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LECCIÓN 7 – JESÚS, EL ESPÍRITU SANTO Y LA ORACIÓN – PARA EL 16 DE MAYO DE 2015

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Este es un estudio libre para toda persona que lo desee usar, compartir ó distribuir. Es una cortesía de SevenDay Radio y su servidor, Tony García. Cualquier pregunta ó comentario por favor escriba a tonygarcialopez@yahoo.com ó tglopez@sevendayradio.com. Este documento es subido a la red los días Domingos a las 6:00 de la mañana hora de Madrid, España; la media noche del día Sábado de la costa este de los Estados Unidos.

Toda información dada en éste documento es tomada de la vastedad de libros que la Iglesia Adventista del 7mo Día tiene disponible gratuitamente para el público en general, en Ingles y Español. A éste documento también se le agrega otras informaciones de otros libros, que también se encuentran disponible en el Internet para el uso del  público en general.

Aquí no le estamos presentando una nueva luz, nuestro trabajo es sencillamente recopilar información, y presentarla en un lenguaje sencillo y entendible,  para que se le haga mas fácil al maestro de Escuela Sabática comprender y prepararse mejor, para impartir la lección de Escuela Sabática.

 Deseamos compartir con ustedes los tópicos  de las lecciones de los próximos años.

4 trimestres por año

2015:  (3)”Misioneros” (4)”Jeremías”

2016:  (1)”La Gran Controversia” (2)”El libro de Mateo” (3)”El Papel de la Iglesia en la Comunidad” (4)”Job”

2017:  (1)”El Espíritu Santo y la Espiritualidad” (2)”1ra y 2da de Pedro” (3)”Unidad en Cristo” (4)”Asuntos de Justicia Social”

2018:   (1)”Mayordomía” (2)”Preparación para los Días Finales” (3)”El libro de los Hechos” (4)”El Libro de Apocalipsis”

2019: (1)”Esdras-Nehemías” (2)”El Libro de Daniel” (3)”Romanos” (4)”Como interpretar las escrituras”

Nuevas: 2020: (1) “Educación” (2) Juan

Recordamos a los hermanos que ésta información está sujeta a cambios.


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Mauro Castellanos fue operado, y la operación fue un éxito por la gracia de Dios. Su corazón está respondiendo muy bien y se espera que su recuperación sea lenta pero segura. Muchas gracias a todos los hermanos por las oraciones elevadas en su favor. Esta es una oportunidad que Dios le ha dado para que él pueda enmendar y arreglar su vida tanto física como espiritual, y también a nosotros para finalizar la predicación del evangelio en su hogar. Nuevamente gracias a todos los que imploraron por él, necesitábamos un milagro de Dios, y Dios lo proveyó.  ¡Alabamos el Nombre más dulce del universo: Jesús; y glorificamos al Padre por su gran misericordia!

 

 

Lección 7: Para el 16 de mayo de 2015

JESÚS, EL ESPÍRITU SANTO Y LA ORACIÓN

Sábado 9 de mayo______________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lucas 2:25-32; Juan 16:5-7; Lucas 23:46; 11:1-4; Mateo 7:21-23; Lucas 11:9-13.

PARA MEMORIZAR:
 “Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá” (Luc. 11:9, 10).

LUCAS HABLA MÁS QUE LOS OTROS evangelios sinópticos acerca de la relación de Jesús con el Espíritu Santo: Mateo se refiere al Espíritu 12 veces; y Marcos, 6 veces. Pero Lucas tiene 17 referencias en su Evangelio, y 57 en los Hechos. Desde la concepción de Jesús (Luc. 1:35) hasta el establecimiento de la misión de los discípulos (Luc. 24:44-49), Lucas ve un vínculo entre Jesús y el Espíritu Santo que es básico para entender el ministerio del Salvador. Lucas también destaca la oración en la vida y la misión de Jesús. Plenamente divino, igual con el Padre y el Espíritu, Jesús en su humanidad nos dejó un ejemplo con respecto a la oración.

Si Jesús vio la necesidad de orar, ¿cuánto más lo necesitaremos nosotros?

“Sin oración incesante y vigilancia diligente, corremos el riesgo de volvernos indiferentes y de desviarnos del sendero recto. Nuestro adversario procura constantemente obstruir el camino a la sede de la misericordia, para que no obtengamos, mediante ardiente súplica y fe, gracia y poder para resistir la tentación” (CC 94).

En todas nuestras pruebas se nos invita a buscar fervientemente al Señor, recordando que somos propiedad de él, hijos suyos por adopción. Ningún ser humano puede comprender nuestras necesidades como Cristo. Si se la pedimos con fe, recibiremos su ayuda. Le pertenecemos por creación, y también somos suyos por redención. Mediante las cuerdas del amor divino estamos sujetos a la Fuente de todo poder y fortaleza. Si tan sólo dependiéramos de Dios, pidiéndole lo que deseamos como el niñito le pide a su padre lo que quiere, obtendríamos una rica experiencia. Así aprenderíamos que Dios es la fuente de toda fortaleza y poder (Exaltad a Jesús, {EJ}, p. 49).

En segundo lugar, hay que orar. Jesús no nos habría encargado que lo hiciéramos, si no se hubiera tratado de una necesidad real. El sabe perfectamente bien que nosotros, por nuestra propia cuenta, somos incapaces de vencer las muchas tentaciones del enemigo, o de descubrir las muchas trampas que coloca para nuestros pies. El Señor no lo ha abandonado para que se defienda solo; ha provisto una manera por medio de la cual puede obtener ayuda. Por esa razón le pide que ore.

Orar correctamente consiste en pedirle a Dios con fe las cosas que se necesitan. Vaya a su cuarto, o a cualquier otro lugar privado, y pídale a su Padre que lo ayude, en el nombre de Jesús. Hay poder en la oración que procede de un corazón convencido de su propia debilidad, y que sin embargo anhela fervientemente la fortaleza que proviene de Dios. La oración ferviente será escuchada y atendida. Acuda a Dios, porque él es fuerte y se complace en escuchar las oraciones de sus hijos, y aunque puede ser que usted se sienta muy débil y a veces se vea abrumado por el enemigo, porque ha descuidado la primera orden del Salvador, de velar, sin embargo no abandone la lucha. Realice esfuerzos más decididos que antes. No desmaye. Arrójese a los pies de Jesús, quien también fue tentado y sabe cómo socorrer a los que son tentados. Confiésele sus faltas, sus debilidades, y dígale que necesita ayuda para vencer, o que de lo contrario perecerá. Y cuando pida, debe creer que Dios lo escuchará… Dios le ayudará. Los ángeles velarán sobre usted.

Pero antes de recibir esta ayuda, usted debe hacer lo que esté de su parte. Vele y ore. Que sus oraciones sean fervientes. Que el lenguaje de su corazón sea éste: “No te dejaré, si no me bendices”. Tenga un tiempo definido para orar, por lo menos tres veces por día. Daniel oraba a Dios mañana, tarde y noche, haciendo caso omiso del decreto real, y del temido foso de los leones. No tenía vergüenza ni temor de orar, sino que con sus ventanas abiertas oraba tres veces al día. ¿Olvidó Dios a su siervo fiel cuando lo echaron en el foso de los leones? Oh, no. Estuvo con él allí la noche entera. Cerró la boca de los leones hambrientos y estos no le pudieron hacer daño al hombre devoto de Dios (Exaltad a Jesús, {EJ}, p. 362).

Que haya oraciones más fervientes en busca del Señor. “Todo aquel”, aseveró Cristo, “que pide, recibe; y el que busca, halla”. Lucas 11:10. Se me ordena exhortar a todo maestro del Evangelio acerca de la necesidad de multiplicar y ampliar sus conceptos de lo que Cristo será para los que sobrellevan responsabilidades. Las capacidades se incrementan maravillosamente bajo el poder del Espíritu Santo…

¿Buscará al Señor fervientemente? Ore, ore como humilde investigador. No ponga su inventiva en acción para probar que otros son impíos, sino hábleles con ternura para que ellos escudriñen sus propios corazones pecaminosos, y ore pidiendo que el Señor purifique de pecado el templo del alma (Alza tus ojos, {ATO}, p. 264).

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Lección 7 // Domingo 10 de mayo__________________________

JESÚS Y EL ESPÍRITU SANTO

Como un gentil converso y compañero de misión del apóstol Pablo, Lucas consideró el ingreso de la cristología en la historia −desde la encarnación de Jesús hasta su ascensión y hasta la difusión de la iglesia− como una maravilla divina producida y guiada por el Espíritu Santo. En la vida de Jesús vemos actuar a toda la Deidad en nuestra redención (Luc. 3:21, 22); y Lucas enfatiza este punto por medio de sus continuas referencias al Espíritu Santo.

¿Qué nos indican los siguientes versículos acerca de la función del Espíritu Santo en la venida de Cristo a la Tierra en carne humana? Luc. 1:35, 41; 2:25-32.

35 Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. 41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,  Lucas 1

25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: 29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. Lucas 2

La misión de Jesús comenzó con varias referencias al Espíritu Santo. Según Lucas, Juan el Bautista predijo que, aunque él bautizaba con agua, aquel que lo seguiría bautizaría con el Espíritu (Luc. 3:16). En ocasión del bautismo de Jesús, tanto el Padre como el Espíritu Santo afirmaron la autenticidad de su misión redentora. Dios el Padre declaró desde arriba que Cristo es su Hijo amado enviado para redimir a la humanidad, mientras el Espíritu Santo descendía sobre él en la forma de una paloma (Luc. 3:21, 22). Desde entonces, Jesús estuvo “lleno del Espíritu Santo” (Luc. 4:1) y listo para enfrentarse con el enemigo en el desierto, así como para comenzar su ministerio (Luc. 4:14).

Las palabras iniciales de su sermón en Nazaret fueron una aplicación de la profecía mesiánica de Isaías a sí mismo: “El Espíritu del Señor está sobre mí” (vers. 18). El Espíritu era su compañero constante, su fuerza afirmadora, y también sería su presencia permanente entre sus seguidores cuando él ya no estuviese entre ellos (Juan 16:5-7). No solo eso, Jesús prometió que Dios daría el don del Espíritu a quienes lo pidieran (Luc. 11:13). El Espíritu que siempre vinculó a Cristo con el Padre y su misión redentora es el mismo Espíritu que fortalecería a los discípulos en su jornada de fe. De allí la importancia vital del Espíritu en la vida cristiana: en realidad, la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado más grave de todos (Luc. 12:10).

¿Qué maneras concretas y prácticas pueden abrirnos a la conducción del Espíritu Santo? Es decir, ¿cómo podemos ser cuidadosos de que nuestras elecciones de ninguna manera nos endurezcan a su voz?

Semanas atrás hemos estado estudiando la relación existente entre Jesucristo y el Espíritu Santo, vamos a aprovechar en ésta ocasión para dar cierta información, con respecto al Espíritu Santo y su obra aquí en la tierra.

Encontramos que hay mucha información en cuanto al trabajo del Espíritu Santo, pero hay muy poca información en cuanto a su naturaleza. Sabemos que el Espíritu Santo es Dios, tanto como el Padre, así como el Hijo.

También sabemos que es una persona. Cuando usted pregunta a las  personas que opina ó piensa acerca del Espíritu Santo, la mayoría va a contestar que el Espíritu Santo es como una fuerza. Este concepto tenemos que combatirlo, ya que el Espíritu Santo no es una fuerza, es una persona y miembro de la “Trinidad”, como lo es el Padre y como lo es el Hijo.

El Diccionario Adventista habla con respecto a éste tema y esto es lo que se opina:   Existió y existe mucha especulación con respecto a la naturaleza del Espíritu Santo, pero la revelación ha mantenido bastante silencio sobre el tema. Queda implícita (o verificada) su personalidad, por que se lo presenta realizando actos como los de una persona: escudriña, conoce, intercede, ayuda, guía;

Existió y existe mucha especulación con respecto a la naturaleza del Espíritu Santo, pero la revelación ha mantenido bastante silencio sobre el tema. Se lo enumera con las otras personas: Dios el Padre y Jesucristo el Hijo, de tal modo que queda implícito que él también es una persona. Pero con respecto a su naturaleza esencial, el silencio es oro.

La palabra  hebrea y aramea “RUAJ QODESH”  es la palabra que se usa en toda la Biblia solamente y exclusivamente cuando se refiere al ESPÍRITU SANTO.

Muchas veces se le llama el Espíritu de Dios, ó el Espíritu de Jehová. 

Encontramos al Espíritu Santo en todo los actos creadores, que los humanos conocemos:

-La creación de la tierra

-La creación de la naturaleza

-La creación de la iglesia

-La creación de la nueva vida,

-La creación del nuevo hombre.

Cada vez que la Biblia está refiriéndose a la tercera persona de la Deidad, usa letra mayúscula por ejemplo: Espíritu Santo.

Cada vez que la Biblia menciona la palabra “espíritu” con “e” minúscula, no está hablando del Espíritu Santo. En ésta caso está hablando de una cosa y la Biblia usa la palabra  griega “RUAJ”.

La palabra RUAJ ó “espíritu” con “e” minúscula tiene varios significados, entre ellos están:  1-Aliento;   2-Viento;   3-Elemento vital;   4-Mente;    5-Pensamiento;   6-Vitalidad; 7-Valor; 8-Mal genio ó ira;   9-Disposición de ánimos;  10-Carácter Moral;   11-Asiento de emociones; 12-Actitud;   13-Estado de sentimientos.

Un ejemplo de esto son los siguientes versículos: “Pon un espíritu recto dentro de mi”, éste texto está diciendo pon un pensamiento recto dentro de mi.

Otro texto dice: “estaré con vosotros en espíritu” Simple y sencillamente está diciendo estaré con vosotros en pensamiento. Cuando Elías partió al cielo la Biblia dice: “el espíritu de Elías reposó sobre Eliseo” Este texto se pudiera traducir así: y el pensamiento, ó la mente, ó el carácter de Elías reposó sobre Elíseo.  

También la Biblia habla de otros espíritus, entre ellos están:  “espíritu de celos” (Núm. 5: 14, 30); “espíritu angustiado” (Isa. 61: 3); “espíritu de fornicaciones” (Ose. 4: 12); “espíritu de enfermedad” (Luc. 13: 11); “espíritu de mansedumbre” (1 Cor. 4:21), “espíritu de cobardía” (2 Tim. 1: 7); “espíritu de error” (1 Juan 4: 6); “espíritu de sueño” (Isa. 29: 10); “espíritu de vértigo” (Isa. 19: 14); “espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y temor de Jehová” (Isa. 11: 2);  “espíritu de tristeza” (Isa. 54:6); Todos estos “espíritus” no son personas, son sencillamente estados de ánimos, actitudes ó sentimientos.

Esta palabra “espíritu” con “e” minúscula  genera mucha confusión al mundo cristiano en general. La mayoría cree que es una persona ó un ser existiendo dentro de otra persona, es como un ser viviendo dentro de otro ser.

La palabra “espíritu” con “e” minúscula nunca se refiere a una persona, siempre se refiere a una cosa.

La Biblia dice que cuando una persona muere el “espíritu” con “e” minúscula vuelve a Dios que lo dio. Muchos creen que la parte consiente de una persona, cuando ésta muere vuelve a Dios, y de allí aparece uno de los fundamentos de la inmortalidad del alma.

A Dios no vuelve ninguna forma de ser ó persona, a Dios simple y sencillamente vuelve el “aliento de vida” que  Dios mismo lo había dado en forma de préstamo.  Eclesiastes 3: 19 dice: que el espíritu (ruaj) del hombre es igual al espíritu (ruaj) de los animales, y en la muerte los dos espíritus (ruaj) vuelven a Dios; por lo tanto este texto demuestra que el espíritu con “e” minúscula no es persona, en éste caso es “ALIENTO DE VIDA” pudiéramos decir una licencia para vivir.

19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. 20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

Por lo tanto queremos dejar claro que cuando usted lea el nombre “Espíritu Santo” ó “Espíritu”, se está refiriendo a una persona y es la tercera persona de la deidad; pero cuando usted lea la palabra “espíritu” nunca se refiere a una persona, ni divina, ni humana, se está refiriendo a una cosa.

Otro punto importante que tenemos que entender es que el Espíritu Santo ha estado en la tierra desde antes de la creación, su función primordial ó completa, comenzó después de la ascensión de Cristo al cielo, donde él toma completo control del trabajo aquí en la tierra con respecto a la salvación del hombre.

A continuación dejamos versículos encontrados en toda la Biblia que nos ayudarán a comprender un poco mas el trabajo del Espíritu Santo aquí en la tierra.

El Espíritu Santo estuvo para la creación del mundo, antes que el mundo fuese creado él ya estaba presente, estudiando la situación y el estado de éste planeta antes de iniciarse la creación. 1- En el principio crió Dios el cielo y la tierra. 2-La tierra empero, estaba informe y vacía, y las tinieblas cubrían las superficies del abismo: y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Génesis 1

El Espíritu Santo en la decisión de enviar el diluvio: 3-Y dijo Jehová: No contenderá mi Espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. Génesis 6

Toda la obra que José realizo en ésta tierra, fue  a través y con la ayuda del Espíritu Santo: Y dijo Faraón a sus siervos: ¿Hemos de hallar otro hombre como éste, en quien esté el Espíritu de Dios? 39 Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. 40 Tú serás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo: solamente en el trono seré yo mayor que tú. Génesis 41

El Espíritu Santo estuvo presente en la construcción del Santuario hecho por el pueblo de Israel; Y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, y en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio, 4 para inventar diseños, para trabajar en oro, y en plata, y en bronce, 5 y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para obrar en toda clase de labor. Éxodo 31

El Espíritu Santo además de haber esta presente en a construcción del santuario, él también estuvo a cargo de su dirección:
6 Y cuando estas cosas fueron así ordenadas, los sacerdotes siempre entraban en la primera parte del tabernáculo para hacer los oficios del servicio a Dios; 7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo. 8 Dando en esto a entender el Espíritu Santo, que aún no estaba descubierto el camino al lugar santísimo, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie. Hebreos 9

El Espíritu Santo estuvo en el antiguo Israel con profetas y jueces:
2 Y alzando Balaam sus ojos vio a Israel acampado por sus tribus; y el Espíritu de Dios vino sobre él. Número 24

9 Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová; Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb. 10 Y el Espíritu de Jehová fue sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim, rey de Mesopotamia, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim. Jueces 3

5 Y Sansón descendió con su padre y con su madre a Timnat; y cuando llegaron a las viñas de Timnat, he aquí un cachorro de león que venía rugiendo hacia él. 6 Y el Espíritu de Jehová cayó sobre él, y lo despedazó como quien despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano; pero no contó ni a su padre ni a su madre lo que había hecho. Jueces 14

10 Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él, y el Espíritu de Dios vino sobre él, y profetizó entre ellos.  1 Samuel 1o

El antiguo Israel tentó al Espíritu Santo y el Espíritu Santo fue quién los exterminó: 10 Mas ellos fueron rebeldes e hicieron enojar a su Santo Espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. Isaías 63

David sabía y reconocía la necesidad del Espíritu Santo:  11 No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu Santo Espíritu. Salmos 51

El Espíritu Santo uno con el Padre y el Hijo: 7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. 8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra; el Espíritu, el agua, y la sangre; y estos tres concuerdan en uno. 1 Juan 5

El Espíritu Santo es el que sella: 13 En el cual también confiasteis vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación; en quien también, desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, Efesios 1

El Espíritu Santo da los cargos en la iglesia: 28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre. Hechos 20

El Espíritu Santo es también Creador:  4 El Espíritu de Dios me hizo, y la inspiración del Omnipotente me dio vida. Job 33

Nuestros cuerpos le pertenecen al Espíritu Santo y a Dios: 19 ¿O ignoráis que vuestros cuerpos es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros?  1 Corintios 6

Debemos estudiar el Modelo, para que el espíritu que habitó en Cristo pueda morar en nosotros. Al Salvador no se lo halló entre los eminentes y honorables del mundo. No empleó su tiempo entre los que buscaban su propia comodidad y deleite. Trabajó para ayudar a los que necesitaban ayuda, para salvar a los perdidos y a los que perecían, para levantar a los caídos, para romper el yugo de opresión de los que estaban en cautiverio, para sanar a los afligidos y hablar palabras de simpatía y consolación a los angustiados y tristes. Se nos pide que sigamos este ejemplo. Cuanto más participemos del espíritu de Cristo, tanto más buscaremos hacer por nuestros semejantes. Bendeciremos al necesitado y confortaremos al afligido (En lugares celestiales, {ELC], p. 312).

Significa mucho entregar la custodia del alma a Dios. Significa que hemos de vivir y caminar por fe, no confiando y glorificando al yo, sino mirando a Jesús, nuestro Abogado, el Autor y Consumador de nuestra fe. El Espíritu Santo hará su obra sobre el corazón contrito, pero nunca podrá obrar sobre un alma presumida y autosuficiente. Una persona tal tratará de mejorar por su propia sabiduría. Se interpone así entre su alma y el Espíritu Santo, y le impide obrar…

El Espíritu Santo desea cooperar con todos los que le reciban y estén dispuestos a ser enseñados por El. Los que se aferran de la verdad y son santificados mediante ella, están tan unidos a Cristo que pueden representarlo en palabra y acción. Están revestidos de Jesús y poseen un poder que los capacita para revelar la verdad a otros. Quiera el Espíritu Santo hablar a los corazones de los integrantes del pueblo de Dios para que sus palabras puedan ser tan escogidas como el oro, al dar el pan de vida a quienes están en transgresión y pecado…

Es la voluntad de Dios que las bendiciones otorgadas al hombre sean dadas en plenitud. El hizo provisión para que toda dificultad pueda ser superada, para que cada necesidad pueda ser suplida mediante su Espíritu. Es su designio que el hombre perfeccione un carácter cristiano. Dios quiere que contemplemos su amor y sus promesas, dados en forma tan generosa a quienes no tienen méritos. Quisiera que dependiéramos plena, agradecida y gozosamente de la justicia que nos fue provista por Cristo. A todos los que acuden a Dios como El ha establecido, los escucha bondadosamente (Alza tus ojos, {ATO}, p. 352).

 

“Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto.” Las palabras de Marcos son aun más significativas. El dice: “Y luego el Espíritu le impele al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras.” “Y no comió cosa en aquellos días.

Cuando Jesús fué llevado al desierto para ser tentado, fué llevado por el Espíritu de Dios. El no invitó a la tentación. Fué al desierto para estar solo, para contemplar su misión y su obra. Por el ayuno y la oración, debía fortalecerse para andar en la senda manchada de sangre que iba a recorrer. Pero Satanás sabía que el Salvador había ido al desierto, y pensó que ésa era la mejor ocasión para atacarle.

Grandes eran para el mundo los resultados que estaban en juego en el conflicto entre el Príncipe de la Luz y el caudillo del reino de las tinieblas (El deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 89).

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Lunes 11 de mayo // Lección 7____________________________

LA VIDA DE ORACIÓN DE JESÚS

Algunas de las muchas ocasiones en que Jesús oró están registradas solo en Lucas. Nota los siguientes incidentes que muestran a Jesús en oración durante grandes momentos de su vida:

  1. Jesús oró en su bautismo (Luc. 3:21). “Se estaba abriendo ante él una era nueva e importante. De una manera más amplia, estaba entrando en el conflicto de su vida” (DTG 85). No se atrevió a comenzar esa era más amplia de su ministerio público –que finalmente lo llevaría a la cruz del Calvario− sin oración.
  2. Jesús oró antes de elegir a los doce discípulos (Luc. 6:12, 13). Ningún líder elige a sus seguidores al azar. Pero, Jesús no estaba simplemente eligiendo seguidores: estaba eligiendo seguidores que se identificaran completamente con su persona y su misión, y las comprendieran. “Su cargo era el más importante al cual hubiesen sido llamados alguna vez los seres humanos, y únicamente el de Cristo lo superaba” (DTG 258).
  3. Jesús oró por sus discípulos (Luc. 9:18). El discipulado demanda un compromiso absoluto con Jesús, y una comprensión de su identidad. A fin de que los Doce pudieran saber quién era él, Jesús “oraba aparte” y, después de eso, los desafió con la pregunta vital: “¿Quién decís que soy?” (Luc. 9:20).
  4. Jesús oró antes de su transfiguración (Luc. 9:28-36) y obtuvo para sí la segunda afirmación del Cielo de que él era el “Hijo amado” de Dios. Las pruebas vividas hasta entonces y las que vendrían no podrían cambiar la estrecha afinidad entre el Padre y el Hijo. La oración también resultó en que los discípulos vieron con sus “propios ojos su majestad” (2 Ped. 1:16).
  5. Jesús oró en Getsemaní (Luc. 22:39-46). Esta es la oración más importante en la historia de la salvación. Aquí tenemos al Salvador vinculando al Cielo con la Tierra y estableciendo, al hacerlo, tres principios cruciales: la primacía de la voluntad y el propósito de Dios; el compromiso de cumplir esa primacía aun con el riesgo de sangre y muerte; y la fortaleza para vencer cada tentación a lo largo del camino del cumplimiento del propósito de Dios.
  6. Jesús oró, entregando su vida en las manos de Dios (Luc. 23:46). En sus palabras finales sobre la cruz, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, Jesús nos presenta el propósito máximo de la oración. Al nacer o al morir, ante enemigos o amigos, mientras dormimos o estamos despiertos, la oración debe mantenernos permanentemente vinculados a Dios.

¿Qué te dicen estos ejemplos acerca de tu vida de oración?

Hermosa explicación, no tenemos nada que agregarle.

Después de salir del agua, Jesús se arrodilló en oración a orillas del río. Se estaba abriendo ante él una era nueva e importante. De una manera más amplia, estaba entrando en el conflicto de su vida…

La mirada del Salvador parece penetrar el cielo mientras vuelca los anhelos de su alma en oración. Bien sabe él cómo el pecado endureció los corazones de los hombres, y cuán difícil les será discernir su misión y aceptar el don de la salvación. Intercede ante el Padre a fin de obtener poder para vencer su incredulidad, para romper las ligaduras con que Satanás los encadenó, y para vencer en su favor al destructor. Pide el testimonio de que Dios acepta la humanidad en la persona de su Hijo.

Nunca antes habían escuchado los ángeles semejante oración. Ellos anhelaban llevar a su amado Comandante un mensaje de seguridad y consuelo. Pero no; el Padre mismo contestará la petición de su Hijo. Salen directamente del trono los rayos de su gloria. Los cielos se abren, y sobre la cabeza del Salvador desciende una forma de paloma de la luz más pura, emblema adecuado del Manso y Humilde (El deseado de todas las gentes, {DTG}, pp. 85, 86).

Jesús nos ha dejado esta amonestación: “Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si a la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.” Marcos 13:35, 36. Se pide a la iglesia de Dios que cumpla su vigilia, por peligrosa que sea, ora sea corta o larga. El pesar no brinda excusas para ser menos vigilantes. La tribulación no debe inducirnos al descuido, sino a duplicar la vigilancia. Por su ejemplo Cristo indicó a su iglesia cuál es la fuente de su fuerza en tiempo de necesidad, angustia y peligro. La actitud de vela designará en verdad a la iglesia como pueblo de Dios. Por esta señal, los que aguardan se distinguen del mundo y demuestran que son peregrinos y extranjeros en la tierra.

De nuevo, el Salvador se apartó tristemente de sus discípulos que dormían, y oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras. Luego volvió a ellos y les dijo: “Dormid ya, y descansad: he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.” Mateo 26:45. ¡Qué crueles fueron los discípulos al permitir que el sueño les cerrase los ojos, y encadenase sus sentidos, mientras su divino Señor soportaba tan inefable angustia mental! Si hubiesen permanecido en vela, no habrían perdido su fe al contemplar al Hijo de Dios muriendo en la cruz.

Esta importante vigilia nocturna debiera haberse destacado por nobles luchas mentales y oraciones, que los habrían robustecido para presenciar la indecible agonía del Hijo de Dios. Los habría preparado para que, mientras contemplaban sus sufrimientos en la cruz, comprendieran algo de la naturaleza de la angustia abrumadora que él soportó en el huerto de Getsemaní. Y habrían quedado mejor capacitados para recordar las palabras que les había dirigido con referencia a sus sufrimientos, muerte y resurrección; y en medio de la lobreguez de aquella hora terrible y penosa, algunos rayos de esperanza habrían iluminado las tinieblas y sostenido su fe (Joyas de los testimonios, {JT}, pp, 222, 223).

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Lección 7 // Martes 12 de mayo____________________________

LA ORACIÓN MODELO: 1A PARTE

Lee Lucas 11:1 al 4.  ¿De que forma estos versículos nos ayudan a entender el modo en el que actúa la oración?

Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

“Padre” es la manera favorita de Jesús de describir a Dios, y se registra así por lo menos 170 veces en los cuatro evangelios. Al dirigirnos a Dios como a nuestro Padre, reconocemos que Dios es una Persona, capaz de tener la relación más íntima con los humanos. Dios es tan personal, tan real, tan amante y tan interesado como un Padre humano. Pero, él es el Padre en el cielo. Es diferente de nuestro padre terrenal, porque él es omnipotente, omnisciente, omnipresente y perfectamente santo.

“Padre que estás en los cielos” es una frase que nos recuerda para siempre que Dios es santo y personal, y que el cristianismo no es una idea filosófica ni un concepto panteísta de un dios que es todo.

“Santificado sea tu nombre” (Luc. 11:2). Aquí tenemos otro recordativo de la santidad de Dios. Los que afirman seguir al Señor deben santificar su nombre en palabras y en hechos. Pretender seguirlo y, no obstante, pecar contra él es profanar ese nombre. Las palabras de Jesús en Mateo 7:21 al 23 pueden ayudarnos a comprender mejor lo que significa santificar el nombre de Dios.

“Venga tu reino” (Luc. 11:2). Los evangelios se refieren al Reino de Dios unas 100 veces: cerca de 40 en Lucas, unas 50 en Mateo, 16 en Marcos y 3 en Juan. Es lo que Jesús vino a revelar y establecer, tanto en la realidad presente del reino de gracia y en la promesa futura del reino de gloria. Sin entrar en el primer reino, no habría entrada en el segundo, y es el deseo del Salvador que sus discípulos experimenten el primero esperando el segundo.

“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Luc. 11:2). La voluntad de Dios se reconoce y obedece en el cielo. Jesús toma ese hecho y lo convierte en la esperanza de que esa voluntad también suceda en la Tierra. “En la tierra” sugiere no una generalidad, sino una particularidad. Sea hecha la voluntad de Dios sobe la Tierra, pero que comience con nosotros, con cada uno de nosotros, personalmente.

¿Conoces al Señor o solo acerca de él? ¿De qué maneras tu vida de oración te lleva más cerca de él?

Muchas veces cuando escuchamos una hermosa oración, deseamos orar de la misma forma que la persona que elevó la oración; Si hubiéramos tenido la oportunidad de haber escuchado a Jesús orar,  cuanto más hubiéramos deseado orar como lo hizo Jesús, sin duda alguna la manera que Jesús oraba era impresionante, sincera, ferviente y reverente.

“Señor, enséñanos a orar” Por que somos ignorantes, por que no sabemos cual es la forma correcta, por que no somos hábiles para pedir las cosas correctas.

No hay duda, que la mayoría de nosotros hemos experimentados muchas veces insatisfacción con nuestras oraciones; son oraciones que muchas veces son pobres, frías, y sin sentido, son oraciones cansadoras y parecen hasta una burla. El corazón parece lleno, pero se vacía inmediatamente cuando doblamos nuestras rodillas para orar, no tenemos nada que decir, todos los pensamientos se esfuman, entonces quedamos irritados y frustrados, murmuramos secretamente, pero no logramos ver la causa de nuestro fracaso que es nuestra propia arrogancia, y es allí donde nos invade el anhelo en nuestro corazón que alguien nos enseñe como orar.

Necesitamos guía en nuestras oraciones por varias razones:

1-Por la grandeza de Dios

2-Por nuestra culpabilidad y pecaminosidad

3-Por la importancia de la oración

4-Por nuestra debilidad y tendencia al mal

5-Por el riesgo de no orar bien

Cristo nunca pudo haber forzado a sus discípulos a orar, el motivó a sus discípulos a orar no diciéndoles que había que orar, los motivó  por su ejemplo. Nosotros no podemos orar por fuerza ó imposición, nosotros oramos por condiciones ó situaciones que nos  inspiran al deseo de comunicarnos con Dios.

Cuando nosotros oramos, se nos prohíbe usar “vanas repeticiones”. Hay muchos que creen que cuando se usan frases bíblicas en las oraciones, las oraciones se vuelven más correctas, más santa y más aceptables, hay otros que se ponen a orar día y noche y lo hacen solo cuando están asustados ó afligidos. Repetir las oraciones de David ó de Isaías, e inclusive el “Padre Nuestro” no es meramente orar, aún cuando lo estemos haciendo de rodillas. Para que éstas se conviertan en oraciones reales, necesitamos entender el significado de las palabras y también tenemos que ver con que espíritu esas palabras expresadas están mostrando nuestros verdaderos deseos. La cura para evitar las “vanas repeticiones” en nuestras oraciones, es saber y entender cuales son nuestros verdadero deseos y necesidades, y plantearlos a Dios en forma honesta y sincera.

Padre nuestro,                                               
que estás en el cielo,                                     
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

3 No tendrás dioses ajenos delante de mí. 4 No te harás imagen ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No te inclinarás ante ninguna imagen, ni las honrarás; porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte, celoso, que castigo la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. 7 No tomarás el nombre de YAHVÉ tu Dios en vano; porque no dará por inocente Yahveh al que tomare su nombre en vano. 8 Acuérdate del día del sábado para santificarlo…

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh tu DIOS te da. 13 No matarás. 14 No cometerás adulterio. 15 No hurtarás. 16 No dirás falso testimonio contra tu prójimo. 17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

 El “Padre Nuestro” se divide en dos partes, exactamente de la misma manera que se divide la Ley de Dios.

La primera tabla de la ley nos ordena como relacionarnos con Dios, la primera parte del “Padre Nuestro” nos habla de la gloria de Dios.

La segunda tabla de la ley nos ordena en cuanto a la relación y el respeto hacia nuestro prójimo, la segunda parte del “Padre Nuestro” nos habla de las necesidades del humano.

La primera tabla de la ley es las mas difíciles de obedecer “sinceramente”; la primera parte del “Padre Nuestro” es la parte más difícil de orar “sinceramente”

Obedeciendo la primera tabla de la ley, nos capacita para obedecer la segunda tabla de la ley, orando la primera parte del “Padre Nuestro” nos califica para orar la segunda parte del “Padre Nuestro”

 “Padre nuestro que estás en los cielos”

La oración nos enseña a decir “Padre nuestro” y no Padre mío; nos enseña a orar no solamente por nosotros, sino por toda la familia de Dios aquí en la tierra. Cuando decimos “Padre nuestro” estamos reconociendo que tenemos más hermanos, quienes también reclaman y tienen el mismo derecho que nosotros, tanto a la misericordia como al amor de Dios, y reconocemos que Dios los ama a ellos de la misma manera que nos ama a nosotros. Teniendo éste pensamiento en mente, tenemos que examinarnos a nosotros mismos: ¿vivimos en paz  y en armonía con nuestro prójimo?; ¿amamos a nuestro prójimo?; ¿nos alegramos cuando ellos prosperan más que nosotros?; ¿ayudamos a nuestro prójimo con todo lo que está a nuestro alcance, sin malicia ó interés?; ¿nos interesa  nuestro prójimo tanto material como espiritual? Si ésto no es una realidad en nuestras vidas, tampoco será una realidad las oraciones que elevemos, esas oraciones no serán contestadas por Dios.

Otra cosa que tenemos que entender es que la oración modelos nos enseña que cuando elevamos una oración, esa oración tiene un destinatario especial y es el “Padre”. La oración no está dirigida a ningún santo ó ángel que está en el cielo, la oración está dirigida al Padre.

Cuando oramos en nuestra iglesia; hay dos errores comunes que se cometen con mucha frecuencia: el primer error es orar en forma singular; la oración tiene que ser hecha en nombre de todos los presentes; todo pedido, todo agradecimiento, toda inquietud ó todo plan tiene que ser hecho en forma plural, nunca en forma singular; muchas veces escuchamos: “te pido”, “te doy gracias”; la expresión correcta es: “te pedimos”, “te damos gracias”

El segundo error, es un error garrafal y que posiblemente deja la oración obsoleta, sin llegar a ningún lugar; y es cuando dirigimos nuestra oración a Jesús. Muchas veces escuchamos que la oración comienza así: “Querido Jesús que estás en los cielos…”;  ésta oración le está llegando al destinatario ó persona equivocada, Jesús dijo: 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” Juan 14  El “Padre nuestro” confirma esta manera de orar; toda oración es elevada y dirigida al Padre y toda oración se termina pidiendo o agradeciendo en el nombre de Jesús.

“Santificado sea tu nombre”

SANTO: Consagrado – venerado – apartado -altamente respetado – Es el acto de apartar algo del uso común y destinarlo solamente para el uso sagrado.

Santificar significa hacer algo santo, ó reconocer y considerar algo ó a alguien santo.  Nosotros los humanos no podemos agregar más santidad a Dios, ni por  nuestras palabras,  ni por nuestros actos; pero podemos tener santos pensamientos acerca de Dios, y podemos santificar a Dios en nuestros corazones, por medio de la santificación podemos conseguir que nuestros pensamientos acerca de Dios estén limpios de errores y corrupción, que nuestros pensamientos acerca de Dios, sean correctos, engrandados y apartados.

 Nosotros podemos santificar el nombre de Dios, diciendo y compartiendo  la verdad de Dios con los demás: Una de las razones por las cuales el hombre no santifica el nombre de Jehová es por que no comprende su carácter. Se le ha dicho al hombre tantas cosas acerca de Dios que no son verdaderas, que muchos de ellos no logran captar la santidad y el amor de Dios; muchas veces nosotros no santificamos el nombre de Dios, cuando hacemos comentario de Dios y lo presentamos como un Dios injusto, tiránico ó cruel.

Nosotros podemos santificar el nombre de Dios, cuando por nuestro testimonio mostramos que le damos honor y que también lo amamos. Tanto los buenos como los malos sentimientos son contagiosos; la influencia inconsciente de corazones reverentes y vidas agradecidas, elevan los pensamientos de otros a éstas sublimes verdades.

Santificar el nombre de Dios, es el acto de percibir, aprender, obedecer y  reverenciar la majestad y la santidad de Dios.

“Venga tu reino”

Esta es la más grande y sublime petición que el humano puede pronunciar, realmente no hay nada que nosotros pidamos que no esté incluido en ésta oración, éste pedido en particular tendría que hacer  todo el mundo crecer en santidad y en en luz divina, éste pedido nos tendría que volvernos más humildes y fuertes, más verdaderos y sinceros, y cada día que pasara en ésta tierra se nos tendría que volver más felices, al pronunciar ésta petición, especialmente nosotros la Iglesia Adventista del 7m0 Día, “venga tu reino” se convierte en  la esencia y la mas grande esperanza de nosotros como iglesia.

Hay muchos que preguntan si las oraciones son realmente contestadas, el “Padre nuestro” es una oración que se ha estado orando  por mas de 2000 años, y si deseamos saber si las oraciones son contestadas por Dios, solo tenemos que leer la historia de los hijos de Dios,  desde la ascensión de Cristo hasta nuestros días.

“Venga tu reino” oraron los apóstoles fervientemente, y se les declaró una sangrienta persecución que les obligo a huir de Jerusalén y se volvieron sin hogar y errantes en la tierra. Manera extraña de contestar ésta oración; el evangelio se esparcía por las polvorientas calles de Palestina y en las pequeñas ciudades por donde pasaban,  los apóstoles encontraron la manera de cruzar las alturas del monte Tauro, y al hacerlo, llegaron al Asia menor, donde el evangelio se propagó de una manera milagrosa. 

“La Voz” ordenó a Pablo a unirse a éste selecto grupo, mandándolo a Macedonia (Grecia), y de allí el intrépido apóstol invadió Europa, plantando la Palabra de Dios en los clásicos campos de Cesárea de Filipos  y en las alturas del Areópago.

A partir de éstos humildes principios, el cristianismo se a esparcido y ha conquistado a una tercera parte de la población de la tierra. “Venga tu reino” ha sido la oración de muchos buenos cristianos, y el Santo Espíritu de Dios se ha hecho presente y ha liberado al hombre de la esclavitud del pecado,  ha librado al hombre de vicios y concupiscencia, ha liberado a los que son  víctimas de las pasiones, ha sanado a muchos de sus enfermedades, ha liberado a muchos del odio y de la burla.

 ¿Cuándo comenzaremos a orar: “venga tu reino”?

“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”

El maestro preguntaba a un grupo de niños en la iglesia, que significaba la expresión, “hágase tu voluntad”; el maestro también preguntaba en que forma los ángeles hacían la voluntad de Dios allá en el cielo. Hubieron muchas respuestas interesantes, pero una niña dijo: Señor, los ángeles en el cielo, hacen la voluntad del Padre sin hacer preguntas. Eso es una gran verdad, los ángeles del cielo obedecen a Dios celosamente, sin escusas, sin vagancias, sin tardanza, con mucha armonía y con mucha reverencia.

Este pedido es uno de los pedido más íntimos que podemos hacer, después de haber pedido que su nombre sea santificado y que su reino venga, entonces pedimos que se haga su voluntad. Mientras no se haga la voluntad del Padre, su nombre no puede ser santificado, ni su reino puede venir. El nombre de Dios no puede ser santificado en personas que no están haciendo la voluntad del Padre, ni su reino puede venir si sus súbditos aún están en rebelión en contra del Rey de los cielos.

En la caída de nuestros primeros padres, ellos hicieron su propia voluntad en vez de hacer la voluntad de Dios, éste terrible mal, el de hacer nuestra propia voluntad y no la voluntad del Padre, se ha venido heredando de generación en generación, éste mal germina en nosotros unos cuantos días después de haber nacido y la semilla queda al acecho, inclusive en el mejor hombre que se pueda encontrar en la tierra. Sabiendo ésto, nuestro deber sería buscar la cura para éste mal, y la cura la encontramos tomando la voluntad del Padre y aplicarla a nosotros mismos  como nuestra regla y nuestra guía. Todas nuestras fuerzas tendrían que ser empleadas para hacer la voluntad de Dios, a través de la oración, de la meditación y el estudio de la Palabra de Dios, negándonos a nosotros mismos y llevando nuestra propia voluntad a la obediencia divina, para que Dios haga en nosotros su santa voluntad, de la misma manera que esa voluntad se hace en el cielo.

Nuestro Salvador dio dos veces el Padrenuestro: la primera vez, a la multitud, en el Sermón del Monte; y la segunda, algunos meses más tarde, a los discípulos solos. Estos habían estado alejados por corto tiempo de su Señor y, al volver, lo encontraron absorto en comunión con Dios. Como si no percibiese la presencia de ellos, él continuó orando en voz alta. Su rostro irradiaba un resplandor celestial. Parecía estar en la misma presencia del Invisible; había un poder viviente en sus palabras, como si hablara con Dios.

Los corazones de los atentos discípulos quedaron profundamente conmovidos. Habían notado cuán a menudo dedicaba él largas horas a la soledad, en comunión con su Padre…

Salía mañana tras mañana, después de las horas pasadas con Dios, a llevar la luz de los cielos a los hombres. Al fin habían comprendido los discípulos que había una relación íntima entre sus horas de oración y el poder de sus palabras y hechos.

Ahora, mientras escuchaban sus súplicas, sus corazones se llenaron de reverencia y humildad. Cuando Jesús cesó de orar, exclamaron con una profunda convicción de su inmensa necesidad personal: “Señor, enséñanos a orar”.

Jesús no les dio una forma nueva de oración. Repitió la que les había enseñado antes, como queriendo decir: Necesitáis comprender lo que ya os di; tiene una profundidad de significado que no habéis apreciado aún.

El Salvador no nos limita, sin embargo, al uso de estas palabras exactas. Como ligado a la humanidad, presenta su propio ideal de la oración en palabras tan sencillas que aun un niñito puede adoptarlas pero, al mismo tiempo, tan amplias que ni las mentes más privilegiadas podrán comprender alguna vez su significado completo. Nos enseña a allegarnos a Dios con nuestro tributo de agradecimiento, expresarle nuestras necesidades, confesar nuestros pecados y pedir su misericordia conforme a su promesa (El discurso del Maestro Jesucristo, {DMJ}, pp. 87-89).

La oración es el aliento del alma. Es el secreto del poder espiritual. No puede ser sustituída por ningún otro medio de gracia, y conservar, sin embargo, la salud del alma. La oración pone al corazón en inmediato contacto con la Fuente de la vida, y fortalece los tendones y músculos de la experiencia religiosa. Descuídese el ejercicio de la oración, u órese irregularmente, de vez en cuando, según parezca propio, y se perderá la fortaleza en Dios. Las facultades espirituales perderán su vitalidad, la experiencia religiosa carecerá de salud y vigor.{OE 268.1}

Es únicamente en el altar de Dios donde podemos encender nuestras antorchas con fuego divino. Será únicamente la luz divina la que revelará la pequeñez, la ineptitud de la capacidad humana, y la que dará una clara visión de la perfección y pureza de Cristo. Es únicamente contemplando a Jesús como llegamos a desear ser semejantes a él; es únicamente al ver su justicia, como sentimos hambre y sed de poseerla; y únicamente cuando pidamos en oración ferviente nos otorgará Dios el deseo de nuestro corazón (Obreros evangelicos, {OE}, p. 268).

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Miércoles 13 de mayo // Lección 7__________________________

LA ORACIÓN MODELO: 2A PARTE

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Luc. 11:3). La petición incluye la palabra danos. Sea que la palabra la pronuncie un millonario o un huérfano con necesidad continua, la oración a la vez expresa dependencia y reconocimiento de confianza. Todos dependemos de Dios, y el ruego “danos” nos obliga a reconocer que Dios es la fuente de todos los dones. Él es el Creador. En él vivimos, nos movemos y somos. “Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos” (Sal. 100:3).

Dios es el Padre que nos da todo lo que necesitamos. A la luz de esta promesa, ¿qué gran seguridad puedes encontrar en Lucas 11:9 al 13?

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 11 ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? 12 ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

“Y perdónanos nuestros pecados” (Luc. 11:4). El perdón está en el centro del evangelio. Sin el perdón de Dios, no tenemos salvación: “Estando muertos en pecados […] os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Col. 2:13). Quienes han experimentado el perdón de Dios deben buscar y abrazar a cualquiera que les haya hecho mal. La oración de perdonar como “también nosotros perdonamos” (Luc. 11:4) no significa que el perdón de Dios depende de que perdonemos a otros; más bien, el que seamos perdonados demanda que vivamos dentro de un círculo creciente de gracia: recibiendo la benevolencia de Dios, y extendiendo su amor y su perdón a otros que puedan habernos ofendido.

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Luc. 11:4). Deben notarse dos hechos. Primero, la tentación no es pecado. La palabra griega para “tentación” es peirasmós. Los sustantivos griegos que terminan en –asmós normalmente describen un proceso, no un producto. Las Escrituras no consideran la tentación como un producto terminado; es un método, un proceso que se usa para lograr un determinado producto. Aunque la tentación no es pecado, ceder a ella sí lo es. Segundo, Dios no es el autor de la tentación (Sant. 1:13). Dios puede permitir que vengan tentaciones, pero él nunca tienta en el sentido de inducirnos a pecar. Por lo tanto, la oración es el reconocimiento de que Dios es la fuente de la fuerza máxima para resistir el mal.

Repasa Lucas 11:1 al 4. Piensa en los problemas que menciona. ¿De que manera tu experiencia con cada uno de esos problemas puede enriquecerse y profundizarse mediante la oración?

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”

Hemos llegado a la mitad de la oración del “Padre nuestro”, y ésta es la primera petición que pedimos algo para nosotros mismos. En éste pedido encontramos ciertas verdades que son muy hermosas; entre ellas tenemos:

1- Dependencia de Dios; Nosotros no podemos confiar en nuestras propias fuerzas, si nosotros decimos que nosotros nos ganamos el pan de cada día, viene la pregunta: ¿Quién nos da la fuerza para hacerlo? La respuesta es Dios, si Dios nos quita las fuerzas  ¿Quién nos dará el pan de cada día?

2- Simplicidad  cristiana: Se nos invita a pedir el pan de cada día, de acuerdo a nuestra necesidad. Esta es un reproche que va en contra de la ostentación del mundo, un mundo que tiene el espíritu de nunca estar satisfecho con lo que consigue, ese espíritu no le pertenece a Cristo, ni al pueblo de Cristo

3- Gratitud a Dios por sus múltiples bondades: Si oramos por el pan diario, sin duda alguna tendremos palabras de agradecimiento por lo que diariamente recibimos.

4- “El Padre nuestro” es una oración para todas las mañanas: Una oración diaria para el sustento diario.  Cuando Adán pecó, Dios pronunció una maldición en contra del hombre y en contra de la tierra. La tierra que antes abría sus frutos para el deleite y bienestar del hombre, ahora cierra sus frutos y comienza a producir plantas que no son de mucho beneficio para la humanidad, como los espinos y cardos.

Antes de la caída, el hombre trabajaba la tierra placenteramente y después de la caída tiene que trabajar la tierra por obligación y para sobre vivencia. El “Padre nuestro” nos enseña que el alimento se consigue por medio de la oración y el trabajo. Con la oración llegamos a abrir el oído y el corazón de Dios  para que nos imparta su bendición alimenticia y con el sudor de la frente abrimos las riquezas ocultas de la tierra para nuestra sobre vivencia.

En una casucha vieja, se encontraba una madre enferma y su pequeña hija, ésta madre tenía dos dolores; uno físico producido por la enfermedad y el otro moral, por la carencia de pan para alimentar a su pequeña niña. Con mucho esfuerzo la madre se bajó de la cama y postrándose de rodillas junto con su pequeñita, habló muy suave y muy despacio, y su oración fue: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy”. La niña después de escuchar la oración de su madre, salió a la calle y comenzó a preguntarse donde sería que Dios tenía guardado el pan del cual su madre había hablado en la oración. Después de caminar varias cuadras, encontró en lugar donde Dios guardaba el pan. Entró a la panadería y le dijo al panadero:  -¡Al fin lo encontré!, ¡He venido por el! El panadero le respondió: -¿Qué encontraste y por qué has venido?-, he venido por el pan nuestro de cada día -respondió la niña-.  Apuntando con su pequeña mano, señaló dos hermosas hogazas de pan, y exclamó una es para mi madre y la otra para mi. -Muy bien- dijo el panadero, mientras ponía las dos piezas de pan en una bolsa y se las daba a la niña. La niña dio la media vuelta y emprendió inmediatamente su feliz retorno a casa con el hermoso tesoro que había conseguido. El panadero salió corriendo detrás de la niña, ordenándola pagar ó devolver lo robado. La pobre niña se asustó ante las palabras del hombre y comenzó a llorar y en su lloro le dijo al panadero: -Mi mamá está enferma y yo estoy con una gran hambre, ésta mañana la escuche orar a Dios pidiéndole el pan de cada día, y yo creí que en verdad Dios nos daría el pan, y por eso llegue a éste lugar.- Al áspero panadero se le enterneció el corazón, y le dijo a la niña: -¡pobre, mi niña querida! Lleva esto a tu mamá, mientras le llenaba la bolsa de fresco pan para ella y su mamá.

“Y perdónanos nuestros pecados”

Lo que nuestro evangelista le llama pecado, San Mateo le llama deuda; el pecado es una transgresión en contra de Dios:

El pecado está en contra de la perfección de Dios

El pecado está en contra de la autoridad de Dios

El pecado está en contra de los mandamientos de Dios

El Pecado está en contra de los consejos y exhortaciones de Dios

El pecado está en contra de las advertencias y amenazas de Dios

El pecado está en contra de la gracia revelada a nosotros en el evangelio

El pecado está en contra de la paciencia de Dios

Dios está dispuesto a perdonar y al olvidar nuestros pecados, por que El es bueno y sus misericordias son nuevas  cada mañana, por que el no quiere que nadie perezca, por que así lo prometió, por los ejemplos de su misericordia que en el pasado ha tenido para la raza humana, para alentar al pecador que se ha arrepentido de verdad y con toda humildad y por el pacto que ha hecho con Jesucristo el Redentor del mundo.

Durante la edad media, los duques y caballeros siempre se mantenían en constante guerra. Cuenta la historia que uno de ellos había resuelto tomar venganza de otro duque por una ofensa que éste le había hecho. Una tarde se sentó con sus súbditos a planear la sangrienta venganza y allí escuchó que su enemigo pasaría cierto día cerca de su castillo y que solo le acompañaría un pequeño grupo de hombre. El duque escogió ese  preciso día para llevar a cabo su venganza y se lo participó al sacerdote.  Cuando el sacerdote  escuchó el plan trató de persuadirlo con súplicas, también lo trató de persuadir usando la razón y también apelando a sus sentimientos, pero fue en vano, fue como hablarle al viento.  Viendo el sacerdote que era imposible convencerlos le dijo: -Muy bien señor duque, solo tengo un pedido para usted antes que lleve a cabo su acto de venganza, y es que me acompañe a la capilla para que oremos juntos por un momento-. El duque acepto no de muy buena gana y acompaño al sacerdote a la capilla. Juntos se arrodillaron a orar frente al altar, y el sacerdote le dijo al duque, -por favor repita después de mi, la oración que Jesús enseñó a sus discípulos-  La repetiré, respondió el duque. La oración la comenzó a repetir  el duque sin titubeos hasta que llego a la parte de: “perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, allí guardo silencio por unos segundos, hasta que el sacerdote le dijo -por favor continúe repitiendo después de mi-  ¡no quiero! replicó el duque. Entonces el sacerdote le dijo; -Muy bien, para que Dios le perdone, necesitas dejar su sed de venganza ó necesita dejar de usar ésta oración, pedirle a Dios que le perdone de la manera que usted perdonas a sus enemigos, es clamar la venganza de Dios en contra de usted-  El duque desistió de  su plan, por primera vez  en su vida había entendido el “Padre nuestro”.

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”

Cuenta la historia de dos hombres cristianos condenados  a morir como mártires en los días terribles de la reina María de Inglaterra. Uno de ellos hablaba al otro de una manera muy valiente acerca de ese momento de morir en la hoguera. A éste hombre valiente no le importaba sufrir, estaba tan bien cimentado en el evangelio que él sabía que  sería incapaz de negar  el evangelio ó a Jesucristo. Este hombre decía que esperaba  esa mañana fatal del suplicio, de la misma manera que una novia espera el día de su boda. Su compañero de prisión, que se encontraba con él en la misma celda, era un pobre hombre, de alma temblorosa y de muy corto espíritu, que también  quería nunca negar a Jesús ni su evangelio, pero al mismo tiempo confesaba que le tenía terror al morir quemado. Esta pobre alma, también confesaba que él siempre había sido demasiado sensible al sufrimiento, y lo mucho que lo aterrorizaba solo el acto de pensar la negación de Jesús y su evangelio. Pedía a su fuerte compañero que lo acompañara en oraciones, y pasaba mucho tiempo de rodilla llorando por sus debilidades y pidiéndole a Dios ayuda para fortalecerse espiritualmente. El hombre de fuerte espíritu, lo reprendía por su falta de fe y debilidad. Llegó el día señalado y los dos hombres fueron llevado a la estaca, cuando el fuego comenzó a hacer su desbastador efecto, el hombre fuerte no tardó mucho en negar a Jesús y su evangelio, se retractó de su fe y volvió a la vida de apóstata que había tenido antes, mientras el pobre de espíritu elevaba su rostro al cielo mientras repetía: “no nos dejes caer en tentación…” así se mantuvo fiel y fuerte como una roca, mientras de sus labios salían alabanzas y cánticos para Dios, hasta que su cuerpo quedó reducido a cenizas.  Solo escondidos en Cristo, podemos vencer la tentación.

 

La oración sincera y humilde del verdadero adorador asciende al cielo, y Jesús mezcla el santo incienso de sus méritos con nuestras peticiones imperfectas. Se nos acepta mediante su justicia. Cristo hace que nuestras oraciones sean completamente eficaces mediante el aroma de su justicia. En estos días de peligro, necesitamos hombres que luchen con Dios como lo hizo Jacob, y que prevalezcan, como Jacob. Gracias a Dios que el Redentor del mundo prometió que si se iba, enviaría al Espíritu Santo como su representante. Oremos y apropiémonos de las ricas promesas de Dios, y luego alabemos a Dios porque se nos concederá el Espíritu Santo para satisfacer nuestras necesidades, en proporción a nuestras súplicas fervientes y humildes. Si buscamos a Dios de todo corazón, lo encontraremos y obtendremos el cumplimiento de la promesa…

Para ser cristiana, una persona no necesita grandes talentos. Una oración ferviente ofrecida con corazón contrito por alguien que desea hacer la voluntad del Maestro, tiene más valor para Dios que su elocuencia. El instrumento humano puede no tener participación en concilios; tal vez no se le permita deliberar en los senados o votar en parlamentos. Sin embargo, tiene acceso a Dios. El Rey de reyes se inclina para escuchar la oración de un corazón humilde y contrito. Dios oye cada oración que se eleva con el incienso de la fe (A fin de conocerle, {AFC}, p. 272).

 

Oramos a nuestro Padre celestial: “No nos dejes caer en tentación”, y luego, demasiado a menudo, fracasamos en impedir que nuestros pies nos conduzcan a la tentación. Debemos mantenernos alejados de las tentaciones por las cuales somos fácilmente vencidos. Forjamos nuestro éxito mediante la gracia de Cristo. Debemos quitar del camino la piedra de tropiezo que ha hecho que nosotros y muchos otros pasemos por vicisitudes.

La tentación y las pruebas nos asaltarán a todos, pero no necesitamos ser vencidos por el enemigo. Nuestro Salvador ha vencido por nosotros. Satanás no es invencible. … Cristo fué tentado para que supiera cómo ayudar a cada alma que después sería tentada. La tentación no es pecado; el pecado está en ceder a la tentación. La tentación significa victoria y gran fortaleza para el alma que confía en Jesús (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 89).

Jesús enseña que podemos recibir el perdón de Dios solamente en la medida en que nosotros mismos perdonamos a los demás. El amor de Dios es lo que nos atrae a él. Ese amor no puede afectar nuestros corazones sin despertar amor hacia nuestros hermanos.

Al terminar el Padrenuestro, añadió Jesús: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. El que no perdona suprime el único conducto por el cual puede recibir la misericordia de Dios. No debemos pensar que, a menos que confiesen su culpa los que nos han hecho daño, tenemos razón para no perdonarlos. Sin duda, es su deber humillar sus corazones por el arrepentimiento y la confesión; pero hemos de tener un espíritu compasivo hacia los que han pecado contra nosotros, confiesen o no sus faltas. Por mucho que nos hayan ofendido, no debemos pensar de continuo en los agravios que hemos sufrido ni compadecernos de nosotros mismos por los daños. Así como esperamos que Dios nos perdone nuestras ofensas, debemos perdonar a todos los que nos han hecho mal.

Pero el perdón tiene un significado más abarcante del que muchos suponen. Cuando Dios promete que “será amplio en perdonar”, añade, como si el alcance de esa promesa fuera más de lo que pudiéramos entender: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”.19 El perdón de Dios no es solamente un acto judicial por el cual libra de la condenación. No es sólo el perdón por el pecado. Es también una redención del pecado. Es la efusión del amor redentor que transforma el corazón (El discurso maestro de Jesucristo, {DMJ), p. 96, 97).

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Lección 7 // Jueves 14 de mayo____________________________

MÁS LECCIONES SOBRE LA ORACIÓN

Inmediatamente después de dar un modelo de oración a sus discípulos, con la parábola de un amigo a medianoche (Luc. 11:5-13), Jesús les enseñó la necesidad de la oración persistente. Luego, al acercarse al final de su ministerio, recordó a sus seguidores la necesidad de penitencia y humildad en la oración (Luc. 18:9-14). Ambas parábolas muestran que la oración no es sencillamente una rutina religiosa, sino un constante caminar, hablar y vivir con el Padre.

Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. Lucas 11

Lee Lucas 11:5 al 8. Jesús contó esta parábola para estimular la perseverancia en la oración. La oración no debe llegar a ser una rutina. Debe ser, en cambio, el fundamento de una relación de absoluta, persistente y continua confianza en Dios. La oración es el aliento del alma: sin ella, estamos espiritualmente muertos. Jesús cuenta la parábola de un vecino que rehúsa ser agradable. Su amigo ruega pidiendo una hogaza de pan para atender una emergencia a medianoche, pero es en vano. Finalmente, aun ese tal vecino se rinde y cede por los persistentes golpes dados en su puerta a medianoche. ¿Cuánto más haría Dios hacia alguien que persiste en la oración? Tal insistencia no cambia la voluntad de Dios, sino que fortalece nuestra confianza.

Lee Lucas 18:9 al 14. ¿Qué lección vital hay aquí acerca de la oración?

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

El fariseo esperaba que Dios lo aprobara sobre la base de lo que él había hecho, sus obras de justicia. El publicano se entregó a la misericordia de Dios, y rogaba por la aceptación sobre la base de la gracia de Dios. La aceptación de Dios no nos llega por quiénes somos o lo que somos, sino solo por su gracia. Solo aquellos que son penitentes, humildes y de espíritu quebrantado pueden recibir esa gracia.

“La mansedumbre y la humildad de corazón son las condiciones indispensables para obtener fuerza y para alcanzar la victoria. Una corona de gloria aguarda a los que se postran al pie de la Cruz” (PR 433, 434).

Las personas que no conocieron al Señor tienden a compararse con los que, supuestamente, están peor que ellas, a fin de convencerse de que no son tan malas. ¿Por qué eso es un gran engaño espiritual? ¿Qué importa que otros estén peor que nosotros?

La lección de éste día, está hablando de la perseverancia de la oración, éste fue exactamente el mismo tema del jueves pasado, a diferencia que el jueves pasado hablaba de la viuda y el juez que no temía a Dios.

10 Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.

 Estos dos hombre subieron al templo a orar, no subieron al templo  a encontrarse con sus amigos, no subieron para ser saludados de una manera respetable ó para ser admirados, no subieron al templo para cambiar la rutina de los días comunes, subieron al templo a orar. Este acto de subir al templo para orar, tendría que ser una de las más grandes prioridades cuando nosotros vamos a la iglesia. Hay muchos que creen que una de las más importantes razones para ir al templo es para escuchar un sermón, pero Dios dijo: “Mi casa, casa de oración será llamada” Si tenemos una petición para presentar al gran Rey, nuestra prioridad sería acercarnos al trono y hacer saber nuestra necesidad ó pedido. Tenemos que parar de creer que la prioridad de ir a la iglesia es tener una conversación con otro servidor de Dios, eso posiblemente sea necesario e importante, pero la prioridad nuestra, tendría que ser hablar con el Rey de reyes y Señor de señores, hablar con otro servidor de Dios es asunto secundario.

Estos dos hombre tenían dos pensamientos y dos postura diferentes en sus oraciones: El error del fariseo fue comparar su vida con la vida de gente repudiable, al hacerlo se dio crédito a él mismo y exaltó su superioridad. Si en verdad necesitamos estimar y evaluar nuestra personalidad, tenemos que ver al otro lado, es decir que en vez de compararnos con una persona repudiable, tendríamos que escoger y compararnos con una persona que sea muy superior a nosotros mismos. Escojamos a esos que Dios escogió como profetas, como apóstoles, escojamos a Cristo mismo y comparemonos a él y nuestro orgullo y justicia propia sera derretida así como se derrite el hielo frente al sol.

Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;

El gran historiador romano Tácitus dijo: “Gracias Dios, por que no soy como esos miserable e infames religiosos llamados cristianos, que son odiados por el mundo entero”; Un filósofo de Francia dijo: “Gracias Dios, por que no soy como esos ignorantes hombres que andan convirtiendo a la tribus bárbaras y construyendo catedrales góticas”; El espléndido papa Leo X dijo: “Gracias Dios, por que no soy como ese ignorante monje llamado Martín Lutero”

Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador

Miles han bajado al sepulcro con la oración del publicano en sus labios, quizá le pudiéramos llamar a ésta oración, la oración sincera del moribundo.  La humildad es un ingrediente indispensable en nuestras vidas y especialmente en nuestras oraciones.  Una vieja definición de la iglesia, dice lo siguiente de la humildad: ” La humildad es un fino adorno y una joya de la religión cristiana, Todo lo que somos, todo lo que tenemos, nuestros cuerpos y nuestras mentes, nuestras acciones y sufrimientos, nuestros pecados y desgracias, son las cosas que hacen que enterremos nuestras vidas en el profundo valle de la humildad”

Cuando el duque de Kent, padre de la reina Victoria, estaba para morir, comenzó a hablar de lo mucho que le preocupaba el estado de su vida espiritual. El doctor que lo asistía, tenía como tarea principal, hablar al duque  de todo lo el duque  había conseguido en la vida, de su honorable conducta, y del alto puesto que Dios le había conferido para él que desempeñara en la tierra, todo ésto creía el doctor que le ayudaría al duque a morir en paz y tranquilidad. Cuando el duque estaba escuchando las palabras de aliento que el doctor estaba tratando de darle lo interrumpió abruptamente y le dijo: “No querido, recuerda, si yo me logro salvar, no me voy a salvar como príncipe, me voy a salvar como pecador”

Dios será para nosotros todo lo que le permitamos ser. Nuestras oraciones lánguidas y sin entusiasmo no tendrán respuesta del cielo. ¡Oh, necesitamos insistir en nuestras peticiones! Pedid con fe, esperad con fe, recibid con fe, regocijaos con esperanza, porque todo aquel que pide, encuentra. Seamos fervientes. Busquemos a Dios de todo corazón. La gente empeña el alma y pone fervor en todo lo que emprende en sus realizaciones temporales, hasta que sus esfuerzos son coronados por el éxito. Con intenso fervor, aprended el oficio de buscar las ricas bendiciones que Dios ha prometido, y con un esfuerzo perseverante y decidido tendréis su luz, y su verdad, y su rica gracia.

Clamad a Dios con sinceridad y alma anhelante. Luchad con los agentes celestiales hasta que obtengáis la victoria. Poned todo vuestro ser, vuestra alma, cuerpo y espíritu en las manos del Señor, y resolved que seréis sus instrumentos vivos y consagrados, movidos por su voluntad, controlados por su mente, e imbuidos por su Espíritu.

Contadle a Jesús con sinceridad vuestras necesidades. No se requiere de vosotros que sostengáis una larga controversia con Dios, o que le prediquéis un sermón, sino que, con un corazón afligido a causa de vuestros pecados, digáis: “Sálvame, Señor, o pereceré”. Para estas almas hay esperanza. Ellas buscarán, pedirán, golpearán y encontrarán. Cuando Jesús haya quitado la carga del pecado que quebranta el alma, experimentaréis la bendición de la paz de Cristo (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 133).

Pero debemos mostrar una confianza firme y sin rodeos en Dios. A menudo él tarda en contestarnos para probar nuestra fe o la sinceridad de nuestro deseo. Al pedir de acuerdo con su Palabra, debemos creer su promesa y presentar nuestras peticiones con una determinación que no será denegada.

Dios no dice: Pedid una vez y recibiréis. El nos ordena que pidamos. Persistid incansablemente en la oración. El pedir con persistencia hace más ferviente la actitud del postulante, y le imparte un deseo mayor de recibir las cosas que pide. Cristo le dijo a Marta junto a la tumba de Lázaro: “Si creyeres, verás la gloria de Dios”.

Pero muchos no tienen una fe viva. Esta es la razón por la cual no ven más del poder de Dios. Su debilidad es el resultado de su incredulidad. Tienen más fe en su propio obrar que en el obrar de Dios en favor de ellos. Ellos se encargan de cuidarse a sí mismos. Hacen planes y proyectos, pero oran poco, y tienen poca confianza verdadera en Dios. Piensan que tienen fe, pero es sólo el impulso del momento. Dejan de comprender su propia necesidad, y lo dispuesto que está Dios a dar; no perseveran en mantener sus pedidos ante el Señor.

Nuestras oraciones han de ser tan fervorosas y persistentes como lo fue la del amigo necesitado que pidió pan a media noche. Cuanto más fervorosa y constantemente oremos, tanto más íntima será nuestra unión espiritual con Cristo. Recibiremos bendiciones acrecentadas, porque tenemos una fe acrecentada (Palabras de vida del gran maestro, {PVGM}, pp. 111, 112).

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Viernes 15 de mayo // Lección 7___________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “El alma que se vuelve a Dios en ferviente oración diaria para pedir ayuda, apoyo y poder tendrá aspiraciones nobles, conceptos claros de la verdad y del deber, propósitos elevados, así como sed y hambre insaciable de justicia. Al mantenernos en relación con Dios, podremos derramar sobre las personas que nos rodean la luz, la paz y la serenidad que imperan en nuestro corazón. La fuerza obtenida al orar a Dios, sumada a los esfuerzos infatigables para acostumbrar la mente a ser más considerada y atenta, nos prepara para los deberes diarios, y preserva la paz del espíritu bajo todas las circunstancias” (DMJ 74).

“Al llamar a Dios nuestro Padre, reconocemos a todos sus hijos como nuestros hermanos. Todos formamos parte del gran tejido de la humanidad; todos somos miembros de una sola familia. En nuestras peticiones hemos de incluir a nuestros prójimos tanto como a nosotros mismos. Nadie ora como es debido si solamente pide bendiciones para sí mismo” (ibíd., p. 90).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. La vinculación de Jesús con el Espíritu Santo no termina con el Evangelio de Lucas. Ninguno puede leer el libro de los Hechos, el segundo tomo de la historia de la iglesia cristiana, sin notar la dinámica apremiante del Espíritu Santo en la vida de la comunidad cristiana, sus misiones y sus ministros. En realidad, solo Lucas registra la instrucción que dio Jesús a sus discípulos después de su resurrección, de que debían quedar en Jerusalén hasta “que seáis investidos de poder de lo alto” (Luc. 24:49), antes de que pudieran ir hasta los fines de la Tierra con el mensaje del Salvador crucificado y resucitado. Lucas inicia el libro de Hechos repitiendo la promesa del Espíritu Santo (Hech. 1:7, 8), promesa que se cumplió en Pentecostés (Hech. 2). ¿Qué nos dice todo esto acerca de la función central del Espíritu Santo en la vida de la iglesia?
  2. ¿De qué maneras el mismo acto de orar es un reconocimiento de nuestra dependencia de Dios y nuestra necesidad de él? Lee Lucas 18:9. ¿Qué profundo problema espiritual atendía Jesús con esta parábola?
    Este es un estudio serio para los maestros de Escuela Sabática. Si usted es una persona que le gusta la lectura, y profundizar en temas religiosos, este es el lugar para usted.
    Este material no reemplaza el estudio de la Escuela Sabática; para comprender este material usted tiene que haber estudiado la lección de Escuela Sabática.
    Este material es libre para ser copiado, compartido y distribuido. En este documento no hay nada una nueva luz, ni doctrinas nuevas, todo lo que aquí le presentamos está escrito en la Biblia, Lección de Escuela Sabática, Espíritu de Profecía, Comentarios Bíblicos, diccionarios religiosos y seculares, libros de historia y ciencia, enciclopedias, temas e ilustraciones. Nuestro trabajo aquí en 7Day Radio es poner juntos esos pensamientos esperando que usted pueda comprender mejor la lección. Este documento es subido al “INTERNET” todos los días Domingos a las  6 de la mañana, hora de Madrid, España; 12:00 AM hora del este de los Estados Unidos de Norte América.
    Si usted desea contactarnos con nosotros para cualquier comentario, contribución o pregunta lo puede hacer escribiendo a tonygarcialopez@yahoo.com ó tglopez@sevendayradio.com
    Si usted desea recibir este material auxiliar de Escuela Sabática directamente, por favor escribanos a:
    director@sevendayradio.com Si lo desea recibir en su teléfono, por favor, deje el número de teléfono incluyendo el código de su país.
    Si lo desea recibir por “E-Mail”,  por favor escríbanos a tonygarcialopez@yahoo.com deje su dirección de correo electrónico ó “E-MAIL”  y con gusto le estaremos mandando esta información semanalmente; en el preciso momento que la publiquemos usted también la estará recibiendo en su correo electrónico.
    Escrito por: Tony García.
    Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
    “One World – One Dream”
    Madrid, España 2015

4 pensamientos en “LECCIÓN 7 – JESÚS, EL ESPÍRITU SANTO Y LA ORACIÓN – PARA EL 16 DE MAYO DE 2015

  1. Mi comentario es sobre los cardos y las espinas despues del pecado.Claro que antes de la entrada del pecado no habia esta clase de plantas ;pero en su gran amor y misericordia esas plantas si tienen un gran beneficio para la humanidad,muchas de ellas son medicinales,y antes del pecado no habia enfermedad ni necesitabamos medicina.Lo que quiero decir es que cuando Dios estaba DESCRIBIENDO los cambios que iba a haber a partir de la entrada del pecado su actitud no era”y ahora maldigo la tierra para que produzca cardos y espinas para que anden todos espinados y con dolor”;sino que simplemente nos estaba diciendo que ahora ibamos a necesitar MEDICINAS PORQUE IBA A HABER ENFERMEDAD.Que DIOS tan amoroso y misericordioso!!!!!!

    • 17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

      18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

      19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.
      Definitivamente, el producir espinas y cardos es una maldición, que Dios en su infinito amor deja las cosas para provecho del hombre eso tambien es una verdad. Aunque sea de provecho y medicina para el hombre, no deja de ser el resultado de una maldicion.

  2. ¿Que es el reino de Dios?

    • “El Reino de Dios” es el mensaje principal de Jesús;
      -nos enseño como entrar “al reino de Dios”,
      -dijo que el “reino de Dios” ya había venido al hombre;
      -con sus parábolas nos mostraba la verdad del “reino de Dios”;
      -en el Padrenuestro dijo” venganos tu reino”;
      -y nos ha prometido llevar al “reino de Dios”
      Mateo menciona el “reino de Dios”
      4 veces;
      Marcos 14;
      Lucas 32;
      Juan 2 veces,
      Hechos 6;
      y Apocalipsis 1 vez.

      Las palabras que se usan en hebreo y griego son MALKUTH (hebreo) y BASILEIA (griego) y las dos significan: RANGO, AUTORIDAD Y SOBERANIA EJERCIDA POR UN REY
      Espero haberle ayudado, en su sencilla pero complicada pregunta.

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