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Lección 6 – ENTENDIENDO EL SACRIFICIO – Para el 10 de mayo de 2025


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Lección 6: Para el 10 de mayo de 2025

ENTENDIENDO EL SACRIFICIO

Sábado 3 de mayo_________________________________________________________

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 1:2-15; Hebreos 10:3-10; Éxodo 12:1-11; 1 Corintios 5:7; Hageo 2:7-9; Isaías 6:1-5; Apocalipsis 4:7-11.

PARA MEMORIZAR:

“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: ‘Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación’ ” (Apoc. 5:9, RVR 1960).

Cuando Jesús vino a él, Juan el Bautista declaró: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Esa era una referencia inequívoca a los sacrificios que simbolizaban la muerte sustitutoria de Cristo en favor de la humanidad.

El tema del sacrificio animal recorre toda la Biblia como un hilo escarlata y desempeña un papel central en la gran escena del trono de Dios de Apocalipsis 4 y 5. El hecho de que Jesús sea simbolizado como un cordero inmolado en esta escena crucial (Apoc. 5:6) es una clave importante para comprender todo el episodio profético.

Esta semana veremos algunos temas relacionados con el sacrificio y que forman parte de nuestra comprensión de Jesús, el Cordero inmolado, el protagonista destacado de la escena de la sala del Trono. Él es reconocido como el único digno, lo que destaca la obra del Señor, prefigurada por el sistema sacrificial del Santuario terrenal, como un Dios de amor infinito que estuvo dispuesto al sacrificio supremo, un acto del que nosotros y las demás inteligencias del universo nos maravillaremos por la eternidad.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El ceremonial de los sacrificios que había señalado a Cristo pasó: pero los ojos de los hombres fueron dirigidos al verdadero sacrificio por los pecados del mundo. Cesó el sacerdocio terrenal, pero miramos a Jesús, mediador del nuevo pacto, y «a la sangre del esparcimiento que habla mejor que la de Abel». «Aun no estaba descubierto el camino para el santuario, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie… Mas estando ya presente Cristo, pontífice de los bienes que habían de venir, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos… por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención». Hebreos 12:24; 9:8-12.

«Por lo cual puede también salvar eternamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos». Hebreos 7:25. Aunque el ministerio había de ser trasladado del Templo terrenal al celestial, aunque el Santuario y nuestro gran Sumo Sacerdote fuesen invisibles para los ojos humanos, los discípulos no habían de sufrir pérdida por ello. No sufrirían interrupción en su comunión, ni disminución de poder por causa de la ausencia del Salvador. Mientras Jesús ministra en el Santuario celestial, es siempre por su Espíritu el ministro de la iglesia en la tierra (El Deseado de todas las gentes, p. 138).

Al revelársele a Jesús su misión en el templo, rehuyó el contacto de la multitud. Deseaba volver tranquilamente de Jerusalén, con aquellos que conocían el secreto de su vida. Mediante el servicio pascual, Dios estaba tratando de apartar a sus hijos de sus congojas mundanales, y recordarles la obra admirable que él realizara al librarlos de Egipto. Él deseaba que viesen en esta obra una promesa de la liberación del pecado. Así como la sangre del cordero inmolado protegió los hogares de Israel, la sangre de Cristo había de salvar sus almas; pero podían ser salvos por Cristo únicamente en la medida en que por la fe se apropiaban la vida de él. No había virtud en el servicio simbólico, sino en la medida en que dirigía a los adoradores hacia Cristo como su Salvador personal. Dios deseaba que fuesen inducidos a estudiar y meditar con oración acerca de la misión de Cristo (El Deseado de todas las gentes, PP. 61, 62).

Con el fin de llegar a ser el sustituto y la garantía de la humanidad, Jesucristo depuso su manto real, su corona de Rey, y revistió su divinidad con la humanidad, para que al morir como hombre pudiera destruir con su muerte al que tenía el imperio de la muerte. Como Dios, no lo habría podido hacer; pero al venir como hombre, Cristo pudo morir. Con su muerte venció a la muerte. La muerte de Cristo hizo perecer al que tenía el poder de la muerte, y abrió las puertas de la tumba a todos los que lo reciben como su Salvador personal (Exaltada Jesús, p. 339).


Domingo 4 de mayo________________________________________________________

¿SACRIFICIOS INÚTILES?

Contrastar dos ideas puede resultar muy instructivo. Por ejemplo, se puede aprender mucho acerca de la perspectiva bíblica del sacrificio a la luz del rechazo que Dios hizo de los sacrificios que su pueblo le ofrecía.

Compara Isaías 1:2 al 15 con Isaías 56:6 y 7, y Salmos 51:17. ¿Qué lecciones importantes enseñan estos textos acerca del sacrificio?

Isaías 1:2-15

Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crie hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños. Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada. Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra. 10 Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11 ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. 12 ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? 13 No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. 14 Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15 Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.

Isaías 56:6-7

Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.

Salmos 51:17

17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

Este trágico episodio de la historia de Israel no fue la primera ocasión en que Dios rechazó un sacrificio. Algo similar ocurrió cerca del comienzo de la historia de la salvación, cuando el sacrificio de Abel fue aprobado y aceptado por Dios a diferencia del de Caín. Ese temprano episodio representa otra oportunidad de observar el contraste existente entre los sacrificios aceptables y los inaceptables (ver Gén. 4:3-7; Heb. 11:4).

En la época de Isaías, Israel cumplía con sus obligaciones y tildaba mentalmente las casillas de los deberes religiosos en un poco esforzado y vano intento de apaciguar a Dios mientras que vivía a su antojo. Sus sacrificios estaban, como los de Caín, anclados en el yo, no en una actitud de entrega y sumisión a Dios.

Ese es el mismo espíritu de autosuficiencia que anima a los reinos de este mundo. Caín vivía a su antojo mientras ofrecía a Dios un ritual de formas realizado en sus propios términos. Es de suponer que consideraba a Dios como un inconveniente, un obstáculo para seguir su propio camino, pero lo temía lo suficiente como para cumplir con sus obligaciones.

Por el contrario, Abel ofreció un cordero, el sacrificio que Dios había pedido, el que representaba la promesa que Dios había hecho de un Mesías venidero (Gén. 3:15) y señalaba hacia el acto salvador de Cristo en el Calvario.

“Abel se aferró a los grandes principios de la Redención. Se veía pecador, y vio que el pecado y su pena de muerte se interponían entre su alma y la comunión con Dios. Trajo la víctima inmolada, la vida sacrificada, y así reconoció las demandas de la ley que había sido transgredida. En la sangre derramada contempló el sacrificio futuro, a Cristo muriendo en la cruz del Calvario; y al confiar en la expiación que iba a realizarse allí, obtuvo testimonio de que era justo, y de que su ofrenda era aceptada” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 59, 60).

¡Cuán crucial es que evitemos simplemente “cumplir con las formalidades”! ¿Cómo podemos experimentar lo que significa depender totalmente de la muerte de Jesús como nuestra única esperanza de salvación?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Señor no ignoraba los sentimientos de resentimiento abrigados por Caín; pero quería que Caín reflexionara sobre su conducta y, convencido de su pecado, se arrepintiera y pusiera los pies en el camino de la obediencia. No había ninguna causa para sus sentimientos de ira hacia su hermano o hacia su Dios; fue su propio desprecio de la voluntad de Dios, claramente expresada, lo que había llevado al rechazo de su ofrenda. A través de su ángel mensajero, Dios dijo a este hombre rebelde y obstinado: «Si haces bien, ¿no serás aceptado? y si no haces bien, el pecado está a la puerta». «Si haces bien», no te sales con la tuya, sino que obedeces los mandamientos de Dios, te acercas a él con la sangre de la víctima inmolada, mostrando así tu fe en el Redentor prometido, que, en la plenitud de los tiempos, haría expiación por el hombre culpable, para que no perezca, sino que tenga vida eterna…

Así, el asunto quedó claramente expuesto ante Caín; pero su combatividad se despertó porque se cuestionó su proceder, y no se le permitió seguir sus propias ideas independientes. Estaba enojado con Dios y enojado con su hermano. Estaba enojado con Dios porque no aceptaba los planes del hombre pecador en lugar de los requisitos divinos, y estaba enojado con su hermano por no estar de acuerdo con él (The Signs of the Times, 16 de diciembre, 1886, «Cain and Abel Tested», párr. 8, 10).

Se puede aprender una lección importante de la historia de las ofrendas de Caín y Abel. Las demandas de la justicia infinita y las exigencias de la ley de Dios solo pueden satisfacerse mediante el sacrificio expiatorio de Cristo. La ofrenda más costosa que el hombre puede traer a Dios, el fruto de su trabajo, sus adquisiciones físicas e intelectuales, ya pertenecen a su Creador. El hombre no tiene nada que no haya recibido. Ni la riqueza material ni la grandeza intelectual expiarán el pecado del alma. Caín despreció la idea de que fuera necesario acercarse a Dios con una ofrenda de sangre. En el mismo espíritu muchos en nuestros días se niegan a creer que la sangre de Cristo fue derramada como sacrificio por los pecados de los hombres. Aunque Caín decidió desobedecer el mandato de Dios, llevó su ofrenda con gran confianza. La consideraba como el fruto de su propio trabajo y, por lo tanto, como algo que le pertenecía; y al presentársela a Dios sintió que estaba obligando a su Creador a respetarlo a él… La gran pregunta debería ser: ¿Qué puedo hacer para obtener la aprobación de Dios? y no: ¿Cómo puedo complacerme mejor a mí mismo?

Abel confiaba plenamente en los méritos del sacrificio expiatorio de Cristo. Fue esta fe la que lo conectó con Dios. La promesa de un Redentor era tenuemente comprendida; pero las ofrendas del sacrificio arrojaron luz sobre la promesa. Caín tuvo la misma oportunidad de aprender y aceptar estas verdades que Abel. Dios no aceptó a uno y rechazó al otro sin razón suficiente. Abel creyó y obedeció; Caín dudó y se rebeló. Dios no hace acepción de personas, pero recompensará a los obedientes y castigará a los desobedientes (The Signs of the Times, February 6, 1879, «The Great Controversy Between Christ and His Angels and Satan and His Angels: Chapter 5—Cain and Abel», párr. 5, 6).


Lunes 5 de mayo__________________________________________________________

SANGRE DE TOROS Y DE MACHOS CABRÍOS

Algunos han criticado la idea del sacrificio como algo cruel e injusto. Sin embargo, ese es precisamente el punto. La muerte de Cristo fue cruel e injusta. El inocente murió en lugar de los culpables. Eso era lo necesario para resolver el problema del pecado. Y esa muerte, la de Cristo, era lo que señalaban todos los sacrificios crueles e injustos de animales inocentes.

Lee Hebreos 10:3 al 10. ¿Qué nos enseña este pasaje acerca de los sacrificios que el pueblo de Dios ofrecía en la época del Antiguo Testamento? Puesto que los pecadores no podían salvarse en virtud de ellos, ¿qué sentido tenía ofrecerlos?

Hebreos 10:3-10

Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. 10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

Los corderos y otros animales sacrificados eran meros símbolos que apuntaban hacia el sacrificio expiatorio del Cordero de Dios. Eran actos de fe que daban a los pecadores la oportunidad concreta de expresar su confianza en la obra del Mesías venidero. A menudo nos referimos a esta clase de representaciones sacrificiales como “tipos”, o modelos ilustrativos, que encontraron su cumplimiento cuando fueron reemplazados por su correspondiente “antitipo”; es decir, por la realidad que ellos anunciaban o representaban anticipadamente. Algunos incluso han descrito esos sacrificios como “miniprofecías” acerca de la muerte de Jesús en la Cruz.

Los rituales asociados al sacrificio se parecían a la compra de un boleto para realizar un viaje. Cuando se compra un boleto de tren, de autobús o de avión, no se recibe inmediatamente el viaje por el que se ha pagado. En su lugar, uno recibe un billete o tarjeta de embarque, un símbolo o promesa del viaje que hará. Uno puede sentarse sobre ese trozo de papel, pero eso no lo llevará a ningún lugar. No obstante, cuando la persona está ya dentro del medio de transporte y comienza el viaje, ha recibido aquello por lo que pagó. El pasaje, el trozo de papel, deja entonces de ser necesario.

Lo mismo ocurría con los animales sacrificados. Desempeñaban un papel importante, pero una vez realizado el verdadero sacrificio, el de Cristo en la Cruz, dejaron de tener sentido, algo que resultó evidente cuando el velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo del Santuario terrenal se rasgó al morir Jesús. “Entonces el velo del templo se rasgó en dos, desde arriba hacia abajo” (Mar. 15:38). El sistema de sacrificios, el Templo y todo lo demás señalaban a la muerte de Jesús en la Cruz. Una vez que Jesús cumplió su misión en la Cruz y resucitó victorioso, los tipos o representaciones se volvieron innecesarios.

Piensa en cuán grave es el pecado, al punto de que solo la muerte de Jesús, el Verbo encarnado (ver Juan 1:1-3, 14), podía expiarlo. ¿Qué nos dice esto acerca de cuál debe ser nuestra actitud hacia el pecado?

Juan 1:1-3, 14

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Los símbolos y sombras del servicio de sacrificios, junto con las profecías, dieron a los israelitas una visión velada y borrosa de la misericordia y de la gracia que habían de ser traídas al mundo mediante la revelación de Cristo. Se desplegó ante Moisés el significado de los símbolos y sombras que señalan a Cristo. El vio el fin de lo que había de ser abolido cuando, en la muerte de Cristo, el símbolo se encontrara con lo simbolizado. Vio que únicamente mediante Cristo puede el hombre guardar la ley moral. Por la transgresión de esa ley, el hombre introdujo el pecado en el mundo, y con el pecado vino la muerte. Cristo llegó a ser la propiciación por los pecados del hombre. Ofreció la perfección de su carácter en lugar de la pecaminosidad del hombre. Tomó sobre sí mismo la maldición de la desobediencia. Los sacrificios y las ofrendas señalaban el sacrificio que iba a realizar. El cordero sacrificado simbolizaba al Cordero que había de quitar el pecado del mundo.

Viendo el objetivo de lo que había de ser abolido, viendo a Cristo como revelado en la ley, se iluminó el rostro de Moisés. La ministración de la ley, escrita y grabada en piedra, era una ministración de muerte. Sin Cristo, el transgresor era dejado bajo su maldición, sin esperanza de perdón. La ministración no tenía gloria en sí misma, pero el Salvador prometido, revelado en los símbolos y sombras de la ley ceremonial, hacía que la ley moral fuera gloriosa (Mensajes selectos, t. 1, pp. 279, 280).

El plan de salvación ha vindicado la justicia y la misericordia de Dios, y durante toda la eternidad la rebelión no se levantará otra vez. La aflicción nunca más se sentirá en el universo de Dios.

Al hombre caído le fue revelado el plan de infinito sacrificio por el cual se lograría la salvación. Nada sino la muerte del amado Hijo de Dios podía expiar el pecado del hombre, y Adán se maravilló por la bondad de Dios al proporcionar tal rescate por el pecador. Por el amor de Dios, una estrella de esperanza iluminó el terrible futuro que se extendía delante del transgresor. Mediante el establecimiento de un sistema simbólico de sacrificios y ofrendas, la muerte de Cristo había de estar siempre delante del hombre culpable, para que pudiera comprender mejor la naturaleza del pecado, los resultados de la transgresión y el mérito de la ofrenda divina. Si no hubiese habido pecado, el hombre no hubiera conocido nunca la muerte. Pero en la víctima inocente sacrificada por su propia mano, contemplaba los frutos del pecado: la muerte del Hijo de Dios en su lugar. Veía el carácter inmutable de la ley que ha transgredido, y confesando su pecado, confía en los méritos del «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo».

El plan de salvar a los pecadores solo por medio de Cristo era el mismo en los días de Adán, Noé, Abraham, y en cada generación sucesiva que vivió antes del advenimiento de Cristo, como lo es en nuestros días. Patriarcas, profetas y mártires, desde el justo Abel, esperaban la venida de un Salvador, y mostraban su fe en él mediante sacrificios y ofrendas. El sacrificio de animales era una sombra de la ofrenda sin pecado del amado Hijo de Dios, e indicaba su muerte en la cruz. Pero en la crucifixión, el símbolo se encontró con la realidad, y allí cesó el sistema simbólico (The Bibie Echo, 15 de julio, 1893, «The Plan of Salvation the Same in All Ages», párr. 5-7; parcialmente en A fin de conocerle, p. 19).


Martes 6 de mayo__________________________________________________________

EL CORDERO DE LA PASCUA

El libro de Apocalipsis se refiere a Jesús como “el Cordero” casi treinta veces. El pueblo de Dios ha utilizado corderos como símbolos del Mesías venidero desde el inicio mismo del Plan de Redención. Abel ofreció “de los primerizos de sus ovejas” (Gén. 4:4), y antes de que Israel partiera de Egipto hacia la Tierra Prometida se le ordenó que redimiera a cada persona o animal primogénito sacrificando en su lugar un cordero de un año (Éxo. 12:5).

Lee Éxodo 12:1 al 11; Isaías 53:7 y 8; 1 Corintios 5:7; y Apocalipsis 5:6. ¿Qué nos enseñan estos textos acerca de Jesús como sacrificio pascual? ¿Qué significa eso para cada uno de nosotros?

Éxodo 12:1-11

1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será este el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. 11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová.

Isaías 53:7-8

Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

1 Corintios 5:7

Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

Apocalipsis 5:6

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Años después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, Pedro reflexionó acerca de lo sucedido y escribió: “Sepan que han sido rescatados de la vana conducta que recibieron de sus padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha ni defecto” (1 Ped. 1:18, 19).

Jesús fue el único ser humano cuya vida resultó aceptable a los ojos de un Dios santo. Todos los demás hemos pecado, y la manera pecaminosa en que vivimos representa una mentira acerca de la naturaleza y el carácter de nuestro Hacedor.

Jesús, sin embargo, se convirtió en el “postrer Adán” (1 Cor. 15:45). Donde nosotros habíamos fracasado, él vivió perfectamente. En su humanidad, él era todo lo que la raza humana debía ser. Reflejaba perfectamente la gloria de Dios. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Juan 14:9).

Jesús fue crucificado durante la celebración de la Pascua, lo que demuestra aún más que es el Cordero antitípico. Jesús dijo en Juan 18:19 y 20 que exponía “públicamente” su doctrina. Paralelamente, los israelitas recibieron la orden de escoger un cordero para la Pascua y “guardarlo” o “cuidarlo” (NVI) durante los días previos al sacrificio (Éxo. 12:5, 6). Cuando el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus enseñanzas, el Señor hizo referencia al hecho de que él mismo había estado expuesto en el Templo para que todo el mundo lo viera. Su vida, sus obras, sus enseñanzas, todo revelaba quién era realmente. Él es el Cordero sin mancha, la expresión más poderosa de la justicia y la gloria de Dios.

¿Cómo podemos reflejar mejor el carácter perfecto de Jesús en nuestra vida?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

Jesús es nuestra garantía. «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado por nosotros. Cada gota de sangre derramada por los sacrificios judíos señalaba al Cordero de Dios. Todas las ofrendas típicas se cumplieron en él. El tipo se encontró con el antitipo cuando murió en la cruz. Vino para hacer posible, mediante el sacrificio de sí mismo, la eliminación del pecado. Pagó el rescate de nuestra redención. Hemos sido comprados por un precio, y Cristo nos invita a que le permitamos cargar con nuestros pecados e imputarnos su justicia (The Review and Herald, July 19, 1898, «Go, Preach the Gospel», párr. 7).

Jesús obró con fervor y constancia. Nunca vivió en el mundo nadie tan abrumado de responsabilidades, ni llevó tan pesada carga de las tristezas y los pecados del mundo. Nadie trabajó con celo tan agobiador por el bien de los hombres. No obstante, era la suya una vida de salud. En lo físico como en lo espiritual fue su símbolo el cordero, víctima expiatoria, «sin mancha y sin contaminación». 1 Pedro 1: 19. Tanto en su cuerpo como en su alma fue ejemplo de lo que Dios se había propuesto que fuera toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes (El ministerio de curación, p. 33).

La observancia de la Pascua empezó con el nacimiento de la nación hebrea. La última noche de servidumbre en Egipto, cuando aún no se veían indicios de liberación, Dios le ordenó que se preparase para una liberación inmediata. Él había advertido al faraón del juicio final de los egipcios, e indicó a los hebreos que reuniesen a sus familias en sus moradas. Habiendo asperjado los dinteles de sus puertas con la sangre del cordero inmolado, habían de comer el cordero asado, con pan sin levadura y hierbas amargas. «Así habéis de comerlo —dijo— ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová». Éxodo 12:11. A la medianoche, todos los primogénitos de los egipcios perecieron. Entonces el rey envió a Israel el mensaje: «Salid de en medio de mi pueblo… e id, servid a Jehová, como habéis dicho». Éxodo 12:31. Los hebreos salieron de Egipto como una nación independiente. El Señor había ordenado que la Pascua fuese observada anualmente. «Y —dijo él— cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios». Y así, de generación en generación, había de repetirse la historia de esa liberación maravillosa.

La Pascua iba seguida de los siete días de panes ázimos. El segundo día de la fiesta, se presentaba una gavilla de cebada delante del Señor como primicias de la mies del año. Todas las ceremonias de la fiesta eran figuras de la obra de Cristo. La liberación de Israel del yugo egipcio era una lección objetiva de la redención, que la Pascua estaba destinada a rememorar. El cordero inmolado, el pan sin levadura, la gavilla de las primicias, representaban al Salvador (El Deseado de todas las gentes, p. 57).


Miércoles 7 de mayo________________________________________________________

JESÚS EN EL TEMPLO

Hay tensión en toda la historia de la Salvación. Dios desea restaurar la comunión que una vez disfrutamos con él y anhela acercarse a nosotros, pero llevar a los pecadores a su presencia los destruiría. “Tú no eres un Dios que se complace en la maldad. El malo no habitará junto a ti”, escribe David (Sal. 5:4). Al mismo tiempo, David también dice: “Pero yo, por la riqueza de tu constante amor, entraré en tu casa. Con reverencia adoraré en tu santo templo” (Sal. 5:7).

Lee Hageo 2:7 al 9. Mientras se construía el segundo Templo, el profeta Hageo comunicó la asombrosa promesa de que el nuevo Templo sería más glorioso que el anterior. ¿Qué significaba esa profecía?

Hageo 2:7-9

y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.

Cuando Salomón dedicó el primer Templo, la gloria (kabod) de Dios que había acompañado a los hijos de Israel en su camino a Canaán llenó el Templo, por lo que los sacerdotes no pudieron permanecer allí para completar su labor (1 Rey. 8:10, 11). Cuando se dedicó el segundo Templo, no estaba en él el Arca de la Alianza, que representaba el Trono de Dios, pues Jeremías la había escondido. La presencia literal de Dios no llenó el Templo esta vez. Fue desgarrador. ¿Cómo se haría realidad la promesa registrada por Hageo? Fue en el segundo Templo donde Jesús, la encarnación de Dios, apareció en persona, en carne y hueso. Dios mismo había salido de detrás del velo para convertirse en uno de nosotros y unirse a nosotros en este mundo arruinado por el pecado. Puesto que el Hijo de Dios era ahora el Hijo del Hombre, podíamos ver su rostro, oír su voz y ser testigos, por ejemplo, de cuando curó con su toque a un leproso impuro (Mat. 8:3). En lugar de acercarnos a él, Dios se acercó personalmente a nosotros cuando descendió en la persona de Jesús y vino a nuestro encuentro. No es, pues, de extrañar que la Biblia dijera de Jesús: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel, que significa: ‘Dios con nosotros’ ” (Mat. 1:23). Piensa en lo que esto significa, que el Creador del cosmos haya estado dispuesto no solo a vivir entre nosotros, sino a morir por nosotros.

La Cruz es la mayor manifestación del amor de Dios. ¿De qué otras maneras podemos ver y experimentar la realidad del amor de Dios?

ESPÍRITU DE PROFECÍA

«Y será llamado su nombre Emmanuel… Dios con nosotros». «La luz del conocimiento de la gloria de Dios», se ve «en el rostro de Jesucristo». Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era «la imagen de Dios», la imagen de su grandeza y majestad, «el resplandor de su gloria». Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra obscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser «Dios con nosotros». (Por lo tanto, fue profetizado de él: «Y será llamado su nombre Emmanuel»

Al venir a morar con nosotros, Jesús iba a revelar a Dios tanto a los hombres como a los ángeles. El era la Palabra de Dios: el pensamiento de Dios hecho audible. En su oración por sus discípulos, dice: «Yo les he manifestado tu nombre» «misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad» «para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos». Pero no solo para sus hijos nacidos en la tierra fue dada esta revelación. Nuestro pequeño mundo es un libro de texto para el universo. El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual «desean mirar los ángeles», y será su estudio a través de los siglos sin fin. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción. Se verá que la gloria que resplandece en el rostro de Jesús es la gloria del amor abnegado. A la luz del Calvario, se verá que la ley del renunciamiento por amor es la ley de la vida para la tierra y el cielo; que el amor que «no busca lo suyo» tiene su fuente en el corazón de Dios; y que en el Manso y Humilde se manifiesta el carácter de Aquel que mora en la luz inaccesible al hombre (El Deseado de todas las gentes, p. 11).

Dios ordenó a Moisés respecto a Israel: «Hacerme han un santuario, y yo habitaré entre ellos» (Éxodo 25:8), y moraba en el santuario en medio de su pueblo. Durante todas sus penosas peregrinaciones en el desierto, estuvo con ellos el símbolo de su presencia. Así Cristo levantó su tabernáculo en medio de nuestro campamento humano. Hincó su tienda al lado de la tienda de los hombres, a fin de morar entre nosotros y familiarizarnos con su vida y carácter divinos. «Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad». Juan 1:14.

Desde que Jesús vino a morar con nosotros, sabemos que Dios conoce nuestras pruebas y simpatiza con nuestros pesares. Cada hijo e hija de Adán puede comprender que nuestro Creador es el amigo de los pecadores. Porque en toda doctrina de gracia, toda promesa de gozo, todo acto de amor, toda atracción divina presentada en la vida del Salvador en la tierra, vemos a «Dios con nosotros» (El Deseado de todas las gentes, p. 15).


Jueves 8 de mayo__________________________________________________________

TÚ CREASTE TODAS LAS COSAS

Los profetas estuvieron en pocas ocasiones suficientemente cerca de Dios en visión como para que se les permitiera ver el Trono de Dios. Ezequiel lo vio por encima del firmamento (Eze. 1:26); Isaías visitó el templo del Cielo (Isa. 6:1). A su vez, Juan fue escoltado hasta allí en visión y registró una de las descripciones más explícitas que tenemos del Trono de Dios (Apoc. 4; 5). Los tipos propios del servicio del Santuario en el Antiguo Testamento indicaban que solo había un camino por el que la humanidad podía entrar en la presencia de Dios: la sangre de Cristo (ver, por ejemplo, Lev. 16:2, 14).

Lee Isaías 6:1 al 5 y Apocalipsis 4:2 al 11. ¿Qué elementos de estas dos visiones son similares? Presta atención al orden de los acontecimientos: ¿Qué tema se presenta primero? ¿Qué viene después? ¿Qué verdad acerca de Dios es subrayada en estas visiones?

Isaías 6:1-5

1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

Apocalipsis 4:2-11

Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios. Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

En cada una de estas visiones de la sala del Trono, lo primero que sucede es que los seres celestiales destacan la santidad de Dios. En la visión de Isaías, la escena es impresionante: el Templo se llenó de humo y “los quiciales de las puertas se estremecieron” mientras los serafines proclamaban la santidad de Dios. En la visión de Juan, los querubines hacen la misma declaración: “Santo, santo, santo”. Cada profeta presenció una deslumbrante escena acerca de la gloria de Dios.

Se nos muestra luego la reacción del profeta ante la escena. Isaías exclama que es un hombre de labios impuros (Isa. 6:5), mientras que Juan llora porque se enfrenta a la trágica verdad de que no se puede encontrar a nadie digno (Apoc. 5:4). Cuando se nos presenta directamente la dignidad de Dios, empezamos por fin a comprender la situación humana: somos totalmente indignos y necesitamos a Cristo como Redentor.

Satanás ha lanzado muchas acusaciones contra Dios, argumentando que es arbitrario, egoísta y severo, pero aun un breve momento en la sala del Trono de Dios pone al descubierto las mentiras de Satanás. Al ver a Cristo como es en realidad, “el Cordero que fue inmolado” (Apoc. 5:12, RVR 1960), vemos también al Padre tal cual es. Cuán reconfortante es saber que al contemplar a Jesús descubrimos cómo es el Padre (Juan 14:9). Pero, la mayor revelación de cómo es el Padre se aprecia en la muerte de Jesús por nosotros en la Cruz.

La Cruz, por lo tanto, debería mostrarnos dos cosas: que Dios nos ama al punto de sacrificarse por nosotros, y que nuestra condición como pecadores es tan grave y desesperada que solo mediante la Cruz podemos ser salvados.

ESPÍRITU DE PROFECÍA

El Redentor del mundo era igual a Dios. Su autoridad era la autoridad de Dios. Declaró que no tenía existencia aparte del Padre. La autoridad con la que habló y obró milagros era expresamente suya, y sin embargo nos asegura que él y el Padre son uno…

Como legislador, Jesús ejercía la autoridad de Dios; sus órdenes y decisiones eran apoyadas por el Soberano del trono eterno. La gloria del Padre era revelada en el Hijo… Estaba tan perfectamente relacionado con Dios, tan completamente imbuido de su luz, que el que había visto al Hijo, había visto al Padre. Su voz era como la voz de Dios (A fin de conocerle, p. 40).

Ojalá todos pudieran contemplar a nuestro precioso Salvador tal como es: un Salvador. Que su mano aparte el velo que oculta su gloria de nuestros ojos. Aparece en su elevado y santo lugar. ¿Qué veremos? Nuestro Salvador no está en actividad de e inactividad: está rodeado por seres celestiales, querubines y serafines, miríadas y miríadas de ángeles.

Todos esos seres celestiales tienen un propósito superior a todos los demás, en el cual están intensamente interesados: la iglesia [de Cristo] en un mundo de corrupción. Todas esas huestes están al servicio del Príncipe del cielo, ensalzan al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Están trabajando para Cristo, bajo su mandato, para salvar hasta lo sumo a todos los que dependen de él y creen en él. Estos seres celestiales se apresuran en su misión haciendo en favor de Cristo aquello que Herodes y Pilato hicieron contra él. Se unen para destacar el honor y la gloria de Dios. Están unidos en una santa alianza, en una grandiosa y sublime unidad de propósito, para mostrar el poder, la compasión, el amor y la gloria del Salvador crucificado y resucitado.

Estos ejércitos del cielo ilustran con su servicio lo que debiera ser la iglesia de Dios. Cristo está trabajando en favor de ellos en los atrios celestiales, enviando a sus mensajeros a todas partes del globo para que ayuden a cada sufriente que acude a él en busca de ayuda, de vida espiritual y conocimiento.

La iglesia de Cristo en la tierra está en medio de la oscuridad moral de un mundo desleal que está hollando la ley de Jehová, pero su Redentor, que ha comprado su rescate con el precio de su propia preciosa sangre, ha ordenado todo lo necesario para que su iglesia sea un cuerpo transformado, iluminado por la Luz del mundo, en posesión de la gloria de Emanuel. Los brillantes rayos del Sol de justicia, brillando a través de su iglesia, reunirán en el redil de Cristo a cada oveja perdida y extraviada, que vendrá a él y hallará refugio en él. Encontrarán paz, luz y gozo en Aquel que es paz y justicia eterna (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 979).


Viernes 9 de mayo_________________________________________________________

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Las Escrituras dejan claro que Cristo es el único capaz de asegurar nuestra salvación en virtud de su perfecta dignidad. Su vida fue la única sin pecado, el único ejemplo de una vida que satisfizo perfectamente la gloria del Padre. Él es el Cordero de Dios sin mancha y ahora está a la cabeza de la raza humana como nuestra seguridad eterna. Al mismo tiempo, cargó con nuestra culpa, satisfaciendo así el juicio que es la respuesta de Dios a la maldad. Cuando Juan presencia la increíble escena de los seres celestiales reunidos en torno al Trono de Dios, se le dice que deje de llorar porque “el León de la tribu de Judá […] ha vencido” (Apoc. 5:5).

Piensa, además, en cuán grave es el pecado y cuán caída está realmente la humanidad, al punto de que solo la muerte de Jesús, Dios mismo, podía resolver el problema. De haber existido alguna otra manera de salvarnos, no cabe duda de que Dios la habría empleado.

“La quebrantada Ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el universo solamente existía uno que podía satisfacer sus exigencias en lugar del hombre. Puesto que la Ley divina es tan sagrada como Dios mismo, solo uno igual a Dios podría expiar su transgresión. Ninguno sino Cristo podía salvar al hombre de la maldición de la Ley, y colocarlo otra vez en armonía con el Cielo. Cristo cargaría con la culpa y la vergüenza del pecado, que era algo tan abominable a los ojos de Dios que iba a separar al Padre de su Hijo. Cristo descendería a la profundidad de la desgracia para rescatar a la raza caída” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 48).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. Juan ve a Jesús entrar en la sala del Trono como un cordero “inmolado” (RVR 1960). Apocalipsis 13:8 dice que Jesús fue “inmolado” (RVR 1960) desde la fundación del mundo. ¿Qué nos enseña acerca de Dios el hecho de que el Plan de Salvación ya estaba en marcha antes de que lo necesitáramos?
  2. Muchos ateos creen que estamos solos en un universo frío e indiferente. En cambio, la Biblia no solo habla de Dios, sino también de que amó tanto al mundo que descendió a él e incluso murió por él. ¿Hasta qué punto debemos ver el mundo y nuestro lugar en él de manera diferente de como lo ven quienes no creen en Dios? En otras palabras, ¿cómo debería influir la realidad de la Cruz en todo lo que hacemos?
  3. ¿Por qué fueron la vida, la muerte y la resurrección de Cristo el único medio para salvar a la humanidad? Una vez más, ¿qué nos dice eso acerca de cuán malo y grave es realmente el pecado?
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