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Escuela Sabática Para Maestros

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Uniendo el cielo y la tierra. Cristo en Filipenses y Colosenses

1er Trimestre de 2026


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Lección 6: Para el 10 de agosto de 2024

DE ADENTRO HACIA AFUERA

Sábado 3 de agosto___________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 7; Isaías 29:13; Éxodo 20:12; Marcos 8:1-21.

PARA MEMORIZAR:

“Nada exterior al hombre puede entrar en él y contaminarlo. Más bien lo que sale del hombre es lo que lo contamina” (Mar. 7:15).

Esta semana estudiaremos Marcos 7 y la primera mitad del capítulo 8. Al comienzo de Marcos 7, Jesús suscita controversia por su rechazo de la tradición religiosa. No obstante, lo hace de una manera sorprendentemente solidaria con algo muy relevante para la vida cristiana hoy.

Jesús presenta luego un acertijo que abre la puerta a una comprensión correcta de qué es en verdad la fe.

Después de esto, se dirige a Tiro y Sidón y tiene allí un encuentro con una mujer que fue la única persona que le ganó una discusión a Jesús en los evangelios. Su encuentro con ella es inusual y hay bajo su superficie algunos mensajes cifrados con los que la mujer fue capaz de interactuar. En vista de su fe, Jesús le concedió lo que pedía.

Marcos 7 registra otra curación realizada por Jesús y así revela la importante verdad de que, independientemente de cuán impresionantes puedan ser los milagros, a menudo no alcanzan para que los corazones se abran a la verdad. Después de todo, ¿qué bien hicieron los milagros a los líderes religiosos que estaban empeñados en rechazar a Jesús?

En Marcos 8, nuestro estudio se enfoca en el significado del pan como símbolo de enseñanzas y tradiciones. Estas historias contienen grandes lecciones acerca del significado y la práctica de la vida religiosa.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Desde sus más tiernos años, el niño judío estaba rodeado por los requerimientos de los rabinos. Había reglas rígidas para cada acto, aun para los más pequeños detalles de la vida. Los maestros de la sinagoga instruían a la juventud en los incontables reglamentos que los israelitas ortodoxos debían observar. Pero Jesús no se interesaba en esos asuntos. Desde la niñez, actuó independientemente de las leyes rabínicas. Las Escrituras del Antiguo Testamento eran su constante estudio, y estaban siempre sobre sus labios las palabras: «Así dice Jehová».

A medida que empezó a comprender la condición del pueblo, vio que los requerimientos de la sociedad y los de Dios estaban en constante contradicción. Los hombres se apartaban de la Palabra de Dios, y ensalzaban las teorías que habían inventado. Observaban ritos tradicionales que no poseían virtud alguna. Su servicio era una mera repetición de ceremonias; y las verdades sagradas que estaban destinadas a enseñar eran ocultadas a los adoradores. El vio que en estos servicios sin fu no hallaban paz. No conocían la libertad de espíritu que obtendrían sirviendo a Dios en verdad. Jesús había venido para enseñar el significado del culto a Dios, y no podía sancionar la mezcla de los requerimientos humanos con los preceptos divinos (El Deseado de todas las gentes, p. 64).

A la multitud, y más tarde con mayor plenitud a sus discípulos, Jesús explicó que la contaminación no proviene de afuera, sino de adentro. La pureza e impureza se refieren al alma. Es la mala acción, la mala palabra, el mal pensamiento, la transgresión de la ley de Dios, y no la negligencia de las ceremonias externas ordenadas por los hombres, lo que contamina a un hombre.

Los discípulos notaron la ira de los espías al ver desenmascarada su ‘falsa enseñanza… Esperando que él conciliaría a los enfurecidos magistrados, dijeron a Jesús: «¿Sabes que los fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?»

El contestó: «Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada». Las costumbres y tradiciones tan altamente apreciadas por los rabinos eran de este mundo, no del cielo. Por grande que fuese su autoridad sobre la gente, no podían soportar la prueba de Dios. Cada invención humana que haya sustituido los mandamientos de Dios, resultará inútil (El Deseado de todas las gentes, p. 363).

La substitución de los mandamientos de Dios por los preceptos de los hombres no ha cesado. Aun entre los cristianos, se encuentran instituciones y costumbres que no tienen mejor fundamento que la tradición de los padres. Tales instituciones, al descansar sobre la sola autoridad humana, han suplantado a las de creación divina. Los hombres se aferran a sus tradiciones, reverencian sus costumbres y alimentan odio contra aquellos que tratan de mostrarles su error. En esta época, cuando se nos pide que llamemos la atención a los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, vemos la misma enemistad que se manifestó en los días de Cristo (El Deseado de todas las gentes, p. 363).


Domingo 4 de agosto_________________________________________________

TRADICIONES HUMANAS VERSUS MANDAMIENTOS DE DIOS

Lee Marcos 7:1 al 13. ¿Qué verdades relevantes son presentadas aquí?

Marcos 7:1-13

1 Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos. Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. 11 Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, 12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.

Imagina que un niño estudia este relato en su clase de Escuela Sabática y, al volver a su casa, le dice a su madre que no es necesario lavarse las manos antes de comer, pues Jesús así lo dijo. Sin embargo, esta historia no se refiere a la higiene.

En los días de Jesús, había muchas personas muy preocupadas por la pureza ritual. En el período intertestamentario, la idea de lavarse las manos para permanecer ritualmente puro se había extendido entre la gente común, aun cuando en un principio estas reglas se aplicaban en el Antiguo Testamento solo a los sacerdotes (Éxo. 30:17-21). De acuerdo con este concepto, los líderes religiosos se quejan a Jesús de sus discípulos.

Jesús no contesta directamente la pregunta que le hacen. En lugar de ello, defiende a sus discípulos mediante una respuesta compuesta de dos partes. Primero, cita las palabras de fuerte reprensión dirigidas por Isaías a la nación que honraba a Dios de labios, pero cuyo corazón estaba lejos de él (Isa. 29:13). La cita de Isaías es seguida por la condenación de las tradiciones humanas que ocupan el lugar de los mandamientos divinos.

En la segunda parte de la respuesta, Jesús menciona el mandamiento de Dios que ordena honrar a los progenitores (Éxo. 20:12); es decir, cuidar de ellos cuando son ancianos, y contrasta esto con una tradición religiosa de acuerdo con la cual uno podía dar algo a Dios (una ofrenda, corbán), y seguir usándolo para uno mismo, pero denegar su uso para sus padres ancianos necesitados. Uno puede apenas imaginar la situación: “Lo siento, padre, me encantaría ayudarte, pero ya doné el dinero al Templo”.

Este es el tipo de hipocresía que Jesús ataca sin concesiones. Ellos habían colocado las tradiciones humanas por encima de la Palabra de Dios, haciendo lo cual habían pecado.

¿Cuál fue entonces la respuesta a la pregunta de los fariseos? La respuesta de Jesús implica que no encuentra convincente la insistencia de ellos en la purificación ritual de las manos como necesaria para estar en armonía con la voluntad de Dios. En lugar de ello, su respuesta claramente apoya los mandamientos de la Ley de Dios frente a las tradiciones humanas. (Ver también Mar. 1:44; 7:10, 11; 10:3-8; 12:26, 29-31).

¿Podríamos tener algunas “tradiciones” que tal vez estén en conflicto con los principios de la Ley de Dios? De ser así, ¿cuáles podrían ser?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Entre las observancias que con más rigor se imponían, estaba la de la purificación ceremonial. El descuido de las formas que debían observarse antes de comer, era considerado como pecado aborrecible que debía ser castigado tanto en este mundo como en el venidero; y se tenía por virtud el destruir al transgresor.

Las reglas acerca de la purificación eran innumerables. Y la vida entera no habría bastado para aprenderlas todas. La vida de los que trataban de observar los requerimientos rabínicos era una larga lucha contra la contaminación ceremonial, un sin fin de lavacros y purificaciones. Mientras la gente estaba ocupada en distinciones triviales, en observar lo que Dios no había pedido, su atención era desviada de los grandes principios de la ley.

Cristo y sus discípulos no observaban estos lavamientos ceremoniales y los espías hicieron de esta negligencia la base de su acusación. No hicieron, sin embargo, un ataque directo contra Cristo, sino que vinieron a él con una crítica referente a sus discípulos. En presencia de la muchedumbre, dijeron: «¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos’? porque no se lavan las manos cuando comen pan» (El Deseado de todas las gentes, pp. 360, 361 ).

[El] celo por Dios que aparentaban los sacerdotes y rabinos era un simulacro que cubría su deseo de ensalzamiento propio. El pueblo era engañado por ellos. Llevaba pesadas cargas que Dios no le había impuesto. Aun los discípulos de Cristo no estaban completamente libres del yugo de los prejuicios heredados y la autoridad rabínica. Ahora, revelando el verdadero espíritu de los rabinos, Jesús trató de libertar de la servidumbre de la tradición a todos los que deseaban realmente servir a Dios.

«Hipócritas —dijo, dirigiéndose a los astutos espías—, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres». Las palabras de Cristo eran una requisitoria contra el farisaísmo. Él declaró que al poner sus requerimientos por encima principios divinos, los rabinos se ensalzaban más que a Dios.

Los diputados de Jerusalén se quedaron llenos de ira. No pudieron acusar a Cristo como violador de la ley dada en el Sinaí, porque hablaba como quien la defendía contra sus tradiciones. Los grandes preceptos de la ley, que él había presentado, se destacaban en sorprendente contraste frente a las mezquinas reglas que los hombres habían ideado (El Deseado de todas las gentes, pp. 362, 363).

Todos aquellos que aceptan la autoridad humana, las costumbres de la iglesia, o las tradiciones de los padres, presten atención a la amonestación que encierran las palabras de Cristo: «En vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres» (El Deseado de todas las gentes, p. 364).


Lunes 5 de agosto____________________________________________________

¿MANOS LIMPIAS O CORAZÓN LIMPIO?

Lee Marcos 7:14 al 19. ¿Qué quiso decir Jesús con su aseveración en el versículo 15?

Marcos 7:14-19

14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, 19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.

Las palabras de Jesús han resultado un enigma para muchos al evaluar su relación con las enseñanzas de Levítico 11 acerca de los alimentos limpios y los inmundos. ¿Está Jesús poniendo a un lado esas distinciones? ¿Están los adventistas del séptimo día equivocados al enseñar que los miembros de iglesia que comen carne deberían consumir solo la de los animales limpios de esa lista?

Para empezar, sería extraño que Jesús descartara súbitamente, en Marcos 7:14 al 19, las instrucciones mosaicas, dado que acababa de defender a Moisés contra la tradición en Marcos 7:6 al 13. En segundo lugar, la tradición que los fariseos estaban promoviendo no se fundamenta, a diferencia de las leyes alimentarias, en la enseñanza del Antiguo Testamento. Tercero, cuando Jesús declara puros todos los alimentos, en Marcos 7:19, no quiere decir que las leyes alimentarias están abolidas, sino que no era válida la tradición acerca del toque ritual o ceremonialmente contaminante que sostenían los fariseos. Según ella, por ejemplo, un judío quedaba contaminado por entrar en contacto con los gentiles o paganos y aun con el alimento que ellos habían tocado.

Lee Marcos 7:20 al 23. ¿Qué contamina a una persona, según Jesús?

Marcos 7:20-23

20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

En Marcos 7:19, Jesús señala que la comida no ingresa al corazón sino al estómago, y sale de allí por el tracto intestinal. Pero, en Marcos 7:21 al 23, él destaca el hecho de que el mal proviene del corazón, del centro de lo que una persona es. Él presenta una lista de faltas originadas en malos pensamientos que terminan convirtiéndose en malas acciones.

En Marcos 7:10 se incluye la referencia al quinto Mandamiento dentro de la lista de faltas mencionadas y, así, la segunda tabla del Decálogo queda completa. Más aún, en Marcos 7:7 Jesús se refiere al culto vano o adoración falsa, lo cual tiene que ver con el corazón mismo de los primeros cuatro mandamientos del Decálogo. De esa manera, Jesús se erige como un defensor de la Ley de Dios a lo largo de este pasaje.

Podrías tener la teología correcta, pero ¿quién posee completamente y en última instancia tu corazón?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El mayor deseo de Cristo es redimir su herencia del dominio de Satanás. Pero antes de que seamos librados del poder satánico exteriormente, debemos ser librados de su poder interiormente. El Señor permite las pruebas a fin de que seamos limpiados de la mundanalidad, el egoísmo y los rasgos de carácter duros y anticristianos. El permite que las profundas aguas de la aflicción cubran nuestra alma para que lo conozcamos, y a Jesucristo a quien ha enviado, con el objeto de hacer brotar en nuestro corazón anhelos profundos de ser purificados de la contaminación, y que salgamos de la prueba más puros, más santos, más felices. A menudo entramos en el crisol de la prueba con nuestras almas oscurecidas por el egoísmo, pero si somos pacientes bajo la prueba decisiva, saldremos reflejando el carácter divino. Cuando su propósito en la aflicción se cumpla, «exhibirá tu justicia como la luz, y tus derechos como el medio día». Salmo 37:6.

No hay peligro de que el Señor descuide las oraciones de sus hijos. El peligro es que, en la tentación y la prueba, se descorazonen, y dejen de perseverar en oración (Palabras de vida del gran Maestro, p. 138).

Nuestro Salvador, quien entiende las luchas de nuestro corazón, y conoce las debilidades de nuestra naturaleza, lamenta nuestras debilidades, perdona nuestros errores, y derrama sobre nosotros las gracias que deseamos profundamente. Gozo, paz, paciencia, bondad, fe y amor fraternal son los elementos del carácter cristiano. Estas preciosas gracias son el fruto del Espíritu, y la corona y el escudo del cristiano. Si estas gracias reinan en el hogar, los hijos son «como plantas crecidas en su juventud», y las hijas «como esquinas labradas como las de un palacio». Estos dones celestiales no dependen de las circunstancias ni de la voluntad o del imperfecto juicio del hombre. Nada puede dar más perfecto contentamiento y satisfacción que el cultivo del carácter cristiano; las más exaltadas aspiraciones no pueden apuntar a ninguna otra cosa más elevada (Reflejemos a Jesús, p. 162).

Jesús habló como quien tiene conocimiento y autoridad. La denuncia que pronunció contra los judíos condenaba su formalismo e hipocresía. Sus mordaces reprimendas y su denuncia del formalismo tienen hoy la misma fuerza que tenían en los días de los escribas y fariseos, y se aplican a los que tienen apariencia de piedad, pero niegan su poder. El Dios de santidad infinita no puede aceptar el servicio externo como adoración espiritual. Los que adoran a Dios deben adorarlo en espíritu y en verdad, o su servicio es vano. Debe haber autenticidad en las ceremonias religiosas, o son simples pretensiones, abominaciones huecas. Pero aunque Jesús reprendía a los sacerdotes y a los maestros religiosos por su formalismo e hipocresía, cuán indulgentes y tiernas eran sus lecciones para los pobres, los oprimidos, los afligidos y los desalentados. Los sacerdotes y los gobernantes, los escribas y los fariseos, destruyeron los pastos vivos y profanaron las fuentes del agua de la vida. Con sus falsos preceptos confundieron el entendimiento y empañaron lo que era claro. Falsificaron a Dios con su dureza de corazón, con su impureza, orgullo y egoísmo (Sabbath-School Worker, December 1, 1894, par. 4).


Martes 6 de agosto___________________________________________________

MIGAJAS PARA LOS PERROS

Lee Marcos 7:24 al 30. ¿Qué importantes lecciones contiene esta historia?

Marcos 7:24-30

24 Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. 26 La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28 Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.

A continuación del desafiante pasaje que estudiamos ayer, el relato registrado en este texto plantea también preguntas problemáticas. ¿Por qué responde Jesús tan rudamente a esta mujer? ¿Por qué la caracteriza, mediante repetidas expresiones, como un perro?

Él no lo explica abiertamente, pero hay dos características de su respuesta que sugieren lo que está enseñando. En Marcos 7:27, él dice que los hijos deben ser alimentados “primero”. Si hay un “primero”, sería lógico que hubiera un “segundo”. La otra característica es que Jesús usa una forma diminutiva de la palabra perro, no en el sentido de cachorro, sino más bien, a la luz del contexto, de mascotas a las que se les permite estar en la casa, en contraste con los perros de la calle. En su respuesta a Jesús, la mujer demuestra que captó los dos marcadores discursivos usados por él, lo que ayuda a entender la reacción de ella. Su respuesta es bastante directa y contundente. Ella contesta: “Sí, Señor. Pero aun los perrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos” (Mar. 7:28). ¿Cómo se le ocurrió esa respuesta? Ciertamente, el amor hacia su hija la impulsó a avanzar. Pero él también la animó. Dijo “primero”, dando por sentado que había un “segundo”. Además, él sugirió que ella era comparable a una mascota perteneciente a la familia, como los perros que estaban bajo la mesa de sus dueños. Así como el perro doméstico estaba en la casa bajo la mesa, ella estaba a los pies de Jesús rogando por su hija. En vista de eso, ella reclamó el derecho de un perro de familia a la comida que caía al suelo.

La respuesta de la mujer revela su fe. Llamar “migaja” al poderoso milagro de sanar a su hija a la distancia indicaba que ella consideraba especialmente grande el poder de Jesús (si semejante milagro era una migaja, uno se pregunta qué habría sido un pan entero). Esta respuesta también muestra que ella entendía que concederle este milagro era algo sencillo para él. Jesús fue conmovido, y accedió a su pedido.

“Por medio de su trato con ella, ha demostrado que aquella que Israel había considerado como paria ya no es extranjera sino una hija en la familia de Dios. Y, como hija, es su privilegio participar de los dones del Padre” (DTG 367, 368).

¿Por qué el prejuicio contra otras razas y nacionalidades es tan contrario a la enseñanza de Jesús? ¿Cómo podemos ser limpiados de este mal?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

La mujer [sirofenicia] presentaba su caso con instancia y creciente fervor, postrándose a los pies de Cristo y clamando: «Señor, socórreme». Jesús, aparentando todavía rechazar sus súplicas, según el prejuicio despiadado de los judíos, contestó: «No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos». Esto era virtualmente aseverar que no era justo conceder a los extranjeros y enemigos de Israel las bendiciones traídas al pueblo favorecido de Dios. Esta respuesta habría desanimado completamente a una suplicante menos ferviente. Pero la mujer vio que había llegado su oportunidad. Bajo la aparente negativa de Jesús, vio una compasión que él no podía ocultar… Así que mientras muchas bendiciones se daban a Israel, ¿no había también alguna para ella? Si era considerada como perro, ¿no tenía, como tal, derecho a una migaja de su gracia?…

En este caso, Cristo se encuentra con un miembro de una raza infortunada y despreciada, que no había sido favorecida por la luz de la Palabra de Dios; y sin embargo esa persona se entrega en seguida a la divina influencia de Cristo y tiene fe implícita en su capacidad de concederle el favor pedido. Ruega que se le den las migajas que caen de la mesa del Maestro. Si puede tener el privilegio de un perro, está dispuesta a ser considerada como tal. No tiene prejuicio nacional ni religioso, ni orgullo alguno que influya en su conducta, y reconoce inmediatamente a Jesús como el Redentor y como capaz de hacer todo lo que ella le pide (El Deseado de todas las gentes, p. 367).

El Salvador está satisfecho. Ha probado su fe en él. Por su trato con ella, ha demostrado que aquella que Israel había considerado como paria, no es ya extranjera sino hija en la familia de Dios. Y como hija, es su privilegio participar dones del Padre. Cristo le concede ahora lo que le pedía, y concluye la lección para los discípulos. Volviéndose hacia ella con una mirada de compasión y amor, dice: «Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres». Desde aquella hora su hija quedó sana. El demonio no la atormentó más. La mujer se fue, reconociendo a su Salvador y feliz por haber obtenido lo que pidiera (El Deseado de todas las gentes, pp. 367, 368).

El Salvador manifestó compasión divina hacia la mujer sirofenicia. Su corazón fue conmovido al contemplar su aflicción. Anhelaba darle una seguridad inmediata de que su oración había sido escuchada; pero quería enseñar una lección a sus discípulos, y por un momento pareció desatender el clamor de su corazón torturado. Cuando la fe de la mujer se hubo manifestado, le dirigió palabras de encomio, y la envió con la preciosa bendición que había pedido. Los discípulos nunca olvidaron esta lección, y fue registrada para demostrar el resultado de la oración perseverante (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 138,139).


Miércoles 7 de agosto_________________________________________________

CON LA LENGUA TRABADA

Lee Marcos 7:31 al 37. ¿Quién fue traído ante Jesús y qué hizo Jesús por él?

Marcos 7:31-37

31 Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. 32 Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. 33 Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34 y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. 35 Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36 Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

Jesús no eligió el camino más corto para regresar a Galilea desde Tiro y Sidón. Parece que se dirigió al norte desde la región de Tiro, subió por el territorio de Sidón y luego descendió hacia el interior por el noreste del Mar de Galilea, para llegar finalmente cerca del mar mismo. Fue un recorrido indirecto, lo que probablemente le permitió dedicar tiempo adicional a la instrucción de sus discípulos.

El texto no indica quién fue exactamente la persona que trajo al hombre ante Jesús, pero el problema de este era suficientemente evidente: no podía oír y tenía dificultades para hablar. La pérdida de la audición aísla a las personas de su entorno, mientras que la sordera profunda puede hacer que resulte desafiante para una persona aprender a hablar. El problema de este hombre pudo haber sido de larga data.

Jesús comprende la difícil situación del hombre y lo lleva aparte. La manera en que el Señor sana a esta persona es curiosa, particularmente para un lector moderno. Pone sus dedos en los oídos del hombre, escupe, toca la lengua del afectado y suspira o gime profundamente. Jesús toca las partes afectadas que sanará en el hombre, pero ¿por qué el suspiro o el gemido? “Suspiró al pensar en los oídos que no querían abrirse a la verdad y las lenguas que se negaban a reconocer al Redentor” (DTG 371).

Jesús restauró milagrosamente la audición del hombre e hizo que fuera capaz de hablar con claridad. Su suspiro ilustra los límites que Dios se ha impuesto a sí mismo en relación con la libertad de elección de la humanidad. Él no forzará la voluntad. Todos los humanos son libres de elegir a quién permitirán que dirija su vida: al Príncipe de la vida o al de las tinieblas. Jesús podía abrir los oídos de los sordos, pero no forzaría los corazones incrédulos para que lo reconocieran como el Mesías.

Esta breve historia también ilustra lo que Dios puede hacer por quienes se vuelven por propia decisión a él. Tal vez hayas experimentado reticencia a compartir tu fe, sintiendo que tu lengua estaba atada en cuanto a lo que debías decir. Este milagro es animador, pues demuestra que Jesús puede abrir tus oídos para que seas sensible a las necesidades de otros y compartas con ellos una palabra oportuna que los ayude en su senda.

¿Qué estás haciendo con los dones de la audición y del habla (en verdad son dones) que has recibido? ¿Cómo los estás usando?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

En la región de Decápolis era donde los endemoniados de Gádara habían sido sanados. Allí la gente, alarmada por la destrucción de los cerdos, había obligado a Jesús a apartarse de entre ella. Pero había escuchado a los mensajeros que él dejara atrás, y se había despertado el deseo de verle. Cuando Jesús volvió a esa región, se reunió una muchedumbre en derredor de él y le trajeron a un hombre sordo y tartamudo. Jesús no sanó a ese hombre, como era su costumbre, por una sola palabra. Apartándole de la muchedumbre, puso sus dedos en sus oídos y tocó su lengua; mirando al cielo, suspiró al pensar en los oídos que no querían abrirse a la verdad, en las lenguas que se negaban a reconocer al Redentor. A la orden: «Sé abierto», le fue devuelta al hombre la facultad de hablar y, violando la recomendación de no contarlo a nadie, publicó por todas partes el relato de su curación (El Deseado de todas las gentes, p. 371).

Los siervos de Cristo deben testificar por su Jefe con el poder del Espíritu Santo. El intenso deseo con el cual el Salvador anheló salvar a los pecadores debe caracterizar todos sus esfuerzos. La misericordiosa invitación, hecha primero por el Salvador, debe ser repetida por voces humanas, y resonar en todo el mundo: «Y el que quiere, tome del agua de la vida de balde». Apocalipsis 22:17. La iglesia debe decir: «Ven». Todas las energías de la iglesia deben ser movilizadas al servicio de Cristo. Los discípulos de Jesús deben unirse con el fin de realizar un esfuerzo enérgico para llamar la atención del mundo hacia las profecías de la Palabra de Dios, que se están cumpliendo rápidamente. La incredulidad y el espiritismo están adquiriendo sobre el mundo un dominio cada vez mayor. ¿Permanecerán ahora también fríos e incrédulos los que recibieron gran luz? (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 43).

Aquel cuyo corazón está resuelto a servir a Dios encontrará oportunidades para testificar en su favor. Las dificultades serán impotentes para detener al que esté resuelto a buscar primero el reino de Dios y su justicia. Por el poder adquirido en la oración y el estudio de la Palabra, buscará la virtud y abandonará el vicio. Mirando a Jesús, el autor y consumador de la fe, quien soportó la contradicción de los pecadores contra sí mismo, el creyente afrontará voluntariamente y con valor el desprecio y el escarnio. Aquel cuya palabra es verdad promete ayuda y gracia suficientes para toda circunstancia. Sus brazos eternos rodean al alma que se vuelve a él en busca de ayuda. Podemos reposar confiadamente en su solicitud, diciendo: «En el día que temo, yo en ti confío». Salmo 56:3. Dios cumplirá su promesa con todo aquel que deposite su confianza en él.

Por su propio ejemplo el Salvador ha demostrado que sus seguidores pueden estar en el mundo y con todo, no ser del mundo. No vino para participar de sus ilusorios placeres… sino para hacer la voluntad de su Padre, para buscar y salvar a los perdidos. Con este propósito, el cristiano puede permanecer sin contaminación en cualquier circunstancia. No importa su situación o condición, sea exaltada o humilde, manifestará el poder de la religión verdadera en el fiel cumplimiento del deber (Los hechos de los apóstoles, pp. 372, 373).


Jueves 8 de agosto___________________________________________________

CUIDADO CON EL PAN EN MAL ESTADO

Lee Marcos 8:11 al 13. ¿Qué postura de los fariseos desilusionó profundamente a Jesús?

Marcos 8:11-13

11 Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. 12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación. 13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca, y se fue a la otra ribera.

¿Por qué no demostró Jesús su poder divino y convenció a estos escépticos? El problema se retrotrae al final de Marcos 3, donde Jesús se refiere al pecado contra el Espíritu Santo. Si una persona decide no oír ni ver, ni siquiera una señal del Cielo la convencerá, ya que esta sería simplemente desestimada como todo lo anterior. Aun los milagros no son suficientes para convencer a quienes están decididos a no creer.

Lee Marcos 8:14 al 21. ¿Qué habían olvidado los discípulos y qué observación hizo Jesús a partir de ello?

Marcos 8:14-21

14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. 15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. 16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. 17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? 18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. 20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

Jesús aprovecha la oportunidad para advertir a los discípulos contra la “levadura” de los fariseos y la de Herodes (Mar. 8:15), que era símbolo de sus enseñanzas (ver Mat. 16:12).

Pero los discípulos no comprenden, y piensan que Jesús está hablando de que deben evitar comprar pan literal. Como es típico cuando los discípulos malinterpretan a Jesús, él aprovecha la ocasión para instruirlos. El Señor hace una serie de preguntas, las primeras de ellas de naturaleza retórica, expresando su frustración porque no han entendido la misión de él. Sus palabras recuerdan lo que dice en Marcos 4:10 al 12 acerca de “los que están fuera” y no entienden. Sus fuertes palabras tienen la intención de despertar a sus discípulos de su letargo espiritual.

En Marcos 8:19 y 20, formula preguntas simples acerca de cuántas canastas de fragmentos habían recogido después de que él alimentó a los cinco mil (Mar. 6:30-44) y también a los cuatro mil (Mar. 8:1-10), con lo que pretende ilustrar que ya deberían haber comprendido que los recursos limitados no son una barrera para el Mesías. Su pregunta final en Marcos 8:21 es nuevamente retórica: ¿Cómo aún no entienden?”

Después de todo, considera todo lo que ya habían visto y experimentado con Jesús.

¿Cómo podemos aprender a mantener nuestros corazones y mentes abiertos a la realidad de Dios y de su amor? Considera toda la evidencia que se nos ha dado en favor de Dios y de su amor. Sin embargo, ¿por qué a veces parece tan fácil dudar?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los que deseaban obtener una señal de Jesús habían endurecido de tal manera su corazón en la incredulidad que no discernían en el carácter de él la semejanza de Dios. No querían ver que su misión cumplía las Escrituras… Ninguna señal que se pudiese dar en el cielo o en la tierra los habría de beneficiar.

Jesús, «gimiendo en su espíritu», y apartándose del grupo de caviladores, volvió al barco con sus discípulos. En silencio pesaroso, cruzaron de nuevo el lago. No regresaron, sin embargo, al lugar que habían dejado, sino que se dirigieron hacia Betsaida, cerca de donde habían sido alimentados los cinco mil. Al llegar a la orilla más alejada, Jesús dijo: «Mirad, y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos».

Sin embargo, los discípulos no comprendieron a Jesús. En su repentina partida de Magdalá, se habían olvidado de llevar pan, y tenían solo un pan consigo. Creyeron que Cristo se refería a esta circunstancia y les recomendaba no comprar pan a un fariseo o a un saduceo. Con frecuencia su falta de fe y de percepción espiritual les había hecho comprender así erróneamente sus palabras. En esa ocasión, Jesús los reprendió por pensar que el que había alimentado a miles de personas con algunos peces y panes de cebada, pudiese referirse en esta solemne amonestación simplemente al alimento temporal. Había peligro de que el astuto raciocinio fariseos y saduceos sumiese a sus discípulos en la incredulidad y les hiciese considerar livianamente las obras de Cristo (El Deseado de todas las gentes, pp. 374, 375).

Los discípulos se inclinaban a pensar que su Maestro debiera haber otorgado una señal en los cielos cuando se la habían pedido. Creían que él era perfectamente capaz de realizarla, y que una señal tal habría acallado a sus enemigos. No discernían la hipocresía de esos caviladores.

Meses más tarde… Jesús repitió la misma enseñanza. «Comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es hipocresía». Lucas 12:1.

La levadura puesta en la harina obra imperceptiblemente y cambia toda la masa de modo que comparta su propia naturaleza. Así también, si se la tolera en el corazón, la hipocresía impregna el carácter y la vida… Los escribas y fariseos insinuaban principios engañosos. Ocultaban la verdadera tendencia de sus doctrinas y aprovechaban toda ocasión de inculcarlas arteramente en el ánimo de sus oyentes. Estos falsos principios, una vez aceptados, obraban como la levadura en la harina, impregnando y transformando el carácter. Esta enseñanza engañosa era lo que hacía tan difícil para la gente recibir las palabras de Cristo (El Deseado de todas las gentes, pp. 375, 376).

Cuando seamos capaces de comprender el carácter de Dios como lo hizo Moisés, también nosotros nos adelantaremos a inclinarnos en adoración y alabanza. Jesús contempló nada menos que «que el amor con que me has amado» estuviera en los corazones de sus hijos, a fin de que pudieran impartir el conocimiento de Dios a los demás.

¡Oh qué seguridad es esta, que el amor de Dios pueda morar en los corazones de todos los que creen en él!… Uno que sabe ha dicho: «El Padre mismo os ama». Uno que tiene un conocimiento experimental de la longitud, anchura, altura y profundidad de ese amor, nos ha declarado este hecho asombroso. Este amor es nuestro mediante la fe en el Hijo de Dios, por lo tanto una conexión con Cristo significa todo para nosotros. Hemos de ser uno con él así como él es uno con el Padre, y entonces somos amados por el Dios infinito como miembros del cuerpo de Cristo, como sarmientos de la Vid viviente (Fundamentals of Christian Education, pp. 177, 178).


Viernes 9 de agosto__________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee los capítulos titulados “La tradición”, “Barreras quebrantadas” y “La verdadera señal” en el libro El Deseado de todas las gentes, de Elena de White, pp. 360-377.

“¡Cuán difundido está, hoy como antaño, este pecado sutil y engañoso entre los seguidores de nuestro Señor! ¡Cuán a menudo nuestro servicio para Cristo, y nuestra comunión entre unos y otros, quedan manchados por el secreto deseo de exaltar al yo! ¡Cuán prestamente se manifiesta el pensamiento de adulación propia y el anhelo de la aprobación humana! Es el amor al yo, el deseo de un camino más fácil que el señalado por Dios, lo que induce a sustituir los preceptos divinos por las teorías y las tradiciones humanas. A sus propios discípulos se dirigen las palabras amonestadoras de Cristo: ‘Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos’.

“La religión de Cristo es la sinceridad misma. El celo por la gloria de Dios es el móvil implantado por el Espíritu Santo; y solo la obra eficaz del Espíritu puede implantar ese móvil. Únicamente el poder de Dios puede desterrar el egoísmo y la hipocresía. Este cambio es la señal de su obra. Cuando la fe que aceptamos destruye el egoísmo y la simulación, cuando nos induce a buscar la gloria de Dios y no la nuestra, podemos saber que es del debido carácter. ‘Padre, glorifica tu nombre’, fue el principio fundamental de la vida de Cristo; y si lo seguimos, será el principio fundamental de nuestra vida. Nos ordena ‘andar como él anduvo’; ‘y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos’ ” (DTG 376, 377).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

¿Qué prácticas ayudan a mantener puro el corazón, según tu experiencia?

  1. ¿Qué personas son consideradas “inmundas” en tu comunidad? ¿Qué puedes hacer para atraerlas al evangelio?
  2. Reflexionen como clase acerca de qué pueden hacer para fomentar la difusión del evangelio de maneras sencillas entre sus vecinos.
  3. Lean Marcos 8:1 al 10, donde se narra la alimentación de los cuatro mil. ¿Qué diferencia produce en la interpretación de este pasaje el hecho de que la multitud era probablemente gentil, pagana? ¿Por qué no debería eso significar diferencia alguna?
  4. ¿Cómo podemos protegernos diligentemente del deseo innato que todos tenemos, como criaturas caídas, de exaltarnos a nosotros mismos?