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LECCIÓN 7 – CÓMO VENCER EL PECADO – PARA EL 18 DE NOVIEMBRE DE 2017

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Tenemos la lecciones disponibles para su estudio, desde el segundo trimestre del año 2014.


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 El pecado es como una medusa: luce colorida y atractiva, pero ¡al fin arde y mata! No vale la pena pecar. 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5)

 Los pensamientos pertenecientes a la GUÍA DE ESTUDIO DE LA BIBLIA – EDICIÓN PARA MAESTROS de la Escuela Sabática no representan la postura oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día local, regional ni mundial. Más bien, es el trabajo,  esfuerzo y pensamiento de un hermano laico de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, cuyo principal objetivo es proveer información adicional para quien estudia la lección de Escuela Sabática. Provee una ayuda extra para el maestro, a fin de entenderla mejor, y explicar de una manera más clara y nutrida la lección de Escuela Sabática. Tratamos de no presentar temas controversiales, ni polémicos y evitamos las ideas que promueven el fanatismo y el extremismo en nuestra iglesia. Si nuestro comentario no es de ayuda o de agrado para usted, se le pide que, por favor, lo descarte. Cualquier comentario, pregunta o sugerencia, por favor escriba a elhermanotony@gmail.com

Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 7: Para el 18 de noviembre de 2017

CÓMO VENCER EL PECADO

Sábado 11 de noviembre____________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 6; 1 Juan 1:8-2:1.

PARA MEMORIZAR:

“El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Rom. 6:14).

SI LAS OBRAS NO PUEDEN SALVARNOS, ¿por qué preocuparse por ellas? ¿Por qué no seguir pecando?

El capítulo 6 es la respuesta de Pablo. Pablo aquí se ocupa de lo que comúnmente se entiende como “santificación”, el proceso por el que vencemos el pecado y reflejamos cada vez más el carácter de Cristo. La palabra santificación aparece solo dos veces en Romanos. La encontramos en el capítulo 6, en el versículo 19 y en el 22, como la palabra griega hagiasmos, que significa “santificación”. En la Nueva Versión Internacional, aparece en estos dos versículos como “santidad”.

En la Biblia, “santificar” significa “dedicar”, generalmente a Dios. Por lo tanto, a menudo, ser santificado se presenta como un acto pasado culminado. Por ejemplo, “con todos los santificados” (Hech. 20:32). Los santificados, en esta definición, son los que están dedicados a Dios.

Sin embargo, este uso bíblico de “santificar” de ninguna manera niega la importante doctrina de la santificación, o el hecho de que la santificación es la obra de toda una vida. La Biblia apoya firmemente esta doctrina.

Esta semana veremos otro aspecto de la salvación por la fe, que fácilmente puede malinterpretarse: las promesas de victoria sobre el pecado en la vida de alguien que es salvado por Jesús.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Hoy Satanás presenta las mismas tentaciones que presentó a Cristo, ofreciéndonos los reinos del mundo a cambio de nuestra sumisión. Pero no tienen poder las tentaciones de Satanás sobre aquel que contempla a Jesús como el Autor y Consumador de su fe. No puede hacer pecar al que acepte por fe las virtudes de Aquel que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios.

Dios tendrá un pueblo celoso para las buenas obras, firme en medio de las contaminaciones de esta época de degeneración. Habrá un pueblo cuyos miembros se aferrarán de tal manera a la fuerza divina que podrán resistir a toda tentación (Maranatha, p. 91; parcialmente en Maranata: el Señor viene, {MSV}, pp. 93, 94).

Dios pide a los hombres que se opongan a los poderes del mal. El dice: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia” (Romanos 6:12, 13).

En este conflicto de la justicia contra la injusticia, podemos tener éxito únicamente mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe someterse a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la voluntad divina. Esto nos proporcionará la ayuda del Espíritu Santo, y cada conquista ayudará a recuperar la posesión adquirida por Dios, a restaurar su imagen en el alma (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 155).

Nadie recibe la santidad como un derecho al nacer, o como una dádiva de algún otro ser humano. La santidad es la dádiva de Dios por medio de Cristo. Los que reciben al Salvador, se convierten en hijos de Dios. Son sus hijos espirituales, nacidos de nuevo, renovados en justicia y verdadera santidad. Su mente se ha cambiado. Con visión más clara contemplan las realidades eternas. Son adoptados en la familia de Dios, y se transforman conforme a su imagen; son cambiados por el Espíritu de gloria en gloria. Han cultivado un supremo amor por el yo, pero llegan a albergar un supremo amor por Dios y por Cristo. . .

Aceptar a Cristo como el Salvador personal y seguir su ejemplo de abnegación: este es el secreto de la santidad (Comentario de Elena G. White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, {6BC}, t. 6, p. 1117).

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Lección 7 // Domingo 12 de noviembre__________________________________

CUANDO EL PECADO ABUNDÓ

En Romanos 5:20, Pablo hace una declaración poderosa: “Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. Su razonamiento es que no importa cuánto pecado haya o cuán terrible sea el resultado del pecado, la gracia de Dios es suficiente para remediarlo. ¡Qué esperanza debería darnos a todos, especialmente cuando nos vemos tentados a creer que nuestros pecados son demasiado grandes como para ser perdonados! En Romanos 5:21, Pablo muestra que, aunque el pecado llevó a la muerte, la gracia de Dios mediante Jesús ha derrotado a la muerte y puede darnos vida eterna.

Lee Romanos 6:1. ¿Qué lógica aborda Pablo, y cómo responde a esa clase de pensamiento en Romanos 6:2 al 11?

Romanos 6:1

1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

Romanos 6:2-11

En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?  ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?  Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.  Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;  sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.  Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.  Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;  sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.  10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.  11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Pablo sigue una interesante línea de argumentación en el capítulo 6 acerca de por qué una persona justificada no debería pecar. En primer lugar, dice que no debemos pecar porque hemos muerto al pecado. Luego, explica lo que eso quiere decir.

La inmersión en las aguas del bautismo representa un entierro. ¿Qué se entierra? El “viejo hombre” de pecado; es decir, el cuerpo que comete pecado, el cuerpo dominado o gobernado por el pecado. Como resultado, se destruye este “cuerpo de pecado”; en consecuencia, ya no servimos al pecado. En Romanos 6, se personifica al pecado como un amo que somete a sus siervos. Una vez que se destruye el “cuerpo de pecado” que sirvió al pecado, cesa el dominio del pecado sobre él. El que sube de la tumba líquida emerge como una nueva persona que ya no sirve al pecado. Ahora anda en vida nueva.

Cristo, cuando murió, murió una vez y para siempre, pero ahora está vivo para siempre. Por lo tanto, el cristiano que se bautiza ha muerto al pecado de una vez por todas y nunca más debería volver a estar bajo su dominio. Por supuesto, como todo cristiano bautizado sabe, el pecado no desaparece automáticamente de nuestra vida una vez que salimos del agua. No estar gobernado por el pecado no es lo mismo que no tener que luchar contra él.

“Con esto vemos claramente lo que significan las palabras del apóstol. Las declaraciones como: ‘Hemos muerto al pecado’, ‘Consideraos […] vivos para Dios’, etc., significan que no cedemos a nuestras pasiones pecaminosas ni al pecado, aunque el pecado continúe en nosotros. Sin embargo, el pecado permanece en nosotros hasta el final de nuestra vida, como leemos en Gálatas 5:17: ‘El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí’. Por lo tanto, todos los apóstoles y los santos confiesan que el pecado y las pasiones pecaminosas permanecen en nosotros hasta que el cuerpo se vuelva cenizas, y resucite un nuevo cuerpo (glorificado) que esté libre de pasión y pecado”.–M. Lutero, Commentary on Romans, p. 100.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

¡¡¡POR FAVOR LEA ESTA NOTICIA!!!
 
Estimados hermanos, vivimos en la época de cambios. Y aguardamos el mayor de todos los cambios: ¡el que efectuará el Rey en su gloriosa Segunda Venida!
Aquí también cambiamos, para su beneficio y para la gloria de DIOS. A partir de esta lección, tengan la bondad de acceder a la lección de escuela sabática en el mismo horario anterior -los sábados, a las 22 horas, hora de España, 3 de la tarde hora del Este de los Estados Unidos de Norte América.
 
1-Bajo la ministración del Espíritu Santo, de ahora en adelante se podrá disfrutar el contenido del folleto junto con el espíritu de profecía a las 3:00 de la tarde hora del Este de los Estados Unidos.
 
2-El comentario se insertará el domingo a las 9: 00 de la noche, hora del Este de los Estados Unidos.
 
3-EL sistema en PDF estará disponible el lunes a las 9:00 de la noche hora del Este de los Estados Unidos, Dios mediante.
 
Este cambio nos permitirá madurar mejor toda la lección, a fin de servirles el lunes un fruto mejor madurado con la asistencia del Santo Espíritu. Agradecemos su paciencia y comprensión con este cambio. Suplicamos sus oraciones en nuestro favor: la lucha es fuerte, pero ¡¡todo lo podremos en CRISTO, que nos fortalece!!   ¡¡¡Maranata!!!

 

 

Santificar. Santidad. Santificación. Santo… Estos términos expresan el anhelo de DIOS para con usted. El sueño de DIOS es santificar a sus hijos, para que crezcan en santidad, de modo que la santificación sea una constante en sus vidas santas.

Nuestro estudio esta semana marca el eje del trimestre: seis lecciones antes de ésta, y seis lecciones después, en la rica experiencia de aprendizaje de la epístola a los Romanos. Pero, más que aprendizaje, este logro debe conducirnos a una vida de testificación, de compartir estas buenas nuevas, estas noticias de santidad en CRISTO.

Para la realización de esta gloriosa proeza, es menester el ejercicio de la voluntad. Quien acepta a CRISTO como su Señor, debe asumir una vital decisión: permitir que él controle su mente y sus elecciones de manera permanente, y que le mueva a conductas conducentes, para la gloria de DIOS.

 

Romanos 6:1

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

El apóstol Pablo estaba tan completamente familiarizado con el mapa de la verdad divina, que en muchas situaciones se dio el lujo y privilegio de explorar y de recorrer minuciosamente  el mapa divino, sin perder de vista los cuatro puntos cardinales de su brújula. El versículo de estudio para el día de hoy, es una de esas situaciones típicas del explorador religioso llamado Pablo.

El pecado siempre se reaviva cuando se encuentra frente a la ley. La pureza y la luz penetrante de los mandamientos de Dios, despiertan al pecador, y extraen de él las más enérgicas conductas.

Casi se puede decir con toda seguridad, que a lo largo de la historia de este mundo, Dios nunca ha vuelto a hacer una demostración de su gloria, como la que hizo en el Sinaí, cuando entregó su Santa Ley.

Aquel fue un derroche de extravagancia espiritual; la gloria de Dios fue exhibida con un indescriptible esplendor; la santidad del Cielo se podía percibir a través de los cinco sentidos del humano; la solemnidad del evento inundaba el monte y los valles de alrededor. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estaban presentes, miles de ángeles eran testigos del evento terrestre que se estaba transmitiendo al universo entero, simultáneamente, en vivo y a todo color.

El fuego, el humo, el viento, el relámpago,  la bocina, el estruendo, el trueno, la luz, el esplendor, las nubes, el sismo, el monte y muchos otros ministros de Dios provenientes del departamento de la naturaleza, se hicieron presentes para acompañar, asistir, asentir y glorificar a su Creador, en ese grandioso y memorable día.

Ese día con toda su gloria y sus protagonistas, tenía que haber hecho una herida mortal al pecado de esa generación especial de israelitas que pudo contemplar el magno evento.

El pecado de ellos, después de tan impresionante experiencia, hubiera quedado moribundo y se tenía que haber colocado en un ataúd listo para ser enterrado felizmente.

Pero no fue así… Antes de que la reunión entre Dios y Moisés terminara oficialmente, en uno de esos días, ellos fueron y se hicieron un becerro para adorarlo, pisoteando oficialmente por primera vez la Santa Ley de Dios, con el quebrantamiento precisamente del primero y segundo mandamientos del Decálogo divino, que dice: “no tendrás dioses ajenos delante de mí… no te inclinarás a ellas, ni las honrarás…”

Por encima de todo, ese grupo de idólatras se reunieron  19  Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.” (Éxodo 19: 19)

Cientos de años más tarde, ese mismo pueblo idolátrico repite el mismo pedido: 2 Y dijeron a Jeremías profeta: Caiga ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios, por todo este resto” (o sea, reducto humano, en Jeremías 42)

Parece que la expresión “ruega por nosotros” pertenece a esos que llevan en sus frentes la estampa de la idolatría, ya que los idólatras modernos también rezan: “…ruega por nosotros, ahora y en la hora…”

Tanto la gente de los tiempos antiguos como la gente de los tiempos modernos es la misma gente pecadora, y el pecado es el mismo pecado.  El hombre no es consciente de su pecado, si la ley no ilumina su conciencia.

El pecado en el hombre es como una caja de fósforos en su bolsillo: es fuego, pero está dormido. Esos fósforos sólo necesitan ser frotados con alguna superficie dura para prenderse en llamas. Así es la vida del hombre: su corazón está lleno de fuego de enemistad en contra de Dios, pero ese fuego en su corazón está dormido; cuando ese corazón lleno de enemistad en contra de Dios es frotado contra la Ley de Dios, “el pecado, tomando ocasión por el mandamiento…” (Romanos 7: 11)  se desarrolla con toda su energía.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

La ley tiene como propósito revelar el pecado. Eso de andar revelando o delatando el pecado de otra persona, es un trabajo tedioso y repugnante. El pecado se disfraza de una manera muy sutil y nadie está seguro en contra del pecado. El pecado se disfraza tan bien que fue capaz de engañar a muchos ángeles, también cautivó a nuestros primeros padres y fácilmente nos engaña a todos nosotros, que hemos sido concebidos en pecado. Para eso es que necesitamos la ley; la ley no fomenta el pecado, la ley sólo revela el pecado.

El pecado se había desarrollado completamente cuando Jesucristo vino a esta tierra. La religión corrupta de los judíos ya no podía producir, ni nunca más producirá la noble, ilustre y santa corte de los sumos sacerdotes de la antigüedad. Anás y Caifás no eran legítimos; eran solamente representantes de una religión corrupta, criminales de primera clase, e hipócritas al servicio de Satanás.  También el paganismo tenía a su príncipe representante, llamado Poncio Pilato; y el infierno nunca pudo haber producido un heraldo más funesto que Judas Iscariote; todos ellos juntos escogieron estar alienados de Dios pero aliados en contra del Príncipe de la Vida. Todas estas fuerzas del mal, lograron su objetivo en contra de Cristo –darle muerte; pero en esa aparente derrota, se estaba dando la herida mortal en la cabeza a la serpiente antigua, llamada Satanás.

El pecado aún continúa su guerra, pero solamente dispara como lo hacen los cobardes: ellos disparan y al mismo tiempo corren y se esconden.  La victoria ya fue ganada en contra del pecado, vistámonos pues de la armadura que Cristo nos ha provisto, ya que hay una total victoria sobre el pecado, gracias a la preciosa sangre de Jesucristo.

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?

La ley no ocasiona el pecado, solamente lo revela.

Hay muchos cristianos que tienen problemas para comprender la relación existente entre la Ley y la gracia. Algunos de ellos colocan la Ley en vez de la gracia, otros ponen la gracia en vez de la ley, otros modifican las dos y no predican ninguna, y hay quienes abiertamente abrogan la ley.

Hay algunos que creen que la Ley es la gracia y que el hombre, haciendo buenas obras, se puede salvar. Hay otros que creen que la gracia es la Ley, y que obedeciendo la Ley con rigor pueden alcanzar la salvación. Y hay un tercer grupo que mezclan la ley y la gracia en partes iguales y creen que hay que observar las dos para obtener la salvación.

El pecado

-Es una usurpación: solamente Dios puede ser el gobernador de nuestros corazones

-Es una rebelión: se opone a la autoridad de Dios

-Es antinatural: es contrario al raciocinio normal y natural del hombre

-Es déspota: insinúa al hombre a desobedecer

-Es tiránico y opresivo: es la fuente de todos los sufrimientos actuales  

-Es cruel y destructivo: su fin es la muerte eterna

-Es engañoso y seductivo: promete gratificación fácil  

-Es irresistible: el hombre ha intentado dominarlo por sí solo, pero es en vano

-Es muy poderoso: rompe la Ley y la justicia.

 

En cambio, damos gracias a DIOS porque

-La Ley revela cuán extenso es el pecado

-La Ley revela la culpabilidad del pecado

-La Ley revela la miseria del pecado.

Hay una relación estrecha entre la Ley de Dios y su gracia

-La Ley prepara el camino para que la gracia de Dios se pueda manifestar

-La Ley revela la excelencia de la gracia divina

-La Ley prepara al pecador, para que sea consciente de la gran necesidad que tiene de la gracia.

 

Gracia superabundante

-La gracia de Dios es tan abundante que sobrepasa lo extenso de la culpabilidad humana

-La gracia de Dios es tan abundante que alivia la miseria que el pecado logra ocasionar

-La gracia de Dios es tan abundante que asegura mucha felicidad para el hombre, y también asegura mucha gloria para Dios.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Tenemos el relato animador de que Enoc caminó con Dios. Si Enoc caminó con Dios, en esa época de degeneración justamente antes de la destrucción del mundo por el diluvio, debemos recibir valor y ser estimulados con su ejemplo, en el sentido de que no necesitamos ser contaminados por el mundo, sino que, en medio de todas sus influencias y tendencias corruptoras, podemos caminar con Dios. Podemos tener la mente de Cristo (Mensajes selectos, {3MS}, t. 3, p. 386).

Podemos llegar hasta Dios por medio de los méritos de Cristo, y Dios nos invita a que le llevemos nuestras pruebas y tentaciones, pues él las comprende todas. El no quiere que digamos nuestras aflicciones a oídos humanos. Mediante la sangre de Cristo podemos llegar al trono de la gracia para el oportuno socorro. Podemos acercarnos con seguridad, diciendo: “Soy acepto en el Amado”. “Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. . . En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él”. Así como un padre terrenal anima a su hijo para que vaya a él en todo momento, así también el Señor nos anima a deponer ante él nuestras necesidades y perplejidades, nuestra gratitud y nuestro amor. Cada promesa es segura. Jesús es nuestro Fiador y Mediador, y ha colocado a nuestra disposición todos los recursos para que podamos tener un carácter perfecto. La sangre de Cristo, con una eficacia permanente, es nuestra única esperanza, pues sólo a través de sus méritos tenemos perdón y paz. Cuando la eficacia de la sangre de Cristo se convierta en una realidad para el alma mediante la fe en Cristo, el creyente hará que su luz brille en buenas obras, dando frutos para justicia (Comentario de Elena G. White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, {6BC}, t. 6, p. 1116).

Si suponéis por un momento que Dios tratará livianamente al pecado, o hará provisiones, o excepciones, para que podáis seguir cometiendo pecados, sin que el alma sufra la penalidad por su conducta, estáis bajo un terrible engaño de Satanás. Cualquier violación voluntaria de la recta ley de Jehová expone vuestra alma a los desembozados asaltos de Satanás.

Recordad que la tentación no es pecado. Recordad que no importa cuán angustiosa sea la circunstancia en la cual un hombre esté colocado, ninguna cosa puede realmente debilitar su alma, mientras no ceda a la tentación y mantenga su propia integridad. Los intereses más vitales para vosotros individualmente, están bajo vuestro propio cuidado. Nadie puede dañarlos sin vuestro consentimiento. Todas las legiones satánicas no pueden haceros daño, a menos que abráis vuestra alma a las artes y dardos de Satanás. Vuestra ruina nunca puede ocurrir a menos que vosotros consintáis. Si no hay contaminación de vuestra mente, toda la contaminación que os rodea no puede mancharos.

Debemos considerar la vida eterna por encima de todo, o no valdrá nada para nosotros. Solamente aquellos que desplieguen esfuerzos perseverantes y celo incansable, con intenso deseo de apropiarse del valor del objeto que persiguen, obtendrán esa vida que se mide con la vida de Dios. …

Tenemos el ejemplo de Adán y Eva, y el resultado de su transgresión debe conducir a cada alma a evitar el pecado, a aborrecerlo como la cosa odiosa que es, y a pensar que, en vista de los sufrimientos que causa el pecado, es mejor perder todas las cosas, que apartarse en lo más mínimo de los mandamientos de Dios (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 96).

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Lunes 13 de noviembre // Lección 7____________________________________

CUANDO EL PECADO REINA

¿Qué amonestación se nos da en Romanos 6:12?

Romanos 6:12

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;

La palabra reinar muestra que, aquí, el “pecado” está representado como un rey. La palabra griega traducida como “reinar” significa, literalmente, “ser un rey” o “funcionar como rey”. El pecado está demasiado dispuesto a asumir el reinado de nuestro cuerpo mortal y a determinar nuestro comportamiento.

Cuando Pablo dice “no reine […] el pecado”, sugiere que el justificado puede optar por impedir que el pecado se erija como rey en su vida. Aquí es donde entra en acción la voluntad.

“Lo que necesitas entender es la verdadera fuerza de la voluntad. Este es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre: el poder de decidir o de elegir. Todo depende de la correcta acción de la voluntad. Dios ha dado a los hombres el poder de elegir; depende de ellos el ejercerlo. Tú no puedes cambiar tu corazón, tú no puedes por ti mismo dar sus afectos a Dios; pero puedes elegir servirlo. Puedes darle tu voluntad; entonces él obrará en ti tanto el querer como el hacer de acuerdo con su voluntad. De este modo, tu naturaleza entera será puesta bajo el dominio del Espíritu de Cristo; tus afectos se centrarán en él y tus pensamientos estarán en armonía con él” (CC 47).

La palabra griega traducida en Romanos 6:12 como “concupiscencias” significa “deseos”. Estos deseos pueden ser tanto de cosas buenas como de cosas malas; cuando reina el pecado, nos hará desear lo malo. Los deseos serán fuertes, incluso irresistibles, si luchamos contra ellos por nuestra cuenta. El pecado puede ser un tirano cruel que nunca está satisfecho y siempre regresa por más. Solo mediante la fe, solo al reclamar las promesas de la victoria, podemos derrocar a este amo implacable.

La palabra pues, en Romanos 6:12, es importante. Hace referencia a lo que se ha dicho antes, específicamente, a lo que se ha dicho en Romanos 6:10 y 11. El bautizado ahora “para Dios vive”. Es decir, Dios es el centro de su nueva vida. La persona sirve a Dios, haciendo lo que le agrada a Dios y, por lo tanto, no puede servir al pecado al mismo tiempo. Está “vivo para Dios en Cristo Jesús”.

Repasa la cita de Elena White en el estudio de hoy. Observa lo crucial que es el concepto del libre albedrío. Como criaturas morales, debemos tener libre albedrío: el poder de elegir entre el bien y el mal, entre Cristo o el mundo. Durante las próximas 24 horas, trata hacer un seguimiento consciente del modo en que utilizas este libre albedrío moral. ¿Qué puedes aprender del uso, o abuso, que haces de este don sagrado?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Romanos 6:12

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias

Que no reine el pecado en nuestro cuerpo porque:

1-  El pecado tiene un reinado tirano

-Ha usurpado los movimientos naturales del corazón humano, contrario al plan original de Dios para con el hombre

-Usurpa el poder del dominio en el hombre gradualmente; si el criminal hubiera sabido que su primer error en la vida era solamente el principio de su larga carrera criminal, sin duda alguna habría corregido su mal andar.

-Los humanos odiamos la opresión; por eso hay un sentimiento público y general en contra de los tiranos. A pesar de ello el peor tirano en la historia de este mundo -que es el pecado- es tolerado en el corazón de muchos.

-Ha hecho que el cuerpo del hombre padezca la terrible epidemia llamada muerte-mortalidad

-Ha desarrollado en la mente del hombre la concupiscencia

-Ha hecho del hombre un esclavo

2-    El pecado tiene un reinado de deshonra

-Muchas veces somos obligados a sonrojarnos por el mal proceder de los gobiernos de nuestros respectivos países; a pesar de todo, en la mayoría de los casos, nuestra nacionalidad es causa de orgullo. Algunos que dicen ser cristianos niegan la Santa Ley de DIOS y la declaran obsoleta. ¡Qué deshonra! No sucede así con el reinado del pecado, el pecado es deshonroso y no honorable, tanto a Dios como al hombre; el pecado es una transgresión a la máxima Ley del universo; además, es una de las más grandes muestras de ingratitud hacia  Dios.

3-    El pecado tiene un reinado destructivo

-La paz, la moral, la belleza y la fuerza son destruidas bajo el abominable reinado del pecado. El pecado es un cáncer que nos carcome gradualmente, destruyendo el corazón mismo de la humanidad.

-El pecado es una terrible pérdida de precioso tiempo

-El pecado es algo inservible

-El pecado termina haciéndonos daños y también hace daños a quienes nos rodean

-El pecado es un impedimento serio para conseguir las bendiciones de Dios

-El pecado nos conduce en dirección contraria a la de la vida cristiana

 

Tenemos la obligación de resistir al pecado porque:

-Tenemos que hacerlo, ya que debemos a Cristo la salvación que nos entregó inmerecidamente

-Podemos hacerlo, a través de la gracia de Cristo, que nos justifica y habilita para obedecer a DIOS

-Necesitamos hacerlo, si deseamos ser salvos.

No permitamos que el pecado reine en nuestros corazones, porque nos falta un trecho de camino por correr, tenemos que resistir a toda la concupiscencia del moderno Egipto, hasta que logremos entrar en la Canaán celestial donde terminarán todas nuestras inclinaciones al mal y seremos libertados del pecado, por la sangre preciosa de Cristo.

19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1).

La sangre preciosa de Cristo es omnipotente: prevalece sobre el pecado, la culpabilidad y el miedo. Expulsa de nuestra vida el orgullo y el mal, introduce felicidad, santidad, humildad y esperanza en el corazón del hombre.

La  sangre preciosa de Cristo nos consigue un permiso para visitar el trono de gracia del Padre; nos une con los redimidos de todas las edades, nos consigue una posición de servicio en el templo celestial, nos promete una vida mejor sin preocupaciones, sin pecado y sin muerte.

La sangre preciosa de Cristo es un ejemplo doble de amor desinteresado: el Padre entrega a su Hijo para que se convierta en nuestro Salvador personal, y el Hijo, que entrega su vida por nosotros.

Muchas cosas preciosas de este mundo se deterioran: el tiempo acaba con todo lo material y destruye hasta los mejores tesoros que podamos obtener. Los negocios fracasan, el comercio termina, los imperios sucumben, y hasta la misma iglesia de Cristo se corrompe… Pero algo que nunca jamás se corromperá es la sangre preciosa de Cristo.

La sangre preciosa de Cristo nos reconcilia y nos trae paz: “y por medio de Él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”  (Colosenses 1: 20).

La sangre preciosa de Cristo tiene poder para limpiar: “La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1: 7).

Bien podemos alabar al Salvador y exclamar con el poeta: “Tu sangre redentora toda mi culpa quita y Tú, Señor, sabes que te amo”. 

La sangre preciosa de Cristo transmite poder para vencer: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menosprecian sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11).

Nosotros decidimos a qué gobierno nos sometemos: ya que no podemos gobernarnos a nosotros mismos, tenemos que someternos al gobierno del pecado y el diablo, o al gobierno de la justicia de Cristo.  Tendríamos que estar agradecidos, ya que tenemos un poder de lo alto, que es puro, es santo, es fuerte y está listo para auxiliarnos, entrar y gobernar nuestros corazones. Nadie está obligado a  permitir que el pecado construya su trono en sus corazones. Si se lo permitimos el Espíritu Santo está dispuesto  a reinar en nuestros corazones.

Señor, hoy elijo dejar que tu Santo Espíritu reine supremo en mi vida. ¡Gracias por ser mi Conductor mi Señor!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La justificación propia es el peligro de esta era; separa al alma de Cristo. Los que confían en su propia justicia no pueden entender cómo la salvación viene por medio de Cristo. Al pecado llaman justicia, y a la justicia, pecado. No perciben la malignidad de la transgresión, ni comprenden el terror de la ley; porque no respetan la norma moral de Dios. La razón por la cual hay tantas conversiones espurias en estos días es porque hay una estimación muy baja de la ley de Dios. En lugar de la norma divina de justicia, los hombres han erigido un patrón de su propia hechura por el cual miden el carácter. Ven a través de un vidrio, oscuramente, y presentan ante la gente ideas falsas acerca de la santificación, estimulando así el egotismo, el orgullo y la justificación propia. La doctrina de la santificación que muchos propugnan está llena de engaño, porque es halagadora del corazón humano; pero lo más bondadoso que se le puede predicar al pecador es la verdad de los requerimientos obligatorios de la ley de Dios. La fe y las obras deben ir de la mano; porque la fe sola, sin obras, es muerta (Fe y obras, {FO}, p. 99).

El Señor hizo al hombre recto, pero éste pecó y se ha degradado, porque rehúsa rendir obediencia a las demandas sagradas de la Ley de Dios. Si las pasiones del hombre son apropiadamente controladas y correctamente orientadas, contribuirán para el bien de su salud física y moral, y le asegurarán felicidad en abundancia. El adúltero, el fornicario y el incontinente no gozan de la vida. No hay placer auténtico para el transgresor de la Ley de Dios. Sabiendo esto, el Señor ha puesto restricciones al hombre. El dirige, comanda y categóricamente prohíbe… El Señor sabe muy bien que la felicidad de sus hijos depende de la sumisión a su autoridad, y de vivir en obediencia a su norma de gobierno santa, justa y buena (Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, {TCS}, p. 113).

No podemos servir a Dios con un corazón dividido. La religión de la Biblia no es una influencia entre muchas otras; su influencia ha de ser suprema, impregnando y dominando todo lo demás. No ha de ser como un reflejo de color aplicado aquí y allá en la tela, sino que ha de impregnar toda la vida, como si la tela fuese sumergida en el color, hasta que cada hilo de ella quede teñido por un matiz profundo e indeleble…

El que desee conocer la verdad debe estar dispuesto a aceptar todo lo que ella revele. No puede transigir con el error. El vacilar y ser tibio en obedecer la verdad, es elegir las tinieblas del error y el engaño satánico.

Los métodos mundanales y los invariables principios de la justicia, no se fusionan imperceptiblemente como los colores del arco iris. Entre los dos, el Dios eterno ha trazado una separación amplia y clara. La semejanza de Cristo se destaca tanto de la de Satanás como el mediodía contrasta con la medianoche. Y únicamente aquellos que vivan la vida de Cristo son sus colaboradores. Si se conserva un pecado en el alma, o se retiene una mala práctica en la vida, todo el ser queda contaminado. El hombre viene a ser un instrumento de iniquidad (El Deseado de todas las gentes, {DTG}, p. 279).

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Lección 7 // Martes 14 de noviembre____________________________________

NO BAJO LA LEY, SINO BAJO LA GRACIA

Lee Romanos 6:14. ¿De qué modo debemos entender este versículo? ¿Significa que los Diez Mandamientos ya no son obligatorios para nosotros? Si ya no lo son, ¿por qué?

Romanos 6:14

14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Romanos 6:14 es una de las declaraciones clave del libro de Romanos. Y a menudo se la cita en el contexto de alguien que nos dice a los adventistas que el día de reposo sabático ha sido abrogado.

Sin embargo, eso obviamente no es lo que quiere decir el versículo. Como ya vimos, no es posible eliminar la Ley Moral y que el pecado siga siendo una realidad, porque ¡la Ley Moral es lo que define el pecado! Si leyeras todo lo dicho anteriormente en Romanos, incluso solo en el capítulo 6, sería difícil imaginarse a Pablo anunciando, de repente, en medio de todo este análisis sobre la realidad del pecado, que: “La Ley Moral (los Diez Mandamientos, que definen el pecado) ha sido abolida”. Eso no tiene ningún sentido.

Pablo les está diciendo a los romanos que aquel que vive “bajo la ley” (es decir, bajo la economía judía tal como se practicaba en su época, con todas sus normas y reglamentos hechos por el hombre) estará gobernado por el pecado. En contraste, la persona que vive bajo la gracia obtendrá la victoria sobre el pecado, porque la Ley está escrita en su corazón y el Espíritu de Dios puede guiar sus pasos. Aceptar a Jesucristo como el Mesías, ser justificado por él, bautizarse en su muerte, destruir al “viejo hombre”, resucitar para “andar en vida nueva”, estas son las cosas que destronarán al pecado de nuestra vida. Recuerda que este es el contexto en el que aparece Romanos 6:14, el contexto de la promesa de la victoria sobre el pecado.

No deberíamos definir la frase “bajo la ley” en forma demasiado restrictiva. La persona que supuestamente vive “bajo la gracia” pero desobedece la Ley de Dios no hallará gracia, sino condenación. “Bajo la gracia” significa que, mediante la gracia de Dios según la revelación de Jesús, se ha eliminado la condenación que la Ley inevitablemente acarrea sobre los pecadores. Por ende, ahora libres de esta condenación de muerte causada por la Ley, “andamos en vida nueva”, una vida que se caracteriza y se manifiesta por el hecho de que, al morir al yo, ya no somos esclavos del pecado.

¿De qué maneras has experimentado la realidad de una nueva vida en Cristo? ¿Qué evidencias tangibles puedes señalar que revelen lo que Cristo ha hecho en ti? ¿De qué aspectos te niegas a desprenderte, y por qué deberías deshacerte de ellos?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Pablo parece contradecirse. Por un lado afirma que el cristiano no está bajo la Ley y, por el otro, no obstante, declara que también está obligado a guardar la Ley.

No hay problema cuando recordamos que Dios demanda justicia de aquellos que afirman estar en relación con él. La norma de justicia es su Ley. Pero, cuando las personas se miden con la Ley, no alcanzan esa norma y, por lo tanto, la Ley las condena.

Si la Ley fuera el medio de salvación, entonces ninguno tendría esperanza de vida eterna.

La esperanza del cristiano no está en la ley, sino en Jesús, quien no solamente guardó la Ley, sino también permitió y sigue permitiendo que los creyentes compartan su justicia, gracias al poder milagroso de Dios.

El cristiano puede ahora observar la Ley de Dios con libertad de conciencia, porque Cristo quitó la condenación de la Ley. La gracia de Cristo no nos libera de ella sino, más bien, nos impulsa y capacita para obedecerla.

Cuando se habla del Antiguo Testamento, lo primero que se viene a la mente es la palabra LEY; y cuando se habla del Nuevo Testamento lo primero que se viene a la mente es la palabra GRACIA.

Alguien puede quejarse de que en el Antiguo Testamento encontramos una experiencia de terror, donde Dios se muestra en la nube de fuego, detrás del relámpago, del rayo y del trueno, donde el monte y la tierra tiemblan, y el fuego y el humo están presentes. Puede parecer un Dios sumamente aterrorizador, que nadie puede estar en su presencia, que castiga inmediatamente el pecado sobre el transgresor.

En el Nuevo Testamento, en cambio, encontramos a un Dios totalmente diferente; pareciera que se ha arrepentido de sus actos y proceder del pasado y ahora es un Dios que sufre, que gime, que implora, que llora y que al final muere en la cruz.

Esta aparente dualidad acerca de Dios y su trato con los habitantes de esta tierra crea mucho problema a algún ser humano, cuando trata de comprender la obra de Dios en estas dos diferentes partes de la Biblia.

Muchas personas, al no comprender el obrar de Dios, llegan a la conclusión que Dios es un Dios cambiante y esto les hace perder la fe y terminan volviéndose incrédulos o ateos. De la misma manera, puede crear al cristiano mucho problema al tratar de comprender la relación entre La ley, la gracia y la misericordia.

Encontramos que la Ley está en toda la Biblia, desde las primeras páginas hasta las últimas páginas de la Santa Escritura.

La palabra gracia aparece en su forma total con la venida de Cristo, especialmente cuando él muere en la cruz.

Entonces viene la pregunta ¿Es complicado entender esa relación inseparable entre la Ley, la misericordia y la gracia? La respuesta es un rotundo ¡no! No porque:

-La ley es una herramienta provista por Dios para reconocer mi estado espiritual.

-La misericordia es otra herramienta provista por Dios para aplazar o posponer la posibilidad de eliminar el castigo al pecador.

-La gracia es la última herramienta provista por Dios hace 2,000 años donde se me regala vida eterna, que es una vida perfecta en una tierra perfecta y por la eternidad.

Romanos 6:14

14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

El pecado tiene diferentes estados; hay pecados latentes, hay pecados que se manifiestan en su totalidad, hay pecados que la persona está tratando de vencer, y hay pecados que son totalmente dominantes.

Para los pecados dominantes, hay una promesa bíblica que encontramos en Romanos 6: 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros.”

También hay pecados que han sido dominados, y han sido cambiados a un estado totalmente de gracia divina.

 

¿Cómo se forman los pecados dominantes en la vida de una persona?

-Tenemos que recordar que la naturaleza del pecado es el crecimiento: una vez que se permite el pecado en nuestras vidas, crece rápidamente.

El pecado necesita un lugar vacío para crecer, una vida sin defensas ni murallas; crece cuando la persona no percibe el peligro existente, cuando la persona no es vigilante, cuando no desconfía de sí misma, o cuando la persona no confía en Dios. Ante estas formas mencionadas, el pecado crece y se fortalece de una manera rápida y poderosa en la vida de una persona, hasta que llega a tener un poder totalmente dominante sobre ella.

 ¿Cómo vencer el pecado en nuestras vidas?

-Agradezcamos a Dios por la conciencia y por el deseo de vencer el pecado; eso es prueba de que el Espíritu Santo aún permanece con nosotros

-Reclamemos la promesa del Padre: “Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1: 6)

-Escuchemos y obedezcamos los dictámenes que hace la conciencia a nuestro corazón

-Compartamos el evangelio Cristo con otros; de esa manera prendemos la llama de la esperanza en el corazón de otros, como también en nuestro corazón

-Cuidemos de las primeras señales de deterioro espiritual en nuestras vidas; eso nos ayudará a no volver al camino donde comenzamos todo nuestro fracaso espiritual

-No nos desanimemos sin volvemos a fracasar en uno de esos pecados persistentes; la vida religiosa es una campaña, y en esa campaña hay victorias, pero también hay derrotas, que deben ser temporales y pasajeras

-Cultivemos la oración silenciosa en los momentos críticos de nuestra vida, cuando percibamos que estamos en peligro o que el enemigo se ha presentado muy poderosamente. La oración en silencio pidiendo auxilio divino es esencial.

-Pidamos constantemente que el Espíritu Santo reine en nuestras vidas: él nos guiará en el camino correcto que nos lleva de regreso a nuestro Padre celestial.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

No hay poder capaz de quebrantar el yugo del mal y libertar de él los corazones de los hombres, sino el poder de Dios en Jesucristo. Solo mediante la sangre del Crucificado hay purificación del pecado. Solo la gracia de Cristo puede habilitarnos para resistir y dominar las inclinaciones de nuestra naturaleza caída.

El valor infinito del sacrificio requerido por nuestra redención da a conocer el hecho de que el pecado es un mal tremendo. Por causa del pecado, el organismo humano completo está en desarreglo, la mente pervertida, y la imaginación corrompida. El pecado ha degradado las facultades del alma. El corazón reacciona positivamente a las tentaciones de afuera, y los pies se apresuran imperceptiblemente hacia el mal.

Así como el sacrificio expiatorio en nuestro favor fue completo, también nuestra restauración de la contaminación del pecado ha de ser completa. La ley no excusa ningún acto de maldad; no hay injusticia que se escape de la condenación. La vida de Cristo fue un cumplimiento perfecto de todos los preceptos de la ley. Él dijo: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre” (Juan 15:10). Su vida es nuestra norma de obediencia y servicio (Maranata: El Señor viene, {MSV}, p. 93).

La voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista al lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida, y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bien.

Cuando se permite que Satanás moldeé la voluntad, él la utiliza para cumplir sus fines. … Estimula las propensiones al mal, despierta las pasiones y las ambiciones impías. El dice: “Yo te daré todo este poder, estos honores, riquezas y placeres pecaminosos”; pero, pone por condición la entrega de la integridad y el embotamiento de la conciencia. Así degrada las facultades humanas, y las pone en cautividad para obrar el mal (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 155).

La sofistería de Satanás consiste en hacer creer que la muerte de Cristo trajo la gracia que reemplazó a la ley. La muerte de Cristo no cambia o anula o debilita en el menor grado la ley de los diez mandamientos. Esa preciosa gracia ofrecida al hombre por medio de la sangre de Cristo, establece la ley de Dios. Desde la caída del hombre, el gobierno moral de Dios y su gracia son inseparables. Van de la mano a través de todas las dispensaciones. “La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron.”

La obediencia a los estatutos y leyes divinas, significa la vida y prosperidad de su pueblo.

La influencia del evangelio de esperanza no llevará al pecador a ver la salvación de Cristo como un mero asunto de gracia gratuita que le permite seguir viviendo en la transgresión de la ley de Dios… Reformará sus actos, se hará leal a Dios mediante la fuerza que obtenga de sus Salvador y vivirá una vida nueva y más pura.

Para los obedientes hijos de Dios, los mandamientos son una delicia (The Faith I Live By, p. 89; parcialmente en La fe por la cual vivo, {FV}, p. 91).

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Miércoles 15 de noviembre // Lección 7__________________________________

¿PECADO U OBEDIENCIA?

Lee Romanos 6:16. ¿Qué está planteando Pablo? ¿Por qué su argumento es tan blanco y negro? Es lo uno o lo otro, sin ningún término medio. ¿Qué lección deberíamos aprender de este contraste tan claro?

Romanos 6:16

16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

Pablo vuelve a enfatizar que la nueva vida de fe no garantiza que estemos libres de pecado. La vida de fe hace posible la victoria sobre el pecado; de hecho, solo a través de la fe podemos tener la victoria que se nos promete.

Luego de personificar al pecado como un rey que somete a sus súbditos, Pablo ahora vuelve a la figura del pecado como un amo que exige la obediencia de sus siervos. Pablo señala que una persona tiene la opción de escoger a su señor. Puede servir al pecado, que lleva a la muerte, o puede servir a la justicia, que conduce a la vida eterna. Para Pablo no hay un término medio, ni deja espacio para avenencias. Es una cosa o la otra porque, al final, nos enfrentamos a la vida eterna o a la muerte eterna.

Lee Romanos 6:17. ¿De qué forma amplía Pablo lo que dijo en Romanos 6:16?

Romanos 6:17

17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;

Es interesante observar que la obediencia está ligada a la doctrina correcta. Aquí, el término griego para “doctrina” significa “enseñanza”. A los cristianos romanos se les habían impartido los principios de la fe cristiana que ahora obedecían. Por eso, para Pablo, cuando los cristianos obedecieron “de corazón” la doctrina correcta, la enseñanza correcta, esta ayudó a los romanos a convertirse en “siervos de la justicia” (Rom. 6:18). A veces, oímos decir que la doctrina no importa, siempre y cuando mostremos amor. Esa es una expresión muy simplista de algo que no es tan sencillo. Como se dijo en una lección anterior, Pablo estaba muy preocupado por la falsa doctrina a la que la iglesia de Galacia había sucumbido. Por consiguiente, debemos ser cuidadosos con las declaraciones que denigren de algún modo la importancia de la enseñanza correcta.

Siervos del pecado, siervos de la justicia; el contraste es muy marcado. Si después del bautismo pecamos, ¿quiere decir que no somos verdaderamente salvos? Lee 1 Juan 1:8 a 2:1. ¿Cuánto nos ayuda este pasaje a entender lo que significa ser seguidor de Cristo y aun así estar sujeto a caer?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Tanto los textos de la lección de escuela sabática, como el comentario del Espíritu de Profecía aportados hasta aquí, además de la explicación de los días anteriores, complementan de maravilla el estudio de este día. Sigamos glorificando a CRISTO con el material del jueves.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La santificación es una obra cotidiana. Que nadie se engañe pensando que Dios perdonará y bendecirá a los que están pisoteando uno de sus requerimientos. La comisión voluntaria de un pecado conocido, silencia el testimonio del Espíritu, y separa el alma de Dios. Cualquiera sea el éxtasis del sentimiento religioso, Jesús no puede morar en el corazón que desobedece la ley divina. Dios honrará a aquellos que lo honran (La edificación del carácter, {ECFP}, p. 91).

Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial tomar parte en los placeres y diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe. Los que obedecen los Diez Mandamientos consideran el estado del mundo y las cosas religiosas desde un punto de vista completamente diferente del que tienen los que profesan ser cristianos, pero son amantes de los placeres, rehúyen la cruz y viven violando el cuarto mandamiento (Testimonios para la iglesia, {1TI}, t. 1, p. 358).

Una gran cantidad de los que profesan ser siervos de Cristo no lo son en realidad. Están engañando a sus almas para su propia destrucción. Mientras profesan ser siervos de Cristo, no viven en obediencia a su voluntad. “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” Muchos, mientras profesan ser siervos de Cristo, obedecen a otro amo, trabajando diariamente en contra del Maestro al que profesan servir (Testimonios para la iglesia, {2TI}, t. 2, p. 394).

Encareced al tentado a que no mire a las circunstancias, a su propia flaqueza, ni a la fuerza de la tentación, sino al poder de la Palabra de Dios, cuya fuerza es toda nuestra. “En mi corazón—dice el salmista—he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” “Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor” (Salmos 119:11; 17:4).

Muchos vencidos por la tentación se sienten humillados por sus caídas, y les parece inútil acercarse a Dios; pero este pensamiento es del enemigo. Cuando han pecado y se sienten incapaces de orar, decidles que es entonces cuando deben orar. Bien pueden estar avergonzados y profundamente humillados; pero cuando confiesen sus pecados, Aquel que es fiel y justo se los perdonará y los limpiará de toda iniquidad.

No hay nada al parecer tan débil, y no obstante tan invencible, como el alma que siente su insignificancia y confía por completo en los méritos del Salvador (El ministerio de curación, {MC}, p. 136).

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Lección 7 // Jueves 16 de noviembre____________________________________

LIBRES DE PECADO

Teniendo en cuenta lo que hemos estudiado hasta ahora en Romanos 6, lee los versículos 19 al 23. Resume en las siguientes líneas la esencia de lo que Pablo está enseñando. Más aún, pregúntate de qué modo puedes hacer realidad en tu vida las verdades esenciales que aborda Pablo. Pregúntate qué cuestiones están en juego.

Romanos 6:19-23

19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.  20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.  21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.  22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.  23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Estas palabras de Pablo muestran que comprende plenamente la naturaleza caída de la humanidad; habla de “vuestra humana debilidad”. El apóstol sabe de lo que es capaz la naturaleza humana cuando queda librada a su suerte. Por eso, nuevamente hace un llamado al poder de decisión: el poder que tenemos de elegir entregar nuestra carne débil y de entregarnos a nosotros mismos a un nuevo amo, Jesús, que nos permitirá vivir una vida justa.

A menudo se cita Romanos 6:23 para mostrar que el castigo por el pecado, es decir, la transgresión de la Ley, es la muerte. No cabe duda de que el castigo del pecado es la muerte. Pero, además de ver la muerte como el castigo del pecado, debemos ver el pecado como Pablo lo describe en Romanos 6: un amo que domina a sus siervos y los embauca pagándoles con la muerte.

Observa, además, que en la descripción del retrato de los dos amos, Pablo llama la atención sobre el hecho de que servir a un amo implica librarse de servir al otro. De nuevo vemos que las alternativas son bien específicas: o una o la otra. No hay término medio. Al mismo tiempo, como todos sabemos, estar libres del dominio del pecado no significa ser impecables, o que no luchemos, o incluso que, a veces, no caigamos. Significa que ya no estamos dominados por el pecado, por más que este siga siendo una realidad en nuestra vida y por más que debamos reclamar diariamente las promesas de victoria sobre él.

Por lo tanto, este pasaje llega a ser un poderoso llamado para cualquiera que esté sirviendo al pecado. Este tirano no ofrece nada más que la muerte como pago por hacer cosas vergonzosas; por esto, una persona razonable debería desear la emancipación de este tirano. Por su parte, los que sirven a la justicia hacen cosas rectas y dignas de alabanza, no con la idea de obtener así la salvación, sino como fruto de su nueva experiencia. Si actúan con el propósito de ganarse la salvación, no captaron la esencia del evangelio, de lo que la salvación es, ni de por qué necesitan a Jesús.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Romanos 6:19-23

19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.  20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.  21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.  22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.  23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Cuenta la historia de un rey tirano que ordenó a unos de sus súbditos elaborar una cadena de hierro. Día a día se presentaba el fiel obrero en el palacio para mostrar al rey los eslabones que había agregado a la cadena y para que también el rey observara la longitud de la cadena. Cada día el rey añadía a la cadena una mayor longitud, hasta que la formidable cadena alcanzó la longitud que el rey deseaba.

Cuando el rey estuvo satisfecho con la longitud de la cadena, pidió que probaran la cadena amarrando el cuerpo entero del obrero que había confeccionado la cadena; cuando el hombre estaba maneado completamente por la cadena, ordenó que el encadenado fuera lanzado al fuego.

El peor de los tiranos en este mundo, que es el diablo, trata a sus súbditos de la misma manera que el rey tirano en la historia mencionada: al principio la cadena del pecado es corta y liviana, y fácilmente la persona se puede deshacer de ella; pero día a día, Satanás va añadiendo eslabón tras eslabón, hasta que la cadena es tan larga y pesada que la persona no se puede deshacer de ella, pecado tras pecado es agregado, hasta que la persona perece por las consecuencias de tanto pecado.

Muchas veces las personas no se dan cuenta de la situación esclavizante que están viviendo, y a muchos de ellos les sucede lo mismo que sucede a los pacientes de las instituciones para enfermos mentales. Hay pacientes en dichas instituciones que se creen grandes dirigentes, presidentes o reyes; otros se creen grandes ricos, y hay otros que se creen grandes genialidades o héroes, pero hay una creencia o pensamiento que todos ellos tienen en común y es que todos ellos se creen sanos y perfectamente en sus cinco sentidos. Según ellos, no merecen ni necesitan estar allí.

Todos los esclavos del pecado llevan las marcas de su amo en sus vidas. Ellos pueden vestirse con las mejores ropas, pueden aparentar una vida llena de felicidad y de plenitud, pero no pueden esconder los rostros tristes y grises por causa del pecado, de la misma manera que no puede esconder la mano temblorosa el que es esclavo del alcohol y los vicios.

Los esclavos del pecado llaman delicia a los pequeños aperitivos que su amo el diablo les da a probar. Cuenta la historia que cierto día un hombre conducía una manada de cerdos al matadero de una manera fácil y pacífica. Otro hombre observaba con curiosidad la escena y comenzó a seguir al guía de la manada, hasta que no le bastó la curiosidad y le preguntó al hombre, qué hacía para que la manada de cerdos le siguiera tan dócil y pacíficamente.

El hombre mostró a su interrogador un trozo de comida endulzada que llevaba en la mano, la cual los cerdos se morían por devorar y seguían al hombre sin importar a donde éste los estaba conduciendo.

Los esclavos del pecado hacen lo mismo: siguen a su amo por un pedazo de dulce que él tiene en su mano, sin importarles a qué lugares llegan, con tal de probar el apetecible bocadillo de muerte de la mano del diablo.

El servicio del pecado es un trabajo muy duro, con un salario muy malo; el servicio de la santidad es un trabajo muy liviano con un salario de millonario. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”  (Mateo 11)

Los trabajadores que sirven al pecado, son nacidos en el estado del pecado, pero muchos de ellos son trabajadores porque ellos así lo han decidido.

Los trabajadores del pecado son muchos, y ninguno de ellos es menospreciado por su amo, Satanás.

Los servidores del pecado son de todas las edades; muchas veces nuestras iglesias se rehúsan a bautizar a los niños de corta edad; pero eso no lo hace el diablo, él acepta a los niños de todas las edades y mientras más tiernos, mejor es para él.

Los servidores del pecado pertenecen a todos los países, a todas las lenguas, a todos los grupos étnicos y a todos los estratos de la sociedad: reyes, príncipes, estadistas, estudiosos e ignorantes, todos son servidores del pecado.

La paga de los servidores del pecado es la muerte. Tanto la muerte primera como la muerte segunda son resultado del pecado; la primera muerte es obligatoria para todos los hombres, excepto para un pequeño puñado; la muerte segunda -por culpa del pecado- es opcional.

Ya son alrededor de 6,000 años que el hombre ha estado recibiendo la paga del pecado. Los planes de pago que el diablo ofrece por el pecado son variados; su oficina de crédito es extensa y sus clientes son millones de millones; la tasa de interés que el diablo cobra por el pecado es una usura -demasiado alta, y a todos nos toca probar anticipadamente un poquito de infierno en esta vida, esto es por culpa de nuestras aberraciones y de nuestras malas decisiones en el transcurso de nuestras vidas.

23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

La palabra clave en este texto es la palabra “dádiva” o regalo.  Dios se niega totalmente a vender la salvación: Dios nos la regala. Usted no tiene que hacer nada para conseguir la salvación, ya todo lo hizo el Padre a través del santo trabajo de nuestro amado Señor Jesucristo, por nosotros aquí en la tierra. 

Si deseamos ser salvos, lo único que tenemos que hacer es aceptar y creer que somos salvos por la preciosa sangre de Jesús.

El gran regalo de Dios consiste en la vida eterna

Es un regalo de largo alcance, de trascendencia eterna. Adquirirlo dura solamente un instante, un día, pero es un día que nunca termina. Una vez se haya levantado el Sol de justicia al otro lado de las  formidables puertas de la eternidad, está la promesa de que en ese día glorioso, la sombra no será más, la oscuridad desaparecerá para siempre y ese Sol de justicia se mantendrá en su máxima brillantez, como si fueran las 12 del mediodía, a lo largo de toda la eternidad.

En el cielo todo está arreglado para dar la bienvenida a los santos; la formidable raza caída llegará a ser una raza igual a la de los ángeles de Dios. 

Una de las preguntas que nos formulamos los humanos es la siguiente: ¿Para qué realmente creó Dios al hombre? La respuesta favorita es que el propósito de Dios en la creación del hombre era para repoblar el cielo.

Cuando la tierra fue creada ya la mitad de la población angelical se había perdido, y la intención de Dios, cuando creó al hombre, era para rellenar ese vacío dejado por los ángeles en el cielo. Tenemos que recordar que los ángeles no se pueden procrear, pero a los humanos se les dio esa facultad y esa bendición de poder procrearse. 

Después de la caída del hombre, el plan de Dios para repoblar el vacío dejado por los ángeles en el cielo, aún sigue en pie, ya que los redimidos llenarán las vacantes dejada por los ángeles en el cielo.

Muchas veces escuchamos a personas decir, que nosotros pertenecemos a Dios por creación, por redención y por sustentación, y esto en verdad no es así; el único que puede llevar esa relación es Adán. Nosotros pertenecemos a Dios por PROCREACIÓN, por redención y por sustentación.

“Dios creó al hombre para la gloria divina, para que después de pasar por la prueba y la aflicción la familia humana pudiera llegar a ser una con la familia celestialEl propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana.—” Comentario bíblico adventista 1:1096.

“Las vacantes que se produjeron en el cielo por la caída de Satanás y sus ángeles, serán llenadas por los redimidos del Señor.”The Review and Herald, 29 de mayo de 1900.

 Esta es una de las más hermosas promesas hechas por Jesús, cuando estuvo aquí en la tierra:

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14).

Aquí tenemos que aprender muchas cosas: las moradas que hay en la casa del Padre no son las moradas de la santa ciudad, llamada Nueva Jerusalén.

Las moradas de que habla Jesucristo en este texto, son las moradas que están en el cielo, y están en la casa del Padre, ya están hechas, pero están vacías. ¿Por qué están vacías? ¿Quiénes abandonaron esas moradas? ¿Serán las moradas que dejaron los ángeles caídos?

“Dios creó al hombre para la gloria divina, para que después de pasar por la prueba y la aflicción la familia humana pudiera llegar a ser una con la familia celestialEl propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana.—” Comentario bíblico adventista 1:1096.

El propósito de Dios era repoblar el cielo con la familia humana.Comentario bíblico adventista 1:1096.  

Ahora viene la pregunta ¿Dónde viviremos durante la eternidad? Eso no lo sabemos, la Biblia no dice nada al respecto; lo que sí sabemos con total seguridad es con quién vamos a vivir por la eternidad: “para que donde yo estoy, vosotros también estéis” dijo Jesucristo.

Hemos costado tanto sufrimiento a Jesucristo, tantas angustias, tanto dolor, tantas penas, tantas aflicciones, tanta pobreza, tanta miseria, tantas enfermedades, tantos golpes, tantas humillaciones, tantos insultos, tantos peligros, tantos desvelos, tanto trabajo, tantas lágrimas, tanto padecimiento… ¡le costamos hasta la muerte! Por eso él ha prometido nunca más volver a dejarnos, nunca separarse de nosotros; él sólo fue a preparar moradas, porque él quiere tenernos en el mismo sitio donde él está.

La Biblia dice que nuestro planeta va a ser renovado, y también la Biblia dice que los primeros mil años de nuestra vida eterna la pasaremos en el cielo. La pregunta del millón es: ¿Dónde vivirá Jesucristo por la eternidad? Jesucristo ha vivido en el cielo “desde el principio de la eternidad” (las comillas son porque la eternidad no tiene principio); en la tierra sólo vivió 33 años más nueve meses, aproximadamente. 

En la visión que vio Juan acerca de la Nueva Jerusalén, Juan vio descender la santa ciudad desde el cielo hasta la tierra, y dentro de la ciudad vivían todos los salvos.

Este es un viaje bastante largo, a Jesucristo le tomará 7 días para llegar desde la tierra hasta el cielo con los redimidos; “Juntos entramos en la nube y durante siete días fuimos ascendiendo al mar de vidrio.”—Primeros escritos, 16 (1851).

Estos siete días de viaje equivalen a la misma media hora de silencio que se menciona en Apocalípsis 8: 1 -Y cuando abrió el séptimo sello, fue hecho silencio en el cielo como por media hora.

De acuerdo con el Espíritu de Profecía, la puerta al cielo está por el Orión: “Sobrevinieron sombrías y densas nubes que se entrechocaban unas con otras. La atmósfera se partió, arrollándose hacia atrás, y entonces pudimos ver en Orión un espacio abierto de donde salió la voz de Dios.”—Primeros escritos, 41 (1851).

Según cálculos humanos, se dura 1344 años para llegar al Orión, viajando a la velocidad de la luz, que es de 300,000 kilómetros por segundo. Si Cristo logró transportar a todos los salvos hasta el cielo en 7 días, posiblemente el hombre tendrá el permiso y la capacidad de viajar a velocidades inimaginable en nuestros tiempos actuales.

Si la Nueva Jerusalén descendió del cielo, con todos los salvos a bordo, quiere decir que es una ciudad movible, es una ciudad que puede viajar largas distancias. De la misma manera que descendió del cielo, posiblemente puede volver al cielo. ¿Será que la Santa Ciudad es una especie de elevador que conectará el cielo y la tierra?; ¿Será que la Santa Ciudad tendrá la capacidad de transportar a todos los salvos a cualquier parte del universo donde Jesús necesite estar?

Por el momento tenemos tres casas aseguradas donde podremos vivir: (1) las mansiones de los cielos, (2) la casa de campo que construiremos en la tierra nueva,  y (3) la mansión en la Santa Ciudad. Si es verdad que la santa ciudad puede viajar, entonces tenemos una mansión para esos largos pero hermosísimos viajes por el universo:   “Todos los tesoros del universo se ofrecerán al estudio de los redimidos de Dios. Libres de las cadenas de la mortalidad, se lanzan en incansable vuelo hacia los lejanos mundos—mundos a los cuales el espectáculo de las miserias humanas causaba estremecimientos de dolor, y que entonaban cantos de alegría al tener noticia de un alma redimida.”  {CI 127.2 El conflicto inminente}

Esta es una de las razones por las que nunca podremos terminar nuestra casa de campo en la tierra nueva durante toda la eternidad, ya que seremos una especie de viajeros por el resto de la eternidad, acompañando a Jesucristo adonde quiera él vaya. Jesucristo así lo quiere, así lo ha decidido, así lo ha prometido y así será. ¡Gloria a DIOS!

Asegúrese de no gastar sus energías en cosas que no son de importancia, asegúrese de gastar su energía en no perder el derecho a la escritura de propiedad de la mansión preparada en el cielo para usted. Tengo plena seguridad de que Cristo ya le escribió el nombre suyo a la mansión que decidió asignarle a usted.

La ironía de la vida es que en el milenio, el diablo y sus ángeles quedarán visitando forzosamente las casas vacías que el hombre dejó aquí en la tierra, mientras nosotros estaremos conociendo y tomando posesión de las mansiones vacías que ellos dejaron en el cielo. A mí personalmente me fascina el negocio divino, me arroba, me gusta, me deleita, y me encanta ese trueque o ese cambio que habrá en el cielo.

Al final el hombre se quedará con la vida eterna, con las mansiones del cielo, y también con las mansiones de la tierra; el diablo y sus ángeles perderán las tres. Los que eran ángeles van a dejar de serlo y los que no eran ángeles van a llegar a ser como ellos.

23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 6).

Estimado hermano, no vale la pena pecar; exige un arduo trabajo, y su paga es una miseria.

Le invitamos por la gracia de Dios y por la sangre de Cristo, que deje ya su pecado, deje ese vicio secreto que le hace tanto daño, pare ya de maldecir, deje ese mal genio que le hace tanto daño a su esposa y a sus hijos, deje esa vida de amargura que siempre anda cargando,  deje esa relación ilícita que está sosteniendo, es placer de un momento solamente.

No vale la pena pecar, no vale la pena perder la vida eterna, no vale la pena perder tantas cosas hermosas que Dios nos tiene preparado, solo por un placer que nos roba la salud, la vida, la paz, la tranquilidad, la felicidad y la santidad.

 Por favor, no pierda el regalo de Dios, que es la vida eterna a través de nuestro Señor Jesucristo.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En el corazón renovado el obedecer la voluntad de Dios será un principio fijo, porque habrá amor por lo que es justo y bueno y santo. No habrá duda, no se harán concesiones al gusto, ni se considerará la conveniencia, ni se seguirá un proceder simplemente porque otros así lo hagan. Todos debieran vivir independientemente. Las mentes renovadas por la gracia serán un instrumento receptivo, al que continuamente se le envía luz, gracia y verdad de lo alto, y que la transmite a otros. Sus obras son fructíferas. Su fruto es para santidad y tienen como fin la vida eterna (Testimonios para la iglesia, {2TI}, t. 2, p. 434).

Cuando el hombre se coloca bajo el control de Dios, la voluntad adquiere fuerza y fortaleza para obrar el bien, el corazón es limpiado de egoísmo, y llenado del amor de Cristo. La mente se somete a la autoridad de la ley del amor y cada pensamiento es sometido a la obediencia de Cristo.

Cuando se pone la voluntad del lado del Señor, el Espíritu Santo se posesiona de aquella voluntad y la hace una con la voluntad divina.

El Señor ama al hombre. El ha dado evidencia de este amor dando a su Hijo unigénito para que muriera por el hombre, para poder, mediante su gracia, redimirlo de su hostilidad hacia Dios, y conducirlo a la lealtad a él. Si el hombre quiere colaborar con Dios, el Señor pondrá la voluntad humana en relación con él, y la vitalizará por su propio Espíritu. … El Evangelio debe ser recibido para regenerar el corazón, y la recepción de la verdad significará la entrega de la mente y la voluntad a la voluntad del poder divino.

La voluntad del hombre está segura, únicamente cuando se une con la voluntad de Dios (Nuestra elevada vocación, {NEV}, p. 106).

Satanás está contendiendo por las almas de los hombres… No quiere que tengan una vislumbre del futuro honor y de las glorias eternas preparadas para los que serán habitantes del cielo, ni que prueben la experiencia que les daría un anticipo de la felicidad del cielo. Pero con los atractivos celestiales ante la mente para inspirar esperanza, despertar el deseo y estimular al esfuerzo, ¿cómo podremos rechazar la posibilidad y elegir el pecado y su paga, que es la muerte?

Los que aceptan a Cristo como su Salvador personal tienen la promesa de la vida presente y también de la venidera… El más humilde discípulo de Cristo puede llegar a ser un habitante del cielo, heredero de Dios, de una herencia incorruptible que jamás se marchitará. ¡Oh, que cada cual se decida a aceptar el don celestial, para que llegue a ser heredero de Dios, de esa herencia cuyo título está fuera del alcance de todo destructor, y que es un mundo sin fin! ¡Oh, no elijáis el inundo; elegid la herencia mejor! Apresuraos y esforzaos para alcanzar la meta que es el premio de vuestra elevada vocación en Cristo Jesús. Por el amor de Cristo, que el propósito de su educación sea forjado por el aliciente de un mundo mejor (The Review and Herald, 21 nov. 1893; parcialmente en ¡Maranata: el Señor viene!, {MSV}, pp. 368, 369).

52


Viernes 17 de noviembre // Lección 7___________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Lee “Apropiarse de la victoria”, Mensajes para los jóvenes, pp. 72, 73; “El verdadero motivo del servicio”, El discurso maestro de Jesucristo, pp. 79-81; y “Una súplica a los jóvenes”, Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 402. Lee, también, el Comentario bíblico adventista, t. 6, pp. 1.074, 1.075.

“Él [Jesús] no consintió en pecar. Ni siquiera por medio de un pensamiento cedió a la tentación. Así también podemos hacer nosotros. La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad; fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo en él. Y él vino para hacernos participantes de la naturaleza divina. Mientras estemos unidos con él por la fe, el pecado no tendrá dominio sobre nosotros. Dios extiende su mano para alcanzar la mano de nuestra fe y dirigirla a asirse de la divinidad de Cristo con el fin de que nuestro carácter pueda alcanzar la perfección” (DTG 98).

“En nuestro bautismo, nos comprometemos a romper toda relación con Satanás y sus instrumentos, y a poner corazón, mente y alma en la obra de extender el Reino de Dios […]. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se han comprometido a cooperar con los instrumentos humanos santificados”.–“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.075.

“Una profesión del cristianismo sin la fe y las obras correspondientes no servirá de nada. Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial tomar parte en los placeres y las diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe” (TI 1:358).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. A pesar de que tenemos todas estas maravillosas promesas de victoria sobre el pecado, el hecho es que todos (incluso los cristianos nacidos de nuevo) somos conscientes de cuánto hemos caído, de cuánto hemos pecado y de cuán corrompido puede estar nuestro corazón. ¿Existe alguna contradicción? Explica tu respuesta.
  2. Comparte con tu clase un testimonio de lo que Cristo ha hecho en ti, de los cambios que has experimentado y de la nueva vida que tienes en él.
  3. Aunque es importante recordar siempre que nuestra salvación descansa solo en lo que Cristo ha hecho por nosotros, ¿qué peligros surgen si destacamos excesivamente esa maravillosa verdad y excluimos la otra parte de la salvación: lo que Jesús hace en nosotros para transformarnos a su imagen? ¿Por qué necesitamos entender y enfatizar estos dos aspectos de la salvación?

53


Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2017

11 pensamientos en “LECCIÓN 7 – CÓMO VENCER EL PECADO – PARA EL 18 DE NOVIEMBRE DE 2017

  1. Gracias por las lecciones, son muy interesante, he aprendido mucho, Dios siga bendiciendo su ministerio.

  2. Dios bendiga hermano Tony, Dios bendiga grandemente éste ministerio a usted y los suyos. Hice el intento de descargarlo en pdf y no me funcionó lo que explica la letra en rojo de la lección. Me interesa tener cada lección descargada en el celular.

  3. “La gracia es la última herramienta provista por Dios hace 2,000 años donde se me regala vida eterna, que es una vida perfecta en una tierra perfecta y por la eternidad. ” comentario del martes 14 de nov.
    Estimado hermano, este comentario suyo me confunde ya que durante los dos últimos trimestres hemos concluido que la gracia era también el medio de salvación en el antiguo testamento.
    Saludos y bendicipones
    Miguel Alejandro Romero.
    Villahermosa, Tabasco, México

    • Estimado hermano Miguelito, no tiene por que confundirse.
      Es verdad que todos los hombres han sido salvos por la gracia, los que vivieron antes de Jesús, como los que vivimos después de Jesús.
      Pero recuerde, mientras Jesús no muriera en la cruz, no había nadie asegurado, ni antes de él, ni después de él.
      Toda esa gente que murió antes de Jesús, murió con la esperanza que un Salvador vendría, pero ellos nunca lo supieron, eso solo lo sabemos nosotros que vivimos después que el Salvador vino a este mundo.

      Cuando yo digo que la gracia es la última herramienta provista por Dios hace 2,000 años, estoy en lo cierto. Con la venida de Jesús y con su muerte en la cruz, se nos concede la gracia.
      Justo a partir del momento en que Jesús muere y resucita, todos los que vivieron antes de Jesús, ahora si se puede decir con toda seguridad que son salvos por gracia, por que ya el Salvador, vino y dio su vida por ellos, que esa era su gran bendita esperanza, con las que ellos murieron.

      También después de la muerte de Jesús, la gracia es válida para todo aquel que después de la muerte de Cristo, crea en él.

      Solo recuerde hermano, que todo humano queda asegurado (el que crea por supuesto) solamente a partir de la muerte y de la resurrección de Cristo. ¿Qué hubiera pasado si Cristo hubiera decidido no morir en la cruz? Ni ante de él, ni después de él, nadie se pudiera salvar, ya que la gracia no se hubiera conferido a nadie.

      Un abrazo en Cristo

      • Acertadísimo comentario hermano Tony. Todo está claro ahora, mucha gracias. Dios le siga bendiciendo en su ministerio. Un saludo y un abrazo muy fuerte para usted y su familia

  4. Gracias, hermano. Ya pude bajar la lección en PDF. El icono está funcionando bien ahora. Mis mejores saludos y bendiciones de lo alto. Saludos.

  5. hola yo quisiera saber si existe la cartilla comentada en idioma ingles

  6. Gracias hermano por su aportación, me gusta mucho la manera como usted comenta la lección, estoy aprendiendo mucho.
    Lo unico es que me encantaria que usted lo pudiera presentar en audio, porque a veces no se logra leerlo todo debido a que es muy largo. Mientras que en audio, se puede ir escuchando en el vehículo o en otro lugar por donde uno ande.

    En fin ojala en alguno momento lo pueda hacer. Que Dios lo siga utilizando, esta ayudando a muchos incluyendome para poder tener una visión más amplia de la lección.

    Que Dios le bendiga.

    • Estimada hermana Rosa, si usted estudia la lección día a día, se dará cuenta que en realidad, el estudio no es mucho.
      La lección tiene como fin alimentar a los hijos de Dios, diariamente.

  7. Gracias como puedo bajar la aplicacion para q me llege, estoy muy interesada ya q apenas comiendo como maestra de escuela sabatica y pienso q me ayudara mucho todo lo q he leido, aparte es muy importante tener mas detalles para hablar en la class. Estoy convencida q me ayudara mucho… felicidades gracias Dios lo bendiga.

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