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Lección 8: Para el 24 de mayo de 2025
EN LOS SALMOS – PRIMERA PARTE
Sábado 17 de mayo_________________________________________________________
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 9:11-15; Salmos 122; Salmos 15; Salmos 24; Éxodo 33:18-23; Salmos 5; Salmos 51:7-15.
PARA MEMORIZAR:
“Entonces miré y vi al Cordero de pie sobre el monte Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre del Cordero y el nombre de su Padre escrito en sus frentes” (Apoc. 14:1).
Como adventistas del séptimo día, estamos acostumbrados a buscar los símbolos del Apocalipsis en el Antiguo Testamento para entender qué representan. Una fuente de información particularmente provechosa es el libro de Salmos, la colección de poesía sagrada que explora numerosas experiencias humanas e interacciones posibles con Dios: desde el abatimiento por el pecado y el sufrimiento hasta la alegría desbordante en su presencia y sus reiteradas promesas de perdón y salvación.
Una lectura atenta de los Salmos aporta detalles que hacen revivir el libro de Apocalipsis, especialmente el capítulo 14, donde se describe la obra final de la iglesia remanente de Dios en la Tierra. Se ha encomendado al pueblo de Dios de los últimos días la misma misión que al antiguo Israel: ser luz para las naciones y presentar el último llamado misericordioso a todos los pueblos para que adoren y obedezcan a su Creador.
Algunos detalles contenidos en el libro de Salmos, el himnario de Dios, pueden mostrarnos nuevas formas de entender y apreciar nuestro papel en los momentos finales de la historia de la Tierra.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
El Nuevo Testamento nos abre la rica trascendencia de la historia del Antiguo Testamento. Alabado sea el Señor, oh alma mía. Debemos escudriñar cuidadosamente el Antiguo Testamento, pues es un tesoro de conocimiento. En la liberación de los hijos de Israel de la esclavitud egipcia, la columna de nube estuvo sobre aquel pueblo en movimiento, denominado, como una sombra de día durante cuarenta años. Por la noche esa nube se encendió sobre ellos, testificando que Cristo, la Luz del mundo, iba a ser su fortaleza y su maestro y su líder… y ahora necesitamos ponernos toda la armadura, para que cualquier cosa que pueda surgir estemos preparados, mediante el poder impartido de Dios, para saber cómo enfrentar cada emergencia.
Debemos tener presentes constantemente las palabras de Cristo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas». Juan 8:12. Tenemos la Palabra de la historia del Antiguo y del Nuevo Testamento. Confía en Dios. Cristo es la Verdad, el Alfa de la historia del Antiguo Testamento, y todos sus tesoros son revelados con claridad e importancia por la historia del Nuevo Testamento.
Algunos dicen que la historia del Antiguo Testamento es la luz de la luna, la del Nuevo Testamento es la luz del sol. Al leer la historia del Antiguo Testamento no puedo decir esto. Su salida está preparada como la mañana. Cristo brilla como el camino, la verdad y la vida tanto en la historia del Antiguo Testamento como en la del Nuevo. Su instrucción a Israel desde el Monte Sinaí es la misma luz poderosa que se expresó en sus enseñanzas cuando se reveló en persona como el gran Maestro, el Hijo del Dios Infinito. Todas sus palabras son certeza y verdad (Manuscrito 142, 1904, párr. 7-9).
El tema central de la Biblia, el tema alrededor del cual se agrupan todos los demás del Libro, es el plan de la redención, la restauración de la imagen de Dios en el alma humana. Desde la primera insinuación de esperanza que se hizo en la sentencia pronunciada en el Edén, hasta la gloriosa promesa del Apocalipsis: «Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes» (Apocalipsis 22:4), el propósito de cada libro y pasaje de la Biblia es el desarrollo de este maravilloso tema: La elevación del hombre, el poder de Dios, «que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo». 1 Corintios 15:57. Allí contemplamos la Majestad de los cielos tal como se humilló para hacerse nuestro sustituto y garante, para luchar a solas con las potestades de las tinieblas y obtener la victoria en favor de nosotros. Una reverente contemplación de estos temas no puede menos que suavizar, purificar y ennoblecer el corazón, y al mismo tiempo inspirar a la mente nueva fortaleza y vigor (The Signs of the Times, 18 de abril, 1906, «Our Great Treasure-House», párr. l; parcialmente en La educación, p. 125).
Domingo 18 de mayo_______________________________________________________
NUESTRO SUMO SACERDOTE
Cuando Moisés supervisó la construcción del Tabernáculo, no se le permitió utilizar cualquier diseño, sino el modelo que Dios le mostró: “Y cuida de hacer todo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte” (Éxo. 25:40). Descubrimos, en el libro de Hebreos, que el modelo utilizado era el de una realidad superior, el Santuario celestial.
Lee Hebreos 9:11 al 15 acerca de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario celestial. ¿Qué nos enseña esto acerca de lo que él hace por nosotros?
Hebreos 9:11-15
11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? 15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
El Santuario terrenal prefiguraba a Jesús con asombrosa minuciosidad, desde el sacerdote y las ofrendas hasta el mobiliario y otros detalles de diseño. Todo ello hablaba de Jesús.
El libro de Apocalipsis abunda en imágenes del Santuario. Encontramos allí el candelabro en los versículos iniciales, el Arca de la Alianza mencionada explícitamente en el capítulo 4 y otras numerosas alusiones al Templo. Si no se conoce el Santuario del Antiguo Testamento, es imposible comprender lo que Juan quiere decir con la descripción de sus visiones. Las experiencias de Israel, dice Pablo, “les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo” (1 Cor. 10:11).
Podemos aprender mucho a partir de los detalles del Templo. El libro de Salmos contiene un componente importante en tal sentido, ya que muestra cómo interactuaba el pueblo de Dios con él mediante el Templo y sus servicios. Allí vemos también cómo se relacionaba David con el Santuario y cuál era la respuesta del pueblo de Dios a lo que el Mesías haría por ellos. Además de esos modelos que nos ayudan a entender mejor el ministerio de Jesús, las experiencias de quienes comprendieron lo que Dios enseñaba por medio del Santuario contienen valiosas lecciones para nosotros y para nuestra relación con Dios.
Lee el Salmo 122. Aunque no podemos ir literalmente a esa “casa del Señor” (ya no está allí y no tendría sentido construir otra en la Tierra), ¿qué elementos contiene este salmo que nos animan en relación con lo que Cristo hizo por nosotros? Observa los temas de la paz, la seguridad, la alabanza y el juicio.
Salmo 122
1 Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. 2 Nuestros pies estuvieron Dentro de tus puertas, oh Jerusalén. 3 Jerusalén, que se ha edificado Como una ciudad que está bien unida entre sí. 4 Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH, Conforme al testimonio dado a Israel, Para alabar el nombre de Jehová. 5 Porque allá están las sillas del juicio, Los tronos de la casa de David.6 Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman. 7 Sea la paz dentro de tus muros, Y el descanso dentro de tus palacios. 8 Por amor de mis hermanos y mis compañeros Diré yo: La paz sea contigo.9 Por amor a la casa de Jehová nuestro Dios Buscaré tu bien.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Cristo era sin pecado; si así no hubiera sido, su vida en carne humana y su muerte de cruz no hubieran sido de mayor valor, a fin de obtener gracia para el pecador, que la muerte de cualquier otro hombre. A la par que asumió la humanidad era una vida unida con la Divinidad. Podía deponer su vida tanto en calidad de sacerdote como de víctima… Se ofreció sin mancha a Dios.
La expiación de Cristo selló para siempre el pacto eterno de la gracia. Era el cumplimiento de todas las condiciones que, por estar quebrantadas, habían inducido a Dios a suspender la libre comunicación de la gracia a la familia humana. Se quebrantó entonces toda barrera que impedía la más libre actuación de la gracia, la misericordia, la paz y el amor hacia el más culpable de los miembros de la raza de Adán (La maravillosa gracia de Dios, 25 de mayo, p. 153).
Como se ha dicho, el Santuario terrenal fue construido por Moisés, conforme al modelo que se le mostró en el monte. «Era figura de aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían presentes y sacrificios». Los dos lugares santos eran «figuras de las cosas celestiales». Cristo, nuestro gran Sumo Sacerdote, es el «ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre». Hebreos 9:9, 23; 8:2. Cuando en visión se le mostró al apóstol Juan el templo de Dios que está en el cielo, vio allí «siete lámparas de fuego… ardiendo delante del trono». Vio también a un ángel «teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono». Apocalipsis 4:5; 8:3. Se le permitió al profeta contemplar el Lugar Santo del Santuario celestial; y vio allí «siete lámparas de fuego ardiendo» y «el altar de oro», representados por el candelero de oro y el altar del incienso o perfume en el Santuario terrenal. Nuevamente «el templo de Dios fue abierto en el cielo» (Apocalipsis 1 1:19), y vio el Lugar Santísimo detrás del velo interior. Allí contempló «el arca de su testamento», representada por el arca sagrada construida por Moisés para guardar la ley de Dios.
Moisés hizo el Santuario terrenal, «según la forma que había visto». Pablo declara que «el tabernáculo y todos los vasos del ministerio», después de haber sido hechos, eran símbolos de «las cosas celestiales». Hechos 7:44; Hebreos 9:21, 23. Y Juan dice que vio el Santuario celestial. Aquel Santuario, en el cual oficia Jesús en nuestro favor, es el gran original, del cual el Santuario construido por Moisés era una copia (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 370, 371).
«Y llevará sobre sí la gloria». Es a Cristo a quien pertenece la gloria de la redención de la raza caída. Por toda la eternidad, el canto de los redimidos será: «A Aquel que nos ama, y nos ha lavado de nuestros pecados en su misma sangre… a él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos». Apocalipsis 1:5, 6 (El conflicto de los siglos, p. 411).
Lunes 19 de mayo__________________________________________________________
EN EL MONTE SION
En Apocalipsis 14 encontramos al pueblo de Dios de pie sobre el monte Sion. Este se encontraba al oeste de lo que hoy se conoce como la Ciudad Vieja en Jerusalén y era considerado la sede del Trono de Dios o de su presencia entre su pueblo. Con el tiempo, el monte Moria, donde estaba el Templo, llegó también a ser identificado como el monte Sion.
En otras palabras, esta importante descripción del remanente de Dios de los últimos días se presenta en el lenguaje característico del Santuario, como la mayoría de las escenas clave de Apocalipsis. Gracias al Cordero, el pueblo de Dios está en el Monte Santo.
Lee los Salmos 15 y 24, donde David hace una pregunta de suma importancia: “¿Quién residirá en tu santo monte?” Compara su respuesta con la descripción que hace Apocalipsis 14:1 al 5 del pueblo de Dios que está en Sion. ¿Qué paralelismos encuentras? ¿Cómo puede uno unirse a este grupo? ¿Qué significado tiene el hecho de que el nombre del Padre esté escrito en sus frentes? (Apoc. 14:1).
Salmos 15
1 Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? 2 El que anda en integridad y hace justicia, Y habla verdad en su corazón. 3 El que no calumnia con su lengua, Ni hace mal a su prójimo, Ni admite reproche alguno contra su vecino. 4 Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, Pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; 5 Quien su dinero no dio a usura, Ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás.
Salmos 24
1 De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. 2 Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos. 3 ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? 4 El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño. 5 Él recibirá bendición de Jehová, Y justicia del Dios de salvación. 6 Tal es la generación de los que le buscan, De los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah 7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. 8 ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. 9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. 10 ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria. Selah
Apocalipsis 14:1-5
1 Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. 2 Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. 3 Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. 4 Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; 5 y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.
La descripción de aquellos a quienes se permite estar en la presencia de Dios según los Salmos 15 y 24 representa una tarea bastante difícil de cumplir para los simples pecadores. ¿Quién de nosotros puede decir honestamente que siempre ha caminado rectamente o que siempre ha dicho la verdad (Sal. 15:2)? Ninguno de nosotros puede decir que “no caerá jamás” (Sal. 15:5). La Biblia enseña que si decimos que nunca hemos pecado la verdad no está en nosotros (1 Juan 1:8).
La única conclusión posible a la que podemos llegar es que el Cordero es quien nos permite estar de pie sobre el monte Sion. Aunque el Cordero no es mencionado en esos dos salmos de David, aparece en la descripción de Apocalipsis 14. Da la impresión de que Apocalipsis 14 respondiera a la pregunta de David. Ahora que el Cordero de Dios está establecido en el monte Sion, en el Santuario, nosotros también podemos estar allí en virtud de su perfecta justicia acreditada a nosotros por la fe. Podemos tener la “plena seguridad para entrar en el santuario, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Heb. 10:19, 20). Sin su sangre, no habría esperanza para nosotros.
Piensa en todas las promesas bíblicas de victoria sobre el pecado. ¿Por qué, aun con esas promesas, seguimos sin estar a la altura del ejemplo perfecto que Jesús nos ha dado y por qué necesitamos su vida perfecta como sustituto nuestro?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
«Estos, los que siguen al Cordero por dondequiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero». Apocalipsis 14:4, 5. La visión del profeta los coloca frente al Monte de Sion, ceñidos para un servicio santo, vestidos de lino blanco, que es la justificación de los santos. Pero todo el que siga al Cordero en el cielo, primeramente tiene que seguirle en la tierra, no con inquietud o caprichosamente, sino con confianza, amor y obediencia voluntaria; como la oveja sigue al pastor (Los hechos de los apóstoles, p. 472).
Pronto se volvieron nuestros ojos hacia el oriente, donde había aparecido una nubecilla negra del tamaño de la mitad de la mano de un hombre, que era, según todos comprendían, la señal del Hijo del hombre. En solemne silencio, contemplábamos cómo iba acercándose la nubecilla, volviéndose cada vez más esplendorosa hasta que se convirtió en una gran nube blanca cuya parte inferior parecía fuego. Sobre la nube lucía el arco iris y en torno de ella aleteaban diez mil ángeles cantando un hermosísimo himno. En la nube estaba sentado el Hijo del hombre. Sus cabellos, blancos y rizados, le caían sobre los hombros; y llevaba muchas coronas en la cabeza. Sus pies parecían de fuego; en la mano derecha tenía una hoz aguda y en la izquierda llevaba una trompeta de plata. Sus ojos eran como llama de fuego, y escudriñaban de par en par a sus hijos. Palidecieron entonces todos los semblantes y se tornaron negros los de aquellos a quienes Dios había rechazado. Todos nosotros exclamamos: «¿Quién podrá permanecer? ¿Está mi vestidura sin manchas?» Después cesaron de cantar los ángeles, y por un rato quedó todo en pavoroso silencio cuando Jesús dijo: «Quienes tengan las manos limpias y puro el corazón podrán subsistir. Bastaos mi gracia». Al escuchar estas palabras, se iluminaron nuestros rostros y el gozo llenó todos los corazones. Los ángeles pulsaron una nota más alta y volvieron a cantar, mientras la nube se acercaba a la tierra (Primeros escritos, pp. 15, 16).
Debemos hacer todo lo que está de nuestra parte para pelear la buena batalla de la fe. Debemos luchar, trabajar, esforzarnos y agonizar para entrar por la puerta estrecha. Debemos poner al Señor siempre delante de nosotros. Con manos limpias, con corazones puros, debemos tratar de honrar a Dios en todos nuestros caminos. Se ha provisto ayuda para nosotros por medio de Aquel que es poderoso para salvar. El espíritu de verdad y luz nos vivificará y renovará mediante sus misteriosas operaciones; porque todo nuestro progreso espiritual proviene de Dios, no de nosotros mismos…
Jesús vino a nuestro mundo para poner a disposición del hombre el poder divino, a fin de que mediante su gracia pudiéramos ser transformados a su semejanza.
Cuando está en el corazón el propósito de obedecer a Dios, cuando se realizan esfuerzos con ese fin, Jesús acepta esta disposición y esos esfuerzos como el mejor servicio del hombre, y suple la deficiencia con su propio mérito divino (Fe y obras, pp. 48, 50).
Martes 20 de mayo_________________________________________________________
LA LEY EN NUESTROS CORAZONES
El remanente reunido en Sion tiene un nombre escrito en la frente: el del Padre y del Cordero. Puesto que Jesús es la imagen misma del Padre, es dudoso que se trate de dos nombres diferentes. En las Escrituras, un “nombre” no representa una simple designación con la que las personas se dirigen unas a otras, sino el carácter. Aún hoy, en muchas culturas se dice que una persona tiene un “buen nombre” cuando los demás opinan bien de su carácter.
Lee Éxodo 33:18 al 23; Éxodo 34:1 al 7; y Salmos 119:55. Cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios, ¿cuál fue la respuesta divina? ¿Qué ocurrió luego, cuando Dios proclamó su nombre ante Moisés (Éxo. 34:5-8)?
Éxodo 33:18-23
18 Él entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. 19 Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. 20 Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. 21 Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; 22 y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. 23 Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.
Éxodo 34:1-7
1 Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. 2 Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. 3 Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte. 4 Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra. 5 Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. 6 Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.
Salmos 119:55
55 Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová, Y guardé tu ley.
Éxodo 34:5-8
5 Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. 6 Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación. 8 Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.
Algunos imaginan adecuadamente la gloria de Dios como una luz enceguecedora e inaccesible. No obstante, la gloria divina es más que una simple exhibición visual. Su gloria es su carácter. Lo mismo ocurre con el nombre de Dios, que también representa su carácter.
Cuando la Biblia dice que los integrantes del Remanente tienen el nombre de Dios escrito en sus frentes, no se refiere a una inscripción literal, sino al carácter divino presente en la mente, en el corazón. La vida de ellos refleja el amor y el carácter de Dios como resultado de haber sido atraídos a Dios y de amarlo a causa de quién es y de lo que ha hecho por ellos.
Cuán interesante es también el hecho de que cuando Dios se describe a sí mismo ante Moisés, lo hace en conjunción con la entrega de otra copia de los Diez Mandamientos, una transcripción de su carácter. Del mismo modo, quienes tienen el “nombre” de Dios en sus frentes en Apocalipsis 14 son los que “guardan los mandamientos de Dios”. Nota lo que dice Hebreos: “Este es el pacto que haré con ellos, después de esos días –dice el Señor–: Pondré mis leyes en sus corazones y las grabaré en sus mentes. Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Heb. 10:16, 17). He allí una notable definición del evangelio. Aunque la Ley de Dios se refleja en nuestra vida, todavía necesitamos que nuestros pecados no sean recordados “nunca más”.
El nombre de Dios es su carácter. Su ley moral es un trasunto de su carácter. Y aquellos que se reúnen en el monte santo de Dios en los últimos días están imbuidos de un amor por Dios que se pone de manifiesto en la obediencia a su Ley.
Si somos salvos por la fe y no por la Ley, ¿cuál es entonces la importancia de la Ley de Dios? (Ver 1 Juan 5:3).
1 Juan 5:3
3 Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.
ESPÍRITU DE PROFECÍA
En este conocimiento de la longanimidad de Jehová y de su amor y misericordia infinitos había basado Moisés su admirable intercesión por la vida de Israel cuando, en los lindes de la tierra prometida, ese pueblo se había negado a avanzar en obediencia a la orden de Dios. En el apogeo de su rebelión, el Señor había declarado: «Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré»; y había propuesto hacer de los descendientes de Moisés una «gente grande y más fuerte que ellos». Números 14:12. Pero el profeta invocó las maravillosas providencias y promesas de Dios en favor de la nación escogida. Y luego, como el argumento más poderoso, insistió en el amor de Dios hacia el hombre caído. Vers. 17-19.
Misericordiosamente, el Señor contestó: «Yo lo he perdonado conforme a tu dicho». Y luego impartió a Moisés, en forma de profecía, un conocimiento de su propósito concerniente al triunfo final de Israel. Declaró: «Mas, ciertamente vivo yo y mi gloria hinche toda la tierra». Vers. 20, 21. La gloria de Dios, su carácter, su misericordiosa bondad y tierno amor, aquello que Moisés había invocado en favor de Israel, había de revelarse a toda la humanidad. Y la promesa de Jehová fue hecha doblemente segura al ser confirmada por un juramento. Con tanta certidumbre como que Dios vive y reina, su gloria iba a ser declarada «entre las gentes» y «en todos los pueblos sus maravillas». Salmo 96:3 (Profetas y reyes, p. 232).
La gloria de Cristo es su carácter, y su carácter es una expresión de la ley de Dios. El cumplió la ley en todas sus especificaciones, y mediante su vida proporcionó al mundo un modelo perfecto de lo que la humanidad puede alcanzar mediante la cooperación con la divinidad. En su humanidad, Cristo era dependiente del Padre, del mismo modo que ahora la humanidad depende de Dios para obtener el poder divino que le permita alcanzar la perfección de carácter. La ley de Dios es un exponente de su carácter, una expresión de su santidad; pero, vista por quien ha caído por el pecado, es una voz de condenación, un ministerio de muerte. No corresponde a la ley perdonar al transgresor, porque «por la ley es el conocimiento del pecado». «Por la ley nadie será justificado». Ningún rayo de esperanza brilla de la ley para el pecador, y su transgresor no puede encontrar respuesta de la ley a su ansiosa pregunta: «¿Qué haré para ser salvo?» Cómo seré justo ante
Pero a través de Cristo se ha proporcionado una vía de escape. Nuestro Redentor vino en la carne para condenar el pecado en la carne, para asir al alma arrepentida con un abrazo inquebrantable y, al mismo tiempo, para asirse al trono de Dios, convirtiéndose en el vínculo de unión entre la humanidad y la divinidad, entre la tierra y el cielo. Él es el único refugio para el alma culpable. Al buscar conocer a Dios, el hombre se dirige a Cristo, que vivió la ley de Dios y manifestó al mundo los atributos del Padre. En el Hijo de Dios se revela la inefable bondad de Dios, porque en él se encuentran la misericordia y la verdad, se besan la justicia y la paz. «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna». Cristo en la carne, condenando el pecado en la carne, fue una perfecta revelación de Dios al mundo. Cristo declaró: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (The Signs of the Times, 12 de diciembre, 1895, «Character of the Law Revealed in Christ’s Life», párr. 2, 3).
Miércoles 21 de mayo_______________________________________________________
SALMOS 5
Lee Salmos 5, donde David traza agudos contrastes entre los perdidos y quienes han sido redimidos. Compara el contenido de este salmo con el lenguaje de Apocalipsis 14:1 al 12. ¿Qué similitudes encuentras y cómo influye esto en tu comprensión de lo que significa formar parte del movimiento remanente de los últimos días creado por Dios?
Salmos 5
1 Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. 2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. 3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. 4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti. 5 Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad. 6 Destruirás a los que hablan mentira; Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová. 7 Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor. 8 Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino. 9 Porque en la boca de ellos no hay sinceridad; Sus entrañas son maldad, Sepulcro abierto es su garganta, Con su lengua hablan lisonjas. 10 Castígalos, oh Dios; Caigan por sus mismos consejos; Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera, Porque se rebelaron contra ti. 11 Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. 12 Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor.
Apocalipsis 14:1-12
1 Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. 2 Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. 3 Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. 4 Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; 5 y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios. 6 Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, 7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. 8 Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación. 9 Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, 10 él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. 12 Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
Nota que David insiste en que el mal “no habitará” con Dios (Sal. 5:4). El objetivo del Tabernáculo era que Dios pudiera habitar entre su pueblo, algo que Dios también pretende en el caso del reino de Cristo (ver Apoc. 21:3). Quienes quieran acercarse al Trono de Dios deben ser redimidos.
También es digno de mención que Salmo 5:7 describe un acto de adoración, que es la cuestión central en juego en el Gran Conflicto. Apocalipsis 13 menciona cinco veces la “adoración”, y los mensajes de los tres ángeles llaman al mundo a adorar “al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. David dice que “reverencia” a Dios, y el mensaje del Remanente hace el siguiente llamado al mundo: “Respeten a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio” (Apoc. 14:7; BP).
Observa también que “no se halló engaño” en las bocas de los redimidos (Apoc. 14:5), pues son veraces, y sus palabras y sus acciones reflejan el carácter justo de Dios. Según David, “no hay sinceridad” en la boca de los malvados (Sal. 5:9).
La escena que Juan presenta en esta parte clave del Apocalipsis es asombrosa: simples pecadores han sido rescatados de la muerte y tienen el privilegio de estar en la presencia de Dios. No han ganado ese derecho, sino que les ha sido concedido porque el Cordero de Dios, el justo Hijo del Hombre, está allí con ellos. Fueron perdonados, están redimidos y ya no tienen que cargar con su propia culpa (comparar con Sal. 5:10), porque el Cordero de Dios la ha llevado por ellos (comparar con Isa. 53:12 y 2 Cor. 5:21).
Cuando el nombre de Dios ha sido escrito en el corazón, es difícil permanecer en silencio. El pueblo de Dios hace un último ofrecimiento de misericordia a “gran voz” (Apoc. 14:7). “Pero alégrense todos los que en ti confían; den siempre voces de júbilo, porque tú los defiendes. En ti se regocijen los que aman tu nombre” (Sal. 5:11).
Imagina que estás ante un Dios santo y perfecto en ocasión del Juicio y con todos tus hechos expuestos ante él. ¿Qué te dice esta perspectiva acerca de tu necesidad de la justicia de Cristo?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Hermanos y hermanas, el Señor es nuestro Dios. Si Cristo se manifiesta en nuestro interior, como esperanza de gloria, tenemos una esperanza en Dios, que es imposible que la reservemos para nosotros solos. Como consecuencia, lo alabaremos. No lo alabamos tanto como debiéramos. El que ofrece alabanzas glorifica a Dios. Así que, en lugar de hablar palabras tristes, y contar nuestras pruebas y aflicciones, agradezcamos a Dios de que podemos hablar, y resolvamos tratar de glorificar su nombre. Adoptemos tal posición que honremos y glorifiquemos a Dios sobre la tierra. Que esta determinación se exprese en nuestras palabras y en todas nuestras transacciones comerciales (Manuscrito 38, 1908, párr. 28; parcialmente en La voz: su educación y uso correcto, p. 163).
Se suscitarán dificultades que probarán su fe y su paciencia. Háganles frente valerosamente. Miren el lado brillante de las cosas. Si es estorbado el trabajo, asegúrense de que no sea por culpa de ustedes, y sigan adelante, regocijados en el Señor. El cielo está lleno de gozo. Resuena con las alabanzas que se le rinden a Aquel que realizó un sacrificio tan maravilloso en favor de la redención de la raza humana. ¿No debería también llenarse de alabanza la iglesia de esta tierra? ¿Acaso no deberían los cristianos publicar por todo el mundo la felicidad de servir a Cristo? Los que hayan de unirse con el coro angelical en sus himnos de alabanza deben aprender aquí en la tierra el cántico del cielo, cuya nota tónica es la acción de gracias.
No permitan que decaiga su valor. Nunca hablen de incredulidad porque las apariencias estén contra ustedes. Mientras trabajen para el Maestro sentirán la presión de la falta de fondos, pero el Señor escuchará y contestará sus peticiones en demanda de ayuda. Que su lenguaje sea: «Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado». Isaías 50:7.
Si cometéis un error, trocad vuestra derrota en victoria. Si se las aprende bien, las lecciones que Dios envía imparten ayuda oportuna. Pongan su confianza en Dios. Oren mucho y crean. Si confían, esperan, creen y se aferran de la mano del poder infinito, serán más que vencedores (Testimonios para la Iglesia, t. 7, p. 232).
Se me recordó luego la gloria del cielo, el tesoro allegado allí por los fieles. Todo era hermoso y lleno de gloria. Los ángeles cantaban un hermoso himno, luego dejaban de cantar y se quitaban las coronas deslumbrantes, las echaban a los pies del glorioso Jesús, y con voces melodiosas clamaban: «¡Gloria! ¡Aleluya!» Me uní con ellos en sus cantos de alabanza y honor al Cordero, y cada vez que abría la boca para loarle, me dominaba un inefable sentido de la gloria que me rodeaba. Era mucho más: un indecible y eterno peso de gloria. Dijo el ángel: «El pequeño residuo que ama a Dios, guarda sus mandamientos y cuyos miembros sean fieles hasta el fin, disfrutará de esta gloria y estará siempre en la presencia de Jesús para cantar con los santos ángeles» (Primeros escritos, p. 66).
Jueves 22 de mayo_________________________________________________________
ENSEÑA A LOS TRANSGRESORES TU CAMINO
Después de que el Señor apareció a Isaías en la escena de la sala del Trono de Isaías 6:1 al 8, y después de que se le dijo que su culpa había sido quitada y su pecado perdonado, respondió al llamado de Dios diciendo: “Aquí estoy, envíame a mi” (Isa. 6:8). Cuando supo que había sido limpiado por Dios, y a pesar de conocer sus faltas, estuvo dispuesto a trabajar para el Señor.
¿No ocurre lo mismo con nosotros? ¿Cómo podemos proclamar la salvación a otros si nosotros mismos no la hemos experimentado? La salvación puede ser nuestra por la fe en Jesús y en lo que él ha hecho por nosotros.
Lee Salmos 51:7 al 15. ¿Qué promete hacer David después de haber sido perdonado y limpiado de su pecado?
Salmos 51:7-15
7 Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. 8 Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. 9 Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11 No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. 12 Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. 13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti. 14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación; Cantará mi lengua tu justicia. 15 Señor, abre mis labios, Y publicará mi boca tu alabanza.
Ser llamado a la presencia de Dios es, en última instancia, ser enviado al mundo con una misión. En su sabiduría, Dios ha comisionado a los redimidos para servir como su vocero principal en favor de un mundo caído. El impacto de su pueblo en la Tierra se hará sentir poderosamente en algún momento. Apocalipsis 18:1 dice que su llamado final dirigido al planeta caído iluminará el mundo entero.
“Tan pronto como uno va a Cristo, nace en el corazón un vivo deseo de hacer conocer a otros cuán precioso amigo ha encontrado en Jesús; la verdad salvadora y santificadora no puede permanecer encerrada en el corazón. Si estamos revestidos de la justicia de Cristo y rebosamos de gozo por la presencia de su Espíritu, no podremos guardar silencio. Si hemos gustado y visto que el Señor es bueno, tendremos algo que decir. Como Felipe cuando encontró al Salvador, invitaremos a otros a ir a él” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 66).
Los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14 se basan en el “evangelio eterno” (Apoc. 14:6). Esto significa que, aun antes de la exhortación a adorar a aquel “que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apoc. 14:7), del anuncio de la caída de Babilonia (Apoc. 14:8) y de la advertencia contra la adoración “a la bestia y a su imagen” (Apoc. 14:9), se proclama el fundamento del evangelio, de la salvación en Jesús. Las advertencias y los mensajes de los tres ángeles no son otra cosa que la esperanza y la confianza que los voceros de esos mensajes tienen en Jesús y en lo que ha hecho por ellos. Fuera del “evangelio eterno”, realmente no tenemos nada de valor que decir al mundo.
Medita en el hecho de que, incluso antes del inicio de la proclamación de los mensajes de los tres ángeles, se nos señala el “evangelio eterno”. ¿Qué nos dice esto acerca de cuán fundamental es esta verdad para todo lo que creemos?
ESPÍRITU DE PROFECÍA
Pronto se cumplirán las profecías del capítulo decimoctavo del Apocalipsis. Durante la proclamación del mensaje del tercer ángel «otro ángel» descenderá «del cielo con gran poder; y la tierra» será «alumbrada con su gloria». El Espíritu del Señor bendecirá tan abundantemente a los instrumentos humanos consagrados, que hombres, mujeres y niños abrirán sus labios en alabanza y acción de gracias, llenando la tierra con el conocimiento de Dios y con su insuperable gloria como las aguas cubren el mar.
Los que hayan permanecido firmes en la fe desde el comienzo hasta el fin, seguirán siendo vigilantes durante el tiempo en que el mensaje del tercer ángel se proclame con gran poder. Durante el fuerte clamor, ayudada por la intervención providencial de su exaltado Señor, la iglesia difundirá el conocimiento de la salvación en una forma tan extensa que la luz será transmitida a cada ciudad y pueblo. La tierra será inundada con el conocimiento de la salvación. El Espíritu de Dios, en su acción renovadora, coronará con un éxito tan rotundo la intensa actividad de sus agentes, que el resplandor de la luz de la verdad presente será visto en todas partes (Maranata: el Señor viene, p. 224).
La gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que señaló el principio de ella. Las profecías que se cumplieron en tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volverse a cumplir en tiempo de la lluvia tardía, al fin de dicho ministerio. Esos son los «tiempos de refrigerio» en que pensaba el apóstol Pedro cuando dijo: «Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo». Hechos 3: 19, 20.
Vendrán siervos de Dios con semblantes iluminados y resplandecientes de santa consagración, y se apresurarán de lugar en lugar para proclamar el mensaje celestial. Miles de voces predicarán el mensaje por toda la tierra. Se realizarán milagros, los enfermos sanarán y signos y prodigios seguirán a los creyentes. Satanás también efectuará sus falsos milagros, al punto de hacer caer fuego del cielo a la vista de los hombres. Apocalipsis 13:13. Es así como los habitantes de la tierra tendrán que decidirse en pro o en contra de la verdad.
El mensaje no será llevado adelante tanto con argumentos como por medio de la convicción profunda inspirada por el Espíritu de Dios. Los argumentos ya fueron presentados. Sembrada está la semilla, y brotará y dará frutos. Las publicaciones distribuidas por los misioneros han ejercido su influencia; sin embargo, muchos cuyo espíritu fue impresionado han sido impedidos de entender la verdad por completo o de obedecerla. Pero entonces los rayos de luz penetrarán por todas partes, la verdad aparecerá en toda su claridad, y los sinceros hijos de Dios romperán las ligaduras que los tenían sujetos. Los lazos de familia y las relaciones de la iglesia serán impotentes para detenerlos. La verdad les será más preciosa que cualquier otra cosa. A pesar de los poderes coligados contra la verdad, un sinnúmero de personas se alistará en las filas del Señor (El conflicto de los siglos, pp. 596, 597).
Viernes 23 de mayo________________________________________________________
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Los salmos de David pasan por toda la gama de la experiencia humana, desde las profundidades del sentimiento de culpabilidad y condenación de sí hasta la fe más sublime y la más exaltada comunión con Dios. El registro de su vida muestra que el pecado no puede traer sino vergüenza y aflicción, pero que el amor de Dios y su misericordia pueden alcanzar hasta las más hondas profundidades; que la fe elevará el alma arrepentida hasta hacerle compartir la adopción de los hijos de Dios. De todas las promesas que contiene su Palabra, es uno de los testimonios más poderosos en favor de la fidelidad, la justicia y la misericordia del pacto de Dios.[…]
“ ‘Juré a David mi siervo […]. Mi mano será firme en su favor, mi brazo también lo fortalecerá. […] Mi fidelidad y mi amor estarán con él, y en mi nombre será exaltado su poder. Pondré su mano sobre el mar, y sobre los ríos su diestra. Me llamará: “Mi Padre, mi Dios, la Roca de mi salvación”. Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre conservaré mi amor hacia él, y mi pacto será firme con él. Sus descendientes reinarán para siempre, y su trono durará como los días del cielo’ (Sal. 89:3, 21, 24-29)” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 818, 819).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
- La humanidad ha fracasado miserablemente en cuanto a cumplir su parte en los pactos hechos con Dios. A pesar de algunos grandes errores, David, el “hombre según el corazón de Dios”, fue utilizado poderosamente para comunicarnos los términos de nuestra salvación. ¿En qué sentido David prefigura a Jesús, quien sí fue perfectamente fiel al pacto de Dios en nuestro favor? ¿Por qué lo que Jesús hizo por nosotros es nuestra única esperanza?
- ¿Qué pasajes de los Salmos han sido especialmente útiles o significativos para ti por reflejar el tipo de experiencias que has vivido?
- ¿Por qué los Salmos se refieren con tanta frecuencia al Templo? ¿Qué podemos aprender del amor que David sentía por el Santuario? ¿Cómo puede esto ayudarnos a apreciar lo que Jesús significa para nosotros como nuestro Sumo Sacerdote celestial, “que además está a la diestra de Dios e intercede por nosotros” (Rom. 8:34)? ¿Por qué, incluso como redimidos, necesitamos que Cristo interceda por nosotros en el Cielo?
- Sobre la base de la cita anterior de Elena de White, ¿cuál ha sido tu experiencia? Es decir, ¿cómo ha elevado Dios tu “alma arrepentida para participar de la adopción de los hijos de Dios” después de la “vergüenza y la aflicción” del pecado?