida que estudian las grandes verdades de la Palabra de Dios, perseveran en la contemplación de Aquel que es invisible. Comprenden que las verdades más elevadoras y ennoblecedoras son las que están más íntimamente relacionadas con la Fuente de toda verdad. Y cuando aprenden de Dios, sus motivos y simpatías se hacen firmes e inmutables, pues las impresiones hechas por el Omnisapiente son sustanciales y duraderas… Sigamos la voluntad revelada de Dios. Entonces sabremos que la luz que recibimos proviene de la Fuente divina de toda verdadera luz (Mensajes selectos, tomo 1, pp. 202, 203).

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Lección 12 // Lunes 12 de junio___________________________________________________

LOS BURLADORES

Después de asegurarse de que sus lectores tuvieran “memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” (2 Ped. 3:2), Pedro llega a su advertencia específica. Quizá, sabiendo cuán peligrosa sería esta enseñanza, quiso asegurarse de transmitir la autoridad con la que estaba escribiendo.

Lee 2 Pedro 3:3 y 4. ¿Qué argumentos presentarán los que son escépticos respecto del regreso de Cristo?

2 Pedro 3:3-4

sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.

Hay una similitud importante entre aquellos que promueven una falsa libertad y aquellos que expresarán escepticismo en relación con la Segunda Venida. Los del primer grupo, “siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia” (2 Ped. 2:10); mientras aquellos que niegan el regreso de Cristo andan “según sus propias concupiscencias” (2 Ped. 3:3).

(No es simple coincidencia que las pasiones pecaminosas puedan llevar a falsas enseñanzas, ¿verdad?)

Los burladores, advirtió Pedro, harán una pregunta específica: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” (2 Ped. 3:4). Al hacerlo, desafiarán la antigua y constante creencia de los cristianos de que Jesús regresará a esta Tierra, y que lo hará pronto. Después de todo, y especialmente porque están hablando acerca de los últimos días, estos burladores presentarán la innegable realidad de que muchos cristianos han muerto y las cosas permanecen igual que siempre.

Superficialmente, no es una pregunta irracional. Incluso al santo Enoc, según escribe Elena de White, le parecía que “los justos y los impíos se convertirían igualmente en polvo, y que ese sería su fin” (PP 73), y eso lo atribulaba. Si incluso Enoc, que vivió antes del Diluvio, luchaba con esta pregunta, ¿cuánto más aquellos que vivirían durante los miles de años subsiguientes, especialmente durante “los postreros días”?

Y ¿qué ocurre con nosotros, hoy, como adventistas del séptimo día? Nuestro mismo nombre promueve la idea del segundo advenimiento de Cristo. Y, sin embargo, aún no ha venido. Mientras, también debemos enfrentar burladores, así como lo había predicho Pedro.

En tu propia experiencia de fe, ¿de qué modo lidias con el hecho de que Cristo aún no ha regresado? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,  y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. (2 Pedro 3)
De todos los tipos de pecadores que existen en este mundo, uno de los más difíciles de soportar son los burladores. La práctica constante de un pecado, convierte a una persona en un burlador; a su vez, cuando alguien practica la burla constantemente, está preparando el camino para convertirse en un empedernido pecador.
 Cuando se hace burla y se menosprecian las cosas sagradas, se crea una atmósfera en la que la persona peca de una manera muy fácil, ya que la burla hace ver las cosas santas, como si fueran cosas comunes.  Esto hace que la persona pueda pecar sin ninguna clase de remordimiento.
 En la Biblia encontramos dos textos paralelos que hablan de los burladores. Uno de ellos está en el libro de Judas, y el otro en la segunda epístola de Pedro; vamos a estudiar ambos, para nuestra mejor comprensión.
18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. 19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu. (Judas 1)
 Los hombres sensuales tienen cuatro características muy marcadas, de acuerdo con la explicación que nos da Judas acerca de los burladores: 
1-Son burladores
2-Andan de acuerdo con sus malvados deseos
3-Causan divisiones
4-No tienen el Espíritu Santo
 Una persona sensual vive bajo las grotescas pasiones y apetitos de la carne; la gobiernan sus sentidos no santificados.
 Nuestra sociedad está llena de hombres y de mujeres sensuales; con mucho dolor reconocemos que hasta figuran en la iglesia. Se les puede encontrar aun en las juntas de iglesia. Tales hermanos suelen crear divisiones en la iglesia, porque andan de acuerdo con sus sentidos mundanos y deseos personales; son personas orgullosas, y el orgullo las conduce a burlarse o a menospreciar a otros; todo esto es el resultado de no tener el Espíritu Santo en sus vidas.
 Estos falsos hermanos –los sensuales– tristemente se ganan la medalla de oro de la sensualidad en las elecciones de dirigentes que la iglesia celebra una vez al año. En esa ocasión los hermanos sensuales se agrupan y se ponen de acuerdo entre ellos para decidir a quienes van a elegir como dirigentes de iglesia: se eligen y se reeligen entre ellos, crean problemas a medio mundo y, si el pastor les pone resistencia, entonces se hacen enemigos del pastor, pero al final casi siempre se salen con la suya. Es un error que debemos evitar en la comunidad de quienes aguardamos el retorno del Señor en gloria y majestad.
 Satanás trabaja fomentando sensualidad por todas partes. ¡Que el Señor nos libre de caer en semejante trampa! Un grupo de los más sensuales que existen en la iglesia puede ser el de los ancianos de iglesia: los pobrecitos creen que ese es un cargo que se les ha dado de por vida, y se repiten año tras año, se adueñan de las iglesias, y al final el diablo gana, porque a menudo, con ese comportamiento sólo se logra que la iglesia se marchite, resulte aburrida y se vuelva estéril. En algunos lugares puede haber ancianos que han pasado en sus cargos largos años.  Si a los tales se les quita el cargo, algunos de ellos se enojan, otros se resienten, otros no aceptan ningún otro cargo que no sea el de anciano, y hay algunos que han llegado al colmo de irse de la iglesia. Esa es la crema y nata de la sensualidad desemejante, opuesta a Cristo. Oremos para que el Cielo nos libre de caer en ese modelo; el Espíritu Santo puede vacunarnos contra ese virus pecaminoso. Y si en nuestra comunidad espiritual existe esa lacra, ayudémonos unos a otros, para que no vengamos a ser reprobados .
Por otro lado ¡gracias a Dios! hay iglesias dinámicas, triunfantes, fervorosas, espirituales y en constante crecimiento. Como maestros y miembros de Escuela Sabática, es deber nuestro dar el ejemplo de miembros espirituales –no sensuales–, y socorrer a otros con plegarias en su favor. 
 La Biblia se refiere constantemente al Espíritu, contrapuesto a la carne. Los sensuales son quienes repudian al Espíritu Santo y complacen los deseos de la carne; por eso el texto dice que los sensuales “andan de acuerdo con sus malvados deseos”El Espíritu Santo y la carne son contrarios el uno al otro: a cualquiera de ellos que se acepte, significa automáticamente el repudio del otro, a cualquiera de ellos que agrandemos, automáticamente achicamos al otro.
 Hay una perfecta oposición entre el Espíritu Santo y la sensualidad:
-El Espíritu es libre y da libertad a aquellos que lo reciben, los hombres sensuales son esclavos del pecado y de los vicios.
-El Espíritu Santo es puro, el hombre sensual es impuro
-El Espíritu Santo es activo, el hombre sensual tiene una naturaleza distraída y entorpecida
-El Espíritu Santo trabaja en el intelecto, el hombre sensual trabaja en los placeres y los apetitos, el hombre sensual tiene más desarrollado el apetito que el entendimiento
También Pedro en su epístola escribe acerca de los burladores:
sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,  y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. (2 Pedro 3)
 La batalla entre la luz y las tinieblas, entre los seguidores de Jesús y los promotores del mal, parece que está por alcanzar su clímax. El diablo, como un león rugiente, buscando su próxima comida, es ayudado por un coro de burladores. Con sus argumentos “racionales” y “científicos” estos burladores tratan de neutralizar la fe de los creyentes y razonan que Jesús no está volviendo, porque todo continúa como siempre ha ocurrido. Ellos dicen: Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” Pedro sugiere que los motiva su deseo de mantener su estilo de vida lujurioso.
 La causa que guía a muchas personas a creer que Cristo no regresará a la tierra, es la ausencia de cambios. La naturaleza sigue su curso invariable y uniforme: no tiene disturbios, su marcha no es interrumpida, se mantiene haciendo y repitiendo lo mismo que ha hecho desde el primer día de la creación. Esta idea cimenta el ateísmo. La filosofía del ateo se basa en una vida sin esperanzas. El ateo reconoce que no hubo cambios en el pasado, no hay cambios en el presente, y por lo tanto asume que no habrá cambios en el futuro.
 La sociedad de aquellos que rechazan la segunda venida de Cristo y la finalización del mundo, se llama la “Sociedad de los Burladores”. Ellos arrean la bandera de la burla, mientras recitan su lema que dice: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? No hay cosa más ofensiva para una mente sana que escuchar burlas en contra de Dios y de la religión basada en la Palabra de Dios.
 Los burladores tienen un lenguaje impaciente: para ellos la espera de la segunda venida de Cristo, no está contemplada en su apurada agenda, se enojan con Dios cuando una promesa no tiene cumplimiento inmediatamente, y no pueden soportar ningún tipo de tardanza en ninguna promesa divina.
 Los burladores no sólo existen fuera de la iglesia, sino también dentro de ella. En el primer siglo de la era cristiana, el tiempo de los apóstoles, muchos de ellos habían dejado su tormentosa vida pagana, habían perdido fortunas y trabajos importantes, habían perdido amigos, por seguir la nueva esperanza que se les había presentado, la esperanza de una vida mejor en Cristo Jesús. Ellos deseaban ver sus esperanzas realizadas inmediatamente. Ya habían pasado muchos años desde la ascensión de Cristo, ya muchos de los apóstoles habían bajado a la tumba, ya la primera generación y posiblemente también la segunda, habían pasado al descanso. ¿Dónde está Cristo? ¿Por qué no ha venido todavía? ¿Por qué retarda su promesa? ¿Por qué retarda su venida, si el mundo la está esperando con ansiedad? Las mismas preguntas se repiten en nuestros días. La mayoría de nosotros tenemos la capacidad de creer en milagros que ocurrieron 2000 años atrás, pero se nos hace difícil creer que los milagros se pueden repetir en nuestros días; esa es la razón de nuestro cristianismo apagado y muerto que solemos profesar.
 Ser un burlador no es tener un carácter muy loable; el burlador es resultado del orgullo, de la malicia, del mal comportamiento, de las pasiones no controladas por el Santo Espíritu.
 Hay muchas personas que practican la burla como un deporte, otras practican la burla al contagiarse por las malas compañías; y hay un grupo de personas que son burladores, porque les causa placer burlarse. Pero los burladores de este texto, aparte del orgullo y la naturaleza enfermiza que tienen, también están tildados con un vicio y un pecado extra como es la concupiscencia. “andando según sus propias concupiscencias”.
 La burla es irracional, es ridícula, es ruda, es incivilizada, es cruel, es inhumana, es un vicio duro que se debe vencer, por la gracia de Dios; es una de las impiedades más grandes, es injuriosa y es contagiosa. Seamos vigilantes para no caer en esos lodos de pecado.
 -La burla es irracional: no permite que otros prueben ni se afirmen en la fe; el burlador tampoco prueba ni da una oportunidad a la fe en su vida.
 -La burla es ruda e incivilizada: se le debe respeto a cualquier convicción que tenga una persona en materia de religión; pero el burlador tiene un comportamiento errado en la materia del respeto al derecho ajeno.
 -La burla es un pecado cruel e inhumano: la burla no considera el sentimiento de aquellos que sufren y que en medio de sus tribulaciones, están tratando de encontrar consuelo y refugio en los asuntos espirituales. La burla persigue a estas personas hasta el último refugio que logran conseguir, y allí trata de despojarlas de sus últimas esperanzas de vida.
 -La burla es un pecado muy duro de vencer: los escritores sagrados hablan de los burladores como personas muy difíciles de rescatar
 -La burla es una impiedad que sobrepasa a las demás impiedades: la religión pura es una reproducción de la imagen de Dios, burlarse de esa religión es burlarse del mismo Dios.
 -La burla en injuriosa y es contagiosa: los burladores son instrumentos especializados del diablo, ellos son los discípulos más celosos, sus defensores más aguerridos, y los más exitosos emisarios que el diablo pueda tener.
 Como cristianos miembros de la Escuela Sabática, roguemos a Dios que nos inmunice contra los venenos mencionados.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¡Velad, velad, velad! Casi todos han dejado de velar y esperar; no estamos preparados para abrirle la puerta inmediatamente. El amor al mundo ha ocupado de tal manera nuestros pensamientos, que nuestros ojos no están dirigidos hacia lo alto sino hacia abajo, hacia la tierra. Estamos apurados, dedicados con celo y entusiasmo a diferentes empresas, pero Dios ha sido olvidado, y no valoramos el tesoro celestial. No estamos en una actitud de espera y vigilancia. El amor al mundo y el engaño de las riquezas eclipsa nuestra fe, y no anhelamos la aparición de nuestro Salvador, ni la amamos. Tratamos con demasiado interés de preocupamos por nosotros mismos. Somos intranquilos, y carecemos de una firme confianza en Dios. Muchos se preocupan y trabajan, idean y planifican, temerosos de padecer necesidad. No tienen tiempo para orar o para asistir a reuniones religiosas y, en su preocupación por sí mismos, no le dan a Dios la oportunidad de cuidarlos. Y el Señor no hace mucho por ellos, porque no le dan ocasión. Se preocupan demasiado por sí mismos, y creen y confían poco en Dios (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 177).

No conocemos el tiempo exacto de la venida de nuestro Señor. Pero sea que ocurra este año, o el próximo, o más adelante, Cristo nos dijo que vendrá como ladrón en la noche. A todos nos dice: “Velad”. Para muchos vendrá a la hora que no esperan. Al tiempo de su venida los hombres se preguntarán: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?”…

Satanás, el originador del mal, revela ahora su poder en los hijos de los hombres. Esta es su hora, y la del poder de las tinieblas. Aparentemente, él controla el mundo… Hay un poder que está actuando en el mundo en oposición cada vez más acerba hacia Cristo y su mensaje…

Satanás trabaja con todo su poder para obstaculizar la obra de Dios… Debemos advertir a nuestros hermanos para que no presten oído a las teorías falsas, y alertar a los que se dejaron entrampar. Si alguna vez los centinelas de Dios necesitaron estar en guardia es ahora (Alza tus ojos, p. 363).

Abundan el orgullo y la ambición y cuando se abrigan estas tendencias, abren la puerta a la envidia y la lucha por la supremacía; el alma se aparta de Dios, e inconscientemente es arrastrada a las filas de Satanás… Mientras procuran destruir la confianza del pueblo en los hombres designados por Dios, creen estar realmente ocupados en una buena obra y prestando servicio a Dios…

Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de la maldad a otra. Al rechazar la luz, la mente se oscurece y el corazón se endurece de tal manera que les resulta más fácil dar el siguiente paso en el pecado y rechazar una luz aún más clara hasta que por fin sus hábitos de hacer el mal se hacen permanentes. El pecado pierde para ellos su carácter inicuo (Conflicto y valor, p. 108).

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Martes 13 de junio // Lección 12__________________________________________________

MIL AÑOS COMO UN DÍA

En 2 Pedro 3:8 al 10, ¿de qué forma responde Pedro al argumento que presentarán los burladores? ¿Qué dice él que, incluso ahora, nos ayuda a entender por qué Cristo no ha regresado aún?

2 Pedro 3:8-10

Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

Pedro responde al cuestionamiento de la naturaleza constante del mundo. Les recuerda a sus lectores que no es verdad que el mundo ha permanecido sin cambios desde la Creación (nota que Pedro regresa inmediatamente a la Palabra de Dios como su fuente y autoridad). Hubo un tiempo de gran maldad, después del cual Dios destruyó al mundo con un diluvio (2 Ped. 3:6). Y, de hecho, el Diluvio trajo un gran cambio, que permanece con nosotros hasta hoy. Pedro, entonces, dice que la siguiente destrucción será con fuego, no con agua (2 Ped. 3:10).

Pedro también escribió: “Para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Ped. 3:8). Al decir esto, Pedro pudo haber estado reflexionando en las palabras del Salmo 90:4: “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche”. En otras palabras, nuestro concepto de tiempo no es como el de Dios; por lo tanto, debemos ser cuidadosos en cuanto a los juicios que emitimos sobre el tiempo.

Según lo vemos nosotros, parece haber una demora en el regreso de Cristo; pero solamente estamos viendo las cosas desde nuestra perspectiva humana. Desde la perspectiva de Dios, no hay demora. De hecho, Pedro está diciendo que, por la paciencia de Dios, se nos ha otorgado un tiempo extra. El Señor no desea que nadie perezca (2 Ped. 3:9). El tiempo extra, entonces, ha sido permitido para proveer a muchos oportunidades de arrepentimiento.

Sin embargo, advierte Pedro, la paciencia de Dios no debería ser tomada como una oportunidad para posponer una decisión por Jesús. El Día del Señor vendrá tan inesperadamente como un ladrón en la noche. Si bien un ladrón que llega de noche busca, probablemente, pasar inadvertido, el Día del Señor, aunque llegue como un ladrón, ciertamente no pasará inadvertido. En las palabras de Pedro: “Los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos” (2 Ped. 3:10). Así, el mensaje de Pedro es como el de Pablo: “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Cor. 6:2).

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Una de las cosas que necesitamos entender en el estudio de este día, es que Dios no tiene el mismo reloj que los humanos usamos.
2 Pedro 3: 8 dice: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”
Vamos a hacer el cálculo del reloj de Dios, para trasladarlo al reloj nuestro.
Dios                  Humanos
1 día                  1000 años
Medio día         500 años
6 horas              250 años
3 horas              125 años
36 minutos        25 años
9 minutos          6 años y 3 meses
1 minuto             8 meses y 8 días (+/-)
1 segundo           4 días y 8 horas (+/-)
Este es un cálculo vago, carente de cientificismo, pero nos ayuda a entender con aproximación la diferencia entre el reloj divino y el reloj humano.
Teniendo una mejor idea del reloj de Dios y el reloj del humano, prepara el camino para entender otros puntos bíblicos.
1-Podemos comprender porqué algunas personas pasan al descanso en su temprana edad.  Dios en su presciencia -conocimiento perfecto del futuro- permite que la persona deje de vivir unos cuantos minutos menos de su reloj, con tal de que viva la vida eterna. Posiblemente esta persona, si Dios le permitiera vivir unos minutos más del reloj divino, perdería la vida eterna.
2-Podemos comprender que cuando pedimos al Señor un milagro o cualquier otra petición, muchas veces el Señor hará que esperemos unos cuantos segundos de su reloj para darnos su respuesta a nuestro pedido. Porque no entendemos el reloj del Señor, muchos perdemos la paciencia y salimos enojándonos con Dios, creyendo que a él no le importa nuestra vida ni nuestros problemas.
3-Hay muchos pedidos que hacemos a Dios y él nos contesta inmediatamente; eso nos muestra la gran misericordia y amor de Dios, cuando él toma menos de un segundo de su reloj divino para responder a nuestros pedidos.
4-Podemos entender que Dios sentenció a Adán a morir el mismo día que desobedeció y así fue: de acuerdo con el reloj divino Adán murió ese mismo día, su vida llegó cerca de finalizar el día; Adán tenía 930 años cuando murió.
5-Podemos entender la segunda venida de Cristo. Cristo en el reloj divino, tiene apenas dos días de haber partido. Debido a que nosotros nos regimos con un reloj extremadamente rápido, nuestra preocupación no sería tanto la hora de la venida de Cristo, sino la hora de nuestra muerte. Ésta puede ocurrir en los siguientes segundos, sin importar nuestra edad o condición física. Cuando morimos, allí mismo muere también nuestra gracia y nuestra esperanza, allí queda nuestro destino sellado y nos colocamos automáticamente al lindero de la vida eterna o de la muerte eterna.
Con esto no queremos dar a entender que falta mucho tiempo para la venida de Cristo. Nosotros no sabemos y no podemos poner fecha; de una cosa sí tenemos que estar seguros: es de que todas las señales que preceden a la segunda venida de Cristo, ya se han cumplido: la segunda venida de Cristo a este mundo es inminente.
6-Con el reloj divino podemos comprender que la vida más longeva de un humano aquí en la tierra, alcanza apenas unas 2 horas y media en el reloj de Dios.
En el reloj de Dios, hay mucho tiempo para completar su obra, pero Dios puede completar el trabajo de mil años en un día, o puede completar el trabajo de un día en mil años; para Dios el tiempo no hace diferencia alguna, porque su diseño cronológico es eterno.
Para el hombre sí hace diferencia: el hombre tiene solamente un corto tiempo para completar sus propósitos y planes en la tierra. Si el hombre no logra completar sus planes en el pequeño corto tiempo que tiene, nunca más tendrá la oportunidad para hacerlo; pero para Dios no es así.  Él siempre vive, aún cuando sus planes pueden parecernos retardados, aún cuando sus planes nos parezcan olvidados, Dios trabaja con un reloj perfecto y su tiempo siempre es perfecto.
Si a Dios le place hacer su obra en un solo día, él la hará. Si a Dios le place hacer su obra en mil años, él lo hará. Dios tiene el poder para extender el tiempo a su arbitrio, tiempo que para los humanos puede parecer una eternidad.
Lo que el apóstol Pedro dijo, también lo dijo el salmista Moisés en Salmo 90: 4 “Porque mil años son ante tus ojos como un día, como un ayer que ya pasó, como una vigilia en la noche.”
El mensaje del apóstol Pedro es muy sencillo: la distinción entre tiempo corto y largo, no existe en la presencia de Dios. Lo que nos parece tardanza en cuanto a la segunda venida de Cristo, no existe en el cronograma divino: es simplemente una concepción humana.
El pasado, el presente y el futuro siempre están en la presencia de Dios; la tardanza de mil años no representa mucho para Dios. Para Él esto es asunto de días o de horas: la cronología divina se basa en la eternidad; la cronología humana mide el tiempo en horas, días, meses, años…
El mensaje final en toda la Biblia, es que nuestra vida es demasiada corta:
“El hombre es como la hierba, sus días florecen como la flor del campo: 16 sacudida por el viento, desaparece sin dejar rastro alguno.” Salmo 103: 15

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Solamente ocho almas de la enorme población antediluviana creyeron y obedecieron la palabra que Dios les habló por labios de Noé. Durante ciento veinte años el predicador de la justicia amonestó al mundo acerca de la destrucción que se aproximaba; pero su mensaje fue desechado y despreciado. Lo mismo sucederá ahora…

Dice el apóstol Pedro: “En los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:3, 4). ¿No oímos repetir hoy estas mismas palabras, no solo por los impíos, sino también por muchos que ocupan los pulpitos en nuestra tierra? “No hay motivo de alarma —dicen—. Antes de que venga Cristo, se ha de convertir el mundo entero, y la justicia ha de reinar durante mil años. ¡Paz, paz! Todo permanece así como desde el principio. Nadie se turbe por el inquietante mensaje de estos alarmistas”.

Pero esta doctrina del milenario no está en armonía con las enseñanzas de Cristo y de los apóstoles. Jesús hizo esta pregunta significativa: “Cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Como hemos visto, él manifiesta que el estado del mundo será como en los días de Noé (Patriarcas y profetas, p. 92).

Nuestro Dios tiene a su disposición el cielo y la tierra y sabe exactamente lo que necesitamos. Solo podemos ver hasta corta distancia delante de nosotros; mas “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). Por sobre las perturbaciones de la tierra está él entronizado; y todas las cosas están abiertas a su visión divina; y desde su grande y serena eternidad ordena aquello que su providencia ve que es lo mejor.

Ni siquiera un pajarillo cae al suelo sin que lo note el Padre…

Somos tan ignorantes de Dios como niños pequeños, pero como niños podemos amarle y obedecerle. En vez de ponernos a conjeturar en cuanto a su naturaleza y prerrogativas, deberíamos prestar oído a la palabra que él ha hablado: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46:10). (Testimonios para la iglesia, tomo 8, p. 285, 293).

Cristo está listo para libertamos del pecado, pero no fuerza la voluntad; y si ésta, por la persistencia en la transgresión, se inclina por completo al mal, y no deseamos ser libres ni queremos aceptar la gracia de Cristo, ¿qué más puede él hacer? Al rechazar deliberadamente su amor, hemos labrado nuestra propia destrucción. “¡He aquí ahora es el tiempo acepto! ¡He aquí ahora es el día de salvación!” (2 Corintios 6:2). “¡Hoy, si oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones!” (Hebreos 3:7, 8). (El camino a Cristo, p. 34).

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Lección 12 // Miércoles 14 de junio________________________________________________

¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE?

Un joven intentaba testificarle a su madre. Le habló acerca de la muerte de Jesús y la promesa de su regreso. Estaba un tanto orgulloso de sí mismo, pensando que había hecho una tarea elocuente. Cuando terminó su minisermón acerca de Jesús y de la Segunda Venida, su madre lo miró y le dijo: “Y ¿qué tiene que ver eso conmigo ahora?”

Lee 2 Pedro 3:11 al 13. ¿De qué manera responde Pedro a la pregunta “Y ¿qué tiene que ver eso conmigo ahora”? Ver Mat. 24:43-51.

2 Pedro 3:11-13

11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Mateo 24:43-51

43 Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 44 Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. 45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 47 De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. 48 Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49 y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, 50 vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, 51 y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Como hemos dicho, el nombre mismo de nuestra iglesia revela nuestra creencia en la realidad del regreso de Cristo. Esta enseñanza es fundacional; nuestra fe cristiana carecería de sentido sin el regreso de Cristo y todo lo que promete.

Pero ¿acaso no estamos en peligro de volvernos como el siervo malo de la parábola de Mateo 24:43 al 51? Puede ser que no estemos cometiendo la misma clase de mal presentada en la parábola, pero ese no es el punto (después de todo, es una parábola). Más bien, lo que advierte la parábola es que podría volverse más fácil rebajar nuestros estándares, especialmente con respecto al modo en que tratamos a los demás, y volvernos más como el mundo y menos fervientes en nuestra creencia en el regreso del Señor.

Ciertamente, de vez en cuando, nos encontramos con algunos que, presentando cuadros proféticos y cálculos, afirman tener la fecha del regreso de Cristo. Pero, por lo general, el peligro que enfrentan los adventistas del séptimo día no es que estén fijando fechas para el pronto regreso de Cristo. Más bien, el peligro es que, al pasar los años, la promesa de la Segunda Venida comience a jugar un papel mucho más pequeño en nuestros pensamientos.

Sí, cuanto más tiempo estamos aquí, más cerca estamos de la Segunda Venida. Por otro lado, cuanto más tiempo estamos aquí, más fácil se hace pensar en su venida como algo tan lejano que realmente no tiene impacto en nuestra vida diaria. La Escritura advierte en contra de esta clase de complacencia. Como lo dijo Pedro, si Jesús ha de regresar, y hemos de enfrentar el Juicio, los cristianos tendríamos que llevar vidas de santidad y piedad (2 Ped. 3:11). La realidad de la Segunda Venida, cuandoquiera que suceda, debería impactar el modo en que vivimos ahora.

¿Cuánto impacto tiene, en tu vida y tus pensamientos diarios, la realidad de la Segunda Venida? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de tu vida y de tu fe?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Creemos que el tema queda muy claro con la explicación de la lección y el espíritu de profecía.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El mal siervo dice en su corazón: “Mi señor se tarda en venir”. No dice que Cristo no vendrá. No se burla de la idea de su segunda venida. Pero en su corazón y por sus acciones y palabras, declara que la venida de su Señor tarda. Destierra del ánimo ajeno la convicción de que el Señor va a venir prestamente. Su influencia induce a los hombres a una demora presuntuosa y negligente. Los confirma en su mundanalidad y estupor. Las pasiones terrenales y los pensamientos corruptos se posesionan de su mente. El mal siervo come y bebe con los borrachos, y se une con el mundo en la búsqueda de placeres. Hiere a sus consiervos acusando y condenando a los que son fieles a su Maestro. Se asocia con el mundo. Siendo semejantes, participan juntos en la transgresión. Es una asimilación temible. Juntamente con el mundo, queda entrampado. Se nos advierte: “Vendrá el Señor de aquel siervo… a la hora que no sabe, y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas” (El Deseado de todas las gentes, p. 589).

La Biblia está llena de instrucción que nos ordena manifestar… amor, paciencia y respeto en nuestro trato mutuo. El amor de Jesús en el alma nunca conduce a la malicia y la envidia. La tierna planta del amor cristiano debe cultivarse cuidadosamente. No crecerá a menos que sea cultivada.

El cielo toma nota de aquel que lleva consigo una atmósfera de paz y amor. Tal persona recibirá su recompensa. Permanecerá en el gran día del Señor (Nuestra elevada vocación, p. 236).

Cuando Cristo more en el corazón, su imagen se revelará en la vida. Donde predominaba el orgullo, reinará la humildad. La sumisión, la mansedumbre y la paciencia suavizarán los aspectos toscos de una disposición que es por naturaleza perversa e impetuosa. El amor por Jesús se manifestará en amor hacia su pueblo. Dicho amor no es caprichoso ni espasmódico, sino más bien sereno, profundo y fuerte. La vida del cristiano estará libre de toda presunción y libre de toda afectación, artificio y falsedad. Es sincera, verdadera, sublime. Cristo está en cada palabra que se habla. Se manifiesta en todas las obras. La vida irradiará la luz del Salvador que vive en el corazón. Al entrar en contacto con Dios y al contemplar con gozo las cosas celestiales, el alma se prepara para el cielo y se ocupa en atraer otras almas al redil de Cristo. Nuestro Salvador tiene el poder y está dispuesto a hacer por nosotros más de lo que somos capaces de pedir o aún pensar (Testimonios para la iglesia, tomo 5 p. 47).

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Jueves 15 de junio // Lección 12__________________________________________________

UNA APELACIÓN FINAL

Pedro termina su epístola con un tema que la ha impregnado desde el inicio: llevar vidas santas y cuidarse de no ser desviados por “el error de los inicuos” (2 Ped. 3:17).

Lee 2 Pedro 3:14 al 18. ¿A quiénes está apelando Pedro, y de qué está advirtiendo en esta apelación?

2 Pedro 3:14-18

14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. 15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. 17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. 18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Qué interesante resulta que Pedro termine su epístola con una apelación a los escritos de “nuestro amado hermano Pablo” (2 Ped. 3:15). Pablo también escribió de la necesidad de vivir en paz mientras aguardamos la segunda venida de Jesús, y de usar el tiempo para desarrollar vidas santas (ver Rom. 2:4; 12:18; Fil. 2:12).

Nota, también, el modo en que la referencia de Pedro a los escritos de Pablo muestra que lo que escribió Pablo era altamente valorado ya en los inicios de la historia del cristianismo. No se puede determinar si Pedro se está refiriendo a la colección entera de los escritos de Pablo que se encuentra hoy en el Nuevo Testamento, o solamente a un grupo de ellos. Sin embargo, los comentarios de Pedro muestran que las cartas de Pablo eran tenidas en alta estima.

Por último, Pedro comenta que los escritos de Pablo pueden ser malentendidos, al igual que otras partes de las Escrituras. La palabra griega grafa significa, literalmente, “escritos”; pero en este contexto, claramente, significa “escritos sagrados”, tales como los libros de Moisés y los profetas. Aquí hay evidencia muy temprana de que se había atribuido a los escritos de Pablo la misma autoridad que a la Biblia hebrea.

A su vez, considerando lo que leímos antes acerca de falsos maestros que prometen libertad, no es difícil de imaginar a las personas utilizando los escritos de Pablo acerca de la libertad y la gracia para excusar comportamientos pecaminosos. Pablo enfatizó fuertemente la justificación solamente por la fe (Rom. 3:21, 22), pero nada en sus escritos da a las personas licencia para pecar (ver Rom. 6:1-14). Pablo mismo tuvo que lidiar con este error relacionado con lo que había estado predicando y enseñando sobre la justificación por la fe; y Pedro advierte que aquellos que tuercen sus escritos lo hacen bajo riesgo de “su propia perdición” (2 Ped. 3:16).

¿Qué decisiones puedes tomar ahora mismo que pueden ayudarte a llevar la clase de vida que hemos sido llamados a vivir en Cristo Jesús?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

He aquí un versículo acerca de la santidad y la paz:

 14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz (2 Pedro 3).

¡Qué hermosas y solemnes son estas palabras! Sin duda alguna es música celestial a los agitados oídos humanos; estas palabras no emanan de un estado de convulsión, sino del fundamento de la ley de Dios y tienen como propósito modelar nuestra forma de vivir aquí en la tierra.

Dios nos manda a seguir dos cosas: la santidad y la paz. La santidad y la paz son consistentes entre sí mismas: si se sigue a una de ellas, automáticamente se sigue la otra; ambas caminan de la mano, sin poder ser separadas en la vida del cristiano.

Es primordial tener paz con nuestra familia, en las relaciones naturales, en las relaciones domésticas, tenemos que tener paz civil, tenemos que tener paz política, tenemos que tener paz en la sociedad, tenemos que tener paz con los miembros de nuestra iglesia, tenemos que tener paz con nuestros vecinos, tenemos que tener paz con las autoridades de nuestra nación, tenemos que tener paz espiritual. Nunca dando rienda suelta a las pasiones que conducen a litigios, confrontaciones, peleas o guerras. Si tenemos que vivir en guerra, esa guerra será en contra del pecado nada más, en contra de las malas pasiones, en contra de los deseos corruptos, pero nunca en contra de las personas.

Seguir la paz también incluye evitar los deseos de venganza. Cuando se nos ha hecho mal, es muy fácil tomar el camino de la venganza, es muy fácil dar rienda suelta a pasiones como la ira; pero Dios nos manda a ser santos, a buscar la paz, inclusive con aquellos que nos han hecho mal.

Buscar la paz no es sólo una frívola idea de vivir en paz, sino que es un deseo ardiente de obtener la paz, es poner todo esfuerzo humano para obtenerla; podemos practicar esto especialmente cuando se nos ha hecho daño y agravio.

No hay cosa más grande que nos identifique y nos acerque más a Dios, que el acto de buscar la paz con todo nuestro deseo y fuerzas. Dios es un Dios de paz, Jesucristo es el Príncipe de paz, el Espíritu Santo tiene los frutos de la paz, los cristianos son hijos de la paz, los hombres son llamados por Dios a tener paz, somos llamados a anunciar un evangelio que es de paz, somos llamados a vivir en paz ahora en la tierra, y seguir disfrutando de esa paz en el cielo.

La paz tiene tres dimensiones:

La primera dimensión de la paz es vertical -arriba de nosotros y es con Dios-; es vivir en armonía y reconciliados con Dios

La segunda dimensión de la paz es interna -dentro de nosotros, es decir internamente-. La paz es una conformidad íntima, con las facultades santificadas, de la mente, de la voluntad y de los afectos.

La tercera dimensión de la paz es horizontal -fuera de nosotros, es decir externamente-; con las otras criaturas, especialmente el hombre. La paz es un santo acuerdo con nuestra mente, de cuidar nuestra forma de hablar y  nuestra forma de actuar con nuestros semejantes.

El texto también nos manda a ser sin mancha e irreprensibles; dicho en otras palabras, el texto nos manda a tener santidad. Esta declaración se hace extremadamente solemne, cuando es ampliada por otro texto de la Biblia que dice que “sin santidad nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

Podemos tener conocimiento de Dios, podemos conocer su historia, podemos tener ideas teóricas en cuanto al Redentor, pero sin la santidad, no podremos discernir el carácter espiritual de las enseñanzas del Señor.

Finalmente en el cielo no podremos ver a Dios si no tenemos santidad.  La única manera en que podremos ver a Dios en el cielo, será sentado en su trono de juicio y justicia, pero nunca podremos ver a Dios como nuestro Salvador y amigo si carecemos de ese valor cristiano: la santidad.

Podemos tener riquezas, inteligencia, conocimiento, belleza, éxitos, casas, tierras, libros, amigos… pero si no tenemos religión, todo eso es en vano. Nunca veremos a Dios en paz, si no tenemos un corazón santo, nunca seremos admitidos en los cielos, si no tenemos una religión que nos identifique ante los santos ángeles, que se encuentran alrededor del trono de Dios.

La santidad tiene su nacimiento en la gracia de Dios.

La santidad es progresiva, no se obtiene de la noche a la mañana, va creciendo poco a poco.

La santidad necesita un requisito para ser obtenida: la diligencia.

Si el texto dijera que sin “la perfección” de la santidad, no podemos ver a Dios, todos quedaríamos eliminados de entrar al cielo. Felizmente el texto no dice “sin la perfección de la santidad”; solamente dice la santidad. ¿Por qué? Porque la santidad es un asunto de crecimiento, el Espíritu Santo riega la pequeña semilla de la santidad en nuestros corazones, y esa santidad crece hasta llegar a ser un árbol dominante y gigantesco en nuestras vidas.

Estas son algunas de las características y consecuencias de la santidad:

La santidad elimina a la gente problemática

La santidad previene de caer en la tentación

La santidad crece cuando es influenciada por las cosas buenas

La santidad es la llave para ver a Dios en el cielo.

 

Hay varias personas que tratan de alcanzar el cielo sin santidad, entre ellos están:

Los hipócritas: son aquellos que cuidan solamente de las apariencias, para ellos lo exterior es de suma importancia, sin importar que hay dentro del corazón.

Los moralistas: son esas personas que luchan por ser buenas y en verdad lo consiguen, son personas en verdad buenas que no hacen cosas malas en la vida. Esto no es suficiente para ver a Dios; para ver a Dios se necesita santidad, que implica un nivel más elevado que simplemente ser bueno. Muchas veces al diablo le interesa que seamos buenos, con tal de que no seamos santos. Él sabe perfectamente que una persona “buena” no podrá ver a Dios en el cielo, y eso es suficiente para la perdición de la persona. Ser bueno no es visa para el cielo, la visa para penetrar las puertas del paraíso se llama santidad.

Los experimentalistas: son aquellos que tienen sus propias ideas y también tienen sus propias experiencias religiosas, experimentan sensaciones extrañas que les hacen creer que están a la entrada del paraíso mismo. Este tipo de personas llegan a creer que por las cosas que sienten o experimentan en sus vidas, ya han ganado el cielo. La mayoría de los experimentalistas tienen dos caras: un lado que justifica una alta espiritualidad y el otro lado que es una vida llena de injusticia, sin santidad y sin amor para con su prójimo.

Los “opinionistas”: son aquellos que han llegado a convencerse a sí mismos de que pueden obtener el cielo a través de sus propias ideas. Comprenden bien la teología, y casi siempre son más sabios que sus propios maestros. Estos creen que por tener la verdad y mantener la verdad, se acreditan para llegar al cielo automáticamente. En este grupo caemos muchos Adventistas del Séptimo Día: somos los que creemos que nuestra iglesia tiene la verdad bíblica, y nadie que no sea adventista podrá ser salvo.  Creemos que por sólo tener, profesar y enseñar la verdad, y que por llevar el nombre de “Adventistas del Séptimo Día” somos ganadores del cielo automáticamente.

Muchas veces se nos acercan hermanos de otras religiones,  y nos preguntan: ¿Es usted salvo? o ¿Es usted santo? Usualmente ese tipo de preguntas ponen a tambalear a un Adventista del Séptimo Día.

La pregunta de este día es: ¿Somos santos? La respuesta es un rotundo sí. Dios no ve la santidad de la manera que los humanos la vemos. Los humanos creemos que la santidad es una vida sin error y sin pecados, y hasta cierto punto eso es verdad, pero no es toda la verdad en su esencia.

La santidad a los ojos de Dios es el acto de vencer un pecado, un vicio o una tentación. No vencer por nuestros propios medio, ya que eso nos convertiría en moralistas; se trata de vencerlo a través de la oración y el ayuno, por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas y corazones.

La santidad tiene crecimiento: comenzamos con el deseo de cambiar nuestras vidas y con el deseo de cambiar nuestro mal proceder, damos el paso de acercarnos a Dios, de pedirle la presencia del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo viene a nuestras vidas y comienza a sanarnos poco a poco de todas esas cosas malas que tenemos; con el tiempo nuestra vida cambia y alcanzamos niveles altos de santidad. ¿Somos santos en la actualidad? Si por la gracia de Dios usted ha aceptado a Cristo en su vida, y ha tenido cambios para bien, si ha dejado vicios, si ha dejado el pecado, si ha dejado de dar mal testimonio, y tiene el deseo de seguir mejorando, entonces con toda seguridad puede afirmarse que es un santo. Está en el camino correcto de la santidad, y la santidad plena la logrará conseguir hasta cuando logre contemplar el rostro de Jesús y sea “transformado de gloria en gloria.”

Uno de los más degradantes pecados en el hombre, es el pecado de la ignorancia. El pecado de la ignorancia es la cuna donde nace una infinidad de otros pecados. El pecado de la ignorancia fue la causa de la destrucción de Israel en la antigüedad, y será la causa de la destrucción del Israel moderno.

La ignorancia mueve al hombre a tener una excusa para pecar y, como consecuencia, el pecado se toma muy livianamente. ¡Yo no sabía! es la excusa fácil que da todo aquel que comete una falta, y con esa expresión la mayoría de errores y faltas, quedan disculpadas… ante el hombre tal vez, pero no ante Dios.

La ignorancia es un pecado del cual nadie está libre. No nacemos sabiendo, estamos obligados a estudiar la Palabra de Dios, aprender en ella a hacer el bien. El no hacerlo, nos deja en un estado de ignorancia, la cual Dios no pasa por alto.

El pecado de la ignorancia fue la causa más grande de la rebelión de nuestros primeros padres. En la tentación del Edén, el diablo ofreció al hombre el conocimiento del bien y el mal; también les ofreció ser como los dioses. nuestros padres aceptaron la propuesta, y el resultado fue una total ignorancia, con la entrada del pecado a esta mundo, los humanos pasaron de ser sabios a ignorantes.

La ignorancia es enemiga de la santidad. Efesios 4 dice: 18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.”

1 Pedro 2 compara la ignorancia del hombre con animales irracionales: 12 Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición”

Dios pone una protesta en contra de la ignorancia. Isaías 1 dice: El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. 4¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.” En la iglesia popular se enseña una gran farsa cuando dicen: “La ignorancia es la madre de la devoción”. La Biblia enseña otra cosa; el texto de Isaías dice que la ignorancia provoca la ira de Dios.

Una mente sin conocimiento, es un desperdicio total. Para eliminar la lujuria y el pecado de nuestras vidas, necesitamos eliminar la ignorancia. Todo el conocimiento que el hombre pueda adquirir, si no tiene el conocimiento de Dios, no es otra cosa que una ignorancia necia. Permitamos que el Espíritu Santo –Maestro por excelencia- nos enseñe cada día cuál es la voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Dios es santo: si no tenemos santidad no podemos ser como él es

Dios es santo: sólo los que son santos pueden en verdad servirle

Dios es santo: sin santidad es imposible agradar a Dios en cualquier cosa que hagamos para él

Dios es santo: sin santidad no podemos ser reconocidos, ni reclamados por él

Dios es santo: nunca podremos disfrutar a Dios si no tenemos santidad

 

La santidad es uno de los propósitos de la religión.

La religión es una imitación del dios que se adora; por eso vemos las naciones paganas, sumidas en los vicios y en las malas conductas, porque están imitando al dios que ellos han inventado, resultado de su propia imaginación pecaminosa, ajena al Dios del cielo.

En el mundo cristiano, también la religión es una imitación del Dios a quien nosotros servimos. A diferencia de los dioses paganos, nuestro Dios no es el resultado de la imaginación del hombre, nuestro Dios es el Dios supremo del universo, cuyo calificativo principal es la santidad. Nosotros también tratamos de imitar al Dios que adoramos, él nos ordena y nos dice: “Sed santos como yo soy santo”

El apóstol está recordando las palabras pronunciadas por Dios a Israel, en Levítico 11 dice: 44 Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo…” Aunque esta orden fue dada al mundo judío primeramente, también estas palabras tocan el corazón del cristianismo. El apóstol hace recordar a la nueva iglesia naciente, las mismas palabras de un Dios que no cambia, que es eterno y que permanece para siempre.

La santificación es parte del proceso de la salvación, no precisamente porque nos libera del pecado y de su castigo, sino porque nos libera del dominio y del poder del pecado. La santificación es una forma de vivir de la naturaleza divina. La santidad se obtiene mediante la diaria entrega de la voluntad a Dios.

La santificación es parte del carácter de Dios: no hay cosa más poderosa para describir a Dios, que la santidad. Dios nos manda a ser santos, como lo es él.

La santificación es necesaria para nuestra paz mental. Sin pureza no podemos obtener la paz.

La santificación nos califica para ser miembros del reino de los cielos: “sin santidad nadie verá a Dios”

La santificación es universal, se extiende la invitación a todos los hombres a ser santos.

La santificación es progresiva: comienza con pequeños cambios hasta que se logra conseguir una vida de santidad plena.

La santificación es un trabajo de Dios, por nosotros mismos no podemos lograrla: es imposible extraer pureza de la impureza. Dios es el único que puede hacernos santos a través de su Santo Espíritu; nuestra parte consiste en dar ese paso hacia Dios y dejar que Él produzca su santidad en nuestra vida.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

“Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3:14, 18).

La santificación no es obra de un momento, una hora o un día. Es un crecimiento continuo en la gracia. No sabemos un día cuán intenso será nuestro conflicto al día siguiente. Satanás vive, es activo y cada día necesitamos clamar fervorosamente a Dios por ayuda y fortaleza para resistirle. Mientras reine Satanás tendremos que subyugar el yo, tendremos asedios que vencer, y no habrá punto en que detenerse, donde podamos decir que hemos alcanzado la plena victoria…

La vida cristiana es una marcha constante hacia adelante. Jesús está sentado para refinar y purificar a sus hijos; y cuando su imagen se refleja perfectamente en ellos, son perfectos y santos, preparados para la traslación. Se requiere del cristiano una obra grande. Se nos exhorta a purificamos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, y a perfeccionar la santidad en el temor de Dios. En esto vemos en qué estriba la gran labor. Hay trabajo constante para el cristiano. Todo sarmiento de la cepa debe obtener de ella vida y fuerza a fin de dar fruto (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pp. 304, 305).

Abran hacia el cielo la ventana del alma y cierren la que da hacia la tierra. Permitan que los rayos del Sol de Justicia resplandezcan en las cámaras de su mente. Cultivar la mansedumbre y la bondad de Cristo, para llevar su yugo y sus cargas, es la lección que deben aprender, y que es de interés para ustedes y para todos los que se relacionan con ustedes. Cultiven las virtudes celestiales. Purifiquen el alma de toda contaminación. Prepárense para ser recibidos como miembros de la familia real. A través de la instrucción en la Palabra de Dios… las mentes de los obreros serán dulcificadas con la gracia y ellos serán capacitados para cumplir su tarea. A medida que el Señor impresiona sus mentes, captarán las ideas más preciosas unos de otros… Tengan fe en las Escrituras como la Palabra del Dios viviente (This Day With God, p. 29; parcialmente en Cada día con Dios, p. 27).

El único modo de crecer en la gracia consiste en hacer desinteresadamente la obra que Cristo nos ordenó hacer: dedicamos, en la medida de nuestra capacidad, a auxiliar y beneficiar a los que necesitan la ayuda que podemos darles. La fuerza se desarrolla con el ejercicio; la actividad es la condición misma de la vida… Asimismo, el cristiano que no ejercite las facultades que Dios le dio, no solo dejará de crecer en Cristo sino que perderá la fuerza que tenía.

La iglesia de Cristo es la intermediaria elegida por Dios para salvar a los hombres. Su misión es llevar el evangelio al mundo. Esta obligación recae sobre todos los cristianos. Cada uno de nosotros, hasta donde lo permitan sus talentos y oportunidades, tiene que cumplir el mandato del Salvador. El amor de Cristo que nos ha sido revelado nos hace deudores de cuantos no lo conocen. Dios nos dio luz, no solo para nosotros, sino para que la derramemos sobre ellos (El camino a Cristo, pp. 80, 81).

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Lección 12 // Viernes 16 de junio_________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Desde nuestra perspectiva, puede parecer que la Segunda Venida estuviera demorando mucho. Jesús obviamente sabía que nos sentiríamos de esta manera y, en algunas parábolas, nos advirtió lo que podría suceder si no somos cuidadosos y atentos durante este tiempo. Tomemos, por ejemplo, la parábola de los dos siervos en Mateo 24:45 al 51 (mencionada en la sección del miércoles). Ambos esperaban a su señor, pero llegaron a dos conclusiones diferentes acerca de su regreso. Uno decidió que debía estar preparado para cuando el señor volviese en cualquier momento. El otro dijo que el señor se demoraba y, por lo tanto, tomó ese “retraso” como una oportunidad para actuar con maldad.

“Por cuanto no sabemos la hora exacta de su venida, se nos ordena que velemos. ‘Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando’ (Luc. 12:37). Los que velan esperando la venida de su Señor no aguardan en ociosa expectativa. La espera de la venida de Cristo debe inducir a los hombres a temer al Señor y sus juicios sobre los transgresores. Les ha de hacer sentir cuán gran pecado es rechazar sus ofrecimientos de misericordia. Los que aguardan al Señor purifican sus almas obedeciendo la verdad” (DTG 588).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

  1. En clase, comenten las respuestas a la pregunta del lunes sobre la Segunda Venida. ¿Cuáles son algunas de las maneras en que lidiamos con el hecho de que Cristo aún no ha regresado? ¿Qué podemos aprender de las respuestas de los demás?
  2. ¿Qué enseñanzas, prácticas y creencias sostenemos como adventistas del séptimo día que no surgen de la cultura, ni la razón, ni la tradición, sino que provienen únicamente de la Palabra de Dios?
  3. Como vimos durante esta semana, Pedro relacionó las tendencias y las pasiones pecaminosas con las falsas enseñanzas. La lección contenía esta declaración: “No es simple coincidencia que las pasiones pecaminosas pueden llevar a falsas enseñanzas, ¿verdad?” ¿Por qué no es una coincidencia? ¿Cuáles podrían ser las variadas conexiones entre ambas?
  4. Albert Einstein presentó al mundo la idea asombrosa de que el tiempo no es absoluto. Es decir, dependiendo de dónde estás y cuán rápidamente te estés moviendo, el tiempo en tu cuadro de referencia será distinto del de otra persona en otro cuadro de referencia. El punto es que el tiempo es algo muy misterioso y actúa de maneras que no entendemos plenamente. ¿Cómo podría esta idea ayudarnos a entender que, para Dios, el tiempo no es lo mismo que para nosotros, especialmente en el contexto de la demora de la segunda venida de Cristo?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
El Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
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