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Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026

Lección 6 – ME LEVANTARÉ – Para el 10 de febrero de 2024


Lección 6 en PDF, haga «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


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Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2024 Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan
2025 Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado* Josué El Espíritu de Profecía
2027 1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel
2028

* Religion in the Market Place


Lección 6: Para el 10 de febrero de 2024

ME LEVANTARÉ

Sábado 3 de febrero_____________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmos 18:3-18; 41:1-3; Deuteronomio 15:7-11; Salmos 82; 96:6-10; 99:1-4; Romanos 8:34.

PARA MEMORIZAR:

 “Por la opresión del débil y por el gemido de los menesterosos, ‘ahora me levantaré –dice el Señor– y salvaré al que suspira’ ” (Sal. 12:5).

Nuestra época no es la única en la que rugen el mal, la injusticia y la opresión. Los salmistas también vivieron en tiempos así. Por eso, los salmos son también protestas de Dios contra la violencia y la opresión en el mundo; en nuestro mundo y también en el de los salmistas.

Sí, el Señor es piadoso y retiene su ira en su gran paciencia, porque no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se arrepientan y cambien de conducta (2 Ped. 3:9-15). Y, aunque el momento oportuno para la intervención de Dios no siempre coincide con las expectativas humanas, el día del Juicio de Dios se acerca (Sal. 96:13; 98:9). Solo tenemos que confiar en él y en sus promesas hasta que llegue ese día.

Solo el Creador, cuyo Trono se fundamenta en la rectitud y la justicia (Sal. 89:14; 97:2), puede brindar estabilidad y prosperidad al mundo con su Juicio soberano. La dimensión doble del Juicio divino incluye la liberación de los oprimidos y la destrucción de los impíos (Sal. 7:6-17).

Esto es lo que se nos ha prometido, y esto es lo que efectivamente ocurrirá algún día; pero según los tiempos de Dios, no los nuestros, un aspecto que el salmista enfatiza.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor pronto vendrá en las nubes de los cielos con poder y grande gloria. ¿No hay acaso suficientes elementos implícitos en las verdades que giran en torno de este acontecimiento, y en la preparación esencial para él que nos hagan pensar solemnemente en nuestro deber? Debemos presentar este asunto delante de la gente en forma definida y clara. «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria… serán reunidas delante de él todas las naciones». Mateo 25:31, 32…

El juicio final es un acontecimiento sumamente solemne y terrible. Se desarrollará delante del universo entero. El Padre ha delegado todo el juicio en el Señor Jesús. El será quien declare la recompensa que recibirán los que hayan sido leales a la ley de Jehová. Dios será honrado y su gobierno reivindicado y glorificado, y ello en presencia de los habitantes de los mundos no caídos. El gobierno de Dios será reivindicado y exaltado en la mayor medida posible. No se trata del juicio de una persona o de una nación, sino de todo el mundo. ¡Oh, qué cambio se producirá entonces en el entendimiento de todos los seres creados! Allí se percibirá el valor de la vida eterna (Cada día con Dios, p. 294).

La religión pura de Jesús es la fuente de la cual fluyen corrientes de caridad, amor, abnegación.

Ser cristiano es ser un hombre semejante a Cristo, una mujer semejante a Cristo, es ser activo en el servicio de Dios es estar presente en la reunión de oración, animando a otros también con nuestra presencia. La religión no consiste en obras, pero la religión obra; no es inactiva.

Muchos parecen creer que la religión tiene una tendencia a hacer que el que la posee sea intolerante y estrecho, pero la verdadera religión no tiene una influencia que conduce a la estrechez mental; la falta de religión es la que entumece las facultades y estrecha la mente. Cuando un hombre es estrecho es una evidencia de que necesita la gracia de Dios, el ungimiento celestial, pues un verdadero cristiano es uno mediante el cual puede actuar el Señor, el Dios de los ejércitos, para que observe los caminos del Señor de la tierra y haga manifiesta la voluntad de Dios a los hombres (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 947).

Hay tal alegría y consuelo para los cristianos fieles y sinceros, que el mundo no puede entenderlo. Para ellos es un misterio. La esperanza del cristiano está repleta de inmortalidad y llena de gloria. Llega hasta más allá del velo, y es como un ancla segura y firme para el alma.

Cuando la tormenta de la ira de Dios caiga sobre los impíos, su esperanza no dejará de realizarse, porque estarán escondidos en lo oculto de su tabernáculo…

A pesar de que la tierra tambalee como un borracho, y sea removida como una choza, si hemos puesto nuestra confianza en Dios, él nos librará. «El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente». «Porque tú has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal (Hijos e hijas de Dios, p. 356).


Domingo 4 de febrero___________________________________________________

EL GUERRERO MAJESTUOSO

Lee Salmos 18:3 al 18; 76:3 al 9 y 12; y 144:5 al 7. ¿Cómo se describe al Señor en estos textos? ¿Qué transmiten estas imágenes sobre la disposición de Dios para liberar a su pueblo?

Salmos 18:3-18

Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos. Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron. Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte. En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; Se conmovieron los cimientos de los montes, Y se estremecieron, porque se indignó él. Humo subió de su nariz, Y de su boca fuego consumidor; Carbones fueron por él encendidos. Inclinó los cielos, y descendió; Y había densas tinieblas debajo de sus pies. 10 Cabalgó sobre un querubín, y voló; Voló sobre las alas del viento. 11 Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí; Oscuridad de aguas, nubes de los cielos. 12 Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron; Granizo y carbones ardientes. 13 Tronó en los cielos Jehová, Y el Altísimo dio su voz; Granizo y carbones de fuego. 14 Envió sus saetas, y los dispersó; Lanzó relámpagos, y los destruyó. 15 Entonces aparecieron los abismos de las aguas, Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo, A tu reprensión, oh Jehová, Por el soplo del aliento de tu nariz. 16 Envió desde lo alto; me tomó, Me sacó de las muchas aguas. 17 Me libró de mi poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo. 18 Me asaltaron en el día de mi quebranto, Mas Jehová fue mi apoyo.

Salmos 76:3-9 y 12

Allí quebró las saetas del arco, El escudo, la espada y las armas de guerra. Selah Glorioso eres tú, poderoso más que los montes de caza. Los fuertes de corazón fueron despojados, durmieron su sueño; No hizo uso de sus manos ninguno de los varones fuertes. A tu reprensión, oh Dios de Jacob, El carro y el caballo fueron entorpecidos. Tú, temible eres tú; ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira? Desde los cielos hiciste oír juicio; La tierra tuvo temor y quedó suspensa Cuando te levantaste, oh Dios, para juzgar, Para salvar a todos los mansos de la tierra. Selah

12 Cortará él el espíritu de los príncipes; Temible es a los reyes de la tierra.

Salmos 144:5-7

Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende; Toca los montes, y humeen. Despide relámpagos y disípalos, Envía tus saetas y túrbalos. Envía tu mano desde lo alto; Redímeme, y sácame de las muchas aguas, De la mano de los hombres extraños,

Estos himnos alaban al Señor por su impresionante poder sobre las fuerzas del mal que amenazan a su pueblo. Representan a Dios en su majestad como Guerrero y Juez. La imagen de Dios como Guerrero es frecuente en Salmos y resalta la severidad y la urgencia de la respuesta de Dios a los clamores y los sufrimientos de su pueblo.

“El Señor tronó desde el cielo, / el Altísimo dio su voz, / y hubo granizo y brasas de fuego. / Envió sus saetas y deshizo a sus enemigos. / Lanzó relámpagos y los destruyó. / Entonces apareció el lecho del mar, / y se descubrieron los cimientos del mundo, / ante tu reprensión, Señor, / por el soplo de tu aliento” (Sal. 18:13-15).

La determinación y la magnitud de los actos de Dios deberían disipar cualquier duda sobre el gran cuidado y la compasión de Dios por los que sufren o sobre su capacidad para derrotar al mal. Solo tenemos que esperar a que él actúe.

En definitiva, incluso cuando el pueblo de Dios, como David, participó en guerras, la liberación no provino de medios humanos. En sus muchas batallas contra los enemigos del pueblo de Dios, el rey David alabó a Dios como el único que obtuvo todas las victorias. Hubiera sido fácil para David atribuirse el mérito de sus muchos éxitos y triunfos, pero esa no era su actitud. Él sabía de dónde provenía la Fuente de su poder.

Aunque David afirma que el Señor entrena sus manos para la guerra (Sal. 18:34), en ninguna parte de Salmos confía en sus habilidades para la batalla. Al contrario, el Señor lucha por David y lo libra (Sal. 18:47, 48).

En los salmos, el rey David, famoso por ser un guerrero de éxito, asume su papel de músico experto y alaba al Señor como el único Libertador y Sustentador de su pueblo (Sal. 144:10-15). La alabanza y la oración al Señor son las fuentes de fuerza para David, más poderosas que cualquier arma de guerra. Únicamente en Dios se puede confiar y a él solo alabar.

Más allá de los dones, las habilidades y el éxito que hayas tenido en la vida, ¿por qué debes recordar siempre la Fuente de todos ellos? ¿Qué peligro corres si olvidas esa fuente?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El hombre caído es el cautivo legítimo de Satanás. La misión de Cristo consistió en rescatarlo del poder de su gran adversario. El hombre se inclina por naturaleza a seguir las sugestiones de Satanás, y no puede resistir con éxito a un enemigo tan terrible, a menos que Cristo, el poderoso Vencedor, more en él, guíe sus deseos y le fortalezca. Solo Dios puede limitar el poder de Satanás… Satanás conoce mejor que los hijos de Dios el poder que ellos pueden tener sobre él cuando su fuerza está en Cristo. Cuando el más débil creyente en la verdad solicita humildemente ayuda al poderoso Vencedor, confiando firmemente en Cristo, puede repeler con éxito a Satanás y toda su hueste.

Satanás llamará en su ayuda legiones de sus ángeles para oponerse a los progresos hasta de un alma, y si posible fuese, la arrebataría de las manos de Cristo… Pero si el que está en peligro persevera, y en su impotencia se aferra a los méritos de la sangre de Cristo, nuestro Salvador escucha la ferviente oración de fe, y envía refuerzos de ángeles poderosos en fortaleza para que lo libren. Satanás no puede soportar que se recurra a su poderoso rival, porque teme y tiembla ante su fuerza y majestad. Al sonido de la oración ferviente, toda la hueste de Satanás tiembla (La maravillosa gracia de Dios, p. 257).

Mediante el poder que Cristo da, podemos ser «más que vencedores». Pero nosotros no podemos crear este poder. Podemos recibirlo solamente mediante el Espíritu de Dios.

Necesitamos discernir profundamente la naturaleza de Cristo y los misterios de su amor «que excede a todo conocimiento». Efesios 3: 19. Debemos vivir en los cálidos y cordiales rayos del Sol de Justicia. Solo la amante compasión de Cristo, su divina gracia, su poder omnipotente pueden capacitarnos para desbaratar al implacable enemigo y someter nuestros propios corazones rebeldes. ¿Cuál es nuestra fuerza? El gozo del Señor. Que el amor de Cristo llene nuestros corazones y estaremos preparados para recibir el poder que él tiene para nosotros.

Agradezcamos a Dios cada día por las bendiciones que nos da. Si el agente humano se humillara delante de Dios, reconociendo su extremada incompetencia en hacer el trabajo que es necesario hacer para que su alma sea purificada; si echara lejos su propia justicia, Cristo moraría en su corazón. Pondría su mano en la obra de crearlo de nuevo, y seguiría la obra hasta que el hombre sea completo en él (En los lugares celestiales, p. 66).


Lunes 5 de febrero______________________________________________________

JUSTICIA PARA LOS OPRIMIDOS

Lee Salmos 9:18; 12:5; 40:17; 113:7; 146:6 al 10; y 41:1 al 3. ¿Cuál es su mensaje para nosotros, también hoy?

Salmos 9:18

18 Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, Ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.

Salmos 12:5

Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, Ahora me levantaré, dice Jehová; Pondré en salvo al que por ello suspira.

Salmos 40:17

17 Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.

Salmos 113:7

Él levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso alza del muladar,

Salmos 146:6-10

El cual hizo los cielos y la tierra, El mar, y todo lo que en ellos hay; Que guarda verdad para siempre, Que hace justicia a los agraviados, Que da pan a los hambrientos. Jehová liberta a los cautivos; Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos. Jehová guarda a los extranjeros; Al huérfano y a la viuda sostiene, Y el camino de los impíos trastorna. 10 Reinará Jehová para siempre; Tu Dios, oh Sion, de generación en generación. Aleluya.

Salmos 41:1-3

1 Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová. Jehová lo guardará, y le dará vida; Será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad.

Dios muestra especial cuidado y preocupación por la justicia en relación con los diversos grupos vulnerables de personas, incluyendo los pobres, los necesitados, los oprimidos, los huérfanos, las viudas, los viudos y los extranjeros. Salmos, al igual que la Ley y los profetas, son claros al respecto (Éxo. 22:21-27; Isa. 3:13-15).

Muchos salmos utilizan la expresión “pobre y necesitado” y evitan representar a los oprimidos en términos exclusivamente nacionales y religiosos. Esto es así para resaltar el cuidado universal de Dios por toda la humanidad.

La expresión “pobre y necesitado” no se limita a la pobreza material, sino también significa vulnerabilidad y desamparo. La expresión apela a la compasión de Dios y transmite la idea de que el que sufre está solo y no tiene más ayuda que Dios. La descripción “pobre y necesitado” también se refiere a nuestra sinceridad, veracidad y amor por Dios al confesar nuestra total dependencia de él y renunciar a cualquier rastro de autosuficiencia y afirmación personal.

Por su parte, el cuidado de los desposeídos (Sal. 41:1-3) demuestra la fidelidad del pueblo a Dios. Los males cometidos contra los vulnerables eran pecados especialmente atroces en la cultura bíblica (Deut. 15:7-11). Los salmos inspiran al pueblo fiel a alzar la voz contra toda opresión.

Los salmos también subrayan la inutilidad de basar nuestra seguridad en medios humanos perecederos como fuente última de sabiduría y seguridad. El pueblo de Dios debe resistir la tentación de depositar la fe suprema para la salvación en instituciones y dirigentes humanos, especialmente cuando difieren de los caminos de Dios.

Mediante su gracia, nuestro Señor se identificó con los pobres haciéndose pobre él mismo, para que mediante su pobreza muchos pudieran enriquecerse (2 Cor. 8:9). Las riquezas de Cristo incluyen la liberación de toda opresión causada por el pecado, y nos prometen la vida eterna en el Reino de Dios (Apoc. 21:4). Jesucristo cumple las promesas de Salmos como Juez divino, que juzgará todo maltrato a los desposeídos, así como la negligencia en el cumplimiento del deber hacia ellos (Mat. 25:31-46).

¿Cuánto pensamos en los “pobres y necesitados” que hay entre nosotros, y cuánto hacemos por ellos?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los que tienen compasión por los infortunados, los ciegos, los cojos, los afligidos, las viudas, los huérfanos y los necesitados son representados por Cristo como observadores de los mandamientos que tendrán vida eterna.

En vista de lo que el cielo esta haciendo para salvar a los perdidos, ¿cómo pueden los que son participantes de las riquezas de la gracia de Cristo retirar su interés y sus simpatías de sus prójimos? ¿Cómo pueden entregarse al orgullo de clase o casta y despreciar a los infortunados y a los pobres? (El ministerio de la bondad, p. 219).

Cuando un hombre está luchando honradamente para sostenerse y sostener a su familia, y sin embargo no puede hacerlo, de modo que sufren por falta del alimento y vestidos necesarios, el Señor no dará por inocentes a nuestros hermanos que ministran si consideran con indiferencia a ese hermano o le prescriben condiciones que son virtualmente imposibles de cumplir… Hemos de hacer nuestra la condición del hermano infortunado.

Cualquier descuido de parte de los que pretenden ser seguidores de Cristo, una omisión en aliviar las necesidades de un hermano o una hermana que está llevando el yugo de la pobreza o de la opresión, se registran en los libros del cielo como manifestados a Cristo en las personas de sus santos. Qué cuenta tendrá el Señor con muchos, muchísimos, que presentan las palabras de Cristo a otros pero omiten manifestar tierna simpatía y consideración por un hermano en la fe que es menos afortunado y tiene menos éxito que ellos mismos (El ministerio de la bondad, p. 220).

¡Cuán grande fue el don hecho por Dios al hombre, y cuán propio de Dios fue hacerlo! Él dio con una liberalidad que jamás podrá ser igualada, a fin de salvar a los rebeldes hijos del hombre y de inducirlos a ver su propósito y a discernir su amor. ¿No queréis demostrar por medio de vuestros dones y ofrendas que no hay nada que consideráis demasiado bueno para aquel que «ha dado a su Hijo unigénito»?

El espíritu de liberalidad es el espíritu del cielo. El espíritu de egoísmo es el espíritu de Satanás…

Dios no depende de los hombres para promover su causa. Podría convertir a los ángeles en embajadores de su verdad. Habría podido revelar su voluntad por medio de su propia voz cuando proclamó la ley desde el Sinaí. Pero ha elegido emplear a los hombres para que hagan su obra a fin de cultivar en ellos el espíritu de liberalidad.

Cada acto de abnegación realizado en bien de otros fortalecerá el espíritu de generosidad en el donante, y lo vinculará más estrechamente con el Redentor del mundo, quien «por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». 2 Corintios 8:9. Y la vida puede ser una bendición para nosotros únicamente en la medida en que cumplimos el propósito divino para el cual fuimos creados. Todas las buenas dádivas que Dios hace al hombre constituirán una maldición a menos que este las emplee para hacer felices a sus semejantes y para promover la causa de Dios en el mundo (Consejos sobre mayordomía, pp. 21, 22).


Martes 6 de febrero_____________________________________________________

¿HASTA CUÁNDO JUZGARÁN INJUSTAMENTE?

El Señor dotó a los dirigentes de Israel de autoridad para preservar la justicia en Israel (Sal. 72:1-7, 12-14). Los reyes de Israel debían ejercer su autoridad según la voluntad de Dios. La prioridad fundamental de los dirigentes debía ser garantizar la paz y la justicia en la tierra, y atender a los marginados sociales. Solamente así prosperarían la tierra y todo el pueblo. El trono del rey se fortalece con la fidelidad a Dios, no con el poder humano.

Lee Salmo 82. ¿Qué ocurre cuando los dirigentes pervierten la justicia y oprimen al pueblo al que debe proteger?

Salmo 82

1 Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga. ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, Y aceptaréis las personas de los impíos? Selah Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos. No saben, no entienden, Andan en tinieblas; Tiemblan todos los cimientos de la tierra. Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis, Y como cualquiera de los príncipes caeréis. Levántate, oh Dios, juzga la tierra; Porque tú heredarás todas las naciones.

En Salmo 82, Dios declara sus juicios sobre los jueces corruptos de Israel. Los “dioses” (Sal. 82:1, 6, RVR 1960) claramente no son ni dioses paganos ni ángeles, porque nunca se les encomendó impartir justicia al pueblo de Dios y, por lo tanto, no podrían ser juzgados por no cumplir con esto. Los cargos enumerados en Salmo 82:2 al 4 reflejan las leyes de la Torá, que identifican a los “dioses” como líderes de Israel (Deut. 1:16-18; 16:18-20; Juan 10:33-35). Dios les pregunta a los “hijos de los hombres” si juzgan con justicia, y se anuncia su castigo, porque se los halló injustos. Los dirigentes andan a tientas en medio de la oscuridad, sin conocimiento (Sal. 82:5), porque han abandonado la Ley de Dios, la luz (Sal. 119:105).

 Las Escrituras sostienen invariablemente que el Señor es el único Dios. Dios comparte su gobierno del mundo con agentes humanos designados como sus representantes (Rom. 13:1). No obstante, cuántas veces estos representantes humanos, en la historia e incluso ahora, han pervertido la responsabilidad que se les ha dado.

Salmo 82 expone burlonamente la apostasía de algunos líderes que se creían “dioses” por encima de los demás. Aunque Dios dio la autoridad y el privilegio a los líderes israelitas, de que fueran llamados “hijos del Altísimo” y de representarlo, Dios reniega de los líderes perversos. Dios les recuerda que son mortales y que están sujetos a las mismas leyes morales que todos los demás. Nadie está por encima de la Ley de Dios (Sal. 82:6-8).

Dios juzgará al mundo entero; también el pueblo de Dios dará cuenta a Dios. Tanto los dirigentes como el pueblo deben emular el ejemplo del Juez divino y depositar en él su última esperanza.

¿Qué tipo de autoridad ejerces sobre los demás? ¿Hasta qué punto ejerces esa autoridad con justicia y equidad? Presta atención a esto.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

David sabía que el alto propósito de Dios en favor de Israel solo podría cumplirse si los príncipes y el pueblo procuraban con incesante vigilancia alcanzar la norma que se les proponía. Sabía que para desempeñar el cometido con el cual Dios se había complacido en honrar a su hijo Salomón, era necesario que el joven gobernante no fuese simplemente un guerrero, un estadista y un soberano, sino un hombre fuerte y bueno, que enseñase la justicia y fuese ejemplo de fidelidad.

Con tierno fervor David instó a Salomón a que fuese viril y noble, a que demostrase misericordia y bondad hacia sus súbditos, y que en todo su trato con las naciones de la tierra honrase y glorificase el nombre de Dios y manifestase la hermosura de la santidad. Las muchas incidencias penosas y notables por las cuales David había pasado durante su vida le habían enseñado el valor de las virtudes más nobles y le indujeron a declarar a Salomón mientras, moribundo, le transmitía su exhortación final: «El señoreador de los hombres será justo, señoreador en temor de Dios. Será como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes; cuando la hierba de la tierra brota por medio del resplandor después de la lluvia». 2 Samuel 23:3, 4 (Profetas y reyes, p. 17).

En su cuidado por salvaguardar los derechos y la libertad de sus súbditos, Josafat recalcó la consideración que cada miembro de la familia humana recibe del Dios de justicia, que gobierna a todos. «Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga». Y a los que son designados como jueces bajo su dirección, se les dice: «Defended al pobre y al huérfano: haced justicia al afligido y al menesteroso… Libradlo de mano de los impíos». Salmo 82:1, 3, 4 (Profetas y reyes, p. 146).

A veces alguien a quien se ha conferido responsabilidad como dirigente, concibe la idea de que está en un puesto de suprema autoridad y que todos sus hermanos, antes de avanzar, deben ir primeramente a pedirle permiso para hacer lo que creen que se debe hacer. Esa persona se encuentra en posición peligrosa. Ha perdido de vista la obra del verdadero dirigente del pueblo de Dios. En lugar de actuar como sabio consejero, asume las prerrogativas de un gobernante exigente. Se deshonra a Dios cada vez que se exhibe semejante autoridad y exaltación propia. Nadie que confíe en su propia fuerza ha de erigirse jamás en mente y juicio de alguien a quien Dios está usando en su obra. Nadie debe trazar pautas y reglamentos humanos para gobernar arbitrariamente a sus colaboradores que tienen una experiencia viva en la verdad.

Dios invita a los que han ejercido indebida autoridad que aparten de sus obreros su mano dominadora. Trate toda persona a quien han sido confiadas sagradas responsabilidades de comprender su deber individual ante Dios, y cumplirlo con humildad y fidelidad. Nadie se considere un amo que puede ejercer su poder dominante sobre sus hermanos. Los principios de la Palabra de Dios deben ser enseñados y practicados (Testimonios para los ministros, pp. 491, 492).


Miércoles 7 de febrero___________________________________________________

DERRAMA SOBRE ELLOS TU IRA

Lee Salmos 58:6 al 8; 69:22 al 28; 83:9 al 17; 94:1 y 2; y 137:7 al 9. ¿Qué sentimientos transmiten estos salmos? ¿Quién es el agente del juicio en estos salmos?

Salmos 58:6-8

Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas; Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Sean disipados como aguas que corren; Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se deslíe; Como el que nace muerto, no vean el sol.

Salmos 69:22-28

22 Sea su convite delante de ellos por lazo, Y lo que es para bien, por tropiezo. 23 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, Y haz temblar continuamente sus lomos. 24 Derrama sobre ellos tu ira, Y el furor de tu enojo los alcance. 25 Sea su palacio asolado; En sus tiendas no haya morador. 26 Porque persiguieron al que tú heriste, Y cuentan del dolor de los que tú llagaste. 27 Pon maldad sobre su maldad, Y no entren en tu justicia. 28 Sean raídos del libro de los vivientes, Y no sean escritos entre los justos.

Salmos 83:9-17

Hazles como a Madián, Como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón; 10 Que perecieron en Endor, Fueron hechos como estiércol para la tierra. 11 Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb; Como a Zeba y a Zalmuna a todos sus príncipes, 12 Que han dicho: Heredemos para nosotros Las moradas de Dios. 13 Dios mío, ponlos como torbellinos, Como hojarascas delante del viento, 14 Como fuego que quema el monte, Como llama que abrasa el bosque. 15 Persíguelos así con tu tempestad, Y atérralos con tu torbellino. 16 Llena sus rostros de vergüenza, Y busquen tu nombre, oh Jehová. 17 Sean afrentados y turbados para siempre; Sean deshonrados, y perezcan.

Salmos 94:1-2

1 Jehová, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate. Engrandécete, oh Juez de la tierra; Da el pago a los soberbios.

Salmos 137:7-9

Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, Cuando decían: Arrasadla, arrasadla Hasta los cimientos. Hija de Babilonia la desolada, Bienaventurado el que te diere el pago De lo que tú nos hiciste. Dichoso el que tomare y estrellare tus niños Contra la peña.

Algunos salmos suplican a Dios que se vengue de las personas y las naciones que pretenden dañar a los salmistas o a su pueblo, o que ya les han hecho daño. Estos salmos pueden parecer desconcertantes por su lenguaje duro y su aparente discordancia con el principio bíblico del amor a los enemigos (Mat. 5:44).

Sin embargo, la indignación de los salmistas ante la opresión es buena. Significa que el salmista se tomaba muy en serio el bien y el mal, más que mucha gente. Se preocupa, y mucho, por la maldad que hay en el mundo; no solo por la maldad que lo afecta a él personalmente, sino también a los demás.

Sin embargo, el salmista no se propone, en ningún momento, ser el encargado de vengarse; al contrario, deja la retribución únicamente en manos de Dios. Los salmos evocan las maldiciones del Pacto divino (Deut. 27:9-16) e imploran a Dios que actúe como lo ha prometido.

Los salmos son proclamas proféticas sobre el inminente juicio de Dios; no son tan solo las oraciones del salmista. Salmo 137 refleja los anuncios del juicio divino sobre Babilonia, como se observa en los profetas. La devastación que los babilonios causaron a otras naciones se volvería contra ellos. Los salmos transmiten las advertencias divinas de que el mal no quedará impune para siempre.

La retribución de Dios se mide con justicia y gracia. Los hijos de Dios están llamados a orar por quienes los maltratan, e incluso a desear su conversión (Sal. 83:18; Jer. 29:7).

Sin embargo, al tratar de armonizar estos salmos con las normas bíblicas de amar a los enemigos, debemos tener cuidado de no minimizar la experiencia agonizante que se expresa en ellos. Dios reconoce el sufrimiento de sus hijos y les asegura que, “a los ojos del Señor, muy estimada es la muerte de sus santos” (Sal. 116:15). El juicio divino obliga al pueblo de Dios a alzar su voz contra todo mal y a buscar la venida del Reino de Dios en su plenitud. Los salmos también dan voz a los que sufren, haciéndoles saber que Dios es consciente de su sufrimiento y que, un día, se hará justicia.

¿Quién no tiene, a veces, pensamientos o fantasías acerca de la venganza contra quienes han hecho un daño terrible a él o a sus seres queridos? ¿Cómo pueden ayudarte estos salmos a analizar estos sentimientos desde una perspectiva correcta?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La paciencia y la magnanimidad de Dios, que debieran enternecer y subyugar el alma, tienen una influencia completamente distinta sobre  los descuidados y pecaminosos. Los inducen a desechar las restricciones y los hace más decididos en su resistencia. Piensan que Dios, que durante tanto tiempo los ha tolerado, no tendrá en cuenta su perversidad. Si viviéramos en una dispensación de retribución inmediata, las ofensas contra Dios no ocurrirían con tanta frecuencia. Pero aunque se demore el castigo, no por eso es menos seguro. Hay límites aun para la tolerancia de Dios. Se puede llegar al límite de su paciencia, y entonces él castigará con toda seguridad. Y cuando trate el caso del pecador insolente, no se detendrá hasta haberle dado fin completamente.

Muy pocos se dan cuenta de la pecaminosidad del pecado; se hacen la ilusión de que Dios es demasiado bueno para castigar al culpable. Pero los casos de María, Aarón, David y muchos otros demuestran que no es seguro pecar contra Dios, ya sea con hechos, palabras o aun con el pensamiento. Dios es un ser de infinito amor e infinita compasión, pero también declara de sí mismo que es «fuego consumidor, Dios celoso» (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 3, p. 1184).

Tal como el arco iris se forma en las nubes por la unión de los rayos del sol y las gotas de lluvia, el arco iris que rodea el trono representa el poder combinado de la misericordia y la justicia. No solo hay que afirmar la justicia, porque eclipsaría la gloria del arco iris de la promesa que está sobre el trono; los hombres solo verían la condenación de la ley. Si no hubiera justicia ni sanción, el gobierno de Dios carecería de estabilidad. La unión de la justicia y la misericordia perfecciona la salvación…

La misericordia nos invita a entrar en la ciudad de Dios a través de sus puertas, y la justicia se complace en otorgar a toda alma obediente los privilegios plenos que le corresponden como miembro de la familia real e hijo del Rey del cielo. Si tuviéramos defectos de carácter, no podríamos franquear las puertas que la misericordia ha abierto para los obedientes; porque la justicia está en pie junto a la entrada y requiere santidad de todos los que quieran ver a Dios (Maranata: el Señor viene, p. 336).

Si la justicia hubiera desaparecido y fuese posible que la misericordia divina abriese sus puertas a toda la humanidad sin tomar en cuenta su carácter, habría en el cielo una situación de desafecto y rebelión peor que la que se produjo cuando Satanás fue expulsado. «Se romperían la paz, la felicidad y la armonía del cielo. El traslado de la tierra al cielo no cambiará el carácter de los hombres. La felicidad de los redimidos en el cielo será el resultado del carácter semejante al de Cristo que hayan formado en esta vida. Los santos del cielo habrán comenzado por ser santos en la tierra…

La ley de Dios no es debilitada por el evangelio, pero el poder del pecado es quebrantado, y se extiende el cetro de la misericordia al pecador penitente… Dios nunca abandonará a su pueblo en su lucha contra el pecado (Maranatha, p. 326; parcialmente en Maranata: el Señor viene, p. 337).


Jueves 8 de febrero_____________________________________________________

EL JUICIO DEL SEÑOR Y EL SANTUARIO

Lee Salmos 96:6 al 10; 99:1 al 4; y 132:7 al 9 y 13 al 18. ¿Dónde tiene lugar el juicio de Dios y qué implicaciones tiene la respuesta para nosotros? ¿Cómo nos ayuda el Santuario a entender la manera en que tratará Dios el mal?

Salmos 96:6-10

Alabanza y magnificencia delante de él; Poder y gloria en su santuario. Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová la gloria y el poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra. 10 Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; Juzgará a los pueblos en justicia.

Salmos 99:1-4

1 Jehová reina; temblarán los pueblos. Él está sentado sobre los querubines, se conmoverá la tierra. Jehová en Sion es grande, Y exaltado sobre todos los pueblos. Alaben tu nombre grande y temible; Él es santo. Y la gloria del rey ama el juicio; Tú confirmas la rectitud; Tú has hecho en Jacob juicio y justicia.

Salmos 132:7-9 y 13-18

Entraremos en su tabernáculo; Nos postraremos ante el estrado de sus pies. Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, Tú y el arca de tu poder. Tus sacerdotes se vistan de justicia, Y se regocijen tus santos.

13 Porque Jehová ha elegido a Sion; La quiso por habitación para sí. 14 Este es para siempre el lugar de mi reposo; Aquí habitaré, porque la he querido. 15 Bendeciré abundantemente su provisión; A sus pobres saciaré de pan. 16 Asimismo vestiré de salvación a sus sacerdotes, Y sus santos darán voces de júbilo. 17 Allí haré retoñar el poder de David; He dispuesto lámpara a mi ungido. 18 A sus enemigos vestiré de confusión, Mas sobre él florecerá su corona.

El Juicio del Señor está estrechamente relacionado con el Santuario. El Santuario fue el entorno donde el salmista cambió su percepción sobre el problema del mal (Sal. 73:17-20). El Santuario fue designado como el lugar del juicio divino, como indicaban el juicio del Urim (Núm. 27:21) y el pectoral del juicio del sumo sacerdote (Éxo. 28:15, 28-30). En consecuencia, muchos salmos representan a Dios en su Trono en el Santuario, listo para juzgar al mundo por su pecado y su maldad.

En el Santuario se revelaba el plan de salvación. En el paganismo, el pecado se entendía principalmente como una mancha física, que debía eliminarse mediante ritos mágicos. En contraste, la Biblia presenta el pecado como una violación de la Ley moral de Dios. La santidad de Dios significa que él ama la justicia y la rectitud. Del mismo modo, el pueblo de Dios debe buscar la justicia y la rectitud y debe adorar a Dios en su santidad. Para hacerlo, debe guardar la Ley de Dios, que es una expresión de su santidad.

Por consiguiente, el Santuario es el lugar del perdón del pecado y de la restauración de la justicia, como indican el propiciatorio del Trono de Dios y los “sacrificios de justicia” (Deut. 33:19; Sal. 4:5).

Sin embargo, el “Dios perdonador” se venga de las malas acciones de los impenitentes (Sal. 99:8). Las implicaciones prácticas de que el Santuario sea el lugar del juicio divino se manifiestan en la conciencia constante de la santidad de Dios y en las exigencias de una vida recta conforme a los requisitos del Pacto de Dios.

El juicio del Señor desde Sion trae como resultado el bienestar de los justos y la derrota de los impíos (Sal. 132:13-18). El Santuario alentaba las jubilosas expectativas de la venida del Señor como Juez, especialmente durante el Día de la Expiación. Asimismo, los salmos refuerzan la certeza de la inminente llegada del Juez divino (Sal. 96:13; Sal. 98:9); a saber, Jesucristo en el Santuario celestial (Apoc. 11:15-19).

Lee Romanos 8:34. ¿Cómo nos muestra este versículo que lo que Cristo está haciendo en el Santuario celestial es una buena noticia para su pueblo?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Toda la ceremonia [del Santuario] estaba destinada a inculcar a los israelitas una idea de la santidad de Dios y de su odio al pecado; y además hacerles ver que no podían ponerse en contacto con el pecado sin contaminarse. Se requería de todos que afligiesen sus almas mientras se celebraba el servicio de expiación. Toda ocupación debía dejarse a un lado, y toda la congregación de Israel debía pasar el día en solemne humillación ante Dios, con oración, ayuno y examen profundo del corazón…

El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber tomado una víctima ofrecida por la congregación, iba al Lugar Santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfacción a sus exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los llevaba fuera del Santuario. Poniendo sus manos sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos así figurativamente de él al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y se los consideraba como si estuviesen para siempre quitados y echados lejos del pueblo (El conflicto de los siglos, pp. 414, 415).

Puesto que Satanás es el originador del pecado, el instigador directo de todos los pecados que causaron la muerte del Hijo de Dios, la justicia exige que Satanás sufra el castigo final. La obra de Cristo en favor de la redención del hombre y la purificación del pecado del universo, será concluida cuando se saque el pecado del Santuario celestial y sea colocado sobre Satanás, quien sufrirá el castigo final. Así en el servicio simbólico, el ciclo anual del ministerio se completaba con la purificación del Santuario y la confesión de los pecados sobre la cabeza del macho cabrío de Azazel.

De este modo, en el servicio del tabernáculo, y en el del templo que posteriormente ocupó su lugar, se enseñaban diariamente al pueblo las grandes verdades relativas a la muerte y al ministerio de Cristo, y una vez al año sus pensamientos eran llevados hacia los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, y hacia la purificación final del universo, que lo limpiará del pecado y de los pecadores (Historia de los patriarcas y profetas, p. 372).

Hoy [Jesús] está ante el altar de la misericordia, presentando a Dios las oraciones de los que desean su ayuda. No rechaza a ningún ser humano lloroso y contrito. Perdonará sin reserva a cuantos acudan a él en súplica de perdón y restauración. A nadie dice todo lo que pudiera revelar, sino que exhorta a toda alma temblorosa a que cobre ánimo. Todo el que quiera puede valerse de la fuerza de Dios, y hacer la paz con él, y el Señor la hará también.

A las almas que se vuelven a él en busca de amparo, Jesús las levanta sobre toda acusación y calumnia. Ningún hombre ni ángel maligno puede incriminar a estas almas. Cristo las une con su propia naturaleza divina y humana. Están al lado de Aquel que lleva los pecados, en la luz procedente del trono de Dios (El ministerio de curación, pp. 59, 60).


Viernes 9 de febrero____________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, El discurso maestro de Jesucristo, “Las Bienaventuranzas”, pp. 12-18, 31-36.

Muchos salmos son protestas contra la indiferencia humana ante la injusticia; son un rechazo a aceptar el mal. No están motivados por el deseo de venganza, sino por el celo de glorificar el nombre de Dios. Por eso, no es incorrecto que los justos se alegren cuando vean la venganza de Dios sobre el mal, porque así se restablecen en el mundo el nombre de Dios y su justicia (Sal. 58:10, 11). Estos salmos obligan a levantar la voz contra el mal y a anhelar la venida del Reino de Dios en su plenitud. En ellos, se nos da la seguridad del consuelo y la liberación divinos. ¡El Señor se levantará!

“Jesús dijo: ‘Cuando por mi causa os vituperen y os persigan […] gozaos y alegraos’. Señaló a sus oyentes que los profetas que habían hablado en el nombre de Dios habían sido ejemplos ‘de aflicción y de paciencia’ (Sant. 5:10). Abel, el primer cristiano entre los hijos de Adán, murió como mártir. Enoc caminó con Dios, y el mundo no lo supo. Noé fue escarnecido como fanático y alarmista. ‘Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles’. Y ‘otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección’ ” (Elena de White, El discurso maestro de Jesucristo, pp. 34, 35).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Dado que la dolorosa constatación del mal en el mundo puede hacer que nos preguntemos si el Señor reina realmente, ¿cómo podemos desarrollar una fe inquebrantable que se mantenga firme incluso bajo la tentación? Es decir, ¿en qué debemos centrarnos para mantener nuestra fe en el amor, la bondad y el poder de Dios? ¿Qué debería decirnos la Cruz acerca de Dios y su carácter?
  2. ¿Por qué es importante no confiar en los medios humanos (autoridades, instituciones y movimientos sociales) como sabiduría y solución finales para la justicia en el mundo, sino confiar únicamente en la Palabra y el juicio de Dios?
  3. ¿Qué implicaciones prácticas podemos extraer de la verdad de que el Santuario es el lugar del juicio divino?
  4. ¿Cómo podemos entender el lenguaje duro de algunos salmos? ¿Cómo nos ayuda ese lenguaje a vernos reflejados en la humanidad de quienes los escribieron?

1 comentario en «Lección 6 – ME LEVANTARÉ – Para el 10 de febrero de 2024»

  1. Hno. Tony,
    Feliz Sabado para usted y su familia. Lo he extrañodo estas dos ultimas semanas, esoero se encuentrenien de salud usted y sus amados. En mis oraciones. Que Dios lo bendiga grandemente. Elide

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