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LECCIÓN 1 – ME SERÉIS TESTIGOS – PARA EL 7 DE JULIO DE 2018

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 1: Para el 7 de julio de 2018

ME SERÉIS TESTIGOS

Sábado 30 de junio__________________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hechos 1:6-8; Lucas 24:25; 24:44-48; Deuteronomio 19:15; Hechos 1:9-26; Proverbios 16:33.

PARA MEMORIZAR:

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo úl­timo de la tierra” (Hech. 1:8).

La misión de Jesús en la Tierra había terminado. Dios pronto enviaría al Espíritu Santo, quien, al ratificar sus esfuerzos con muchas señales y prodigios, fortalecería y conduciría a los discípulos en una misión que llegaría hasta los confines del mundo. Jesús no podía quedarse con ellos para siempre en carne humana. No solo porque su encarnación le imponía una limitación física en el contexto de una misión mundial, sino también porque, para que el Espíritu llegara, eran necesarias la ascensión de Jesús y su exaltación en el cielo.

Sin embargo, hasta la resurrección de Jesús, los discípulos no sabían estas cosas con claridad. Cuando dejaron todo para seguirlo, creían que él era un libertador político que, un día, expulsaría a los romanos de la tierra, restablecería la dinastía de David y restauraría a Israel a su gloria pasada. No era fácil para ellos pensar de otra manera.

Este es el tema fundamental de las instrucciones finales de Jesús a los discípulos en Hechos 1. La promesa del Espíritu surge en este contexto. El capítulo también describe el regreso de Jesús al cielo y de qué manera la iglesia primitiva se preparó para el Pentecostés.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jesús había intentado varias veces descorrer el velo del futuro ante sus discípulos, pero ellos no se habían interesado en pensar en las cosas que él decía. Por causa de esto, su muerte los había sorprendido; y ellos, al recapitular el pasado y ver el resultado de su incredulidad, se llenaron de tristeza. Cuando Cristo fue crucificado, no creyeron que resucitaría. Él les había dicho claramente que se levantaría al tercer día, pero ellos, perplejos, deseaban saber qué quería decir. Esta falta de comprensión los dejó enteramente desesperados en ocasión de su muerte. Quedaron amargamente chasqueados. Su fe no traspasaba las sombras que Satanás había arrojado a través del horizonte de ellos. Todo les parecía vago y misterioso. Si hubieran creído las palabras del Salvador, ¡cuánta tristeza hubieran podido evitar! (Los Hechos de los Apóstoles, {HAp}, p. 21).

Mientras las santas mujeres llevaban la noticia de que Jesús había resucitado, los soldados de la guardia romana propalaban la mentira puesta en sus bocas por los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, de que los discípulos habían venido por la noche a buscar el cuerpo de Jesús mientras ellos dormían. Satanás había puesto esa mentira en los corazones y labios de los príncipes de los sacerdotes, y el pueblo estaba listo para creer su palabra. Pero Dios había asegurado más allá de toda duda la veracidad de este importante acontecimiento del que depende nuestra salvación, y fue imposible que los sacerdotes y ancianos lo ocultaran. De entre los muertos se levantaron testigos para evidenciar la resurrección de Cristo.

Cuarenta días permaneció Jesús con sus discípulos, alegrándoles el corazón al declararles más abiertamente las realidades del reino de Dios. Los comisionó para dar testimonio de cuanto habían visto y oído referente a su pasión, muerte y resurrección, así como de que él había hecho sacrificio por el pecado, para que cuantos quisieran pudieran acudir a él y encontrar vida. Con fiel ternura les dijo que serían perseguidos y angustiados, pero que hallarían consuelo en el recuerdo de su experiencia y en la memoria de las palabras que les había hablado. Les dijo que él había vencido las tentaciones de Satanás y obtenido la victoria por medio de pruebas y sufrimientos. Ya no podría Satanás tener poder sobre él, pero los tentaría más directamente a ellos y a cuantos creyeran en su nombre. Sin embargo, también podrían ellos vencer como él había vencido (Primeros Escritos, {PE}, p. 188).

Cuando los discípulos volvieron del Olivar a Jerusalén, la gente los miraba, esperando ver en sus rostros expresiones de tristeza, confusión y chasco; pero vieron alegría y triunfo. Los discípulos no lloraban ahora esperanzas frustradas. Habían visto al Salvador resucitado, y las palabras de su promesa de despedida repercutían constantemente en sus oídos…

Fueron traídas de nuevo a su memoria verdades que habían olvidado, y las repetían unos a otros. Se reprocharon a sí mismos el haber comprendido tan mal al Salvador. Como en procesión, pasó delante de ellos una escena tras otra de su maravillosa vida. Cuando meditaban en su vida pura y santa, sentían que no habría trabajo demasiado duro, ni sacrificio demasiado grande, si tan sólo pudiesen ellos atestiguar con su vida la belleza del carácter de Cristo (Los Hechos de los Apóstoles, {HAp}, p. 29).

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Estimados hermanos y amigos, por motivos laborales extremos, su servidor Tony García, está retrasado con los comentarios para esta semana.

Personalmente les pido disculpas y paciencia en esta ocasión; en los siguientes días estaremos trabajando arduamente para poner al día los comentarios de la lección. Dios mediante en el transcurso de la semana tendremos el estudio completo, ya que hay temas muy importantes que no queremos pasar por alto.

Les dejamos un adelanto del comentario de los primeros días del estudio de esta semana; no está terminado, por lo cual sufrirá cambios en los siguientes días, pero al menos nos da una idea del tema de la lección.

Que Dios sea con ustedes.

 

 


Lección 1 | Domingo 1º de julio____________________________________________________

LA RESTAURACIÓN DE ISRAEL

Hay dos clases de profecías mesiánicas en el Antiguo Testamento: una que prevé un Mesías majestuoso que gobierna para siempre (Sal. 89:3, 4, 35-37; Isa. 9:6, 7; Eze. 37:25; Dan. 2:44; 7:13, 14), y otra que predice que el Mesías muere por los pecados del pueblo (Isa. 52:13-53:12; Dan. 9:26). Esas profecías no se contradicen entre sí. Solo apuntan a dos fases consecutivas del ministerio del Mesías: primero sufre, y luego se convierte en Rey (Luc. 17:24, 25; 24:25, 26).

No obstante, el problema era que las expectativas mesiánicas judías del siglo I eran unilaterales. La esperanza de un Mesías regio que traería liberación política oscureció la noción de un Mesías que sufriría y moriría.

Al principio, los discípulos compartían esta esperanza de un Mesías regio. Creían que Jesús era el Mesías (Mat. 16:16, 20) y, algunas veces, fueron sorprendidos peleándose entre sí por quiénes se sentarían a su lado cuando fuese entronizado (Mar. 10:35-37; Luc. 9:46). A pesar de las advertencias de Jesús acerca del destino que le esperaba, ellos simplemente no podían en­tender lo que él les quería decir. Por ende, cuando murió, se confundieron y se desanimaron. Según sus propias palabras: “Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido” (Luc. 24:21).

Lee Hechos 1:6. ¿Qué nos dice esta pregunta respecto de lo que todavía no entendían? ¿De qué modo les respondió Jesús en Hechos 1:7?

Hechos 1:6, 7

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;

Si la muerte de Jesús representó un golpe fatal para la esperanza de los discípulos, la resurrección la revivió, y elevó sus expectativas políticas a un nivel quizá sin precedentes. Parecía natural concebir la resurrección como un fuerte indicador de que el reino mesiánico finalmente se establecería.

Sin embargo, frente a la pregunta de ellos, Jesús no respondió direc­tamente. Él no rechazó la premisa detrás de la pregunta de los discípulos acerca de un reino inminente, pero tampoco la aceptó. Dejó el asunto en suspenso, mientras les recordaba que el tiempo de las acciones de Dios le pertenece a Dios y, como tal, es inaccesible para los seres humanos.

Según Lucas 24:25, ¿cuál era el verdadero problema de los discípulos? ¿Por qué nos resulta fácil creer lo que queremos creer, aunque difiera de lo que realmente enseña la Biblia? ¿De qué forma podemos evitar esta trampa?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

 

 “…apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios…” (Hechos 1:3)

 

Jesucristo no regresó a los cielos de una forma definida después de su resurrección, sino que se quedó cuarenta días en la tierra; éstas pueden ser algunas de las razones para extender su estadía con los discípulos aquí en la tierra, después de su resurrección.

Posiblemente Jesús quería:

1-Asegurar, confirmar y perpetuar en la mente de los discípulos que él no estaba muerto, sino vivo.

2-Grabar en la mente de los discípulos que, con su resurrección, había roto las cadenas del imperio de la tumba y de la muerte, y que su carácter y su misión en esta tierra, era ciento por ciento de origen divino.

3-Aprovechar ese tiempo para remover de una vez por todas la creencia de sus discípulos en el sentido de que asociaba el reino de Cristo con un reino terrenal. El versículo declara que en esos cuarenta días, Jesucristo les habló del reino de Dios.

4-O posiblemente en esos cuarenta días en la tierra, Jesucristo planificó e instruyó a sus discípulos para que iniciaran la campaña evangelística más larga que ha existido en la religión cristiana, una campaña que ya lleva más de 2,000 años de duración.

“Cuarenta días” es un espacio de tiempo muy significativo en la Biblia. Dios usa el número 40 como un término de prueba antes de que algún suceso importante ocurra, algo que tenga que ver con el reino de Dios.

  • Moisés estuvo cuarenta días y cuarenta noches antes de recibir los diez mandamientos
  • Después de que Moisés destruyó las tablas de piedras originales, pasó otros cuarenta día con el Señor, antes de recibir las nuevas tablas de los mandamientos
  • Los espías tomaron cuarenta días para explorar la tierra prometida
  • Cuarenta años peregrinó Israel por el desierto
  • Cuarenta días caminó Elías a través del desierto, dirigido por Dios hasta llegar al monte Horeb
  • Cuarenta días dio Dios a Nínive para que se arrepintieran sus habitantes
  • A los cuarenta días Jesús fue presentado en el templo
  • Cuarenta días Jesús oró y ayunó antes de ser tentado y comenzar su ministerio
  • Y ahora encontramos que Jesús tomó cuarenta días para estar con sus discípulos antes de su ascensión al cielo

Lo significante de este número en verdad no lo sabemos, pero la repetición de este espacio de tiempo y que usualmente está conectado con eventos importantes, nos lleva a pensar que hay un misterio divino es este espacio de tiempo que Dios usa para con los humanos.

Estas son las apariciones de Jesús registradas por la Biblia durante esos cuarenta días:

  • A María Magdalena (Marcos 16 y Juan 20)
  • A la mujer que lo visitó en el sepulcro, la misma que llevó a los discípulos el mensaje de reunirse con Jesús en Galilea (Mateo 28: 1-10)
  • A Pedro (Lucas 24:33)
  • A Cleofas y el otro, en el camino a Emaús  (Lucas 24: 36-43)
  • A los 11 discípulos en Jerusalén, con la ausencia de Tomás (Lucas 24: 36-43)
  • “Ochos días después” a los discípulos, estando Tomás presente (Marcos 16:14)
  • A algunos discípulos mientras pescaban en el mar de Galilea (Juan 21: 1-24)
  • A Santiago, su hermano y primer presidente de la Asociación General (Gál. 1:19 y 1 Corintios 15: 7)
  • A los discípulos, posiblemente todos ellos en cierta montaña de Galilea (1 Corintios 15: 6)
  • En la mañana de la ascensión (Lucas 24: 43-51)

 Jesús deseaba asegurar a sus discípulos que su resurrección era real. Jesús deseaba que, antes de partir, en los discípulos no quedara ni la menor duda de su existencia, por lo tanto una sola reunión no era suficiente.

Las pruebas de su existencia fueron multiplicadas y sus visitas se repetían constantemente. Su aspecto se hizo familiar a los discípulos, lo escucharon hablar, comió con ellos, incluso les preparó alimentos a la orilla del mar de Galilea.

Cuando Cristo partió, en la mente de los discípulos no quedó la idea de haber recibido una visión vaga acerca de la resurrección de Cristo; ellos quedaron convencidos de que la presencia de Jesús después de su resurrección era real, ellos lo presenciaron y lo palparon. Jesús era real: había vencido la muerte.

Esos cuarenta días de Jesús con sus discípulos, darían sus frutos en los siguientes cuarenta años de gracia que tenía Jerusalén, antes de ser destruida por los romanos.

El gran impacto que había producido en los discípulos la reaparición de Cristo después de su resurrección, aparentemente se disipó bien rápido. Justo antes de Jesús partir, posiblemente unos minutos antes, podemos observar a los discípulos enfrascados en las misma conversaciones antiguas con Jesús.

Antes de Jesús morir, ellos estaban enfrascado en el altercado de quién sería el primero en el reino del Mesías; ahora después de la muerte y resurrección de Cristo, los apóstoles están volviendo al mismo tema antiguo y ahora están preguntando de nuevo acerca de su reino y de la fecha de su inauguración.

Después de haber resucitado, Jesús pasó cuarenta días con los discípulos para reafirmar su resurrección y para ayudarlos a entender mejor el Reino de Dios, sin embargo, justo antes de que Jesús partiera hacia el cielo, el tema que más ocupaba la mente de ellos era si finalmente había llegado el momento en que Jesús conquistaría a los romanos o no.

Posiblemente en esta ocasión, la pregunta era más profunda, ya que los apóstoles habían escuchado promesas más grandes por parte de Jesús; habían escuchado de la promesa del Padre, habían escuchado del bautismo del Espíritu Santo, habían escuchado que el reino de Dios había comenzado, y además sentían el reino de Dios en sus corazones. La respuesta de Cristo fue el ocultamiento, “No es de vosotros saber los tiempos del Padre…” dijo Jesús

Sus propias ideas de lo que debía ocurrir eran tan fuertes que, sencillamente, no escuchaban lo que Jesús les estaba diciendo. Aun después de tres años y medio (el equivalente a un grado universitario) de instrucción detallada del mejor Maestro que el mundo conoció, los discípulos todavía tenían muchas ideas equivocadas.

“6Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1)

Jesús, en vez de perder tiempo corrigiendo sus falsas ideas, se concentró en el verdadero problema. Para sus discípulos, recibir poder del Espíritu Santo era mucho más importante que las discusiones políticas, cronológicas o teológicas.

Después de contemplar a Jesús ascendiendo en las nubes, los discípulos observaron a dos hombres parados junto a ellos. Estos les dijeron que Jesús volvería. Así como en el cielo era un Rey conquistador, vendría como el Rey y Conquistador que ellos soñaban cuando querían la restauración del reino a Israel. Pero ese día sobrepasaría aun los sueños más grandiosos: porque vendría como Rey de toda la creación, no solo como rey de un trozo de tierra en el Medio Oriente.

Los once discípulos regresaron a Jerusalén llenos de recuerdos y con corazones resplandecientes por las verdades reveladas por Jesús (las que entendían). No obstante, necesitaban algo más. Debían esperar hasta que el Espíritu Santo los bautizara, porque, aunque el enemigo había sido derrotado, no estaba todavía exterminado y ellos necesitarían poder de lo Alto para hacer lo que Jesús les había ordenado. La lucha cruenta debía continuar hasta la gloriosa segunda venida. 

La ascensión de Cristo y su segunda venida, están íntimamente entrelazados; así como los apóstoles estaban al umbral de la ascensión de Cristo, así nosotros estamos al umbral de su segunda venida.

Muchas veces la curiosidad se vuelve el punto central de nuestra religión. Cuando esto ocurre, la respuesta para nosotros también es la misma respuesta que se dio a los apóstoles: “No es de vosotros saber los tiempos del Padre…”

La pregunta de los apóstoles tenia dos lados: uno de esos lados era autorizado, el otro lado era desautorizado:

El lado autorizado tenía una fuerte fe en la venida del reino, además tenía un interés profundo por la salvación del mundo, y también tenía un sentimiento de repugnancia por todas las desgracias que el mundo sufría en esos días.

Pero la pregunta de los discípulos, tenia un lado desautorizado:

La primera característica de ese lado desautorizado era la impaciencia humana. Ellos deseaban contemplar el reino de Cristo demostrado en forma externa y material a los hombres.

La segunda característica del lado prohibido de la pregunta de los apóstoles, era la curiosidad espiritual: lo que ellos deseaban saber solo le pertenecía y le pertenece a la secreta agenda del Padre.

La ignorancia del hombre acerca del futuro, es uno de los departamentos de Dios, que se le ha prohibido al hombre casi en su totalidad; esto hace que el hombre sea empujado al estudio profundo de las Escrituras o -motivados por “el otro poder”- a la curiosidad.

La tercera era una santa indolencia: La santa indolencia o haraganería, es aquella que hace que nos crucemos de brazos y comencemos a buscar a Cristo en las nubes de los cielos. Dicho en otras palabras, la santa indolencia consiste en buscar al Salvador en las nubes, sin trabajar para nuestra salvación, ni la de otros, aquí en la tierra.

“7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;”

 Siempre ha habido personas en la historia del cristianismo que han puesto fecha a la segunda venida de Cristo.

Uno de los rumores que hay en el mundo religioso e inclusive dentro de nuestra misma iglesia, es que nosotros la Iglesia Adventista del Séptimo Día también cometimos este error. Esto no es cierto. Lo que comúnmente llamamos “el gran chasco”, no sucedió a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nuestra iglesia aún no se había fundado en este tiempo. La Asociación General de la Iglesia  Adventista del Séptimo Día se formó el 21 de mayo de 1863. Esto le sucedió al Movimiento Millerita, dirigido por Guillermo Miller; lo integraban hermanos bautistas, metodistas, luteranos… y católicos, entre otros grupos religiosos de la época.

Entre los años 1840-1844 surgió en los Estados Unidos un movimiento evangélico multidenominacional llamado millerita.

Los milleritas fueron todos seguidores de William Miller, granjero del estado de Nueva York, en los Estados Unidos, y ministro licenciado de la Iglesia Bautista. Miller se destacó por su énfasis en la predicación del retorno de Jesucristo y estudió detenidamente la Biblia por más de quince años; a lo largo de ese período utilizó las Escrituras como su propio intérprete. Fue un diligente estudiante de las Escrituras, a quien Dios dio un mensaje oportuno para el momento. Muchos eruditos de la Biblia lo consideran el agente humano a quien el ángel de Apocalipsis 10 entregó el librito abierto -vale aclarar, el libro de Daniel que, con sus apasionantes predicciones escatológicas, habia quedado sellado y cerrado (Daniel 12:4, 9) en el siglo VI antes de Cristo.

14 Y él dijo: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.” Daniel 8

Miller estudió la profecía de los 2,300 días de Daniel 8: 14 y bajo un estudio minucioso de la Biblia, llegó a la conclusión de que la venida de Cristo sucedería entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844.  Interrogado sobre su fecha para el regreso de Cristo y las palabras del Salvador “el día y la ahora nadie sabe”, Miller replicaba: “Estoy sugiriendo mes y año, no día ni hora.” Con esto cerraba la boca de sus criticos. 

Después de calcular estas fechas más rigurosamente de acuerdo con el calendario ritual de los judíos, él llegó a la clara y contundente verdad de que la venida de Cristo ocurriría el 22 de octubre de 1844.

Al no aparecer Jesucristo en esta fecha, todo este movimiento experimentó el conocido “gran chasco” y, como consecuencia, miles abandonaron el movimiento. El residuo que quedó en este grupo volvió al estudio de la Biblia para descubrir en qué había consistido la equivocación.

No le demoró mucho tiempo a este grupo para descubrir que, aunque la fecha de 22 de octubre de 1844 era correcta, el lugar del evento era lo que estaba equivocado. El chasco sufrido por los cristianos el 22 de octubre de 1844 estaba predicho en la profecía de Apocalipsis 10.

De este grupo sale la Iglesia Adventista, que unos años más tarde descubre la verdad del sábado (1848) y cambian su nombre a Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1860, nombre oficial que se mantiene hasta el día de hoy. Vale la pena recalcar que aún en el año 1859 este movimiento aún no tenía nombre. La Asociación General se organizó en 1863.

Cualquier persona que intente poner fecha a la venida de Jesucristo, está condenada al fracaso; esa fecha sólo el Padre que está en los cielos, la conoce.

A nosotros nos toca prepararnos para este día, o para el día de nuestra muerte. Mejor dicho, nos toca dejarnos preparar por el Espíritu Santo, que es el Preparador oficial, designado por el Cielo. 

Cuando nosotros pasamos al descanso, estamos a un paso tanto de la vida eterna como de la muerte eterna, sólo es asunto de saber en que resurrección nos levantaremos.

En el humano hay una fuerte tendencia para reverenciar esos objetos que están conectados con lo grande y lo bueno. Si la cruz de Cristo se hubiera preservado, muchos reverenciarían esa reliquia a manera de una herejía pecaminosa.

Es muy interesante saber que los museos del mundo están llenos de objetos muy auténticos que provienen de la antigua Roma, Grecia, Babilonia y Egipto, pero pocos, quizás por no decir nadie, tienen objetos que pertenecen a la época de Cristo u objetos que pertenecieron a Cristo mismo.

Dios mismo, en su infinita sabiduría, se encargó de que esto no sucediera, ya que Dios conoce la tendencia natural del hombre a la superstición y a la idolatría. El evangelio que Dios nos ordenó, no consiste en la búsqueda ni en la adoración de objetos que presuntamente pertenecieron a Cristo; la verdadera religión no se dedica a objetos, sino a personas; consiste en estudiar, recordar e imitar la vida de Cristo aquí en la tierra, haciéndolo de esta manera estamos testificando de nuestra fe y también de nuestro Salvador.

Muchas veces se ha dicho que Sócrates fue el encargado de bajar al hombre de las estrellas a la tierra, cuando desvió la atención del hombre de la astronomía a la filosofía. Por el otro lado encontramos a Jesús que se encarga de elevar al hombre de la tierra hasta el cielo, no a través de la filosofía, sino a través de su amor y su gran sacrificio por la humanidad.

Cristo no vino a este mundo como un eclesiástico a fundar una nueva religión; tampoco vino como un filósofo a fundar una nueva escuela de pensamientos; no vino como un líder democrático o sociólogo a fundar un partido político ni a promover nuevos programa sociales. Cristo vino a este mundo como un Soberano a establecer su reino, un nuevo reino de amor, de justicia, de gozo y de libertad en el Espíritu del Señor.

Aclamemos hoy con renovada esperanza:

Ven a mi corazón, oh Cristo. (Himnario adventista, 258)
Tú dejaste tu trono y corona por mí
al venir a Belén a nacer;
mas a ti no fue dado el entrar en mesón,
y en pesebre te hicieron yacer.
Coro: Ven a mi corazón, oh Cristo,
pues en él hay lugar para ti.
Ven a mi corazón, oh Cristo,
ven pues en él hay lugar para ti.
En el cielo las huestes gloriosas te dan
alabanza y seráfico honor,
mas humilde viniste a la tierra a sufrir
por salvar al más vil pecador
Tú viniste, Señor, con tu gran bendición,
para dar libertad y salud;
mas con saña furiosa te hicieron morir
aunque vieron tu amor y virtud.  
Alabanzas sublimes los cielos darán
cuando vengas glorioso de allí,
y tu voz entre nubes dirá: Ven a mí,
que a mi lado hay lugar para ti.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cuando Jesús abrió el entendimiento de los discípulos al significado de las profecías relativas a él mismo, les aseguró que toda potestad le había sido dada en los cielos y en la tierra, y les ordenó predicar el Evangelio a toda criatura. Estos, al renovarse repentinamente su antigua esperanza de que el Señor ocupara su lugar en el trono de David en Jerusalén, le preguntaron: “¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” Hechos 1:6. El Salvador infundió incertidumbre en sus mentes con respecto a ese tema al replicarles que no les correspondía “saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”. Hechos 1:7

Los discípulos comenzaron a alentar la esperanza de que el maravilloso descenso del Espíritu Santo podría influir sobre el pueblo judío para que aceptara a Jesús. El Salvador no tomó tiempo para darles más explicaciones porque sabía que cuando el Espíritu Santo descendiera sobre ellos plenamente, sus mentes se iluminarían y comprenderían en todo sentido la obra que se desplegaría ante ellos, y la emprenderían justamente donde él la había dejado (La Historia de la Redención, {HR}, p. 251)

Los que verdaderamente aprenden sentándose a los pies de Jesús, descubren las preciosas gemas de verdad pronunciadas por nuestro Salvador, y discernirán su significado y apreciarán su valor. Y al hacerse más humildes y estar dispuestos a ser enseñados, su comprensión se abrirá para descubrir las cosas maravillosas de su ley, pues Cristo las ha presentado en forma clara y precisa.

La doctrina de la gracia y la salvación por medio de Cristo es un misterio para una gran parte de los que tienen sus nombres en los libros de la iglesia. Si Cristo estuviera en la tierra hablando a su pueblo, él los reprocharía por la lentitud de su comprensión. El diría a los que son lentos y los que no comprenden: “He dejado en vuestra posesión verdades que conciernen a vuestra salvación, cuyo valor vosotros no sospecháis” (Mensajes Selectos {3MS}, t. 3, p. 213).

Después de su resurrección, mientras caminaba con dos de sus discípulos hacia Emaús, les abrió el entendimiento para que pudieran comprender las Escrituras, y les explicó el Antiguo Testamento de tal manera que percibieron en sus enseñanzas un significado que ni siquiera los mismos escritores habían visto.

Las palabras de Cristo son el pan de vida. Al comer sus palabras, la comprensión de los discípulos fue avivada. Comprendieron mejor el valor de las enseñanzas del Salvador. El discernimiento de estas verdades los hizo pasar de la oscuridad del alba a la brillantez del mediodía. Lo mismo sucederá con nosotros al estudiar la Palabra de Dios (Exaltad a Jesús, {EJ}, p. 109).

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Lunes 2 de julio | Lección 1_________________________________________________________

LA MISIÓN DE LOS DISCÍPULOS

Lee Hechos 1:8. En lugar de caer en especulaciones proféticas, ¿qué se esperaba que hicieran los discípulos?

Hechos 1:8

pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Hay cuatro elementos importantes en este pasaje concerniente a la misión de los discípulos:

  1. El don del Espíritu. El Espíritu siempre había estado activo entre el pueblo de Dios. No obstante, según los profetas, habría una concesión espe­cial del Espíritu en el futuro (Isa. 44:3; Joel 2:28, 29). Como el mismo Jesús fue ungido con el Espíritu, el Espíritu Santo ya había estado trabajando durante el tiempo del ministerio de Cristo (Luc. 4:18-21), pero no sería concedido oficialmente hasta la exaltación de Cristo en el cielo (Juan 7:39; Hech. 2:33).
  2. El papel del testimonio. Un testimonio es un relato de primera fuente. Los discípulos estaban plenamente capacitados para dar ese testimonio (Hech. 1:21, 22; 4:20; comparar con 1 Juan 1:1-3) y ahora eran comisionados para compartir con el mundo su experiencia única con Jesús.
  3. El plan de la misión. Los discípulos primero debían dar testimonio en Jerusalén, luego en Judea y Samaria, y finalmente hasta los confines de la Tierra. Era un plan progresivo. Jerusalén era el centro de la vida religiosa judía, el lugar donde Jesús había sido condenado y crucificado. Judea y Samaria eran zonas aledañas donde Jesús también había servido. No obs­tante, los discípulos no debían limitarse solo a este lugar. La envergadura de su misión era mundial.
  4. La orientación de la misión. En los tiempos del Antiguo Testamento, las naciones debían ser atraídas a Dios (ver Isa. 2:1-5), Israel no tenía que “llevar” a Dios a las naciones. Las pocas excepciones (por ejemplo, Jonás) no invalidan la regla general. Ahora la estrategia era diferente. Jerusalén todavía era el centro; sin embargo, en lugar de quedarse allí y echar raíces, se esperaba que los discípulos fueran hasta los extremos de la Tierra.

Lee Lucas 24:44 al 48. ¿Cuál era el mensaje central que los discípulos debían predicar?

Lucas 24: 44-48

44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas.

En los cuarenta días que pasó con los discípulos después de la resurrección (Hech. 1:3), Jesús debió de haberles explicado muchas verdades sobre el Reino de Dios, incluso cuando todavía había muchas cosas que ellos no entendían, como lo refleja la pregunta de Hechos 1:6. Estaban familiarizados con las profecías, pero ahora podían verlas bajo una nueva luz, una luz derramada desde la Cruz y la tumba vacía (ver Hech. 3:17-19).

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Continuamos nuestro fascinante estudio sobre los hechos de los apóstoles… Corrijo: son los hechos del Espíritu Santo.

“…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

El ofrecimiento de poder que hace Cristo, se puede considerar como una tentación para cualquier hombre de la tierra, ya que no hay nada que logre despertar tanto al hombre como la ambición de poder.

La ambición de poder es tan dulce para el hombre como lo es el pan; el hombre ha usado todos los elementos y fuerzas de la naturaleza para conseguir poder; ha dinamitado las rocas de las montañas para hacer túneles, ha construido puentes para avanzar con sus locomotoras; ha rodeado la tierra con una madeja de cables y alambres para poder enviar sus órdenes y mensajes de polo a polo instantáneamente; desde el estudiante hasta el monarca de mil islas, todos están en una constante búsqueda de poder, para satisfacer sus ansias de grandeza.

La iglesia de nuestros días tiene muchas cosas; pero debemos preguntarnos si le hace falta el poder del Espíritu Santo. Pedro le dijo al paralítico sentado a la entrada de La Hermosa, una puerta del templo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” Nuestra Iglesia dice hoy al minusválido: “No tenemos poder para sanarte, pero lo que tenemos te damos, son unos cuantos dólares para una silla de ruedas.” ¡Qué miseria! Con mucho poder disponible, pero sin poder para usarlo.

“…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

No es el poder físico: No era como el poder físico que tenía Sansón cuando arrancó y cargó las puertas cuesta arriba de la ciudad de Gaza. Este poder no tiene que ver con huesos y músculos. Muchas veces los hombres han olvidado esto y han llegado a creer que pueden esparcir el evangelio a través de la fuerza. Muchas veces también han llegado a creer que pueden detener el avance del evangelio también mediante la fuerza.

Las grandes tempestades solo logran conseguir que el roble profundice más sus raíces en la tierra, las fuertes lluvias que golpean las ramas de los árboles solo logran arrancar su preciosa semilla para esparcirla por toda la tierra; de esa misma manera la persecución y la fuerza solo logran conseguir que el evangelio sea esparcido por todo el mundo.

La fuerza nunca ha logrado dominar la conciencia de las personas.

La persecución siempre termina propagando las ideas que se quiere suprimir; los decretos de los parlamentos nunca han hecho al hombre más espiritual, ni los decretos de una nación han podido llenar las iglesias de feligreses.

Ni las multas, ni los exilios, las amenazas, ni la muerte, jamás han podido mejorar la religión; tampoco han podido destruirla, ni podrán hacerlo nunca.

No es el poder de la lógica: Los discípulos tienen que participar activamente en la santa obra de convertir almas para el reino de los cielos, pero con argumentos solamente es imposible lograrlo. Acorralemos a un pecador sólo con nuestros argumentos, y de seguro no podrá moverse; pero si se va a hundir, se va a hundir en su propia cólera e impotencia. El evangelio nunca se predica con argumentos solamente.

No es el poder de la elocuencia: Las palabras tienen un gran poder, las palabras se sienten, las palabras queman, nos afectan como si estuvieran cargadas de electricidad o de fuego, pero hay algo que las palabras no pueden hacer: no pueden regenerar el alma.

Ante poderosos sermones se puede contemplar a las personas conmovidas, pero cuando las palabras terminan de fluir de los labios del predicador, también se puede observar a las personas volviendo a su estado anterior.

Muchas veces llamamos a esto reavivamiento; pero en muchas ocasiones estos “reavivamientos” solo se les puede comparar con el choque eléctrico que se le aplica a un muerto, que no produce ningún resultado positivo duradero.

La elocuencia puede ayudar a que un sermón sea agradable a nuestros sentidos, pero si el Espíritu de Dios no sanciona esas palabras, el sermón se olvidará media hora más tarde. Los grandes sermones de los apóstoles fueron  enunciados con palabras sencillas, pero vigorizadas por el poderoso Espíritu Santo. La elocuencia por sí sola, no es suficiente.

Es poder espiritual: El poder del Espíritu Santo, es un poder que se usa pero no se acaba. Un billete o papel moneda, puede estar viejo, doblado, arrugado, manchado, cortado, sucio y descolorado pero no pierde su valor; así, en esa deplorable situación, se puede llevar al banco y se nos entregará uno nuevo billete a cambio.

Lo mismo sucede con la promesa divina: el evangelio puede pasar de boca en boca, de generación a generación, puede ser usado miles de veces, puede cumplirse en nuestras vidas, y en la vida de miles y millones, pero nunca se acaba, no pasa de moda, no pierde su fuerza inherente, ya que el mismo Dios omnipotente se lo dio.

El sol puede dejar de alumbrar y los océanos se pueden secar, pero las riquezas de Cristo siempre han sido, son y serán abundantes por la eternidad. Así como los apóstoles necesitaron el poder del cielo manifestado a través del poder Espíritu Santo, nosotros también necesitamos al Espíritu Santo para ser testigos verdaderos de un evangelio y de un Dios santo y poderoso, que perdona, que redime y que salva.

“…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Los apóstoles necesitaban ser bautizados por el Espíritu Santo; todos los humanos necesitamos ser bautizados por el Espíritu Santo, todos los humanos necesitamos beber del mismo Espíritu.

13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. (1 Corintios 12)

Encontramos tres uniones misteriosas en nuestra religión; la primera es la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en una sola persona.

La segunda unión es la naturaleza divina de Cristo con la naturaleza humana de Cristo, una unión que jamás podremos comprender a cabalidad.

Y la tercera unión es la iglesia y Cristo; en esta unión un hombre entero es unido a un Cristo entero.

La iglesia es el cuerpo y Jesucristo es la cabeza; la iglesia es la novia y Jesucristo es el esposo. Esta unión ocurre a través de un solo Espíritu Santo y en esta ocasión, a través de un solo bautismo.

La iglesia entera es bautizada por un solo Espíritu, la iglesia entera recibe los frutos de un solo Espíritu, y la iglesia entera recibe los dones espirituales de un solo Espíritu. Todo miembro de la iglesia, sin importar su rango, su cargo ni su posición, ha recibido de un mismo Espíritu Santo todos los dones y el fruto de El.

El Espíritu Santo no hace diferencia de personas; él se posesiona de una persona sin importar la nacionalidad, el género, o estado social.

Afuera de la iglesia, toda persona tiene títulos laborales, pero una vez entra al templo para adorar, ya no se puede estar llamando a un hermano por su titulo académico; simplemente se tiene que llama al hermano por su título religioso, ya sea este el de “hermano” o el de “hermano pastor”.

Uno de los problemas que afectan a nuestra iglesia, es llamar desde el púlpito a una persona por su título académico. Adentro de la iglesia no hay  griego ni judío, ni libre ni esclavo, todos somos bautizados por un solo Espíritu, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu, dentro de la iglesia no hay distinción de personas, todos somos hermanos. Esta es una de las lecciones más felices que el cristianismo nos puede enseñar.

El cristianismo tiene como función asegurar, el tratamiento correcto para aquellos que tienen las posiciones o trabajos más humildes de la vida. Al mismo tiempo enseña el respeto del pobre para con el rico, y también el mismo respeto del rico hacia el pobre. Tanto el rico y el estudiado, como el pobre y el iletrado, reciben un mismo título, y ese nombre es el nombre de cristiano, un mismo cielo está destinado para los dos grupos. El Cielo exige que comencemos a practicar desde ahora, la norma de igualdad que rige el cielo y el universo entero.

“…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

El Espíritu Santo ilumina la verdad en nuestras mentes y santifica nuestras vidas, por eso es casi imposible desarollar una obra misionera fructífera sin la presencia del Espíritu Santo.

Hay una conexión inseparable entre la santificación y la verdad. En el Antiguo Testamento, si bien no siempre, en la mayoría de las veces, la santificación es usualmente un asunto que afecta el aspecto externo.

En el Nuevo Testamento, esta idea cambia y la mayoría de veces la santificación es un asunto interno. El supremo sacrificio de Cristo en la cruz, arregla la idea del Antiguo Testamento, con respecto a la santidad. Es decir, en el Antiguo Testamento la santidad se conseguía a través del sacrificio de un animal, pero en el Nuevo Testamento, la santidad se consigue contemplando a Cristo, colgado de una cruz e imitando su estilo de vida.

 La verdad es algo muy diferente a una opinión; la verdad no tolera la contradicción; la verdad también es diferente al conocimiento. Muchas veces las personas pueden tener grandes caudales de conocimiento, pero ese conocimiento no puede estar basado en la verdad, muchas veces el conocimiento está basado en el error.

 La santificación es parte de la salvación, no precisamente porque nos libera del pecado y de su castigo, sino porque nos libera del dominio y del poder del pecado. La santificación es una forma de vivir de la naturaleza divina en los seres humanos.

 La santificación es parte del carácter de Dios, no hay cosa mas poderosa para describir a Dios, que la santidad. Dios nos manda a ser santos, tal como lo es él.

 La santificación es necesaria para nuestra paz mental. Sin pureza no podemos obtener la paz.

 La santificación nos califica para ser miembros del reino de los cielos; “sin santidad nadie verá a Dios”

 La santificación es universal, se le extiende la invitación a todos los hombres a ser santos.

 La santificación es progresiva, comienza con pequeños cambios hasta que se logra conseguir una vida de santidad plena.

 La santificación es un trabajo de Dios, por nosotros mismos no podemos sacar pureza de la impureza. Dios es el único que puede hacernos santos a través de su Santo Espíritu; nuestra parte consiste en dar ese paso hacia Dios en busca de la santidad.

El Espíritu Santo nos hace santos, solamente con una vida santificada se puede predicar con efectividad.

Sin el Espíritu Santo en nuestras vidas no hay  poder, sin poder no hay santidad, sin santidad no hay testificación verdadera, por eso la importancia de clamar y pedir el Espíritu Santo en nuestras vidas.

 “…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

ESPÍRITU DE PROFECÍA

“Me seréis testigos.” (Hechos 1:8). Estas palabras de Jesús no han perdido nada de su fuerza. Nuestro Salvador pide testigos fieles en estos tiempos de formalismo religioso; pero ¡cuán pocos, aun entre los que profesan ser embajadores de Cristo, están listos para dar un testimonio fiel y personal por su Maestro! Muchos son los que pueden decir lo que hicieron, osaron, sufrieron, y disfrutaron los hombres grandes y buenos de las generaciones pasadas. Se vuelven elocuentes al presentar el poder del Evangelio, que habilitó a otros para regocijarse en penosos conflictos y para quedar firmes contra fieras tentaciones. Pero al par que son tan ardorosos en cuanto a presentar a otros cristianos como testigos por Jesús, no parecen tener ninguna nueva ni oportuna experiencia propia que relatar…

Vosotros, los que profesáis estar proclamando el último solemne mensaje de misericordia al mundo, ¿cuál es vuestra experiencia en el conocimiento de la verdad, y cuál su efecto sobre vuestros corazones? ¿Testifica por Cristo vuestro carácter? ¿Podéis hablar de la influencia refinadora, ennoblecedora y santificadora de la verdad tal cual es en Jesús? ¿Qué habéis visto, qué habéis conocido, del poder de Cristo?…

Sin una fe viviente en Cristo como Salvador personal, es imposible hacer sentir vuestra fe a un mundo escéptico. Si queréis sacar pecadores de la rápida corriente, vuestros propios pies no deben asentarse en lugares resbaladizos (Obreros Evangélicos, {OE}, pp. 289, 290).

Todo el cielo está interesado en la obra que hoy está en marcha en la tierra. Los ángeles observan con interés a los que son honrados por tener una parte que hacer como colaboradores de Dios. Cuando los siervos de Cristo tengan una percepción clara de la presencia de Uno que es poderoso para salvar, se llenarán de gratitud a Dios por el poder de su gracia… Los que dedican su todo a Cristo aprenderán cómo ganar almas; porque estarán en estrecha conexión con el Redentor del mundo (La educación, pp. 24, 25).

Cristo ha dado “a cada uno su obra”. Marcos 13:34. Espera que cada uno haga su obra con fidelidad. Encumbrados y humildes, ricos y pobres, todos tienen una obra que hacer para el Maestro. Cada uno está llamado a la acción. Pero si no obedecéis la voz del Señor, si no hacéis su obra señalada con firme confianza en Cristo como vuestra suficiencia, si no seguís su ejemplo, “malo y negligente siervo” se registrará junto a vuestro nombre. A menos que sea comunicada a otros la luz que os ha sido dada, a menos que hagáis brillar vuestra luz, ésta se convertirá en tinieblas y vuestra alma será dejada en un terrible peligro. Dios dice a cada uno que conoce la verdad: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Mateo 5:16. Comunicad a otros el conocimiento de la verdad. Este es el plan de Dios para iluminar al mundo (Mensajes Selectos, {1MS}, t. 1, p. 311).

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Lección 1 | Martes 3 de julio_______________________________________________________

VENDRÁ OTRA VEZ

Lee Hechos 1:9 al 11. ¿De qué forma describe Lucas la ascensión de Jesús? ¿Cuál es la importancia de que hubiese dos ángeles hablando con ellos (ver Deut. 19:15)?

Hechos 1:9-11

Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

Deuteronomio 19:15

15 No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.

El relato de Lucas sobre la ascensión es bastante breve. Jesús estaba con los discípulos en el Monte de los Olivos, y mientras los bendecía (Luc. 24:51) fue llevado al cielo. El lenguaje, por supuesto, es fenomenológico; es decir, la escena se retrata como era vista por los ojos humanos, no como era realmente. Jesús estaba dejando la Tierra, y no hay otra manera de hacerlo en una forma visible que subiendo.

La ascensión de Jesús fue un acto sobrenatural de Dios, uno de los tantos registrados a lo largo de la Biblia. Eso está implícito en la manera en que Lucas lo describe, con la epērthē pasiva (“fue alzado”, Hech. 1:9). Aunque en el Nuevo Testamento se utiliza solo aquí, esta forma verbal se encuentra varias veces en la versión griega del Antiguo Testamento (la Septuaginta); y en todas se describen acciones de Dios, lo que sugiere que Dios mismo fue el que tomó a Jesús hasta el cielo, así como también fue él quien lo resucitó de entre los muertos (Hech. 2:24, 32; Rom. 6:4; 10:9).

Después de que Jesús fue ocultado por una nube, Lucas informa, solo en Hechos, el episodio de las dos figuras vestidas de blanco que estaban al lado de los discípulos. La descripción coincide con la de ángeles de túnicas brillantes (Hech. 10:30; Juan 20:12). Ellos vinieron para asegurarles a los discí­pulos que Jesús regresaría de la misma manera que había ascendido; y tam­bién solo Hechos nos informa que Jesús ascendió ante “sus ojos” (Hech. 1:9).

Por lo tanto, la ascensión visible se convirtió en la garantía del retorno visible, que también ocurrirá en una nube, aunque “con poder y gran gloria” (Luc. 21:27); y ya no será un acontecimiento privado, pues “todo ojo le verá” (Apoc. 1:7) y no estará solo (Luc. 9:26; 2 Tes. 1:7). La gloria de la Segunda Venida excederá con creces la de la ascensión.

¿De qué formas podemos aprender a mantener la realidad y la promesa de la Segunda Venida siempre delante de nosotros? ¿De qué modo debería afectar esta gran verdad todos los aspectos de nuestra vida, como las finanzas, las prioridades y las decisiones morales?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Entre la lección y el espíritu de profecía, queda bien claro el tema para el día de hoy.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los discípulos no solamente vieron ascender al Señor, sino que tuvieron el testimonio de los ángeles en el sentido de que había ido a ocupar el trono de su Padre… El resplandor de la escolta celestial y la apertura de las gloriosas puertas de Dios para darle la bienvenida no habrían de ser discernidos por ojos mortales. Si se les hubiera revelado a los discípulos el viaje de Cristo al cielo con toda su indecible gloria, no habrían podido soportar la visión…

Por medio de la visible ascensión de Cristo cambiaron todas sus ideas y conceptos con respecto al cielo… Lo consideraban ahora su futuro hogar, donde su amante Redentor estaba preparando mansiones para ellos… La oración se revistió de un nuevo interés, puesto que era comunión con su Salvador…

Tenían un Evangelio que predicar: Cristo en forma humana, varón de dolores; Cristo en su humillación, asido por manos impías y crucificado; Cristo resucitado, que ascendió a los cielos, para ser el Abogado del hombre en presencia de Dios; Cristo que había de venir con poder y gran gloria en las nubes de los cielos (La Maravillosa Gracia de Dios, {MGD}, p. 49).

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén Apocalipsis 1:7…

[L]os que se mofaron y se rieron de la agonía de Cristo y los enemigos más acérrimos de su verdad y de su pueblo, son resucitados para mirarle en su gloria y para ver el honor con que serán recompensados los fieles y obedientes…

Cuando Cristo venga por segunda vez… lo verán como Rey celestial… entonces los sacerdotes y gobernantes recordarán claramente la escena en la sala del juicio. Cada circunstancia aparecerá delante de ellos como escrita en letras de fuego (Maranata, {MSV}, p. 280).

A fin de aumentar nuestras dotes espirituales, es necesario caminar en la luz. En vista del acontecimiento de la pronta venida de Cristo, debemos trabajar con vigilancia para preparar nuestras propias almas, para mantener nuestras lámparas bien acondicionadas y brillando, y para presentar a otros la necesidad de prepararse para la venida del Esposo. Velar y actuar deben ir juntos. La fe y las obras deben estar unidas, o nuestro carácter no será simétrico y bien equilibrado, perfecto en Cristo Jesús.

Si dedicáramos nuestras vidas exclusivamente a meditar con oración, nuestras luces se opacarían, pues la luz nos es dada para que podamos impartirla a otros, y mientras más impartamos la luz, más brillante llegará a ser nuestra propia luz. Si hay una cosa en el mundo en que debamos manifestar entusiasmo, que se manifieste en buscar la salvación de las almas por quienes murió Cristo. Una obra de esta clase no nos hará descuidar la devoción privada. Se nos da la exhortación de ser “no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. Romanos 12:11 (Mensajes Selectos, {1MS}, t. 1, p. 161)

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Miércoles 4 de julio | Lección 1____________________________________________________

PREPARACIÓN PARA EL PENTECOSTÉS

En su respuesta de Hechos 1:7 y 8, Jesús no asumió ningún compromiso con respecto al tiempo. No obstante, el significado natural de sus palabras era que, inmediatamente después de que el Espíritu viniera y los discípulos completaran su misión, él regresaría (ver además Mat. 24:14). La observación de los ángeles (Hech. 1:11) tampoco respondió la pregunta de cuándo vendría el Reino, pero se podía entender como que no faltaba mucho. Esto parece explicar por qué los discípulos “volvieron a Jerusalén con gran gozo” (Luc. 24:52). La promesa de la segunda venida de Jesús en un tiempo indetermi­nado, que debía darles un estímulo adicional para su misión, se interpretó como que el final ocurriría en breve. Otros acontecimientos de Hechos demostrarán esta idea.

Lee Hechos 1:12 al 14. ¿Quiénes más estaban en el aposento alto, y de qué modo se prepararon para la venida del Espíritu?

Hechos 1:12-14

12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Al regresar del Monte de los Olivos, los discípulos se reunieron en la habitación de huéspedes de la planta alta (en latín, cenaculum) de una casa particular de dos pisos, en Jerusalén. Algunas seguidoras (Luc. 8:1-3; 23:49; 24:1-12), así como la madre y los hermanos de Jesús, estaban allí con los discípulos.

Los hermanos de Jesús (Mar. 6:3) eran hijos más jóvenes de José y María (Mat. 1:25; Luc. 2:7) o, más probablemente, hijos de un primer matrimonio de José, en cuyo caso José habría sido viudo cuando tomó a María por esposa. Su presencia entre los discípulos es una sorpresa, ya que siempre habían sido bastante escépticos respecto de Jesús (Mar. 3:21; Juan 7:5). Sin embargo, la resurrección y la aparición especial de Jesús a Jacobo (1 Cor. 15:7) parece haber marcado la diferencia. Más tarde, aparentemente, Jacobo reemplazó a Pedro en la conducción de la comunidad cristiana (Hech. 12:17; 15:13; 21:18; Gál. 2:9, 12).

En constante oración (Hech. 1:14), y alabando a Dios en el Templo (Luc. 24:53), todos ellos indudablemente participaron de un tiempo de confesión, arrepentimiento y aborrecimiento del pecado. Pese a que, en su mente, la venida del Espíritu conducía inmediatamente al regreso de Jesús, su actitud espiritual estaba en completa armonía con lo que estaba a punto de suceder, ya que el Espíritu Santo vino en respuesta a la oración.

Al tomar nuestras decisiones diarias, ¿de qué manera ayudamos a preparar el camino para la obra del Espíritu en nuestra vida?

COMENTARIO DE LA LECCIÓN

Día Miércoles y Jueves, juntos 

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. (Hechos 1)

 12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. 13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. (Hechos 1: 12-14)

La presencia del Espíritu Santo en esta tierra se puede rastrear desde la creación hasta nuestros días, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, de pasta a pasta; en otras palabras, la presencia del Espíritu Santo siempre ha existido en nuestra tierra. David suplicó: “No quites tu Santo Espíritu de mí.”

Cuando ocurrió la ascensión  de Cristo al cielo, comenzó una nueva etapa laboral del Espíritu Santo, una fase completa; ahora él tomó pleno control de los asuntos espirituales de la religión de Cristo en el mundo entero. 

Los apóstoles estaban reunidos esperando la promesa del Padre de enviar un Consolador.

La situación anímica era difícil para los discípulos: apenas se habían recuperado de la violenta muerte infligida a Cristo, y su aparición fue solamente por unos cuantos días. Ahora sufrían otro revés con la partida de Cristo; estaban quedando solos en esta tierra, en una condición tal que ellos necesitaban asegurar su fe. 

Una gran obra espiritual estaba por dar inicio. Era una obra espiritual tan grande que acobarda al más fuerte de los humanos.  Moisés tembló cuando se dio cuenta de la gran misión espiritual que se le había encomendado. Jonás huyó cuando recibió la orden de ir a Nínive. Jeremías dijo: “apenas soy un niño”. Ahora encontramos a los atribulados discípulos al inicio de una gran obra espiritual, para la cual se sentían aturdidos y temerosos.

Los discípulos tenían que enfrentar los prejuicios de los judíos y también los prejuicios de todos aquellos hombres que escucharían a la nueva religión naciente; tendrían que entregar un mensaje nuevo a culturas nuevas, a naciones nuevas, en idiomas nuevos y a idiosincrasias nuevas. Estarían atrapados entre los judíos y los paganos; hoy más que nunca tenían que esperar la promesa del Padre.

Sin recibir la concreción de la promesa del Espíritu Santo estaban totalmente descalificados para esta monumental obra. Tenían varios obstáculos que sortear:

-Eran pocos en número

-Carecían de influencia

-Eran lentos para aprender

-Eran tímidos en extremo

-Tenían ambiciones mundanales

-Carecían de recursos financieros

-Eran problemáticos y ambiciosos entre ellos mismos

 

Cuando recibieron la promesa del Espíritu Santo, todo cambió en sus vidas súbitamente:

-La lentitud de aprendizaje fue cambiada por una comprensión rápida

-La cobardía fue cambiada por valentía

-La rivalidad fue cambiada por compañerismo

-La mente terrenal fue cambiada por una mente celestial

Los discípulos estaban reunidos en el aposento alto, ya que era imposible celebrar ese servicio religioso en el templo de la ciudad, porque las autoridades de la iglesia local eran hostiles a la pequeña compañía que guardaba el celoso cometido de Jesucristo. 

 El aposento alto posiblemente era el mismo lugar donde Cristo había celebrado la primera y última santa cena en la tierra; el aposento alto probablemente era propiedad de alguno de los seguidores de Cristo. 

 Si ese era el mismo lugar, ¡cuántos recuerdos pudieron revivir en la mente de los discípulos! Pudieron recordar las palabras de Cristo, pudieron recordar su discurso, pudieron recordar la oración de Cristo, pudieron recordar la promesa de Cristo y pudieron recordar la humildad de Cristo cuando lavó los pies de todos los que allí estaban congregados.

 Era algo común para un judío tener un aposento alto en sus casas; ese lugar era dedicado mayormente para los servicios religiosos. En la Biblia encontramos a Pedro en uno de ellos y también al apóstol Pablo en un aposento dirigiéndose a la iglesia en la ciudad de Mileto.

 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. (Hechos 1)

Juan usó el agua en el bautismo para limpiar la contaminación del mundo que se adquiere desde el vientre materno.

 El bautismo con agua es necesario porque tenemos un sentimiento de culpabilidad y necesitamos el perdón.

 El bautismo con agua es necesario porque conocemos nuestra corrupción, y necesitamos santidad.

 El agua no puede limpiar el alma, el agua moja nuestra parte exterior y su efecto es superficial; por eso Cristo promete a la nueva iglesia cristiana, no un bautismo de agua solamente, sino un bautismo con el Espíritu Santo.

Nuestra culpabilidad necesita ser perdonada, nuestra corrupción necesita ser transformada en santidad, nuestra mancha necesita ser limpiada, nuestra miseria necesita ser cambiada por riquezas, nuestra impotencia necesita ser fortificada; todas esas bendiciones se consiguen a través del bautismo del Espíritu Santo.

 

 13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. 14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.  (Hechos 1)

 Lucas nos entrega la eminente lista de los primeros once pastores de la iglesia cristiana, los recién graduados, los que estaban estrenando credenciales, estaban recién salidos del seminario teológico más prominente que haya existido alguna vez en la tierra, como fue el Colegio Apostólico Cristiano Galileo. Todos ellos estaban reunidos en el aposento alto y tenían una tarea especial que realizar: perseverar en la oración y el ruego.

También allí estaban las mujeres que habían acompañado al Señor en su ministerio terrenal, y también estaba María la madre de Jesús. ¡Qué equipo misionero tan singular! Hoy también Dios necesita a hombres y mujeres que dediquen su todo al servicio de la salvación. La presencia de usted es hoy necesaria en el equipo.

 La Biblia llama a María: María madre de Jesús“, la Biblia no dice María madre de Dios, como impíamente se le sabe llamar. La Biblia profetizó que por el fruto de su vientre serían benditas todas las familias de la tierra. Muchos no logran entender esto y han creado el temible sacrilegio de la maridolatría, o sea idolatrar a María.

 En ese aposento alto estaba la cuna de los iniciadores del gran movimiento cristiano, que unos años más tarde llegaría a sacudir los confines de la tierra. El lema para esa reunión fácilmente pudo haber sido: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1)

 

 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. (Hechos 1)

 ESPERAR

La paciencia es una de las materias espirituales que la mayoría de nosotros aplazamos, y la aplazamos en grande; no la aprobamos.

 Vivimos en un mundo instantáneo; todo es instantáneo: los alimentos son instantáneos, las bebidas son instantáneas, el transporte es extremadamente rápido, los procesos de pago y de cobro son inmediatos, la medicina actúa casi instantáneamente, la comunicación alrededor del mundo es instantánea.  El mundo en que vivimos nos deja muy poco espacio para practicar la paciencia.

 “Mira hacia el mar” dijo Elías a su criado mientras oraba a Dios pidiendo de nuevo la lluvia para el pueblo de Israel.  “No hay nada” dijo el criado. Siete veces repitió la misma orden el profeta Elías, y seis veces contestó con la misma respuesta el criado de Elías, hasta que en la séptima vez, en el cielo se dibujó una pequeña nube que subía de la mar con la forma de la palma de una mano. La paciencia y la perseverancia tienen una prima-hermana llamada fe.

 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. (Hechos 1)

 La orden de Cristo era esperar, no vagabundear; no estar en el ocio, sino esperar dedicados a la oración y al ruego, para recibir la promesa divina.

Si estudiamos la vida del apóstol Pedro, nos damos cuenta de que su principal característica fue ser impulsivo. Su naturaleza fue así, era un hombre de poca paciencia, que hablaba y tomaba decisiones sin pensar, decisiones que le acarreaban problemas difíciles de solventar y más de una vez lo pusieron en aprietos.

Uno de sus arrebatos o impulsos lo encontramos en el libro de Mateo capítulo 14:

27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! 28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.  (Mateo 14: 27)

En medio de la postal que tenían los discípulos confundiendo a Jesús con un fantasma, el más valiente de todos, se atrevió a hablar y dijo: “Si eres tú.”  Esta expresión denotaba la inseguridad de Pedro acerca de la Persona con quien estaba hablando.  

El temor de que Satanás hubiera tomado la forma de un ángel de luz y que imitara la voz de Jesús, existía en la mente de Pedro y de los discípulos. A pesar de esa inseguridad o temor, Pedro se lanzó al agua y comenzó a caminar.

Aqui encontramos otro impulso de Pedro:

En el cuerpo ministerial de Cristo, había dos espadas. Parece un poco gracioso y curioso el saber que los doce discípulos, andaban cargando con ellos dos espadas; también suena curioso y gracioso el saber que Jesús se lo permitía.  Más que eso, aparentemente el mismo Jesús les dio el consejo de comprarse espadas, pero los discípulos se habían adelantado a Jesús y ellos ya andaban cargando con dos espadas.

El historiador Josefo dice que era común para el pueblo judío cargar espadas debajo de la ropa en ese tiempo; especialmente cuando se subía a Jerusalén para visitar el templo, por el peligro de encontrar asaltantes en el camino.

35Luego Jesús dijo a todos: -Cuando los envié a ustedes sin monedero ni bolsa ni sandalias, ¿acaso les faltó algo? -Nada -respondieron. 36-Ahora, en cambio, el que tenga un monedero, que lo lleve; así mismo, el que tenga una bolsa. Y el que nada tenga, que venda su manto y compre una espada. 37Porque les digo que tiene que cumplirse en mí aquello que está escrito: “Y fue contado entre los transgresores.” En efecto, lo que se ha escrito de mí se está cumpliendo. 38-Mira, Señor -le señalaron los discípulos-, aquí hay dos espadas. -¡Basta! – les contestó. Lucas 22

Por supuesto el consejo de Jesús de comprar espadas no era literal, era sencillamente una advertencia de estar preparados humanamente ante la gran tormenta que se aproximaba a los discípulos, en la que todos ellos perderían la fe.

Es natural que cuando al humano le falla o le falta la fe, echa mano de las herramientas humanas para sobrevivir.

Recuerdo la experiencia de uno de nuestros pastores en la iglesia de mi niñez. El pastor deseaba sentarse en una silla, pero estaba allí la cartera de una hermana. Él tomó la cartera y la movió a la siguiente silla, cuando le llamó la atención lo pesada que estaba la cartera. Como la cartera estaba semi-abierta, echó una mirada a su interior y descubrió que nuestra santa hermana andaba cargando un revolver.  Medio indignado el pastor se acercó a la hermana y le preguntó: ¿Usted de verdad confía en Dios?  Sí, sí, sí -dijo ella; y añadió –El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los guarda- confirmando así su respuesta. El pastor no pudo más y le preguntó directamente: ¿Y esa pistola en su cartera?  Ella le dijo- Mire, pastor, yo de verdad confío en Dios, pero por si las cosas fallan, allí la traigo conmigo.

Con una de esas espadas en un momento de impulso, Pedro trató de matar a Malco, que era un criado del sumo sacerdote.

10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11 Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?  (Juan 18)

La acción de Pedro tuvo tres lados y los tres lados son malos y peligrosos:

El primer lado lo puso en peligro de ser corregido por los soldados romanos, dicho en otras palabras, la acción de Pedro pudo haber llevado a los soldados a usar sus armas en contra de Pedro

El segundo lado de la acción de Pedro, es su desconfianza en la protección de Dios; y el tercer lado malo es la resistencia que Pedro ponía para que no se cumpliera la voluntad de Dios.

 En la lección de esta semana encontramos otro de los arrebatos o impulsos de Pedro. Cristo dio la orden de ir a Jerusalén y esperar.  Pedro decidió que había que elegir a alguien para que llenara la vacante ministerial que había dejado el hermanito Judas Iscariote.

15 En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: 16 Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, 17 y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. 18 Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron […] 21 Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado junto con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, 22 comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. 23 Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. 26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles. (Hechos 1)

Ellos habían recibido de Cristo la orden de esperar. Se ha descubierto que es más fácil hacer mucho, que esperar largamente.

Ellos no tenían que hacer nada antes de tiempo, la orden era esperar por el Espíritu Santo, y una vez que el Espíritu Santo poseyera sus vidas, sería el mismo Espíritu Santo quien dictaría las cosas necesarias para hacer.

Ellos tenían que mantenerse en oración. La oración es el resultado inmediato del deseo y de la expectación del ser humano. 

Cuando al humano se le entrega una promesa, inmediatamente la promesa se transforma en oración. Es por eso que las promesas que nos ha hecho Dios, vienen a ser motivo de una oración especial y de ruegos hacia Dios, para que él cumpla lo prometido.

La oración secreta es la vida del individuo

La oración familiar es la vida de la sociedad

La oración de la sociedad es la vida de una nación

La oración de la congregación es la vida de la iglesia

Toda alma negligente en la oración, es simplemente un alma muerta

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, se regocijan cuando un individuo, la familia, la comunidad o la iglesia dedican cultos o servicios enteros a la oración; ese es el medio para abrir los canales de vida del cielo, para clamar por las promesas divinas, para recibir perdón y santidad, para recibir toda clase de bendiciones, desde el pan de cada día, hasta la misma vida eterna.

Pero no, el impulsivo Pedro no pudo esperar, no pudo seguir la orden de Cristo “se levantó en medio de sus hermanos”  y comenzó a dirigir la elección de un apóstol de Cristo. La orden fue estar sentado, pero Pedro no pudo estar sentado, se tenía que levantar; él no pudo esperar diez días para conocer los planes del Espíritu Santo.

  13 …No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros…” (Éxodo 14)

 “  17 … paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros ” (2 Crónicas 20)

 “Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra (Salmo 37: 9)

 “Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca” (Lamentaciones 3: 25)

 

 23 Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. 26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles. (Hechos 1)

Escogieron a dos hombres; después de escogerlos, oraron, y después de orar echaron suerte.  Hay algo errado en esta postal procedimental; hay algo desequilibrado en esta secuencia de eventos.

 Eran diez días nada más que tenían que esperar para tener con ellos al Espíritu Santo; pero tristemente terminaron echando suertes. 

 La suerte cayó sobre Matías. Esta es la primera y última vez que la Biblia menciona al duodécimo discípulo electo por sus propios colegas. Quizá Saulo debió haber sido el nombre: era un príncipe, era letrado, era corajudo, era implacable, era el encargado de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra de esos días. Saulo de Tarso fue el ministro escogido por el Cielo, para reemplazar la vacante ministerial dejada por el apóstol Judas Iscariote. Entre tanto, Matías, elegido por el impulso petrino, desaparece del mapa apostólico.

 ¿Qué era echar suerte?

 La Biblia menciona algunas veces en el Antiguo Testamento que el pueblo de Dios echaba suerte, cuando se necesitaba tomar decisiones serias o cuando se andaba buscando a un delincuente.

Este asunto de echar suerte, era el método que tenía Dios con el pueblo de Israel, para demostrarles su voluntad, o sus decisiones en negocios delicados del pueblo.

En el caso de Matías, esta es la última vez que se menciona –echar suerte- en la Biblia; con la venida del Espíritu Santo ya no se necesita este método. Ahora presentamos todo a Dios y es el Espíritu Santo el encargado de llevar a cabo las decisiones de la iglesia, siempre y cuando nosotros hacemos las cosas bien en la iglesia.

Dicho sea de paso, hacer las cosas bien en la iglesia, a menudo es lo últimos que hacemos. Si usted anda buscando un lugar donde haya un total desequilibrio, política y discriminación, asista a una junta de nombramientos en todos los niveles de la iglesia y quizás allí lo podrá encontrar.

En nuestros días modernos hay muchos que aun trabajan echando suerte; aparentemente es el método más fácil para tomar decisiones, pero recordemos que no es el método divino.

Cuando elegimos a alguien para cualquier cargo de la iglesia, a menudo nos equivocamos, ya que nosotros decidimos basados en nuestro juicio, en intereses propios, en el éxito de la persona, elegimos por curiosidad, especulación, consideraciones familiares, salud, tiempo, influencia, dinero y otros parámetros que hemos creado en nuestras mentes. 

Esto no sucedía en el tiempo antiguo con la suerte divina; ese acto de echar suerte era dirigido e intervenido por Dios directamente.

Por ejemplo, se echaba suerte sobre los machos cabríos que se usaban para el día de la expiación. En este día se tomaban dos machos cabríos: uno era para Azazel y el otro era para Dios. El sumo sacerdote usaba una caja de madera que contenía dos barras de oro, en una de las barras estaba escrito “para Azazel” y en la otra barra estaba escrito “para Dios” El sumo sacerdote sacudía la caja, tomaba una barra en cada mano, se ponía en medio de los dos machos cabríos y allí abría sus manos.  De acuerdo con lo que la barra decía, así era como se escogía el destino de cada macho cabrío.

También la Biblia menciona que cuando se repartió la tierra de Canaán entre las tribus de los Israelitas, se hizo por medio de la suerte.

Este proceso fue algo parecido al de los machos cabríos usados para el día de la expiación. Se pusieron dos efodes: uno de ellos con el nombre de las tribus de Israel y el otro efod con el nombre de los linderos de la tierra. El sumo sacerdote estaba vestido con sus ropas de sumo sacerdote, incluyendo las dos piedras en su hombro llamadas urim y tumim, que era el medio por el cual Dios contestaba ya sea afirmativa o negativamente. Cuando se consultaba a Dios, si la piedra del hombro derecho resplandecía, la respuesta era positiva; pero si la piedra del hombro izquierdo resplandecía, la respuesta era negativa.

El sumo sacerdote metió la mano en los dos efodes al mismo tiempo, y de allí saco el nombre de la tribu y la porción de tierra que le pertenecía. De esa manera todos sabían que la decisión no era humana, sino divina, y nadie puso problemas.

Para descubrir el pecado de Acán, también se echó suerte. En casos como este se usaba la botella. Era un frasco de mármol con un cuello largo, en el cual depositaban pelotitas de mármol que pasaban muy estrechamente por el cuello de la botella. Las pelotitas de mármol eran blancas y negras. El culpable sacudía la botella, la invertía y allí saldría una pelotita y dependiendo del color, así era la culpabilidad del acusado. Blanco significaba inocencia, negro culpabilidad.

Estas historias están en la Biblia y estas informaciones se encuentran en los libros de historia nacional de la nación judía, historia que se viene escribiendo desde que fueron fundados como nación.

Sobre Jonás también se echó suerte; Dios intervino eficaz y prontamente. Dios quería que su nombre fuera glorificado mediante la salvación de las multitudes ninivitas.

En este caso los que echaron suerte eran paganos: ellos se dieron cuenta de que la tormenta que estaban sufriendo era anormal, llegaron a la conclusión que “algún dios” estaba furioso con alguno de los pasajeros de la nave.  Echaron suerte, Dios intervino y la suerte cayó sobre Jonás: 

Y dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos suertes, para que sepamos por causa de quién nos ha venido este mal. Y echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres? Y él les respondió: Soy hebreo, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. 10 Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado. 11 Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más.12 Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros. 13 Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos.14 Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. 15 Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor.16 Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos.”  (Jonás 1)

Cuando Jonás salía, salía a empellones y estropeadamente hace obra misionera por todos lados. En este caso, una tripulación se gradúa espiritualmente con altos honores, en la academia de la aflicción. Más tarde, por la predicación de Jonás, se arrepiente Nínive. Solamente por una campaña evangelística al aire libre se convierten más de 120,000 personas. Posiblemente Jonás sea el evangelista más exitoso de todos los tiempos narrados en el registro bíblico.

La historia judía afirma que Jonás era hijo de la viuda de Sarepta, y que Jonás también era el mismo personaje, es decir el criado,  que asistía al profeta Elías en el grandioso día del Monte Carmelo, frente a los profetas de Baal. Jonás y Elías eran contemporáneos.

 A las decisiones arrebatadas de Pedro se las puede denominar “la religión del impulso.”

La religión puede actuar en los humanos bajo una de tres formas:

1-La religión puede actuar sin el intelecto, simplemente impulsada por lo exterior. Esta es una religión basada en las emociones.

2-La religión puede actuar bajo el dominio del intelecto, controlada por el juicio y la razón de la persona. Esta es la manera correcta, esta es la manera como tiene que ser.

3-La religión puede actuar en contra del intelecto; esta es la religión del impulso, y su ejemplo clásico es Pedro.

Estas son algunas de las características para descubrir si sufrimos de la “religión del impulso”

1-La religión del impulso siempre hace pedidos extravagantes: En el caso de Pedro, él pidió caminar sobre las aguas. Recuerdo a un hermano en una reunión misionera, estaban preguntando por los blancos de la iglesia para ese año y nuestro hermano, emocionado puso un blanco de bautismos para nuestra iglesia de 500.  Nuestra iglesia tenía solo 30 miembros.

2-La religión del impulso nos conduce a conductas peligrosas. Un acto de necedad puede hundirnos en un mar de dificultades.

3- La religión del impulso siempre es corregida por Dios. Dios siempre permite que el humano desarrolle sus pasiones y su fanatismo y después corrige a la persona, exponiendo su error: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” Preguntó Jesús a Pedro.

Recordemos que el uso de la fe incluye el intelecto, la razón, evidencias y dependencia de Dios.

¡Dame la fe de mi Jesús, es mi oración, oh buen Señor!

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[Los] discípulos salieron predicando la palabra. Revelaban a Cristo en su vida. Y el Señor obraba con ellos “confirmando la palabra con las señales que se seguían.” Estos discípulos se prepararon para su obra. Antes del día de Pentecostés, se reunieron y apartaron todas sus divergencias. Estaban unánimes. Creían la promesa de Cristo de que la bendición sería dada, y oraban con fe. No pedían una bendición solamente para sí mismos; los abrumaba la preocupación por la salvación de las almas. El Evangelio debía proclamarse hasta los últimos confines de la tierra, y ellos pedían que se les dotase del poder que Cristo había prometido. Entonces fue derramado el Espíritu Santo, y millares se convirtieron en un día.

Así también puede ser ahora. En vez de las especulaciones humanas, predíquese la Palabra de Dios. Pongan a un lado los cristianos sus disensiones y entréguense a Dios para salvar a los perdidos. Pidan con fe la bendición, y la recibirán. El derramamiento del Espíritu en los días apostólicos fue la “lluvia temprana,” (Joel 2:23) y glorioso fue el resultado. Pero la lluvia “tardía” será más abundante (El Deseado de todas las Gentes, {DTG}, p. 767)

Los que carecen del Espíritu Santo no pueden ser atalayas fieles sobre las murallas de Sion, porque están ciegos y no ven la obra que debe hacerse, y no hacen sonar la trompeta con nitidez.

El bautismo del Espíritu Santo, tal como en el día de Pentecostés, conducirá a un reavivamiento de la religión verdadera y a la realización de muchas obras maravillosas. Seres celestiales vendrán entre nosotros, y los hombres hablarán según sean impulsados por el Espíritu Santo de Dios. Pero si el Señor obrase sobre los hombres como lo hizo en el día de Pentecostés y después de ese día, muchos que ahora pretenden creer en la verdad conocerían tan poco de la forma como obra el Espíritu Santo, que exclamarían: “¡Cuidado con el fanatismo!” De los que estén henchidos por el Espíritu Santo dirían: “Estos hombres están llenos de mosto”.

No está lejano el tiempo cuando los seres humanos necesitarán una relación con Cristo mucho más estrecha, una unión mucho más cercana con su Santo Espíritu, que la que han tenido o que tendrán, a menos que depongan su voluntad y sus métodos, y se sometan a la voluntad y los métodos de Dios. El gran pecado de los que profesan ser cristianos es que no abren el corazón para recibir el Espíritu Santo. Cuando las almas anhelan tener a Cristo, y procuran unirse con él, entonces los que están contentos con una mera forma de piedad, exclaman: “Sed cuidadosos y no vayáis a los extremos”. Cuando los ángeles del cielo vengan entre nosotros, y obren mediante los instrumentos humanos, entonces habrá conversiones firmes y sustanciales, en forma parecida a las conversiones que ocurrieron después del día de Pentecostés (Mensajes Selectos, {2MS}, t. 2, pp. 64, 65).

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Lección 1 | Jueves 5 de julio________________________________________________________

EL DUODÉCIMO APÓSTOL

La primera medida administrativa de la primera comunidad cristiana, que contaba con unos 120 creyentes (Hech. 1:15), fue escoger el sucesor de Judas.

Lee Hechos 1:21 y 22. ¿Qué cualidades debía tener el sucesor de Judas? ¿Por qué eran tan importantes?

Hechos 1:21-22

21 Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, 22 comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.

Era necesario que fuese un testigo de la resurrección de Jesús (comparar con Hech. 4:33); esto es crucial porque, vez tras vez, la resurrección es con­siderada una poderosa evidencia del mesianismo de Jesús y de la verdad de toda la fe cristiana.

No obstante, la elección debía hacerse entre los que habían acompañado a los apóstoles durante todo el ministerio de Jesús. Más adelante, Pablo insistiría en que él, a pesar de no haber estado con el Jesús terrenal, tenía derecho al oficio apostólico porque su encuentro con Jesús camino a Da­masco lo capacitaba para dar testimonio de su resurrección (1 Cor. 9:1). A pesar de admitir que era como “un abortivo” (1 Cor. 15:8), Pablo se negaba a considerarse menos calificado que los demás apóstoles (1 Cor. 9:2; Gál. 2:6-9). Por ende, solo los Doce y Pablo eran “apóstoles” en el sentido técnico y autorizado (Hech. 1:25, 26); sin embargo, en su sentido general básico como enviados o mensajeros, el término también podía ser usado por otros obreros evangélicos (Hech. 14:4, 14; Gál. 1:19).

Lee Hechos 1:23 al 26. ¿De qué forma fue escogido Matías?

Hechos 1:23-26

23 Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. 24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, 25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. 26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.

El método que usaron para elegir a Matías puede parecer extraño, pero echar suertes era una forma tradicional de tomar decisiones (por ejemplo, Lev. 16:5-10; Núm. 26:55). Además, la elección fue entre dos candidatos pre­viamente reconocidos de igual calificación, y no un paso hacia lo desco­nocido. Los creyentes también oraron creyendo que el resultado reflejaría la voluntad de Dios (comparar con Prov. 16:33). No hay pruebas de que la decisión haya sido cuestionada alguna vez. Después del Pentecostés, el echar suertes ya no fue necesario debido a la conducción directa del Espíritu (Hech. 5:3; 11:15-18; 13:2; 16:6-9).

Si alguien viniera a ti y te preguntara: “¿Cómo puedo saber cuál es la voluntad de Dios para mi vida?”, ¿qué responderías y por qué?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si en los días de Cristo era necesario que los creyentes usasen de prudencia para la elección de los hombres que habían de asumir las responsabilidades, cuánto mayor será en este tiempo nuestra necesidad de obrar con gran discreción. Debemos presentar a Dios cada caso, y en oración ferviente pedir al Señor que elija por nosotros.

El Dios del cielo ha escogido a hombres de experiencia para llevar las responsabilidades de su causa. Esos hombres han de ejercer una influencia especial. Si se concede a todos el poder dado a esos hombres escogidos, habrá que hacer un alto. Los que son elegidos para llevar cargas en la causa de Dios no deben mostrarse imprudentes, ni llenos de confianza en sí mismos, ni tampoco egoístas. Nunca deben su influencia y su ejemplo estimular el mal. El Señor no permitió jamás a nadie, sea hombre o mujer, que presente ideas que quiten a la obra su carácter sagrado e introduzcan en ella un sentimiento de vulgaridad. La obra de Dios debe volverse más y más sagrada a la vista de su pueblo. Por todos los medios posibles, los que han sido puestos como sobreveedores de la obra de Dios en nuestras instituciones deben dar siempre preeminencia a la voluntad y el camino de Dios. La salud de la obra en general depende de la fidelidad de los hombres designados para hacer cumplir la voluntad divina en las iglesias (Testimonios para la Iglesia, {9TI}, t. 9, p. 211).

El Señor no trabaja valiéndose del azar. Buscadlo muy fervientemente en oración. El impresionará la mente, y dará lenguaje y expresión. Los hijos de Dios deben ser educados para que no confíen en invenciones humanas ni en pruebas inciertas como un recurso para conocer la voluntad de Dios acerca de ellos. Satanás y sus agentes siempre están listos para penetrar por cualquier abertura que se presente con el propósito de descarriar las almas de los puros principios de la Palabra de Dios. Los que son conducidos y enseñados por Dios no darán lugar a artificios para los cuales no hay un “Así dice Jehová” (Comentarios de Elena G. de White en Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, t. 6, p. 1054).

La voluntad de Dios se expresa en los preceptos de su sagrada ley, y los principios de esta ley son los principios del cielo. Los ángeles que allí residen no alcanzan conocimiento más alto que el saber la voluntad de Dios, y el hacer esa voluntad es el servicio más alto en que puedan ocupar sus facultades.

En el cielo no se sirve con espíritu legalista. Cuando Satanás se rebeló contra la ley de Jehová, la noción de que había una ley sorprendió a los ángeles casi como algo en que no habían soñado antes. En su ministerio, los ángeles no son como siervos, sino como hijos. Hay perfecta unidad entre ellos y su Creador. La obediencia no es trabajo penoso para ellos. El amor a Dios hace de su servicio un gozo. Así sucede también con toda alma en la cual mora Cristo, la esperanza de gloria. Ella repite lo que dijo él: “Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón” [Salmo 40:8] (El Discurso Maestro de Jesucristo, {DMJ}, pp. 93, 94).

Nuestra voluntad finita debe ser sometida a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la divina. Esto traerá al Espíritu Santo en nuestra ayuda, y cada conquista tenderá a la recuperación de la posesión comprada por Dios, a la restauración de su imagen en el ser.

El Señor Jesús actúa mediante el Espíritu Santo, pues este es su representante. Por medio de él infunde vida espiritual en el ser, avivando sus energías para el bien, limpiándola de la impureza moral, y dándole idoneidad para su reino. Jesús tiene grandes bendiciones para otorgar, ricos dones para distribuir entre los hombres. Es el Consejero maravilloso, infinito en sabiduría y fuerza, y si queremos reconocer el poder de su Espíritu y someternos a ser amoldados por él, nos haremos completos en él. ¡Qué pensamiento es este! (Mensajes para los Jóvenes, {MJ}, pp. 38, 39).

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Viernes 6 de julio | Lección 1_______________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Todo el período intermedio entre el Pentecostés y la Parusía (la Segunda Venida) (ya sea largo o corto) ha de ser llenado con la misión mundial de la iglesia en el poder del Espíritu. Los seguidores de Cristo debían anunciar lo que él había logrado en su primera venida, y convocar a la gente a arre­pentirse y creer, en preparación para la Segunda Venida. Debían ser sus testigos ‘hasta lo último de la tierra’ ([Hech.] 1:8) y ‘hasta el fin del mundo’. […] No tenemos libertad para detenernos hasta que se hayan alcanzado ambos extremos”.–J. R. W. Stott, The Message of Acts: The Spirit, the Church & the World, p. 44.

“El mandato que dio el Salvador a los discípulos incluía a todos los cre­yentes. Incluye a todos los creyentes en Cristo hasta el fin del tiempo. Es un error fatal suponer que la obra de salvar almas solo depende del ministro ordenado. Todos a los que les llegó la inspiración celestial reciben el evan­gelio como cometido. A todos los que reciben la vida de Cristo se les ordena trabajar para la salvación de sus semejantes. La iglesia fue establecida para esa obra, y todos los que toman sus votos sagrados se comprometen por ese acto a ser colaboradores con Cristo” (DTG 761).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Hechos 1:7 nos recuerda a Marcos 13:32: “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”. Elena de White dice: “Nunca más habrá un mensaje para el pueblo de Dios que se base en el tiempo. No hemos de saber el tiempo definido, ya sea del derramamiento del Espíritu Santo o de la venida de Cristo” (MS 1:220). Ella añade: “Quien comience a proclamar un mensaje para anunciar la hora, el día o el año de la aparición de Cristo ha tomado un yugo y proclama un mensaje que el Señor nunca le ha dado” (R&H, 12 de septiembre de 1893). ¿Cuál es la relevancia de esas declaraciones para nosotros hoy?
  2. Una vez alguien dijo: “Dios necesita más testigos que abogados”. ¿Qué piensas de esta frase?
  3. ¿Cuál fue el papel de la oración en la iglesia primitiva? ¿Es coincidencia que, en casi todos los momentos decisivos de la vida de la iglesia, encon­tremos una referencia a la oración (Hech. 1:24; 8:14-17; 9:11, 12; 10:4, 9, 30; 13:2, 3)? ¿Cuál es el papel que la oración cumple en nuestra vida?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
“One World – One Dream”
www.sevendayradio.com
www.escuelasabaticamaestros.com
Madrid, España 2018

12 pensamientos en “LECCIÓN 1 – ME SERÉIS TESTIGOS – PARA EL 7 DE JULIO DE 2018

  1. Gracias hnto querido feliz santo sábado

    Enviado desde mi iPhone

  2. Hola hermano , seria usted tan amable de enviarme la escuela sabática para maestros ,muchas gracias ,un saludo y que Dios lo bendiga siempre.

  3. Gracias hermano Dios le continues bendiciendo siempre.
    Feliz Sabado!

  4. Hno tony,con la información que usted posee.me gustaría escuchar de parte suya,ya que he podido ver que usted .tiene los conocimientos y las erramientas y también la experiencia.ya , que se enseña que Muchas de las promesas y profecías del libro de isaias ,con relación a la tierra nueva,ya no se cumpliran,como por ejemplo ,los esposos o esposas que desean encontrar su pareja en la resurreccion. Ya que no habrá casamientos en el cielo. Los niños que son resucitados ,regresan ya adultos a la tierra nueva. Entonces ,no habrán niños en la tirria nueva? Ya que esas profecías ,según enseñamos no se cumpliran.me gustaría escuchar su comentarios con relación a esta dos preguntas,si seria usted tan amable.
    Mi correo es
    Nachospeak@aol.com
    Nachospeak@gmail.com
    Atte:
    Juan E Rodriguez
    Hno nacho.

    • Si no ban a. Estar al dia mis hermanos. Mejor no pongan nada. Ya que uno estudia la leccion dese el sAbado y dejeme decirles que su leccion. Es bien interesante por eso mismo motivo no deben atrasarlatanto tiempo deben de estar mas al dia

  5. Gracias por éste profundo y motivador análisis de la lección nro 01 de este trimestre. Gracias a Dios por este Ministerio que uds realizan para fortalecer al cuerpo de Cristo. Dios les bendiga siempre

  6. Buenas noches hermanos, tengo un conflicto en mi entendimiento; y es que no puedo entender muy bien, en qué momento el Señor Jesús fue a presentarse al Padre si fué después de los 40 días o antes de ese tiempo. Porque en S Juan 20:17 el Señor Jesús dice que no sea tocado por Magdalena

  7. Por favor… me podrian enviar siempre la lección de escuela Sabática, a veces el enlace esta desactivado… Por favor
    Mi correo es: julio.ma31@gmail.com
    Gracias y Bendiciones…

  8. Hermano Tony. Aquí le proveo mi correo electrónico para la lección grasias bendiciones excelente ,
    Material bendiciones en este ministerio

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