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LECCIÓN 6 – ADÁN Y JESÚS – PARA EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2017

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Los pensamientos pertenecientes a la GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA – EDICIÓN PARA MAESTROS de la Escuela Sabática no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local, regional ni mundial. Más bien, es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer información adicional para quien estudia la lección de Escuela Sabática. Provee una ayuda extra para el maestro, a fin de entenderla mejor, y explicar de una manera más clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversiales, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de ayuda o de agrado para usted, se le pide que, por favor, lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com


Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 6: Para el 11 de noviembre de 2017

ADÁN Y JESÚS

Sábado 4 de noviembre_____________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 5.

PARA MEMORIZAR:

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom. 5:1, 2).

PABLO HA ESTABLECIDO EL ARGUMENTO de que la justificación, o la aceptación de Dios, solo viene por medio de la fe en Jesucristo, porque su justicia sola es suficiente para darnos una reputación aceptable ante nuestro Señor. Sobre la base de esa gran verdad, Pablo ahora profundiza más sobre este tema. Al mostrar que la salvación tiene que ser por fe y no por obras, ni siquiera para alguien tan “justo” como Abraham, Pablo da un paso atrás para observar el panorama general: qué fue lo que causó el pecado, el sufrimiento y la muerte, y que la solución se encuentra en Cristo y en lo que él ha hecho por la raza humana.

Por la caída de un hombre, Adán, toda la humanidad enfrentó la condenación, la enajenación y la muerte; mediante la victoria de un solo hombre, Jesús, todo el mundo fue puesto sobre una nueva base delante de Dios. Mediante la fe en Jesús, el registro de los pecados y el castigo causado por esos pecados pueden ser remitidos, pueden ser perdonados, para siempre.

El fundamento de todo esto es la cruz de Cristo y su muerte sustitutiva, lo que abre el camino para que todos los seres humanos, judíos o gentiles, sean salvos a través de Jesús, quien, con su sangre, ofrece justificación a todos los que lo aceptan.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El unigénito Hijo de Dios era el único que podía librar a los que estaban sujetos a Satanás por el pecado de Adán.

El Hijo de Dios accedió a que Satanás ensayara todas sus estratagemas contra El. El enemigo había tentado a los ángeles en el cielo y después al primer Adán. Este cayó, y Satanás supuso que tendría éxito en entrampar a Cristo después que El asumiera la humanidad. Toda la hueste contempló esta lucha como la oportunidad de obtener la supremacía sobre Cristo. Habían anhelado tener la ocasión de mostrar su enemistad contra Dios. Cuando los labios del Maestro fueron sellados por la muerte, Satanás y sus ángeles imaginaron que habían obtenido la victoria…

En esta lucha mortal el Hijo de Dios podía depender únicamente de su Padre celestial; todo fue por la fe. El mismo era el rescate, el don dado para la liberación de los cautivos. Por su propio brazo había traído salvación a los hijos de los hombres, pero ¡a qué costo para sí mismo! (Alza tus ojos, {ATO}, p. 355).

Cuando Dios perdona al pecador, le condona el castigo que merece y lo trata como si no hubiera pecado, lo recibe dentro del favor divino y lo justifica por los méritos de la justicia de Cristo. El pecador solo puede ser justificado mediante la fe en la expiación efectuada por el amado Hijo de Dios, que se convirtió en un sacrificio por los pecados del mundo culpable. Nadie puede ser justificado por ninguna clase de obras propias. Puede ser liberado de la culpabilidad del pecado, de la condenación de la ley, del castigo de la transgresión solo por virtud de los sufrimientos, muerte y resurrección de Cristo. La fe es la única condición por la cual se puede obtener la justificación, y la fe implica no solo creer, sino confiar…

La fe que es para salvación no es una fe casual, no es el mero consentimiento del intelecto; es la creencia arraigada en el corazón que acepta a Cristo como a un Salvador personal, segura de que él puede salvar perpetuamente a todos los que acuden a Dios mediante él. Creer que él salvará a otros pero que no te salvará a ti, no es fe genuina. Sin embargo, cuando el alma se aferra de Cristo como de la única esperanza de salvación, entonces se manifiesta la fe genuina. Esa fe induce a su poseedor a colocar todos los afectos del alma en Cristo (A fin de conocerlo, {AFC}, pp. 110, 111).

Habrá paz, constante paz fluyendo del alma, porque el reposo se encuentra en la perfecta sumisión a Jesucristo. La obediencia a la voluntad de Dios genera verdadero descanso. El discípulo que anda en los humildes pasos del Redentor, encuentra el reposo que el mundo no puede darle ni quitarle. “Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado” (Isaías 26:3) (Mente, carácter y personalidad, {2MCP}, t. 2, p. 833).

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Domingo 5 de noviembre // Lección 6___________________________________

JUSTIFICADOS POR LA FE

Lee Romanos 5:1 al 5. En las siguientes líneas, resume el mensaje de Pablo. ¿Qué representan estas palabras para ti ahora?

Romanos 5:1-5

1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;  por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;  y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

“Justificados” literalmente es “habiendo sido justificados”. El verbo griego representa la acción como concluida. Hemos sido declarados justos, o considerados justos, no mediante alguna obra de la Ley, sino por haber aceptado a Jesucristo. La vida perfecta que Jesús vivió en esta Tierra, su perfecta observancia de la Ley, nos ha sido acreditada.

Al mismo tiempo, todos nuestros pecados han sido puestos sobre Jesús. Dios considera que Jesús cometió esos pecados, no nosotros, y de ese modo podemos librarnos del castigo que merecemos. Ese castigo recayó sobre Cristo por nuestra causa, en nombre de nosotros, para que nunca tengamos que afrontarlo personalmente. ¿Qué noticia más gloriosa podría haber para el pecador?

La palabra griega traducida como “gloriamos”, en Romanos 5:2, también aparece en el versículo 3, por lo que la conexión entre estos dos textos es muy evidente. Las personas justificadas pueden gloriarse, o regocijarse, en las tribulaciones porque han puesto su fe y su confianza en Jesucristo. Confían en que Dios hará que todas las cosas les ayuden a bien. Considerarán que es un honor sufrir por Cristo. (Ver 1 Ped. 4:13.)

Observa, además, la progresión de Romanos 5:3 al 5.

1) Paciencia. La palabra griega que se tradujo así es hupomone, y significa “perseverancia inalterable”. Este es el tipo de perseverancia que promueve la tribulación en aquel que conserva la fe y que no pierde de vista la esperanza que tiene en Cristo, incluso en medio de las pruebas y el sufrimiento que pueden hacer que la vida sea tan miserable a veces.

2) Prueba. Su correspondiente en griego es dokime, que significa, literalmente, “la calidad de ser aprobado”; es decir, “prueba” (RVR) o, más específicamente, “entereza de carácter” (NVI). El que pacientemente soporta pruebas puede desarrollar un “carácter aprobado” (RVR 95).

3) Esperanza. La perseverancia y la aprobación, naturalmente, dan lugar a la esperanza: la esperanza que se encuentra en Jesús y la promesa de salvación en él. Mientras nos aferremos a Jesús en fe, arrepentimiento y obediencia, tenemos mucho que esperar.

¿Qué es lo que esperas más que cualquier otra cosa en toda tu vida? ¿Cómo se puede cumplir en Jesús esa esperanza? ¿Se puede cumplir? Si no, ¿estás seguro de que deseas tener tanta esperanza en eso?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

¡¡¡POR FAVOR LEA ESTA NOTICIA!!!
Estimados hermanos, vivimos en la época de cambios. Y aguardamos el mayor de todos los cambios: ¡el que efectuará el Rey en su gloriosa Segunda Venida!
Aquí también cambiamos, para su beneficio y para la gloria de DIOS. A partir de esta lección, tengan la bondad de acceder a la lección de escuela sabática en el mismo horario anterior -los sábados, a las 22 horas, hora de España, 3 de la tarde hora del Este de los Estados Unidos de Norte América.
 
1-Bajo la ministración del Espíritu Santo, de ahora en adelante se podrá disfrutar el contenido del folleto junto con el espíritu de profecía a las 3:00 de la tarde hora del Este de los Estados Unidos.
2-El comentario se insertará el domingo a las 9: 00 de la noche, hora del Este de los Estados Unidos.
3-EL sistema en PDF estará disponible el lunes a las 9:00 de la noche hora del Este de los Estados Unidos, Dios mediante.
Este cambio nos permitirá madurar mejor toda la lección, a fin de servirles el lunes un fruto mejor madurado con la asistencia del Santo Espíritu. Agradecemos su paciencia y comprensión con este cambio. Suplicamos sus oraciones en nuestro favor: la lucha es fuerte, pero ¡¡todo lo podremos en CRISTO, que nos fortalece!!   ¡¡¡Maranata!!!

 

Romanos 5:1-5

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;  por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;  y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

 

 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 

La justificación es el acto judicial por medio del cual Dios aplica al pecador el beneficio de la muerte de Cristo; así lo libra de la condenación  de sus pecados; al mismo tiempo lo coloca en un estado de favoritismo y preferencia, tratando al pecador como una persona justa que nunca ha cometido ofensa alguna en contra de Dios.

En el proceso de la justificación, Dios declara al hombre sin culpabilidad. La justificación es indispensable para tener paz con Dios. Pero para que Dios esté en paz con el hombre, primero necesita ser declarado justo por Dios. Es importante que entendamos que la justificación no hace al hombre justo, sino que Dios declara justo al hombre, aun sabiendo que éste no reúne los requisitos necesarios para conseguir esta condecoración.

Puesta en práctica, la justificación comprende tres etapas, todas ellas diferentes: antes, durante, después.
 
1-Antes de ser justificado había un total deshonor en la persona. Debido a ese deshonor que acompañaba a la persona, necesitaba la justificación, ya que una persona con carácter justo y recto no necesita justificación. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día.”  (Salmo 32:3)
 

2-Cuando la persona ha sido justificada, hay una satisfacción completa; la deuda que el hombre tenia fue pagada completamente, ya que nadie puede ser justificado si tiene una deuda pendiente. El proceso mismo produce gozo, plenitud y gratitud.

“Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño.” (Salmo 32:1,2)

 
3-Cuando la persona es justificada, viene la restauración, que es completa: se la restaura completamente en sus derechos, privilegios y posiciones. Ahora goza de su estatus impecable, no igual sino mejor que antes, porque ahora recobra su estado original, a lo que se suma la gratitud y alabanza que le produce el feliz contraste entre el antes y el ahora.  Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.”  (Salmo 32:11)
Sólo ahora puede cantar con júbilo: Precioso es el raudal que limpia todo mal: ¡no hay otro manantial, sino de Jesús la sangre!

El método para obtener la justificación es a través de la fe; la fe es el principio que une el hombre con Cristo; también la fe ayuda al hombre a apropiarse de los méritos salvadores de Cristo.

El resultado de ser justificados en Cristo es la paz con Dios.

La paz y especialmente la paz con Dios, es una de las cosas que el hombre desea más ardientemente durante su estadía en esta tierra.

En la vida de este mundo posiblemente no hay un solo hombre que no se haya preguntado cómo obtener paz con Dios. Dondequiera el hombre se encuentre, ya sea éste civilizado o no, ya sea rico o pobre, siempre ha luchado por tener paz consigo mismo y con Dios. Todo hombre es acosado por las miserias y sufrimientos de este mundo y todo hombre siempre es perseguido por fuerzas coléricas que lo afligen constantemente; debido a esto, es la gran lucha y necesidad del hombre conseguir la paz con Dios.

A la pregunta del hombre de cómo tener paz con Dios, podemos dar tres respuestas sugerentes:

La primera forma de tener paz con Dios es a través del esfuerzo únicamente humano, es decir que el hombre se restaure él solo.

La segunda respuesta para tener paz con Dios es a través del esfuerzo divino solamente, es decir que sea solamente el poder divino el que restaure al hombre.

La tercera respuesta es que tanto Dios como el hombre trabajen juntos en la restauración y la consecución de la paz.

La primera respuesta sugerente es la religión de los paganos; ellos siempre tratan de conseguir el favor de Dios solamente por sus propios medios, tratan de apaciguar a su dios por sus propios actos. En tiempos antiguos algunos llegaron al extremo de entregar a sus propios hijos a la muerte con tal de tratar de calmar a un dios enojado. En nuestros tiempos modernos hacen serias penitencias y sacrificios para obtener el favor divino, aun a costas de su cuerpo, salud e incluso de su propia vida. La religión del pagano siempre busca estar en paz con Dios, por sus propios esfuerzos.

La segunda respuesta sugerente es la religión de los fariseos, dejan a Dios a cargo del proceso de restauración, sin importarles mucho su verdadera condición espiritual; ellos suelen decir: 11 … Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros…” (Lucas 18)

La tercera respuesta sugerente es la religión del publicano; éste clama y gime a Dios por su situación. En la religión de los publicanos es común escuchar a sus feligreses decir: “…Dios, sé propicio a mí, pecador…” (Lucas 18:13)

El hombre ha buscado la paz, desde que se enemistó contra Dios en el Jardín del Edén; ha logrado adquirir algunas clases de paz, que casi siempre son de carácter ficticio o temporal, cuando le hace falta la verdadera paz divina o la paz con Dios.

Estas son algunas clases de paz que el hombre ha logrado fabricar en el transcurso de la historia de la humanidad:

-La paz circunstancial: ésta nace de acuerdo con su misma descripción, nace de acuerdo con las circunstancias. Nace de tener una buena salud, de tener una buena posición económica, de tener amigos, de tener familiares, de tener un buen trabajo, de tener una familia feliz, de tener demostraciones de cariño, y también de la prosperidad. Este tipo de paz no es la paz de Dios; este tipo de paz se fabrica para sí misma un par de alas, que le ayuda a escaparse en cuanto tenga la oportunidad.

-La paz mundial, llamada así por el esfuerzo que hacen las naciones para evitar las guerras y conflictos con sus países vecinos, o para evitar conflictos internos dentro de su propia nación.

-Interesantemente tenemos la paz del diablo. Esta es la paz que impone el hombre más fuerte, esta paz se impone irónicamente con violencia, con intimidación o con agresión; en esta paz se hace uso de las armas y de la fuerza y muchas veces sin provocación. La paz del diablo usa la violencia y la fuerza para imponer la paz y el respeto sobre bienes, propiedades, ideas, religión, o naciones.

-Y al final tenemos la paz verdadera, que es la paz espiritual.

La paz espiritual es la gran calma que obtenemos en nuestra conciencia cuando contemplamos el sacrificio de Cristo; un sacrificio que es suficiente para salvar al pecador. Nuestras almas son pacificadas por Cristo, a través de la serenidad y la simpleza de la fe. Cuando esto ocurre, Dios el Padre nos contempla desde el cielo, con su sonrisa llena de gracia y misericordia.

La paz espiritual consigue lo siguiente:

-Armonía en la familia

-Unidad en la iglesia

-Quietud en la sociedad

-Tranquilidad consigo mismo

¿Cómo podemos reconocer si la paz que tenemos es paz espiritual?

-En la disposición de un buen temperamento. Algunas personas son extremadamente joviales y alegres; otras personas tienen una calma y una felicidad silenciosas.

-En la circunstancias. Cuando la prosperidad se marcha, si la paz que tenemos es la verdadera paz espiritual, entonces esa paz se quedará con nosotros.

-En la hora de la tentación.

-En una mente espiritual; Si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de Dios. Pero si pensamos sólo en lo que desea el Espíritu Santo, entonces tendremos vida eterna y paz.” Romanos 8 (Versión: traducción en Lenguaje Actual – TLA)

 – La paz espiritual es una dulce y calmada serenidad de la conciencia, que nace de una sólida reconciliación con Dios.

-La paz espiritual es una admirable rectitud mental que empuja al creyente a vivir en armonía y en quietud con todos los que nos rodean y especialmente con Dios.

– La paz espiritual es el amor en completo reposo. La paz es el amor reposando sobre los pastos verdes y sobre las tranquilas aguas. La paz nos conforta y nos lleva por sendas de justicia, la paz nos infunde su aliento, la paz unge nuestra cabeza con aceite y hace que nuestra copa rebose, la paz conforta nuestra alma. La paz nos sigue todos los días de nuestra vida y al final la paz nos lleva a morar a la casa de nuestro Padre, por largos días.

Hace muchos años el pastor de una iglesia al este de Londres predicaba acerca de la justificación por la fe. Invitó a cualquier feligrés de la congregación a conversar con él, después del sermón, si sentía la ansiedad de saber más acerca de la justificación por la fe. Un joven de mirada audaz e inteligente siguió al pastor después del sermón y le contó su historia: -En tres días me marcho de Londres. He tenido una seria discusión con mi padre, quien me pidió que desapareciera de su casa, haciéndome saber que no deseaba ver ni siquiera mi sombra por la puerta de su casa. He buscado trabajo en la ciudad pero no lo he hallado. Finalmente encontré un trabajo como marinero, y antes de partir creo que es conveniente hablar con un ministro para preguntarle qué es lo que necesito hacer para ser salvo.

El ministro trató por todos los medios de explicar al muchacho que era a través de la justificación por la fe que se podía tener paz con Dios. Después de su intento, vio al muchacho partir, y le quedó el sentimiento de que aquella conversación no había obrado en el muchacho el trabajo deseado.

Pasó mucho tiempo y este incidente casi se había borrado de la memoria del pastor. Cierto día tocó a su puerta un marinero esbelto y corpulento, el que preguntó al pastor: ¿Se acuerda de un muchacho que vino a conversar con usted aquella noche cuando predicó acerca de que siendo justificados por la fe podemos tener paz con Dios? –Sí, recuerdo- dijo el pastor.

El marinero continuó diciendo: -Ese muchacho  que habló con usted esa noche y yo nos hicimos muy buenos amigos, estudiábamos la Biblia juntos y orábamos juntos, hasta que vino el día de una gran desgracia, nuestro barco se hundió. Él no pudo salvarse, no pudo llegar a tiempo para subir a los botes salvavidas y se quedó atrapado en la nave mayor. Antes de hundirse en el mar para siempre con la nave, a gritos me dijo: Si te logras salvar, vé y busca al pastor  de mi iglesia, y dile que en este momento, estando como en la presencia de Dios, al final he comprendido y puedo decir que siendo justificado por medio de la fe, ahora tengo paz con mi Dios a través de mi amado Señor Jesucristo.

Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;  y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Este texto pudiéramos titularlo la genealogía de la esperanza.

La esperanza es hija de la prueba, la prueba es hija de la paciencia, y la paciencia es hija de la tribulación.

Cuando la vida se preña de tribulaciones da a luz a la paciencia, la paciencia da a luz a la experiencia y la experiencia da a luz a la esperanza.

La palabra prueba en este texto no es muy fácil de entender; recurrimos a diferentes versiones bíblicas, descubrimos que algunas de ellas dicen pruebas, otras versiones dicen aprobación, y la más entendible de ellas dice experiencia, por lo tanto en vez de la palabra prueba usaremos la palabra experiencia.

La tribulación produce paciencia:

Mientras más sufre un cristiano en el espíritu cristiano, mejor descubre cuán grande y maravillosa puede ser la paciencia que posee o consigue.

Es impresionante ver cómo las personas de naturaleza impaciente, se han graduado con honores en el campo de la paciencia, después de  haber tomado unas clases en el departamento de la aflicción.  No es necesario que una persona sea paciente como ser humano, antes de ser paciente como cristiana; es todo lo contrario, la paciencia no se consigue por  medio de la tribulación solamente, la paciencia es conseguida, cuando en medio de la tribulación la persona es conducida por Dios a la reflexión y a la oración.

La paciencia produce experiencia

La paciencia produce la experiencia. Es a través del lento horno de la prueba como se descubre si un cristiano se ha forjado con un metal cualquiera o si se ha forjado con el material precioso de oro puro.  Es a través de la paciencia en la prueba, que las impurezas del cristiano son removidas, hasta quedar el oro en su pureza.

Bajo la tutela de la tribulación y de la paciencia la persona es puesta en estado de sumisión, pero cuando se encuentra en este estado de sumisión o resignación, nunca es abandonada sin tener una visita celestial. Cuando la persona experimenta la gracia divina en medio de sus dificultades, esto la prepara para enfrentar otras pruebas de la vida o para ayudar a otros que enfrentan pruebas similares en sus vidas. Las personas con muchos años de vida son las que nos dan un ejemplo viviente en este tema, han pasado tantas tribulaciones en la vida, que se han graduado con laureles en la paciencia, en la experiencia y en la esperanza.

La experiencia produce la esperanza

La experiencia produce la esperanza; son los milagros y las acciones de Dios en el pasado que nos hacen recordar la buena voluntad de Dios para con el hombre. Todas esas cosas que Dios ha hecho en el pasado en nuestras vidas o en las vidas de nuestros cercanos, hacen que crezcamos en el verde y floreciente campo de la esperanza.

Dios en su gran amor permite las tribulaciones en nuestras vidas; por lo tanto tenemos que gloriarnos en las tribulaciones. Solamente el amor puede comprender los misterios futurísticos de Dios, cuando la tribulación toca a nuestras puertas, y la tribulación produce en nosotros la paciencia, y la paciencia produce en nosotros la experiencia, y la experiencia produce en nosotros la esperanza, entonces no es la tribulación tocando a nuestra puerta, sino nosotros mismos tocando a las grandiosas e invulnerables puertas de la eternidad.

Vivamos de tal manera que el poder de CRISTO opere en nuestra vida hoy el surgimiento de esas gracias que el Cielo anhela que tengamos, para gloria de DIOS.

 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dios será para nosotros todo lo que le permitamos ser. Nuestras oraciones lánguidas y sin entusiasmo no tendrán respuesta del cielo. ¡Oh, necesitamos insistir en nuestras peticiones! Pedid con fe, esperad con fe, recibid con fe, regocijaos con esperanza, porque todo aquel que pide, encuentra. Seamos fervientes. Busquemos a Dios de todo corazón. La gente empeña el alma y pone fervor en todo lo que emprende en sus realizaciones temporales, hasta que sus esfuerzos son coronados por el éxito. Con intenso fervor, aprended el oficio de buscar las ricas bendiciones que Dios ha prometido, y con un esfuerzo perseverante y decidido tendréis su luz, y su verdad, y su rica gracia.

Clamad a Dios con sinceridad y alma anhelante. Luchad con los agentes celestiales hasta que obtengáis la victoria. Poned todo vuestro ser, vuestra alma, cuerpo y espíritu en las manos del Señor, y resolved que seréis sus instrumentos vivos y consagrados, movidos por su voluntad, controlados por su mente, e imbuidos por su Espíritu (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 133).

En esta vida debemos arrostrar pruebas de fuego y hacer sacrificios costosos, pero la paz de Cristo es la recompensa. Ha habido tan poca abnegación, tan poco sufrimiento por amor a Cristo, que la cruz queda casi completamente olvidada. Debemos participar de los sufrimientos de Cristo si queremos sentarnos en triunfo con él sobre su trono. Mientras elijamos la senda fácil de la complacencia propia y nos asuste la abnegación, nuestra fe no llegará nunca a ser firme, y no podremos conocer la paz de Jesús ni el gozo que proviene de una victoria consciente. Los más encumbrados de la hueste redimida que estarán vestidos de blanco delante del trono de Dios y del Cordero, habrán conocido el conflicto necesario para vencer, porque habrán pasado por la gran tribulación. Los que hayan cedido a las circunstancias en vez de empeñarse en este conflicto, no sabrán cómo subsistir en aquel día…

¡Ojalá que tengamos fe viva y activa! La necesitaremos; debemos tenerla, o desmayaremos y caeremos en el día de la prueba. Las tinieblas que descansarán entonces sobre nuestra senda, no deben desalentarnos ni desesperarnos. Son el velo con que Dios cubre su gloria cuando viene a impartir ricas bendiciones. Por nuestra experiencia pasada, debemos saber esto (Testimonios para la iglesia, {5TI}, t. 5, pp. 199, 200).

La paciencia, cuando hay pruebas, evitará que digamos y hagamos aquellas cosas que herirán nuestras propias almas, y herirán a aquellos con quienes nos relacionamos. No importa cuántas sean vuestras pruebas, ninguna cosa podrá dañaros seriamente si ejercitáis la paciencia, si manifestáis calma y serenidad cuando estáis en situaciones difíciles…

La paciencia debe realizar su obra perfecta, o no podremos ser perfectos y completos, sin que nada nos falte. Se nos han señalado dificultades y aflicciones, que nosotros debemos soportar pacientemente, ¿o bien amargaremos a todos con nuestras quejas? El oro se pone en el crisol para quemar la escoria. ¿No seremos nosotros pacientes bajo el ojo del refinador? Debemos rehusar hundirnos en un estado mental deprimido y desconsolado; debemos mostrar una tranquila confianza en Dios, experimentando gozo cuando se nos permite soportar las pruebas por Cristo (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 72).

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Lección 6 // Lunes 6 de noviembre_____________________________________

CUANDO TODAVÍA ÉRAMOS PECADORES

Lee Romanos 5:6 al 8. ¿Qué nos dice este pasaje sobre el carácter de Dios, y por qué está tan lleno de esperanza para nosotros?

Romanos 5:6-8

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.  Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Cuando Adán y Eva transgredieron vergonzosamente y sin ninguna excusa la exigencia divina, Dios dio los primeros pasos hacia la reconciliación. Desde entonces, Dios ha tomado la iniciativa de proveer un camino de salvación e invitar a hombres y mujeres a aceptarlo. “Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo” (Gál. 4:4).

Romanos 5:9 dice que podemos ser salvos de la ira de Dios por medio de Jesús. ¿Qué implica eso?

Romanos 5:9

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

En la víspera de la partida de los israelitas de Egipto, la sangre en los postes de sus puertas protegió a los primogénitos de la ira que les sobrevino a todos los primogénitos de Egipto. Asimismo, la sangre de Jesucristo garantiza que quien ha sido justificado y conserve ese estatus será protegido cuando la ira de Dios finalmente destruya el pecado al final de los tiempos.

Algunos tienen dificultades con la idea de un Dios amoroso que se aíra. Pero es precisamente debido a su amor que esta ira existe. ¿Cómo podría Dios, que ama al mundo, no airarse contra el pecado? Si le fuésemos indiferentes, no le importaría lo que nos sucede aquí. Mira el mundo a tu alrededor, y verás lo que el pecado le ha hecho a su creación. ¿Cómo podría Dios no enojarse contra semejante maldad y devastación?

¿Qué otras razones se nos da para regocijarnos? Rom. 5:10, 11.

Romanos 5:10-11

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.  11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

Algunos comentaristas han visto en Romanos 5:10 una referencia a la vida que Cristo vivió en esta Tierra, durante la cual forjó un carácter perfecto que ahora ofrece acreditarnos. Aunque esto sin duda es lo que logró la vida perfecta de Cristo, Pablo parece enfatizar el hecho de que, si bien Cristo murió, también resucitó y vive para siempre (ver Heb. 7:25). Porque él vive, nosotros somos salvos. Si se hubiese quedado en la tumba, nuestras esperanzas habrían perecido con él. Romanos 5:11 continúa enumerando las razones que tenemos para regocijarnos en el Señor, y eso se debe a lo que Jesús consiguió para nosotros.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Romanos 5:6-8

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.  Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

No podemos entender  la profundidad del amor divino, no podemos entender que Cristo murió por los impíos, o dicho en otras palabras, Cristo murió por aquellos que ni siquiera creían en Él. Esto es una paradoja incomprensible para la mente humana no santificada.

Los humanos somos naturalmente impíos. La impiedad toma muchas maneras diferentes.

Somos impíos los que transgredimos la ley de Dios:

-La idolatría es el pecado de cientos de miles, a cada hora, las veinticuatro horas del día

-La impiedad en los juramentos inunda cada habitación de los humanos

-El sábado se transgrede, cada vez que hay un sábado para transgredir

-Los padres son desobedecidos y olvidados

-Los asesinatos cada día se acercan más a nuestras puertas y nos hacen estremecer y también hacen estremecer de terror a la ciudad

-El adulterio es el pecado alimentado por los placeres y las riquezas, por una sociedad en estado artificial

-La deshonestidad está en todos los campos de la tierra habitados por el humano

-Los falsos testigos y los mentirosos plagan todas las sociedades del mundo

-Los hombres siempre tienen algo que es deseado ilegalmente por su prójimo

Todos estos mandamientos son rotos porque el hombre es impío, la Biblia dice que por esos impíos Cristo su dio su vida cuando vino a este mundo. ¡Tal es el amor de DIOS para con usted, que lee esto!

“… cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos…”

Dios murió por nosotros aun cuando éramos débiles:

-No teníamos fuerzas en nuestro interior para buscar a un Dios que perdimos

-No teníamos fuerzas de sabiduría para descubrir el plan da salvación de la humanidad

-No teníamos fuerzas de conciencia para ver y testificar en favor de una moral correcta

-No teníamos fuerzas de voluntad para hacer las cosas correctas

-No teníamos fuerzas de afecto para amar a un Dios que se nos reveló a nosotros mismos

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Damón fue sentenciado a morir. Mientras esperaba la ejecución pidió permiso a Dionisio de Siracusa, para poder visitar a su familia. La petición de Damón fue concedida solamente con la condición de dejar a una persona como rehén mientras él regresaba de su viaje. Pitias, al escuchar lo que pasaba, inmediatamente se propuso como voluntario y tomó el lugar de Damón, mientras éste visitaba a su familia. El rey visitó a Pitias en la prisión y le preguntó acerca de su decisión, informándole a Pitias que él no creía en la influencia de la amistad. Pitias le respondió que él deseaba dar su vida por Damón con tal de que Damón recobrara su honor.

Pitias oró a sus dioses para que retardaran el regreso de Damón y así él poder morir en lugar de su amigo. Llegó ese día fatal que era el día de la ejecución de Damón y Damón no aparecía para retomar su lugar. Dionisio estaba sentado en su trono portátil, que era halado por seis caballos blanco y contemplaba a Pitias subir al andamio para su ejecución. –Señores- dijo Pitias dirigiéndose a todos los espectadores, -mis oraciones han sido escuchadas por los dioses, los vientos han sido contrarios hasta el día de ayer. Damón no podrá venir el día de hoy, él vendrá hasta mañana, y la sangre que sea derramada este día, salvará la vida de mi gran amigo Damón. ¿Puedo borrar de sus pechos toda sospecha que tengan en contra de Damón? Yo iré a mi muerte de la misma forma que iría a mi boda. Mi amigo será encontrado noble, su verdad será impecable, él rápidamente lo probará, él viene en camino, ha de estarse reprochando a sí mismo por su tardanza, ha de estar culpando a los elementos  y a los dioses por su tardanza, pero yo tengo que adelantarme a su apuro – Pitias continuó diciendo: -Verdugo, haga pronto su trabajo.

-¡Paren la ejecución, paren la ejecución!- gritaba a lo lejos Damón, mientras corría con todas las energías de sus piernas hacia el andamio de la ejecución. Abrazó a Pitias y le dijo: -Estás salvo, mi querido amigo, yo no tengo otra cosa que una muerte esperándome, y he sido librado de los reproches por haber puesto tu vida en peligro.

Pitias respondió: -Fatal rapidez, cruel impaciencia, que poderes de envidia han imposibilitado esta acción en tu favor, ya que no puedo morir para salvarte, tampoco viviré después de tu muerte.-

Dionisio escuchó la conversación y fue movido a lágrimas. Descendiendo de su trono dijo: -¡Vivan, vivan, incomparable par de hombres! Me han dado un testimonio incuestionable de la existencia de la virtud, y esa virtud me ha dado un testimonio de la existencia de un Dios que todo lo recompensa. Vivan felices y sean famosos, he aprendido por sus ejemplos que es digno que yo también practique la sagrada amistad.

Hemos escuchado del marinero que dio el último puesto que quedaba en el bote salvavidas para su mejor amigo, diciendo ¡Salven a mi amigo, que él tiene esposa e hijos! mientras él se hundía en lo profundo de la mar junto a la nave que estaba naufragando. Hemos escuchado del soldado que murió con una sonrisa en su rostro cuando una bala destrozaba su corazón por salvar la vida del hijo de su general. Hemos escuchado a la madre que salvaba de la muerte invernal a su hijo cubriéndolo con su propia ropa mientras ella moría lentamente de frío. Hemos escuchado del oficial que murió en su puesto en el barco de vapor, mientras pasajeros y tripulantes se salvaron. Hemos escuchado del sirviente ruso que se tiró él mismo a los lobos con tal de salvar la vida de su patrón. Hemos escuchado la voz del niño pobre en la ciudad de Nueva York, que murió diciendo: Muero contento porque esta noche mis hermanitos tendrán algo para comer.  Todas estas voces y cientos más de corazones verdaderamente altruistas proclaman con claridad la gran voz del Cielo que proclama: “La mano que nos hizo es divina, y en el corazón de nuestro Padre están los más altos grados de amor, y las más notables profundidades de la piedad y de los sacrificios voluntarios”  -Helen Wonnacott

ESPÍRITU DE PROFECÍA

No porque le hayamos amado primero nos amó Cristo a nosotros…

La gracia es un atributo de Dios puesto al servicio de los seres humanos indignos. Nosotros no la buscamos, sino que fué enviada en busca nuestra. Dios se complace en concedernos su gracia, no porque seamos dignos de ella, sino porque somos rematadamente indignos. Lo único que nos da derecho a ella es nuestra gran necesidad.

Por medio de Jesucristo, el Señor Dios tiende siempre su mano en señal de invitación a los pecadores y caídos. A todos los quiere recibir. A todos les da la bienvenida. Se gloría en perdonar a los mayores pecadores. Arrebatará la presa al poderoso, libertará al cautivo, sacará el tizón del fuego. Extenderá la cadena de oro de su gracia hasta las simas más hondas de la miseria humana, y elevará al alma más envilecida por el pecado.

Todo ser humano es objeto del interés amoroso de Aquel que dió su vida para convertir a los hombres a Dios (El ministerio de curación, {MC}, p. 119).

Cristo y él crucificado debiera llegar a ser el tema de nuestros pensamientos, debiera despertar las más profundas emociones de nuestra alma. Los verdaderos seguidores de Cristo apreciarán la gran salvación que él logró para ellos; y dondequiera que él los guíe, ellos lo seguirán. Considerarán un privilegio llevar cualquier carga que Cristo pueda colocar sobre ellos. Es sólo por medio de la cruz como podemos estimar el valor del alma humana. Es tan grande el valor de los hombres por quienes Cristo murió que el Padre está satisfecho con el precio infinito que él paga por la salvación del hombre al entregar a su propio Hijo para morir por su redención. ¡Qué sabiduría, qué misericordia y qué amor en su plenitud se manifiestan aquí! El valor del hombre se comprende sólo al ir al Calvario. En el misterio de la cruz de Cristo podemos estimar el valor del hombre (Exaltad a Jesús, {EJ}, p. 236).

Los ojos de Adán y Eva fueron realmente abiertos, pero ¿para qué? Para ver su propia vergüenza y ruina, para comprender que el ropaje de luz celestial que los había protegido ya no los rodeaba como una salvaguardia. Sus ojos se abrieron para ver que su desnudez era el fruto de la transgresión. Cuando oyeron a Dios en el jardín se ocultaron de él, porque anticipaban aquello que antes de su caída no habían conocido: la condenación de Dios…

Dios ha declarado que el único medio de seguridad para el hombre es la completa obediencia a todas sus palabras. No debemos intentar el experimento de probar el mal camino, con todos sus resultados. Esto traerá debilidad mediante la desobediencia. El plan de Dios era dar al hombre claridad de visión en toda su obra (Conflicto y valor, {CV}, p. 20).

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Martes 7 de noviembre // Lección 6____________________________________

MUERTE POR EL PECADO

La muerte es un enemigo, el peor. Cuando Dios creó a la familia humana, dispuso que sus miembros vivieran para siempre. Salvo algunas excepciones, los seres humanos no quieren morir; y los que sí quieren, es solo después de una gran angustia, un gran sufrimiento personal. La muerte va en contra de nuestra naturaleza más básica. Y eso es porque, desde el principio, fuimos creados para vivir para siempre. La muerte debía sernos extraña.

Lee Romanos 5:12. ¿Qué describe Pablo? ¿Qué explica esto?

Romanos 5:12

12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Los comentaristas han debatido más sobre este pasaje bíblico que sobre la mayoría de los otros. Tal vez la razón sea, como lo indica el Comentario bíblico adventista, que estos comentaristas han “tratado de usarlo para propósitos que no son los de Pablo” (t. 6, p. 525).

Un tema en el que disienten es la manera en que el pecado de Adán fue transmitido a su descendencia. Los descendientes de Adán ¿compartieron la culpa del pecado de Adán o son culpables ante Dios por sus propios pecados? Se ha intentado obtener una respuesta a esa pregunta a partir de este versículo, pero ese no es el tema que Pablo aborda aquí. El apóstol tenía un objetivo totalmente distinto en mente; y vuelve a subrayar lo que ya dijo: “Por cuanto todos pecaron” (Rom. 3:23). Debemos reconocer que somos pecadores, porque esa es la única manera en que nos daremos cuenta de nuestra necesidad de un Salvador. Aquí Pablo estaba tratando de lograr que los lectores comprendieran cuán malo es el pecado y lo que desencadenó en este mundo a través de Adán. Luego, muestra lo que Dios nos ofrece en Jesús como el único remedio para la tragedia introducida en nuestro mundo a través del pecado de Adán.

Sin embargo, este versículo solo habla del problema: la muerte en Adán; no de la solución: la vida en Cristo. Uno de los aspectos más gloriosos del evangelio es que la muerte ha sido absorbida por la vida. Jesús pasó por los portales de la tumba y rompió sus ataduras. Nos dice: “Yo soy […] el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apoc. 1:17, 18). Como Jesús tiene las llaves, el enemigo ya no puede retener a sus víctimas en la tumba.

¿Cuál ha sido tu experiencia con la realidad y la tragedia de la muerte? ¿Por qué, ante un enemigo tan implacable, debemos tener esperanza en algo más grande que nosotros mismos o mayor que cualquier cosa que este mundo ofrece?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Romanos 5:12

12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

El pecado entró a este mundo, así como el enemigo entra a una ciudad, como el lobo entra al rebaño, como la plaga entra a una casa, como el adversario entra a destruir, como el ladrón entra a robar, y como el veneno entra a infectar.

A nuestro primer padre se le encomendó cuidar una gran propiedad, pero pronto la perdió; él violó la confianza con la que tenía que cuidar su propiedad y prontamente se vio echado fuera de su hogar y desheredado.  Su hijo mayor resultó ser un asesino y luego un vagabundo. Nosotros somos los pobres que venimos a este mundo como “hijos de la ira” con una propiedad avejentada y desmejorada, llegamos con una terrible mancha de sangre por culpa del pecado. 

Desde que Lucifer dejó de ser Lucifer, ha existido la enemistad en contra de Dios en este planeta. Si Dios pide santidad, Satanás trae pecado; si Dios dice paz, Satanás dice guerra; si Dios requiere pureza, Satanás presenta concupiscencia; si Dios dice abstinencia, Satanás dice placer; si Dios dice salvación, Satanás dice perdición; si Dios dice el cielo, Satanás dice infierno…

Y ahora, damas y caballeros, les presentamos al primer comentarista de la Palabra de Dios en esta tierra; se llama Satanás. “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? … No moriréis; 5sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” En su trabajo como comentarista de la palabra de Dios, refirió algo muy parecido a lo que Dios había dicho: muy parecido, pero diferente; sólo propuso una pequeña adición, sólo añadió una pequeña palabra de dos letras “NO” (no moriréis), el cambio fue aceptado y nuestro mundo resultó perdido.

Ceder a la tentación es un acto generalmente seguido por una mala conciencia, cuyos efectos destruyen nuestra salud física y mental.

Ceder a la tentación es generalmente seguido por un grave alejamiento de Dios, descuidando la oración y el estudio de la Palabra de Dios.

Ceder a la tentación es generalmente seguido por el incremento de lo profano en nuestras vidas

Ceder a la tentación es generalmente seguido por la crítica a otros y la crítica a nosotros mismos

Ceder a la tentación es generalmente seguido por los desengaños y los estragos que la realidad del pecado hace en nuestras vidas:

La MUERTE es la maldición más grande que los humanos tenemos que arrastrar en esta tierra; sufrimos la muerte física, la muerte social y la muerte espiritual.

Muerte física

Muchas veces la muerte comienza infligiendo dolores y enfermedades a nuestro cuerpo, y nosotros tenemos que enfrentar todos esos sufrimientos físicos con firmeza y a menudo logramos vencer la muerte temporalmente.

Los dolores físicos se tornan más insidiosos en contra de nuestro cuerpo, cuando los acompañamos con el miedo a la muerte. Últimamente las enfermedades y los accidentes se han vuelto tan fatales, que siempre evitamos un accidente por todos los medios, y soportamos el dolor físico y las enfermedades de una manera heroica con tal de evitar la muerte.

Muerte social

La muerte también tiene resultados sociales; se pierden amistades, hay hogares destruidos, corazones rotos y sangrantes, padres que quedan sin hijos e hijos que quedan sin padres, esposos que quedan sin sus compañeros de vida. Las tumbas de gente buena y la tumba de nuestros seres amados, son testigos silenciosos del sufrimiento y de los estragos que padecen quienes han perdido a sus seres queridos por causa de la muerte. La muerte es causa de temor; produce, una ruptura y una separación que perjudica la sociedad. Todos los que hemos perdido a seres amados, cargamos con un dolor, que ni nosotros mismos podemos explicar. Ante tanta muerte, la sociedad sufre de una manera indescriptible el dolor de la separación.

Muerte espiritual

La muerte espiritual es lo opuesto a pureza, paz, gozo, amor, etc. De acuerdo con la Biblia, lo opuesto a la vida eterna se llama muerte. La muerte espiritual es una de las más traicioneras: a veces creemos que somos santuarios de Dios y en verdad somos sepulcros blanqueados, a veces creemos que somos templos de Dios y en verdad somos tumbas decoradas externamente.

Adán trajo a este mundo la bancarrota, y su herencia no fue otra cosa que una vieja deuda para saldar, en la que cada día que pasa, los intereses crecen de una manera exorbitante, volviéndonos cada día más pobres y tiñendo este mundo de sangre, de dolor, de sufrimiento y de muerte. “Porque la paga del pecado es muerte”

Adán nos trajo tristeza, pero Cristo nos trajo esperanzas.

Adán tiene una relación directa con los humanos – Cristo tiene una relación directa con los humanos

La acción de Adán ha perjudicado al mundo – La acción de Cristo ha beneficiado al mundo

El mundo sufre hasta ahora la acción de Adán – El mundo se beneficia hasta ahora de la acción de Cristo

Adán trajo al mundo sufrimiento y muerte – Cristo trajo al mundo esperanza y vida

Adán nos dejó un mundo lleno de consecuencias – Cristo nos dejó un mundo lleno de “gracia y salvación”

Por Adán entró el pecado al mundo – Por Cristo entró la salvación al mundo

Por Adán entró la muerte al mundo – Por Cristo entró la vida eterna al mundo

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El cielo se entristeció al comprender que el hombre estaba perdido y que el mundo creado por Dios iba a poblarse de mortales condenados a la miseria, la enfermedad y la muerte, sin remisión para el ofensor. Toda la familia de Adán debía morir. Vi al amable Jesús y contemplé una expresión de simpatía y tristeza en su semblante. Luego lo vi acercarse a la deslumbradora luz que envolvía al Padre. El ángel que me acompañaba dijo: “Está en íntimo coloquio con su Padre.” La ansiedad de los ángeles parecía muy viva mientras Jesús estaba conversando con su Padre. Tres veces quedó envuelto por la esplendente luz que rodeaba al Padre. La tercera vez salió de junto al Padre, y fué posible ver su persona. Su semblante era tranquilo, exento de perplejidad y duda, y resplandecía de amor y benevolencia inefables. Dijo entonces a los ángeles que se había hallado un medio para salvar al hombre perdido; que había estado intercediendo con su Padre, y había ofrecido dar su vida como rescate y cargar él mismo con la sentencia de muerte, a fin de que por su intervención pudiesen los hombres encontrar perdón; para que por los méritos de la sangre y la obediencia de él a la ley de Dios, ellos obtuviesen el favor del Padre y volviesen al hermoso huerto para comer del fruto del árbol de vida (Primeros escritos, {PE}, p. 149).

Tenemos un Salvador viviente. No se halla en el sepulcro nuevo de José; resucitó y ascendió al cielo como Sustituto y Garante de cada alma creyente. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). El pecador es justificado por los méritos de Jesús, y esto es el reconocimiento de Dios de la perfección del rescate pagado en favor del hombre. El hecho de que Cristo fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, es prenda de la aceptación del pecador arrepentido por parte del Padre. Entonces, ¿nos permitiremos tener una experiencia vacilante de dudar y creer, creer y dudar? Jesús es la prenda de nuestra aceptación por parte de Dios. Tenemos el favor de Dios, no porque haya mérito alguno en nosotros, sino por nuestra fe en “el Señor, nuestra justicia”…

Nunca podemos alcanzar la perfección por medio de nuestras propias obras buenas. El alma que contempla a Jesús mediante la fe, repudia su propia justicia. Se ve a sí misma incompleta, y considera su arrepentimiento como insuficiente, débil su fe más vigorosa, magro su sacrificio más costoso; y se abate con humildad al pie de la cruz. Pero una voz le habla desde los oráculos de la Palabra de Dios. Con asombro escucha el mensaje: “Vosotros estáis completos en él”. Ahora todo está en paz en su alma. Ya no tiene que luchar más para encontrar algún mérito en sí mismo, algún acto meritorio por medio del cual ganar el favor de Dios (Fe y obras, {FO}, pp. 111, 112).

El milagro que Cristo estaba por realizar, al resucitar a Lázaro de los muertos, representaría la resurrección de todos los justos muertos. Por sus palabras y por sus obras, se declaró el Autor de la resurrección. El que iba a morir pronto en la cruz, estaba allí con las llaves de la muerte, vencedor del sepulcro, y aseveraba su derecho y poder para dar vida eterna (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 489).

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Lección 6 // Miércoles 8 de noviembre__________________________________

DESDE ADÁN HASTA MOISÉS

Lee Romanos 5:13 y 14. ¿Qué nos quiere enseñar Pablo sobre la Ley?

Romanos 5:13-14

13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.  14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

La frase “antes de la ley” es paralela a la declaración “desde Adán hasta Moisés”. Él está hablando del tiempo en el mundo desde la Creación hasta el Sinaí, antes de la introducción formal de las reglas y las leyes del sistema israelita que, por supuesto, incluían los Diez Mandamientos.

“Antes de la ley” significa antes de que Dios detallara sus requerimientos en las distintas leyes dadas a Israel en el Sinaí. El pecado existía antes del Sinaí. ¿Cómo no? La mentira, el asesinato, el adulterio y la idolatría ¿no eran actos pecaminosos hasta entonces? Por supuesto que sí.

Es verdad que, antes del Sinaí, la raza humana tenía, en general, solo una revelación limitada de Dios, pero obviamente sabía lo suficiente como para rendir cuentas. Dios es justo, y no va a castigar a nadie injustamente. La gente en el mundo anterior al Sinaí moría, como señala Pablo aquí. La muerte pasó a todos. Aunque no habían pecado contra un mandamiento expresamente revelado, de todos modos habían pecado. Tenían las revelaciones de Dios en la naturaleza, a las que no habían respondido, y por lo tanto se los consideró culpables. “Las cosas invisibles de él […] se hacen claramente visibles desde la creación del mundo […] de modo que no tienen excusa” (Rom. 1:20).

¿Con qué propósito se reveló Dios más plenamente en la “ley”? Rom. 5:20, 21.

Romanos 5:20-21

20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;  21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.

La instrucción dada en el Sinaí incluía la Ley Moral, aunque ya existía desde antes. Sin embargo, esta fue la primera vez, según la Biblia, que se escribió esta ley y se proclamó ampliamente.

Cuando los israelitas comenzaron a compararse con las exigencias divinas, descubrieron que no cumplían con las expectativas. En otras palabras, “el pecado” abundaba. De repente, se dieron cuenta de la magnitud de sus transgresiones. El propósito de esa revelación era ayudarlos a ver su necesidad de un Salvador y llevarlos a aceptar la gracia que Dios ofrecía tan libremente. Como se destacó con anterioridad, la verdadera versión de la fe veterotestamentaria no era legalista.

¿En qué medida las leyes de tu país te muestran una concepción humana del bien y del mal? Si las leyes humanas pueden hacer eso, ¿qué puedes decir de la eterna Ley de Dios?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Romanos 5:13, 14

13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.  14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

Hay dos textos en las Sagradas Escrituras que confunden a algunos en el  mundo cristiano; uno de ellos es el texto citado arriba, donde el versículo 14 parece proponer que la muerte reinó desde Adán hasta Moisés.

El otro texto que también es muy confuso lo encontramos en Lucas 16: 16 “La ley y los profetas fueron hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es predicado, y todos se esfuerzan por entrar a él.”

La clave es entender la palabra “hasta”  que se usa en los dos textos ya mencionados,  que en el idioma griego es la palabra MECHRI o NEJRI.

Este vocablo en nuestro idioma castellano no significa “culminación”, ”clausura” ni “finalización”.

Esta palabra expone una etapa de tiempo, un lapso o periodo de tiempo.

Romanos 5: 14 dice: “14-No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta (MECHRI) Moisés…” 

¿Está diciendo este texto que la muerte sólo existió desde Adán hasta Moisés? ¿Quiere decir que desde Moisés hacia acá nadie muere?

Penosamente todos seguimos muriendo. Entonces concluimos en que la palabra griega “MECHRI” en este caso no significa terminación, sino una determinada etapa de tiempo. 

De la misma manera en que todos los humanos seguimos muriendo, es exactamente como la ley de Dios sigue vigente, ya que la palabra “MECHRI” tampoco significa terminación de la ley, sino el final de una etapa de tiempo.

“La ley y los profetas fueron hasta Juan”

La palabra “MECHRI” no quiere decir que la ley terminó con Juan. Lo que el texto trata de decirnos es que hasta Juan estuvo el Antiguo Testamento como la única guía para la salvación del hombre. Hasta Juan los hombres habían tenido el Antiguo Testamento y los profetas como exclusiva guía de salvación. Pero a partir de Juan, comienza una nueva etapa en la cronología divina. Lo que los profetas habían anunciado por tanto tiempo, se cumplió con la venida de Cristo.

“14-No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta (MECHRI) Moisés…” 

¿Qué es lo que realmente tratan de decirnos las Sagradas  Escrituras en este texto?

Si lo pusiéramos en un castellano sencillo y simple, pudiéramos decir que este texto nos está informando que la ley de Dios también existía desde Adán hasta Moisés.

La Biblia dice que “el pecado es transgresión de la ley” (1 Juan 3:4)  y también la Biblia nos dice que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6: 23).   

Si explicáramos estos versículos de una manera simple pudiéramos decir de la siguiente manera: La muerte reinó desde Adán hasta Moisés por que todos pecaron, y si desde Adán hasta Moisés todos pecaron es por que la ley de Dios ya existía.  Dicho al revés lo podemos exponer de la siguiente manera: Desde Adán hasta Moisés la ley ya existía, por que la ley ya existía todos pecaron desde Adán hasta Moisés, y como todos pecaron desde Adán hasta Moisés, también todos murieron.

Para los hermanos que creen que la ley de Dios no existió antes de Moisés o que creen que la ley de Dios fue dada solamente para el mundo judío en el Monte Sinaí por medio de Moisés,  Romanos 5: 14 tira al suelo esta falsa doctrina; aquí se desarma el argumento antinomianista (anti-ley) de algunos religiosos en esta tierra.

La ley todavía no se había escrito en tablas de piedras; tampoco se había dado de una manera pública, tan notoria como sucedió en el Sinaí; pero a pesar de esto, la ley ya existía.

La ley existía porque la muerte también reinó desde Adán hasta Moisés, y si la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, fue porque “la paga del pecado es muerte,” y si existía el pecado era porque “el pecado es transgresión de la ley” y la ley ya estaba en vigencia.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

A consecuencia del pecado de Adán, la muerte pasó a toda la raza humana. Todos descienden igualmente a la tumba. Y debido a las disposiciones del plan de salvación, todos saldrán de los sepulcros. “Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos” (Hechos 24:15). “Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22). Pero queda sentada una distinción entre las dos clases que serán resucitadas. “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz [del Hijo del hombre]; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal a resurrección de condenación” (Juan 5:28, 29). Los que hayan sido “tenidos por dignos” de resucitar para la vida son llamados “dichosos y santos”. “Sobre los tales la segunda muerte no tiene poder” (Apocalipsis 20:6 (VM)). Pero los que no hayan asegurado para sí el perdón, por medio del arrepentimiento y de la fe, recibirán el castigo señalado a la transgresión: “la paga del pecado”.

Así se pondrá fin al pecado y a toda la desolación y las ruinas que de él procedieron (El conflicto de los siglos, {CS}, pp. 532, 533).

La muerte entró en el mundo a causa de la transgresión. Pero Cristo dio su vida para que el hombre tuviera otra oportunidad. El no murió en la cruz para abolir la ley de Dios, sino para asegurarle al hombre un segundo tiempo de gracia. No murió para que el pecado llegara a ser un atributo inmortal; murió para asegurar el derecho a destruir a aquel que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Sufrió plenamente la sanción que merecía el quebrantamiento de la ley por parte del mundo entero. Esto lo hizo, no para que los hombres continuaran en la transgresión, sino para que reanudaran su lealtad y guardaran los mandamientos de Dios y su ley como la niña de su ojo (Testimonios para los ministros, {TM}, p. 134).

Satanás se alegró muchísimo de haber conseguido éxito al lograr que Moisés pecara contra Dios. Por causa de esa transgresión cayó bajo el dominio de la muerte. Si hubiera seguido siendo fiel, y su vida no hubiera sido malograda por esa única transgresión, al no dar gloria a Dios cuando salió agua de la roca, podría haber entrado en la tierra prometida y haber sido trasladado al cielo sin pasar por la muerte (La historia de la redención, {HR}, p. 177).

La obra de la redención estará completa. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia de Dios. La tierra misma, el campo que Satanás reclama como suyo, ha de quedar no sólo redimida sino exaltada. Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha obscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo de Dios. Aquí, donde el Hijo de Dios habitó en forma humana; donde el Rey de gloria vivió, sufrió y murió; aquí, cuando renueve todas las cosas, estará el tabernáculo de Dios con los hombres, “morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos.” Y a través de las edades sin fin, mientras los redimidos anden en la luz del Señor, le alabarán por su Don inefable: Emmanuel; “Dios con nosotros” (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 18).

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Jueves 9 de noviembre // Lección 6____________________________________

JESÚS, EL SEGUNDO ADÁN

“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Rom. 5:18, 19). ¿Qué contraste se presenta aquí? ¿Qué esperanza se nos ofrece en Cristo?

Como seres humanos, de Adán no recibimos nada más que la sentencia de muerte. No obstante, Cristo intervino y recorrió el terreno donde Adán cayó, soportando todas las pruebas en nombre de los seres humanos. Él redimió el desgraciado fracaso de Adán y su caída y, por consiguiente, como nuestro Sustituto, nos puso en un lugar privilegiado delante de Dios. Por lo tanto, Jesús es el “segundo Adán”.

“El segundo Adán era un ser moral libre, responsable por su conducta. Rodeado por influencias intensamente sutiles y engañosas, estuvo en una condición mucho menos favorable que el primer Adán para vivir una vida sin pecado; sin embargo, en medio de los pecadores, resistió toda tentación a pecar y mantuvo su inocencia. Siempre estuvo sin pecado” (CBA 6:1.074).

¿De qué manera se contrastan los actos de Adán y de Cristo en Romanos 5:15 al 19?

Romanos 5:15-19

15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.  16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.  17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.  18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.  19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

Considera estos conceptos opuestos: muerte, vida; desobediencia, obediencia; condenación, justificación; pecado, justicia. ¡Jesús vino y deshizo todo lo que Adán había hecho!

También es fascinante que la palabra don aparezca cinco veces en Romanos 5:15 al 17. ¡Cinco veces! La razón es sencilla: Pablo enfatiza que la justificación no se gana; llega como regalo. Es algo que no merecemos. Como con todo regalo, tenemos que extender la mano y aceptarlo; y en este caso, reclamamos este don por la fe.

¿Cuál fue el mejor regalo que recibiste? ¿Qué lo hacía tan bueno, tan especial? ¿Por qué el hecho de que fuese un regalo, en vez de algo que obtuviste, hace que lo aprecies mucho más? Con todo, ¿cómo se podría comenzar a comparar este regalo con lo que tenemos en Jesús?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Dos hombres atrapan nuestra atención en esta semana; ambos son hijos de Dios, mas sólo Uno es Hijo del hombre. Ambos lanzan una influencia duradera sobre la humanidad, mas sólo Uno lanza su influencia salvífica. Ambos tienen un “origen sobrehumano”, mas sólo Uno en realidad no tiene origen, porque es eterno…

CRISTO y Adán. Semejanzas y desemejanzas… similitudes y disimilitudes… se parecen, pero son diferentes. Le invitamos a conocer mejor a estos personajes, a la luz de Romanos y bajo la dirección del Santo Espíritu.

Eterno Padre, en el nombre de tu sacrosanto Hijo imploramos nos ilumine el Espíritu Santo para comprender con todos los santos cuál es tu voluntad para con nosotros, agradable y perfecta. Haznos no sólo entender, sino aceptar tu verdad, vivirla y compartirla. Para gloria tuya, en CRISTO JESÚS ¡Amén!

Romanos 5:15-19

15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo.  16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.  17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.  18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.  19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

Adán y Jesús son representantes de la raza humana.

Los humanos perdimos todo a través de Adán. Usualmente damos honor a los hijos de los buenos hombres, no precisamente porque sean personas excelentes, sino por sus padres.  Siempre tenemos sospechas del hijo de un hombre malo, no porque el muchacho haya hecho algo malo, sino por causa de su padre. Esa es una de las injusticias de este mundo.

Encontramos a Dios, que es fuerte y celoso, visitando la iniquidad de los padres sobre los hijos.  Vemos que los cananeos fueron castigados por las ofensas de sus primogenitores, los edomitas fueron excluidos de la primogenitura gracias al deprecio que hizo a la primogenitura  su padre Esaú cuando la cambió por una sopa de lentejas; las esposas e hijos de Datán, Coré y Abiram fueron muertos por la revuelta de éstos; encontramos a Jesús declarando venganza  sobre los hijos de quienes mataron a los profetas, y vemos al mundo judío ya sufriendo casi por 18 siglos el pedido de sus padres en el monte Calvario, cuando clamaron al Cielo pidiendo que la sangre inocente de Cristo cayera sobre ellos y sobre sus hijos.

Esa es la suerte nuestra, gracias a la mala decisión del padre de la raza humana: el padre de la familia humana apostó su heredad, y lo único que conseguimos fue un legado de corrupción, sufrimiento y muerte. La fruta prohibida resultó ser venenosa, y ese veneno ha infectado a toda la raza humana que ha vivido en la Tierra. La propuesta diabólica “No moriréis” resultó ser funestamente falsa. Aquella primera desobediencia contrajo sufrimiento, enfermedad y dolor sobre los hijos de Adán.

Todos nacemos en este mundo bajo la condenación de un Dios ofendido. El fruto del pecado recae aun sobre aquellos que no han transgredido la ley de Dios, como los niños inocentes. Con cuánta tristeza y desesperación vemos a nuestras pobres e inocentes criaturas sufrir severos dolores físicos y enfermedades, y aun los vemos pasar a la muerte sin poder hacer nada por ellos, solamente tragándonos amargamente la condenación del pecado. 

Vemos a personas incapacitadas mentalmente para el resto de su vida, que nunca conocerán la dicha de la vida, ya que sus facultades no trabajan correctamente; los vemos sufrir una vida de miseria y de incapacidad y, con un corazón partido, llevamos esas pesadas cargas a nuestras espaldas para el   resto de la vida, pidiendo al cielo que a nuestra muerte haya un alma de Dios que se apiade de estos infelices seres.

Que el Cielo nos libres de juzgar a Dios por su justicia divina. Si sufrimos en estos tiempos es por culpa de los errores de nuestros antepasados, que la culpa recaiga sobre el transgresor y nunca sobre el amoroso Dios, ni sobre la santa ley de Dios.

 Aun con nuestros corazones rotos por el dolor y la aflicción, para Dios tenemos sólo motivos de alabanza y acción de gracias, por habernos dado a Jesucristo nuestro Salvador. No sólo en el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving Day, que se celebra en los Estados Unidos el 23 de noviembre), sino a lo largo del año, rebosamos de gratitud y reconocimiento por el Don inefable de Cristo, nuestro Garante y Sustituto, nuestro Salvador. ¡Aleluya!

Dios nuestro amante Padre padeció uno de los sufrimientos más grandes que puede pasar un ser en este universo, al entregar a su único y amado Hijo, en sacrificio, para que nosotros tuviéramos la bendita esperanza de la salvación.

Complació a Dios que Jesucristo fuera la segunda cabeza que representara a la humanidad. En Adán sólo encontramos la tristeza, el sufrimiento y la muerte, pero en Jesucristo encontramos  felicidad, esperanza y salvación.

Nuestro nuevo representante pagó el precio del pecado en la cruz, y el veneno que conseguimos gracias al error de Adán, fue contrarrestado por el antídoto salvífico que elaboró Jesucristo en el monte Calvario para todo aquel que se haya envenenado por el pecado, pero crea en Él.

Debemos nuestra existencia a Jesucristo. A Adán se le prometió morir el día que pecara; posiblemente nosotros ni siquiera tendríamos el derecho de nacer, pero es por la gracia de Cristo que se nos prestan varios años de existencia terrenal, para que en esos pocos días nos dejemos preparar completamente para vivir junto a Cristo por la eternidad.

Debemos mucho a Jesucristo; en realidad, todo lo noble y bueno. Cualquier cosa buena que se encuentre en el hombre existe gracias a la influencia de Cristo;  toda generosidad, toda pureza, toda gracia, toda bondad, toda noble inspiración, toda dulzura, toda modestia, toda gentileza, toda lealtad, todo amor, tiene su origen en el segundo Representante de la raza humana que es nuestro amado Señor Jesucristo.

En este mundo somos perdedores y también somos ganadores; hemos heredado de Adán una naturaleza corrupta y pecaminosa, pero hemos heredado de Cristo un corazón nuevo y hemos heredado su preciosa sangre, sangre preciosa que nos limpia de todo pecado y nos hace aceptos ante el trono de la gracia de nuestro Padre Celestial.

Esto motiva gratitud. Esto motiva compromiso. Estamos comprometidos con las Agencias Divinas para compartir estas buenas nuevas con quienes nos rodean. ¡Ay de nosotros si somos negligentes en hacerlo!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En el momento cuando la criatura de Dios rehusó obedecer las leyes del reino de Dios, en ese momento se volvió desleal al gobierno del Creador y se hizo enteramente indigna de todas las bendiciones con que El la había favorecido.

Esta era la situación de la raza humana después que el hombre, por su transgresión, se divorció de Dios. Entonces ya no tenía más derecho a una bocanada de aire, a un rayo de sol o a una partícula de alimento. Y la razón por la cual el hombre no fue aniquilado, fue porque Dios lo amó de tal manera que otorgó el don de su amado Hijo para que El sufriera la penalidad de la transgresión. Cristo estuvo dispuesto a convertirse en el fiador y sustituto del hombre a fin de que éste, mediante su incomparable gracia, pudiera tener otra oportunidad – una segunda prueba-, teniendo la experiencia de Adán y Eva como una advertencia para que no transgredieran la ley de Dios como ellos lo hicieron. Y en cuanto el hombre disfruta las bendiciones de Dios en la dádiva del sol y la dádiva del alimento, debería inclinarse delante del Hacedor en agradecido reconocimiento de que todas las cosas provienen de El. Todo lo que se le devuelve a Dios es tan sólo su propiedad, que El nos ha concedido (Fe y obras, {FO}, p. 19).

El Hijo de Dios se colocó en lugar del pecador, y caminó por el mismo terreno en donde Adán pecó; y soportó la tentación en el desierto, que era cien veces más fuerte de lo que alguna vez tendría que soportar la raza humana. Jesús resistió las tentaciones de Satanás de la misma manera en que cualquier alma tentada puede resistir, remitiéndolo al registro inspirado, y diciendo: “Escrito está”.

Cristo venció como hombre las tentaciones. Cada hombre puede vencer como Cristo venció. El se humilló a sí mismo por nosotros. Fue tentado en todo punto, así como nosotros. Redimió el desgraciado fracaso de la caída de Adán, y fue vencedor, testificando así ante todos los mundos no caídos y ante la humanidad caída, que el hombre podía guardar los mandamientos de Dios por medio del poder divino que el cielo le concedía. Jesús, el Hijo de Dios, se humilló por nosotros, soportó la tentación por nosotros, y venció en nuestro favor para mostrarnos cómo podemos vencer. Así vinculó sus intereses divinos con la humanidad, con los lazos más estrechos; y ha dado la positiva seguridad de que no seremos tentados más de lo que podemos soportar, sino que con la tentación dará una vía de escape (Mensajes selectos, {3MS}, t. 3, p. 154).

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Lección 6 // Viernes 10 de noviembre___________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “Ayuda en la vida cotidiana”, El ministerio de curación, pp. 373-375; “Cristo, el centro del mensaje”, Mensajes selectos, t. 1, pp. 449-451; y “La tentación y la caída”, Patriarcas y profetas, pp. 34-47.

“Muchos están engañados acerca de la condición de su corazón. No comprenden que el corazón natural es engañoso más que todas las cosas, y desesperadamente impío. Se envuelven con su propia justicia y están satisfechos con alcanzar su propia norma humana de carácter” (MS 1:376).

“Hay gran necesidad de que Cristo sea predicado como la única esperanza y salvación. Cuando la doctrina de la justificación por la fe fue presentada […] llegó a muchos como el agua que recibe el viajero sediento. El pensamiento de que nos es imputada la justicia de Cristo, no debido a ningún mérito de nuestra parte, sino como una dádiva gratuita de Dios, pareció un pensamiento precioso” (ibíd., p. 422).

“El cual es figura del que había de venir (5:14). ¿En qué sentido es Adán figura de Cristo? Así como Adán se convirtió en causa de muerte para sus descendientes, aunque estos no comieron del árbol prohibido, así también Cristo se convirtió en un dispensador de justicia para los que son suyos, aunque estos no hayan obtenido ninguna justicia; porque mediante la Cruz, él ha conseguido ( justicia) para todos los hombres. La figura de la transgresión de Adán está en nosotros, porque morimos como si hubiésemos pecado como él. La figura de Cristo está en nosotros, porque vivimos como si hubiéramos cumplido toda justicia como él”.–M. Lutero, Commentary on Romans, pp. 96, 97.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. “Se necesita un estudio mucho más profundo de la Palabra de Dios; especialmente los libros de Daniel y el Apocalipsis deberían recibir atención como nunca antes en nuestra obra. Bien podremos tener menos que decir sobre algunos temas referentes al Papado, pero debemos llamar la atención a lo que los profetas y los apóstoles escribieron bajo la inspiración del Espíritu de Dios” (Ev 420). ¿De qué modo entendemos esta cita de Elena de White?
  2. Medita en la realidad de la muerte, en lo que esta le hace no solo a la vida, sino también al significado de la vida. Muchos escritores y filósofos han lamentado la absoluta falta de sentido de la vida porque termina en la muerte eterna. ¿De qué forma les respondemos como cristianos? ¿Por qué la esperanza que tenemos en Jesús es la única respuesta a esa falta de sentido?
  3. Así como la caída de Adán impuso una naturaleza caída en todos nosotros, la victoria de Jesús ofrece la promesa de la vida eterna a todos los que la aceptamos por fe, sin excepciones. Con una provisión tan maravillosa a nuestro alcance, ¿qué impide que la gente se acerque y la reclame para sí? ¿Cómo podemos ayudar a quienes tratan de entender mejor lo que Cristo ofrece y lo que ha hecho por ellos?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2017

3 pensamientos en “LECCIÓN 6 – ADÁN Y JESÚS – PARA EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2017

  1. Mil gracias Feliz sábado

    Enviado desde mi smartphone Samsung Galaxy.

  2. Gracias me siento feliz haciendo las lecciones super bien explicadas.muchas bendiciones.feliz semana

  3. Hola, gracias x la explicación de la lección. Es de gran ayuda para mi.
    Un gran favor, no se puede descargar, hay posibilidades, para obtener en pdf el dia de hoy??

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