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LA LEY DE DIOS Y LA LEY DE CRISTO – LECCION 8 – PARA EL 24 DE MAYO

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En Rojo: Biblia   En Azul: Libros Adventistas  En letra inclinada: Lección                           En letra normal: Nuestra aportación.

LA LEY DE DIOS Y LA LEY DE CRISTO

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” Juan 15:10

La introducción a la lección de ésta semana está hablando de jerarquías de leyes. Posiblemente en la introducción está hablando de leyes en países como los Estados Unidos de Norte América, donde las leyes se conforman así:

1- Ley Federal (domina todo el País)

2-Ley Estatal (domina todo un Estado)

3-Ley del condado (domina un condado, y los condados forman un estado)

4- Ley de la ciudad (domina una ciudad y las ciudades forman un condado)

5-Leyes de las villas ó municipios

6-Ley de la comunidad

Todas estas leyes trabajan en armonía y tratan de no contradecirse la una con la otra. En el 99% lo logran conseguir.

Hay un aspecto importantísimo que el maestro de clase no debe confundir en la lección de ésta semana: y es que la lección no está hablando de leyes superiores ó inferiores, la lección está hablando de cuan abarcante es una ley.

Para entender esto mejor, volvamos a las leyes de los Estados Unidos. La ley federal (que abarca toda la nación) prohíbe conducir un vehículo bajo la influencia de drogas ó alcohol. Ahora, la ley de cada estado indica cuanto es el máximo de alcohol que una persona puede haber ingerido antes de conducir un vehículo.

La ley del condado puede tener un nivel de intoxicación aún mas estricta que la ley federal y que la ley estatal. Y así por lo consiguiente la ciudad pudiera tener otro nivel igual ó mas estricto que el condado.

Al final llega a pequeñas ciudades donde la venta y el consumo de alcohol es prohibido en su totalidad; un ejemplo de esto es la ciudad de Tacoma Park, en el estado de Maryland. Esta ciudad ha sido la sede de la Iglesia Adventista del Séptimo día a nivel mundial casi desde su inicio hasta hace algunos años atrás. Hasta el día de hoy, es prohibido la venta y el consumo de alcohol en esta ciudad.

En Alaska, uno de los transportes mas usado en la mayoría de meses del año, debido a su clima, es el trineo. Por lo tanto ellos incluyen este tipo de vehículo dentro de la ley federal; en contra del uso de drogas ó alcohol cuando se conduce este vehículo. No hace lo mismo el estado de Texas, que tiene un clima diferente. En el estado de Texas hay condados donde prohíben totalmente el montar a caballo y el uso de carretas haladas por caballos ó bestias, a personas que están bajo la influencia de drogas ó alcohol. Esto sucede especialmente en los ranchos o haciendas dentro del campo.

El estado de la florida, por ejemplo, son estrictos con el uso de equipo (botes, motos de agua ó jet-ski, canoas, ETC) Controlan constantemente que nadie esté usando este tipo de vehículo bajo la influencia de drogas ó alcohol.

Ahora viene la pregunta ¿Es la ley federal superior a la ley de un estado ó ciudad? La respuesta es no. La ley federal es mas grande , porque abarca mas, territorialmente hablando. A lo contrario de todo esto, las leyes locales que son mas pequeñas, por que abarcan territorios mas pequeños, son mas estrictas y mas minuciosas que la ley federal; debido a que todos los estados usan la ley federal y la aplican a las necesidades de cada región.

De esto precisamente está hablando la lección de ésta semana; de cuan abarcante es una ley. Por favor tenga cuidado de no hablar de cuan superior es una ley de la otra ley, ese no es el tema de esta semana. Es muy fácil equivocarse en la lección de esta semana, ya que comienza provocativamente mencionando dos leyes; la de Dios y la de Cristo, como si éstas fueran dos leyes ajenas la una de la otra.

¿Cómo podemos saber que la ley de Dios es también la ley de Cristo? ¿Son dos leyes diferentes? ¿Si son diferentes, en que consiste la diferencia?

Primero, vamos a realizar un estudio regresivo de cómo fue dada la ley de Dios, es decir los Diez Mandamientos.

Los dueños: Deuteronomio 30: 10 Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

2 Reyes 10: 31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.

San Juan 15 :10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como también yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

El dueño y dador de la le ley es Jehová Dios  ¿El Padre ó el Hijo? Los dos se llaman Jehová

Génesis 15:24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;

San Juan 10: 30 Yo y mi Padre uno somos.

EL ESCRITOR

Éxodo 31: 18 Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

Deuteronomio 9: 10 y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito conforme a todas las palabras que os habló Jehová en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea.

Nos vamos a concentrar a estudiar la frase “el dedo de Dios” el primer texto en la Biblia donde aparece esta expresión es en Éxodo 8: 19 Entonces los encantadores dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

El cuarto texto y último en la Biblia que menciona esta frase se encuentra en Lucas 11: 20 Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.

 ¿Quién es el dedo de Dios? La respuesta clara la encontramos en Mateo 12: 28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.

El “Dedo de Dios” es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo estuvo presente en toda la vida de Jesús.

Lucas 1: 34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. 35 Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también lo Santo que de ti nacerá, será llamado el Hijo de Dios.

 Lucas 3: 22 y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti tengo complacencia.

 Lucas 4: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí: Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón: Para predicar libertad a los cautivos: Y a los ciegos vista: Para poner en libertad a los quebrantados:

El Espíritu Santo a sido el encargado de escribir la ley en los corazones de los hombres.

Ezequiel 36: 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis decretos y los pongáis por obra.

 Romanos 12: 15 ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos, (Biblia de las Américas)

LOS TESTIGOS 

Deuteronomio 33: 2 Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció del monte de Parán, y vino con diez mil santos; a su diestra la ley de fuego para ellos.

Salmos 68:17 Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor está entre ellos, como en el Sinaí, así en el santuario.

Hechos 7: 53 que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.

Hebreos 2: 2 Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,

“Entonces los truenos cesaron; ya no se oyó la trompeta; y la tierra quedó quieta. Hubo un plazo de solemne silencio y entonces se oyó la voz de Dios. Rodeado de un séquito de ángeles, el Señor, envuelto en espesa oscuridad, habló desde el monte y dio a conocer su ley. Moisés al describir la escena, dice: “Jehová vino de Sinaí, de Seir los alumbró, resplandeció desde el monte de Parán, avanzó entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha. Aún amó a su pueblo; todos los consagrados a él estaban en su mano. Por tanto, ellos siguieron tus pasos, recibiendo dirección de ti”. Deuteronomio 33:2, 3. – {PP 277.1}

 “Los pecados de los cuales no haya habido arrepentimiento y que no hayan sido abandonados, no serán perdonados ni borrados de los libros de registros, sino que permanecerán como testimonio contra el pecador en el día de Dios. El pecador pudo haber cometido sus malas acciones a la luz del día o en la oscuridad de la noche; pero son conocidas y manifiestas para Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Siempre hubo ángeles de Dios que fueron testigos de cada pecado y lo registraron en los libros infalibles. El pecado puede ser ocultado, negado, encubierto del padre, la madre, la esposa, los hijos y las amistades; nadie, fuera de los mismos culpables, tendrá quizá la más mínima sospecha del mal; pero aparece desnudo ante los seres celestiales. Las tinieblas de la noche más oscura, el secreto de todas las estratagemas engañosas, no son suficientes para velar un pensamiento del conocimiento del Eterno. Dios lleva un registro exacto de todo acto injusto y hecho ilícito. No se deja engañar por una apariencia de piedad. No se equivoca en su apreciación del carácter. Los hombres pueden ser engañados por seres corruptos de corazón, pero Dios penetra todos los disfraces y lee la vida interior.” – {CES 118.3}

“¡Qué pensamiento tan solemne! Día tras día que pasa a la eternidad lleva consigo su caudal de anotaciones para los libros del cielo. Las palabras pronunciadas, los actos realizados, jamás pueden ser revocados. Los ángeles tomaron nota tanto de lo bueno como de lo malo. El conquistador más poderoso sobre la Tierra no puede anular el registro de un solo día siquiera. Nuestros actos, nuestras palabras, hasta nuestros motivos más secretos, todo tiene su peso en decidir nuestro destino para dicha o desdicha. Aunque podemos llegar a olvidarlos, ellos testificarán para justificar o condenar.” – {CES 119.1}

Ahora, ¿comprendemos por que la lección no está hablando de superioridad de leyes? La ley de Dios, es la misma ley de Cristo, los dos son los dueños, juntos con El Espíritu Santo, y como testigos los ángeles. La lección está hablando de cuan abarcantes son estas leyes, y cual es la aplicación que se le da a los Diez Mandamientos, a la luz del Sinaí, y cual es la aplicación que se le da a los Diez Mandamientos en los tiempos de Cristo.

 

DOMINGO Y LUNES

LA LEY Y LOS PROFETAS y LA “REGLA DE AMOR”

En las semanas pasadas estuvimos estudiando que Cristo no vino a este mundo “a abolir las ley ó los profetas”, también estuvimos estudiando de la palabra “NEJRI”. La palabra griega que es traducida al español como “HASTA” Citada en San Juan 16: 16 donde dice que la ley y los profetas fueron hasta Juan. La comparamos con Romanos 5: 14 donde dice que la muerte fue desde Adán hasta Moisés; y comprendimos que la ley ni los profetas terminaban en Juan, y que tampoco la muerte terminaba en Moisés.

Cristo no vino a este mundo a abolir la ley, todo lo contrario Cristo la engrandeció. Hay dos maneras en que Cristo magnificó la ley: La primera es por que hizo el mandamiento mas sensible. Antes; el adulterio era un acto físico, ahora con Cristo, el acto de codiciar a una mujer en el corazón se constituye adulterio. Lo mismo sucede con el asesinato, antes; el pecado se contaba por la muerte física de una persona, ahora con Cristo el asesinato comienza y se consuma con el pensamiento. Por lo tanto, la ley en vez de ser achicada es engrandecida por Cristo

La segunda manera como Cristo magnificó la ley, fue por que le agrego la palabra “AMOR” Para entender esto déjeme compartir una experiencia de la vida real. Hace algún tiempo conocí a un hermano de nuestra iglesia muy trabajador, pero de escasos recursos. Cierto día apareció en la iglesia conduciendo un automóvil BMW, casi nuevo, posiblemente meses de viejo. El comenzó a contar la historia, que por ese vehículo había pagado el equivalente de unos $500.00 dólares Norte-Americanos. Era imposible de creer, que por ese vehículo que costaba casi el equivalente de $100,00.00 dólares Norte-Americanos este hermano haya pagado esa pequeña cantidad, prácticamente era un regalo. Esto fue lo que sucedió: El dueño de ese automóvil había fallecido y en el testamento de herencia, había estipulado que con ese vehículo se podían hacer dos cosas. La primera era entregárselo a la señorita “X” como un regalo de parte de él. La segunda opción era venderlo y el dinero conseguido con la venta del vehículo, entregárselo a la misma señorita “X” como un regalo de parte de él. La señorita “X” había sido amante del recién muerto. La esposa optó por la opción numero dos, y cuando nuestro bendito hermano se presentó a la casa de la señora viuda a trabajar; y la señora escuchó la necesidad de nuestro hermano, ella misma le ofreció el vehículo con la mínima cantidad del equivalente de $500.00 dólares. Ahora viene la pregunta para la señora vendedora del vehículo; ¿Que ley quebrantó? ¿La ley de Dios (la dada en el Sinaí)? No, definitivamente ésta ley no la quebrantó, por que ese dinero fue dado a la señorita “X” como su difunto esposo lo había estipulado, cumpliendo el mandamiento “NO ROBARAS” ¿Quebranto la ley de Cristo, basada en el amor? Si, esa ley la quebrantó. La quebrantó por que lo más conveniente hubiera sido decidir por la opción numero uno que estipulaba entregar el vehículo a la señorita “X” Pero debido a la ausencia de amor de la esposa hacia la señorita “X” (que es fácil de entender) optó por la opción numero dos, destruyendo una gran ayuda para la señorita “X”, beneficiando por lo consiguiente a nuestro querido hermanito. La ley de Dios es una ley generalizada, Cristo en su primera venida a ésta tierra toma el mismo mandamiento y lo hizó mas amplio, mas detallado, mucho mas difícil de cumplir, ya que tiene como base el amor a Dios y el amor al prójimo. El ejemplo lo vamos a tomar en el mandamiento “NO ROBARAS”

La palabra Robar significa: Quitar la propiedad de otra persona sin derecho y sin permiso.

Es bien fácil el mandamiento de Dios dado en el Sinaí. Ahora agreguemos la palabra “amor” para ver el mismo mandamiento del punto de vista de Cristo

-Roba el que adultera un producto volviéndolo de calidad inferior y manteniendo el mismo precio.

-Roba el que usa medidas y pesas falsas en sus transacciones.

-Roba el que oculta defectos.

-Roba el que presenta una calidad tramposa.

-Roba aquel que ha encontrado algo sabiendo quien es su dueño, y lo encontrado lo mantiene para sí.

-Roban los que reciben comisión a espaldas de sus jefes.

-Roban aquellos que se posesionan de algo que no está detallado en un contrato.

-Roba todo trabajador que no hace el trabajo para el cual fue contratado.

-Roban aquellos que hacen trabajos descuidados, sin el esmero con que tendría que hacerse dicho trabajo.

-Roban aquellos que no cuidan los bienes del propietario, derrochando y menoscabando los bienes que no le pertenecen.

-Roban los empleadores cuando retienen los salarios.

-Roban los empleadores cuando no cumplen sus promesas con los beneficios prometidos.

-Roban los empleadores cuando hacen trabajar a los trabajadores horas extras sin el debido pago.

-Roban los empleadores cuando privan a sus trabajadores de algo que ellos merecen.

-Todos aquellos viajeros que no declaran, ó desfiguran y ocultan sus propiedades al inspector de aduanas son ladrones.

-Roban todos aquellos que se meten a deuda que saben que les será imposibles pagar.

-Roban aquellos que antes de una bancarrota transfieren todos sus bienes a alguien con el convenio de serles devueltas.

-Roba el que acepta el reconocimiento de trabajo ó la idea de otro.

-Roba aquel que usa lo ajeno sin permiso de su propietario.

-Es ladrón al que se aprovecha de su prójimo en cualquier forma.

-Roba aquel que no entrega a su dueño lo escrito en una herencia.

-Roba el que encuentra algo y no lo reporta al centro de objetos perdidos.

-Roba él que le compra a un ladrón.

-Se puede robar a otros quitándoles las FE mediante las dudas y las críticas.

-Se roba a Dios con los diezmos y las ofrendas.

-Se roba el buen nombre de una persona a través de chismes calumniosos y perniciosos.

“El buen nombre en hombres y mujeres, mi querido señor,

es la joya preciosa de sus almas:

quien roba mi portamonedas, roba hojarasca; es algo, nada;

eso fue mío, ahora es de él, y ha pertenecido a millares;

Pero el que hurta disminuyendo mi buen nombre,

me roba lo que no lo enriquece y ciertamente a mi me empobrece.” CBA

Ahora estamos en serios problemas, por que la ley de amor que presenta Cristo, donde nos obliga a amar a nuestro prójimo, la hemos quebrantado la mayoría de nosotros, convirtiendo la Iglesia Adventista del Séptimo Día en “una cueva de ladrones”

Ahora vienen las siguientes preguntas:

¿Cual ley es mas fácil de guardar; la del Sinaí ó la ley de Cristo donde el amor es el ingrediente primordial?

¿En que posición quedan nuestros hermanos que creen que Cristo vino a este mundo a abolir la ley?

La ley de Dios es una ley general que abarca todo el mundo. La mayoría de gobiernos, por no decir todos los gobiernos del mundo, tienen los Diez Mandamientos como ley base en sus constituciones políticas. La ley de Cristo es la misma ley de Dios, es el mismo mandamiento pero magnificado, agrandado, hecho mas sensible. Cuando Cristo agrega la palabra “AMOR” se nos hace mucho mas difícil el mandamiento, ya que hay que lograr amar a nuestros prójimos y mas que eso tenemos que amar aún a nuestros enemigos. Eso no se consigue por el esfuerzo humano, eso solamente se consigue a través de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas; si, el Espíritu Santo escribiendo en nuestras mentes y corazones esa hermosa ley de respeto y amor; al mismo tiempo poniendo el mas grande de sus frutos en nuestras vidas, el cual se llama AMOR.

 

Martes

TODAS LAS COSAS A TODOS LOS HOMBRES

Ahora la lección enfoca el estudio a mi relación con mi prójimo; tanto al converso como el inconverso. La delicada relación que existe en traer una persona a los pies de Jesús usando el método modelo, “el amor a todo aquel que es mi prójimo”, sin comprometer la ley de Dios. Una de las cosas interesantes de saber es que nuestros hermanos adventistas alrededor del mundo tienen diferentes campos culturales. Quizás, lo que para uno puede ser algo normal para otra persona no lo es. En el caso del Apóstol Pablo “El apóstol viajero” El estuvo dispuesto a adaptarse a la cultura del lugar donde el estaba predicando con tal de impartir el evangelio de salvación, cada vez y cuando la cultura no violara la ley de Dios.

¿Hasta donde podemos llegar con la ley de amor con tal de salvar a una persona?      Conocí a un pastor de nuestra iglesia que le estaba dando estudios bíblicos a una persona. Esta persona era católica apostólica romana. En el transcurso de los primeros estudios bíblicos a esta señora se le murió su madre; y ella llegó a la conclusión que la persona mas indicada para rezar en el velorio de su madre era el pastor. Dicho y hecho, le informó al pastor que él tenia el privilegio y que ella estaría muy honrada si el pastor rezaba en el velorio. ¿Que hubiera hecho usted, si usted hubiera sido el pastor? Bueno; el pastor se preparó por que no sabía rezar, y fue al velorio; y en medio de los rezos que hacía, también tenía un pequeño sermón. Nuestra hermana con el tiempo se bautizó en la iglesia, y ahora cuenta este testimonio como una muestra de amor, respeto y consideración de parte del pastor hacia ella, añadiendo que posiblemente si el pastor no hubiera ido a rezar, ella posiblemente no hubiera aceptado el evangelio. Mas de esto, ha traído toda su familia y muchos de sus familiares a la iglesia, y año tras año es una de las que trae mas almas a los pies de Cristo en la iglesia que asiste.

¿Cuánto del yo estás dispuesto a negar a fin de alcanzar a otros para Cristo? ¿Cuánto del yo ya has negado al buscar a otros? ¿Cuánto de la “Ley de Cristo” sigues tú?

Miércoles

CUMPLIR LA LEY DE CRISTO Gálatas 6:2

2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.

Ya sea en documentos escritos o en la naturaleza, la Ley de Dios revela, a cada persona capaz de entender, la voluntad de él. En consecuencia, ninguno puede pretender ser ignorante de los requerimientos básicos de Dios. “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23) y destinados a la destrucción. Sin embargo, no todo está perdido: la maldición ha sido revertida por el don de la vida eterna, que está disponible por medio de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo.

De acuerdo con Pablo, la gracia debería dar poder a los creyentes para vivir vidas obedientes, aunque, como demasiado bien sabemos, no siempre vivimos tan obediente y fielmente como deberíamos.

Según Gálatas 6: 1 al 5, ¿cuál es una manera de manifestar la “Ley de Cristo”?

1 Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal en espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. 2 Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. 3 Porque si alguno piensa de sí que es algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. 4 Así que, cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá de qué gloriarse, sólo en sí mismo, y no en otro, 5 porque cada uno llevará su propia carga.

Es importante recordar que cada uno está sujeto a la tentación y puede someterse al pecado en momentos de debilidad. Reconociendo esto, es insensato que una persona condene de inmediato a otro cristiano que ha caído. Aun Jesús, que nunca pecó, estaba dispuesto a ayudar a los que habían sido vencidos por el pecado, tal como escribió Elena de White acerca de Jesús: “No censuró la debilidad humana” (DTG 319). Pablo amonestó a los cristianos a ayudar con el propósito de restaurar.  En otras palabras, la persona que pecó debería ser estimulada a continuar obedeciendo los preceptos de la Ley de Dios.

La ley de Cristo es impulsada por la misericordia. Si no hubiera sido por su muerte expiatoria, no habría razón para guardar la Ley de Dios. Sin embargo, porque Cristo hizo posible la vida eterna, hay un incentivo para ser fiel y reanudar la observancia de la Ley de Dios después de momentos de debilidad. Los cristianos deberían usar la Ley de Cristo como un vehículo para transportar al pecador arrepentido de regreso al ámbito de la Ley de amor de Dios.

Piensa en la ocasión en que hiciste mal y te mostraron gracia aunque no la merecías (después de todo, si la merecías, no habría sido gracia). ¿Cómo puedes asegurarte de que, la próxima vez que alguien necesite un poco de gracia de tu parte, recordarás la que recibisteis?.

Jueves

LEY Y JUICIO Juan 5:30

30 No puedo yo hacer nada de mí mismo; como oigo, juzgo; y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió.

Aunque la Ley de Dios es una ley de misericordia, Dios finalmente la usará como la norma del Juicio. Él ha seguido ofreciendo oportunidades para que los pecadores se arrepientan y prometan lealtad, pero llegará la hora cuando se proclamará: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” Apocalipsis 22:11. Este anuncio sirve como preludio del Juicio Final.

¿De qué modo Juan 5:30 nos ayuda a entender la función de Jesús en el Juicio?

Aunque Cristo había puesto a un lado su naturaleza divina cuando llegó a ser humano, todavía tenía una relación especial con el Padre. Cuando los líderes religiosos lo acusaron de blasfemia, él informó a sus acusadores que Dios le había dado autoridad para cumplir tareas divinas específicas, una de las cuales era el Juicio. El hecho de que Cristo ha recibido la responsabilidad de juzgar demuestra la misericordia de Dios. Por cuanto Cristo ha llegado a ser uno con la raza humana, está en la situación de juzgar imparcialmente. Dada su familiaridad con la experiencia humana, Cristo no condenaría injustamente a una persona. De hecho, Cristo sugiere que la condenación no viene de él, sino que el pecador no arrepentido se condena a sí mismo cuando rehúsa aceptar la palabra divina.

Muchos están familiarizados con el contenido de la Ley de Dios pero no saben cómo guardarla. La Ley no es una lista de verificación que podemos usar para ver si estamos cerca del Reino; en cambio, es un instrumento que expresa diversos principios de amor. Cumplir la Ley no se limita a obedecerla a fin de ganar el favor de Dios, sino que nos llama a compartir el amor de Dios con aquellos que lo necesitan. Como norma del Juicio, la Ley mide el nivel de amor que la persona ha compartido con Dios y la humanidad. Cuando Cristo presida el Juicio Final, usará la Ley de amor de Dios, que es invariable, como la norma según la cual pronunciará las sentencias.

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo’. Aquí, otra vez, nuestro deber está claramente puesto delante de nosotros. ¿Cómo pueden los profesos seguidores de Cristo considerar tan livianamente estos mandatos inspirados? […]

“Conocemos muy poco nuestros corazones, y sentimos muy poco nuestra necesidad de la misericordia de Dios. Por esto la iglesia acaricia tan poco de esa dulce compasión que Jesús manifiesta hacia nosotros, y que debemos manifestar los unos hacia los otros. Debemos recordar que nuestros hermanos son mortales débiles y que yerran, como nosotros mismos. Supónganse que un hermano por falta de vigilancia fue vencido por una tentación y, contraria- mente a su conducta general, ha cometido algún error; ¿qué curso de acción deberíamos tomar hacia él? Aprendemos de la historia bíblica que los hombres a quienes Dios usó para hacer una obra grande y buena cometieron pe- cados graves. Dios no los dejó pasar sin reprenderlos, ni descartó a sus siervos. Cuando ellos se arrepintieron, él los perdonó con su gracia, y les reveló su presencia y actuó por medio de ellos. Permitan que los pobres y débiles mortales consideren cuán grande es su propia necesidad de lástima, y paciencia de Dios y de los hermanos. Que se cuiden de la manera en que juzgan y condenan a otros” (ST, 25 de enero de 1883).

 

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