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LECCIÓN 12 – DE VUELTA A EGIPTO – PARA EL 19 DE DICIEMBRE DE 2015

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“Jeremías Lamentando la Desolación de Jerusalén” Gutave Doré (1832-1883) Francia


Lección 12: Para el 19 de diciembre de 2015

DE VUELTA A EGIPTO

Sábado 12 de diciembre____________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Jeremías 40:7-16; Jeremías 41-43; Éxodo 16:3; Números 16:13; Jeremías 44.

PARA MEMORIZAR:“Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros” (Jer. 42:5).

ESTA SEMANA NOS ACERCA al final de la historia de Jeremías el profeta. Sin embargo, esta no es una terminación de “y vivieron felices para siempre”. En un sentido, uno podría resumir el estudio de una buena porción del libro de Jeremías diciendo que es un ejemplo de los límites de la gracia. Es decir, la gracia no salvará a quienes rehúsan aceptarla. No importa todo lo que haya hablado Dios; cuánto haya ofrecido la salvación, la protección, la paz y la prosperidad. Todos, excepto un diminuto remanente, rechazaron la oferta de Dios.

Y ¿qué sucedió con Jeremías? ¡Su vida y su obra, desde todo punto de vista humano, pareció inútil! El “profeta llorón” tuvo mucho por qué llorar. Aun después de que ocurrió todo aquello de lo cual había advertido, la gente todavía se aferraba a sus pecados, el paganismo y la rebelión, desafiando al profeta en su rostro y burlándose de la palabra de Dios para ellos.

Cuán cuidadosos debemos ser nosotros. La gracia es gracia porque es dada sin que se la merezca, sí; pero no se da a quienes rehúsan aceptar las condiciones con las cuales es otorgada.

Para la iglesia de Dios, que custodia su viña en la tierra hoy, resultan de un valor especial los mensajes de consejo y admonición dados por los profetas que presentaron claramente el propósito eterno del Señor en favor de la humanidad. En las enseñanzas de los profetas, el amor de Dios hacia la raza perdida y el plan que trazó para salvarla quedan claramente revelados. El tema de los mensajeros que Dios envió a su iglesia a través de los siglos transcurridos fué la historia del llamamiento dirigido a Israel, sus éxitos y fracasos, cómo recobró el favor divino, cómo rechazó al Señor de la viña y cómo el plan secular será realizado por un remanente piadoso en favor del cual se cumplirán todas las promesas del pacto. Y hoy el mensaje de Dios a su iglesia, a aquellos que se ocupan en su viña como fieles labradores, no es otro que el dado por el profeta antiguo: “En aquel día cantad de la viña del vino rojo. Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; guardaréla de noche y de día, porque nadie la visite” (Isaías 27:2, 3).

Espere Israel en Dios. El Señor de la viña está ahora mismo juntando de entre los hombres de todas las naciones y todos los pueblos los preciosos frutos que ha estado aguardando desde hace mucho. Pronto vendrá a los suyos; y en aquel alegre día se habrá cumplido finalmente su eterno propósito para la casa de Israel. “Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la haz del mundo se henchirá de fruto” (Isaías 27:6) (Profetas y reyes, {PR}, pp. 15, 16).

Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestros corazones delante de él; pero al mismo tiempo debemos tener confianza en él, como un Padre tierno que no olvidará a aquellos que confían en él. No comprendemos cuántos de nosotros andamos por la vista, y no por la fe. Creemos en las cosas visibles, pero no apreciamos las preciosas promesas que se nos han dado en su Palabra. Y sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que demostrando que desconfiamos de lo que dice.

Quisiera decirles a aquellos que están tentados, ni por un solo momento reconozcáis las tentaciones de Satanás, como estando en armonía con vuestras mentes. Alejaos de ellas, como os alejaríais del adversario mismo. La obra de Satanás consiste en desanimar el alma. La obra de Cristo consiste en inspirar al corazón con fe y esperanza. Satanás procura destruir nuestra confianza. El nos dice que nuestras esperanzas están edificadas sobre falsas premisas, más bien que sobre la palabra inmutable de Aquel que no puede mentir.

Cuando él [Satanás] sugiere dudas acerca de si realmente somos el pueblo a quien Dios está guiando, a quien él está preparando mediante pruebas para permanecer firmes en el día final, estemos listos para hacer frente a sus insinuaciones presentando la clara evidencia de la Palabra de Dios, de que éste es el pueblo remanente que guarda los mandamientos de Dios y tiene la fe de Jesús (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 87).

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Domingo 13 de diciembre // Lección 12_________________________

ANARQUÍA POLÍTICA

Uno pensaría que, con la destrucción de la ciudad y la derrota total a manos de los babilonios, todo el pueblo habría aprendido su lección. Lamentablemente, no todos lo hicieron, y el drama no había terminado.

Lee Jeremías 40:7 al 16. ¿Qué mensaje se dio (de nuevo) al pueblo? ¿Cuál es la importancia de la palabra “remanente” usada en el versículo 11?

Cuando todos los jefes del ejército que estaban por el campo, ellos y sus hombres, oyeron que el rey de Babilonia había puesto a Gedalías hijo de Ahicam para gobernar la tierra, y que le había encomendado los hombres y las mujeres y los niños, y los pobres de la tierra que no fueron transportados a Babilonia, vinieron luego a Gedalías en Mizpa; esto es, Ismael hijo de Netanías, Johanán y Jonatán hijos de Carea, Seraías hijo de Tanhumet, los hijos de Efai netofatita, y Jezanías hijo de un maacateo, ellos y sus hombres. Y les juró Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, a ellos y a sus hombres, diciendo: No tengáis temor de servir a los caldeos; habitad en la tierra, y servid al rey de Babilonia, y os irá bien. 10 Y he aquí que yo habito en Mizpa, para estar delante de los caldeos que vendrán a nosotros; mas vosotros tomad el vino, los frutos del verano y el aceite, y ponedlos en vuestros almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis tomado. 11 Asimismo todos los judíos que estaban en Moab, y entre los hijos de Amón, y en Edom, y los que estaban en todas las tierras, cuando oyeron decir que el rey de Babilonia había dejado a algunos en Judá, y que había puesto sobre ellos a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, 12 todos estos judíos regresaron entonces de todos los lugares adonde habían sido echados, y vinieron a tierra de Judá, a Gedalías en Mizpa; y recogieron vino y abundantes frutos. 13 Y Johanán hijo de Carea y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban en el campo, vinieron a Gedalías en Mizpa, 14 Y le dijeron: ¿No sabes que Baalis rey de los hijos de Amón ha enviado a Ismael hijo de Netanías para matarte? Mas Gedalías hijo de Ahicam no les creyó. 15 Entonces Johanán hijo de Carea habló a Gedalías en secreto en Mizpa, diciendo: Yo iré ahora y mataré a Ismael hijo de Netanías, y ningún hombre lo sabrá. ¿Por qué te ha de matar, y todos los judíos que se han reunido a ti se dispersarán, y perecerá el resto de Judá? 16 Pero Gedalías hijo de Ahicam dijo a Johanán hijo de Carea: No hagas esto, porque es falso lo que tú dices de Ismael. Jeremías 40

A pesar del mensaje de paz, y aun de la prosperidad que siguió (ver Jer. 40:12), no todos estaban contentos con la situación.

Lee Jeremías 41. ¿Qué nuevo problema afrontaría ahora el “remanente”?

1 Aconteció en el mes séptimo que vino Ismael hijo de Netanías, hijo de Elisama, de la descendencia real, y algunos príncipes del rey y diez hombres con él, a Gedalías hijo de Ahicam en Mizpa; y comieron pan juntos allí en Mizpa. Y se levantó Ismael hijo de Netanías y los diez hombres que con él estaban, e hirieron a espada a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, matando así a aquel a quien el rey de Babilonia había puesto para gobernar la tierra. Asimismo mató Ismael a todos los judíos que estaban con Gedalías en Mizpa, y a los soldados caldeos que allí estaban. Sucedió además, un día después que mató a Gedalías, cuando nadie lo sabía aún, que venían unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaria, ochenta hombres, raída la barba y rotas las ropas, y rasguñados, y traían en sus manos ofrenda e incienso para llevar a la casa de Jehová. Y de Mizpa les salió al encuentro, llorando, Ismael el hijo de Netanías. Y aconteció que cuando los encontró, les dijo: Venid a Gedalías hijo de Ahicam. Y cuando llegaron dentro de la ciudad, Ismael hijo de Netanías los degolló, y los echó dentro de una cisterna, él y los hombres que con él estaban. Mas entre aquéllos fueron hallados diez hombres que dijeron a Ismael: No nos mates; porque tenemos en el campo tesoros de trigos y cebadas y aceites y miel. Y los dejó, y no los mató entre sus hermanos. Y la cisterna en que echó Ismael todos los cuerpos de los hombres que mató a causa de Gedalías, era la misma que había hecho el rey Asa a causa de Baasa rey de Israel; Ismael hijo de Netanías la llenó de muertos. 10 Después llevó Ismael cautivo a todo el resto del pueblo que estaba en Mizpa, a las hijas del rey y a todo el pueblo que en Mizpa había quedado, el cual había encargado Nabuzaradán capitán de la guardia a Gedalías hijo de Ahicam. Los llevó, pues, cautivos Ismael hijo de Netanías, y se fue para pasarse a los hijos de Amón. 11 Y oyeron Johanán hijo de Carea y todos los príncipes de la gente de guerra que estaban con él, todo el mal que había hecho Ismael hijo de Netanías. 12 Entonces tomaron a todos los hombres y fueron a pelear contra Ismael hijo de Netanías, y lo hallaron junto al gran estanque que está en Gabaón. 13 Y aconteció que cuando todo el pueblo que estaba con Ismael vio a Johanán hijo de Carea y a todos los capitanes de la gente de guerra que estaban con él, se alegraron. 14 Y todo el pueblo que Ismael había traído cautivo de Mizpa se volvió y fue con Johanán hijo de Carea. 15 Pero Ismael hijo de Netanías escapó delante de Johanán con ocho hombres, y se fue a los hijos de Amón. 16 Y Johanán hijo de Carea y todos los capitanes de la gente de guerra que con él estaban tomaron a todo el resto del pueblo que había recobrado de Ismael hijo de Netanías, a quienes llevó de Mizpa después que mató a Gedalías hijo de Ahicam; hombres de guerra, mujeres, niños y eunucos, que Johanán había traído de Gabaón; 17 y fueron y habitaron en Gerutquimam, que está cerca de Belén, a fin de ir y meterse en Egipto, 18 a causa de los caldeos; porque los temían, por haber dado muerte Ismael hijo de Netanías a Gedalías hijo de Ahicam, al cual el rey de Babilonia había puesto para gobernar la tierra. Jeremías 41

Aunque no se indican las razones para el asesinato, el hecho es que fue perpetrado por alguien “de la descendencia real, y algunos príncipes del rey” (Jer. 41:1), sugiriendo que estos elitistas todavía no habían aceptado la idea de que la nación elegida necesitaba someterse al gobierno babilónico. Siendo que Gedalías había sido puesto en el trono por el rey de Babilonia (ver Jer. 40:5), estas personas podrían haberlo considerado un títere traidor desleal a la nación y que, por lo tanto, debía ser eliminado junto con su corte.

Al avanzar el capítulo, podemos ver que este remanente ahora enfrentaba una nueva amenaza: el temor a los babilonios, quienes, sin conocer los detalles de lo sucedido, procurarían vengarse por la muerte de Gedalías y de los soldados babilonios (ver Jer. 41:3).

Los pecados de Ismael y sus hombres causaron temor entre los que no tenían nada que ver con esos pecados. ¿Qué debería decirnos esto acerca de cómo, por nuestra desobediencia, podemos producir dolor y sufrimiento a otros, aun a aquellos que no tienen nada que ver con nuestros pecados?

Continuamos con una de las historias mas intoxican-tes que pueden existir en la Biblia, una de las historias que cuando uno las comienza a leer, no puede parar de leerla, hasta saber que fue lo que pasó,  en ésta historia en particular uno termina llevándose uno de los chascos y una de  las tristezas mas grandes del día, al saber el resultado  de un pueblo que había sido llamado a ser la gloria de Dios, y que por culpa solamente del pecado llamado idolatría, resultó ser en un pueblo extremadamente sufrido y castigado por Dios.

Jeremías fue liberado de sus cadenas en Rama de Benjamín, donde Nabuzaradán tenía su comando central. En la confusión de la toma de Jerusalén, Jeremías fue encadenado como un ciudadano común y corriente, contrario a las ordenes que expresamente había dado Nabucodonosor en cuanto al trato de éste eminente hombre Israelí. Nabuzaradán al descubrir a Jeremías y el gran error que se había cometido involuntariamente en su contra, lo liberó inmediatamente y le ofreció su casa en Babilonia para que el viviera el resto de sus días en paz y en tranquilidad, al mismo  tiempo le dio toda la libertad del mundo, para que él escogiera donde deseaba vivir; esta fue una de las indicaciones expresas de Nabucodonosor para Nabuzaradán: 12 Tómale y vela por él, y no le hagas mal alguno, sino que harás con él como él te dijere. (Jer 40)

Jeremías decidió quedarse en Jerusalén. La obra de Jeremías no había terminado, aún tenía que condenar a muerte al resto del impenitente pueblo de Jerusalén que había quedado, y además tenía que condenar a la destrucción total, a la segunda potencia mundial de esos día que era Egipto. Egipto sería condenado, sería destruido y sería arrasado totalmente por Nabucodonosor, ya que ellos eran fuente del mismo pecado de Jerusalén, ellos eran inventores, propagadores y fieles siervos de la idolatría. 

Jeremías cuando fue liberado por Nabuzaradán,  fue donde Gedalías, quien era el gobernador  que Nabucodonosor había instalado para el cuido y el mantenimiento de Jerusalén y de su pequeña, devastada y pobre población

En la destrucción de Jerusalén, algunos capitanes del ejército israelita habían logrado escapar y sobrevivir  junto con sus tropas. Cuando ellos escucharon que ahora había un gobernador en Jerusalén y que era uno de ellos mismos, comenzaron a regresar a Jerusalén donde estaba Gedalías. El miedo a Nabucodonosor lógicamente era el peor enemigo de ellos, ya que los ojos de los caldeos estaban sobre los que habían quedado en Jerusalén y especialmente sobre cualquier militar.

Gedalías les da su palabra de honor a estos capitanes y vuelve a repetir exactamente las mismas palabras del profeta Jeremías: “No temáis servir a los caldeos; quedaos en la tierra y servid al rey de Babilonia, y os irá bien.”

10 Y he aquí que yo habito en Mizpa, para estar delante de los caldeos que vendrán a nosotros;  La ciudad de Mizpa se encontraba a las fronteras de Judá, esa era la primera ciudad que se encontraba cuando se venía de Babilonia hacia Jerusalén. Mizpa estaba situada a medio camino entre Bailonia y Jerusaleen, ese era el lugar ideal para cualquier negociación entre las dos naciones. En éste texto encontramos la buena disposición de éste hombre en hacer las cosas bien, él habitaría en las fronteras para dar la bienvenida a los embajadores de babilonia, que ahora constantemente estarían revisando la situación en Judá.

En todas  las profecías que Jeremías había dado al pueblo de Judá, no se encontraron muchas palabras de aliento y prosperidad, ahora encontramos que con Gedalías, la providencia divina está  volviéndose en favor del grupo de gente pobre, que los babilonios dejaron en Jerusalén, Gedalías dijo: mas vosotros tomad el vino, los frutos del verano y el aceite, y ponedlos en vuestros almacenes, y quedaos en vuestras ciudades que habéis tomado” Las puertas se abren para un nuevo comienzo, todo el pobre que ha quedado en Jerusalén, tiene la oportunidad de volverse rico y poseer propiedades de la noche a la mañana. Una de las mas hermosas y avanzadas ciudades de esa época había quedado vacía, muchas casas quedaron sin dueños, juntos con sus viñedos y sus sembrados y posiblemente muchos animales. Ahora todo esto queda a disposición de los pobres que habían quedado en la región de Judá, ellos tenían el permiso de colectar el fruto de la tierra sin ningún temor. Cuando Gedalías dijo que se tomara el vino, era otra manera para referirse a las  uvas y cuando dijo que se tomara  el aceite, era otra manera para referirse a  las olivas.

Imagínese que el país y  la ciudad que usted vive, de un día a otro quedaran desiertos;  y a usted se le ofrece que vaya a cualquier parte del país o de la ciudad y que tome lo que usted desee tomar. Sin ninguna duda seríamos muy felices escogiendo esa casa, esa propiedad o ese territorio que  nos gusta tanto;  ¡gratis!  sin pagar ningún cinco, convertidos en dueños de las mejores propiedades de la nación de la noche a la mañana.

Dios en su sabiduría, permitió al remanente de Jerusalén, recoger los mejores frutos de Judá, para darles esperanza y gozo a sus pobres y  entristecidos corazones.  Todos los sembrado existente suplirían las necesidades inmediatas y también les daría una reserva alimenticia para el invierno que se acercaba; en el otoño era el momento preciso para recoger higos, uvas, manzanas y olivas, productos abundantes de ésta región para ésta época.

Tenía que haber alegría y gratitud en el pueblo  de Judá con éste permiso y con ésta noticia de Gedalías. Tristemente todas estas alegrías y esperanzas pronto serían apagadas. Los problemas estaban de nuevo por brotar,  estaba para empezar una nueva rebelión  y   última rebelión del remanente de Judá, ésta rebelión giraría para siempre éste nuevo amanecer, giraría para siempre la suerte del remanente judío. El pecado no estaba curado en Judá, la idolatría y la rebelión estaba a flor de piel en los pocos habitantes que habían quedado, ¡¡¡CUIDADO!!!  cuando Dios comienza un juicio sobre sus hijos, no para hasta terminarlo.

13 Y Johanán, hijo de Carea, y todos los capitanes de las tropas que estaban en el campo vinieron a Gedalías en Mizpa, 14 y le dijeron: ¿Sabes que Baalis, rey de los hijos de Amón, ha enviado a Ismael, hijo de Netanías, para quitarte la vida? Pero Gedalías, hijo de Ahicam, no les creyó. 15 Entonces Johanán, hijo de Carea, habló en secreto a Gedalías en Mizpa, diciendo: Déjame ir a matar a Ismael, hijo de Netanías, y nadie lo sabrá. ¿Por qué te ha de quitar la vida y se dispersen así todos los judíos que se han reunido en torno a ti, y perezca el remanente de Judá? 16 Pero Gedalías, hijo de Ahicam, dijo a Johanán, hijo de Carea: No hagas eso, porque es mentira lo que dices de Ismael.

El dios se llamaba Baal, y era la costumbre  en las naciones paganas el ponerle el nombre de los dioses paganos en diminutivo a ciertos individuos, y aquí encontramos a Baalito ó a Baalis, el rey de los amonitas, conspirando en contra de Gedalías, el gobernador de Judá. Para ésta obra Baalis se había asociado con Ismael, quien era un capitán de la guardia de Judá.

Una de las razones por las cuales Baalis deseaba asesinar a Gedalías, pudo ser por  el odio que siempre caracterizó a los amonitas en contra de los judíos, otra razón pudo ser el aun tener la idea de sublevación en contra de Nabucodonosor. Ahora que una resistencia abierta no era posible en contra de los babilonios, ellos habían recurrido al asesinato.

Gedalías no creyó, Gedalías era un hombre de buen corazón, un buen ciudadano, era inocente en su manera de gobernar. Gedalías no creyó que Ismael era un hombre capaz de semejante crimen, y tampoco encontraba una razón por la cual él podía temer de Ismael, si nunca le había cometido ningún mal a Ismael. Ante la propuesta de Johanán de ir a asesinar en secreto a Ismael, Gedalías se hizo para atrás,  no creyó que era correcto evitar un crimen con otro crimen.

Este capítulo de Jeremías, es un capítulo lleno de sin sabores. El gobierno de Gedalías había comenzado con muchas esperanzas de bienestar para el pequeño grupo  que había quedado en Judá, Gedalías no parecía un hombre ambicioso, a él le interesaba el bienestar de su pueblo y estar bien con el opresor, siguiendo las órdenes dadas por Dios a través del profeta. Por el otro lado tenemos al villano de ésta historia: Ismael es la figura típica de la maldad encarnada, era un traidor, era un asesino, era un mentiroso, era un vende patria y encima de todo la Biblia no registra el motivo que tuvo Ismael para asesinar a Gedalías, ni tampoco registra que fin tuvo Ismael y sus acompañantes del mal. La historia quedó cortada. Ismael solo llegó para causar mal, su presencia no hizo nada de bien, su acción sepultó la poca esperanza y la poca alegría que el pequeño pueblo de Judá estaba respirando, encima de todo en sus manos cae asesinado un buen hombre, un hombre justo,  donde se estaba depositando la esperanza de días mejores para Judá.

¿Porqué caen los buenos?; ¿Porqué los justos tienen que abandonar la tierra tan prestamente y prematuramente? Isaías 57 nos da una importante y valiosa sugerencia:  1-Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.

La Biblia condena en los términos más enérgicos toda mentira, trato falso e improbidad. Lo bueno y lo malo se manifiestan claramente. Pero se me mostró que el pueblo de Dios se ha puesto sobre el terreno del enemigo, ha cedido a sus tentaciones y ha seguido sus designios hasta que sus sensibilidades han quedado terriblemente embotadas. Una ligera desviación de la verdad, una pequeña variación de los requisitos de Dios no se considera tan pecaminosa cuando entraña ganancia o pérdida pecuniaria. Pero el pecado es pecado, ya lo cometa el millonario o el mendigo de la calle. Los que obtienen propiedades por medio de la falsedad están trayendo condenación sobre su alma. Todo lo que se obtiene por medio del engaño y el fraude, será tan sólo una maldición para quien lo reciba.

Adán y Eva sufrieron las terribles consecuencias resultantes de desobedecer la orden expresa de Dios. Podrían haber razonado: Este es un pecado muy pequeño, y nunca será tenido en cuenta. Pero Dios trató el asunto como un mal temible, y la desgracia de su transgresión se sentirá a través de todos los tiempos. En la época en que vivimos, los que profesan ser hijos de Dios cometen con frecuencia pecados de mayor magnitud. En las transacciones comerciales, los que profesan ser hijos de Dios dicen mentiras, obran en consecuencia, y atraen el desagrado de Dios sobre ellos y el oprobio sobre su causa. La menor desviación de la veracidad y la rectitud es una transgresión de la ley de Dios (Joyas de los testimonios, {1JT}, t. 1, pp. 511, 512).

Pronto llegará ese tiempo, y habremos de asirnos firmemente del fuerte brazo de Jehová, porque todos los prodigios y las grandes señales del diablo tienen por finalidad engañar y vencer al pueblo de Dios. Nuestra mente debe estar fija en Dios, y no debemos experimentar el temor que tienen los impíos; es decir, no hemos de temer lo que ellos temen, ni reverenciar lo que ellos reverencian, sino ser esforzados y valientes en pro de la verdad. Si nuestros ojos se abrieran veríamos en nuestro derredor a los ángeles malignos tramando alguna nueva manera de dañarnos y destruirnos; pero también veríamos a los ángeles de Dios que con su poder nos amparan, porque el ojo vigilante de Dios está siempre sobre Israel para el bien, y él protegerá y salvará a su pueblo si éste confía en él. Cuando el enemigo irrumpa como una inundación, el Espíritu del Señor enarbolará un estandarte contra él (Primeros escritos, {PE}, p. 60).

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Lección 12 // Lunes 14 de diciembre___________________________

BUSCANDO CONDUCCIÓN DIVINA

Lee Jeremías 42. ¿Qué mensaje poderoso se encuentra aquí, no solo para ellos, sino también para todo aquel que busca la conducción del Señor en oración?

1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor, y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos), para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer. Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra. Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros. Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien. Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías. Y llamó a Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales de la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde el menor hasta el mayor; y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia: 10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. 11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano; 12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra. 13 Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios, 14 diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá moraremos; 15 ahora por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para morar allá, 16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis. 17 Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos. 18 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando entrareis en Egipto; y seréis objeto de execración y de espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más este lugar. 19 Jehová habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy. 20 ¿Por qué hicisteis errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis a Jehová vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros a Jehová nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que Jehová nuestro Dios dijere, y lo haremos. 21 Y os lo he declarado hoy, y no habéis obedecido a la voz de Jehová vuestro Dios, ni a todas las cosas por las cuales me envió a vosotros. 22 Ahora, pues, sabed de cierto que a espada, de hambre y de pestilencia moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para morar allí. Jeremías 42

Temeroso de los babilonios, el pueblo buscó a Jeremías y le pidió que orara por ellos buscando la conducción divina. Debieron de haber sabido, para ese entonces, que Jeremías era realmente un profeta de Dios y que lo que él hablaba en nombre del Señor sucedería.

Ellos también prometieron que harían lo que Dios les pidiera o mandara a hacer. Así, vemos a un pueblo que parece haber aprendido su lección, que quería no solo saber cuál era la voluntad de Dios sino, más importante, hacerla. Las palabras: “Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien” (Jer. 42:6) fueron una poderosa confesión de fe. Después de todo lo que había sucedido, ya era hora.

Nota el paralelo aquí con los anteriores mensajes de Jeremías: No confíen en poderes extranjeros. Confíen en el Señor, y él los prosperará y los librará en el momento correcto. La salvación no viene de ninguna otra parte ni de ningún otro. Los poderes extranjeros no los ayudaron antes y no los ayudarán ahora.

Dios tiene que amonestarlos porque él conoce la tendencia de sus corazones: sabe que están pensando en volver a Egipto (reflexiona en el simbolismo) a fin de buscar la protección que necesitan. Así, Dios les dio mandatos muy claros y específicos: no hacer eso, pues tal curso de acción traerá ruina sobre ellos.

Otra vez, esta es una elección difícil, la decisión que todos enfrentamos: la vida y la paz mediante la fe y la obediencia a Jesús o la miseria y la muerte por falta de fe y de obediencia. No importan las circunstancias diferentes, al fin, el problema es el mismo para todos nosotros. A diferencia de este pueblo, no siempre se nos dan las advertencias tan específicas y tan claramente expresadas; pero se nos han dado advertencias, de todos modos.

La vida o la muerte, la bendición o la maldición. ¿Qué clase de elecciones estás haciendo, cada día, ya sea para vida o para muerte?

1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor, y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos), para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.

El pueblo ahora se reúne para pedir la ayuda de Jeremías. El pedido era que Jeremías se comunicara con Dios para pedir una guía, para las decisiones que se necesitaban tomar.  La manera de éste pedido, demuestra un gran respeto y reverencia para el profeta, de parte del pueblo de Judá, además demuestra que ellos se sentían aun sin el  derecho de pedir  instrucciones a Dios. Toda ésta demostración era hipócrita y falsa, ya que habían demostrado vez tras vez, que ante la Palabra de Dios, ellos siempre decidían lo contrario.
Estas palabras: ruega por nosotros ha sido el método constantes que los hipócritas han usado por mucho tiempo, cuando pretenden tener una sumisión completa a Dios, pero al final salen haciendo su propia voluntad en acuerdo con sus deseos, con sus intereses, con sus conveniencias y con sus inclinaciones. Las palabras “ruega por nosotros” aún se siguen usando por millones de personas en nuestros días modernos; constantemente éstas palabras se repiten por los feligreses de la otra religión, que su característica principal es también la  idolatría.
Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías.
Este versículo denota la naturaleza de la palabra profética de Jeremías, diez días pasaron esperando la respuesta de Dios. Jeremías no estaba dando al pueblo de Israel su propia opinión, Jeremías no hablaba las palabras que eran de él, y aquí Jeremías está siendo obligado a esperar por las instrucciones de Dios,  él estaba esperando oír la Palabra de Dios, y el Señor se tomó 10 días para contestar, y su respuesta fue muy clara y precisa: 10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. 11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano; 12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.
10 días  de nuestro calendario son alrededor de 2 segundos en el reloj divino.

Mas, oh amados, no ignoréis esta una cosa: que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día. 2 Pedro 3: 8

Dios                                        Humanos

1 dia                                        1000 años

12 horas                                  500 años

6 horas                                    250 años

3 horas                                    125 años

1 hora y media                        62 años y 6 meses

45 minutos                              31 años y 3 meses

22 minutos y medio              15 años y 7 meses y medio

11 minutos y 15 segundos      7 años, 8 meses, 22 días

5  minutos y 37 segundos       3 años, 10 meses, 11 días 

2 minutos y 45 segundos        1 año, 11 meses, medio día 

1 minuto con 22 segundos      11 meses y medio y 6 horas

41 segundos                                5 meses y medio y 3 horas

20 segundos                                2 meses, 7 días y hora y media

10 segundos                                1 mes, 3 días,  18 horas

5 segundos                                   17 días y 9 horas

2 segundos                                  8 días y 16 horas

1 segundo                                    104 horas (4 días y 8 horas)

Esto es un cálculo vago, no hay nade de científico en esta operación pero nos ayuda a entender mas ó menos la diferencia del reloj divino y el reloj humano.

Una vez entendiendo  o comprendiendo mas o menos el reloj divino, entonces se nos hace mucho mas fácil entender ciertas dificultades que encontramos en la vida diaria, y entre ellas tenemos:  El comprender el por que muchas personas pasan al descanso en su temprana edad; Dios en su infinita omnisapiensia permite que la persona deje de vivir unos cuantos segundos o  minutos de su reloj, con tal que viva la vida eterna. Posiblemente ésta persona, si Dios le permitiera vivir unos minutos mas, perdería la vida eterna. 

También podemos comprender que hay veces que el Señor desea que esperemos unos cuantos segundos de su reloj para hacer un milagro en nuestras vidas. Muchos no entendemos el tiempo de espera en el reloj divino, nos impacientamos y salimos enojándonos con Dios creyendo que a él no le importa nuestra vida ó nuestros  problemas.

Otro asunto que podemos entender es que Dios prometió a Adán y Eva morir el día que desobedecieran; y así fue de acuerdo a su reloj. Adán murió ese mismo día del reloj divino, su vida llegó cerca de finalizar el día; 930 años.

También podemos entender la segunda venida de Cristo. Cristo en el reloj divino tiene a penas dos días de haber partido. El dijo que iría solamente a prepararnos el lugar para morar en el cielo, y que volvería inmediatamente; no toma mucho tiempo preparar la habitación de una persona, de un momento a otro Jesús volverá para llevarnos a morar con él.

Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para morar allá, 16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis. 17 Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos. 18 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando entrareis en Egipto; y seréis objeto de execración y de espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más este lugar. 19 Jehová habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy.

Había una orden expresa de parte de Dios de no irse para Egipto; Egipto era y sigue siendo un país extremadamente fructífero, el río Nilo con sus aguas desbordadas, convertía  ésta zona en un lugar codiciable para el agricultor, sus frutos era extremos y la abundancia de comida era una de las características principales de Egipto. El ejército de Egipto también era uno de los ejércitos mas formidables de la tierra para esa época, antes de que Nabucodonosor existiera, el Faraón era el dueño y señor del mundo militarmente hablando. Egipto también ofrecía mucha seguridad por sus ciudades extremadamente fortificadas, y también por su terreno. El terreno antes de llegar a Egipto era afectado terriblemente por el río Nilo, ellos habían construido diques y canales, que no era un terreno ideal para que un ejército lo atravesara,  para cualquier ejército de esa época, se requería de mucha pericia para lograr atravesar todos estos obstáculos. Pero también Egipto estaba lleno de idolatría, ellos eran el origen de muchos de los dioses de la región, ellos eran adoradores de dioses en forma de animales, también adoraban al sol, la luna y al río Nilo.

Si los judíos creían que en Egipto se podían librar de Nabucodonosor, aquí hay una amenaza y advertencia directa en contra de ellos  de parte de Dios,  para no hacerlo,  ya que el ir en contra de la voluntad de Dios acarrearía en contra de ellos una desgracia segura. Levítico 18: 3 dice: No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, á la cual yo os conduzco; ni andaréis en sus estatutos.

Cada acto de obediencia a Cristo, cada acto de abnegación por él, cada prueba bien soportada, cada victoria lograda sobre la tentación, es un paso adelante en la marcha hacia la gloria de la victoria final. Si aceptamos a Cristo por guía, él nos conducirá en forma segura. El mayor de los pecadores no tiene por qué perder el camino. Ni uno solo de los que temblando lo buscan ha de verse privado de andar en luz pura y santa. Aunque la senda es tan estrecha y tan santa que no puede tolerarse pecado en ella, todos pueden alcanzarla y ninguna alma dudosa y vacilante necesita decir: Dios no se interesa en mí…

A lo largo del áspero camino que conduce a la vida eterna hay también manantiales de gozo para refrescar a los fatigados. Los que andan en las sendas de la sabiduría se regocijan en gran manera, aun en la tribulación; porque Aquel a quien ama su alma marcha invisible a su lado. A cada paso hacia arriba disciernen con más claridad el toque de su mano; vívidos fulgores de la gloria del Invisible alumbran su senda; y sus himnos de loor, entonados en una nota aún más alta, se elevan para unirse con los cánticos de los ángeles delante del trono. “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (El discurso maestro de Jesucristo, {DMJ}, pp. 118, 119).

Cada alma tiene un cielo que ganar y un infierno que evitar. Y los seres angelicales siempre están dispuestos a venir en ayuda del alma probada y tentada. El, el Hijo del Dios infinito, soportó la prueba y la aflicción en nuestro lugar. Delante de cada alma, se levanta vívidamente la cruz del Calvario. Cuando sean juzgados los casos de todos, y ellos [los perdidos] sean entregados para sufrir por haber desdeñado a Dios, por no haber tomado en cuenta el honor divino y por su desobediencia, nadie tendrá una excusa, nadie necesitará haber perecido. Dependió de su propia elección quién habría de ser su príncipe, Cristo o Satanás. Toda la ayuda que recibió Cristo la puede recibir cada hombre en la gran prueba. La cruz se levanta como una promesa de que nadie necesita perderse, de que se da abundante ayuda para cada alma. Podemos vencer a los mismos agentes satánicos, o podemos unirnos con los poderes que procuran contrarrestar la obra de Dios en nuestro mundo (Mensajes selectos, {1MS}, t. 1, p. 112).

Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo.

Mediante el debido uso de la voluntad, cambiará enteramente la conducta. Al someter nuestra voluntad a Cristo, nos aliamos con el poder divino. Recibimos fuerza de lo alto para mantenernos firmes. Una vida pura y noble, de victoria sobre nuestros apetitos y pasiones, es posible para todo el que une su débil y vacilante voluntad a la omnipotente e invariable voluntad de Dios (El ministerio de curación, {MC}, pp. 131, 132).

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Martes 15 de diciembre // Lección 12___________________________

VOLVER A EGIPTO

Si no lo has leído por adelantado, Jeremías 42 podría ser muy emocionante. ¿Qué hará la gente? ¿Mostrará fe, una fe que se revela en la obediencia, y permanecerá en Judá? ¿O cometerá el mismo error que en lo pasado y, en vez de seguir el claro “así dice Jehová”, hará lo que quiera a pesar de la clara advertencia de Dios en los últimos versículos del capítulo 42 acerca de lo que les espera si vuelven a Egipto?

Lee Jeremías 43:1 al 7. ¿Qué hicieron ellos?

1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos, dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí, sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos transportar a Babilonia. No obedeció, pues, Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra y todo el pueblo, a la voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá, sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá; a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías, y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes. Jeremías 43

Cuando la Palabra de Dios no concuerda con nuestras intenciones o deseos, tendemos a tener dudas acerca de su origen divino. Esto es lo que el pueblo y los dirigentes hicieron con Jeremías. En Israel solo cambiaron las circunstancias, pero el pueblo siguió siendo el mismo en su manera de pensar y en sus corazones. Se excusaron del voto atacando a Jeremías. Sin embargo, no queriendo atacar al anciano profeta directamente, le echaron la culpa a Baruc, su amigo y a veces su escriba, y volvieron su ira contra él, pretendiendo que él había hecho que el profeta estuviera en contra de ellos.

Lee Éxodo 16:3 y Números 16:13. ¿Qué semejanzas existen entre lo que el pueblo le dijo a Jeremías y lo que sus antepasados le dijeron a Moisés?

Éxodo 16:3

y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.

Números 16:13

13 ¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente?

La naturaleza humana siempre busca a quién echarle la culpa de sus problemas, o una excusa para hacer lo que quiere. De este modo, por alguna razón, Baruc fue acusado de querer que todos sus conciudadanos murieran a manos de los babilonios o fueran llevados en exilio a ese país. Jeremías 43:1 al 7 no dice por qué la gente pensó que Baruc quería que esto sucediera, como tampoco la Escritura explica por qué los hijos de Israel pensaron que Moisés quería que murieran en el desierto después de que salieron de Egipto. La gente, esclava de emociones y pasiones, puede no tener buenas razones para su manera de pensar. ¡Qué importante es que mantengamos nuestras emociones y pasiones sometidas al Señor!

¿Cuán a menudo permitimos que los sentimientos y las pasiones oscurezcan nuestro juicio o incluso anulen un claro “así dice Jehová”? ¿Cómo podemos protegernos para no permitir que nuestras emociones y deseos nos dominen? (Ver 2 Cor. 10:5.)

Del orgullo nace la terquedad y la  disputa, tanto en contra de Dios como en contra del hombre. Los judíos prefirieron seguir su propio juicio y experiencia y no seguir la palabra de Dios. La mayoría de veces que el hombre niega que la Biblia es la Palabra de Dios, es por que encuentra que la Biblia no se ajusta a sus propios deseos, intereses o inclinaciones.  Estos judíos decidieron abandonar su propia tierra y así se salieron de la protección de Dios. Suele pasar muchas veces, que el hombre por tratar de enmendar sus errores, continua tomando  decisiones peores de las tomadas y así termina destruyendo su vida totalmente.

Johanán que hace unos días atrás había liberado al pueblo de manos de Ismael, ahora él es el que está llevando al pueblo cautivo para Egipto. De liberador se convierte en un esclavizador. Entre el grupo de cautivos estaba Jeremías y también Baruc, quién escribió éste libro.

 Jeremías está encadenado de nuevo, las cadenas siempre traen tristezas y la prisión siempre trae amargura. Hay muchos hombres que prefieren perder mejor la vida y no la libertad.  Las cadenas apresan a los cuerpos de los hijos de Dios, pero nunca sus mentes.  Las cadenas siempre apagan al humano, pero no al cristiano. No son las cadenas las que hacen a una persona un esclavo, sino la pérdida del respeto propio. En el servicio cristiano, aun en las cadenas,  nosotros los cristianos aprendemos la reverencia hacia Dios, nuestros lazos de amor se profundizan mas tanto para Dios como para nuestro prójimo, nuestra hombría es exaltada y nuestro servicio es la libertad, aun en las cadenas los hijos de Dios siempre predican que en Cristo hay libertad.

 A pesar que el pueblo judío había prometido obedecer a Dios, ellos marcharon para Egipto, por que la Palabra de Dios no estaba en armonía con sus deseos, y encima de todo acusaron a Jeremías de hablar falsamente en el nombre de Dios. En éste grupo de personas, podemos descubrir a aquellos que en un momento de la vida demuestran gran celo, fervor y buenas intenciones, pero que rechazan cualquier consejo que se les entrega, cuando se dan cuenta que esos consejos no están armonía con sus pasiones, y también están en oposición directa con los deseos secretos de sus corazones.
Dios permitió que Jeremías fuera llevado cautivo a Egipto, allí tenía una última obra que hacer, pronto su voz se elevaría condenando de nuevo a los judíos, pero también condenando a una nación entera que eran  Egipto. Egipto sería raída por Nabucodonosor, su problema y su pecado también fue idolatría.

Librado de la cárcel por los oficiales babilonios, el profeta decidió echar su suerte con el débil residuo “de los pobres del país” que los caldeos dejaron para que fuesen “viñadores y labradores.” Sobre éstos, los babilonios pusieron a Gedalías como gobernador. Apenas transcurridos algunos meses, el recién designado gobernador fué muerto a traición. La pobre gente, después de pasar por muchas pruebas, se dejó finalmente persuadir por sus caudillos a refugiarse en la tierra de Egipto. Jeremías alzó la voz en protesta contra ese traslado. Rogó: “No entréis en Egipto.” Pero no se escuchó el consejo inspirado, y “todo el resto de Judá, … hombres, y mujeres, y niños” huyeron a Egipto. “No obedecieron a la voz de Jehová: y llegaron hasta Taphmes” (Jeremías 52:16; 43:2-7) (Profetas y reyes, {PR}, p. 339).

En ausencia de Moisés, la congregación le demandó a Aarón que les hiciera dioses que fuesen delante de ellos y los guiaran de regreso a Egipto. Esto era un insulto a su Dirigente principal, el Hijo del Dios infinito. Sólo unas pocas semanas antes, habían estado temblando de pavor y terror delante del monte, escuchando las palabras del Señor: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). La gloria que santificó el monte cuando se oyó la voz que lo sacudió hasta sus fundamentos, todavía se cernía sobre la montaña a la vista de la congregación; pero los hebreos apartaron sus ojos y pidieron otros dioses. Moisés, su dirigente visible, se hallaba conversando con Dios en el monte. Olvidaron la promesa y la advertencia de Dios: “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él” (Éxodo 23:20, 21).

Los hebreos fueron cruelmente incrédulos y vilmente ingratos en su pedido profano: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros” (Éxodo 32:1). Si bien Moisés estaba ausente, la presencia del Señor permaneció con ellos; los israelitas no fueron abandonados. El maná continuó cayendo, y mañana y noche eran alimentados por una mano divina. La columna de nube durante el día y la columna de fuego por la noche significaban la presencia de Dios, la que era un memorial viviente ante ellos. La presencia divina no dependía de la presencia de Moisés. Pero al mismo tiempo en que él intercedía ante el Señor en el monte en su favor, ellos se precipitaban para cometer errores vergonzosos, para caer en la transgresión de la ley que les había sido dada tan recientemente en forma grandiosa (Testimonios para la iglesia, {3TI}, t. 3, p. 372).

Pablo instó a sus hermanos a preguntar qué influencia ejercerían sus palabras y hechos sobre los demás, y a no hacer nada, por inocente que fuera en sí mismo, que pareciera sancionar la idolatría u ofender los escrúpulos de los que fueran débiles en la fe. “Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios. Sed sin ofensa a Judíos, y a Gentiles, y a la iglesia de Dios.”

Las palabras de amonestación del apóstol a la iglesia de Corinto se aplican a todo tiempo, y convienen especialmente a nuestros días. Por idolatría, él no se refería solamente a la adoración de los ídolos, sino al servicio propio, al amor a la comodidad, a la complacencia de los apetitos y pasiones. Una mera profesión de fe en Cristo, un jactancioso conocimiento de la verdad, no hace cristiano a un hombre. Una religión que trata solamente de agradar a los ojos, a los oídos o al gusto, o que sanciona la complacencia propia, no es la religión de Cristo (Los hechos de los apóstoles, {HAp}, p. 255).

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Lección 12 // Miércoles 16 de diciembre________________________

LLEVADOS AL EXILIO

Lee Jeremías 43:8 al 13. ¿Qué dijo Dios por medio de Jeremías?

Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo: Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá; 10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas. 11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada. 12 Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz. 13 Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego. Jeremías 43

Tafnes era una aldea en la frontera noreste de Egipto, que tenía fortificaciones importantes y donde vivía un gran número de colonos judíos.

Otra vez aquí, Dios quería que Jeremías actuara la profecía en forma simbólica. Aunque las palabras son poderosas, a veces, cuando se hacen cosas en la vida real, cuando se actúan ante nosotros, la presentación del tema es más fuerte y el mensaje queda más claro.

De qué modo debía Jeremías enterrar piedras en la entrada de la casa del faraón, no se nos dice. Sin embargo, el punto era claro: incluso el poderoso faraón no era competidor suficiente para Dios, y este cumpliría su palabra así como había dicho que lo haría. Los refugiados pensaron que encontrarían protección y seguridad permitiendo que Egipto viniera hacia ellos (Jer. 37:7, 8). Los dioses egipcios eran inútiles, invenciones de su torcida imaginación; estos dioses eran abominaciones paganas que mantenían a la gente en una abyecta ignorancia de la verdad. Los israelitas deberían haber sabido, como deberíamos saber nosotros, que nuestra única protección y seguridad verdadera está en obedecer a Dios.

“Cuando la negación propia llegue a ser parte de nuestra religión, entenderemos y haremos bien la voluntad de Dios; pues nuestros ojos serán ungidos con colirio de modo que podamos contemplar las cosas maravillosas de su Ley. Veremos el sendero de obediencia como el único camino seguro. Dios tiene a su pueblo por responsable en proporción a la luz de la verdad que es llevada a su entendimiento. Las exigencias de su Ley son justas y razonables, y mediante la gracia de Cristo él espera que cumplamos esos requerimientos” (R&H, 25 de febrero de 1890).

Piensa también en el simbolismo de que los israelitas querían volver a Egipto para encontrar seguridad. ¡Qué ironía! En un sentido espiritual, ¿de qué maneras podemos nosotros ser tentados a “volver a Egipto”, para encontrar en este lo que pensamos que no podemos encontrar con el Señor?

La palabra de Dios llegó a Jeremías que ahora se encontraba en la ciudad de Tafnes, en Egipto. Tafnes era una ciudad que estaba a la entrada de Egipto, en las mismas fronteras, allí los capitanes judíos tenía que parar obligatoria-mente para pedir el permiso correspondiente para poder ingresar a Egipto. Allí Jeremías por inspiración divina, tomó la oportunidad para predecir tres asuntos de suma importancia: la primera era la muerte de todos los judíos en manos de Nabucodonosor, la segunda era la destrucción del pueblo egipcio en manos de Nabucodonosor y la tercera era  denunciar a los falsos dioses de los egipcios.

Dios visita a sus hijos con su gracia, y les revela su voluntad y su palabra, no importando donde ellos están. El ministro de Dios ahora se encontraba cautivo nuevamente, pero la Palabra de Dios no, la Palabra de Dios siempre es libre sin importar en que condiciones éste su portador.  Jeremías había llegado a Egipto en contra de su voluntad, había sido tomado por la fuerza, y ahora viene la Palabra de Dios hacia él.

 Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo: Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá;

Si leemos éste mismo texto en la versión de “Las Sagradas Escrituras -1569” dice así: Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en un horno de ladrillos que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de hombres judíos;

El horno de ladrillos que usaban los egipcios, no es el horno de ladrillos que nosotros conocemos en nuestros países hispanos. Los egipcios tenían como costumbre no cocer los ladrillos al fuego, sino secarles al sol. Por lo tanto el horno de ladrillos para un egipcio, era un patio extremadamente grande, donde colocaban los ladrillos ordenadamente  y en grandes cantidades para ser curados y secados por el sol.

Por lo tanto Jeremías lo que tenía que hacer era tomar las piedras, envolverlas en barro, depositar-las en el suelo de ese gran patio que estaba a la entrada de la casa del faraón, que las piedras quedaran al mismo nivel del suelo existente, y una vez puestas allí, pronunciar la profecía que sobre esas mismas piedras que él estaba colocando, el rey Nabucodonosor las usaría  como base para  que para erigir su trono en Egipto.

10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas. 11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada. 12 Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz. 13 Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego.

Dios le llama “mi siervo” a Nabucodonosor. Nabucodonosor fue todo lo contrario de los israelitas, los israelitas no siguieron la orden de Dios de destruir el mundo cananeo idolatra, Nabucodonosor si siguió al pie de la letra las indicaciones de Dios en la destrucción de los pueblos que practicaban la idolatría, incluyendo al pueblo elegido de Dios, que era Israel y Judá.

Los Egipcios tenían muchos hermosos e imponentes templos, que no siempre podían ser quemados, debido al material con el cual estaban construidos, alguna versiones bíblicas incluyendo la versión “Sagradas Escrituras de 1569” dice: Y pondré fuego a las casas de los dioses de Egipto; y las quemará” Denotando la mano de Dios estaba en contra de estos templos; era Dios quién iba a prender  en fuego éstas estructuras que al hombre se le hacían difícil quemar.

13 Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, La versión bíblica de los 70 dice: “13-y quebrará los pilares de Heliopolis, que están en On” On era la ciudad donde se adoraba precisamente al dios sol, y en Génesis 41: 45 ya encontramos ésta ciudad:  45 Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On…”  La ciudad de On  se le cambió nombre, su nuevo nombre llegó a ser Bet-semes que significa “el hogar del sol”.

De las imágenes o pilares de Bet-semes se lograron preservar solamente 2 obeliscos, estos obeliscos tienen una altura de 68 pies o 20.70 metros. Uno de estos obeliscos sobrevivientes de Bet-semes “el hogar del sol”, fue traído a Italia, y se encuentra en Roma, al centro de la famosa plaza de San Pedro; hay que recordar que la plaza de San Pedro es también un homenaje al dios sol, éste obelisco está en frente de la catedral de San Pedro.  Para los que pueden ver la foto, aquí está para ustedes.

La Biblia no confirma la destrucción de los egipcios en manos de Nabucodonosor, pero la historia si lo confirma. De acuerdo a los historiadores de Arabia, ellos dicen que Egipto fue desbastada por Nabucodonosor, y toda la destrucción de acuerdo a ellos, fue por culpa del faraón, por haber dado asilo y protección a los judíos que venían huyendo de Judá. De acuerdo a estos historiadores, Egipto permaneció desolada por 40 años.

Por el otro lado los historiadores judíos afirman, que cinco años mas tarde de la destrucción de Jerusalén, Nabucodonosor condujo su ejército en contra de Moab y Amón.  Posiblemente en la toma de Amón, Nabucodonosor le cobró la cuenta a Baalito y a Ismael por el asesinato de Gedalías. Con la ex-terminación de  Moab y Amón, Nabucodonosor  estaba exterminado totalmente  la idolatría de los pueblos cananeos. Después de la destrucción de Moab y de Amón, Nabucodonosor marchó en contra de Egipto, para que se cumpliera la profecía que decía: y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz” En paz salió de Egipto, todo un vencedor, todo un campeón, el “siervo de Dios” ahora en paz,  en paz con Dios por su  obra cumplida  y también en paz con el hombre, ya que ahora en la tierra no le quedaba ningún enemigo.

Muchos que deberían levantar sus tiendas más cerca de la tierra de Canaán, las están erigiendo más cerca de Egipto. No están viviendo a la luz del Sol de Justicia. Muchos concurren a lugares de diversiones para complacer el gusto, pero no obtienen fortaleza espiritual al hacerlo, y finalmente se encontrarán en el lado de los perdedores. Estimular el amor a la diversión, es desanimar el amor a los ejercicios religiosos, porque el corazón se atiborra tanto con lo vulgar, con lo que le agrada al corazón natural, que no queda en él lugar para Jesús…

Para conocer los pensamientos de Dios se requiere la fe que obra por amor y purifica el alma. Hay quienes creen en Cristo; no lo consideran un impostor y creen que la Biblia es una revelación de su carácter divino. Admiran sus santas doctrinas, y reverencian el nombre, el único nombre dado bajo el cielo en que podemos ser salvos y, sin embargo, con todo este conocimiento, pueden ignorar tanto la gracia de Dios como el más vil pecador. No han abierto el corazón para que Jesús entre (A fin de conocerle, {AFC}, p. 309).

Glorioso es el triunfo que aguarda al fiel. El apóstol, comprendiendo las posibilidades que estaban por delante de los creyentes corintios, trató de exponerles algo que los elevara del egoísmo y la sensualidad y glorificase su vida con la esperanza de la inmortalidad. Fervorosamente los exhortó a ser leales a su alta vocación en Cristo. “Hermanos míos amados—les suplicó,—estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.”

Así el apóstol, de la manera más decidida y expresiva, se esforzó por corregir las falsas y peligrosas ideas y prácticas que prevalecían en la iglesia de Corinto. Habló claramente, pero con amor por sus almas. Mediante sus amonestaciones y reproches, brilló sobre ellos la luz del trono de Dios, para revelar los pecados ocultos que estaban manchando sus vidas. ¿Cómo sería recibida? (Los hechos de los apóstoles, {HAp}, pp. 258, 259).

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Jueves 17 de diciembre // Lección 12___________________________

DESAFÍO ABIERTO

Lee Jeremías 44:1 al 10. ¿Qué hacían los cautivos en Egipto?

1 Palabra que vino a Jeremías acerca de todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, que vivían en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en tierra de Patros, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá; y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas; no hay quien more en ellas, a causa de la maldad que ellos cometieron para enojarme, yendo a ofrecer incienso, honrando a dioses ajenos que ellos no habían conocido, ni vosotros ni vuestros padres. Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco. Pero no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses ajenos. Se derramó, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas en soledad y en destrucción, como están hoy. Ahora, pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vosotros mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño de pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente alguno, haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para vivir, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la tierra? ¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, de las maldades de los reyes de Judá, de las maldades de sus mujeres, de vuestras maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? 10 No se han humillado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley ni en mis estatutos, los cuales puse delante de vosotros y delante de vuestros padres. Jeremías 44

Durante la cautividad en Egipto, Jeremías debió afrontar el mismo problema que tuvo cuando su pueblo vivía en Judá. En ese tiempo tuvo que hablar a los líderes; ahora tenía que hablar al pueblo común, que en la cautividad cometía algunos de los mismos pecados que trajeron esta devastación sobre él.

¿Qué sorprendente respuesta le dieron a Jeremías cuando los confrontó? (Jer. 44:15-19).

15 Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo: 16 La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; 17 sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. 18 Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos. 19 Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos? Jeremías 44

La dureza de sus corazones y el engaño que los había vencido eran asombrosos. Básicamente, miraron a Jeremías en la cara, y desafiaron a él y lo que les había hablado en “el nombre de Jehová”.

La explicación es sencilla: en los tiempos anteriores, antes de la reforma de Josías, cuando estaban profundamente sumergidos en la adoración de dioses paganos, hasta quemando incienso a “la reina del cielo” y derramando libaciones a ella, les iba bien. Estaban bien materialmente y vivían en seguridad. Sin embargo, fue solo después de las reformas de Josías (hechas demasiado tarde y solo a medias) que la calamidad los había golpeado. Así, ¿por qué habían de escuchar a Jeremías y todas sus advertencias?

La respuesta de Jeremías (Jer. 44:20-30) fue: No, ustedes no entienden. Precisamente porque hicieron todas estas cosas, estas calamidades vinieron sobre ustedes. Peor aún, su obstinada negativa a cambiar significa que vendrán aún más calamidades, y la seguridad que ustedes pensaron que encontrarían en Egipto es un engaño y una mentira, así como los dioses paganos que ustedes adoran. Al fin, conocerán la verdad, pero será demasiado tarde.

¿Qué sucede con los que, sumergidos en el pecado y la incredulidad, parecen estar muy bien mientras que, a veces, los cristianos fieles pasan por terribles pruebas? ¿Cómo enfrentamos esta realidad?

Llegamos a la parte cumbre de nuestra lección; ahora el profeta Jeremías está confrontando al remanente judío que  vive en Egipto. Ellos se encuentran  felices nuevamente, disfrutando a todo dar de su pecado de idolatría. Después de haber visto tanto mal que la idolatría trajo a su nación y a sus habitantes, no hicieron un cambio en sus vidas, y al no mas tener una oportunidad comenzaron de nuevo con su grave pecado.

Estas personas fueron salvadas milagrosamente de las manos de Nabucodonosor, ellos con sus propios ojos fueron testigos de la gran calamidad y la gran desgracia que Dios trajo sobre ellos por su pecado, y ahora de una manera que aun a nosotros los humanos nos cuesta comprender, están empeñados de nuevo en su fatal pecado. Los judíos se ganaron una medalla de oro por su pecado, se ganaron otra medalla de oro por su terquedad, y se ganaron otra medalla de oro por su rebelión. ¡Fueron increíbles en su pecado!

Cabe notar que los cautivos que Dios mandó para Babilonia fueron sanados de la idolatría y también se les preservó la vida, pero los judíos que en su plena libertad decidieron ir a Egipto,  persistieron en la idolatría y como resultado consiguieron  la muerte. La disciplina de Dios siempre rectifica el corazón del hombre, pero la disciplina del hombre es incapaz de rectificar el corazón del hombre. Cuando nos confiamos a nosotros mismo y nos aventuramos al lugar donde está la tentación creyendo que vamos a salir ilesos,  nos exponemos a las mas grandes miseria que puede haber en éste mundo, caminar en contra de Dios, es caminar en contra de nosotros mismos.

15 Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo: 16 La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; 17 sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno.

Habían muchos servicios religiosos paganos que eran solamente celebrado por las mujeres, pero era la costumbre de pedir el consentimiento del esposo para asistir a estos eventos religiosos, aunque los esposos no asistieran a dichos eventos.
Es muy probable que cuando las mujeres judías percibieron  la abundancia y las riquezas de Egipto, percibieron la paz y la seguridad que había en la nación, rápidamente llegaron a la conclusión que los dioses egipcios a quienes los egipcios adoraban, eran mas poderosos y mejores benefactores que el Dios Jehová que ellos adoraban, pensando de ésta manera prestamente se sumergieron en una de las mas absurdas y bochornosas idolatrías que existieron sobre la tierra.
 Los judíos no solo habían llevado sus prácticas idólatras a Egipto, sino que ahora habían tomado de los egipcios a todo el zoológico los dioses que ellos adoraban. De acuerdo a algunos teólogos la diosa del cielo era la luna,  quien era la esposa del rey del cielo, que era el sol. A la diosa del cielo, los paganos también la llamaban por el nombre de Coeletis o Urania. De acuerdo a sus creencias ella era la encargada de proveer la lluvia, y además ella daba fuerza a la fertilidad y el crecimiento del hombre, de animales y de plantas en armonía con las diferentes fases que la luna experimentaba.  A la diosa luna era a quien las mujeres judías le quemaban incienso, le preparaban libaciones y también le hacían tortas.

Algunos comentarista de la Biblia creen que el texto que dice todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia” se trataba de una procesión. Era una reunión de mujeres con propósitos religiosos. Esta gran multitud de mujeres estaba avanzando en forma de procesión, y se dirigían al templo de la diosa del cielo a ofrecer incienso y libaciones. Si, es que las religiones idólatras les fascina hacer procesiones, y en nuestros días modernos los idólatras también hacen y disfrutan de sus procesiones.  Jeremías sabía de ésta procesión, la busco, la esperó y  se les apareció de repente y de frente, su presencia hizo que la procesión parara, su presencia causo sorpresa a una multitud entera y  en ese momento  de silencio y de sorpresa por la inesperada visita, Jeremías pronunció las temibles Palabras de destrucción que Dios había colocado en su corazón.

 Aquí hay un texto extremadamente interesante y no lo podemos pasar por alto, y es la respuesta de las mujeres para Jeremías
 19 Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos? 

Las mujeres responden a Jeremías con una interesante pregunta: ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos? Las mujeres estaban mostrando a Jeremías cuan irrazonable era Jeremías al oponer-seles solamente a ellas,  cuando también el hombre era culpable igual que ellas en éste pecado. Estaban lavando su pecado en sus esposos, estaban echando la culpabilidad a sus esposos.  La respuesta de estas mujeres nos recuerda la respuesta que Adán le dio a Dios en huerto del Edén: La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” Muchas veces los esposos, en vez de ayudarse el uno al otro para alcanzar el cielo, se despedazan el uno al otro y logran muy fácilmente alcanzar  el infierno.
¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos? También logramos descubrir otro mensaje en éste párrafo bíblico. Las mujeres estaban haciendo ese servicio religioso con la autoridad que habían conseguido de sus esposos. El mensaje para  Jeremías era que las dejara tranquilas y que no la molestara. Si Jeremías deseaba discutir el asunto, entonces que fuera a conversar con las personas correctas que eran los esposos de ellas,  ya que ellos eran los únicos que tenían la autoridad de interferir en las vidas de ellas, de acuerdo a ellas. En otras palabras: si a los esposos de las mujeres idólatras no les importaba el pecado de sus esposas; ¿Porqué  tenía que importarle a Jeremías?  El mensaje de las mujeres era: -¡Jeremías no te metas en lo que no te importa!-  Así es el pecado y así es el pecador, siempre culpa a otro de su mal proceder y siempre el pecador se enoja cuando es amonestado.

En verdad los hombre eran culpables, de la misma manera que las mujeres, en Jeremías 7 encontramos la condenación de parte de Dios, para familias enteras, cuando las mujeres adoraba a la diosa del cielo: 16 En cuanto a ti, no ruegues por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni intercedas ante mí, porque no te oiré. 17 ¿No ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? 18 Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, las mujeres preparan la masa para hacer tortas a la reina del cielo, y derraman libaciones a otros dioses para ofenderme. 19 ¿Me ofenden a mí? —declara el Señor— ¿No es a sí mismos que se ofenden para su propia vergüenza? 20 Por tanto, así dice el Señor Dios: He aquí, mi ira y mi furor serán derramados sobre este lugar, sobre los hombres y sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre el fruto de la tierra; arderá y no se apagará.

La mas grande sorpresa que nos llevamos en ésta historia, es que ante la reprensión de Jeremías tanto las mujeres como sus esposos, dan un respuesta  precisa, clara y concisa de no abandonar su idolatría, y afirman su negación a escuchar la palabra de Dios, dada por medio del profeta:  respondieron a Jeremías, diciendo: 16 La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; 17 sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén ¿Que mas nosotros podemos decir ante la respuesta de los judíos? yo creo que nada, solo bajar la cabeza y darse por vencido ante una rebelión tan abierta y tan obstinada como fue la de los judíos.

La larga muerte agónica del reino de Judá llegó a su fin, el trono de David quedó vacío,  la larga línea de reyes recordados por su valentía, sabiduría y santidad, se había reducido a un par de hombres que Nabucodonosor había llevado cautivos, uno de ellos ciego, y los dos tratados como un par de mendigos miserables en medio de las abundancias que disfrutaba el monarca idolatra. El país había quedado desolado, la mayor parte del pueblo había sido deportado, y el pequeño grupo de gente pobre que había quedado en Judá, merodeaban como ovejas sin pastor alrededor de  casas quemadas y de plantaciones abandonadas. Este grupo se peleaban entre ellos y cometieron el asesinato de Gedalías, y como consecuencia de su terror  a Nabucodonosor por su crimen, decidieron huir a Egipto,  yendo expresamente en contra de la voluntad de Dios y de su profeta, en Egipto la justicia divina los alcanzó y fueron aniquilados totalmente ellos y también sus patrocinadores, los egipcios. ¡Que historia!  Desde la salida de Egipto en los tiempos de José, hasta el  retorno a Egipto de este pequeño grupo, pasaron mas o menos 900 años. ¿Que lograron conseguir los judíos en esos 900 años? Nada bueno, solo castigos, desgracias, persecución, tristezas y muerte. Ir en contra de la voluntad de Dios, no es sabio y es totalmente desalentador y fatal. 

Jeremías fue un gran hombre de Dios, predijo la tormenta que se acercaba, predijo la catástrofe y la caída de Jerusalén. Hizo ese trabajo su vida entera, 40 años trabajando en la oficina pastoral profética; nunca reconocido, nunca galardonado, nunca remunerado, solamente abucheado, castigado, golpeado, humillado, apresado y deportado. En su última etapa en Egipto, luchó por salvar para Dios, el pequeño remanente de Judá, pero fue en vano.

Allí en Egipto Jeremías perdió la vida,  no se sabe específicamente cuando, ni como; su tumba  no es conocida por el hombre, solamente es conocida por Dios. Allí descansa el valiente y sufrido profeta, esperando el grandioso día de la resurrección.

Jeremías:  ¡Eres grande a los ojos de Dios; y también eres grande a los ojos de los hombres!;  ¡Pronto tendremos el gozo de conocerte en persona, por el momento sigue descansando en paz en el Señor, que pronto serás levantado a gloria eterna, y tus lágrimas las enjugará Cristo para siempre, Amén!

El pesar del profeta por la absoluta perversidad de aquellos que debieran haber sido la luz espiritual del mundo, su aflicción por la suerte de Sión y del pueblo llevado cautivo a Babilonia, se revela en las lamentaciones que dejó escritas como monumento recordativo de la insensatez que constituye el desviarse de los consejos de Jehová para seguir la sabiduría humana. En medio de las ruinas que veía en derredor, Jeremías podía decir: “Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos,” y su oración constante era: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lamentaciones 3:22, 40). Mientras Judá era todavía reino entre las naciones, había preguntado a Dios: “¿Has desechado enteramente a Judá? ¿ha aborrecido tu alma a Sión?” Y se había atrevido a suplicar: “Por amor de tu nombre no nos deseches” (Jeremías 14:19, 21). La fe absoluta del profeta en el propósito eterno de Dios de sacar orden de la confusión, y de demostrar a las naciones de la tierra y al universo entero sus atributos de justicia y amor, le inducían ahora a interceder confiadamente por aquellos que se desviasen del mal hacia la justicia.

Pero Sión estaba ahora completamente destruída y el pueblo de Dios se hallaba en cautiverio. Abrumado de pesar, el profeta exclamaba: “¡Cómo está sentada sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, la señora de provincias es hecha tributaria. Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas en sus mejillas; no tiene quien la consuele de todos sus amadores: todos sus amigos le faltaron, volviéronsele enemigos” (Profetas y reyes, {PR}, pp. 339, 340).

La rebelión y la apostasía están en el aire mismo que respiramos. Seremos afectados por ellas a menos que vinculemos mediante la fe nuestras almas desvalidas con Cristo. Si los hombres son descarriados ahora con tanta facilidad, ¿cómo resistirán cuando Satanás personifique a Cristo y realice milagros? ¿Quiénes permanecerán inconmovibles por el engaño que presentará entonces, cuando profese ser Cristo y sea solamente Satanás que personifica a Cristo, y que aparentemente realiza las obra de Cristo? ¿Qué impedirá que el pueblo de Dios preste obediencia a los falsos cristos? “No vayáis” (Lucas 17:23).

Hay que comprender cabalmente las doctrinas. Los hombres que han aceptado predicar la verdad deben estar anclados; sólo entonces su navío resistirá las tormentas y las tempestades, porque el ancla lo mantendrá firme. Los engaños aumentarán; por eso debemos llamar la rebelión por el nombre que le corresponde. Debemos permanecer vestidos con toda la armadura. En este conflicto, no sólo tenemos que luchar contra hombres, sino también contra principados y potestades. No luchamos contra sangre y carne. Leamos en nuestras iglesias con cuidado y con solemnidad el pasaje de Efesios 6:10-18 (Mensajes selectos, {2MS}, t. 2, p. 455).

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Lección 12 // Viernes 18 de diciembre__________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: A lo largo de todo el libro de Jeremías, como a través de toda la Biblia, se nos confronta con el tema del bien y del mal. Y, como cristianos, sabemos distinguir el bien del mal porque Dios ha definido estos términos para nosotros de muchas maneras diferentes. (Ver, por ejemplo, Rom. 7:7; Miq. 6:8; Jos. 24:15; Mat. 22:37-39; Deut. 12:8.) Pero ¿y si no creemos en Dios? ¿De qué modo podemos distinguir el bien del mal? Fíjate en lo que sugiere Sam Harris, autor ateo. Escribió un libro titulado The Moral Landscape [El paisaje moral], en el que alega que el bien y el mal deben y pueden entenderse solo en términos de la ciencia. Es decir, de la misma manera en que la ciencia nos ha ayudado a entender la diferencia entre la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil, debería ayudarnos a distinguir el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto. Aun especula que la ciencia un día pueda curar el mal. “Considere lo que sucedería si descubriéramos una cura para el mal humano. Imagínese, como argumento, que cada cambio relevante en el cerebro humano pueda ser realizado en forma económica, sin dolor y con seguridad. La cura para la psicopatía puede ser puesta directamente en el suministro de alimentos, como la vitamina D. El mal ahora no es más que una deficiencia nutricional”.−The Moral Landscape, 190 (Simon & Schuster, Inc., ed. Kindle). Sin embargo, la mayoría de los científicos, aun los que no creen en Dios, tendrían dificultades para creer que la ciencia puede resolver estos problemas. Entonces, si no crees en Dios, ¿dónde podrías encontrar soluciones?

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. “Para nosotros, todo depende de cómo aceptemos las estipulaciones del Señor” (MS 1:138). ¿Por qué es equivocado suponer que la gracia es dada sin condiciones? Condiciones no son lo mismo que obras ni algo que nos dé méritos ante Dios. ¿De qué forma podemos aprender a diferenciar entre la falsa enseñanza de la salvación por obras (legalismo) y la falsa enseñanza de que la salvación no tiene condiciones (gracia barata)?
  2. Medita más en la difícil pregunta al final de la sección del jueves. Si alguien dijera: “Yo no creo en Jesús, ni siquiera creo en Dios, y no obstante mira cuán bien me va en la vida. En realidad, yo diría que mi vida va mejor que la tuya, y tú eres un cristiano”, ¿cómo responderías?

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Escrito por: Tony García.
Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
Madrid, España 2015

3 pensamientos en “LECCIÓN 12 – DE VUELTA A EGIPTO – PARA EL 19 DE DICIEMBRE DE 2015

  1. QUE DIOS LOS BENDIGA POR TODO EL ESFUERZO QUE REALIZAN PARA NUTRIRNOS CON EL MATERIAL DE LA LECCIÓN 12

  2. Querido Hermano Tony: Aunque usted no lo crea,una de las cosas que extrane esta semana es la foto que ponen al principio de la leccion. Una imagen dice mas que mil palabras (dicen por ahi), todas las fotos que ponen me encantan. Gracias por su esfuerzo,aun en esos detalles.Bendiciones!

  3. Gracias por este material, es de gran valor para adquirir sabiduría divina…. Dios los bendiga por este ministerio para bendición de los que nos beneficiamos del mismo.

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