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LECCIÓN 6 – LA PRIORIDAD DE LA PROMESA – PARA EL 5 DE AGOSTO DE 2017

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Gustave Doré, Francia (1832-1883)


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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 6: Para el 5 de agosto de 2017

LA PRIORIDAD DE LA PROMESA

Sábado 29 de julio_________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 3:15-20; Génesis 9:11-17; Mateo 5:17-20; Éxodo 16:22-26; Génesis 15:1-6.

PARA MEMORIZAR:

“Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa” (Gál. 3:18).

CIERTA VEZ, ALGUIEN LE PREGUNTÓ A UN POLÍTICO: “¿Has cumplido todas las promesas que hiciste durante la campaña?” Él respondió: “Sí… bueno, al menos todas las promesas que tenía la intención de cumplir”.

¿Quién no ha estado, una que otra vez, en una punta o la otra de una promesa incumplida? ¿Quién no ha incumplido una promesa alguna vez, o a quién no se le prometió algo que luego no se cumplió?

Afortunadamente para nosotros, las promesas de Dios son completamente diferentes. La Palabra de Dios es segura e inmutable. “Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré”, dice el Señor (Isa. 46:11).

En la lección de esta semana, Pablo dirige nuestra atención a la relación entre la promesa de Dios a Abraham y la ley dada a Israel 430 años después. ¿De qué manera debería entenderse la relación entre ambas, y qué implicaciones tiene eso para la predicación del evangelio?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nuestra fe tiene que aumentar; si no, no podemos ser renovados conforme a la imagen divina y amar y obedecer los requerimientos de Dios. Nazca de labios sinceros la oración: “Señor, auméntame la fe; dame iluminación divina; porque sin ayuda de tu parte nada puedo hacer”. Venid con humildad y postraos delante de Dios; abrid delante del Señor vuestras Biblias, las cuales contienen las promesas divinas; tomad vuestra posición con respecto a éstas; haced con Dios el pacto de que responderéis a sus requerimientos; decidle que creeréis sin otra evidencia fuera de la desnuda promesa. Esto no es presunción; pero a menos que obréis con celo, a menos que seáis fervientes y estéis decididos, Satanás obtendrá ventajas, y vosotros seréis dejados en la incredulidad y las tinieblas.

Las palabras y promesas de Dios son el único fundamento de nuestra fe. Tomad la palabra de Dios como verdad, como una voz viva que os habla, y obedeced fielmente cada requerimiento. Dios, que ha prometido, es fiel (Consejos sobre la obra de la escuela sabática, p. 79).

Cristo dice: “Separados de mí nada podéis hacer”, y él ha proporcionado el Espíritu Santo como pronto auxilio en todo tiempo de necesidad. Pero muchos tienen una experiencia religiosa débil porque, en lugar de buscar al Señor para obtener la eficiencia del Espíritu Santo, hacen de la carne su brazo. Edúquese al pueblo de Dios a ir al Señor cuando está en problemas y a obtener fortaleza de las promesas que son el sí y el amén para toda alma que confía…

Las promesas de Dios son plenas y abundantes, y no hay necesidad de depender de la humanidad para recibir fuerza. Dios está cerca de todos los que le piden que los socorra. Y él es grandemente deshonrado cuando, después de invitamos a poner en él nuestra confianza, nos apartamos de él —el Único que no nos interpretará mal, el Único que puede damos consejo infalible—, para dirigimos a hombres que en su debilidad humana están propensos a desviamos (Testimonios para los ministros, p. 381).

Las Escrituras deben recibirse como palabra que Dios nos dirige, palabra no meramente escrita sino hablada. Cuando los afligidos acudían a Cristo, discernía él, no solo a los que pedían ayuda, sino a todos aquellos que en el curso de los siglos acudirían a él con las mismas necesidades y la misma fe…

En [todas las promesas en la Palabra de Dios él] nos habla a cada uno en particular, y de un modo tan directo como si pudiéramos oír su voz. Por medio de estas promesas, Cristo nos comunica su gracia y su poder. Son hojas de aquel árbol que es “para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22:2). Recibidas y asimiladas, serán la fuerza del carácter, la inspiración y el sostén de la vida. Nada tiene tal virtud curativa. Ninguna otra cosa puede infundimos el valor y la fe que dan vital energía a todo el ser (Ministerio de curación, p. 85).

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Domingo 30 de julio // Lección 6______________________________________

LA LEY Y LA FE

Aun si sus oponentes aceptaban que la vida de Abraham se caracterizó ante todo por la fe, Pablo sabía que seguirían teniendo interrogantes acerca de por qué Dios le dio la Ley a Israel unos cuatro siglos después de Abraham. ¿Acaso con la recepción de la Ley no se anulaba cualquier arreglo previo?

¿Qué está queriendo transmitir Pablo con la analogía entre el testamento final de una persona y el pacto de Dios con Abraham? Gálatas 3:15-18.

Gálatas 3:15-18

15 Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.  16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.  17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.  18 Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

Un pacto y un testamento por lo general son diferentes. Un pacto comúnmente es un acuerdo mutuo entre dos o más personas, a menudo llamado “contrato”, o “acuerdo”; en cambio, un testamento es la declaración de una sola persona. La traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta, nunca traduce el pacto de Dios con Abraham con la palabra griega usada para referirse a acuerdos o contratos mutuos (syntheke). Más bien, usa la palabra para testamento (diatheke). ¿Por qué? Probablemente porque los traductores reconocieron que el pacto de Dios con Abraham no era un acuerdo entre dos personas, donde se hacen promesas mutuamente vinculantes. Al contrario, el pacto de Dios se basaba únicamente en su propia voluntad. No dependía de ninguna cláusula condicional. Abraham simplemente debía confiar en las promesas de Dios.

Pablo utiliza este doble significado entre “testamento” y “pacto” para destacar características específicas del pacto de Dios con Abraham. Al igual que un testamento humano, la promesa de Dios se aplicaba a un beneficiario específico: Abraham y su descendencia (Gén. 12:1-5; Gál. 3:16); también incluía una herencia (Gén. 13:15; 17:8; Rom. 4:13; Gál. 3:29). Lo más importante para Pablo es la naturaleza inmutable de la promesa de Dios. De la misma manera que el testamento de una persona no puede cambiarse una vez que ha sido puesto en vigor, así también la promulgación de la Ley por medio de Moisés no puede simplemente anular el pacto previo de Dios con Abraham. El pacto de Dios es una promesa (Gál. 3:16), y Dios no rompe sus promesas (Isa. 46:11; Heb. 6:18).

Reemplaza la palabra pacto por promesa en los siguientes pasajes. ¿Cuál es la naturaleza del “pacto” en cada pasaje? ¿De qué manera el entender el pacto de Dios como una promesa aclara el significado del pasaje, y cómo nos ayuda a entender mejor lo que es un pacto? (Gén. 9:11-17; 15:18; 17:1-21). ¿Qué nos enseña esto, además, acerca del carácter de Dios, y de cómo podemos confiar en él?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El nombre Abram significa “el padre es exaltado.”

Dios cambia el nombre de Abram por Abraham. Su nuevo nombre significa “el padre de multitudes”.

Abraham creció en Ur, que en nuestros días modernos conocemos como el país de Irak.  Hay que recordar que en Irak también se localiza el lugar donde Dios puso el huerto del Edén, lugar en donde vivieron nuestros primeros padres Adán y Eva.

Dios llamó a Abraham a separarse de la vida social y espiritual que le era conocida. Debía migrar a un país que no le era familiar. Allí, Dios conduciría una transformación espiritual que duró casi cien años y lo hizo el “padre de los fieles”.

El patriarca fue llamado a dejar su pasado tras de sí, a salir por fe, a creer lo que parecía increíble, a hacer lo que Dios lo llamaba a hacer. Y, como resultado de su fidelidad, todas las naciones de la tierra serían bendecidas.

A muchos de nosotros se nos prueba como a Abraham. Por supuesto, somos libres para no oír la voz de Dios hablándonos directamente, pero él nos llama por las enseñanzas de su Palabra y también nos llama por los eventos de su providencia.

Dios puede pedirnos que dejemos una carrera que promete riqueza y honor, que abandonemos asociaciones provechosas o que nos separemos de nuestra familia; hasta podríamos tener que entrar en lo que parecería ser un sendero de negación propia, dificultades y sacrificios.  

 

El llamado de Dios a Abraham era una tarea muy difícil de cumplir:

-Envolvía una separación con el pasado

-Envolvía el ser mal comprendido en el presente

-Envolvía una gran incertidumbre en el futuro

 

La fe requerida para esta tarea era muy simple:

-La fe tenía que basarse en el llamado divino

-La fe era sostenida por abundantes promesas

-La fe demandaba completa sumisión a Dios

Este es un ejemplo claro para nosotros en nuestras tribulaciones y pruebas. Abraham obedeció y como un resultado de su obediencia al llamado divino, el mundo entero ha recibido la más grande bendición:  “… y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”

La obediencia exhibida por Abraham al llamado divino, no fue resultado de la pobreza, ni por descontento de la vida diaria, ni por persecución.

La obediencia de Abraham a Dios fue sencillamente por acatar la orden divina. Este paso que dio Abraham para obedecer a Dios y salir de su tierra y dejar a su parentela fue el primer eslabón de una cadena de actos de fe, que serían realizados por Abraham durante toda su vida.

La vida de Abraham tenía como propósito mantener  y preservar la palabra de Dios y preservar al verdadero Dios aquí en la tierra, hasta que la redención del hombre se efectuara en su totalidad a través de nuestro Señor Jesucristo.  Las más grandes y felices consecuencias han sucedido en esta tierra, solamente por un acto de obediencia por parte de Abraham para con Dios.

Martín Lutero nos cuenta en sus narraciones personales, que en su niñez y en su juventud, él fue un muchacho muy inquieto. Relata que la primera vez  en su vida que asistió a la escuela  lo castigaron 15 veces en el mismo día. Martín Lutero fue un brillante estudiante: a la edad de veinte años había recibido en la universidad, una maestría en artes. En esta etapa de su juventud, él aun tenía su corazón en el mundo.

Su padre terrenal lo había conducido e introducido al estudio de las leyes, pero Dios tenía otro plan para el rebelde joven.

Cuando Lutero estaba listo para comenzar la siguiente parte de sus estudios en la universidad, ya para convertirse en un doctor en leyes, Alexis, uno de sus más queridos amigos, tan querido como un hermano, fue repentinamente asesinado. La noticia del asesinato de Alexis llegó a los oídos de Lutero, quien se apresuró al lugar de los hechos solamente para confirmar la triste muerte de su amigo.

Antes de la muerte de Alexis, Martín Lutero había experimentado la urgencia y necesidad de buscar a Dios y a la iglesia, para prepararse para la muerte y el juicio venidero. Y ahora, estando al frente del ensangrentado cadáver de su amigo, se preguntaba a sí mismo ¿Qué hubiera sido de mí, si yo hubiera sido llamado a la muerte en vez de Alexis?

Fue en el verano del año 1505, cuando Lutero tenía 25 años, que decidió visitar Mansfeldt, el lugar de su infancia. Por entonces, ya Lutero tenía  formado en su corazón el llamado al sacerdocio, pero aún no había tomado ninguna decisión clara al respecto.  Cuando regresaba de su pueblo natal a la universidad, fue sobrecogido por una terrible tormenta; “los truenos rugían terriblemente” comenta D’Aubigné; Un rayo cayó en la tierra precisamente a su lado; Lutero se tiró de rodillas, pensó que posiblemente también su hora ya había llegado.

Muerte. Juicio. Eternidad. Esos elementos estaban frente a él con todo su terror; le estaban hablando con una voz que él ya no podía resistir más. Acompañado con el angustiante terror de la muerte, hizo un voto para sí mismo: Si Dios lo libraba de la muerte y del peligro, entonces dejaría el mundo y dedicaría su vida al servicio a Dios.

Levantándose del suelo, aun con el sentimiento de que la muerte lo pudo haber tomado, y que podía tomarlo en cualquier momento, se examinó muy cuidadosamente: ¿Cuál era la condición de su vida?  ¿Podía con su vida sucia presentarse ante el tribunal de un Dios santo y terrible? La respuesta fue clara, tenía que buscar la santidad. Por esto entró en la iglesia, por esto entró  al monasterio, llegó a ser un monje y un predicador. Escuchó el llamado de Dios, entregó su vida a Dios, y su nombre quedó registrado en la historia de este mundo como uno de los reformadores espirituales más grandes e intrépidos que existieron. De hecho, la historia consagra a Martín Lutero como el padre de la Reforma Protestante, ocurrida en el siglo XVI.  

 El estudio de hoy dice que Dios hizo un pacto con Abraham:

“PACTO”: Término que se usa en la Biblia para los convenios que se hacen entre Dios y el hombre. Especifican las condiciones, los privilegios y las responsabilidades entre los pactantes. El pacto es un acuerdo formal.

Un pacto  entre Dios y el hombre, no es un contrato

Dios no hace contrato con el hombre.

-Un contrato determina la imposición del lado más fuerte de los participantes

-Un contrato restringe la libertad de los participantes, imponiendo severas sentencias, multas y cargos al infractor

-Un contrato está escrito en forma imperativa (estipulaciones, requisitos, obligaciones, sanciones, etc.)

¿Por qué Dios no hace contrato con nosotros?

 -Dios creó al hombre dotado de libre albedrío 

-Dios, basado en el libre albedrío, respeta la decisión que el hombre toma

-Dios nunca actúa por la fuerza, solamente actúa si el hombre le permite

-Dios inicia el pacto y ofrece como garantía la gracia en el cumplimiento de este pacto 

-Un pacto no está escrito en forma imperativa como está escrito el contrato, un pacto está escrito en forma de amor; prometiendo miles de bendiciones a cambio de un solo requisito de parte del humano y ese requisito es la obediencia

Dios ha hecho pactos con el hombre a través de la historia de este mundo:

-A las puertas de jardín de Edén se hace el primer pacto entre Dios y la recién caída raza humana;  el símbolo o señal, es la muerte. Para el pecador, su propia muerte y también la muerte para el Salvador.

-Dios hace un pacto con Noé, con la humanidad y los animales después del diluvio; El símbolo o señal es el arcoíris.

-Dios pacta con Abraham.  El símbolo ó señal es la circuncisión.

-Dios hace pacto con el pueblo de Israel: El símbolo son los diez mandamientos escritos en tablas de piedra.

-Dios hace un pacto con el Rey David. El símbolo es la “estrella de David,” que significa cetro y trono perpetuo a través de nuestro Señor Jesucristo.

-Y el último pacto que Dios hace es con el cristianismo moderno, y consiste en escribir su ley en nuestros corazones. No hay símbolo visible, no se puede ver; es un pacto de fe, que se acepta por fe.

 Todos los pactos tienen un símbolo que los identifica.

En nuestro mundo actual estamos llenos de símbolos; los gobiernos tienen símbolos, las organizaciones mundiales tienen símbolos, y las corporaciones financieras también tienen símbolos que los identifican.

Hay muchos símbolos reconocidos mundialmente tales como los de la Cruz Roja Internacional, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Comité Olímpico, entre otros.

Nosotros como iglesia también tenemos un símbolo que nos identifica como participantes en el pacto que tenemos con Dios.

Por mucho tiempo se usó la figura de los tres ángeles volando frente al globo terráqueo, sosteniendo cada uno de ellos una trompeta, que denotaba nuestra comisión de llevar a cabo la predicación del mensaje del tercer ángel.  

Ahora tenemos un símbolo (logo) diferente:

Image result for simbolo de la iglesia adventista del septimo dia

Este símbolo está en uso desde 1997

La Biblia abierta: La Biblia forma la base de nuestro símbolo, y representa el fundamento bíblico de nuestras creencias como adventistas.

La llama: Está formada por tres líneas circundando el mundo, y representan el mensaje de los tres ángeles  y nuestra comisión de llevar el evangelio a todo el mundo, al mismo tiempo representa la llama simbólica del Espíritu Santo.

Las líneas de fuego que continúan arriba del mundo representan la primera resurrección y la ascensión al cielo de los santos en la segunda venida de Cristo a este mundo. 

La Cruz representa el evangelio de la salvación y el sacrificio de Cristo.

Este logo fue diseñado por Bryan Gray, graduado de una escuela de diseños en Pasadena, California.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

A Abraham se le dio la promesa que de su descendencia vendría el Salvador del mundo: “En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra” (Génesis 22:18). “No dice: Y a las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gálatas 3:16).

Moisés, cerca del fin de su trabajo como jefe y maestro de Israel, profetizó claramente del Mesías venidero. “Profeta de en medio de ti —declaró a las huestes reunidas de Israel—, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios: a él oiréis”. Y Moisés aseguró a los israelitas que Dios mismo le había revelado esto en el monte de Horeb, diciendo: “Profeta les suscitaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare” (Deuteronomio 18:15, 18) (Los hechos de los apóstoles, p. 181).

No comprendemos cuántos de nosotros andamos por la vista, y no por la fe. Creemos en las cosas visibles, pero no apreciamos las preciosas promesas que se nos han dado en su Palabra. Y sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que demostrando que desconfiamos de lo que dice.

Quisiera decirles a aquellos que están tentados, ni por un solo momento reconozcáis las tentaciones de Satanás, como estando en armonía con vuestras mentes. Alejaos de ellas, como os alejaríais del adversario mismo. La obra de Satanás consiste en desanimar el alma. La obra de Cristo consiste en inspirar al corazón con fe y esperanza. Satanás procura destruir nuestra confianza. Él nos dice que nuestras esperanzas están edificadas sobre falsas premisas, más bien que sobre la palabra inmutable de Aquel que no puede mentir.

Cuando él [Satanás] sugiere dudas acerca de si realmente somos el pueblo a quien Dios está guiando, a quien él está preparando mediante pruebas para permanecer firmes en el día final, estemos listos para hacer frente a sus insinuaciones presentando la clara evidencia de la Palabra de Dios, de que éste es el pueblo remanente que guarda los mandamientos de Dios y tiene la fe de Jesús (Nuestra elevada vocación, p. 87).

Donde se ha perfeccionado el amor, se guarda la ley y el yo no encuentra lugar. Los que aman a Dios en forma suprema trabajan, sufren y viven para quien dio su vida por ellos. Podemos guardar la ley solo apropiándonos de la justicia de Cristo. Cristo dice: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Cuando recibimos el don celestial, la justicia de Cristo, encontraremos que se ha provisto para nosotros la gracia de Cristo, y que los recursos humanos son impotentes. Jesús dio el Espíritu Santo en medida abundante para las grandes emergencias, para ayudamos en nuestras debilidades, para damos fuerte consolación, para iluminar nuestras mentes, y para purificar y ennoblecer nuestros corazones. Cristo llega a ser para nosotros sabiduría, justificación, santificación y redención (Reflejemos a Jesús, p. 95).

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Lección 6 // Lunes 31 de julio_________________________________________

LA FE Y LA LEY

Pablo abogó vehementemente en favor de la supremacía de la fe en la relación de una persona con Dios. Enfatizó repetidas veces que ni la circuncisión ni ninguna otra “obra de la Ley” son un requisito para la salvación, “por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gál. 2:16). De hecho, no son las obras de la Ley sino la fe lo que constituye la marca distintiva del creyente (Gál. 3:7). Esta repetida negación de las obras de la Ley suscita la pregunta: “Entonces, la Ley ¿no tiene absolutamente ningún valor? ¿Desechó Dios completamente la Ley?”

Debido a que la salvación es por la fe y no por obras de la Ley, ¿está diciendo Pablo que la fe abolió la Ley? ¿Qué nos enseñan los siguientes textos? Compara Romanos 3:31 con Romanos 7:7 y 12; 8:3; y Mateo 5:17 al 20.

Romanos 3:31

31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

Romanos 7:7 & 12

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.

 

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

Romanos 8:3

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

La exposición de Pablo en Romanos 3 es análoga a su comentario sobre la fe y la Ley en Gálatas. Al presentir que sus afirmaciones podrían llevar a algunos a concluir que está exaltando la fe a expensas de la Ley, Pablo hace la pregunta retórica: “¿Luego por la fe invalidamos la ley?” (Rom. 3:31). La palabra traducida como “invalidar” en este texto es katargeo. Pablo utiliza esta palabra con frecuencia, y se la puede traducir como “hacer nula” (Rom. 3:3), “abolir” (Efe. 2:15), “perder su poder” (Rom. 6:6, NVI), o incluso “destruir” (1 Cor. 6:13). Indudablemente, si Pablo hubiese deseado apoyar la idea de que la Ley de alguna manera había sido abolida en la Cruz, como afirman algunos hoy, este habría sido el momento. Pero Pablo no solamente niega esa idea con un enfático “no”, ¡sino también, en realidad, afirma que su evangelio “confirma” la Ley!

“El plan de la justificación por la fe revela cómo respetó Dios su Ley, cuando fijó y proveyó el sacrificio expiatorio. Si la justificación por la fe invalidase la Ley, entonces no habría habido necesidad de la muerte expiatoria de Cristo para liberar al pecador de sus pecados y restablecer su paz con Dios.

“Además, la fe genuina implica en sí misma una disposición sin reservas a cumplir con la voluntad de Dios mediante una vida de obediencia a su Ley. La fe verdadera, basada en amor pleno por el Salvador, solo puede inducir a la obediencia” (CBA 6:506).

Piensa detenidamente en todo lo que implicaría si Pablo efectivamente hubiera dado a entender que la fe anula la necesidad de guardar la Ley. Entonces, por ejemplo, el adulterio, el robo e incluso el homicidio ¿dejarían de ser pecados? Piensa en la tristeza, el dolor y el sufrimiento que podrías ahorrarte si simplemente obedecieras la Ley de Dios. ¿Qué sufrimientos has padecido absolutamente como resultado de la desobediencia a la Ley de Dios?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Día lunes y miércoles juntos. El estudio del día miércoles toca el tema “La Duración de la ley de Dios” creemos que en el estudio de este día lunes,  cubrimos el estudio del día miércoles.

Romanos 3:31

31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

El tema de estudio para ayer domingo fue “La ley y la fe” y el tema para hoy es “La fe y la ley”

Esto nos lleva a formularnos varias preguntas:

-¿No es el mismo tema para los dos días?

-¿Qué tratan de enseñarnos con estos títulos tan semejantes?

En esta ocasión ¿el orden de los factores altera el producto?

¿Qué vino primero, la ley o la fe?

¿Cuánto tiempo perdura la ley y cuánto tiempo perdura la fe?

Aquí  encontramos dos pactos hechos en diferentes momentos y con diferentes personas.

Abraham es el padre del mundo judío. Dios le entrega un pacto, y ese pacto es el pacto de la fe.  Pero  a sus descendientes, alrededor de cuatrocientos años más tarde, se les entrega otro pacto, y ese pacto es el pacto de la ley.

Sin importar lo que los pactos establecen, los dos pactos tienen algo en común; ese factor que tienen en común se llama obediencia.  Para que la fe funciones al pie de la letra se requiere obediencia. Lo mismo sucede con la ley: para que la ley funcione al pie de la letra se necesita obediencia.

Abraham tiene que obedecer por fe las indicaciones orales que Dios le transmite, y el pueblo de Israel tiene que obedecer las ordenanzas que Dios le transmite, a través de una ley escrita.  

En estos dos pactos prácticamente lo que cambia es la forma en que se entrega: la fe se entrega verbalmente, la ley se entrega en forma escrita.

La obediencia es la plataforma indispensable que Dios propone como requisito para cumplir las promesas de los pactos.

Ahora viene la pregunta: ¿Qué pacto vino primero al mundo: el pacto de la ley o el pacto de la fe?

La ley de Dios es eterna, ha existido por la eternidad y seguirá existiendo por la eternidad. Mientras Dios exista, existirá su ley, ya que su ley es la que mantiene al universo en un perfecto orden, armonía  y desarrollo.

Por el otro lado, la fe es temporal. La fe, la esperanza, la oración, el perdón y el consuelo, entre otros, son herramientas temporales que Dios tuvo que diseñar después de la caída, para ayudar y guiar al hombre a fin de que encuentre el camino que lo lleva de regreso a su antiguo hogar.

La fe era una palabra que no existía en el diccionario del hombre en el Edén. El vocablo fe y sus implicaciones surgieron para el aprendizaje humano al momento de la caída. Nuestros primeros padres tuvieron que aprender las vivencias de la fe a la puerta del Edén, cuando se vieron expulsados de su amado hogar, custodiados por dos poderosos ángeles.

La fe no es eterna. La fe no se necesitará más cuando entremos a la patria celestial y podamos contemplar el rostro de Dios. La fe logrará conseguir su diploma de graduación, cuando Cristo logre introducir al hombre por las puertas de los cielos.

Allí, en esas mismas puertas del cielo, diremos adiós a la fe, a la esperanza, a la oración, a la confesión y a todos esos dones espirituales que nos prestó Dios para poder volver a morar en su presencia.  

En conclusión, la ley es eterna, la ley es primero: precedió a la fe. En cambio, la fe es temporal, la fe vino después de la ley. 

Pero, a pesar de esta conclusión, comprendemos claramente que no somos salvados por la ley, sino por la fe.

-La fe es una herramienta especial que Dios fabricó para salvar, para rescatar al hombre, mientras éste se encuentra en estado de perdición.

-La fe es una herramienta especial que trata de reparar una ley que el hombre despedazó.

A pesar de que somos salvados por la fe, Pablo pregunta -¿Luego por la fe invalidamos la ley?- Y él mismo nos contesta: -En ninguna manera, sino que confirmamos la  ley.-

La ley es escrita en el corazón de los hombres de una forma natural sin importar en que época o lugar nace. En el monte Sinaí la ley fue solamente re-publicada. La fe está relacionada con el evangelio, la fe anuncia las buenas nuevas de salvación.

La ley y la fe son dos grandes fuerzas morales que existen en este mundo, y tenemos que verlas desde estas realidades:

-Su Autor es el mismo: Dios

-Su principio es el mismo: el amor

-Su propósito es el mismo: el bienestar espiritual y felicidad del hombre

-La ley se dirige al hombre como criatura, mientras que la fe si dirige al hombre como pecador.

-La ley viene al hombre y lo enfrenta como un ser racional y responsable, exigiéndole un comportamiento correcto y respetoso, tanto para con su Creador, como con el resto de las criaturas. La fe, por el contrario, se enfrenta al hombre como un ser arruinado por el pecado y le ofrece asistencia y restauración espiritual.

-La ley habla al hombre con un lenguaje imperativo, mientras que la fe le habla al hombre con el lenguaje compasivo.

-La ley denuncia y exhibe al hombre en sus pecados, mientras que la fe liberta y justifica al hombre de sus pecados.

-La ley prepara al hombre para que reconozca su verdadera situación pecaminosa, y así pueda recibir la salvación por medio de la fe.

Para el inconverso, la ley:

-Lo restringe y lo limita de la transgresión

-Le trae luz respecto a la transgresión

-Lo convence de su estado transgresor

-Lo prepara para buscar y recibir la misericordia de Dios

Para el converso, la ley:

-Es la regla con la cual debe ser gobernado

-Le sirve para advertir y prevenir en contra del pecado

-Le hace sentirse agradecido por el privilegio de disfrutar la ley

-Lo mantiene en una estrecha dependencia, muy cerca de Jesús, ya que el juicio final será de acuerdo con las provisiones de la ley

¿Cómo podemos invalidar la ley?

-No predicándola ni enseñándola

-Enseñando que la fe no tiene necesidad de la ley

-Continuando en el pecado

-Menospreciando a Cristo, su Autor

 

¿Cómo podemos validar la ley?

-Enseñando la necesidad de la santidad

-Estableciéndola en nuestros corazones y vidas

-Obedeciéndola por fe

-Amando a Cristo, su Autor

Hay quienes creen que en la mayoría de textos, el apóstol Pablo ensalza la fe y ataca la ley. Pero no hay tal cosa. Si tenemos mucho cuidado en leer lo que el apóstol escribe, vamos a descubrir que Pablo no está atacando la ley; lo que él está atacando es el legalismo. Es decir, él está atacando la idea de creer que el cielo se gana por el acto de guardar la ley.

El mensaje de Pablo es que el principio de la fe no puede ser sustituido por la obediencia externa de una ley que es imposible de guardar completamente.

Pablo no ataca la ley, sino el legalismo; por eso encontramos varios textos en los que él confirma la ley.

Romanos 3:31

31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

Romanos 7:7, 12

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Ningún arrepentimiento que no obre una reforma es genuino. La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad para con Dios: es la entrega total del corazón y la vida para que revelen los principios del cielo (El Deseado de todas las gentes, p. 509).

Cristo es el abogado del pecador. Los que aceptan su evangelio lo contemplan a cara descubierta; ven la relación de su misión con la ley, y reconocen la sabiduría de Dios y su gloria como reveladas por el Salvador. La gloria de Cristo se revela en la ley, la cual es una representación de su carácter, y la eficacia transformadora de él se siente en el alma hasta que los hombres llegan a ser transformados a su semejanza. Son hechos participantes de la naturaleza divina, y crecen más y más a semejanza de su Salvador, avanzando paso tras paso en conformidad con la voluntad de Dios, hasta que alcanzan la perfección.

La ley y el evangelio están en perfecta armonía. El uno sostiene al otro. La ley se enfrenta con toda su majestad a la conciencia, haciendo que el pecador sienta su necesidad de Cristo como la propiciación por el pecado. El evangelio reconoce el poder y la inmutabilidad de la ley. “Yo no conocí el pecado sino por la ley”, declara Pablo. El significado del pecado, inculcado por la ley, impulsa al pecador hacia el Salvador; y el hombre, en su necesidad, puede presentar los poderosos argumentos proporcionados por la cruz del Calvario; puede reclamar la justicia de Cristo, pues es impartida a cada pecador arrepentido (Comentarios de Elena G. de White enComentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1096).

Jesús, nuestro Sustituto, aceptó cargar por el hombre con la penalidad de la ley transgredida. Cubrió su divinidad con humanidad y de ese modo llegó a ser el Hijo del Hombre, un Salvador y Redentor. El hecho mismo de la muerte del amado Hijo de Dios a fin de redimir al hombre, muestra la inmutabilidad de la ley divina. ¡Cuán fácilmente, desde el punto de vista del transgresor, Dios podría haber abolido su ley, proveyendo así una vía por la cual los hombres pudieran salvarse y Cristo permanecer en el cielo! La doctrina que enseña libertad, mediante la gracia, para quebrantar la ley, es un engaño fatal. Todo transgresor de la ley de Dios es un pecador, y nadie puede ser santificado mientras vive conscientemente en pecado.

La condescendencia y la agonía del amado Hijo de Dios no fueron soportadas para concederle al hombre libertad para transgredir la ley del Padre y no obstante sentarse con Cristo en su trono. Fueron para que mediante los méritos de Jesús, y el ejercicio del arrepentimiento y la fe, hasta el pecador más culpable pudiera recibir perdón y obtener fortaleza para vivir una vida de obediencia. El pecador no es salvado en sus pecados, sino de sus pecados (Fe y obras, pp. 29, 30).

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Martes 1º de agosto // Lección 6_______________________________________

EL PROPÓSITO DE LA LEY

En Gálatas 3:19 al 29, Pablo hace múltiples referencias a “la ley”. ¿A qué ley se está refiriendo Pablo primordialmente en esta sección de Gálatas?

Gálatas 3:19-29

19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.  20 Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno.  21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.  22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.  23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.  24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.  25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,  26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;  27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.  28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.  29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Algunos, creyendo que la palabra “hasta”, en el versículo 19, indica que esta ley era solamente temporal, han pensado que el pasaje debe referirse a la ley ceremonial, porque el propósito de esa ley se cumplió en la Cruz y así llegó a su fin. Aunque esto por sí solo tiene sentido, no pareciera ser lo que está diciendo Pablo en Gálatas. Aunque tanto la ley ceremonial como la Ley moral fueron “añadidas” en el Sinaí por causa de las transgresiones, al considerar la siguiente pregunta veremos que Pablo parece tener en mente principalmente la Ley moral.

¿Dice Pablo que la Ley fue añadida? ¿A qué fue añadida, y por qué? Compara Gálatas 3:19 con Romanos 5:13 y 20.

Gálatas 3:19

19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.

Romanos 5:13 & 20

13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.

20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;

Pablo no está diciendo que la Ley fue añadida al pacto con Abraham, como si fuera algún tipo de apéndice a un testamento que modificaba las cláusulas originales. La Ley había estado en existencia mucho antes del Sinaí (ver el estudio de mañana). Pablo está diciendo, más bien, que la Ley fue dada a Israel con un propósito completamente diferente. Era para dirigir al pueblo nuevamente a Dios y a la gracia que él ofrece a todos los que acuden a él por fe. La Ley nos revela nuestra condición pecaminosa y nuestra necesidad de la gracia de Dios. La Ley no tenía la finalidad de ser algún tipo de plan para “ganarse” la salvación. Al contrario, fue dada, dice Pablo, “a fin de que […] el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso” (Rom. 5:20); es decir, mostrarnos con más claridad el pecado en nuestra vida (Rom. 7:13).

Mientras que la ley ceremonial señalaba al Mesías, y enfatizaba la santidad y la necesidad de un Salvador, es la Ley moral, con sus prohibiciones, la que revela el pecado, que nos muestra que el pecado no es solamente una parte de nuestra condición natural, sino también efectivamente es una transgresión de la Ley de Dios (Rom. 3:20; 5:13, 20; 7:7, 8, 13). Por eso, Pablo dice: “Donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (Rom. 4:15). “La Ley actúa como una lupa. La lupa en realidad no aumenta la cantidad de manchas que ensucian una prenda de vestir, pero las hace más visibles y revela más manchas pequeñas que las que se pueden ver a simple vista”.–William Hendriksen, New Testament Commentary, Exposition on Galatians, p. 141.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. (Gálatas 3)

El versículo de estudio para este día confunde a muchas personas.

La palabra hasta hace a muchos cristianos razonar de una manera equivocada con respecto a la ley y ésta es la manera equivocada en que ellos razonan y enseñan el tema de la ley y de la fe:

1-Ellos creen que la ley sólo tiene que ver con la transgresión y creen que la fe sólo tiene que ver con la santidad.

2-Con la palabra hasta que se encuentra en este texto,  ellos llegan a la conclusión de que la ley es temporal, que solamente cubría la etapa desde el Sinaí hasta la venida del Mesías.

3-Ellos creen que con el versículo de este día, la ley no fue dada directamente, sino que fue una mediación hecha por los ángeles y por Moisés.

Con la ayuda divina, vamos a tratar de aclarar los tres razonamientos equivocados que nuestros hermanos de otros credos tienen con respecto a este versículo.

1-Ellos creen que la ley sólo tiene que ver con la transgresión y creen que la fe sólo tiene que ver con la santidad.

Hasta cierto punto esta manera de razonar es válida, pero no lo es toda su extensión. La ley nos conduce a Cristo, a pesar de que la ley nos enseña el pecado y nos muestra nuestras transgresiones, la Biblia dice que “el fin de la ley es Cristo”. Por lo tanto la ley no sólo negocia con la transgresión del hombre, sino que también negocia con la santidad.

Es a través de la obediencia a la ley de Dios, que uno comienza a dar los pasos en la santidad. Al que robaba la ley le enseña que eso es pecado y le dice: No robes más; al que mentía, ordena: Trata de no hacerlo más. Todos esos cambios directa o indirectamente tienen que ver con la santidad. Dejar de transgredir la ley de Dios es acercarnos a la santidad.

2-Con la palabra hasta llegan a la conclusión de que la ley es algo temporal, que solamente cubría la etapa desde el Sinaí hasta la venida del Mesías.

Hay otro texto bíblico que muchas veces lo citan nuestros hermanos que no guardan la ley. El texto nos pone a pensar un poco y está en Lucas 16: 16 “La ley y los profetas fueron hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es predicado, y todos se esfuerzan por entrar a él.”

Este es un texto bíblico muy controversial. Al leerlo rápidamente llegamos a la conclusión de que la ley y los profetas están terminando con el ministerio de Juan, como lo sugieren muchos teólogos de otras religiones.

Lo que el texto trata de decirnos es que hasta Juan estuvo el Antiguo Testamento, como la única guía para la salvación del hombre.

Hasta Juan los hombres habían tenido el Antiguo Testamento y los profetas como guía única de salvación. Pero a partir de Juan comienza una nueva etapa en la esfera divina.

Lo que los profetas habían anunciado por tanto tiempo, se cumplió con la venida de Cristo.

Todas las profecías escritas en el Antiguo Testamento llegaron al clímax de su realización con la aparición de Jesús como el Mesías, y Juan es el último profeta antes de la venida de Cristo, encargado de predicar, anunciar, presentar y bautizar al Mesías.

La clave en este texto es entender la palabra hasta.
Esta palabra no significa “culminación”, ”clausura” ni “finalización.”
Esta palabra expone una etapa de tiempo, un lapso o periodo de tiempo.

La palabra que se usa en el griego para HASTA es “MECHRI”.

Para entender este texto hay que estudiar otro texto bíblico que contenga la misma palabra “MECHRI” en griego, cuya traducción al castellano es “HASTA”.

Ese texto lo encontramos en Romanos 5: 14 y dice así: “14-No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta (MECHRI) Moisés…” ¿Está diciendo este texto que la muerte sólo existió desde Adán hasta Moisés? ¿Quiere decir que desde Moisés hacia acá nadie muere? Si eso fuera verdad, que después de Moisés nadie muere, entonces se puede aceptar que la ley terminó con Juan.

Penosamente todos seguimos muriendo. Entonces concluimos en que la palabra griega “MECHRI” en este caso no significa terminación, sino una determinada etapa de tiempo. 

De la misma manera en que todos los humanos seguimos muriendo, es exactamente como la ley de Dios sigue vigente, ya que la palabra “MECHRI” tampoco significa terminación de la ley, sino el final de una etapa de tiempo.

“La ley y los profetas fueron hasta Juan”

La palabra “MECHRI” no quiere decir que la ley terminó con Juan. Lo que el texto nos está tratando de decir es que hasta Juan estuvo el Antiguo Testamento, como la única guía para la salvación del hombre. Hasta Juan los hombres habían tenido el Antiguo Testamento y los profetas como exclusiva guía de salvación. Pero a partir de Juan, comienza una nueva etapa en la esfera divina. Lo que los profetas habían anunciado por tanto tiempo, se cumplió con la venida de Cristo.

En griego la palabra MECHRI no significa terminación, significa una etapa de tiempo.

19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. (Gálatas 3)

Es interesante notar que la palabra “hasta” que se usa en este texto, no es la palabra MECHRI, sino es la palabra ACHRI.  La Palabra ACHRI, sí denota una terminación de tiempo, o una finalización de una etapa.

En la Biblia encontramos la palabra ACHRI por lo menos cuarenta y cuatro veces; por ejemplo, la encontramos en el libro de Mateo 24 que dice: 38 pues así como en los días antes del diluvio la gente comía y bebía, y se casaba y daba en casamiento, hasta (ACHRI) el día en que Noé entró en el arca”.

También encontramos esta palabra en el libro de Lucas 1 donde dice: 18 Zacarías le preguntó al ángel: «¿Y cómo voy a saber que esto será así? ¡Yo estoy ya muy viejo, y mi esposa es de edad avanzada!» 19 El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, y estoy en presencia de Dios. He sido enviado a hablar contigo para comunicarte estas buenas noticias. 20 Pero como no has creído mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo, ahora vas a quedarte mudo, y no podrás hablar hasta (ACHRI) el día en que esto suceda.»”

Entonces viene la pregunta: si Pablo sabía que la ley de Dios es eterna, como está escrito en otros muchos textos de la Biblia ¿por qué usa la palabra ACHRI en este texto, dando a entender que hay una terminación para la ley a la venida del Mesías?

La respuesta a eso no la sabemos a ciencia cierta, sólo podemos especular:

-Posiblemente Pablo está hablando de alguna parte específica de la ley ceremonial

-Posiblemente Pablo no está hablando de la ley en sí, sino de la condenación de la ley, que está en todo su efecto, hasta que Cristo muere en la cruz.

Lo único que podemos decir es que hay decenas de textos bíblicos, de pasta a pasta de la Biblia, que nos confirman que la ley de Dios, es una ley eternal, que no cambia, que es la justicia de Dios, en todo el universo entero, y que es por siempre válida para la humanidad pecadora.

3-Ellos creen que con el versículo de este día, la ley no fue dada directamente, sino que fue una mediación hecha por los ángeles y por Moisés.

19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. (Gálatas 3)

Este versículo posiblemente se está refiriendo a Deuteronomio 33, donde explica que los ángeles fueron testigos cuando Dios entregó su ley a los hombres:

Deuteronomio 33: 2 “Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció del monte de Parán, y vino con diez mil santos; a su diestra la ley de fuego para ellos.”

La mayoría de los cristianos, cuando pensamos en las tablas de piedra de la ley, siempre nos imaginamos dos tablas de piedra de color gris. Pero esa idea no la tienen los judíos; ellos judíos enseñan que las tablas de piedra eran de color azul, que es el mismo color de la piedra de zafiro. Dicho en otras palabras, para ellos, las tablas de la ley eran de zafiro. Además, los judíos enseñan que las tablas de la ley de Dios, fueron arrancadas del mismo trono de Dios, o sea que Dios usó parte de su trono para entregar al hombre el más fino documento que el Cielo haya podido entregar al humano.

Dicho sea de paso, los diez mandamientos, es la única porción de la Biblia que no fue inspirada por Dios a los hombres, sino que fue escrita directamente por Dios.

La piedra significa duración eterna, pero también la piedra se puede quebrar. Esto significa que esa ley es eterna, pero también se puede quebrar.

Éxodo 24 dice: Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; 10 y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.”

Esta impresionante postal la encontramos en la altura del monte Sinaí. Dios había descendido al monte, y su trono se había asentado sobre el monte, y alrededor de su trono todo se había convertido del mismo material del trono de Dios, que es zafiro. Podríamos decir entonces que el trono de Dios había inundado, derretido y convertido toda la tierra alrededor del trono en zafiro, incluyendo el suelo donde Dios tenía sus pies.

Ezequiel en el capítulo 1 describe el trono de Dios, y dice: 26 Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él.”

Con estos textos llegamos a la conclusión de que el trono de Dios es de zafiro y es color azul, (“semejante al cielo cuando está sereno.”) y si el trono de Dios había inundado la parte del monte Sinaí donde él se había asentado, cabe la posibilidad de que en verdad las tablas de los mandamientos eran de piedras de zafiro, y de color azul. Ya sea que Dios haya tomado las tablas de piedra de su mismo trono o de sus alrededores, toda esa porción de tierra alrededor del trono de Dios, en ese momento se había fundido, o derretido y convertido en zafiro.

En el libro de Números capítulo 15 encontramos una orden muy peculiar que Dios da a Israel: “37Y Jehová habló a Moisés, diciendo: 38 Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. 39Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os prostituyáis. 40 Para que os acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro Dios.”

Interesantemente, Dios quiere que el cordón azul de sus vestidos, les haga recordar los mandamientos dados por él. El color azul es el color oficial de los israelitas hasta el día de hoy, tanto a nivel gubernamental, como a nivel eclesiástico, en la religión hebrea.

La bandera de Israel es color blanco con franjas azules; el blanco representa la severidad de Dios a través de su justicia y el color azul representa los diez mandamientos de Dios; la estrella de color azul que está al centro de la bandera, es la estrella de David, que significa trono perpetuo a través de Jesucristo.

En Isaías 54, Dios está hablando de Israel y de su gran amor para con la nación, y él les dice: 11 Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré.”

Posiblemente los judíos tienen razón cuando enseñan que las tablas de piedra no fueron piedras comunes y corrientes, sino que fueron tablas especiales, tablas azules, tablas de zafiro, del mismo material del trono de Dios; la Biblia dice; “Justicia y juicio es el trono de Dios”.

En los Estados Unidos de Norte América, todas las leyes que tengan que ver con el tema de religión se llaman “Leyes Azules”. Por el momento no hay ninguna “Ley Azul” pendiente en la cámara baja ni en la cámara de los representantes, que son las dos antesalas para que una ley logre llegar al Senado; en el Senado es donde se vota a favor o en contra de una ley.

Muy pronto las “leyes azules” comenzarán a aparecer en las mesas de los legisladores de la última potencia bíblica de esta tierra como lo es los Estados Unidos de Norte América. Este país protege tres asuntos fundamentales que son: la libertad religiosa, la libertad de culto, y la libertad de expresión. Cuando aparezcan nuevas “leyes azules” en los Estados Unidos, tendrán como objetivo eliminar estos tres principios benditos del humano, y cuando esto pase, el fin de este mundo estará a las puertas.

Hay que recordar que las primeras tablas de los mandamientos fueron hechas por Dios, pero esas tablas son las que fueron quebradas por Moisés. Las segundas tablas, no fueron hechas por Dios, esas tablas fueron hechas por Moisés, quien rompió el delicado y fino trabajo de Dios; a él le tocó reponer el daño hecho.

15Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. Éxodo 32

1- Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. 2Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. 3Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. 4Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. Éxodo 34

 

LOS DUEÑOS DE LA LEY

Deuteronomio 30: 10 Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

2 Reyes 10: 31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.

San Juan 15 :10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como también yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

 Los dueños de la ley de Dios, son el Padre y el Hijo, los dos se llaman Jehová

Génesis 15:24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;

San Juan 10: 30 Yo y mi Padre uno somos.

 

EL ESCRITOR DE LA LEY

Éxodo 31: 18 “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

Deuteronomio 9: 10 y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito conforme a todas las palabras que os habló Jehová en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea.”

¿Quién es “el dedo de Dios”? Hay cuatro textos en la Biblia que mencionan “el Dedo de Dios” El primer texto en la Biblia donde aparece esta expresión es en Éxodo 8: 19 “Entonces los encantadores dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.”

El cuarto texto y último en la Biblia que menciona esta frase se encuentra en Lucas 11: 20 “Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.”

 ¿Quién es el dedo de Dios? La respuesta clara la encontramos en Mateo 12: 28 “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.”

El “Dedo de Dios” es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo estuvo presente en toda la vida de Jesús.

El Espíritu Santo ha sido el encargado de escribir la ley en los corazones de los hombres.

Ezequiel 36: 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis decretos y los pongáis por obra.

Romanos 12: 15 “ya que muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, su conciencia dando testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiéndolos,” (Biblia de las Américas)

El Espíritu Santo es el escritor por excelencia, él sabe escribir sobre la piedra, sobre el corazón y aun sobre la conciencia.

 LOS TESTIGOS DE LA LEY

Deuteronomio 33: 2 “Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció del monte de Parán, y vino con diez mil santos; a su diestra la ley de fuego para ellos.”

Salmos 68:17 “Los carros de Dios son veinte mil, y más millares de ángeles. El Señor está entre ellos, como en el Sinaí, así en el santuario.”

Hechos 7: 53 “Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.”

Hebreos 2: 2 “Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución”

“Entonces los truenos cesaron; ya no se oyó la trompeta; y la tierra quedó quieta. Hubo un plazo de solemne silencio y entonces se oyó la voz de Dios. Rodeado de un séquito de ángeles, el Señor, envuelto en espesa oscuridad, habló desde el monte y dio a conocer su ley. Moisés al describir la escena, dice: “Jehová vino de Sinaí, de Seir los alumbró, resplandeció desde el monte de Parán, avanzó entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha. Aún amó a su pueblo; todos los consagrados a él estaban en su mano. Por tanto, ellos siguieron tus pasos, recibiendo dirección de ti”. Deuteronomio 33:2, 3. – {PP 277.1}

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

“Por medio de la ley —dice Pablo— es el conocimiento del pecado”. “Yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 3:20; 7:7). Algunos que trabajan en la Palabra y la doctrina no tienen una comprensión práctica de la ley de Dios y sus santos requerimientos, ni de la expiación de Cristo. Ellos mismos necesitan convertirse antes que puedan convertir a los pecadores.

No se presta atención al fiel espejo que puede revelar los defectos del carácter; por lo tanto, la deformidad y el pecado existen, y son evidentes para los demás, aunque los que están en el error no se den cuenta de su existencia. El odioso pecado del egoísmo existe en gran proporción, aun en algunos que profesan estar dedicados a la obra de Dios. Si compararan su carácter con sus requerimientos, especialmente con la gran norma, su santa, justa y buena ley, se cerciorarían, si se examinaran seria y honestamente, de que son tremendamente deficientes. Pero algunos no están dispuestos a ir lo suficientemente lejos y penetrar lo suficientemente profundo como para ver la maldad de sus propios corazones. Son deficientes en muchos aspectos; sin embargo permanecen en una voluntaria ignorancia de su culpabilidad, y están tan empeñados en cuidar de sus propios intereses que Dios no se interesa por ellos (Romanos 8:18) (Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 454, 455).

Pablo había exaltado siempre la ley divina. Había mostrado que en la ley no hay poder para salvar a los hombres del castigo de la desobediencia. Los que han obrado mal deben arrepentirse de sus pecados y humillarse ante Dios, cuya justa ira han provocado al violar su ley; y deben también ejercer fe en la sangre de Cristo como único medio de perdón. El Hijo de Dios había muerto en sacrificio por ellos, y ascendido al cielo para ser su abogado ante el Padre. Por el arrepentimiento y la fe, ellos podían librarse de la condenación del pecado y, por la gracia de Cristo, obedecer la ley de Dios (Los hechos de los apóstoles, p. 315).

La fe salvadora no es un mero asentimiento intelectual a la verdad. El que aguarda hasta tener un conocimiento completo antes de querer ejercer fe, no puede recibir bendición de Dios. No es suficiente creer acerca de Cristo; debemos creer en él. La única fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que nos pone en posesión de sus méritos. Muchos estiman que la fe es una opinión. La fe salvadora es una transacción por la cual los que reciben a Cristo se unen con Dios mediante un pacto. La fe genuina es vida. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza implícita por la cual el alma llega a ser una potencia vencedora.

El apóstol Pablo presenta claramente la relación que existe entre la fe y la ley bajo el nuevo pacto. Dice: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. “¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley”. “Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne [no podía justificar al hombre, porque éste en su naturaleza pecaminosa no podía guardar la ley], Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu” (Romanos 5:1; 3:31; 8:3, 4) (La maravillosa gracia de Dios, p. 140).

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Lección 6 // Miércoles 2 de agosto_____________________________________

LA DURACIÓN DE LA LEY DE DIOS

La declaración de Pablo de que la Ley fue añadida en el monte Sinaí ¿significa que esta no existía con anterioridad? Si la respuesta es no, ¿cuál era la diferencia antes y después del monte Sinaí? Lee Génesis 9:5 y 6; 18:19; 26:5; 39:7 al 10; y Éxodo 16:22 al 26.

Génesis 9:5-6

Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre.  El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.

Génesis 18:19

19 Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.

Génesis 26:5

por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.

Génesis 39:7-10

Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo.  Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene.  No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?  10 Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella,

Éxodo 16:22-26

22 En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés.  23 Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo,[a] el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana.  24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió.  25 Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo[b] para Jehová; hoy no hallaréis en el campo.  26 Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo;[c] en él no se hallará.

Dios no necesitaba revelarle su Ley a Abraham con truenos, relámpagos ni con una pena de muerte (Éxo. 19:10-23). ¿Por qué, entonces, Dios les dio la Ley a los israelitas de esta manera? Fue porque, durante su esclavitud en Egipto, los israelitas habían perdido de vista la grandeza de Dios y sus elevados principios morales. Como resultado, debían tomar conciencia de la gravedad de su propia pecaminosidad y de la santidad de la Ley de Dios. La revelación en el Sinaí, sin duda, hizo exactamente eso.

¿Qué quiere decir Pablo cuando menciona que la Ley fue añadida “hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa”? Gálatas 3:16-19.

Gálatas 3:16-19

16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.  17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.  18 Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.  19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.

Muchos han pensado que este texto denota que la Ley dada en el monte Sinaí era temporal; que entró en vigencia 430 años después de Abraham y luego quedó sin efecto cuando vino Cristo. Sin embargo, esta interpretación está reñida con lo que dice Pablo acerca de la Ley en Romanos, como así también en otros pasajes de la Biblia, tales como Mateo 5:17 al 19.

El error que a menudo cometen los lectores con este pasaje es suponer que la palabra hasta siempre implica una duración limitada de tiempo. No es este el caso. Al describir a la persona que teme al Señor, Salmo 112:8 dice: “Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo”. ¿Significa esto que cuando triunfe se volverá temeroso? En Apocalipsis 2:25, Jesús dice: “Pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga”. ¿Quiere decir Jesús que una vez que él venga ya no necesitamos mantenernos fieles?

El papel de la Ley no terminó con la venida de Cristo. Continuará señalando el pecado, mientras exista la Ley. Lo que Pablo está queriendo decir es que la venida de Cristo marca un punto decisivo en la historia humana. Cristo puede hacer lo que la Ley nunca pudo hacer: proveer un remedio verdadero para el pecado; es decir, justificar a los pecadores y, mediante su Espíritu, cumplir su Ley en ellos (Rom. 8:3, 4).

¿Alguna vez has pensado para tus adentros: Si tan solo el Señor hiciera esto o aquello por mí, o lo de más allá, entonces nunca más dudaría de él ni lo cuestionaría? Sin embargo, piensa en lo que sucedió en el Sinaí, en la manifestación tan poderosa del poder de Dios que vieron los israelitas y, aun así, ¿qué hicieron? ¿Qué debería decirte esto en cuanto a qué es la verdadera fe y cómo podemos conservarla? (Ver Col. 2:6.)

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El estudio de este día está comprendido junto con el estudio del día lunes.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En los preceptos de su santa ley, Dios ha dado una perfecta norma de vida; y ha declarado que hasta el fin del tiempo esa ley, sin sufrir cambio en una sola jota o tilde, mantendrá sus demandas sobre los seres humanos. Cristo vino para magnificar la ley y hacerla honorable. Mostró que está basada sobre el anchuroso fundamento del amor a Dios y a los hombres, y que la obediencia a sus preceptos comprende todos los deberes del hombre. En su propia vida, Cristo dio un ejemplo de obediencia a la ley de Dios. En el sermón del monte mostró cómo sus requerimientos se extienden más allá de sus acciones externas y abarca los pensamientos e intentos del corazón (Hechos de los apóstoles, p. 402).

Jesús no se había espaciado en las especificaciones de la ley, pero no quería dejar que sus oyentes sacasen la conclusión de que había venido para poner de lado sus requerimientos. Sabía que había espías listos para valerse de toda palabra que pudiese ser torcida para servir su propósito. Conocía el prejuicio que existía en la mente de muchos de sus oyentes, y no dijo nada que pudiese perturbar su fe en la religión y las instituciones que les habían sido confiadas por medio de Moisés. Cristo mismo había dado la ley moral y la ceremonial. No había venido para destruir la confianza en sus propias instrucciones. A causa de su gran reverencia por la ley y los profetas, procuraba abrir una brecha en la muralla de los requerimientos tradicionales que rodeaban a los judíos. Mientras trataba de poner a un lado sus falsas interpretaciones de la ley, puso a sus discípulos en guardia contra la renuncia a las verdades vitales confiadas a los hebreos.

Los fariseos se jactaban de su obediencia a la ley; pero conocían tan poco de sus principios por la práctica diaria, que para ellos las palabras del Salvador eran como una herejía. Mientras él barría las inmundicias bajo las cuales la verdad había estado enterrada, los circunstantes pensaban que barría la verdad misma. Se murmuraban unos a otros que estaba despreciando la ley, pero él leyó sus pensamientos, y les dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir”. Así refutó Jesús el cargo de los fariseos. Su misión en este mundo consistía en vindicar los sagrados derechos de aquella ley que ellos le acusaban de violar. Si la ley de Dios hubiese podido cambiarse o abrogarse, Cristo no habría necesitado sufrir las consecuencias de nuestra transgresión. El vino para explicar la relación de la ley con el hombre, e ilustrar sus preceptos por su propia vida de obediencia (El Deseado de todas las gentes, p. 273).

Ahora bien, ya que te has consagrado al Señor Jesús, no vuelvas atrás, no te separes de él, mas repite todos los días: “Soy de Cristo; le pertenezco;” pídele que te dé su Espíritu y que te guarde por su gracia. Así como consagrándote a Dios y creyendo en él llegaste a ser su hijo, así también debes vivir en él. Dice el apóstol: “De la manera, pues, que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en él” (Colosenses 2:6) (El camino a Cristo, p. 52).

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Jueves 3 de agosto // Lección 6_______________________________________

LA SUPERIORIDAD DE LA PROMESA

En Gálatas 3:19 y 20, Pablo continúa su línea de pensamiento, que trata específicamente de que la Ley no anula el Pacto de la gracia; esto es importante, porque si la teología de sus oponentes fuera correcta la Ley haría justamente eso: lo anularía. Piensa, entonces, en cuál sería nuestra posición como pecadores si tuviéramos que depender de nuestra obediencia a la Ley, en oposición a la gracia de Dios, para salvarnos. Al final, quedaríamos sin esperanza.

Aunque los detalles de los comentarios de Pablo en Gálatas 3:19 y 20 son difíciles, su argumento básico es claro: la Ley es secundaria a la promesa, porque fue mediada por ángeles y por Moisés. La conexión de los ángeles en la recepción de la Ley no se menciona en Éxodo, pero sí se halla en varios otros lugares de la Escritura (Deut. 33:2; Hech. 7:53; Heb. 2:2). Pablo usa la palabra mediador en 1 Timoteo 2:5 en referencia a Cristo, pero sus comentarios aquí sugieren fuertemente que tiene en mente Deuteronomio 5:5, donde Moisés dice: “Yo estaba entonces entre Jehová y vosotros, para declararos la palabra de Jehová”.

Por más majestuosa que haya sido la entrega de la Ley en el Sinaí, con innumerables ángeles presentes, y por más importante que haya sido el papel de Moisés en la presentación de la Ley en ese momento, se trató de una entrega indirecta. En contraste, la promesa de Dios fue hecha directamente a Abraham (y, por ende, a todos los creyentes), pues no hubo necesidad de un mediador. Al fin y al cabo, por más importante que sea la Ley, no sustituye la promesa de la salvación mediante la gracia y la fe. Al contrario, la Ley nos ayuda a entender mejor cuán maravillosa es esa promesa realmente.

Describe la naturaleza de los encuentros directos de Abraham con Dios. ¿Qué beneficio hubo en ese contacto directo con Dios? Considera Génesis 15:1 al 6; 18:1 al 33; y 22:1 al 18.

Génesis 15:1-6

1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.  Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?  Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.  Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.  Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.  Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Génesis 18:1-33

1 Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día.  Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra,  y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo.  Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,  y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.  Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.  Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo.  Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron.  Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.  10 Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.  11 Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.  12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?  13 Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?  14 ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.  15 Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.  16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos.  17 Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,  18 habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?  19 Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.  20 Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,  21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.  22 Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová.  23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío?  24 Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?  25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?  26 Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.  27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.  28 Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.  29 Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor a los cuarenta.  30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.  31 Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.  32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.  33 Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar.

Génesis 22:1-18

1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.  Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.  Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.  Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.  Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.  Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.  Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?  Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.  Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.  10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.  11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.  12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.  13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.  14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.  15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,  16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;  17 de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.  18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.

Piensa en algunos de los encuentros que tuvieron otros personajes bíblicos con Dios: Adán y Eva en el Edén (Gén. 3); la escalera de Jacob (Gén. 28); Pablo, en el camino a Damasco (Hech. 9). Quizá no hayas experimentado algo tan dramático, pero ¿cómo se te ha revelado Dios personalmente? Pregúntate, también, si hay algo en tu vida personal que pueda estar impidiendo que tengas la clase de intimidad y proximidad que experimentó Abraham con Dios. Si es así, ¿qué pasos puedes dar para cambiar?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El estudio de este día es complementado con el espíritu de profecía.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La norma para medir el carácter es la ley real. La ley es la que descubre el pecado. Por la ley es el conocimiento del pecado; pero el pecador es constantemente atraído a Jesús por la maravillosa manifestación de su amor, pues él se humilló a sí mismo para padecer una muerte vergonzosa sobre la cruz. ¡Qué estudio es éste! Los ángeles han luchado y anhelado fervientemente entender este maravilloso misterio. Es un estudio que requiere el esfuerzo de la más alta inteligencia humana: que el hombre caído, engañado por Satanás, que se coloca al lado de Satanás en este asunto, pueda conformarse a la imagen del Hijo del Dios Infinito; que el hombre pueda ser como Cristo; que, debido a la justicia de Cristo dada al hombre, Dios amara al hombre —caído pero redimido— así como amaba a su Hijo. Leedlo en los oráculos divinos.

Este es el misterio de la piedad. Este cuadro es del más alto valor, y debe ser engarzado en todo discurso, debe ser colgado en los pasadizos de la memoria, debe ser anunciado por los labios humanos, debe ser presentado por seres humanos que han gustado y han visto que Dios es bueno. Esto es algo sobre lo cual debe meditarse, debe ser el tema de todo discurso… Debe ser elevado delante de los hombres. Cuando esto se mantiene delante de la gente, el mérito de la criatura se hunde en la insignificancia. Cuanto más se concentra la mirada sobre él, cuanto más se estudia su vida, sus lecciones, su perfección de carácter, tanto más pecaminoso y aborrecible aparecerá el pecado.

Por medio de la contemplación el hombre no podrá menos que admirar y ser más atraído hacia él; queda más encantado y con más deseos de ser semejante a Jesús, hasta que se asimile a su imagen y tenga la mente de Cristo. Anda con Dios como Enoc. Su mente queda llena de los pensamientos de Jesús (Mensajes selectos, t. 3, pp. 191, 192).

El corazón que ha abierto sus puertas a Jesús amará las verdades puras, que limpian y transforman, y con todo celo contenderá por la fe que una vez fue dada a los santos. No se detenga nadie sin hacer una entrega completa y sin reservas a Dios. Comenzad la obra en el corazón… Tenéis un alma que ganar o un alma que perder, y ésta es una cuestión demasiado importante para ser considerada con indiferencia.

Una de las oraciones más fervientes en la Palabra inspirada es “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio” (Salmo 51:10); y de Uno que nos amó y dio su vida por nosotros viene la grande e importante seguridad: “Os daré corazón nuevo” (Ezequiel 36:26) (That I May Know Him, p. 323; parcialmente en A fin de conocerle, p. 130).

Todos formamos parte de la gran tela de la humanidad, somos un hilo tejido junto a otros hilos para constituir la tela como un todo completo… Sed hilos de Dios para realizar sus designios (A fin de conocerle, p. 322).

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Lección 6 // Viernes 4 de agosto_______________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “Durante su servidumbre, el pueblo había perdido en gran medida el conocimiento de Dios y de los principios del pacto de Abraham. Al libertarlos de Egipto, Dios trató de revelarles su poder y su misericordia para inducirlos a amarlo y a confiar en él. Los llevó al mar Rojo, donde, perseguidos por los egipcios, parecía imposible que escaparan, para que pudieran ver su total desamparo y necesidad de ayuda divina; y entonces los libró. Así se llenaron de amor y gratitud hacia él, y confiaron en su poder para ayudarlos. Los ligó a sí mismo como su libertador de la esclavitud temporal.

“Pero había una verdad aún mayor que debía grabarse en sus mentes. Como habían vivido en un ambiente de idolatría y corrupción, no tenían un concepto verdadero de la santidad de Dios, de la extrema pecaminosidad de su propio corazón, de su total incapacidad para obedecer la Ley de Dios, y de la necesidad de un Salvador. Todo esto se les debía enseñar” (PP 388).

“La Ley de Dios, pronunciada con grandiosidad aterradora desde el Sinaí, es el dictamen de condenación para el pecador. Le corresponde a la Ley condenar, pero no hay en ella poder para perdonar o redimir. Es ordenada para vida; los que caminen en armonía con sus preceptos recibirán la recompensa de la obediencia; pero causa servidumbre y muerte para los que permanecen bajo su condenación” ”.—“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.094.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Piensa en todo este asunto de las promesas, especialmente las promesas incumplidas. ¿Cómo te sentiste con los que no cumplieron sus promesas contigo? ¿Hubo diferencia en el hecho de que la persona haya tenido la intención de cumplirla y, luego, no pudo o cambió de parecer, o si te diste cuenta de que la persona nunca tuvo la intención de cumplirla? ¿Qué sucedió con tu nivel de confianza después de que la promesa no se cumplió, por el motivo que fuera? ¿Qué significa para ti el hecho de saber que puedes confiar en las promesas de Dios? O, quizá, la pregunta debería ser: ¿Cómo puedes aprender a confiar en las promesas de Dios, por empezar?
  2. ¿En qué sentido estamos en peligro de corrompernos con nuestro entorno, al punto de perder de vista las verdades importantes que Dios nos ha dado? ¿Cómo podemos concientizarnos de cuáles son esas influencias corruptoras, y cómo podemos contrarrestarlas?

RESUMEN: La promulgación de la Ley en el Sinaí no invalidó la promesa que Dios le hizo a Abraham, ni tampoco alteró las cláusulas de la promesa. La Ley fue dada para que el pueblo pudiera captar la verdadera extensión de su pecaminosidad y reconocer su necesidad de la promesa que Dios les hizo a Abraham y a sus descendientes.

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
El Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2017

 

2 pensamientos en “LECCIÓN 6 – LA PRIORIDAD DE LA PROMESA – PARA EL 5 DE AGOSTO DE 2017

  1. muy buen comentario hermano que Dios siempre lo bendiga.

  2. Es interesante saber que las las leyes dominicales actuales que hay en los Estados Unidos son tambien llamadas leyes azules, son llamadas leyes azules a las leyes que no tienen gran relevancia. Sabemos que a satanas le gusta imitar todo lo que Dios hace y va a imponera esa ley azul (imitando el color del la ley de Dios) como el dia de descanso falso obligatorio oficial (ley dominical) a traves de la imagen de la Bestia, todo esta por cumplirse hay que estar preparados estudiando y predicando el mensaje de los tres Angeles y todo lo que esto envuelve!!!

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