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Lección 2 – NEHEMÍAS – Para el 12 de octubre de 2019


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Lección 2: Para el 12 de octubre de 2019

NEHEMÍAS

Sábado 5 de octubre____________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Nehemías 1–2; Deuteronomio 7:9; Salmo 23:1–6; Números 23:19.

PARA MEMORIZAR:

“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos” (Neh. 1:4, 5).

De momento, dos grupos de cautivos regresaron a Judá en cumplimiento al menos parcial de las promesas de Dios a la nación hebrea.

Pero había un grupo más de exiliados que Dios estaba preparando. El último grupo de cautivos se encargó de solucionar un problema. Aunque los dos primeros grupos regresaron para reconstruir Jerusalén y completar parte de ese proyecto al terminar el Templo, el resto de la construcción quedó abandonada cuando surgió oposición de las naciones vecinas. Los pueblos de los alrededores no querían que los israelitas construyeran la ciudad y sus muros porque temían que los israelitas pudieran convertirse en una nación poderosa, como lo habían sido antes (Esd. 4:6–24). Por lo tanto, el regreso de los israelitas parecía ser una amenaza, que estaban empeñados en detener. Pero Dios no llamó a su pueblo para abandonarlo en el proceso de hacer lo que él lo había llamado a hacer.

Por lo tanto, estaba preparando a otro hombre para llevar a cabo su voluntad y para cumplir sus propósitos. Su nombre era Nehemías, y en él y en su obra para el Señor nos centraremos.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nehemías no fue consagrado como sacerdote ni profeta, pero el Señor lo usó para que hiciera una obra especial. Aunque se lo eligió como caudillo del pueblo, su fidelidad a Dio no dependió de su cargo…

Dios mostró al pueblo por quien había hecho tanto, que no toleraría sus pecados. No actuó por medio de los que se negaban a servirle con sinceridad de propósitos, los que se habían corrompido delante de él, sino mediante Nehemías… Dios ha dicho: “Honraré a los que me honran”. Nehemías demostró que era un hombre a quien Dios podía usar para derribar falsos principios y para restaurar los principios emanados del cielo; y Dios lo honró. El Señor quiere usar en su obra a hombres que sean como de acero en su lealtad a los principios, y que no se dejen desviar por las sofisterías de los que han perdido su visión espiritual (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1153).

Los hombres y mujeres que profesan las verdades más solemnes que se hayan dado a los mortales, ¿se mantendrán fieles a sus principios? Tienen que hacerlo si es que han de influir para que el mundo reflexione seriamente; su indumentaria y conversación tienen que estar en armonía con su creencia especial. Los que son mayores han de educar a los que son jóvenes, por medio del precepto y del ejemplo, y han de enseñarles cómo cumplir lo que la sociedad y su Hacedor esperan de ellos. Sobre estos jóvenes se han de imponer serias responsabilidades…

Un buen carácter se ha de edificar ladrillo por ladrillo, creciendo cada día en proporción al esfuerzo que haga. Los rasgos que han de llevar consigo al cielo se obtendrán mediante el ejercicio diligente de sus propias facultades, aprovechando cada oportunidad que la Divina Providencia les permita, y vinculándose con la Fuente de toda sabiduría. Apuntad hacia un blanco elevado. No permitáis que vuestra mente se fragüe en un molde inferior. Los caracteres de José y Daniel son buenos modelos que podéis seguir; pero el ejemplo perfecto es Jesús (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, pp. 120, 121).

La verdadera educación no desconoce el valor del conocimiento científico o literario, pero considera que el poder es superior a la información, la bondad al poder y el carácter al conocimiento intelectual. El mundo no necesita tanto hombres de gran intelecto como de carácter noble. Necesita hombres cuya capacidad sea dirigida por principios firmes.

“Sabiduría ante todo”; por tanto, “adquiere sabiduría”. “La lengua de los sabios adornará la sabiduría”. [Proverbios 4:7; 15:2]. La verdadera educación imparte esa sabiduría. Enseña el mejor empleo que se puede dar no sólo a uno sino a todos nuestros conocimientos y facultades. De ese modo abarca toda la gama de nuestras obligaciones hacia nosotros mismos, hacia el mundo y hacia Dios.

La edificación del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos y nunca antes ha sido su estudio diligente tan importante como ahora. Ninguna generación anterior fue llamada a hacer frente a problemas tan importantes; nunca antes se hallaron los jóvenes frente a peligros tan grandes como los que tienen que arrostrar hoy (La educación, {ED}, p. 225).

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Domingo 6 de octubre | Lección 2_____________________________________________

NEHEMÍAS RECIBE MALAS NOTICIAS

El libro de Nehemías se inicia casi de la misma manera que el libro de Daniel (lee Dan. 1:1, 2), y es con malas noticias. Sí, muchos habían regresado a su patria ancestral, pero las cosas no les iban muy bien allí.

Lee Nehemías 1:1 al 4. ¿Por qué estaba tan preocupado Nehemías? ¿Cuál fue su respuesta a las malas noticias que recibió?

Nehemías 1:1-4

1 Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.

Algunos judíos capturados años antes fueron llevados a Susa, uno de los cuatro centros administrativos del Imperio Persa, donde Nehemías trabajaba en el palacio real como copero. El término usado para “Hanani, uno de mis hermanos” probablemente se refiera a un hermano de sangre, porque hay una referencia similar pero más familiar a Hanani en Nehemías 7:2, aunque podría ser una referencia a un compatriota israelita. La conversación con Hanani probablemente ocurrió entre mediados de noviembre y mediados de diciembre de 445 a.C., unos trece años después del regreso de Esdras a Jerusalén. Hanani informó que la situación en Jerusalén era grave. El pueblo no había podido reconstruir Jerusalén, y el enemigo destruyó los muros de la ciudad, dejándola indefensa y desolada.

Nehemías había escuchado rumores de que los samaritanos destruyeron los muros de la ciudad, pero no tenía respuestas definitivas hasta este momento. En consecuencia, el mismo rey Artajerjes aplastó las esperanzas de los repatriados al detener el progreso de la construcción después de que la gente del otro lado del río se quejara (Esd. 4).

A pesar de que el Templo fue reconstruido, no estaba funcionando en forma plena porque la gente necesaria para el servicio del Templo no podía vivir en Jerusalén. La situación entristeció a Nehemías cuando las repercusiones de las noticias penetraron en su alma: los judíos no habían glorificado a Dios aun cuando habían regresado con ese propósito. Habían descuidado la casa de Dios y la Ciudad Santa, debido a su temor al enemigo y la opresión.

Por ende, Nehemías acudió automáticamente a Dios. Él no se quejó por la falta de fe del pueblo de Judá ni lo criticó como cobarde, ni aceptó la situación como un statu quo. Nehemías simplemente se arrodilló y comenzó a orar y ayunar.

Ante estas malas noticias, Nehemías lloró, ayunó y oró. ¿Qué debería decirnos esto, especialmente en tiempos de prueba, sobre cómo debemos recurrir al Señor?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Abrumado de pesar, Nehemías no podía comer ni beber. Confiesa: “Lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.” Fielmente, confesó sus pecados y los pecados de su pueblo. Rogó a Dios que sostuviese la causa de Israel, que devolviese a su pueblo valor y fuerza y le ayudase a edificar los lugares asolados de Judá (Profetas y reyes, {PR}, p. 464).

[El Señor] no siempre nos transporta a lugares placenteros. Si así lo hiciera, dad nuestra suficiencia nos olvidaríamos de que él es nuestro ayudador. El anhela manifestarse ante nosotros, y revelar las abundantes provisiones que están a nuestra disposición; y permite que las pruebas y los chascos nos agobien para que podamos comprender cuán poca cosa somos, y aprendamos a acudir a él en busca de socorro. Él puede conseguir que fluyan arroyos refrescantes de la dura roca.

Hasta que estemos cara a cara frente a Dios, y veamos y conozcamos como somos vistos y conocidos, no sabremos cuántas cargas él llevó por nosotros, cuántas más habría estado dispuesto a soportar si se las hubiéramos llevado con la fe de un niño…

Dios ama a sus hijos, y anhela verlos vencer el desaliento, arma que Satanás usa para adueñarse de ellos. No demos lugar a la incredulidad. No magnifiquemos nuestras dificultades. Recordemos el amor y el poder que Dios reveló en el pasado (Mi vida hoy, p. 12).

Jesús observa nuestros esfuerzos con el mayor interés. El sabe que los que hacen su obra son hombres que llevan todas las enfermedades de la humanidad y toma nota de sus fracasos y desilusiones con la mayor compasión. Pero los fracasos y defectos pudieran ser menores de lo que son ahora. Si marchamos en armonía con el cielo, los ángeles ministradores trabajarán con nosotros y coronarán nuestros esfuerzos con éxito…

No debe permitirse que los afanes de los negocios absorban el pensamiento de tal manera que la obra que se está llevando a cabo en el cielo, que concierne a cada individuo, sea considerada con liviandad. Las escenas solemnes del juicio, del gran día de la expiación, han de mantenerse ante la atención del pueblo y grabarse en sus conciencias con ahínco y poder. El tema del santuario nos dará una visión correcta de la importancia de la obra para este tiempo. La apreciación correcta del mismo hará que los obreros de nuestras casas publicadoras muestren mayor energía y celo en sus esfuerzos por dar éxito a la obra. Que ninguno se vuelva descuidado y ciego a las necesidades de la causa y los peligros a que está expuesta cada alma. Que procure cada uno ser un canal de luz (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, p. 397).

De ahora en adelante hasta el fin del tiempo, los hijos de Dios debieran ser más fervientes y más despiertos, y no confiar en su propia sabiduría, sino en la sabiduría de su Caudillo. Ellos debieran dedicar días especiales al ayuno y la oración. No es necesario que se abstengan de alimento, pero debieran comer con moderación alimentos sencillos…

El espíritu del ayuno y la oración verdaderos es el espíritu que entrega la mente, el corazón y la voluntad a Dios (Consejos sobre el régimen alimenticio, {CRA}, pp. 223, 224).

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Lección 2 | Lunes 7 de octubre_________________________________________________

LA ORACIÓN DE NEHEMÍAS

Lee la oración de Nehemías que se encuentra en Nehemías 1:5 al 11. ¿Cuáles son los diferentes componentes de la oración? ¿Por qué en la oración él mismo se incluye entre los culpables?

Nehemías 1:5-11

Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. 10 Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. 11 Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.

1. Dios, eres grande y misericordioso (Neh. 1:5).

2. Escúchame (Neh. 1:6).

3. Confesión de pecados (Neh. 1:6, 7).

4. Recuerda tus promesas (Neh. 1:8, 9).

3. Nos has redimido (Neh. 1:10).

2. Escúchame (Neh. 1:11).

1. Dios conceda prosperidad y misericordia (Neh. 1:11).

La oración de Nehemías es una bella composición que narra la grandeza de Dios, la pecaminosidad del pueblo, y concluye con un clamor de ayuda. La oración se asemeja a la oración de Daniel en Daniel 9, y es posible que Nehemías estuviese familiarizado con esa oración. Cabe destacar que Nehemías no comienza con un grito de ayuda, sino que primero declara la verdad acerca de quién es Dios, grande y temible. También recalca que Dios cumple con su pacto y tiene misericordia de los que lo aman, como si le recordara a Dios que siempre ha sido fiel y que ahora no puede ser de otra manera.

La oración tiene una estructura especial (representada arriba) que se centra en el versículo 8, donde Nehemías articula las promesas de Dios. Nehemías dice: “¡Recuerda!” En otras palabras: Recuerda, Dios, que prometiste que nos dispersarás cuando seamos infieles, pero que también prometiste traernos de vuelta y restaurar todo. Dado que lo primero ya ocurrió, ahora es el momento de cumplir con el resto, porque estamos volviendo a ti. Nehemías no temió reclamar las promesas de Dios y recordárselas. Por supuesto, no es que Dios no conozca ni recuerde sus promesas. Dios se complace en nuestra disposición a reclamar sus promesas. Él quiere que creamos en ellas y que se las expresemos en voz alta. Al verbalizar lo que Dios nos prometió, nos fortalecemos en nuestra determinación de confiar en esas promesas, especialmente en momentos en que todo parece desalentador.

¿Cuáles son algunas de las promesas de Dios que puedes reclamar ahora mismo? ¿Por qué es importante no renunciar nunca a reclamar esas promesas? (Al fin y al cabo, si nos rendimos, ¿qué nos queda?)

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Mientras Nehemías oraba, se fortalecieron su fe y su valor. Se le ocurrieron santos argumentos. Señaló el deshonor que recaería sobre Dios si su pueblo, que ahora se había vuelto hacia él, fuese dejado en la debilidad y opresión; e insistió en que el Señor cumpliese su promesa: “Si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos y los hiciereis, aun cuando estuvieren tus desterrados en las partes más lejanas debajo del cielo, de allí los recogeré y los traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi Nombre.” Nehemías 1:9 (VM), véase Deuteronomio 4:29-31. Esta promesa había sido dada a los hijos de Israel por intermedio de Moisés antes que entrasen en Canaán; y había subsistido sin cambio a través de los siglos. El pueblo de Dios se había tornado ahora a él con arrepentimiento y fe, y esta promesa no fallaría (Profetas y reyes, {PR}, p. 464).

Nehemías se humilló ante Dios y le dio la gloria debida a su nombre. Así también lo hizo Daniel en Babilonia. Estudiemos las oraciones de estos hombres. Nos enseñan que debemos humillarnos, pero que nunca hemos de borrar la línea de demarcación entre el pueblo observador de los mandamientos de Dios y los que no respetan su ley.

Todos necesitamos acercarnos a Dios. El se acercará a los que se aproximen a él con humildad, llenos de un santo temor por su sagrada majestad, y que están ante él separados del mundo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1154).

Aferrándose firmemente de la promesa divina, Nehemías depositaba sus peticiones ante el estrado de la misericordia celestial para que Dios sostuviera la causa de su pueblo arrepentido, le restaurara su fortaleza y edificara sus lugares asolados. Dios había cumplido sus amenazas cuando su pueblo se separó de él; lo había esparcido entre las naciones, de acuerdo con su Palabra. Y en ese mismo hecho Nehemías hallaba la seguridad de que él sería igualmente fiel en cumplir sus promesas (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1154).

El mismo poder que Cristo ejerció cuando andaba entre los hombres se encuentra en su Palabra. Con ella curaba las enfermedades y echaba fuera demonios; con ella sosegaba el mar y resucitaba a los muertos; y el pueblo atestiguó que su palabra iba revestida de poder. El predicaba la Palabra de Dios, la misma que había dado a conocer a todos los profetas y maestros del Antiguo Testamento. La Biblia entera es una manifestación de Cristo…

Así sucede con todas las promesas de la Palabra de Dios. En ellas nos habla a cada uno en particular, y de un modo tan directo como si pudiéramos oír su voz. Por medio de estas promesas, Cristo nos comunica su gracia y su poder. Son hojas de aquel árbol que es “para la sanidad de las naciones.” Apocalipsis 22:2. Recibidas y asimiladas, serán la fuerza del carácter, la inspiración y el sostén de la vida. Nada tiene tal virtud curativa. Ninguna otra cosa puede infundirnos el valor y la fe que dan vital energía a todo el ser (El ministerio de curación, {MC}, pp. 84, 85).

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Martes 8 de octubre | Lección 2________________________________________________

NEHEMÍAS SE EXPRESA

Nehemías 1:11 dice que Nehemías era el copero del rey. Esto nos puede parecer un trabajo sin importancia, pero los coperos podían ser hombres de poderosa influencia, ya que tenían un acceso constante y cercano al rey. Los coperos probaban bebidas para el rey con el fin de prevenir enfermedades o la muerte del rey. Herodoto señala que los persas tenían en alta estima a los coperos, ya que eran considerados altos funcionarios. Por ejemplo, el copero del rey asirio, Asaradón, también era el principal ministro del reino. Por lo tanto, Nehemías ocupaba un alto cargo en el reino y, debido a su acceso al rey, le suplicó a Dios que lo utilizara para hablar al rey sobre la situación de Judá.

Lee Nehemías 2:1 al 8. ¿Qué sucedió como resultado de las oraciones y el ayuno de Nehemías?

Nehemías 2:1-8

1 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.

La oración fue respondida en el mes de Nisán, que es aproximadamente el mes de abril de 444 a.C. Habían pasado cuatro meses desde que Hanani y los judíos le trajeron inquietantes noticias sobre Jerusalén a Nehemías. Durante cuatro meses, Nehemías oró y ayunó, y todos los días podría haberle parecido que Dios no estaba respondiendo. Pero los tiempos de Dios son siempre perfectos. Dios preparó al rey para escuchar a Nehemías y responder favorablemente.

No era un hecho cotidiano que el copero fuera relevado de sus deberes por un tiempo para ser gobernador en una tierra diferente. Dios habló a través de Nehemías e impresionó al rey persa, Artajerjes I, para que Nehemías fuera gobernador del territorio de Judá. La mención de la reina sugiere que posiblemente era una ocasión privada, ya que no era costumbre que la reina estuviera siempre presente para los banquetes formales. Nehemías no mencionó a Jerusalén de inmediato, para evitar que el rey tuviera ideas preconcebidas, sino que hizo un llamado emocional al rey sobre algo personal para él. Para cuando mencionó el lugar específico, el rey había sido conquistado.

¿En qué medida podemos ver un paralelismo entre la función de Nehemías en esta corte y la de Daniel en Babilonia? ¿Qué dice esto sobre el carácter de Nehemías para que el rey esté tan positivamente dispuesto?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nehemías, uno de los desterrados hebreos, ocupaba un cargo de influencia y honor en la corte de Persia. Como copero del rey, tenía libre acceso a la presencia real. En virtud de su puesto, y gracias a su capacidad y fidelidad, había llegado a ser amigo y consejero del rey. Sin embargo, y a pesar de gozar del favor real y de verse rodeado de pompa y esplendor, no olvidaba a su Dios ni a su pueblo. Con el más hondo interés, su corazón se volvía hacia Jerusalén y sus esperanzas y goces se vinculaban con la prosperidad de esa ciudad. Por medio de este hombre, al que la residencia en la corte persa había preparado para la obra a la cual se le iba a llamar, Dios se proponía bendecir a su pueblo en la tierra de sus padres (Profetas y reyes, {PR}, p. 464).

Durante cuatro meses Nehemías aguardó una oportunidad favorable para presentar su petición al rey… Tenía un cometido sagrado que cumplir, para el cual necesitaba ayuda del rey; y comprendía que mucho dependía de que presentase el asunto en forma que obtuviese su aprobación y su auxilio. Dice él: “Entonces oré al Dios de los cielos”. En esa breve oración, Nehemías se acercó a la presencia del Rey de reyes, y ganó para sí un poder que puede desviar los corazones como se desvían las aguas de los ríos.

La facultad de orar como oró Nehemías en el momento de su necesidad es un recurso del cual dispone el cristiano en circunstancias en que otras formas de oración pueden resultar imposibles… En momentos de dificultad o peligro repentino, el corazón puede clamar por ayuda a Aquel que se ha comprometido a acudir en auxilio de sus fieles creyentes cuando quiera que le invoquen. En toda circunstancia y condición, el alma cargada de pesar y cuidados, o fieramente asaltada por la tentación, puede hallar seguridad, apoyo y socorro en el amor y el poder inagotables de un Dios que guarda su pacto (Conflicto y valor, {CV}, p. 262).

En los años pasados, he hablado en favor del plan de presentar nuestra obra misionera y su progreso ante nuestros vecinos y amigos, y me he referido al ejemplo de Nehemías. Y ahora deseo instar a nuestros hermanos y hermanas a estudiar de nuevo la experiencia de este hombre de oración y fe y sano juicio, quien tuvo el valor de pedir a su amigo, el rey Artajerjes, ayuda para hacer progresar los intereses de la causa de Dios.

Los hombres de oración deben ser hombres de acción. Los que están listos a trabajar y dispuestos a hacerlo, hallarán las formas y los medios. Nehemías no dependió de la incertidumbre. Los medios de los cuales carecía los solicitó de aquellos que podían otorgarlos (Servicio cristiano, {SC}, pp. 213, 214).

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Lección 2 | Miércoles 9 de octubre____________________________________________

NEHEMÍAS ES ENVIADO

El rey envió cartas con Nehemías a Sanbalat el horonita y a Tobías el amonita, los altos funcionarios de la región que estaba más allá del río, a fin de allanar el camino para lo que Nehemías debía llevar a cabo. Además, el rey le ordenó a Asaf, el guarda del bosque del rey, que le proporcionara a Nehemías toda la madera necesaria para reconstruir la ciudad, las paredes y las puertas del Templo.

Lee Nehemías 2:9 y 10. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de la oposición que enfrentarían Nehemías y los judíos en general?

Nehemías 2:9-10

Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo. 10 Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel.

Nehemías llegó a Jerusalén alrededor de los años 445/444 a.C. La oposición pareció surgir incluso antes de que Nehemías intentara cualquier medida, ya que la solicitud entregada a los gobernadores suscitó problemas. Aunque Tobías es un nombre judío, que significa “el Señor es bueno” (su hijo Johanán también llevaba un nombre judío, “el Señor es misericordioso”), se desempeñaba como gobernador de Amón. Por ende, Jerusalén estaba rodeada de enemigos: Sanbalat, el gobernador de Samaria al norte; Tobías, el gobernador de Amón al este; y Gesem el árabe (Neh. 2:18, 19) al sur, que se apoderó de Edom y Moab. Es lamentable que los líderes de esa región rechazaran a Nehemías por preocuparse por el “bienestar” de los oprimidos. Los pendencieros no se regocijan con la buena suerte de aquellos a quienes ellos intimidan.

Sin embargo, la llegada de Nehemías “a Jerusalén con una escolta militar, al revelar que venía en alguna misión importante, excitó los celos de las tribus paganas que vivían cerca de la ciudad y que con frecuencia habían manifestado su enemistad contra los judíos, a los que colmaban de insultos y vituperios. En esta mala obra se destacaban ciertos jefes de dichas tribus: Sanbalat el horonita, Tobías el amonita y Gesem el árabe. Desde el principio esos caudillos observaron con ojos críticos los movimientos de Nehemías, y por todos los medios a su alcance procuraron estorbar sus planes y su obra” (PR 469).

¿Qué otras historias bíblicas puedes encontrar que muestren que quienes fueron llamados por Dios para hacer su voluntad enfrentaron oposición? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nehemías y Artajerjes se hallaban frente a frente, el uno como siervo de una raza oprimida, el otro como monarca de un gran imperio mundial. Pero infinitamente mayor que la diferencia social era la distancia moral que los separaba. Nehemías había aceptado la invitación del Rey de reyes: “Echen mano … de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” La petición silenciosa fué la misma que había ofrecido durante muchas semanas, a saber, que Dios prosperara su solicitud. Y ahora, cobrando ánimo ante el pensamiento de que tenía un Amigo, omnisciente y omnipotente, que podía obrar en su favor, el hombre de Dios dió a conocer al rey su deseo de que se lo eximiera por un tiempo de su puesto en la corte, y de recibir autorización para reedificar los lugares desolados de Jerusalén, y volver a hacerla una vez más una ciudad fortificada y protegida. Trascendentales resultados para la ciudad y la nación judía dependían de esta petición. “Y—dijo Nehemías—otorgómelo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí” (Servicio cristiano, {SC}, p. 214).

Cuando su pedido [el de Nehemías] al rey hubo sido favorablemente recibido, se sintió animado a solicitar la asistencia necesaria para la realización de sus planes. Para dar dignidad y autoridad a su misión, así como para proveer lo referente a la protección durante el viaje, obtuvo una escolta militar. Se le dieron cartas reales dirigidas a los gobernadores de las provincias que estaban al otro lado del Eufrates, el territorio por el cual debía pasar en su viaje hacia Judea; y obtuvo, además una carta dirigida al custodio del bosque que el rey tenía en las montañas del Líbano, en que se le solicitaba que proveyera la madera necesaria para el muro de Jerusalén y para los edificios que Nehemías se proponía levantar.

Las cartas reales dirigidas a los gobernadores de las provincias que se hallaban a lo largo de su ruta, aseguraron a Nehemías una recepción honorable y una pronta ayuda. Y ningún enemigo osó molestar al funcionario que estaba protegido por el poder del rey persa y tratado con señalada consideración por los gobernantes de las provincias. El viaje de Nehemías fué seguro y próspero (Servicio cristiano, {SC}, pp. 214, 215).

Los ataques de Satanás contra los defensores de la verdad se tomarán más encarnizados y decididos hasta el mismo fin del tiempo. Así como en los días de Cristo los jefes de los sacerdotes y los dirigentes instigaron a la gente contra él, así también hoy los dirigentes religiosos despertarán rencor y prejuicio contra la verdad para este tiempo…

¿Qué curso deberán seguir los proponentes de la verdad? Tienen la palabra inmutable y eterna de Dios, y debieran manifestar el hecho de que poseen la verdad como está en Jesús. Sus palabras no debieran ser ásperas ni hirientes. En su presentación de la verdad deben manifestar el amor, la humildad y la dulzura de Cristo. Dejad que la verdad corte; la palabra de Dios es una aguda espada de doble filo que cortará y se abrirá paso hasta el corazón. Los que saben que tienen la verdad, no debieran emplear expresiones severas e hirientes, para no dar a Satanás la oportunidad de que su espíritu sea mal interpretado (Testimonios para la iglesia, {9TI}, t. 9, p. 192).

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Jueves 10 de octubre | Lección 2_______________________________________________

NEHEMÍAS SE PREPARA PARA SU TAREA

Sin lugar a dudas, el Señor había llamado a Nehemías para esta tarea y le brindaría todo lo necesario. Armado con el conocimiento de las promesas de Dios y la certeza del llamado de Dios, Nehemías procedió. Pero avanzó con cuidado y oración. En otras palabras, aunque sabía que Dios estaba con él, este conocimiento no le impedía, básicamente, pensar en lo que haría.

Lee Nehemías 2:11 al 20. ¿Qué hizo Nehemías con el fin de prepararse para el proyecto de reconstrucción del muro?

Nehemías 2:11-20

11 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, 12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. 13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. 16 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra. 17 Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. 18 Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. 19 Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? 20 Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.

Lecciones de liderazgo: Lección 1: Nehemías no le dijo a nadie cuáles eran los planes que “Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén” (Neh. 2:12). No solo no le dijo al enemigo, sino además se los ocultó a los líderes judíos. Él estaba en una misión de exploración para averiguar qué se necesitaba hacer. Lección 2: Antes de presentar algo, Nehemías hizo su tarea y planificó todo el trabajo que se requeriría. Lección 3: Cuando finalmente mencionó la tarea, Nehemías primero describió lo que Dios había hecho hasta ese momento para dirigir esta expedición, y luego agregó las palabras del rey. Incentivó antes de pedir compromiso. No es ni más ni menos que un milagro que los judíos respondieran tan favorablemente y decidieran construir, a pesar de la resistencia que les esperaba. Dios había preparado no solo al rey a través de las oraciones y el ayuno de Nehemías, sino también al pueblo judío, para que respondiera con audacia y valentía.

Lee Nehemías 2:19 y 20. ¿Qué nos dicen estos versículos sobre la fe de Nehemías? ¿Cuánto podrían haber ayudado a Nehemías textos como Deuteronomio 7:9, Salmo 23:1 al 6 y Números 23:19?

Nehemías 2:19-20

19 Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? 20 Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.

Deuteronomio 7:9

Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;

Salmo 23:1-6

1 Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Números 23:19

19 Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

Nuestras conversaciones demuestran quiénes somos y lo que realmente creemos. Nehemías tendía a decir palabras edificantes. No temió incluir a Dios en todo lo que decía; y también lo glorificó, incluso cuando el pueblo se burló y se rio de él. A pesar de que Nehemías conocía el desprecio que sentían los enemigos hacia ellos, no escatimó palabras ni dejó a Dios fuera de la conversación. Al igual que José en Egipto muchos años antes, Nehemías no temió promocionar a su Dios entre quienes no creían en él.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La tercera noche después de su llegada, Nehemías se levantó a la medianoche, y con unos pocos compañeros de confianza salió a examinar por su cuenta la desolación de Jerusalén. Montado en su mula, pasó de una parte de la ciudad a otra, examinando las puertas y los muros en ruinas de la ciudad de sus padres. Penosas reflexiones llenaban la mente del patriota judío mientras que con corazón apesadumbrado miraba las derribadas defensas de su amada Jerusalén. Los recuerdos de la grandeza que gozara antaño Israel contrastaban agudamente con las evidencias de su humillación.

En secreto y en silencio, recorrió Nehemías el circuito de las murallas. Declara: “No sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado a los Judíos y sacerdotes, ni a los nobles y magistrados, ni a los demás que hacían la obra.” Pasó el resto de la noche en oración, porque sabía que al llegar la mañana necesitaría hacer esfuerzos ardorosos para despertar y unir a sus compatriotas desalentados y divididos (Profetas y reyes, {PR}, p. 470)..

Cuando surjan las perplejidades, como seguramente va a ocurrir, acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Y entonces, cuando el enemigo venga como río, el Espíritu del Señor levantará bandera en favor de ustedes. Aférrense a la idea de que hay una gran obra que hacer y que ni la influencia, ni la oposición de nadie los podrá apartar de la clara senda del deber. Entonces podrán decir con Nehemías: “La mano de mi Dios está sobre mí”. Véase Nehemías 2:18.

Cada hombre debe mantener su independencia moral, resuelto a que su mente sea sólo modelada por el Espíritu Santo. Dios pide que los soldados de su guardia no estén dispuestos a repetir las palabras de hombres que si estuvieran convertidos ejercerían una buena influencia, pero que como no lo están no se puede depender de ellos. Cuando se produzca la emergencia, esos hombres con toda seguridad conducirán a la gente por sendas extraviadas (Cada día con Dios, {CDCD}, p. 282).

Hay necesidad de [muchos] Nehemías en la iglesia hoy: hombres que puedan no sólo orar y predicar, sino hombres cuyas oraciones y sermones estén corroborados por un propósito firme y anhelante… El éxito que acompañó los esfuerzos de Nehemías muestra lo que la oración, la fe y la acción enérgica y sabia pueden llevar a cabo… El espíritu manifestado por el dirigente será reflejado en gran medida por el pueblo. Si los dirigentes que profesan creer las verdades solemnes e importantes que van a probar al mundo en esta época no manifiestan ardiente celo en preparar a un pueblo para que permanezca firme en el día de Dios, debemos esperar una iglesia descuidada, indolente y amante de los placeres.

Nehemías era un reformador, un gran hombre suscitado para una ocasión importante. Cuando entró en contacto con el mal y toda clase de oposición, surgieron un nuevo ánimo y un celo renovado. Su energía y determinación inspiraron al pueblo de Jerusalén; la fuerza y el valor tomaron el lugar de la debilidad y del desaliento. Su santo propósito, su elevada esperanza, su jovial consagración al trabajo, eran contagiosos. El pueblo se contagió del entusiasmo de su dirigente: en su esfera, cada hombre se convirtió en un Nehemías y ayudó a fortalecer la mano y el corazón de su vecino (Conflicto y valor, {CV}, p. 264).

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Lección 2 | Viernes 11 de octubre______________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, Profetas y reyes, “Un hombre oportuno”, pp. 464-468.

Nehemías era un hombre de oración: “Con frecuencia había derramado Nehemías su alma en favor de su pueblo. Pero, mientras oraba esta vez, se formó un propósito santo en su mente. Resolvió que, si lograba el consentimiento del rey y la ayuda necesaria para conseguir herramientas y material, emprendería él mismo la tarea de reedificar las murallas de Jerusalén y de restaurar la fuerza nacional de Israel. Pidió al Señor que le hiciese obtener el favor del rey, con el fin de poder cumplir ese plan. Suplicó: ‘Concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Durante cuatro meses Nehemías aguardó una oportunidad favorable para presentar su petición al rey’” (PR 465).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En respuesta a la pregunta del miércoles, ¿qué significa que en toda la Biblia (tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento) quienes fueron llamados por Dios enfrentaron una oposición tremenda? De hecho, ¿qué significa que en casi todos los casos hayan enfrentado oposición? Quizás una mejor pregunta podría ser: ¿Qué ejemplos puedes encontrar de alguien llamado por Dios para hacer su voluntad que no haya enfrentado oposición? ¿Qué nos transmite esto para que no nos desanimemos cuando, incluso al hacer la voluntad de Dios, enfrentemos fuertes obstáculos para lograr lo que creemos que el Señor nos ha llamado a hacer?
  2. Lee Nehemías 2:18. ¿Qué nos dice esto sobre el poder que puede tener un testimonio personal y cuán importante fue la respuesta positiva que Nehemías obtuvo de sus compatriotas judíos?
  3. Ni Esdras ni Nehemías podrían haber logrado nada sin la ayuda del rey. En otras palabras, estos hombres de Dios trabajaron en cooperación con las autoridades políticas, que además eran paganas. ¿Qué lección podemos extraer de esto acerca de cuándo y cómo, como iglesia, podemos trabajar con los poderes políticos, cualesquiera que sean? Al mismo tiempo, ¿por qué la iglesia debe ser muy cuidadosa en esto?
  4. Repasa la oración de Nehemías (Neh. 1:1–11) en clase. ¿Qué puedes extraer de ella que te ayude a profundizar tu relación con Dios? ¿Qué enseña acerca de la entrega, la confesión, y de reclamar las promesas?

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