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LECCION 4 – LA SALVACION – PARA EL 26 DE JULIO/2014

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Letra en roja: Biblia

Letra en Azul-Libros de la iglesia Adventista

Letra de este color: Contribución de SevenDay Radio

♥♥♥♥♥ Estudio de la lección sin contribución.                                                                         Muchas veces los días de estudio de la lección vienen tan fáciles de entender que no hay necesidad de agregar extra información. Otras veces ya son estudios que se comienzan a repetir, esto sucede especialmente a la finalización de cada trimestre. Cuando esto suceda le agregaremos 5 corazones y así usted sabrá que no fue necesario agregar información extra al estudio de ese día.

 

Este es un estudio libre, no hay derechos reservados. Usted lo puede estudiar, compartir, imprimir, distribuir.

Este Documento es subido al internet todos los días Domingos a las 6:00 AM hora de Madrid, España; 12 de la noche del día Sábado, hora del Este del los Estados Unidos.

Hemos cambiado un poco el formato de la lección para este trimestre. Estamos tratando de presentar la lección de la misma manera que aparece son  su folleto de Escuela Sabática y nuestra aportación en letra marrón o café obscuro. Siempre estamos tratando de presentar  lo mejor para usted.

Uno de los problemas mas comunes que escuchamos es la dificultad de encontrar la página en el internet. Esa dificultad nosotros mismo la hemos pasado.  La clave para que usted llegue a nuestra página es escribiendo todo el nombre sin espacios y agregándole la palabra “.com” al final, al hacerlo así el sistema lo va a llevar directamente a nuestra pagina, recuerde maestros es en plural.  ejemplo:      escuelasabaticamaestros.com


Lección 4: Para el 26 de julio de 2014

LA SALVACIÓN

Sábado 19 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 18:9-14; Juan 6:44; Lucas 15:3-10; Mateo 20:28; Juan 8:34-36; 6:35, 47-51.

PARA MEMORIZAR:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

“LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA”, solemos decir. Pero, no; la muerte es la negación de la vida, no parte de ella. Sin embargo, estamos tan acostumbrados a la muerte que la llamamos lo opuesto de lo que realmente es. No importa cómo la entendamos, algo es seguro: sin la ayuda divina, la muerte eterna sería el destino de todos nosotros.

Afortunadamente, esa ayuda ha venido. Dios, en su infinito amor, nos ofrece la salvación mediante Cristo. Cuando el ángel anunció el nacimiento del Mesías, lo llamó “Jesús” (de la palabra hebrea que significa salvación), “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mat. 1:21).

Esta semana consideraremos la obra salvadora de Jesús. Primero, nuestra atención se concentrará en la base de nuestra salvación, y luego en sus resultados.

La Biblia es clara. Tenemos solo dos opciones respecto de nuestros pecados: o pagamos por ellos en el lago de fuego o aceptamos que Cristo haya pagado por ellos en la cruz. Al repasar el generoso don de la gracia divina mediante Cristo, humildemente renovemos una vez más nuestra fe en Jesús como nuestro Salvador personal.

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Pensamiento del espíritu de profecía para este día:

Satanás presentaba a Dios como un ser egoísta y opresor, que lo pedía todo y no daba nada, que exigía el servicio de sus criaturas para su propia gloria, sin hacer ningún sacrificio para su bien. Pero el don de Cristo revela el corazón del Padre… Declara que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte. Habiendo emprendido nuestra redención no escatimará nada, por mucho que le cueste, de lo que sea necesario para la terminación de su obra. No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino. Se acumula un favor sobre otro, una dádiva sobre otra. Todo el tesoro del cielo está abierto a aquellos a quienes él trata de salvar. Habiendo reunido las riquezas del universo, y abierto los recursos de la potencia infinita, lo entrega todo en las manos de Cristo y dice: “Todas estas cosas son para el hombre. Usalas para convencerlo de que no hay mayor amor que el mío en la tierra o en el cielo. Amándome hallará su mayor felicidad”. – {DNC 22.3}

 


Domingo 20 de julio // Lección 4                                                                                                   

LA SALVACIÓN ES UN DON DE DIOS

En Juan 3:16 se usan dos verbos para describir lo que Dios hizo por nuestra salvación. ¿De qué modo se relacionan esos verbos entre sí? ¿Qué revelan respecto del origen de nuestra salvación?

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. San Juan 3

El verbo castellano amar, especialmente en la forma en que se usa en la actualidad, es totalmente inadecuado para expresar la profundidad del interés intenso y abnegado expresada por el verbo griego agapaō, “amar”. En el Nuevo Testamento, este término y el sustantivo relacionado, agapē (“amor”) revelan el constante y profundo amor de Dios hacia sus criaturas, que son totalmente indignas de ese amor. El amor es el atributo por excelencia del carácter de Dios. Él no solo nos ama, sino también él es amor (1 Juan 4:8).

El amor de Dios no es un impulso basado en sus sentimientos o preferencias. Su amor no es selectivo ni depende de lo que hacemos. Dios ama al mundo, es decir, a todos los seres humanos, incluyendo a aquellos que no lo aman a él.

El verdadero amor se conoce por las acciones que genera. A veces, como seres humanos, podemos decir que amamos a alguien mientras que nuestras acciones demuestran lo contrario (1 Juan 3:18). No ocurre así con Dios. Su amor se refleja en sus acciones. Por amor, dio a su único Hijo para nuestra salvación. Y, al hacerlo, nos dio todo lo que tenía.

Lee Lucas 18:9 al 14. ¿Qué nos enseña esta historia acerca de cuál debería ser nuestra actitud respecto de Dios y su gracia?

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:

10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.

11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.

13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.

14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Posiblemente, hemos leído tantas veces esta parábola que no nos sorprende el veredicto de Jesús: “Os digo que éste [el publicano] descendió a su casa justificado antes que el otro” (Luc. 18:14). Sin embargo, los que oyeron a Jesús cuando pronunció estas palabras debieron de haber quedado asombrados. ¿No era ese un final injusto?

Sí, era completamente inmerecido. Así es la salvación. Es un regalo de Dios. Los regalos no se ganan, simplemente se aceptan. No podemos comprar la salvación, solo recibirla. Aunque Jesús usó muy poco el término gracia, claramente enseñó que la salvación es por gracia; y gracia es recibir lo que no merecemos.

Si Dios te diera lo que mereces, ¿qué sería, y por qué?

27

Pensamiento del espíritu de profecía para este día:

Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan sólo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y, sin embargo, queda infinitamente más allá. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longura y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo a fin de que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente. Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia, y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento. Y alcanzaremos la bendición que Pablo deseaba para la iglesia de Efeso, cuando rogó: “El Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos.” [14] – {4TS 255.1} – 4TS 255.1

Después de éste párrafo del espíritu de profecía no sabemos que mas le podemos agregar…

 


 

Lección 4 // Lunes 21 de julio                                                                                                          

LA INICIATIVA DE DIOS EN LA SALVACIÓN

Una simple lectura de los evangelios muestra que debemos nuestra salvación totalmente a Dios. Jesús no vino a este mundo porque lo invitamos, sino porque el Padre, por amor a nosotros, lo envió. La iniciativa del Padre está confirmada por el uso frecuente que hizo Cristo de la frase “el que me envió” o “el Padre que me envió” (Juan 7:29; 8:29; 12:49).

¿Qué más hace el Padre por nuestra salvación, según Juan 6:44?

44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

A pesar de que somos pecadores y no amamos a Dios, él nos amó y proveyó los medios para que nuestros pecados fueran perdonados mediante su Hijo (1 Juan 4:10). Este amor maravilloso nos atrae a él.

Además del Padre, el Hijo también tiene un rol fundamental en nuestra salvación. Vino con una misión específica: “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Cada vez que lo contemplamos clavado en la cruz, nos atrae a sí mismo (Juan 12:32).

¿Cuán lejos está dispuesto a ir el Señor en sus esfuerzos por salvarnos? Lucas 15:3-10.

Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:

¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;

y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.

Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

Parábola de la moneda perdida

¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?

Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.

10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

Estas dos parábolas gemelas muestran que Dios no está esperando pasivamente que vayamos a él, sino que sale a buscarnos. No importa si estamos extraviados en un lugar peligroso y lejano, o estamos perdidos en casa, el Señor nos busca incansablemente hasta encontrarnos.

“Tan pronto como se extravía la oveja, el pastor se llena de pesar y ansiedad. Cuenta y recuenta el rebaño, y no dormita cuando descubre que se ha perdido una oveja. Deja las 99 dentro del aprisco y va en busca de la perdida. Cuanto más oscura y tempestuosa es la noche, y más peligroso el camino, tanto mayor es la ansiedad del pastor y más ferviente su búsqueda. Hace todos los esfuerzos posibles por encontrar a esa sola oveja perdida.

“Con cuánto alivio siente a la distancia su primer débil balido. Siguiendo el sonido, trepa por las alturas más empinadas, y va al mismo borde del precipicio con riesgo de su propia vida. Así la busca, mientras el balido, cada vez más débil, le indica que la oveja está por morir. Al fin es recompensado su esfuerzo; encuentra la perdida” (PVGM 146, 147).

28

Pensamiento del espíritu de profecía para este día:

Los judíos enseñaban que antes de que se extendiera el amor de Dios al pecador, éste debía arrepentirse. A su modo de ver, el arrepentimiento es una obra por la cual los hombres ganan el favor del cielo. Y éste fue el pensamiento que indujo a los fariseos a exclamar con asombro e ira: “Este a los pecadores recibe”. De acuerdo con sus ideas, no debía permitir que se le acercaran sino los que se habían arrepentido. Pero en la parábola de la oveja perdida, Cristo enseña que la salvación no se debe a nuestra búsqueda de Dios, sino a su búsqueda de nosotros. “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se apartaron”. [4] No nos arrepentimos para que Dios nos ame, sino que él nos revela su amor para que nos arrepintamos. – { – PVGM 147.4}
La parábola de la oveja extraviada debiera ser atesorada como lema en toda familia. El divino Pastor deja las noventa y nueve, y sale al desierto a buscar la perdida. Hay matorrales, pantanos, y grietas peligrosas en las rocas, y el Pastor sabe que si la oveja está en alguno de estos lugares, una mano amistosa debe ayudarle a salir. Mientras oye su balido lejano, hace frente a cualquier dificultad para salvar a su oveja perdida. Cuando la descubre, no la abruma con reproches. Se alegra de que la encontró viva. Con mano firme aunque suave, aparta las espinas, o la saca del barro; la alza tiernamente sobre sus hombros, y la lleva de vuelta al aprisco. El Redentor puro y sin pecado, lleva al ser pecaminoso e inmundo. – {2JT 407.1}
El que expía los pecados lleva la oveja contaminada; pero es tan preciosa su carga que se regocija, cantando: “Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.” Lucas 15:6. Considere cada uno de vosotros que su propia persona ha sido llevada sobre los hombros de Cristo. No albergue nadie un espíritu dominador, de justicia propia y criticón; porque ni una sola oveja habría entrado en el aprisco si el Pastor no hubiese emprendido la penosa búsqueda en el desierto. El hecho de que una oveja se había perdido bastaba para despertar la simpatía del Pastor, y hacerle emprender su búsqueda. – {2JT 407.2}
Este mundo diminuto fué escena de la encarnación y el sufrimiento del Hijo de Dios. Cristo no fué a los mundos que no habían caído, sino que vino a este mundo, todo mancillado y quemado por la maldición. La perspectiva no era favorable, sino muy desalentadora. Sin embargo, “no se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio.” Isaías 42:4. Debemos tener presente el gran gozo manifestado por el Pastor al recobrar la oveja perdida. Llama a sus vecinos y dice: “Dadme el parabién, porque he hallado la oveja que se había perdido.” Y por todo el cielo repercute la nota de gozo. El Padre mismo se regocija con canto por el alma rescatada. ¡Qué santo éxtasis de gozo se expresa en esta parábola! Y es nuestro privilegio participar de este gozo. – {2JT 407.3} – 2JT 407.1-3

 Comentando las tres parábolas

Parabolas                             La oveja perdida                 La Dracma perdida        El hijo pródigo

“Los Dueños:”                    El buen pastor                      La mujer                          El padre

“Los perdidos:”                  La oveja                                  La Dracma                      El hijo

¿Porqué se perdieron?      Ignorancia y Necedad       Descuido de la mujer      Por su propia                                                                                                                                             decisión

¿Tiene culpa de haberse perdido?

                                            Hasta cierto punto                       NO                                        SI

¿Saben que están perdidos?    SI                                          NO                                         SI

¿Saben que lo andan buscando?                                                                                                          

                                                        NO                                      NO                                        No

¿Saben como regresar?             NO                                       NO                                          SI

¿Saben que los hallaron?           SI                                        NO                                           SI

¿Buscador?                      El Buen Pastor                              La Mujer                               Nadie

¿Actitud al Encontrarla? Gozo-no reproche                Gozo -no reproche    Gozo-no reproche

¿Hubo Fiesta?                        Si                                                     Si                                        Si

Ahora vamos a darle una aplicación espiritual

¿A quién representa la oveja?
La oveja perdida representa al pecador individual.
La oveja está perdida, sabe que esta perdida, pero no sabe como encontrar el camino.
Muchas veces el humano cae en problemas que no encuentra salidas. Cualquier camino que tome la pierde más, no sabe para donde hacerse, la aflicción y la desesperación hacen presa de él.
Un ejemplo de esto puede ser aquellos que ha caído en los vicios de las drogas ó el alcohol. Sabe que tiene problemas, saben que necesitan ayuda, saben que necesitan salir de allí, saben de su condición, pero no saben como salir de su problema, no saben como encontrar el camino.
A estos buscó el buen Pastor.
Hay que notar que el pastor arriesgó 99 ovejas por salvar una sola oveja, esto nos enseña que si hubiera sido necesario, Cristo hubiera muerto por un sólo pecador.

La dracma perdida es muy interesante: no sabe que está perdida, no sabe que la andan buscando, no saben que la encontraron, y no sabe que hay fiesta por habérsela encontrado.
La Dracma perdida puede representar a varios tipos de personas.
Uno de ellos, son aquellos que viven en la obscuridad.
Pecadores extraviados y errantes.
La “mujer” prende una “lámpara” y barre diligentemente hasta encontrarlos.
Están escondidos por la oscuridad, por el polvo, se necesita un trabajo diligente y tenaz para poderlos rescatar.

La dracma perdida también puede representar a aquellos que serán salvos, sin saber nada de la Biblia, sin saber nada de la salvación, ni de Dios, ni del Salvador.
Un ejemplo de esto es la multitud de niños mártires, que fueron muertos por decisión de sus padre, por la causa de Jesús.
No saben que nacieron en un mundo perdido, no saben que los buscaban, no saben que los encontraron, y no saben que hay fiesta por ellos, pero son salvos.
Otros podrían ser muchos que vivieron en el oscurantismo, no tuvieron la Biblia, no supieron nada de la salvación ni del Salvador, no conocieron a Dios ni su ley;  pero fueron “leyes a sí mismos”

Romanos 2
14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, no teniendo ley, son ley a sí mismos,
15 mostrando ellos, la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia y sus pensamientos, acusándose o aun excusándose unos a otros,

Jesús se bautizó por dos razones fundamentales;
La primera es para darnos el ejemplo
La segunda es por causa de aquellos que no lo pudieron hacer.
Un ejemplo de esto, es el ladrón en la cruz.

Esta carta es de un soldado de 19 años que le escribió a Dios antes de ser encontrado muerto. Murió en la guerra de Vietnam

“Mira Dios, yo nunca te he hablado, pero en este momento te quiero preguntar ¿Como estás tú?
¿Sabes? Me dijeron que tú no existes, y como un necio, yo siempre lo creí.
Pero la noche pasada mientras estaba en el cráter que dejó una bomba, me puse a contemplar el cielo y tomé tiempo para ver las estrellas, y quedé impresionado, tuve la impresión de que tú estabas allí , y allí mismo me di cuenta que me habían mentido.
Me estuve preguntando; ¿Si te pudiera ver; podrías saludarme a mi con un apretón de mano?, por cualquier razón siento que tú me comprendes.
Extrañamente he venido a este lugar infernal, para poder contemplar lo celestial.
Bueno, creo que no tengo mucho que decir, pero estoy seguro de que esta noche te he conocido.
La hora cero vendrá pronto, pero no tengo temor por que te siento cerca.
Señor ya dieron la señal, tengo que irme, solo quiero que sepas que siento que te amo.
Parece que ésta noche la lucha será terrible,  quién sabe si yo estaré tocando esta noche a tu puerta, a pesar que no fui amigable contigo antes, si llego ésta noche a tu casa; ¿Crees que me puedes esperar a tu puerta?
Mira, estoy llorando, hubiera deseado conocerte años atrás.
Bueno, Dios, me tengo que ir, adiós.

Extrañamente ahora que he hablado contigo, no le tengo miedo a la muerte.

El hijo pródigo.
La parábola del hijo pródigo es diferente a las primeras dos.
En la oveja perdida, y la dracma perdida; se ve el esfuerzo del pastor y de la mujer en la búsqueda de ellos.
En el hijo pródigo se ve el esfuerzo ó las decisiones que el humano tiene que tomar para estar bien con Dios.
El hijo pródigo representa al grupo de personas que están en la iglesia, y por cualquier razón se alejan. Son personas que creen que en la iglesia no hay libertad, y miran las cosas del mundo con curiosidad y envidia.
A veces se agarran del mas mínimo problema, como una razón para alejarse de la iglesia.
La mayoría de estos casos pasan con las personas que han nacido en el evangelio, quienes quieren probar el mundo y se van.
Estas personas regresan cuando “vuelven en si”
La mayoría de veces tiene que pasar algún suceso fuerte en sus vidas; algo grande que los estremezcan para que se den cuenta de su situación.
Son raras veces que estas personas vuelven a la iglesia por la visita ó amonestación de algún hermano ó pastor de la iglesia.
Ellos ya conocen la casa del padre, de las abundancias, de las riquezas, de la seguridad, conocen el camino, saben como volver, sólo necesitan tener el valor y la decisión de regresar.

Para recalcar, en ninguna de las parábolas hubo reproches, al contrario hubo gozo, y después fiesta.


Martes 22 de julio // Lección 4                                                                                                        

LA SALVACIÓN REQUIRIÓ LA MUERTE DE CRISTO

Juan el Bautista describió a Jesús como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Esta imagen era fácil de entender para cualquier israelita familiarizado con los sacrificios ofrecidos en el Templo, y con la historia registrada en el Antiguo Testamento. Abraham reveló fe en que “Dios se proveerá de cordero para el holocausto”; y el Señor proveyó el animal para ser sacrificado en lugar de Isaac (Gén. 22:8, 13). En Egipto, los israelitas sacrificaron un cordero como un símbolo de su liberación divina de la esclavitud del pecado (Éxo. 12:1-13). Posteriormente, cuando se estableció el servicio del Santuario, se sacrificaban dos corderos cada día, continuamente: uno en la mañana y otro al atardecer (Éxo. 29:38, 39). Todos estos sacrificios eran símbolos del Mesías que habría de venir, quien “como cordero fue llevado al matadero” porque “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6, 7). Por lo tanto, al presentar a Jesús como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, Juan el Bautista estaba revelando la naturaleza sustitutiva de la muerte expiatoria de Cristo.

Durante su ministerio, Jesús anunció repetidamente su muerte, aunque, para los discípulos, era difícil entender por qué tenía que morir él (Mat. 16:22). Gradualmente, Jesús les explicó el gran propósito de su muerte.

¿Qué ilustraciones usó Jesús para indicar que él moriría como nuestro Sustituto? Mat. 20:28; Juan 10:11.

“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13), incluso si ellos no entienden o no aceptan ese sacrificio. En la cruz, Jesús derramó su sangre “por muchos […] para remisión de los pecados” (Mat. 26:28).

Es importante notar que Jesús murió voluntariamente. Como el Padre dio a su único Hijo, así también el Hijo dio su propia vida para redimir a la raza humana. Nadie lo obligó a hacerlo. “Nadie me la quita [mi vida], sino que yo de mí mismo la pongo”, declaró Jesús (Juan 10:18).

Hasta Caifás, que rechazó abiertamente a Jesús y dirigió el complot para matarlo, reconoció involuntariamente la muerte sustitutiva de Jesús (Juan 11:49-51).

Piensa en cuánta ingratitud tienen los seres humanos hacia Dios y lo que él nos ha dado en Cristo. ¿Qué podemos hacer para no caer en esa trampa? ¿Por qué es tan fácil ser ingratos, especialmente al vivir momentos difíciles?

29

Pensamiento del espíritu de profecía para este día:

Acuda el alma a Jesús. “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. Nadie será forzado a acudir a Jesús, pero la voz de la invitación resuena suplicando anhelosa: “Mirad, y vivid”. Acudiendo a Cristo, veremos que su amor es sin paralelo, que ha tomado el lugar del culpable pecador y le ha imputado su justicia inmaculada. Cuando el pecador ve a su Salvador muriendo en la cruz, en su lugar, bajo la maldición del pecado, al contemplar su amor perdonador, el amor se despierta en su corazón. El pecador ama a Cristo porque Cristo primero lo ha amado a él, y el amor es el cumplimiento de la ley. El alma arrepentida comprende que Dios “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. El Espíritu de Dios actúa en el alma del creyente, capacitándolo para seguir progresando en su obediencia, incrementando su fortaleza, avanzando de gracia en gracia en Jesucristo. – {1MS 439.2}
Dios condena justicieramente a todo el que no hace de Cristo su Salvador personal, pero perdona a cada alma que acude a él con fe, y la capacita para realizar las obras de Dios y para ser una con Cristo por la fe. Jesús dice de tales personas: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad [esta unidad proporciona perfección de carácter], para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17:23. El Señor ha provisto todo lo necesario para que el hombre pueda alcanzar la salvación plena y gratuita, y sea completo en él. El propósito de Dios es que sus hijos tengan los brillantes rayos del Sol de justicia, que todos tengan la luz de la verdad. Dios ha proporcionado la salvación al mundo a un costo infinito, nada menos que la dádiva de su Hijo unigénito. El apóstol pregunta: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” Romanos 8:32. Por lo tanto, si no somos salvados, la falta no será de Dios, sino nuestra por haber dejado de cooperar con los instrumentos divinos. Nuestra voluntad no ha coincidido con la voluntad de Dios. – {1MS 440.1} – 1MS 439-440

HEMATOHIDROSIS: Alrededor de las glándulas que producen el sudor, hay múltiples vasos capilares que entre todos ellos se unen y forman como una red alrededor de la glándula. Bajo el estrés extremo estos vasos capilares se dilatan hasta llegar al punto de romperse y cuando esto sucede la sangre pasa a la glándula sudorífica,  la glándula misma empuja la sangre hacia el exterior de la piel, saliendo del cuerpo gotas de sangre mezcladas con sudor. Estos casos médicos son extremadamente raros pero se han dado en la historia del mundo y la mayoría de ellos están relacionados con estrés ó aflicciones extremas.

Jesucristo estaba sufriendo una de las agonías mas intensas que cualquier humano pudo haber sufrido en la historia del universo. Todos los pecados, las aflicciones, los problemas, los complejos, las desdichas y desgracias de la humanidad entera se habían depositados sobre él, la aflicción de sentir  la separación de su Padre y sentir la ira de su Padre sobre el pecado, causaba una de las angustias mas difíciles de llevar. El acto de enfrentar la pena capital mas temida de ese tiempo, y saber que él mismo, siendo él, el Autor de la vida tenía que despojarse de ella, causó un temor indescriptible. Esa noche en el Getsemaní pudo haber muerto de hemorragia, fue el ángel Gabriel quién le ayudó durante esa noche agónica, para tener al día siguiente muerte, y muerte de de cruz.

En la cruz, su costado fue traspasado, brotando sangre y agua al mismo tiempo. Este es un síntoma de una persona que está sufriendo de bajo volumen de sangre. (ataque hypovoloménico)  Hay varios síntomas para una persona que está sufriendo de bajo volumen de sangre. El primero es el aceleramiento del corazón debido que el corazón está tratando de bombear al cuerpo una sangre que no existe. El segundo es que una persona puede desmayarse. El tercero es que los riñones paran de funcionar para preservar fluidos y  el cuarto síntoma la persona puede sufrir de sed debido a la necesidad del cuerpo de recuperar los líquidos perdidos. Cristo dio pruebas de sufrir una ataque hypovoloménico: se desmayo bajo el peso de la cruz,  cuando estaba colgando en la cruz dijo que tenía sed, y de su costado broto sangre y agua.

Una Persona que está sufriendo un ataque hypovoloménico, justo antes de morir acumula líquidos en el compartimento del corazón y de los pulmones debido al aceleramiento que sufre el corazón. Cuando Jesús murió un soldado romano perforó su costado brotando los dos líquidos diferentes.

Cristo; con su poder, pudo haber hecho cualquier cosa para no pasar por éste momento. Pudo haber desaparecido, pudo haberse negado a morir en la cruz, el Padre lo hubiera recibido sin ningún problema ya que el morir era voluntario, pudo haber hecho su piel impenetrable, se pudo haber anestesiado para no sentir dolor; pero no lo hizo.

3-Despreciado , y el desecho de los hombres, varón de dolores, y que sabe lo que es padecer; y su rostro como cubierto de verguenza y afrentado; por lo que no hicimos ningun caso de él. 4- Es verdad que él mismo tomó sobre sí nuestras dolencias y pecados, y cargó con nuestras penalidades; pero nosotros le reputamos como un leproso, y como un hombre herido de la mano de Dios y humillado. 5-Siendo así que por causa de nuestras iniquidades fue él llagado, y despedazdo por nuestras maldades; el castigo de que debía nacer nuestra paz con Dios descargo sobre él, y con sus cardenales fuimos nosotros curados. Isaias 53         Torres-Amat


 

Lección 4 // Miércoles 23 de julio

LIBRES DEL PECADO

Sin Cristo, éramos esclavos del pecado, esclavos de los malos impulsos de nuestra naturaleza humana caída. Vivíamos egoístamente, complaciéndonos a nosotros mismos, en lugar de vivir para la gloria de Dios. El resultado inevitable de esta esclavitud espiritual es la muerte, porque la paga del pecado es muerte (Rom. 6:16-23).

Pero, Jesús vino “a pregonar libertad a los cautivos […] a poner en libertad a los oprimidos” (Luc 4:18). No cautivos literales, sino prisioneros espirituales de Satanás (Mar. 5:1-20; Luc. 8:1, 2). Jesús no libró a Juan el Bautista de la prisión de Herodes, pero sí libró a los que estaban esclavizados por vidas pecaminosas, quitándoles la pesada carga de culpabilidad y condenación eterna.

¿Qué grandiosa promesa se encuentra en Juan 8:34 al 36?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.

36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

El uso de la palabra verdaderamente (vers. 36) muestra que existe una libertad falsa, que en realidad aprisiona a los seres humanos en la desobediencia a Dios. Los oyentes de Jesús confiaban en ser descendientes de Abraham como la base de su esperanza de libertad. Nosotros corremos el mismo riesgo. El enemigo quiere que, para nuestra salvación, confiemos en cualquier cosa (tal como nuestro conocimiento doctrinal, nuestra piedad personal o nuestro servicio a Dios) menos en Cristo. Pero, ninguna de estas cosas, por importante que sea, tiene el poder para librarnos del pecado y su condenación. El único Libertador verdadero es el Hijo, que nunca fue esclavo del pecado.

Jesús se gozaba en perdonar pecados. Cuando le trajeron un paralítico, él sabía que ese hombre estaba enfermo como resultado de su vida disoluta, pero también sabía que estaba arrepentido. En sus ojos suplicantes vio el anhelo de su corazón por perdón y su fe en Jesús como su único Ayudador. Tiernamente, le dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mar. 2:5). Aquellas fueron las palabras más dulces que ese hombre haya escuchado alguna vez. La carga de desesperación desapareció de su mente y la paz del perdón llenó su espíritu. En Cristo, encontró curación espiritual y física.

En la casa de un fariseo, una mujer pecadora bañó con lágrimas los pies de Jesús y los ungió con perfume (Luc. 7:37, 38). Percibiendo la desaprobación del fariseo, Jesús le explicó que “sus muchos pecados le son perdonados” (Luc. 7:47). Entonces, dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados” (Luc. 7:48).

“Tus pecados te son perdonados”. ¿Por qué estas son las mejores palabras que podríamos escuchar?

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Pensamiento del espíritu de profecía para este día:

Cristo ha prometido enviarnos el Consolador, cuya obra es establecer el reino de Dios en el alma. Si se han hecho abundantes provisiones de misericordia, gracia y paz, ¿por qué los seres humanos actúan como si consideraran la verdad como un yugo de esclavitud? Es porque el corazón no ha probado ni visto cuán bueno es el Señor. Algunos piensan que la verdad de la Palabra de Dios es una cadena. Pero es la verdad la que libera a los hombres. Por consiguiente, si la verdad nos hace libres, somos realmente libres. La verdad aparta al hombre de sus pecados, de sus tendencias heredadas y cultivadas hacia el mal. El alma que aprecia el amor de Cristo es colmada de libertad, luz y gozo. En un alma así no hay pensamientos divididos. El ser entero anhela a Dios. No va tras los hombres para conocer su deber sino a Cristo, la fuente de toda sabiduría. Busca la Palabra de Dios para encontrar las normas que debe alcanzar. – {RJ 106.4}
¿Podremos encontrar alguna vez algún guía más seguro que Jesús? La verdadera religión consiste en estar bajo la conducción del Santo en pensamiento, palabra y obra. El, que es el camino, la verdad y la vida, toma al buscador humilde, ferviente, completamente entregado, y le dice: “Sígueme”. Lo conduce por el estrecho sendero hacia la santidad y el cielo. Cristo abrió este sendero para nosotros a gran costo para sí mismo, y no somos abandonados en nuestros caminos oscuros para que tropecemos. Jesús está a nuestra diestra, proclamando: Yo soy el camino; y todos los que decidan seguir al Señor serán guiados en el sendero real preparado para que los rescatados del Señor caminen por él… – {RJ 106.5} – RJ 106.4-5

Entre uno de los errores que se predican hoy en día es la creencia que para recibir el amor, el perdón, ó el beneplácito de Dios, primeramente tenemos que arrepentirnos. Nosotros, los humanos tanto usted como yo tenemos el mismo pensamiento y aún más, pasamos a poner en  acción éste pensamiento.

Piense por un momento en ese pecado, en ese vicio, en ese pensamiento secreto que le ha venido afectando desde su infancia, ó quizás desde su juventud, ó quizás desde algún tiempo corto atrás. ¿Que cuesta vencerlo, no es cierto? Cuantas veces ha luchado por no caer en el, son tantas las veces que se ha propuesto no volver a caer en el, y muchas veces lo ha logrado por días, por semanas, por meses y quizás por años, y el día menos esperado vuelve a caer. ¡Que decepción, que fracaso, que tristeza! Siente que no vale, ni sirve para nada. No se quiere acercar a Dios, no quiere orar, no quieres estudiar la Biblia, no quiere participar en la iglesia, y muchas veces no quiere ni asistir a la iglesia. Necesita darse un tiempo para probarle a Dios que usted lo va intentar de nuevo y que  puede vencer de nuevo ese problema. ¿Se dió cuenta? Hemos aprendido inconscientemente que para recibir el amor de Dios ó el perdón de Dios, primero tenemos que mostrarle a Dios que somos capaces y que nos hemos arrepentido de nuestras malas acciones para entonces poder recibir de él su amor, su perdón y su bendición.

La gran noticia es que en el plan de salvación de Dios para el hombre, el sistema de Dios trabaja al contrario de lo que nosotros hacemos.  “Dios nos amó primero”; Debido a que Dios ya nos dio la salvación, es la razón para que nosotros nos arrepintamos de nuestro mal proceder, debido a que cuando usted y yo nacimos, Jesús ya había muerto en la cruz para salvarnos, esa sería la mas fuerte razón de nuestros arrepentimiento.

Usted y yo no vamos a recibir el perdón de Dios, el amor de Dios ó las bendiciones de Dios debido a nuestro arrepentimiento. No, es todo lo contrario, debido a que recibimos de parte de Dios el perdón, el amor y todas sus bendiciones por adelantado, eso tendría que hacer nacer un amor especial en mi hacia Dios y llevarme al arrepentimiento.

Personalmente, uno de los dones que no tengo es “ir a tocar puertas” para predicar la Palabra de Dios. Hace años fui invitado a hacerlo, y la persona que me invitó era un “aguerrido tocador de puertas.” A la primera casa que llegamos, el dueño de la casa nos abrió con tanta alegría después de haber estado observándonos por la ventana. Nos invitó a pasar, nos dio agua para tomar e inmediatamente con una alegría casí indescriptible trajo a toda su familia; muy numerosa dicho sea de paso, para ésta reunión.

Después que nos presentamos, el se sonrió y dijo que nos había estado esperando por muchos años. Mi asombro creció mas cuando dijo que él a mi ya me conocía por que Dios me había presentado a él en un sueño. Ahora se cambió toda la historia, ahora era yo el que estaba con curiosidad, ahora yo era el que quería escuchar lo que Dios había hecho en la vida de éste hombre  y sin perder tiempo el nos comenzó a contar su testimonio.

Era pescador, y un día mientras pescaba sus pies se enredaron en una planta acuática e inmediatamente comenzó a hundirse en las profundidades del río. Con su experiencia en las aguas, trato de liberarse manteniendo la calma hasta que llegó el momento en que se dio cuenta que su muerte sería una realidad dentro de unos cuantos segundos. Fue allí donde clamo a Dios por primera vez con seriedad y angustia en su vida. -El nos contaba- que después de su pedido sintió como una mano que con mucha fuerza lo sacó hasta la orilla del río y allí quedó tendido mientras era auxiliado por sus compañeros. El supo que era un milagro y comenzó a preguntar a Dios que era lo que tenía que hacer y fue donde recibió el sueño de unas personas que lo visitarían y le enseñarían lo que se tenía que hacer.

La última vez que lo vi, me di cuenta que ya había llevado a la iglesia mas de 35 personas incluyendo familia, familiares y amigos. El se arrepintió y se entregó a Dios, por que Dios lo amó primero, cuando el nació ya Dios lo amaba, cuando el fue salvado de morir en el río es por que Dios lo amaba, Jesús murió por nuestro hermano por que  Dios lo amaba y como resultado de ese amor él entrega su vida a Dios.

Cuando tu y yo nos arrepentimos, no es para conseguir perdón y amor y salvación, eso ya lo hizo Dios por ti y por mi. Cuando nos arrepentimos es el resultado de la gratitud hacia Dios por su amor, por sus bendiciones y por el gran sacrificio hecho en la cruz.

 


 

Jueves 24 de julio // Lección 4                                                                                                        

CRISTO NOS DA VIDA ETERNA

Debido a nuestros pecados, merecemos morir. Pero Cristo tomó nuestro lugar en la cruz y pagó la sentencia de muerte que pesaba sobre nosotros. ¡Qué maravilloso intercambio! Él, que era completamente inocente, tomó sobre sí nuestra culpa y recibió nuestro castigo para que nosotros, que somos totalmente pecadores, pudiéramos ser declarados inocentes. Por medio de él, en lugar de perecer, recibimos vida eterna. Cristo murió “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:15).

Algunos piensan que, aun después de aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal, la promesa de vida eterna recién será válida después de la segunda venida. Sin embargo, la promesa de salvación está expresada en tiempo presente: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36). Todo el que cree en Cristo “tiene vida eterna” ahora, “y no vendrá a condenación” en el día final, sino que “ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Incluso si morimos y descansamos en la tumba, este descanso temporario no nos quita la realidad de la vida eterna.

Cuando Jesús llega a ser nuestro Salvador, nuestra vida adquiere un significado completamente nuevo, y podemos disfrutar una vida más rica y plena. “Yo he venido”, dijo Jesús, “para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). En lugar de los placeres mundanos transitorios, que nos hartan sin satisfacernos en verdad, él nos ofrece una vida totalmente diferente, llena de satisfacción inagotable en él. Esta nueva vida abundante incluye todo nuestro ser. Jesús realizó numerosos milagros para restaurar la vida física de muchas personas; pero, sobre todo, él quería darles una vida espiritual reno- vada, limpia del pecado, y llena de fe en él y de la certeza de la salvación.

¿Qué metáfora usó Jesús para expresar los resultados de aceptarlo? ¿Qué significa eso en nuestra vida diaria práctica? Juan 6:35, 47-51.

35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

48 Yo soy el pan de vida.

49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.

51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

 

Medita en el concepto de vida eterna. No es solo una existencia imperecedera, sino sobre todo una vida bendecida y feliz en amante comunión con Dios en la Tierra Nueva. Aunque todavía estamos viviendo en este mundo, ¿cómo podemos comenzar a disfrutar, aunque sea parcialmente, lo que significa tener vida eterna?

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Pensamiento del espíritu de profecía para este día:

Lo que bendecirá a la humanidad es la vida espiritual. El que está en armonía con Dios, depene son participantes de la humildad, la pureza y el amor de Cristo, se gozarán en Dios, y esparcirán luz y alegría a todo su alrededor. El pensamiento de que Cristo murió para conseguirnos el don de la vida eterna, basta para poner de manifiesto en nuestro corazón la gratitud más sincera y ferviente, y obtener de nuestros labios la alabanza más entusiasta. Las promesas de Dios son ricas, plenas y gratuitas. Cualquiera que, en la fortaleza de Cristo, cumpla con los requisitos, podrá reclamar estas promesas con toda su riqueza de bendición como propias. Y al recibir abundante provisión del almacén de Dios, podrá, en el viaje de la vida, “andar como es digno del Señor, agradándole en todo”, bendiciendo a sus semejantes y honrando a Dios con su ejemplo piadoso. Mientras nuestro Salvador previene a sus seguidores con la advertencia: “Sin mí nada podéis hacer”, ha unido a ella para nuestro estímulo la grata seguridad de que “el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto”.—The Review and Herald, 20 de septiembre de 1881. – {HHD 329.3} 

 

Lección 4 // Viernes 25 de julio                                                                                                      

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “La más urgente necesidad del hombre”, El camino a Cristo pp. 15-20 ; y “El tema presentado en 1883”, Mensajes selectos, t. 1, pp. 411-414.

“Contemplando al Redentor crucificado, comprendemos más plenamente la magnitud y el significado del sacrificio hecho por la Majestad del cielo. El plan de salvación queda glorificado delante de nosotros, y el pensamiento del Calvario despierta emociones vivas y sagradas en nuestro corazón. Habrá alabanza a Dios y al Cordero en nuestro corazón y en nuestros labios, porque el orgullo y la adoración del yo no pueden florecer en el alma que mantiene frescas en su memoria las escenas del Calvario.

“Los pensamientos del que contempla el amor sin par del Salvador se elevarán, su corazón se purificará, su carácter se transformará. Saldrá a ser una luz para el mundo, a reflejar en cierto grado ese misterioso amor. Cuanto más contemplemos la cruz de Cristo, más plenamente adoptaremos el lenguaje del apóstol cuando dijo: ‘Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo’” (DTG 616).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. La salvación es un regalo, es un don gratuito. Al mismo tiempo, ¿no cuesta algo? ¿Qué cuesta aceptar este don? Cualquiera que sea el costo, ¿por qué vale la pena aceptarlo?

2. El lunes leímos textos que muestran que la salvación es el resultado de la iniciativa de Dios. Él hace todo esfuerzo posible para salvarnos. No obstante, Jesús también dijo que nosotros necesitamos buscar el Reino de Dios y su justicia (Mat. 6:33). Sus palabras: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Luc. 13:24) implican que necesitamos buscar nuestra salvación. ¿Cómo explicamos esto?

3. ¿De qué forma la muerte de Cristo en la cruz revela la justicia de Dios? ¿De qué manera revela también la misericordia de Dios?

4. Si pudiéramos ganarnos la vida eterna mediante nuestros propios esfuerzos y buenas acciones, incluso nuestra propia observancia de la Ley, ¿qué significaría eso respecto de la seriedad del pecado? En lugar de eso, piensa en cuán malo debe ser el pecado que solamente la muerte de Jesús puede pagar por él.

5. Los judíos religiosos ven en el sábado un anticipo de lo que será la vida eterna. ¿De qué modo la idea de que el sábado prefigura la vida eterna es razonable?

 

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