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Lección 6 – IMÁGENES DE LA UNIDAD – Para el 10 de noviembre de 2018

Este ministerio llega a usted por cortesía de la familia García-Saravia y un pequeño grupo de colaboradores.

Le invitamos a que se una a este grupo y juntos sufraguemos los gastos que genera este gigantesco sitio. De antemano, muy agradecidos por su colaboración.

 

 

Este comentario es leído por personas en 135 países alrededor del mundo.

Estos son los diez países con el mas alto índice de lectores durante la semana pasada:

1-Estados Unidos

2-Perú

3-México

4-Colombia

5-Argentina

6-Chile

7-Ecuador

8-Venezuela

9-España

10-Bolivia

 


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Lección 06: Para el 10 de noviembre de 2018

IMÁGENES DE LA UNIDAD

Sábado 3 de noviembre_______________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Pedro 2:9; Éxodo 19:5, 6; Efesios 2:19-22; 1 Corintios 3:16, 17; 1 Corintios 12:12-26; Juan 10:1-11; Salmo 23.

PARA MEMORIZAR:

“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Cor. 12:12).

Cualquiera que haya estudiado la Biblia sabe que está llena de imágenes y símbolos que apuntan a realidades mayores que esas imágenes y símbolos en sí. Por ejemplo, la esencia de todo el sistema sacrificial bíblico es, en cierto sentido, un símbolo de una realidad mucho mayor: Jesús y todo el plan de salvación.

En la Biblia se usan muchos otros tipos de imágenes y, a veces, también los elementos más básicos, como el agua, el fuego o el viento. Según el contexto, estas son imágenes de verdades espirituales y teológicas. Por ejemplo, cuando Jesús dijo: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8), usó el viento como símbolo del Espíritu Santo.

La Biblia utiliza imágenes para describir la clase de unidad que encontramos en la iglesia, y que Dios llama a manifestar ante el mundo. Cada imagen individual no está completa en sí misma; en su conjunto, estas revelan muchas cosas sobre la unidad de la iglesia, como la relación de la iglesia con Dios, entre los miembros y con la comunidad en general.

La lección de esta semana analizará algunas de las imágenes y lo que nos dan a conocer sobre la unidad en Cristo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si no hubiera disciplina ni gobierno de la iglesia, ésta se reduciría a fragmentos; no podría mantenerse unida como un cuerpo. Siempre hubo seres humanos de espíritu independiente, que aseveraron que estaban en lo correcto, que Dios los había instruido, impresionado y conducido en forma especial. Cada uno tiene una teoría propia, opiniones que le son peculiares, y cada uno sostiene que sus opiniones están de acuerdo con la Palabra de Dios… Apartan a los demás del cuerpo y cada uno es en sí mismo una iglesia separada. Todos no pueden estar en lo cierto, y sin embargo, se declaran conducidos por el Señor.

Después de impartir sus instrucciones, nuestro Salvador promete que si dos o tres se unen para pedir algo a Dios, eso les será concedido. Cristo demuestra con esto que debe haber unión con los demás, aun para desear un objeto determinado. Se da gran importancia a la oración unánime, a la unión de propósito… Debe haber acuerdo en las cosas que se desean y por las cuales se ora. No debía tratarse simplemente de los pensamientos y la actividad de una mente expuesta a engaño; la petición debía reflejar el deseo ferviente de varias mentes concentradas en el mismo punto (Testimonios para la iglesia, tomo 3, p. 471).

Nadie piense que no tiene necesidad de golpe [de corrección] alguno. No hay persona ni nación que sea perfecta en todas sus costumbres y maneras de pensar. Una debe aprender de otra. Por esto, Dios quiere que las diferentes nacionalidades se asocien para llegar a ser un solo pueblo en sus maneras de ver y en sus propósitos. Así verá cumplida la unión que es en Cristo (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 145).

Vivimos en una época cuando todo verdadero cristiano debe mantener una relación viva con Dios. El mundo está lleno de los sofismas del enemigo y estamos seguros solamente cuando aprendemos las lecciones de la verdad del mismo gran Maestro. La obra solemne en que estamos empeñados demanda de nosotros un esfuerzo poderoso y unido bajo la dirección divina.

El Señor desea que sus obreros se aconsejen mutuamente; no que avancen en forma independiente. Los que han sido hechos ministros y guías del pueblo deben orar mucho cuando se reúnen. Eso les brindará una ayuda y un ánimo maravillosos, vinculará corazón con corazón y alma con alma, induciendo a cada hombre a la unidad, a la paz y al poder en sus esfuerzos (Testimonios para los ministros, p. 485).

El cielo y los santos ángeles están trabajando para unir, para producir unidad de fe, en un solo cuerpo. Satanás se opone a esto, y está decidido a esparcir, a dividir y a introducir diferentes sentimientos… Jesús estableció que la fe de su pueblo debía ser una sola. Si uno comienza a predicar algo distinto, ¿cómo podrían ser una sola cosa los que creen mediante su palabra? (Testimonios para la iglesia, tomo 1. p. 293).

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Domingo 4 de noviembre | Lección 06_______________________________________

EL PUEBLO DE DIOS

Lee 1 Pedro 2:9; Éxodo 19:5 y 6; y Deuteronomio 4:20 y 7:6. ¿Qué enseñan estos versículos acerca del estatus especial del pueblo de Dios?

1 Pedro 2:9

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Éxodo 19:5-6

Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Deuteronomio 4:20

20 Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.

Deuteronomio 7:6

Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.

La iglesia está compuesta por personas, pero no de cualquier tipo. La iglesia es el pueblo que pertenece a Dios, que sostiene que Dios es su Padre y Salvador, y que ha sido redimido por Cristo y le obedece. Esta imagen subraya el concepto de que Dios ha tenido un pueblo en la Tierra desde la adopción del plan de salvación y que hay continuidad entre el Israel del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento. Desde Adán, los patriarcas de antes y después del Diluvio, y Abraham, Dios hizo un pacto con su pueblo para que fuese el representante de su amor, misericordia y justicia.

Al pueblo de Dios se lo llama “linaje escogido”, “real sacerdocio” y “nación santa”. Estos términos indican que está destinado para un propósito especial: “Anunci[ar] las virtudes de aquel que [l]os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9). Esto también es un reflejo de una descripción del carácter de Dios, como se describe en Éxodo 34:6 y 7. “Dios ‘adquirió’ a la iglesia como su posesión especial para que sus miembros pudieran reflejar los preciosos rasgos del carácter divino en su propia vida, y para que proclamaran la bondad y la misericordia de Dios a todos los hombres” (CBA 7:578).

Lee Deuteronomio 7:6 al 8. ¿Qué impulsó a Dios a escoger a los descendientes de Abraham como su pueblo? ¿Cómo se aplica esto en la actualidad?

Deuteronomio 7:6-8

Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.

Podríamos preguntarnos: ¿Qué país actual merece la etiqueta de “nación santa”? Ninguno. Todas las naciones y los grupos étnicos están compuestos por personas que no merecen el amor ni la gracia de Dios. Y, aunque la Biblia nos llame a ser un pueblo santo, las Escrituras también enseñan que la elección y la fundación de Israel se basó totalmente en su amor y no en los méritos que los seres humanos pudieran presentarle. La formación del pueblo de Dios es un acto de creación amante y, a pesar del pecado y la apostasía a escala nacional, Dios cumplió con su promesa hecha a Abraham de que a través de su simiente, Cristo, salvaría a su pueblo. Así como la elección del pueblo de Dios fue un acto de su gracia, también lo es su salvación. Este tema nos recuerda nuestras raíces comunes en la gracia inmerecida de Dios.

¿Por qué debemos tener siempre presente la sagrada verdad de que nuestra salvación depende de lo que Cristo ha hecho por nosotros y no de lo que podemos hacer por nosotros mismos, por más que seamos “el pueblo de Dios”?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Estimados hermanos; la lección para esta semana es completamente doctrinal, comentar sobre ella, sería redundar en el contenido de la lección, por lo tanto consideramos que el contenido de la lección, más el espíriritu de profecía se complementan muy bien. Les estamos informando que la mayoría de lecciones para este trimestre, son completamente doctrinales, por lo tanto nuestro comentario será mínimo o nada.

Esto suele suceder muy a menudo, hemos tenido trimestres donde nos hace falta el tiempo para comentar, ya que hay cualquier cantidad de información para adornar la lección. Pero hay trimestres que son completamente doctrinales, y este es uno de ellos, donde se nos hace muy difícil comentar sobre la lección.

El próximo trimestre, -el primer trimestre del 2019- estaremos estudiando el libro de Apocalipsis y allí sí tendremos un comentario muy nutrido acerca de la lección.

El próximo Lunes, estaré visitando las oficinas del escuela sabática mundial, en la Conferencia General,  en Silver Spring, Maryland, para solicitar una copia de la lección del primer trimestre del 2019. No se si será posible conseguirla con tanta anticipación, pero con intentar no se pierde nada. Si la logramos conseguir, comenzaremos a trabajar inmediatamente en la lección de apocalipsis, para que tengamos amplia información, sobre ésta y la tengamos parte de ella lista para cuando nos toque estudiarla.

Por lo tanto, les dejamos a continuación la lección y el espíritu de profecía para su estudio.

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo no reconoce ninguna casta, ni color, ni grado como necesarios para llegar a ser súbditos de su reino. La admisión en su reino no depende ni de la riqueza ni de una herencia superior. En cambio, los que han nacido del Espíritu son los súbditos de su reino. El carácter espiritual es lo que será reconocido por Cristo. Su reino no es de este mundo. Sus súbditos son los participantes de la naturaleza divina, que habrán escapado de la corrupción que está en el mundo y que se manifiesta polla concupiscencia. Y esta gracia les es dada por Dios…

Al contemplar a Jesús, al obedecer sus requisitos, aumentan su conocimiento de Dios y de Jesucristo a quien él ha enviado. De este modo se transforman a su imagen de carácter en carácter hasta que llegan a distinguirse del mundo y se puede escribir acerca de ellos: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”. 1 Pedro 2:9, 10 (La maravillosa gracia de Dios, p. 52).

De la manera más definida, les presentó su propósito por medio de Moisés y les dio a conocer los términos de su prosperidad. Les dijo: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra… Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios. Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones…Y por haber oído estos decretos, y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres: y te amará, te bendecirá y te multiplicará… Bendito serás más que todos los pueblos” (Deuteronomio 7:6-14) (Testimonios para la iglesia, t. 6. p. 226).

La Iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres. Fue organizada para servir, y su misión es la de anunciar el evangelio al mundo. Desde el principio fue el plan de Dios que su iglesia reflejase al mundo su plenitud y suficiencia. Los miembros de la iglesia, los que han sido llamados… han de revelar su gloria. La iglesia es la depositaría de las riquezas de la gracia de Cristo; y mediante la iglesia se manifestará con el tiempo, aun a “los principados y potestades en los cielos” (Efesios 3:10), el despliegue final y pleno del amor de Dios (Los hechos de los apóstoles, p. 9).

[D]eben recordar los hijos de Dios que únicamente cuando ellos crean en los principios del evangelio y obren de acuerdo con ellos, puede él hacer de ellos una alabanza en la tierra. Únicamente en la medida en que usen las capacidades que Dios les ha dado para servirle, disfrutarán de la plenitud y el poder de la promesa en la cual la iglesia ha sido llamada a confiar. Si los que profesan creer en Cristo como su Salvador alcanzan tan solo la baja norma de la medida mundanal, la iglesia no dará la rica mies que Dios espera. “Hallada falta”, será escrito en su registro (Testimonios para la iglesia, tomo 8, p. 21).

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Lección 06 | Lunes 5 de noviembre__________________________________________

LA CASA DE DIOS

Otra imagen del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento es la casa de Dios. Es una metáfora de piedras y edificios que resalta la naturaleza intrincada e interdependiente de las relaciones humanas en la iglesia. Pedro se refiere a los cristianos como “piedras vivas” (1 Ped. 2:5). Esta metáfora también contiene una cualidad de permanencia y solidez.

Lee Efesios 2:19 al 22. ¿Qué ideas clave enfatiza Pablo en este pasaje? ¿Qué nos dice esta imagen sobre la unidad de la iglesia?

Efesios 2:19-22

19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

En este pasaje, Pablo combina dos imágenes de la iglesia: una inerte, una casa o edificio; la otra viva, un hogar de personas.

Una piedra no es muy valiosa por sí misma, pero cuando está unida con otras piedras se convierte en una estructura que puede resistir las tormentas de la vida. Ningún cristiano puede ser una piedra solitaria: debe relacionarse con otros en la comunión de la familia de Dios. Para que un edificio sea sólido, debe descansar sobre una base sólida. Jesucristo es este fundamento y la “piedra angular” de la casa de Dios (ver además 1 Cor. 3:11). La iglesia también dejaría de existir si no hiciera de Cristo la piedra angular de sus actividades, pues ella gira en torno a Jesucristo: su vida, muerte, resurrección y regreso. La iglesia forma una comunidad de creyentes unida para compartir con el mundo las buenas nuevas de Jesús. La agenda de la iglesia es Jesús: quién es él, lo que hizo por nosotros, lo que hace en nosotros y lo que le ofrece a todo el que lo acepte como Señor y Salvador.

La imagen de una casa también es muy significativa. Esta se basa en las relaciones que las personas tienen entre sí. Es una imagen familiar: el padre y la madre, los hermanos y las hermanas. Los lazos entre los miembros de la familia pueden ser fuertes, y las lealtades consiguientes a menudo trascienden todos los demás vínculos externos. La lealtad es una gran parte de la unidad, porque ¿cómo podría haber algún tipo de unidad sin lealtad?

¿Qué relación tiene esta imagen con la iglesia? Los miembros de la iglesia también son parte de una gran familia. Estamos vinculados, no solo porque pertenecemos a la familia humana a través de nuestro ancestro común, Adán, sino también porque estamos relacionados con Jesús, el Segundo Adán, a través de nuestra experiencia del “nuevo nacimiento”. Por lo tanto, nos unen las verdades doctrinales que tenemos en común y también la experiencia de ser almas convertidas que tienen una nueva vida en Jesús.

Lamentablemente, no todos han tenido una buena experiencia con su familia. Por lo tanto, esa imagen quizá no signifique nada para ellos. Sin embargo, como iglesia, ¿cómo podemos llegar a ser la familia que estas personas nunca tuvieron?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Debemos establecer una acérrima enemistad entre nuestra alma y nuestro enemigo; pero debemos abrir nuestro corazón al poder y la influencia del Espíritu Santo. Queremos que la oscuridad de Satanás sea rechazada, y que la luz del cielo fluya. Queremos tomamos tan sensibles a las santas influencias, que el menor susurro de Jesús mueve nuestras almas… Entonces nos deleitará hacer la voluntad de Dios, y Cristo nos manifestará ante Dios y los santos ángeles como los que estamos en él, y no se avergonzará del llamamos hermanos (A fin de conocerle, p. 363).

El templo judío fue construido con piedras labradas que se sacaron de las montañas. Y cada piedra era preparada para su lugar en el templo, labrada a escuadra, pulida y probada antes de ser transportada a Jerusalén. Cuando todas esas piedras se encontraron sobre el terreno, la edificación se hizo sin que se oyera el mido de un hacha o de un martillo. Esta edificación representa el templo espiritual de Dios, compuesto de materiales traídos de todas las naciones, lenguas, pueblos y clases sociales, grandes y pequeños, ricos y pobres, sabios e ignorantes. No se trata de substancias inertes, que deban ser trabajadas por medio del martillo o el cincel. Son piedras vivas, sacadas de la cantera del mundo por medio de la verdad; y el gran Arquitecto, el Señor del templo, está ahora labrándolas y puliéndolas, preparándolas para su lugar respectivo en el templo espiritual. Ese templo, una vez terminado, será perfecto en todas sus partes y causará la admiración de los ángeles y de los hombres; porque Dios es su arquitecto y constructor (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 145).

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” [1 Corintios 3:11]. “Sobre esta piedra –dijo Jesús—, edificaré mi iglesia”. En la presencia de Dios y de todos los seres celestiales, en la presencia del invisible ejército del infierno. Cristo fundó su iglesia sobre la Roca viva. Esa Roca es él mismo su propio cuerpo quebrantado y herido por nosotros. Contra la iglesia edificada sobre ese fundamento, no prevalecerán las puertas del infierno.

Cuán débil parecía la iglesia cuando Cristo pronunció estas palabras. Se componía apenas de un puñado de creyentes contra quienes se dirigía todo el poder de los demonios y de los hombres malos; sin embargo, los discípulos de Cristo no debían temer. Edificados sobre la Roca de su fortaleza, no podían ser derribados (El Deseado de todas gentes, p. 381).

Debemos aprender a ser leales el uno con el otro, a ser tan fieles como el acero en la defensa de nuestros hermanos. Mirad vuestros propios defectos. Descubrid más bien una falta vuestra que diez de vuestro hermano. Recordad que Cristo ha orado por éstos sus hermanos que todos ellos puedan ser uno, como él es uno con el Padre. Tratad hasta el extremo de vuestras posibilidades de estar en armonía con vuestros hermanos (En los lugares celestiales, p. 180).

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Martes 6 de noviembre | Lección 06_________________________________________

EL TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO

Otra imagen del edificio que Pablo usa es la del templo de Dios, o del Espíritu Santo. Es la imagen de un edificio costoso y valioso. Junto con 1 Corintios 6:19, donde la imagen se refiere a nuestro cuerpo personal como templo del Espíritu Santo, en 1 Corintios 3:16 y 17 Pablo utiliza la imagen para referirse al edificio más santo y precioso del antiguo Cercano Oriente: el templo de Dios.

Lee 1 Corintios 3:16 y 17. ¿Qué significa que la iglesia sea el templo del Espíritu Santo? ¿De qué advierte en el versículo 17?

1 Corintios 3:16-17

16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

Obviamente Pablo, al referirse a la iglesia, no tiene en mente un templo o un lugar físico de residencia para Dios. Esta metáfora se refiere a una entidad corporativa: juntos, los cristianos de Corinto forman el templo del Espíritu Santo y, en un sentido espiritual, Dios reside entre ellos.

Para Pablo, Dios reside dentro de la comunidad cristiana; de allí su advertencia de que cualquiera que intente destruir esta confraternidad sufrirá las consecuencias del Juicio. La unidad de los creyentes está en el centro de esta comunión y de la presencia de Dios en este templo. Aunque este pasaje a menudo se usa en el sentido de cuidar de nuestro cuerpo físico (que, por supuesto, es lo que se supone que los cristianos deben hacer de todos modos), esa no es la cuestión específica que plantea Pablo aquí. Su mensaje era una advertencia para quienes destruyan la unidad de la iglesia.

Previamente en este capítulo, Pablo se refirió a lo que considera que son desafíos para la unidad: “pues ha[y] entre vosotros celos, contiendas y disensiones” (1 Cor. 3:3). Estas actitudes y comportamientos son amenazas reales para la unidad de los cristianos y provocan la retirada de la presencia de Dios de su templo. En otras palabras, los conflictos en la iglesia pueden destruir el templo de Dios. Por lo tanto, él quiere que los miembros dejen de lado las actitudes y las conductas que amenazan su unidad.

Cuando estallan los conflictos en la iglesia actual, el consejo de Pablo a los corintios sigue siendo válido: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Cor. 1:10).

Celos, contiendas y disensiones: estos no son solo problemas que la iglesia enfrentaba en los días de Pablo. Los tenemos hoy también. ¿Qué papel tiene cada uno de nosotros para tratar de resolver estos problemas de una manera que no ponga en riesgo nuestra unidad?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Desde las edades eternas había sido el propósito de Dios que todo ser creado, desde el resplandeciente y santo serafín hasta el hombre, fuese un templo para que en él habitase el Creador. A causa del pecado, la humanidad había dejado de ser templo de Dios. Ensombrecido y contaminado con el pecado, el corazón del hombre no revelaba la gloria del Ser divino. Pero por la encarnación del Hijo de Dios, se cumple el propósito del Cielo. Dios mora en la humanidad, y mediante la gracia salvadora, el corazón del hombre vuelve a ser su templo… Los atrios del templo de Jerusalén, llenos del tumulto de un tráfico profano, representaban con demasiada exactitud el templo del corazón, contaminado por la presencia de las pasiones sensuales y de los pensamientos profanos. Al limpiar el templo de los compradores y vendedores mundanales, Jesús anunció su misión de limpiar el corazón de la contaminación del pecado —de los deseos terrenales, de las concupiscencias egoístas, de los malos hábitos, que corrompen el alma (La fe por la cual vivo, p. 193).

El Señor dio a su Hijo unigénito para rescatarnos del pecado. Nosotros somos hechura suya, somos sus representantes en el mundo, y él espera que revelemos el verdadero valor del hombre mediante la pureza de nuestra vida, y los esfuerzos fervientes que realicemos para recuperar la perla de gran precio. Nuestro carácter debe ser modelado de acuerdo con la similitud divina, y se debe reformar mediante la fe que obra por el amor y purifica el alma. La gracia de Dios embellecerá, ennoblecerá y santificará el carácter. El siervo del Señor que trabaje con inteligencia tendrá éxito. Nuestro Salvador dijo: “Las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre”. Juan 14:12 (Exaltad a Jesús, p. 42).

La fortaleza del pueblo de Dios radica en su unión con él mediante su Hijo unigénito, y su unión del uno con el otro. No hay dos hojas de un árbol que sean exactamente iguales; tampoco concuerdan todas las mentalidades; pero aunque es así, puede haber unidad en la diversidad. Cristo es nuestra raíz, y todos los que están injertados en esta raíz darán el fruto que Cristo dio. Revelarán la fragancia del carácter de él en el talento del habla, en el cultivo de la hospitalidad, de la bondad, de la cortesía cristiana y de la consideración celestial.

Mirad las flores en un tejido y notad las hebras de diversos colores. No todas son rosadas, no todas son verdes, no todas son azules. Se entreteje una diversidad de colores para perfeccionar el modelo. Así es en el plan de Dios. Él tiene un propósito al colocamos donde debemos aprender a vivir como individuos. Todos no somos idóneos para hacer la misma clase de obra, sino que la obra de cada hombre ha sido dispuesta por Dios para ayudar a construir su plan (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, p. 1083).

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Lección 06 | Miércoles 7 de noviembre______________________________________

EL CUERPO DE CRISTO

Quizá la imagen más conocida de la iglesia y la que habla más fuerte sobre la unidad de sus diversas partes sea el cuerpo de Cristo. “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. […] Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Cor. 12:12, 27).

Así como un cuerpo es una sola unidad que se compone de muchas partes diferentes, cada una con una función y una responsabilidad diferentes, así es la iglesia como el cuerpo de Cristo.

Lee 1 Corintios 12:12 al 26. ¿Cómo se aplica esta imagen de un cuerpo con muchas partes a tu congregación local? ¿Cómo se aplica a una organización mundial como la Iglesia Adventista del Séptimo Día?

1 Corintios 12:12-26

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. 13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. 15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? 18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. 19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. 21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; 23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. 24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, 25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

La enseñanza de Pablo en 1 Corintios 12 transmite la profunda realidad de que la auténtica unidad cristiana no se da solo en la diversidad, y sin duda tampoco se da a pesar de la diversidad, sino más bien a través de la diversidad. No deberíamos sorprendernos de que el Espíritu Santo sea el origen de estas expresiones de diversidad. Así como el cuerpo humano está increíblemente unificado y es sorprendentemente diverso, de la misma manera, así es en teoría el cuerpo de Cristo, que a través de esta diversidad expresa la plenitud y la riqueza del cuerpo de Cristo.

Esta imagen nos habla directamente como iglesia. En las últimas décadas, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha crecido a pasos agigantados. Está compuesta por personas de casi todos los orígenes, culturas y ámbitos imaginables. No debemos permitir que nuestras diferencias étnicas, culturales, educativas y etarias nos dividan. En todo caso, esta diversidad debe ser moldeada por el Espíritu Santo como una fuerza para la unidad, que refleje la verdad de que, a pesar de estas diferencias, todos somos uno en Cristo.

Al pie de la Cruz todos somos iguales, independientemente de quiénes seamos o de dónde provengamos. A medida que el mundo se fragmente cada vez más, la iglesia debe demostrar que la unidad es posible. El pueblo de Dios puede demostrar el poder de curación y de reconciliación del evangelio.

Pablo nos dice cómo se puede lograr este ideal: “Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efe. 5:23). “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia” (Col. 1:18). Como cada creyente está conectado espiritualmente con Cristo, todo el cuerpo se nutre con el mismo alimento. Por consiguiente, no podemos exagerar la importancia del estudio de la Palabra de Dios, la obediencia a lo que conocemos de la Palabra y las experiencias comunes de adoración y oración para la unidad del cuerpo de Cristo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor ha hecho abundante provisión para que su amor pueda ser dada a nosotros en forma de su libre, abundante gracia, como nuestra herencia en esta vida, y para capacitamos a difundir el mismo por medio de nuestra unión con Cristo. Jesús imparte la vitalidad continua de un amor puro y santificado, semejante al amor de Cristo, a cada rincón de nuestra naturaleza humana. Cuando este amor se expresa en el carácter, revela a todos con quienes nos asociamos que es posible que Dios sea formado dentro de nosotros, la esperanza de gloria. Demuestra que Dios ama a los obedientes tal como amó a Cristo Jesús; y nada menos que eso satisface su deseo para nosotros. Tan pronto como el agente humano se une con Cristo en corazón, mente y alma, el Padre ama a esa persona como partícipe con Cristo, miembro del cuerpo de Cristo, siendo él mismo la cabeza gloriosa (Fundamentals of Christian Education, p. 466).

Mediante una comparación de la iglesia con el cuerpo humano, el apóstol ilustra apropiadamente la estrecha y armoniosa relación que debiera existir entre todos los miembros de la iglesia de Cristo. “Por un Espíritu —escribió— somos todos bautizados en un cuerpo, ora judíos o griegos, ora siervos o libres; y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. Pues ni tampoco el cuerpo es un miembro, sino muchos…

Y entonces, con palabras que desde ese día han sido para hombres y mujeres una fuente de inspiración y aliento, Pablo expone la importancia del amor que deberían abrigar los seguidores de Cristo: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe…

Por muy noble que sea lo profesado por aquel cuyo corazón no está lleno del amor a Dios y a sus semejantes, no es verdadero discípulo de Cristo. Aunque posea gran fe y tenga poder aun para obrar milagros, sin amor su fe será inútil (Los hechos de los apóstoles, pp. 255. 256).

Todos los que sigan verdaderamente a Cristo llevarán frutos para su gloria. Su vida testifica que el Espíritu de Dios ha realizado una buena obra en ellos, y dan fruto para la santidad. Su vida es elevada y pura. Las acciones correctas son el fruto inequívoco de la verdadera piedad y los que no llevan fruto de esta clase revelan que no tienen experiencia en las cosas de Dios. No son uno con la Vid. Dijo Jesús: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:4, 5 (Consejos para los maestros, p. 312).

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Jueves 8 de noviembre | Lección 06_________________________________________

LAS OVEJAS Y EL PASTOR

Lee Juan 10:1 al 11. ¿Qué aspectos de esta metáfora de la iglesia como un redil hablan de unidad? Ver además el Salmo 23.

Juan 10:1-11

 1 De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

Salmo 23

1 Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

En el mundo moderno de las grandes ciudades, es muy raro ver que se críe cualquier tipo animales. La mayoría ahora sabe muy poco acerca de la relación entre las ovejas y los pastores. Sin embargo, cuando Jesús relató esta parábola, la gente lo entendió muy bien. Cuando dijo: “Yo soy el buen pastor”, inmediatamente reconocieron y comprendieron su referencia al Salmo 23:1, “Jehová es mi pastor”. La imagen no solo era clara sino también estaba llena de un valor emocional que la hacía vívida. En la antigua cultura del Cercano Oriente, y aún hoy en Medio Oriente, es sabido que los pastores se dedican al cuidado de sus ovejas, sin importar los desafíos. La figura del pastor se ha convertido en una de las imágenes predilectas que se utilizan en las Escrituras para describir el carácter de Dios y su relación con su pueblo.

La imagen del pueblo de Dios como ovejas es interesante. Una impresión que a menudo tenemos de las ovejas es su naturaleza inofensiva e indefensa. Por lo tanto, dependen de un buen pastor para que las proteja y las guíe. A decir verdad, se las considera tontas. A veces, sin querer, las ovejas se pierden, y el pastor las busca y las lleva de vuelta al redil. Los corderos a menudo necesitan que los lleven y requieren cuidados adicionales. Se necesita paciencia y comprensión para cuidar ovejas. En muchos aspectos, esta es una imagen perfecta para representar a la iglesia. El miembro de iglesia no tiene nada que temer, lleva todas las de ganar en una relación con el Pastor.

Jesús también enfatizó, en esta parábola, la importancia de que las ovejas escuchen la voz del pastor. Cuando las condiciones lo requieren, es posible proteger a varios rebaños de ovejas colocándolas en el mismo vallado o redil. ¿Cómo se las puede separar más tarde? Todo lo que se necesita es que el pastor se pare en la puerta del redil y las llame. Las ovejas reconocerán su voz y acudirán a él. “Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Juan 10:4). Escuchar la voz del Pastor es crucial para la iglesia. De hecho, la unidad y la seguridad del pueblo de Dios dependen de su proximidad a él y están directamente relacionadas con su obediencia sumisa a su voz.

En general, a la gente no le gusta que la describan como ovejas. Sin embargo, ¿por qué esta es una metáfora tan apropiada para nosotros? ¿Qué debería decirnos esta imagen sobre nuestra necesidad del Pastor y nuestra necesidad de obedecer su voz?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La relación de Cristo con su pueblo se compara a la del pastor con su rebaño. Después de la caída, vio a sus ovejas en una condición deplorable y expuestas a una destrucción segura. Abandonó los honores y la gloria de la casa de su Padre para ser pastor y salvar… a las ovejas errantes que estaban por perecer. Se escuchó su voz bondadosa llamándolas a su redil: un refugio seguro contra la mano de los ladrones; también un techo contra el calor ardiente y un reparo contra la crudeza del frío. Se preocupaba constantemente por el bien del rebaño. Fortalecía a las débiles, alimentaba a las que sufrían algún padecimiento, tomaba en sus brazos a los corderitos del rebaño y los llevaba en su regazo. Sus ovejas lo aman. Sale delante de ellas y las ovejas escuchan su voz y lo siguen… Cristo dice: “Yo soy el Buen Pastor; el Buen Pastor su vida da por las ovejas”, vers. 5 (Exaltad a Jesús, p. 190).

¿A cuántas ovejas errabundas y perdidas ha salido a buscar usted y las ha traído de vuelta al redil, con un corazón lleno de ternura compasiva, perdón y amor? ¿Cuántas palabras de aliento le ha hablado a la oveja descarriada, aquella que le ha causado mucho dolor, ansiedad e inconvenientes?… ¿Ha pronunciado usted palabras amables de esperanza, ánimo y perdón…?

¿No es tiempo ya de que seamos cristianos prácticos, además de serlo de profesión? ¡Qué benevolencia, qué compasión, qué simpatía más tierna manifestó Jesús hacia la humanidad sufriente! El corazón que palpita al unísono con el gran corazón del amor infinito manifestará simpatía hacia cada alma necesitada, y hará evidente el hecho de que posee la mente de Cristo… Cada alma que sufre tendrá derecho a esperar la simpatía de los demás, y los que estén imbuidos del amor de Cristo, llenos de su piedad, ternura y compasión, responderán ante cada necesidad de simpatía… Cada alma que trata de retroceder por el camino de sus extravíos y regresar a Dios, necesita la ayuda de los que poseen un corazón tierno y misericordioso y un amor semejante al de Cristo (Exaltad a Jesús, p. 200).

“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Esta es la vida que debemos tener, y debemos tenerla más abundantemente. Dios dará su vida a cada alma que muera al yo, y viva para Cristo. Pero se requiere para ello un completo renunciamiento al yo. A menos que ocurra esto, seguiremos llevando con nosotros el pecado que destruye nuestra felicidad. Pero cuando se crucifica el yo, Cristo vive en nosotros, y el poder del Espíritu asiste nuestros esfuerzos (Nuestra elevada vocación, p. 23).

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Lección 06 | Viernes 9 de noviembre_________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee “El divino Pastor”, en El Deseado de todas las gentes, pp. 442-448; “La iglesia en la Tierra”, en Consejos para la iglesia, pp. 432-439.

“En el contexto del Templo de Jerusalén, así como de las omnipresentes estructuras grecorromanas, los autores del Nuevo Testamento emplean la metáfora del templo para permitir que los creyentes visualicen la santidad de la iglesia, el papel de Dios en la fundación y el crecimiento de la iglesia, la naturaleza determinante de la obra de Cristo y del Espíritu, y la solidaridad de los creyentes dentro de la iglesia. El ámbito de la arquitectura parecería insinuar una imagen estática. Sin embargo, la metáfora se utiliza junto con imágenes biológicas y a menudo se acentúa el proceso de construcción. En lugar de una imagen estática, ‘nos vemos impulsados a visualizar una historia del proceso de construcción más que un edificio terminado. ‘A la iglesia se le otorga el maravilloso privilegio de reconocer humildemente en su vida y su historia ‘el templo del Dios viviente’ (2 Cor. 6:16)” (J. McVay, “Biblical Metaphors for the Church: Building Blocks for Ecclesiology”, p. 52).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Medita en las imágenes bíblicas de la iglesia. ¿Cuál te gusta más? ¿Por qué te sientes más atraído por ella? En estos pasajes se pueden encontrar algunas otras metáforas de la iglesia: 1 Timoteo 3:15; 2 Timoteo 2:3-5; 1 Pedro 2:9. ¿Qué más enseñan estas metáforas sobre la iglesia?
  2. “Dios quiere que su pueblo esté unido con los lazos más estrechos de compañerismo cristiano; la confianza en nuestros hermanos es esencial para la prosperidad de la iglesia; la unidad de acción es importante en una crisis religiosa. Un paso imprudente, una acción descuidada, puede hundir a la iglesia en dificultades y pruebas de las cuales podría no recobrarse por años” (TI 3:489). ¿Qué debería enseñarnos esta advertencia sobre cuán cuidadosos debemos tratar de ser para proteger la unidad de la iglesia? ¿Qué papel tiene cada uno de nosotros en esta sagrada responsabilidad?
  3. La sección del domingo enfatizó que incluso como “pueblo de Dios” debemos confiar únicamente en la gracia de Dios para la salvación, nunca en nuestros propios méritos. De hecho, incluso podríamos argumentar que nuestra confianza en los méritos de Dios para la salvación es lo que nos hace ser “el pueblo de Dios”. ¿Crees que esta es una afirmación válida?

Resumen: El Nuevo Testamento usa diferentes metáforas para ilustrar tanto la naturaleza como la misión de la iglesia. Más aún, estas metáforas enseñan que Dios vela atentamente por su pueblo y lo protege. Estas imágenes también enseñan que el pueblo de Dios está intrínsecamente ligado entre sí y que nos necesitamos mutuamente para hacer la obra a la que hemos sido llamados.

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