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LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA
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| 2028 |
* Religion in the Market Place
Lección 1: Para el 5 de octubre de 2024
SEÑALES QUE INDICAN EL CAMINO
Sábado 28 de septiembre_________________________________________________
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 2:1-11; 4:46-54; 5:1-16; Marcos 3:22, 23; Mateo 12:9-14; Juan 5:16-47.
PARA MEMORIZAR:
“También hizo Jesús muchas otras señales, en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Pero estas fueron escritas para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengan vida por medio de él” (Juan 20:30, 31).
¿Por qué escribió Juan su Evangelio? ¿Quería enfatizar los milagros de Jesús o algunas de las enseñanzas específicas del Maestro? ¿Por qué escribió lo que escribió?
Bajo el poder y la influencia del Espíritu Santo, Juan explica por qué. Dice que, aunque se podrían escribir muchas cosas más sobre la vida de Cristo (Juan 21:25), los relatos que incluyó se escribieron “para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengan vida por medio de él” (Juan 20:31).
Esta semana vamos a examinar en Juan algunos de los primeros milagros de Jesús: desde cómo convirtió el agua en vino en una boda hasta cómo devolvió la salud al hijo enfermo de alguien, pasando por la curación del hombre en el estanque de Betesda.
Juan llama “señales” a estos milagros. No se refiere a algo como una señal en la calle, sino a un acontecimiento milagroso que señala hacia una realidad más profunda: Jesús como Mesías. En todos estos relatos, vemos ejemplos de personas que respondieron por fe. Y sus ejemplos nos invitan a hacer lo mismo.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Como quien conoce el tema, Juan atribuye todo poder a Cristo y habla de su grandeza y majestad. Hace refulgir rayos divinos de preciosa verdad como la luz del sol. Presenta a Cristo como al único Mediador entre Dios y la humanidad.
La doctrina de la encarnación de Cristo en carne humana es un misterio, «el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades». Colosenses 1:26. Es el grande y profundo misterio de la piedad. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros». Juan 1:14. Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana, una naturaleza inferior a su naturaleza celestial. No hay nada que demuestre tanto como esto la maravillosa condescendencia de Dios. «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito». Juan 3:16. Juan presenta este admirable tema con tal sencillez que todos pueden captar las ideas expuestas y ser iluminados (Mensajes selectos, t. 1, pp. 289, 290).
Lo que el habla es para el pensamiento, así lo es Cristo para el Padre invisible. Es la manifestación del Padre, y es llamado el Verbo de Dios. Dios envió a su Hijo al mundo, su divinidad revestida de humanidad, para que el hombre llevara la imagen del Dios invisible. Dio a conocer con sus palabras su carácter, su poder y majestad, la naturaleza y los atributos de Dios.
Como legislador, Jesús ejercía la autoridad de Dios; sus órdenes y decisiones eran apoyadas por el Soberano del trono eterno. La gloria del Padre era revelada en el Hijo. Cristo puso de manifiesto el carácter del Padre. Estaba tan perfectamente relacionado con Dios, tan completamente imbuido de su luz, que el que había visto al Hijo, había visto al Padre. Su voz era como la voz de Dios… Dice: «Yo soy en el Padre y el Padre en mí». «Y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar». «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre». Juan 14:1 1; Mateo 1 1:27; Juan 14:9 (That I May Know Him, p. 38; parcialmente en A fin de conocerle, p. 40).
Cada milagro que Cristo realizaba era una señal de su divinidad. El estaba haciendo la obra que había sido predicha acerca del Mesías, pero para los fariseos estas obras de misericordia eran una ofensa positiva. Los dirigentes judíos miraban con despiadada indiferencia el sufrimiento humano. En muchos casos, su egoísmo y opresión habían causado la aflicción que Cristo aliviaba. Así que sus milagros les eran un reproche.
Lo que indujo a los judíos a rechazar la obra del Salvador era la más alta evidencia de su carácter divino. El mayor significado de sus milagros se ve en el hecho de que eran para bendición de la humanidad. La más alta evidencia de que él provenía de Dios estriba en que su vida revelaba el carácter de Dios. Hacía las obras y pronunciaba las palabras de Dios. Una vida tal es el mayor de todos los milagros (El Deseado de todas las gentes, p. 373).
Domingo 29 de septiembre_______________________________________________
LA BODA DE CANÁ
Lee Juan 2:1 al 11. ¿Qué señal hizo Jesús en Caná y cómo ayudó así a sus discípulos a creer en él?
Juan 2:1-11
1 Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. 2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. 3 Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. 4 Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. 5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. 6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. 7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. 9 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, 10 y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. 11 Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
Ver a Jesús realizar el milagro de convertir el agua en vino fue una evidencia favorable a la decisión de los discípulos de seguirlo. ¿Cómo no habría de ser esa una poderosa demostración de que él procedía en verdad de Dios? Probablemente no estaban hasta entonces preparados para entender quién era él realmente.
Moisés era el líder de los israelitas, y sacó a Israel de Egipto mediante muchas “señales y milagros” (Deut. 6:22; 26:8). Fue a él a quien Dios utilizó para liberar a Israel de los egipcios. Fue, en cierto sentido, su “salvador”.
Dios profetizó a través de Moisés que vendría un profeta que sería como Moisés. Dios pidió a Israel que lo escuchara (Deut. 18:15; Mat. 17:5; Hech. 7:37). Ese “profeta” era Jesús, y, en Juan 2, Jesús realizó su primera señal, que a su vez se remontaba a la liberación de los hijos de Israel de Egipto.
El río Nilo era un recurso clave y una deidad para los egipcios. Una de las plagas iba dirigida al río: sus aguas se convirtieron en sangre. En Caná, Jesús realizó un milagro similar pero, en lugar de convertir el agua en sangre, la convirtió en vino.
El agua procedía de seis tinajas utilizadas para la purificación en los rituales judíos, lo que vincula aún más el milagro con los temas bíblicos de la salvación. Al relatar el incidente de la conversión del agua en vino, y remitirse así al Éxodo, Juan señalaba a Jesús como nuestro Libertador.
¿Qué pensó el encargado del banquete acerca del vino sin fermentar que le proporcionó Jesús? En efecto, lo sorprendió la calidad de la bebida y, puesto que ignoraba el milagro que Jesús había obrado, pensó que habían dejado lo mejor para el final.
El término griego oinos se utiliza tanto para el zumo de uva fresco como para el fermentado (ver el Diccionario bíblico adventista del séptimo día, p. 1206). Elena de White afirma que el zumo resultante del milagro no era alcohólico (véase “En las bodas de Caná”, en El Deseado de todas las gentes, p. 123). Sin duda, quienes sabían lo que había sucedido estaban asombrados.
¿Qué razones tienes para seguir a Jesús? Se nos han dado muchas, ¿verdad?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Jesús no empezó su ministerio haciendo alguna gran obra delante del Sanedrín de Jerusalén. Su poder se manifestó en una reunión familiar, celebrada en una pequeña aldea de Galilea, para aumentar el placer de una fiesta de bodas. Así demostró su simpatía por los hombres y su deseo de contribuir a su felicidad. En el desierto de la tentación, él mismo había bebido la copa de la desgracia; y de allí salió para dar a los hombres la copa de la bendición, de su bendición que había de santificar las relaciones de la vida humana…
El primer milagro fue realizado para honrar la confianza de María y fortalecer la fe de los discípulos. Estos iban a encontrar muchas y grandes tentaciones a dudar. Para ellos las profecías habían indicado, fuera de toda controversia, que Jesús era el Mesías. Esperaban que los dirigentes religiosos le recibiesen con una confianza aun mayor que la suya. Declaraban entre la gente las obras maravillosas de Cristo y su propia confianza en la misión de él, pero se quedaron asombrados y amargamente chasqueados por la incredulidad, los arraigados prejuicios y la enemistad que manifestaron hacia Jesús los sacerdotes y rabinos. Los primeros milagros del Salvador fortalecieron a los discípulos para que se mantuviesen firmes frente a esta oposición (El Deseado de todas las gentes, pp. 1 18, 121).
Cuando llegó el momento, el milagro realizado por Cristo fue reconocido. Tan pronto como el maestro de ceremonias de la fiesta acercó el vaso a los labios y probó el vino, miró con una mezcla de alegría y sorpresa. El vino era de superior calidad, y nunca había probado uno igual. Y era vino sin fermentar. Dijo al novio: «Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora». Juan 2:10.
Cristo no se acercó a los cántaros ni tocó el agua; simplemente los miró y con solo eso se convirtió en el puro jugo de la vid, claro y purificado. ¿Qué efecto tuvo este milagro? «Sus discípulos creyeron en él». Vers. 11… Mediante este milagro Cristo también dio evidencias de su misericordia y compasión. Manifestó que se preocupaba por las necesidades de los que lo seguían para escuchar sus palabras llenas de conocimiento y sabiduría (Cada día con Dios, p. 364).
El Señor ha prometido dar luz a los que lo buscan con todo el corazón. Si tan solo confiamos en Dios pacientemente y con oración, no siguiendo nuestros propios planes impetuosos, él guiará nuestras decisiones y abrirá muchas puertas de esperanza y de trabajo.
El gran General de los ejércitos dirigirá todas las batallas para el avance de su causa. El será el guía de su pueblo en los peligrosos conflictos que le esperan si… realizan su obra asignada y escuchan la voz que dice: «Este es el camino, andad por el”; “el que me sigue, no andará en tinieblas». ¡Qué gran consuelo debe ser esta promesa para nosotros! Podemos andar en luz como él está en luz… Los hombres pueden seguir muchos tipos de luz, pero hay solamente una Luz segura para seguir. Aseguraos de que estáis siguiendo a Jesús por dondequiera que va (Testimonios para los ministros, p. 211).
Lunes 30 de septiembre_________________________________________________
LA SEGUNDA SEÑAL EN GALILEA
Durante todo su ministerio terrenal, Jesús realizó milagros que ayudaron a la gente a creer en él. Juan registró estos milagros para que otros también creyeran en Jesús.
Lee Juan 4:46 al 54. ¿Por qué hace el evangelista una conexión con el milagro de las bodas?
Juan 4:46-54
46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. 54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.
Al relatar la segunda señal que Jesús hizo en Galilea, Juan remite a la primera, la de las bodas de Caná. Juan parece decir: “Las señales que hizo Jesús les ayudarán a comprender quién es él”. Luego, añade: “Esta fue una segunda señal que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea” (Juan 4:54).
Al principio, la respuesta de Jesús a la súplica del noble puede parecer dura. Sin embargo, este funcionario había hecho de la curación de su hijo el criterio para creer en Jesús. Jesús leyó su corazón e identificó la enfermedad espiritual que era más profunda que la dolencia mortal de su hijo. Como un rayo caído del cielo, el hombre reconoció de repente que su pobreza espiritual podía costarle la vida a su hijo.
Es importante reconocer que los milagros no demostraron por sí mismos que Jesús era el Mesías. Otros han realizado milagros. Algunos fueron verdaderos profetas; otros, falsos. Los milagros solo revelan la existencia de lo sobrenatural, pero no significan necesariamente que Dios sea quien los hace. Satanás puede hacer “milagros”, si por ello entendemos actos sobrenaturales.
El noble, angustiado, se entregó a la misericordia de Jesús, suplicándole que curara a su hijo. La respuesta de Jesús fue tranquilizadora. Le dijo: “Ve. Tu hijo vive” (Juan 4:50). Aunque el verbo griego está conjugado en tiempo presente en el original (“vive”), algunas versiones lo traducen como futuro (“vivirá”), pues se trata de lo que en gramática griega recibe el nombre de “presente futurista”, usado para describir un acontecimiento futuro, pero tan seguro como si ya estuviera sucediendo. El hombre no se apresuró a volver a su casa, sino que, como evidencia de su fe en Jesús, llegó a casa al día siguiente, y descubrió que la fiebre había abandonado a su hijo el día anterior, exactamente cuando Jesús había dicho esas palabras.
¡Qué razón tan poderosa para creer en Jesús!
Aunque viéramos un milagro, ¿qué otros criterios debemos tener en cuenta antes de suponer automáticamente que proviene de Dios?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
En Capernaúm, la noticia [del regreso de Cristo a Caná] atrajo la atención de un noble judío que era oficial del rey. Un hijo del oficial se hallaba aquejado de una enfermedad que parecía incurable. Los médicos lo habían desahuciado; pero cuando el padre oyó hablar de Jesús resolvió pedirle ayuda…
Al llegar a Caná, encontró que una muchedumbre rodeaba a Jesús. Con corazón ansioso, se abrió paso hasta la presencia del Salvador. Su fe vaciló cuando vio tan solo a un hombre vestido sencillamente, cubierto de polvo y cansado del viaje. Dudó de que esa persona pudiese hacer lo que había ido a pedirle; sin embargo… Jesús ya conocía su pesar. Antes de que el oficial saliese de su casa, el Salvador había visto su aflicción.
Pero sabía también que el padre, en su fuero íntimo, se había impuesto ciertas condiciones para creer en Jesús. A menos que se le concediese lo que iba a pedirle, no le recibiría como el Mesías. Mientras el oficial esperaba atormentado por la incertidumbre, Jesús dijo: «Si no viereis señales y milagros no creeréis»…
El Salvador puso esta incredulidad en contraste con la sencilla de los samaritanos que no habían pedido milagro ni señal (El Deseado de todas las gentes, pp. 167, 168).
[E]l noble tenía cierto grado de fe; pues había venido a pedir lo que le parecía la más preciosa de todas las bendiciones. Jesús tenía un don mayor que otorgarle. Deseaba no solo sanar al niño, sino hacer participar al oficial y su casa de las bendiciones de la salvación, y encender una luz en Capernaúm, que había de ser pronto campo de sus labores. Pero el noble debía comprender su necesidad antes de llegar a desear la gracia de Cristo…
Como un fulgor de luz, las palabras que dirigió el Salvador al noble desnudaron su corazón. Vio que eran egoístas los motivos que le habían impulsado a buscar a Jesús. Vio el verdadero carácter de su fe vacilante. Con profunda angustia, comprendió que su duda podría costar la vida de su hijo. Sabía que se hallaba en presencia de un Ser que podía leer los pensamientos, para quien todo era posible, y con verdadera agonía suplicó: «Señor, desciende antes que mi hijo muera». Su fe se aferró a Cristo como Jacob trabó del ángel cuando luchaba con él y exclamó: «No te dejaré, si no me bendices». Génesis 32:26.
Y como Jacob, prevaleció. El Salvador no puede apartarse del alma que se aferra a él invocando su gran necesidad. «Ve —le dijo—, tu hijo vive». El noble salió de la presencia de Jesús con una paz y un gozo que nunca había conocido antes. No solo creía que su hijo sanaría, sino que con firme confianza creía en Cristo como su Redentor (El Deseado de todas las gentes, pp. 168, 169).
Martes 1 de octubre_____________________________________________________
EL MILAGRO DEL ESTANQUE DE BETESDA
La siguiente señal que relata Juan tuvo lugar en el estanque de Betesda (Juan 5:1-9). Se creía que un ángel agitaba el agua y que el primer enfermo que entraba en ella quedaba curado. En consecuencia, los pórticos del estanque estaban abarrotados de personas que esperaban ser curadas en la siguiente ocasión. Jesús fue a Jerusalén y, al pasar junto a la piscina, vio a la multitud que esperaba.
¡Qué espectáculo! Toda esa gente, algunos seguramente muy enfermos, esperaban y esperaban una curación, que seguramente no ocurriría. ¡Qué oportunidad para Jesús!
Lee Juan 5:1 al 9. Puesto que todos los que estaban junto a la piscina querían sin duda recuperar la salud, ¿por qué preguntó Jesús al paralítico si quería ser curado (Juan 5:6)?
Juan 5:1-9
1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 2 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. 3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4 Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. 8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
Cuando alguien ha estado enfermo durante mucho tiempo, la enfermedad se convierte en la norma, y por extraño que parezca, a veces puede resultar un poco inquietante dejar atrás la discapacidad. El hombre da a entender en su respuesta que quiere curarse. El problema es que está buscándola en el lugar equivocado, mientras Aquel que hizo las piernas del hombre está de pie justo delante de él. El hombre no sabía quién le estaba hablando; aunque después de la curación comenzó sin duda a comprender que Jesús era, de hecho, Alguien muy especial.
“Jesús no pide a este enfermo que ejerza fe en él. Dice simplemente: ‘Levántate, toma tu lecho, y anda’. Pero la fe del hombre se aferra a esa palabra. En cada nervio y músculo pulsa una nueva vida, y se transmite a sus miembros inválidos una actividad sana. Sin la menor duda, dedica su voluntad a obedecer a la orden de Cristo, y todos sus músculos le responden. De un salto se pone de pie, y encuentra que es un hombre activo. Jesús no le había dado seguridad alguna de ayuda divina. El hombre podría haberse detenido a dudar, y haber perdido su única oportunidad de sanar. Pero creyó la palabra de Cristo, y al obrar de acuerdo con ella recibió fuerza” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 172).
Más tarde, Jesús se encontró con el hombre en el Templo y le dijo: “Mira que has sido sanado. No peques más, para que no te venga algo peor” (Juan 5:14). ¿Cuál es la relación entre la enfermedad y el pecado? ¿Por qué debemos entender que no todas las enfermedades son el resultado directo de pecados específicos?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El paralítico de Betesda… no había usado sus miembros por treinta y ocho años. Con todo, el Señor le dijo: «¡Levántate, alza tu camilla, y anda!» El paralítico podría haber dicho: «Señor, si me sanares primero, obedeceré tu palabra». Pero no; aceptó la palabra de Cristo, creyó que estaba sano e hizo el esfuerzo en seguida; quiso andar y anduvo. Confió en la palabra de Cristo, y Dios le dio el poder. Así fue sanado.
Tú también eres pecador. No puedes expiar tus pecados pasados, no puedes cambiar tu corazón y hacerte santo. Mas Dios promete hacer todo esto por ti mediante Cristo. Crees en esa promesa. Confiesas tus pecados y te entregas a Dios. Quieres servirle. Tan ciertamente como haces esto, Dios cumplirá su palabra contigo. Si crees la promesa, si crees que estás perdonado y limpiado, Dios suple el hecho; estás sano, tal como Cristo dio potencia al paralítico para andar cuando el hombre creyó que había sido sanado. Así es si lo crees.
No aguardes hasta sentir que estás sano, mas di: «Lo creo; así es, no porque lo sienta, sino porque Dios lo ha prometido» (El camino a Cristo, pp. 50, 51).
Cristo le preguntó [al paralítico]: «¿Quieres ser sano?» Juan 5:6. ¡Qué pregunta! Por ese motivo estaba allí; pero Cristo quería suscitar en el corazón de ese hombre la expresión del deseo de ser sanado. Y cuando Cristo le mandó que se levantara, tomara su lecho y caminase, hizo exactamente lo que Cristo le indicó que hiciera… No se detuvo a argumentar, sino que hizo exactamente lo que se le ordenó. Tomó su lecho y caminó, y fue sanado a partir de ese momento.
Esta es la fe que necesitamos. Pero si tú te detienes a explicar cada cosa y a razonar cada punto, morirás en tus pecados, porque nunca estarás satisfecho (Fe y obras, p. 68).
Al curar las enfermedades, Cristo decía muchas veces a los enfermos: «No peques más, porque no te venga alguna cosa peor». Juan 5:14. Así les enseñaba que habían atraído su dolencia sobre sí al transgredir las leyes de Dios, y que la salud no puede conservarse sino por medio de la obediencia.
El médico debe enseñar a sus pacientes que han de cooperar con Dios en la obra de restauración. El médico echa cada vez más de ver que la enfermedad resulta del pecado. Sabe que las leyes de la naturaleza son tan ciertamente divinas como los preceptos del Decálogo, y que solo por la obediencia a ellas puede recuperarse o conservarse la salud. Él ve que muchos sufren los resultados de sus hábitos perjudiciales cuando podrían recobrar la salud si hiciesen lo que está a su alcance para su restablecimiento. Es necesario enseñarles que todo hábito que destruye las energías físicas, mentales o espirituales, es pecado, y que la salud se consigue por la obediencia a las leyes que Dios estableció para bien del género humano (El ministerio de curación, pp. 76, 77).
Miércoles 2 de octubre__________________________________________________
CORAZONES DUROS
Las señales, las maravillas y los milagros no demuestran por sí mismos que algo provenga de Dios. Pero, por otro lado, cuando en verdad proceden de él, es peligroso rechazarlos.
Lee Juan 5:10 al 16. ¿Qué lecciones podemos extraer de la asombrosa dureza de corazón de los líderes religiosos con respecto a Jesús y al milagro que acababa de realizar?
Juan 5:10-16
10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. 11 Él les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12 Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13 Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. 14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. 15 El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. 16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo.
Cuando Jesús se reveló al hombre que había sido sanado, este dijo inmediatamente a los líderes religiosos que había sido Jesús. Sin duda, esa era una ocasión para alabar a Dios, pero en lugar de ello, los líderes “perseguían a Jesús, y procuraban matarlo, porque hacía estas cosas en sábado” (Juan 5:16).
Las curaciones eran permitidas en sábado solo en casos de emergencia. Este hombre había estado incapacitado durante 38 años; por lo tanto, su curación no era una emergencia. Además, ¿qué necesidad había de que cargara con su lecho? Alguien con el poder de Dios para realizar tal milagro también sabía sin duda que no estaba permitido cargar una estera en el día de reposo. Claramente, Jesús estaba tratando de llevarlos a verdades bíblicas más profundas, más allá de las reglas y las regulaciones humanas que, en algunos casos, habían sofocado la verdadera fe.
¿Qué enseñan estos otros relatos acerca de cuán espiritualmente obcecadas pueden ser las personas a pesar de las evidencias? (Juan 9:1-16; Mar. 3:22, 23; Mat. 12:9-14).
Juan 9:1-16
1 Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4 Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. 5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. 6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7 y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es este el que se sentaba y mendigaba? 9 Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé. 13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. Él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
Marcos 3:22-23
22 Pero los escribas que habían venido de Jerusalén decían que tenía a Beelzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. 23 Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?
Mateo 12:9-14
9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10 Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 11 Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si esta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? 12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. 13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.
¿Cómo podían estar tan ciegos estos líderes religiosos? La respuesta más probable es que ello se debía a sus corazones corruptos, a su falsa creencia de que el Mesías los libraría de Roma, y a su amor al poder y la falta de consagración a Dios. Todo esto contribuyó a que rechazaran la verdad que tenían delante.
Lee Juan 5:38 al 42. ¿Cuál fue la advertencia de Jesús? ¿Qué podemos aprender de estas palabras? Es decir, ¿qué puede haber en nosotros que nos impida percibir las verdades que necesitamos conocer y aplicar a nuestra vida?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
En [el tiempo de Cristo] el sábado había quedado tan pervertido que su observancia reflejaba el carácter de hombres egoístas y arbitrarios más bien que el carácter de Dios. Cristo puso a un lado las falsas enseñanzas con que habían calumniado a Dios los que aseveraban conocerle. Aunque los rabinos le seguían con implacable hostilidad, no aparentaba siquiera conformarse con sus exigencias, sino que iba adelante observando el sábado según la ley de Dios.
En lenguaje inequívoco atestiguó su consideración por la ley de Jehová. «No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas Mateo 5: 1 7, 18 (Profetas y reyes, p. 183).
Quiera el Señor obrar en los corazones de aquellos que han recibido gran luz, para que se aparten de toda iniquidad. Contemplad la cruz del Calvario. Allí está Jesús quien dio su vida, no para que los hombres continuaran en el pecado, no para que tuvieran permiso para quebrantar la ley de Dios, sino para que por medio de su infinito sacrificio pudieran ser salvos de todo pecado…
Se nos ha preguntado por qué existe tan poco poder en las iglesias, por qué tienen tan poca eficiencia nuestros maestros. La respuesta es que en diversas formas los profesos seguidores de Cristo están albergando pecados conocidos y su conciencia se ha endurecido por haber sido violada durante largo tiempo. La respuesta es que los hombres no andan con Dios sino que se apartan de Jesús, y como resultado vemos cómo en la iglesia hay egoísmo, codicia, orgullo, contiendas, contención, dureza de corazón, licencia, y malas prácticas (Testimonios para los ministros, pp. 161, 162).
El espíritu de la verdad hace mejores hombres y mujeres a los que lo reciben en sus corazones. Trabaja como la levadura hasta que todo el ser está conformado con sus principios. Abre el corazón que ha sido congelado por la avaricia; abre la mano que siempre ha estado cerrada al sufrimiento humano; y se ven como sus frutos la caridad y la bondad…
Día tras día los hombres y las mujeres están decidiendo su destino eterno. Se me ha mostrado que muchos están en grave peligro. Cuando un hombre hará o dirá cualquier cosa para lograr sus fines, nada sino el poder de Dios puede salvarlo. Su carácter necesita ser transformado antes que pueda tener una buena conciencia, libre de ofensas hacia Dios y los hombres. El yo debe morir, y Cristo debe tomar posesión del templo del alma. Cuando, por el rechazo de la luz que Dios ha dado, los hombres abusan de su conciencia y la pisotean, están en terrible peligro. Su futuro bienestar eterno está peligrando (Mente, carácter y personalidad, t. 1, pp. 326, 327).
Jueves 3 de octubre_____________________________________________________
LAS AFIRMACIONES DE JESÚS
El milagro del estanque de Betesda brindó a Juan una excelente oportunidad para destacar quién es Jesús. Juan dedica nueve versículos a describir el milagro; y unos cuarenta (ver más adelante), a describir a aquel que lo realizó.
Lee Juan 5:16 al 18. ¿Por qué persiguieron a Jesús tras el milagro que hizo en sábado?
Juan 5:16-18
16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. 17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. 18 Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no solo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
Juan 5:18 puede resultar inquietante porque parece decir que Jesús estaba quebrantando el sábado. Sin embargo, una mirada más atenta a Juan 5:16 al 18 muestra que Jesús argumenta que su “trabajo” en sábado está en consonancia con su relación con su Padre. Dios no deja de sostener el universo en sábado; en consecuencia, la actividad de Jesús en sábado formaba parte de su aseveración de que él era Dios. Los líderes religiosos lo persiguieron por su supuesta violación del sábado y por su afirmación de que era igual a Dios.
Lee Juan 5:19 al 47. ¿Qué dijo Jesús para ayudar a los líderes a que lo aceptaran como quien realmente es, afirmación tan poderosamente atestiguada por el milagro que acababa de obrar?
Juan 5:19-47
19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. 20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. 21 Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. 22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. 24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. 25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. 26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; 27 y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. 28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. 30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. 31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero. 33 Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34 Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. 35 Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. 36 Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. 37 También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, 38 ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. 39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida. 41 Gloria de los hombres no recibo. 42 Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. 43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis. 44 ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? 45 No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. 46 Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47 Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?
Jesús defiende sus acciones en tres pasos. En primer lugar, explica su íntima relación con el Padre (Juan 5:19-30). Indica que él y su Padre actúan en armonía, hasta el punto de que Jesús tiene el poder tanto de juzgar como de resucitar a los muertos (Juan 5:25-30).
En segundo lugar, Jesús llama a cuatro “testigos” en rápida sucesión para que corroboren su afirmación: Juan el Bautista (Juan 5:31-35), los milagros que hace Jesús (Juan 5:36), el Padre (Juan 5:37, 38) y las Escrituras (Juan 5:39). Cada uno de estos “testigos” da testimonio en favor de Jesús.
Por último, en Juan 5:40 al 47 Jesús pone delante de sus acusadores la condena contra ellos mismos, revelando el contraste entre su ministerio y el egoísmo de ellos. La condena, dice, provendrá de Moisés (Juan 5:45-47), aquel en quien han puesto sus esperanzas.
¿Cómo podemos tener cuidado de no caer en la trampa de creer en Dios, e incluso tener doctrinas correctas, sin rendirnos plenamente a Cristo? Comparte tu respuesta el sábado con tu clase.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Jerusalén y toda Judea habían escuchado la predicación de Juan el Bautista; y tanto la diputación del Sanedrín como la muchedumbre habían oído su testimonio acerca de Jesús. En Judea, Cristo había reclutado sus primeros discípulos. Allí había transcurrido gran parte de los comienzos de su ministerio. La manifestación de su divinidad en la purificación del templo, sus milagros de sanidad y las lecciones de divina verdad que procedían de sus labios, todo proclamaba lo que después de la curación del paralítico en Betesda había declarado ante el Sanedrín: su filiación con el Eterno.
Si los dirigentes de Israel hubiesen recibido a Cristo, los habría honrado como mensajeros suyos para llevar el evangelio al mundo. A ellos fue dada primeramente la oportunidad de ser heraldos del reino y de la gracia de Dios. Pero… los celos y la desconfianza de los dirigentes judíos maduraron en abierto odio, y el corazón de la gente se apartó de Jesús.
El Sanedrín había rechazado el mensaje de Cristo y procuraba su muerte (El Deseado de todas las gentes, p. 198).
Un punto en el cual muchos han errado ha sido el no ser cuidadosos en seguir las ideas de Dios sino las propias. Cristo mismo declaró: «No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre» Juan 5:19. Tan plenamente se despojó de sí mismo, que no hacía de por sí ningún proyecto o plan. Vivía aceptando los planes de Dios para él, y el Padre le revelaba sus planes día tras día. Si Jesús dependió tan plenamente que declaró: «Todo lo que veo hacer al Padre, eso hago», ¡cuánto más deberían los agentes humanos depender de Dios en cuanto a la instrucción constante para que sus vidas pudieran ser simplemente la realización de los planes de Dios! (En los lugares celestiales, p. 149).
La verdad, tal como se halla en Cristo, puede ser experimentada, pero nunca explicada. Su altura, anchura y profundidad sobrepujan nuestro conocimiento. Podemos esforzar hasta lo sumo nuestra imaginación para ver solo turbiamente la vislumbre de un amor inexplicable, tan alto como los cielos, pero que ha descendido hasta la tierra a estampar la imagen de Dios en todo el género humano…
Nuestra vida ha de estar unida con la de Cristo; hemos de recibir constantemente de él, participando de él, el pan vivo que descendió del cielo, bebiendo de una fuente siempre fresca, que siempre ofrece sus abundantes tesoros. Si mantenemos al Señor constantemente delante de nosotros, permitiendo que nuestros corazones expresen el agradecimiento y la alabanza a él debidos, tendremos una frescura perdurable en nuestra vida religiosa. Nuestras oraciones tomarán la forma de una conversación con Dios, como si habláramos con un amigo. El nos dirá personalmente sus misterios. A menudo nos vendrá un dulce y gozoso sentimiento de la presencia de Jesús. A menudo nuestros corazones arderán dentro de nosotros mientras él se acerque para ponerse en comunión con nosotros como lo hizo con Enoc. Cuando esta es en verdad la experiencia del cristiano, se ven en su vida una sencillez, una humildad, una mansedumbre y bondad de corazón que muestran a todo aquel con quien se relacione que ha estado con Jesús y aprendido de él (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 99, 100).
Viernes 4 de octubre____________________________________________________
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Jesús no le había dado seguridad alguna de ayuda divina. El hombre podría haberse detenido a dudar, y haber perdido su única oportunidad de sanar. Pero creyó en la palabra de Cristo, y al obrar de acuerdo con ella recibió fuerza.
“Por medio de la misma fe podemos recibir curación espiritual. El pecado nos separó de la vida de Dios. Nuestra alma está paralizada. Por nosotros mismos somos tan incapaces de vivir una vida santa como aquel lisiado lo era de caminar. Son muchos los que comprenden su impotencia y anhelan esa vida espiritual que los pondría en armonía con Dios; y luchan en vano para obtenerla. En su desesperación, claman: ‘¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?’ Alcen la mirada esas almas que luchan presa de la desesperación. El Salvador se inclina hacia el adquirido por su sangre, diciendo con inefable ternura y compasión: ‘¿Quieres ser sano?’ Él los invita a levantarse llenos de salud y paz. No esperen hasta sentir que son sanos. Crean en su palabra, y se cumplirá. Pongan su voluntad de parte de Cristo. Quieran servirlo, y al obrar de acuerdo con su palabra recibirán fuerza. Cualquiera que sea la mala práctica, la pasión dominante que haya llegado a esclavizar el alma y el cuerpo por haber cedido largo tiempo a ella, Cristo puede y anhela librarlos. Él impartirá vida al alma de los que están ‘muertos en sus transgresiones y pecados’. Librará al cautivo que está sujeto por la debilidad, la desgracia y las cadenas del pecado” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 172, 173).
“Jesús rechazó el cargo de blasfemia. ‘Mi autoridad’, dijo él, ‘por hacer la obra de la cual me acusan, es que soy el Hijo de Dios, uno con él en naturaleza, voluntad y propósito’ ” (El Deseado de todas las gentes, p. 178).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- Reflexiona acerca de la lección de esta semana. La fe fue la clave que hizo posible estas curaciones. Los líderes, por el contrario, revelaron los peligros de la duda y la incredulidad. ¿Por qué no debemos confundir el hecho de tener preguntas (que todos tenemos) con tener dudas? ¿Por qué no son lo mismo, y por qué es importante conocer la diferencia entre ambas?
- Analiza la última pregunta del jueves. ¿Por qué debemos tener, como adventistas del séptimo día, especial cuidado con este peligro? Por muy importante que sea, por ejemplo, conocer e incluso guardar el día de reposo correcto, o tener clara la enseñanza bíblica acerca del estado de los muertos, ¿por qué estas verdades no nos salvan? ¿Qué es lo que sí nos salva, y cómo?
- Lee atentamente Juan 5:47. ¿Cómo caen en aquello contra lo cual Jesús advirtió quienes, por ejemplo, niegan la universalidad del Diluvio o la Creación literal en seis días?
Hermano Tony,
Que bendicion es recibir las lecciones que nos ayudan a exponer la leccion con una perspectiva diferente. Espero que usted y su familia esten gozando de buena salud y que las ricas bendiciones de nuestro Padre sean derramadas grandemente en su hogar y cada uno de sus amados. Gracias, Elide