Saltar al contenido

Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabatica

Escuela Sabática Para Maestros

Material Auxiliar Para Maestros de Escuela Sabática

Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026

Lección 10 – EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA – Para 7 de diciembre de 2024


Lección 10 en PDF, haga «CLICK» aquí


Enlace para el libro:

https://citasselectasdelespiritudeprofecia.com/


Por favor visite esta página mas tarde para encontrar el enlace, o visite escuela sabática maestros Tony Garcia en YouTube.

Usualmente el video es subido al internet, el sábado por la noche o el domingo.


LECCIONES FUTURAS DE ESCUELA SABÁTICA

Año 1er Trimestre 2º Trimestre 3er Trimestre 4º Trimestre
2024 Salmos El Gran Conflicto Marcos Juan
2025 Amor y Justicia en la Biblia Como Estudiar la Profecía y la Inspiración Éxodo Josué
2026 Colosenses – Filipenses Religión en el Mercado* Josué El Espíritu de Profecía
2027 1 & 2 de Corintios Mayordomía Eclesiología Ezequiel
2028

* Religion in the Market Place


Si desea ver esta lección en YouTube, por favor haga «CLICK» en los siguiente enlace.


Lección 10: Para 7 de diciembre de 2024

EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

Sábado 30 de noviembre_____________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 13:1-20; 14:1-3; Daniel 7:27; Juan 14:5-11; 1:14; Colosenses 1:16, 17; Juan 5:38-40.

PARA MEMORIZAR:

“A Dios nadie lo vio jamás. El Hijo único, que es Dios, que está en el seno del Padre, él lo dio a conocer” (Juan 1:18).

El Evangelio de Juan se divide en cuatro secciones principales:

El prólogo (Juan 1:1-18), la sección acerca de las señales (Juan 1:19-12:50), la sección acerca de la gloria (Juan 13:1-20:31) y el epílogo (Juan 21:1-25). Hasta ahora, el estudio se ha centrado principalmente en el prólogo y en la sección dedicada a las señales, donde se expone quién es Jesús a través de sus milagros o señales, diálogos y enseñanzas. Las lecciones se centran ahora en la tercera sección de Juan, la que se concentra en la gloria.

Curiosamente, las famosas siete afirmaciones “YO SOY” forman un puente entre la sección de las señales y la de la gloria. Esas siete afirmaciones son: “[Yo soy] el pan de vida” (Juan 6:35, 41, 48, 51), “[Yo soy] la luz del mundo” (Juan 8:12; 9:5), “[Yo soy] la puerta” (Juan 10:7, 9), “[Yo soy] el buen pastor” (Juan 10:11, 14), “[Yo soy] la resurrección y la vida” (Juan 11:25), “[Yo soy] el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6) y “[Yo soy] la vid verdadera” (Juan 15:1, 5).

La lección de esta semana comenzará con el propósito del discurso de despedida y su introducción con el significativo episodio del lavamiento de los pies de los discípulos por parte de Jesús. Luego, se abordará la declaración “YO SOY” del capítulo 14 (“Yo soy el camino, la verdad y la vida”).

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Aquel que vino a nuestro mundo para buscar y salvar lo que se había perdido, ofreció su propia vida [por la humanidad]… Tiene piedad, compasión y amor sin igual; y ha hecho toda provisión en favor del hombre, de modo que ninguno necesite morir. El divino Hijo de Dios, la Luz y la Vida, vino a este mundo para abarcar al mundo entero y para atraer y unir hacia sí a todo ser humano que está bajo la sujeción y el gobierno satánico. El los invita: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas». Mateo 11:28, 29. De este modo une consigo, por medio de una nueva efusión de su gracia, a todos los que acuden a él. Pone sobre ellos su sello, su señal de obediencia y lealtad a su santo sábado (Alza tus ojos, p. 283).

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado». Juan 17:3. Estas palabras abren los ojos a todos los que quieran verlas. El conocimiento de Dios es un conocimiento que no tendrá que ser dejado atrás cuando el tiempo de gracia termine, un conocimiento que es del más duradero beneficio para el mundo y para nosotros individualmente. ¿Por qué, entonces, deberíamos poner la palabra de Dios en segundo plano cuando es sabiduría para salvación? «Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos»… [La] Biblia está llena del conocimiento de Dios, y es conveniente para educar al estudiante para una vida provechosa en esta tierra y para la vida eterna…

Interésate por las Escrituras. Léelas y estúdialas con diligencia. «a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna —dijo Cristo—, y ellas son las que dan testimonio de mí». Juan 5:39, 40. Significa todo para nosotros tener un conocimiento experimental e individual de Dios y de Jesucristo, «a quien ha enviado». «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Fundamentals of Christian Education, pp. 403, 404).

Mira a Jesús, la Majestad del cielo. ¿Qué contemplas en la historia de su vida? Su divinidad revestida con la humanidad, toda una vida de continua humildad, la realización de un acto de condescendencia tras otro, una trayectoria de continuo descenso de las cortes celestiales a un mundo todo marchitado y malogrado con la maldición, un mundo indigno de su presencia, en el que descendió más y más, tomando la forma de un siervo, para ser despreciado y desechado de los hombres, obligado a huir de lugar en lugar para salvar su vida y, al fin, traicionado, rechazado, crucificado…

No pierdas tiempo, no pase otro día a la eternidad antes de que vayas a él, tal como eres, cualquiera sea tu debilidad, tu indignidad… no tardes en venir [a él] ahora (That I May Know Him, p. 56; parcialmente en A fin de conocerle, p. 56).


Domingo 1 de diciembre______________________________________________

LES HE DADO EJEMPLO

El discurso de despedida (Juan 13-17) instruye a los discípulos de Jesús acerca del futuro. Su patrón literario es similar a la despedida de Moisés en Deuteronomio, a la bendición de Jacob a sus hijos (Gén. 47-49) o a las instrucciones de David a Salomón (1 Crón. 28, 29). Jesús consuela a sus discípulos respecto de su partida. Promete un Sustituto que lo representará (el Espíritu Santo; Juan 14-16). Predice el dolor que vendrá (Juan 15, 16) y exhorta a los discípulos a permanecer fieles (Juan 15).

Lee Juan 13:1 al 20. ¿Qué sucedió aquí y por qué esta historia es tan importante? ¿Qué lecciones quiso enseñar Jesús?

Juan 13:1-20

1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. 11 Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. 12 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. 18 No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19 Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. 20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.

En el mundo bíblico de la época de Jesús, la gente usaba sandalias o caminaba descalza, por lo que los pies se ensuciaban con el polvo. Era costumbre que un criado o un esclavo lavara los pies de los invitados a comer. Pero ningún criado estaba presente para cumplir esa función la noche en que Jesús cenó por última vez con sus discípulos antes de ser arrestado.

Para sorpresa de todos, Jesús mismo se levantó y lavó sus pies. Juan 13:4 y 5 narra paso a paso las acciones del Maestro. El incidente se relata detalladamente para destacar el hecho de que el Maestro realizó este increíble acto de humildad.

Al registrar la respuesta de Pedro, Juan 13:8 al 11 profundiza en el sentimiento de consternación de los discípulos ante las acciones de Jesús, incomprensibles para ellos. ¿Cómo podía Jesús, el Maestro, el Mesías, realizar una tarea tan humilde? Pedro se negó a que le lavara los pies, y Jesús le dijo que si no se lo permitía no tendría nada que ver con él. Entonces, Pedro pidió que Jesús hiciera aún más por él, expresando su deseo de estar conectado con el Maestro hasta el final.

El significado de la acción de Jesús está ligado a quién es él. En Juan 13:13, Jesús afirma que es el Maestro y el Señor, títulos con los que ellos se dirigían a él y que expresan autoridad y poder.

Sin embargo, Jesús enseña que el poder y la autoridad deben usarse para servir, no para engrandecerse. De acuerdo con el ejemplo de Jesús, la Iglesia Adventista practica lo que denomina “el rito de humildad”, como preparación para la Cena del Señor.

¿Qué nos enseña el rito de humildad acerca de cómo seguir los pasos de Jesús y cómo servir humildemente a los demás?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Cristo dio a entender a sus discípulos que al lavarse los pies no se lavaban sus pecados, sino que la limpieza de su corazón se probaba en este servicio humilde. Si el corazón estaba limpio, este acto era suficientemente esencial para revelar ese hecho. Él le había lavado los pies a Judas, pero dijo: «No estáis limpios todos». En ese momento Judas poseía un corazón, traidor, y Cristo reveló a todos que sabía que él traicionaría a su Señor y que el lavamiento de sus pies no era un rito para limpiar el alma de su contaminación moral…

En el ejemplo de Cristo recibimos la lección de que el rito del lavamiento de los pies no debe ser postergado porque haya algunos falsos creyentes que no están limpios de sus pecados. Cristo conocía el corazón de Judas, y sin embargo le lavó los pies. El amor infinito no podía hacer más para que Judas se arrepintiera y para salvarlo de que diera ese paso fatal. Si ese acto de su Maestro, que se humilló para lavar los pies al peor de los pecadores, no le quebrantó el corazón, ¿qué más podía hacerse? Fue el último acto de amor que Jesús podía manifestar en favor de Judas. El amor infinito no podía obligar a Judas para que se arrepintiera, confesara sus pecados y fuera salvado. Se le concedió toda oportunidad. No se dejó de hacer nada que pudiera haber sido hecho para salvarlo de la trampa de Satanás (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1112).

El rito del lavamiento de los pies es un rito de servicio. Esta es la lección que el Señor quiere que todos aprendan y practiquen. Cuando este rito se celebra debidamente, los hijos de Dios participan de una santa relación mutua que es ayuda y bendición para ellos.

Para que los suyos no se extravíen por el egoísmo que está en el corazón natural y que se fortalece cuando se busca el bien propio. Cristo mismo nos dio un ejemplo de humildad. No dejaría este gran asunto en manos del hombre. Lo consideró de tanta importancia, que él mismo, Aquel que era igual a Dios, lavó los pies de sus discípulos [se cita Juan 13:13-171 (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista séptimo día, t. 5, pp. 1112, 1113).

Cuando Jesús se ciñó con una toalla para lavar el polvo de sus pies, deseó por este mismo acto lavar el enajenamiento, los celos y el orgullo de sus corazones. Esto era mucho más importante que lavar sus polvorientos pies. Con el espíritu que entonces manifestaban, ninguno de ellos estaba preparado para tener comunión con Cristo. Hasta que fuesen puestos en un estado de humildad y amor, no estaban preparados para participar en la cena pascual, o del servicio recordativo que Cristo estaba por instituir. Sus corazones debían ser limpiados. El orgullo y el egoísmo crean disensión y odio, pero Jesús se los quitó al lavarles los pies. Se realizó un cambio en sus sentimientos. Mirándolos, Jesús pudo decir: «Vosotros limpios estáis». Ahora sus corazones estaban unidos por el amor mutuo. Habían llegado a ser humildes y a estar dispuestos a ser enseñados. Excepto Judas, cada uno estaba listo para conceder a otro el lugar más elevado. Ahora, con corazones subyugados y agradecidos, podían recibir las palabras de Cristo (El Deseado de todas las gentes, p. 603).


Lunes 2 de diciembre________________________________________________

CIERTAMENTE, VOLVERÉ

Lee Juan 14:1 al 3. ¿En qué contexto dijo Jesús estas palabras?

Juan 14:1-3

1 No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Al final de Juan 13, Jesús dice que se va (Juan 13:33), lo que hace que Pedro le pregunte adónde (Juan 13:36). Los discípulos no entienden que Jesús está hablando de su muerte, resurrección y ascensión. Pedro dice que está dispuesto a dar la vida por él (Juan 13:37). Entonces, Jesús predice la negación del discípulo (Juan 13:38).

En este contexto, Jesús dice a sus discípulos que no se turben (Juan 14:1). El verbo griego traducido como “turbar” es tarassō, que significa agitar, perturbar, inquietar, confundir. No era de extrañar que los discípulos se sintieran confusos ante las palabras de Jesús acerca de su partida.

Pero, para contrarrestar sus temores, les habla de la casa de su Padre, donde hay muchas habitaciones (no mansiones, sino habitaciones, como en una posada). Él va allí a prepararles un lugar. Sus palabras van más allá de la tormenta de la Cruz, hacia el momento en que regresará para redimir a su pueblo. Está mirando hacia el momento en que toda esta tragedia del pecado termine de una vez por todas (ver Dan. 7:27).

Jesús dice: “Y después que me vaya y les prepare lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, ustedes también estén” (Juan 14:3). Es claramente la promesa de su segunda venida.

¿En qué se basa nuestra confianza en esa promesa? Muchos dirían que en el cumplimiento de la profecía bíblica, y eso es cierto. Pero en Juan 14:3, la base de esa confianza se establece de manera diferente. En el idioma original, la afirmación “vendré” está en tiempo presente (“vengo” o “estoy viniendo”). Este uso del tiempo verbal presente en griego se conoce como “futurista”, y sirve para referirse a un acontecimiento futuro tan cierto que se describe como si ya estuviera ocurriendo. Por lo tanto, una traducción válida de la aseveración de Jesús podría ser: “Les aseguro que volveré”.

La base de nuestra esperanza en el regreso de nuestro Señor no es simplemente el cumplimiento de las profecías bíblicas. Es, además y sobre todo, nuestra confianza en Quien hizo la promesa. Él dijo que ciertamente regresaría por su pueblo. Podemos poner nuestra confianza en esa promesa en virtud de Quien la hizo.

¿Qué nos enseña la Cruz acerca de la certeza del regreso de Cristo? ¿De qué nos serviría la muerte de Jesús sin la Segunda Venida?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Dirigiéndose a ellos con el término cariñoso de «hijitos», dijo: «Aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije a los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; así digo a vosotros ahora»

Los discípulos no podían regocijarse cuando oyeron esto. El temor se apoderó de ellos. Se acercaron aun más al Salvador… Obscuros eran los presentimientos que les llenaban el corazón.

Pero las palabras que les dirigía el Salvador estaban llenas de esperanza. El sabía que iban a ser asaltados por el enemigo, y que la astucia de Satanás tiene más éxito contra los que están deprimidos por las dificultades. Por lo tanto, quiso desviar su atención de «las cosas que se ven» a «las que no se ven». 2 Corintios 4:18. Apartó sus pensamientos del destierro terrenal al hogar celestial.

«No se turbe vuestro corazón —dijo—: creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde yo voy; y sabéis el camino» El objeto de la partida de Cristo era lo opuesto de lo que temían los discípulos. No significaba una separación final. Iba a prepararles lugar, a fin de volver aquí mismo a buscarlos. Mientras les estuviese edificando mansiones, ellos habían de edificar un carácter conforme a la semejanza divina (El Deseado de todas las gentes, pp. 617, 618).

Pedro guardaba viva en su corazón la esperanza del regreso de Cristo, y aseguró a la iglesia del infalible cumplimiento de la promesa del Salvador: «Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Juan 14:3. Para los atribulados y fieles la venida de Cristo iba a parecer muy demorada, pero el apóstol les aseguró: «El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (Los hechos de los apóstoles, p. 427).

Al contemplar a Cristo, nos detenemos en la orilla de un amor inconmensurable. Nos esforzamos por hablar de este amor, pero nos faltan las palabras. Consideramos su vida en la tierra, su sacrificio por nosotros, su obra en el cielo como abogado nuestro, y las mansiones que está preparando para aquellos que le aman; y solo podemos exclamar: ¡Oh! ¡qué altura y profundidad las del amor de Cristo! «En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados». «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios». 1 Juan 4: 10; 3:1 (Los hechos de los apóstoles, pp. 268, 269).


Martes 3 de diciembre_______________________________________________

YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

Lee Juan 14:5 y 6. ¿Qué preguntó Tomás acerca del lugar adonde iba Jesús? ¿Cómo respondió Jesús?

Juan 14:5-6

Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

La pregunta de Tomás parece bastante lógica. Si no sabes adónde va alguien, ¿cómo puedes saber el camino para seguir a esa persona? Jesús responde la pregunta indicando que él mismo es el Camino. ¿El camino hacia qué o quién? El camino hacia el Padre. En el prólogo del libro (Juan 1:1-18), se subraya la íntima conexión entre Jesucristo (el Verbo) y el Padre.

Juan 1:18 dice que el unigénito (o “único”, según una mejor traducción) Dios es el que ha dado a conocer al Padre. Dar a conocer, en este texto, es traducción del verbo griego exēgeomai, que significa explicar, interpretar, exponer. De aquí se deriva la palabra exégesis, que significa dar a conocer el significado de un texto bíblico. Así, Jesucristo es el vínculo con el Padre, quien explica o interpreta al Padre en favor del mundo caído. Por consiguiente, él es la vía o el camino hacia el Padre. Sin él, nuestra comprensión acerca de quién y cómo es Dios sería limitada.

Lee Juan 14:7 al 11. ¿Cómo aclaró Jesús el malentendido de Felipe?

Juan 14:7-11

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

Felipe pidió ver al Padre, algo que ningún ser humano pecador puede hacer, y vivir (comparar con Éxo. 33:18-34:9; Juan 1:18). Jesús reprende la falta de comprensión y señala que verlo a él es ver al Padre (Juan 14:9). Por consiguiente, está claro que Jesús es el Camino hacia Dios. Sin él, el camino se vuelve oscuro e incierto. Él es la Luz que ilumina el camino hacia Dios.

Jesús une tres términos: camino, verdad y vida. El término camino solo se utiliza en Juan 1:23, en relación con la preparación del camino a Jesús por parte de Juan el Bautista, y aquí en Juan 14:6. La verdad y la vida son los temas principales del Evangelio. Nuestro estudio del miércoles y el jueves hará hincapié en el concepto de verdad, un tema crucial, especialmente en un mundo en el que se cuestiona la idea misma de “verdad”.

¿Por qué es tan reconfortante darse cuenta de que Jesús es la mejor revelación de cómo es Dios el Padre?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los discípulos estaban perplejos aún. Tomás, siempre acosado por las dudas, dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas: ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto».

No hay muchos caminos que llevan al cielo. No puede cada uno escoger el suyo. Cristo dice: «Yo soy el camino… Nadie viene al Padre, sino por mí». Desde que fue predicado el primer sermón evangélico, cuando en el Edén se declaró que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente, Cristo ha sido enaltecido como el camino, la verdad y la vida. Él era el camino cuando Adán vivía, cuando Abel ofreció a Dios la sangre del cordero muerto, que representaba la sangre del Redentor. Cristo fue el camino por el cual los patriarcas y los profetas fueron salvos. El es el único camino por el cual podemos tener acceso a Dios (El Deseado de todas las gentes, p. 6 18).

«Dícele Felipe, Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras». Juan 14:1-10.

Los discípulos no entendían aún lo que Cristo les decía respecto de su relación con Dios. Gran parte de su enseñanza quedaba aún obscura para ellos, Cristo quería que tuvieran un conocimiento de Dios más claro y preciso…

Cuando, en el día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, comprendieron más cabalmente las verdades que Cristo les había dicho en parábolas. Gran parte de la enseñanza que para ellos había sido un misterio les fue declarada. Pero ni aun entonces recibieron los discípulos el cumplimiento cabal de la promesa hecha por Cristo. Recibieron todo lo que podían entender del conocimiento de Dios, pero el cumplimiento total de la promesa, a saber, que Cristo les mostraría al Padre en su plenitud, estaba aún por venir. Y así es también hoy. Nuestro conocimiento de Dios es parcial e imperfecto. Cuando haya terminado el conflicto, y el Hombre Cristo Jesús reconozca ante el Padre a sus fieles obreros, quienes en un mundo de pecado habrán dado el verdadero testimonio del Salvador, entonces comprenderán a las claras lo que ahora es para ellos un misterio (El ministerio de curación, pp. 327, 328).

Cuando Jesús dijo: «yo soy el camino, y la verdad, y la vida», pronunció una verdad de significado admirable. La transgresión del hombre había separado a la tierra del cielo, y al hombre finito del Dios infinito… Jesús salvó ese abismo, e hizo un camino para que el hombre fuera a Dios (A fin de conocerle, p. 82).


Miércoles 4 de diciembre_____________________________________________

YO SOY LA VERDAD

Lee Juan 1:14, 17; 8:32; 14:6; y 15:26. ¿Cómo vincula Juan el concepto de verdad directamente con Jesús?

Juan 1:14, 17

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Juan 8:32

32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 14:6

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Juan 15:26

26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

El Evangelio de Juan relaciona repetidamente la verdad con Jesús, con su Padre y con el Espíritu Santo. La verdad está relacionada con Jesús, quien es la Palabra (logos), y con la luz en contraste con las tinieblas (Juan 1:1-14; 3:19-21). Asimismo, la mentira está relacionada con el diablo y el pecado (Juan 8:44-46). Por consiguiente, la verdad no es, en el Evangelio de Juan, simplemente una cuestión de hechos y cifras; más que eso, la idea de verdad contiene un aspecto moral de fidelidad a Dios y a su voluntad.

“Hay muchas personas que están clamando por el Dios viviente, y anhelan la presencia divina. Las teorías filosóficas o los ensayos literarios, por brillantes que sean, no pueden satisfacer el corazón. Los asertos y las invenciones de los hombres no tienen ningún valor. Que la Palabra de Dios hable a la gente. Que los que han escuchado solo tradiciones, teorías y máximas humanas oigan la voz del Ser cuya palabra puede renovar el alma para vida eterna” (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 22).

Piensa en lo que significa que Jesús sea la Verdad. Jesús es el logos, la Palabra que estaba con Dios desde el principio, el Creador de todo lo que existe (Juan 1:1-4). Uno con el Padre desde la eternidad y por la eternidad, Jesús tiene las características del Padre y, por lo tanto, también es el “YO SOY”. Su Ser no está sujeto a nada ni a nadie. Nada de lo que existe, incluyendo el conocimiento, existe aparte de él. Todo lo que existe y fue creado lo fue solo por obra de Jesús y existe también solo por su poder sustentador. “Por él fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. Porque Cristo existía antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:16, 17). Jesús no es simplemente la encarnación de la verdad: él es la Verdad. La verdad no es un concepto o una construcción teórica, es una Persona.

La verdad, Jesucristo, puede compararse con el Sol, que ilumina el mundo (Juan 8:12). En tal sentido, C. S. Lewis dijo acerca del cristianismo: “Creo en el cristianismo como creo que ha salido el Sol, no solo porque lo veo, sino porque por él veo todo lo demás” (“Is theology poetry? [¿Es la teología poesía?]” [Samizdat University Press, 2014], p. 15; presentado originalmente en 1944).

Es por medio de Jesús, la Verdad, como somos capaces de interpretar correctamente el mundo que nos rodea.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La verdad en Cristo y por medio de Cristo es inconmensurable. El que estudia las Escrituras, mira, por así decirlo, dentro de una fuente que se profundiza y se amplía a medida que más se contemplan sus profundidades. No comprenderemos en esta vida el misterio del amor de Dios al dar a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. La obra de nuestro Redentor sobre esta tierra es y siempre será un tema que requerirá nuestro más elevado esfuerzo de imaginación. El hombre puede utilizar toda facultad mental en un esfuerzo por sondear este misterio, pero su mente desfallecerá y se abatirá. El investigador más diligente verá delante de él un mar ilimitado y sin orillas (Palabras de vida del gran Maestro, p. 99).

Vivimos en un tiempo cuando Satanás está trabajando con todo su poder para desalentar y derrotar a los que se esfuerzan por servir a Dios. Pero no debemos fallar ni desanimarnos. Tenemos que ejercitar una mayor fe en Dios. Debemos confiar en su Palabra viviente. A menos que nos aferremos de lo alto con mayor firmeza, nunca seremos capaces de derrotar a los poderes de las tinieblas que se verán y se sentirán en cada departamento de la obra.

Las cisternas de la tierra se vaciarán a menudo, y sus fuentes se secarán; pero en Cristo se halla un manantial vivo del cual podemos beber continuamente. No importa cuánta agua saquemos para compartir con los demás, siempre quedará en abundancia. No hay peligro de agotar el suministro; porque Cristo es la fuente inagotable de la verdad (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 262).

Cuando el pecado de Adán hundió a la raza en la miseria y la desesperación, Dios haberse separado de los caídos pecadores. Podría haber enviado a ángeles para que derramaran sobre nuestro mundo las copas de su ira, Podría haber hecho desaparecer esta oscura mancha del universo. no lo hizo. En lugar de echarlos de su presencia, se acercó Illas a la raza caída. Dio a su Hijo para que llegara a ser hueso de nuestro hueso y carne de nuestra carne. «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad». Juan 1:14. Cristo, mediante su relación con los seres humanos, puso al hombre más cerca de Dios todavía. Revistió su naturaleza divina con el manto de la humanidad, y demostró ante el universo celestial, ante los mundos no caídos, cuánto ama Dios a los hijos de los hombres.

El don de Dios en favor del hombre excede a todo cálculo. Nada se escatimó. Dios no podía permitir que se dijera que podía haber hecho algo más, que podía revelar a la humanidad un amor mayor. En el don de Cristo, dio todo el cielo (La maravillosa gracia de Dios, p. 53).


Jueves 5 de diciembre_______________________________________________

LAS ESCRITURAS Y LA VERDAD

En el Evangelio de Juan, la Escritura desempeña un papel importante al hablarnos de aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. A lo largo de los evangelios, como en toda la Biblia, las Escrituras desempeñan un papel clave en la revelación de la verdad. Esto es especialmente cierto cuando se trata de enseñarnos quién es Jesús y qué vino a hacer.

Lee Juan 5:38 al 40. ¿Qué dice Jesús aquí acerca de las Escrituras?

Juan 5:38-40

38 ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió, vosotros no creéis. 39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.

Jesús y sus discípulos recurrieron vez tras vez a las Escrituras para validarlo como el Mesías. Cristo dijo: “Si ustedes le creyesen a Moisés, me creerían a mí; porque él escribió de mí. Pero si no creen a sus escritos, ¿cómo creerán en mis palabras?” (Juan 5:46, 47).

Lee Lucas 24:27. ¿Por qué es importante que Jesús señalara en primer lugar las Escrituras para revelar el significado de su ministerio?

Lucas 24:27

27 Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

En otro lugar, citando el libro de Éxodo, Cristo dijo: “¿No han leído lo que dice Dios?” (Mat. 22:31). Zacarías, el padre de Juan el Bautista, se refirió a las promesas de Dios: “Tal como había prometido por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos” (Luc. 1:70). En su sermón del Día de Pentecostés, Pedro dijo: “Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura […] que el Espíritu Santo había predicho por boca de David” (Hech. 1:16).

La Biblia no es un libro de texto sobre ciencia. No explica cómo dividir el átomo ni cómo hacer cirugía cerebral. Pero hace algo aún más significativo: proporciona el contexto en el que nuestro universo tiene sentido. Es la llave que abre la puerta, la luz que permite ver. Sin ella, estaríamos a oscuras acerca de la existencia de Dios, su papel en el universo, nuestro propio origen, el sentido de la vida y el futuro.

¿Qué verdades cruciales enseñadas por la Biblia nunca podríamos aprender mediante la ciencia, ni siquiera en principio?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Salvador es revelado en la Palabra en toda su belleza y todo su encanto. Cada alma hallará solaz y consuelo en la Biblia, la cual está llena de promesas acerca de lo que Dios hará para los que caminan de acuerdo con la voluntad divina. Los enfermos serán especialmente consolados al oír la Palabra, pues Dios al dar las Escrituras dio a la humanidad una hoja del árbol de la vida que es para la sanidad de las naciones. Cualquiera que lee las Escrituras o que ha escuchado su lectura, ¿cómo puede perder su interés en las cosas celestiales y encontrar placer en las diversiones y las fascinaciones del mundo? (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1 109).

La Palabra de Dios incluye las escrituras del Antiguo Testamento así como las del Nuevo. El uno no es completo sin el otro. Cristo declaró que las verdades del Antiguo Testamento son tan valiosas como las del Nuevo. Cristo fue el Redentor del hombre en el principio del mundo en igual grado en que lo es hoy…

Los discípulos habían de ir como testigos de la vida, la muerte y la intercesión de Cristo, que los profetas habían predicho. Cristo en su humillación, en su pureza y santidad, en su amor incomparable, había de ser su tema. Y para predicar el evangelio en su plenitud, ellos debían presentar al Salvador no solamente revelado en su vida y enseñanzas, sino predicho por los profetas del Antiguo Testamento y simbolizado por los servicios expiatorios…

En cada época hay un nuevo desarrollo de la verdad, un mensaje de Dios al pueblo de esa generación. Las viejas verdades son todas esenciales; la nueva verdad no es independiente de la vieja, sino un desarrollo de ella. Es únicamente comprendiendo las viejas verdades como podemos entender las nuevas. Cuando Cristo deseó revelar a sus discípulos la verdad de su resurrección, comenzó «desde Moisés, y de todos los profetas», y «declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían». Lucas 24:27. Pero es la luz que brilla en el nuevo desarrollo de la verdad la que glorifica lo viejo (Exaltad a Jesús, p. 300).

Al predicar a los tesalonicenses, Pablo apeló a las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Mesías. Cristo había abierto en su ministerio la mente de sus discípulos a estas profecías; pues «comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían». Lucas 24:27. Pedro, al predicar a Cristo, había sacado del Antiguo Testamento sus evidencias. Esteban había seguido el mismo plan. Y también Pablo en su ministerio apelaba a las Escrituras que predecían el nacimiento, los sufrimientos, la muerte, resurrección y ascensión de Cristo. Por el inspirado testimonio de Moisés y los profetas, probaba claramente la identidad de Jesús de Nazaret como el Mesías, y mostraba que desde los días de Adán era la voz de Cristo la que había hablado por los patriarcas y profetas (Los hechos de los apóstoles, p. 180).


Viernes 6 de diciembre______________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee en El Deseado de todas las gentes, de Elena G. de White, el capítulo “La Luz de la vida” (pp. 428-441) y E. Edward Zinke, “La autoridad de la Biblia y la certeza del Segundo Advenimiento”, en La certeza de la Segunda Venida, pp. 18-30.

Cuando Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo”, “[…] estaba en el atrio del Templo especialmente relacionado con los servicios de la Fiesta de los Tabernáculos. En el centro de este patio se levantaban dos majestuosas columnas que soportaban portalámparas de gran tamaño. Después del sacrificio de la tarde se encendían todas las lámparas, que arrojaban su luz sobre Jerusalén. Esa ceremonia estaba destinada a conmemorar la columna de luz que guiaba a Israel en el desierto, y también a señalar la venida del Mesías. Por la noche, cuando las lámparas estaban encendidas, el atrio era teatro de gran regocijo. Los hombres canosos, los sacerdotes del Templo y los príncipes del pueblo se unían en danzas festivas al sonido de la música instrumental y el canto de los levitas.

“En la iluminación de Jerusalén, el pueblo expresaba su esperanza en la venida del Mesías para derramar su luz sobre Israel. Pero, para Jesús la escena tenía un significado más amplio. Como las lámparas radiantes del Templo alumbraban cuanto las rodeaba, así Cristo, la Fuente de luz espiritual, ilumina las tinieblas del mundo. Sin embargo, el símbolo era imperfecto. Esa gran luz que su propia mano había puesto en los cielos era una representación más verdadera de la gloria de su misión.

“Era de mañana; el Sol acababa de levantarse sobre el Monte de los Olivos, y sus rayos caían con deslumbrante brillo sobre los palacios de mármol, e iluminaban el oro de las paredes del Templo, cuando Jesús, señalándolo, dijo: ‘Yo soy la luz del mundo’ ” (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 428).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Comenta en la clase tu respuesta a la última pregunta del jueves. ¿Qué verdades cruciales enseñadas por la Biblia nunca podríamos aprender mediante la ciencia, ni siquiera en principio? Por ejemplo, la Cruz, la Resurrección o la Segunda Venida. ¿Qué otras verdades bíblicas importantes deben sernos reveladas, pues de otra manera no las conoceríamos?
  2. Piensa en la caída de Lucifer, un ser perfecto, con tanto conocimiento intelectual acerca de quién y cómo es Dios. Sin embargo, se rebeló contra la Deidad a pesar de todo ese conocimiento. ¿Qué nos dice esto acerca del libre albedrío y de por qué debemos en todo momento elegir someter nuestra voluntad a Dios?

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Escuela Sabatica Para Maestros

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo