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LECCIÓN 5 – CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL – PARA EL 5 DE MAYO DE 2018

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Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 5: Para el 5 de mayo de 2018

CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL

Sábado 28 de abril________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 8:3; Juan 1:29; Apocalipsis 5:12; Hebreos 7:1-28; 9:11-15; Levítico 16:13; Hebreos 9:20-23.

PARA MEMORIZAR:

“Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Fil. 2:9, 10).

Al hablar de Jesús en el Santuario celestial, el libro de Hebreos dice: “Donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Heb. 6:20).

La Escritura, especialmente el Nuevo Testamento, es muy clara sobre la función de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario celestial, un papel que asumió después de haber completado su obra como nuestro sacrificio aquí en la Tierra (ver Heb. 10:12).

Esta semana exploraremos el ministerio de Cristo en el Santuario celestial. Su obra de intercesión es esencial para la preparación de su pueblo para el tiempo del fin. Se nos dio esta advertencia importante: “El pueblo de Dios debería comprender claramente el tema del Santuario y el Juicio Investigador. Todos necesitan conocer por sí mismos la posición y la obra de su gran Sumo Sacerdote. De otro modo, les será imposible ejercitar la fe que es esencial en nuestros tiempos u ocupar el puesto al que Dios los llama” (CS 479).

¿Qué está haciendo Cristo por nosotros en el Santuario celestial, y por qué es tan importante para nosotros comprenderlo en estos últimos días?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La gloria de la humanidad de Cristo no se dejó ver cuando estuvo en la tierra. Fue considerado un varón de dolores y experimentado en quebrantos. Por así decirlo, escondimos de él el rostro. Pero él seguía el sendero del plan que Dios había trazado. La misma humanidad aparece ahora mientras desciende del cielo revestido de gloria, triunfante y sublime. Su pueblo creyente ha asegurado su llamado y su elección. Se levantan en la primera resurrección, y el canto es entonado por incontables voces: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:3, 4) (In Heavenly Places, p. 358; parcialmente En los lugares celestiales, p. 360).

No obtenemos fuerza espiritual si solo pensamos en nuestras debilidades y apostasías y lamentamos el poder de Satanás. Esta gran verdad debe ser establecida como principio vivo en nuestra mente y corazón: la eficacia de la ofrenda hecha en favor nuestro: que Dios puede salvar hasta lo sumo a cuantos acuden a él cumpliendo las condiciones especificadas su Palabra. Nuestra obra consiste en poner nuestra voluntad de parte de la voluntad de Dios. Luego, por la sangre de la expiación, llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina; por Cristo somos hijos de Dios, y tenemos la seguridad de que Dios nos ama así como amó a su Hijo. Somos uno con Jesús. Vamos adonde Cristo nos conduce; él tiene poder para disipar las densas sombras que Satanás arroja sobre nuestra senda: y en lugar de tinieblas y el desaliento, brilla el sol de su gloria en nuestro corazón.

Nuestra esperanza ha de quedar constantemente fortalecida por el conocimiento de que Cristo es nuestra justicia. Descanse nuestra fe sobre este fundamento, porque permanecerá para siempre. En vez de espaciarnos en las tinieblas de Satanás, y temer su poder, deben abrir nuestro corazón para recibir luz de Cristo, y dejarla resplandecer para el mundo, declarando que Cristo está por encima del poder de Satanás; que su brazo sostenedor apoyará a todos los que confían en él (Testimonios para la iglesia, tomo 5. pp. 692. 693).

No ganamos el cielo por nuestros méritos, sino por los méritos de Cristo… No se centralice vuestra esperanza en vosotros mismos, sino en Aquel que ha entrado dentro del velo…

En Cristo se centraliza nuestra esperanza de vida eterna… Nuestra esperanza es un ancla para el alma, segura y firme, cuando entra dentro del velo, pues el alma zamarreada por la tempestad se convierte en participante de la naturaleza divina (A fin de conocerle, p. 80).

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Lección 5 | Domingo 29 de abril_______________________________________

SACRIFICIO SUPREMO

Estudiar el sacrificio supremo de Cristo ayuda mucho en la preparación de los creyentes para el tiempo del fin. A menudo, los seres humanos miran hacia el objetivo que tienen delante, y eso tiene sentido. Pero, también es bueno comprender que el objetivo está detrás de ellos. Hablamos del Calvario. El objetivo, que Jesús alcanzó por nosotros, es irreversible, definitivo, y nos da certeza de la meta que tenemos por delante.

Lee Romanos 8:3; 1 Timoteo 1:17 y 6:16; y 1 Corintios 15:53. ¿Por qué envió Dios a su Hijo al mundo?

Romanos 8:3

Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

1 Timoteo 1:17

17 Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

1 Timoteo 6:16

16 el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.

1 Corintios 15:53

53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Dios envió a Cristo para que fuese una ofrenda por el pecado, para condenar el pecado en la carne. ¿Qué significa esto? Como un ser inmortal, Cristo no podía morir. Por lo tanto, el Señor se hizo humano y asumió nuestra mortalidad sobre sí para que, en efecto, pudiera morir como nuestro Sustituto.

Aunque era divino, y aunque era Dios en su naturaleza, Jesús asumió “la condición de hombre” y se humilló a sí mismo, “haciéndose obediente hasta la muerte” en la Cruz (Fil. 2:6-8). De una manera que solo Dios sabe, la divinidad de Cristo no murió cuando Jesús murió en la Cruz. De alguna forma que escapa a la comprensión humana, la divinidad de Jesús estuvo inactiva durante los nueve meses en el vientre y en los días de la tumba; y durante su vida y ministerio aquí Jesús nunca la usó para ayudar a su humanidad.

Lee Lucas 9:22. ¿Qué nos dice sobre la intencionalidad de la muerte de Cristo?

Lucas 9:22

22 y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.

Cristo nació para morir. Podemos imaginar que nunca hubo un momento en la eternidad en el que él haya dejado de pensar en las burlas, la flagelación, los azotes y la crucifixión desgarradora que enfrentaría. Este es un amor sin parangón, incomprendido y nunca antes visto.

¿Qué podemos hacer, como seres humanos, ante este tipo de amor, más que caer de rodillas, y adorar con fe y obediencia? ¿Qué nos dice la realidad de la Cruz sobre la inutilidad de los méritos humanos?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Yo quiero, más y más de Cristo,
Yo quiero más de su poder;
Yo quiero más de Su presencia.
Yo quiero más y más de él

Tal es el canto que alienta nuestro peregrinar terrestre en esta semana. Aferrados de Cristo, de su gracia, de su poder, somos más que victoriosos. Alabado sea su nombre!

11 que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. (Lucas 2)

Cuando un niño judío nacía, era bañado con agua, se lo frotaba con sal, y era envuelto en paños, dejando sus extremidades (brazos y piernas) muy bien atadas a su cuerpo. En el caso de Jesús no hubo un tratamiento especial preparado para su nacimiento. La instrucción específica que el ángel dio a los pastores era: “el niño está en un pesebre y está envuelto en pañales.”

La palabra “pesebre” significa “dormitorio o lugar donde se alimenta el ganado.” La hospitalidad fue muy practicada en los tiempos de Jesús, pero cuando había viajes masivos, era muy difícil hospedar a tantas personas al mismo tiempo. Por eso se construían pesebres, que eran unas grandes estructuras, donde el viajero podía entrar libremente y descansar junto con sus bestias. Estos pesebres eran construidos a cada cierta distancia a lo largo del camino, para que el viajero pudiera descansar y pasar la noche.

Este fue el lugar donde ocurrió el nacimiento de Jesús; y el acto de haber nacido en un pesebre no era tanto por la pobreza de José y María, sino por la necesidad; esto no quita la verdad de que ellos en realidad eran personas pobres y que Jesucristo nació pobre.

Cuando Cristo nació, no fue heredado con propiedades terrenales, no fue cuidado en un palacio ni creció en un palacio, una mansión ni casa suntuosa; no tenía amigos ricos, pero tenía padres muy buenos y piadosos, que eso es de más valor para un niño que tener padres ricos y sin piedad; y ésta es una de las pruebas más grandes de que no es un deshonor el nacer pobre.

Felices son los niños cuyos padres, ya sean ricos o pobres, son buenos y piadosos. No importa si el niño nace sin riquezas, sin ropas finas o sin una casa suntuosa; pero sí importa que el niño sea criado a semejanza de Jesús y que sea bendecido por nuestro Padre celestial, de la misma manera que él bendijo a Jesús.

Mateo comienza su libro con la genealogía de Jesucristo. Tanto la genealogía de Mateo, como la de Lucas, fueron extraídas de “El Libro de las Generaciones” o “El Linaje de los Reyes,” que son archivos públicos, cuidadosamente y celosamente preservadas, bajo el estricto cuidado del Sanedrín.

La genealogía es la prueba para todos aquellos que reclaman ser el Mesías. Las preguntas para aquellos que reclaman ser el Mesías son dos:

1-¿Es hijo de David? 

2-¿Es hijo de Abraham?

El Mesías tenía que ser hijo tanto de David, como de Abraham. Esto implicaba ser judío.

David representa la dinastía de Israel y Abraham representa la religión de Israel.

David le entrega al Mesías sangre real, un cetro y un trono.

Abraham le entrega al Mesías, el legado de fe y esperanza a través de la religión.

La palabra HIJO en hebreo representa una variedad de significados, entre ellos están: hijo, nieto o descendiente. Es importante descubrir la genealogía de Jesús hasta David, porque la promesa y profecía dijo que el Mesías sería un descendiente directo de la familia de David.

Sería imposible convencer a un judío en cuanto al Mesías, si no se le probaba  primero que el pretendiente de Mesías era descendiente de David. En el caso de Cristo, a pesar de que se les pudo probar el linaje de Cristo, aún no se logró convencerlos.

También la promesa del Mesías se le hizo a Abraham. Los judíos esperaban que el Mesías también fuera descendiente de Abraham. A pesar del nacimiento humilde de Jesús, su linaje comprueba que él es descendiente de estos dos ilustres personajes: Abraham, el padre de la fe, y David, el dulce cantor de Israel.

25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: 29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel. (Lucas 2)

Aquí encontramos a un total desconocido esperando a Jesús el día en que Jesús fue circuncidado en el templo. Era un hombre venerable por su edad, por su justicia y piedad. Era un hombre muy devoto, justo y piadoso para con sus prójimos y santo hacia las cosas de Dios. Estaba esperando la “consolación de Israel”, una frase muy común cuando se refiere al acto de esperar al Mesías.

“Y el Espíritu Santo estaba sobre él.”(Lucas 22: 25) En pocas palabras, Simeón era un profeta. Dios había premiado a Simeón con una hermosa revelación y promesa; él no moriría sin ver al Salvador del mundo. De una manera secreta, pero con un fuerte impulso, fue movido por el Espíritu Santo hacia el templo, cuando sus padres circuncidaban a Jesús en ese lugar.

Tomando a Jesús en su brazos, Simeón bendijo a Dios, por haberle permitido contemplar a Jesús. Ahora, después de que su deseo de muchos años se había convertido en una realidad, su vida estaba lista para pasar al descanso.

Podemos contemplar en esta escena lo confortable que es la muerte para un hombre santo; en esa hora crítica se puede partir en paz con Dios, en paz con su propia conciencia, en paz con el hombre y en paz con la misma muerte.

Todos los que hemos dado la bienvenida a Jesús a nuestras vidas, también podemos dar la bienvenida en paz y conformidad a la muerte, cuando llegue el momento de pasar al descanso.

Simeón estaba muy versado con los escritos de profecías, y sabía que Jesús era el Autor de nuestra salvación; sabía que en Jesús residía la sabiduría, el poder y el amor de Dios; reconocía en Jesús nuestra canción, nuestra esperanza, y no solo para el pueblo judío, él sabía que el evangelio también sería para los gentiles. María y José estaban maravillados de escuchar al hombre y su vasto conocimiento del niño, a pesar de que ellos no comprendían enteramente el mensaje.

“puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel” (Lucas 2: 34)

Cristo fue puesto para la caída de los fariseos, herodianos, saduceos, nazarenos, gadarenos y también para el levantamiento de muchos, de todos aquellos que por las generaciones crean en él, como lo hicieron Pedro y el ladrón que moría en la cruz.

La historia registra que después de la ascensión de Jesús al cielo, casi por trescientos años, unos años con más intensidad que otros, el nombre de Jesús y de sus seguidores fue un nombre lleno de vergüenza, un nombre que ha incentivado odio, y que se ha menospreciado indescriptiblemente.

No solo los romanos hablaban con amargura contra el nombre de Jesús, sino también las mismas personas judías; en esos años Jesús era conocido como el impostor, el hombre, el colgado. Estas expresiones están registradas que fueron usadas por las florecientes escuelas rabínicas en los primeros días de la cristiandad.

“una espada traspasará tu misma alma”(Lucas 2: 35) Profecía dedicada a María solamente; Simeón sabía que el bebecito que sostenía en sus brazos, causaría el más profundo dolor al corazón de la amante madre. No hay amor más profundo, grande y noble que el amor de una madre para su criatura, no hay sufrimiento más grande que el de una madre cuando contempla la agonía y sufrimiento de un hijo. Esa sería la experiencia que María tendría que atravesar con ese hermoso niño recién dado a luz; esa era la sentencia para aquel hermoso niño al venir al mundo, sufrir la muerte y muerte de cruz para conseguir la salvación de la raza caída.

Esta profecía no se quedó sólo con María. Esta profecía también ha tocado a muchas generaciones que han sido fieles al dulce nombre de Jesús, que han preferido el sufrimiento y la muerte antes que negar el nombre de Jesús.

En diferentes lugares y en diferentes tiempos ha habido violentas persecuciones, castigos, encarcelamientos y muerte para los seguidores que se han mantenido leal a Cristo.

En cada tierra y en cada época los seguidores de Jesús han sido expuestos a hostilidades, al reproche, a pérdidas económicas y terrenales, a la desventaja social, a degradación de posición, a una vida de sufrimiento y a un espíritu lastimado.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La revelación del amor de Dios al hombre tiene su centro en la cruz. No hay lengua capaz de expresar todo su significado, ni pluma que pueda describirla, ni inteligencia humana apta para comprenderla. Al contemplar la cruz del Calvario, solo podemos decir: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16…

Es por medio del don de Cristo como recibimos toda bendición. Mediante este don se derrama sobre nosotros día tras día, sin interrupción, el raudal de la bondad de Jehová. Todas las llores, con sus delicados tintes y fragancia, nos son dadas para nuestro deleite por medio de este único don. El sol y la luna fueron hechos por él. No hay una sola estrella que embellezca el cielo que él no hiciera. Cada gota de lluvia que cae, cada rayo de luz derramado sobre nuestro ingrato mundo atestiguan el amor de Dios en Cristo. Todo lo recibimos por medio del único don inefable, el unigénito Hijo de Dios. Fue clavado en la cruz para que todas estas larguezas fluyeran sobre toda la creación de Dios (El ministerio de curación, p. 331).

Cuando Adán y Eva fueron creados recibieron el conocimiento de la ley de Dios; conocieron los derechos que la ley tenía sobre ellos; sus preceptos estaban escritos en sus corazones. Cuando el hombre cayó a causa de su transgresión, la ley no fue cambiada, sino que se estableció un sistema de redención para hacerle volver a la obediencia. Se le dio la promesa de un Salvador, y se establecieron sacrificios que dirigían sus pensamientos hacia el futuro, hacia la muerte de Cristo como supremo sacrificio. Si nunca se hubiera violado la ley de Dios, no habría habido muerte ni se habría necesitado un Salvador, ni tampoco sacrificios (Patriarcas y profetas, p. 378).

Somos testigos de Cristo y no debemos permitir que los intereses mundanos absorban nuestro tiempo y atención a tal punto que no tomemos en cuenta las cosas que Dios ha dicho que deben ocupar el primer lugar. Hay en juego intereses superiores. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”. Mateo 6:33. Cristo se dio por entero a la obra que había venido a realizar, y él nos ha dicho: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Mateo 16:24. “Y seáis así mis discípulos”. Juan 15:8.

Cristo se entregó voluntaria y gozosamente a la realización de la voluntad de Dios. Fue obediente hasta la muerte, y hasta la muerte en la cruz. ¿Deberíamos encontrar difícil negarnos a nosotros mismos? ¿Deberíamos apartamos para no participar ríe sus sufrimientos? Su muerte debería conmover cada fibra de nuestro ser y disponernos a consagrar a su obra todo lo que poseemos y lo que somos. Al pensar en lo que él ha hecho por nosotros nuestros corazones deberían llenarse de amor.

Cuando los que conocen la verdad practiquen la abnegación ordenada en la Palabra de Dios, el mensaje se proclamará con poder. El Señor oirá nuestras oraciones en favor de la conversión de las almas. El pueblo de Dios dejará brillar su luz y los incrédulos al ver sus buenas obras, glorificarán a nuestro Padre celestial. Relacionémonos con Dios en términos de una obediencia manifestada con abnegación (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 316).

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Lunes 30 de abril | Lección 5_________________________________________

EL CORDERO DE DIOS

Lee Juan 1:29; y Apocalipsis 5:12 y 13:8. ¿Cuál es la imagen que estos versículos tienen en común y cuál cuán importante es esa imagen para ayudarnos a entender el plan de salvación?

Juan 1:29

29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Apocalipsis 5:12

12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Apocalipsis 13:8

Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

Cuando Juan el Bautista dijo que Jesús era el “Cordero de Dios”, estaba haciendo una referencia inconfundible al Santuario. Incluso más directamente, estaba haciendo referencia a la muerte de Cristo por el pecado como el único cumplimiento de todos los corderos (y de todos los demás animales sacrificados en el ritual del Santuario hebreo) que murieron como sacrificio por el pecado. De hecho, los cuatro evangelios, más allá de lo que enseñan, en definitiva cuentan la historia de lo que hizo Jesús en su función de Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Pero, la historia de Jesús y su obra en favor de nuestra salvación no termina en los evangelios, ni siquiera con su muerte y su resurrección.

Desde el comienzo, el libro de Hebreos aborda el tema de Cristo como el Sumo Sacerdote en el Santuario celestial después de su obra como Cordero sacrificial. Desde su primera mención en este papel después de la Cruz (Heb. 1:3), los siguientes capítulos del libro hacen referencia a Jesús como Sumo Sacerdote. La descripción de su obra en el Santuario celestial se presenta con lujo de detalles en Hebreos 7:1 al 28.

Lee Hebreos 7:1 al 28. ¿Qué dice el autor acerca de Jesús?

Hebreos 7:1-28

1 Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; 10 porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. 11 Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? 12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; 13 y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. 14 Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio. 15 Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, 16 no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.17 Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec. 18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia 19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. 20 Y esto no fue hecho sin juramento; 21 porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec. 22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. 23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; 24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; 25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. 26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.

Aunque estos versículos son muy profundos y ricos, la esencia de lo que dicen es que Jesucristo tiene un sacerdocio mejor que los sacerdotes de la línea de Aarón en el servicio del Santuario terrenal. Pero ahora, en lugar de un sacerdocio terrenal en un santuario terrenal, tenemos un Sumo Sacerdote celestial que intercede por nosotros en el Santuario celestial. Entonces, cuando fijamos los ojos en Jesús ahora, podemos centrarlos en él como nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario celestial.

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Dios creó a Adán y a Eva, y los puso en un hermoso jardín, bendecidos con todo lo que necesitaban para disfrutar una vida de felicidad y gozo por siempre.

Pronto algo extraordinario sucedió: apareció Satanás, la serpiente antigua, enemigo de Dios. Él tentó a la primera pareja, y empujó a la joven tierra a la gran controversia entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás.

Ahora, aparece en la escena otro jardín, llamado el Getsemaní; éste llegó a ser un terrible campo de batalla, donde se desarrolló la guerra entre la verdad y la falsedad, entre la justicia y el pecado, entre el plan de Dios para la salvación humana y el plan satánico: destruir a la humanidad.

En el Edén el mundo se encontró con la condenación; en el Getsemaní el mundo se encontró con la salvación.

El Getsemaní muestra que, por dura que sea la batalla y por débiles que seamos los humanos, la victoria es segura para quienes han experimentado la fortaleza de la oración. Jesús oró en el Getsemaní, y sus palabras se recuerdan hasta el día de hoy con claridad y certeza: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Luc. 22:42).

Las montañas son monumentos naturales, que dan asilo y refugio al alma que huye de un mundo bullicioso e irreverente. Muchas personas que tienen mentes inclinadas a la meditación, han encontrado en el silencio de las montañas, el lugar perfecto y placentero para crear nuevos pensamientos. Hermosas visiones y planes majestuosos se han creado cuando se unen el silencio de los majestuosos montes y la mente del hombre.

Ahora encontramos a Jesús en la semana más memorable de la historia del universo; no hay otra semana en la que el universo entero haya estado tan profundamente interesado en los sucesos terráqueos como el de la semana previa a la muerte de Cristo. La conmoción, la expectativa, la ansiedad -humanamente hablando-, circundaba el universo entero, al darse cuenta de que el Hijo de Dios haría lo inconcebible: entregar su vida para salvar a los habitantes del planeta caído.

Jesús visitó el jardín del Getsemaní por varias razones. La primera razón era porque esa era su santa costumbre. Después de haber hecho milagros, después de haber predicado un día entero, tenía por costumbre retraerse en las montañas para pasar en comunión con su Padre Dios por medio de la oración. Esta también debería ser nuestra costumbre: entregarnos a la comunión con Dios a través de la oración, después de nuestras tareas diarias.

La segunda razón es que siempre que Jesús tenía que tomar una decisión importante o comenzar una tarea importante, solía encomendarse a Dios, para recibir de él fuerzas, ánimo, guía y consuelo.

De la misma manera que lo hizo David cuando lloró y clamó a Dios en el torrente de Hebrón, mientras iba huyendo de su hijo Absalón, de esa misma manera y en la misma montaña, ahora Jesús acompañado de sus amigos -los discípulos-, clama al Padre pidiendo ayuda y consuelo.

La tercera razón era para borrar y vencer la triste experiencia del primer jardín. En el primer jardín, el primer Adán sucumbió ante la prueba presentada por el tentador; en el segundo jardín, el segundo Adán venció para seguir venciendo durante toda esa semana, de modo que el domingo pudiera levantarse en gloria y decir:  55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? También nosotros podemos decir: 54 Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Devorada ha sido la muerte en victoria. (1 Corintios 15)

“42 Jesús oraba diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22) Cristo nos revela la fuerza y la belleza de su carácter en la más alta y más hermosa forma: completa obediencia y sumisión a la voluntad de Dios. Con esta oración Cristo toca lo profundo del corazón del más sublime santo en esta tierra, nos enseña el más elevado grado de santificación que el humano puede obtener de este lado del cielo.

Esta oración es la más grande, es la más sublime, es la más difícil, es la más confiable y es la más dulce de todas las oraciones que el humano pueda conocer. “…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya…” Toca toda la historia y la vida de la humanidad, desde lo más profundo del humano hasta su piel externa. Esta oración es la vida del cielo, vivida en la tierra, donde el humano entra en una comunión profunda e intensa con la voluntad divina, yendo en armonía con el plan divino para “hacer y sufrir”  la perfecta voluntad de Dios.

Esta son algunas lecciones que podemos aprender de la escena de Jesús en el Getsemaní:

1-Todo hombre verdadero, tiene su Getsemaní. Toda persona que desea servir a Dios es purificada por el bautismo del sufrimiento. La prueba purifica y nos hace crecer en fe, en sabiduría y en humildad.

2-Pasar por el jardín de Getsemaní es un arreglo de Dios. Ese jardín es parte del plan de Dios para perfeccionar la vida de los humanos. Cristo no estuvo en el Jardín del Getsemaní por casualidad, ni solamente porque era su costumbre; estuvo allí por el plan divino. Cristo fue llevado al Getsemaní por una fuerza invisible, para que se cumpliera el propósito divino.

3-Hemos de orar para que la copa pase de nosotros. Siempre tiene que hacerse de acuerdo con la condición y modelo que nos dejó Jesucristo: “…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya…”

4-Dios siempre contesta las oraciones, pero no siempre de la manera en que nosotros lo queremos. De una cosa tenemos que estar seguros: Dios puede librarnos de nuestro Getsemaní o sufrimiento, o puede darnos las fuerzas para cruzar las pruebas y dificultades de nuestro Getsemaní.

5-Cuando atravesamos un gran sufrimiento, la sumisión total a Dios nos da más fuerza, a fin de prepararnos para sufrimientos aún mayores o peores.

6-Al final aprendemos que todo lo que pasa en este mundo, lo que nos pasa o lo que deja de pasarnos es porque Dios reina; él es Todopoderoso, es Dios Soberano sobre nuestras vidas.

Es apropiado que, en toda circunstancia, entonemos con fervor las estrofas de este himno, con plena confianza en Jesús:

Cristo, tu voluntad hágase siempre en mí.

Confiado en tu bondad, siempre andaré aquí.
En medio del dolor, o en medio de la paz,
me rodeará tu amor y la gloria de tu faz.
Cristo, tu voluntad hago sin vacilar.
¡Oh!, quita mi maldad y en tu senda hazme andar.
Lloraste tú también; confiado a ti iré.
¡Oh Salvador, mi bien, consuelo mío sé!
 
Cristo, tu voluntad gustoso acataré.
Lo haré con lealtad y en ti yo viviré.
Me gozo en recorrer tus sendas de bondad,
tu ley obedecer, y hacer tu voluntad.
Himnario adventista, 425

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al rodearle [a Jesús] la gloria de Dios y oírse la voz del cielo, Juan reconoció la señal que Dios le había prometido. Sabía que era al Redentor del mundo a quien había bautizado. El Espíritu Santo descendió sobre él, y extendiendo la mano, señaló a Jesús y exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Nadie de entre los oyentes, ni aun el que las pronunció, discernió el verdadero significado de estas palabras, “el Cordero de Dios”. Sobre el monte Moría, Abraham había oído la pregunta de su hijo: “Padre mío. ¿Dónde está el cordero para el holocausto?” El padre contestó “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío” (Génesis 22:7, 8). Y en el carnero divinamente provisto en lugar de Isaac, Abraham vio un símbolo de Aquel que había de morir por los pecados de los hombres. El Espíritu Santo, mediante Isaías, repitiendo la ilustración, profetizó del Salvador: “Como cordero fue llevado al matadero”. “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6. 7): pero los hijos de Israel no habían comprendido la lección. Muchos de ellos consideraban los sacrificios de una manera muy semejante a la forma en que miraban sus sacrificios los paganos, como dones por cuyo medio podían propiciar a la Divinidad. Dios deseaba enseñarles que el don que los reconcilia con él proviene de su amor (El Deseado de todas las gentes, p. 87).

El ceremonial de los sacrificios que había señalado a Cristo pasó pero los ojos de los hombres fueron dirigidos al verdadero sacrificio por los pecados del mundo…

“Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25) Aunque el ministerio había de ser trasladado del templo terrenal al celestial, aunque el Santuario y nuestro gran Sumo Sacerdote fuesen invisibles para los ojos humanos, los discípulos no habían de sufrir perdida por ello. No sufrirían interrupción en su comunión, ni disminución de poder por causa de la ausencia del Salvador. Mientras Jesús ministra en el Santuario celestial, es siempre por su Espíritu el ministro de la iglesia en la tierra. Está oculto a la vista, pero se cumple la promesa que hiciera al partir: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20) Aunque delega su poder a ministros inferiores, su presencia vivificadora está todavía con su iglesia (El Deseado de todas las gentes, p. 138).

Nuestro precioso Redentor está delante del Padre como nuestro intercesor… Los que quieran alcanzar la norma divina, escudriñen por si mismos las Escrituras para que tengan un conocimiento de la vida de Cristo y la comprensión de su misión y obra. Contémplenlo como a su Abogado, que está dentro del velo, teniendo en su mano el incensario Je oro, del cual asciende a Dios el santo incienso de los méritos de su justicia en favor de los que oran a él. Si ellos pudieran contemplarlo, experimentarían la seguridad de que tienen un Abogado poderoso e influyente en las cortes celestiales, y que su caso está ganado ante el trono de Dios (A fin de conocerle, p. 77).

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Lección 5 | Martes 1º de mayo________________________________________

NUESTRO SUMO SACERDOTE

Lee Hebreos 7:24 al 27, y 8:6. ¿Qué gran esperanza se nos da en estos versículos?

Hebreos 7:24-27

24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; 25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. 26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

Hebreos 8:6

Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

Cristo puede salvar completamente debido a varias cualidades que ningún otro sacerdote podría tener. Él es Dios, y tiene autoridad para perdonar pecados. Tiene un sacerdocio permanente. Durante la Era Cristiana, intercede todo el tiempo por su pueblo, con la misma compasión amante que cuando sanaba a los enfermos y consolaba a los solitarios. También es humano, pero nació sin pecado y nunca pecó. Y, aunque es el único que no cometió pecado, murió bajo el peso abrumador de la suma total del pecado humano. Entonces solo él, como Dios-Hombre, puede interceder por los pecadores en el Santuario celestial.

Además, estos versículos muestran que el sacrificio de Cristo fue de una vez para siempre. Era necesario que sucediera una sola vez, y fue suficiente para ofrecer salvación a cada ser humano.

A fin de cuentas, si consideramos quién fue el que murió en la Cruz, con una ofrenda así, ¿cómo no habría de ser suficiente para cada ser humano?

Lee Hebreos 9:11 al 15. ¿Qué logró Cristo por nosotros mediante su muerte y ahora en su ministerio celestial?

Hebreos 9:11-15

11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? 15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto,[a] para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

Hebreos 9:12 dice que Cristo ha “obtenido eterna redención”. La palabra griega traducida como “redención” también significa “rescate” y “liberación”. Es la misma palabra que se usa en Lucas 1:68, cuando Zacarías declaró que Dios “ha visitado y redimido a su pueblo”. La referencia a la sangre de Cristo (la sangre del único sacrificio suficiente) significa que fue Cristo, como Cordero sacrificial, el que obtuvo esta redención, esta liberación. Y lo grandioso del evangelio es que Cristo la obtuvo, no para sí, sino para nosotros, y se vuelve eficaz para todos los que aceptan el sacrificio de Cristo en su favor.

Medita en la idea de que Cristo obtuvo “eterna redención” para nosotros, y recién después de haber cumplido con esto inició su obra en el Santuario celestial en nuestro favor. ¿Qué esperanza nos ofrece esto con respecto a lo que Cristo está haciendo por nosotros en el Santuario celestial?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

(El comentario de este día incluye los días Martes, Miércoles, y Jueves)

En la Biblia no encontramos mucha información sobre el santuario celestial, pero encontramos cualquier cantidad de información del santuario terrenal.

 En el libro de Éxodo encontramos la orden que Dios da a Moisés de construir un santuario terrenal; y no solamente le da las medidas y la explicación, sino que le muestra el modelo de cómo tiene que ser construido el santuario terrenal.

 Éxodo 25:8,9,40. “Me harán un santuario para mi, y habitaré en medio de ellos. Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del Tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios así lo haréis… Mira hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte”

 Pablo más tarde menciona lo misma experiencia de Moisés en la construcción del santuario terrenal.

Hebreos 8:5. “…Como se le advirtió a Moisés cuando iba a levantar el Tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme la modelo que se te ha mostrado en el monte”.

Hebreos 9:22 al 28,  la Biblia habla del santuario celestial, comparándolo al santuario terrenal.

23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fueran purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos, 24 porque no entró Cristo en el santuario hecho por los hombres, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora por nosotros ante Dios. 25 Y no entró para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar santísimo cada año con sangre ajena. 26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los tiempos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que lo esperan.

El santuario y su servicio, p. 28. “Dios mismo le dio a Moisés el plano con instrucciones detalladas acerca del tamaño y la forma, así como de los materiales que debían emplearse y de todos los objetos y muebles que había de contener. Los dos lugares santos hechos a mano, debían ser ‘figuras del verdadero’, ‘figuras de las cosas celestiales’ (Heb. 9:24,23), es decir, una representación, en miniatura, del templo celestial donde Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote,… intercede en favor de los pecadores”.

La doctrina del santuario celestial es una doctrina que pertenece casi solamente a la iglesia adventista. Hasta donde conozco, no hay otra denominación religiosa que crea, que enseñe y que tenga depositada su esperanza en este proceso celestial y divino como lo hacemos los adventistas.

 En el santuario terrenal se ofrecían sacrificios diarios para el perdón de los pecados; también había sacrificios de agradecimiento. Pero una vez al año, se llevaba a cabo el día de la expiación.

 Ese día era muy temido por el pueblo de Israel, ya que en este día se limpiaba el santuario de los pecados que simbólicamente se habían depositado en ese lugar durante el último año, a partir del último día de expiación celebrado.

Si Dios encontraba que en la congregación había una persona sin confesar su pecado, esa persona sería muerta inmediata e irremisiblemente por no ajustar cuentas con Dios y con sus prójimos.

 Se peca solamente contra Dios; nosotros no pecamos contra el humano, ya que contra el humano cometemos faltas. El Espíritu Santo es tan Dios, como lo es el Padre y como lo es el Hijo. Por eso el pecado contra el Espíritu Santo es un pecado contra Dios mismo.

Vamos a explicar un poco la diferencia entre pecado y una falta. El pecado es una ofensa contra Dios, pero la falta es contra nuestro hermano. Si robamos, el pecado es contra Dios, porque él ordenó no hacerlo, pero la falta la cometimos contra nuestro prójimo, nuestro prójimo quedó sin algo que era parte de su propiedad.

Si mentimos el pecado es contra Dios porque el ordenó no hacerlo, pero la falta fue contra nuestro prójimo: nuestro prójimo quedó agraviado, dañado, en la cárcel o muerto por nuestra calumnia o falso testimonio.

Si adulteramos, el pecado es contra Dios, porque él ordenó no hacerlo, pero la falta es en contra de nuestro prójimo; en este caso en contra de los otros cónyuges de las parejas y también en contra de los hijos.

Si matamos, el pecado es contra Dios, porque él ordenó no hacerlo, pero la falta fue en contra de nuestro prójimo: alguien perdió la vida. Así sucede en todos los pecados, pecamos en contra de Dios, pero la falta es en contra de nuestros hermano. A excepción de los primeros cuatro mandamientos de la ley, donde tanto el pecado como la falta, se comete contra Dios.

Cuando nosotros pecamos y pedimos perdón, hacemos bien. Pero no es suficiente pedir perdón a Dios por nuestro pecado, sino que necesitamos pedir perdón a nuestro hermano por la falta que cometimos en contra de él. Si se puede restituir la falta, necesitamos restituir lo que arruinamos por la falta en contra de nuestro hermano.

Si yo robo, tengo que pedir perdón a Dios por mi pecado, pedirle perdón a mi hermano por la falta que cometí en contra de él, y tengo que restituir lo robado, si se puede restituir. Mientras no se haga todo este proceso, no hemos cumplido  con los requisitos para ser perdonados por Dios; seguimos con nuestra deuda en contra del Cielo y en contra de nuestro prójimo. Esto es precisamente el propósito de la santa cena; la santa cena es para arreglar mis cuentas tanto con Dios, como con mi prójimo. Allí le pido perdón a Dios por mi pecado, y perdón a mi prójimo por mi falta.

Esto precisamente ocurría en el día de la expiación: todo aquel que no hubiera confesado a Dios su pecado, y a su hermano la falta, su sentencia era la muerte.

Eso es precisamente lo que está sucediendo en el cielo en este momento: Jesucristo, quien es nuestro sumo sacerdote, ha entrado al lugar santísimo y se encuentra celebrando el día de la expiación.  A diferencia de lo que sucedió en el santuario terrenal -donde el sumo sacerdote entraba una vez al año-, en el santuario celestial, el día de la expiación sólo sucederá una vez en la historia de esta tierra y del universo entero.

25 Y no entró para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el lugar santísimo cada año con sangre ajena. 26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los tiempos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.  (Hebreos 9)

 Siempre han habido personas en la historia del cristianismo que han puesto fecha a la segunda venida de Cristo.

Uno de los rumores que hay en el mundo religioso e inclusive dentro de nuestra misma iglesia, es que nosotros la Iglesia Adventista del Séptimo Día también cometimos este error. Esto no es cierto. Lo que comúnmente llamamos “el gran chasco”, no sucedió a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nuestra iglesia aún no se había fundado en este tiempo. Esto le sucedió al Movimiento Millerita, dirigido por Guillermo Miller; lo integraban hermanos bautistas, metodistas, luteranos… y católicos, entre otros grupos religiosos de la época.

Entre los años 1840-1844 surgió en los Estados Unidos un movimiento multidenominacional llamado millerita.

Los milleritas fueron todos seguidores de William Miller, granjero del estado de Nueva York, en los Estados Unidos, y ministro licenciado de la Iglesia Bautista. Miller se destacó por su énfasis en la predicación del retorno de Jesucristo y estudió detenidamente la Biblia por más de quince años; a lo largo de ese período utilizó las Escrituras como su propio intérprete. Fue un diligente estudiante de las Escrituras, a quien Dios dio un mensaje oportuno para el momento.

14 Y él dijo: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.” Daniel 8

Miller estudió la profecía de los 2,300 días de Daniel 8: 14 y bajo un estudio minucioso de la Biblia, llegó a la conclusión de que la venida de Cristo sucedería entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844. 

Después de calcular estas fechas más rigurosamente de acuerdo con el calendario ritual de los judíos, él llegó a la clara y contundente verdad de que la venida de Cristo ocurriría el 22 de octubre de 1844.

Al no aparecer Jesucristo en esta fecha, todo este movimiento experimentó el conocido “gran chasco” y, como consecuencia, miles abandonaron el movimiento. El residuo que quedó en este grupo volvió al estudio de la Biblia para descubrir en que había consistido la equivocación.

No le demoró mucho tiempo a este grupo para descubrir que aunque la fecha de 22 de octubre de 1844 era correcta, el lugar del evento era lo que estaba equivocado. El chasco sufrido por los cristianos el 22 de octubre de 1844 estaba predicho en la profecía de Apocalipsis 10.

Ese grupo de creyentes llegaron a entender que el santuario que tenía que ser purificado no se refería a la tierra, sino al santuario que estaba en el cielo.

Jesús había entrado al lugar santísimo del santuario celestial para dar inicio a su obra de juicio. Como Elena G. de White declaró más tarde: “El asunto del santuario fue la clave que aclaró el misterio del chasco de 1844” {Conflicto de los Siglos, página 419}

De este grupo sale la Iglesia Adventista, que unos años más tarde descubren la verdad del sábado (1848) y cambian su nombre a Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1860, nombre oficial que se mantiene hasta el día de hoy. Vale la pena recalcar que aún en el año 1859 este movimiento aún no tenía nombre. La Asociación General se organizó en 1863.

Bueno, ya sabemos que el año 1844, es el año en que comienza el día de la expiación en el santuario celestial.

La pregunta sería: ¿Cuánto tiempo permanecerá Jesucristo nuestro sumo sacerdote en el lugar santísimo limpiando el santuario celestial?

Es allí donde tendría que estar nuestra gran preocupación, pero penosamente la mayoría de nosotros estamos preocupados en las cosas equivocadas:

-Hay unos que están inquietos tratando de interpretar los movimientos, las sonrisas, los ademanes, y las palabras del papa.

-Otros que no descansan de estar midiendo la longitud de las faldas y el cabello de nuestras hermanas.

-Otros que se desvelan por criticar las decisiones y acciones de los lideres de la Asociación General.

-Otros que no dejan de estar criticando a los pastores, ancianos y juntas de iglesia.

-Otros que quizá no duermen pensando en cómo quitarle hasta el último centavo de ofrenda que la iglesia recoge.

-Otros que se nos espanta el sueño en tratar de evitar el abuso de nuestros administradores con los diezmos y las ofrendas.

-Otros no tienen sosiego tratando de apabullar a todos aquellos que tengan una idea que no calce con su propia manera de pensar.

-y hay otros que invierten el tiempo escribiendo cosas extrañas de la Biblia y tratando de hacer tropezar a los miembros de iglesias con doctrinas heréticas

¿Y el día de la expiación? ¿A qué hora saldrá nuestro sumo pontífice del lugar santísimo y pronunciará las mas temibles palabras escritas en la Biblia para nosotros:  11 El que es injusto, sea injusto todavía; el que es impuro, sea impuro todavía; el que es justo, practique la justicia todavía, y el que es santo, santifíquese más todavía.”? (Apocalipsis 22)

¿A qué hora terminará el día de la expiación en el santuario celestial?

Eso parece que nos tiene sin cuidado; cuando deberíamos de estar procurando nuestra salvación con temor y temblor, sencillamente ignoramos que Cristo se encuentra en el lugar santísimo del santuario celestial, que de un momento a otro puede terminar su trabajo intercesor por nosotros, y allí queda precisamente sellada nuestra salvación o nuestra perdición.

Nosotros tenemos un relojito que nos ayuda mucho en nuestra vida espiritual; lo vamos a sacar de nuevo de nuestro baúl de tesoros para usarlo en esta ocasión.  

2 Pedro 3: 8 dice: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”

 Lo que el apóstol Pedro dijo, también lo dijo el salmista Moisés en Salmo 90: 4 Porque mil años son ante tus ojos como un día, como un ayer que ya pasó, como una vigilia en la noche.”

 Vamos a hacer el cálculo del reloj de Dios, para trasladarlo al reloj nuestro.

 Dios                  Humanos

1 día                  1000 años

Medio día         500 años

6 horas              250 años

3 horas              125 años

36 minutos        25 años

9 minutos          6 años y 3 meses

1 minuto            8 meses y 8 días (+/-)

1 segundo          4 días y 8 horas (+/-)

 Este es un cálculo vago, carente de cientificismo, pero nos ayuda a entender con aproximación la diferencia entre el reloj divino y el reloj humano.

 Tener una mejor idea del reloj de Dios y el reloj del humano, prepara el camino para entender otros puntos de la vida religiosa, relacionados con asuntos bíblicos.

 1-Podemos comprender por qué algunas personas pasan al descanso en su temprana edad.  Dios en su presciencia -conocimiento perfecto del futuro- permite que la persona deje de vivir unos cuantos minutos menos de su reloj, con tal de que alcance la vida eterna. Posiblemente esta persona, si Dios le permitiera vivir unos minutos más del reloj divino, perdería la vida eterna.

 2-Podemos comprender que cuando pedimos al Señor un milagro o cualquier otra petición, muchas veces el Señor hará que esperemos unos cuantos segundos de su reloj para darnos su respuesta a nuestro pedido. Devido a que muchas veces no entendemos el reloj del Señor, muchos perdemos la paciencia y salimos enojándonos con Dios, creyendo que a él no le importa nuestra vida ni nuestros problemas.

 3-Hay muchos pedidos que hacemos a Dios y él nos contesta inmediatamente; eso nos muestra la gran misericordia y amor de Dios, cuando él toma menos de un segundo de su reloj divino para responder a nuestros pedidos.

 4-Podemos entender que Dios sentenció a Adán a morir el mismo día que desobedeció y así fue: de acuerdo con el reloj divino Adán murió ese mismo día, su vida llegó cerca de finalizar el día; Adán tenía 930 años cuando murió.

 5-Podemos entender la segunda venida de Cristo. En el reloj divino, Cristo tiene apenas dos días de haber partido. Debido a que nosotros nos regimos con un reloj extremadamente rápido, nuestra preocupación no sería tanto la hora de la venida de Cristo, sino la hora de nuestra muerte. Ésta puede ocurrir en los siguientes segundos, sin importar nuestra edad o condición física. Cuando morimos, allí mismo muere también nuestra gracia y nuestra esperanza, allí queda nuestro destino sellado y nos colocamos automáticamente al lindero de la vida eterna o de la muerte eterna.

Con esto no queremos dar a entender que falta mucho tiempo para la venida de Cristo. Nosotros no sabemos y no podemos poner fecha. De una cosa sí tenemos que estar seguros: es de que todas las señales que preceden a la segunda venida de Cristo, ya se han cumplido: la segunda venida de Cristo a este mundo es inminente.

 6-Con el reloj divino podemos comprender que la vida más longeva de un humano aquí en la tierra, alcanza apenas unas 2 horas y media en el reloj de Dios.

 Con el estudio de este día añadimos dos artículos más a nuestro reloj:

7-Cristo, de acuerdo con el reloj divino, ministró en el lugar santo por casi dos días, desde su ascensión al cielo hasta 1844, de acuerdo con la profecía de los 1,260 días.

 8-De 1844 hasta nuestros días han transcurrido 174 años de nuestro calendario, que equivale en el reloj divino a unas 3 horas y media (+/-). Estas 3 horas y media, es el tiempo que ya Jesucristo lleva intercediendo en el lugar santo y también este es el tiempo que ya lleva purificando el lugar santísimo.

 ¿Cuánto tiempo durará el día de la expiación en el santuario celestial? El día de la expiación en el santuario terrenal creemos que duraba un corto tiempo.

 ¿Cuánto minutos más tiene Jesucristo que trabajar para terminar su juicio o terminar de purificar el santuario celestial?

La distinción entre tiempo corto y tiempo largo, no existe en la presencia de Dios. Lo que nos parece una tardanza no existe en el cronograma divino: es simplemente una concepción humana.

 ¿Serán minutos los que faltan para que Jesucristo salga del lugar santísimo y se mude de sus ropas sacerdotales a ropas de Rey de reyes y Señor de señores, para entonces recompensar a cada quien según sus obras?

 ¿Se dio cuenta de por qué nuestra preocupación tendría que estar puesta en lo que está sucediendo en este momento en el lugar santísimo del santuario celestial y no en otros asuntos de menor o de ninguna importancia?

 En el momento en que Jesucristo termine su trabajo de intercesión y purificación del santuario celestial, nuestra suerte queda sellada. No hay más oportunidad para los miembros de la iglesia Adventista del Séptimo Día. El día de nuestra gracia se ha completado y la sentencia se ha dictado: 11 El que es injusto, sea injusto todavía; el que es impuro, sea impuro todavía; el que es justo, practique la justicia todavía, y el que es santo, santifíquese más todavía.” Apocalipsis 22

Hoy vivimos un tiempo solemne. El fin de todas las cosas de acerca. Seamos celosos y sigamos con Cristo, nuestro suficiente Salvador.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Nadie sino el Hijo de Dios podía efectuar nuestra redención; porque solo él, que estaba en el seno del Padre, podía darle a conocer. Solo él, que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía manifestarlo. Nada que fuese inferior al infinito sacrificio hecho por Cristo en favor del hombre podía expresar el amor del Padre hacia la perdida humanidad.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Lo dio, no solo para que viviese entre los hombres, llevase los pecados de ellos y muriese para expiarlos, sino que lo dio a la raza caída. Cristo debía identificarse con los intereses y las necesidades de la humanidad. El que era uno con Dios se vinculó con los hijos de los hombres mediante lazos que jamás serán quebrantados. Jesús “no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:1 1). Es nuestro Sacrificio, nuestro Abogado, nuestro Hermano, que lleva nuestra forma humana delante del trono del Padre, y por las edades eternas será uno con la raza a la cual redimió: es el Hijo del hombre. Y todo esto para que el hombre fuese levantado de la ruina y degradación del pecado, para que reflejase el amor de Dios y compartiese el gozo de la santidad (El camino a Cristo, p. 14).

“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo”. Hebreos 2:17. El pecador arrepentido debe creer que Cristo es su Salvador personal. Es su única esperanza. Puede recurrir a la sangre de Cristo para presentar a Dios, como propios, los méritos del Salvador crucificado y resucitado. De ese modo, mediante la ofrenda de sí mismo hecha por Cristo, el inocente en lugar del culpable, se remueven todos los obstáculos y el amor perdonador de Dios puede fluir en ricos raudales de misericordia en favor del hombre caído.

Acuda a Jesús ahora mismo, entretanto que se dice hoy (Cada día con Dios, p. 36).

Los que caemos por haber transgredido la Ley de Dios tenemos un Abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo. El camino está abierto para que todos se preparen para la segunda venida de Jesucristo, de tal manera que en su aparición puedan ser vindicados por haber abandonado todo pecado y vencido por medio de la sangre purificadora de Cristo. Mediante la intercesión de Jesús la imagen de Dios se renueva en la mente, el corazón y el carácter. Mediante la sangre del unigénito Hijo de Dios podemos obtener redención…

El poder de la gracia de Cristo es maravilloso. Cuando el enemigo viene como río el Espíritu del Señor levanta bandera contra el en favor del creyente que confía… Debemos posesionarnos del tema del amor redentor y esforzarnos por conocer al Señor de tal manera que con sencillez podamos revelar su carácter (Alza tus ojos, p. 62).

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Miércoles 2 de mayo | Lección 5_______________________________________

NUESTRO INTERCESOR

Aunque el pecado había acarreado una terrible separación entre Dios y la humanidad, la muerte sacrificial de Cristo nos lleva a Dios siendo seres humanos, y podemos seguir teniendo acceso a él. Lee Efesios 2:18 y 1 Pedro 3:18.

“La cual [esperanza] tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Heb. 6:19, 20). Según estos versículos, ¿qué hizo Jesús por nosotros?

Lee Hebreos 9:24. ¿Qué dice este versículo que incluye la obra de Cristo?

Hebreos 9:24

24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;

Jesús es el precursor porque entró como nuestro Representante en el Santuario celestial, incluso en la misma presencia de Dios, por nosotros. Es decir, Jesús está de pie ante el Padre, ministrando los méritos de su expiación, la “eterna redención” que él ha “obtenido” en nuestro favor.

Sí, cuando aceptamos a Jesús, nuestros pecados son perdonados, y nos presentamos delante de Dios perdonados y limpios. Pero esto no quita que, incluso después de habernos hecho cristianos, a veces todavía pequemos, a pesar de todas las maravillosas promesas de victoria. En esos casos, Jesús intercede como nuestro Sumo Sacerdote en el cielo. Él representa ante el Padre al pecador arrepentido, no invocando nuestros méritos (porque no tenemos ninguno) sino los suyos en nuestro favor. “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb. 7:25).

¿Qué cristiano que haya nacido de nuevo no siente necesidad de la misericordia y la gracia de Cristo? Es decir, a pesar de la nueva vida que tenemos en Jesús, a pesar de los maravillosos cambios en nuestra existencia, ¿quién no se da cuenta de la necesidad constante de perdón? ¿Por qué, entonces, el saber que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote es tan precioso para nosotros?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El comentario de este día está incluido con el día Martes.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La intercesión de Cristo por el hombre en el Santuario celestial es tan esencial para el plan de la salvación como lo fue su muerte en la cruz. Con su muerte dio principio a aquella obra para cuya conclusión ascendió al cielo después de su resurrección. Por la fe debemos entrar velo adentro, “donde entró por nosotros como precursor Jesús”. Hebreos 6:20. Allí se refleja la luz de la cruz del Calvario: y allí podemos obtener una comprensión más clara de los misterios de la redención. La salvación del hombre se cumple a un precio infinito para el cielo; el sacrificio hecho corresponde a las más amplias exigencias de la ley de Dios quebrantada. Jesús abrió el camino que lleva al trono del Padre, y por su mediación pueden ser presentados ante Dios los deseos sinceros de todos los que a él se allegan con fe (El conflicto de los siglos, p. 479).

Recordemos que nuestro gran Sumo Sacerdote está intercediendo ante el propiciatorio en favor de su pueblo rescatado. Vive siempre para interceder por nosotros. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”…

El no olvidará a su iglesia en el mundo de tentaciones. Contempla a su pueblo probado y doliente, y ora por él… Si, contempla a su pueblo en este mundo, que es un mundo perseguidor y todo marchito y echado a perder con la maldición, y sabe que los suyos necesitan tic todos los recursos divinos de su simpatía y su amor. Nuestro Precursor ha entrado por nosotros dentro del velo y, sin embargo, mediante la áurea cadena del amor y la verdad está unido con su pueblo en la simpatía más estrecha.

Está intercediendo por los más humildes, los más oprimidos y sufrientes, por los más probados y tentados. Con manos levantadas suplica: “En las palmas de las manos te tengo esculpida”. Dios se complace en escuchar las súplicas de su Hijo y responde a ellos [Hebreos 4:14-16], (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 7, p. 960).

Las escenas del Calvario despiertan la más profunda emoción. Tendrás disculpa si manifiestas entusiasmo por este tema. Que Cristo, tan excelso e inocente, hubiese de sufrir una muerte tan dolorosa y soportar el peso de los pecados del mundo, es algo que nuestros pensamientos e imaginaciones no podrán nunca comprender plenamente. No podemos medir la longitud, anchura, altura y profundidad de un amor tan asombroso. La contemplación de las profundidades inconmensurables del amor del Salvador debieran llenar la mente, conmover y enternecer el alma, refinar y elevar los afectos, y transformar completamente todo el carácter. El lenguaje del apóstol es: “No me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. 1 Corintios 2:2. Nosotros también podemos mirar al Calvario y exclamar: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. Gálatas 6:14 (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 192).

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Lección 5 | Jueves 3 de mayo_________________________________________

EL DÍA DE LA EXPIACIÓN

El libro de Hebreos nos enseña que el servicio del Santuario terrenal hebreo era un modelo del Santuario celestial, al que Cristo inauguró cuando entró en él como nuestro Sumo Sacerdote. El servicio terrenal, con sus dos compartimentos y sus rituales de sacrificio y de purificación, era “figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo” (Heb. 8:5).

En el ritual del Santuario terrenal, se desarrollaba un ministerio en los dos compartimentos, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo; y del mismo modo, se desarrolla el ministerio de Cristo en el Santuario celestial. En el Santuario terrenal, el concepto de juicio era representado el Día de la Expiación, cuyo resultado era la purificación del Santuario, según se describe en Levítico 16. Este era el único momento del año en que el sumo sacerdote entraba en el segundo compartimento, el Lugar Santísimo (Lev. 16:12-14) para hacer una obra de purificación y expiación en favor del pueblo.

Lee Hebreos 9:20 al 23. ¿Qué necesita ser purificado y limpiado, y por qué esto es una clara referencia al ministerio de Cristo del Día de la Expiación?

Hebreos 9:20-23

20 diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. 21 Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. 22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. 23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.

Los eruditos se han sorprendido por la afirmación de que el Santuario celestial en sí necesitaba ser limpiado o “purificado”. Sin embargo, una vez que esto se entiende como una referencia al Día de la Expiación, el problema desaparece. Hebreos 9:23 muestra que la obra que Cristo hace en el Santuario celestial es la verdadera expresión de lo que el sumo sacerdote terrenal hacía en el servicio anual de la Expiación en el Santuario israelita. El ministerio del sacerdote terrenal en la purificación del Santuario terrenal prefiguraba la obra que algún día Cristo realizaría en el cielo. El versículo no dice que esta purificación celestial tuvo lugar inmediatamente después de la ascensión de Cristo. A partir del estudio del libro de Daniel, podemos ver que esta fase del ministerio comenzó en el año 1844. Así que, como cristianos que enfrentamos los últimos días, debemos entender la solemnidad de la época en la que estamos; pero además podemos descansar en la seguridad de lo que Cristo ha hecho por nosotros en el pasado y lo que está haciendo por nosotros ahora en el Lugar Santísimo del Santuario celestial.

El mensaje del primer ángel declara: “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado” (Apoc. 14:7). La realidad del Juicio apunta a la proximidad del fin. ¿De qué manera esta realidad debería afectar la forma en que vivimos?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

El comentario de este día está incluido con el día Martes.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[El] ministerio siguió efectuándose durante dieciocho siglos en el primer departamento del Santuario. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del Santuario (El conflicto de los siglos, p. 415).

La purificación en ambos servicios, el simbólico y el real, debe efectuarse con sangre: en aquél con sangre de animales: en éste, con la sangre de Cristo…

Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre el holocausto, y por la sangre de éste transferidos figurativamente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial. Y así como la purificación simbólica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo. Pero, antes de que esto pueda cumplirse deben examinarse los registros para determinar quiénes son los que, por medio del arrepentimiento del pecado y de la fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de su expiación (La fe por la cual vivo, p. 208).

Hay que escudriñar honda y sinceramente el corazón… Empeñada lucha espera a todos aquellos que quieran subyugar las malas inclinaciones que tratan de dominarlos. La obra de preparación es obra individual. No somos salvados en grupos. La pureza y la devoción de uno no suplirán la falta de estas cualidades en otro… Cada cual tiene que ser probado y encontrado sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante.

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo; como llegaron a ser partícipes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la ley de Dios, sus pecados serán borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. El Señor declara… “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Isaías 43:25 (Maranata, pp. 95, 96).

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Viernes 4 de mayo | Lección 5________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

El libro de Hebreos señala al Santuario terrenal como el modelo, el tipo, de lo que Cristo haría por nosotros en la Tierra, como nuestro Sacrificio, y en el cielo, como nuestro Sumo Sacerdote. El Santuario israelita siempre fue una lección objetiva del evangelio. Debía enseñarles a los judíos el plan de salvación, que incluía el sacrificio, la intercesión, el juicio y el fin del pecado. Mientras tanto, el libro de Daniel añade más luz para ayudar a los lectores a comprender la dimensión apocalíptica (del tiempo del fin) de la obra final de Cristo en el Santuario celestial. “Con su énfasis en la purificación, el Juicio y la vindicación, las visiones apocalípticas de Daniel proyectan el simbolismo del Día de la Expiación hasta el mismo fin de la historia de la Tierra. La purificación está relacionada directamente con el Santuario celestial y con la obra del Mesías como Rey y Sacerdote. Las visiones introducen el elemento tiempo, haciendo posible para el lector la identificación de un momento específico dentro de la historia de la salvación en el cual el Mesías comienza su obra de purificación final, juicio y vindicación en la morada celestial de Dios”.–Tratado de teología adventista del séptimo día, p. 447.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Observa esta cita de Elena de White: “Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la ofrenda por el pecado, y por su sangre se transferían figurativamente al Santuario terrenal, así también, en el Nuevo Pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo y transferidos, de hecho, al Santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba por medio de la remoción de los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo. Pero, antes de que esto pueda realizarse, deben examinarse los libros de registros para determinar quiénes son los que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de la expiación hecha por él” (CS 416).

Según ella, ¿cuáles son las dos cosas que revelan quiénes son los que tienen derecho a los “beneficios de la expiación hecha por él”? ¿Por qué es tan importante que el pueblo de Dios entienda cuáles son, especialmente en las pruebas de los últimos días?

  1. Lee Levítico 16:15 y 16. ¿Cuál es el significado de la sangre? ¿Qué representaba la sangre? ¿Por qué la sangre era tan importante para el ritual del Día de la Expiación en ese entonces y qué significa para nosotros hoy?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
http://www.sevendayradio.com
http://www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2018

4 pensamientos en “LECCIÓN 5 – CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL – PARA EL 5 DE MAYO DE 2018

  1. Muy buena excelente .Todo la informa ion que se aporta en muy util

  2. me encanta y me ha servido para dar las clases de escuela sabatica y principalmente me ha ayudado a comprender mas la leccion.

  3. Gracias hno Tony,Dios le continué bendiciendo en su hogar e iglesia y en su vida espiritual

  4. He leido vuestro post con mucha atecion y me ha parecido didactico ademas de claro en su contenido. No dejeis de cuidar este blog es buena.
    Saludos

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