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LECCIÓN 8 – EL CONCILIO DE JERUSALÉN – PARA EL 25 DE AGOSTO DE 2018

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Letra Negra: Lección de Escuela Sabática

Letra Ocre: Lección de Escuela Sabática 

Letra Roja: La Biblia

Letra Café: Nuestro comentario

Letra Azul: Espíritu de profecía


Lección 8: Para el 25 de agosto de 2018

EL CONCILIO DE JERUSALÉN

Sábado 18 de agosto_____________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hechos 15; Gálatas 2:11-13; Éxodo 12:43-49; Romanos 3:30; Levítico 18:30; Apocalipsis 2:14, 20.

PARA MEMORIZAR:

“Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hech. 15:11).

Después de más de dos años, Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía de Siria. Puesto que toda la iglesia había participado enviándolos como misioneros, era natural que dieran un informe. No obstante, el énfasis de la crónica no estuvo en lo que ellos habían logrado, sino en lo que Dios mismo había hecho a través de ellos.

El objetivo del informe, por supuesto, era el éxito de la misión entre los gentiles, aunque muchos judíos también habían abrazado la fe. Desde lo sucedido con Cornelio, la conversión de los gentiles no circuncidados se había vuelto un problema (Hech. 11:1-18), pero ahora que muchos de ellos ingresaban como miembros de iglesia el tema se volvió aún más complejo. Muchos creyentes de Jerusalén no estaban satisfechos. Para ellos, los gentiles primero debían circuncidarse, es decir, convertirse en prosélitos judíos, para formar parte del pueblo de Dios y tener comunión con ellos.

Hechos 15 gira en torno al problema de los gentiles, que alcanza un nivel crítico, y de qué manera trabaja la iglesia unida para hallar una solución. El Concilio de Jerusalén fue un momento decisivo en la historia de la iglesia apostólica en relación con su misión mundial.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cornelio… mantuvo su vida religiosa caminando estrictamente de acuerdo con la luz que había recibido. Dios tenía sus ojos sobre él, y lo envió un ángel con un mensaje. El mensajero celestial pasó por alto a los que tenían justicia propia; pero vino a Cornelio y lo llamó por nombre…

Las riquezas y los honores mundanales no pueden satisfacer el alma. Entre los ricos muchos anhelan alguna seguridad divina, alguna esperanza espiritual. Muchos anhelan algo que ponga fin a la monotonía de su vida sin rumbo. Muchos que están en cargos públicos sienten su necesidad de algo que no tienen. Entre ellos hay pocos que van a la iglesia, pues creen que reciben poco beneficio. La enseñanza que oyen no toca el corazón ¿No los exhortaremos de un modo especial?

Dios llama a obreros fervientes y humildes que deseen llevar el evangelio a las clases encumbradas. No es por medio de una relación casual u ocasional como los ricos, apagados al mundo, pueden ser atraídos a Cristo. Hombres y mujeres saturados del Espíritu Santo, que no desfallezcan ni se desanimen, deben hacer esfuerzos personales decididos (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, pp. 1060, 1061).

Debemos aferramos a la enseñanza de la Biblia y no seguir las costumbres y tradiciones del mundo, los dichos y hechos de los hombres.

Cuando surgen errores y son enseñados como verdad bíblica, los que están conectados con Cristo no confiarán en lo que dice el ministro, sino que —como los nobles bereanos— escudriñarán cada día las Escrituras para ver si estas cosas son así. Al descubrir cuál es la palabra del Señor, se pondrán de parte de la verdad. Oirán la voz del verdadero Pastor, que dice: “Este es el camino, andad en él” (Fe y obras, p. 88).

Este fue un acontecimiento importante para la iglesia. Aunque la pared medianera que separaba a los judíos de los gentiles había sido derribada por la muerte de Cristo, permitiendo que éstos gozaran plenamente de los privilegios del evangelio, todavía no había caído la venda que cubría los ojos de muchos de los creyentes judíos, y aún no podían distinguir con claridad la caducidad de lo que había sido abolido por el Hijo de Dios. La obra debía proseguir entonces con vigor entre los gentiles, y debía dar como resultado el fortalecimiento de la iglesia para una gran afluencia de almas.

Los apóstoles, al desempeñar esta tarea especial, iban a quedar expuestos a la sospecha, el prejuicio y los celos. Como consecuencia natural de su apartamiento del exclusivismo judío, su doctrina y sus opiniones podían ser tildadas de herejía, y sus credenciales de ministros del evangelio serían puestas en tela de juicio por muchos celosos creyentes judíos. Dios previo todas las dificultades que iban a enfrentar sus siervos, y en su sabia providencia permitió que fueran investidos de autoridad incuestionable por parte de la iglesia establecida de Dios, para que su obra estuviera por encima de toda discusión (La historia de la redención, pp. 317, 318).

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Domingo 19 de agosto | Lección 8_______________________________________________

EL PUNTO EN CUESTIÓN

Desde el principio, la iglesia de Antioquía constó de judíos (helenistas) y de gentiles incircuncisos (Hech. 11:19-21; Gál. 2:11-13) que, aparentemente, vivían en comunión pacífica entre sí. Sin embargo, esa comunión se hizo añicos con la llegada de un grupo de creyentes de Jerusalén.

Lee Hechos 15:1 al 5. ¿Cuál era el problema que enfrentaba la iglesia?

Hechos 15: 1-5

1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

Estos de Judea, tradicionalmente llamados judaizantes, posiblemente eran los mismos que el versículo 5 identifica como “fariseos que habían creído”. La presencia de los fariseos en la iglesia no debe sorprendernos, ya que el mismo Pablo había sido fariseo antes de su conversión (Fil. 3:5). Este grupo parece haber ido a Antioquía por iniciativa propia (Hech. 15:24), aunque otro hecho que también tuvo lugar en Antioquía tiempo después muestra que la mayoría de los judíos, incluyendo a los apóstoles, no se sentían muy cómodos con la presencia de los gentiles incircuncisos en la iglesia (Gál. 2:11-13).

En su Epístola a los Gálatas, Pablo no habla de manera positiva de los judaizantes, ya que los califica como perturbadores (Gál. 1:7; 5:10) y “falsos hermanos” (Gál. 2:4), cuyo verdadero motivo era socavar la libertad espiritual del evangelio y llevar a los conversos gentiles a la esclavitud del legalismo.

El argumento de ellos era bastante sencillo: a menos que los gentiles se circuncidaran y guardaran todas las demás leyes ceremoniales judías, no podrían salvarse. La salvación, según creían, habría de hallarse solo dentro de la comunidad del pacto de Dios y, según el Antiguo Testamento, no había otra manera de llegar a ser parte del pueblo escogido de Dios sino mediante la circuncisión (Gén. 17:9-14; Éxo. 12:48). En resumen, los gentiles solo podrían salvarse si primero se hacían judíos prosélitos.

Pablo y Bernabé, por supuesto, no podían aceptar esos requisitos porque iban en contra de la naturaleza misma del evangelio. No obstante, el abordaje agresivo de los visitantes de Judea generó un acalorado debate –la palabra de Hechos 15:2 (stasis) tiene el sentido de “conflicto”, o “disensión”– y el tema era demasiado importante para ser tratado solamente en el ámbito local. La unidad de la iglesia estaba en juego. Entonces, los hermanos de Antioquía decidieron enviar a varios delegados a Jerusalén, incluyendo a Pablo y a Bernabé, para encontrar una solución.

Ponte en el lugar de los judaizantes. ¿Qué argumentos podrías presentar para defender tu postura?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la iglesia de Antioquía, la consideración del asunto de la circuncisión provocó mucha discusión y contienda. Finalmente, los miembros de la iglesia, temiendo que si la discusión continuaba se provocaría una división entre ellos, decidieron enviar a Pablo y Bernabé, con algunos hombres responsables de la iglesia, hasta Jerusalén, a fin de presentar el asunto a los apóstoles y ancianos. Habían de encontrarse allí con delegados de las diferentes iglesias, y con aquellos que habían venido a Jerusalén para asistir a las próximas fiestas. Mientras tanto, había de cesar toda controversia hasta que fuese dada una decisión final en el concilio general. Esta decisión sería entonces aceptada universalmente por las diversas iglesias en todo el país (Los hechos de los apóstoles, p. 154).

Los judíos se habían enorgullecido de sus ceremonias divinamente señaladas; y habían llegado a la conclusión de que si Dios en una oportunidad había determinado cómo debía ser el culto hebreo, era imposible que autorizara jamás cambio alguno en cualquiera de sus detalles. Resolvieron que la cristiandad observara las leyes y ceremonias judías. Eran lentos para darse cuenta del fin de lo que había sido abolido por el deceso de Cristo…

Pablo se había enorgullecido de su estrictez farisaica; pero después de la revelación de Cristo en el camino a Damasco la misión del Salvador y su propia obra para la conversión de los gentiles irrumpió con claridad en su mente, y comprendió en su plenitud la diferencia que existe entre una fe viviente y un muerto formalismo. Pablo seguía creyendo que era hijo de Abraham, y guardaba los Diez Mandamientos, tanto en la letra como en el espíritu, tan fielmente como lo había hecho antes de su conversión al cristianismo. Pero sabía que las ceremonias típicas debían cesar totalmente y bien pronto, puesto que lo que prefiguraban ya había acontecido, y la luz del evangelio estaba difundiendo su gloria sobre la religión judía, proporcionándole un nuevo significado a sus antiguos ritos (La historia de la redención, p. 320).

Somos justificados por fe. El alma que entiende el significado de estas palabras nunca tendrá suficiencia propia. No somos competentes por nosotros mismos para pensar algo [bueno] de nosotros mismos. El Espíritu Santo es nuestra eficiencia en la obra de la edificación del carácter, en la formación del carácter a la semejanza divina. Cuando creemos que nosotros mismos somos capaces de dar forma a nuestra propia vida espiritual, cometemos un gran error. Por nosotros mismos nunca podemos conquistar la victoria sobre la tentación. Pero los que tienen fe genuina en Cristo serán impulsados por el Espíritu Santo. El alma en cuyo corazón mora la fe, crecerá hasta ser un bello templo para el Señor. Esa alma es dirigida por la gracia de Cristo. Crecerá solo en la proporción en que dependa de la enseñanza del Espíritu Santo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, p. 1109).

Aun los mejores hombres, si actúan por sí mismos, cometerán graves equivocaciones… Quiera Dios dar a cada hombre un sentido de su propia impotencia personal para timonear, con rectitud y seguridad, su propio barco hasta el puerto. La gracia de Cristo es esencial cada día. Solo su gracia incomparable puede hacer que nuestros pies no se extravíen (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 6, pp. 1108, 1109).

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Lección 8 | Lunes 20 de agosto__________________________________________________

LA CIRCUNCISIÓN

Uno de los grandes problemas de este conflicto era la circuncisión. Esta no era una institución humana (comparar con Mat. 15:2, 9). Al contrario, había sido ordenada por Dios mismo como una señal de su pacto con los descendientes de Abraham como pueblo elegido (Gén. 17:9-14).

Lee Éxodo 12:43 al 49. Además de los israelitas de nacimiento, ¿quiénes más debían circuncidarse?

Éxodo 12:43-49

43 Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta es la ordenanza de la pascua; ningún extraño comerá de ella. 44 Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella, después que lo hubieres circuncidado. 45 El extranjero y el jornalero no comerán de ella. 46 Se comerá en una casa, y no llevarás de aquella carne fuera de ella, ni quebraréis hueso suyo. 47 Toda la congregación de Israel lo hará. 48 Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella. 49 La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros.

Las bendiciones del Pacto no estaban restringidas a los israelitas de nacimiento, sino que eran extensivas a cualquier esclavo o extranjero residente que quisiera recibirlas, siempre que estuviese circuncidado. Después de la circuncisión, el extranjero tenía el mismo estatus delante de Dios que el israelita de nacimiento: “Será como uno de vuestra nación” (Éxo. 12:48).

Por lo tanto, la circuncisión era indispensable (para un varón) para ser miembro pleno de la comunidad del Pacto de Dios. Y, como Jesús era el Mesías de Israel, parecía natural que los judaizantes insistieran en que ningún gentil podría beneficiarse de su salvación sin convertirse en judío primeramente.

Lee Romanos 3:30; 1 Corintios 7:18; y Gálatas 3:28 y 5:6. ¿Cuál era la opinión de Pablo sobre la circuncisión?

Romanos 3:30

30 Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión.

1 Corintios 7:18

18 ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide.

Gálatas 3:28

28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Gálatas 5:6

porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.

Al decir que ningún gentil podía salvarse sin unirse primero al judaísmo, estos hombres estaban mezclando dos conceptos distintos: el Pacto y la salvación. Ser miembro de la comunidad del Pacto de Dios no garantiza la salvación (Jer. 4:4; 9:25). Además, el mismo Abraham fue salvo (justificado) por la fe; y esto ocurrió antes de circuncidarse, no a causa de haberse circuncidado (Rom. 4:9-13). La salvación siempre ha sido por la fe, mientras que el Pacto era una provisión de la gracia de Dios mediante la cual él se reveló a sí mismo y dio a conocer el plan de salvación al mundo entero (Gén. 12:1-3).

Sin embargo, el problema era que, al asociar tan íntimamente el Pacto con la salvación, estos creyentes habían llegado a pensar que la circuncisión era meritoria. Pero, la gracia salvífica de Dios no funciona en el ámbito de las obras humanas. Por lo tanto, imponer la circuncisión a los gentiles creyentes como medio de salvación era distorsionar la verdad del evangelio (Gál. 1:7; 2:3-5), anular la gracia de Dios (Gál. 2:21) y hacer que Jesús no sirviera de nada (Gál. 5:2, NVI). Además, era una negación del carácter universal de la salvación (Col. 3:11; Tito 2:11). Pablo nunca podría estar de acuerdo con esta forma de pensar.

¿Cuál es el peligro de pensar que con solo ser miembro de la iglesia verdadera ya se obtiene la salvación?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Si el hombre hubiera guardado la ley de Dios, tal como le fue dada a Adán después de su caída, y preservada en el arca por Noé, y observada por Abraham, no habría habido necesidad del rito de la circuncisión. Y si los descendientes de Abraham hubieran guardado el pacto, del cual la circuncisión era una garantía, nunca hubieran caído en la idolatría ni se habría permitido que descendieran a Egipto ni habría habido necesidad de que Dios proclamara su ley desde el Sinaí y la grabara en tablas de piedra, ni que salvaguardara esos preceptos mediante las indicaciones, los juicios y los estatutos que le dio a Moisés (La historia de la redención, p. 151).

Mediante el paganismo, Satanás había apartado de Dios a los hombres durante muchos siglos; pero al pervertir la fe de Israel había obtenido su mayor triunfo. Al contemplar y adorar sus propias concepciones, los paganos habían perdido el conocimiento de Dios, y se habían ido corrompiendo cada vez más. Así había sucedido también con Israel. El principio de que el hombre puede salvarse por sus obras, que es fundamento de toda religión pagana, era ya principio de la religión judaica. Satanás lo había implantado; y doquiera se lo adopte, los hombres no tienen defensa contra el pecado (El Deseado de todas las gentes, p. 26).

Dios no reconoce ninguna distinción por causa de la nacionalidad, la raza o la casta. Es el Hacedor de toda la humanidad. Todos los hombres son una familia por la creación, y todos son uno por la redención. Cristo vino para demoler todo muro de separación, para abrir todo departamento del templo, para que cada alma pudiese tener libre acceso a Dios. Su amor es tan amplio, tan profundo, tan completo, que penetra por doquiera. Libra de la influencia de Satanás a las pobres almas que han sido seducidas por sus engaños. Las coloca al alcance del trono de Dios, el trono circuido por el arco de la promesa.

En Cristo no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre. Todos son atraídos por su preciosa sangre. [Gálatas 3:28; Efesios 2:13],

Cualquiera que sea la diferencia de creencia religiosa, el llamamiento de la humanidad doliente debe ser oído y contestado. Donde existe amargura de sentimiento por causa de la diferencia de la religión, puede hacerse mucho bien mediante el servicio personal. El ministerio amante quebrantará el prejuicio, y ganará las almas para Dios (Palabras de vida del gran Maestro, p. 318).

Es Dios el que circuncida el corazón. Toda la obra es del Señor de principio a fin. El pecador que perece puede decir: “Soy un pecador perdido, pero Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Él dice: ‘No he venido a llamar a justos, sino a pecadores’ [Marcos 2:17], Soy pecador y Cristo murió en la cruz del Calvario para salvarme. No necesito permanecer un solo momento más sin ser salvado. El murió y resucitó para mi justificación y me salvará ahora. Acepto el perdón que ha prometido” (Mensajes selectos, tomo 1, p. 459).

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Martes 21 de agosto | Lección 8_________________________________________________

EL DEBATE

Lee Hechos 15:7 al 11. ¿Cuál fue la contribución de Pedro al debate en Jerusalén?

Hechos 15:7-11

Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.

Lucas, por supuesto, no hace un informe de todas las actas de la reunión. Sería interesante saber, por ejemplo, los argumentos presentados por los judaizantes (Hech. 15:5), así como las respuestas de Pablo y de Bernabé (Hech. 15:12). El hecho de que solo tengamos los discursos de Pedro y de Jacobo muestra la importancia de estos hombres entre los apóstoles.

En su discurso, Pedro se dirigió a los apóstoles y a los ancianos, recordándoles su experiencia con Cornelio años atrás. En esencia, su argumento era el mismo que había usado ante los hermanos de Jerusalén (Hech. 11:4-17). Dios mismo había mostrado su aprobación a la conversión de Cornelio (aunque era un gentil incircunciso) al darle a él y a su familia el mismo don del Espíritu que les había dado a los apóstoles en Pentecostés.

En su providencia divina, Dios había usado nada menos que a una persona como Pedro para convencer a los creyentes de Judea de que él no hacía distinción entre judíos y gentiles con respecto a la salvación. Si bien carecían de los beneficios purificadores de los reglamentos y los estatutos del Antiguo Pacto, ya no se podía considerar inmundos a los gentiles creyentes porque Dios mismo había limpiado su corazón. La declaración final de Pedro resultó ser muy similar a lo que esperaríamos de Pablo: “Creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hech. 15:11).

Lee Hechos 15:13 al 21. ¿Qué solución propuso Jacobo al problema de los gentiles?

Hechos 15:13-21

13 Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. 14 Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:16 Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar,17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre,18 Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. 19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. 21 Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.

El discurso de Jacobo sugiere que ocupaba una posición de autoridad (comparar con Hech. 12:17; 21:18; Gál. 2:9, 12). Independientemente de lo que pudiera haber interpretado por la reconstrucción del tabernáculo de David, que en la profecía de Amós se refiere a la restauración de la dinastía de David (Amós 9:11, 12), el propósito principal de Jacobo era demostrar que Dios ya había previsto que los gentiles se uniesen, en cierto sentido, a un “pueblo de Dios” reconstituido y que, por ende, podían incorporarse a Israel.

Debido a esto, su decisión fue que no se impusieran más restricciones a los conversos gentiles, aparte de las que normalmente se requerirían de los extranjeros que deseaban vivir en la tierra de Israel.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En una ocasión anterior, Pedro había razonado con sus hermanos concerniente a la conversión de Cornelio y sus amigos, y a su trato con ellos. Cuando relató en aquella ocasión cómo el Espíritu Santo descendió sobre los gentiles, declaró: “Así que, si Dios les dio el mismo don también como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?” [Hechos 11:17]. Ahora, con igual fervor y fuerza, dijo: “Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones. Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” Este yugo no era la ley de los diez mandamientos, como aseveran algunos que se oponen a la vigencia de la ley; Pedro se refería a la ley de las ceremonias, que fue anulada e invalidada por la crucifixión de Cristo.

El discurso de Pedro dispuso a la asamblea para escuchar con paciencia a Pablo y Bernabé, quienes relataron lo que habían experimentado al trabajar por los gentiles. “Toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por ellos entre los Gentiles” (Los hechos de los apóstoles, pp. 157, 158).

Dios desea que los hombres comprendan qué espera de ellos. Juzgará a todo hombre que se interponga entre sus semejantes y Dios, para conducirlos por sendas que no han sido trazadas para los redimidos. “Hace conocer todo esto desde tiempos antiguos” [Hechos 15:18]. Ha ordenado que sus obras se presenten ante el mundo con perfiles nítidos, santos y sagrados. El reino de Dios no es visible, sino que se manifiesta mediante la suave inspiración de su Palabra y la obra de su Espíritu en el alma. En muchos lugares del mundo su obra habría progresado mucho más si el hombre no se hubiera interpuesto entre el pueblo y Dios, para hacer una obra que el Señor no ha señalado (Cada día con Dios, p. 191).

Santiago parece haber sido escogido para anunciar la decisión a la cual había llegado el concilio. Su sentencia fue que la ley ceremonial, y especialmente el rito de la circuncisión, no debía imponerse a los gentiles, ni aun recomendarse. Santiago trató de grabar en la mente de sus hermanos el hecho de que, al convertirse a Dios, los gentiles habían hecho un gran cambio en sus vidas, y que debía ejercerse mucha prudencia para no molestarlos con dudosas y confusas cuestiones de menor importancia, no fuera que se desanimaran en seguir a Cristo.

Los conversos gentiles, sin embargo, debían abandonar las costumbres inconsecuentes con los principios del cristianismo. Los apóstoles y ancianos convinieron por lo tanto en pedir a los gentiles por carta que se abstuvieran de los alimentos ofrecidos a los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado, y de sangre. Debía instárselos a guardar los mandamientos, y a vivir una vida santa. Debía asegurárseles también que los que habían declarado obligatoria la circuncisión no estaban autorizados por los apóstoles para hacerlo (Los hechos de los apóstoles, pp. 158, 159).

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Lección 8 | Miércoles 22 de agosto______________________________________________

EL DECRETO APOSTÓLICO

Lee Hechos 15:28 y 29. ¿Cuáles fueron las cuatro prohibiciones que el Concilio decidió imponerles a los conversos gentiles?

Hechos 15:28-29

28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.

El tema principal para el que se había convocado el Concilio se resolvió satisfactoriamente. Como la salvación es por gracia, se eximía de la circuncisión a los gentiles creyentes cuando se unían a la iglesia. Sin embargo, debían abstenerse de cuatro cosas: (1) la carne ofrecida en sacrificio a ídolos en rituales paganos, y luego servida en una fiesta del templo o vendida en el mercado; (2) el consumo de sangre; 3) la carne de animales estrangulados, es decir, carne cuya sangre no se había drenado; y (4) la inmoralidad sexual en sus diversas formas.

En la actualidad, la mayoría de los cristianos considera que las prohibiciones alimentarias (prohibiciones 1-3) son recomendaciones temporales. Debido a que esas cosas eran especialmente repulsivas para los judíos, sostienen que las prohibiciones tenían como único objetivo salvar la brecha entre creyentes judíos y gentiles. Además, a menudo se presume que todas las demás leyes del Antiguo Testamento, incluyendo las leyes de Levítico (Lev. 11) y el mandamiento del sábado (Éxo. 20:8-11), que están ausentes de la lista, ya no son obligatorias para los cristianos.

No obstante, el denominado decreto apostólico no era ni temporal ni un nuevo código de ética cristiana que excluía todo lo demás relacionado con el Antiguo Testamento. De hecho, bajo la dirección del Espíritu Santo (Hech. 15:28), los apóstoles y los ancianos de la iglesia reprodujeron solo las regulaciones de Levítico 17 y 18 concernientes a los extranjeros residentes en Israel.

En el contexto de Levítico, estas prohibiciones significan la renuncia al paganismo. Todo extranjero que quisiera vivir en Israel tenía que abdicar de las prácticas paganas a las que estaba acostumbrado (Lev. 18:30). De la misma manera, todo creyente gentil que quisiera unirse a la iglesia tenía que asumir una postura firme contra el paganismo.

Naturalmente, también se esperaba que la persona hiciera la voluntad de Dios: que obedeciera aquellos mandamientos que son universales, premosaicos y no intrínsecamente ceremoniales, como el sábado (Gén. 2:1-3), y que se atuviera a la diferenciación entre alimentos limpios e inmundos (Gén. 7:2).

Un claro ejemplo de que el decreto no era temporal se encuentra en Apocalipsis 2:14 y 20, donde se repiten las prohibiciones primera y última, por lo que, implícitamente, también se contemplan las otras dos. De hecho, las evidencias históricas muestran que los cristianos todavía consideraban que el decreto era normativo mucho después del período del Nuevo Testamento.

Cuando surgen disputas, ¿de qué modo podemos aprender a reunirnos, a escucharnos entre todos y, con un espíritu de respeto y humildad, resolver los problemas?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al establecerse en Canaán, se permitió a los israelitas que consumieran alimento animal, pero bajo prudentes restricciones encaminadas a mitigar los malos resultados. El uso de la carne de cerdo quedaba prohibido, como también el de la de otros animales, de ciertas aves y de ciertos peces, declarados inmundos. De los animales declarados comestibles, la grasa y la sangre quedaban absolutamente proscritas…

Por haberse apartado del plan señalado por Dios en asunto de alimentación, los israelitas sufrieron graves perjuicios. Desearon comer carne y cosecharon los resultados. No alcanzaron el ideal de carácter que Dios les señalara ni cumplieron los designios divinos. El Señor “les dio lo que pidieron; mas envió flaqueza en sus almas” [Salmos 106:15]. Preferían lo terrenal a lo espiritual, y no alcanzaron la sagrada preeminencia a la cual Dios se había propuesto que llegasen (El ministerio de curación, pp. 240, 241).

Dios exige hoy de su pueblo que se mantenga tan distinto del mundo, en sus costumbres, hábitos y principios, como debía serlo el antiguo Israel. Si siguen fielmente las enseñanzas de su Palabra, existirá esta distinción; no podrá ser de otra manera. Las advertencias dadas a los hebreos para que no se relacionaran ni mezclaran con los paganos no eran más directas ni más terminantes que las hechas a los cristianos para prohibirles que imiten el espíritu y las costumbres de los impíos. Cristo nos dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” [1 Juan 2:15] (Patriarcas y profetas, p. 489).

El Espíritu de Cristo se manifestará en todos aquellos que han nacido de Dios. La disensión y la contienda no pueden surgir entre los que son controlados por su Espíritu. “Purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová” [Isaías 52:11], La iglesia raras veces perseguirá una norma más elevada que la que han establecido sus ministros. Necesitamos un ministerio convertido y un pueblo convertido (Testimonios para la iglesia, p. 210).

No debe haber palabras hirientes, reprensiones irritantes, porque los ángeles de Dios están recorriendo cada habitación. Cristo anhela alabar a cada fiel obrero y lo hará. Cada acto bueno es registrado en el libro. Pueden cometerse pequeños errores, pero las palabras de censura levantan sentimientos de venganza y Dios es deshonrado… Cada palabra hablada irreflexiva o imprudentemente debería retirarse en el acto… Debemos recordar que como cristianos que profesamos trabajar en unidad no debemos actuar como los pecadores, cuyas palabras y acciones pecaminosas, a menos que se arrepientan de ellas, los condenarán (En los lugares celestiales, p. 184).

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Jueves 23 de agosto | Lección 8__________________________________________________

LA CARTA DE JERUSALÉN

Lee Hechos 15:22 al 29. ¿Qué medidas adicionales dispuso la iglesia de Jerusalén en cuanto a la decisión del Concilio?

Hechos 15:22-29

22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; 23 y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud. 24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, 25 nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26 hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 27 Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. 28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.

La primera medida fue escribir una carta a los creyentes gentiles para informarles lo que se había decidido. La carta, escrita en nombre de los apóstoles y los ancianos de Jerusalén, era un documento oficial que reflejaba la primacía de la iglesia de Jerusalén (desde luego, debido al liderazgo de los apóstoles) sobre las otras comunidades cristianas. Redactada en el año 49 d.C., que es la fecha más probable del Concilio, esta carta es uno de los primeros documentos cristianos que tenemos.

La iglesia de Jerusalén también decidió designar a dos delegados, Judas Barsabás y Silas, para que acompañaran a Pablo y a Bernabé hasta Antioquía; su misión era llevar la carta y confirmar su contenido.

Lee Hechos 15:30 al 33. ¿De qué forma reaccionó la iglesia de Antioquía frente a la carta?

Hechos 15:30-33

30 Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; 31 habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación. 32 Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras. 33 Y pasando algún tiempo allí, fueron despedidos en paz por los hermanos, para volver a aquellos que los habían enviado.

Cuando se leyó la carta, la iglesia se llenó de gran gozo por el mensaje alentador: la circuncisión no era necesaria para los conversos gentiles. Tampoco plantearon ninguna objeción a las exigencias de la carta (el cuádruple decreto apostólico). Así se resolvió, al menos en teoría, la primera división más grave de la iglesia primitiva.

Al concluir el Concilio, el evangelio de Pablo fue plenamente reconocido por los dirigentes eclesiásticos de Jerusalén, quienes les extendieron a él y a Bernabé la mano derecha del compañerismo como señal de aceptación y confianza (Gál. 2:9). Sin embargo, a los cristianos judíos que seguían viviendo según la ley judía todavía les resultaba sumamente problemático compartir la mesa con los gentiles, quienes, a efectos prácticos, seguían siendo ritualmente inmundos.

Este problema aparece, por ejemplo, en el incidente asociado con Pedro en Gálatas 2:11 al 14. Elena de White dice: “Aun los discípulos no estaban todos preparados para aceptar de buen grado la decisión del Concilio” (HAp 160).

Sé honesto contigo mismo: ¿cuán difícil te resulta tener comunión con creyentes de otras razas, culturas e incluso clases sociales? ¿De qué manera puedes deshacerte de esta actitud decididamente antievangélica?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El concilio [de Jerusalén] no pretendió infalibilidad en sus deliberaciones, sino que actuó bajo las indicaciones de un juicio iluminado y con la dignidad de una iglesia establecida por la voluntad de Dios. Vieron que Dios mismo había decidido este asunto al favorecer a los gentiles con el Espíritu Santo, y que se los debía dejar que siguieran la dirección del Espíritu.

No se llamó a todo el conjunto de cristianos para que votara sobre estos asuntos. Los apóstoles y ancianos, hombres de influencia y juicio, dieron forma al decreto y lo promulgaron, a consecuencia de lo cual fue generalmente aceptado por todas las iglesias cristianas. No todos se sintieron contentos, sin embargo, con esta decisión; hubo una facción de falsos hermanos que pretendieron consagrarse a cierta obra bajo su propia responsabilidad. Se dedicaron a murmurar y a buscar faltas, proponiendo nuevos planes y tratando de derribar la tarea realizada por hombres experimentados a quienes Dios había ordenado para que enseñaran la doctrina de Cristo. La iglesia tuvo que enfrentar tales obstáculos desde el mismo principio, y tendrá que seguir haciéndolo hasta el fin del tiempo (La historia de la redención, p. 323).

Ser despiadado, acusar a otros, dar expresión a juicios ásperos y severos, alimentar malos pensamientos, no es el resultado de la sabiduría que proviene de lo alto… El lenguaje del cristiano debiera ser suave y circunspecto, pues su fe santa requiere de él que represente a Cristo ante el mundo. Todos los que habitan en Cristo, manifestarán la bondad y magnánima cortesía que caracterizaban la vida del Maestro. Sus obras serán obras de piedad, equidad y pureza. Tendrán la mansedumbre de la sabiduría y ejercerán el don de la gracia de Jesús…

Cuando son tentados los que aman a Dios, canten himnos de alabanza a su Creador antes de hablar palabras de acusación y crítica. El Señor bendecirá a todos los que así procuran hacer la paz. Confíen en Dios. Cuidaos de no dar al enemigo ventaja alguna mediante sus palabras descuidadas. Contemplad siempre a Jesús. Él es vuestra fortaleza…

Sed tan considerados, tan tiernos, tan compasivos, que la atmósfera que os rodee sea fragante con las bendiciones del cielo (That I May Know Him, p. 185; parcialmente en A fin de conocerle, p. 186).

El Señor ayudará a cada uno de nosotros en lo que más necesitemos en la magna obra de dominar y vencer el yo. Que esté la ley de la clemencia en vuestra lengua y el óleo de la gracia en vuestro corazón; esto producirá maravillosos resultados: seréis tiernos, simpáticos, corteses. Necesitáis todas estas gracias. Se ha de recibir e introducir el Espíritu Santo en vuestro carácter; entonces será como fuego santo que exhalará incienso que ascenderá a Dios, no de labios que condenen, sino como un restaurador de las almas humanas. Vuestro semblante expresará la imagen de lo divino… Dios requiere que toda alma que está a su servicio encienda su incensario con los carbones del fuego sagrado. Hay que refrenar las palabras vulgares, severas y ásperas que emanan tan fácilmente de vuestros labios, y el Espíritu de Dios hablará mediante el instrumento humano. La contemplación del carácter de Cristo os transformará a su semejanza. Solo la gracia de Cristo puede cambiar vuestro corazón, y entonces reflejaréis la imagen del Señor Jesús. Dios os insta a que seáis como él: puros, santos e inmaculados. Hemos de llevar la imagen divina (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1182).

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Lección 8 | Viernes 24 de agosto________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Los conversos judíos no estaban generalmente inclinados a avanzar tan rápidamente como la providencia de Dios les abría el camino. Por el resultado de las labores de los apóstoles entre los gentiles, era evidente que los conversos entre estos serían muchos más que los conversos judíos. Los judíos temían que, si no se imponían las restricciones y las ceremonias de su ley a los gentiles como condición de entrada en la iglesia, las peculiaridades nacionales de los judíos, que hasta entonces los habían distinguido de todos los demás pueblos, desaparecerían finalmente de entre quienes recibían el mensaje evangélico” (HAp 153).

“Los cristianos judíos que vivían a la vista del Templo permitían, como era natural, que sus mentes se volvieran a los privilegios peculiares de los judíos como nación. Cuando vieron que la iglesia cristiana se apartaba de las ceremonias y las tradiciones del judaísmo, y percibieron que la santidad peculiar de la cual las costumbres judías habían estado investidas pronto sería perdida de vista a la luz de la nueva fe, muchos se indignaron con Pablo como el que había en gran medida causado este cambio. Aun los discípulos no estaban todos preparados para aceptar de buen grado la decisión del Concilio. Algunos eran celosos por la ley ceremonial; y miraban a Pablo con desagrado, porque pensaban que sus principios con respecto a las obligaciones de la ley judía eran flojos” (HAp 160).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En clase, repasen la pregunta final del lunes. ¿De qué forma entendemos el hecho de que pertenecer a la iglesia “verdadera” no garantiza la salvación? Por ejemplo: el antiguo Israel era, ciertamente, la “iglesia verdadera”, pero eso no significa que fueran salvos todos lo que pertenecían a él. Si estar en la iglesia verdadera no garantiza la salvación, entonces, ¿cuál es la ventaja de formar parte de ella?
  2. ¿En qué sentido el hecho de aceptar a los gentiles incircuncisos en la comunidad de la fe fue uno de los primeros problemas administrativos más importantes que enfrentó la iglesia primitiva? ¿Qué problemas similares enfrenta nuestra iglesia actualmente, y qué nos enseña el ejemplo de Hechos 15 sobre cómo resolverlos?
  3. En clase, pídeles a algunos que asuman la postura de los judíos que insistían en que los gentiles debían convertirse en prosélitos judíos antes de unirse a la iglesia, a la que consideraban (y con razón) una extensión de las promesas del Pacto hechas a Israel. ¿Cuáles son sus argumentos y cómo puedes responder a ellos? Un debate de este tipo ¿podría mostrarnos por qué las cuestiones que hoy nos parecen tan obvias podrían resultar, en otro tiempo, mucho más difíciles de resolver que para nosotros ahora?

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Escrito por: Tony García.

Gramática revisada por:
Pastor Noel Ruiloba y Nory Ester Garcia-Marenko

Este documento es una cortesía de 7day Media Group.
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Madrid, España 2018

2 pensamientos en “LECCIÓN 8 – EL CONCILIO DE JERUSALÉN – PARA EL 25 DE AGOSTO DE 2018

  1. Gracias por compartir

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  2. bendiciones querido hermano gracias por darnos este beneficio que el señor a puesto en sus corazónes que el señor le siga bendiciendo grandemente en su ministerio

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