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Escuela Sabática Para Maestros

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026

Lección 3 – LA HISTORIA DE FONDO: EL PRÓLOGO – Para el 19 de octubre de 2024


Lección 3 en PDF, haga «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


Por favor visite esta página mas tarde para encontrar el enlace, o visite escuela sabática maestros Tony Garcia en YouTube.

Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2024 Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan
2025 Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado* Josué El Espíritu de Profecía
2027 1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel
2028

* Religion in the Market Place


Lección 3: Para el 19 de octubre de 2024

LA HISTORIA DE FONDO: EL PRÓLOGO

Sábado 12 de octubre___________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 1:1-5; Génesis 1:1; Juan 1:9-13; 3:16-21; 9:3-41; Mateo 7:21-23; Juan 17:1-5.

PARA MEMORIZAR:

“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1).

La lección que estudiamos durante la primera semana trató del final de Juan, que explica por qué escribió su Evangelio. La lección de esta semana vuelve al principio del Evangelio, donde Juan expone la dirección en la que él, inspirado por el Espíritu Santo, desea conducir al lector. Los autores del Nuevo Testamento suelen presentar en las primeras palabras y párrafos de sus escritos los temas que luego desarrollarán. Así lo hace Juan, cuya agenda temática forma parte de un gran barrido cósmico que describe verdades primordiales acerca de Jesucristo, verdades que se remontan incluso a la etapa previa a la Creación.

Esta presentación al comienzo del Evangelio ofrece a los lectores, quienes ya saben que Jesús es el Mesías, una ventaja que no tenían los personajes del propio libro. El lector puede ver claramente los grandes temas a los que el evangelista vuelve al contar la historia de Jesús. Estos grandes temas se sitúan dentro del período histórico de la vida terrenal de Jesús.

La lección de esta semana comenzará con el Prólogo (Juan 1:1-18) y resumirá sus temas principales. A continuación, estos temas se examinarán también en otros lugares del Evangelio de Juan.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Al hablar de su preexistencia, Cristo transporta la mente al pasado de las edades sin fin. Nos ofrece la certeza de que nunca hubo un tiempo cuando él no estuviera en compañerismo eterno con Dios. Aquel cuya voz escuchaban los judíos entonces, había estado con Dios como alguien que siempre lo hubiera acompañado.

Las palabras de Cristo fueron habladas con dignidad tranquila y con una seguridad y poder que trajeron convicción a los corazones de los escribas y fariseos. Les impactó el poder del mensaje enviado por el cielo. Dios estaba tocando a la puerta de sus corazones, suplicándoles que le permitieran entrar.

Era igual a Dios, infinito y omnipotente… El es el Hijo eterno, que posee vida eterna.

En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra. «El que tiene al Hijo, tiene la vida». 1 Juan 5:12. La divinidad de Cristo es la garantía que el creyente tiene de la vida eterna. «El que cree en mí — dijo Jesús—, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?» Juan 11:25-26… Cristo miraba hacia adelante, a su segunda venida (Exaltad a Jesús, p. 11).

«En él [Cristo] estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres». Juan 1:4. No es la vida física la que se menciona aquí, sino la inmortalidad, la vida que es propiedad exclusiva de Dios. El Verbo, que era con Dios, y que era Dios, tenía esa vida. La vida física es algo que cada individuo recibe. No es eterna o inmortal; porque Dios, el Dador de la vida, la toma nuevamente. El hombre no tiene control sobre su vida. Pero la vida de Cristo no provenía de otro ser. Nadie le puede quitar esa vida. «De mí mismo la pongo» dijo. En él estaba la vida original, propia, no derivada de otra. Esta vida no es inherente al hombre. Puede poseerla solo mediante Cristo.

Mientras llevaba la naturaleza humana, [Cristo] dependía del Omnipotente para su vida. En su humanidad, se aferraba de la divinidad de Dios; y cada miembro de la familia humana tiene el privilegio de hacer lo mismo (Maranata: el Señor viene, p. 311).

La cruz, la cruz del Calvario presentada una y otra vez, desplegada en cada discurso, probará ser el bálsamo sanador de vida, revelará la belleza y excelencia de la virtud. Los que siembran duda acerca de la autenticidad de las Escrituras, y cuestionan la autoridad de la revelación, no serán influenciados.

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Juan 17:3. La Palabra eterna se convirtió en carne y habitó entre nosotros. Este tema apagará la sed de la duda; y no obstante, triste es decirlo, Jesús ha sido eliminado de muchos, muchos discursos predicados por ministros adventistas. ¿Por qué? Porque esos ministros no han tenido a Jesús morando en sus corazones por la fe; no han estado vestidos con la justicia de Cristo (La voz: su educación y uso correcto, p. 348).


Domingo 13 de octubre__________________________________________________

EN EL PRINCIPIO: EL LOGOS DIVINO

Lee Juan 1:1 al 5. ¿Qué revelan estas palabras acerca de Jesucristo, el Verbo?

Juan 1:1-5

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

El Evangelio de Juan comienza con este asombroso pensamiento: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). Esta hermosa frase encierra una profundidad de pensamiento que apenas podemos abarcar.

En primer lugar, el evangelista alude al relato de la Creación: “En el principio” (Gén. 1:1). El Verbo ya estaba presente antes del principio del universo. Juan afirma así la existencia eterna de Jesús.

A continuación, Juan declara: “Y el Verbo estaba con Dios”. En Juan 1:18, el evangelista afirma que Dios el Hijo está “en el seno del Padre”. Sea cual fuere el significado de esas palabras, una cosa es segura: Jesús y el Padre están íntimamente unidos.

Y luego dice: “Y el Verbo era Dios”. Pero ¿cómo puede el Verbo estar con Dios y al mismo tiempo ser Dios? La respuesta se encuentra en el texto original en griego, en el que existe el artículo definido (“el”), pero no el indefinido (“un”, “uno”). Lo importante para nosotros es que el artículo definido (“el”) en griego indica particularidad; es decir, un objeto o persona en particular.

En la frase “el Verbo estaba con Dios”, el término “Dios” tiene el artículo en el original en griego; por lo tanto, apunta a un individuo en particular, el Padre. Y el Verbo estaba con el Padre. En la frase “y el Verbo era Dios”, el término Dios no lleva el artículo, lo que, en este contexto, señala las características de la divinidad. Jesús es Dios; no es Dios el Padre, sino el Hijo divino de Dios, la segunda Persona de la Deidad.

El apóstol corrobora esto en Juan 1:3 y 4, donde dice que Jesús es el Creador de todas las cosas. Es decir, todo lo que una vez no existía llegó a la existencia en virtud de la actividad creadora de Jesús, el Dios creador.

“Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era ‘la imagen de Dios’, la imagen de su grandeza y majestad, ‘el resplandor de su gloria’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 11).

¿Por qué la divinidad plena de Cristo es una parte tan importante de nuestra teología? ¿Qué perderíamos si Jesús fuera, de alguna manera, un mero ser creado? Comparte tu respuesta con tu clase el sábado, y prepárate para dialogar acerca de por qué la divinidad eterna de Cristo es tan importante para nuestra fe.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[A]unque la Palabra de Dios se refiere a la humanidad de Cristo mientras estuvo en la tierra, también habla decididamente acerca de su preexistencia. La Palabra (Verbo) existía como un ser divino, como el mismo eterno Hijo de Dios, en unión con su Padre y siendo uno con él. Desde la eternidad se constituyó en el Mediador del pacto, la Persona en quien serían benditas todas las naciones de la tierra, tanto judíos como gentiles, si tan solo lo aceptaban. «El Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios». Desde antes que fueran creados los hombres o los ángeles, el Verbo (Palabra) era con Dios, y era Dios…

Desde el principio Dios y Cristo sabían acerca de la apostasía de Satanás y de la caída de Adán que se produciría como resultado del engañoso poder del apóstata. El plan de salvación se concibió con el fin de redimir a la raza caída, y darle una nueva oportunidad. Cristo fue destinado como un Mediador de la creación de Dios, establecido desde los tiempos eternos para ser nuestro sustituto y nuestra garantía. Desde antes que el mundo fuera creado se decidió que la divinidad de Cristo debía ser velada con la humanidad. Cristo dijo: «Me has preparado un cuerpo». Pero no vino en forma humana sino hasta que el tiempo se hubo cumplido. Entonces vino a nuestro mundo, como un bebé en Belén (Exaltad a Jesús, p. 74).

El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad como una persona distinta, y sin embargo era uno con el Padre. Era la excelsa gloria del cielo. Era el Comandante de las inteligencias celestiales, y el homenaje de adoración de los ángeles era recibido por él con todo derecho. Esto no era robar a Dios. [Se cita Proverbios 8:22-271].

Hay luz y gloria en la verdad de que Cristo fue uno con el Padre antes de que se estableciera el fundamento del mundo. Esta es la luz que brilla en un lugar oscuro haciéndolo resplandecer con gloria divina y original. Esta verdad, infinitamente misteriosa en sí misma, explica otras verdades misteriosas que de otra manera serían inexplicables, al paso que está encerrada como algo sagrado en luz, inaccesible e incomprensible (Mensajes selectos, t. 1, p. 291).

«Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios». Salmo 90:2. «El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció». Mateo 4:16.

Aquí la preexistencia de Cristo y el propósito de su manifestación a nuestro mundo se presentan como rayos vivientes de luz procedentes del trono eterno. «Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel. Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad» Miqueas 5:1, 2 (Mensajes selectos, t. 1, pp. 291, 292).


Lunes 14 de octubre____________________________________________________

LA PALABRA HECHA CARNE

Lee Juan 1:1 al 3 y 14. ¿Qué hizo Jesús, Dios mismo, y por qué es esta verdad la más importante que podamos conocer?

Juan 1:1-3 y 14

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Juan no comienza su Evangelio con el nombre “Jesús” ni con su papel de Mesías/Cristo, sino con el término logos. En la época en que Juan escribió, varios sistemas filosóficos utilizaban el término logos para referirse a la estructura racional del universo o a la lógica y la razón en sí mismas.

Además, Platón, el influyente filósofo de la antigüedad, había dividido la realidad en dos ámbitos, o esferas: la celestial e inmutable, donde existe la perfección absoluta; y la terrenal, perecedera y cambiante, una representación muy imperfecta de la de arriba, dondequiera que esta supuestamente existiera. Algunas filosofías identificaron el logos como un intermediario abstracto entre las formas eternas y las formas terrenales perecederas.

Juan utiliza el término de una manera completamente diferente. Sostiene que la verdad, el logos, no es un concepto etéreo y abstracto que flota entre el Cielo y la Tierra. El logos es Jesucristo, quien se hizo carne y habitó entre nosotros (Juan 1:14).

Para Juan, el logos es la Palabra de Dios. Y, lo que es más importante, Dios se comunicó; es decir, se reveló a la humanidad de la forma más radical: Dios se hizo uno de nosotros. En el Evangelio de Juan, el logos representa al Dios eterno, que entra en el tiempo y el espacio, que habla, actúa y se interrelaciona con los humanos en un nivel personal. El Dios eterno se hizo ser humano, uno de nosotros.

En Juan 1:14, el apóstol indica que el logos “se hizo carne y habitó entre nosotros”. La palabra griega subyacente traducida “habitó” significa “colocar una tienda de campaña”. Juan alude a Éxodo 25:8, donde Dios dijo a los israelitas que construyeran un santuario, una tienda de campaña, para que él pudiera habitar en medio de ellos. Del mismo modo, en la Encarnación, Jesús, el Hijo divino de Dios, se hizo carne humana, velando su gloria para que la gente pudiera entrar en contacto con él.

Medita en las implicaciones de lo que Juan ha escrito aquí. Dios mismo, el Creador, se convirtió en un ser humano, uno de nosotros, y vivió aquí, entre nosotros. ¿Qué nos dice esto sobre la realidad del amor de Dios por la humanidad? ¿Por qué debería reconfortarnos tanto esta asombrosa verdad?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[Cristo] voluntariamente tomó la naturaleza humana. Fue un acto suyo y por su propio consentimiento. Revistió su divinidad con humanidad. El había sido siempre como Dios, pero no apareció como Dios. Veló las manifestaciones de la Deidad que habían producido el homenaje y originado la admiración del universo de Dios. Fue Dios mientras estuvo en la tierra, pero se despojó de la forma de Dios y en su lugar tomó la forma y la figura de un hombre. Anduvo en la tierra como un hombre. Por causa de nosotros se hizo pobre, para que por su pobreza pudiéramos ser enriquecidos. Puso a un lado su gloria y su majestad. Era Dios, pero por un tiempo se despojó de las glorias de la forma de Dios. Aunque anduvo como pobre entre los hombres, repartiendo sus bendiciones por dondequiera que iba, a su orden legiones de ángeles habrían rodeado a su Redentor y le hubieran rendido homenaje. Pero anduvo por la tierra sin ser reconocido, sin ser confesado por sus criaturas, salvo pocas excepciones (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1 101).

El apóstol [Juan] exaltó a Cristo delante de sus hermanos como aquel por quien Dios había creado todas las cosas, y por quien había labrado su redención. Declaró que la mano que sostiene los mundos en el espacio y mantiene en su ordenada distribución e infatigable actividad todas las cosas en el universo, es la que fue clavada por ellos en la cruz…

El Hijo de Dios se humilló para levantar al caído. Por ello dejó los mundos celestiales que no han conocido el pecado, los noventa y nueve que le amaban, y vino a esta tierra para ser «herido por nuestras rebeliones», y «molido por nuestros pecados». Isaías 53:5. Fue hecho, en todas las cosas, semejante a sus hermanos. Se revistió de carne humana igualándose a nosotros.

Él sabía lo que significaba tener hambre, sed y cansancio. Fue sustentado por el alimento y refrigerado por el sueño. Fue un extranjero y advenedizo sobre la tierra, en el mundo, pero no del mundo. Tentado y probado como lo son los hombres de la actualidad, vivió, sin embargo, una vida libre del pecado. Lleno de ternura, compasión, simpatía, siempre considerado con los demás, representó el carácter de Dios. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad». Juan 1: 14 (Los hechos de los apóstoles, pp. 376, 377).

Cristo, el resplandor de la gloria del Padre, vino al mundo como su luz. Vino a representar a Dios ante los hombres, y de él está escrito que fue ungido «de Espíritu Santo y de potencia» y «anduvo haciendo bienes». Hechos 10:38. En la sinagoga de Nazaret dijo: «El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados: para predicar el año agradable del Señor». Lucas 4: 18, 19 (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 342, 343).


Martes 15 de octubre____________________________________________________

OÍR O NO OÍR LA PALABRA

Lee Juan 1:9 al 13. ¿Qué dura realidad describe aquí Juan acerca de cómo responde la gente a Jesús?

Juan 1:9-13

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

El prólogo, Juan 1:1 al 18, describe no solo quién es Jesucristo, el Verbo (logos), sino también cómo se relacionaba con él la gente del mundo. En Juan 1:9, se le llama la Luz verdadera, que ilumina a toda persona que viene al mundo. Esa luz ilumina el mundo, haciéndolo comprensible. Como dice C. S. Lewis: “Creo en el cristianismo como creo que ha salido el Sol, no solo porque lo veo, sino porque por él veo todo lo demás” (“Is Theology Poetry? [¿Es la teología poesía?]” [Samizdat University Press, 2014], p. 15; publicado originalmente en 1944).

Además, observa las implicaciones de lo que dice Juan 1:9. La Luz llega a todos, pero no todos acogen la Luz. Como veremos en el estudio de mañana, un tema importante en el Evangelio de Juan es cómo la gente recibe o rechaza a Jesús. Ese tema comienza aquí. La triste letanía es que el Mesías vino a su propio pueblo, el pueblo de Israel, y muchos no lo recibieron como Mesías.

En Romanos 9 al 11, Pablo trata el mismo trágico tema, el de muchos judíos que rechazaron a Jesús. Pero Pablo no termina con una nota negativa, sino diciendo que muchos judíos, junto con los gentiles, aceptarán a Jesús como su Mesías. De hecho, advierte a los gentiles que no se jacten contra los judíos: “Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra natura fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?” (Rom. 11:24).

De manera similar, Juan dice que todos los que reciban a Jesús como su Salvador se convertirán en hijos de Dios. Esto sucede al creer en su nombre (ver Juan 1:12, 13).

He aquí la conexión entre el prólogo y la conclusión del Evangelio. En Juan 20:31, el apóstol presenta por qué escribió: “para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, creyendo, tengan vida por medio de él”. Así, la introducción y la conclusión forman una especie de unidad, conceptos relacionados que encierran todo lo que ocurre entre ellos. Este vínculo apunta al objetivo global del Evangelio de Juan: que la gente se salve creyendo en Jesucristo como su Salvador.

¿Cómo ha cambiado tu vida al convertirte en hijo o hija de Dios?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«Otra vez, pues, Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida» (V.M.).

Cuando pronunció estas palabras, Jesús estaba en el atrio del templo especialmente relacionado con los ejercicios de la tiesta de las cabañas. En el centro de este patio se levantaban dos majestuosas columnas que soportaban portalámparas de gran tamaño. Después del sacrificio de la tarde, se encendían todas las lámparas, que arrojaban su luz sobre Jerusalén. Esta ceremonia estaba destinada a conmemorar la columna de luz que guiaba a Israel en el desierto, y también a señalar la venida del Mesías. Por la noche, cuando las lámparas estaban encendidas, el atrio era teatro de gran regocijo. Los hombres canosos, los sacerdotes del templo y los dirigentes del pueblo, se unían en danzas festivas al sonido de la música instrumental y el canto de los levitas.

Por la iluminación de Jerusalén, el pueblo expresaba su esperanza en la venida del Mesías para derramar su luz sobre Israel. Pero para Jesús la escena tenía un significado más amplio. Como las lámparas radiantes del templo alumbraban cuanto las rodeaba, así Cristo, la fuente de luz espiritual, ilumina las tinieblas del mundo. Sin embargo, el símbolo era imperfecto. Aquella gran luz que su propia mano había puesto en los cielos era una representación más verdadera de la gloria de su misión (El Deseado de todas las gentes, p. 428).

Sin la gracia de Cristo, el pecador está en una condición desvalida. No puede hacer nada por sí, pero mediante la gracia divina se imparte al hombre poder sobrenatural que obra en la mente, el corazón y el carácter. Mediante la comunicación de la gracia de Cristo, el pecado es discernido en su aborrecible naturaleza y finalmente expulsado del templo del alma. Mediante la gracia, somos puestos en comunicación con Cristo para ser asociados con él en la obra de la salvación. La fe es la condición por la cual Dios ha visto conveniente prometer perdón a los pecadores. No es que haya virtud alguna en la fe, que haga merecer la salvación, sino porque la fe puede aferrarse a los méritos de Cristo, quien es el remedio para el pecado. La fe puede presentar la perfecta obediencia de Cristo en lugar de la transgresión y la apostasía del pecador. Cuando el pecador cree que Cristo es su Salvador personal, entonces, de acuerdo con la promesa infalible de Jesús, Dios le perdona su pecado y lo justifica gratuitamente. El alma arrepentida comprende que su justificación viene de Cristo que, como su sustituto y garantía, ha muerto por ella, y es su expiación y justificación (Mensajes selectos, t. 1, pp. 429, 430).


Miércoles 16 de octubre__________________________________________________

TEMAS QUE REAPARECEN: CREER/NO CREER

Lee Juan 3:16 al 21; 9:35 al 41; 12:36 al 46. ¿De qué manera repiten estos textos el tema de la antítesis creer/no creer que aparece en el prólogo?

Juan 3:16-21

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. 21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

Juan 9:35-41

35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. 40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? 41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.

Juan 12:36-46

36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos. 37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él. 42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. 44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; 45 y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.

En el Evangelio de Juan, la humanidad parece dividirse en dos grandes grupos: los que creen en Jesús y lo aceptan como Mesías y los que, teniendo la oportunidad de creer, deciden no hacerlo.

Los discípulos pertenecen al primer grupo, al igual que otros como Nicodemo (que llega a la fe lentamente), la mujer del pozo y el ciego de nacimiento. En el segundo grupo están los fariseos y los sumosacerdotes, la gente en el milagro de la alimentación de los cinco mil, e incluso uno de los discípulos, Judas.

Es interesante que la palabra, el sustantivo, fe/creencia (griego pistis) nunca aparece en el Evangelio de Juan. Sin embargo, el verbo creer (pisteuō) aparece 98 veces, ¡en comparación con las 241 veces que aparece en todo el Nuevo Testamento! Este verbo es, de hecho, un tema muy importante en Juan. Este uso del verbo en lugar del sustantivo puede apuntar a un sentido muy activo de convertirse en cristiano. Ser creyente en Jesús es algo que hacemos, y esto se expresa en cómo vivimos y no solo en un conjunto de creencias. Como sabemos, el diablo también cree en Dios (ver Sant. 2:19).

En Juan, la principal diferencia entre los dos grupos es la forma en que se relacionan con Jesús. Los creyentes, o quienes llegan a creer, tienen una actitud abierta hacia él, incluso cuando los confronta o reprende. Vienen a Jesús y no huyen. Él es la Luz que los ilumina. Y, por la fe, creyendo, se convierten en hijos de Dios.

Los incrédulos, por otro lado, típicamente vienen a Jesús para polemizar con él. Se caracterizan por amar más las tinieblas que la luz. Les cuesta aceptar sus palabras o ven que rompe viejas tradiciones y no cumple sus expectativas. Lo juzgan en lugar de dejar que su luz los mida y los juzgue. Esta actitud, por supuesto, se había visto una y otra vez en los líderes religiosos, que idealmente, como guías espirituales de la nación, deberían haber sido los primeros en aceptar a Jesús.

¿De qué manera vives tu fe en Jesús, en lugar de limitarte a asentir intelectualmente que es el Mesías? ¿Por qué es importante conocer la diferencia? (Ver Mat. 7:21-23).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«¿Cree usted en el Hijo de Dios?» Usted depende de Cristo para todo lo que recibe, tanto como la persona más débil, más pobre y más humilde. «¿Cree usted en el Hijo de Dios?» Una creencia meramente especulativa no sirve de nada. ¿Cree usted en el Hijo de Dios como su Salvador personal? Si lo hace de todo corazón, entonces Dios mora en el alma, y el alma en Dios. Usted representa a Jesús. Los que ocupan posiciones de confianza están siendo probados, para demostrar si son hombres sabios en posiciones de confianza, para revelar si Cristo está obrando en ellos y mediante ellos de tal manera que él pueda representar su carácter y expresarse en sus palabras y acciones frente a sus seguidores, por quienes él mismo dio su preciosa vida (Exaltad a Jesús, p. 142).

El pueblo de Dios no perece actualmente por falta de conocimiento. No serán condenados por no conocer el camino, la verdad y la vida. La verdad que no ha llegado a su comprensión, la luz que no ha brillado en el alma, sino que ha sido descuidada y rechazada, los condenará. Los que jamás han tenido la luz que rechazar, no se hallan bajo condenación. ¿Qué más se podía hacer por la viña del Señor que no haya sido hecho? La luz, una preciosa luz, ilumina al pueblo de Dios; pero no los salvará, a menos que permitan que esta los salve, vivan plenamente de acuerdo con ella y la transmitan a otros que se encuentran en tinieblas. Dios pide que su pueblo obre. Lo que se necesita es una obra individual de confesión y abandono del pecado, y de regreso a Dios. Nadie puede hacer esta obra por los demás. El conocimiento de la religión ha aumentado, y proporcionalmente han aumentado las obligaciones. Una gran luz ha estado resplandeciendo sobre la iglesia, y los condena porque no quieren andar de acuerdo con ella. Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero han visto la luz y han oído mucho de la verdad, y sin embargo no son sabios ni santos. Muchos, por años no han progresado nada en conocimiento y verdadera santidad. Son enanos espirituales. En lugar de avanzar hacia la perfección, están retrocediendo hacia las tinieblas y la esclavitud de Egipto. Sus mentes no están entrenadas para practicar la piedad y la verdadera santidad (Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 112, 1 13).

Es nuestro privilegio estar con la luz del Cielo sobre nosotros. Así fue como Enoc caminó con Dios. No era más fácil para Enoc vivir una vida justa de lo que lo es para nosotros en nuestros días. El mundo de su tiempo no era más favorable para el crecimiento en gracia y santidad de lo que lo es ahora.

Mediante la oración y la comunión con Dios Enoc pudo escapar de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Estamos viviendo en los peligros de los últimos días, y debemos recibir nuestra fuerza de la misma Fuente. Debemos caminar con Dios. Se nos pide una separación del mundo, porque no podemos quedar libres de su contaminación a menos que sigamos el ejemplo del fiel Enoc (En los lugares celestiales, p. 72).


Jueves 17 de octubre____________________________________________________

TEMAS QUE REAPARECEN: GLORIA

Lee Juan 17:1 al 5. ¿Qué quiso decir Jesús cuando oró: “Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti”?

Juan 17:1-5

1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

El estudio de ayer se centró en la historia terrenal y humana del Evangelio de Juan, con sus enfrentamientos e interacciones entre las personas, siempre en torno a quién es Jesús y qué está haciendo. El estudio de hoy se centra en el argumento divino, cósmico, que también se encuentra en Juan.

El prólogo comienza con ese relato cósmico. Jesús es presentado como el Hijo divino de Dios, el Creador del universo. Una vez más, todo lo que antes no existía, pero llegó a existir, lo hizo solo a través de Jesús. “Todas las cosas fueron hechas por él. Nada de cuanto existe fue hecho sin él” (Juan 1:3). Pero a continuación señala la gloria de que se convirtiera en ser humano en la Encarnación (Juan 1:14). Juan utiliza los términos gloria (doxa: brillo, esplendor, fama, honor) y glorificar (doxazō: alabar, honrar, ensalzar, glorificar) para hablar tanto de recibir honor de los humanos como de recibir honor o gloria de Dios.

En Juan, la idea de glorificar a Jesús está vinculada al concepto de su hora; es decir, el momento de su muerte (comparar con Juan 2:4; 7:30; 8:20; 12:23-27; 13:1; 16:32; 17:1). La Cruz es su hora de gloria.

Esta idea es bastante paradójica porque la crucifixión era la forma más vergonzosa y humillante de ejecución en el antiguo mundo romano. Este increíble contraste, Dios en una cruz, ilustra el entrelazamiento de la trama de la historia humana con la divina.

En el plano humano, Jesús murió en agonía, como un criminal despreciado y débil que clamaba: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Este lado humano y oscuro de la Cruz se presenta especialmente en Mateo y Marcos (Mat. 27:46; Mar. 15:34).

Pero el lado glorioso de la Cruz se presenta especialmente en Lucas y Juan (Luc. 23:32-47; Juan 19:25-30) como un lugar de salvación, de misericordia, y donde el Hijo de Dios se entrega a su Padre.

¡Qué ironía! La mayor gloria de Dios se revela en su mayor vergüenza: cargar con los pecados del mundo.

Piensa en lo que significa que hiciera falta algo tan drástico: Dios mismo en la Cruz para salvarnos del pecado. ¿Qué nos dice esto acerca de cuán malo es el pecado?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

[En Juan 17] Cristo no está orando por la manifestación de la gloria de la naturaleza humana, pues esa naturaleza nunca existió en la preexistencia de Cristo. Está orando a su Padre por una gloria que poseía en su unidad con Dios. Su oración es la de un mediador; el favor que suplica es la manifestación de aquella gloria divina que él poseía cuando era uno con Dios. Que el velo sea quitado, dice, y brille mi gloria: la gloria que tuve contigo antes de que el mundo fuera…

«Padre   aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo». Y entonces el Padre declara: «Adórenle todos los ángeles de Dios». La hueste celestial se postra delante de él, y eleva su canto de triunfo y gozo. La gloria rodea al Rey del cielo, y fue contemplado por todos los seres celestiales. No hay palabras que puedan describir la escena que tuvo lugar cuando el Hijo de Dios fue públicamente restablecido al lugar de honor y gloria que dejó voluntariamente cuando se hizo hombre.

Y hoy día Cristo, glorificado y sin embargo aún nuestro hermano, es nuestro Abogado en los atrios celestiales (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1 120).

¡Oh, qué ansias tenía Cristo de salvar a los perdidos! El cuerpo crucificado en la cruz no claudicó de su divinidad, de su poder de salvar por medio del sacrificio humano a todos los que aceptaran su justicia. Al morir en la cruz, transfirió la culpa de la persona del transgresor a la del divino Sustituto si aquél ejercía fe en él como su Redentor personal. Los pecados de un mundo culpable, que en figura se presentan de color carmesí, fueron imputados al divino Representante…

La divinidad hacía su obra mientras la humanidad sufría el odio y la represalia de un pueblo que odiaba a Dios porque Cristo se había presentado como Hijo del Altísimo…

En la oración del pobre ladrón [en la cruz] se escuchaba una nota diferente de la que estaba resonando por todas partes; era una nota de fe que llegó hasta Cristo. La fe del condenado era dulce música para los oídos de Jesús. Escuchó la alegre nota de la redención y la salvación en medio de su agonía. Dios fue glorificado en su Hijo y por medio de él (Cada día con Dios, p. 234).

Cristo había concluido la obra que se le había confiado. Había glorificado a Dios en la tierra. Había manifestado el nombre del Padre. Había reunido a aquellos que habían de continuar su obra entre los hombres. Y dijo: «Yo soy glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo, mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. ¡Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que ellos sean uno, así como nosotros lo somos!» «Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa… yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado».

Así, con el lenguaje de quien tenía autoridad divina, Cristo entregó a su electa iglesia en los brazos del Padre. Como consagrado sumo sacerdote, intercedió por los suyos. Como fiel pastor, reunió a su rebaño bajo la sombra del Todopoderoso, en el fuerte y seguro refugio. A él le aguardaba la última batalla con Satanás, y salió para hacerle frente (El Deseado de todas las gentes, p. 635).


Viernes 18 de octubre___________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena G. de White, el capítulo “Dios con nosotros” (pp. 11-18).

“El Señor Jesucristo, el divino Hijo de Dios, existió desde la eternidad, una persona en sí y, sin embargo, uno con el Padre. Era la gloria máxima del Cielo. Era, por derecho propio, el comandante de los seres inteligentes, y recibía el homenaje de adoración de los ángeles. Con esto, en nada usurpaba a Dios [se cita Prov. 8:22-27].

“Hay luz y gloria en la verdad de que Cristo era uno con el Padre antes de que se pusiera el fundamento del mundo. Él es la luz que brilla en un lugar oscuro, iluminándolo con gloria divina y original. Esta verdad, infinitamente misteriosa en sí misma, explica otras verdades misteriosas que, de otra manera, son inexplicables, mientras que esa verdad está guardada en luz inaccesible e incomprensible” (Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 1.100).

“Jesús dijo: ‘Yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos los atraeré a mí mismo’ (Juan 12:32). Cristo debe ser revelado al pecador como el Salvador que muere por los pecados del mundo; y cuando contemplamos al Cordero de Dios sobre la cruz del Calvario, el misterio de la Redención comenzará a revelarse a nuestra mente y la bondad de Dios nos guiará al arrepentimiento. Al morir por los pecadores, Cristo manifestó un amor incomprensible; y este amor, a medida que el pecador lo contempla, enternece el corazón, impresiona la mente e inspira contrición al alma. […] Cuando [los seres humanos] hacen un esfuerzo por reformarse, nacido de un sincero deseo de hacer lo recto, es el poder de Cristo el que los está atrayendo. Una influencia de la cual no son conscientes obra sobre el alma, y la conciencia se vivifica y la vida externa se enmienda. Y, a medida que Cristo los induce a mirar su Cruz y contemplar a quien han traspasado sus pecados, el mandamiento halla cabida en la conciencia” (Elena G. de White, El camino a Cristo, pp. 23, 24).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Por qué Juan comienza hablando de Jesús en su papel de Creador? ¿Qué nos dice esto acerca de la importancia de la Creación en toda teología? ¿Por qué, entonces, es importante que tengamos una comprensión correcta de la Creación, tal como se revela en las Escrituras?
  2. Profundiza en la pregunta planteada al final del estudio del domingo. ¿Qué ocurre con la Cruz si en lugar de morir en ella el Dios eterno lo hubiese hecho un ser creado? ¿Qué perderíamos si Jesús fuera cualquier cosa menos el Dios eterno?

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