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LECCIÓN 2 – LO VEO, LO QUIERO, LO TENGO – PARA EL 13 DE ENERO DE 2018

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 02: Para el 13 de enero de 2018

LO VEO, LO QUIERO, LO TENGO

Sábado 6 de enero__________________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8:1-7; Mateo 13:3-7, 22; Génesis 3:1-6; Isaías 56:11; Mateo 26:14-16; 2 Pedro 1:5-9.

PARA MEMORIZAR:

“El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Mat. 13:22).

El amor al dinero y las posesiones materiales puede provenir de muchos ángulos diferentes. Elena de White describe la maniobra del diablo para atraernos a través de las artimañas del materialismo. “Vayan, induzcan a los poseedores de tierras y dinero a que se embriaguen con los cuidados de esta vida. Preséntenles el mundo en su aspecto más atractivo, para que depositen aquí su tesoro y pongan sus afectos en las cosas terrenales. Debemos hacer todo lo posible para impedir que los que trabajan en la causa de Dios tengan medios que puedan usar contra nosotros. Mantengan el dinero en nuestras propias filas. Mientras más medios obtengan, más daño causarán a nuestro reino arrebatándonos nuestros súbditos. Hagan que se preocupen más por el dinero que por la edificación del Reino de Cristo y la difusión de las verdades que nosotros odiamos, y no necesitaremos temer su influencia; porque sabemos que toda persona egoísta y codiciosa caerá bajo nuestro poder y, finalmente, será separada del pueblo de Dios” (CMC 160, 161).

Esta estratagema, por desgracia, parece estar funcionando bien. Analicemos, entonces, estos peligros y lo que la Palabra de Dios nos dice, para que podamos evitar esta trampa espiritual.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La gracia puede prosperar únicamente en el corazón que constantemente está preparándose para recibir las preciosas semillas de verdad. Las espinas del pecado crecen en cualquier terreno; no necesitan cultivo; pero la gracia debe ser cuidadosamente cultivada. Las espinas y las zarzas siempre están listas para surgir, y de continuo debe avanzar la obra de purificación. Si el corazón no está bajo el dominio de Dios, si el Espíritu Santo no obra incesantemente para refinar y ennoblecer el carácter, los viejos hábitos se revelarán en la vida. Los hombres pueden profesar creer el evangelio; pero a menos que sean santificados por el evangelio, su profesión no tiene valor. Si no ganan la victoria sobre el pecado, el pecado la obtendrá sobre ellos. Las espinas que han sido cortadas pero no desarraigadas crecen con presteza, hasta que el alma queda ahogada por ellas (Palabras de vida del gran Maestro, p. 31).

Amados hermanos y hermanas, dejemos que los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesús estén siempre presentes en nuestros pensamientos y que ahuyenten las preocupaciones mundanales. Sean ellos nuestra meditación cuando nos acostamos y cuando nos levantamos. Vivamos y actuemos teniendo plenamente en cuenta la venida del Hijo del hombre. El tiempo del sellamiento es muy corto, y pronto terminará. Ahora, mientras los cuatro ángeles están reteniendo los cuatro vientos, es el momento en que debemos asegurar nuestra vocación y elección (Primeros escritos, p. 58).

La palabra de Dios ha sido descuidada. En ella se encuentran las advertencias para el pueblo de Dios que señalan los peligros que lo amenazan. Pero han tenido tantas preocupaciones y perplejidades que difícilmente dejan tiempo para orar. Ha existido un formalismo vacío pero sin el poder. Jesús oraba, ¡y cuán fervientes eran sus oraciones! ¡Y eso que él era el Hijo amado de Dios!

Si Jesús manifestó tanta intensidad, tanta energía y agonía, cuánta mayor necesidad existe que los que él ha llamado a ser herederos de la salvación dependan de Dios para recibir toda la fortaleza que necesitan, tengan toda el alma dispuesta a luchar con Dios diciendo: “No te dejaré, si no me bendices” (Génesis 32:26). Pero vi que los corazones estaban recargados con los cuidados de esta vida, y que Dios y su Palabra han sido descuidados (Testimonios para la iglesia, tomo 1, p. 142).

La incredulidad, el orgullo, la codicia y el amor al mundo que se han manifestado en los corazones del profeso pueblo de Dios, han contristado a los ángeles sin pecado. Cuando han visto que pecados atroces y presuntuosos existen en los corazones de muchos profesos seguidores de Cristo, y que Dios ha sido deshonrado por su conducta inconsistente y torcida, se han puesto a llorar. Y sin embargo, los más culpables, los que provocan la mayor debilidad en la iglesia y manchan su santa profesión de fe, aparentemente no están ni alarmados ni convencidos; por lo contrario, pareciera que creen que están floreciendo en el Señor (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 114).

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Domingo 7 de enero | Lección 02__________________________________________________

EL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

Un popular predicador televisivo tiene un mensaje sencillo: Dios quiere bendecirte, y la prueba de su bendición es la abundancia de bienes materiales que posees. En otras palabras, si eres fiel, Dios te hará rico.

Esta idea, o sus variantes, se ha dado en llamar el evangelio de la prosperidad: Sigue a Dios, y él te hará rico en bienes mundanos. Esta idea no es más que una falsa justificación teológica para el materialismo, porque lo que realmente está diciendo es: ¿Quieres ser materialista y sentirte bien? Bueno, tenemos el “evangelio” para ti.

Sin embargo, relacionar el evangelio con la garantía de riquezas es una distracción mal encauzada. Esta creencia genera una disonancia con las Escrituras y refleja una teología egocéntrica que no es más que la verdad a medias y enfundada en lenguaje bíblico. En la base de esta mentira está el problema de la esencia de todo pecado, que es el yo y el deseo de agradar al yo por sobre todo lo demás.

La teología del evangelio de la prosperidad enseña que si le damos a Dios obtenemos, a cambio, la garantía de que tendremos riquezas materiales. Pero, esto hace que Dios parezca una máquina expendedora y convierte nuestra relación con él en un mero trato: Si yo hago esto, tú prometes hacer aquello. Damos, no porque es lo que hay que hacer, sino por lo que obtenemos a cambio.

Ese es el evangelio de la prosperidad.

Lee 2 Corintios 8:1 al 7. ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué principios vemos en estos versículos que contradicen esta idea del evangelio de la prosperidad? ¿Qué quiere decir Pablo cuando habla de la “gracia de dar” (2 Cor. 8:7, NVI)?

2 Corintios 8:1-7

1 Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia;  que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.  Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas,  pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos.  Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios;  de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia.  Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia.

Estas personas, aunque en “profunda pobreza” (2 Cor. 8:2), eran muy generosas y daban aún más de lo que podían permitirse. Textos como estos, y muchos otros, ayudan a refutar la falsa teología del evangelio de la prosperidad, que enseña que, si vivimos bien con Dios, tendremos muchas posesiones materiales como resultado de ello.

¿Qué ejemplos puedes encontrar de personas que son fieles a Dios, pero no son ricos en posesiones mundanales, y de quienes no son fieles a Dios, pero son ricos en posesiones mundanas? ¿Qué debería decirnos esto sobre el uso de la riqueza como indicador de las bendiciones de Dios?

 

¡¡NOTA!! 

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EN ESTE SEGMENTO SIEMPRE LES ESTAREMOS INFORMANDO DE CUALQUIER PERCANCE, RETRAZO O CAMBIO QUE TENGAMOS CON LA PUBLICACIÓN  DE LA LECCIÓN

 

La lección de esta semana, que se titula:  “LO VEO, LO QUIERO, LO TENGO” está completamente terminada y el sistema PDF ya está disponible. ¡Que la disfruten!

 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia.  (2 Corintios 8)
En la primera carta a los Corintios, capítulo 16, el apóstol Pablo hace mención de la constancia sistemática que tenían los miembros de la iglesia corintia para recoger las ofrendas, destinadas para los hermanos de Jerusalén; éstos estaban pasando por dificultades financieras.  En el texto de estudio para el día de hoy, Pablo vuelve a recordar a los hermanos de Corinto, la gran suma de dinero que los hermanos de Macedonia habían logrado reunir para los necesitados de Jerusalén e insta a los de Corinto a hacer lo mismo.
 
Como hemos dicho anteriormente, el dinero es un tópico delicado en muchos aspectos de la vida, pero es especialmente delicado cuando abordamos este tema en nuestras iglesias.
 
Afortunadamente tenemos dos capítulos acerca de este tema, que salieron del pensamiento y la pluma del eminente apóstol Pablo.
 
La palabra dinero no se menciona como tal en los pedidos que el apóstol Pablo hace a los feligreses de las iglesias; él usa el diccionario cristiano y recurre a otros nombres para el dinero, tales como servicio, gracia, comunión en servicio, bendiciones o manifestación de amor. Pablo usa todos los recursos del idioma cristiano para transfigurar y elevar a una atmósfera espiritual la colecta monetaria para los pobres de Jerusalén.
 
En verdad no necesitamos ser hipócritas cuando hablamos del dinero en nuestras iglesias,  pero sí necesitamos ejercer sumo cuidado, tacto y prudencia cuando hablamos de la caridad y de los negocios monetarios de la iglesia. Este tema puede ser tratado con la iglesia a un nivel de cristianismo y no meramente como un tema crudo ni secular.
 
Los hermanos de Jerusalén estaban pasando por serios problemas: posiblemente había una hambruna que estaba atacando a esa ciudad.  Tanto Pablo como Bernabé, se habían dado a la divina tarea de colectar dinero para los hermanos necesitados de Jerusalén.
Pronto recibieron ayuda de diferentes congregaciones. En Romanos 15 leemos que recibieron ayuda de los hermano de Acaya y de los de Macedonia; en 1 Corintios 16:1 leemos que se hizo un fuerte pedido a los hermanos de Galacia, y en Romanos 15 vemos que el mismo pedido fue hecho a los cristianos que vivían en Roma.
 
En el pedido de ayuda que Pablo hace a los hermanos de Corinto, el hagiógrafo menciona la gran dadivosidad de los hermanos de Macedonia. A pesar de que los de Macedonia estaban pasando por pobrezas similares y también por persecución, ellos reunieron una fuerte suma de dinero para los necesitados de Israel, y esa fue una acción muy encomiable que llamó la atención del apóstol,  y él hizo mención de ella.
La condición de los griegos o macedonios, en el tiempo de Augusto César era una desolación total y también eran tiempos de angustia en todo el país. Ellos ya habían sufrido anteriormente las guerras entre César y Pompeya; también habían sufrido guerras entre Marco, Junio, Bruto, y Cayo Casio, así como la última guerra había sido entre Augusto y Antonio. Aparte de eso, el país no se había recuperado de la larga miseria que era una de las consecuencias de la conquista por parte de los romanos.   
 
-Los de Macedonia dieron voluntaria y espontáneamente.
 
-Los de Macedonia dieron generosamente, más allá de sus mismas posibilidades; negarse a uno mismo es el primer paso de la consagración.
 
-Los de Macedonia dieron por principio: primero se dieron ellos mismos al Señor y, como resultado de esa entrega espiritual, su bolsillo se volvió un bolsillo liberal.
 
-Los de Macedonia dieron en abundancia, porque la gracia de Dios estaba con ellos.   La liberalidad en nuestras ofrendas es una gracia de Dios. La verdadera gracia de Dios consiste en conocimiento, diligencia y amor.
 
Cuando damos nuestro dinero a la iglesia y lo hacemos sin la gracia de Dios, entonces nuestras ofrendas se convierten en una obligación que cumplir o en una pesada carga que llevar. 
 
Para obtener la gracia de Dios, necesitamos primeramente la consagración.
Los macedonios, antes de dar su ofrenda de la manera que la dieron, liberal, espontánea y abundante, se entregaron ellos mismo primeramente a Dios, sin consagración es muy difícil la liberalidad para con Dios.
 
La gracia de Dios impulsa al hombre a dar más allá de sus posibilidades.  
Los de Macedonia no dieron dinero porque les sobraba, no dieron dinero porque tenían una vida próspera y floreciente;  dieron dinero liberalmente y abundantemente a pesar de su “profunda pobreza” Esto solamente se logra a través de la gracia de Dios en el corazón del humano.
 
Muchas veces la pobreza es considerada  como una excusa para no dar; pero los hermanos de Macedonia dan un ejemplo vivo de lo que es la dadivosidad cuando ésta  proviene de Dios, ya  que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad.
 
En el mundo cristiano encontramos a tres tristes y distinguidas clases de personas que fallan en su dadivosidad:
 
1-Aquellas personas que dan grandes cantidades de dinero, pero no lo dan de acuerdo con el motivo correcto, o su significado. Es decir, lo entregan de una manera mecánica, sin emoción o, más bien dicho, eso no significa nada para ellos. Pueden dar cientos en vez decenas, o miles en vez de cientos, lo dan por darlo sin regocijo y sin alegría en sus corazones. Ejemplo de esto son aquellos que al final de año tienen grandes ganancias en sus empresas y prefieren darlas a las iglesias, antes que pagar impuestos sobre éstas.
 
2-Aquellos que no dan nada a la iglesia porque se creen demasiado pobres.
 
3- Aquel grupo que está compuesto tanto por ricos como por pobres, que dan a la iglesia, pero lo que dan, lo dan con dolor y con mucha angustia.
 
-Tenemos que dar sabiamente: no con tristeza, ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7).
 
Nuestro dinero es dado de acuerdo con lo que amerita la necesidad en nuestra iglesia.
 
A menudo ocurre que, si hay demasiado dinero en algún departamento de la iglesia, el hecho conlleva al malgasto, al despilfarro y a una mala inversión, por la abundancia de bienes existentes.
 
Este puede ser uno de los más grandes males que afronte nuestra iglesia en estos días modernos. Hay sectores de la iglesia que reciben exageradas cantidades de dinero, y pueden ser vistos tomando malas decisiones con los fondos sagrados que pertenecen a la obra de Dios y al evangelio.
 
Hemos de ser vigilantes, a fin de evitar el despilfarro de los bienes del Señor, confiados a su iglesia. Que no haya desperdicio de bienes santos, provistos por Cristo para fines benéficos y evangelísticos.
Nadie tiene “derecho” a desperdiciar los fondos confiados a seres mortales; ¡ay de quien se crea en libertad de usar a su antojo los recursos del Cielo! En vez de hacer malas inversiones, o de invertir equívocamente los fondos de la iglesia, roguemos al Padre de las luces que nos ilumine, a fin de favorecer el adelanto del evangelio en esta tierra.
 
Como miembros conscientes, podemos ayudar a quienes administran con nuestras plegarias y consejos amigables, para asegurarnos de que estamos depositando los bienes que pertenecen a Dios en donde verdaderamente se van a usar para el adelanto de la obra de Dios, y no se usen para otros fines que no son la causa de Dios.
 
Si los bienes que depositamos para Dios, no se usan para su causa, sino que se usan para cuestiones terrenales, entonces nuestra entrega pierde su significado; sería como si estuviéramos entregando dinero para hacer prosperar cualquier empresa del mundo, cuyo fin es producir dividendos o ganancias terrenales.
Hay una declaración profunda que hizo Elena de White, con respecto a la inversión de los bienes que pertenecen a Dios; en su idioma original -que es el inglés-, esta declaración reza de la manera siguiente:
 
 Original: “The Lord has made us individually His stewards. We each hold a solemn responsibility to invest our means ourselves. God does not lay upon you the burden of asking the conference, or any council of men, whether you shall use your means as you see fit to advance the work of God.”– Special Testimonies to Battle Creek, pp. 41, 42.
 
La declaración se traduce así: “El Señor nos ha hecho individualmente sus mayordomos. Cada uno de nosotros mantenemos la solemne responsabilidad de invertir nuestros bienes nosotros mismos. Dios no te dejó la carga de preguntar a la asociación, ni a junta de hombres, si debieras usar tus bienes, de la manera que tú veas conveniente para el avance de la obra de Dios”– Special Testimonies to Battle Creek, pp. 41, 42.
 
También el Espíritu de Profecía nos da luz de lo que tenemos que hacer, cuando vemos que los fondos de la iglesia son mal usados; éste es el consejo de Elena de White:
 
Original: “Divine wisdom must have abundant room in which to work. It is to advance without asking permission or support from those who have taken to themselves a kingly power. In the past one set of men have tried to keep in their own hands the control of all the means coming from the churches and have used this means in a most disproportionate manner, erecting expensive buildings where such large buildings were unnecessary and uncalled for, and leaving needy places without help or encouragement…” (Unpublished Manuscript Testimonies of Ellen G. White Pag. Ibid. Pg. 174-176). (Signed) Ellen G. White. {SpM 177. 3} Neglect of the Southern Field. Oakland, Ca., July 8, 1901.
Traducción: “La sabiduría divina tiene una abundante obra en la que podemos trabajar. Esto es avanzar sin estar pidiendo permiso ni ayuda de parte de quienes se han auto-arrogado para sí mismos un poder parecido al de un rey. En el pasado un grupo de hombres ha tratado de mantener en sus manos el control de todo el dinero proveniente de las iglesias, y han usado estos bienes de una manera muy desproporcionada, han construidos edificios costosos, edificios gigantescos no solicitados e innecesarios, dejando de esta manera sin ayuda y sin ánimos a los lugares donde en verdad se necesitaba ayuda” (Manuscritos y Testimonios de Elena de White no Publicados Pág. 174-176) (Firmado) Elena G White. {SpM 177.3} Negligencia del Campo del Sur. Oakland, California, Julio 8, 1901
Dios nos dé su gracia para que podamos dar liberalmente y con alegría para su causa, y también nos dé sabiduría para saber colocar nuestros bienes donde en verdad se necesitan; un buen mayordomo no es aquel que entrega un dinero para que se use irresponsablemente; un buen mayordomo entrega su dinero alegre y liberalmente de acuerdo con su capacidad, pero también se cerciora de que ese dinero -que es el producto de las bendiciones de Dios y de un trabajo honrado-, sea puesto en un lugar que se va a usar en su totalidad para servir en la causa de Dios, y no que se va a malgastar en lujos, en placeres mundanales, ni en inversiones terrenales.
 
¡Bendito sea el Nombre del Señor y Propietario de todo… incluso de nosotros mismos!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La prosperidad espiritual está estrechamente vinculada con la liberalidad cristiana. Los seguidores de Cristo deben regocijarse por el privilegio de revelar en sus vidas la caridad de su Redentor. Mientras dan para el Señor, tienen la seguridad de que sus tesoros van delante de ellos a los atrios celestiales. ¿Quieren los hombres asegurar su propiedad? Colóquenla entonces en las manos que llevan las marcas de la crucifixión. ¿Quieren gozar de sus bienes? Úsenlos entonces para la bendición del necesitado y doliente. ¿Quieren aumentar sus posesiones? Escuchen entonces la orden divina: “Honra a Jehová de tu substancia, y de las primicias de todos tus frutos; y serán llenas tus trojes con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:9, 10). Procuren retener sus posesiones para fines egoístas, y provocarán su ruina eterna. Pero den sus tesoros a Dios, y desde aquel momento llevarán éstos su inscripción. Estarán sellados con su inmutabilidad (Los hechos de los apóstoles, p. 277).

Todo lo que los hombres reciben de la bondad de Dios sigue perteneciendo a Dios. Todo lo que él nos ha otorgado en las cosas valiosas y bellas de la tierra, ha sido colocado en nuestras manos para probamos, para medir la profundidad de nuestro amor hacia él y nuestro aprecio por sus favores. Tanto los tesoros de las riquezas como los del intelecto, han de ser puestos como ofrenda voluntaria a los pies de Jesús.

Ninguno de nosotros puede subsistir sin la bendición de Dios, pero Dios puede hacer su obra sin la ayuda del hombre, si así lo quiere. Ha dado, sin embargo, a cada hombre su obra, y confía a los hombres tesoros de riquezas o de intelecto como a sus mayordomos. Por su misericordia y generosidad, Dios nos pone en cuenta todo lo que le devolvemos como mayordomos fieles (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 688).

Las Escrituras enseñan que la riqueza es una posesión peligrosa únicamente cuando se la hace competir con el tesoro inmortal. Se convierte en una trampa cuando lo mundano y lo temporal absorben los pensamientos, los afectos y la devoción que Dios reclama para sí. Los que cambian el eterno peso de gloria por un poco de brillo del oropel del mundo, las moradas eternas por una casa que puede ser suya en el mejor de los casos tan solo durante unos pocos años, están realizando una elección insensata.

El dinero en sí mismo es el don de Dios al hombre, para que éste lo utilice con fidelidad en su servicio. Dios bendijo a Abrahán y lo enriqueció con ganado, plata y oro. Y la Biblia declara, como una evidencia del favor divino, que Dios dio a David, Salomón, Josafat y Ezequías muchas riquezas y honor.

Tal como ocurre con otros dones de Dios, la posesión de riquezas produce un aumento de responsabilidad y tiene sus tentaciones peculiares. Cuántos hay que en la adversidad han permanecido fieles a Dios pero que han caído bajo las deslumbrantes seducciones de la prosperidad. Con la posesión de riquezas se pone de manifiesto la pasión dominante de una naturaleza egoísta. El mundo está maldecido hoy por la desgracia de la codicia y los vicios de la complacencia de los adoradores de Mamón (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 144, 145).

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Lección 02 | Lunes 8 de enero______________________________________________________

VISIÓN ESPIRITUAL BORROSA

No necesitamos que la Biblia nos enseñe una verdad obvia: los afanes de esta vida y sus riquezas son temporales. Aquí no hay nada que dure, y lo que perdura, por cierto, no lo hace por mucho tiempo. Como dijo Pablo: “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Cor. 4:18). Los cristianos son miopes cuando se centran en los afanes de este mundo antes que en el camino que conduce al cielo. Y hay pocas cosas que pueden cegar más la percepción de ese camino que el engaño de las riquezas. Helen Keller, que era ciega, dijo: “La persona más patética del mundo es alguien que tiene vista, pero no tiene visión”. La Biblia está llena de ejemplos de personas que podían ver pero que, en realidad, eran espiritualmente ciegas.

“Algunos aman tanto el mundo que este consume su amor por la verdad. A medida que sus tesoros aquí aumentan, su interés en el tesoro celestial disminuye. Cuanto más poseen de este mundo, con más fuerza lo abrazan, como si temieran que su codiciado tesoro les fuera quitado. Cuanto más poseen, menos tienen para conceder a los demás porque, cuanto más tienen, más pobres se sienten. ¡Oh, el engaño de las riquezas! Ellos no verán ni percibirán las necesidades de la causa de Dios” (SG 2:267).

La visión espiritual borrosa pone en riesgo la salvación eterna. No es suficiente tener a Jesús a la vista; debemos centrarnos en él.

Lee Mateo 13:3 al 7, y 22. ¿A qué peligro se refiere Jesús? ¿Por qué es fácil que cualquier persona, rica o pobre, caiga en esta trampa?

Mateo 13:3-7, y 22

Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.  Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.  Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;  pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.  Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.

22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

En primer lugar, Jesús nos advierte acerca de “las preocupaciones de esta vida” (Mat. 13:22, NVI). Jesús sabe que todos tenemos preocupaciones, incluyendo las financieras. Los pobres se preocupan porque no tienen suficiente, los ricos se preocupan sobre qué más podrían necesitar. Solo debemos asegurarnos de no permitir que esas preocupaciones “ahog[ue]n la palabra” (Mat. 13:22) en nuestra vida.

En segundo lugar, Jesús nos advierte sobre “el engaño de las riquezas” (Mat. 13:22). Aunque las riquezas no son malas, aun así poseen el poder de engañarnos de una manera que puede conducirnos a nuestra destrucción final.

¿En qué medida puedes ver en tu vida el “engaño de las riquezas”? ¿Qué decisiones prácticas puedes tomar para protegerte de este engaño?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

3Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. 4Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 5Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; 6pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 8Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno (Mateo 13).
En esta parábola encontramos 4 tipos de siembras, que representan a 4 diferentes tipos de creyentes:
1-La semilla que cayó junto al camino, y que fue comida por las aves
2-La semilla que cayó en los pedregales, y fue muerta por el calor del sol
3-La semilla que cayó entre los espinos y murió ahogada
4-La semilla que cayó en buena tierra: prosperó y fructificó, para alegría del sembrador
 
 Cuatro diferentes clases de suelo:
1-El suelo impenetrable – junto al camino
2-El suelo superficial – el del pedregal
3-El suelo asfixiante – entre los espinos
4-El suelo fértil  – buena tierra
 
Cuatro diferentes clases de escuchadores:
1-El descuidado – la semilla junto al camino
2-El temporal – la semilla del pedregal
3-El mundanal – la semilla entre los espinos
4-El sincero – Ellos comprenden, reciben, retienen y practican lo que reciben.
El sembrador es la misma persona, y la semilla es de la misma calidad; aquí el problema reside en la tierra.
La interpretación de la parábola del sembrador se da en la parábola del trigo y la cizaña; dicho sea de paso, el trigo y la cizaña son dos plantas muy difíciles de distinguir. El trigo y la cizaña pertenecen a la familia de las gramíneas o gramináceas –la grama–, y también las dos pertenecen al grupo especial de gramas llamadas TRITICUM, voz latina que en otras palabras sería: gramas semejantes que parecen trigo.
La estructura de las dos plantas, sus condiciones y sus formas de crecer son muy semejantes; cuando las plantas están maduras su apariencia es tan similar, que ni el más experimentado agricultor judío puede diferenciar la una de la otra. La única manera de diferenciar a una planta de la otra consiste en esperar hasta cuando vengan los frutos. El fruto de la cizaña es muy pequeño, es de color negro, y es vano; o sea, es sólo envoltura, es hueco y sin fruto; al final, la planta impostora se ha descubierto.
“…parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron…”
La semilla que cayó en el camino y fue comida por las aves, son todos aquellos que tienen una mente pecaminosa: les cuesta concentrarse en las cosas divinas, no comprenden, no acatan las órdenes de Dios. El enemigo, que en este caso es representado por las aves, no pierde una oportunidad para robar la preciosa semilla puesta en la mente de los hombres. El enemigo trabaja incesantemente para borrar de la mente del hombre los pensamientos y las impresiones que la Palabra de Dios logra hacer en la nuestras mentes. El suelo es impenetrable, y el oidor es descuidado.
Las aves de esta parábola representan a Satanás: 15 Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. Marcos 5
“…Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra…”
Este tipo de persona es la que es rápida para actuar bajo las emociones: muchas veces basta sólo un sermón y la persona demuestra las señales de una conversión.
Pero la conversión que se hace con rapidez suele tener como resultado la apostasía; esto ha ocurrido en muchos casos. Mientras todo está bien en la iglesia y en la vida de este tipo de conversos, todo marcha bien, pero en cuanto aparecen las pruebas y las dificultades, la muerte espiritual es segura.
Así como entró a la iglesia por una emoción, solo es necesario para que se marche; una decepción.
Estas personas no tienen raíces, no son verdaderos cristianos, sus corazones no han sido cambiados, no han logrado descubrir su culpabilidad, no han comprendido la excelencia de Cristo; estas personas no están completamente arraigadas en el evangelio. Cuando estas personas son examinadas a través de las pruebas y la persecución, con facilidad sucumben. La semilla muere ante el ardiente sol del mediodía. El suelo es superficial; el oidor es temporal.
“…Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron…”
Este es el grupo de personas que escucha la Palabra de Dios, pero los quehaceres de este mundo la ahogan, se vuelven infructíferos y perecen. Esta semilla no cayó en pedregales, cayó en tierra profunda; demostrando que estas personas no son personas de carácter débil; ellos tienen carácter con fundamento. La patología de ellos consiste en que tienen un pensamiento dividido: parte es para la Palabra de Dios, y la otra parte está dedicada a los afanes del mundo. “No se puede servir a dos señores…” El deseo de las deslumbrantes riquezas de este mundo, termina ahogando la vida espiritual.
Este tipo de personas nunca están satisfechas con lo que tienen; aprovechan cada ocasión para ser deshonestos, para hacer trampas, para tomar ventaja aprovechándose de los demás, para oprimir a otros, para sacar hasta la última gota de sudor al trabajador; toda pasión es alimentada por el amor al dinero. Uno de los pecados peculiares de este tipo de persona es el robo.
El robo tiene muchas caras; entre ellas podemos citar los siguientes:
-Roba el que adultera un producto volviéndolo de calidad inferior y manteniendo el mismo precio.
-Roba el que usa medidas y pesas falsas en sus transacciones.
-Roba el que oculta defectos o realidades negativas.
-Roba el que presenta una calidad tramposa.
-Roba aquel que ha encontrado algo y sabiendo quién es su dueño, lo conserva para sí.
-Roban los que reciben comisión a espaldas de sus jefes.
-Roban aquellos que se posesionan de algo que no está detallado en un contrato.
-Roba todo trabajador que no hace el trabajo para el cual fue contratado.
-Roban aquellos que hacen trabajos descuidados, sin el esmero con que tendría que hacerse dicho trabajo.
-Roban aquellos que no cuidan los bienes del propietario, derrochando y menoscabando los bienes que no le pertenecen.
-Roban los empleadores cuando retienen los salarios.
-Roban los empleadores cuando no cumplen sus promesas con los beneficios prometidos.
-Roban los empleadores cuando hacen trabajar a los trabajadores horas extras sin el debido pago.
-Roban los empleadores cuando privan a sus trabajadores de algo que ellos merecen.
-Todos aquellos viajeros que no declaran, desfiguran u ocultan sus propiedades al inspector de aduanas; ellos también son ladrones.
-Roban todos aquellos que se meten a deudas que saben que les serán imposibles de pagar.
-Roban aquellos que antes de una bancarrota transfieren todos sus bienes a alguien con el convenio de serles devueltas más tarde.
-Roba el que acepta como suyo el reconocimiento de un trabajo o una idea, a sabiendas de que es ajena.
-Roba aquel que usa lo ajeno sin permiso de su propietario.
-Es ladrón al que se aprovecha de su prójimo en cualquier forma.
-Roba aquel que no entrega a su dueño lo escrito en una herencia.
-Roba el que encuentra algo y no lo reporta al centro de objetos perdidos o a quien corresponda.
-Roba el que le compra a un ladrón.
-Se puede robar a otros quitándoles las FE mediante las dudas y las críticas.
-Se roba a Dios con los diezmos y las ofrendas.
-Roba quien omite compartir su fe cristiana con otras personas a su alcance.
-Se roba el buen nombre de una persona a través de chismes calumniosos y perniciosos.
… y la lista podría continuar…
 
8 “…Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
 El grupo de personas que escuchan la Palabra de Dios, la comprenden, la retienen y la obedecen. Este proceso no es un proceso intelectual solamente; es el proceso de tomar la Palabra de Dios, escudriñarla y descubrir los grandes tesoros que se encuentran ocultos en la Palabra de Dios. Este tipo de personas son las que llevan frutos, unos al ciento, otros al sesenta y otros al treinta, de acuerdo con las oportunidades y las capacidades de cada cual.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo especificó las cosas que son dañinas para el alma. Según San Marcos, él mencionó los cuidados de este siglo, el engaño de las riquezas, y la codicia de otras cosas. Lucas especifica los cuidados, las riquezas y los pasatiempos de la vida. Esto es lo que ahoga la palabra, el crecimiento de la semilla espiritual. El alma deja de obtener su nutrición de Cristo, y la espiritualidad se desvanece del corazón.

“Los cuidados de este siglo”. Ninguna clase de personas está libre de la tentación de los cuidados del mundo. El trabajo penoso, la privación y el temor de la necesidad le acarrean al pobre perplejidades y cargas. Al rico le sobreviene el temor de la pérdida y una multitud de congojas. Muchos de los que siguen a Cristo olvidan la lección que él nos ha invitado a aprender de las flores del campo. No confían en su cuidado constante. Cristo no puede llevar sus cargas porque ellos no las echan sobre él. Por lo tanto, los cuidados de la vida, que deberían inducirlos a ir al Salvador para obtener ayuda y alivio, los separan de él (Palabras de vida del gran Maestro, p. 31).

Vosotros estáis decidiendo vuestro destino eterno. Vuestro orgullo, vuestro amor a las modas mundanas, vuestra conversación vana y frívola, vuestro egoísmo, son todos puestos en la balanza, y el mal pesa temiblemente contra vosotros. Sois pobres, y miserables, ciegos y desnudos. Mientras el mal aumenta y se arraiga profundamente, comienza a ahogar la buena simiente que ha sido sembrada en el corazón… Muchas personas que vi se complacían a sí mismas pensando que eran buenos cristianos, pero en realidad no habían recibido ni un solo rayo de luz procedente de Jesús. No saben en qué consiste ser renovados por la gracia de Dios. Carecen de experiencia propia eficaz en las cosas de Dios. Y vi que el Señor le estaba sacando filo a su espada en el cielo para segarlos. ¡Ojalá que toda persona que profesa tibiamente su creencia pudiese comprender la obra de limpieza que Dios está por realizar entre su pueblo profeso! Estimados amigos, no os engañéis acerca de vuestra condición. No podéis engañar a Dios. Dice el Testigo Fiel: “Conozco tus obras” (Apocalipsis 3:1). El tercer ángel está conduciendo a un pueblo paso a paso cada vez más arriba. A cada paso será probado (Testimonios para la iglesia, tomo 1, p. 175).

Hay una importante obra que los observadores del sábado deben realizar. Sus ojos deben ser abiertos para que vean la verdadera condición en que se encuentran, y además deben ser celosos y arrepentirse, porque si no lo hacen perderán la vida eterna. El espíritu del mundo se ha posesionado de ellos, y han caído cautivos de los poderes de las tinieblas. No prestan atención a la exhortación del apóstol Pablo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2) (Testimonios para la iglesia, tomo 1, p. 421).

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Martes 9 de enero | Lección 02_____________________________________________________

LOS PASOS DE LA CODICIA

Como todos los pecados, la codicia comienza en el corazón. Empieza dentro de nosotros y luego trabaja hacia afuera. Esto es lo que pasó en el Edén.

Lee Génesis 3:1 al 6. ¿Qué hizo Satanás para tentar a Eva a pecar? ¿De qué modo utilizó los mismos principios a través de los siglos para engañarnos a nosotros también?

Génesis 3:1-6

1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?  Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;  pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.  Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;  sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.  Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Gén. 3:6).

Si no conociéramos bien la historia, podríamos pensar que la industria publicitaria obtuvo su ejemplo paradigmático de cómo vender sus productos a partir del relato del Edén. El diablo presentó el fruto del árbol prohibido de tal modo que generó en Eva el deseo de querer más de lo que ya tenía, y hacerle pensar que necesitaba algo que realmente no tenía. ¡Qué brillante! Su caída es una demostración de los tres pasos que cada uno de nosotros da cuando caemos en la avaricia: Lo veo, lo quiero, lo tengo.

La codicia, por supuesto, puede ser un pecado silencioso. Al igual que la lujuria, está escondida detrás del velo de nuestra carne. Pero, cuando finalmente produce frutos, puede ser devastadora. Puede dañar las relaciones, dejar cicatrices en nuestros seres queridos y, después, llenarnos de culpa.

Si permitimos que la codicia aflore, esta anulará cualquier principio. El rey Acab vio la viña de Nabot, la quiso e “hizo puchero” hasta que su reina mandó matar a Nabot (1 Rey. 21). Acán no pudo resistirse cuando vio una prenda y dinero, así que los codició y los tomó (Jos. 7:20-22). En última instancia, la codicia es simplemente otra forma de egoísmo.

“Si el egoísmo es la forma predominante de pecado, la codicia puede considerarse la forma predominante de egoísmo. El apóstol Pablo lo insinúa de manera llamativa al describir los ‘tiempos peligrosos’ [2 Tim. 3:1] de la apostasía final: representa al egoísmo como la raíz prolífica de todos los males que prevalecerán en ese entonces, y la codicia como su primer fruto. ‘La gente estará llena de egoísmo y avaricia’ [2 Tim. 3:2, NVI]” (J. Harris, Mammon [Mamón], p. 52).

¿Por qué es importante reconocer en nosotros todas y cada una de las tendencias a la codicia?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Hace muchos años, cuenta la historia que en la ciudad de Londres, Inglaterra, sucedía algo que estremecía a los habitantes de esa ciudad. Cuando los niños o muchachos venían del campo y llegaban a la ciudad, por no estar familiarizados con las calles y avenidas de Londres, terminaban perdiéndose en la gran ciudad.  Se les podía encontrar deambulando por las calles y era allí donde aparecían unas personas que los ciudadanos londinenses llamaban “espíritus”; éstos ofrecían ayuda a los niños para localizar a sus padres o sus casas. Con un encanto admirable y una fina amabilidad terminaban estas personas perdiendo más a los niños,  para después tomar posesión de ellos y venderlos como esclavos a propietarios de plantaciones en países extranjeros. La historia registra un incontable número de casos donde los padres perdieron a estos pequeños para nunca encontrarlos más en la vida y llorarlos por toda su existencia terrenal. Historias de esta índole rompen el alma y perforan el corazón del humano, con dolor, incredulidad e indignación. Ahora imaginémonos el dolor que sufrió el Padre, cuando supo de la caída de Adán y Eva; pensemos por un momento todo el dolor, sufrimiento, indignación y angustia que habrá sufrido el cielo entero ante semejante mala noticia universal.
Les presentamos al primer comentarista de la Palabra de Dios en esta tierra; se llama Satanás: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? … No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal (Génesis 3).  En su trabajo como comentarista de la palabra de Dios, sólo propuso un pequeño cambio, sólo agregó una pequeña palabra de dos letras “NO” (no moriréis), el cambio fue aceptado y nuestro mundo resultó perdido.
Después de miles de años de este gran engaño, Satanás sigue engañando no sólo a una pareja, sino a millones de personas alrededor del mundo, enseñando la inmortalidad del alma.
Son millones de personas alrededor del mundo, de todas las naciones y de todas las lenguas, que siguen creyendo, escuchando y confiando en el comentarista bíblico más letal, sutil y mentiroso de la historia del universo.
Ahora el padre de la mentira no presenta sus engaños desde un jardín, ni lo hace disfrazado de serpiente; ahora engaña desde los púlpitos de las iglesias, disfrazado de ministro, sacerdote, siervo, rabí, gurú, y falso profeta… Incluso engaña disfrazado de líder militar o de político, enseñando que la vida no tiene mucho valor e instan a multitudes a sacrificar sus vidas en los conflictos y guerras por causas innecesarias y sin valor, de esa manera han sellado para muerte eterna, la vida de millones y millones de personas en toda la existencia de este planeta tierra.
Satanás siempre ataca la parte más débil del humano. Si nosotros sabemos cuál es la parte más débil de nuestra vida, esa parte tenemos que cuidarla más que las demás partes, pues es allí donde Satanás dirigirá su ataque primeramente.
Felizmente somos fácilmente arrastrados al adulterio y no al asesinato; esto creyó David, y después del adulterio, Satanás hizo como le plació y arrastró a David también al asesinato. Una vez que hayamos cedido en nuestras partes más débiles, las partes fuertes que nos quedaban serán derrumbadas como paredes de hojarasca.
Eva contempló el fruto prohibido, y el resultado fue la muerte; Acán contempló las barras de oro, y el resultado fue la muerte; Acab contempló la viña de Nabot, y el resultado fue la muerte.
En los capítulos 1 y 2 de Génesis podemos leer muchas veces la frase; “y dijo Dios”. Ahora en el capítulo 3 aparece la frase: “y dijo la serpiente”. Siempre después de la Palabra de Dios, viene la palabra del diablo. Esto sucedió en el Edén y aún sigue sucediendo en nuestros días; Dios habla, y luego aparece Satanás para distorsionar la Palabra de Dios.
Interesantemente Dios nos ha hablado a través de ministros, de profetas, de apóstoles, de pastores, y maestros; pero Satanás habló a través de una serpiente.
En nuestros días modernos Satanás nos habla por los diferentes medios de comunicaciones que existen, y muchas veces nos habla por nuestros propios hermanos de la iglesia.
Mientras desde el púlpito se está predicando la necesidad de practicar el amor, la unidad y la fe, muchas veces el que está a nuestro lado nos está susurrando al oído todo lo contrario.
Muchas veces nosotros somos las serpientes que usa Satanás en las iglesias para susurrar a nuestros hermanos ir en contra de los principios divinos.  Este tipo de pecado es doblemente castigado por el Cielo, ya que no sólo nos estamos perdiendo nosotros, sino que estamos siendo ministros del infierno para llevarnos a otros con nosotros.
Cuenta la historia de los imperios rusos, que el zar o rey tenía tres tipos de condecoraciones para sus súbditos. Una de esas condecoraciones era para esas personas favoritas de ellos; también había una condecoración para los héroes de la nación. Pero había una tercera condecoración que los reyes de Rusia daban a todos aquellos que no eran personas de su agrado, personas que se interponían en su camino. Cuando ellos  ponían el pin en la ropa de los condecorados, la parte de atrás del pin, es decir la aguja, estaba llena de veneno y al hacer contacto con la piel de la persona, vertía su veneno. Al día siguiente el condecorado era encontrado muerto por la mañana y la causa de la muerte era apoplejía.
 
Satanás también ofreció una brillante condecoración a Adán y Eva: serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal…” (Gén 3:5) la condecoración estaba envenenada: “…porque la paga del pecado es muerte” (Rom 6:23). De allí proviene la apoplejía pecaminosa y mortal.
Después de una noche tormentosa, es hermoso abrir los ojos para contemplar el sol de un nuevo día que imparte vida y calor; es hermoso abrir los ojos para el que ha pasado una noche entera en la cama sufriendo el dolor de una enfermedad y poder contemplar un nuevo día que promete esperanza de una mejoría física; es hermoso abrir los ojos para contemplar nuestro destino después de un arduo viaje.
 
La serpiente dijo: “…serán abiertos vuestros ojos” pero, lamentablemente, estas palabras nunca fueron hermosas para Adán y Eva.
 
Cuando Adán y Eva lograron abrir los ojos, sólo pudieron contemplar horror, angustia, separación, desilusión, remordimiento, dolor, enfermedad y muerte. Esas palabras siguen siendo muy ingratas y penosas para nosotros también, cuando logramos abrir los ojos al pecado y perdemos nuestra inocencia. Abrir los ojos al pecado nunca fue, nunca ha sido y nunca será bueno para la humanidad.
 
Es oportuno en este momento que volvamos a entonar esta amonestación cantada:

Tentado, no cedas; ceder es pecar;
más fácil sería luchando triunfar.
¡Valor! Pues, resuelto, domina tu mal;
Dios puede librarte de asalto mortal.
Coro: En Jesús, pues, confía;
en sus brazos tu alma
hallará dulce calma;
él te hará vencedor.
Evita el pecado, procura agradar
a Dios, a quien debes por siempre
ensalzar;
no manche tus labios impúdica voz;
preserva tu vida de ofensas a Dios.
Amante, benigno y enérgico sé;
en Cristo, tu amigo, pon toda tu fe;
rinde a Dios tu vida, ríndele tu ser;
corona te espera y vas a vencer.
 
¡A Dios gracias, que nos da la victoria en Cristo!
 

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La serpiente contestó a Eva que el mandato de Dios, que les prohibía comer del árbol del conocimiento, era para mantenerlos en tal estado de subordinación que no pudieran obtener conocimiento, que era poder. Le aseguró que el fruto del árbol era deseable más que todos los otros árboles del huerto para hacerles sabios, y exaltarlos hasta ser iguales a Dios. El —le dijo la serpiente— les ha prohibido la fruta del único árbol, entre todos los árboles, más deseable por su sabor delicioso e influencia ensalzador.

Eva creyó que el discurso de la serpiente era muy sabio, y que la prohibición de Dios era injusta. Miró con deseo anhelante el árbol cargado de fruta, que parecía deliciosa. La serpiente la estaba comiendo con aparente deleite. Ella deseaba esta fruta más que toda otra a la cual Dios le había dado perfecto derecho de comer (Confrontation, pp. 13, 14).

Un espíritu mundano, codicioso y egoísta predomina en la vida de muchos. Quienes lo poseen solo buscan lo que satisface sus intereses personales. El hombre rico egoísta no se interesa en las cosas de sus vecinos, a menos que sea para descubrir cómo puede beneficiarse perjudicándolos. Los aspectos nobles y piadosos se dejan de lado y se sacrifican en aras de los intereses egoístas. El amor al dinero es la raíz de todos los males. Enceguece la visión e impide que la gente discierna sus obligaciones a Dios o al prójimo (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 421).

Todo egoísmo es codicia, y por lo tanto es idolatría. Muchos que han hecho inscribir sus nombres en los libros de la iglesia como creyentes en Dios y en la Biblia, están adorando los bienes que el Señor les ha confiado para que ellos fuesen sus administradores. No se inclinan literalmente ante su riqueza terrenal, pero ésta de todos modos es su dios. Son adoradores de Mamón. Honran las cosas de este mundo con un homenaje que pertenece al Creador. El que ve y conoce todas las cosas registra la falsedad de su profesión de piedad (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 235).

La benevolencia constante y abnegada es el remedio de Dios para los pecados ulcerosos del egoísmo y la codicia. Dios ha dispuesto que la benevolencia sistemática sostenga su causa y alivie las necesidades de los sufrientes y menesterosos. Ha ordenado que la dadivosidad se convierta en un hábito que puede contrarrestar el pecado peligroso y engañoso de la codicia. Dar continuamente da muerte a la codicia. La benevolencia sistemática está concebida en el plan de Dios para arrancarle los tesoros al codicioso tan pronto como son ganados y consagrarlos al Señor, a quien le pertenecen (Testimonios para la iglesia, tomo 3, p. 601).

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Lección 02 | Miércoles 10 de enero________________________________________________

LA CODICIA: HACER LAS COSAS A TU MANERA

Lee Isaías 56:11. ¿De qué pecado nos advierte?

Isaías 56:11

11 Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado.

Para nosotros, que somos seres caídos, la codicia puede ser tan fácil como respirar. Y tan natural, también. Sin embargo, es difícil imaginar algo en el carácter humano que refleje menos el carácter de Cristo que la codicia. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor. 8:9).

Solo el Señor conoce el daño que la codicia ha causado a lo largo de la historia. La codicia ha derivado en guerras. La codicia ha hecho que la gente cometa delitos que acarrearon la ruina sobre sí misma y sus familias. La codicia puede ser como un virus que se aferra a su huésped y consume todas las virtudes hasta que todo lo que queda es cada vez más codicia. La avaricia es una enfermedad que lo quiere todo: pasión, poder y posesiones. Nuevamente, lo veo, lo quiero, lo tengo.

Lee Mateo 26:14 al 16. ¿Qué podemos aprender del poder de la codicia en esta triste historia?

Mateo 26:14-16

14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes,  15 y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.  16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

Observa las palabras de Judas: “¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?” (Mat. 26:15). ¡Hablando de permitir que la codicia invalide todo lo demás! Judas había sido un privilegiado como pocos en toda la historia: vivió con el Jesús encarnado, presenció sus milagros y lo oyó predicar las palabras de vida. Y, sin embargo, mira lo que la avaricia y la codicia lo indujeron a hacer.

“¡Cuán tiernamente obró el Salvador con aquel que habría de entregarlo! En sus enseñanzas, Jesús se espaciaba en los principios de la benevolencia que herían la misma raíz de la avaricia. Presentó ante Judas el odioso carácter de la codicia y, más de una vez, el discípulo se dio cuenta de que su carácter había sido pintado y su pecado señalado; pero no quería confesar ni abandonar su injusticia” (DTG 261).

¿Quién, si no se cuida, no manifiesta alguna codicia en su propio carácter? ¿Cómo podemos, por la gracia de Dios, mantener bajo control esta tendencia natural?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Lucas dice que Jesús oró toda una noche en las montañas, antes de elegir a sus discípulos. Eso lo encontramos en el libro de Lucas, capítulo 6.
12 En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.  13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles:  14 a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15 Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, 16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.
 
 
Jesús  creyó que los Doce eran el regalo de Dios para él:
He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son  (Juan 17)
 
¿Fue Judas una contestación a la oración de Cristo? ¿Cómo hemos de entender lo que sucede aquí, fuera de que aun en la traición y la apostasía de Judas el propósito de Dios había de cumplirse?   8 Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad.  (2 Corintios 13)
Si Judas hubiera muerto antes de Jesucristo, o hubiera muerto de la misma manera en que murieron los demás apóstoles, posiblemente habría catedrales, iglesias, universidades, escuelas, hospitales y centros de caridad y beneficencia con su nombre; pero no es así, nadie escoge el nombre de Judas Iscariote para ninguna institución.
También son contados con los dedos de las manos los padres que usan el nombre de Judas para sus hijos. Casi podemos decir que nadie usa ese nombre, ya que ese nombre, nosotros los humanos, lo relacionamos inmediatamente con maldad y traición.
Tenemos que recordar que todos nosotros en algún momento de la vida hemos sido un “Judas” para Cristo. En cualquier momento de la vida hemos sido traicioneros, tanto de Cristo y de su evangelio. Lo peor es que se acercan los días cuando se van a descubrir miles y millones de “Judas” que conforman nuestras filas, “Judas” que ante la presión o el peligro, desertarán de la iglesia, abandonarán el evangelio y traicionarán a Cristo. ¡Que Dios nos libre de convertirnos en traidores como Judas!
Aparentemente se podría decir que el carácter de Judas era transparente y admirable. No era saduceo; lejos de ser frívolo y materialista, tenía tendencias religiosas muy fuertes y también tenía una conciencia aparentemente equilibrada. Elena de White lo pinta con un inicio plausible en el grupo. Un analista de personal hubiera considerado que, entre los Doce, el “hermano” Judas era el más capaz.
Su problema era que su conciencia no se sentaba en el trono que le correspondía, la conciencia de Judas no era un elemento que usaba para guiarse a sí mismo, su avaricia dominaba su conciencia.
Judas no esperó que el diablo llegara a él; él fue a buscar al diablo. Su avaricia se adueñó de su razonamiento, su juicio, de su voluntad. Judas creó su propia tentación, él mismo fue adonde el jefe de los sacerdotes y preguntó: ¿Cuánto quieren darme…? 
Al igual que Judas, muchos cristianos nos hemos quedado atrapados en el mundo, por formular la misma pregunta. Si Satanás golpea al corazón, dile desde el primer momento: ¡NO! Vete de mí, Satanás. Dialogar con el engañador es peligrosísimo.
14 Uno de los doce discípulos, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes 15 y les dijo: —¿Cuánto me quieren dar, y yo les entrego a Jesús? Ellos le pagaron treinta monedas de plata. 16 Y desde entonces Judas anduvo buscando el momento más oportuno para entregarles a Jesús. (Mateo 26)
 
Judas tenía mucho potencial y podría haber sido otro Pablo; pero fue en una dirección equivocada. Lo que pudo ser para él una exitosa experiencia de Getsemaní fue, en cambio, como la ruinosa caída del Edén.
“[Judas] había fomentado el mal espíritu de la avaricia, hasta que éste había llegado a ser el motivo predominante de su vida. El amor al dinero superaba su amor por Cristo” (DTG 663).
“Cuando Jesús alimentó a los cinco mil, Judas captó el valor político del milagro y “puso en pie el proyecto de tomar a Cristo por la fuerza y hacerlo rey” (ibíd., pp. 665, 666). Pero, Jesús denunció el intento, y allí comenzó el desencanto de Judas: “Sus esperanzas eran grandes y su desencanto fue amargo” (p. 666). 
Obviamente, Judas y otros creían que Jesús usaría sus poderes para establecer un reino terrenal, y Judas quería un lugar en ese reino. Cuán trágico fue que su deseo de un lugar en un reino temporal le hiciera perder un lugar en el reino eterno.
Todo lo que Judas podía ver era el dinero, y su amor al dinero opacaba su amor a Jesús. Esta fijación con el dinero y el poder condujeron a Judas a ponerle precio a Jesús (Mateo 26:15). Desde entonces, entró Satanás en Judas” (Lucas 22:3). Y Judas fue un alma perdida.
 
Lo que empujó a Judas a cometer la traición en contra de Jesús no fue un impulso divino, no fue por cumplir una obligación civil, no fue porque odiaba a Cristo, sino que fue por avaricia.
 
Judas fue el apóstol que condenó abiertamente el regalo aromático con el cual María ungió a Jesús. Después de que Jesús defendió a María por su acción, Judas salió directamente al palacio del sumo sacerdote, donde formuló la infame pregunta: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?”
 
Treinta piezas de plata fueron las que pagaron por Jesús, que era el precio estipulado para un siervo o esclavo. 32 Si el buey acorneare a un siervo o a una sierva, pagará su dueño treinta siclos de plata, y el buey será apedreado.” (Éxodo 21)
En Zacarías 11 versículo 13, encontramos una profecía acerca del precio que pagarían por Jesús; el texto reza: 12 Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata.  13 Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro.” Dicho sea de paso, hay algunas religiones que creen que Jehová es el Padre, este texto también nos indica que el Jehová del Antiguo Testamento, es el mismo Jesucristo del Nuevo Testamento.
Lucas 22 declara Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce”.  Treinta piezas de plata es un insignificante dinero para traicionar al Maestro del cual Judas estuvo aprendiendo por tres años. En tres años de discipulado, Judas escuchó los más hermosos sermones dados en esta tierra; contempló la vida más santa que el mundo conoció, la de Jesús; presenció milagros que dejaban atónitos a sus testigos, y tuvo el privilegio de ser llamado discípulo de Jesús; también se le dio el privilegio  de pertenecer al colegio más pequeño, más selecto, y más sublime que haya podido existir en toda la historia de este mundo, como lo fue el santo colegio apostólico.
 
 
A pesar de eso, Judas fue un traicionero. En verdad, nunca debemos esperar pureza de ninguna sociedad que se encuentra a este lado de la eternidad: mientras más grande sea la profesión que el hombre haga de su religión, está propenso y expuesto a que su caída sea más grande también.
 
Estaba escrito que Jesucristo iba a morir. ¿Cómo caería en las manos de sus enemigos? ¿Lo capturarían en un conflicto? ¿Trataría Jesús de huir de sus enemigos hasta que no fuera posible esconderse más? ¿Se entregaría él solo a sus enemigos? ¿Sería tomado prisionero accidentalmente y por coincidencia? La copa de la amargura que Cristo necesitaba tomar comenzaba con la traición de uno de sus seguidores. Judas era un siervo de Cristo, posiblemente un siervo confidencial; más que eso, era un amigo, un amigo íntimo de Jesús; Judas era un predicador. Judas era un miembro confidencial de alto rango en el cuerpo de los apóstoles; a Judas se le habían confiado las finanzas del partido de Jesús. Él cargaba con la bolsa del dinero de ese selecto grupo: era el tesorero, cajero y contador de los Doce.
 
El elemento más abominable en el crimen de Judas es la traición. La mayoría de nosotros olvidamos fácilmente cualquier mal que provenga de un enemigo declarado, pero no olvidamos fácilmente la traición de un amigo íntimo.  
Judas conocía la vida de Cristo, su santidad, sus hábitos, sus horas de meditación y de oración, sus lugares preferidos. Teniendo todo ese conocimiento íntimo de su Maestro, le era fácil entregarlo. Por su traición, escribimos el crimen y el nombre de Judas, con una tinta más especial y más negra que las demás tintas.
 
Concluimos con el arrepentimiento de Judas. Tristemente el arrepentimiento de Judas fue para muerte, y posiblemente para muerte eterna. Todo hombre que se arrepiente solamente de las consecuencias, simple y sencillamente no se está arrepintiendo. Los asesinos se arrepienten de sus condenas, pero no se arrepienten de sus asesinatos.  Nosotros medimos nuestros pecados por nuestras consecuencias, pero Dios no lo hace de la manera que nosotros lo hacemos.
Después de su pecaminoso negocio, Judas,  con una endurecida conciencia, hizo lo que es más vergonzoso y triste: fue y se quitó la vida.  ¿Ahorcado o despeñado? ¿Cómo fue la verdadera muerte de Judas?
 
Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó. (Mateo 27)
 
18 Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. (Hechos 1)
 
La respuesta correcta es Mateo 27: Judas fue y se ahorcó; de esa manera murió, de eso fue testigo Mateo.
 
“Más tarde ese mismo día, en el trayecto del tribunal de Pilato al Calvario, se produjo una interrupción en los gritos y burlas de la perversa muchedumbre que conducía a Jesús al lugar de la crucifixión. Mientras pasaban por un lugar retirado, vieron al pie de un árbol seco, el cuerpo de Judas. Era un espectáculo repugnante. Su peso había roto la soga con la cual se había colgado del árbol. Al caer, su cuerpo había quedado horriblemente mutilado, y los perros lo estaban devorando. Sus restos fueron inmediatamente enterrados; pero hubo menos burlas entre la muchedumbre, y más de uno revelaba en su rostro pálido sus pensamientos íntimos. La retribución parecía estar cayendo ya sobre aquellos que eran culpables de la sangre de Jesús.” (Deseado de todas las gentes, pág. 670,2)
 
 La lección de Judas nos enseña a que escudriñemos el estado verdadero de nuestro corazón. Encontramos en Judas a un hombre que supo la verdad bíblica, predicó la verdad, y que posiblemente realizó milagros también, pero al final, se perdió.
El problema de Judas fue una religión hipócrita; todo aquel que practica una religión hipócrita es raramente recuperado, engaña a otros y también se engaña a sí mismo.
También aprendemos que el progreso del pecado en nuestras vidas es casi imperceptible. Cuando un hombre entra en el camino de la transgresión, nunca sabe dónde va a parar.
Judas nunca imaginó de su infame traición y de su triste muerte, cuando al principio del ministerio de Cristo aceptó la invitación de ser un discípulo de él.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Un poco antes de la Pascua, Judas había renovado con los sacerdotes su contrato de entregar a Jesús en sus manos. Entonces se determinó que el Salvador fuese prendido en uno de los lugares donde se retiraba a meditar y orar. Desde el banquete celebrado en casa de Simón, Judas había tenido oportunidad de reflexionar en la acción que había prometido ejecutar, pero su propósito no había cambiado. Por treinta piezas de plata —el precio de un esclavo— entregó al Señor de gloria a la ignominia y la muerte.

Judas tenía, por naturaleza, fuerte apego al dinero; pero no había sido siempre bastante corrupto para realizar una acción como ésta. Había fomentado el mal espíritu de la avaricia, hasta que éste había llegado a ser el motivo predominante de su vida. El amor al dinero superaba a su amor por Cristo. Al llegar a ser esclavo de un vicio, se entregó a Satanás para ser arrastrado a cualquier bajeza de pecado (El Deseado de todas las gentes, p. 663).

[Cristo] trató de curar [el] estrecho egoísmo [de Judas] por medio del contacto con su propio amor abnegado. En su enseñanza desarrolló principios que tendían a desarraigar las ambiciones egoístas del discípulo. Así le dio una lección tras otra, y más de una vez Judas se dio cuenta de que se había descripto su carácter y se había señalado su pecado; pero no quiso ceder.

Al resistir a las súplicas de la gracia, el impulso del mal triunfó finalmente. Judas, enojado por una velada reprensión, y desesperado al ver desmoronarse sus sueños ambiciosos, entregó su alma al demonio de la avaricia y decidió traicionar a su Maestro. Salió del aposento donde se celebró la Pascua, del gozo de la presencia de Cristo y de la luz de la esperanza inmortal, a hacer su obra perversa, a las tinieblas exteriores, donde no había esperanza (La educación, p. 92).

Acán albergó avaricia en su corazón hasta que ella se hizo hábito en él y le ató con cadenas casi imposibles de romper. Aunque fomentaba este mal, le habría horrorizado el pensamiento de que pudiera acarrear un desastre para Israel; pero el pecado embotó su percepción, y cuando le sobrevino la tentación cayó fácilmente (Patriarcas y profetas, p. 530).

Satanás pone en obra proyectos que producirán en las mentes de nuestros hermanos un gran deseo de probar fortuna, tal como en la lotería. Uno y luego otro son halagados por una gran esperanza de ganancia financiera si invierten su dinero en terrenos; de manera que retiran sus recursos de nuestras instituciones y los sepultan en la tierra, donde la causa del Señor no recibe ningún beneficio.

Luego, si uno de ellos tiene éxito, queda tan alborozado por el hecho de haber ganado algunos pocos cientos de dólares que decide seguir tratando de obtener más dinero si es que puede. Sigue invirtiendo en bienes raíces o en minas. Y así es como el proyecto de Satanás tiene éxito, porque en lugar de fluir los fondos hacia la tesorería, éstos son retirados de nuestras instituciones a fin de que sus dueños prueben fortuna en el negocio de las minas o de la especulación con terrenos. Así se estimula el espíritu de codicia y el hombre naturalmente tacaño regatea cada peso que se pide para ser usado en el adelantamiento de la causa de Dios en la tierra (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 252).

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Jueves 11 de enero | Lección 02____________________________________________________

EL AUTOCONTROL

¿Qué dicen los siguientes versículos, que nos ayuda a entender de qué manera la gente, rica o pobre, puede protegerse de los peligros que la codicia, la avaricia y el amor al dinero y a las cosas materiales puedan presentarle al cristiano?

Hechos 24:24-26

24 Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.  25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.  26 Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él.

Gálatas 5:22-25

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.  24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.  25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

2 Pedro 1:5-9

vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;  al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;  a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.  Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.  Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados.

Estos versículos son muy ricos y están llenos de muchos preceptos divinos sobre cómo debemos vivir. Pero observa un hilo común: el autocontrol. Este rasgo puede ser particularmente difícil de ejercer cuando se trata de la codicia, la avaricia y el deseo de poseer cosas. Solo mediante el autocontrol, primero de nuestros pensamientos y luego de nuestras acciones, podemos estar protegidos de los peligros de estas cosas de las que hemos estado hablando.

Podemos ejercer ese control solo en la medida en que nos entreguemos al poder del Señor. Nadie, por sí solo, puede vencer estos rasgos pecaminosos, especialmente si se han cultivado y acariciado por mucho tiempo. Realmente necesitamos la obra sobrenatural del Espíritu Santo en nuestra vida si queremos obtener la victoria sobre estos engaños poderosos. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Cor. 10:13).

Vuelve a leer 2 Pedro 1:5 al 9. ¿Cuál es el camino que Pedro señala? ¿Cuáles son sus pasos y cómo podemos aprender a seguirlos, especialmente en nuestra lucha contra la codicia y la avaricia?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

2 Pedro 1:5-7

vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. (Énfasis añadido)

La palabra traducida  como “añadid” alude a una antigua costumbre griega, de donde se toma esta palabra. El vocablo “añadir” se refiere a ser el líder de un coro, proveer o formar un coro, pagado con su propio dinero.

Los griegos tenían la costumbre de adorar a sus dioses con coros pagados. Cuando el poeta terminaba la lírica de una canción, la llevaba adonde el alcalde de la ciudad, llamado “arcón” El Alcalde de la ciudad recurría a las personas pudientes de la ciudad, llamadas coragos o coregos. Los “coragos” reunían un coro, contrataban al director del coro, y después de un tiempo de ensayo, presentaban la canción del poeta al pueblo, quienes eran deleitados por la pieza musical.

El premio para el corago era un trípode consagrado a ellos y, en muchos casos, se les erigía un monumento. En la ciudad de Atenas había una calle llena de estos trípodes y monumentos; los atenienses conocían esta calle como  “la avenida de los trípodes.”

También los coragos eran representantes de las diferentes tribus en los festivales públicos y en los servicios religiosos de victoria de la nación. Estos líderes de coro no eran cantantes ni músicos, sino que financiaban de su propio dinero todos los gastos en que se incurría para formar un coro.

De allí se toma la palabra “añadir”, que significa proveer lo que se necesita. 

En este caso la fe es el líder del coro. La virtud, el conocimiento, el dominio propio, la paciencia, la piedad, el afecto fraternal  y el amor,  todos ellos se reúnen bajo la dirección de la fe, para rendir alabanza a Cristo, por medio de una vida obediente y santa. La fe organiza, sostiene el coro y tiene un lugar especial para cada miembro de su banda; cuando los integrantes ya están reunidos, la fe se encarga de entrenarlos para obtener la armonía correcta en la vida espiritual.

Cuando la fe se destiempla o se torna defectuosa, el resultado es como si el primer violín no sonara en la filarmónica, o si la trompeta no sonara en la escena de la resurrección de El Mesías de Handel. 

 

Gálatas 5:22-23

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Estos son los diferentes nombres que se da a los frutos del Espíritu en por lo menos 20 versiones de la Biblia que existen en la actualidad:

Amor o caridad

Gozo o alegría

Paz

Paciencia o tolerancia

Benignidad, amabilidad o gentileza

Bondad

Fe, fidelidad o lealtad

Mansedumbre o humildad

Dominio propio, templanza o temperancia

El AMOR

El amor es el primer gran fruto del Espíritu Santo y posiblemente la base para los demás frutos.

El amor se encuentra en los demás frutos del Espíritu; por ejemplo, encontramos que la paz es el amor en reposo, encontramos que la paciencia es el amor en la prueba, y encontramos que la fe es el amor que cree.

También descubrimos que la gentileza es el amor trabajando en sociedad; la amabilidad es el amor en acción con todos los que nos rodean. La gentileza es como un suave aceite perfumado puesto en una lámpara, que despide una exquisita fragancia; además, da calor y también da luz. La gentileza agrada a todos los miembros de una familia, agrada a los miembros de una iglesia y también agrada a los miembros de una sociedad.

La temperancia es el amor que practica la disciplina. La temperancia es el acto de amar nuestro cuerpo, cuidándolo y enseñándonos a ejercer disciplina en nuestras acciones, por amor a nosotros mismos.

La mansedumbre o la humildad, es el amor en la escuela. La mansedumbre es la disciplina que nos ayuda a aprender los defectos de carácter que poseemos, siendo “ayudados” en esta tarea por el mundo hostil que nos rodea y muchas veces por nuestros propios hermanos ásperos. La humildad es la escuela donde aprendemos a mejorar nuestros talentos, aprendemos a amoldar nuestro carácter y a suavizar nuestra personalidad.

Por lo tanto el amor se encuentra como base y fundamento para los demás frutos del Espíritu.

Los primeros tres frutos del Espíritu nos ayudan especialmente en nuestra relación con Dios, y los últimos frutos nos ayudan especialmente en la relación con nuestro prójimo.

El amor nos une a Dios; el gozo nos ayuda a tener acción de gracias para con Dios; la paz nos ayuda a descansar, a tener reposo en Dios. También la paz nos ayuda a tener reposo con nuestros hermanos. Por lo tanto, el tercer fruto del Espíritu, que es la paz, es un fruto intermedio, ya que es el último que nos ayuda en nuestra relación con Dios y es el primero que nos ayuda en la relación con nuestro prójimo.

La gentileza, la bondad, la lealtad, la humildad y el dominio propio, tienen que ver con las relaciones entre humanos directamente.

Con el amor, el gozo, y la paz damos testimonio al Cielo de que somos hijos de Dios; con la paz, la gentileza, la bondad, la lealtad, la humildad y el dominio propio, damos testimonio al mundo de que somos hijos de Dios.

Si contemplamos al mundo antes de la primera venida de Jesús a esta tierra, no vamos a encontrar ni una institución de misericordia en la tierra. Busquemos un hospital, un asilo para ancianos, un orfanato; busquemos un refugio para aquellos que se quedaron sin hogar, busquemos una agencia de caridad para el enfermo y el necesitado de urgencia y no se la encuentra.

La cultura de las naciones de la cultura clásica en los días de Jesús y los apóstoles, eran tan frías como el hielo, y tan duras como la piedra. Pero la venida de Jesús a este mundo cambió esa forma de ser. El corazón lleno de amor del Dios encarnado, prendió a este mundo en un santo fuego de amor. La nueva y naciente iglesia cristiana, se prendió en fuego e hizo erupción en diferentes obras de caridad.

Tanto Jesús como los apóstoles trabajaron incesantemente en el don de la sanidad. Incontable número de almas encontraron descanso a sus largas, penosas y terribles enfermedades. Por medio de las manos llenas de amor de Cristo y de sus discípulos se inició en este mundo el ministerio de salud global.

Tan pronto como aparecieron las viudas y los huérfanos en la iglesia cristiana, los apóstoles hicieron una provisión económica para ellos y también eligieron un grupo especial para atenderlos. Ellos son “la sagrada orden del diaconado”. En verdad, los diáconos son los ministros de caridad para todos los pobres y necesitados que tiene la iglesia de Cristo en este mundo.

Con la venida de Cristo a este mundo y también con la venida del Espíritu Santo, comienza aquí en la tierra “la ley de las almas”, una ley basada en el amor, que no existía antes en el mundo pagano.

La iglesia cristiana que instituyó Cristo y confirmó el Espíritu Santo, demostró al mundo una nueva manera de vivir. Enseñó al mundo a vivir en comunidad, no en comunismo, como lo hacen los que no creen en Dios, sino en comunidad.

Llegó a ser una comunidad en la que se compartían la simpatía y el amor, el gozo así como las aflicciones; más tarde compartieron el hambre, la sed, la pobreza, la desnudez y hasta la misma muerte.

La iglesia cristiana ha demostrado desde un principio una inventiva para demostrar la caridad; siempre buscó la manera correcta para aplicar la ayuda de amor y de misericordia de Dios, para afrontar exitosamente todas las formas del sufrimiento humano.

El amor a Dios hace que las obligaciones de la iglesia sean fáciles y placenteras. Si falta el amor a Dios, entonces nuestra religión se convierte en una pesada carga, algo muy difícil de llevar. Si nuestro trabajo para la iglesia es aburrido, difícil de llevar y demasiado pesado, entonces nos está haciendo falta el más importante de los frutos del Espíritu: nos hace falta el amor.

El amor lanza fuera el temor. El amor elimina todo aquello que es inconsistente con el mismo amor; el amor prende en el hombre la aspiración por ser santo, el amor hace fácil la obediencia, el amor empuja al hombre al sacrificio propio, el amor embellece el alma.

GOZO

¿Qué es gozo? Al igual que el amor, el gozo parece eludir y escapar de una definición acertada. A manera de definición, podemos decir que “gozo es una expresión externa de la felicidad interna, que es absorbente y real”. Un verdadero gozo se puede contemplar en el rostro de un niño cuando está gritando de emoción en algún juego, absorbido por el éxtasis del momento.

El gozo es un principio muy bueno por diferentes razones:

-El gozo en nosotros es bueno para Dios: le da mucho honor a Dios, cuando el mundo puede ver que su pueblo, es un pueblo feliz.

-El gozo es bueno para nosotros los cristianos, porque nos hace muy fuertes: “No estén tristes, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza” (Nehemías 8: 10)

-El gozo es bueno para nuestros hermanos, ya que puede reconfortar y consolar.

-El gozo es bueno para los inconversos porque, cuando ellos ven el gozo del cristiano, les despierta curiosidad y admiración, y muchas veces ellos mismos llegan a ser cristianos.

El perfecto amor y el gozo perfecto son inseparables. La santidad y la felicidad son una sola cosa; de hecho, en filosofía se asevera que la santidad es la máxima expresión de la felicidad. De la misma manera que el amor y el gozo son inseparables, lo opuesto a ellos dos son también dos cosas inseparables. Nunca podremos separar el odio y la tristeza.

La criatura llega a ser miserable si su corazón es diferente al corazón de su Creador.

Hay una gran diferencia entre el verdadero gozo de un cristiano y el gozo que experimenta el mundo. El gozo del mundo es un gozo veloz, corto y violento; se parece a un relámpago. Suele asociarse la alegría con el bien pasajero e incompleto.

El gozo del cristiano es estable y duradero, sincero y refinado; parece la luz de una estrella. El gozo del cristiano es como una concha en el fondo del océano, que permanece sin ser perturbada por la violencia de las olas. Vivir con una santa calma, es un fruto que nada más lo obtienen quienes caminan por los linderos del cielo.

El gozo del cristiano es duradero. La historia cuenta que cuando los persas obtenían la victoria sobre otra nación,  escogían al más noble de los vencidos y lo convertían en rey por tres días. En esos tres días, lo vestían con las mejores ropas que un rey podía tener, lo agradaban con todos los deseos que a la realeza se le podía antojar y al final de esos tres días, lo sacrificaban como una ofrenda a la necedad. Esa es la suerte de la gente que tiene un gozo pasajero y terrenal: es un corto tiempo de gloria, con una majestuosidad burlona, que lo acompaña una conciencia culpable, y le anticipa un funesto desastre.

Natanael interrogó: “¿Puede algo bueno salir de Nazaret?” Esta sigue siendo la pregunta de muchos, en nuestros días modernos: ¿Puede algo bueno o placentero salir de la religión que instituyó el menospreciado Nazareno? La respuesta es un categórico sí. El mundo debería estar a la expectativa contra la mala representación que nosotros damos de nuestra religión; la ignorancia y el esclavizante miedo producen muchas falsas nociones y también absurdas prácticas en nuestra iglesia.

El verdadero cristianismo incluye el gozo. El gozo es uno de los argumentos más nobles y enriquecedores que tiene el cristianismo, para dar el testimonio correcto de nuestra religión. Tristemente, si no tenemos al Espíritu Santo, tampoco tenemos gozo, presentando de esa manera al mundo, una religión sombría, triste, desanimada y nada atractiva.

-El gozo es santo

-El gozo eleva al ser humano

-El gozo conduce al sacrificio

-El gozo satisface el alma

-El gozo no depende de las circunstancias; el gozo siempre es un gozo gozoso.

PAZ

La tierra ha estado llena de guerras. La guerra no es algo nuevo. La guerra es una de las características más viejas que existen en la sociedad. Desde que el hombre pudo hacerse daño, los pleitos han sido populares.

Unas razas han luchado contra otras razas, naciones contra naciones, islas contra islas; la guerra ha sido un elemento muy fuerte en la naturaleza humana.

Si leemos la historia, encontramos toda esa lista de guerras en letras rojas. La historia nos habla muy poco de los triunfos de la paz, pero nos habla mucho de los triunfos de la guerra. La historia puede definirse como 21 siglos escritos en libros de pasta a pasta, hablándonos de los triunfos de la guerra.

¿Triunfos de la guerra? La guerra no tiene triunfos; la guerra es todo un desastre: todo es calamidad, todo es destrucción, todo es ruina, y todo es muerte.

Mientras estemos en el mundo, nos tocará tratar con personas que son extrañas a nosotros, enemigas de la religión. ¿Podemos tener paz con esas personas? Nunca podremos alcanzar una unidad de espíritu con esas personas, pero estamos obligados a actuar de tal manera, que no seamos causa de ofensa para ellos.

Estamos obligados a trabajar en hacer nacer una buena relación con ellos y nunca provocarlos a descontentos. Si aun procediendo bien con ellos no logramos tener paz con ellos, aún nos queda una herramienta por usar, una herramienta que nunca podemos olvidar. Esa herramienta se llama oración. Hay una oración que debemos ofrecer, especialmente por nuestros enemigos.

Si en verdad queremos vivir y tener paz, dejemos de andar hablando mal de las otras personas; tenemos que juzgarlas favorablemente y solamente hablar de las virtudes que tienen. Cuando se abre una brecha en la amistad con una persona, es nuestra obligación tratar de cerrarla, en vez de abrirla más.

Hay varios tipos de paz:

-La paz circunstancial: nace de acuerdo con su misma descripción, nace de acuerdo con las circunstancias. Nace de una buena salud, de una buena posición, de amigos, familiares, de un buen trabajo, de una familia feliz, de demostraciones de cariño, y también de la prosperidad. Este tipo de paz no es la paz de Dios; este tipo de paz hace nacer para sí un par de alas, que le ayuda a escaparse lo más pronto posible.

-La paz mundial, llamada así por el esfuerzo que hacen las naciones para evitar las guerras.

-La paz del diablo. Esta es la paz que impone el hombre más fuerte, el que hace uso de armas y de la fuerza (sin provocación). Irónicamente, usa la violencia y la fuerza para imponer la paz y el respeto sobre sus bienes, propiedades, ideas, religión, o nación.

-Y al final tenemos la paz espiritual.

La paz espiritual es la gran calma que obtenemos en nuestra conciencia cuando contemplamos el sacrificio de Cristo; un sacrificio que es suficiente para salvar al pecador. Nuestras almas son pacificadas por Cristo, a través de la serenidad y la simpleza de la fe; cuando esto pasa, Dios el Padre nos contempla desde el cielo, con su sonrisa llena de gracia y misericordia.

La paz consigue lo siguiente:

-Salud en el organismo

-Armonía en la familia

-Unidad en la iglesia

-Equilibrio en la sociedad

¿Cómo podemos reconocer si la paz que tenemos es paz espiritual?

-En la disposición de un buen temperamento. Algunas personas son extremadamente joviales y alegres; otras personas tienen una calma y una felicidad silenciosas.

-En la circunstancias. Cuando la prosperidad se marcha, la paz de Dios se queda.

-En la hora de la tentación, la paz nos ayuda a vencer.

-En una mente espiritual; Si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, entonces quedaremos separados de Dios. Pero si pensamos sólo en lo que desea el Espíritu Santo, entonces tendremos vida eterna y paz.” (Romanos 8, versión: Traducción al Lenguaje Actual – TLA)

 -La paz espiritual es una dulce y calmada serenidad de la conciencia, que nace de una sólida reconciliación con Dios.

-La paz espiritual es una admirable rectitud mental que empuja al creyente a vivir en armonía y en quietud con todos los que nos rodean y especialmente con Dios.

-La paz espiritual es el amor en completo reposo. La paz es el amor reposando sobre los pastos verdes y sobre las tranquilas aguas. La paz nos conforta y nos lleva por sendas de justicia, la paz nos infunde su aliento, la paz unge nuestra cabeza con aceite y hace que nuestra copa rebose, la paz conforta nuestra alma. La paz nos sigue todos los días de nuestra vida y al final la paz nos lleva a morar en la casa de nuestro Padre, por largos días.

PACIENCIA O TOLERANCIA

La paciencia o tolerancia es el poder que nos ayuda a enfrentar el sufrimiento, es el poder que no permite que retrocedamos; impide que nos paralicemos, o que nos abrumemos cuando las dificultades sobrevienen a nuestras vidas. La paciencia se opone a la irritabilidad del temperamento, provocada por la ansiedad, por la enfermedad, por el sufrimiento o por el cansancio.

En cada estación de nuestras vidas, el hombre siempre está confrontando problemas. Desde la primera estación de nuestra vida -que es la infancia-, hasta la última -que es la vejez-, necesitamos la paciencia para enfrentar todos los problemas que encontraremos entre dichas estaciones. Un hombre sin paciencia es como un barco sin timón, que es dejado a la misericordia del viento, sobre el cual el marinero no tiene control. Un hombre no podrá dominar su mente en los momentos de problemas, si carece del cuarto fruto del Espíritu, que es la paciencia. Entretanto, la tolerancia es la capacidad de aguante que concede el Espíritu Santo a quienes la piden.

La paciencia necesita ser diferenciada de la fortaleza del humano o del famoso movimiento o filosofía estoica.

El ESTOICISMO es una filosofía que enseña al hombre a dominar las pasiones, valiéndose nada más de la virtud y la razón. El estoicismo enseña al hombre a ser feliz, dejando a un lado las comodidades, los bienes materiales y las fortunas. Enseña a enfrentar el sufrimiento con valentía. Esta manera de pensar fue fundada por Zenón, un filósofo griego que vivió alrededor de 300 años antes de Cristo.

Algunas personas nacen con más capacidad para sufrir que otras, pero esto no es paciencia, ya que muchas veces se enfrentan y se dejan vencer por los sufrimientos, por capricho humano o por insensibilidad. No podemos hablar de paciencia, si sufrimos sin tener sensibilidad. Donde no hay sensibilidad, tampoco hay paciencia.

El cristianismo es la academia de la paciencia. En esta academia el gran maestro es el Espíritu Santo, que por su presencia y enseñanza, nos ayuda a que lleguemos a tener el carácter que prefiere hacer la voluntad del Padre.

Cuando se compara la filosofía de Zenón con la enseñanza del cristianismo, el producto de esta filosofía pagana se ve triste y vacía, a las par de los ricos frutos que produce el cuarto fruto del Espíritu Santo, que es la paciencia.

Consideremos tres dimensiones de la paciencia: 

1- La paciencia es buena para uno mismo

La paciencia en medio de la aflicción, es una gran ganancia para nosotros. Somos naturalmente impetuosos y sin gobierno. Deseamos lucir nuestras coronas y evitamos por todos los medios cargar con la cruz; buscamos el camino más corto y llano para llegar al reino de los cielos y evitamos el camino escabroso y peligroso. Solamente por las aflicciones continuas y por la santificadora gracia de Dios, es que somos conducidos a un espíritu de sumisión. Hay lecciones que necesitan ser aprendidas, hay tareas que necesitan ser terminadas, y para esto la paciencia es indispensable en esta tierra.

2-La paciencia es buena para los demás: despierta simpatía en los demás y también alienta a los que nos rodean.

3-La paciencia en el sufrimiento da honor a Dios.

-La paciencia encuentra la voluntad divina

-La paciencia se postra ante la soberanía de Dios

-La paciencia confiesa y confirma la fe en Dios

-La paciencia admira la sabiduría de Dios

-La paciencia es un atributo del carácter de Dios.

BENIGNIDAD, AMABILIDAD O GENTILEZA

La amabilidad o gentileza es el amor en acción.

La gentileza o amabilidad no tiene que ver con modales precisamente. La palabra gentileza se usa para describir los buenos modales de una persona, y es correcto hacerlo. Pero la gentileza o amabilidad trasciende el simple hecho de tener buenos modales.

Cuando se estudia la raíz de la palabra, se descubre que la gentileza tiene que ver con la estructura del carácter de una persona. Dicho en otras palabras, la gentileza tiene que ver con la manera en que una persona se ha formado moralmente.

Una persona con una disposición maligna, tiene tendencia a hacer lo malo; por el otro lado, una persona con una buena estructura moral, tendrá la inclinación para hacer lo bueno.

La amabilidad o gentileza impulsa el trato correcto hacia otras personas; es saber gobernar o subyugar los sentimientos e impulsos fuertes del yo.

La palabra gentileza viene de la raíz latina “gentil”, referente a alguien que pertenece a una alta raza o a una buena familia. (En este contexto, esta gentileza NO se relaciona con los gentiles aludidos en el Nuevo Testamento, que eran los no judíos.)

La palabra gentileza calza perfectamente con el cristianismo, ya que la cristiandad es una raza de santos 9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9); es una generación de santos, que pertenecen a una buena familia, como lo es la familia de Dios.

La gentileza es algo sólido; no tiene nada que ver con la vacilación o las indecisiones de la vida, mucho menos tiene que ver con la cobardía.

La gentileza, amabilidad o benignidad es el deseo de agradar a otros por causa de Cristo; la persona gentil sabe que al agradar a otros por causa de Cristo, también se agradará a Dios y también se cumplirán las sagradas leyes del evangelio.

Estas son algunas de las maneras en que la gentileza, amabilidad o benignidad se pueden demostrar o necesitar en nuestras vidas:

-La gentileza se demuestra cuando descubrimos, hablamos y remarcamos solamente la parte positiva del carácter de otras personas.

-La gentileza se demuestra cuando somos considerados con los sentimientos de otras personas.

-La gentileza se necesita y se demuestra con el trato a personas desconocidas, o con el trato a extranjeros o personas de otras razas.

-La gentileza es necesaria para limar todas las asperezas con nuestros prójimos.

-La gentileza se necesita para preservar las amistades; sin amabilidad no hay unión de corazones.

-La gentileza se necesita urgentemente cuando damos una advertencia o reprendemos a otra persona.

-La gentileza se demuestra en el ejercicio de la autoridad; la verdadera gracia del poder y de la autoridad, radica en la amabilidad. Este fruto del Espíritu es indispensable para un anciano, líder o lideresa de iglesia.

Necesitamos practicar la amabilidad o la gentileza con quienes son (o creemos que son) inferiores a nosotros, con esos que parecen tener un rango social inferior al nuestro, con nuestros trabajadores.

Si somos jóvenes, seamos como hermanos con aquellos que nos encontramos en la vida; y si somos mayores, seamos como padres para ellos.

Encontraremos personas con las cuales será muy difícil ser amables, personas que nos provocarán, personas que nos irritarán, personas que nos harán sentir muy mal solamente con sus miradas.  Cuando nos encontremos con tales personas, tenemos que montar doble guarda para que resalte nuestra amabilidad.

Nunca abandonemos nuestros dormitorios por la mañana sin llevar la amabilidad con nosotros; la amabilidad tiene que ver mucho con nuestra salud. Una vida en Cristo equivale a tener la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas; el Espíritu Santo en nuestras vidas, equivale a ser recipientes para recibir sus frutos, entre los cuales encontramos la amabilidad o gentileza.

BONDAD

Los frutos del Espíritu se explican por escrito de una manera sublime, ordenada y bella. Ya estudiamos el amor, el gozo, la paz, la paciencia y la amabilidad, y descubrimos que todos estos primeros frutos nos han preparado y nos han dado la libertad para que hagamos lo bueno, es decir, para que practiquemos la bondad.

La bondad es la máxima demostración del amor. La bondad es el mismo amor de una forma extremadamente avanzada. Una persona con bondad logra hacer las cosas que no puede hacer una persona que solamente tiene amor.

La bondad es atender a un enfermo en una degradante enfermedad o estado físico deplorable, es no tener temor a ser contagiado por la enfermedad, y no tener escrúpulos para atender a esa persona en todas sus necesidades físicas; la bondad es asistir al que está muriendo, la bondad es llevar comida al hambriento, la bondad es leerle la Biblia al ciego, la bondad es llevar el evangelio a quien está en la cárcel, la bondad se embarca y atraviesa mares para esparcir la verdad por todo el mundo.

La base para la bondad es el amor, pero el amor en sí queda corto si tenemos que compararlo con la bondad. Podríamos decir que la bondad es el mismo amor, con un título universitario.

Durante el otoño de 1799, el ejército de Francia, que iba en huida, dejó a 300 soldados heridos en la ciudad de Bobbio Pellice, que era la capital de Piamonte. A pesar de que los soldados eran enemigos, tanto de la religión como del país de los valdenses, ellos recibieron el tratamiento más humano que se le puede dar a una persona que está sufriendo. Los valdenses eran personas extremadamente pobres, a pesar de lo cual, la historia narra que con mucha alegría compartieron sus provisiones con los enemigos extranjeros, sanaron sus heridas, y los cuidaron como si hubieran sido sus amigos de la infancia. Mientras el crudo invierno avanzaba, los valdenses llegaron a la conclusión de que las provisiones de alimentos que ellos tenían, no eran suficientes para todos y tenían la posibilidad de que al final todos murieran de hambre. Los valdenses hicieron una de las acciones más heroicas que se puede hacer por un enemigo. Ellos atravesaron los Alpes, que estaban cubiertos de hielo y nieve, para transportar a esos 300 soldados que estaban en convalecencia. Llegaron hasta las mismas fronteras de Francia, y los dejaron en un lugar seguro, para que siguieran siendo tratados por los ciudadanos de su propia nación. Una acción así con el enemigo, es más que un acto de amor, es el producto del amor en una forma extremadamente avanzada, ese título del amor se llama bondad.

La bondad hace heroico al ser humano:

Se cuenta que, en la ciudad de Auch, en Francia, se incendiaron dos casas y de una de esas casas salía el grito agonizante de una madre que pedía ser ayudada junto con su pequeño hijo. El arzobispo de la ciudad llegó corriendo para ayudar en el incendio, pero el fuego había avanzado demasiado en la casa donde estaban la madre y su niño. “Doy 25 luises a aquel que rescate a esta mujer y a su niño” gritó el arzobispo. Pese a la fortuna ofrecida, nadie se atrevió a aventurarse para rescatar a la mujer y su niño. “Doy 50 luises a quien rescate a esa mujer y a su niño” gritó el arzobispo duplicando su oferta. Nadie se movió al rescate de la mujer y el niño. El arzobispo se sumergió en un barril de agua, y con sus ropas destilando agua, entró a la casa en llamas y después de unos agonizantes segundos, logró sacar con vida, tanto a la madre, como al bebé. Tan pronto como salió de la casa, cayó de rodillas, dándole gracias a Dios por la protección, el cuidado y el milagro que había realizado. Cuando se levantó de su oración, vio a la mujer que acababa de perder todo, excepto a su hijo y le dijo: “Mi querida señora, se ofrecieron 50 luises a aquel que lograra salvar a usted y a su hijo, yo me los acabo de ganar y yo se los estoy entregando a usted.” Eso se llama bondad.

FE, FIDELIDAD O LEALTAD

La fe es la imaginación santificada, la fe es el amor cuando cree, la fe es el completo ejercicio de la razón: fe es depositar nuestra confianza en la voluntad de Dios.

Necesitamos tener fidelidad con Dios:

-La fidelidad para con Dios incluye sinceridad en su servicio

-La fidelidad a Dios es obediencia sin reserva a su divina voluntad

-La fidelidad a Dios requiere una adherencia inamovible para vivir de acuerdo con el evangelio de Cristo.

 

Necesitamos tener también fidelidad con el hombre:

-La fidelidad con el hombre requiere que nuestras palabras sean verdaderas

-La fidelidad con el hombre requiere que nuestras acciones sean justas

-La fidelidad con el hombre requiere que cumplamos con nuestras obligaciones

-La fidelidad con el hombre requiere que completemos concienzudamente las tareas y los trabajos que adquirimos en nuestras vidas.

MANSEDUMBRE O HUMILDAD

La humildad es el amor en la escuela.

La humildad es una disposición mental con la que aprendemos a restringir nuestras pasiones de enojo y de cólera.

La humildad añade miel a nuestro temperamento, dignidad y bondad a nuestras acciones y palabras.

La humildad nos prohíbe andar regañando a medio mundo, y también nos prohíbe el ofender a nuestro prójimo, la humildad también nos enseña a tener compostura ante la provocación.

La humildad mezcla lo inofensivo de una Paloma, con la gentileza de un Cordero: la humildad reúne al Espíritu Santo con Jesucristo.

La humildad toma las ofensas sin resentimiento, y evita por todos los medios la venganza.

La humildad cubre los errores de otras personas con el manto del amor, y la humildad mantiene a la persona en control de sí misma ante la censura y la burla.

La humildad mantiene una mente firme e inamovible ante el sufrimiento; la humildad también nos previene de aspirar a lo que es demasiado encumbrado para nosotros.

No hay nada que perder cuando cedemos ante otra persona humildemente. Abraham cedió a Lot el derecho de escoger la mejor tierra. Lot escogió lo mejor, pero perdió todo; en cambio Abraham fue bendecido con la parte que su sobrino le dejó.

La Biblia dice que el cielo se gana por la fuerza, y los valientes lo arrebatan, pero la tierra se gana con humildad: los mansos y humildes la heredan (Mat. 5:5). Dios, que es el Dueño y Señor de la tierra, no regala la tierra, ni le presta la tierra, ni le arrenda la tierra, a una persona que carece de humildad.

-La humildad es una de las evidencias más grandes de una religión personal.

-La humildad es uno de los ornamentos más brillantes del cristianismo, ya que evita presentar la ostentación a los ojos.

-La humildad nos ayudará a conseguir las más grandes victorias espirituales. Con humildad se silencia la voz del necio, con humildad se reconcilian los enemigos, con humildad la burla se transforma en lágrimas y  oración.

DOMINIO PROPIO, TEMPLANZA O TEMPERANCIA

La temperancia es el amor haciendo ejercicio; la temperancia es el amor en el gimnasio.

La temperancia es autocontrol -controlarse a uno mismo y también negarse a uno mismo.

El amor a la vida, a la salud y hacia nuestro propio cuerpo, nos impulsa a buscar la manera tener un cuerpo más atlético y más saludable. Esto se consigue con una dieta balanceada, como también cuidando nuestro cuerpo por medio del descanso y el ejercicio: los ocho remedios naturales que refiere Elena de White.

La temperancia nos ayuda a usar con moderación las cosas buenas que Dios ha dejado para la sobrevivencia del hombre. El cristiano nunca va a ofender a Dios, despreciando los dones que su Creador le ha dado; tampoco va a ofender a Dios malgastando y derrochando esos bienes.

La temperancia tiene que ver con el control propio, la moderación en el uso de lo bueno, y la abstinencia de todo lo que perjudica nuestra vida. Esto incluye los sentidos, los alimentos, el sexo, el carácter, los deseos, el placer, el dinero, y el tiempo, entre otros.

La temperancia nos ayuda a mantener nuestros deseos y pasiones sujetos a la Biblia y a la razón, negándoles las cosas que son prohibidas por la ley y el evangelio.

La temperancia mantiene nuestros sentidos más agudizados y claros, y nos ayuda a conseguir nuestros objetivos con mayor precisión y satisfacción.

La temperancia da un toque de salud a nuestro rostro, decoro a la persona, control y estabilidad mental; asegura nuestra salud y nos preserva en una buena condición para los negocios de la vida.

La temperancia es la piedad o el amor al cuerpo, preservando la orden divina con respecto a nuestro cuerpo y a nuestra mente.

Los frutos del Espíritu son:

Amor o caridad

Gozo o alegría

Paz

Paciencia o tolerancia

Benignidad, amabilidad o gentileza

Bondad

Fe, fidelidad o lealtad

Mansedumbre o humildad

Dominio propio, templanza o temperancia

Vamos a describir a un hombre que tiene los frutos del Espíritu.  Esto diríamos de él:

Es un hombre bueno, tiene un corazón lleno de amor, tiene gozo en su pecho, la atmósfera de su naturaleza es paz, y tiene entronizada en su ser la paciencia divina. Un buen hombre usa de la gentileza en su trato con los demás, pero también tiene valor o coraje para cumplir las obligaciones de la vida, y también tiene coraje para morir por sus creencias. La pureza mantiene su vida intachable, la fe le ayuda a caminar firmemente por el valle de sus aspiraciones, y también le apunta a un mundo mejor y a un noble destino que trasciende su propia tumba. En todo momento, el dominio propio le ayuda a vivir discreta y ordenadamente.

Un hombre bueno tiene que hacerse, ya que no nace bueno. El único que ha nacido bueno y santo es Jesús; todos los demás tenemos que trabajar para alcanzar la nobleza.

El esfuerzo humano no ha producido un hombre bueno hasta la fecha. El hombre bueno tiene que nacer, y no nacer de la carne ni de la sangre, sino nacer del Espíritu Santo.

Pidiendo al Padre que nos dé el Espíritu Santo, en el nombre de Jesús, podemos obtenerlo en nuestras vidas. El Espíritu Santo nos impartirá sus frutos, y entonces llevaremos una vida santa, y nos convertiremos en seguros candidatos para el reino de los cielos.

Por la gracia de JESÚS, que esa sea su experiencia, amigo lector.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Ahora, precisamente ahora, es nuestro tiempo de gracia, en que nos hemos de preparar para el cielo. Cristo dio su vida para que pudiésemos tener este tiempo de gracia. Pero en tanto el tiempo dure, Satanás se esforzará por dominamos. Obra con poder para llevar a los hombres a quedar absortos en el logro de dinero. Idea muchas clases de entretenimientos a fin de que sus mentes puedan estar ocupadas con los placeres mundanos. Quisiera hacemos olvidar todo lo que atañe al adorno interior —el adorno de un espíritu humilde y tranquilo—que a vista de Dios es de gran precio. Está decidido a que todo momento sea colmado con esfuerzos para cumplir proyectos ambiciosos, o para entretener y satisfacer el yo…

Satanás emplea su influencia para ahogar la voz de Dios y la de la conciencia; y el mundo obra como si estuviera bajo su control. Los hombres lo han escogido como su líder… Infatuados con proyectos para los deleites y la diversión, se esfuerzan por lo que ha de perecer con el tiempo (En los lugares celestiales, p. 348).

Los que siempre se acercan un poco más al mundo, y se parecen a él en sentimientos, planes e ideas, han dejado un espacio entre ellos y el Salvador, y Satanás se ha introducido en ese espacio, y planes rastreros, mundanos y egoístas se entretejen con su experiencia.

Si nos acercamos a Dios, nos aproximaremos unos a otros. No podemos aproximamos a la misma cruz sin obtener unidad de espíritu. Cristo oró que sus discípulos fueran una sola cosa, así como él y el Padre son uno. Deberíamos buscar la unidad de espíritu y entendimiento. Deberíamos procurar la unidad para que Dios sea glorificado en nosotros así como fue glorificado en el Hijo, y Dios nos amará como amó a su Hijo.

Dios os ama. No quiere atraeros para causaros daño; ¡oh, no! Desea consolaros, derramar sobre vosotros el aceite del gozo, sanar las heridas que os ha infligido el pecado, reparar lo que Satanás ha dañado. Desea daros el ropaje de la alabanza a cambio del espíritu de abatimiento (A fin de conocerle, p. 248).

El apóstol presenta ante los creyentes la escalera del progreso cristiano, en la cual cada peldaño representa un avance en el conocimiento de Dios, y en cuya ascensión no debe haber detenciones. Fe, virtud, ciencia, temperancia, paciencia, bondad, fraternidad y amor representan los peldaños de la escalera. Somos salvados subiendo escalón tras escalón, ascendiendo paso tras paso hasta el más alto ideal que Cristo tiene para nosotros. De este modo él es hecho para nosotros sabiduría y justificación, santificación y redención…

Dando un paso tras otro se puede escalar la cima más elevada y se puede llegar por fin a la cumbre de la montaña. No os dejéis abrumar por la enorme suma de trabajo que debéis realizar en el curso de vuestra vida, porque no se os exige que lo hagáis todo a la vez. Dedicad todas las facultades de vuestro ser al trabajo de cada día, aprovechad cada valiosa oportunidad, apreciad el auxilio que os brinda Cristo, y avanzad por la escala del progreso, paso a paso. Recordad que debéis vivir un día a la vez, que Dios os ha concedido un día, y los registros celestiales revelarán en qué forma habéis valorado los privilegios y las oportunidades que aquél contiene (Mi vida hoy, p. 98).

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Lección 02 | Viernes 12 de enero___________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

El fin último de la humanidad es ser feliz y estar satisfecha. Pero la autorrealización mediante el materialismo no logrará este objetivo. En lo más íntimo del ser, la gente sabe que esto es cierto y, sin embargo, continúa con su obsesión por las posesiones: lo veo, lo quiero, lo tengo. ¿Qué podría ser más sencillo que eso? Los adventistas del séptimo día, al igual que todos los demás, se enfrentan a la tentación de suscribirse a los valores del materialismo. Sin embargo, la adquisición continua de bienes no produce felicidad, satisfacción ni contentamiento. Al contrario, produce problemas, como cuando el joven rico se apartó de Jesús, desdichado, desanimado y abatido porque no oyó ni obtuvo lo que quería. “Los valores materialistas se asocian con un socavamiento generalizado del bienestar de la gente, desde poca satisfacción y felicidad en la vida, hasta depresión y ansiedad, pasando por los problemas físicos como los dolores de cabeza, los trastornos de la personalidad, el narcisismo y el comportamiento antisocial” (T. Kasser, The High Price of Materialism [El alto precio del materialismo], p. 22).

En otras palabras, los cristianos materialistas beben con orgullo de la fuente de la riqueza, pero se deshidratan espiritualmente. Sin embargo, si bebemos del agua que Cristo da, nunca tendremos sed (Juan 4:14).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Analiza la idea del evangelio de la prosperidad. ¿Qué versículos podrían usar quienes creen en esta idea, para tratar de promoverla? Al mismo tiempo, ¿qué ejemplos puedes encontrar en la Biblia de personas fieles, cuyas vidas son refutaciones vivientes de esta falsa enseñanza?
  2. Cuando su primer hijo ya tenía algunos años, un hombre dijo: “He aprendido dos verdades bíblicas importantes de este niño. Primero, que nacemos pecadores. Segundo, que nacemos codiciosos”. ¿Quién puede contar historias acerca del modo en que aun los niños revelan cuán codiciosos somos naturalmente los seres humanos? ¿Qué nos dice esto acerca de la necesidad de la gracia divina?
  3. “Si buscamos el origen de nuestros problemas”, escribió alguien, “no deberíamos testar a la gente para medir su adicción a las drogas; deberíamos testarlas para medir su estupidez, su ignorancia, su codicia y su amor al poder”. ¿Qué tiene la codicia que es tan perjudicial, no solo para el codicioso en sí, sino también para los que lo rodean? ¿Qué ejemplos conoces en los que la codicia ha causado daños terribles a todos los involucrados?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2018

5 pensamientos en “LECCIÓN 2 – LO VEO, LO QUIERO, LO TENGO – PARA EL 13 DE ENERO DE 2018

  1. Querido hno Tony: no hay palabras para agradecerle por el inmenso amor que usted y su familia tienen hacía la familia de Dios…por el tiempo que dedican para que nosotros podamos tener la leccion… Dios los bendiga abundantemente no se imagina lo bendecida que he sido desde que leo la leccion a travez de este medio… muchas gracias hno a usted y a su amada familia… un día lo miraré en el cielo.

  2. mil bendiciones mis hermanos gracias por el gran trabajo que realizan. Dios los guarde siempre y su Espíritu Santo siempre les ayuden en su gran esfuerzo por compartir este valioso material espiritual. un abrazo desde Venezuela. que Dios nos dirija siempre primeramente a ustedes y luego a nosotros para compartir la palabra de Dios

  3. Que EL TODOPODEROSO guie y supla toda necesidad para la gloria de EL. Es una gran bendicion el ministerio que ustedes realizan.

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