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LECCION #5 – COMO SER SALVOS – PARA EL 2 DE AGOSTO/2014

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Letra en roja: Biblia

Letra en Azul-Libros de la iglesia Adventista

Letra de este color: Contribución de SevenDay Radio

♥♥♥♥♥ Estudio de la lección sin contribución.                                                                         Muchas veces los días de estudio de la lección vienen tan fáciles de entender que no hay necesidad de agregar extra información. Otras veces ya son estudios que se comienzan a repetir, esto sucede especialmente a la finalización de cada trimestre. Cuando esto suceda le agregaremos 5 corazones y así usted sabrá que no fue necesario agregar información extra al estudio de ese día.

Este es un estudio libre, no hay derechos reservados. Usted lo puede estudiar, compartir, imprimir, distribuir.

 

 

Lección 5: Para el 2 de agosto de 2014

CÓMO SER SALVO

Sábado 26 de julio                                                                                                                                                              

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 5:27-32; 13:1-5; Mateo 22:2- 14; Zacarías 3:1-5; Juan 8:30, 31; Lucas 14:25-27.

PARA MEMORIZAR:
“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:14, 15).

CUANDO LOS ISRAELITAS COMENZARON A SER MORDIDOS por las serpientes en el desierto, Dios dijo a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la colocase en un asta, para que todo el que fuera mordido pudiese mirarla, y vivir.                    ¿Qué propiedades curativas puede tener una serpiente de bronce? Ninguna. La curación venía solo de Dios. Mirando la serpiente de bronce, los israelitas demostraban fe en Dios como su única esperanza de vida y salvación.

Dios quería enseñarles una lección espiritual. Paradójicamente, transformó un símbolo de muerte en un símbolo de vida. Aquella serpiente de bronce era un símbolo de Cristo, que cargó con nuestros pecados para salvarnos (2 Cor. 5:21). Por fe podemos mirar a Cristo en la cruz y encontrar curación de la mordedura mortal de la serpiente antigua, Satanás. En caso contrario, estamos destinados a morir en nuestros pecados. Somos pecadores necesitados de la gracia que se nos ha ofrecido en Cristo Jesús.

Esta semana consideraremos las enseñanzas de Jesús con respecto a los sencillos pasos prácticos para ser salvos.

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El estudio de  esta semana esta hablando de los pasos para la salvación. Los pasos son: RECONOCIMIENTO – ARREPENTIMIENTO – CREER – ACEPTAR  – SEGUIR

Hay que recalcar que no hay un patrón de pasos determinados a seguir para alcanzar la salvación. Hay personas que vienen a la iglesia y se encuentran con Dios, por diferentes motivos, entre ellos pueden ser: una curiosidad – una invitación – una novia(o) – una enfermedad – una necesidad – una ultima esperanza – un interés personal ó comercial – desesperación – etc. Hay personas que se han acercado a la iglesia con la idea de cometer un crimen, en el proceso Dios interviene y al final se terminan quedándose  en la iglesia. Las personas que hemos nacidos en la iglesia comenzamos siguiendo a Jesús y después vienen lo siguientes pasos en orden diferentes. No hay una orden de pasos a seguir para la salvación, pero una cosa tenemos que estar seguros, es que la mayoría de nosotros necesitamos estos cinco pasos para la salvación no importando el orden de ellos. 

“Debe realizarse una obra en nosotros. Permanentemente debemos rendir nuestra voluntad a la voluntad de Dios, nuestro camino al suyo. Nuestras ideas personales lucharan  constantemente por obtener la supremacía , pero debemos hacer de Dios el todo y en todo. No estamos libres de las flaquezas de la humanidad pero debemos esmerarnos continuamente para liberarnos de ellas, no para ser perfectos según nuestra propia manera de ver; sino perfectos en toda buena obra. No debemos morar en el lado oscuro.” {Alza tus ojos, p.219}

 


 

Lección 5 // Domingo 27 de julio                                                                                                                                         

RECONOCER NUESTRA NECESIDAD

Lee Lucas 5:27 al 32. ¿Cómo puedes saber a qué grupo perteneces?

27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.

28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.

29 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos.

30 Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Hay muchas personas sanas físicamente que “no tienen necesidad de médico”. ¿Quién, sin embargo, está realmente sano espiritualmente? De todos los seres humanos, “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Sal. 14:3); nadie es justo por sí mismo (Rom. 3:10). Podemos realizar algunas acciones moralmente buenas, pero no podemos hacernos justos ante Dios. Por eso, al decir que no había venido “a llamar a justos”, Jesús se estaba refiriendo a los fariseos, que pensaban que eran justos si bien no lo eran. Lamentablemente, aunque pensaban que estaban bien con Dios, estaban ciegos espiritualmente (Juan 9:40, 41).

40 Algunos de los fariseos que estaban con El oyeron esto y le dijeron: ¿Acaso nosotros también somos ciegos? 41 Jesús les dijo: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero ahora, porque decís: “Vemos”, vuestro pecado permanece.

El primer paso para recibir la curación del pecado es reconocer nuestra condición de pecadores y nuestra total incapacidad para sanarnos a nosotros mismos. Pero ¿cómo podemos ver nuestra necesidad real si estamos ciegos? ¿De qué manera podemos reconocer que somos pecadores si son, precisamente, nuestros pecados lo que nos impide percibir nuestra verdadera condición?

¿De qué forma pueden ser abiertos nuestros ojos espirituales de modo que reconozcamos nuestra desesperada necesidad de un Salvador? Juan 16:8.

Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

El único colirio que puede hacernos ver nuestro estado espiritual es el Espíritu Santo. Antes que cualquier otra obra que él pueda hacer por nosotros, tiene que convencernos de pecado. Persistentemente, llama a nuestra conciencia a fin de producir en nosotros una percepción ineludible de nuestros pecados y un profundo sentido de culpabilidad, que nos inducirá a anhelar un Salvador. Cuando escuchamos ese llamado, debemos obedecerlo; de otra manera, tarde o temprano, nos endureceremos contra el Espíritu Santo de tal modo que no habrá nada que pueda hacer por nosotros. ¡Qué pensamiento aterrador!

Aunque la culpa a menudo es algo malo, ¿de qué manera el Espíritu Santo ha podido usarla para tu propio crecimiento espiritual?

 

Uno de los problemas del cristianismo moderno es la autosuficiencia, muchas veces creemos que debido a una buena obra ó un sacrificio que hemos hecho, Dios está obligado a darnos bendiciones, perdón y salvación.

Hay personas que piensan que debido a que oraron y ayunaron con fervor, Dios ahora tiene una obligación de bendición con el que hizo el sacrificio. Otros piensan que Dios está obligado con ellos debido a los diezmos y las ofrendas que entregan a la iglesia. Otros creen que son los niños bonitos de Dios por que dan conferencias evangelísticas donde se bautizan una buena cantidad de personas. Otros creen que al construir iglesias y estructuras importantes para la obra ya entraron a un grupo especial favorecido por Dios.

A veces se elevan oraciones donde se confunde lo que es la fe con la exigencia. Muchas veces se escuchan personas orando a Dios de tal manera que pareciera que Dios es un esclavo, sin ninguna oportunidad de escaparse de nuestras exigencias y demandas.

No nos equivoquemos; Dios nos da la vida, el sustento, el perdón y la salvación por amor.

Todas nuestras acciones por sublimes, grandes y monumentales que sean no tienen méritos para reclamar algún favor de Dios, todo lo que Dios nos da; desde el sustento hasta la vida eterna lo hace simple y sencillamente por amor, por misericordia, por gracia y por su promesa.

No podemos hacer nada, absolutamente nada para ganar el favor divino. No debemos confiar absolutamente en nosotros mismos ni en nuestras buenas obras. Sin embargo, cuando vamos a Cristo como seres falibles y pecaminosos, podemos hallar descanso en su amor. Dios aceptará a cada uno que acude a él confiando plenamente en los méritos de un Salvador crucificado. El amor surge del corazón. Puede no haber un éxtasis de sentimientos, pero hay una confianza pacífica permanente. Toda carga se hace liviana, pues es fácil el yugo que impone Cristo. El deber se convierte en una delicia, y el sacrificio en un placer. La senda que antes parecía envuelta en tinieblas se hace brillante con los rayos del Sol de Justicia. Esto es caminar en la luz como Cristo está en la luz. [1] – {CPI 86.3} – CPI 86.1-3

De todos los pecados, el mas incurable es el orgullo, la suficiencia propia. Detiene todo avance y crecimiento en la gracia. Ha causado la ruina de miles y miles de almas. Alguien puede ser un gran pecador, pero si comprende que ha pecado contra Dios, si se arrepiente y confiesa su pecado, y restituye a quien ha dañado, recibirá el perdón. 

Pero cuando alguien está lleno de suficiencia propia que no puede ver sus faltas, ¿Cómo puede ser limpio de su pecado? ¿Cómo puede mejorar si piensa que es perfecto en todos sus caminos? La suficiencia propia fue la ruina de todos los dirigentes de Israel. No aceptaban a Cristo por que pensaban que no necesitaban a un Salvador; no reconocían sus pecados acariciados, ni creían que debía arrepentirse para ser perdonados.

Muchos cristianos tienen tal suficiencia propia que no sienten la necesidad que Cristo more en sus corazones. Y no solo ellos sufren una gran pérdida sino el mundo, que debería ver la luz que iluminaría las tinieblas del error reflejada a través de ellos. En lugar de mostrar a Cristo, muestran su pobre y egoísta humanidad.

Algunos sienten que ya no necesitan nada mas en su experiencia cristiana. Creen que “son ricos, y están enriquecidos, y de ninguna cosa tienen necesidad”. Pero si vieran como Dios los ve, se darían cuenta que son “desventurados, pobres, ciegos y desnudos” A los tales, el “Testigo Fiel y Verdadero” les dice: 1Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Apocalipsis 3   {Sign of the times, Abril 9- 1902}

 

 


 

Lunes 28 de julio // Lección 5                                                                                                                                              

ARREPENTIRSE

El reconocimiento de nuestros pecados no es suficiente para nuestra salvación, a menos que esté acompañado por el arrepentimiento. Bíblicamente, arrepentirse incluye tres aspectos: reconocer que hemos pecado, sentir tristeza por haberlo hecho y desear sinceramente no pecar más. Si falta uno, no hay verdadero arrepentimiento. Por ejemplo, Judas admitió su pecado pero no la- mentaba haber traicionado al Maestro (Mat. 27:3, 4). Estaba abrumado por el remordimiento, no por el arrepentimiento. Su confesión surgió por temor a las consecuencias, no por amor a Cristo.

Tan importante es el arrepentimiento que Juan el Bautista y Jesús comenzaron su ministerio predicando: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 3:2; 4:17). Posteriormente, en su primer viaje misionero, los Doce “predicaban que los hombres se arrepintiesen” (Mar. 6:12). Después de Pentecostés, Pedro exhortó a la multitud a arrepentirse (Hech. 2:38; 3:19).

Considera las fuertes palabras que usó Jesús para enfatizar la necesidad universal de arrepentirse a fin de ser salvo. ¿Qué mensaje nos está dando? Luc. 13:1-5.

En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos.

Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?

Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén?

Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Jesús afirmó la pecaminosidad de todos los seres humanos. Por lo tanto, instó a sus oyentes: “Si no os arrepentís, todos pereceréis” (vers. 5). Sin arrepentimiento es imposible la redención, pues su ausencia muestra que la persona rehúsa rendirse al Señor.

Pablo afirma que la benignidad de Dios nos guía al arrepentimiento (Rom. 2:4). ¿Qué significa eso? Podríamos partir un bloque de hielo en pequeños trozos, pero esos fragmentos todavía serán hielo. O podríamos colocar el mismo bloque de hielo cerca de un calefactor, y se derretira completamente. Así también, el hielo de nuestro orgullo puede ser derretido únicamente si nos exponemos al calor de la bondad y del amor de Dios. Por eso, es crucial que nos detengamos tanto como sea posible en todas las evidencias que se nos han dado del amor de Dios por nosotros.

“No nos arrepentimos para que Dios nos ame, sino que él nos revela su amor para que nos arrepintamos” (PVGM 148).

¿Cuáles son las evidencias del amor de Dios? ¿Qué has visto, experimentado y aprendido que te da poderosas razones para confiar en su bondad? ¿Por qué es tan importante recordar siempre esas razones, especialmente en circunstancias difíciles?

Uno de los conceptos mas equivocados que pueden existir es el pensar que hay que arrepentirse para acercarse a Jesús. El Pecador necesita ir donde Jesús tal como está:

Es verdad que a menos que el pecador se arrepienta de sus pecados, no puede ser perdonado; pero también es verdad que no debe esperar hasta que las emociones y sentimientos lo embarguen de tal manera que piense que su pena es suficiente como para hacer méritos para recibir el perdón. Que el pecador vaya a Cristo tal como es, con toda su indignidad, para comprender que el amor de Cristo derriba toda barrera.  El pecador debe acercarse a Cristo a fin de ser capacitado para arrepentirse, por que es la virtud que fluye de Jesús la que fortalece las decisiones del corazón de apartarse del pecado y de seguir la verdad... {Review and Herald, Septiembre3, 1901}

El arrepentimiento, tanto como el perdón, es el don de Dios mediante Cristo. Mediante la influencia del Espíritu Santo somos convencidos de pecado y sentimos nuestra necesidad de perdón. Sólo los contritos son perdonados, pero es la gracia de Dios la que hace que se arrepienta el corazón. El conoce todas nuestras debilidades y flaquezas, y nos ayudará. – {CPI 86.1}
Algunos que acuden a Dios mediante el arrepentimiento y la confesión, y creen que sus pecados han sido perdonados, no recurren, sin embargo, a las promesas de Dios como debieran. No comprenden que Jesús es un Salvador siempre presente y no están listos para confiarle la custodia de su alma, descansando en él para que perfeccione la obra de la gracia comenzada en su corazón. Al paso que piensan que se entregan a Dios, existe mucho de confianza propia. Hay almas concienzudas que confían parcialmente en Dios y parcialmente en sí mismas. No recurren a Dios para ser preservadas por su poder, sino que dependen de su vigilancia contra la tentación y de la realización de ciertos deberes para que Dios las acepte. No hay victorias en esta clase de fe. Tales personas se esfuerzan en vano. Sus almas están en un yugo continuo y no hallan descanso hasta que sus cargas son puestas a los pies de Jesús. – {CPI 86.2}

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Lección 5 // Martes 29 de julio                                                                                                                                            

CREER EN JESÚS

El verdadero arrepentimiento va de la mano de la fe en Jesús como nuestro único Salvador. Él habló frecuentemente acerca de la necesidad de creer en él a fin de recibir sus bendiciones. “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mar. 9:23). La fe es esencial para ser salvos. Satanás lo sabe, y hace todos los esfuerzos posibles para que no creamos (Luc. 8:12).

¿Qué es creer, según Jesús? Es más que un sentimiento indefinido de que algo sucederá. Es más que un ejercicio mental. La fe salvadora no está vacía de contenido. Por el contrario, la fe tiene un objeto específico: Jesucristo. No es solamente creer en algo sino, especialmente, creer en Alguien. La fe es confiar en Jesús y en su muerte por nosotros; y creer en Jesús significa conocerlo, entender quién es él (Juan 6:69) y recibirlo personalmente (Juan 1:12).

Dios amó tanto al mundo que nos dio a Jesús para que todo el que verdaderamente cree en él tenga vida eterna. No obstante, su muerte no significa que todos se salvarán. Debemos estar cubiertos por su justicia. Al creer en él, obtenemos su justicia, se nos da la seguridad de la vida eterna y tenemos la gran promesa de que él nos resucitará en el día final (Juan 6:40).

A una mujer que había vivido una vida pecaminosa, Jesús le aseguró: “Tus pecados te son perdonados. […] Tu fe te ha salvado” (Luc. 7:48, 50). ¿Qué significa eso? ¿Nos salva nuestra fe?

Según los evangelios, cuando Jesús sanaba a algunas personas, les decía: “Tu fe te ha salvado” (Mat. 9:22; Mar. 10:52; Luc. 17:19). Sin embargo, él no estaba asignando ningún poder sanador a la fe propiamente dicha. Su fe solo era la confianza completa en el poder de Jesús para sanarlos. El poder de la fe no proviene de la persona que cree, sino del Dios en quien cree esa persona.

¿Por qué debemos entender bien la función de la fe en la oración, especialmente cuando pedimos la sanidad? ¿Por qué es incorrecto concluir, a partir de los versículos leídos hoy, que si no ocurre la curación que hemos pedido es porque no tenemos suficiente fe?

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ENTENDIENDO QUE ES FE Y QUE ES ESPERANZA

¿Por qué debemos entender bien la función de la fe en la oración, especialmente cuando pedimos la sanidad? ¿Por qué es incorrecto concluir, a partir de los versículos leídos hoy, que si no ocurre la curación que hemos pedido es porque no tenemos suficiente fe?

Uno de las deficiencias que presentamos los Adventistas del Séptimo Día y cristianos en general es que no entendemos los conceptos de fe y esperanza cuando los usamos combinados. La mayoría entendemos el concepto bíblico de la palabra FE, pero si  explicáramos la palabra en fe en una sola palabra, la palabra sería: CONFIANZA.

La FE ó CONFIANZA tiene su base sobre el conocimiento, usted no puede confiar en una persona que no conoce. De la misma manera no puede confiar ó tener fe en un Dios que no conoce. Por lo tanto, para tener fe ó confianza usted necesita conocer a esa persona, y si es en el plano espiritual , necesita conocer a Dios.

Ahora el asunto se pone complicado cuando introducimos la palabra ESPERANZA.  Si usted pregunta que es esperanza, va a escuchar diferentes definiciones. 1ra Corintios 13: 13 dice: Y ahora permanece la fe, la esperanza y el amor, estos tres, pero el mayor de ellos es el amor.

Ya nos dimos cuenta en el versículo arriba que ESPERANZA  y FE son dos cosas diferentes.                                                                                                                                         ¿Qué es esperanza? Esperanza es esperar algo con expectativa e incertidumbre. Algo que usted no sabe si va a suceder, tanto que puede suceder, de la misma manera no puede suceder. En pocas palabras ESPERANZA es lo contrario de la FE. La fe usted está 100% seguro, la esperanza usted está 100% inseguro. Vamos ahora a un ejemplo bíblico:

Daniel 3

12 Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.

13 Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey.

14 Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?

15 Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

16 Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto.

17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.

18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

Aqui el rey Nabucodonosor va a matar a los tres jóvenes hebreos y el hace una pregunta al final del versículo 15 : ¿y que dios será aquel que os libre de mi mano?

Para una pregunta contundente y agresiva; una respuesta clara y firme,  la esencia de la fe la encontramos en el versículo 17: He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.  No hay duda, no hay ni la menor sombra de preocupación, la fe les permite hablar con una claridad y una fuerza indescriptible cuando ellos están enfrentando la muerte. El Dios que ellos conocen los puede librar del horno y de la mano del rey. ¡Eso es fe!

Pero ahora viene la esperanza y la encontramos en el principio del versículo 18 Y si no, (nos libra) sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses. Aquí entra la esperanza, ellos no saben la voluntad de Dios, no saben si Dios va a ser un milagro, o si Dios va a permitir su muerte, y debido a esa incertidumbre, a esa incógnita, entonces la esperanza entra y juega un papel importante en la vida del cristiano dando consolación.

Hace muchos años estuve frente a una hermana que fallecía de cáncer. Muchos se reunieron es la casa de esta hermana en un día especial para llevarla en oración. En las oraciones se afirmaba con toda seguridad, que ella se levantaría de su cama, sanada por Dios. No había ni la menor duda, era eminente, se oraba de tal manera que ya parecía un hecho y que era seolo cuestión de tiempo; aparentemente nuestros hermanos habían tenido una información confidencial de la voluntad de Dios. Tres semana mas tarde ella pasó al descanso; que chasco, que fracaso; ¿Falló la fe? NO. El problema fue que no oraron usando la fe, si no usando la esperanza.

La oración por esta hermana y por cualquier caso que nos toque orar tiene que tener dos partes esenciales; la primera es la parte de la fe, donde se dice que tenemos toda la seguridad de un Dios todopoderoso capas de hacer cualquier milagro, no importando la seriedad del caso. Eso es fe, conocer a un Dios que nada le es imposible.

La segunda parte de la oración es aplicar la esperanza: decirle a Dios que se está reunido con un propósito y es la de pedir el milagro de la sanación, transmitir a Dios el deseo de sanación para el enfermo, pero como no sabemos el conocimiento Omnisapiente de Dios, nos ajustamos a su santa voluntad; ésta es esperanza.

Ya que usted no sabe, cual es la voluntad de Dios, allí es donde la esperanza nos transmite consolación para poder aceptar la santa voluntad de Dios, sea cual sea, en el deseo que se está pidiendo.

LA FE NOS AFIRMA EN UN DIOS TODOPODEROSO

LA ESPERANZA NOS TRANSMITE CONSUELO EN LAS DECISIONES DE UN DIOS TODOPODEROSO.

Nunca ores poniendo tu fe ó tu esperanza en un milagro, ora poniendo tu fe en un Dios todopoderoso, y tu esperanza en las decisiones que ese Dios todopoderoso tomará para tu vida. La fe y la esperanza las dejó Dios para ayudarnos a traspasar ésta tempestad de pruebas y problemas que ésta vida nos presenta como consecuencia del pecado.


 

 

Miércoles 30 de julio // Lección 5                                                                                                                                        

ACEPTAR EL VESTIDO DE BODA

Jesús dijo a la multitud algo que la debió de haber sorprendido y desanimado: “Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mat. 5:20). Difícilmente podría haber alguien más escrupuloso en la observancia de la letra de la Ley que los fariseos. No obstante, ellos fracasaron porque su conducta tenía el propósito de impresionar a los hombres más que agradar a Dios. Jesús nos advierte que no hagamos eso (Mat. 6:1).

Entonces, ¿de qué modo podemos ser justos ante Dios? La parábola de la fiesta de bodas nos muestra dónde está la fuente de la verdadera justicia.

Lee Mateo 22:2 al 14. ¿Por qué el rey quería estar seguro de que cada invitado estuviera vestido de boda para la fiesta? ¿Qué representa ese vestido? Isa. 61:10; Zac. 3:1-5.

El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;

y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.

Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.

Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;

y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.

Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.

Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.

Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.

10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.

11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.

12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.

13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

El rey había provisto gratuitamente los vestidos de boda. Los que estaban allí habían sido invitados mientras viajaban por los caminos y, probablemente, no tenían un atuendo apropiado para la fiesta ni el dinero para comprarlo. Tanto la invitación como el vestido eran regalos del rey. Lo único que se requería para asistir a la boda era aceptar ambos regalos.

Desde la caída en el Edén, todo ser humano está desnudo espiritualmente. Adán y Eva se sintieron desnudos después de desobedecer e intentaron cubrirse cosiendo hojas de higuera, algo totalmente incómodo e ineficiente (Gén. 3:7). La mejor justicia que los esfuerzos humanos pueden lograr es “como trapo de inmundicia” (Isa. 64:6).

Al igual que en esta parábola, Dios provee el vestido que necesitamos. Él hizo túnicas de pieles para Adán y Eva, y los vistió (Gén. 3:21): un símbolo de su justicia cubriendo al pecador. También provee el manto de la justicia de Cristo para su iglesia, de tal manera que ella pueda estar vestida “de lino fino, limpio y resplandeciente” (Apoc. 19:8), sin “mancha ni arruga ni cosa semejante” (Efe. 5:27). Este manto “es la justicia de Cristo, su propio carácter sin mancha, que por la fe se imparte a todos los que lo reciben como Salvador personal” (PVGM 252).

¿Por qué debemos entender que nuestra salvación solamente es posible si estamos cubiertos con la justicia que Cristo nos da como un regalo? ¿Por qué necesitamos recordar esto siempre?

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Cuando el rey vino a ver a los convidados, se reveló el verdadero carácter de todos. Para cada uno de los convidados a la fiesta se había provisto un vestido de boda. Este vestido era un regalo del rey. Al usarlo, los convidados mostraban su respeto por el dador de la fiesta. Pero un hombre estaba aún vestido con sus ropas comunes. Había rehusado hacer la preparación requerida por el rey. Desdeñó usar el manto provisto para él a gran costo. De esta manera insultó a su señor. A la pregunta del rey: “¿Cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda?” no pudo contestar nada. Se condenó a sí mismo. Entonces el rey dijo: “Atadlo de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera”. – {PVGM 251.2}
El examen que de los convidados a la fiesta hace el rey, representa una obra de juicio. Los convidados a la fiesta del Evangelio son aquellos que profesan servir a Dios, aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida. Pero no todos los que profesan ser cristianos son verdaderos discípulos. Antes que se dé la recompensa final, debe decidirse quiénes son idóneos para compartir la herencia de los justos. Esta decisión debe hacerse antes de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo; porque cuando él venga, traerá su galardón consigo, “para recompensar a cada uno según fuere su obra”.  Antes de su venida, pues, habrá sido determinado el carácter de la obra de todo hombre, y a cada uno de los seguidores de Cristo le habrá sido fijada su recompensa de acuerdo con sus obras. – {PVGM 251.3}
Mientras los hombres moran todavía en la tierra se verifica la obra del juicio investigador en los atrios del cielo. Delante de Dios pasa el registro de la vida de todos sus profesos seguidores. Todos son examinados según lo registrado en los libros del cielo, y según sus hechos queda para siempre fijado el destino de cada uno. – {PVGM 252.1}
El vestido de boda de la parábola representa el carácter puro y sin mancha que poseerán los verdaderos seguidores de Cristo. A la iglesia “le fue dado que se vista de lino fino, limpio y brillante”, “que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa semejante”. El lino fino, dice la Escritura, “son las justificaciones de los santos”. Es la justicia de Cristo, su propio carácter sin mancha, que por la fe se imparte a todos los que lo reciben como Salvador personal. – {PVGM 252.2}
La ropa blanca de la inocencia era llevada por nuestros primeros padres cuando fueron colocados por Dios en el santo Edén. Ellos vivían en perfecta conformidad con la voluntad de Dios. Toda la fuerza de sus afectos era dada a su Padre celestial. Una hermosa y suave luz, la luz de Dios, envolvía a la santa pareja. Este manto de luz era un símbolo de sus vestiduras espirituales de celestial inocencia. Si hubieran permanecido fieles a Dios, habría continuado envolviéndolos. Pero cuando entró el pecado, rompieron su relación con Dios, y la luz que los había circuido se apartó. Desnudos y avergonzados, procuraron suplir la falta de los mantos celestiales cosiendo hojas de higuera para cubrirse. – {PVGM 252.3}
Esto es lo que los transgresores de la ley de Dios han hecho desde el día en que Adán y Eva desobedecieron. Han cosido hojas de higuera para cubrir la desnudez causada por la transgresión. Han usado los mantos de su propia invención; mediante sus propias obras han tratado de cubrir sus pecados y hacerse aceptables a Dios. – {PVGM 252.4}
Pero esto no pueden lograrlo jamás. El hombre no puede idear nada que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. Ningún manto hecho de hojas de higuera, ningún vestido común a la usanza mundana, podrán emplear aquellos que se sienten con Cristo y los ángeles en la cena de las bodas del Cordero. – {PVGM 253.1}
Unicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente. “Yo te amonesto—dice él—que de mí compres… vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez”. – {PVGM 253.2}
Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartirnos a nosotros este carácter. “Como trapos asquerosos son todas nuestras justicias”. Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios “apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él”.

 


 

Lección 5 // Jueves 31 de julio                                                                                                                                            

SEGUIR A JESÚS

Cuando con fe reconocemos nuestra necesidad, nos arrepentimos, confesamos nuestros pecados a Cristo y le pedimos su justicia, llegamos a ser sus discípulos. Durante su ministerio, Jesús llamó a diferentes personas, tales como Pedro, Santiago y Juan, para que fueran sus discípulos; un llamado que significaba dejar todo a fin de seguirlo (Mat. 4:20, 22; Mar. 10:28; Luc. 5:28). En los evangelios, el verbo seguir llegó a ser prácticamente un sinónimo de ser un discípulo.

¿Qué dos elementos son esenciales a fin de ser un discípulo de Jesús? Juan 8:30, 31.

30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.

31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

Algunas personas tratan de separar la fe en Jesús de la aceptación de sus enseñanzas, como si una cosa fuera más importante que la otra. Pero, Jesús no hizo tal distinción. Para él, ambos aspectos están íntimamente relacionados y son fundamentales para el verdadero discipulado. Un discípulo de Jesús está comprometido con Cristo y con las palabras de Cristo. Aunque siempre existe el peligro de enredarnos en cuestiones doctrinales y perder de vista a Jesús, también necesitamos estar en guardia contra el riesgo opuesto de pensar que lo único que importa es creer en Cristo.

¿Cuál es el elevado costo de ser un discípulo de Jesús? Luc. 14:25-27.

Jesús usó el verbo aborrecer como una hipérbole, queriendo decir “amar menos que a mí”. El texto paralelo en Mateo lo clarifica: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mat 10:37). Él debe tener el primer lugar en nuestra vida.

¿Cuál ha sido, para ti, el costo de seguir a Jesús y ser su discípulo? ¿Qué revela tu respuesta acerca de tu relación con el Señor?

38

Los que quieran ser victoriosos deberán tomar en cuenta el costo de la salvación. Las fuertes pasiones humanas deben ser subyugadas; la voluntad independiente debe ser sometida al cautiverio de Cristo. El cristiano debe comprender que no se pertenece a sí mismo. Tendrá que resistir tentaciones y librar batallas contra sus propias inclinaciones, porque el Señor no aceptará un servicio a medias. La hipocresía es abominación para él. El seguidor de Cristo debe andar por fe, como viendo al Invisible. Cristo será su tesoro más querido, su todo. – {MGD 271.3} – MGD 271.3


 

 

Viernes 1o de agosto // Lección 5                                                                                                                                       

 

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “Un poder misterioso que convence”, El camino a Cristo, pp. 21-35.

“No podemos arrepentirnos sin el Espíritu de Cristo, que despierta la conciencia, más de lo que podemos ser perdonados sin Cristo” (CC 24).

“Cuando contemplamos al Cordero de Dios sobre la cruz del Calvario, el misterio de la redención comienza a abrirse a nuestra mente y la bondad de Dios nos guía al arrepentimiento. Al morir por los pecadores, Cristo manifestó un amor incomprensible; y este amor, a medida que el pecador lo contempla, enternece el corazón, impresiona la mente e inspira contrición en el alma” (CC 25).

“El corazón humilde y quebrantado, enternecido por el arrepentimiento genuino, apreciará algo del amor de Dios y del costo del Calvario; y como el hijo se confiesa a un padre amoroso, así presentará el que esté verdaderamente arrepentido todos sus pecados delante de Dios. ‘Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad’ ” (CC 41).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. Muchos tratan de ahogar su sentimiento de culpabilidad con alcohol, drogas, placeres mundanales, o llenando frenéticamente su vida con innumerables actividades. ¿Por qué ninguno de estos métodos es realmente efectivo? ¿De qué forma podrías ayudar a alguien que está en esa condición a encontrar la verdadera solución para la culpa?

2. Es posible reconocer nuestros pecados sin tener “frutos dignos de arrepentimiento”. ¿Por qué eso no es verdadero arrepentimiento? ¿Cuál es el valor de esos “frutos”? ¿Son buenas obras realizadas a fin de obtener el favor de Dios? Explica tu respuesta.

3. Medita en el hecho de que la justicia de Cristo es gratuita, pero no barata. Si bien no tenemos que pagar nada por ella, el Señor tuvo que pagar un precio infinito en la cruz. Piensa en cuán caídos somos, y cuán serio debe ser el pecado, que salvarnos de este y sus consecuencias requirió algo tan “extremo” como la muerte del propio Hijo de Dios.

 

 

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