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LECCION 7 – VIVIR COMO CRISTO – PARA EL 16 DE AGOSTO/2014

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Lección 7: Para el 16 de agosto de 2014

VIVIR COMO CRISTO

Sábado 9 de agosto

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 9:36; Marcos 10:21; Lucas 10:30-37; Mateo 25:31-46; Lucas 6:32-35; Juan 15:4-12.

PARA MEMORIZAR:
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34).

CONTRARIAMENTE A LO QUE MUCHOS PIENSAN, el mandato de amar a nuestro prójimo no es una nueva enseñanza, exclusiva del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, Dios ya había mandado a su pueblo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev. 19:18), y “amarás [al extranjero] como a ti mismo” (Lev. 19:34).

¿Por qué, entonces, dijo Jesús: “Un mandamiento nuevo os doy”? Lo novedoso de la instrucción de Jesús era que tenía una nueva medida: “como yo os he amado”.

Antes de la encarnación de Cristo, los hombres no tenían una manifestación completa del amor de Dios. Ahora, a través de su vida y su muerte abnegadas, Jesús demostró el significado verdadero y más profundo del amor.

“El amor era el ambiente en el cual Cristo se movía, caminaba y trabajaba. Vino a rodear al mundo con los brazos de su amor. […] Hemos de seguir el ejemplo presentado por Cristo y hacer de él nuestro Modelo, hasta que tengamos el mismo amor por el prójimo que él manifestó por nosotros” (DNC 24).

Esta semana, al considerar la ternura, consideración y compasión de Jesús, que nuestros corazones sean tocados y moldeados por su principio divino de amor, que es la característica distintiva del cristianismo verdadero.

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La gloria del Evangelio consiste en que se funda en la noción de que se ha de restaurar la imagen divina en una raza caída por medio de una constante manifestación de benevolencia. Esta obra comenzó en los atrios celestiales, cuando Dios dio a los humanos una prueba deslumbradora del amor con que los amaba. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16. El don de Cristo revela el corazón del Padre. Nos asegura que, habiendo emprendido nuestra redención, él no escatimará ninguna cosa necesaria para terminar su obra, por más que pueda costarle. – {CMC 16.1}

La generosidad es el espíritu del cielo. El abnegado amor de Cristo se reveló en la cruz. El dio todo lo que poseía y se dio a sí mismo para que el hombre pudiese salvarse. La cruz de Cristo es un llamamiento a la generosidad de todo discípulo del Salvador. El principio que proclama es de dar, dar siempre. Su realización por la benevolencia y las buenas obras es el verdadero fruto de la vida cristiana. El principio de la gente del mundo es: ganar, ganar siempre; y así se imagina alcanzar la felicidad; pero cuando este principio ha dado todos sus frutos, se ve que sólo engendra la miseria y la muerte. – {CMC 16.2}

La luz del Evangelio que irradia de la cruz de Cristo condena el egoísmo y estimula la generosidad y la benevolencia. No debería ser causa de quejas el hecho de que se nos dirigen cada vez más invitaciones a dar. En su divina providencia Dios llama a su pueblo a salir de su esfera de acción limitada para emprender cosas mayores. Se nos exige un esfuerzo ilimitado en un tiempo como éste, cuando las tinieblas morales cubren el mundo. Muchos de los hijos de Dios están en peligro de dejarse prender en la trampa de la mundanalidad y avaricia. Deberían comprender que es la misericordia divina la que multiplica las solicitudes de recursos. Deben serles presentados blancos que despierten su benevolencia, o no podrán imitar el carácter del gran Modelo. – {CMC 16.3} – CMC 16.1-3

La lección número 8 del trimestre pasado “LA LEY DE DIOS Y LA LEY DE CRISTO” nos puede ayudar a entender y explicar explicar la lección de esta semana un poco mejor. La introducción de la lección, tanto el día Domingo como el día Lunes nos está hablando que Cristo le agrega la palabra amor a la ley de Dios.

Hay muchas denominaciones que creen que los diez mandamientos están abolidos y el nuevo mandamiento es “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a tí mismo” Al creerlo así, -y asi es- no se dan cuenta que están siguiendo una ley magnificada por el amor de Cristo y que es más difícil de guardar que los diez mandamientos.

Una de las preguntas claves para la lección numero 8 del trimestre pasado era: ¿Cuál ley es mas difícil de guardar; la ley de Dios ó la ley de Cristo? Y la respuesta definitivamente era y es, la ley de Cristo. ¿porqué? Por que son los mismos mandamientos pero magnificados por el amor.

Compartimos esta experiencia el trimestre pasado

La segunda manera como Cristo magnificó la ley, fue por que le agregó la palabra “AMOR” Para entender esto déjeme compartir una experiencia de la vida real. Hace algún tiempo conocí a un hermano de nuestra iglesia muy trabajador, pero de escasos recursos. Cierto día apareció en la iglesia conduciendo un automóvil BMW, casi nuevo, posiblemente meses de viejo. El comenzó a contar la historia, que por ese vehículo había pagado alrededor de $500.00 dólares Norte-Americanos. Era imposible de creer, que por ese vehículo que costaba casi $100,00.00 dólares Norte-Americanos este hermano haya pagado esa pequeña cantidad, prácticamente era un regalo.

Esto fue lo que sucedió: El dueño de ese automóvil había fallecido y en el testamento de herencia, había estipulado que con ese vehículo se podían hacer dos cosas. La primera era entregárselo a la señorita “X” como un regalo de parte de él. La segunda opción era venderlo y el dinero conseguido con la venta del vehículo, entregárselo a la misma señorita “X” como un regalo de parte de él. La señorita “X” había sido amante del recién muerto.

La esposa optó por la opción numero dos, y cuando nuestro bendito hermano se presentó a la casa de la señora viuda a trabajar; y la señora escuchó la necesidad de nuestro hermano, ella misma le ofreció el vehículo con la mínima cantidad de $500.00 dólares. Ahora viene la pregunta para la señora vendedora del vehículo; ¿Que ley quebrantó? ¿La ley de Dios (la dada en el Sinaí)? No, definitivamente ésta ley no la quebrantó, por que ese dinero fue dado a la señorita “X” como su difunto esposo lo había estipulado, cumpliendo el mandamiento “NO ROBARAS” ¿Quebranto la ley de Cristo, basada en el amor? Si, esa ley la quebrantó. La quebrantó por que lo más conveniente hubiera sido decidir por la opción numero uno que estipulaba entregar el vehículo a la señorita “X” Pero debido a la ausencia de amor de la esposa hacia la señorita “X” (que es fácil de entender) optó por la opción numero dos, destruyendo una gran ayuda para la señorita “X”, beneficiando por lo consiguiente a nuestro querido hermanito. La ley de Dios es una ley generalizada, Cristo en su primera venida a ésta tierra toma el mismo mandamiento y lo hizó mas amplio, mas detallado, mucho mas difícil de cumplir, ya que tiene como base el amor a Dios y el amor al prójimo.

Cuando Cristo agrega la palabra “AMOR” se nos hace mucho mas difícil el mandamiento, ya que hay que lograr amar a nuestros prójimos y más que eso tenemos que amar aún a nuestros enemigos. Eso no se consigue por el esfuerzo humano, eso solamente se consigue a través de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas; si, el Espíritu Santo escribiendo en nuestras mentes y corazones esa hermosa ley de respeto y amor; al mismo tiempo poniendo el mas grande de sus frutos en nuestras vidas, el cual se llama AMOR.

 


 

Lección 7 // Domingo 10 de agosto                                                                                      

CÓMO VIVIÓ JESÚS

A pesar de estar constantemente bajo los más feroces ataques de Satanás, Jesús vivió una vida de amor y servicio abnegados. Su prioridad siempre estuvo centrada en los demás, no en sí mismo. Desde su niñez hasta la cruz, mostró una disposición cariñosa y constante a servir a otros. Sus manos voluntarias estaban siempre listas para aliviar cualquier sufrimiento que percibía. Cuidó con amor de aquellos que eran considerados de poco valor por la sociedad, tales como los niños, las mujeres, los extranjeros, los leprosos y los cobradores de impuestos. Jesús “no vino para ser servido, sino para servir” (Mat. 20:28). Por lo tanto, Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hech. 10:38). Su compasión e interés misericordiosos hacia el bienestar de los demás eran más importantes para él que satisfacer su propia necesidad física de comida o de abrigo. De hecho, incluso estando en la cruz, se preocupó más por su madre que por sus propios sufrimientos (Juan 19:25-27).

¿Qué nos enseñan Mateo 9:36; 14:14; y 15:32 acerca de la forma en que Jesús consideraba a las personas?

36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

14 Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.

32 Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino

Jesús era sensible a las necesidades de las personas y se preocupaba verdaderamente por ellas. Su corazón estaba lleno de compasión hacia las grandes multitudes que estaban fatigadas y desorientadas. Fue movido a compasión hacia los incapacitados e indefensos, tales como los dos ciegos de Jericó (Mat. 20:34), el leproso suplicante (Mar. 1:40, 41) y la viuda que había perdido a su único hijo (Luc. 7:12, 13).

¿Qué principio de acción guiaba a Jesús al relacionarse con las personas? Mar. 10:21; Juan 11:5.

21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.

Cada acto de misericordia, cada milagro, cada palabra de Jesús eran motivados por su infinito amor; un amor constante y permanente. Al final de su vida, Jesús mostró vívidamente a sus discípulos que, habiéndolos amado desde el principio, “los amó hasta el fin” (Juan 13:1). Con su muerte en la cruz, demostró al universo entero que el amor desinteresado triunfa sobre el egoísmo. A la luz del Calvario, es claro que el principio del amor altruista es el único fundamento válido para la vida en el universo.

“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). ¿Cómo entendemos lo que esto significa en términos prácticos diarios? ¿De qué manera podemos aplicarlo día a día?

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JOYAS DEL ESPIRITU DE PROFECIA ACERCA DEL AMOR DE CRISTO

Jesús, precioso Salvador, nunca parecía cansarse de las impertinencias de las almas enfermas de pecado y de los enfermos de toda suerte de dolencias. “Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos”. Marcos 6:34. Esto significa mucho para los dolientes. El identificó sus intereses con los de ellos. Compartió sus cargas. Sintió sus temores. Tenía una anhelante compasión que era dolor para el corazón de Cristo. – {AFC 48.4}

¡Oh, qué amor, qué amor incomparable! Se volvió uno con nosotros para poder participar con la humanidad en todas sus vicisitudes… – {AFC 48.5}

¡Redención, oh cuánto implica esta palabra! Todos los que consientan en ser redimidos son elevados y santificados, redimidos por Jesucristo de toda vulgaridad y mundanalidad y se los capacita para cooperar con Dios en la gran obra de la salvación. Jesús aceptó a la humanidad y reveló en su propia vida y carácter lo que el hombre puede ser, aun cuando, en la providencia de Dios, sea colocado en las más pobres circunstancias de la vida. No tenía ni un centavo para pagar el tributo demandado, y obró un milagro para obtener esa pequeña suma. – {AFC 48.6}

Jesús, precioso Salvador, no tenía hogar y con frecuencia padecía hambre. No tenía dónde reclinar la cabeza. Con frecuencia estaba cansado. La humanidad es honrada porque Jesús asumió la humanidad para revelar al mundo lo que puede llegar a ser ella. Puede traer a la luz la vida y la inmortalidad, llenar con luz los propósitos más comunes y humildes de la vida. Jesús se inclina sobre nosotros y escudriña nuestro carácter para ver si su propio carácter se refleja en nosotros.—Carta 119, 1893. – {AFC 49.1} – AFC 48-49

Cristo realizó milagro tras milagro cuando estuvo en esta tierra. Por medio de esta obra manifestó lo que Dios puede hacer por los cuerpos y almas afligidos… Constantemente sirvió a los demás, aprovechando toda oportunidad que se le ofrecía. Aun en su infancia dirigió palabras de consuelo y ternura a jóvenes y ancianos… Fue un ejemplo de lo que los niños debieran tratar de ser… En sus palabras y sus actos manifestó tierna simpatía por todos. Su compañerismo era un bálsamo curativo y suavizante para el descorazonado y deprimido.—The Youth’s Instructor, 8 de septiembre de 1898. – {HHD 153.2}

Poseía una paciencia que nada podía vencer, y una veracidad de la cual nadie podía apartarlo. Sus manos y sus pies voluntarios siempre estaban listos para servir a los demás y alivianar las cargas de sus padres.—The Youth’s Instructor, 1 de abril de 1872. – {HHD 153.3}

En todo nuestro derredor se oye el llanto de un mundo afligido. Por todos lados hay menesterosos y angustiados. Nos incumbe aliviar y suavizar las asperezas y miserias de la vida. Sólo el amor de Cristo puede satisfacer las necesidades del alma. Si Cristo mora en nosotros, nuestro corazón rebosará de simpatía divina. Se abrirán los manantiales sellados de un amor ferviente como el de Cristo. – {HHD 153.4}

Son muchos los que han quedado sin esperanza. Devolvámosles la alegría. Muchos se han desanimado… Roguemos por estas almas. Llevémoslas a Jesús. Digámosles que en Galaad hay bálsamo y Médico.—La Historia de Profetas y Reyes, 530, 531. – {HHD 153.5} – HHD 153.2-5

 


 

 Lunes 11 de agosto // Lección 7                                                                                              

AMA A TU PRÓJIMO

Vivir como Jesús significa mostrar el mismo amor que él demostró. Él ilustró esta clase de amor a través de la parábola del buen samaritano (Luc. 10:30-37), que contó al dialogar con un abogado. El doctor de la Ley resumió nuestro deber para con Dios y el prójimo de la siguiente manera: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Luc. 10:27). Él conocía bien su Biblia (repitió de memoria Deut. 6:5 y Lev. 19:18), pero debió de haberse sentido culpable por no demostrar amor a su prójimo. En un intento por justificarse, preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” (Luc. 10:29).

¿De qué forma explicó Jesús quién es nuestro prójimo? ¿Qué implicaciones tiene la parábola del buen samaritano para nosotros? Luc. 10:30- 37. ¿De qué manera se relaciona el mandamiento “amarás a tu prójimo como a ti mismo” con la Regla de Oro? Mat. 7:12.

A la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”, Jesús respondió, básicamente, que nuestro prójimo es toda persona que necesita nuestra ayuda. Así que, en vez de preguntar: “¿Qué puede hacer mi prójimo por mí?”, deberíamos preguntar: “¿Qué puedo hacer yo por mi prójimo?”

Jesús fue más allá de la interpretación negativa de esta regla común en esa época: “No hagas con los demás lo que no quieres que hagan contigo”. Al presentarla de una manera positiva, Jesús no solamente se refirió a lo que debemos evitar sino, especialmente, lo que tenemos que hacer. En especial, debemos recordar que este principio no nos dice que debemos tratar a los demás como ellos nos tratan a nosotros. Después de todo, es fácil ser amables con quienes son amables con nosotros, o malos con quienes nos tratan mal; la mayoría de las personas lo pueden hacer. En vez de eso, nuestro amor hacia nuestro prójimo siempre debería ser independiente de la manera en que nuestro prójimo nos trata a nosotros.

Piensa en alguien que te ha tratado mal. ¿De qué modo has tratado tú, a su vez, a esa persona? ¿De qué forma el ejemplo de Cristo, y la manera en la que él trató a quienes lo maltrataron, nos enseña cómo podemos relacionarnos mejor con aquellos que no nos tratan con amabilidad?

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“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Surge la pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Su respuesta es la parábola del buen samaritano, la cual nos enseña que cualquier ser humano que necesita nuestra simpatía y nuestros buenos servicios, es nuestro prójimo. Los dolientes e indigentes de todas clases son nuestros prójimos; y cuando llegamos a conocer sus necesidades, es nuestro deber aliviarlas en cuanto sea posible. En esta parábola se saca a luz un principio que todos los que siguen a Cristo debieran adoptar. Suplid primero las necesidades temporales de los menesterosos, aliviad sus menesteres y sufrimientos físicos, y luego hallaréis abierta la puerta del corazón, donde podréis implantar las buenas semillas de virtud y religión. – {3TS 269.1} – 3TS 269.1

 

PREFERENCIA:

La palabra preferencia es una palabra que muchos de nosotros no queremos tocar.

¿Es mala la preferencia? La respuesta es no.

Todos nacemos con gustos y deseos definidos y diferentes, y a partir de allí comienza la preferencia. Tenemos preferencia por ropa, por carros, por comidas, por lugares que frecuentamos, por escuelas y estudios, por iglesias, por amigos y también por hermanos de nuestra iglesia. Jesucristo tuvo lugares preferidos, la montaña era uno de ellos, como también la casa de Lázaro, María y Marta, donde solía frecuentar para poder descansar. También tuvo discípulos preferidos que estuvieron con él en momentos importantes de su vida y ellos fueron Pedro, Santiago, y Juan. Nosotros por lo consiguiente tenemos en la iglesia hermanos preferidos con los cuales nos gusta realizar actividades determinadas. Al tener hermanos preferidos automáticamente tenemos hermanos no preferidos y esto causa muchos problemas en nuestra iglesia, creando grupos y por lo consiguiente divisiones. ¿En dónde está el problema? El problema no está en la preferencia, eso es natural de todo humano. El problema está en el menosprecio de aquella persona que no es mi preferida. Para evitar éste problema serio en nuestras iglesia tenemos que aprender a respetar, aceptar y no menospreciar aquella persona que piensa, actúa ó es diferente a lo que yo soy. Jesucristo sabía de los robos que Judas hacía, pero nunca le llamó la atención, la única vez que Cristo le llamó la atención y fue indirectamente fue cuando estaba molestando a María Magdalena por el perfume caro que había usado para ungir a Jesús indirectamente Cristo dijo: “déjenla” en pocas palabras no la estén molestando. Esto nos da un claro ejemplo de como tratar a nuestro prójimo independientemente si es uno preferido ó no. Este comportamiento se consigue con la ayuda del Espíritu Santo, a través de una vida de comunión con Cristo.

 


 

Lección 7 // Martes 12 de agosto                                                                                           

SERVICIO ABNEGADO

¿Cuál es el mensaje básico de Mateo 25:31 al 46?

31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,

32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;

36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?

38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?

39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

41 Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?

45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.

46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

 

En el día final habrá muchas sorpresas. Los que estén a la derecha del Hijo del Hombre nunca podrían haberse imaginado que su manifestación de amor abnegado sería tan decisiva. Cristo no los felicitará por los sermones elocuentes que hayan predicado, ni por la tarea valiosa que hayan realizado o por las donaciones generosas que hayan hecho. En vez de eso, Cristo les dará la bienvenida al cielo por los pequeños actos de amor realizados a los más pequeños de sus hermanos.

Los que estén a la izquierda también se sorprenderán por la razón que dará el Rey para su veredicto. Algunos de ellos, incluso, dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mat. 7:22). Aunque estos son actos deseables, sin una actitud de amor no tienen valor. Estas personas habrán profesado servir a Cristo, pero el Señor nunca los conoció (Mat. 7:23) porque ellos nunca lo amaron a él ni a sus hermanos. No practicaron los principios de la verdadera religión (Sant. 1:27).

Los comentadores han sugerido varias interpretaciones en cuanto a quiénes son “estos mis hermanos más pequeños” (Mat. 25:40). Es importante definir quiénes son, a fin de conocer el alcance de nuestra responsabilidad cristiana. Algunos intérpretes argumentan que los “hermanos más pequeños” de Jesús son los apóstoles y otros misioneros cristianos. Hallan apoyo para esta postura en Mateo 10:40 al 42, y concluyen que el destino de todos los seres humanos depende de la manera en que tratan a los misioneros cristianos. Otros eruditos, basados en Mateo 12:48 al 50, afirman que los “hermanos más pequeños” de Jesús son sus seguidores en general. No hay duda de que todos los discípulos de Jesús son sus hermanos; pero el alcance de las palabras de Jesús parece ser incluso mayor. Cristo “se identifica con cada hijo de la humanidad […]. Es Hijo del Hombre, y así hermano de cada hijo e hija de Adán” (DTG 593).

Piensa en algún momento en el que te encontrabas en gran necesidad de ayuda y alguien vino para auxiliarte. ¿Qué significó esa ayuda para ti en tu sufrimiento y dolor? ¿De qué manera esa experiencia te demostró por qué es tan importante que estemos dispuestos a ayudar de todas las formas posibles a otros que están pasando necesidad?

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Cualquier descuido de parte de los que pretenden ser seguidores de Cristo, una omisión en aliviar las necesidades de un hermano o una hermana que está llevando el yugo de la pobreza o de la opresión, se registran en los libros del cielo como manifestados a Cristo en las personas de sus santos. Qué cuenta tendrá el Señor con muchos, muchísimos, que presentan las palabras de Cristo a otros pero omiten manifestar tierna simpatía y consideración por un hermano en la fe que es menos afortunado y tiene menos éxito que ellos mismos. … – {MB 220.2}

La orden del apóstol ¿no tiene validez en este siglo: “No olvideis la hospitalidad, porque por ésta algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”? … – {MB 221.3}
Nuestro Padre celestial coloca bendiciones disfrazadas en nuestro sendero, pero algunos no las tocan por temor de que perturben su gozo. Hay ángeles que están esperando para ver si aprovechamos las oportunidades de hacer bien que están dentro de nuestro alcance. Están esperando para ver si bendeciremos a otros, para que ellos a su vez puedan bendecirnos. … – {MB 222.1} – MB 220-222

Entre una de los puntos importantes que tenemos que destacar en el estudio de éste día es evitar el juzgar a nuestro prójimo. Muchas veces vemos las acciones pero no sabemos los motivos. Hay acciones que se ven buenas pero los motivos de estas acciones son motivos malos; y muchas veces se ven acciones malas pero los motivos son buenos. 

Cuando juzgamos a una persona, corremos el riesgo de equivocarnos y dañar a nuestro prójimo.

Hay un corto poema en ingles, que al traducirlo al español pierda la rima, pero el mensaje es el mismo, y dice así:

“Soñé que llegue al cielo, sus hermosas calles recorría, de repente quede indignado,

quede molesto, de ver gentes inepta, mala y  pecadora, que no se merecían estar allí.

Pero no dije nada, guarde completo silencio, por que descubrí en los rostros de ellos la

misma admiración, pues nadie me esperaba ver a mi también allí.”

 

 


 

 

Miércoles 13 de agosto // Lección 7                                                                                     

AMARÁS A TUS ENEMIGOS

La evidencia suprema de cristianismo genuino es el amor hacia nuestros enemigos. Jesús estableció este estándar elevado en contraste con la idea prevaleciente en sus días. A partir del mandamiento “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lev. 19:18), muchos habían deducido algo que, en realidad, el Señor nunca había dicho ni planeado: odiarás a tu enemigo. Por supuesto, eso no estaba implícito en el texto mismo.

¿De qué maneras prácticas se puede manifestar amor hacia los enemigos, según Cristo? Luc. 6:27, 28.

27 »Pero yo les digo a ustedes que me escuchan, amen a sus enemigos. Hagan el bien a los que los odian. 28 Bendigan a los que los maldicen y oren por los que los maltratan.

Un adversario puede mostrarnos enemistad de tres maneras diferentes (Mat. 5:44): por una actitud hostil (“los que os aborrecen”), por medio de palabras soeces (“los que os maldicen”) y por medio de acciones abusivas (“los que os ultrajan y os persiguen”). A esta triple forma de expresión de enemistad, Cristo nos instruye que respondamos con tres manifestaciones de amor: hacer buenas acciones por ellos (“haced [les] bien”), hablar bien de ellos (“bendecid [los]”) e interceder por ellos ante Dios (“orad” por ellos). La respuesta cristiana a la hostilidad y el antagonismo es: “Vence con el bien el mal” (Rom. 12:21).

Nota que Jesús primeramente nos pide que amemos a nuestros enemigos y luego, como resultado, que demostremos este amor por medio de buenas acciones, palabras amables y oración intercesora. Sin el amor proveniente del Cielo, estas acciones, palabras y oraciones serían una falsificación hipócrita y ofensiva del verdadero cristianismo.

¿Qué razones mencionó Jesús para explicar por qué debemos amar a nuestros enemigos? Luc. 6:32-35.

32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.

33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.

34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.

35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

A fin de ayudarnos a entender este mandamiento elevado, el Señor utilizó tres argumentos. Primero, debemos vivir por encima de los bajos estándares del mundo. Incluso los pecadores se aman unos a otros, y hasta los criminales se ayudan unos a otros. Si seguir el ejemplo de Cristo no nos elevara para vivir y amar de una forma superior a la virtud de los hijos de este mundo, ¿qué valor tendría? Segundo, Dios nos recompensará por amar a nuestros enemigos; aunque no tenemos que amarlos por la recompensa que recibiremos, Dios nos la otorgará con generosidad. Y tercero, este tipo de amor es una evidencia de nuestra comunión cercana con nuestro Padre celestial, que “es benigno para con los ingratos y malos” (Luc. 6:35).

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Nuestra vida debe estar de tal modo oculta con Cristo en Dios, que cuando hagamos frente a amargos discursos y palabras burlonas y miradas perversas, no permitiremos que nuestros sentimientos se agiten contra nuestros adversarios, sino que sentiremos profunda simpatía por ellos, porque no saben nada del precioso Salvador a quien pretenden conocer. Debemos recordar que están al servicio del más acérrimo enemigo de Jesucristo, y que al paso que todo el cielo está abierto a los hijos e hijas de Dios, ellos no tienen ese privilegio. Debéis sentiros como el pueblo más feliz que mora en la tierra. Sin embargo, como representantes de Cristo, sois como corderos en medio de lobos, tenéis a Alguien que puede ayudaros en todas las circunstancias, y no seréis devorados por esos lobos, si os mantenéis cerca de Jesús. ¡Cuán cuidadosos debéis ser de representar a Jesús en cada palabra y acción! Cuando os levantáis por la mañana, cuando vais a la calle, cuando volvéis, debéis sentir que Jesús os ama, que está a vuestro lado, y que no debéis fomentar pensamientos que ofendan a vuestro Salvador.—The Review and Herald, 10 de abril de 1888. – {AFC 184.1} – AFC 184.1

Los hijos de Dios son aquellos que participan de su naturaleza. No es la posición mundanal, ni el nacimiento, ni la nacionalidad, ni los privilegios religiosos, lo que prueba que somos miembros de la familia de Dios; es el amor, un amor que abarca a toda la humanidad. Aun los pecadores cuyos corazones no estén herméticamente cerrados al Espíritu de Dios responden a la bondad. Así como pueden responder al odio con el odio, también corresponderán al amor con el amor. Solamente el Espíritu de Dios devuelve el amor por odio. El ser bondadoso con los ingratos y los malos, el hacer lo bueno sin esperar recompensa, es la insignia de la realeza del cielo, la señal segura mediante la cual los hijos del Altísimo revelan su elevada vocación. – {DMJ 65.4} – DMJ 65.3-4

 


 

 Lección 7 // Jueves 14 de agosto                                                                                            

CÓMO VIVIR COMO JESÚS

Las enseñanzas y el ejemplo de Jesús reflejan un ideal tan elevado de vida abnegada y llena de amor que podría hacernos sentir abrumados y desanimados. ¿De qué modo nosotros, que somos egoístas por naturaleza, podemos amar a nuestro prójimo de manera desinteresada? Desde un punto de vista humano, es simplemente imposible.

Pero, el Señor nunca nos pediría que amemos y sirvamos a aquellos que son detestables y desagradables sin proveernos, también, de los medios para hacerlo. Esta “no es una medida o norma que no podamos alcanzar. Cada mandato o precepto que Dios da tiene como base la promesa más positiva. Dios ha provisto los elementos para que podamos llegar a ser semejantes a él, y lo realizará en favor de todos aquellos que no interpongan una voluntad perversa y frustren así su gracia” (DMJ 66).

¿Cuál es la promesa que subyace al mandato de amar a nuestros enemigos? Es la seguridad de que Dios es bondadoso y misericordioso para con los desagradecidos y malvados (Luc. 6:35, 36), lo cual nos incluye a nosotros. Podemos amar a nuestros enemigos porque Dios nos amó primero, aun cuando éramos sus enemigos (Rom. 5:10). Cuando reafirmamos diariamente nuestra aceptación de su sacrificio de amor por nosotros en la cruz, su amor abnegado impregna nuestra vida. Cuanto más percibimos y experimentamos el amor del Señor por nosotros, más fluye su amor en nosotros hacia los demás, incluso hacia nuestros enemigos.

¿Cuál es la relación entre permanecer en Cristo y en su amor, y amar a nuestro prójimo? Juan 15:4-12.

4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. 6 Si alguno no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, los echan al fuego y se queman. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos. 9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto. 12 Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, así como yo os he amado.

Además de renovar diariamente nuestra aceptación de la muerte de Cristo por nosotros, también necesitamos rendirle nuestra voluntad y permanecer en él. Así como Jesús mismo no buscó su propia voluntad sino la del Padre (Juan 5:30), también nosotros debemos depender de Cristo y de su voluntad. Pues, sin él, no podemos hacer nada.

Al decidir cada día someternos a Jesús, él vive en nosotros y por medio de nosotros. Entonces, “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gál. 2:20), y él cambia mis actitudes egocéntricas en una vida de amor desinteresado.

Vuelve a leer Juan 15:4 al 12. ¿Cuál es el gozo del que habla Jesús allí? ¿De qué manera podemos experimentar el gozo que viene de servir a Cristo, incluso cuando no nos sentimos necesariamente alegres por nuestras circunstancias inmediatas?

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Cristo afirma que así como él vivió, nosotros tenemos que vivir también.  “Si alguno quiere venir en pos de mi -dijo- niéguese así mismo, tome su cruz y sígame” (Marcos 8: 34) Sus huellas conducen a la senda del sacrificio. 

En el transcurso de nuestras vida se nos presentan muchas oportunidades de servir. Alrededor de nosotros hay puertas abiertas que nos conducen al servicio. Mediante el talento del habla podemos hacer mucho para el Maestro. Las palabras ejercen una influencia benéfica cuando están contrapesadas por la ternura  y simpatía de Cristo. E dinero, la influencia, el tacto, el tiempo y la energía, son talentos que se nos han confiado a fin de que seamos más útiles para los que nos rodean, y para que honremos más a nuestro Creador.

Muchos creen que sería un privilegio visitar los lugares donde Cristo vivió en la tierra, caminar por donde él anduvo, contemplar el lago donde él le gustaba enseñar, y los valles y las colinas que tan frecuentemente contempló; pero no necesitamos ir a Palestina para seguir las huellas de Jesús. Las vamos a encontrar junto al hecho del enfermo, en los tugurios de los pobres, en las atestadas callejuelas de la gran ciudad, y en todo lugar donde haya corazones humanos que necesitan consuelo. (Cada día con Dios, Pág 68)

 


 

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “El buen samaritano” y “ ‘Estos mis hermanos pequeñitos’ ”, El Deseado de todas las gentes, pp. 460-466; 592-597.

“En nuestro derredor hay pobres almas probadas que necesitan palabras de simpatía y acciones serviciales. Hay viudas que necesitan simpatía y ayuda. Hay huérfanos a quienes Cristo ha encargado a sus servidores que los reciban como una custodia de Dios. […] Son miembros de la gran familia de Dios, y los cristianos, como mayordomos suyos, son responsables por ellos. ‘Sus almas –dice–, demandaré de tu mano’ ” (PVGM 318, 319).

“No es la magnitud de la obra que hacemos, sino el amor y la fidelidad con que la realizamos lo que merece la aprobación del Salvador” (ELC 327).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. A primera vista, la parábola de las ovejas y los cabritos parece enseñar que la salvación es por obras; es decir, que cuantas más obras buenas realicemos, mayor será la probabilidad de que entremos en el Reino de Dios. Pero, la sorpresa de los salvados revela que no demostraron amor a fin de obtener méritos. Jesús enseñó claramente que la vida eterna es el resultado de creer en él (Juan 3:15; 6:40, 47; 11:25, 25). Los verdaderos actos de amor son la evidencia, no la causa, de la salvación. ¿Cómo podemos esforzarnos por actuar con amor mientras que, al mismo tiempo, evitamos la trampa de pensar que estamos haciendo estas cosas a fin de ganar nuestro derecho al cielo? ¿Por qué es necesario que siempre hagamos la distinción entre el fruto de nuestra salvación y los medios para obtenerla?

2. Una cosa es amar a tus “enemigos” cuando solamente son criaturas antipáticas y molestas, tales como compañeros de trabajo difíciles, conocidos maleducados o vecinos desagradecidos. Eso es suficientemente difícil. Pero ¿qué sucede con los verdaderos enemigos, personas que te han hecho daño o que deseaban hacerles mal, a ti o a tu familia? ¿Cómo podemos amarlos? ¿Qué consuelo puede haber, si es que lo hay, en el hecho de que no se nos manda amarlos “como a ti mismo”?

3. Las personas pueden discutir con nosotros sobre nuestra teología, nuestra doctrina, nuestro estilo de vida; prácticamente, cualquier cosa. Pero ¿quién puede argumentar contra el amor abnegado y desinteresado? El amor abnegado revela un poder que trasciende todo argumento racional o lógico. ¿De qué manera podemos aprender a expresar este amor, sin importar el costo personal que nos pueda significar?

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