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LECCIÓN 11 – LIBERTAD EN CRISTO – PARA EL 9 DE SEPTIEMBRE DE 2017

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 11: Para el 9 de septiembre de 2017

LIBERTAD EN CRISTO

Sábado 2 de septiembre_____________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 5:1-15; 1 Corintios 6:20; Romanos 8:1; Hebreos 2:14, 15; Romanos 8:4; 13:8.

PARA MEMORIZAR:

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gál. 5:13).

EN GÁLATAS 2:4, Pablo se refirió brevemente a la importancia de proteger la “libertad” que tenemos en Cristo Jesús. Pero ¿qué quiere decir Pablo cuando habla de “libertad”, lo cual hace tan a menudo? ¿Qué incluye esta libertad? ¿Cuán lejos llega esta libertad? ¿Tiene límites? Y, ¿qué conexión tiene la libertad en Cristo con la Ley?

Pablo aborda estas preguntas al advertir a los gálatas acerca de dos peligros. Primero, el legalismo. Los oponentes de Pablo en Galacia estaban tan enfocados en intentar obtener el favor de Dios por medio de su comportamiento que perdieron de vista la naturaleza liberadora de la obra de Cristo, de la salvación que ya tenían en Cristo por la fe. El segundo peligro es la tendencia a abusar de la libertad que Cristo obtuvo por nosotros, cayendo en el libertinaje. Quienes sostienen esta visión suponen erróneamente que la libertad es incompatible con la Ley.

Tanto el legalismo como el libertinaje se oponen a la libertad, porque ambos mantienen a sus adherentes en una forma de esclavitud. Sin embargo, la apelación de Pablo a los gálatas es que permanezcan firmes en la verdadera libertad que es su posesión merecida en Cristo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Entre sus oyentes, muchos eran atraídos a él con fe, y a éstos les dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”.

Estas palabras ofendieron a los fariseos. Pasando por alto la larga sujeción de la nación a un yugo extranjero, exclamaron coléricamente: “Simiente de Abraham somos, y jamás servimos a nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres?” Jesús miró a esos hombres esclavos de la malicia, cuyos pensamientos se concentraban en la venganza, y contestó con tristeza: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado”. Ellos estaban en la peor clase de servidumbre: regidos por el espíritu del maligno.

Todo aquel que rehúsa entregarse a Dios está bajo el dominio de otro poder. No es su propio dueño. Puede hablar de libertad, pero está en la más abyecta esclavitud. No le es dado ver la belleza de la verdad, porque su mente está bajo el dominio de Satanás. Mientras se lisonjea de estar siguiendo los dictados de su propio juicio, obedece la voluntad del príncipe de las tinieblas. Cristo vino a romper las cadenas de la esclavitud del pecado para el alma. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús —se nos dice— me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2) (El Deseado de todas las gentes, p. 431).

Hallaránse algunos con las mentes envilecidas por tanto tiempo que nunca llegarán a ser en esta vida lo que hubieran podido ser si hubiesen vivido en mejores circunstancias. Pero los brillantes rayos del Sol de justicia pueden alumbrar sus almas. Tienen el privilegio de poseer la vida que puede medirse con la vida de Dios. Sembrad en sus mentes pensamientos que eleven y ennoblezcan. Hacedles ver por vuestra vida la diferencia entre el vicio y la pureza, entre las tinieblas y la luz, y por vuestro ejemplo lo que significa ser cristiano. Cristo puede levantar a los más pecadores, y ponerlos donde se les reconozca por hijos de Dios y coherederos con Cristo de la herencia inmortal.

Por el milagro de la gracia divina, muchos pueden prepararse para una vida provechosa. Despreciados y desamparados, cayeron en el mayor desaliento y pueden parecer estoicos e impasibles. Pero bajo la influencia del Espíritu Santo, se desvanecerá la estupidez que hace parecer imposible su levantamiento. La mente lerda y nublada despertará. El esclavo del pecado será libertado. El vicio desaparecerá, y la ignorancia quedará vencida. La fe que obra con amor purificará el corazón e iluminará la mente (Ministerio de curación, p. 126).

Por el servicio del yo, las multitudes están atadas al servicio de Satanás. Son esclavos de sus propios impulsos y pasiones, que se hallan bajo el control del maligno. Al llamarlos a su servicio, Dios les ofrece libertad. La obediencia a Dios es libertad de la servidumbre del pecado, liberación de la pasión y del impulso humanos (Testimonios para los ministros, p. 247).

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Lección 11 // Domingo 3 de septiembre__________________________________

CRISTO NOS HA LIBERADO

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gál. 5:1).

Al igual que el grito de mando de un líder militar a sus tropas vacilantes, Pablo llama a los gálatas a no rendirse con respecto a su libertad en Cristo. La fuerza y la intensidad del tono de Pablo hacen que sus palabras prácticamente salten de la página a la acción. De hecho, esta parece ser justamente la intención de Pablo. Aunque este versículo está conectado temáticamente con lo que precede y lo que sigue, su aparición abrupta y la falta de conexiones sintácticas en griego sugieren que Pablo deseaba que este versículo se destacara como una enorme gigantografía. La libertad en Cristo resume todo el argumento de Pablo, y los gálatas estaban en peligro de entregarla.

Lee Gálatas 1:3 y 4; 2:16; y 3:13. ¿Cuáles son algunas de las metáforas utilizadas en estos versículos, y cómo nos ayudan a entender lo que Cristo ha hecho por nosotros?

Gálatas 1:3-4

Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo,  el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,

Gálatas 2:16

16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Gálatas 3:13

13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero,

Las palabras de Pablo, “la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gál. 5:1), pueden sugerir que tiene otra metáfora en mente aquí. La construcción de esta frase es similar a la fórmula utilizada en la liberación sagrada (manumisión) de un esclavo. Dado que los esclavos no tenían derechos legales, se suponía que una divinidad podía comprar su libertad y, a cambio, el esclavo, aunque era realmente libre, pertenecería legalmente a esa divinidad. Por supuesto, en la práctica, el proceso era ficción; era el esclavo el que depositaba el dinero por su libertad en la tesorería del templo. Considera, por ejemplo, la fórmula utilizada en una de las casi mil inscripciones encontradas en el templo de Apolo Pitio en Delfos, que datan de 201 a.C. a 100 d.C.: “Por libertad, Apolo el Pitio compró de Sosibo de Ámfisa una mujer esclava cuyo nombre es Nicaea […]. Sin embargo, el pago lo ha hecho Nicaea a Apolo por su libertad”.–Ben Witherington III, Grace in Galatia, p. 340.

Esta fórmula comparte una similitud básica con la terminología de Pablo, pero hay una diferencia fundamental. En la metáfora de Pablo, no hay ficción alguna. Nosotros no pagamos el precio de nuestra libertad (1 Cor. 6:20; 7:23). El precio era demasiado alto para nosotros. Éramos impotentes e incapaces de salvarnos a nosotros mismos, pero Jesús apareció e hizo por nosotros lo que no podíamos hacer por nuestra cuenta (al menos sin perder la vida). Él pagó la penalidad por nuestros pecados, liberándonos así de la condenación.

Examina tu propia vida. ¿Pensaste alguna vez que podrías salvarte tú mismo? ¿Qué debería decirte tu respuesta acerca de cuán agradecido debes estar por lo que se nos ha dado en Jesús?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

(Día domingo y día lunes juntos)
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)
 
¿Qué es libertad? Es la capacidad de seguir los dictados de la propia conciencia. Es la obediencia a uno mismo; es esa obediencia a esa ley que está escrita en el corazón del hombre. Pero ¿qué pasa si yo me obedezco a mí mismo, y yo mismo no estoy en lo correcto? Entonces mi libertad se convierte en una libertad mal encaminada; en vez de tener una buena y correcta libertad, consigo solamente el libertinaje. La libertad ocurre cuando la ley externa está en armonía con la ley interna del hombre, y si las dos leyes son buenas. El apóstol Pedro advierte que los cristianos no debemos usar la libertad que Cristo nos da para cubrir el mal; antes bien, hemos de vivir como siervos de Dios: como esclavos, carentes de libertad, sin libertad… para servir a Dios (1 Pedro 2:16).
 
Quizá podamos definir la libertad en otras palabras; pudiéramos decir que la libertad es la armonía existente entre la ley, la naturaleza y las inclinaciones del hombre. Esa armonía sólo se logra cuando sometemos nuestra voluntad a Cristo.
 
La ley es esencial para la libertad del hombre, pero la libertad del hombre requiere que la ley se comporte de acuerdo con los mejores intereses y con las más altas razones, para quienes van a obedecer la ley.  Es decir, que los mejores deseos que la ley demanda, pueden ser alcanzados por el hombre mediante el cumplimiento de sus mandatos; y que todo lo que la ley ordene, no despierte en la mente del hombre el sentimiento de injusticia ni de opresión.
 
¿Qué es la libertad cristiana? Examinemos las tres dimensiones temporales de la libertad cristiana:
 
En el pasado: Todos tenemos en nuestras vidas un pasado oscuro, o un desliz en nuestra historia. En el momento en que el hombre se encuentra con Cristo, cree en él y acepta su perdón, el hombre es completamente separado de su pasado pecaminoso. El hombre consigue libertad, libertad de su amargo pasado, libertad de sí mismo, y libertad de una conciencia que constantemente lo condenaba; su amargura ha quedado atrás y hoy goza de felicidad. ¡Eso es libertad cristiana! Eso es libertad de un pasado acusador.
 
En el presente: Si hemos recibido a Cristo en nuestros corazones, hemos sido perdonados, somos personas felices, sabemos que la felicidad que disfrutamos se la debemos a Cristo y la sentimos. Como consecuencia natural de tal sentimiento, no tenemos otro camino sino amar a Aquel que nos dio la libertad.  Nuestro deseo es agradar a Cristo, seguirlo fielmente, ser como él en todo y estar con él. Nuestra vida se ha vuelto una vida llena de amor, porque obedeciendo a Dios, nos estamos obedeciendo a nosotros mismos, la nueva vida que Cristo nos ha dado está en armonía con el corazón del humano. ¡Eso es la libertad cristiana! Libertad en un presente renovado.
 
 
En el futuro: Es una vista a la luminosa gloria venidera. En el cielo no hay lugares oscuros; vivimos en la tierra con la anticipación  de la hermosa vida del cielo, vivimos en la tierra experimentando la promesa de Jesucristo de que nunca nos abandonaría. Morir en esta tierra será cosa pequeña si morimos con la esperanza y la alegría de vivir en una tierra hermosa y perfecta por la eternidad. La libertad cristiana del futuro, es la certeza de que la tumba no podrá retenernos, cuando la argentina trompeta sea tocada para la resurrección de los santos. La libertad cristiana es la certeza de que la puerta del otro lado de la inmortalidad ya se nos abrió y se mantiene abierta, impacientemente regocijada, alborozada y ansiosa de extendernos la bienvenida. ¡Eso será la libertad cristiana! Libertad en un futuro glorificado.
 
Cristo nos ha libertado de siete grandes esclavizadores que existen en el mundo espiritual:
1-Las cadenas del pecado fueron rotas por el Espíritu de Cristo
2-La acusación de una conciencia quebrantada fue eliminada por la sangre de Cristo
3-La ira de Dios fue cambiada por la fe en la salvación que ofrece Cristo
4-La tiranía de Satanás fue aplastada por la victoria de Cristo
5-La maldición de la ley fue exterminada cuando Cristo satisfizo las exigencias de la ley
6-Las leyes ceremoniales llegaron a su fin cuando Cristo fue inmolado como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo
7-Las tradiciones y ordenanzas de los humanos fueron cambiadas por las instrucciones de Cristo
 
Pablo nos exhorta a mantenernos disfrutando constantemente de la plena libertad en Cristo; hemos de hacer caso omiso de los elementos que atentan contra esa dulce libertad. Éstos son algunos de los atentados más exitosos que existen en contra de nuestra libertad cristiana:
-Satanás y sus tentaciones seductoras
-Las malas compañías
-Los placeres ilícitos de la vida
-Las perplejidades y persecución
-Los traidores que atentan con minar los fundamentos correctos de las doctrinas de nuestra religión
 
Las causas más frecuentes para perder la libertad cristiana son las siguientes:
-La ignorancia de las responsabilidades y privilegios espirituales
-La confianza propia que nos conduce al descuido espiritual
-La naturaleza pecaminosa que poseemos de nacimiento
-El dar rienda suelta a los deseos y apetitos pecaminosos
 
Aunque no perdamos la libertad cristiana, éstos son algunos de los peligros peculiares a los que el cristiano suele exponerse involuntaria o inconscientemente:
-La constitución y el temperamento
-Las circunstancias de la vida
-Las dificultades, tristezas y preocupaciones de la vida
-La negligencia en el cumplimiento de los ejercicios espirituales
 
Algunas de las prácticas cristianas que nos ayudan a no perder nuestra libertad espiritual:
-El estudio y la lectura de la Biblia diariamente
-Una constante atención y ejercicio de la oración privada
-Un espíritu de vigilancia
-Una constante negación propia
-Un deseo y una lucha constante por cultivar la santidad
-El entusiasta deseo de testificar en favor de Cristo y su libertad
 
Tener libertad o ser libre, es lo mismo que ser pío, ser sabio, ser temperante, ser sobrio, ser fuerte y aguerrido; todo lo opuesto a esto, es ser esclavo. Se vuelven esclavos aquellos que usualmente no pueden gobernarse a sí mismos; siempre son conducidos a ser esclavos de lo que ellos aborrecen, y son forzados a someterse a una servidumbre involuntaria.
 
La libertad cristiana de la cual el apóstol nos habla tiene cuatro dimensiones:
 
La libertad cristiana es una libertad de fe: La fe recibe la verdad, toda la verdad en cuanto al pecado y a la redención. La fe hace al creyente creer y aceptar; bien sabemos que si conocemos la verdad, la verdad nos hará libres (Juan 8:32).
 
La libertad cristiana es una libertad de esperanza: Es una esperanza que no nos avergüenza, ya que está basada en los logros de Cristo en el Calvario, es una esperanza que pacientemente espera por esas cosas que se nos han prometido y que con toda certeza obtendremos: “Mantengamos firme la esperanza que profesamos…” (Hebreos 10:23).
 
La libertad cristiana es una libertad de amor: El gran amor del Salvador ha logrado atraer el amor de los pecadores hacia él mismo. El amor de Cristo nos capacita para amar, mientras que su libertad magnifica nuestra capacidad de amar. Con el himnógrafo cantamos jubilosamente: “Libre, salvo de cuitas, penas y dolor… en los brazos de mi Salvador” (Himnario adventista, 374).
 
La libertad cristiana es una libertad de santidad: No obedecemos porque hay una ley que ordena obedecer; obedecemos porque hay un Dios que nos ama, nos cuida, nos protege, nos mantiene, nos sustenta y nos ha prometido tomarnos de regreso a nuestro antiguo hogar. Alineamos nuestra voluntad con la voluntad divina. A un Dios que está lleno de santidad, de amor y misericordia, le entregamos nuestros corazones voluntariamente en gratitud y en amor por sus bondades: es allí donde cumplimos la ley de Dios, no por ordenanza, sino que por amor. Somos libres para vivir santamente en Cristo Jesús.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jesús murió para salvar a su pueblo de sus pecados, y la redención en Cristo significa cesar de transgredir la ley de Dios y liberarse de todo pecado; ningún corazón que está agitado de enemistad contra la ley de Dios está en armonía con Cristo, quien sufrió en el Calvario para vindicar y exaltar la ley delante del universo.

Los que hacen osadas pretensiones de santidad demuestran, por esto mismo, que no se ven a la luz de la ley; no están espiritualmente esclarecidos, y no aborrecen todo género de egoísmo y orgullo. De sus labios contaminados por el pecado fluyen las contradictorias declaraciones: “Soy santo, soy impecable. Jesús me enseña que si guardo la ley estoy destituido de la gracia. La ley es un yugo de esclavitud”. El Señor dice: “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas de la ciudad”. Deberíamos estudiar cuidadosamente la Palabra de Dios a fin de que podamos tomar decisiones correctas, y actuar consecuentemente; porque entonces obedeceremos la Palabra y estaremos en armonía con la santa ley de Dios (Fe y obras, p. 98).

¡Con qué fervor Cristo realizó la obra de nuestra salvación! ¡Qué devoción reveló su vida mientras procuraba dar estimación al hombre caído mediante la imputación de los méritos de su propia inmaculada justicia a cada pecador arrepentido y creyente! ¡Cuán incansablemente trabajó! En el templo y en la sinagoga, en las calles de las ciudades, en los mercados, en el taller, a la orilla del mar, entre las colinas, él predicó el evangelio y sanó a los enfermos. Dio todo de sí, a fin de poder obrar el plan de la gracia redentora (La maravillosa gracia de Dios, p. 174).

Cristo no estaba bajo obligación para realizar este gran sacrificio. Se prestó voluntariamente para sufrir el castigo del transgresor de su ley. Su amor era su única obligación, y sin una queja soportó cada tormento y recibió con regocijo cada ultraje, los cuales eran parte del plan de salvación (Ser semejante a Jesús, p. 332).

Dios nos ha honrado mostrándonos cuánto nos valora. Fuimos comprados por la sangre preciosa del Hijo de Dios. Cuando su heredad siga conscientemente la palabra del Señor, su bendición descansará sobre ella como respuesta a sus oraciones. “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” (Joel 2:12, 13)…

¡La oración secreta! ¡Cuán preciosa es! ¡El alma en comunión con Dios!… Con calma, pero con fervor, buscará a Dios… Quien con fe sencilla mantiene comunión con Dios atraerá sobre sí mismo los rayos de luz divina que lo fortalecerán y lo sostendrán en el conflicto con Satanás (That I May Know Him, p. 272; parcialmente en A fin de conocerle, p. 271).

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Lunes 4 de septiembre // Lección 11____________________________________

LA NATURALEZA DE LA LIBERTAD CRISTIANA

El mandato de Pablo de permanecer firme en libertad no aparece aisladamente. Una declaración importante la precede: “Cristo nos hizo libres”. ¿Por qué los cristianos deberían permanecer firmes en su libertad? Porque Cristo ya los ha hecho libres. En otras palabras, nuestra libertad es el resultado de lo que Cristo ya ha hecho por nosotros.

Esta construcción de una declaración de un hecho seguida por una exhortación es típica en las cartas de Pablo (1 Cor. 6:20; 10:13, 14; Col. 2:6). Por ejemplo, Pablo hace varias declaraciones indicativas en Romanos 6 sobre las características de nuestra condición en Cristo, tales como: “Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Rom. 6:6). Sobre la base de esta verdad, Pablo puede luego emitir una exhortación imperativa: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal” (Rom. 6:12). Esta es la manera de Pablo de decir, en esencia: “Conviértanse en lo que ya son en Cristo”. La vida ética del evangelio no presenta la carga de intentar hacer cosas para probar que somos hijos de Dios. Más bien, hacemos lo que hacemos porque ya somos sus hijos.

¿De qué nos ha librado Cristo? Romanos 6:14, 18; 8:1; Gálatas 4:3, 8; 5:1; Hebreos 2:14, 15.

Romanos 6:14, 18

14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

Romanos 8:1

1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Gálatas 4:3, 8

Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.

Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;

Gálatas 5:1

1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Hebreos 2:14-15

14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,  15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

El uso de la palabra “libertad” para describir la vida cristiana es más prominente en las cartas de Pablo que en cualquier otra parte del Nuevo Testamento. La palabra “libertad” y similares aparecen 28 veces en las cartas de Pablo, en contraste con solamente 13 veces en el resto del Nuevo Testamento.

¿Qué quiere decir Pablo con “libertad”? Primero, no es meramente un concepto abstracto. No se refiere a la libertad política ni económica, ni a la libertad de vivir de cualquier manera que se nos plazca. Al contrario, es una libertad que está cimentada en nuestra relación con Jesucristo. El contexto sugiere que Pablo se está refiriendo a la libertad de la esclavitud y la condenación de un cristianismo centrado en la Ley, pero nuestra libertad incluye mucho más que eso. Incluye libertad del pecado, de la muerte eterna y del diablo.

“Fuera de Jesucristo, la existencia humana se caracteriza por la esclavitud: esclavitud a la Ley, esclavitud a los poderes malvados que dominan el mundo, esclavitud al pecado, a la carne y al diablo. Dios envió a su Hijo al mundo para romper con el dominio de esos esclavizadores”.–Timothy George, Galatians, p. 354.

¿Qué cosas en tu vida sientes que te esclavizan? Memoriza Gálatas 5:1 y pídele a Dios que haga de la libertad que tienes en Cristo una realidad en tu vida.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El comentario de este día, se encuentra junto con el comentario del día de ayer, domingo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Todos los que eligen el reino de amor, justicia y paz de Cristo, y consideran sus intereses superiores a todo lo demás, están vinculados con el mundo celestial y poseen toda bendición necesaria para esta vida. En el libro de la providencia divina o volumen de la vida, se nos da a cada uno una página. Esa página contiene todo detalle de nuestra historia. Aun los cabellos de nuestra cabeza están contados. Dios no se olvida jamás de sus hijos.

“No os congojéis por el día de mañana”. Hemos de seguir a Cristo día tras día. Dios no nos concede ayuda para mañana. A fin de que no se confundan, él no da a sus hijos todas las indicaciones para el viaje de su vida de una vez. Les explica tan solo lo que pueden recordar y cumplir. La fuerza y sabiduría impartidas son para la emergencia actual. “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría —para hoy— demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada” (Santiago 1:5) (El Deseado de todas las gentes, p. 280).

Dios pide a los hombres que se opongan a los poderes del mal. Él dice: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia” (Romanos 6:12, 13)…

En este conflicto de la justicia contra la injusticia, podemos tener éxito únicamente mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe someterse a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la voluntad divina. Esto nos proporcionará la ayuda del Espíritu Santo, y cada conquista ayudará a recuperar la posesión adquirida por Dios, a restaurar su imagen en el alma (Nuestra elevada vocación, p. 155).

La muerte entró en el mundo a causa de la transgresión. Pero Cristo dio su vida para que el hombre tuviera otra oportunidad. El no murió en la cruz para abolir la ley de Dios, sino para asegurarle al hombre un segundo tiempo de gracia. No murió para que el pecado llegara a ser un atributo inmortal; murió para asegurar el derecho a destruir a aquel que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Sufrió plenamente la sanción que merecía el quebrantamiento de la ley por parte del mundo entero. Esto lo hizo, no para que los hombres continuaran en la transgresión, sino para que reanudaran su lealtad y guardaran los mandamientos de Dios y su ley como la niña de su ojo (Testimonios para los ministros, p. 134).

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Lección 11 // Martes 5 de septiembre___________________________________

LAS CONSECUENCIAS PELIGROSAS DEL LEGALISMO

La manera en que Pablo introduce Gálatas 5:2 al 12 indica la importancia de lo que está por decir. “Escuchen bien” (NVI), “¡Presten atención!” (NTV), “Miren que yo, Pablo, les digo” (RVC). Pablo no está jugando ni bromeando. Con las palabras enfáticas que utiliza, Pablo no solamente está pidiendo la atención completa de sus lectores, sino también invoca su autoridad apostólica. Desea que entiendan que, si los gentiles han de someterse a la circuncisión para ser salvos, entonces los gálatas deben percatarse de las consecuencias peligrosas que implica su decisión.

Lee Gálatas 5:2 al 12. ¿De qué advierte Pablo con respecto a la cuestión de la circuncisión?

Gálatas 5:2-12

He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.  Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.  De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.  Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;  porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.  Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?  Esta persuasión no procede de aquel que os llama.  Un poco de levadura leuda toda la masa.  10 Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea.  11 Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz.  12 ¡¡Ojalá se mutilasen los que os perturban!

Las primeras consecuencias de intentar obtener el favor de Dios al someterse a la circuncisión es que obliga a la persona a guardar toda la Ley. El lenguaje de Pablo en los versículos 2 y 3 incluye un interesante juego de palabras. Cristo, dice él, de nada les aprovechará (ofelesei); antes bien, estarán obligados (ofeiletes) a guardar la Ley. Si una persona desea vivir según la Ley, no puede simplemente seleccionar y elegir los preceptos que desea seguir. Es todo o nada.

Segundo, serán “cortados” (desligados) de Cristo. La decisión de ser justificados por obras implica al mismo tiempo un rechazo a la justificación en Cristo que provee Dios. “No puede ser de las dos maneras. Es imposible recibir a Cristo, reconociendo así que no puedes salvarte a ti mismo, y luego recibir la circuncisión, afirmando que sí puedes”.–John R. W. Stott, The Message of Galatians, p. 133.

La tercera objeción de Pablo a la circuncisión es que detiene el crecimiento espiritual. Su analogía es la de un corredor cuyo camino hacia la meta ha sido deliberadamente obstaculizado. De hecho, la palabra traducida como “estorbar” (vers. 7) se usaba en los círculos militares para referirse a “romper un camino o destruir un puente, o poner un obstáculo en el camino del enemigo para detener su avance” (CBA 6:977).

Por último, la circuncisión quita el tropiezo de la Cruz. ¿De qué manera? El mensaje de la circuncisión implica que puedes salvarte a ti mismo; por lo tanto, es halagador para el orgullo humano. Sin embargo, el mensaje de la Cruz es tropezadero para el orgullo humano, porque debemos reconocer que dependemos completamente de Cristo.

Pablo está tan enojado con esta gente, por su insistencia en la circuncisión, ¡que le dice que desearía que el cuchillo se les resbale y que se castren (mutilen) a sí mismos! Palabras fuertes; pero el tono de Pablo simplemente refleja con cuánta seriedad consideraba este asunto.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Ciertamente, yo, Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a cumplir toda la Ley. De Cristo os desligasteis, los que por la Ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Nosotros, por el Espíritu, aguardamos por fe la esperanza de la justicia, porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.
 
Pablo está diciendo que no puede haber compromiso entre el cristianismo y el judaísmo: ambos son mutuamente excluyentes. Si se acepta uno de ellos, automáticamente se tiene que abandonar el otro.
 
La circuncisión era una de las banderas que adornaban aquellas vidas que vivieron solamente bajo la ley. Quienquiera que decidiera arriar la bandera de la circuncisión, tenía que arriar también la bandera del judaísmo y, naturalmente, también tenía que arriar la bandera de la observancia total y completa de la ley.
 
Cualquiera de las dos reglas se tenían que tomar completas: si se optaba por la circuncisión, tenía que optarse por la completa observancia de la ley, y si se optaba por el cristianismo, tenía que optarse por la justificación por la fe solamente.
 
No es sabio, ni prudente, ni saludable -espiritualmente hablando- mezclar dos doctrinas opuestas de dos religiones diferentes.
 
Cuando se mezclan doctrinas diferentes, muchas veces el resultado es una nueva religión. Un ejemplo de esto es lo que ocurrió cuando se mezcló el cristianismo con el paganismo romano: como resultado surgió el catolicismo. 
 
Pablo exhortaba a los que querían justificarse por la ley, que lo hicieran guardando la ley completamente, y a los que se justificaban por medio de la fe, que lo hicieran completamente bajo la fe en el sacrificio de Cristo.
 
A lo largo de la historia, Dios ha trabajado con los humanos ya sea por las obras de la ley o por las obras de la fe.
Nosotros decidiremos si deseamos obtener el cielo por nuestros propios méritos, o si deseamos obtener el cielo por los méritos de Cristo, pero jamás podemos mezclar los dos deseos. El cielo no se alcanza mezclando los méritos de Cristo, con los méritos humanos. Eso es lo que Pablo está enfatizando: o es por los méritos de la observancia de la ley ceremonial o es por los méritos de la muerte de Cristo; pero esos dos méritos no se pueden mezclar.
 
La lucha de Pablo con el pueblo galo es para que ellos se desprendieran completamente de la antigua religión y abrazaran completamente la nueva religión fundada por Cristo. Hay muchos en nuestros días que también luchan en medio de dos religiones. Unos por costumbre y otros por conveniencia, toman y adoptan para sí mismos esas cosas que son agradables a los sentidos, sin que les importe el resultado espiritual de sus decisiones.
 
Frecuentemente descubrimos en las filas de nuestras iglesias, lobos disfrazados de ovejas que intentan desviar a las ovejas del Señor a pastos prohibidos por Dios. Muchos de ellos son infiltrados que tratan de enseñar doctrinas que no están en armonía con las Sagradas Escrituras; tratan de introducir doctrinas que afectan otras doctrinas de origen bíblico; por ejemplo la obediencia, la deidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la mortalidad del alma, la ley de Dios y muchas otras doctrinas fundamentales de nuestra Denominación.
 
El enojo que experimentó el apóstol en contra de aquellos que seguían enseñando doctrinas equivocadas o incompletas en la iglesia gala, muchas veces lo experimentamos también nosotros mismos respecto de aquellos que luchan en su intento por desviar a los miembros de nuestra iglesia de la doctrina bíblica instituida por Dios, por el Hijo y por el Espíritu Santo.
 
-La salvación por la gracia es el único camino señalado por el Cielo
-La salvación por la gracia es una manera perfecta y posible para el hombre, ya que el hombre no puede hacer lo que Dios hace por el hombre
-La salvación por la gracia es la manera más simple que puede existir, ya que se trata de aceptar por fe lo que Dios ha provisto para el hombre.
 
 
Rechazar la justificación por la fe y regresar a aceptar la justificación por medio de la ley, tiene las siguientes consecuencias:
 
-La persona se sale del campo de la gracia
 
-Jesucristo es repudiado
 
-Jesucristo se vuelve innecesario para la salvación y, consecuentemente…
 
-Jesucristo pierde su poder salvador
 
-La persona se pone fuera del alcance de la salvación
 
-Se abre espacio para otras aberraciones contrarias a la Ley de Dios, como el culto a los santos
 
 
El oro, que era el dinero antiguo, tenía un gran valor. Pero el dinero moderno es solamente un pedazo de papel impreso de una manera muy particular, aunque esencialmente no tiene valor. ¿Sólo por eso lo vamos a destruir? No.
Los ojos realmente no ven, solamente sirven como lentes; la parte de nuestro cuerpo que realmente ve es el cerebro. ¿Sólo por eso nos vamos a sacar los ojos? No.
Las manos del hombre generoso no lo hacen un ser justo; en verdad es su mente santa la que lo hace un ser bueno y dadivoso. ¿Sólo por eso vamos a cortarnos las manos? No.
Nosotros tenemos que atribuir a todas las cosas sus propios efectos y usos. La ley no justifica a nadie ¿Sólo por eso la vamos a condenar y a destruir? ¡No! El apóstol Pablo se pregunta: “¿Luego por la fe invalidamos la ley?” Y él mismo responde: “¡En ninguna manera!” (Romanos 3:31) Luego añade que “la ley es santa y el mandamiento es justo y bueno” (Romanos 7:12).
 
Ya que Satanás no pudo eliminar el nacimiento de la gracia divina, trabajará incesantemente para dar muerte a la gracia.
Es triste ver cuando un cristiano pierde su primer amor, y como resultado también abandona sus buenas obras; esa llama ardiente del amor que antes ascendía al cielo vigorosamente, se convierte en apenas una chispa sofocada por el polvo de la tierra. En esas circunstancias el enemigo de Dios gana la batalla.
Esas preocupaciones por las cosas divinas que antes eran como el impetuoso río Jordán desbordado por sus riveras, llegan a convertirse en el triste arroyo de preocupaciones del abatido Job.
Esa marcha en contra del pecado que una vez fue furiosa e incontenible, así como fue la marcha del rey Jehú en contra del rey Acab, se convierte en la triste portada de Sansón durmiendo en las piernas de la hermosa Dalila, mientras ella acariciándole su cabeza y sus cabellos, le robaba sin misericordia su valentía y sus fuerzas de origen divino.
 
Satanás no puede evitar el nacimiento de la gracia divina en el hombre, pero ha aprendido con el tiempo a darle muerte a la gracia que nace en el corazón de los hombres, si éstos la descuidan. Por eso se nos amonesta: “No deis lugar al diablo” (Efesios 4:27).
 
 
Nosotros, por el Espíritu, aguardamos por fe la esperanza de la justicia  (Gálatas 5)
Hay una gran afinidad entre la fe y la esperanza; en realidad, ellas no pueden separarse. A pesar de que la fe no puede ser separada de la esperanza y viceversa; a ellas dos podemos encontrarlas trabajando en diferentes oficinas y en diferentes campos del gran mundo espiritual.
La fe y la esperanza trabajan en diferentes materias. La fe trabaja en todas esas cosas que se pueden comprender; la esperanza, por el otro lado, trabaja en todas las cosas que no se pueden comprender, ya que la esperanza se especializa en trabajar en la voluntad de Dios. A pesar de esta diferencia, las dos son inseparables, de la misma manera que eran inseparables los dos querubines del arca del pacto.
La fe y la esperanza trabajan en aulas diferentes –aunque contiguas- en la escuela de la vida cristiana. La fe nos enseña lo que está escrito, nos dirige en las ordenanzas divinas; la fe nos enseña lo que se tiene que hacer. La esperanza nos enseña a ser fuertes, a ser valerosos, a ser corajudos, nos enseña a sufrir y a ser persistentes en la adversidad, siempre esperando días mejores.
La fe y la esperanza imparten sus clases de diferentes maneras. La fe conduce al hombre a contemplar la verdad de Dios y a contemplar las cosas que Él ha prometido en su Palabra. La esperanza conduce al hombre a contemplar la bondad de Dios y a buscar todas esas cosas en las que la fe ha enseñado a tener esperanza.
La fe y la esperanza tienen su origen en diferentes momentos. La fe nació en el principio de la vida, la fe nació antes de la tribulación; la esperanza nace en medio de la tribulación.
La fe y la esperanza tienen diferentes oficinas. La fe es maestra, también es jueza: lucha en contra de los errores y de las herejías; la fe juzga los espíritus y las doctrinas. La esperanza es como un capitán de guerra: lucha en contra de la tribulación, de la impaciencia, de la debilidad, de la desesperación, en contra de la blasfemia y siempre espera por mejores cosas, aun en momentos de adversidad. 
porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. (Gálatas 5)
Aquí encontramos dos gracias divinas que son inseparables: la fe y el amor. Pudiéramos decir que la fe y el amor son tan inseparables como lo eran María y Marta en la presencia del Señor. La fe es como María, sentada a los pies del Señor: primero escucha las palabras del Salvador y después brota en amor. Marta, por el otro lado, es como el amor: recorre toda la casa llena de amor, tratando de agradar al Señor con los servicios que le brinda.
La fe es luz, el amor es calor. En cada rayo que recibamos de parte del Sol de justicia encontraremos una cantidad igual de estas dos gracias. La fe en Dios no puede existir si no le amamos, y un amor sincero no puede existir si no hay fe.
Nosotros podemos medir la fuerza de nuestra fe hacia Dios, de acuerdo con la cantidad de amor que tenemos hacia Dios.
La fuerza del brazo de un hombre que extiende el arco hacia el cielo, se mide por la velocidad de la flecha cuando ésta es disparada.
Cuando ejecutamos las obras de Dios con muy poco amor, estamos ante la más grande señal de que poseemos una fe muy débil.  Solamente cuando amamos a Dios de todo corazón, tenemos una fe lo suficientemente fuerte que nos capacita para obedecer, para abandonar vicios y pecados, para seguir las direcciones de Dios, para agradecer a Dios humildemente y para graduarnos en el arte de creer.
 
Ya con el diploma en la mano, la fe y el amor nos impelen a testificar, a contar a otros cuán grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros.  Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.”  (Marcos 5:19).
-La fe, igual que las demás gracias del cristianismo, es algo que crece, por lo tanto la fe se ajusta a grados de crecimiento
 
-La fe es confianza y es el resultado del pleno conocimiento de alguien en quien se ejerce fe
 
-La fe no depende del testimonio de los sentidos ni de los aparatos, como acontece con los conocimientos científicos
 
-La fe no descansa en la confianza de los testigos o en la consistencia de las evidencias, como sucede en las decisiones judiciales
 
-La fe no se basa en la demostración de la lógica, como ocurre en las ciencias matemáticas
 
La fe también es conocida en la Biblia como fidelidad o lealtad.
La fe es la imaginación santificada, la fe es el amor cuando cree, la fe es el completo ejercicio de la razón, la fe es depositar nuestra confianza en la voluntad de Dios.
 
Necesitamos tener fidelidad para con Dios:
-La fidelidad a Dios incluye la sinceridad en su servicio
-La fidelidad a Dios implica la obediencia sin reserva a su divina voluntad
-La fidelidad a Dios incluye una adherencia inamovible para vivir de acuerdo con el evangelio de Cristo
 
Necesitamos tener también fidelidad con el hombre:
-La fidelidad con el hombre requiere que nuestras palabras sean verdaderas
-La fidelidad con el hombre requiere que nuestras acciones sean justas
-La fidelidad con el hombre requiere que cumplamos con nuestras obligaciones
-La fidelidad con el hombre requiere que completemos concienzudamente las tareas y los trabajos que adquirimos en nuestras vidas.

13Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.  (1 Corintios 13: 13)

De las tres grandes virtudes que nos acompañan en nuestro camino hacia el cielo, dos de ellas desaparecen a la entrada del cielo.

El amor es más grande que la fe y la esperanza, por varias razones:

1-El amor es mas grande, por que es mas duradero, el amor continua por la eternidad, mientras que la fe y la esperanza nos abandonan justamente a la entrada del cielo.

La fe termina justamente cuando veamos el rostro de Dios, por que viendo lo que tanto creímos, la fe no se necesita mas; viendo lo que tanto hemos esperado, la esperanza tampoco se necesita más.

2-La fe y la esperanza fueron diseñadas después de la caída del hombre, y el trabajo de ellas dos era y es, levantar al hombre de su estado caído. El amor estaba con el hombre desde su primera respiración, el amor es un atributo eterno de un Dios eterno, transmitido al hombre desde el día de su creación.

3-La fe y la esperanza son instrumentos de salvación, pero el amor es el que activa tanto a la fe como a la esperanza.

4-El amor es la raíz de la fe y de la esperanza: Creemos en lo que amamos; también esperamos lo que tanto amamos y deseamos.

5-La fe y la esperanza tiene el interés de salvarnos, el amor no tiene ningún interés, es noble y generoso, el amor nos transporta mas allá de nuestros propios límites.

6-La fe y la esperanza son humanas, el amor es divino, existe, siempre ha existido y siempre existirá, el amor es Dios mismo, el amor se encuentra en lo más alto de la gloria de Dios.

A pesar de la grandeza del amor, sin fe no podemos ser salvo, tampoco sin esperanzas. Estos tres la fe, la esperanza y el amor, son indispensables en nuestro caminar a la patria celestial. Con la ausencia de uno de ellos en nuestras vidas, ponemos en entredicho la salvación.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El formalismo… parecerán a muchos como que constituyen el poder mismo de Dios, pero cuando se los acepta se convierten en obstáculos que impiden que llegue al mundo la luz de Dios, dada en forma de amonestaciones, reproches y consejos.

[Satanás] está trabajando con todo su poder engañador, para alejar a los hombres del mensaje del tercer ángel, que ha de proclamarse con gran poder. Si Satanás ve que el Señor está bendiciendo a su pueblo y preparándolo para que discierna sus engaños, trabajará con su poder maestro para introducir fanatismo por un lado y frío formalismo por el otro, a fin de asegurarse una cosecha de almas…

A un lado y a otro existen peligros contra los cuales hay que precaverse. Habrá personas sin experiencia, recién llegadas a la fe, que necesitarán ser fortalecidas y recibir un ejemplo correcto. Algunos no utilizarán debidamente la doctrina de la justificación por la fe, sino que la presentarán en forma unilateral…

La fe genuina siempre obra impulsada por el amor… El que es seguidor de Cristo no puede actuar con falta de honradez en los negocios; no puede ser insensible ni carecer de simpatía. No puede hablar con aspereza. No puede estar lleno de ostentación y amor propio. No puede ser dominante ni emplear palabras ásperas, y censurar y condenar (Mensajes selectos, t. 2, p. 21).

La justicia propia no es verdadera justicia, y los que se adhieran a ella tendrán que sufrir las consecuencias de haberse atenido a un fatal engaño. Muchos pretenden hoy día obedecer los mandamientos de Dios, pero no tienen en sus corazones el amor de Dios que fluye hacia otros. Cristo los llama a unirse con él en su obra por la salvación del mundo, pero ellos se contentan diciendo: “Yo, señor, voy”. Pero no van. No cooperan con los que están realizando el servicio de Dios. Son perezosos. Como el hijo infiel, hacen a Dios promesas falsas. Al encargarse del solemne pacto de la iglesia se han comprometido a recibir y obedecer la Palabra de Dios, a entregarse al servicio de Dios; pero no lo hacen. Profesan ser hijos de Dios, pero en su vida y carácter niegan su relación con él. No se rinden a la voluntad de Dios. Están viviendo una mentira (Palabras de vida del gran Maestro, p. 221).

Cuando algunas personas pretenden estar santificadas, con eso dan suficiente evidencia de que están muy lejos de la santidad. Dejan de ver sus propias debilidades y su indigencia. Consideran que ellos reflejan la imagen de Cristo, porque no tienen un verdadero conocimiento de él. Cuanto mayor es la distancia entre ellos y su Salvador, tanto más justos aparecen a sus propios ojos.

Cuando meditamos con arrepentimiento y humilde conciencia en Jesús, a quien traspasaron nuestros pecados y a quien agobiaron nuestros dolores, podemos aprender a andar en sus pasos. Contemplándolo nos transformamos a su divina imagen. Y cuando esta obra se realice en nosotros, no pretenderemos que en nosotros mismos haya justicia, sino que exaltaremos a Cristo Jesús, mientras permitimos que nuestra alma indefensa dependa de sus méritos (La edificación del carácter, p. 6).

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Miércoles 6 de septiembre // Lección 11_________________________________

LIBERTAD, NO LIBERTINAJE

Gálatas 5:13 marca un punto de inflexión importante en el libro de Gálatas. Mientras que hasta este punto Pablo se ha enfocado enteramente en el contenido teológico de su mensaje, ahora se concentra en la temática del comportamiento cristiano. ¿Cómo debería vivir una persona que no es salva por las obras de la Ley?

¿De qué posible mal uso de la libertad quería resguardar Pablo a los gálatas? Gálatas 5:13.

Gálatas 5:13

13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

Pablo era consciente de los posibles malentendidos que acompañaban su énfasis en la gracia y la libertad que los creyentes tienen en Cristo (Rom. 3:8; 6:1, 2). No obstante, el problema no era el evangelio de Pablo sino la tendencia humana a la autocomplacencia. Las páginas de la historia están plagadas de historias de personas, ciudades y naciones cuya corrupción y descenso al caos moral se debieron directamente a su falta de dominio propio. ¿Quién no ha sentido esta tendencia en su propia vida, también? Por eso Pablo llama con tanta claridad a los seguidores de Jesús a evitar complacer los deseos de la carne. De hecho, Pablo desea que hagan lo contrario, que es servirse “por amor los unos a los otros”. Tal y como lo sabe cualquier persona que sirve a otros por amor, esto es algo que solamente puede lograrse por la muerte al yo, la muerte a la carne. Aquellos que sirven a los deseos de su propia carne no son los que tienden a servir a otros. Al contrario.

Por ende, nuestra libertad en Cristo no es meramente una libertad de la esclavitud al pecado, sino un llamado a un nuevo tipo de servicio: la responsabilidad de servir a otros por amor. Es “la oportunidad de amar al prójimo sin impedimentos, la posibilidad de crear comunidades humanas basadas en la entrega mutua en vez de la búsqueda de poder y estatus”.–Sam K. Williams, Galatians, p. 145.

Por nuestra familiaridad con el cristianismo y las traducciones modernas de Gálatas 5:13, es fácil pasar por alto el poder sorprendente que estas palabras tuvieron al ser transmitidas a los gálatas. Primero, el lenguaje en griego indica que el amor que motiva este tipo de servicio no es el amor humano común; eso sería imposible. El amor humano es demasiado condicional. El uso que hace Pablo del artículo (el) antes de la palabra amor, en griego, indica que se está refiriendo a “el” amor divino que recibimos solamente mediante el Espíritu (Rom. 5:5). La verdadera sorpresa se encuentra en el hecho de que la palabra traducida como “servir” es la palabra griega para “estar esclavizado”. Nuestra libertad no es para tener autonomía propia sino para una “esclavitud” mutua, unos con otros, basados en el amor de Dios.

Sé sincero: ¿alguna vez has pensado que podías utilizar la libertad que tienes en Cristo para complacerte con un poquito de pecado, de tanto en tanto? ¿Cuál es el enorme problema con esa clase de pensamiento?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Los verdaderos maestros de cristianismo enseñan y predican la obediencia a Dios: enfatizan la necesidad de someternos voluntariamente a Dios, refuerzan las obligaciones del cristiano, y muestran las bendiciones que se obtienen cuando se obedece la ley de Dios.
Por el otro lado encontramos que los falsos maestros usan los halagos, las palabras vanas, y conducen al pueblo a la desobediencia y a la rebelión… todo en nombre de la libertad.
Prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos del pecado. Esto es lo mismo ahora, que como lo fue desde el principio:
¡Libertad, libertad! fue la primera tentación susurrada a la santa pareja, cuando aún ni un pétalo había caído al suelo en el perfecto huerto del Edén.
La libertad es la maquinaria que allana el camino para todas las tentaciones y los pecados de la humanidad.
La libertad es una extraña luz que usa Satanás, para confeccionarse una vestimenta que mesmeriza, confunde y engaña a muchos hombres.
La Libertad es uno de los fantasmas más peligrosos que terminan fácilmente con la vida del hombre.
La libertad ha matado más hombres que juntos todos los tiranos que hayan existido alguna vez en esta tierra.
La libertad ha cegado al hombre ya por varios milenios, y en todo ese tiempo el hombre no ha logrado aprender que la verdadera libertad sólo se encuentra en la sumisión y en la estricta obediencia a la ley de Dios y a la ley del hombre.
El hombre, por los requerimientos de su propia naturaleza, necesita servir. El hombre no puede existir sin la presencia de un amo, de un jefe o caudillo; el hombre necesita de un poder dominante que sea el supremo gobernador de su corazón. Sólo hay dos servicios que el hombre puede escoger: el servicio del bien, o el servicio del mal; es decir, el servicio a Cristo, o el servicio al mundo.
No hay peor mentira que creer que el hombre consigue la libertad, solamente porque tiene libre albedrío, y tiene la capacidad de expulsar a Dios de su vida y de su corazón. Aún con el libre albedrío y con la decisión de expulsar a Dios de su vida, el hombre no es libre.  Las flores que adornan su collar de libertad están encadenadas, se vuelven víctimas de su propia degradación, se vuelven ignorantes de su verdadera realidad y estado, se vuelven esclavos de su propio cuerpo; sus pasiones bajas sobresalen, convirtiéndose de esa manera en un ser embrutecido: llega a ser el más grande esclavo de sus propios temores.
La palabra sumisión o esclavitud tiene sonidos discordantes al oído y es una idea desagradable a la mente. Los promotores de los vicios de este mundo han tomado ventaja de las falsas impresiones de la libertad, y la han usado constantemente para desacreditar la religión.
La verdadera libertad nos coloca en una situación donde existe la justicia y el orden, y podemos decidir y actuar de acuerdo con nuestras propias decisiones, sin ser estorbados por una fuerza externa o por un violento impulso interno.
Los vicios son inconsistentes con la libertad:
-Los vicios privan al hombre del poder decidir con libertad; los vicios dominan al hombre bajo la gratificación y los hábitos.
-La religión induce al hombre a la razón; los vicios dominan al hombre con tiranía, bajo la falsa impresión de la pasión y los placeres.
-El pecador cede a los impulsos simplemente porque no puede resistirlos; mientras más se entrega a los vicios, su situación se vuelve más degradante y más miserable.
La libertad no es una licencia sin ley; la libertad no es conducirse sin orden ni ley.
La verdadera libertad tiene como fundamento la obediencia a la ley y un comportamiento con respeto y con orden.
A ningún hombre, en ninguna condición de la vida, se le permite que actúe como él desea; si se dejara al hombre actuar como él lo desea, entonces no existiría la sociedad.
Una libertad que no es regida por la ley, el orden y el respeto, no es libertad; es
 libertinaje. Libertad y libertinaje son conceptos opuestos.
Donde existen las leyes más sabias, también existen las libertades más grandes. Cada vez que nos colocamos voluntariamente bajo una ley sabia, nuestros derechos de libertad son altamente protegidos. Esta realidad se da con exactitud, lo mismo en el gobierno, en la sociedad, y en la religión.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Para los que reciben el espíritu de este servicio, no puede nunca llegar a ser una mera ceremonia. Su constante lección será: “Servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13). Al lavar los pies a sus discípulos, Cristo dio evidencia de que haría, por humilde que fuera, cualquier servicio que los hiciese herederos con él de la eterna riqueza del tesoro del cielo. Sus discípulos, al cumplir el mismo rito, se comprometen asimismo a servir a sus hermanos. Dondequiera que este rito se celebra debidamente, los hijos de Dios se ponen en santa relación, para ayudarse y bendecirse unos a otros. Se comprometen a entregar su vida a un ministerio abnegado. Y esto no solo unos por otros. Su campo de labor es tan vasto como lo era el de su Maestro. El mundo está lleno de personas que necesitan nuestro ministerio. Por todos lados, hay pobres desamparados e ignorantes. Los que hayan tenido comunión con Cristo en el aposento alto, saldrán a servir como él sirvió.

Jesús, que era servido por todos, vino a ser siervo de todos. Y porque ministró a todos, volverá a ser servido y honrado por todos. Y los que quieren participar de sus atributos, y con él compartir el gozo de ver almas redimidas, deben seguir su ejemplo de ministerio abnegado (El Deseado de todas las gentes, pp. 606, 607).

El amor es la cuerda de seda que une los corazones. No debemos pensar en erigimos como un modelo. Mientras pensemos en nosotros mismos y en lo que los demás nos deben a nosotros, será imposible realizar nuestra obra para salvar las almas. Cuando Cristo toma posesión de nuestros corazones, entonces ya no hacemos más del estrecho círculo del yo el centro de nuestros pensamientos y de nuestras atenciones.

¡Qué maravillosa reverencia hacia la vida humana expresó Jesús en la misión de su vida! No anduvo entre la gente como un rey, exigiendo atención, reverencia, servicio, sino como uno que anhelaba servir y elevar a la humanidad. Dijo que no había venido para ser servido, sino para servir. … Dondequiera que Cristo veía a un ser humano, veía a uno que necesitaba simpatía humana. Muchos de nosotros estamos dispuestos a servir a ciertas personas en particular —a aquellos que honramos—, pero pasamos por alto, como indignas de ser notadas, a esas mismas personas a quienes Cristo quisiera bendecir por medio de nosotros, si no fuéramos tan fríos de corazón (Nuestra elevada vocación, p. 178).

La [vida] de Cristo fue una vida de servicio abnegado, y su vida es nuestro libro de texto. Tenemos que continuar la obra que él comenzó. Al contemplar su vida de trabajo y sacrificio, ¿vacilarán los que profesan su nombre en negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo? Él se humilló a sí mismo hasta lo más profundo para que pudiéramos ser levantados a las alturas de la pureza, la santidad y la integridad. Se hizo pobre a fin de poder llenar con la plenitud de sus riquezas nuestras míseras almas. Sufrió la cruz de vergüenza para que pudiera damos paz, descanso y gozo y hacemos partícipes de las glorias de su trono (En los lugares celestiales, p. 45).

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Lección 11 // Jueves 7 de septiembre____________________________________

CUMPLIR TODA LA LEY

¿Cómo reconcilias los comentarios negativos de Pablo sobre “guardar toda la ley” (Gál. 5:3) con su declaración positiva acerca de cumplir “toda la ley” (Gál. 5:14)? Compara Romanos 10:5; Gálatas 3:10 y 12; y 5:3 con Romanos 8:4; 13:8; y Gálatas 5:14.

Romanos 10:5

Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.

Gálatas 3:10 y 12

10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.

Gálatas 5:3

Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.

Romanos 8:4

para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Romanos 13:8

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.

Gálatas 5:14

14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Muchos han considerado paradójico el contraste entre los comentarios negativos de Pablo acerca de “guardar toda la ley” y sus aseveraciones positivas. En realidad, no es así. La solución radica en el hecho de que Pablo intencionalmente utiliza cada frase para hacer una distinción importante entre dos formas diferentes de definir el comportamiento cristiano en relación con la Ley. Por ejemplo, es significativo que cuando Pablo se refiere positivamente a la observancia cristiana de la Ley nunca la describe como “guardar la ley”. Reserva esa frase para referirse solamente al comportamiento erróneo de aquellos que están viviendo bajo la Ley y están intentando obtener la aprobación de Dios “haciendo” lo que la Ley manda.

Esto no implica que aquellos que han encontrado la salvación en Cristo no obedecen. Nada podría estar más lejos de la realidad. Pablo dice que ellos “cumplen” la Ley. Lo que quiere decir es que el comportamiento cristiano verdadero es mucho más que una obediencia exterior de solamente “guardar” o “actuar” conforme a la Ley, sino que “cumple” la Ley. Pablo usa la palabra cumplir porque va mucho más allá de simplemente “hacer”. Este tipo de obediencia está fundamentada en Jesús (ver Mat. 5:17). No es un abandono de la Ley, ni una reducción de la Ley solamente al amor, ¡sino que es la manera en la que el creyente puede experimentar la verdadera intención y el verdadero significado de toda la Ley!

Según Pablo, ¿dónde se encuentra el pleno significado de la Ley? Levítico 19:18; Marcos 12:31, 33; Mateo 19:19; Romanos 13:9; Santiago 2:8.

Levítico 19:18

18 No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.

Marcos 12:31, 33

31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios.

Mateo 19:19

19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Romanos 13:9

Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Santiago 2:8

Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis;

Aunque se trata de una cita de Levítico, la declaración de Pablo en Gálatas, en última instancia, se basa en el uso que hace Jesús de Levítico 19:18. Sin embargo, Jesús no fue el único maestro judío que se refirió a Levítico 19:18 como al resumen de toda la Ley. El rabino Hillel, que vivió alrededor de una generación antes que Jesús, dijo: “Lo que te resulta odioso a ti no lo hagas a tu prójimo; esa es toda la ley”. Pero la perspectiva de Jesús es radicalmente diferente (Mat. 7:12). No solamente es más positiva, sino también demuestra que la Ley y el amor no son incompatibles. Sin amor, la Ley es vacía y fría; sin la Ley, el amor no tiene rumbo.

¿Qué es más fácil y por qué: amar a otros o simplemente obedecer los Diez Mandamientos? Lleva tu respuesta a la clase.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

18 »No te vengues, ni guardes rencor contra los hijos de tu pueblo. »Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. (Levítico 19)
Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  (Romanos 13)
 
El texto no está diciendo que hay que amar a nuestro prójimo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma o con todas nuestras fuerzas; ¡no! Eso no es lo que nos está pidiendo Dios; hacerlo de esa manera dejaría una escasa diferencia entre el amor que se le debe tener a nuestro prójimo con el amor que se le debe tener a Dios.
Nuestro vecino o nuestro prójimo, es todo aquel que se encuentra cerca de nosotros o que vive cerca de nosotros; visto bíblicamente mi prójimo es toda persona que lleva la semejanza de Dios en su naturaleza humana.
Muchas veces no tenemos amor para un desconocido que está en apuros o en necesidad, sin embargo, de todas maneras lo ayudamos, porque sabemos que es una obligación ayudar a nuestros semejantes. La pregunta es: ¿Tiene algo de malo socorrer a una persona sólo porque hay un mandato y una obligación de parte de Dios para ayudar a nuestro semejante?
Quizás la misma pregunta dicha en otra manera sería: Cuando ayudo ¿tengo que ayudar por amor o por obligación? La respuesta es un rotundo y categórico “SÍ”. Yo tengo que ayudar por amor al que amo y conozco, y también tengo que ayudar por obligación a aquel que no conozco y a quien, por consecuencia natural, no amo.
El griego tiene tres formas para referirse al concepto “AMAR”. Helas aquí:  
FILEO (filéo),  ERAO (eráo), y AGAPAO (agapáo)
FILEO: Es el amor afectuoso entre familiares y amigos, ES EL CARIÑO PARA LOS QUE NOS TIENEN CARINO. Su traducción puede ser tanto amar, como querer. “Yo te quiero mucho” es una de las formas más comunes que usamos con nuestros amigos y familiares, y está correctamente empleada, cuando usamos el verbo griego FILEO, que es AMAR.
ERAO: Esta palabra no se encuentra en el Nuevo Testamento. Este verbo se refiere al amor sensual, el amor que se demuestra en el plano físico. Esto es “amar apasionadamente” y tiene una connotación fuerte de pasión sexual.
¿AGAPAO o ÁGAPE? Aquí es donde tenemos un poquito de confusión, debido a que confundimos estas dos palabras
ÁGAPE no es el verbo; ÁGAPE es el sustantivo.
Este término fue adoptado por los cristianos para describir el concepto más elevado del amor. La palabra ágape se usa para describir el amor del Padre y Cristo hacia la humanidad; también se usa para describir el amor del Padre al Hijo y viceversa. Ágape es un amor elevado que respeta a Dios y a nuestro prójimo, ennoblece los afectos, controla las pasiones y modifica el carácter.
AGAPAO: éste es el verbo,ES UN PRINCIPIO DE ACCIÓN Y NO UNA ACCIÓN REGIDA POR SENTIMIENTOS. Esta palabra  se relaciona con el respeto y la estima.” {DBA pág. 48}
Este verbo AGAPAO expresa: respetar y estimar a todas las personas, aún si no las conocemos o si no nos aman. Este es el tipo de amor que se le ordena a un cristiano tener para con sus enemigos. Es un alto grado de respeto, sin tener un cálido afecto emocional para ellos.
Esta forma de amor llamada ÁGAPE es la que usa la Biblia cuando nos ordena amarnos los unos a los otros. Ágape es un amor que puede carecer de afecto emocional hacia nuestro prójimo, pero está cargado de un alto grado de respeto para con ellos. Si tan sólo tuviéramos un alto grado de respeto para nuestros hermanos en la iglesia, nuestras iglesias serían prósperas y viviríamos en paz.
Contestando la pregunta del principio: Tal vez no sientes amor por una persona, pero la ayudas sólo porque sabes que debes hacerlo. ¿Qué tiene esto de malo, si es que lo tiene? No tiene nada de malo, se está usando AGAPAO, que es un amor altruista hacia la humanidad en general, y estamos obligados a hacerlo.
Si Adolfo Hitler y otros genocidas de la historia de la humanidad, hubieran entendido y aceptado este principio divino, se hubieran podido evitar las más grandes atrocidades en contra de nuestros prójimos, quienes también fueron hechos a imagen y semejanza de Dios.
Otro ejemplo del amor ágape lo encontramos en la parábola del buen samaritano.
25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; 34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. 35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? 37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Vé, y haz tú lo mismo.  (Lucas 10)
El experto en la Ley comprendió que todos los mandamientos giran alrededor de amar a Dios con todo lo que tienes, y amar a tu prójimo como a ti mismo. Queda la pregunta que debemos contestar: ¿Quién es mi prójimo?
En los días de Cristo, el pensamiento generalizado era que había que favorecer a los propios como prójimos, y relegar a todos los demás como extraños. Este experto en la Ley buscó que Jesús clarificara el tema. La parábola que contó Jesús revela una perspectiva totalmente distinta.
Nuestro prójimo es cualquiera que encontremos con necesidades. Ser un prójimo es atender las necesidades de un prójimo. El sacerdote y el levita estaban demasiado preocupados por no contaminarse y por proteger sus piadosos deberes de ser contaminados. Era una manera conveniente el usar su religión como una excusa para no tener que morir al yo a fin de ayudar a alguien que, muy probablemente, nunca podría devolverles el servicio.
En contraste, el samaritano vio a este herido “extraño” y “enemigo” como su prójimo, y atendió misericordiosamente sus necesidades, en vez de las propias. El punto es que, en lugar de preguntar: ¿Quién es mi prójimo?, debemos preguntar: ¿Quién será un prójimo para los oprimidos y pisoteados? No importa quién sea esa persona: debemos ayudar al necesitado, y punto.
 
En la parábola del buen samaritano encontramos una relación entre el amor y la ley de Dios. Los dos grandes mandamientos de la Biblia requieren amor, amor para con Dios y amor para con el hombre. La manera en que podemos poner en práctica el amor es obedeciendo los mandamientos de Dios; el premio que Dios ofrece en este pedido y promesa, es la vida eterna
Todo hombre en cualquiera de sus variedades y estados, tiene que ser reconocido como nuestro “prójimo” y “hermano”. Los prejuicios de nacionalidad, color, lengua, y religión, tienen que ser puestos a un lado para dar cabida a la caridad, al amor cristiano.
Tal como es nuestra relación con Dios, así será nuestra relación con nuestro prójimo; ese es un termómetro que no falla. El propósito de Cristo al dejarnos esta parábola es mostrarnos cómo trabaja el verdadero amor.
En la parábola del buen samaritano, Dios nos recuerda que vivimos en un mundo lleno de aflicciones y desgracias; aquí encontramos pobreza, dolor y aflicción. Muchas veces el que los padece no es responsable directamente por su situación, hay muchas aflicciones causadas por la pecaminosidad de otros.
Otra de las realidades que tenemos que recordar es que hay muchas personas que, por diversas circunstancias, sus vidas están expuestas al sufrimiento y a la muerte más que otros. Por ejemplo, las personas que trabajan en el mar y en las minas, están más expuestas a los sufrimientos, a la escasez y la muerte, que otros.
Si pensamos como humanos, llegamos a la conclusión de que no es conveniente ser buenos. Una manera libre y fácil de vivir es evitando las buenas obras: cada vez que somos buenos, va en contra de nuestra propia conveniencia y cada vez que nos toca hacer el bien, siempre somos llevado al auto sacrificio.
Las manos de aquel que cuida un rosal, son constantemente laceradas y heridas por las espinas de la planta. En la vida espiritual, todos somos llamados al servicio de nuestro prójimo, aunque este trabajo no sea de nuestra predilección.
El verdadero amor no pregunta, no duda, no tiene miedo, no se tarda; en cambio, siempre está dispuesto al sacrificio.
Otro aspecto importante para hacer notar en esta parábola es la diferencia entre el doctor de la ley y el buen samaritano. El doctor de la ley era un israelita ortodoxo, conocía y aplicaba la ley con mucha precisión y certeza, pero le faltaba la práctica. Hay muchos de nosotros que aprobamos, conocemos la ley y la enseñamos muy bien, pero no la guardamos. En pocas palabras tenemos la verdad pero no vivimos la verdad como tendríamos que hacerlo.
El doctor de la ley necesitaba el amor que caracterizaba al buen samaritano, para ser completo en la esencia de la ley: la piedad y la bondad. La verdad sin amor, no sirve para nada; pero la verdad revestida del amor llena los requerimientos de la ley, que es una vida cristiana práctica.
El levita y el sacerdote pudieron encontrar buenas excusas para no ayudar al herido;
-El sol se ocultaría pronto
-El camino era solitario y peligroso aún de día
-No estudiaron medicina para curar las heridas de una persona
-El hombre estaba medio muerto: ya no valía la pena detenerse
-Si el herido moría en sus manos pudieran ser culpados de asesinato
-Los ladrones pudieran regresar a cualquier momento y atacarlos
-Su santa misión les exigía llegar a su destino con prontitud, sin retraso
Todas estas son buenas excusas. Mientras encontramos buenas excusas, el mundo que sufre no es socorrido, los errores del mundo no son corregidos y el pecador que perece no es rescatado.
Por el otro lado encontramos a un samaritano que no tiene nada que ver con la religión judía; en otras palabras, posiblemente es una persona ignorante de las normas y conducta de la vida cristiana. El buen samaritano era una persona que no tenía la verdad en su esencia teórica, pero tenía una vida llena de rectitud y amor práctico.
El buen samaritano es un modelo para aquellos que ayudan a su prójimo: ayudó sin esperar recibir una recompensa ni ser retribuido por lo que gastó; ayudó a un verdadero extraño, ayudó a un enemigo y ayudó a uno que no era de su religión.
Juan Federico Oberlín nació en el año 1740 y fue pastor de una iglesia protestante en Waldbach,  Alemania. Como ministro vivía una vida espiritual práctica. Entre sus obras estaban: construir puentes, hacer caminos a través de los valles, mejorar las viviendas, ayudar a la ciencia y el arte, fundar bibliotecas, mejorar el sistema de agricultura, y fundar escuelas primarias.
Encima de todo practicaba la medicina; además, fundó un banco de ahorro y préstamo, e introdujo la manufactura del algodón en la comunidad donde él vivía. Solía predicar sus sermones en francés y alemán. A su muerte en 1826, fue enterrado con muchos honores y con mucho afecto por todos aquellos que lo conocieron,
Cuenta la historia que en cierta ocasión Oberlín estaba viajando cerca de Estrasburgo, en invierno. El suelo se encontraba completamente cubierto de nieve y los caminos eran casi impasables. Oberlín había alcanzado la mitad de su camino, pero ya no podía más, estaba extremadamente cansado y no podía avanzar más. Se arrodilló y encomendó su vida a Dios; así esperó sentir el sueño de la muerte. El sueño es el primer síntoma de quienes mueren de hipotermia o frío.
No supo cuánto tiempo había transcurrido, pero despertó cuando un fornido hombre lo arrastraba en los brazos hasta su carreta para darle atención. Después de darle alimentos y un poco de jugo, la vida regresó al cuerpo de Oberlín lentamente. El carretero lo llevó al poblado más cercano para que continuara recibiendo ayuda.
Oberlín estaba profundamente agradecido con el carretero, por la obra que había hecho con él, y no cesaba de agradecerle por su obra misericordiosa.
Llegó el momento en que el ministro le ofreció dinero, a lo que el carretero replicó: Es deber de los humanos ayudar a nuestro prójimo y, además -añadió el carretero-, es casi una ofensa ofrecer dinero a una persona que ha hecho una obra de esta naturaleza.
Oberlín asintió con la cabeza y dijo al carretero: Al menos dime tu nombre, para que cuando ore, pueda llevarte en oraciones de gratitud a Dios.
El carretero le respondió: Ya veo que eres ministro del evangelio. ¿Podrías decirme cuál era el nombre del buen samaritano? preguntó el carretero a Orbelín.
No lo dice la Biblia- replicó Oberlín.
-Si no me puedes decirme cuál fue el nombre del buen samaritano, déjame mantener mi nombre en secreto… balbució el desconocido. Mientras le decía estas palabras, el carretero arreaba sus bestias y desaparecía por la floresta con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
 
El amor ama porque es amor; Dios ama porque DIOS es amor” (1 Juan 4:8).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la seguridad del amor de Dios hacia nosotros, Jesús ordena, en un abarcante principio que incluye todas las relaciones humanas, que nos amemos unos a otros.

Los judíos se preocupaban por lo que habían de recibir; su ansia principal era lo que creían merecer en cuanto a poder, respeto y servicio. Cristo enseña que nuestro motivo de ansiedad no debe ser ¿cuánto podemos recibir?, sino ¿cuánto podemos dar? La medida de lo que debemos a los demás es lo que estimaríamos que ellos nos deben a nosotros.

En nuestro trato con otros, pongámonos en su lugar. Comprendamos sus sentimientos, sus dificultades, sus chascos, sus gozos y sus pesares. Identifiquémonos con ellos; luego tratémoslos como quisiéramos que nos trataran a nosotros si cambiásemos de lugar con ellos. Esta es la regla de la verdadera honradez. Es otra manera de expresar esta ley: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Es la médula de la enseñanza de los profetas, un principio del cielo. Se desarrollará en todos los que se preparan para el sagrado compañerismo con él…

Nadie que tenga el ideal verdadero de lo que constituye un carácter perfecto dejará de manifestar la simpatía y la ternura de Cristo. La influencia de la gracia debe ablandar el corazón, refinar y purificar los sentimientos, impartir delicadeza celestial y un sentido de lo correcto (El discurso maestro de Jesucristo, p. 113, 114).

La fe en Cristo que salva al alma no es lo que muchos presentan. “Cree, cree —es su pregón—; solo cree en Cristo, y serás salvo. Es lo único que necesitas hacer”. La fe verdadera, a la vez que confía enteramente en Cristo para la salvación, conducirá a la perfecta conformidad con la ley de Dios. La fe se manifiesta en obras. Y el apóstol Juan declara: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:4).

Es inseguro confiar en sentimientos o impresiones; éstos no son guías confiables. La ley de Dios es la única norma correcta de santidad. Por esta ley será juzgado el carácter. Si alguien que busca la salvación preguntara: “¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?”, los modernos maestros de la santificación contestarían: “Tan solo cree que Jesús te salvará”. Pero cuando a Cristo se le formuló esta pregunta, dijo: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?” Y cuando el que preguntaba replicó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo”, Jesús dijo: “Bien has respondido; haz esto, y vivirás” (Lucas 10:25-28).

La verdadera santificación se evidenciará por una consideración concienzuda de todos los mandamientos de Dios, por un desarrollo cuidadoso de cada talento, por una conversación circunspecta, por revelar en cada acto la mansedumbre de Cristo (Fe y obras, pp. 52, 53).

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Viernes 8 de septiembre // Lección 11___________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “La fe genuina siempre obra impulsada por el amor. Cuando miran el Calvario, no lo hacen para tranquilizar vuestra alma en el incumplimiento de vuestro deber, ni para disponerse a dormir, sino para generar fe en Jesús, una fe que obrará purificando el alma del fango del egoísmo. Cuando nos aferramos a Cristo por la fe, nuestra obra acaba de comenzar. Cada hombre tiene hábitos corrompidos y pecaminosos que deben ser vencidos mediante una lucha vigorosa. Cada alma tiene que pelear la batalla de la fe. El que es seguidor de Cristo no puede actuar con falta de honradez en los negocios; no puede ser insensible ni carecer de simpatía. No puede hablar con aspereza. No puede estar lleno de ostentación y amor propio. No puede ser dominante ni emplear palabras ásperas, y censurar y condenar.

“La obra de amor surge de la acción de la fe. La religión de la Biblia significa trabajo constante. ‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’ (Mat. 5:16). Obren vuestra propia salvación con temor y temblor, porque es Dios el que obra en ustedes tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Debemos buscar celosamente las buenas obras, y debemos mantenerlas cuidadosamente. Y el Testigo fiel dice: ‘Yo conozco tus obras’ (Apoc. 2:2).

“Si bien es verdad que nuestras múltiples actividades no nos asegurarán la salvación por sí mismas, también es cierto que la fe que nos une con Cristo estimulará el alma a la actividad” (MS 2:21, 22).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Como clase, repasen sus respuestas a la última pregunta del día jueves. ¿Cuál de las opciones le resultó más fácil a la mayoría, y por qué? ¿Qué verdades importantes sugiere tu respuesta acerca de lo que significa cumplir la Ley?
  2. Pablo dice que la fe “obra” por el amor. ¿Qué quiere decir?
  3. Examina la idea de querer usar tu libertad en Cristo para entregarte al pecado. ¿Por qué es tan fácil caer en eso? Sin embargo, cuando la gente piensa de ese modo, ¿en qué trampa está cayendo?

RESUMEN: Libertad es una de las palabras favoritas de Pablo para definir el evangelio. Incluye tanto lo que Cristo ha hecho por nosotros al liberarnos de la esclavitud del mundo como también el modo en que somos llamados a vivir la vida cristiana. Sin embargo, debemos tener cuidado de que nuestra libertad no caiga presa del legalismo ni del libertinaje. Cristo no nos liberó para que nos sirviéramos a nosotros mismos, sino para que pudiéramos entregar nuestra vida a ministrar a nuestro prójimo.

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2017

 

4 pensamientos en “LECCIÓN 11 – LIBERTAD EN CRISTO – PARA EL 9 DE SEPTIEMBRE DE 2017

  1. Feliz santo sabado hermanos. Son las 2 y 56 aquí en Colombia y acabo de entrar a la pagina y no pude descargar la lección. Les agradezco… feliz semana.

  2. Jajaja… acabo de leer la nota aclaratoria sobre el archivo pdf… muchas gracias por su labor. Dios los siga bendiciendo.

  3. Gracias mi hermano Que Dios te bendiga Mil gracias Un abrazo fraternal desde Colombia Medellín Mil gracias

    Enviado desde mi smartphone Samsung Galaxy.

  4. Saludos hno Tony. Veo que no hay comentarios para esta lección de esta semana.

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