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LECCIÓN 7 – EL ESPÍRITU SANTO Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU – PARA EL 18 DE FEBRERO DE 2017

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 7: Para el 18 de febrero de 2017

EL ESPÍRITU SANTO Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU

Sábado 11 de febrero_______________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 15:1-11; Gálatas 5:22; 1 Corintios 13; Romanos 14:17; Efesios 5:9; Mateo 5:5.

PARA MEMORIZAR:

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gál. 5:22, 23).

EL FRUTO DEL ESPÍRITU es la verdadera esencia de la vida cristiana. Aunque el apóstol Pablo presenta una lista de nueve diferentes aspectos de este fruto, sin embargo es un fruto y debe ser visto de manera integral. El fruto del Espíritu no nos dice lo que una persona puede ser capaz de hacer para Dios por medio de dones espirituales y talentos. Más bien, nos muestra de qué modo la persona vive para Dios. Nos dice quién es la persona. Todas las virtudes introducidas en Gálatas 5:22 y 23 están presentes en Jesucristo. Por ende, el fruto del Espíritu es la vida de Jesucristo en nosotros, hecha posible gracias al poder del Espíritu Santo.

El fruto del Espíritu no es algo que logramos meramente por esfuerzos humanos. Es posible producir y mostrar algunas de estas mismas virtudes por medio del ejercicio de nuestra fuerza de voluntad, pero esto no es lo mismo que lo que el Espíritu Santo hace en nosotros. Lo que producimos por nosotros mismos es como un fruto de plástico comparado con uno real. Este no es manufacturado; crece a raíz de una relación. Cuando el Espíritu nos conecta con Jesús, por medio de su Palabra escrita, sus características comienzan a ser reveladas en nuestra propia vida.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra en cada uno que recibe a Cristo y mediante él. Los que conocen la morada interior del Espíritu revelan los frutos del Espíritu: amor gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe (Comentarios de Elena G. de White, enComentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, pp. 1 1 1 , 1112).

Un hombre puede tener un conocimiento de las Escrituras que no lo hará sabio para la salvación, aunque pueda vencer a sus adversarios en un debate público. Si no tiene hambre del espíritu hacia Dios; si no escudriña su propio corazón como con una lámpara encendida, por temor de hallar algún mal que se esconde allí; si no fuera posesionado por un deseo de cumplir la oración de Cristo, de que sus discípulos sean uno, como él es uno con el Padre, para que el mundo crea que Jesús es el Cristo, entonces él mismo se engaña, creyéndose cristiano. Su conocimiento, nacido de la ambición, es alimentado con el orgullo; pero su alma está destituida del amor divino, de la bondad y la mansedumbre de Cristo. No es un hombre sabio a la vista de Dios. Puede tener la sabiduría necesaria para vencer un oponente; pero no puede de ninguna manera ser sabio para la salvación sin el agente del Espíritu Santo. Y el “fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. Ni el talento ni la elocuencia ni el estudio egoísta de las Escrituras producirán amor a Dios ni conformidad a la imagen de Cristo. Nada sino el poder divino puede regenerar el corazón y el carácter humanos, ni imbuir el alma con el amor de Cristo, que siempre se manifestará en amor hacia aquellos por quienes él murió (Review and Herald, 28 de noviembre de 1893).

Si trabajáis por las almas dependiendo de Dios humilde y confiadamente, si reflejáis el esplendor de su Espíritu a través de un carácter semejante al de Cristo; si la simpatía, la bondad, la tolerancia y el amor son principios constantes en vuestra vida, seréis una bendición para todos los que os rodean. No censuraréis a otros, ni exhibiréis contra ellos un espíritu rudo y acusador; no sentiréis que sus ideas deben adaptarse a vuestras normas; sino que el amor de Jesús y el apacible fruto de la justicia se revelarán en vosotros (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 610).

Si aceptáis a Cristo como a vuestro Salvador personal, conoceréis por experiencia el valor del gran sacrificio hecho en vuestro favor en la cruz del Calvario. El Espíritu de Cristo, al obrar sobre el corazón, lo conforma a su imagen; pues Cristo es el modelo sobre el cual trabaja el Espíritu. Mediante el ministerio de su Palabra, sus providencias, su obra interior, Dios estampa la semejanza de Cristo en el alma. Poseer a Cristo es vuestra primera obra, y revelarlo como Aquel que puede salvar hasta lo sumo a todos los que se le allegan, es vuestra obra que le sigue en importancia. Servir al Señor de todo corazón es honrar y glorificar su nombre ocupándoos de cosas santas, teniendo la mente llena de las verdades vitales reveladas en su santa Palabra (That I May Know Him, p. 94; parcialmente enA fin de conocerle, p. 96).

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Lección 7 // Domingo 12 de febrero_____________________________________

LA CONDICIÓN FRUCTÍFERA

Lee Juan 15:1 al 11. ¿Por qué el fruto solo puede surgir de una relación viva con Jesús, la Vid? ¿Por qué es tan importante permanecer en Jesús? ¿De qué manera permanecemos en él?

Juan 15:1-11

1 Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

El primer secreto del cristiano para dar fruto es permanecer en Cristo. Sin Cristo, no podemos producir fruto espiritual genuino. El fruto del Espíritu no se nos es impuesto desde afuera, sino que es el resultado de la vida de Cristo en nuestro interior. En Juan 15:1 al 11, Jesús nos dice que el hecho de dar fruto es el resultado de la vida de Cristo, la Vid, que fluye por las ramas, es decir, los creyentes. El crecimiento del fruto es la obra de Dios por medio de Jesucristo.

La responsabilidad del creyente es permanecer en Cristo. Cuando Cristo habita en nuestros pensamientos, se volverá visible en nuestras acciones. Jesús vive su vida en nosotros. La vida que Cristo vivió será reproducida en nosotros, en el sentido de que reflejaremos su carácter.

El fruto del Espíritu es el carácter de Jesús, producido por el Espíritu Santo en los seguidores de Cristo. Cuando Cristo habita en nosotros, andamos “en el Espíritu, y así jamás satisfaréis los malos deseos de la carne” (Gál. 5:16; RVA).

En las palabras de Jesús: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mat. 7:17, 18). El fruto bueno es el resultado de nuestra relación de permanencia con Jesús, por medio del Espíritu Santo. Cuando cooperamos con las impresiones internas del Espíritu en nuestro corazón, el fruto del Espíritu se hace evidente en nuestra vida. Nuestro carácter es transformado para reflejar el carácter de Jesucristo en lo que decimos y hacemos, e incluso en lo que pensamos. El Espíritu Santo nos da poder para vivir victoriosamente y para desarrollar las virtudes que son características de aquellos que son hijos de Dios.

En 2 Timoteo 3:5, el apóstol Pablo describe a personas “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”. ¿Cuál es la diferencia entre una piedad aparente y una vida que está llena del Espíritu Santo? ¿De qué manera podemos saber qué clase de vida estamos viviendo nosotros mismos?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Por lo que mas quiera, no confunda los frutos del Espíritu con los dones del Espíritu. Los frutos del Espíritu y los dones del Espíritu, son dos cosas totalmente diferentes.

Tanto los frutos como los dones tienen el mismo Autor; todo buen cristiano está obligado a manifestar en su vida los frutos del Espíritu, pero no está obligado a manifestar los dones del Espíritu.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos?

Los frutos del Espíritu testifican de nuestra vida espiritual, tener amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio, es la prueba mas grande que Dios, ha hecho una transformación en nuestras vidas y que él vive en nosotros, además los frutos del Espíritu en nuestras vidas, nos ayuda a dar un buen testimonio.

Si una persona no manifiesta los frutos del Espíritu, esa persona simple y sencillamente da un mal testimonio, testificando que Dios no vive en él y también testifica que Dios no ha hecho ninguna transformación en él. Esa persona siempre sigue siendo el mismo amargado, triste, convulsionado, arrebatado, malo, mentiroso, orgulloso y agresivo.

Los dones espirituales son diferentes, los dones espirituales son aquellos regalos que nos da Dios, a través del Espíritu Santo, y estos no sirven para que podamos predicar el evangelio de una manera mas efectiva.

Entre los dones del Espíritu podemos encontrar: Palabras de sabiduría, palabras de ciencia, la fe (que es lo único que puede ser tanto un fruto como un don del Espíritu), hacer milagros, el don de las profecías, el discernimiento de espíritus, y el don de lenguas tanto hablar las, como interpretarlas.

No hay ningún texto de la Biblia que diga que estamos obligados a tener el don del canto, o el don de enseñar o el don de la predicación, o el don de la declamación, esos dones los reparte el Espíritu Santo, como él cree conveniente y necesario. Hay que recordar que los dones, no es para edificación personal, sino que para edificación de otros.

Los dones los tendremos de acuerdo al Espíritu Santo, es él el encargado de repartir los. La única promesa que se nos hace, es que si trabajamos y desarrollamos un don correctamente, el Espíritu Santo nos capacitará con otros dones. Por eso es que siempre encontramos en nuestras iglesias hermanos con muchos dones; encontramos que el mismo hermano es maestro, es predicadores, es evangelista, pueden declamar, y tiene el don del liderazgo; hay que recordar que todo esto es para el crecimiento de los demás

Ya con lo dicho anteriormente, llegamos a la conclusión que los frutos del Espíritu y los dones del Espíritu, son totalmente diferente.

Estamos obligados a mostrar los frutos del Espíritu, en nuestras vidas, pero no estamos obligados a mostrar los dones del Espíritu en nuestras vidas.

Los frutos del Espíritu tenemos que tenerlos a todos ellos en conjunto, no podemos tener amor sin tener paciencia, no podemos tener dominio propio sin tener mansedumbre, no podemos tener gozo sino tenemos paz. Todos ellos están conectados uno con otros, de tal manera que no se pueden separar. Si se tiene a uno de ellos, automáticamente se van a tener casi todos, pero si fallamos en uno de ellos, automáticamente los fallamos todos.

La lección de éste día, dice que la única manera que podemos tener los frutos del Espíritu, es si estamos conectados a Cristo.

Muchos tratamos de llevar los frutos del Espíritu sin estar conectados a Cristo, y es verdad que se logra conseguir ciertos frutos. Son frutos de apariencia, frutos que parecen idénticos, pero cuando se les hace una prueba seria, fallan, simple y sencillamente por que son frutos del esfuerzo humano, y no son los frutos genuinos del Espíritu Santo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos los que reciben a Cristo por la fe llegan a ser uno con él. Los pámpanos no están ligados a la vid por medio de un proceso mecánico o artificial. Están unidos por las raíces de la vid. De la misma manera, quienes reciben a Cristo por la fe llegan a ser uno con él en principio y en acción. Están unidos a él, y la vida que viven es la vida del Hijo de Dios. Deben su vida a Aquel que es vida…

El corazón debe estar unido con el corazón de Cristo, la voluntad debe estar sumergida en su voluntad. La mente debe llegar a ser una con su mente, los pensamientos deben sujetarse a él. Un hombre puede bautizarse y su nombre ser escrito en los registros de la iglesia, pero con todo, puede ser que el corazón no haya cambiado. Las tendencias heredadas y cultivadas pueden estar todavía obrando mal en el carácter.

El hombre regenerado tiene una unión vital con Cristo. Como el pámpano obtiene su sustento del tronco paterno y por esto puede llevar mucho fruto, de la misma manera el verdadero creyente está unido con Cristo y revela en su vida los frutos del Espíritu. El pámpano llega a ser uno con la vid. La tormenta no puede arrancarlo. Las heladas no pueden destruir sus propiedades vitales. Ninguna cosa es capaz de separarlo de la vid. Es un pámpano viviente, y lleva los frutos de la vid. Así ocurre con el creyente. Mediante su conversación y buenas obras revela el carácter de Cristo. Como el pámpano extrae su nutrimento de la vid, así también todos los que están verdaderamente convertidos extraen vitalidad espiritual de Cristo (Alza tus ojos, p. 180).

Precisamente el tiempo más apropiado para ejercer fe es cuando nos sentimos privados del Espíritu. Cuando parecen asentarse densas nubes sobre la mente, es cuando se debe dejar que la fe viva atraviese las tinieblas y disipe las nubes. La fe verdadera se apoya en las promesas contenidas en la Palabra de Dios, y únicamente quienes obedezcan a esta Palabra pueden pretender que se cumplan sus gloriosas promesas. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). “Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:22).

Debemos orar mucho en secreto. Cristo es la vid, y nosotros los sarmientos. Y si queremos crecer y fructificar, debemos absorber continuamente savia y nutrición de la viviente Vid, porque separados de ella no tenemos fuerza (Primeros escritos, pp. 72, 73).

El Señor no aceptará un servicio que no sea de corazón, una serie de ceremonias que no incluyan efectivamente a Cristo. Sus hijos deben ser piedras vivas en el edificio de Dios. Si todos se entregaran sin reservas a Dios, si dejaran de estudiar y planificar su propia diversión, sus excursiones y asociaciones amantes al placer, y estudiaran las palabras: “No sois vuestros… porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”, no sentirían hambre ni sed de excitación ni de variedad (Fundamentáis of Christian Education, p. 461).

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Lunes 13 de febrero // Lección 7_______________________________________

EL FRUTO DEL AMOR

Lee Gálatas 5:22 y 1 Corintios 13. ¿Por qué el amor es el primer y más importante aspecto del fruto del Espíritu? ¿De qué manera el amor afecta todos los demás aspectos de este fruto?

Gálatas 5:22

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

1 Corintios 13

1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

El amor es, apropiadamente, la más importante característica del fruto del Espíritu y permea el resto. En cierto sentido, todas las demás cualidades mencionadas pueden ser vistas como aspectos del amor. Debido a que Dios es amor (1 Juan 4:8), la virtud cristiana más importante es el amor (1 Cor. 13:13). El amor de Dios es el fundamento y la fuente de toda otra virtud; y es derramado en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo (Rom. 5:5). El amor es la evidencia de que somos hijos de Dios.

Este amor es mucho más que mero afecto humano. No puede ser producido por esfuerzo humano, sino que llega como resultado de permanecer en Cristo. Un amor así es generoso e inmerecido. Únicamente ese amor tiene el poder para transformar. En su naturaleza dócil pero fuerte, el amor divino guía al pecador al arrepentimiento y despierta el deseo de algo mejor. El amor tiene poder para unir, incluso a aquellos que antes eran enemigos (Luc. 6:27, 28; Rom. 5:8). Por lo tanto, por nuestro amor mutuo, el mundo conocerá que los cristianos somos de verdad seguidores de Jesucristo (Juan 13:35). Este fruto de amor también llevará a los cristianos a manifestar comprensión y sensibilidad hacia los demás.

Es interesante que la descripción maestra del amor en 1 Corintios 13 esté, justamente, entre los capítulos 12 y 14. Esos dos capítulos tratan sobre los dones del Espíritu. El 13, sin embargo, habla del amor: el fruto del Espíritu. Incluso los dones superiores no son nada sin amor. Los dones del Espíritu sin el fruto del Espíritu no tienen poder y no producen la bendición que Dios desea. El amor, sin embargo, es el pegamento que une todas las otras virtudes del fruto del Espíritu en una unidad completa y da autenticidad a todo lo que hacemos.

¿Qué aspectos de tu vida carecen de la cualidad del amor? Pídele al Espíritu Santo que te llene de amor hacia aquellas personas con quienes debes relacionarte a diario. Recuerda que Dios también nos ama por medio de otras personas. ¿De qué forma puedes mostrar amor hacia otros? ¿De qué modo el amor afecta esas otras virtudes mencionadas en el fruto del Espíritu?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Estos son los diferentes nombre que se le dan a los frutos del Espíritu en por lo menos 20 versiones de la Biblia que existen en la actualidad:

Amor o Caridad

Gozo o Alegría

Paz

Paciencia o Tolerancia

Benignidad, Amabilidad o Gentileza

Bondad

Fe, Fidelidad o Lealtad

Mansedumbre o Humildad

Dominio propio, Templanza o Temperancia

Sería buenos aprendernos de memoria los frutos del Espíritu con sus diferente nombres, para dominar correctamente el tema de los frutos del Espíritu.

El amor es el primer gran fruto del Espíritu Santo y posiblemente la base para los demás frutos.

El amor lo encontramos en los demás frutos del Espíritu, por ejemplo encontramos que la paz es el amor en reposo, encontramos que la paciencia es el amor en prueba, encontramos que la fe es el amor creyendo,

También descubrimos que la gentileza es el amor trabajando en sociedad; la gentileza o amabilidad, es el amor en acción con todos aquellos que nos rodean. La gentileza es como un suave aceite perfumado puesto en una lámpara, que despide una exquisita fragancia, además da calor y también da luz. La gentileza agrada a todas los miembros de una familia, agrada a los miembros de una iglesia y también agrada a los miembros de una sociedad.

La temperancia es el amor practicando la disciplina. La temperancia es el acto de amar nuestro cuerpo, cuidándolo y enseñándonos a ser disciplinado en nuestras acciones, por amor a nosotros mismos.

La mansedumbre o la humildad, es el amor en la escuela. La mansedumbre es la disciplina que nos ayuda a aprender los defectos de carácter que poseemos, siendo “ayudados” en ésta tarea por el mundo hostil que nos rodea y muchas veces por nuestros mismos ásperos hermanos. La humildad es la escuela donde aprendemos a mejorar nuestros talentos, aprendemos a amoldar nuestro carácter y a suavizar nuestra personalidad.

Por lo tanto el amor lo encontramos como la base y fundamento para los demás frutos del Espíritu.

Los primeros tres frutos del Espíritu nos ayudan especialmente en nuestra relación con Dios, y los últimos frutos nos ayudan especialmente en la relación con nuestro prójimo.

El amor nos une a Dios, el gozo nos ayuda a tener acción de gracias a Dios, la paz nos ayuda a descansar o a tener reposo en Dios y también la paz nos ayuda a tener reposo con nuestros hermanos. Por lo tanto el tercer fruto del Espíritu que es la paz, es un fruto intermedio, ya que es el último que nos ayuda en nuestra relación con Dios y es el primero que nos ayuda en la relación con nuestro prójimo.

La Gentileza, la Bondad, la Lealtad, la Humildad y el Dominio propio, tiene que ver con la relaciones entre humanos directamente.

Con el amor, el gozo, y la paz damos testimonio al cielo que somos hijos de Dios; con la paz, la gentileza, la bondad, la lealtad, la humildad y el dominio propio, damos testimonio al mundo que somos hijos de Dios.

Si contemplamos al mundo antes de la primera venida de Jesús a ésta tierra, no vamos a encontrar ni una institución de misericordia en la tierra. Busquemos un hospital, un asilo para ancianos, un horfanato, busquemos un refugio para aquellos que se quedaron sin hogar, busquemos una agencia de caridad para el enfermos y el necesitado de urgencia y no se va a encontrar.

La cultura de las clásicas naciones para los días de Jesús y los apóstoles, eran tan frías como el hielo, y tan duras como la piedra. Pero la venida de Jesús a éste mundo cambió esa forma de ser, el corazón lleno de Amor del Dios encarnado, prendió a éste mundo en un santo fuego de amor. La nueva iglesia naciente cristiana, se prendió en fuego e hizo erupción en diferentes obras de caridad.

Tanto Jesús como los apóstoles, trabajaron incesantemente en el don da la sanidad, miles y miles encontraron descanso a largas, penosas y terribles enfermedades. Por medio de las manos llenas de amor de Cristo y de sus discípulos; el ministerio de salud global se inició en éste mundo.

Al nomas aparecer las viudas y los huérfanos en la iglesia cristiana, los apóstoles hicieron una provisión económica para ellos y también eligieron un grupo especial para ellos. Ellos son “la sagrada orden del Diaconado” En verdad los diáconos, son los ministros de caridad para todos los pobres y necesitados que tiene Cristo en éste mundo.

Con la venida de Cristo a éste mundo y también con la venida del Espíritu Santo, comienza aquí en la tierra “la ley de las almas”, una ley basada en el amor, que no existía antes en el mundo pagano.

La iglesia cristiana que instituyo Cristo y que confirmó el Espíritu Santo, demuestra al mundo una nueva manera de vivir. Enseñó al mundo a vivir en comunidad, no en comunismo como lo hacen los que no creen en Dios, sino en comunidad.

Una comunidad que compartía la simpatía y el amor, el gozo como las aflicciones, y mas tarde compartieron el hambre, la sed, la pobreza, la desnudes y hasta la misma muerte.

La iglesia cristiana ha demostrado desde un principio una inventiva para realizar la caridad, siempre buscó la manera correcta para aplicar la ayuda de amor y de misericordia de Dios, para todas las formas del sufrimiento humano.

El amor a Dios hace que las obligaciones de la iglesia sean fáciles y placenteras. Si falta el amor a Dios, entonces nuestra religión se convierte en una pesada carga muy difícil de llevar. Si nuestro trabajo para la iglesia es aburrido, difícil de llevar y demasiado pesado, entonces nos está haciendo falta el mas importante de los frutos del Espíritu, nos hace falta el amor.

El amor lanza fuera el temor, al amor elimina todo aquello que es inconsistente con el mismo amor, el amor prende en el hombre la aspiración por ser santo, el amor hace fácil la obediencia, el amor empuja al hombre al sacrificio propio, el amor hace muy bella el alma.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13). En la vida de Cristo, este amor encontró expresión perfecta. Él nos amó en nuestro pecado y degradación. Alcanzó hasta las mismas profundidades del sufrimiento a fin de rescatar a los hijos y las hijas errantes de la tierra. No hubo desaliento en su paciencia ni menoscabo en su celo. Las ondas de la misericordia, rechazadas por el orgullo, la impenitencia, los corazones desagradecidos, siempre retomaron en una poderosa corriente de amor.

El que está constreñido por el amor de Cristo avanza entre sus semejantes para ayudar a los desamparados y alentar a los abatidos, para señalar a los pecadores el ideal que Dios tiene para sus hijos y para dirigirlos hacia él {In Heavenly Places, p. 234; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 236).

Dios manifestó su amor por la humanidad al dar a Cristo a nuestro mundo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Sí, “vida eterna”. Este es el amor que es el cumplimiento de la ley. Únicamente la persona cuyo corazón esté lleno de compasión por el hombre caído, que ama con un propósito, y que demuestra su amor mediante la realización de acciones semejantes a las de Cristo, será capaz de soportar la visión del Invisible. Puede conocer a Dios únicamente la persona que ama a sus semejantes con un propósito. Quien no ame a aquellos por quienes el Padre ha hecho tanto, no conoce a Dios. Esta es la razón por la que hay tan poca vitalidad genuina en nuestras iglesias. La teología no tiene valor a menos que se halle saturada con el amor de Cristo (Exaltad a Jesús, p. 128).

Solo al manifestar un interés generoso por quienes necesitan ayuda podemos proveer una demostración práctica de las verdades del evangelio… Mucho más que el mero sermoneo, los ignorantes deben ser iluminados; los desanimados han de alentarse; debe sanarse a los enfermos. La voz humana debe hacer su parte en la obra de Dios. Palabras de ternura, de simpatía y de amor deben ser testigos a favor de la verdad. Las oraciones sinceras, que broten del corazón, acercarán a los ángeles…

Visitar a los enfermos y aliviar a los pobres y a los afligidos por amor a Cristo traerá a los obreros los brillantes rayos de luz del Sol de Justicia, y aun el rostro expresará la paz que mora en el alma. El rostro de hombres y mujeres que hablan con Dios, para quienes el mundo invisible es una realidad, expresa la paz de Dios. Ellos llevan consigo la atmósfera suave y afable del cielo, y la difunden en acciones de bondad y obras de amor. Su influencia es del tipo que gana almas para Cristo. Si todos pudieran ver y comprender, y ser hacedores de las palabras de Dios, ¡qué paz, qué felicidad, qué salud del cuerpo y qué paz del alma habría como resultado! Una atmósfera cálida y amable de amor y la tierna simpatía de Cristo en el alma, son inestimables. El precio del amor está sobre el oro, la plata y las piedras preciosas, y hace a los seres humanos como Aquel que no vivió para agradarse a sí mismo (El ministerio médico, pp. 332, 333).

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Lección 7 // Martes 14 de febrero_______________________________________

GOZO, PAZ Y PACIENCIA

Romanos 14:17 dice: “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Es decir, el gozo es la reacción del amor a la bendición de Dios y su gran misericordia y perdón.

Ahora bien, el gozo humano a menudo se enfoca en cosas terrenales y se ve afectado por las condiciones que nos rodean. El gozo que está basado en el fruto del Espíritu se enfoca en Dios y en lo que él ha hecho por nosotros, y no está motivado por las condiciones circundantes. Como pueblo de Dios, debemos estar gozosos. Esto no significa que debemos sonreír todo el tiempo, aun cuando una sonrisa amable expresa mucho. Pero, nuestra confianza en Dios nos dará razones abundantes para regocijarnos con gozo indecible por lo que él ha hecho por nosotros y en nosotros. El gozo espiritual es el resultado de una fe activa.

Lee Juan 14:27 junto con Romanos 14:17. ¿De qué manera se relaciona la paz con la obra del Espíritu Santo?

Juan 14:27

27 La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Romanos 14:17

17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

La paz es más duradera que el gozo, y llega como resultado de ser justificados por la fe en nuestro Señor Jesucristo (Rom. 5:1). Cuando estamos en paz con Dios, el Espíritu Santo nos guía a ser pacíficos y pacientes con los demás. Debido a que el Dios de paz estará con nosotros (Fil. 4:9) por medio del Espíritu Santo, no seremos buscapleitos ni vengativos con los demás. Más bien, buscaremos vivir tan pacíficamente como sea posible con todos (Rom. 12:18).

Lee 2 Pedro 3:9. ¿De qué modo la paciencia refleja el carácter de Dios?

2 Pedro 3:9

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

La paciencia nos es una característica común en los seres humanos. Significa aguantar a otros o soportar ciertas características, aun cuando no sean fáciles. Sin embargo, incluso en medio de las dificultades, no estamos solos. Dios nos sostiene por medio de su Santo Espíritu y construye en nosotros paciencia, una característica que es distintiva de los creyentes en el tiempo del fin (Apoc. 14:12). Solamente aquellos que apuntan a un blanco digno pueden ser pacientes.

Gozo, paz y paciencia. ¿Cuánto de este fruto experimentas en tu vida? ¿En cuáles de estas áreas necesitas que el Espíritu trabaje más?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

GOZO

¿Qué es gozo? El gozo igual que el amor, parece eludir y escapar de una definición acertada. Del gozo podemos decir lo siguiente: “Gozo es una expresión externa de una felicidad interna, que es absorbente y real” Un verdadero gozo, lo podemos contemplar en el rostro de un niño cuando está gritando de emoción en algún juego, absorbido por el éxtasis del momento.

El gozo  en nosotros es muy bueno por diferente razones:

-El gozo en nosotros es bueno para Dios, le da mucho honor a Dios, cuando el mundo puede ver que su pueblo, es un pueblo feliz.

-El gozo es bueno para nosotros los cristianos, nos hace muy fuerte: “No estén tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza” (Nehemias 8; 10)

-El gozo en bueno para nuestros hermanos, ya que puede confortar y consolar.

-El gozo es bueno para el inconverso, cuando ellos ven el gozo del cristiano les despierta curiosidad y admiración, y muchas veces ellos mismo llegan a ser cristianos.

 El perfecto amor y el perfecto gozo, son indivisible. La santidad y la felicidad, son una sola cosa. De la misma manera que el amor y el gozo son inseparables, lo opuesto a ellos dos, son también dos cosas inseparables. Nunca podremos separar el odio y la tristeza. La criatura llega a ser miserable, si su corazón es diferente al corazón de su Creador.

Hay una gran diferencia entre el verdadero gozo de un cristiano y el gozo que experimenta el mundo. El gozo del mundo es un gozo veloz, corto y violento, parece un relámpago.

El gozo del cristiano es estable y duradero, sincero y refinado; parece la luz de una estrella. El gozo del cristiano es como una concha en el fondo del océano, que permanece sin ser perturbada por las violencias de las olas. Vivir con una santa calma, es un fruto que nada mas lo consiguen aquellos que caminan por los linderos del cielo.

El gozo del cristiano es duradero. La historia cuenta, que cuando los Persas obtenían la victoria sobre otra nación, ellos escogían al mas noble de los vencidos y lo convertían en rey por tres días. En esos tres días, lo vestían con las mejores ropas que un rey podía tener, lo agradaban con todos los deseos que a la realeza se le podía antojar y al final de esos tres días, lo sacrificaban como una ofrenda a la necedad. Esa es la suerte de la gente que tiene un gozo pasajero y terrenal, es un corto tiempo de gloria, con una majestuosidad burlona, que lo acompaña una conciencia culpable, y que le anticipa un funesto desastre.

Natanael exclamó: “¿Puede algo bueno salir de Nazareth?” Está sigue siendo la misma pregunta de muchos, en nuestros días modernos: ¿Puede algo bueno o placentero salir de la religión que instituyó el menospreciado Nazareno? La respuesta es si. El mundo debería estar a la expectativa en contra de la mala representación que nosotros damos de nuestra religión, la ignorancia y el esclavizante miedo producen muchas falsas nociones y también absurdas practicas, en nuestra iglesia. El verdadero cristianismo, incluye el gozo. El gozo es uno de los frutos mas nobles y enriquecedores que tiene el cristianismo, para dar el testimonio correcto de nuestra religión. Tristemente no tenemos el Espíritu Santo y al no tenerlo a él, tampoco tenemos gozo, presentando de esa manera al mundo, una religión sombría, triste, desanimada y nada de atractiva.

-El gozo es santo

-El gozo eleva al ser humano

-El gozo nos conduce al sacrificio

-El gozo satisface el alma

-El gozo no depende de las circunstancias, el gozo siempre es gozo

PAZ

La tierra ha estado llena de guerras, la guerra no es algo nuevo, la guerra es una de las cosas mas viejas que pueden existir. Desde que el hombre se ha podido hacer daño, los pleitos han sido populares.

La razas han luchado contra otras razas, naciones contra naciones, islas contra islas, la guerra ha sido un elemento muy fuerte en la naturaleza humana.

Si leemos la historia, encontramos toda esa historia en letras rojas. La historia nos habla muy poco de los triunfos de la paz, pero nos habla mucho de los triunfos de la guerra. 21 siglos escritos en libros de pasta a pasta, hablándonos de los triunfos de la guerra.

¿Triunfos de la guerra? La guerra no tiene triunfos, la guerra todo es desastre, todo es calamidad, todo es destrucción, todo es ruina, y todo es muerte.

Mientras estemos en el mundo nos tocará tratar con personas que son extrañas a nosotros y también son enemigas de la religión. ¿Podemos tener paz con esas personas? Nunca podremos alcanzar una unidad de espíritu con esas personas, pero estamos obligados a actuar de tal manera, que no seamos causa de ninguna ofensa para ellos, estamos obligados a trabajar en hacer nacer una buena relación con ellos y nunca provocarlos a descontentos. Si aun con un buen proceder con ellos, no logramos tener paz con ellos, aun nos queda una herramienta por usar, una herramienta que nunca podemos olvidar y eso se llama la oración, hay una oración que se tiene que hacerse especialmente por nuestros enemigos.

Si en verdad queremos vivir y tener paz, dejemos de andar hablando en mal de las otras personas, tenemos que juzgarlos favorablemente y solamente hablar de las virtudes que ellos tienen. Cuando se abre una brecha en la amistad con una persona, es nuestra obligación tratar de cerrarla, en vez de abrirla mas.

Hay varios tipos de paz:

-La paz circunstancial, ésta nace de acuerdo a su misma descripción, nace de acuerdo a las circunstancias. Nace de una buena salud, de una buena posición, de amigos, familiares, de un buen trabajo, de una familia feliz, de demostraciones de cariño, y también de la prosperidad. Este tipo de paz no es la paz de Dios, éste tipo de paz, hace nacer para si, un par de alas, que le ayuda a escaparse lo mas pronto posible.

-La paz mundial, llamada así por el esfuerzo que hacen las naciones para evitar las guerras

-La paz del diablo. Este es la paz que impone el hombre mas fuerte, el que hace uso de armas y de la fuerza. (sin provocación) Irónicamente, usa la violencia y las fuerzas para imponer la paz y el respeto sobre sus bienes, propiedades, ideas, religión, o nación.

-Y al final tenemos la paz espiritual.

La paz espiritual es la gran calma que obtenemos en nuestra conciencia cuando contemplamos el sacrificio de Cristo; un sacrificio que es suficiente para salvar al pecador. Nuestras almas son pacificadas por Cristo, a través de la serenidad y la simpleza de la fe, cuando esto pasa, Dios el Padre nos contempla desde el cielo, con su sonrisa llena de gracia y misericordia.

La paz consigue lo siguiente:

-Armonía en la familia

-Unidad en la iglesia

-Quietud en la sociedad

¿Cómo podemos reconocer si la paz que tenemos es paz espiritual?

-En la disposición de un buen temperamento. Algunas personas son extremadamente joviales y alegres, otras personas tienen una calma y una felicidad silenciosa.

-En la circunstancias. Cuando la prosperidad se marcha, la paz de Dios se queda.

-En la hora de la tentación.

-En una mente espiritual; “Si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de Dios. Pero si pensamos sólo en lo que desea el Espíritu Santo, entonces tendremos vida eterna y paz.” Romanos 8 (Version: traducción en Lenguaje Actual – TLA)

 – La paz espiritual es una dulce y calmada serenidad de la conciencia, que nace de una solida reconciliación con Dios.

-La paz espiritual es una admirable rectitud mental que empuja al creyente a vivir en armonía y en quietud con todos los que nos rodean y especialmente con Dios.

– La paz espiritual es el amor en completo reposo. La paz es el amor reposando sobre los pastos verdes y sobre la tranquilas aguas. La paz nos conforta y nos lleva por sendas de justicia, la paz nos infunde su aliento, la paz unge nuestra cabeza con aceite y hace que nuestra copa rebose, la paz conforta nuestra alma. La paz nos sigue todo los días de nuestra vida y al final la paz nos lleva a morar a la casa de nuestro Padre, por largos días.

PACIENCIA O TOLERANCIA

La paciencia o tolerancia es el poder que nos ayuda a enfrentar el sufrimiento, es el poder que no permite que retrocedamos, que no nos paralicemos, o que no nos abrumemos, cuando las dificultades vienen a nuestras vidas. La paciencia se opone la irritabilidad del temperamento que es provocada por la ansiedad, por la enfermedad, por el sufrimiento o el cansancio.

En cada estación de nuestras vidas, el hombre siempre está confrontando los problemas. Desde la primera estación de nuestra vida que es la infancia, hasta la ultima estación de nuestras vidas que es la vejez, necesitamos de la paciencia para enfrentar todos los problemas que encontraremos entre las dos dichas estaciones. Un hombre sin paciencia, es como un barco sin timón, que es dejado a la misericordia del viento, sobre el cual el marinero no tiene control. Un hombre no podrá dominar su mente en los momentos de problemas, si carece del cuarto fruto del Espíritu que es la paciencia.

La paciencia necesita ser diferenciada de la fortaleza del humano o de el famoso movimiento o filosofía estoica.

El ESTOICISMO, es una filosofía que enseña al hombre a dominar las pasiones, valiéndose nada mas de la virtud y la razón. El estoicismo enseña al hombre a ser feliz, dejando a un lado las comodidades, los bienes naturalezas y las fortunas. Enseña a enfrentar el sufrimiento con valentía, ésta manera de pensar, fue fundada por Zenón, un filosofo griego que vivió alrededor de 300 años antes de Cristo.

Algunas personas nacen con la capacidad para sufrir mas que otros, pero esto no es paciencia, ya que muchas veces, se enfrentan y se vencen los sufrimientos por capricho humano o por insensibilidad. No le podemos llamar paciencia, si sufrimos sin tener sensibilidad. Donde no hay sensibilidad, tampoco hay paciencia.

El cristianismos es la academia de la paciencia. En ésta academia el gran maestro es el Espíritu Santo, que por su influencia y enseñanza, nos ayuda a que lleguemos a tener el carácter y la voluntad del Padre.

Cuando se compara la filosofía de Zenón, con la enseñanza del cristianismo, el producto de ésta filosofía pagana se ve triste y vacía, a las par de los ricos frutos que produce el cuarto fruto del Espíritu Santo, que es la paciencia.

1- La paciencia es buena para uno

La paciencia en medio de la aflicción, es una gran ganancia para nosotros. Somos naturalmente impetuosos y sin gobierno. Deseamos lucir nuestra coronas y evitamos por todos los medios cargar con la cruz, buscamos el camino mas corto y llano para llegar al reino de los cielos y evitamos el camino escabroso y peligroso. Solamente por las aflicciones continuas y por la santificadora gracia de Dios, es que somos conducidos a un espíritu de sumisión. Hay lecciones que necesitan ser aprendidas, hay tareas que necesitan ser terminadas, y para esto la paciencia es indispensable en ésta tierra.

2-La paciencia es buena para los demás; despierta simpatía en los demás y también alienta a los que nos rodean.

3-La paciencia en el sufrimiento le da honor a Dios

-La paciencia encuentra la voluntad divina

-La paciencia se postra ante la soberanía de Dios

-La paciencia, confiesa y confirma la fe en Dios

-La paciencia admira la sabiduría de Dios

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La felicidad que se procura por motivos egoístas fuera de la senda el deber, es desequilibrada, espasmódica y transitoria; pasa y deja el alma vacía y triste; mas en el servicio de Dios hay gozo y satisfacción; Dios no abandona al cristiano en caminos inciertos; no lo abandona a pesares vanos y contratiempos. Si no tenemos los placeres de esta vida podemos aun gozarnos mirando a la vida venidera.

Pero aun aquí los cristianos pueden tener el gozo de la comunión con Cristo; pueden tener la luz de su amor, el perpetuo consuelo de su presencia. Cada paso de la vida puede acercarnos más a Jesús, puede damos una experiencia más profunda de su amor y acercamos más al bendito hogar de paz (La fe por la cual vivo, p. 123).

La felicidad es el resultado de la santidad y de la conformidad con la voluntad de Dios. Los que quieren ser santos en el cielo, primero serán santos en la tierra; porque cuando dejemos esta tierra, llevaremos nuestro carácter con nosotros, y esto será sencillamente llevar con nosotros algunos de los elementos del cielo que nos fueron impartidos por la justicia de Cristo…

La experiencia que sigue a la entrega total de Dios es la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo (Reflejemos a Jesús, p. 295).

Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: “La paz os dejo —dijo—, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo” (Juan 14:27). Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procuró paz transigiendo con el mal. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior, y había de permanecer para siempre con sus testigos a través de las luchas y contiendas.

Cristo dijo de sí mismo: “No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada” (Mateo 10:34). Aunque es el Príncipe de Paz, es sin embargo causa de división. El que vino a proclamar alegres nuevas y a crear esperanza y gozo en los corazones de los hijos de los hombres, originó una controversia que arde profundamente y suscita intensa pasión en el corazón humano. Y advierte a sus seguidores: “En el mundo tendréis aflicción”. “Os echarán mano, y perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, siendo llevados a los reyes y a los gobernantes por causa de mi nombre”. “Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros” (Juan 16:33; Lucas 21:12, 16).

Esta profecía se ha cumplido de manera notable. Todo ultraje, vituperio y crueldad que Satanás pudo inventar e instigar a los corazones humanos se ha dirigido contra los seguidores de Jesús. Y esto se cumplirá de nuevo de un modo notable; porque el corazón camal está todavía enemistado contra la ley de Dios y no quiere sujetarse a sus mandamientos. El mundo no está más en armonía hoy con los principios de Cristo de lo que estaba en los días de los apóstoles (Los hechos de los apóstoles, p. 69).

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Miércoles 15 de febrero // Lección 7_____________________________________

BENIGNIDAD, BONDAD Y FIDELIDAD

Lee 1 Corintios 13:4. ¿Por qué la benignidad genuina tiene un atractivo tan positivo para los demás? ¿Dónde ves la benignidad de Dios en su trato con la humanidad?

1 Corintios 13:4

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

“Benignidad” es una palabra que se utiliza con frecuencia para describir la manera en que Dios se relaciona con su pueblo. Benignidad también describe la forma en la que deberíamos tratar a otros cuando fracasan. Dios podría ser muy duro al tratar con nuestras fallas. Sin embargo, él actúa del mismo modo en que un padre amante lo haría con un hijo que está aprendiendo (Ose. 11:1-4). Quizá nada desacredita más, ni con tanta frecuencia, nuestro testimonio y nuestro ministerio cristianos como la antipatía. No cuesta nada ser benigno, y puede abrir la puerta del corazón de la otra persona. No importa cuán firmes debamos ser en la reprobación, no debemos volvernos hostiles en nuestro trato con los demás, más allá de sus faltas y problemas.

Lee Efesios 5:9. ¿Qué acompaña a la benignidad, según este pasaje?

Efesios 5:9

(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),

La bondad es amor en acción. La bondad que crece como fruto del Espíritu también incluye obras y actos de bondad. Se demuestra en obras prácticas realizadas con amor para los demás. Cuando estamos llenos del Espíritu Santo, hay un desborde positivo de bondad hacia las personas con las que entramos en contacto.

Lee Gálatas 5:22. ¿Por qué es importante ser confiable y fidedigno en nuestro caminar cristiano con Dios?

Gálatas 5:22

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,

Lo que vemos aquí es la fidelidad de carácter y conducta que se produce por medio del Espíritu Santo. “Fidelidad” (“fe”, en la RVR) significa “confiabilidad” o “ser digno de confianza”. Quienes son fieles cumplen lo que prometen. Fidelidad también es una de las características de Jesucristo, quien es llamado “el testigo fiel” (Apoc. 1:5); y de Dios el Padre, que guarda sus promesas y es fiel en lo que hace (1 Cor. 1:9; 10:13; 1 Tes. 5:24; 2 Tes. 3:3). En nuestra fidelidad, reflejamos la imagen de Dios en nuestra vida. “No son los grandes resultados que podamos obtener, sino los motivos que nos impulsan a actuar los que tienen valor para Dios. Él aprecia la bondad y la fidelidad más que la grandeza de la obra realizada” (TI 2:453).

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

BENIGNIDAD, AMABILIDAD O GENTILEZA

La amabilidad o gentileza es el amor en acción.

La gentileza o amabilidad no tiene que ver con modales precisamente. La palabra gentileza es usada para describir los buenos modales de una persona y es correcto hacerlo, pero la gentileza o amabilidad va mas allá que tener buenos modales. Cuando se estudia la raíz de la palabra, se descubre que la gentileza tiene que ver con la estructura del carácter de una persona. Dicho en otras palabras, la gentileza tiene que ver como una persona se ha formado moralmente.

Una persona con una disposición maligna, tiene tendencia a hacer siempre lo malo, por el otro lado una persona con una buena estructura moral, siempre tendrá la inclinación para hacer lo bueno.

La amabilidad o gentileza es la subyugación, o el uso correcto, o el saber gobernar los sentimientos fuertes de una persona.

La palabra gentileza, viene de la palabra latina “gentil” que significa alguien que pertenece a una alta raza o a una buena familia. La palabra gentileza calza perfectamente con el cristianismo, ya que el cristianismo es una raza de santos, es una generación de santos, que pertenecen a una buena familia, como lo es la familia de Dios.

La gentileza es algo sólido, no tiene nada que ver con la vacilación o las indecisiones de la vida, mucho menos tiene que ver con la cobardía.

La gentileza, o amabilidad, o benignidad, es el deseo de agradar a otros por la causa de Cristo, la gentileza sabe que al agradar a otros por la causa de Cristo, también se agradará a Dios y también se cumplirán las sagradas leyes del evangelio.

Estas son las maneras en que la gentileza, la amabilidad o la benignidad se puede demostrar o necesitar en nuestras vidas:

-La gentileza se demuestra cuando descubrimos, hablamos y remarcamos solamente la parte positiva del carácter de otras personas.

-La gentileza se demuestra cuando somos considerados con los sentimientos de otras personas.

-La gentileza se necesita y se demuestra con el trato a persona desconocidas, o con el trato a extranjeros o personas de otras razas.

-La gentileza es necesaria para limar todas las asperezas con nuestros prójimos.

-La gentileza se necesita para preservar las amistades; sin amabilidad no hay unión de corazones.

-La gentileza se necesita urgentemente cuando damos una advertencia o reprendemos a otra persona.

-La gentileza se demuestra en el ejercicio de la autoridad; la verdadera gracia del poder y de la autoridad, radica en la amabilidad. Este fruto del Espíritu es indispensable para un anciano de iglesia.

Necesitamos practicar la amabilidad o la gentileza con esos que son inferiores a nosotros, con esos que tiene un rango social inferior al nuestro, con nuestros trabajadores. Si somos jóvenes, seamos como hermanos con aquellos que nos encontramos en la vida, y si somos mayores, seamos como padres para ellos. Encontraremos personas con las cuales será muy difícil ser amables, personas que nos provocarán, personas que nos irritarán, personas que nos harán sentir muy mal solamente con sus miradas, cuando nos encontremos con éstas personas, tenemos que montar doble guarda en nuestra amabilidad.

Nunca abandonemos nuestros dormitorios por la mañana sin llevarnos la amabilidad con nosotros, la amabilidad tiene que ver mucho con nuestra salud. Una vida en Cristo, equivale a la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, el Espíritu Santo en nuestras vidas, equivale a ser recipientes para recibir sus frutos, que entre ellos encontramos la amabilidad o la gentileza.

BONDAD

Los frutos del Espíritu, están de una manera sublimemente, ordenadamente y bellamente escritos. Ya estudiamos el amor, el gozo, la paz, la paciencia, y la amabilidad, y descubrimos que todos estos primeros frutos nos han preparado y nos han dado la libertad para que hagamos lo bueno, es decir para que practiquemos la bondad.

La bondad es la máxima demostración del amor. La bondad es el mismo amor de una forma extremadamente avanzada. Una persona con bondad logra hacer las cosas que no puede hacer una persona que solamente tiene el amor.

La bondad es atender a un enfermo en una degradante enfermedad o estado físico deplorable, es no tener temor a ser contagiado por la enfermedad, y no tener escrúpulos para atender a esa persona en todas sus necesidades físicas, la bondad es asistir al que está muriendo, la bondad es llevar comida al hambriento, la bondad es leerle la Biblia al ciego, la bondad es llevar el evangelio a aquel que está en la cárcel, la bondad se embarca y atraviesa mares para esparcir la verdad por todo el mundo. La base para la bondad es el amor, pero el amor en si, queda corto si lo tenemos que comparar con la bondad. podríamos decir que la bondad es el mismo amor, con un título universitario.

Durante el otoño de 1799, el ejercito de Francia que iba en huida, dejo 300 soldados heridos en la ciudad de Bobbio que era la capital de Piedmont. A pesar que los soldados eran enemigos tanto de la religión como del país de los valdenses, ellos recibieron el tratamiento mas humano que se le puede dar a una persona que está sufriendo. Los valdenses era personas extremadamente pobres, a pesar de eso, la historia dice que con mucha alegría compartieron sus provisiones con los enemigos extranjeros, sanaron sus heridas, y los cuidaron como si ellos hubieran sido amigos de la infancia. Mientras el crudo invierno avanzaba los valdenses llegaron a la conclusión que las provisiones de alimentos que ellos tenían, no eran suficiente para todos y estaban la posibilidad que al final todos podrían morir de hambre. Los valdenses hicieron una de las acciones mas heroicas que se puede hacer por un enemigo. Ellos atravesaron los alpes, que estaban cubiertos de hielo y de nieves, transportando esos 300 soldados que estaban en convalecencia. Llegaron hasta las mismas fronteras de Francia, y los dejaron en un lugar seguro, para que siguieran siendo tratados por los ciudadano de su propia nación. Una acción así con el enemigo, es mas que un acto de amor, es el producto del amor en una forma extremadamente avanzada, ese título del amor se llama bondad.

La bondad hace heroico al ser humano:

En la ciudad de Auch, en Francia, se incendiaron dos casas, y de una de esas casas salía el grito agonizante de una madre que pedía ser ayudada ella y su pequeño hijo. El arzobispo de la ciudad llego corriendo para ayudar en el incendio, pero el incendio había avanzado demasiado en la casa donde estaba la madre y su niño. “Doy 25 luises a aquel que rescate a ésta mujer y a su niño” gritó el arzobispo. Ante esa fortuna ofrecida, nadie se atrevió a aventurarse al rescate de la mujer y el niño. “Doy 50 luises a quien rescate a esa mujer y a su niño” gritó el arzobispo redoblando su oferta. Nadie se movió al rescate de la mujer y el niño. El arzobispo se sumergió en un barril de agua, y con sus ropas destilando agua, entró a la casa en llamas y después de unos agonizantes segundos, logró sacar con vida, tanto a la madre, como al bebe. Al nomas salir de la casa, cayó de rodillas, dándole gracias a Dios por la protección, el cuidado y el milagro que había realizado. Cuando se levantó de su oración, vio a la mujer que acababa de perder todo, excepto a su hijo y le dijo: “Mi querida señora, se ofrecieron 50 luises a aquel que lograra salvar a usted y a su hijo, yo me los acabo de ganar y yo se los estoy entregando a usted” Eso se llama bondad.

FE, FIDELIDAD O LEALTAD

La fe, es la imaginación santificada, la fe es el amor cuando cree, la fe es el completo ejercicio de la razón, la fe es depositar nuestra confianza en la voluntad de Dios.

Necesitamos tener fidelidad con Dios:

-La fidelidad a Dios incluye la sinceridad a su servicio

-La fidelidad a Dios es la obediencia sin reserva a su divina voluntad

-La fidelidad a Dios incluye una adherencia inamovible para vivir de acuerdo al evangelio de Cristo

Necesitamos tener también fidelidad con el hombre:

-La fidelidad con el hombre requiere que nuestras palabras sean verdaderas

-La fidelidad con el hombre requiere que nuestras acciones sean justas

-La fidelidad con el hombre requiere que cumplamos a nuestras obligaciones

-La fidelidad con el hombre requiere que completemos concienzudamente las tareas y los trabajos que adquirimos en nuestras vidas.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Es mejor que nos equivoquemos, si es que nos equivocamos, por exceso de compasión y tolerancia que por exceso de rigidez.

La flexibilidad en las medidas, las respuestas amables y las palabras cariñosas son mejores para reformar y salvar que la severidad y la rudeza. El más pequeño exceso de brusquedad puede alejar a las personas, mientras que una actitud conciliadora sería el mejor medio de acercarlas para que pueda ponerlas en el buen camino. Debería estar movida por un espíritu de perdón y dar el crédito debido a los buenos propósitos y acciones de aquellos que la rodean. Diga palabras de elogio a su esposo, a su hijo, a su hermana y a todas las personas con quien se relacione. La censura continua marchita y oscurece la vida de cualquiera…

Un espíritu tierno, un comportamiento agradable y amable, pueden salvar a los perdidos y ocultar una multitud de pecados. Dios necesita que tengamos ese amor que “es sufrido, es benigno” (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 68).

El carácter del cristiano se muestra por su vida diaria. Dijo Cristo: “Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7:17). Nuestro Salvador se compara a sí mismo con una vid, de la cual sus seguidores son las ramas. Declara sencillamente que todos los que quieren ser sus discípulos deben llevar frutos; y entonces muestra cómo pueden llegar a ser ramas fructíferas. “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:4).

El apóstol Pablo describe el fruto que el cristiano ha de llevar. Él dice que es “en toda bondad, justicia y verdad” (Efesios 5:9)… Estas preciosas gracias son solo los principios de la ley de Dios cristalizados en la vida (La edificación del carácter, p. 79).

Confiemos en la Palabra de Dios implícitamente, recordando que somos hijos e hijas suyos. Ejercitémonos en creer su Palabra. Herimos el corazón de Cristo al dudar, cuando nos ha dado tal evidencia de su amor. Él puso su vida para salvamos. Él nos dice: “Venid a mí… y tendréis descanso…” ¿Creéis que hará así como dijo? Entonces, cumplidas las condiciones, no llevéis por más tiempo la carga de vuestros pecados. Ponedla sobre el Salvador. Confiaos a vosotros mismos en él. ¿No ha prometido que os dará descanso? Pero, ¡a cuántos está él obligado a decirles tristemente: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida”! (Juan 5:40).

Mirad a Cristo, espaciaos en su amor y misericordia. Esto llenará el alma de odio hacia todo lo que sea pecaminoso y le inspirará un intenso deseo de tener la justicia de Cristo. Cuanto más claramente vemos al Salvador, tanto más claramente discernimos nuestros defectos de carácter. Confesad vuestros pecados a Cristo y cooperad con él con verdadera contrición de alma abandonándolos. Creed que están perdonados. La promesa es clara: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Estad seguros de que la Palabra de Dios no falla. El que prometió es fiel. Tenéis el deber de creer que Dios cumplirá su promesa perdonándoos como tenéis el deber de confesar vuestros pecados (En los lugares celestiales, p. 113).

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Lección 7 // Jueves 16 de febrero_______________________________________

MANSEDUMBRE Y DOMINIO PROPIO

Lee Gálatas 5:23 y Mateo 5:5. ¿Por qué la mansedumbre es importante para tener un liderazgo semejante al de Cristo?

Gálatas 5:23

23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Mateo 5:5

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Mansedumbre no significa debilidad. No es cobardía ni falta de liderazgo. Al contrario, Moisés fue llamado el hombre más manso de la Tierra (Núm. 12:3) y, no obstante, fue un líder poderoso del pueblo de Dios. Las personas mansas no son alborotadoras, ni buscapleitos ni egoístamente agresivas. Más bien, sirven con un espíritu dócil. La mansedumbre puede ser la expresión exterior de la fe y la confianza interior, no en uno mismo, por supuesto, sino en el poder de Dios, quien trabaja en nosotros. A menudo, aquellos que son bulliciosos, alborotadores y enérgicos están tapando inseguridades y temores.

Lee Gálatas 5:23 y Proverbios 16:32. ¿Qué miseria nos sobreviene cuando no ejercemos el dominio propio? ¿Qué bendiciones obtenemos si tenemos dominio propio y somos temperantes en nuestra vida?

Gálatas 5:23

23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Proverbios 16:32

32 Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.

El último aspecto del fruto del Espíritu es la temperancia, o dominio propio (templanza). En este aspecto, todos debemos ser cuidadosos, porque ¿quién no tiene, en alguna área u otra, luchas con el dominio propio? Antes de poder gobernar una ciudad, una comunidad o una iglesia, uno debe ser capaz de gobernar su propio espíritu. La verdadera temperancia es poder controlar no solamente el apetito o la bebida sino también toda otra área de la vida.

Todos los aspectos mencionados arriba forman parte de un solo fruto del Espíritu. Cuando la Biblia describe la obra de Dios en nuestra vida, los aspectos éticos de santidad tienen prioridad sobre los dones carismáticos. La semejanza a Cristo en todo aspecto es lo que realmente importa en la vida del creyente. Debido a que el fruto del Espíritu es la marca distintiva común de todos los creyentes por doquier, produce una unidad visible en su iglesia.

Piensa en áreas de tu vida en las que deberías ejercer más dominio propio. Quizá lo estés logrando en algún aspecto, pero no tanto en otro. ¿Por qué es importante, gracias al poder de Dios, tener control sobre todas las áreas? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

MANSEDUMBRE O HUMILDAD

La humildad es el amor en la escuela.

La humildad es una disposición mental donde aprendemos a restringir nuestras pasiones de enojo y de cólera.

La humildad agrega miel a nuestro temperamento, también agrega dignidad y bondad a nuestras acciones y palabras.

La humildad nos prohíbe andar regañando a medio mundo, y también nos prohíbe el ofender a nuestro prójimo, la humildad también nos enseña a tener compostura ante la provocación.

La humildad mezcla lo inofensivo de una Paloma, con la gentileza de un Cordero, la humildad reúne al Espíritu Santo, con Jesucristo.

La humildad toma las ofensas sin resentimiento, y evita por todos los medios la venganza.

La humildad cubre los errores de otras personas con el manto del amor, y la humildad mantiene a la persona en control de si misma ante la censura y la burla.

La humildad mantiene una mente firme e inamovible ante el sufrimiento, la humildad también nos mantiene fuera de aspirar, esas cosas que son demasiadas altas para nosotros.

No hay nada que perder cuando cedemos a otra persona humildemente. Abraham cedió a Lot el derecho de escoger la mejor tierra. Lot escogió lo mejor, y perdió todo, mientras que Abraham fue bendecido en la parte que su sobrino le dejó. La Biblia dice que el cielo se gana por la fuerza, y por los valientes, pero la tierra se gana con humildad y por los humildes. Dios que es el Dueño y Señor de la tierra, no regala la tierra, ni le presta la tierra, ni le arrenda la tierra, a una persona que carece de humildad.

-La humildad es una de las evidencias mas grande de una religión personal

-La humildad es uno de los ornamentos mas brillante del cristianismo, ya que evita presentar la ostentación a los ojos.

-La humildad nos ayudará a conseguir las mas grandes victorias espirituales. Con humildad se silencia la voz del necio, con humildad se concilian a dos enemigos, con humildad se mueve a lágrimas y a la oración al burlador.

DOMINIO PROPIO, TEMPLANZA O TEMPERANCIA

La temperancia es el amor haciendo ejercicio; la temperancia es el amor en el gimnasio. La temperancia es controlarse uno mismo y también negarse a uno mismo.

El amor a la vida, a la salud y hacia nuestro propio cuerpo, nos empuja a buscar la manera de ser mas atlético y mas saludable. Esto lo conseguimos tratando de tener una dieta balanceada, como también cuidando nuestro cuerpo por medio del descanso y el ejercicio.

La temperancia nos ayuda a usar con moderación las cosas que Dios ha dejado para la sobre vivencia del hombre. El cristiano nunca va a ofender a Dios, despreciando los dones que Dios le ha dado, ni tampoco va a ofender a Dios, malgastando y derrochando esos bienes.

La temperancia tiene que ver con el control propio, la moderación, o la abstinencia en todos los aspectos de la vida, esto incluye los sentidos, los alimentos, el sexo, el carácter, los deseos, el placer, el dinero, y el tiempo, entre otros.

La temperancia nos ayuda a mantener nuestros deseos y pasiones, sujetos a la religión y a la razón, negándoles las cosas que son prohibidas por la ley y el evangelio.

La temperancia mantiene nuestros sentidos mas agudizados y claros, y nos ayuda a conseguir nuestros objetivos con mas precisión y satisfacción. La temperancia nos da salud a nuestro rostro, da decoro a la persona, da control y estabilidad mental, asegura nuestra salud, y nos preserva en una buena condición para los negocios de la vida.

La temperancia es la piedad o el amor al cuerpo, preservando la orden divina con respecto a nuestro cuerpo y a nuestra mente,

Los frutos del Espíritu son:

Amor o Caridad

Gozo o Alegría

Paz

Paciencia o Tolerancia

Benignidad, Amabilidad o Gentileza

Bondad

Fe, Fidelidad o Lealtad

Mansedumbre o Humildad

Dominio propio, Templanza o Temperancia

Vamos a describir a un hombre que tiene los frutos del Espíritu, y esto sería lo que diríamos de él:

Un hombre bueno, tiene un corazón lleno de amor, tiene gozo en su pecho, la atmósfera de su naturaleza es paz, y tiene entronado en su ser la paciencia divina. Un buen hombre usa de la gentileza en su trato con los demás, pero también tiene coraje para cumplir las obligaciones de la vida, y también tiene coraje para morir por sus creencias. La pureza mantiene su vida intachable, la fe le ayuda a caminar firmemente por el valle de sus aspiraciones, y también le apunta a un mundo mejor y a un noble destino que está mas allá de su propia tumba, al final el dominio propio le ayuda a tener una vida discretamente ordenada.

Un hombre bueno se tiene que hacer, ya que no nace bueno. El único que ha nacido bueno y santo es Jesús, todos los demás tenemos que trabajar para alcanzar esa nobleza.

El poder humano nunca ha producido un hombre bueno hasta la fecha. El hombre bueno tiene que nacer y no nacer de la carne y de la sangre, sino que nacer del Espíritu Santo.

Pidiendo el Espíritu Santo al Padre en el nombre de Jesús, podemos obtenerlo en nuestras vidas. El Espíritu Santo entregará sus frutos, y es hasta allí donde llevaremos una vida santa, y nos convertiremos en seguros candidatos para el reino de los cielos.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Una gran proporción de todas las enfermedades que afligen a la familia humana es resultado de sus propios hábitos erróneos, debido a su deliberada ignorancia, a su descuido de la luz que Dios ha dado con respecto a las leyes de su ser. No es posible que glorifiquemos a Dios mientras vivamos violando las leyes de la vida. El corazón no puede de ninguna manera mantener su consagración a Dios mientras se complace el apetito camal. Un cuerpo enfermo y un intelecto desordenado, debido a la continua complacencia de la lujuria perniciosa, hace que la santificación del cuerpo y del espíritu sean imposibles. El apóstol entendía la importancia de una condición saludable del cuerpo para lograr el éxito en el perfeccionamiento del carácter cristiano. Él dice: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27). Menciona el fruto del Espíritu, en el cual está incluida la temperancia. “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 50).

Me dirijo a nuestros hermanos. Si os acercáis a Jesús, y tratáis de adornar vuestra profesión con una vida bien ordenada y una conversación piadosa, vuestros pies serán guardados de extraviarse en sendas prohibidas. Si tan solo queréis velar, velar continuamente en oración, y tan solo hacéis todo como si estuvieseis en la presencia inmediata de Dios, seréis salvados de caer en la tentación, y podréis esperar llevar hasta el fin una vida pura sin mancha ni contaminación. Si mantenéis firme hasta el fin el principio de vuestra confianza, vuestros caminos serán afirmados en Dios, y lo que la gracia empezó, lo coronará la gloria en el reino de nuestro Dios. Los frutos del Espíritu son amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Si Cristo está con nosotros crucificaremos la carne con sus afectos y concupiscencias (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 138).

La gracia de la humildad debiera ser fomentada por los que llevan el nombre de Cristo; pues la exaltación propia no puede hallar lugar en la obra de Dios. Los que quieran cooperar con el Señor de los ejércitos, diariamente deben crucificar el yo, colocando la ambición mundana en segundo término. Deben ser tolerantes y bondadosos, llenos de misericordia y ternura con los que los rodean…

La verdadera humildad es la evidencia de que contemplamos a Dios, y de que estamos unidos con Jesucristo. A menos que seamos mansos y humildes, no podemos pretender que tenemos el verdadero concepto del carácter de Dios. Los hombres pueden pensar que están sirviendo a Dios fielmente; su talento, sabiduría, elocuencia o celo pueden deslumbrar los ojos, halagar la fantasía y despertar la admiración de los que no pueden ver debajo de la superficie; pero a menos que esas cualidades sean humildemente consagradas a Dios… son considerados por Dios como siervos inútiles.

Dios ha estado esperando mucho tiempo que sus seguidores manifiesten verdadera humildad, para poder impartirles ricas bendiciones. Los que le ofrecen el sacrificio de un espíritu quebrantado y contrito, serán preservados en la hendidura de la roca y contemplarán al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Cuando Jesús, que lleva los pecados, el sacrificio absolutamente suficiente, sea visto más claramente, sus labios exclamarán las mayores alabanzas. Mientras más vean del carácter de Cristo, más humildes se volverán y menos se estimarán a sí mismos. No se verá en su obra una necia presunción… El yo se pierde de vista al comprender su propia indignidad (A fin de conocerle, pp. 122, 123).

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Viernes 17 de febrero // Lección 7______________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “En lenguaje moderno, el pasaje de Gálatas 5:22 y 23 debería decir algo parecido a lo siguiente: ‘El fruto del Espíritu es tener una disposición cariñosa y amante; un espíritu radiante y un temperamento alegre; una mente calma y una actitud sosegada; paciencia tolerante ante circunstancias provocadoras y personas difíciles; perspicacia comprensiva y una actitud servicial discreta; justicia generosa y profunda caridad; lealtad y confiabilidad bajo toda circunstancia; humildad que se olvida del yo ante el gozo de los demás; y, en todas las cosas, dominio propio y autocontrol, que es la nota final de perfeccionamiento. Este es el tipo de carácter que representa el fruto del Espíritu. Todo se halla en la palabra “fruto”. No es por esfuerzo propio ni por permanencia; no es por preocupación, sino por confianza; no es por obras, sino por fe’ ”.–S. Chadwick, en Arthur Walkington Pink, The Holy Spirit, capítulo 30.

“Si usted tiene el amor de Dios en su corazón y ama la verdad, con la fe más santa deseará contribuir al desarrollo de su hermano. Si oye algún comentario que perjudica a un amigo o hermano, no lo fomente; es obra del enemigo. Al que lo exprese, bondadosamente recuérdele que la Palabra de Dios prohíbe esa clase de conversación” (RP 78).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En clase, habla sobre la pregunta final del jueves con respecto a la necesidad de dominio propio. Si somos salvos por gracia, ¿por qué es tan importante la victoria sobre el pecado? Después de todo, ¿acaso el evangelio no se trata del perdón de los pecados? Al mismo tiempo, piensa en el carácter de Judas y en lo que le hizo el pecado de la codicia. ¿Qué podemos aprender de este ejemplo en respuesta a la pregunta sobre la necesidad de lograr victorias? Por otro lado, ¿de qué manera lo que dice Elena de White en el siguiente párrafo arroja luz sobre la pregunta de nuestra necesidad de victoria? “Un solo rasgo malo en el carácter, un solo deseo pecaminoso, persistentemente albergado, neutraliza con el tiempo todo el poder del evangelio” (CC 34).
  2. ¿Por qué el fruto del Espíritu es más importante que cualquier don del Espíritu?
  3. Lee en voz alta 1 Corintios 13 en clase y habla sobre lo que significa. ¿Por qué Pablo hace tanto énfasis en la necesidad de amor? ¿De qué forma podemos aprender a amar de la manera en que describe Pablo? ¿Por qué es tan crucial la muerte al yo y la permanencia en Cristo, especialmente a la hora de amar a aquellos a quienes realmente no queremos?

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Escrito por: Tony García.
Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2015

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