Escuela Sabatica Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

LECCIÓN 4 – JUSTIFICACIÓN POR MEDIO DE LA FE – PARA EL 28 DE OCTUBRE DE 2017

2 comentarios



** SI NECESITA ESTE DOCUMENTO EN FORMATO PDF, POR FAVOR HAGA UN CLICK AQUÍ MISMO SOBRE ESTE ANUNCIO Y LUEGO DESCARGUELO EN SU TELÉFONO, TABLETA, O COMPUTADORA. **


Si usted desea estudiar las lecciones anteriores, esto es lo que tiene que hacer:

1-Entre a la página central de Escuela Sabática Maestros, y a su lado derecho encontrará una barra llamada “CATEGORÍA”. Allí por favor elija el trimestre del año que desea estudiar.

2-Una vez usted haya elegido el trimestre del año que desea estudiar, el sistema automáticamente le proveerá la última lección del trimestre que usted escogió, que es la lección 13.

3-Si usted desea estudiar las lecciones anteriores a la lección 13, al final de la lección encontrará una barra llamada “ENTRADAS ANTIGUAS”. Si usted está en la lección 13, ésta barra lo llevará a la lección anterior que es la 12. Si usted está en la lección 12, ésta barra lo llevará a la lección anterior que es la 11, y así puede repetir éste proceso hasta que llegue a la lección que usted, desea estudiar.

Tenemos la lecciones disponibles para su estudio, desde el segundo trimestre del año 2014.


Si usted desea dejar su comentario, por favor vaya al final de ésta página, y allí encontrará el lugar para hacerlo. Si usted hace una pregunta, se le responderá por el mismo medio, en la misma lección donde usted deje su pregunta.


Image result for justified by faith alone

Los pensamientos pertenecientes a la GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA – EDICIÓN PARA MAESTROS de la Escuela Sabática no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local, regional ni mundial. Más bien, es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer información adicional para quien estudia la lección de Escuela Sabática. Provee una ayuda extra para el maestro, a fin de entenderla mejor, y explicar de una manera más clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversiales, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de ayuda o de agrado para usted, se le pide que, por favor, lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com


Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía

 


Lección 4: Para el 28 de octubre de 2017

JUSTIFICACIÓN POR MEDIO DE LA FE

Sábado 21 de octubre_______________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 3:19-28.

PARA MEMORIZAR:

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom. 3:28).

EN ESTA LECCIÓN, LLEGAMOS al tema básico de Romanos: la justificación por la fe; la gran verdad que, más que cualquier otra, dio lugar a la Reforma Protestante. Y, a pesar de todo lo que se afirma en contra, Roma no ha cambiado respecto de esta creencia hasta ahora, así como no lo hizo en 1520.

La frase en sí es una figura basada en la ley. El transgresor de la ley se presenta ante un juez y es condenado a muerte por sus transgresiones. Pero entonces, aparece un sustituto, toma sobre sí las faltas del transgresor y limpia al infractor. Al aceptar al sustituto, el culpable ahora se encuentra ante el juez, no solo libre de su culpabilidad, sino también se considera que nunca cometió las faltas por las que fue llevado ante los tribunales. Y eso es porque el sustituto, que tiene un historial perfecto, le ofrece al transgresor perdonado su propio cumplimiento de la ley.

En el plan de salvación, cada uno de nosotros es el transgresor. El Sustituto, Jesús, tiene un historial perfecto; él se presenta ante la corte en nuestro lugar y su justicia es aceptada en lugar de nuestra injusticia. Por eso somos justificados ante Dios, no por nuestras obras, sino por causa de Jesús, cuya justicia se hace nuestra cuando la aceptamos “por fe”. No puede haber nada mejor que esta noticia.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Evangelio de las buenas nuevas no debía ser interpretado como algo que permite que los hombres vivan en continua rebelión contra Dios, transgrediendo su ley justa y santa. Los que pretenden entender las Escrituras, ¿por qué no pueden ver que el requisito de Dios bajo la gracia es exactamente el mismo que impuso en el Edén: perfecta obediencia a su ley? En el juicio Dios preguntará a los que dicen ser cristianos: ¿por qué afirmasteis creer en mi Hijo pero continuasteis transgrediendo mi ley? ¿Quién exigió esto de vuestras manos: hollar mis reglas de justicia? “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” El Evangelio del Nuevo Testamento no es la norma del Antiguo Testamento, rebajada para llegar hasta el pecador y salvarlo en sus pecados. Dios pide obediencia de todos sus súbditos, obediencia completa a todos sus mandamientos. Ahora, como siempre, demanda perfecta justicia como el único título para el cielo. Cristo es nuestra esperanza y nuestro refugio. Su justicia sólo es atribuida al obediente. Aceptémosla por fe para que el Padre no encuentre ningún pecado en nosotros. Pero los que han quebrantado la santa ley no tendrán derecho a pedir esa justicia. ¡Ojalá pudiéramos contemplar la inmensidad del plan de salvación como hijos obedientes de todos los requerimientos de Dios, creyendo que tenemos paz con Dios por medio de Jesucristo, nuestro sacrificio expiatorio! (Comentario bíblico adventista del séptimo día, {6BC}t. 6, p. 1072).

Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, deben guardarse en forma especial. El primero, en el cual ya se ha insistido, es el de fijarnos en nuestras propias obras, confiando en algo que podamos hacer para ponernos en armonía con Dios. El que está procurando llegar a ser santo mediante sus esfuerzos por observar la ley, está procurando una imposibilidad. Todo lo que el hombre puede hacer sin Cristo está contaminado de egoísmo y pecado. Sólo la gracia de Cristo, por medio de la fe, puede hacernos santos.

El error opuesto y no menos peligroso consiste en sostener que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la ley de Dios, y que en vista de que sólo por la fe llegamos a ser participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención.

Nótese, sin embargo, que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor. La ley de Dios es una expresión de la misma naturaleza de su Autor; es la personificación del gran principio del amor, y es, por lo tanto, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. Si nuestros corazones están renovados a la semejanza de Dios, si el amor divino está implantado en el alma, ¿no se cumplirá la ley de Dios en nuestra vida? Cuando el principio del amor es implantado en el corazón, cuando el hombre es renovado a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: “Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré.” Y si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida? La obediencia, es decir el servicio y la lealtad que se rinden por amor, es la verdadera prueba del discipulado (El camino a Cristo, {CC}, p. 60).

26


Domingo 22 de octubre // Lección 4________________________________________________

LAS OBRAS DE LA LEY

Lee Romanos 3:19 y 20. ¿Qué dice Pablo sobre la Ley, sobre lo que hace, y sobre lo que no hace o no puede hacer? ¿Por qué es tan importante que todos los cristianos comprendamos este tema?

Romanos 3:19-20

19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;  20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Pablo está usando el término Ley en su sentido amplio, según lo entendían los judíos en su época. Por el término Torá (la palabra hebrea para “Ley”), un judío aún hoy piensa específicamente en las instrucciones de Dios en los primeros cinco libros de Moisés, pero también en términos más generales en todo el Antiguo Testamento. La Ley Moral (más su ampliación en los estatutos y juicios, así como los preceptos ceremoniales) era parte de estas instrucciones. Debido a esto, aquí podemos pensar en la Ley como el sistema del judaísmo.

Estar bajo la Ley significa estar bajo su jurisdicción. La Ley revela los defectos y la culpa de una persona ante Dios. Sin embargo, no puede eliminar esa culpa; lo que puede hacer es llevar al pecador a buscar una solución.

Cuando aplicamos el libro de Romanos en nuestra época, cuando la Ley judía deja de ser un factor, pensamos en la Ley especialmente en términos de la Ley Moral. Esta ley no puede salvarnos, así como el sistema del judaísmo tampoco podía salvar a los judíos. Salvar a un pecador no es la función de la Ley Moral, sino que es revelar el carácter de Dios y mostrar en qué aspectos la persona falla en reflejar ese carácter.

Cualquiera que sea la ley (moral, ceremonial, civil o una combinación de todas ellas), guardar todas y cada una de ellas en sí no hará que una persona sea justa a la vista de Dios. Es más, la Ley nunca tuvo esa finalidad. Al contrario, debía señalar nuestras deficiencias y conducirnos a Cristo.

La Ley no puede salvarnos, así como los síntomas de una enfermedad no pueden curarnos de una enfermedad. Lo que los síntomas hacen es indicar la necesidad de una cura. Así es como funciona la Ley.

¿Cuánto éxito has tenido en tus esfuerzos por guardar la Ley? ¿Qué te dice esta respuesta sobre la futilidad de tratar de ser salvo guardando la Ley?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El resumen de la lección de esta semana es SÓLO CRISTO PUEDE SALVAR A QUIEN CREE EN ÉL. Sin la justicia de CRISTO adjudicada al humano, no se puede esperar sino la perdición y muerte definitiva.

Entonces, los cristianos de hoy ¿estamos bajo la ley o bajo la gracia? ¿Qué significa estar bajo cada una de ellas? Tal es el examen que haremos durante esta semana, bajo la ministración del Santo Espíritu.

Términos clave: fe, fe de Jesús, justicia, justificación, ley, obras, obras de la ley…

Señor, te suplicamos con humilde reverencia que nos ilumines a fin de entender mejor tu santa voluntad para nosotros; sea tu Palabra santa la que nos muestre la verdad que da vida.

Romanos 3:19-20

19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;  20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Comencemos con la terminología fundamental para aproximarnos a la epístola a los romanos:

*La ley de Dios (el Decálogo)

-Persigue la felicidad del ser humano

-Revela el carácter del Legislador

-Su dominio es universal

-Sus enseñanzas son distintivas y autoritarias

-Se dio para acatarla, no para atacarla

-Quien la ataque tendrá condenación completa y sin excepción

“19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice…

Las cosas que están escritas en la ley son preceptos sagrados, son sanciones solemnes; a primera vista son amenazas nada placenteras. La ley es un instrumento de poder. La ley tiene dos poderosas manos: con una fomenta la santidad, con la otra aprieta firmemente y conquista al transgresor.

“…lo dice a los que están bajo la ley…”

La ley abarca a todos aquellos “que están bajo la ley” Si ellos son obedientes, entonces significa vida y paz para ellos. Si ellos son desobedientes, entonces la ley se convierte en un instrumento de condenación y muerte para el transgresor.

“… para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios…” 

La ley es un poder convincente que se demuestra ya sea a través de la gracia que ofrece Cristo por su muerte vicaria, o para ser eliminados por Cristo en el día del juicio final.

20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él

La ley es una oficina del Espíritu Santo. La ley en las manos del Espíritu Santo es viviente y poderosa, tiene más filo que una espada de dos filos; a su vez, la ley de Dios es una carta de condenación a muerte al transgresor.

La ley es una oficina del Espíritu Santo. La ley en las manos del Santo Espíritu es viviente y poderosa, tiene más filo que una espada de dos filos; a su vez, la ley de Dios es una carta de condenación a muerte para el transgresor.

La ley delata el pecado:

-La ley delata los presuntos pecados

-La ley delata los pecados de inadvertencia e ignorancia

-La ley descubre los pecados secretos, de pensamientos corruptos, y los deseos mundanos

-La ley desenmascara la deficiencia de la mente humana que lo conduce a las malas acciones

-La ley delata la naturaleza corrupta que siempre se encuentra en un estado de rebelión contra de Dios.

Estas son algunas de las razones por las cuales el humano no se puede justificar por las obras de la ley:

1-La ley declara que Dios nuestro Creador ordena que lo amemos con todo nuestro corazón y que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismo; el hombre ha probado a lo largo de toda la historia de este mundo que eso no lo puede lograr.

2-La ley declara que el hombre ha sido destituido de la gloria de Dios, y en su lugar lo que ha conseguido es un espíritu de enemistad contra de Dios. No importa a qué clase de sociedad el hombre pertenezca, el hombre naturalmente es orgulloso, incrédulo, violento y cruel; la ley enseña al hombre a ser todo lo contrario de eso. El hombre ha probado en toda la historia de este mundo que eso no lo puede lograr.

3- La ley revela que nuestros primeros padres desobedecieron a Dios y transmitieron una vida pecaminosa a su posteridad. No importa cuán bueno el hombre intente ser, la ley siempre lo condena y lo declara destituido de la gloria de Dios. Nuestros primeros padres llevaron al mundo a la bancarrota moral,  y lo hipotecaron de una manera tan infantil, que hasta ahora la humanidad entera sigue pagando un precio con los intereses más altos que puedan existir en el universo entero.

“… porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado…”

Todos los que vivimos y hemos vivido en este mundo tenemos conciencia de la ley de Dios. Para entender mejor esto, tenemos que saber las diferentes maneras en las que la ley de Dios se aplica a la humanidad:

1- La ley natural: esta es la ley con la cual los paganos son gobernados; a la ley natural también se la llama la ley de la conciencia: 14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,” (Romanos 2)  

Los transgresores de esta ley, serán castigados con unos cuantos azotes:

47 Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.  48 Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.  (Lucas 12)

2- La ley del Antiguo Testamento, que es una ley expresada en términos negativos, aunque en su esencia es totalmente positiva. “No tendrás…”; “No hablarás…”; “No te inclinaras”; “No matarás”…  Esta ley del Antiguo Testamento es superior a la ley de los gentiles, ya que es una ley clara, precisa, y estricta.

3- Por encima de todas las leyes tenemos la ley del amor. Dios te ama, ámalo igualmente a él, y muéstrale tu amor a través de la obediencia. ¿Se dio cuenta?

Toda persona que ha conocido la ley de Dios sabe que es la misma ley, lo único diferente es que ha sido aplicada de acuerdo con las condiciones de la humanidad. Según este axioma, si todos hemos conocido la ley de Dios, automáticamente también todos hemos conocido el pecado,“… porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado…”

La esposa encontró a su esposo borracho, tirado en el piso de la cocina: la condición de este hombre era deplorable, miserable y triste. Sus ropas estaban sucias y rotas, su cuerpo estaba maloliente, andaba todo despeinado, tenía raspones en su piel, y estaba profundamente dormido en el suelo de la cocina. Mandó inmediatamente a traer a un amigo fotógrafo profesional para que con su cámara captara la triste escena. A los días recibió de su amigo la foto de su esposo borracho, la encuadró muy finamente y la colocó sobre el dintel de la parte superior de la chimenea, junto a otra foto de su esposo que fue tomada el día de la boda. En la foto del día de la boda, el hombre se veía muy apuesto, ordenado, muy bien vestido, con salud y alegría en su rostro.

A los días el esposo tuvo la oportunidad de entrar a la habitación donde se encontraban las dos contrastantes fotografías, y  su conciencia despertó de su deplorable condición, y decidió hacer un cambio total en su vida.

La oficina de la ley no tiene como objetivo salvar al hombre, el objetivo de la ley es mostrar al hombre cuál es su verdadera situación ante los santos ojos de Dios. Para que se opere la salvación es menester que concurran otros elementos en la vida del pecador.

 

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Desde el principio de la gran controversia, se propuso Satanás desfigurar el carácter de Dios, y despertar rebelión contra su ley; y esta obra parece coronada de éxito. Las multitudes prestan atención a los engaños de Satanás y se vuelven contra Dios. Pero en medio de la obra del mal, los propósitos de Dios progresan con firmeza hacia su realización. El manifiesta su justicia y benevolencia hacia todos los seres inteligentes creados por él. A causa de las tentaciones de Satanás, todos los miembros de la raza humana se han convertido en transgresores de la ley divina; pero en virtud del sacrificio de su Hijo se abre un camino por el cual pueden regresar a Dios. Por medio de la gracia de Cristo pueden llegar a ser capaces de obedecer la ley del Padre. Así en todos los tiempos, de entre la apostasía y la rebelión Dios saca a un pueblo que le es fiel, un pueblo “en cuyo corazón está” su “ley” (Isaías 51:7) (Patriarcas y profetas, {PP}, p. 351).

Y a los que insistían en que “la predicación del evangelio satisface todas las exigencias de la ley”, Wesley replicaba: “Lo negamos rotundamente. No satisface ni siquiera el primer fin de la ley que es convencer a los hombres de su pecado, despertar a los que duermen aún al borde del infierno”. El apóstol Pablo dice que “por medio de la ley es el conocimiento del pecado”, “y mientras no esté el hombre completamente convencido de sus pecados, no puede sentir verdaderamente la necesidad de la sangre expiatoria de Cristo […]. Como lo dijo nuestro Señor, ‘los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos’. Es por lo tanto absurdo ofrecerle médico al que está sano o que cuando menos cree estarlo. Primeramente tenéis que convencerle de que está enfermo; de otro modo no os agradecerá la molestia que por él os dais. Es igualmente absurdo ofrecer a Cristo a aquellos cuyo corazón no ha sido quebrantado todavía.”

De modo que, al predicar el evangelio de la gracia de Dios, Wesley, como su Maestro, procuraba “engrandecer” la ley y hacerla “honorable”. Hizo fielmente la obra que Dios le encomendara y gloriosos fueron los resultados que le fue dado contemplar (El conflicto de los siglos, {CS}, pp. 267, 268).

Nuestra aceptación delante de Dios es segura sólo mediante su amado Hijo, y las buenas obras no son sino el resultado de la obra de su amor que perdona los pecados. Ellas no nos acreditan y nada se nos concede por nuestras buenas obras por lo cual podemos pretender una parte en la salvación de nuestra alma. La salvación es un don gratuito de Dios para el creyente, que sólo se le da por causa de Cristo. El alma turbada puede hallar paz por la fe en Cristo, y su paz estará en proporción con su fe y confianza. El creyente no puede presentar sus obras como un argumento para la salvación de su alma (Comentario bíblico adventista del séptimo día, {5BC}, t. 5, p. 1096).

27


Lección 4 // Lunes 23 de octubre____________________________________________________

LA JUSTICIA DE DIOS

“Ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas” (Rom. 3:21, NVI). ¿De qué forma entendemos lo que está diciendo este versículo?

Esta nueva justicia se contrasta con la de la Ley, que era la justicia con la que estaban familiarizados los judíos. La nueva justicia se llama “la justicia de Dios”; es decir, viene de Dios, es la que él provee y la única que él acepta como justicia verdadera.

Por supuesto, esta es la justicia que Jesús obró en su vida mientras estuvo aquí en cuerpo humano, una justicia que les ofrece a todos los que la aceptan por fe y la reclaman para sí, no porque la merezcan, sino porque la necesitan.

“La justicia es obediencia a la Ley. La Ley demanda justicia y, ante la Ley, el pecador debe ser justo. Pero, es incapaz de serlo. La única forma en que puede obtener la justicia es mediante la fe. Por fe puede presentar a Dios los méritos de Cristo, y el Señor coloca la obediencia de su Hijo en la cuenta del pecador. La justicia de Cristo es aceptada en lugar del fracaso del hombre; y Dios recibe, perdona y justifica al alma creyente y arrepentida, la trata como si fuera justa y la ama como ama a su Hijo” (MS 1:430) ¿Cómo puedes aprender a aceptar esta maravillosa verdad? (Ver, además, Rom. 3:22.)

Romanos 3:22

22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

La fe de Jesucristo (RVA) es, sin duda, la fe en Jesucristo (RVR). Cuando obra en la vida cristiana, la fe es mucho más que un asentimiento intelectual; es más que un simple reconocimiento de ciertos hechos sobre la vida de Cristo y su muerte. La verdadera fe en Jesucristo es aceptarlo como Salvador, Sustituto, Garante y Señor. Es escoger su modo de vida. Es confiar en él y procurar vivir por fe conforme a sus mandamientos.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Otras maneras en que se enfoca la ley son las que siguen:        

“Ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. 22 La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia” (Rom. 3:21, NVI).

“21 “Pero ahora, aparte de la Ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la Ley y los Profetas. 22 Esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo es para todos los que creen. Porque no hay distinción”  (Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy – NBLH)

21 Pero ahora, sin la ley, Dios ha mostrado de qué manera nos hace justos, y esto lo confirman la misma ley y los profetas: 22 por medio de la fe en Jesucristo, Dios hace justos a todos los que creen. Pues no hay diferencia:  (Romanos 3, Dios Habla Hoy DHH)

Esta última traducción es extremadamente atrevida; la incluiremos solamente para comprender de modo más amplio lo que el texto está intentando que comprendamos en nuestra lengua.

21 La Biblia misma nos enseña claramente que ahora Dios nos acepta sin necesidad de cumplir la ley. 22 Dios acepta a todos los que creen y confían en Jesucristo, sin importar si son judíos o no lo son.  (Romanos 3, Traducción en Lenguaje Actual TLA)

¿Cuál en verdad es el mensaje de estos dos versículos?

1-La justicia que nos permite ser aceptos ante Dios, fue preparada por Dios, revisada por Dios, aprobada por Dios y conferida a nosotros por Dios.

2-Esa justicia que nos hace aceptos ante Dios es confirmada por la misma ley y los profetas

3-Esa justicia que nos regala Dios para que seamos aceptos ante él, fue asegurada por Cristo en la cruz del Calvario

4-Esa justicia que nos hace aceptos ante Dios fue diseñado para todo ser humano que lleve en su frente la estampa de pecador, sin importar su nacionalidad, su sexo, su religión, su color, su idioma o su estado socio-económico

5-Esa justicia que nos hace aceptos ante Dios es recibida solamente por fe, nunca es recibida por nuestros propios méritos, ni por nuestras propias obras

6- El más importante de todos estos puntos para los adventistas del séptimo día,  es que esa justicia que nos hace aceptos ante Dios, nunca, jamás está aboliendo la ley de Dios, sino todo lo contrario, está confirmando que existe una ley, y que debido a que esa ley es tan infalible, y por más que hagamos y luchemos, llegamos a la conclusión que no la podemos guardar, entonces Dios se ha provisto de una oficina que rescata al pecador que lucha, y esa oficina se llama la “oficina de la justicia de Dios”.

El apóstol está mostrando que esta justicia no es humana, sino que es divina. Esa justicia que nos hace aceptos o justos ante Dios, no es producto del esfuerzo del humano, sino que simple y sencillamente es una provisión y un regalo de parte de Dios para toda la humanidad caída. El único requisito para recibirla es pedirla y aceptarla mediante la fe.

Adán perdió la justicia cuando sucumbió ante la tentación, pero Dios nos entrega una justicia mejor, no una justicia basada en el hombre, sino una justicia basada en los méritos de Cristo. Esos méritos fueron obtenidos por su victoria sobre el pecado, a pesar de las pruebas y sufrimientos que padeció.

Por eso la Biblia la llama  “justicia de Dios”.  Esta justicia divina no solo toma nuestro pecado y lo perdona, sino que afirma nuestros pies en el sendero de la salvación, y nos hace reposar seguros en la bendita esperanza de una vida mejor.

Si los cristianos tan solo comprendiéramos la justicia de Dios, ¡seríamos un pueblo sin tanto remordimiento de conciencia, seríamos un pueblo con menos sentido de culpabilidad, seríamos un pueblo más feliz, ya que reposaríamos en la justicia de Dios, que levanta, que redime, que perdona y que salva al pecador!

En varios pasajes de la Biblia “la justicia de Dios” significa la santidad y la rectitud de carácter  que pertenece sólo a Dios; también significa su autoridad divina que mantiene el fundamento de su gobierno a través de una ley perfecta y santa. Pero en los versículos de estudio para este día la “justicia de Dios” significa que Dios ha provisto una nueva agencia que hace posible que el pecador sea aceptado ante la presencia de Dios, aun cuando éste no haya cumplido con los requerimientos de la ley divina.

A todo aquel pecador que llene la solicitud para “la justicia divina”, cuyo material no es papel, sino un fino, raro y precioso material llamado “fe”, se le asegura que obtendrá y será el dueño de la “justicia divina”.  Con esa “justicia divina” el pecador justificado –por lo cual deja de ser pecador- podrá:

-Descansar en la justicia divina

-Vivir en la justicia divina

-Testificar de la justicia divina

-Morir en la justicia divina

-Comparecer y salir victorioso ante la justicia divina

-Vivir la eternidad frente al Dios justo

Esta justicia divina que se nos ofrece es diferente de las demás justicias divinas que la Biblia presenta en sus doradas páginas. Todo aquel que solicite en la oficina de la justicia divina, su esperanza se basará en la “justicia divina”; todo aquel que no solicite la “justicia divina” entonces la justicia divina no será su esperanza, ni su consuelo, sino que será su terror y su fin eterno.

Uno de los más interesantes episodios de la historia del hombre, es el del rey Eduardo III conquistando la famosa ciudad de Calais, en Francia. Dice la historia que el rey había tenido asediada la ciudad por un año entero, antes de que ésta se rindiera. Cuando la ciudad, sus habitantes, sus líderes y su ejército no pudieron más, entonces izaron la bandera blanca ante el rey Eduardo III. El rey Eduardo III enfurecido por la gran resistencia que los de Calais habían mantenido ante el monarca inglés, ordenó que los seis principales de la ciudad, fueran enviados a él, cada uno de ellos con la llave de la ciudad atada a su cuello.

Seis valientes de ellos y los principales de la ciudad, se ofrecieron voluntariamente para esta cruel misión. Cuando éstos se presentaron ante el rey, fueron inmediatamente condenados a la ejecución.

La esposa del rey Eduardo III, la reina Felipa, muy gentil, suave y dulcemente, intercedió por estos hombres ante el rey, consiguió el perdón para ellos, les hizo una fiesta en su honor, los trató como dignos dirigentes de la imponente y formidable ciudad de Calais, y los condujo hasta su ciudad acompañándolos con un fuerte cuerpo de seguridad.

Si el hombre, aun siendo un pobre y miserable pecador, puede construir grandes monumentos a la misericordia y al amor por el prójimo ¿cuánto más podrá hacer Dios, que es un Dios de amor, con su justicia divina para el pobre y caído pecador?

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Pablo se explayó especialmente en las abarcantes exigencias de la ley de Dios. Explicó que alcanza a los profundos secretos de la naturaleza moral del hombre y derrama un raudal de luz sobre lo que se ha ocultado de la vista y el conocimiento de los hombres. Lo que las manos pueden hacer o la lengua puede declarar, lo que la vida entera revela, no muestra sino imperfectamente el carácter moral del hombre. La ley discierne los pensamientos, motivos y propósitos. Las obscuras pasiones que yacen ocultas de la vista de los hombres, como el celo, el odio, la concupiscencia y la ambición, las malas acciones meditadas en las obscuras reconditeces del alma, aunque nunca se hayan realizado por falta de oportunidad: todo esto lo condena la ley de Dios.

Pablo trató de dirigir los pensamientos de sus oyentes hacia el gran sacrificio hecho por el pecado. Señaló los sacrificios que eran sombra de los bienes venideros, y presentó entonces a Cristo como la realidad prefigurada por todas esas ceremonias: el objeto al cual todas señalaban como la única fuente de vida y esperanza para el hombre caído…

Dios no puede rebajar los requerimientos de su ley para satisfacer la norma de los impíos; ni pueden los hombres, por su propio poder, satisfacer las demandas de la ley. Solamente por la fe en Cristo puede el pecador ser limpiado de sus culpas y capacitado para prestar obediencia a la ley de su Hacedor (Los hechos de los apóstoles, {HAp}, pp. 338, 339).

Cuán asombroso el amor que Cristo manifestó al venir al mundo a cargar con nuestros pecados y enfermedades, y caminar el sendero del sufrimiento, a fin de mostrarnos por medio de su vida intachable cómo hemos de caminar, y vencer como él venció…

El mundo había perdido el modelo original de la bondad, y se había sumergido en la apostasía universal y en la corrupción moral; y la vida de Cristo fue de esfuerzo laborioso y abnegado para atraer de vuelta al hombre a su primitivo estado y para imbuirlo del espíritu de la generosidad y del amor divinos. Aunque estaba en el mundo, no era del mundo. Era un constante dolor para él estar en contacto con la enemistad, la depravación y la impureza que Satanás había producido; pero tenía una obra que hacer para poner al hombre en armonía con el plan divino, y a la tierra en relación con el cielo, y no consideraba ningún sacrificio demasiado grande para cumplir este propósito (God’s Amazing Grace, pp. 164, 165; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, {MGD}, p. 165).

La fe salvadora no es un mero asentimiento intelectual a la verdad. El que aguarda hasta tener un conocimiento completo antes de querer ejercer fe, no puede recibir bendición de Dios. No es suficiente creer acerca de Cristo; debemos creer en él. La única fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que nos pone en posesión de sus méritos. Muchos estiman que la fe es una opinión. La fe salvadora es una transacción por la cual los que reciben a Cristo se unen con Dios mediante un pacto. La fe genuina es vida. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza implícita por la cual el alma llega a ser una potencia vencedora (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 312).

28


Martes 24 de octubre // Lección 4__________________________________________________

POR SU GRACIA

Lee Romanos 3:24, teniendo en cuenta lo que hemos estudiado hasta aquí sobre la Ley y lo que la Ley no puede hacer. ¿Qué está queriendo enseñar Pablo? ¿Qué implica que la redención sea en Jesús?

Romanos 3:24

24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

¿Qué es esta idea de “ser justificados” que encontramos en el versículo? La palabra griega dikaioo, traducida como “justificar”, puede significar “hacer justo”, “declarar justo” o “considerar justo”. La palabra se forma sobre la misma raíz que dikaiosune, “justicia”, y que el término dikaioma, “requerimiento justo”. Por lo tanto, existe una estrecha conexión entre “justificación” y “justicia”, una conexión que no siempre aparece en las traducciones. Somos justificados cuando somos “declarados justos” por Dios.

Antes de esta justificación, una persona es injusta y, por lo tanto, inaceptable para Dios; después de la justificación, la persona es considerada justa y, por lo tanto, aceptable para él.

Y esto sucede solamente por medio de la gracia de Dios. “Gracia” significa “favor”. Cuando un pecador acude a Dios en busca de salvación, es un acto de gracia considerar o declarar que esa persona es justa. Es un favor inmerecido, y el creyente es justificado sin ningún mérito propio, sin ninguna pretensión de ofrecerle a Dios, por cuenta propia, más que su absoluta impotencia. La persona es justificada mediante la redención que es en Cristo Jesús, la redención que Jesús ofrece como Sustituto y Garante del pecador.

La justificación se presenta en Romanos como un acto puntual; es decir, se da en un momento determinado en el tiempo. En un momento el pecador está afuera, es injusto e inaceptable; al instante siguiente, después de la justificación, la persona está adentro, es aceptada y justa.

La persona que está en Cristo ve la justificación como un acto pasado, que ocurrió cuando se entregó totalmente a Cristo. “Justificados” (Rom. 5:1) es, literalmente, “al haber sido justificados”.

Por supuesto, si el pecador justificado se apartase y luego regresara a Cristo, la justificación volvería a tener lugar. Además, si se toma en cuenta que la reconversión es una experiencia diaria, en cierto sentido, la justificación podría considerarse una experiencia repetitiva.

Con la buena noticia de que la salvación es tan benigna, ¿qué impide que la gente la acepte? En tu propia vida, ¿qué cosas hacen que te abstengas de todo lo que el Señor te promete y te ofrece?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Romanos 3:24

24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús

La justificación abarca varios puntos muy importantes:

1-Es gratuita, el pecador aunque quiera no la puede comprar, aún más, no puede ser transferida, retardada, vendida ni intercambiada

Dios tiene una hermosa subasta de justificación y perdón en el centro de la plaza de la perdición, en esta subasta él constantemente grita a voz en cuello a los pecadores presentes: “A todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed. Venidcomprad vino y leche sin dinero y sin costo alguno” (Isaías 55: 1)

Es una ofensa que hacemos a Dios cuando venimos con una pobre, triste, gastada y vieja moneda a tratar de comprar los tesoros de Dios. 

Cierto magnate inglés a la hora de su muerte trataba de comprar la entrada al  cielo con su fortuna; el ministro religioso que lo asistía en ese momento, se dio cuenta de la desesperación del pobre hombre y le preguntó: ¿Cuánto dejas para nuestra iglesia? -200,000 libras- dijo el moribundo. El pastor le dijo: -Eso no es suficiente para poder caminar por las calles que son de oro puro de la gran ciudad- Tomándole de la mano, le repitió el texto bíblico donde se declara que somos: 24justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús

2-Es de origen divino, por lo tanto es completa y suficiente: una vez nuestro pecado es perdonado, es perdonado para siempre y Dios no se acuerda mas de esa ofensa

3-Es traída a nosotros a través de Jesucristo

4-Perdona nuestros pecados

5-Nos restaura en el favor de Dios

6-Somos aceptados en la presencia de Dios como personas justas

La justificación humana es muy diferente a la justificación divina. En la justificación humana, un criminal puede ser absuelto de su crimen, pero no hay ningún cambio en su carácter.

En la justificación humana un prisionero puede ser libertado, puede ser liberado de los cargos en su contra, puede ser perdonado, pero él saldrá con los mismos malos rasgos de carácter o debilidad moral con la cual entró a la prisión; en otras palabras, la justificación humana es solamente un cambio de estado y no un cambio de carácter. En la justificación humana el criminal puede ser librado de su castigo, pero no puede ser librado de su culpabilidad.

La justificación divina es diferente: el hombre que había sido enjuiciado, es absuelto, es perdonado, es dejado en libertad, pero le acompaña uno de los atributos más sublimes de la divinidad: la santificación. Dicho en otras palabras, la justificación divina hace un cambio en el hombre, tanto de estado como de carácter. En la justificación divina el hombre es librado de su castigo y también es librado de su angustiante culpabilidad.

Cuando un prisionero era hecho esclavo por alguna tribu bárbara, para liberarlo, se tenía que pagar una fortuna por él.  Cuando Adán cayó, la justicia nos hizo prisioneros y solamente podíamos  ser liberados si alguien pagaba un elevado rescate por nosotros. El problema fue que con la caída de Adán, el mundo fue hipotecado, nuestro hogar fue puesto en ejecución, nuestras pertenencias fueron vendidas, por lo tanto nos quedamos sin dinero para pagar nuestra propia liberación. Es allí donde apareció Jesucristo y con su muerte en la cruz pagó la deuda que nosotros no podíamos pagar.

El pago que Cristo hizo por nuestra salvación fue un pago total y absoluto. El sacrificio del Calvario no fue un pago parcial, no fue un pago a medias, ni fue un pago a cuotas. Jesucristo no pagó solamente un 80%, para que nosotros pagáramos el otro 20% de la deuda. No, el pago que hizo Cristo en la cruz del Calvario, fue un pago total, donde nosotros salimos completamente libres, sin deber ni un centavo por la hipoteca y bancarrota del mundo.

El pago que hizo Cristo por nuestra liberación, lo hizo él solo. Simón Cireneo ayudó a Cristo cargando la cruz, pero Simón no fue clavado en la cruz; dos malhechores fueron clavados junto a Cristo, pero ellos eran criminales que pagaban por sus propias ofensas. Jesucristo pisó el lagar él solo, y él solo pagó el precio de nuestro rescate.

El pago que hizo Jesucristo por nuestro rescate fue aceptado. Ha habido muchos rescates que se han pagado para liberar a ciertos prisioneros, pero muchos de esos rescates no fueron aceptados. El rescate de Jesucristo por el pecador, fue completamente aceptado por el Padre, según lo confirma las Sagradas Escrituras. La prueba más grande que su rescate fue aceptado fue su resurrección y su ascensión al cielo.

Un niñito travieso subió con dificultad hasta la punta del mástil de un gigantesco barco. Estando arriba se dio cuenta de la altura y quedó paralizado de terror. El capitán con horror contempló la escena, sabiendo que el pequeño no duraría mucho tiempo aferrándose al mástil del barco, y pronto caería a la plataforma del barco, muriendo con toda seguridad. El capitán del barco le gritó al niño, que se tirara a la derecha o a la izquierda del barco, mientras éste era mecido por las olas del mar.  El niño al ver la profundidad de las aguas, entró en un estado de pánico más profundo, y comenzó a usar las últimas pizcas de energía de su pequeño cuerpo, para asirse al mástil del barco. El padre del chico se dio cuenta del peligro de su hijo, y tomando un revólver le dijo: -Mira niño, te haré tu muerte más fácil, si al contar tres no te tiras al agua, entonces te dispararé.- El padre contó hasta tres, calculando perfectamente la caída del niño al agua, y el pequeño se tiró al agua, mientras un grito anunciaba su estrepitoso vuelo y aterrizaje en el agua. Muchas manos se prestaron al rescate, salvando de la muerte al pequeño travieso.

Algo parecido a esta historia ocurrió en nuestra redención. Subimos el mástil de la buenas obras y nos dimos cuenta que entre más subimos, nuestro peligro de una estrepitosa muerte es mayor. Cristo sabe que la única manera de salvarnos es que abandonemos el mástil de las buenas obras y que confiemos en su dirección. Tírate, lánzate en el mar de mi inmenso amor – es su pedido.

¿Podemos confiar en una salvación que es solamente por fe? ¿O el mástil de las buenas obras es más seguro para no morir?

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El reino de la gracia fue instituido inmediatamente después de la caída del hombre, cuando se ideó un plan para la redención de la raza culpable. Este reino existía entonces en el designio de Dios y por su promesa; y mediante la fe los hombres podían hacerse sus súbditos.

Tan pronto como hubo pecado, se manifestó el Salvador. Cristo sabía que tenía que sufrir, no obstante lo cual llegó a ser el sustituto del hombre. Tan pronto como Adán pecó, el Hijo de Dios se presentó a sí mismo como la garantía de la raza humana, con tanto poder para desviar la condenación pronunciada sobre el pecador como cuando murió en la cruz del Calvario.

¡Qué amor! ¡Qué asombrosa condescendencia! ¡El Rey de gloria propone humillarse a sí mismo para ponerse al nivel de la humanidad caída! (La maravillosa gracia de Dios, {MGD}, p. 23).

Es peligroso considerar que la justificación por la fe pone mérito en la fe. Cuando aceptamos la justicia de Cristo como un regalo, somos justificados gratuitamente mediante la redención de Cristo. ¿Qué es fe? “La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Es el asentimiento de la mente a las palabras de Dios, que ciñe el corazón en voluntaria consagración y servicio a El, quien dio el entendimiento, enterneció el corazón, y tomó la iniciativa para atraer la mente a fin de que contemplara a Cristo en la cruz del Calvario. La fe es rendir a Dios las facultades intelectuales, entregarle la mente y la voluntad, y hacer de Cristo la única puerta para entrar en el reino de los cielos.

Cuando los hombres comprenden que no pueden ganar la justificación por los méritos de sus propias obras, y con firme y completa confianza miran a Cristo como su única esperanza, no hay en sus vidas tanto del yo y tan poco de Jesús. Las almas y los cuerpos están corrompidos y contaminados por el pecado, el corazón está alejado de Dios; sin embargo, muchos luchan con su propia fuerza finita para ganar la salvación mediante buenas obras. Piensan que Jesús obrará parte de la salvación, pero que ellos deben hacer el resto. Los tales necesitan ver por fe la justicia de Cristo como su única esperanza para el tiempo y la eternidad (Fe y obras, {FO}, p. 24).

Lo que más necesitamos es fe en Dios. Cuando miramos el lado oscuro de las cosas, perdemos nuestro punto de apoyo en el Señor Dios de Israel. Cuando abrimos nuestros corazones al temor, la senda del progreso queda obstruida por la incredulidad. No abriguemos nunca el sentimiento de que Dios ha abandonado su obra…

Id adelante con fe. Confiad en que el Señor abrirá camino delante de su obra. Entonces hallaréis reposo en Cristo (Testimonios para la iglesia, {7TI}, t. 7, p. 202).

29


Lección 4 // Miércoles 25 de octubre_______________________________________________

LA JUSTICIA DE CRISTO

En Romanos 3:25, Pablo da mayores detalles sobre la gran noticia de la salvación. Utiliza una palabra sofisticada: propiciación. El término griego para ella es hilasterion, y en el Nuevo Testamento aparece solo aquí y en Hebreos 9:5, donde se traduce como “propiciatorio”. Por la manera en que se usa en Romanos 3:25 para describir el ofrecimiento de la justificación y la redención mediante Cristo, la propiciación parece representar el cumplimiento de todo lo que tipificaba el propiciatorio en el Santuario del Antiguo Testamento. Esto significa que, por su muerte sacrificial, Jesús ha sido proclamado el medio de salvación y se lo representa como el proveedor de la propiciación. En síntesis, esto quiere decir que Dios hizo lo que se necesitaba para salvarnos.

El versículo también habla de pasar por alto los pecados. Son nuestros pecados los que nos hacen inaceptables ante Dios. No podemos hacer nada por nosotros mismos para eliminar nuestros pecados; pero, en el plan de redención, Dios ha provisto un camino para que estos pecados sean remitidos mediante la fe en la sangre de Cristo.

La palabra griega para “pasar por alto” es paresis, que significa, literalmente, “pasar por encima”, o “pasar de largo”. “Pasar por alto” de ningún modo es ignorar los pecados, sino que Dios puede pasar por alto los pecados del pasado porque Cristo ha pagado el castigo por los pecados de todos mediante su muerte. En consecuencia, cualquiera que tenga “fe en su sangre” puede librarse de sus pecados, porque Cristo ya murió por él (1 Cor. 15:3).

Lee Romanos 3:26 y 27. ¿Qué comentario hace Pablo aquí?

Romanos 3:26-27

26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.  27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

La buena noticia que Pablo estaba ansioso de compartir con todos los que lo escucharan era que “su [de Dios] justicia” estaba disponible para la humanidad, y que la recibimos, no por las obras ni por mérito propio, sino por la fe en Jesús y lo que él ha hecho por nosotros.

A causa de la cruz del Calvario, Dios puede declarar justos a los pecadores y seguir siendo justo a la vista del universo. Satanás no puede señalar a Dios con ningún dedo acusador, porque el Cielo ha hecho el sacrificio supremo. Satanás había acusado a Dios de pedirle a la raza humana más de lo que él estaba dispuesto a dar. La Cruz refuta esta afirmación.

Es probable que Satanás esperara que Dios destruyera al mundo después de que este hubiese pecado. En vez de eso, Dios envió a Jesús para salvarlo. ¿Qué nos dice esto sobre el carácter de Dios? ¿De qué manera debería impactar en nuestro estilo de vida el hecho de conocer su carácter? ¿Qué harás de forma distinta en las próximas 24 horas directamente como resultado de saber cómo es Dios?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

La Escritura inspirada por DIOS expone que:

26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.  27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

 

26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 

Una de las preguntas que el hombre se formula más ante la injusticia y las desgracias del mundo es: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué no impone justicia?  Aparentemente hay una tolerancia por parte del Cielo hacia el pecado, extendida ya por más de seis mil años. Este mundo ha presentado al universo un triste espectáculo de depravación moral y un total escándalo con el comportamiento humano. Con la excepción de algunos juicios divinos como el diluvio, Sodoma y Gomorra y la destrucción del mundo idólatra antediluviano, pareciera que la justicia divina se encuentra dormida. El hombre se ha vuelto un contumaz pecador y sigue viviendo y prosperando en este mundo, como si esa manera de ser, fuera la manera normal y natural de la vida. 

¿Dónde está la paga del pecado? El juicio divino es esencial para terminar con la impunidad que han disfrutado miles y miles de pecadores que compiten uno contra otro en la historia de este mundo. Por el momento hasta el mismo Cielo parece perdedor, ya que Jesucristo pagó también con su muerte la paga del pecado, y el pecador empedernido en vez de agradecer al Cielo por la salvación, tiene hasta la osadía de burlarse abiertamente de la vida y los sufrimientos de Cristo en este mundo.

La misericordia de Dios aun está abierta para el pecado;, una vez se cierre la misericordia para el mundo, entonces se podrán contemplar los horrores del castigo divino, se podrá contemplar la justicia divina, y el justo será justificado solamente por la fe que depositó en Jesús.

27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

En el campo espiritual no hay diferencias: todos somos iguales a los ojos de Dios, tanto el blanco como el negro, el rico como el pobre,  y también el hombre como la mujer, todos somos iguales a los ojos de Dios. Pero se da el caso que muchas veces, Dios escoge a una raza dentro de varias razas, o a una sociedad dentro de varias sociedades, o a un individuo dentro de la multitud, para que haga trabajos espirituales importantes, conllevando al mismo tiempo el otorgamiento de ventajas religiosas excepcionales sobre los demás, y esto trae como resultado el orgullo.  

El orgullo es uno de los pecados más aborrecidos por Dios. La santidad de Dios odia el orgullo, su soberanía detesta el orgullo, y todo el Cielo tiene como objetivo la eliminación del orgullo.

El primer pecado de este mundo fue el orgullo; la esencia de éste, el ambicioso corazón de Eva deseaba ser como Dios, y Adán le siguió. Bien sabemos el resto de la historia.  Recordemos a Babel, Faraón, Nabucodonosor, Senaquerib, y Herodes. Dios ama a sus siervos, pero el orgullo y la jactancia en ellos, es combatida por Dios hasta su extirpación.

La jactancia es una de las características nacionales y peculiares del pueblo judío, y tristemente la jactancia de esta peculiar especie, toma la forma de religión.  Hay que tomar en cuenta que en verdad la jactancia no es algo esencialmente que le pertenece a los judíos, sino que la jactancia es una hija del orgullo, que afecta al humano en general.

La jactancia afecta  a la nación judía por su poderío militar, por sus riquezas terrenales y se vuelve un orgullo nacional, cuando se toca el tema del judaísmo. Ellos siguen creyendo que son la nación predilecta y favorita de Dios, siguen creyendo que son la nación favorita de los cielos, siguen creyendo que son los aliados de Dios en esta tierra, y aun siguen esperando la venida del Mesías. Todas estas razones, algunas de ellas sin fundamentos, los convierten –grupalmente vistos- en una nación peculiarmente jactanciosa y orgullosa. Ello no obstante, Dios continúa llamando a los hermanos judíos a participar de la vida de fe en su Hijo amado, CRISTO JESÚS.

Ahora el apóstol pregunta: ¿Dónde está la jactancia de los judíos? La respuesta es que ya no hay más espacio para esa jactancia. ¿Qué fue lo que terminó esa jactancia espiritual de los judíos? ¿Las obras de la ley? La respuesta es no, lo que terminó esa jactancia espiritual del mundo judío es la ley de la fe.

Desde el momento en que ellos rechazaron a Jesucristo como el Mesías, quedaron eliminados como el pueblo escogido de Dios para llevar el evangelio de salvación al mundo. El evangelio fue transferido al mundo gentil, a la raza humana en general, y ahora el mundo gentil a través de la fe en Cristo, se convierte en el pueblo escogido por Dios, para ser el portador del evangelio al mundo; esto, por supuesto, no excluye a los judíos, sino que amplía el campo de aceptación y salvación. Por lo tanto ya no hay más espacio para la jactancia del Israel  por concepto de su linaje; tampoco hay espacio para la jactancia del nuevo pueblo de Dios, ya que el gentil recibe a Cristo y su evangelio, solamente por la fe, sin tener nada especial (humanamente hablando) como lo tenía el pueblo de Israel.

En el campo de las obras siempre existe un gran espacio para la jactancia, ya que la mente del humano se enfoca en todos los logros alcanzados en favor de Dios, en favor de su iglesia y de la humanidad. Esto fue lo que aconteció al mundo judío. Ellos eran una nación especial, fueron escogidos por Dios, se les entregó la ley de Dios, se les entregaron los oráculos divinos, se les entregó una casta de personajes importantes como reyes, príncipes, jueces, sacerdotes, caudillos y profetas; ellos recibieron las profecías del Mesías y también a través de ellos vino el Mesías a este mundo.

En el campo de la fe, en verdad no hay espacio para la jactancia; la fe simplemente confía y acepta los regalos de Dios. La fe reconoce que no hay méritos en el pecador para obtener todas esas regalías que el Cielo está ansioso de impartir a todos aquellos que se atreven a creer en las promesas del Padre.

La verdadera ley de la fe, cierra todo espacio donde pueda crecer y florecer la jactancia espiritual.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor Jesús asumió la forma del hombre pecador, y revistió su divinidad con humanidad. Pero era santo, tal como Dios es santo. Si no hubiera sido sin mancha de pecado, no podría haber sido el Salvador de la humanidad. Era el Portador del pecado; no necesitaba expiación. Puesto que era uno con Dios en pureza y santidad de carácter, podía presentarse como propiciación por los pecados de todo el mundo…

Cuando la verdad controla la vida, hay pureza y liberación del pecado. La gloria y la plenitud del plan evangélico se cumplen en la vida. La luz de la verdad irradia desde el templo del alma. El entendimiento se adueña de Cristo (Cada día con Dios, {CDCD}, p. 355).

¿Y qué es creer? Es aceptar plenamente que Jesucristo murió como nuestro sacrificio; que El se hizo maldición por nosotros, que tomó nuestros pecados sobre sí mismo, y nos imputó su propia justicia. Por eso reclamamos esta justicia de Cristo, creemos en ella, y es nuestra justicia. El es nuestro Salvador. Nos salva porque dijo que lo haría. ¿Hemos de participar en todas las discusiones en cuanto a cómo puede salvarnos? ¿Tenemos en nosotros mismos la bondad que nos hará mejores y que nos limpiará de las manchas y las tachas del pecado, habilitándonos entonces para acudir a Dios? Nosotros simplemente no podemos hacerlo…

[El joven rico] no había guardado los mandamientos en absoluto. Debería haber aceptado a Jesucristo como su Salvador, y haberse asido de su justicia. Entonces, al poseer la justicia de Cristo, hubiera podido guardar la ley de Dios. El joven magistrado no podía hollar la ley. Debía respetarla; debía amarla. Entonces Cristo habría aportado el poder divino para combinarlo con los esfuerzos humanos…

Tomó la humanidad sobre sí para demostrar que con la divinidad y la humanidad combinadas, el hombre podía guardar la ley de Jehová. Si separan la humanidad de la divinidad, ustedes pueden tratar de labrar su propia justicia desde ahora hasta que Cristo venga, y no lograrán otra cosa que un fracaso (Fe y obras, {FO}, pp. 70, 71).

El corazón de Dios suspira por sus hijos terrenales con un amor más fuerte que la muerte. Al dar a su Hijo nos ha vertido todo el cielo en un don. La vida, la muerte y la intercesión del Salvador, el ministerio de los ángeles, las súplicas del Espíritu Santo, el Padre que obra sobre todo y por todo, el interés incesante de los seres celestiales, todos son movilizados en favor de la redención del hombre…

¿No apreciaremos la misericordia de Dios? ¿Qué más podía El hacer? Entremos en perfecta relación con Aquel que nos amó con amor asombroso. Aprovechemos los medios que nos han sido provistos para que seamos transformados conforme a su semejanza y restituídos a la comunión de los ángeles ministradores, a la armonía y comunión del Padre y del Hijo (El camino a Cristo, {CC}, pp. 21, 22).

30


Jueves 26 de octubre // Lección 4___________________________________________________

SIN LAS OBRAS DE LA LEY

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom. 3:28). ¿Significa esto que no estamos obligados a obedecer la Ley aunque la Ley no nos salve? Explica tu respuesta.

En el contexto histórico de Romanos 3:28, Pablo hablaba de la Ley en el sentido amplio del sistema del judaísmo. Sin importar cuánto se esmerara un judío para intentar vivir bajo este sistema, no podía ser justificado si no aceptaba a Jesús como el Mesías.

Romanos 3:28 es la conclusión que Pablo hace de su afirmación de que la ley de la fe excluye la jactancia. Si un hombre es justificado por sus propias acciones, puede jactarse de ello. Sin embargo, cuando es justificado porque Jesús es el objeto de su fe, el crédito indudablemente pertenece a Dios, que justificó al pecador.

Elena de White da una interesante respuesta a la pregunta: “¿Qué es la justificación por la fe?” Ella escribió: “Es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre y hace por el hombre lo que este no puede hacer por si mismo” (TM 456).

Las obras de la Ley no pueden expiar los pecados pasados. No se puede ganar la justificación. Solo se la puede recibir mediante la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo. Por lo tanto, en este sentido, las obras de Ley no tienen nada que ver con la justificación. Ser justificado sin obras significa ser justificado sin que haya algo en nosotros para merecer la justificación.

No obstante esto, muchos cristianos han malinterpretado el versículo y lo han aplicado erróneamente. Dicen que todo lo que hay que hacer es creer, mientras minimizan las obras y la obediencia, incluso la obediencia a la Ley Moral. Al hacer esto, malentienden a Pablo. En el libro de Romanos y en otros lugares, Pablo le da mucha importancia al hecho de guardar la Ley Moral. Jesús sin duda la guardó, al igual que Santiago y Juan (Mat. 19:17; Rom. 2:13; Sant. 2:10, 11; Apoc. 14:12). El argumento de Pablo es que, aunque la obediencia a la Ley no es el medio para la justificación, la persona que es justificada por la fe sigue guardando la Ley de Dios y, de hecho, es la única que puede guardar la Ley. Una persona no regenerada, que no ha sido justificada, nunca puede cumplir con los requisitos de la Ley.

¿Por qué es tan fácil quedar atrapado en la trampa de pensar que porque la Ley no nos salva no tenemos que preocuparnos por guardarla? ¿Alguna vez has racionalizado persistentemente el pecado al reclamar la justificación por la fe? ¿Por qué es una postura muy peligrosa? Al mismo tiempo, ¿dónde estaríamos sin la promesa de la salvación, aun cuando nos veamos tentados a abusar de ella?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Cristo es el gran Autor de la fe. No en balde la Escritura declara:

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom. 3:28).

 Primero, antes que nada, necesitamos comprender 100% y aprendernos de memoria lo que significa la palabra justificación: la justificación es el acto de ser justos, es el acto de quedar sin culpa y, como consecuencia natural, es el acto de quedar sin castigo delante de Dios.

Justificarse consiste en encontrar la excusa, la manera, la razón o la explicación para quedar libre de culpa y libre de castigo.

¿Qué son las obra de la ley?  Una obra de la ley es cualquier esfuerzo que se haga en obediencia a la ley, ya sea la ley ceremonial o la ley moral.

Lo que quiere decir Pablo es que no importa cuánto nos esforcemos por seguir y obedecer la Ley de Dios, nuestra obediencia nunca será suficiente para que Dios nos justifique, para declararnos justos ante él. Eso es porque su Ley requiere absoluta fidelidad en pensamiento y acción, no sólo parte del tiempo sino todo el tiempo, y no solamente para algunos de sus mandamientos sino para todos los diez.

La ley no permite que un hombre sea considerado justo, ya que la ley exige de las personas el ciento por ciento de obediencia y no puede haber descuento ni rebaja.

Guardar el ciento por ciento, a perfección, la ley de Dios, es algo imposible para el hombre. Partiendo de este punto, la ley se nos vuelve una enemiga, porque nos pone bajo la maldición de la muerte.

Los adventistas del séptimo día, con pleno fundamento bíblico, aunque sabemos que la ley no salva, sino que nos condena, no eliminamos la ley; ¡DIOS nos libre de intentarlo siquiera! La ley sigue siendo la regla de justicia y la norma de comportamiento de quienes hemos sido renovados por Cristo; ella nos revela cuál es nuestra verdadera situación espiritual ante el Cielo.

Por el otro lado, encontramos que Cristo pagó la exigencia de la ley, que era la muerte del transgresor. Cristo pagó esa deuda con su propia muerte, y ahora él nos regala la preciosa fe, fe que NO nos trae maldición como lo hace la ley, sino que nos trae la bendición del perdón y de la conciliación con Dios el Padre, a través de la preciosa sangre de Cristo.

El acto de guardar la ley de Dios, es un acto de amor, porque hemos sido salvados por Jesús, y no es un requisito de salvación como algunos malinterpretaron en el pasado. La obediencia del cristiano justificado es producto de haber recibido la gracia que justificó al cristiano.

En las Sagradas Escrituras encontramos cinco conceptos a los que se califica como preciosos:

1-La sangre de Cristo es preciosa

2-Cristo y su sacrificio son llamados preciosos

3-Las promesas del evangelio son llamadas preciosas

4-La redención es llamada preciosa

5-La fe es llamada preciosa

La fe es llamada preciosa porque se relaciona y negocia solamente con cosas preciosas. La preciosa fe tiene que ver con las preciosas promesas del evangelio; la preciosa fe tiene que ver con la aceptación de la preciosa sangre de Cristo; la preciosa fe tiene que ver con la preciosa redención, y la preciosa fe tiene que ver con nuestro precioso Señor y Salvador, Jesucristo.  

La preciosa fe es:

-El símbolo de nuestra elección

-La evidencia de nuestro llamamiento

-Es la base de todas las demás gracias y dones que recibimos

-Es un canal de comunión entre el cielo y la tierra

-Es un arma espiritual necesaria para nuestra victoria

-Es un escudo de protección

-Es la sustancia de nuestra esperanza

-Es la evidencia de la eternidad

-Es el pasaporte para la vida eterna

Supliquemos en oración que CRISTO nos cubra con su justicia y nos capacite con su gracia, a fin de obedecer su santa voluntad, expresada en su Ley de amor.

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

¿Es posible que no entendamos que lo más costoso en el mundo es el pecado? Su costo es la pureza de conciencia, que se pierda el favor de Dios y que el alma se separe de El, y finalmente la pérdida del cielo. El pecado de ofender al Santo Espíritu de Dios y de caminar en oposición a El ha costado a demasiados la pérdida de su alma…

Una y otra vez me ha sido presentado el peligro de abrigar, como pueblo, ideas falsas sobre la justificación por la fe. Por años se me ha mostrado que Satanás trabajaría de una manera especial para confundir las mentes en este punto. La ley de Dios ha sido ampliamente tratada y presentada a las congregaciones casi tan desprovista del conocimiento de Cristo Jesús y su relación con la ley como la ofrenda de Caín…

No hay un punto que precisa ser considerado con más fervor, repetido con más frecuencia o establecido con más firmeza en la mente de todos, que la imposibilidad de que el hombre caído haga mérito alguno por sus propias obras, por buenas que éstas sean. La salvación es solamente por fe en Cristo Jesús (Fe y obras, {FO}, pp. 15, 16).

Con frecuencia la mejor evidencia que podemos tener de que nos hallamos en la senda recta consiste en que el menor de los progresos nos cuesta esfuerzo y que las tinieblas envuelven nuestra senda. De acuerdo con mi experiencia, las más elevadas cumbres de fe se pueden alcanzar sólo a través de tinieblas y nubes…

Lo que nos impide perfeccionar un carácter cristiano se encuentra dentro de nosotros mismos. Jesús lo puede eliminar. La cruz que quiere que llevemos nos fortalecerá más de lo que nos va a consumir, y eliminará nuestras pesadas cargas para conferirnos la de Cristo, que es liviana. Al cumplir nuestro deber enfrentaremos conflictos y pruebas. Cristo nos ha llamado a participar de la gloria y la virtud. La vida que preparó para que la siguiéramos, por medio de su sufrimiento y su muerte, nunca nos hubiera costado ni una pena ni un pesar si nunca la hubiéramos abandonado. Cada acto de abnegación que realizamos y cada sacrificio que hacemos para seguir a Cristo, son los pasos que da la oveja perdida para regresar al redil (Cada día con Dios, {CDCD}, p. 210).

La guerra contra la ley de Dios, que empezó en el cielo, continuará hasta el fin del tiempo. Cada hombre será probado. El mundo entero ha de decidir si quiere obedecer o desobedecer. Todos serán llamados a elegir entre la ley de Dios y las leyes de los hombres. En esto se trazará la línea divisoria. Habrá solamente dos clases. Todo carácter quedará plenamente definido; y todos demostrarán si han elegido el lado de la lealtad o el de la rebelión.

Entonces, habiendo sido completado el plan de la redención, el carácter de Dios quedará revelado a todos los seres creados. Se verá que los preceptos de su ley son perfectos e inmutables. El pecado habrá manifestado entonces su naturaleza; Satanás, su carácter. Entonces el exterminio del pecado vindicará el amor de Dios y rehabilitará su honor delante de un universo compuesto de seres que se deleitarán en hacer su voluntad y en cuyo corazón estará su ley (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, pp. 712, 713).

31


Lección 4 // Viernes 27 de octubre__________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “La justicia de Cristo en la Ley”, “Venid, y buscad y encontrad” y “La perfecta obediencia mediante Cristo”, Mensajes selectos, t. 1, pp. 278-281, 389-393, 438, 439; y “Dónde hallar la verdad”, Palabras de vida del gran Maestro, pp. 98-100.

“Aunque la Ley no puede remitir el castigo del pecado, sino cargar al pecador con toda su deuda, Cristo ha prometido perdón abundante a todos los que se arrepienten y creen en su misericordia. El amor de Dios se extiende en abundancia hacia el alma arrepentida y creyente. El sello del pecado en el alma puede ser raído solamente por la sangre del Sacrificio expiatorio […] de Aquel que era igual al Padre. La obra de Cristo, su vida, humillación, muerte e intercesión por el hombre perdido, magnifican la Ley y la hacen honorable” (MS 1:435).

“El carácter de Cristo toma el lugar del tuyo, y eres aceptado delante Dios como si jamás hubieses pecado” (CC 62).

“Cuando el apóstol dice que somos justificados ‘sin las obras de la ley’, no habla de las obras de fe y de la gracia; porque el que hace esas obras no cree que es justificado por hacer estas obras. [Al hacer esas obras de fe], el creyente busca ser justificado (por fe). Lo que el apóstol quiere decir con ‘las obras de la ley’ son las obras en las que confían los que se creen justos; como si, al hacerlo, fuesen justificados y, por lo tanto, fuesen justos debido a sus obras. En otras palabras, si bien hacen lo bueno, no buscan la justicia, sino que simplemente quieren jactarse de que ya han obtenido la justicia mediante sus obras”.–M. Lutero, Commentary on Romans, p. 80.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Lee los versículos para esta semana y luego, con tus propias palabras, escribe un párrafo resumiendo lo que dicen. Comparte con la clase lo que escribiste.
  2. Lee la cita anterior de Lutero. ¿Por qué una verdad así lo estimuló de ese modo? ¿Por qué lo que dijo es un tema tan crucial para que lo entendamos incluso nosotros hoy?
  3. “Los adventistas del séptimo día se ven a sí mismos como herederos de, y edificadores sobre, las enseñanzas de la Reforma de la justificación por gracia y por fe solamente, y restauradores y exponentes del evangelio apostólico completo, claro y equilibrado”.–Tratado de teología adventista del séptimo día, p. 348. ¿Qué razones tenemos para creer lo que está escrito aquí acerca de nosotros?

32


Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2017

2 pensamientos en “LECCIÓN 4 – JUSTIFICACIÓN POR MEDIO DE LA FE – PARA EL 28 DE OCTUBRE DE 2017

  1. Buenos dias.  El icono para descargar la leccion en formato Pdf no esta funcionando.  Favor revisar.  Gracias y bendiciones!! Luis

  2. si es posible tener la leccion en pdf las colecciono

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s